Miguel Ángel Valero
Una de las consecuencias más flagrantes del conflicto provocado por los ataques de Israel y de EEUU a Irán ha sido la pérdida del halo de seguridad que, durante las últimas décadas, habían conseguido algunas de las principales monarquías del Golfo. Según datos de finales de abril, las salidas de vuelos desde las cuatro grandes potencias de la región –Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait– se han reducido un 43%.
Algunos de estos países, como Emiratos Árabes Unidos o Catar, venían impulsando ambiciosas campañas globales para consolidarse como destinos atractivos para la inversión internacional, apoyadas en regímenes fiscales favorables –0% de IRPF y tipos del Impuesto de Sociedades en torno al 10%– y en la presencia de potentes fondos soberanos que gestionan activos por valor de 4,7 billones$. Esta cifra supone un 20% más que el total de los ahorros invertidos en fondos por los hogares de Francia, España e Italia en conjunto, países que suman una población de 174 millones de personas frente a los apenas 55 millones de habitantes de las cuatro naciones del Golfo.
Cuando finalice el conflicto y ante la casi segura supervivencia del régimen iraní, las monarquías del desierto afianzarán una intensa campaña de rearme y refuerzo de sus capacidades defensivas. Un ejemplo reciente es el despliegue de urgencia del sistema de defensa antimisiles israelí en Emiratos Árabes Unidos, un movimiento que podría allanar el camino para la futura adquisición del sistema “Iron Dome” por parte del país árabe. El Gobierno emiratí señaló que dentro del plan de inversiones lanzará un fondo dedicado a participar en empresas de defensa a nivel global.
Emiratos sale de la OPEP
Además, en abril se abrió una nueva brecha con el anuncio de la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP. Tras casi 60 años de pertenencia, uno de los miembros más relevantes y disciplinados del cártel abandona la organización, sumándose a las salidas previas de Catar (2019), Ecuador (2020) y Angola (2024). Como consecuencia, la cuota global de producción del cártel se reduce hasta el 33%, su nivel más bajo desde finales de la década de los ochenta.
El ministro de Energía emiratí justificó la decisión en la necesidad de ganar mayor flexibilidad estratégica, en un contexto marcado por el ambicioso programa inversor que la federación tiene previsto desplegar. En este sentido, la búsqueda de una menor dependencia del tránsito de crudo por el estrecho de Ormuz ha llevado a destinar una parte sustancial del plan de inversión de 55.000 millones$ para el periodo 2026–2028 al desarrollo de nuevos oleoductos con destino al puerto de Fuyaira, una infraestructura que el propio Gobierno emiratí considera actualmente infrautilizada.
