30Mar

La subida del Euribor en marzo, desde el 2,221% de febrero al 2,56%, es la de mayor magnitud desde octubre de 2022, cuando el índice de referencia para las hipotecas variables y mixtas pasó del 2,233% al 2,629% por la inflación generada por la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania.

Miguel Ángel Valero

Los que tienen una hipoteca variable son víctimas colaterales de la guerra que libran EEUU e Israel contra Irán. A raíz del conflicto, el precio del combustible (petróleo y gas, principalmente) ha aumentado de manera considerable, lo que ha disparado el temor a un repunte de la inflación y ha provocado, de rebote, una escalada del Euribor. Según los cálculos del comparador financiero HelpMyCash.com, el valor mensual de este índice será de en torno al 2,56% en marzo; lo que supone una subida significativa respecto a su último registro (2,221% en febrero). Además, amenaza con mantenerse al alza si la guerra no se resuelve a corto plazo. Y eso es una pésima noticia para los hipotecados a tipo variable, dado que su interés depende del Euribor y sus cuotas se encarecen cuando este aumenta.

El analista hipotecario del comparador, Miquel Riera, asegura que la subida de marzo es la de mayor magnitud desde octubre de 2022, cuando el Euribor pasó del 2,233% al 2,629% por la inflación generada por la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania. Pero lo realmente relevante para este especialista es que este índice se situará por encima de los valores registrados tanto hace un año (2,398%) como hace un semestre (2,172%). Riera recuerda que el interés de las hipotecas variables se actualiza cada seis o 12 meses (según cada contrato) con el nuevo valor del Euribor, a contar desde que se firma la escritura. Por lo tanto, como este índice se sitúa por encima de los registros de marzo y septiembre de 2025, los préstamos que se revisen en las próximas semanas se encarecerán sensiblemente.

Desde HelpMyCash ofrecen el siguiente ejemplo: “Pongamos que una persona tiene una hipoteca variable media de 150.000€ a 25 años con un interés de Euribo más 1%. Si se revisa anualmente con el último valor del índice (2,56%), sus cuotas subirán de 743 a 756€, aproximadamente; lo que representa un aumento de casi 160 al año. Y si la revisión es semestral, las mensualidades pasarán de 725 a 756€ aproximadamente; unos 186 más al semestre”.

La situación actual es muy parecida a la que se vivió en 2022, cuando el ejército ruso inició la invasión de Ucrania. En esa época, el precio del combustible se disparó por las sanciones impuestas a Rusia, lo que provocó un aumento de la inflación en la Eurozona. Y el Euribor subió de valores negativos hasta el 3% a causa de los incrementos de tipos de interés que llevó a cabo el Banco Central Europeo (BCE) para contener el coste de la vida.

Por ahora, el organismo que preside Christine Lagarde no ha movido ficha, pero su mandataria ya ha avisado que no le temblará el pulso si tiene que aumentar los tipos para contener una posible subida de la inflación. De hecho, las previsiones apuntan a que se pueden producir dos incrementos de los intereses del BCE, con posibilidad de un tercero.

En este contexto, desde HelpMyCash explican que es normal que el Euribor se adelante a esas posibles subidas y aumente. Y de cara al futuro, el analista hipotecario de la firma, Miquel Riera, afirma que “este índice podría escalar hasta el 2,7% o incluso más de aquí a finales de año”. Ahora bien, reconoce que si los actores de la guerra en Irán llegan pronto a un acuerdo de paz, la situación se normalizará y el Euribor volverá a unos valores cercanos al 2,3%, que eran los registrados antes del conflicto.

El actual escenario, pues, es de total incertidumbre, porque nadie sabe cómo evolucionará la guerra en los próximos meses. Ahora bien, incluso si se da el peor de los casos, los que tienen una hipoteca variable disponen de diversas opciones para amortiguar una potencial subida de cuotas: amortizar capital anticipadamente para rebajar la mensualidad, pasarse del tipo variable al fijo, negociar una ampliación del plazo o una carencia…Riera recomienda que cada titular analice su situación y valore cuál de estas opciones se adapta mejor a sus necesidades económicas y a su perfil. Y si el cliente prevé que tendrá dificultades para pagar las cuotas en caso de que suban, aconseja pedir cita de inmediato al banco para tratar de encontrar una solución y evitar que los acontecimientos se lleven su economía doméstica por delante.

RedPiso: banco y comprador revisan condiciones y analizan más la operación

La actual escalada geopolítica en Oriente Próximo está generando temor entre bancos españoles. Esta misma semana ya se ha visto cómo algunas entidades han movido ficha, llegando a subir sus hipotecas hasta un 0,5%. Una guerra lejana que, sin embargo, empieza a tener efectos directos en el bolsillo de los ciudadanos.

El origen de esta situación está en la fuerte subida de la gasolina en las últimas semanas. Esto ha provocado un incremento generalizado de los costes y ha reactivado el miedo a nuevas subidas de tipos por parte del Banco Central Europeo, con el consiguiente impacto en la economía.

El propio BCE advirtió el 19 de marzo de 2026 de que la guerra en Oriente Medio incrementa la incertidumbre, genera riesgos al alza para la inflación y tendrá un impacto material a corto plazo a través de la energía. Si los mercados perciben que la inflación puede volver a acelerarse, descuentan que los tipos de interés tardarán más en bajar o incluso que podrían mantenerse elevados durante más tiempo. En Europa, esta expectativa afecta directamente al Euribor, referencia principal de muchas hipotecas variables y también clave en la fijación de precios de las hipotecas fijas y mixtas.

El contexto actual está generando un cambio de comportamiento tanto en entidades como en compradores: “Estamos viendo cómo la incertidumbre internacional se traslada rápidamente al mercado hipotecario. En este escenario, tanto bancos como compradores tienden a ser más prudentes, revisando condiciones y analizando con más detalle cada operación”, indica Manuel Fernández, CEO del Grupo Inmobiliario Redpiso.

Aunque el BCE ha intentado lanzar un mensaje de calma, con una inflación en el 2,4% y un objetivo del 2%, este mensaje no ha terminado de calar en las economías europeas. Para el comprador particular, esto se traduce en una consecuencia muy concreta: la misma vivienda puede exigir una cuota más alta o incluso un menor porcentaje de financiación. Incluso algunos bancos se plantean retirar la oferta de hipotecas a tipo fijo hasta tener mayor visibilidad sobre la evolución del mercado.

30Mar

La perspectiva de un conflicto prolongado e incierto ha provocado fuertes caídas en acciones, bonos y la mayoría de las divisas, con la única excepción del dólar. La presión vendedora se acelera, mientras los precios de la energía se disparan y arrastran al alza al resto de las materias primas

Miguel Ángel Valero

La guerra de Oriente Medio entra en su segundo mes sin que se vea la luz al final del túnel, aunque los mercados parecen aferrarse a la convicción de que, más allá de la retórica, ninguna de las partes parece dispuesta a cruzar líneas irreversibles. El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, asegura en la reunión de ministros de Exteriores del G‑7 que el conflicto está planificado para unas seis semanas y sin tropas sobre el terreno.

Mientras Trump opta por ganar tiempo, ampliando los plazos y posponiendo decisiones críticas, sugiere “controlar” los recursos petroleros iraníes, planteando incluso la posibilidad de tomar el enclave estratégico de la isla de Jarg, principal terminal de exportación de crudo de Irán, y amenaza de nuevo con atacar las centrales eléctricas del país de los ayatolás.

Los hutíes se suman al conflicto enviando misiles a Israel, lo que pone en riesgo el acceso al mar Rojo, por el estrecho de Bab el-Mandeb, y compromete un punto de desahogo clave para el crudo saudí, como es el puerto de Yanbu. 

Emiratos Árabes Unidos propone la creación de una coalición internacional para asegurar la libertad de navegación en el estrecho.

Con el tráfico marítimo bloqueado se acelera la presión para lograr una solución tanto para EEUU como para las demás potencias mundiales porque difícilmente se conseguirán rutas alternativas para el 20% de la producción global de crudo y del comercio global de gas natural licuado (GNL) que pasa habitualmente por el estrecho. Además, por Ormuz no solo sale petróleo: más de una cuarta parte de las importaciones globales de dos fertilizantes clave –urea y fosfato diamónico– proceden de países del Golfo, a lo que se une el 48% del azufre –otro componente clave para la industria de fertilizantes–. De esta región proviene el 9% de la producción mundial de aluminio.

Todo ello, tensiona las cadenas de producción globales y esta semana se empezará a reflejar en los datos macroeconómicos: habrá un repunte de la inflación y un freno en la confianza de los empresarios.

Coface: máximo histórico de la gasolina en EEUU

Precisamente, un análisis de Coface subraya que,  un mes después del inicio de la ofensiva israelí-estadounidense contra Irán, las interrupciones en el suministro de materias primas a través del estrecho de Ormuz siguen alimentando la volatilidad de los precios. El petróleo y el gas, los fertilizantes, los derivados petroquímicos y el aluminio se ven especialmente afectados.“La actual escalada en Oriente Medio está afectando duramente a los mercados de materias primas. El hecho de que el conflicto llegue o no a un punto muerto determinará el alcance del impacto actual en la parte descendente de la cadena de valor” , afirma Simon Lacoume, economista sectorial de Coface.

Los ataques al complejo gasístico de RasLaffan, en Catar, han provocado una nueva subida del precio de las materias primas energéticas. El crudo Brent, que alcanzó un máximo de 119$ a mediados de marzo, subió un 50% en un mes. Sin embargo, los expertos de la compañía de gestión integral del riesgo comercial destacan que esta subida no es uniforme: el crudo DME de Omán ha superado los 160$ por barril, mientras que el WTI estadounidense ronda los 100$ por barril, lo que refleja un impacto muy desigual en los precios según la región y el producto.

A medida que el conflicto se prolonga, esta subida ya está empezando a extenderse a lo largo de la cadena de valor. En EEUU, los precios minoristas de la gasolina normal han alcanzado un máximo histórico (3,96$ por galón, un 35% más que el mes anterior). En Asia, los precios del gasóleo (Singapur) casi se han triplicado desde el inicio del conflicto, hasta los 256 dólares por barril ; los precios mundiales del combustible para aviones se han duplicado, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA).

La subida también es evidente en el gas natural. En Europa, los contratos de futuribles de gas (el índice TTF holandés) se han disparado un 85% en un mes, hasta los 55€/MWh ; mientras que el índice de referencia asiático (LNG Japan/Korea Marker ) se ha duplicado durante el mismo periodo, lo que refleja la persistente vulnerabilidad de los mercados importadores. En comparación, el mercado estadounidense parece menos expuesto a las interrupciones del suministro. No obstante, el Henry Hub estadounidense se encuentra bajo una fuerte presión alcista (+36% intermensual), una señal de que las tensiones energéticas ya se han extendido a nivel mundial. 

Consecuencia: los precios de muchos compuestos petroquímicos están aumentando exponencialmente Los países del Golfo son los principales proveedores asiáticos de productos petroquímicos, que son esenciales para toda la industria del plástico. Una tonelada de nafta ha alcanzado los 1.000$ en Singapur, lo que supone un aumento de más del 60% desde el inicio del conflicto. La combinación de las tensiones en el estrecho de Ormuz y las existencias asiáticas históricamente bajas (de 2 a 3 semanas) ya ha disparado los precios de los polímeros (polipropileno, polietileno, poliestireno, PVC). Esto plantea ahora un riesgo de contagio a toda la cadena de valor.

Esta tendencia también está afectando al azufre , un insumo clave para el proceso de lixiviación de los minerales de cobre y níquel. El aumento del 25% en su precio en un solo mes está poniendo en riesgo a los principales productores mineros altamente dependientes, como Chile, la República Democrática del Congo e Indonesia.

Gracias al abaratamiento de los suministros energéticos nacionales, los países del Golfo ocupan una posición central en estos mercados , representando casi el 19% de las exportaciones mundiales de fertilizantes nitrogenados y el 36% del volumen mundial de urea, mientras que Arabia Saudí es el cuarto mayor exportador de fosfatos. Sin embargo, el gas natural representa hasta el 80% de los costes de producción de los fertilizantes nitrogenados . Por lo tanto, el aumento de los precios del gas provoca, automáticamente, un incremento de los precios de los fertilizantes: una tonelada de urea granulada (FOB Oriente Medio) ha subido un 37%, hasta los 665$, desde el inicio del conflicto. No obstante, el impacto sigue siendo limitado. Por el momento, solo los productores de cereales estadounidenses parecen verse afectados; pero, si las perturbaciones persistieran, Brasil, la India o, incluso, Europa estarían más expuestos.

Los efectos negativos podrían incluso extenderse más allá de los flujos directos de fertilizantes —la India, Brasil o EEUU, para los que los países del Golfo representan el 63%, el 24% y el 21% de las importaciones de fertilizantes nitrogenados, respectivamente — y afectar a terceros países como Marruecos, el principal productor mundial de roca fosfórica, que depende en gran medida del azufre exportado por los países del Golfo.

Con el estrecho de Ormuz bloqueado, los países del Golfo —que representan el 8% de la producción mundial de aluminio— no pueden exportar su producción nacional ni importar las materias primas (bauxita y alúmina) que necesitan sus fundiciones. El lunes 16 de marzo, Aluminum Bahrain (Alba) —que produce el 25 % del aluminio de la región — anunció la suspensión del 19% de su producción, lo que representa el 5% de la producción de aluminio de la región. Lejos de la agitación en Oriente Medio, Mosal ha anunciado la suspensión d e sus operaciones en Mozambique, alegando unos costes energéticos excesivos.

En este contexto de deterioro, los precios del aluminio siguen, por tanto, una tendencia al alza (+11,5% intermensual) , alcanzando un máximo de 3.500$/tonelada tras casi una subida del 25% durante el último año. 

Franklin Templeton destaca la solidez del crecimiento económico mundial

Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton, destaca la solidez del crecimiento en las principales economías, a pesar de que el contexto geopolítico y el encarecimiento de la energía estén elevando los riesgos de inflación. Y señala que la política monetaria sigue siendo el principal factor de ajuste, con posibles divergencias entre los bancos centrales.

El crecimiento de EEUU ha demostrado ser sorprendentemente resiliente a pesar de una constante sucesión de narrativas bajistas. Aunque el aumento de los costes energéticos vinculado a la escalada de tensiones en Oriente Medio, de mantenerse, probablemente presione el consumo, el inminente estímulo fiscal debería compensar parcialmente ese impacto negativo. Mientras tanto, el ciclo de inversión en capital (capex) impulsado por la inteligencia artificial (IA) se mantiene intacto. 

"Nuestra previsión, superior al consenso, de un crecimiento del producto interior bruto (PIB) estadounidense del 3% para 2026 presenta ahora ciertos riesgos a la baja. Aunque el riesgo de recesión ya no es irrelevante, sigue siendo un riesgo de cola. El escenario más probable es un crecimiento más lento, no una contracción, con la expansión estructural aún intacta. Esperamos que la Reserva Federal mantenga su postura sin cambios hasta el final del mandato de su presidente, Jerome Powell, y posiblemente durante todo el año, dado el aumento de los riesgos al alza para la inflación", explica. Si la inflación se extiende más allá de la energía y se vuelve persistente, la Fed podría verse obligada a mantener los tipos de interés elevados durante más tiempo o incluso considerar nuevas subidas.

El conflicto en Oriente Medio ha reintroducido un shock energético en las perspectivas macroeconómicas de la Eurozona, elevando los riesgos inflacionistas y debilitando el perfil de crecimiento a corto plazo, pero creemos que el contexto actual es sustancialmente diferente y será menos severo que en 2022. El shock de oferta no coincide con las dinámicas de reapertura tras la pandemia, y la posición energética de Europa es más sólida: el suministro de gas se ha diversificado, las importaciones de gas natural licuado (GNL) han aumentado y la contribución de las energías renovables ha crecido, por lo que el riesgo de escasez es considerablemente menor. La inflación se manifestará primero a través de la energía, elevando la inflación general hasta alrededor del 3% en un plazo de tres meses, mientras que el crecimiento apunta a una recuperación más lenta en lugar de una recesión. El Banco Central Europeo (BCE) está evaluando distintos escenarios y podría ajustar su política, mientras que el euro afronta presiones moderadas, pero se mantiene resiliente.

Los últimos datos de Japón apuntan a una senda de crecimiento “lenta pero constante”, con una mayor relevancia de la demanda interna y de la política económica. El PIB del cuarto trimestre de 2025 fue revisado al alza, situándose por encima de su potencial, impulsado íntegramente por una sólida demanda interna. El impulso a comienzos de 2026 parece más firme, a medida que se recuperan los ingresos reales, mejora la confianza empresarial y repuntan las exportaciones, especialmente hacia EEUU y China, de cara al Año Nuevo Lunar. La política fiscal es clave en las perspectivas, con posibles recortes de impuestos y la continuidad de la inversión respaldando el crecimiento hasta 2027. La inflación se modera a corto plazo debido a medidas políticas, pero las subidas salariales deberían mantener las presiones subyacentes sobre los precios. Se espera que el Banco de Japón continúe con subidas graduales de los tipos de interés, mientras que los mercados de bonos siguen siendo volátiles.

Ebury: más inflación y menos crecimiento

Nos adentramos en el segundo mes de la guerra y no observamos signos claros de que se vaya a producir una tregua ni de que se vaya a reabrir el estrecho de Ormuz. La perspectiva de un conflicto prolongado e incierto ha provocado fuertes caídas en acciones, bonos y la mayoría de las divisas, con la única excepción del dólar. La presión vendedora se acelera, mientras los precios de la energía se disparan y arrastran al alza al resto de las materias primas, que se convierten en el único activo que se está beneficiando de la situación. 

Los primeros datos macroeconómicos ya reflejan el impacto del conflicto: mayor inflación y menor crecimiento. El factor dominante en los mercados sigue siendo, sin duda, la evolución de la guerra. Las declaraciones erráticas de Trump, que recuerdan a aquellas que pronunció en los días previos y posteriores al  “día de la liberación”, tienen cada vez menos influencia en las fluctuaciones diarias de los precios. Aunque sigue siendo prácticamente imposible anticipar el curso del conflicto, esta semana llegarán datos macroeconómicos relevantes que ayudarán a calibrar su impacto real en las principales economías. Destacan, entre otros, los indicadores laborales de marzo en Estados Unidos (culminando con el informe de nóminas no agrícolas del viernes), la encuesta ISM empresarial del miércoles y el dato preliminar de inflación de marzo en la zona euro, que se publicará el martes.

  • EUR: El euro se depreció la semana pasada a medida que el optimismo sobre una posible desescalada se desvanecía, aunque se mantiene dentro del amplio rango en el que viene cotizando desde el verano pasado. Los PMI mostraron una caída notable, pero, al igual que en Reino Unido, siguen apuntando a un crecimiento modesto incluso después de que las empresas hayan empezado a considerar las posibles ramificaciones económicas del conflicto. A primera vista, el sector manufacturero vuelve a mostrar resiliencia, aunque consideramos que esta será efímera , ya que parece deberse a que las empresas se apresuran a acumular existencias ante las subidas de precios previstas, y no a una auténtica expansión impulsada por la demanda. Las señales del BCE indican que el banco central no dudará en subir los tipos de interés como respuesta a las presiones inflacionistas derivadas del encarecimiento de la energía. Esta postura restrictiva está ayudando al euro a recuperarse de los mínimos recientes.  Sin embargo, las recientes declaraciones de algunos miembros del Consejo de Gobierno no han dado precisamente luz verde a una subida en abril, y tanto el momento como el alcance de cualquier endurecimiento de la política monetaria siguen siendo una incógnita. El dato preliminar de inflación de esta semana será, por ello, uno de los más importantes de los últimos meses.
  • USD: La revolución del esquisto, que convirtió a EEUU en exportador neto de energía y puso fin a su dependencia de las importaciones, ha blindado al país frente a la subida de los precios del petróleo y el gas. Esto explica el fortalecimiento generalizado del dólar frente a las principales divisas. Seguimos apostando por una subida del dólar mientras la guerra continúe sin que se vislumbre un final claro. Un pequeño consuelo es que Trump, al menos, parece estar buscando una 'vía de salida' relativamente rápida de la guerra. Queda por ver si será capaz de orquestar una desescalada controlada y que pueda presentar razonablemente como una 'victoria'. El principal lastre para la moneda estadounidense en estos momentos es la postura relativamente moderada de la Reserva Federal, que parece más reticente que sus homólogos del G-10 a responder con subidas de tipos al repunte energético. Los datos de empleo de esta semana pondrán a prueba esta visión: si, como se espera, muestran una resiliencia notable pese a la guerra, es probable que aumente la presión sobre más miembros del FOMC para endurecer la política monetaria.
  • GBP: La libra esterlina comienza a acusar el impacto de la guerra. La semana pasada se depreció tanto frente al dólar como frente al euro. Hasta el momento, el principal indicador disponible sobre el efecto del conflicto en la economía británica es el PMI de la semana pasada. Aunque empeoró respecto a febrero, no resultó catastrófico: la economía sigue en expansión y el sector manufacturero registró un sorprendente repunte, aunque este último se debió en parte a la acumulación de existencias ante las posibles interrupciones en el suministro que se avecinan. Mientras tanto, la intensa ola de ventas de bonos soberanos a nivel global está golpeando con especial dureza al mercado británico de deuda pública. El rendimiento del gilts a 10 años alcanzó la semana pasada su nivel más alto desde 2008. Los temores inflacionistas están plenamente justificados: el Banco de Inglaterra prevé que la inflación al consumo alcance un pico de entre el 3,5 % y el 4 % a finales de año, impulsada por el repunte de los costes energéticos. Esta trayectoria prácticamente descarta nuevas bajadas de tipos en el corto plazo. Sin embargo, no creemos que justifique un endurecimiento agresivo de la política monetaria, teniendo en cuenta la debilidad del mercado laboral británico. Por ello, las tres subidas de tipos que el mercado descuenta para el Banco de Inglaterra en 2026 nos siguen pareciendo excesivas.

UBP: semana clave para el dólar

El Forex Outlook de UBP cree que se avecina una semana clave para el dólar  con la publicación de los datos del mercado laboral de EEUU: "Sin embargo, no anticipamos un impacto significativo en divisas dado el foco en los acontecimientos en Oriente Medio". La publicación de los datos preliminares del índice de precios al consumo (IPC) de la Eurozona de marzo debería ofrecer una indicación de las próximas presiones inflacionarias, aunque es poco probable que el euro se beneficie de una cifra de inflación superior a lo esperado. El dólar/ yen japonés vuelve a estar en el centro de atención, con el Banco de Japón afrontando decisiones difíciles. 

UBS: aumenta la vulnerabilidad de las carteras

El UBS CIO Daily subraya que las acciones globales cayeron por cuarta semana consecutiva y los precios del petróleo tendieron al alza, a medida que los inversores comenzaron cada vez más a valorar la posibilidad de un conflicto más prolongado y de interrupciones en el suministro energético. Estas preocupaciones están aumentando la vulnerabilidad de las carteras de renta variable y renta fija, ya que las elevadas correlaciones están erosionando los beneficios tradicionales de la diversificación.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Los inversores no deberían intentar ‘operar’ con eventos geopolíticos, sino más bien mantenerse invertidos mientras toman medidas para reducir progresivamente el riesgo de sus carteras cuanto más tiempo se mantengan altos los precios del petróleo. Nuestro objetivo no es la perfección, sino la gestión del riesgo y la mitigación de pérdidas”.

Evli: no cambia la rotación desde EEUU a Europa

Por su parte, la gestora nórdica Evli opina que la guerra en Irán no ha cambiado la tendencia actual de rotación en renta variable desde valores growth en Estados Unidos, hacia acciones value en Europa y en otras regiones. Cree que los efectos del conflicto en Irán en los mercados y la economía serán transitorios, mientras que la rotación es estructural y durará varios años, porque se apoya en las valoraciones, el estímulo fiscal, y la mejora de beneficios empresariales. El conflicto en Irán podría crear nuevas oportunidades en las temáticas ya favorecidas por el ciclo, como Europa y Defensa europea, sectores manufacturero e industrial, y la electrificación derivada de la transición energética y la demanda de infraestructuras para la IA. 

En febrero, la rotación en renta variable continuó, con flujos desplazándose desde valores growth caros, hacia opciones value más baratas. Geográficamente, desde EEUU a Europa, Japón y los Mercados Emergentes, y por sectores, desde tecnología hacia industriales y materiales. Sin embargo, todo se vio interrumpido cuando EEUU e Israel atacaron Irán, desencadenando una oleada de aversión al riesgo que provocó recogida de beneficios y pérdida de parte de las ganancias por la rotación.

La temática IA se volvió más compleja. El mercado espera que nuevas herramientas de IA sustituyan a las tradicionales, lo que perjudicaría a empresas de software y servicios, Por su parte, los grandes proveedores de infraestructura (“hiperscalers”) siguieron su tendencia bajista, por el temor a un exceso de inversión y a cuellos de botella relacionados con el suministro energético y los chips de memoria. 

En el plano macroeconómico, los estímulos fiscales de Alemania, Estados Unidos y Japón continúan impulsando la disposición de las empresas a invertir, y apoyan los sectores cíclicos en todas las regiones. Los sectores manufacturero e industrial siguen beneficiándose del gasto en capital fuera del sector tecnológico.

Con la liquidez obtenida, los gestores incrementan las posiciones en acciones que todavía están lejos de su valoración histórica, o bien sus precios continúan a la baja. Y este proceso se repite continuamente, desde el lanzamiento del fondo en 2007.

Según los expertos de Evli, el escenario de rotación desde valores growth USA hacia value en Europa y otras regiones no cambia, pese a la guerra en Irán. Porque la rotación sigue respaldada por factores estructurales, como las valoraciones, el estímulo fiscal y la mejora en beneficios empresariales. Dado que la situación de guerra será temporal y la rotación se apoya en factores sólidos, los expertos de Evli confirman que el estilo value y las temáticas de inversión fuera de Estados Unidos siguen siendo atractivos, no así el estilo growth en USA y las estrategias en IA.

Temáticas con potencial:

  • Europa: El cierre de la brecha de valoración con EEUU sigue favoreciendo los mercados europeos frente al resto. La expansión fiscal de Alemania beneficia a sectores industriales, materiales y financieros, reforzando una rotación que según Evli es estructural y durará varios años. 
  • Defensa europea y reconstrucción de Ucrania: Los presupuestos europeos de Defensa siguen creciendo con apoyo de la OTAN, mientras que las empresas europeas se van posicionando en la futura reconstrucción de Ucrania. Ambos factores son estructurales y refuerzan estas temáticas, aportándoles visibilidad durante años. Temáticas que combinan valor, crecimiento e impulso geopolítico. 
  • Manufactura y recursos: El estímulo fiscal en Alemania, Japón y EEUU se materializa en la inversión en empresas industriales y productores de recursos, soportando la rotación en una tendencia cíclica que la consolida.
  • Electrificación: Tres tendencias macro de fondo sostienen el atractivo de invertir en electrificación: la transición energética, el despliegue de infraestructura de IA (que exige enormes cantidades de energía) y el resurgimiento del sector manufacturero. Además, según Evli, es una temática que permite invertir en IA en aquello que la impulsa, (infraestructura eléctrica y de redes), evitando los riesgos de los hiperscalers y los fabricantes de software. Por último la creciente demanda energética global, favorece esta temática.
28Mar

Para DWS, sigue siendo un valioso elemento de diversificación, pero sus características de refugio seguro varían en función del periodo y del acontecimiento, por lo que requieren una reevaluación continua y actualizada, en lugar de una confianza ciega.

Miguel Ángel Valero

Las turbulencias en los mercados provocadas por la guerra en Oriente Medio han vuelto a poner en tela de juicio el papel del oro como refugio seguro a corto plazo. A pesar del recrudecimiento de las tensiones geopolíticas, que han provocado fuertes caídas en los mercados de renta variable y de renta fija, el precio del oro se ha visto sometido recientemente a una presión notable. Aunque ya había subido alrededor de un 25% en los dos primeros meses del año —lo que hace que los precios sigan al alza en lo que va de año—, desde el estallido de la guerra, el oro ha sufrido tanto como otras clases de activos, lo que contradice su imagen tradicional como cobertura frente a las crisis.

¿Excepción o tendencia? Para responder a esta pregunta, conviene analizar cómo se han comportado el oro y la renta variable en las distintas fases del mercado. La correlación permite medir si dos clases de activos tienden a moverse en la misma dirección o en direcciones opuestas: un valor de +1 significa que ambos activos se mueven en la misma dirección. Un valor de 0 indica que no existe una relación apreciable, mientras que un valor de -1 significa que los dos activos se mueven exactamente en direcciones opuestas. Para que un activo se considere un “refugio seguro”, sería especialmente deseable una correlación baja o negativa durante los periodos de fuertes caídas en los mercados de renta variable.

El gráfico elaborado por DWS muestra la correlación entre las rentabilidades diarias del oro y el S&P 500 en diferentes fases del mercado, clasificadas tanto por la magnitud de la rentabilidad diaria del S&P 500 como por dos periodos de tiempo distintos. Observamos que, en el periodo comprendido entre 1975 y 2016, el oro mostró en general solo una correlación débil con los movimientos del mercado de valores. El oro tendía a revalorizarse cuando las acciones sufrían fuertes caídas (una pérdida diaria superior al 2,5%), con una correlación negativa observada de 0,13. Sin embargo, desde 2016 ha surgido un patrón diferente: una correlación positiva en los días con caídas significativas en los mercados de valores. 

Precisamente en las fases en las que cabría esperar que un activo refugio proporcionara estabilidad, el oro ha tendido a moverse en la misma dirección que las acciones. Este movimiento paralelo también fue evidente en días de mercado muy positivos, lo que permitió a los inversores “diversificados” beneficiarse por partida doble.

¿Cómo se explica este fenómeno? ¿Por qué los inversores en renta variable no parecen refugiarse en el oro, supuestamente seguro, cuando el mercado bursátil registra pérdidas significativas? En primer lugar, el oro es un segmento de mercado más reducido y menos líquido en comparación con el mercado de acciones o de bonos. Además, cada vez está más condicionado por la demanda pasiva (a través de ETF o estrategias basadas en reglas). 

Con la retirada generalizada de la negociación por cuenta propia por parte de bancos y corredores, el mercado ha perdido un importante amortiguador. En el pasado, estas instituciones negociaban activamente con su propio capital y contribuían a suavizar las fluctuaciones del mercado; muchas de ellas se han retirado desde entonces. Al mismo tiempo, ha aumentado la proporción de inversores pasivos, actores que tienden a amplificar los movimientos del mercado en lugar de amortiguarlos. A esto se suman los inversores que operan con presupuestos de riesgo fijos o posiciones apalancadas y que necesitan liquidez rápidamente cuando se producen ajustes de márgenes. 

Cuando una clase de activos sufre una caída excepcionalmente pronunciada, los inversores deben obtener liquidez allí donde puedan liquidar posiciones rápidamente y/o donde tengan ganancias acumuladas, como ha sido el caso recientemente con el oro.

En este análisis, los expertos de DWS se refieren explícitamente a las fluctuaciones diarias. La correlación del oro con otras clases de activos en horizontes temporales más largos —y qué factores influyen tanto en el nivel como en la dirección de dicha correlación— es un tema totalmente distinto. A corto plazo, el oro ha seguido ofreciendo en ocasiones ventajas de diversificación, por ejemplo, en torno al “Día de la Liberación” en abril de 2025 o durante la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania en 2022 y la pandemia de COVID-19. 

Sin embargo, más recientemente, las salidas de segmentos de inversión más tácticos, como los inversores minoristas o determinados gestores de activos, han lastrado el mercado del oro. Para los analistas de DWS, el oro sigue siendo un valioso elemento de diversificación, pero sus características de refugio seguro varían en función del periodo y del acontecimiento, por lo que requieren una reevaluación continua y actualizada, en lugar de una confianza ciega.

27Mar

Cuanto más tiempo se mantengan los precios de la energía elevados, más pegajoso se mantendrá el índice de referencia para las hipotecas variables en torno a los niveles actuales, por encima del 2,8%.

Miguel Ángel Valero

Trump ha extendido el periodo de negociación con Irán y ha pospuesto sus amenazas hasta el 6 de abril, manteniendo la tensión en unos mercados que volvieron a mostrar dudas sobre una solución a corto plazo. Mientras tanto, las tropas anfibias estadounidenses continúan su despliegue hacia el Golfo, reforzando la presión sobre el régimen iraní, que por otro día consecutivo ha evitado ataques contra las infraestructuras energéticas de los países vecinos. En esta fase, Trump ha optado por intensificar la retórica, pero postergar la actuación real –Not Actually Choosing Hormuz Offensive (NACHO), en vez del crítico Trump Always Chicken Out (TACO) , lo que revela que sigue priorizando un acuerdo, consciente de que una operación terrestre o una invasión desembocaría en el peor escenario para sus intereses políticos.

Por su parte, el régimen iraní tiene un objetivo claro: asegurar su supervivencia ante la mayor amenaza desde su fundación en 1979, contando con un arma estratégica de primera magnitud como es la capacidad de bloquear el estrecho.

El tercer actor es Israel, que permanece al margen de las conversaciones y continúa ejecutando su campaña militar, debilitando posiciones iraníes mediante nuevos ataques sobre enclaves relevantes. 

Una paz duradera exigiría el acuerdo de las tres partes, aunque lo único verdaderamente determinante ahora mismo es la operatividad del estrecho, por lo que los mercados reaccionarán con optimismo ante señales de que el paso se abre.

De momento, Irán permitirá el tránsito de buques españoles por el estrecho de Ormuz. Así lo confirmó la Embajada de Irán en España, que destacó el compromiso de nuestro país con el derecho internacional y señaló que Teherán se muestra “receptivo a cualquier solicitud procedente de Madrid”. Con esta decisión, España pasa a formar parte de un grupo muy reducido de países a los que Irán ha concedido autorización expresa de paso. En una carta distribuida por las autoridades iraníes a la Organización Marítima Internacional, aprobaron el paso seguro a aquellos buques considerados “no hostiles” y que “no participen ni apoyen actos de agresión contra Irán”, aunque no detallaron qué países cumplen exactamente ese criterio. Entre los que sí fueron mencionados por el ministro de Asuntos Exteriores iraní figuran también India, China, Rusia, Pakistán e Iraq.

Ebury: el Euribor se mantendrá en torno al 2,8% mientras dure la guerra

Diego Barnuevo, Analista de Mercados de Ebury, destaca que el Euribor a 12 meses ha repuntado con fuerza en las últimas semanas, situándose en el 2,812%, lo que supone un alza de casi 60 puntos básicos (pb) respecto a finales de febrero. Esta marcada escalada en el principal índice de referencia de las hipotecas variables responde directamente al aumento de las expectativas de que el Banco Central Europeo (BCE) suba los tipos de interés a lo largo de este año. El detonante principal ha sido el conflicto en Irán, el cierre efectivo del estrecho de Ormuz y el consiguiente repunte en los precios del petróleo y del gas natural.

Como importador neto de energía, Europa es especialmente vulnerable a este tipo de disrupciones en el suministro, tal como ya se comprobó al inicio de la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania en 2022. Esta exposición no solo genera un riesgo de inflación importada, sino también de desaceleración económica. De hecho, los primeros indicadores de alta frecuencia publicados desde el estallido del conflicto ya apuntan a una actividad económica más débil.

El tono de los miembros del BCE ha cambiado de forma notable tras el conflicto, contrastando fuertemente con el mensaje transmitido en la reunión de febrero. En marzo, el BCE abandonó la idea de que se encontraba en una “buena posición” y puso especial énfasis en los riesgos derivados de la situación en Oriente Medio, en particular en los posibles efectos de segunda ronda sobre la inflación. En consonancia, revisó al alza sus proyecciones de inflación, especialmente para finales de 2026 (del 1,9% al 2,6%).

Aunque Christine Lagarde evitó dar pistas concretas sobre los próximos pasos durante la rueda de prensa, los mensajes posteriores tanto de la presidenta como del entorno del BCE han sido claramente hawkish. De hecho, han dejado abierta la posibilidad de una subida de tipos tan pronto como en la reunión de abril. En línea con este giro, los mercados de swaps están descontando actualmente una probabilidad del 60% de que el BCE suba los tipos en abril, y un total de 80 pb de incrementos a lo largo del año. Tras la traumática experiencia inflacionaria que siguió a la invasión rusa de Ucrania, el BCE parece decidido a no repetir errores y está mostrando una elevada predisposición a actuar con rapidez en el corto plazo, incluso si el repunte de la inflación resultara finalmente transitorio.

"Nuestro escenario base contempla que no se alcance una tregua hasta algunas semanas o mes más, y que el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz permanezca siendo prácticamente nulo durante este tiempo. En este periodo, creemos que los mercados continuarán descontando subidas de tipos. Cuanto más se extienda el conflicto y el bloqueo del estrecho —y mayores sean los ataques a infraestructuras energéticas—, mayor será la probabilidad de que estas expectativas se materialicen en alzas efectivas de los tipos de interés en la Eurozona. Por todo ello, creemos que el Euribor podría estabilizarse en torno a los niveles actuales, al menos hasta que aparezcan señales más sólidas y creíbles de desescalada en el conflicto y de acercamiento de posturas entre ambas partes. Si ello ocurre en un periodo de tiempo relativamente acotado, cabría esperar una corrección en las expectativas de subidas de tipos y del Euribor a 12 meses. Sin embargo, cuanto más tiempo se mantengan los precios de la energía elevados, más pegajoso se mantendrá el índice de referencia para las hipotecas variables en torno a los niveles actuales", advierte este experto.

Natixis: riesgo de una contracción económica prolongada

Por su parte, el equipo de análisis de Natixis CIB, dirigido por Alicia García Herrero, ha elaborado el informe El conflicto de Oriente Medio de 2026 y sus repercusiones en la economía mundial: posible caos en la cadena de suministro más allá del petróleo’donde se destaca que el actual conflicto geopolítico en Oriente Medio ha perturbado las cadenas de suministro mundiales, limitando el tránsito por el estrecho de Ormuz y retrasando las exportaciones internacionales de energía. Más allá de los precios del crudo, el impacto económico estructural más amplio se debe a la repentina escasez de insumos industriales refinados, en particular azufre elemental, nitratos agrícolas y helio de grado semiconductor.

La suspensión generalizada del transporte marítimo ha creado cuellos de botella logísticos, lo que ha generado un doble choque macroeconómico: un choque negativo de la oferta que impulsa la inflación general, junto con una moderación de la demanda, ya que el aumento de los costes de los insumos comprime los márgenes de beneficio de las empresas.

Los bancos centrales se enfrentan a un complejo dilema de política monetaria que recuerda a la década de 1970. Una política monetaria restrictiva a gran escala para combatir la inflación impulsada por las materias primas conlleva el riesgo de empujar a una economía mundial en transición hacia una contracción económica prolongada.

Lombard Odier: menos Bolsas emergentes para reducir el riesgo

El Informe Mensual de Estrategia de Inversión de Lombard Odier correspondiente a abril de 2026, subraya que "nuestro escenario base sigue contemplando un impacto macroeconómico contenido derivado del conflicto en Oriente Medio; no obstante, también incorporamos escenarios de riesgo con una mayor duración y un impacto más elevado". La economía global se encuentra en una posición muy distinta a la de 2022, durante el último shock energético, con una inflación más baja y una mayor holgura en los mercados laborales.

"Neutralizamos nuestra asignación global a renta variable en carteras y recogemos beneficios en nuestra sobre ponderación en renta variable de mercados emergentes. Mantenemos nuestra preferencia por la deuda de mercados emergentes y dejamos la deuda soberana como la opción menos atractiva. La apreciación del dólar estadounidense debería moderarse, y mantenemos una visión constructiva sobre el oro", señala.

"Dentro de nuestro posicionamiento neutral en renta variable de mercados desarrollados, nuestra visión sobre la renta variable estadounidense ha mejorado hasta neutral, mientras que se ha tornado negativa para el Reino Unido. Mantenemos nuestra preferencia por Japón. El aumento de las tensiones en Oriente Medio nos ha llevado a neutralizar nuestra sobre ponderación en mercados emergentes para reducir el riesgo", añade.

"Mantenemos una postura neutral en renta fija global, con preferencia por la deuda de mercados emergentes frente a la de mercados desarrollados. Seguimos infra ponderados en deuda pública global y ahora favorecemos vencimientos de entre 3 y 5 años en los bonos del Tesoro estadounidense", apunta.

"El dólar estadounidense debería mantenerse respaldado durante el conflicto en Oriente Medio, pero esperamos una renovada debilidad una vez finalice, dada su elevada valoración y las futuras bajadas de tipos por parte de la Fed. El oro se vio afectado durante la guerra y el shock energético de 2022. Prevemos un mejor soporte en 2026 y mantenemos una visión constructiva sobre el metal precioso", concluye.

UBS: oportunidades en energía

El UBS CIO Daily resalta que el conflicto de Oriente Medio y su impacto en los flujos de energía a través del Estrecho de Ormuz han afectado a las áreas más sensibles al crecimiento dentro de "nuestra Oportunidad de Innovación Transformacional en Energía y Recursos (TRIO)". Esto ocurre tras un periodo en el que la actividad manufacturera global apenas comenzaba a mejorar, después de tres años de desaceleración: "Sin embargo, creemos que las tendencias estructurales de electrificación y el aumento de la demanda energética deberían seguir respaldando un crecimiento sostenido y la inversión de capital en la oportunidad de Energía y Recursos. Las empresas industriales deberían seguir apoyadas por la demanda de largo ciclo. Las empresas de servicios públicos suelen ofrecer estabilidad en periodos de incertidumbre.La demanda de centros de datos se mantiene fuerte".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Mantenemos una perspectiva positiva sobre las oportunidades en Energía y Recursos, que creemos están respaldadas por tendencias alentadoras en resiliencia de redes y en infraestructuras de transmisión, generación eléctrica y energías renovables, electrificación de edificios, automatización industrial y minerales críticos. Proyectamos un gasto acumulado de 32 billones$ en infraestructura eléctrica durante la próxima década”.

25Mar

El prácticamente mes de conflicto ya se está percibiendo en la industria petroquímica mundial, especialmente en Asia, y amenaza con provocar una crisis en el sector agroalimentario europeo más grave que la generada por la pandemia o por la invasión rusa de Ucrania.

Miguel Ángel Valero

Los efectos negativos de prácticamente un mes de conflicto en Oriente Próximo sobre la economía mundial comienzan a reflejarse en la confianza de los empresarios, que en marzo cayó a ambos lados del Atlántico. Los indicadores adelantados más relevantes decepcionaron tanto en EEUU como en la zona euro, al caer el PMI compuesto en ambas economías lo que apunta a un menor dinamismo de la actividad en los próximos meses.

En la Eurozona, el deterioro de la confianza es mayor dado que se partía de un punto también más bajo. En marzo la confianza de los gestores de compras de las empresas europeas bajó hasta 50,5 desde el 51,9 previo, situándose en su menor nivel desde mayo del año pasado. Por sectores, este retroceso se concentró en los servicios que cayó hasta 50,1 desde el 51,9 previo, mientras que repuntó la confianza en el sector industrial al elevarse hasta 51,4 desde el 50,8 previo. Sin embargo, esta mejora de la confianza industrial tendrá poco margen de continuar dado que probablemente refleja un anticipo de las compras tratando de evitar posibles problemas de suministros futuros. Un factor clave de los datos de marzo fue una marcada aceleración de los costes de los insumos que según señalaron los empresarios estarían subiendo al ritmo más rápido desde febrero de 2023.

En EEUU, la lectura fue similar, aunque la confianza se mantiene en niveles más altos: el PMI compuesto bajó hasta 51,4 desde el 51,9 previo, manteniéndose así cómodamente en terreno de expansión. Por sectores, al igual que en la zona euro, se apreció un mayor deterioro de la confianza de los servicios (51,1 vs. 51,7 previo) mientras que repuntó la confianza en la industria (52,4 vs. 51,6 anterior).

Un mes sin atisbar el final

Una oportuna filtración asegura que EEUU ha enviado un plan de 15 puntos a Irán a través de Pakistán, que ejerce como mediador, lo que supone un paso adicional en la búsqueda de una desescalada. Aunque los detalles no se han hecho públicos, previsiblemente incluirá limitaciones al enriquecimiento de uranio, incluso para usos civiles. Las autoridades iraníes continúan negando estar inmersas en conversaciones con Washington. Sin embargo, Teherán ha emitido un comunicado indicando que permitirá el tránsito por Ormuz a embarcaciones “no hostiles”, sin especificar claramente los criterios y condicionándolo a una coordinación previa con las autoridades locales. Este giro en su postura, frente a las amenazas iniciales, sugiere que Irán también percibe la necesidad de frenar la escalada, presionado diplomáticamente por Pakistán, India y China.

Al mismo tiempo, la lista de actores potencialmente dispuestos a atacar a Irán podría ampliarse, ya que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos comienzan a mostrarse más proclives a implicarse en el conflicto tras otra jornada de ofensivas. Los estados del Golfo, sometidos a bombardeos constantes por parte de Irán, comienzan a plantearse seriamente participar en la guerra si Teherán ataca infraestructuras críticas como plantas energéticas o desalinizadoras. 

En un conflicto impulsado por EEUU e Israel, los países vecinos están siendo duramente golpeados por los ataques iraníes, pese a que hasta ahora habían optado por mantener la calma. Irán sostiene que los estados del Golfo son objetivos legítimos, alegando que EEUU utiliza su espacio aéreo y sus territorios para atacarlo. Emiratos Árabes Unidos ha recibido 1.806 drones y 372 misiles; Kuwait, Arabia Saudí, Baréin, Jordania y Catar también han sido blanco de ataques. En todos los casos han sido atacadas infraestructuras energéticas, y en Catar llegó a destruirse una parte de la planta de licuefacción, con daños que representan la pérdida del 17% de las capacidades exportadoras de gas del país.

La tolerancia frente a los ataques se está agotando. “La paciencia de Arabia Saudita con los ataques iraníes no es ilimitada”, advirtió el ministro de Exteriores saudí. Por su parte, los Emiratos Árabes Unidos han empezado a actuar contra activos de propiedad iraní, una medida que amenaza una fuente de ingresos crucial para el régimen de Teherán, al tiempo que debaten si enviar o no a sus fuerzas militares al conflicto.

Sin embargo, atacar directamente a Irán supondría convertirse abiertamente en parte beligerante contra un rival mayor. Además, los estados del Golfo temen quedar expuestos si Trump decidiera poner fin repentinamente a la guerra, dejándolos solos ante las consecuencias de una guerra que no es suya.

Israel tampoco ha reducido su presión, manteniendo los ataques, y extendiendo el conflicto a Líbano.

Las señales de que se están explorando vías de negociación son cada vez más evidentes, y los movimientos concretos, más allá de las declaraciones, serán determinantes. Con la llegada de la cuarta semana de conflicto, los costes para ambas partes empiezan a ser significativos –incluido el anuncio de nuevos despliegues de tropas estadounidenses en la región–, lo que acerca la posibilidad de un acuerdo que probablemente no será formalizado, dado que cada lado necesita proyectar internamente una imagen de victoria, pero sí efectivo en la práctica. Si se confirma que Irán acepta una apertura parcial del estrecho, esto reduciría uno de los principales riesgos actualmente sobre la mesa. Los mercados ya recogen este cambio de percepción con un renovado clima de optimismo.

Coface: impacto en la industria petroquímica mundial

La agitación geopolítica en Oriente Medio, junto con las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, está comenzando a impactar de forma significativa en la industria petroquímica mundial. La región del Golfo suministra una parte esencial de las materias primas clave del sector, como petróleo crudo, nafta, GLP, metanol y otros insumos clave y, como consecuencia a la actual escalada de tensiones, se ha disparado la volatilidad en los mercados de la energía y los productos químicos. En este contexto, Asia, altamente dependiente de materias primas procedentes del Golfo, está sintiendo las primeras repercusiones, enfrentándose a una rápida reducción de existencias y a un fuerte aumento de los precios, tal y como indican los expertos de Coface.

Y es que, para los productores asiáticos, esta dependencia es estructural: entre el 60% y el 70% de su nafta y el 45% de su GLP proceden de Oriente Medio. Como resultado, Asia es la primera región en absorber el impacto, incluso cuando la oferta se reduce y los precios suben rápidamente.

“La crisis ya no se limita al sector energético: se está extendiendo a lo largo de toda la cadena industrial. Dado que entre el 60 % y el 70 % de la nafta asiática pasa por el estrecho de Ormuz, una interrupción prolongada podría redefinir los flujos, los costes y, tal vez, la propia geografía de la industria petroquímica mundial” afirma Joe Douaihy, economista sectorial de Coface.

Las tensiones actuales se producen en un contexto de débil demanda —en los sectores de la construcción y la automoción— y de un exceso de capacidad persistente en China. Además, los productores asiáticos (por ejemplo, los surcoreanos y los japoneses) operan de forma estructural con bajos niveles de existencias de nafta y GLP, suficientes para cubrir solo unas pocas semanas de producción. El resultado: las existencias de nafta se están agotando rápidamente, lo que obliga a reducir la producción.

Oriente Medio desempeña un papel fundamental en la fase inicial de la cadena petroquímica. Más allá del petróleo, los países del Golfo exportan grandes cantidades de nafta y GLP, dos productos esenciales para las unidades de craqueo asiáticas, que alimentan una amplia cadena de derivados: plásticos, materiales compuestos, disolventes, textiles sintéticos y cosméticos. El estrecho de Ormuz canaliza la mayor parte de estos flujos hacia centros como China, Corea del Sur, Japón y Tailandia.

El metanol desempeña un papel igualmente central: Irán y los países del CCG suministran la mayor parte de los volúmenes que utiliza China para sus unidades de MTO (metanol a olefinas), que representan el 20 % de su producción de olefinas. Las olefinas (etileno, propileno, butadieno) son los «bloques de construcción» de la industria química mundial. Para compensar estas pérdidas, China ya está empezando a aumentar su producción de metanol a partir del carbón.

Ya están apareciendo los primeros indicios de perturbación. Varias refinerías asiáticas están reduciendo su volumen de producción petroquímica, mientras que importantes productores —como Yeochun NCC (Corea) y PCS (Singapur)— han invocado la fuerza mayor, alegando circunstancias que están perturbando sus operaciones y les impiden mantener su actividad habitual, en particular en lo que respecta al cumplimiento de sus compromisos con los clientes.

Los pedidos de polietileno y polipropileno se han suspendido en varios mercados, lo que indica una rápida contracción de la oferta. Incluso en el caso de una crisis de corta duración, reiniciar las unidades petroquímicas tras reducir la producción resulta difícil y caro, lo que podría prolongar el impacto mucho más allá del período de hostilidades.

Si la crisis persiste, el panorama del sector podría cambiar:

  • -EEUU: posibles ganadores gracias a los bajísimos costes del etileno, lo que podría permitirles aumentar las exportaciones a Asia. 
    -China: al estar diversificada, puede recurrir al carbón. Esto le permite producir productos químicos directamente (CTO), pero supone una importante fuente de emisiones de CO₂. El carbón también le permite producir metanol. Este alimenta sus unidades de MTO (metanol a olefinas), pero actualmente procede principalmente de Oriente Medio, donde los precios se están disparando. 
  • -Europa: en una posición vulnerable, lastrada por unos costes energéticos más elevados y una capacidad limitada para repercutir las subidas de precios. 
    -India: una posible sorpresa positiva, si logra producir más a partir del crudo ruso, con una ventaja geográfica para abastecer a los mercados asiáticos.

Roland Berger: una crisis agroalimentaria más grave en Europa

Por su parte, Roland Berger alerta de que la guerra de Irán y el consiguiente cierre del Estrecho de Ormuz pueden provocar una crisis potencialmente más grave que la vivida en 2021-2022 -tras el COVID-19 y el inicio del conflicto de Ucrania- en el sector agroalimentario europeo. En su análisis ‘Impacto de la subida de precios de fertilizantes’, la consultora advierte de que la interrupción del suministro amenaza con generar una subida significativa de costes en toda la cadena agroalimentaria, desde la producción agrícola hasta el precio final de frutas y verduras en el lineal del supermercado.

Las exportaciones diarias de fertilizantes a través del Estrecho de Ormuz se han desplomado desde niveles de 100-200 unidades diarias a prácticamente cero en cuestión de semanas. Por este corredor marítimo transita aproximadamente un tercio de las exportaciones globales de urea -el fertilizante nitrogenado más utilizado del mundo- y el 45% de las exportaciones mundiales de azufre, materia prima esencial para la producción de fertilizantes fosfatados.

La interrupción del tránsito por Ormuz introduce un factor diferencial respecto a la crisis anterior: no solo se encarece la producción por el aumento de los costes energéticos, sino que se limita físicamente la disponibilidad de materias primas clave al bloquearse uno de los principales canales del comercio internacional. Durante la crisis de 2021-2022, el precio de la urea se triplicó, el coste del MWh de electricidad se multiplicó por 12 y los precios del transporte marítimo de contenedores se dispararon un 80%. Ahora, esa combinación de factores se ve agravada por la escasez física de producto, sobre una base de precios que nunca regresó a los niveles pre-COVID.

El mercado español de agroinsumos, valorado en aproximadamente 5.600 millones de euros a precios de agricultor en 2025, se descompone en cuatro categorías con niveles de exposición a la crisis muy distintos. La nutrición vegetal (fertilizantes convencionales), que representa el 50% del mercado, será la más afectada al depender directamente de materias primas bloqueadas como la urea y el azufre. Por el contrario, los productos de sanidad vegetal -como bioestimulantes o fertilizantes orgánicos- presentan una exposición mucho menor, al apoyarse en cadenas de suministro más locales. Los fitosanitarios y las semillas registrarán impactos intermedios o limitados.

El análisis contempla distintos escenarios en función del tiempo que se prolongue la interrupción del tránsito en Ormuz. En un escenario de corta duración (1-3 meses), los fertilizantes podrían encarecerse entre un 30% y un 50%, mientras que en un escenario prolongado (más de seis meses) el incremento podría situarse entre el 150% y el 200%, superando los niveles alcanzados en la crisis anterior.

Otros segmentos, como los fitosanitarios o los productos biológicos, experimentarían aumentos más moderados, lo que refuerza su posicionamiento como alternativas más estables en entornos de alta volatilidad.

El encarecimiento se trasladará progresivamente al consumidor de forma desigual según el tipo de cultivo. Los cultivos de invernadero, como tomate, pimiento o pepino, especialmente intensivos en el uso de insumos, podrían registrar incrementos de entre el 15% y el 25%.

Otros productos como las hortalizas de hoja experimentarían subidas de entre el 12% y el 20%, mientras que categorías como el aceite de oliva, frutas frescas o cereales también se verán afectadas, aunque en menor medida. En el caso de los cereales, pese a su menor coste por hectárea, los reducidos márgenes del agricultor harán que el incremento se traslade prácticamente en su totalidad al precio final. Quedará ver el impacto de estos últimos con el acuerdo de Mercosur.

Por otra parte, el impacto será especialmente intenso en los agricultores individuales, que representan la mayor parte del sector y operan con márgenes muy ajustados. Durante la crisis anterior, muchos productores redujeron el uso de insumos para contener costes, una estrategia que previsiblemente se repetirá, con el riesgo añadido de abandono de explotaciones pequeñas.

En paralelo, el mercado de distribución de agroinsumos -con más de 700 operadores en España y altamente fragmentado- experimentará una aceleración de su proceso de consolidación. Los grandes distribuidores, con mayor capacidad financiera, podrán anticiparse a la subida mediante acopio de inventario, mientras que los pequeños afrontarán una fuerte presión sobre márgenes y un mayor riesgo de impago.

En este contexto, el análisis apunta a un cambio estructural en el sector: la aceleración de la adopción de soluciones biológicas como bioestimulantes, fertilizantes orgánicos y productos de biocontrol. Estos productos presentan menor dependencia de materias primas importadas, menor intensidad energética en su producción y márgenes significativamente superiores, lo que los convierte en una alternativa más resiliente y atractiva tanto para fabricantes como para distribuidores. La crisis podría adelantar entre dos y tres años su adopción, especialmente en cultivos de alto valor.

“La crisis puede actuar como catalizador de la transición hacia modelos agrícolas menos dependientes de fertilizantes convencionales. Pero el mensaje va más allá de la coyuntura: cada vez que una crisis geopolítica golpea la cadena de suministro de fertilizantes sintéticos, se refuerza el argumento a favor de sistemas agrícolas más resilientes, con cadenas de suministro más cortas y mayor peso de la innovación biológica. La presión sobre costes está empujando al sector a buscar alternativas más eficientes y sostenibles, y esta vez la transformación puede ser irreversible”, señala Fernando López de los Mozos, senior partner de Roland Berger en Iberia y responsable del sector Agroindustria, Bienes de Consumo y Retail.

Swisscanto: subir tipos es una exageración

Después de que Israel bombardease partes de la infraestructura energética de Irán y de que aún no haya señales de una distensión, los precios del petróleo y el gas han vuelto a subir y llevan más de una semana cotizando en torno a los 100$ por barril (WTI). "Desde el principio habíamos calificado este nivel de precios como crítico", subraya un análisis de Swisscanto.

Como resultado, los temores de inflación se han intensificado una vez más y los mercados están descontando ahora subidas significativas de los tipos de interés en Europa. El mercado espera incluso que el SNB y la Fed suban los tipos de interés," lo que, en nuestra opinión, es una exageración. El nivel de los rendimientos de los bonos también nos parece excesivo: en Europa, se sitúan ahora por encima de los niveles de 2022, pero en aquel momento las expectativas de inflación a medio plazo y los salarios estaban aumentando significativamente, una situación que no vemos hoy en día. Si la guerra en Irán se prolongara, cabría esperar un debilitamiento notable de la economía. Las subidas de tipos de interés en respuesta a los cuellos de botella en el suministro tendrían poco sentido en un entorno así", explican sus expertos. 

No obstante, las expectativas sobre la evolución de los tipos de interés que ya se han descontado están agravando las preocupaciones en torno al mercado crediticio privado, y el reciente aumento de las primas de crédito también está teniendo un impacto notable en las condiciones financieras. Los mercados bursátiles continúan su corrección: el viernes, varios índices rompieron importantes niveles de soporte (media móvil de 200 días) y, con la apertura asiática del lunes, el mercado bursátil mundial se acerca ahora a una corrección de alrededor del 10%.

"La semana pasada aumentamos nuestra posición en renta variable suiza y, a su vez, redujimos nuestra exposición a la renta variable estadounidense —y, por ende, también al dólar estadounidense—. Las valoraciones de la renta variable suiza y de los mercados emergentes se sitúan ahora ligeramente por debajo de su media de los últimos 10 años. En este contexto, nuestras consideraciones de asignación táctica se centran de nuevo en mayor medida en los bonos del Estado de alta calidad. Desde una perspectiva histórica, la pérdida media en los mercados de renta variable se alcanza aproximadamente cuando el VIX supera los 30 puntos, como ocurrió el 6 de marzo", apuntan.

Columbia Threadneedle: la incertidumbre es el principal problema

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, recuerda que la semana pasada estuvo marcada por una intensa ronda de reuniones de política monetaria de los principales bancos centrales, y el tono ha cambiado por completo en relación con la futura trayectoria de los tipos de interés. En cuanto al conflicto, no hay señales de resolución. De hecho, los riesgos de una mayor escalada siguen al alza, dado el ultimátum del presidente Trump para reabrir el estrecho de Ormuz, acompañado de amenazas de ambas partes de nuevos ataques contra infraestructuras energéticas. Irán, por su parte, ha vinculado la reapertura del estrecho al levantamiento de sanciones económicas más amplias. La situación no parece tener una solución a corto plazo.

Mientras tanto, los bancos centrales se encuentran en una posición especialmente delicada. Los cuatro principales se reunieron la semana pasada y, aunque ninguno modificó su política monetaria, el cambio en su lenguaje es evidente. De cara a lo que viene, son plenamente conscientes del riesgo al alza para la inflación derivado de los precios energéticos. Como referencia, el Brent cotizaba el 23 de marzo en torno a los 114$  por barril, tras haberse mantenido por encima de los 100 dólares durante toda la semana pasada. Encadena cinco semanas consecutivas de subidas y acumula un alza del 56% interanual. 

Los bancos centrales han dejado atrás el “buen momento” al que Christine Lagarde se ha referido durante meses: ahora, las subidas de tipos están en el horizonte y los riesgos inflacionarios siguen sesgados al alza. Si se observa la curva de futuros del petróleo, los precios superan los 100$ por barril hasta julio y se sitúan aún entre 85 y 90$ para los contratos de diciembre. A comienzos de año, el consenso situaba el precio del petróleo en torno a los 60$ para 2026, en un contexto de abundante oferta. Ahora, ese escenario ha quedado claramente superado.

Desde la perspectiva de los bancos centrales, las subidas de tipos tienen un impacto limitado sobre un shock energético, pero el recuerdo de lo acontecido en 2022 sigue muy presente. Entonces, reaccionaron con lentitud ante la crisis energética, pese a que ya existían presiones inflacionarias y el contexto era distinto. Sin embargo, el lenguaje actual sugiere que los bancos centrales consideran necesario subir los tipos con relativa rapidez para contener los efectos de segunda ronda de la inflación tras el shock inicial de precios energéticos. También buscan influir en las expectativas de inflación. 

Todo apunta, por tanto, a que los bancos centrales continuarán subiendo tipos mientras persista el conflicto y no se produzca una desescalada en las próximas semanas. Las expectativas del mercado apuntan a que tanto el Banco de Inglaterra como el Banco Central Europeo acometerán tres subidas de tipos este año, un giro notable respecto a hace apenas unas semanas. En EEUU se espera que la Reserva Federal (Fed) no baje tipos este año, aunque podría hacerlo el próximo. 

Con todo, a estas alturas reina la incertidumbre. Como señaló la semana pasada el presidente de la Fed, Jay Powell, “nadie lo sabe”. Y ese es precisamente el problema: ni los bancos centrales, ni los políticos, ni los operadores petroleros… en definitiva, nadie dispone de visibilidad sobre lo que vendrá a continuación.

La historia demuestra que la solución para unos precios del petróleo altos son los propios precios. Con el tiempo, éstos frenan la actividad económica y destruyen demanda, lo que ha permitido en otras ocasiones a los bancos centrales - tras haber subido tipos- proceder a bajarlos. A corto plazo, la liberación de reservas está contribuyendo marginalmente a contener el precio del petróleo, pero no puede prolongarse indefinidamente. También persiste cierta esperanza de que el conflicto no se prolongue en el tiempo. Sin embargo, en el momento actual los escenarios son claramente binarios: es posible avanzar hacia una desescalada, pero también cabe una escalada significativa, en cuyo caso los 150 dólares por barril volverían a dominar los titulares.

Incluso ahora ya se observan riesgos relevantes: los mercados vuelven a registrar caídas y, aunque los movimientos no son especialmente bruscos, el apetito por el riesgo comienza a resentirse ante la posibilidad de un conflicto más prolongado, que implicaría unos precios del petróleo más elevados y unos tipos de interés altos.

23Mar

La solicitud del Pentágono al Congreso para financiar con 200.000 millones$ adicionales este esfuerzo bélico indica un horizonte de varias semanas y no días.

Miguel Ángel Valero

Se inicia la cuarta semana del conflicto en Oriente Medio -generado por los ataques de Israel y de EEUU a Irán- y las tensiones se acercan a momentos de máxima presión. Y eso que el presidente de EE UU, Donald Trump, ha anunciado una tregua de cinco días en los ataques a las infraestructuras energéticas de Irán después de haber mantenido “conversaciones productivas” con el régimen de los ayatolás “sobre una completa y total resolución de nuestras hostilidades”. En su red social, Trump asegura que las negociaciones proseguirán esta semana. El sábado Trump había amenazado con comenzar a atacar las centrales eléctricas iraníes si Teherán no desbloqueaba el estrecho de Ormuz.

Irán, por su parte, ha negado que hayan mantenido conversaciones con Washington y atribuye el paso atrás a su propia amenaza de atacar centrales eléctricas por toda la región o la de sembrar de minas minar todo el golfo Pérsico. 

Ante el anuncio de Trump, el petróleo, que se encarecía en el inicio de la semana, se ha desplomado más de un 10%. Las Bolsas, que registraban fuertes caídas, se han dado la vuelta.

Pero Israel impone su propia estrategia al margen de EEUU y ha lanzado una nueva ola de bombardeos contra Teherán, horas después de sufrir una nueva andanada de misiles lanzados desde Irán. Y siguen también los ataques en el Golfo. Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Baréin han reportado nuevos bombardeos en sus territorios en las últimas horas. Y el cierre del estrecho de Ormuz continúa agravando el suministro en los mercados energéticos globales.

Parece imposible predecir cómo evolucionará el conflicto y cuándo llegará exactamente el desenlace, porque Trump parece haber planificado una victoria rápida, pero ya vamos para el mes de guerra, y noticias como la solicitud del Pentágono al Congreso para financiar con 200.000 millones$ adicionales este esfuerzo bélico indicaría un horizonte de varias semanas y no días. 

Esta escasa visibilidad  intensifica las caídas de las Bolsas por la mayor aversión al riesgo, pero también ventas agresivas en habituales activos refugio como el oro, algo que difícilmente se justificaría por temores a nuevas escaladas de las intervenciones militares o por un fuerte repunte de la inflación ante un cierre continuado del estrecho. El precio del petróleo sube, pero sin dar síntomas de pánico entre los operadores: el barril de Brent supera los 114$ y se aprecia un incremento de los precios de los tramos largos de los futuros (el contrato a 12 meses sube un 3,7% y se acerca a 85$). No obstante, desde el inicio del conflicto la curva de futuros de los precios del crudo se mantiene fuertemente invertida, lo que apunta a que el mercado percibe que las disrupciones en el suministro serían transitorias.

Es llamativo que el ultimátum de 48 horas realizado por Trump llegó un día después de que él mismo afirmara estar considerando “reducir” las operaciones y transferir la responsabilidad de vigilar el estrecho de Ormuz a otros países, señales contradictorias que han dejado incertidumbre pero que también podrían apuntar a que nos estamos acercando a  un momento en el cual urge algún tipo de desescalada que permita un desbloqueo al menos parcial del paso por el estrecho de Ormuz.

Las tensiones económicas se recrudecen – medidas a través de la escalada de los precios de las gasolinas y otros productos básicos –, y Trump se encuentra a menos de ocho meses de las elecciones de medio mandato.

El foco sigue puesto en el estrecho de Ormuz y en los ataques a infraestructuras energéticas clave –actualmente la capacidad exportadora detenida es de la mitad aproximadamente, aunque con daños permanentes solo documentados en Ras Laffan–. Los episodios de tensión elevaron con fuerza los precios del petróleo y del gas, reavivando el temor a un shock energético global y a un repunte inflacionista.

Ebury: Trump puede protagonizar otro TACO

Según el presidente estadounidense, se han mantenido conversaciones "muy buenas y productivas" entre funcionarios estadounidenses e iraníes, posponiendo los ataques militares por un periodo de cinco días. Los futuros del crudo Brent han caído de nuevo hacia los 100$ por barril, las Bolsas europeas suben, los rendimientos de los bonos están bajando drásticamente y el dólar ha cedido parte de sus ganancias. "No está claro si esto es el inicio de otro "TACO trade" (acrónimo que significa "Trump Always Chickens Out”), dado que Irán parece estar desmintiendo la noticia", matiza el Análisis del Mercado de Divisas de Ebury. El sentimiento de mercado podría sufrir un nuevo revés si el alto el fuego encuentra algún obstáculo. 

Todas las miradas seguirán puestas en las noticias sobre la guerra, particularmente en la posibilidad de que se reabra el estrecho de Ormuz. Los inversores están empezando a analizar los efectos secundarios de la fuerte subida de los precios de la energía, y les preocupa especialmente la necesidad de un endurecimiento de la política monetaria por parte de los bancos centrales para compensar las presiones inflacionistas, lo que está empezando a impulsar movimientos cambiarios. 

El Banco de Inglaterra, el BCE y la Reserva Federal adoptaron un tono hawkish la semana pasada. El impacto en las proyecciones de tipos ha sido particularmente marcado en Europa, con al menos tres subidas de tipos descontadas para 2026 tanto por parte del Banco de Inglaterra como del BCE. Los PMI del martes se seguirán de cerca, ya que serán el primer indicador que refleje plenamente el impacto de la guerra.

  • GBP: El Banco de Inglaterra mantuvo los tipos sin cambios, tal y como se esperaba, con una decisión unánime de 9-0, ya que incluso los miembros más expansionistas (ultra-doves) del comité consideraron prudente abstenerse de votar por un recorte inmediato. Las previsiones de inflación se revisaron al alza y, al afirmar que la política podría necesitar ser más restrictiva en respuesta a la guerra, el MPC (Comité de Política Monetaria) advirtió explícitamente a los mercados de que podría ser necesario subir los tipos en un futuro no muy lejano. No obstante, no llegó a validar las numerosas subidas que los mercados han descontado para 2026, sin duda consciente de la extrema incertidumbre sobre la duración de la guerra y el precio de la energía.La venta masiva (selloff) de bonos gubernamentales ha sido más extrema en el mercado de gilts, ya que los rendimientos a 10 y 30 años alcanzaron máximos de casi dos décadas. Nuestra visión inicial es que el reajuste de tipos que hemos visto ha sido excesivamente agresivo, ya que los shocks de oferta poseen factores mitigantes intrínsecos, y estas expectativas parecen asumir el peor escenario absoluto para la guerra, algo que está lejos de estar garantizado. El informe de inflación de febrero de esta semana (miércoles) normalmente acapararía toda la atención, pero la guerra de Irán lo ha dejado obsoleto. Por lo tanto, el foco estará en las encuestas de actividad empresarial PMI del martes.
  • EUR: El BCE también mantuvo los tipos sin cambios la semana pasada en una decisión unánime. Aunque la presidenta Lagarde no validó las expectativas del mercado sobre posibles subidas, tampoco se opuso a ellas, mientras que las famosas "fuentes del BCE" señalaron una posible subida en la reunión del banco en abril, que ahora está descontada en un 80% por los mercados de swaps. Estas expectativas siguen cerrando la brecha de tipos entre EEUU y la Eurozona, lo que quizás esté contribuyendo a la estabilidad relativa del euro mientras otras divisas se deprecian. Además de los PMI y otras encuestas de inversores que se publicarán esta semana, esperamos con interés el discurso de Lagarde en la conferencia ECB Watcher's el miércoles. La clave para los banqueros centrales en las próximas semanas será cómo perciben que la guerra afecta a los efectos inflacionistas de segunda ronda; es decir, si las interrupciones en la cadena de suministro se traducen en presiones salariales sostenidas que afiancen las expectativas de inflación por encima del objetivo. Nuestra postura es que la holgura en los mercados laborales debería imitar estos riesgos, pero es muy posible que los responsables políticos tengan una visión distinta.
  • USD: La Reserva Federal también se abstuvo de cambiar los tipos la semana pasada. Sin embargo, fue el único de los grandes bancos centrales en registrar un voto particular, ya que Miran, designado por Trump, volvió a votar a favor de un recorte. Como era de esperar, el presidente Powell no ofreció pistas sobre los siguientes pasos de la Fed, ni tampoco sobre cómo la situación geopolítica podría afectar a la economía estadounidense y a los tipos de la Fed. Las proyecciones macroeconómicas y de tipos de interés actualizadas de la Fed ofrecieron algo más de claridad, ya que se elevaron las previsiones de inflación PCE, mientras que el "punto" promedio (dot plot) para 2026 siguió mostrando un recorte este año. El repunte de los precios de la energía llega en un momento en que la mayoría de las medidas de inflación, como los precios al productor y el PCE, ya mostraban signos de rebote. No olvidemos que este es el sexto año consecutivo en que la Fed no logra alcanzar su objetivo de inflación. El mercado del Tesoro ciertamente está reaccionando con firmeza, e incluso los bonos a largo plazo se están vendiendo a medida que se pone en duda la credibilidad del banco central. 

UBS: los mercados se recuperan rápidamente cuando cesan las tensiones

El UBS CIO Daily: Gestionando riesgos crecientes también alerta de la escalada en la guerra de Oriente Medio, ya que EEUU amenazó con ataques contra la infraestructura energética de Irán si el Estrecho de Ormuz no se reabre completamente, e Irán replica que el estrecho permanecerá cerrado hasta que sus centrales eléctricas dañadas sean reconstruidas, lo que aumenta el riesgo de una interrupción prolongada del suministro energético.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Aunque la escalada del conflicto entre EEUU e Irán incrementa el riesgo de una interrupción prolongada del suministro energético y de una mayor volatilidad en los mercados, la historia demuestra que los mercados pueden recuperarse rápidamente cuando disminuyen las tensiones geopolíticas. Nuestro consejo principal sigue siendo: mantenerse invertido estratégicamente, pero gestionar activamente el riesgo mediante la diversificación, la cobertura y la reducción de la exposición excesiva a activos cíclicos”.

“Los principales riesgos incluyen una mayor escalada geopolítica o nuevas disrupciones en los mercados energéticos, lo que podría empujar al EURCHF por debajo de 0,90, posiblemente hasta 0,88. Para tener en cuenta estos riesgos a corto plazo, reducimos nuestra previsión de junio a 0,91”, apuntan Constantin Bolz y Clémence Dumoncel, estrategas. 

“Se espera que el Banco Nacional Suizo evite una apreciación excesiva del CHF, especialmente si aumenta la aversión al riesgo. Esto debería mantener al GBPCHF respaldado por encima de los mínimos recientes, con una probable recuperación a medio plazo a medida que desaparezcan los factores adversos específicos del Reino Unido. Elevamos ligeramente nuestras previsiones de USDCHF para junio y septiembre hasta 0,79 para reflejar esta mayor probabilidad de un USD más fuerte en los próximos meses”, añaden.

“A corto plazo, es probable que la libra esterlina continúe bajo presión, de cara a las elecciones de mayo. Por ello, esperaríamos a tener mayor claridad sobre las elecciones en el Reino Unido antes de adoptar posiciones cortas en EURGBP. No obstante, dado que la volatilidad en torno a las elecciones de mayo probablemente aumente, nos gusta vender riesgos bajistas de la GBP para obtener rentabilidad adicional. A corto plazo, es probable que la GBP se mantenga débil frente al USD, dado el posicionamiento cíclico más fuerte de Estados Unidos y la persistente aversión al riesgo en los mercados. En consecuencia, reducimos la previsión de junio a 1,34. Sin embargo, a medida que aumente la claridad política en el Reino Unido y mejoren los datos macroeconómicos, la libra debería recuperarse hacia finales de año”, recalcan.

“El euro, como importador neto de energía, se enfrenta a presiones por el aumento de los costes energéticos, con unas reservas de gas bajas que incrementan la vulnerabilidad de Europa a este tipo de shocks. Si los precios de la energía se mantienen elevados, el EURUSD podría caer en un rango de 1,10–1,12 en las próximas semanas”, avisan.

“Dada la magnitud del shock de oferta, es poco probable que los precios de la energía vuelvan rápidamente a los niveles previos al conflicto; una dinámica que consideramos más negativa para el zloty que para el euro. A medio plazo, esperamos que el impacto negativo del reciente shock en los términos de intercambio se modere y que los mercados vuelvan a centrarse en factores de más largo plazo, como las sólidas perspectivas de crecimiento de Polonia y el inicio del mandato del nuevo presidente de la Reserva Federal”, aportan Pietro Santin y Tilmann Kolb.

“Puede que el aumento de los precios de los fertilizantes no sea la mayor amenaza para los precios agrícolas este año. 2026 podría traer un patrón climático de súper El Niño. En ese caso, la sequía y la escasez de agua podrían ser más relevantes que la falta de nitrógeno”, alerta Paul Donovan, economista jefe.

Creand: el papel de la renta fija en crisis geopolíticas

La renta fija constituye una de las principales clases de activos dentro de la asignación estratégica de carteras, desempeñando funciones clave como la preservación del capital, la generación estable de ingresos y la diversificación frente a activos más volátiles. Aunque tradicionalmente se ha percibido como un segmento relativamente predecible, la inversión en bonos está profundamente influida por variables macroeconómicas, decisiones de política monetaria, riesgos geopolíticos y características específicas del emisor.

Josep Maria Pon, director de Renta Fija y Activos Monetarios en Creand Asset Management en Andorra, analiza las claves para entender el papel de la renta fija en momentos de crisis geopolíticas como el actual, que introducen incertidumbre sobre el crecimiento económico, la estabilidad fiscal y la confianza de los inversores:

  • 1) El fenómeno del flight to quality, un refugio frente a la incertidumbre: Los acontecimientos geopolíticos constituyen uno de los factores que más rápidamente pueden alterar el comportamiento de los mercados financieros, introduciendo incertidumbre sobre el crecimiento económico, la estabilidad fiscal y la confianza de los inversores. Conflictos armados, sanciones económicas o tensiones comerciales pueden alterar abruptamente la valoración de los bonos. En este contexto, el mercado de renta fija suele reaccionar de forma especialmente sensible, ya que los bonos se consideran una herramienta clave para preservar capital en momentos de inestabilidad.
    • Uno de los fenómenos más característicos en estos episodios es el denominado “flight to quality” o huida hacia la calidad. Cuando aumenta la incertidumbre global, los inversores tienden a reducir su exposición a activos más volátiles o con mayor riesgo y trasladan capital hacia instrumentos considerados más seguros. En la práctica, esto suele traducirse en un incremento de la demanda de bonos soberanos emitidos por economías desarrolladas con elevada solvencia financiera y una larga trayectoria de estabilidad institucional.
    • Además, las crisis geopolíticas no solo afectan a la percepción de riesgo de los emisores, sino también a las expectativas sobre el crecimiento económico global. Un aumento de las tensiones internacionales puede afectar al comercio, al precio de las materias primas o a las cadenas de suministro, factores que a su vez influyen en las previsiones de inflación y crecimiento. Estas expectativas condicionan la evolución de los tipos de interés y, por tanto, el comportamiento general del mercado de renta fija.
  • 2) La importancia de la dinámica macroeconómica como motor para el mercado de bonos: La evolución de los precios de los bonos depende en gran medida de la dinámica macroeconómica, que también está influenciada por los acontecimientos a nivel geopolítico. Entre los indicadores más relevantes destaca la inflación y el análisis del ciclo económico. En fases de expansión, aumenta la demanda de crédito y las expectativas de inflación, lo que tiende a elevar los tipos de interés. En cambio, en fases de desaceleración o recesión, los inversores buscan activos seguros, reduciendo los rendimientos de los bonos soberanos de alta calidad.
    • Existen indicadores adelantados como los índices del clima empresarial y de confianza, precios industriales, mercado de vivienda, etc. La evolución del mercado laboral es clave ya que, por ejemplo, un descenso sostenido del desempleo acompañado de crecimiento salarial suele anticipar políticas monetarias más restrictivas. Finalmente, las condiciones financieras y monetarias —incluyendo la liquidez del sistema y la oferta monetaria— influyen en la disponibilidad de crédito y en el coste del capital, condicionando la valoración de los instrumentos de renta fija.
  • 3) El papel relevante de los bancos centrales: Los bancos centrales son los principales determinantes de las condiciones financieras y de la estructura temporal de los tipos de interés. Entre sus herramientas destacan la fijación de los tipos de interés oficiales, las operaciones de mercado abierto, la orientación futura de la política monetaria (forward guidance) y los programas de compra o venta de activos a gran escala. La relación entre tipos de interés y precios de los bonos es inversa: cuando los bancos centrales endurecen la política monetaria, los rendimientos suben y los precios caen.
  • 4) El riesgo de tipo de interés, desafío clave para los inversores: El riesgo de tipo de interés es el más relevante en momentos de incertidumbre y volatilidad, puesto que se refiere a la sensibilidad del precio del bono ante cambios en los rendimientos del mercado que se pueden desatar en un escenario de conflicto geopolítico. No obstante, tampoco se deben obviar el riesgo de crédito, que refleja la posibilidad de que el emisor incumpla sus obligaciones financieras (lo que depende de su solvencia y del entorno económico), y el riesgo de divisa, que refleja el potencial cambio de rentabilidad en el caso que un inversor invirtiera en un bono denominado en una divisa distinta a la suya.
  • 5) La duración, una medida fundamental para medir y proteger las inversiones: La duración es la medida fundamental de sensibilidad del precio de un bono a variaciones en los tipos de interés. Se trata de un concepto de riesgo que nos expresa el tiempo de recuperación de una inversión y nos permite comparar la volatilidad de bonos de diferentes características y, al mismo tiempo, medirla a nivel global en una cartera formada por bonos de todo tipo. También nos facilita inmunizar la cartera ajustando la duración de los bonos para que coincida con el horizonte temporal de los pasivos o implementar diversas estrategias como la direccional (aumentando o reduciendo la duración), la estructura ladder (vencimientos escalonados), la estrategia barbell (combinación de vencimientos cortos y largos) y la estrategia bullet (concentración en un tramo concreto de la curva).
    • En el actual entorno de mercado, marcado por cambios en las expectativas de política monetaria y por una mayor incertidumbre económica, la gestión de la duración se ha convertido en una herramienta especialmente relevante para los inversores. Ajustar la duración de una cartera permite posicionarse ante posibles movimientos en los tipos de interés, ya sea reduciendo la exposición cuando se anticipan subidas o ampliándola cuando se espera una relajación de las condiciones monetarias.
  • 6) Posición de cada activo de renta fija en el escenario actual: Existe una amplia y diversa variedad de activos dentro del universo de la renta fija. En primer lugar, encontramos el mercado monetario, que incluye instrumentos financieros a corto plazo, generalmente con vencimientos inferiores a 18 meses, como los depósitos, las letras del tesoro o el papel comercial. Instrumentos que suelen caracterizarse por su elevada liquidez y menor volatilidad relativa por lo que, en contextos de incertidumbre geopolítica, muchos inversores recurren a ellos como una forma de preservar capital mientras esperan mayor claridad en los mercados.
    • Seguidamente, está el mercado de renta fija pública, que engloba los bonos emitidos por gobiernos. Dentro de este segmento se distingue entre deuda de países desarrollados y países emergentes. En momentos de tensiones geopolíticas o inestabilidad global, los inversores tienden a concentrar su atención en los bonos soberanos de economías desarrolladas con elevada solvencia, ya que son considerados activos refugio. Por el contrario, la deuda de mercados emergentes suele ser más sensible a los episodios de incertidumbre internacional, ya que los inversores perciben mayores riesgos asociados a la estabilidad política, la fortaleza de sus divisas o su dependencia del comercio exterior.
    • En cuanto a la renta fija privada, incluye los bonos emitidos por empresas financieras y no financieras. También forman parte de este grupo las titulizaciones o ABS (Asset-Backed Securities), que son bonos respaldados por activos como préstamos hipotecarios, créditos al consumo o tarjetas de crédito, así como los bonos estructurados, que combinan un instrumento de renta fija con uno o más derivados financieros. En periodos de tensión geopolítica, los inversores suelen volverse más selectivos dentro de este segmento, favoreciendo las emisiones de compañías con balances sólidos y calificaciones crediticias elevadas.
    • Por otro lado, en los últimos años han ganado relevancia los bonos ESG, emitidos por empresas o gobiernos con el objetivo de financiar proyectos que cumplen con criterios de sostenibilidad ambiental, responsabilidad social y buen gobierno corporativo. Aunque su comportamiento depende en gran medida de la solvencia del emisor, el creciente interés por la inversión sostenible ha contribuido a que este segmento mantenga una demanda relativamente sólida incluso en entornos de mayor volatilidad.
    • En todos estos mercados, los diferenciales de crédito o prima de riesgo desempeñan un papel fundamental. Esta prima refleja la compensación adicional que exigen los inversores por asumir el riesgo de impago de un emisor —ya sea un país o una empresa— y se mide frente a una referencia considerada segura o activo libre de riesgo. En periodos de incertidumbre geopolítica, estos diferenciales suelen ampliarse, especialmente en emisores con menor calidad crediticia o menor liquidez. Factores como un alto nivel de deuda pública, déficits fiscales elevados, bajas calificaciones crediticias, una posición subordinada en el orden de prelación de cobro, vencimientos más largos o menor liquidez del activo pueden incrementar significativamente esta prima de riesgo.
    • Las calificaciones crediticias o ratings son otro elemento clave para evaluar estos riesgos. Estas evaluaciones independientes las realizan agencias especializadas como S&P Global, Moody’s, Fitch Ratings o DBRS Morningstar, y miden la capacidad de un emisor para cumplir con el pago de intereses y la devolución del principal. Las calificaciones suelen agruparse en dos grandes categorías: Investment Grade, que engloba emisiones con riesgo bajo o moderado, y High Yield, que incluye emisiones con mayor riesgo crediticio, pero potencialmente mayores rentabilidades. El impacto del rating para el emisor es significativo. Una calificación elevada permite acceder a financiación en mejores condiciones y a un coste menor, mientras que un rating más bajo implica que los inversores exigirán una mayor rentabilidad para compensar el riesgo asumido. En contextos de tensión geopolítica o incertidumbre económica, estas diferencias de calidad crediticia se vuelven especialmente relevantes, ya que los inversores tienden a priorizar emisores con mayor solvencia y estabilidad financiera.
21Mar

Cuando los precios suben, los hogares se adaptan rápidamente. Sus expectativas, sin embargo, no.

Miguel Ángel Valero

La guerra en Irán ha reavivado un viejo temor: que la inestabilidad en el Golfo Pérsico —y especialmente en el estrecho de Ormuz—pueda volver a impulsar al alza los costes energéticos y, con ellos, el coste de la vida. Los mercados tienden a centrarse en escenarios extremos. Sin embargo, al menos igual de importante es comprender cómo este tipo de perturbaciones influye en las expectativas. La guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania ofrece un punto de referencia útil.

Un gráfico elaborado por DWS utiliza datos de encuestas recopilados mensualmente para el Banco Central Europeo con el fin de seguir las expectativas de inflación de los hogares para los siguientes 12 meses en Francia, Alemania, Italia y España. El panorama es llamativo. A raíz de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, los precios de los alimentos y la energía se dispararon. Posteriormente, las expectativas de inflación aumentaron con fuerza en los cuatro países en 2022, con Italia registrando el repunte más acusado. A partir de ahí, solo retrocedieron lentamente. La crisis pasó. La huella permaneció.

El mecanismo es sencillo. Los consumidores perciben con rapidez los precios del combustible, la calefacción y la cesta de la compra. Pero no los olvidan con la misma rapidez. En otras palabras, las expectativas de inflación se comportan menos como un interruptor y más como una contusión: el dolor es inmediato, pero la recuperación es lenta. Los datos de EEUU sugieren que el efecto negativo de la inflación sobre la confianza de los consumidores se desvanece solo de forma gradual, no de golpe.

Esto es relevante ahora porque las posibles disrupciones en las rutas marítimas del Golfo no son solo una cuestión de petróleo. Las perturbaciones en esa zona también elevan los costes del transporte y los fertilizantes, lo que puede repercutir en los precios de los alimentos y en el coste de la vida en general. Además, existe un matiz regional: en Europa y Asia, la vulnerabilidad pasa hoy tanto por los precios del gas y la electricidad como por el propio crudo. 

“Lo importante no es solo si los precios de la energía vuelven a subir, sino cuánto tiempo permanece ese aumento en la mente de los consumidores. Esto complica aún más la tarea de los bancos centrales” argumenta Ulrike Kastens, economista senior de DWS. 

Los mercados pueden pasar página con rapidez. Los hogares, por lo general, no. Esto deja a los bancos centrales en una posición incómoda: atentos a los efectos de segunda ronda, pero cautelosos ante una reacción exagerada a perturbaciones que no pueden controlar.

20Mar

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recortado dos décimas su previsión de crecimiento para la economía española, hasta situarla en el 2,1% para este año y en el 1,7% para 2027.

Miguel Ángel Valero

El Observatorio Económico de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) avisa que el cierre del estrecho de Ormuz es un shock sistémico de gran impacto sobre el comercio mundial, la energía y, en consecuencia, sobre el crecimiento. Es una arteria crítica del sistema económico global. Su bloqueo implica, de forma casi automática, una contracción de la oferta efectiva de crudo en los mercados internacionales. Y cuando la oferta de un bien esencial se restringe bruscamente, el resultado es conocido: un aumento significativo de precios.

El primer canal de transmisión es, por tanto, energético. Un encarecimiento abrupto del petróleo se traslada a toda la estructura de costes de la economía. El transporte —marítimo, terrestre y aéreo— se encarece, elevando los costes logísticos de prácticamente cualquier bien. La industria intensiva en energía ve deteriorados sus márgenes. Finalmente, el consumidor soporta el impacto vía inflación, especialmente en un contexto en el que sigue habiendo abundante liquidez en los mercados por parte de los bancos centrales. Así, se reduce el poder adquisitivo de los hogares y se contrae el consumo. Es, en esencia, un deterioro de renta real.

El segundo canal de contagio es el comercio internacional. El aumento de los costes de transporte y la incertidumbre geopolítica generan una contracción del volumen comercial. Las cadenas de suministro, ya tensionadas en los últimos años, vuelven a fragmentarse. Las empresas reaccionan retrasando inversiones, acumulando inventarios o buscando rutas alternativas más costosas e ineficientes. Aquí emerge un efecto relevante: la desglobalización forzada. No como una decisión estratégica, sino como una reacción defensiva ante el riesgo. Esto implica menor especialización, menor eficiencia y, en última instancia, menor crecimiento potencial.

El tercer canal de impacto es financiero. Los mercados reaccionan con aversión al riesgo. Suben las primas de riesgo, cae la inversión y se refugia el capital en activos considerados seguros. Para economías altamente endeudadas —como la española— esto no es menor: encarece la financiación y reduce el margen de maniobra fiscal.

En el caso de España, además, el impacto es doblemente delicado. Como economía importadora neta de energía, el encarecimiento del crudo y la apreciación del dólar -divisa en la que se realiza el mayor número de transacciones de petróleo- deteriora la balanza por cuenta corriente y presiona a los precios. Y como economía de servicios, dependiente del consumo y del turismo, sufre especialmente la pérdida de renta real de los hogares europeos, que reducirán sus compras -las exportaciones españolas- y viajarán menos a España, con el impacto negativo en la rama de actividad turística, tan importante para la economía española. Este efecto podría verse parcialmente mitigado por la recepción de viajeros que cambien destinos en Oriente Próximo por España, si bien la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos de nuestros principales mercados emisores de turistas no deja de tener un impacto negativo.

Estos shocks no son simétricos. No afectan a todos por igual ni se corrigen automáticamente. Los países más flexibles, con mercados laborales menos rígidos y menor carga regulatoria, tienden a adaptarse mejor. Aquellos que son más rígidos estructuralmente—como es el caso de España— pueden ver intensificado el impacto.

El análisis de la UFV parte de un escenario base de crecimiento a partir del cuadro macroeconómico del Gobierno, con un crecimiento del PIB estimado para 2026 del 2,24% y del empleo del 2,1%, con un deflactor del PIB del 2,1%. Y a partir de ahí plantea tres posibles situaciones:

  1. -Escenario 1.  Guerra corta: inflación del 3% al 4%; precio del petróleo sostenido un mes entre 100 y 110$; el conflicto finaliza a finales de marzo o principios de abril, sin escalada. El crecimiento económico se reduciría al 2,06%, casi dos décimas menos, y el nivel de empleo crecería un 1,93% frente al 2,1% del escenario base. Aquí, el crecimiento intertrimestral del segundo trimestre se quedaría plano, sin crecimiento, de apenas una centésima
  2. -Escenario 2.  Guerra Larga: inflación superior al 4% persistente; precio de petróleo por encima de los 120$; escalada o largo impacto por efectos de la guerra. El crecimiento de la economía se vería reducido al 1,49%, siete décimas menos que en el escenario base, mientras que el empleo crecería un 1,4% frente al 2,1% del escenario base. El 2º trimestre entraría en crecimiento intertrimestral negativo, de dos décimas.
    -Escenario 3.  Crisis total: inflación por encima del 5% persistente; precio del petróleo superior a 120$, con picos de 150 prolongados; escalada o largo impacto por efectos de la guerra, endurecimiento financiero y crisis de confianza. El PIB crecería un 0,53%, cerca de dos puntos menos que en el escenario base, con un incremento del empleo del 0,5% frente al 2,1%. En el tercer trimestre se entraría en recesión, al caer un 1,4% intertrimestral en el 2ºy un 0,4% en el tercero. IIITR.

En este contexto, la respuesta de política económica es crucial. Y, sin embargo, existe una tentación recurrente: intervenir precios, subvencionar consumos o aumentar el gasto público para “compensar” el shock. Estas medidas, aunque políticamente atractivas, suelen agravar el problema al distorsionar señales de mercado y generar déficit adicional. En este sentido, el Observatorio Económico de la UFV considera conveniente evitar respuestas que impliquen una mayor intervención de la economía, un incremento del gasto público o un aumento de la deuda pública, al entender que podrían acentuar desequilibrios estructurales de la economía española.

La alternativa —menos vistosa, pero más eficaz— pasa por reforzar la oferta: facilitar la inversión, reducir trabas regulatorias y permitir que los precios transmitan la escasez relativa. Solo así se incentiva la reasignación eficiente de recursos. De esa forma, se plantea aplicar un conjunto de medidas urgentes e importantes, que van desde la rebaja de impuestos hasta la realización de reformas estructurales: 

  • -Rebaja de los impuestos a la energía y a los hidrocarburos, que constituyen una gran parte del precio de dichos bienes y servicios. Debe ser generalizada, no por sectores, sino a todos los agentes económicos.
  • -Rebaja del IVA en los productos que lo permita la normativa europea y solicitud a la UE de la inclusión de los productos esenciales que no entren en el grupo en el que se puede aplicar la reducción del impuesto.
  • -Incentivos fiscales al tejido empresarial mediante medidas que permitan un mayor período de compensación de pérdidas y actuaciones específicas que aliviasen su carga tributaria, para permitirles sobrellevar mejor el encarecimiento de los costes inherentes a su actividad.
  • -Deflactar el IRPF, para liberar renta disponible para los agentes económicos.
  • -Llevar a cabo una reforma energética que intensifique el uso de la energía nuclear, como energía limpia, y del fracking, que disminuya la dependencia energética de la economía española.
  • -Elaboración de los Presupuestos Generales del Estado desde un planteamiento de presupuesto de base cero, para eliminar los gastos innecesarios y preservar los esenciales.
  • -Flexibilizar el mercado laboral, de manera que no suponga una losa a la contratación y que se incremente la productividad.
  • -Aliviar la carga que suponen las cotizaciones a la Seguridad Social.

Según el análisis de la UFV, si se opta por incrementar el gasto público, podrían deteriorarse las perspectivas de la economía en el medio y largo plazo. Por el contrario, si se opta por aplicar rebajas de impuestos y medidas de reforma en la economía, la actividad económica y el empleo podrían mostrar una mayor capacidad de sostenimiento.

Advertencias del FMI

En este contexto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recortado dos décimas su previsión de crecimiento para la economía española, hasta situarla en el 2,1% para este año y en el 1,7% para 2027. Ve un agotamiento de algunos motores, como los fondos europeos y la inmigración, que en los últimos años han situado a España entre las economías más dinámicas del mundo.

“A pesar del efecto adverso y la mayor incertidumbre por el conflicto en Oriente Medio, se espera que el crecimiento se mantenga sólido este año, antes de ralentizarse gradualmente a medida que se moderen las entradas de inmigrantes y se intensifique el envejecimiento demográfico”, apuntan los economistas del FMI tras la misión para elaborar el Artículo IV de 2026.

La guerra de Oriente Medio “afectará negativamente a la economía española”, por el aumento de los precios del petróleo (+50%) y del gas (+98%) desde el inicio de los ataques de Israel y EEUU. Aunque el FMI matiza que "el impacto de la subida de los precios del gas debería verse atenuado por la gran proporción de energías renovables en el mix eléctrico de España”,

“Un conflicto prolongado en Oriente Medio podría traducirse en un aumento más duradero de los precios de la energía, un endurecimiento de las condiciones financieras y una mayor incertidumbre, lo que pesaría sobre la inversión, el consumo y el crecimiento”, avisa el FMI. Esta situación "podría provocar mayores efectos de segunda ronda sobre los salarios y la inflación, manteniendo la inflación general por encima del 3% durante un tiempo”.

”Las medidas fiscales para mitigar el impacto del shock de precios de la energía también deben evitar amortiguar las señales de precios", aconseja el FMI, que solo defiende las medidas extraordinarias si la situación se agrava. “Un apoyo discrecional temporal y focalizado debe considerarse, siempre que los costes de financiación de la deuda soberana se mantengan bajos, solo en caso de un shock grave".

Además, “la fragmentación política plantea dudas sobre la capacidad del Gobierno para llevar a cabo las importantes medidas de consolidación fiscal y reformas”. “El deterioro de la asequibilidad de la vivienda exige una acción más contundente del Gobierno para aumentar la oferta de vivienda”, apunta el FMI, que avisa: “A menos que una evaluación rigurosa refute la evidencia preliminar de que los controles de alquiler han reducido de manera significativa la oferta de vivienda en alquiler, dichos controles deberían suspenderse tras su período inicial de tres años”.

Los expertos del FMI medidas para aumentar la construcción, acelerar los planes urbanísticos, liberar más suelo para la edificación de vivienda, agilizar los trámites y permisos. “Y reducir la inseguridad jurídica de los proyectos reactivando la reforma de la Ley del Suelo”. "la oferta de vivienda tiene que aumentar a un ritmo mucho más rápido para hacer frente al gran déficit existente, sobre todo en las zonas de gran demanda”, insisten.

El FMI, que insta al Gobierno a reformar la Ley de Vivienda, advierte que "los criterios de concesión de préstamos han empezado a relajarse en cierta medida, como lo denota el aumento reciente de la proporción de nuevas hipotecas constituidas con elevados ratios préstamo-valor”. “La introducción de estas hipotecas en función de la capacidad de pago del prestatario basadas en garantías hipotecarias —como las ratios préstamo-precio o préstamo-valor— ayudaría a prevenir una acumulación de riesgos vinculados a la vivienda en el sector financiero", argumenta.

También exige al Banco de España pasar de “la orientación supervisora a límites de carácter obligatorio” en el caso de que los precios de la vivienda siguieran aumentando con rapidez y si las normas de concesión de préstamos se relajaran más de la cuenta.

Aunque el FMI alaba el esfuerzo de consolidación fiscal que ha hecho España en los últimos años, hasta reducir el déficit público al 2,5% del PIB en 2025, avisa que en los próximos años será más difícil rebajar la deuda pública y que a partir de 2030 incluso volverá a aumentar “considerablemente” por las tensiones de gasto derivadas del envejecimiento de la población: más pensiones, gasto en sanidad y cuidados de larga duración.

Para evitar eso, propone armonizar los tipos del IVA, “eliminando los tipos reducidos sobre una amplia gama de productos; combinado con transferencias compensatorias a hogares de renta baja, podría lograr gran parte de la restante consolidación prevista” en el plan de ajuste. También recomienda una reforma de las pensiones: “para abordar el fuerte aumento futuro del gasto en pensiones, eventualmente serán necesarias medidas como alargar el período en base al cual se computan las prestaciones".

Los estímulos del Gobierno

El Consejo de Ministros extraordinario aprobó 80 medidas que suponen 5.000 millones€, el “mayor escudo de toda Europa”, según Pedro Sánchez. Estos estímulos 
se reparten entre dos decretos. El primer paquete tiene muchas posibilidades de ser convalidado en el Congreso, algo que no tiene visos de pasar en el segundo (por la oposición de Junts a normas que eviten los desahucios).

De momento, ambos decretos entrarán en vigor el sábado 21 de marzo, tras su publicación en el BOE. Tras su convalidación en el Congreso, estarán vigentes “durante el tiempo que sea necesario”, porque “nadie sabe cómo va a evolucionar esta guerra, pero sus efectos podrían contenerse o transformarse en una grave crisis en función de su duración”, argumenta Pedro Sánchez. Los 5.000 millones movilizados abarcan un horizonte temporal que llega hasta finales de junio.

En carburantes, hay una bajada del IVA al 10% del gasóleo y gasolina (507 millones€), además de la rebaja del impuesto especial sobre hidrocarburos “hasta el mínimo permitido en la Unión Europea” (656,5 millones). Las dos medidas supondrán una reducción de hasta 30 céntimos por litro, unos 20 euros de ahorro a la hora de llenar el depósito de un coche medio. 

En la electricidad, bajada de impuestos “del 60%” gracias a la reducción del IVA de la luz y el gas al 10%, la suspensión temporal del impuesto sobre el valor de la producción eléctrica y la reducción del 5% al 0,5% del impuesto especial sobre electricidad. También habrá una disminución del impuesto al consumo para el gas natural, los pellets y la leña.

Además, una ayuda directa de 20 céntimos por litro de combustible a profesionales del sector del transporte, además de ganaderos, pescadores y agricultores. También habrá una ayuda equivalente a la compra de fertilizantes. Se congelará el precio máximo de venta de butano y propano y se extenderán durante todo el año los descuentos extraordinarios del bono social eléctrico y la prohibición de cortar suministros básicos a los hogares vulnerables.

Se prohíbe a las empresas que reciban ayudas públicas despedir a los trabajadores por razones económicas en el marco de esta crisis. También se articula un control de los márgenes empresariales a cargo de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Y se aprueba la bonificación en un 80% de los peajes eléctricos para la industria electrointensiva. 

Se adelantan los planes de movilidad sostenible: las empresas deben impulsar un transporte colectivo para sus trabajadores con el fin de reducir la factura en combustible. Esta norma debía entrar en vigor en 2027, pero se adelanta a este mes.

Se aprueba la prórroga de los incentivos fiscales a la rehabilitación, a las placas solares o a la compra del coche eléctrico,

En el decreto cuya convalidación en el Congreso parece imposible, aparece una prórroga extraordinaria y automática durante dos años de los contratos de alquiler que iban a vencer en 2026 y 2027. 

“Cuando el plan que hemos aprobado entre en vigor en el BOE, España se convertirá en el país con el mayor escudo social y económico de toda la Unión Europea en respuesta a una guerra ilegal que no avalamos”, asegura Pedro Sánchez.

19Mar

Algunas de las decisiones adoptadas por Donald Trump con la intención de proteger los intereses de EEUU están teniendo un efecto colateral difícil de ignorar: terminan fortaleciendo a los adversarios de sus propios aliados… y también a sus grandes competidores estratégicos.

Miguel Ángel Valero

Los ataques a infraestructuras energéticas marcan una nueva fase del conflicto en Oriente Medio. Por primera vez, Israel inició la escalada con un ataque unilateral sobre refinerías iraníes en Pars Sur, un yacimiento de 9.700 km2 cuya explotación se reparte entre Irán (40%) y Catar (60%), y que suministra un 70% del gas doméstico iraní. En represalia, Irán dirigió su respuesta a la zona industrial de Ras Laffan, centro industrial catarí que, antes de paralizar su actividad a principios de mes, representaba un 19% de las exportaciones globales de gas natural licuado (GNL). Como resultado de este cruce, el Brent se dispara por encima de los 110 $/barril  el gas europeo avanza un 23%.

Aunque todavía se desconoce el alcance del daño en Ras Laffan, destacan dos elementos. El primero es el carácter unilateral del ataque israelí, sin el apoyo de EEUU (al menos oficialmente) ni de Catar. Trump asegura que Israel actuó por libre y se compromete a que no se repetirán los ataques sobre Pars Sur, revelando las primeras fisuras en la alianza. 

El segundo es que el golpe a infraestructuras energéticas eleva significativamente el riesgo de un conflicto más extenso y profundo, un escenario no deseado por Trump, quien ya sufre la presión de una gasolina a 3,9 $/galón (+30% desde el inicio de los ataques) a menos de ocho meses para las elecciones.

La prioridad sigue siendo la reapertura del estrecho de Ormuz y la normalización del flujo energético. 

Universidad Carlemany: puede haber una crisis de suministro global

Joan Escuer, profesor de geología en la Universidad Carlemany, explica que el yacimiento de South Pars (la parte iraní) y el de North Dome (la parte catarí, también conocido como Ras Laffan) no son dos yacimientos distintos y distantes. Son, en realidad, el mismo campo de gas, una única estructura geológica submarina compartida por Irán y Catar en medio del Golfo Pérsico. La distancia entre ambos no es un factor relevante ya que la estructura geológica es la misma y continua. La frontera entre ambos países divide lo que la naturaleza creó como un todo. 

Por eso, un ataque a la infraestructura de una de las partes (como el reciente bombardeo israelí a South Pars o el iraní a Ras Laffan) se considera un golpe directo a la integridad y seguridad de la principal fuente de riqueza energética de ambos países. Comprender esta unidad geológica explica por qué las recientes amenazas del presidente Trump de "destruir masivamente todo el yacimiento de South Pars" son tan alarmantes. No es solo una amenaza solo contra Irán. Un daño severo a la integridad del yacimiento del lado iraní podría, en teoría, afectar a la presión y la productividad del lado catarí dado que comparten el mismo sistema. La destrucción de la planta de Ras Laffan en Catar no solo paraliza la producción catarí, sino que también impide el procesamiento del gas de una parte fundamental de este yacimiento compartido, desencadenando una crisis de suministro global.

¿Afectará este ataque a España? "La respuesta corta es que sí", contesta este experto. El suministro de gas proveniente del yacimiento puede ser sustituido parcialmente, pero no completamente a corto plazo. La crisis en Catar ha dejado al descubierto una vulnerabilidad estructural del mercado global de GNL: no hay capacidad de reemplazo inmediato para el 20% de la oferta mundial. 

Para España la situación es compleja pero no catastrófica gracias a su infraestructura diversificada, trabajo realizado durante años y que ahora es una ventaja clave. Según datos de Cores (Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos), la cesta de suministro español incluye el gasoducto de Medgaz (Argelia), que a pesar de las tensiones diplomáticas ha ampliado su capacidad recientemente; EEUU, que se ha convertido en uno de nuestros principales proveedores de GNL en los últimos años; Nigeria, nuestro proveedor tradicional de GNL; Rusia, que aunque con tendencia a la baja por razones políticas, aún nos envía algunos cargamentos.

Pero aún hay más. Un efecto colateral menos conocido pero crítico de estos ataques es el impacto en el mercado del helio. Ras Laffan también es una fuente clave de este gas. De hecho, Catar produce alrededor de un tercio del helio mundial y su producción, ligada al procesamiento de gas, también está paralizada. El principal uso del helio es, sin duda, su aplicación crítica en la industria de alta tecnología, específicamente en la fabricación de semiconductores y chips electrónicos. Por eso esta crisis se puede convertir en una de las gordas.

The Trader: Trump está favoreciendo a sus competidores estratégicos

"La política internacional está llena de paradojas, pero pocas tan evidentes como la que estamos viendo en estos momentos. Algunas de las decisiones adoptadas por Donald Trump con la intención de proteger los intereses de EEUU están teniendo un efecto colateral difícil de ignorar: terminan fortaleciendo a los adversarios de sus propios aliados… y también a sus grandes competidores estratégicos", explica el analista Pablo Gil en The Trader.

La última muestra de esta dinámica se está produciendo en el mercado energético. En medio de la guerra con Irán y de las tensiones que amenazan con bloquear el Estrecho de Ormuz (por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una parte significativa del gas natural licuado) la Casa Blanca ha decidido flexibilizar temporalmente algunas restricciones sobre el petróleo ruso que ya se encontraba en tránsito por el mercado internacional. El objetivo es evidente: evitar que una interrupción brusca del suministro dispare aún más los precios de la energía y termine trasladando ese impacto a la inflación y al crecimiento económico dentro de Estados Unidos.

Desde un punto de vista táctico, la decisión tiene lógica. Si el suministro global se reduce de forma abrupta en un momento de tensión geopolítica extrema, el precio del petróleo puede dispararse. Permitir que ese petróleo ruso llegue al mercado ayuda a compensar parte de esa pérdida de oferta. Pero la otra cara de la moneda es mucho más incómoda. El propio Kremlin reconoce que esta flexibilización podría permitir a Moscú ingresar hasta 10.000 millones$ adicionales si el precio del crudo se mantiene cerca de los 100$ por barril. En un momento en el que Occidente llevaba años intentando limitar la capacidad financiera de Rusia para sostener su guerra en Ucrania, una decisión adoptada en Washington puede terminar proporcionando a Moscú un inesperado balón de oxígeno. Y Rusia no es el único beneficiado.

El conflicto con Irán está obligando a EEUU a concentrar enormes recursos militares en Oriente Medio. Solo en los primeros días de la campaña se han empleado centenares de misiles de largo alcance y el coste de las operaciones ya supera los 10.000 millones$, lo que sugiere un ritmo de gasto cercano a los 1.000 millones diarios. Pero más allá del coste económico, hay un elemento aún más relevante: parte de esas municiones y capacidades proceden del mismo arsenal estratégico que abastece a otros frentes. Eso implica que, para sostener esta guerra, EEUU no solo está gastando, sino también redistribuyendo recursos militares, debilitando su capacidad operativa en otras regiones clave.

Eso significa que, mientras Washington centra su atención y sus recursos en el Golfo, el frente europeo pierde prioridad… pero también el Indo-Pacífico. Y ahí es donde entra China. Desde Pekín, este conflicto se está observando con enorme atención. No solo porque EEUU está desviando activos militares desde Asia hacia Oriente Próximo (incluyendo unidades, sistemas de defensa y capacidad logística) sino porque la guerra está ofreciendo algo aún más valioso: información.

China está analizando en tiempo real cómo opera el ejército estadounidense, cómo responde ante ataques con drones de bajo coste, cómo consume sus reservas de munición y hasta qué punto su capacidad militar puede verse tensionada en un conflicto prolongado. Cada día de guerra es, en la práctica, un laboratorio estratégico. Además, el simple hecho de que EEUU tenga que repartir sus recursos entre varios frentes altera el equilibrio global. Cuanta más atención y capacidad se destine a Oriente Próximo, menor será la presión efectiva sobre China en su entorno natural.

Rusia gana por los precios del petróleo. China gana por el desgaste estratégico. Y EEUU empieza a enfrentarse a un problema clásico en geopolítica: el riesgo de sobreextensión.

Mientras tanto, la guerra tampoco se está quedando confinada al enfrentamiento directo entre EEUU, Israel e Irán. Como suele ocurrir en Oriente Medio el conflicto está empezando a extenderse a través de una red de actores indirectos. Milicias iraquíes vinculadas a Teherán han intensificado sus ataques contra bases donde permanecen desplegadas fuerzas occidentales en el norte de Irak. La escalada ya está teniendo consecuencias visibles. Algunos países europeos han comenzado a retirar parte de sus tropas ante el deterioro de la seguridad. Italia ha iniciado la salida de parte de su contingente, mientras que Alemania, Noruega o Suecia también han puesto en marcha repliegues temporales. Irak se está convirtiendo, poco a poco, en otro escenario de la guerra indirecta entre EEUU, Israel e Irán.

Este tipo de dinámicas sigue un patrón bastante conocido en geopolítica: el de las guerras por delegación. Las grandes potencias rara vez se enfrentan de manera directa. En su lugar utilizan aliados regionales, milicias o grupos armados para desgastar al adversario y ampliar la presión estratégica sin desencadenar una guerra abierta entre Estados. El problema es que este tipo de conflictos tienen una característica muy peligrosa: una vez que empiezan a multiplicarse los frentes, resulta extremadamente difícil controlar su evolución. Cada ataque genera represalias. Cada represalia abre un nuevo frente. Y cada nuevo frente aumenta el riesgo de errores de cálculo o incidentes que nadie había planeado.

En paralelo, la guerra está empezando a provocar un segundo problema para Washington: el aislamiento diplomático. La Casa Blanca está intentando ahora formar una coalición internacional para garantizar el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz y escoltar petroleros en la zona. El propio Trump ha pedido públicamente ayuda a varios países (incluidos aliados europeos, Japón, Corea del Sur o incluso China) argumentando que todos ellos dependen de esa ruta energética. Pero la respuesta está siendo, por ahora, fría.

Japón ha dejado claro que no tiene planes de enviar buques de guerra. Australia ha descartado participar con barcos militares. En Europa, países como Reino Unido se muestran reticentes a implicarse directamente en operaciones navales en la zona. Incluso algunos gobiernos del Golfo han expresado en privado su frustración por el hecho de que la guerra se iniciara sin una consulta previa real con los aliados.

Éste es quizá uno de los aspectos más llamativos de la situación actual. La decisión de lanzar la ofensiva militar contra Irán se tomó en Washington sin una coordinación significativa con muchos de los países que ahora se consideran socios estratégicos de EEUU. Sin embargo, cuando el conflicto empieza a generar consecuencias económicas globales (especialmente en el mercado energético) la Casa Blanca pide ahora a esos mismos aliados que se impliquen para estabilizar la situación.

Intentar evitar una crisis energética hoy (una crisis que, en buena medida, ha sido provocada precisamente por la decisión de EEUU de sumarse a Israel en su ofensiva para neutralizar la amenaza militar que representa el régimen de los ayatolas) puede terminar financiando indirectamente la guerra de Rusia mañana… y facilitando el reposicionamiento estratégico de China en el largo plazo.

Abrir un nuevo conflicto en Oriente Próximo no solo desvía recursos. También ofrece información, tiempo y oportunidades a sus principales rivales. Rusia obtiene ingresos. China obtiene aprendizaje y margen de maniobra.

Trump ha demostrado que no necesita consultar a nadie cuando decide iniciar una guerra. Sin embargo, cuando esa guerra empieza a enquistarse, cuando los precios del petróleo se disparan y cuando el impacto económico amenaza con trasladarse a la inflación y al crecimiento global, entonces sí reclama que el resto del mundo se involucre para ayudar a estabilizar la situación.

"En geopolítica, como en los mercados, las decisiones rara vez producen un solo efecto. Cada movimiento en el tablero genera consecuencias que van mucho más allá de la intención inicial. Y en este caso, la paradoja es difícil de ignorar: una guerra diseñada para reforzar la posición de Estados Unidos está terminando por abrir nuevos frentes, tensionar sus alianzas… y fortalecer, al mismo tiempo, a Rusia y China", recalca Pablo Gil.

Columbia Threadneedle: el precio del petrólo es un impuesto efectivo

William Davies, Global Chief Investment Officer de Columbia Threadneedle Investments, avisa que la escalada del conflicto en Oriente Medio ha intensificado la tensión geopolítica y ha provocado fuertes oscilaciones en los mercados energéticos. Dado que el mpacto económico depende del flujo de petróleo, los inversores deben mantenerse disciplinados y centrarse en los fundamentales a largo plazo por encima de titulares cambiantes.

Desde una perspectiva de inversión, la cuestión central es si el conflicto en Oriente Medio permanece contenido o evoluciona hacia una disrupción más prolongada, con implicaciones más amplias para los mercados globales. 

Los precios del petróleo han mostrado una considerable volatilidad a medida que el conflicto ha evolucionado, llegando casi a duplicarse en su punto extremo. Aunque estos movimientos generan titulares llamativos, no siempre reflejan la realidad económica subyacente. Si asumimos que los precios del petróleo más elevados persisten, el efecto inmediato es un aumento de los costes asociados. Esto suele interpretarse como inflacionario, lo que suscita preocupaciones sobre la posibilidad de que los bancos centrales deban endurecer la política monetaria. 

"Sin embargo, creemos que esta interpretación puede resultar engañosa. Consideramos los altos precios del petróleo menos como una fuente de inflación  sostenida y más como un impuesto efectivo sobre la economía global. La demanda de energía tiende a ser bastante inelástica. Hogares y empresas no pueden prescindir fácilmente del combustible y la electricidad. Por ello, cuando los precios de la energía aumentan, una mayor proporción de los ingresos se destina a cubrir estos costes. El resultado es una reducción de la renta disponible", explica.

Desde un punto de vista macroeconómico, esta dinámica reduce la demanda en lugar de generar inflación. Es cierto que los precios más altos del petróleo elevan los niveles generales de precios a corto plazo, pero simultáneamente frenan la actividad económica. Por esta razón, tratar los aumentos del precio dela energía únicamente como inflacionarios supone diagnosticar erróneamente el problema.

Aunque la duración del conflicto importa - especialmente desde una perspectiva humanitaria -, el impacto económico final depende del flujo físico de energía. Oriente Medio es un nodo crítico del sistema energético global, con el Estrecho de Ormuz actuando como un cuello de botella para las exportaciones de la región. Aproximadamente el 20% del crudo mundial, los productos refinados y el gas natural licuado transitan por este estrecho. La economía global puede tolerar un elevado grado de tensión geopolítica siempre que este petróleo continúe llegando a los mercados internacionales. Si así ocurre, podríamos experimentar precios más altos y cierta volatilidad, pero el impacto general podría seguir siendo manejable. Rutas alternativas de exportación, como a través del Mar Rojo, también pueden contribuir a aliviar la presión.

Sin embargo, si los flujos de petróleo se contienen o restringen, la situación sería muy distinta. En ese escenario, el impacto económico sería mucho más acusado. En términos macroeconómicos, el entorno resultante probablemente se asemejaría a la estanflación: niveles de precios más altos impulsados por los costes energéticos, combinados con una actividad económica más débil. Tal combinación complica la labor de los bancos centrales y podría presionar los precios. En última instancia, podría llevar a las autoridades monetarias a adoptar un enfoque más cauteloso, esperando evaluar si los aumentos de los precios dela energía son temporales o persistentes antes de realizar ajustes significativos de política.

Pese a los temores iniciales de que el crecimiento chino se vería gravemente afectado por los aranceles, hasta ahora no se ha observado el impacto negativo previsto. Además, la disposición del presidente Xi Jinping a interactuar con el sector privado, reconociendo su papel esencial en el crecimiento económico de China, ha favorecido una recuperación en los mercados del país. Este desarrollo subraya la importancia de mantenerse atento a las dinámicas geopolíticas y a sus implicaciones económicas.

Los mercados financieros han respondido hasta ahora con cierto grado de resiliencia. A nivel agregado, las principales clases de activos - con la excepción de las materias primas y la energía - no han experimentado desajustes significativos. Sin embargo, bajo la superficie han surgido divergencias. Dentro de los mercados de renta variable, por ejemplo, distintos sectores han estado influidos por fuerzas diferenciadas. Las empresas energéticas se han beneficiado del aumento de los precios del petróleo, mientras que sectores como el software se han visto condicionados por tendencias estructurales como el auge de la inteligencia artificial.

De forma similar, los mercados de renta fija se han mantenido relativamente estables en su conjunto, aunque han aparecido focos de volatilidad. Los diferenciales de crédito se han ampliado de forma moderada, y ciertos segmentos del crédito muestran una mayor sensibilidad que antes. En partes del crédito privado y otros mercados menos líquidos comienzan a observarse señales de tensión.

Ninguno de estos desarrollos es atribuible exclusivamente a la geopolítica, pero ilustran que los mercados podrían estar entrando en una fase más compleja y frágil, en la que la diferenciación adquiere mayor relevancia.

Los periodos de tensión geopolítica suelen fomentar la toma de decisiones reactivas. Los titulares cambian rápidamente, el sentimiento del mercado oscila y los inversores pueden reposicionar sus carteras en respuesta a desarrollos a corto plazo, solo para revertir esas decisiones cuando la situación vuelve a cambiar. "Nuestra experiencia sugiere que estas reacciones a corto plazo rara vez producen buenos resultados. En su lugar, nos centramos en el horizonte de medio a largo plazo y en las áreas donde contamos con mayor convicción. Nuestro posicionamiento ya reflejaba cierto grado de cautela incluso antes del conflicto actua", señala. 

Por ejemplo, las valoraciones en determinadas áreas de los mercados de crédito parecían tensionadas desde hace tiempo, y los riesgos más amplios - incluido el apalancamiento en los balances gubernamentales, la evolución de las dinámicas del crédito y los cambios tecnológicos estructurales - ya eran evidentes. "Por ello, hemos preferido créditos de mayor calidad frente a emisores más débiles y hemos mantenido una postura relativamente conservadora en las carteras. No obstante, cuando existe una convicción clara, estamos dispuestos a reflejarla en las carteras. Y cuando predomina la incertidumbre, tratamos de protegerlas frente a riesgos no intencionados", añade.

Una realidad que los inversores deben afrontar es que el riesgo geopolítico se está convirtiendo en un rasgo cada vez más persistente del entorno global de inversión. En los últimos años, los mercados se han enfrentado repetidamente a eventos geopolíticos - desde tensiones comerciales hasta conflictos-. En muchos casos, los peores temores de los inversores no se han materializado y los mercados han acabado recuperándose. Esta experiencia sirve como un recordatorio importante: rara vez es prudente extrapolar el peor resultado posible de acontecimientos que aún están en desarrollo. Al mismo tiempo, sería complaciente asumir que los shocks geopolíticos siempre serán temporales. En algún momento, un evento puede tener un impacto económico más duradero. El reto para los inversores es que rara vez resulta evidente cuál será el acontecimiento decisivo. Esta realidad refuerza la importancia de la disciplina, la diversificación y la convicción.

En última instancia, los mercados seguirán reaccionando a los acontecimientos en Oriente Medio, especialmente a través del prisma del suministro energético. La duración del conflicto sigue siendo incierta y la situación continuará evolucionando. Sin embargo, la variable económica más relevante sigue siendo clara: si el petróleo puede continuar fluyendo desde el Golfo. Si así ocurre, la economía global puede enfrentarse a precios más altos y a una mayor incertidumbre, pero probablemente absorberá el shock. Si no es así, las implicaciones serán significativamente más graves. "Para los inversores, la respuesta adecuada no es seguir cada titular y cada movimiento del mercado, sino mantenerse centrados en los fundamentales, preservar la disciplina en la construcción de carteras y actuar con decisión allí donde la convicción sea mayor", insiste.

Swisscanto: el oro no se mantiene como activo refugio

Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos Swisscanto, resalta que, desde el estallido del conflicto en Irán, el precio del oro no ha logrado mantener su condición de “activo refugio” ni sostenerse en sus máximos. Por el contrario, ha perdido alrededor de un 10 % de su valor desde comienzos de marzo. Las principales razones de esta caída se explican por tres factores clave:

  • Fortaleza del dólar estadounidense: La continua apreciación del dólar está ejerciendo una presión significativa sobre el precio del oro. Al cotizar en dólares, el oro se encarece para los inversores fuera de Estados Unidos, lo que reduce la demanda.
  • Inflación y evolución de los tipos de interés: El aumento de los precios del petróleo ha intensificado las preocupaciones inflacionistas. Como consecuencia, el mercado ha descartado las bajadas de tipos previamente previstas por los bancos centrales y han aumentado las rentabilidades en los tramos largos de la curva. Dado que el oro no genera intereses, pierde atractivo frente a activos que sí ofrecen rentabilidad.
  • Toma de beneficios: Tras dos años excepcionalmente positivos para el oro, la recogida de beneficios también está influyendo de forma relevante en la evolución reciente del precio y no debe subestimarse. A corto plazo, la toma de beneficios podría seguir presionando al precio del oro hasta que encuentre un suelo sólido. 

"No obstante, mantenemos una visión positiva a medio y largo plazo. En particular, la tendencia hacia la desdolarización, el aumento de los niveles de deuda pública y las continuas compras de oro por parte de los bancos centrales apuntan a un contexto favorable en el futuro", precisa.