24Mar

La popularidad del presidente de EEUU ha disminuido desde el estallido del conflicto, con una mayoría de votantes republicanos no afines al movimiento MAGA –un 52%– posicionándose en contra de la guerra.

Miguel Ángel Valero

Con el conflicto iniciado por los ataques de Israel y EEUU a Irán camino de su primer mes, la triple presión sobre Trump —política, financiera y de popularidad— se hizo notar.. Por un lado, el proceso de aprobación de la ampliación del presupuesto de defensa en 200.000 millones$ implica un desgaste significativo del capital político dentro del Partido Republicano, especialmente entre los senadores más distanciados de la órbita MAGA (Make America Great Again), la que llevó a Trump de nuevo a la Casa Blanca.

Los mercados también reflejaron este clima de incertidumbre, con fuertes retrocesos en la mayoría de las Bolsas globales. Y si hay algo que hace temblar a Trump son las caídas (prácticamente todos sus anuncios se hacen con los mercado financieros y bursátiles cerrados).

Varias encuestas indican que la popularidad del presidente ha disminuido desde el estallido del conflicto, con una mayoría de votantes republicanos no afines al movimiento MAGA –un 52%– posicionándose en contra de la guerra.

Ante esta acumulación de presiones, Trump lanzó un mensaje en su red social que constituye la primera señal palpable de que la Casa Blanca empieza a contemplar una salida al conflicto. Afirmó que durante el fin de semana se habían producido conversaciones “muy productivas” con representantes iraníes, centradas en poner fin a las hostilidades. Además, anunció que el ultimátum por el cual EEUU no atacaría infraestructuras civiles de producción energética se alargaba durante cinco días.

El anuncio provocó un giro abrupto en los mercados, que dejaron atrás los números rojos y celebraron la posibilidad de un desenlace negociado. No obstante, la continuidad de los ataques iraníes e israelíes a lo largo de la jornada alimenta las dudas sobre la duración de este primer intento de desescalada. A ello se suma que tanto medios iraníes como Mohammad-Bagher Ghalibaf, portavoz del Parlamento iraní, negaron la existencia de cualquier negociación con EEUU. 

Otro factor adverso es que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han comenzado a dar los primeros pasos para una potencial ofensiva contra Irán. El ministro saudí de Exteriores, Faisal Bin Farhan, advirtió que “la paciencia de Arabia Saudí con los ataques iraníes no es ilimitada”.

En este contexto, el volátil temperamento de Trump se enfrenta a la firmeza iraní y a una contienda que empieza a incomodar seriamente a Washington. Aunque las señales son contradictorias, resulta positivo para los mercados constatar que la Administración Trump muestra una sensibilidad creciente ante las presiones y que los incentivos para un fin rápido del conflicto que no solo están del lado estadounidense: el debilitado régimen iraní también busca sobrevivir a la mayor amenaza existencial desde su fundación.

Persisten numerosas incógnitas, pero los mensajes de Trump constituyen el primer rayo de esperanza en una confrontación que parecía estancada. Como se comprobó durante la jornada, los mercados necesitan muy poca luz para descontar escenarios más constructivos: cualquier noticia de avance hacia un acuerdo se reflejará de manera rápida e intensa en el precio de los activos.

Nordea: se dispara la inversión en seguridad energética

Hilde Jenssen, cogestora de la cartera de la estrategia Empower Europe de Nordea AM, destaca que la guerra en Irán está provocando turbulencias en los mercados energéticos mundiales, y compara la situación creada con la generada por la invasión de Ucrania por Rusia en 2022.

Existen similitudes evidentes: ambos episodios actúan como catalizadores del gasto en seguridad energética, lo que empuja a gobiernos y empresas a acelerar la inversión en la resiliencia del suministro, las infraestructuras y la diversificación. En 2022, la crisis entre Rusia y Ucrania fue una crisis de suministro aguda y centrada en Europa —especialmente en el gas— que trajo consigo respuestas políticas de emergencia, picos de precios y oportunidades de ciclo corto vinculadas a la escasez y la sustitución. 

La actual alteración provocada por Oriente Medio tiene un carácter diferente. No se trata tanto de una escasez física inmediata como de una prima de riesgo geopolítico persistente, con unos mercados cada vez más centrados en el petróleo, las rutas marítimas y la inestabilidad regional. En consecuencia, las respuestas políticas son menos reactivas y más estratégicas, lo que refuerza los compromisos de inversión a varios años en ámbitos como las redes eléctricas, el GNL, el almacenamiento, la eficiencia y los sistemas energéticos de origen nacional. 

Esto traslada la oportunidad de inversión de las operaciones volátiles y tácticas hacia empresas con perspectivas de crecimiento a largo plazo, flujos de caja regulados o contratados y una alineación estructural con los objetivos de seguridad energética y descarbonización, lo que sugiere que los efectos a largo plazo sobre la asignación de capital serán más profundos y duraderos que la crisis de 2022. 

Europa sigue siendo estructuralmente vulnerable al suministro de gas procedente de Oriente Medio, y el conflicto actual pone de manifiesto cómo las tensiones geopolíticas siguen influyendo en la formación de los precios y en la seguridad del suministro a largo plazo. Sin embargo, esa vulnerabilidad es precisamente la razón por la que este conflicto está reforzando —en lugar de frenar— la inversión en seguridad energética nacional en toda Europa y en los mercados aliados.

El programa europeo REPowerEU, dotado con 300.000 millones€, constituye el eje central de una respuesta plurianual centrada en reducir la dependencia de las importaciones mediante la modernización de la red eléctrica, la expansión acelerada de las energías renovables, el almacenamiento de energía, la mejora de la eficiencia energética en los edificios y un mejor acceso a las materias primas esenciales. Se observan dinámicas similares en el Reino Unido y en algunas zonas de Asia, mientras que EEUU se beneficia de su papel como proveedor de bienes de capital y exportador de energía. 

En ese sentido,   en Nordea creen que el mayor potencial reside en la infraestructura de la red eléctrica y el transporte de energía, más que en la exploración en las fases iniciales o en inversiones de ciclo corto en combustibles fósiles. Esto implica modernizar las redes obsoletas, ampliar los interconectores e instalar cables, transformadores y sistemas de control digital avanzados para hacer frente al aumento de la demanda de electricidad procedente de las energías renovables, la industria, los centros de datos y el transporte.

"Además, nos mostramos optimistas respecto a los temas relacionados con la electrificación en las fases posteriores del proceso, como la eficiencia energética en los edificios, las bombas de calor, el almacenamiento y las tecnologías de gestión de la energía. Esto reducirá la dependencia del gas y mejorará la resiliencia del sistema. Las energías renovables y la generación de energía limpia siguen siendo importantes, pero sin la capacidad y la flexibilidad de la red eléctrica no pueden ampliarse; en consecuencia, el capital se está dirigiendo cada vez más hacia las redes reguladas, los proveedores de equipos y las cadenas de suministro industriales que sustentan la electrificación.Con el respaldo de REPowerEU y de los programas nacionales, esta oportunidad de inversión a largo plazo se centra en flujos de caja predecibles, altas barreras de entrada y una reconfiguración profunda de la infraestructura energética de Europa, y no en una exposición cíclica a los precios de las materias primas", explica. 

Banor descarta subidas de tipos

Angelo Meda, gestor de Banor Mistral, fondo de renta variable europea de Banor SICAV, cree que las subidas del precio del petróleo y el gas provocadas por la guerra en Irán, impulsan la inflación en el corto plazo y aumentan los niveles de riesgo en los mercados, pero esta situación no durará en el medio plazo, por lo que los bancos centrales no subirán tipos.

Y ello porque el aumento de la producción de petróleo y gas por parte de otros países hará que el precio se reequilibre por sí sólo dentro de unos meses. Por lo que no se producirá un riesgo de escasez de crudo que dispare los precios, ya que el mercado físico es menos volátil que el financiero, y cuando hay riesgos de escasez como actualmente, históricamente finalizan en un plazo máximo de dos meses. No se esperan cambios en la política monetaria

La subida del petróleo provoca el alza de la inflación, y obliga al BCE y a la Fed a reconsiderar su política monetaria. Las expectativas de tipos ya lo reflejan: en Europa, en una semana el mercado pasó de descontar una bajada a una subida en junio. En EEUU, el mercado espera menos recortes en 2026. 

Meda cree que los bancos centrales no cambiarán su política monetaria, aun teniendo en cuenta el repunte de la inflación. Porque es un shock externo que no justifica un frenazo de la economía. 

Además, lo más probable es que el precio del petróleo se reequilibre por sí solo, sin que haga falta intervenir para preservar la demanda, según Banor SICAV.

Durante más de 20 años, el precio del petróleo ha vivido oscilaciones extremas, desde 140$ por barril en 2008 hasta precios negativos en 2020. El mercado físico es menos volátil que el financiero, ya que en éste el volumen negociado es más de 100 veces el volumen de crudo que se consume al día.

Según Angelo Meda, es importante fijarse en dos factores diferentes que tienen relación con la subida del crudo:

  • La producción de petróleo de Irán y del Golfo.
  • Un bloqueo del Estrecho de Ormuz.

La caída de la producción iraní puede compensarse con un mayor suministro de la OPEP, Estados Unidos y, en próximos meses, Venezuela, lo que elimina el riesgo real de escasez. El 20% del petróleo mundial se transporta por el Estrecho de Ormuz, que abastece principalmente a Asia. Por ello, cualquier subida brusca del precio provocada por el bloqueo de Ormuz, afectaría a los precios a corto plazo. Los futuros del petróleo se negocian en múltiples vencimientos, y la curva refleja esta estructura.

Los operadores del mercado físico suelen fijarse en un indicador clave, el diferencial entre el precio a corto plazo (vencimiento de un mes) y el medio plazo (3–6 meses). El diferencial actual entre el precio a 1 y 6 meses se ha disparado, dadas las expectativas de que haya escasez física de crudo en los inventarios.

Cuando se produce este riesgo, crece la demanda para entrega inmediata de crudo, y sube el precio, tal y como ocurrió en 2022 cuando Rusia invadió Ucrania. En situaciones de exceso de oferta, por ejemplo en 2020 con el Covid, la caída de la demanda en 2010 o el exceso de producción de la OPEP en 2015, el diferencial debería recoger sólo el coste de almacenamiento, que oscila entre 2-4$.

En la crisis actual, el diferencial ha subido a 16,4$, nivel parecido a cuando estalló la guerra en Ucrania. Todo ello significa, según el gestor de Banor Mistral, que el mercado descuenta tensiones en el mercado físico debido a la guerra en Irán, que suelen desaparecer entre un mínimo de dos semanas y un máximo de dos meses. Entorno que se reflejará en la inflación, que posiblemente repunte de forma temporal unos meses.

Por otra parte, la economía es cada vez menos intensiva en el uso de energía. Se basa más en servicios, y producir una unidad de PIB requiere hoy la mitad de la energía que en los años 60.

Se pueden observar similitudes entre la evolución de la inflación de 1966–1979 y la de los últimos 12 años, según Angelo Meda:

  • Un ciclo estable antes del embargo petrolero de 1973 (Guerra del Yom Kippur, cierre del Canal de Suez).
  • Un fuerte repunte, seguido de una caída.
  • Un segundo shock provocado por la Revolución iraní de 1978–79.

Este precedente hace pensar en un repunte de la inflación, aunque no tanto como en 1979–80, pero sí lo suficientemente alto como para forzar un cambio en la política monetaria.

En los últimos 50 años, el gas y la electricidad han cambiado su peso en el mix energético global hasta el 25%-28% global frente al 56% en los años 70. Después de las crisis del petróleo, la energía hidroeléctrica y nuclear han incrementado su peso de forma significativa, y los avances tecnológicos en extracción han propiciado un mayor uso del gas natural durante la extracción de petróleo  (antes se quemaba).
Por otra parte, como señala el gestor de Banor Mistral, los precios del gas determinan el precio marginal de la electricidad en Europa tras la liberalización. Así, el gas ha subido, pero lejos de lo que subió al comenzar la guerra en Ucrania. Por lo que puede ser relevante seguir la evolución del precio del gas, más que la del petróleo.

Sin embargo, los niveles de almacenamiento son bajos, cercanos a los de  2022, cuando un invierno algo más frío, y condiciones de suministro estables, disminuyeron el apetito por almacenar gas antes de la segunda mitad del año. 

Las empresas siguen siendo optimistas sobre la capacidad de suministro de gas, y se espera que las exportaciones de Qatar y otros grandes productores se retomen pronto. En todo caso, si se produce una carrera por asegurar Gas Natural Licuado (GNL) por parte de EEUU, los precios del gas podrían llegar a niveles perjudiciales para la economía. 

El experto de Banor SICAV opina, desde una perspectiva más general, que el impacto en la inflación es limitado, y se dará en el corto plazo. La reciente subida de los tipos no parece que se justifique, porque es difícil pensar que la inflación se mantendrá por encima del 2% hasta el punto de obligar al BCE a intervenir.

Lo que ha sucedido en los mercados en las últimas semanas, responde a un ajuste habitual tras un rally, causado por un sentimiento excesivamente optimista. En épocas de guerra, históricamente las Bolsas suelen caer un 6–8%, el petróleo sube, el dólar se fortalece, y los bonos, el oro y otras divisas se comportan de forma mixta.
La destitución de Maduro en enero y el conflicto en Irán, pueden provocar un aumento de la producción de petróleo en la segunda mitad del año, lo que facilitaría una inflación más baja, y recortes de tipos que se producirían en las elecciones mid term de noviembre en Estados Unidos,

La clave será la duración de la guerra entre Irán e Israel/Golfo, ya que los mercados han descontado un escenario muy improbable. Los episodios de inestabilidad geopolítica, como el actual, suelen aumentar los niveles de riesgo, aunque también crean atractivas oportunidades de inversión para inversores expertos, concluye Angelo Meda. 

UBS: aprovechar el rebote para diversificar y cubrir riesgos

El UBS CIO Daily señala que los mercados bursátiles y de bonos de EEUU repuntaron, y los precios del petróleo cayeron  después de que el presidente Donald Trump anunciara un aplazamiento de cinco días de la acción militar previamente amenazada contra la infraestructura energética iraní, citando avances en las conversaciones. Y recomienda aprovechar el rebote del mercado para diversificar y cubrir riesgos, además de oro.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Si bien mantenemos una postura Atractiva sobre la renta variable en general y creemos que los inversores deberían conservar una exposición estratégica a esta clase de activo, rebajamos la recomendación de la renta variable europea, de la eurozona y de la India a Neutral. Al mismo tiempo, mejoramos la recomendación de la renta variable suiza y del sector sanitario europeo a Atractiva”.

Reino Unido: “Seguimos considerando un escenario de estanflación (un período prolongado de inflación alta y creciente acompañado de apenas crecimiento) como un escenario adverso, y no como nuestro caso base”, apunta Maelle Quillevere, Economista.

“Para quienes prefieren el oro, sugerimos asignar una pequeña parte —en torno a un dígito medio— del total de los activos para ayudar a diversificar las carteras y ofrecer cierta protección frente a shocks macroeconómicos”, aconsejan Wayne Gordon, Estratega, y Dominic Schnider, Responsable Global de FX y Materias Primas.

“Los mayores precios globales de la energía han respaldado el tipo de cambio USDJPY, ya que EEUU es un exportador neto de energía, mientras que Japón es un importador neto significativo”, resaltan Teck Leng Tan, Estratega, y Dominic Schnider, Responsable Global de FX y Materias Primas.

20Mar

El factor más determinante es el bloqueo del estrecho de Ormuz. La interrupción del flujo energético—que representa entre el 80% y el 95% del tránsito— está generando una volatilidad extrema en el mercado de materias primas. Los futuros del Brent han superado los 110$ por barril, y los precios del gas natural en Europa se han duplicado desde el comienzo de la guerra.

Miguel Ángel Valero

“Los mercados ya descuentan un enfrentamiento prolongado que podría extenderse durante varios meses”, advierten los expertos de Ebury. El conflicto en Irán continúa escalando, sin perspectivas claras de que se vaya a resolver en el corto plazo. Mientras persisten los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel, Teherán mantiene su posición bloqueando el estrecho de Ormuz. Los inversores han aprendido a ser escépticos ante la retórica, "a menudo errática y poco fiable", de Trump. En Polymarket, la probabilidad de un alto el fuego antes de finales de marzo se sitúa por debajo del 10%, para antes de finales de abril en torno al 30% y para finales de junio alrededor del 50%.

El factor más determinante es el bloqueo del estrecho de Ormuz. La interrupción del flujo energético—que representa entre el 80% y el 95% del tránsito— está generando una volatilidad extrema en el mercado de materias primas. Los futuros del Brent han superado los 110$ por barril, y los precios del gas natural en Europa se han duplicado desde el comienzo de la guerra.

Esta incertidumbre complica enormemente la planificación de inversores y empresas por todo el mundo. El análisis de Ebury dibuja los cuatro escenarios principales —del más benigno al peor— :

  • Escenario 1: Alto el fuego inmediato y reapertura rápida del estrecho de Ormuz
    • Asunciones clave: cese de hostilidades antes de finales de marzo y restablecimiento del tráfico marítimo en las siguientes dos semanas.
    • Probabilidad: Muy baja (menos del 10%).
    • Justificación: Trump podría proclamar victoria y optar por una salida abrupta para limitar sus pérdidas, ante la escasa probabilidad de un cambio de régimen o de una moderación iraní significativa.
    • Divisas:
      •  Fuerte rebote del apetito al riesgo dado que los mercados esperan un conflicto mucho más duradero.
      • Caída inmediata del dólar; EUR/USD podría regresar rápidamente a niveles previos al conflicto, o ligeramente inferiores (~1,18). EUR/USD podría superar dichos niveles si seanticipan recortes de la Fed y subidas del BCE en 2026. Persistiría una “prima de riesgo Trump” por su política exterior errática (ataques a Irán sin estrategia de salida clara),acentuando la venta de dólares.
      • Las divisas emergentes repuntarían con fuerza; las ligadas a materias primas (CAD, NOK) retrocederían con la bajada del crudo.
      • Materias primas Caída abrupta del petróleo (potencialmente, en torno al 30% en días), dependiendo del grado de reapertura del estrecho. Existen precedentes históricos de movimientos tan agresivos.
    • Macroeconomía: Efecto inflacionista mínimo. Sin riesgos significativos para el crecimiento global ni de recesión.
    • Flujos comerciales: Disrupciones mínimas y recuperación rápida del os flujos de Oriente Medio a Asia y Europa.
    • Sectores: Impulso modesto para energía y defensa; impacto limitado y recuperación rápida en el sector viajes (aviación, automóviles).
  • Escenario 2: Conflicto breve y reapertura rápida del estrecho
    • Asunciones clave: desescalada empieza a finales de marzo; fin de la guerra en 4-5 semanas (finales de abril); restablecimiento del flujo petrolero por el estrecho de Ormuz en un mes.
    • Probabilidad: Media (30-35 %, incluye el 10% del escenario 1)
    • Justificación:
      • EE.UU. declara cumplidos sus objetivos militares (fuerza aérea iraní diezmada, más de 20 buques eliminados, 85-90% de lanzamisiles inoperativos).
      • Presión interna (mercados, inflación por petróleo, bajas militares) y electoral (impacto en las elecciones midterm de 2026) obliga a Trump a terminar el conflicto.
      • Divisas Volatilidad moderada. Dólar fuerte durante el conflicto; presión sobre el euro y divisas de Europa Central y Oriental (altos importadores de energía). Apreciación de CAD y NOK, como exportadores energéticos. Caída de emergentes con alto beta (ZAR, MXN, HUF). Reversión de los movimientos al finalizar el conflicto: repunte de EUR/USD y de emergentes importadores de crudo (Asia, CEE). La magnitud de la reversión dependerá del nivel de flujos petroleros que se restablezca.
      • Materias primas: Estabilización en máximos recientes, seguida decaída fuerte del Brent hasta los 80-90$. Els hock en la oferta sería temporal si se restablece completamente o casi completamente el flujo en el estrecho. El uso de reservas de la AIE mitiga la crisis en el corto plazo (3-4 semanas). Precedente histórico: rápida reversión tras la Guerra del Golfo (1990-1991).
      • Macroeconomía Inflación ligeramente superior (+0,1-0,2 %). Impacto moderado en crecimiento; sin riesgo adicional de recesiones. Banco de Inglaterra (BoE) y BCE podrían mantener tipos, y la Fed recortar en el 2º semestre de 2026.
      • Flujos comerciales: Interrupción breve; rápida reanudación tras desminado. Desvíos mínimos. Reanudación de flujos de Oriente Medio a Asia (China, India,Japón, Corea del Sur).
      • Sectores: Impulso temporal moderado en sectores de energía y defensa; ligero impacto en viajes.
  • Escenario 3: Guerra a medio plazo con Ormuz cerrado
    • Asunciones clave: sin resolución rápida ni indicios de desescalada en las próximas semanas; el conflicto se extiende 2-6 meses más; estrecho intransitable durante meses, no semanas (1-3 meses).
    • Probabilidad: media (30-35%)
    • Justificación: 
      • a) Ausencia de un cambio de régimen (nuevo líder supremo sin apetito por reabrir el estrecho). 
      • b) operaciones prolongadas para encontrar y destruir misiles y activos nucleares.
    • Divisas: Alta volatilidad y aversión al riesgo. El dólar fuerte como activo refugio y exportador neto de petróleo (EUR/USD podría caer hacia el 1,1). La caída de GBP sería menos pronunciada, dado que el Reino Unido es ligeramente menos dependiente de las importaciones de petróleoque la UE. Apreciación marcada de CAD y NOK; venta masiva en emergentes se intensificaría a medida que se desmantelan los carry trades; presión sobre divisas asiáticas.
    • Materias primas: el Brent podría establecerse entre las cotas de 120-150$. Las reservas de la AIE solo cubren 3-4 semanas.
    • Macroeconomía: Inflación global podría subir +0,5-1 punto por el repunte en los precios de la energía y de los costes de transporte; efectos de segunda ronda (salarios, fijación de precios) podrían materializarse en torno al final del horizonte temporal de este escenario, pudiendo desanclar expectativas inflacionarias. El crecimiento mundial podría caer de -0,2 a -0,5 puntos por los precios más elevados, disrupciones en las cadenas de suministro y la incertidumbre (Europa y Asia más expuestos).Posibles subidas de tipos por BCE/BoE; Fed podría mantenerse de brazos cruzados, exacerbando los riesgos bajistas al crecimiento.
    • Flujos comerciales Caída drástica (60-75%) de los flujos marítimos de Oriente Medio a Asia y Europa, especialmente de petróleo/GNL.Los importadores de energía empezarían abuscar alternativas. Las exportaciones estadounidenses de petróleo y GNL a Asia aumentarían (+30-50%). Las exportaciones brasileñas de petróleo a China/India y Europa aumentarían (+25-50%). El comercio no energético no se desviaría deforma significativa. El desvío por el cabo de Buena Esperanza podría provocar retrasos en los flujos comerciales y un mayor repunte de los precios.
    • Sectores 
      • Ganadores: energía, defensa, transporte marítimo.
      • Perdedores: Agricultura, producción alimenticia(Irán y algunos países vecinos son importantes exportadores de fertilizantes basados en amoníaco), viajes (especialmente los aéreos).
  • Escenario 4: Guerra prolongada y cierre sostenido de Ormuz
    • Asunciones clave: conflicto dura unos 6 meses; el estrecho permanece cerrado o solo parcialmente operativo; posible escalada regional.
    • Probabilidad: media (25-30%).
    • Justificación: régimen iraní intacto y desafiante; el agotamiento de las municiones y la armada iraníes podría llevar al cierre del estrecho de Ormuz como principal mecanismo estratégico de supervivencia del régimen. Irán no puede ganar en una batalla directa, por lo que optaría por una estrategia de 'resistencia' y una 'guerra de desgaste'.
    • Divisas Volatilidad extrema y aversión al riesgo prolongada. Dólar fortalecido (EUR/USD prueba mínimos de 2025, en torno a 1,05 o inferior).El par GBP/EUR podría repuntar hasta el nivel de 1,2. Inicial apreciación de divisas petroleras, seguida de corrección parcial por la expectativa de una desaceleración global. Colapso de divisas emergentes importadoras de petróleo, especialmente las asiáticas.
    • Materias primas: Brent en los150 $ en escenarios extremos; riesgo elevado de recesión.
    • Macroeconomía: Se podría producir un episodio prolongado de estanflación en las principales zonas económicas. La inflación mundial podría aumentar entre 1 y 1,5 puntos. Se producirían efectos de segunda ronda, como una espiral de salarios y precios, una subida delos precios de los alimentos y un desanclaje de las expectativas de inflación. El crecimiento se vería más afectado (caída de 1-2 puntos porcentuales, dependiendo de cuándo se reabra el estrecho de Ormuz). Los importadores netos de petróleo serían los más afectados (la zona del euro, el Reino Unido y Asia). Se podría producir una recesión en la zona del euro. Los bancos centrales se verían atrapados entre el aumento de la inflación, por un lado, y el riesgo de desaceleración y recesión, por otro; no obstante, aumentarían las probabilidades de subidas agresivas de los tipos, ya que las autoridades darían prioridad al control de la inflación.
    • Flujos comerciales Los flujos energéticos de Oriente Medio hacia Asia y Europa se verían gravemente afectados (con una caída del 70-95% o un colapso total). Las exportaciones no energéticas de Oriente Medio se verían muy afectadas, entre ellas:
      • fertilizantes a Asia, a Brasil y África.
      • Productos petroquímicos, plásticos, polímeros y caucho a todo el mundo (lo que afectaría a los sectores del automóvil, aeroespacial y de la construcción).
      • Aluminio y metales en bruto a Asia y Europa.
      • Productos electrónicos, baterías y productos farmacéuticos a Asia.
      • Helio de Catar al mundo (riesgo para la IA).
      • Probablemente se abrirían flujos energéticos alternativos:
        • Petróleo y GNL de EEUU a Asia/Europa.
        • Petróleo brasileño a China/India y Europa.
        • Petróleo y gas noruegos a Europa.
        • GNL de Canadá/Australia a Asia.
      • Los flujos alternativos no energéticos también podrían tener un buen rendimiento, pero los volúmenes no son significativos:
        • Exportaciones de fertilizantes de EEUU y Canadá a Asia y Europa.
        • Exportaciones de helio de EEUU a Asia y Europa.
        • Exportaciones de productos petroquímicos, plásticos, polímeros ycaucho de EE.UU. a China, India y Europa.
        • Exportaciones de productos petroquímicos, plásticos, polímeros ycaucho de China al resto de Asia.
        • Exportaciones de aluminio de Canadá a Asia y Europa.
    • Sectores 
      • Sectores ganadores: petrolero (excluido el del Golfo), defensa, renovables, transporte marítimo (excluido el de Ormuz).
      • Sectores perdedores: sectores sensibles a la energía (aviación, automoción, servicios públicos). La industria manufacturera y petroquímica asiáticas se verán muy afectadas. La logística, los viajes y los artículos de lujo se verán perjudicados. Semiconductores y hardware de IA (Qatar produce un tercio del helio mundial, esencial para la refrigeración de los chips).

Tono más constructivo en los mercados

Las primeras desavenencias en la alianza militar entre EEUU e Israel aceleran el sesgo negativo de los inversores. Sin embargo, una vez más en estos veinte días de conflicto, las declaraciones del primer ministro israelí, asumiendo la responsabilidad de los ataques y descartando nuevas acciones unilaterales sobre infraestructuras energéticas iraníes, eliminaron uno de los escenarios más temidos por los mercados: un conflicto que pusiera en riesgo directo la capacidad energética de Irán y que la reacción del país persa sea aún más virulenta contra sus vecinos del golfo.Este nuevo giro provocó un alivio significativo en los mercados energéticos, que se trasladó rápidamente a Bolsas y bonos, con un tono más constructivo y renovado optimismo.

Antes de estas declaraciones, Irán había intensificado sus ataques sobre infraestructuras energéticas de países vecinos del golfo Pérsico, provocando el cierre temporal de refinerías en Kuwait con más de 1,2 millones de barriles diarios de capacidad exportadora, así como ataques sobre instalaciones en la costa saudí.

En paralelo, Scott Bessent, secretario del Tesoro, sugirió que EEUU estudia un levantamiento de las sanciones sobre el petróleo iraní, reforzando la idea de que Washington no busca asfixiar económicamente al régimen. En este contexto, las elevadas reservas flotantes de crudo —en máximos de los últimos cinco años— están actuando como colchón, especialmente en Asia, y su utilización podría intensificarse si se confirma la exención sobre el crudo iraní. 

La elevada volatilidad y los mensajes cambiantes de las partes implicadas hacen que el escenario pueda cambiar de forma abrupta en cuestión de minutos, como reflejó ayer la segunda vuelta intradía del Brent desde niveles cercanos al 120$/barril hasta cerrar por debajo de 110$/barril. Los mercados celebrarán inmediatamente la apertura del estrecho de Ormuz.

UBS: aprovechar oportunidades futuras

En su última Carta Mensual, Mark Haefele, director de inversiones de UBS Global Wealth Management, comenta que, aunque el futuro es incierto y los riesgos son elevados, al mantenerse invertidos, diversificar y cubrir riesgos, creemos que las carteras pueden afrontar los desafíos actuales y aprovechar oportunidades futuras: “Nuestra recomendación para los inversores a largo plazo es clara: mantenerse invertidos. La historia demuestra que los intentos de ‘anticipar el mercado’ ante eventos geopolíticos suelen fracasar”. “Nuestro escenario base es que los mercados de renta variable terminarán el año al alza, y que las rentabilidades de los bonos finalizarán el año a la baja. Los periodos de volatilidad también pueden representar momentos atractivos para los inversores que buscan invertir liquidez de forma gradual. Valoramos la renta variable como Atractiva, y nos gustan EEUU, Europa, Japón, China y los mercados emergentes en general. También favorecemos bonos de calidad, materias primas diversificadas y el oro”, explica.

“El contexto macroeconómico general sigue siendo favorable, impulsado por la moderación de los vientos en contra arancelarios, los recortes de tipos previstos por la Fed y unas políticas fiscales de apoyo”, refuerzan Fabian Deriaz, estratega, y Ulrike Hoffmann-Burchardi, directora de inversiones para Américas y responsable global de renta variable, UBS Global Wealth Management.

"En nuestro escenario base, vemos potencial alcista para la renta variable de la Eurozona, respaldado por una mejora del ciclo económico, un entorno estructural más favorable, y valoraciones aún razonables”, aportan Matthew Gilman, estratega, y Rolf Ganter, responsable de renta variable europea. “El BCE mantuvo los tipos sin cambios en su reunión de marzo, mostrando confianza en que su postura es adecuada para afrontar las incertidumbres actuales. Esperamos que el BCE mantenga los tipos sin cambios durante el resto del año”, añade Dean Turner, economista jefe para la Eurozona y el Reino Unido.

Suiza: “La selección de valores y la diversificación siguen siendo importantes. En general, preferimos centrarnos en compañías de calidad y líderes en rentabilidad, así como en determinadas mid caps y valores cíclicos”, añade Stefan R Meyer, estratega. “Creemos que los riesgos al alza para la inflación son limitados a pesar del aumento de los precios del petróleo, en parte debido a la apreciación del franco suizo desde principios de año. Esperamos que el SNB mantenga su tipo de referencia sin cambios en el 0% durante los próximos 12 meses”, remarcan Maxime Botteron y Alessandro Bee, economistas.

“Creemos que la renta variable del Reino Unido presenta valoraciones razonables y esperamos una mejora de los beneficios en los próximos dos años, pero vemos menos potencial alcista que en la renta variable global”, apunta Matthew Gilman. “Ahora esperamos que el Banco de Inglaterra mantenga los tipos de interés sin cambios hasta noviembre”, añaden Maelle Quillevere, economista, y Constantin Bolz, estratega.

EEUU: “Creemos que la resiliencia del mercado refleja que, a pesar de las preocupaciones, el entorno para la renta variable sigue siendo favorable. Los beneficios crecen a buen ritmo, es probable que la Fed recorte tipos más adelante este año y la adopción de la IA debería generar valor para los accionistas”, resalta David Lefkowitz, responsable de renta variable estadounidense. 

“Vemos oportunidades en una exposición diversificada a mercados emergentes, con Corea del Sur mejorada a Atractiva este mes, respaldada por sólidos beneficios, reformas estructurales y la demanda de memoria en el contexto del desarrollo global de la IA”, explican Laura Smith, analista, y Alejo Czerwonko, director de inversiones para mercados emergentes en Américas.

Divisas: “Mantenemos nuestra preferencia por estrategias de carry, a pesar de que la volatilidad a corto plazo ha aumentado debido a la aversión al riesgo y la incertidumbre en los mercados energéticos”, opina Dominic Schnider, responsable global de divisas y materias primas. "Esperamos que el dólar estadounidense se mantenga fuerte ante el aumento de los precios de la energía. Además, creemos que la volatilidad en los mercados de divisas podría aumentar aún más si persisten las actuales restricciones de oferta energética en las próximas semanas", añade.

“A medio plazo, esperamos que las materias primas aporten sólidos beneficios de diversificación a las carteras tradicionales de renta fija y renta variable, en un contexto de factores estructurales favorables”, señalan Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, estrategas.

19Mar

Algunas de las decisiones adoptadas por Donald Trump con la intención de proteger los intereses de EEUU están teniendo un efecto colateral difícil de ignorar: terminan fortaleciendo a los adversarios de sus propios aliados… y también a sus grandes competidores estratégicos.

Miguel Ángel Valero

Los ataques a infraestructuras energéticas marcan una nueva fase del conflicto en Oriente Medio. Por primera vez, Israel inició la escalada con un ataque unilateral sobre refinerías iraníes en Pars Sur, un yacimiento de 9.700 km2 cuya explotación se reparte entre Irán (40%) y Catar (60%), y que suministra un 70% del gas doméstico iraní. En represalia, Irán dirigió su respuesta a la zona industrial de Ras Laffan, centro industrial catarí que, antes de paralizar su actividad a principios de mes, representaba un 19% de las exportaciones globales de gas natural licuado (GNL). Como resultado de este cruce, el Brent se dispara por encima de los 110 $/barril  el gas europeo avanza un 23%.

Aunque todavía se desconoce el alcance del daño en Ras Laffan, destacan dos elementos. El primero es el carácter unilateral del ataque israelí, sin el apoyo de EEUU (al menos oficialmente) ni de Catar. Trump asegura que Israel actuó por libre y se compromete a que no se repetirán los ataques sobre Pars Sur, revelando las primeras fisuras en la alianza. 

El segundo es que el golpe a infraestructuras energéticas eleva significativamente el riesgo de un conflicto más extenso y profundo, un escenario no deseado por Trump, quien ya sufre la presión de una gasolina a 3,9 $/galón (+30% desde el inicio de los ataques) a menos de ocho meses para las elecciones.

La prioridad sigue siendo la reapertura del estrecho de Ormuz y la normalización del flujo energético. 

Universidad Carlemany: puede haber una crisis de suministro global

Joan Escuer, profesor de geología en la Universidad Carlemany, explica que el yacimiento de South Pars (la parte iraní) y el de North Dome (la parte catarí, también conocido como Ras Laffan) no son dos yacimientos distintos y distantes. Son, en realidad, el mismo campo de gas, una única estructura geológica submarina compartida por Irán y Catar en medio del Golfo Pérsico. La distancia entre ambos no es un factor relevante ya que la estructura geológica es la misma y continua. La frontera entre ambos países divide lo que la naturaleza creó como un todo. 

Por eso, un ataque a la infraestructura de una de las partes (como el reciente bombardeo israelí a South Pars o el iraní a Ras Laffan) se considera un golpe directo a la integridad y seguridad de la principal fuente de riqueza energética de ambos países. Comprender esta unidad geológica explica por qué las recientes amenazas del presidente Trump de "destruir masivamente todo el yacimiento de South Pars" son tan alarmantes. No es solo una amenaza solo contra Irán. Un daño severo a la integridad del yacimiento del lado iraní podría, en teoría, afectar a la presión y la productividad del lado catarí dado que comparten el mismo sistema. La destrucción de la planta de Ras Laffan en Catar no solo paraliza la producción catarí, sino que también impide el procesamiento del gas de una parte fundamental de este yacimiento compartido, desencadenando una crisis de suministro global.

¿Afectará este ataque a España? "La respuesta corta es que sí", contesta este experto. El suministro de gas proveniente del yacimiento puede ser sustituido parcialmente, pero no completamente a corto plazo. La crisis en Catar ha dejado al descubierto una vulnerabilidad estructural del mercado global de GNL: no hay capacidad de reemplazo inmediato para el 20% de la oferta mundial. 

Para España la situación es compleja pero no catastrófica gracias a su infraestructura diversificada, trabajo realizado durante años y que ahora es una ventaja clave. Según datos de Cores (Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos), la cesta de suministro español incluye el gasoducto de Medgaz (Argelia), que a pesar de las tensiones diplomáticas ha ampliado su capacidad recientemente; EEUU, que se ha convertido en uno de nuestros principales proveedores de GNL en los últimos años; Nigeria, nuestro proveedor tradicional de GNL; Rusia, que aunque con tendencia a la baja por razones políticas, aún nos envía algunos cargamentos.

Pero aún hay más. Un efecto colateral menos conocido pero crítico de estos ataques es el impacto en el mercado del helio. Ras Laffan también es una fuente clave de este gas. De hecho, Catar produce alrededor de un tercio del helio mundial y su producción, ligada al procesamiento de gas, también está paralizada. El principal uso del helio es, sin duda, su aplicación crítica en la industria de alta tecnología, específicamente en la fabricación de semiconductores y chips electrónicos. Por eso esta crisis se puede convertir en una de las gordas.

The Trader: Trump está favoreciendo a sus competidores estratégicos

"La política internacional está llena de paradojas, pero pocas tan evidentes como la que estamos viendo en estos momentos. Algunas de las decisiones adoptadas por Donald Trump con la intención de proteger los intereses de EEUU están teniendo un efecto colateral difícil de ignorar: terminan fortaleciendo a los adversarios de sus propios aliados… y también a sus grandes competidores estratégicos", explica el analista Pablo Gil en The Trader.

La última muestra de esta dinámica se está produciendo en el mercado energético. En medio de la guerra con Irán y de las tensiones que amenazan con bloquear el Estrecho de Ormuz (por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una parte significativa del gas natural licuado) la Casa Blanca ha decidido flexibilizar temporalmente algunas restricciones sobre el petróleo ruso que ya se encontraba en tránsito por el mercado internacional. El objetivo es evidente: evitar que una interrupción brusca del suministro dispare aún más los precios de la energía y termine trasladando ese impacto a la inflación y al crecimiento económico dentro de Estados Unidos.

Desde un punto de vista táctico, la decisión tiene lógica. Si el suministro global se reduce de forma abrupta en un momento de tensión geopolítica extrema, el precio del petróleo puede dispararse. Permitir que ese petróleo ruso llegue al mercado ayuda a compensar parte de esa pérdida de oferta. Pero la otra cara de la moneda es mucho más incómoda. El propio Kremlin reconoce que esta flexibilización podría permitir a Moscú ingresar hasta 10.000 millones$ adicionales si el precio del crudo se mantiene cerca de los 100$ por barril. En un momento en el que Occidente llevaba años intentando limitar la capacidad financiera de Rusia para sostener su guerra en Ucrania, una decisión adoptada en Washington puede terminar proporcionando a Moscú un inesperado balón de oxígeno. Y Rusia no es el único beneficiado.

El conflicto con Irán está obligando a EEUU a concentrar enormes recursos militares en Oriente Medio. Solo en los primeros días de la campaña se han empleado centenares de misiles de largo alcance y el coste de las operaciones ya supera los 10.000 millones$, lo que sugiere un ritmo de gasto cercano a los 1.000 millones diarios. Pero más allá del coste económico, hay un elemento aún más relevante: parte de esas municiones y capacidades proceden del mismo arsenal estratégico que abastece a otros frentes. Eso implica que, para sostener esta guerra, EEUU no solo está gastando, sino también redistribuyendo recursos militares, debilitando su capacidad operativa en otras regiones clave.

Eso significa que, mientras Washington centra su atención y sus recursos en el Golfo, el frente europeo pierde prioridad… pero también el Indo-Pacífico. Y ahí es donde entra China. Desde Pekín, este conflicto se está observando con enorme atención. No solo porque EEUU está desviando activos militares desde Asia hacia Oriente Próximo (incluyendo unidades, sistemas de defensa y capacidad logística) sino porque la guerra está ofreciendo algo aún más valioso: información.

China está analizando en tiempo real cómo opera el ejército estadounidense, cómo responde ante ataques con drones de bajo coste, cómo consume sus reservas de munición y hasta qué punto su capacidad militar puede verse tensionada en un conflicto prolongado. Cada día de guerra es, en la práctica, un laboratorio estratégico. Además, el simple hecho de que EEUU tenga que repartir sus recursos entre varios frentes altera el equilibrio global. Cuanta más atención y capacidad se destine a Oriente Próximo, menor será la presión efectiva sobre China en su entorno natural.

Rusia gana por los precios del petróleo. China gana por el desgaste estratégico. Y EEUU empieza a enfrentarse a un problema clásico en geopolítica: el riesgo de sobreextensión.

Mientras tanto, la guerra tampoco se está quedando confinada al enfrentamiento directo entre EEUU, Israel e Irán. Como suele ocurrir en Oriente Medio el conflicto está empezando a extenderse a través de una red de actores indirectos. Milicias iraquíes vinculadas a Teherán han intensificado sus ataques contra bases donde permanecen desplegadas fuerzas occidentales en el norte de Irak. La escalada ya está teniendo consecuencias visibles. Algunos países europeos han comenzado a retirar parte de sus tropas ante el deterioro de la seguridad. Italia ha iniciado la salida de parte de su contingente, mientras que Alemania, Noruega o Suecia también han puesto en marcha repliegues temporales. Irak se está convirtiendo, poco a poco, en otro escenario de la guerra indirecta entre EEUU, Israel e Irán.

Este tipo de dinámicas sigue un patrón bastante conocido en geopolítica: el de las guerras por delegación. Las grandes potencias rara vez se enfrentan de manera directa. En su lugar utilizan aliados regionales, milicias o grupos armados para desgastar al adversario y ampliar la presión estratégica sin desencadenar una guerra abierta entre Estados. El problema es que este tipo de conflictos tienen una característica muy peligrosa: una vez que empiezan a multiplicarse los frentes, resulta extremadamente difícil controlar su evolución. Cada ataque genera represalias. Cada represalia abre un nuevo frente. Y cada nuevo frente aumenta el riesgo de errores de cálculo o incidentes que nadie había planeado.

En paralelo, la guerra está empezando a provocar un segundo problema para Washington: el aislamiento diplomático. La Casa Blanca está intentando ahora formar una coalición internacional para garantizar el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz y escoltar petroleros en la zona. El propio Trump ha pedido públicamente ayuda a varios países (incluidos aliados europeos, Japón, Corea del Sur o incluso China) argumentando que todos ellos dependen de esa ruta energética. Pero la respuesta está siendo, por ahora, fría.

Japón ha dejado claro que no tiene planes de enviar buques de guerra. Australia ha descartado participar con barcos militares. En Europa, países como Reino Unido se muestran reticentes a implicarse directamente en operaciones navales en la zona. Incluso algunos gobiernos del Golfo han expresado en privado su frustración por el hecho de que la guerra se iniciara sin una consulta previa real con los aliados.

Éste es quizá uno de los aspectos más llamativos de la situación actual. La decisión de lanzar la ofensiva militar contra Irán se tomó en Washington sin una coordinación significativa con muchos de los países que ahora se consideran socios estratégicos de EEUU. Sin embargo, cuando el conflicto empieza a generar consecuencias económicas globales (especialmente en el mercado energético) la Casa Blanca pide ahora a esos mismos aliados que se impliquen para estabilizar la situación.

Intentar evitar una crisis energética hoy (una crisis que, en buena medida, ha sido provocada precisamente por la decisión de EEUU de sumarse a Israel en su ofensiva para neutralizar la amenaza militar que representa el régimen de los ayatolas) puede terminar financiando indirectamente la guerra de Rusia mañana… y facilitando el reposicionamiento estratégico de China en el largo plazo.

Abrir un nuevo conflicto en Oriente Próximo no solo desvía recursos. También ofrece información, tiempo y oportunidades a sus principales rivales. Rusia obtiene ingresos. China obtiene aprendizaje y margen de maniobra.

Trump ha demostrado que no necesita consultar a nadie cuando decide iniciar una guerra. Sin embargo, cuando esa guerra empieza a enquistarse, cuando los precios del petróleo se disparan y cuando el impacto económico amenaza con trasladarse a la inflación y al crecimiento global, entonces sí reclama que el resto del mundo se involucre para ayudar a estabilizar la situación.

"En geopolítica, como en los mercados, las decisiones rara vez producen un solo efecto. Cada movimiento en el tablero genera consecuencias que van mucho más allá de la intención inicial. Y en este caso, la paradoja es difícil de ignorar: una guerra diseñada para reforzar la posición de Estados Unidos está terminando por abrir nuevos frentes, tensionar sus alianzas… y fortalecer, al mismo tiempo, a Rusia y China", recalca Pablo Gil.

Columbia Threadneedle: el precio del petrólo es un impuesto efectivo

William Davies, Global Chief Investment Officer de Columbia Threadneedle Investments, avisa que la escalada del conflicto en Oriente Medio ha intensificado la tensión geopolítica y ha provocado fuertes oscilaciones en los mercados energéticos. Dado que el mpacto económico depende del flujo de petróleo, los inversores deben mantenerse disciplinados y centrarse en los fundamentales a largo plazo por encima de titulares cambiantes.

Desde una perspectiva de inversión, la cuestión central es si el conflicto en Oriente Medio permanece contenido o evoluciona hacia una disrupción más prolongada, con implicaciones más amplias para los mercados globales. 

Los precios del petróleo han mostrado una considerable volatilidad a medida que el conflicto ha evolucionado, llegando casi a duplicarse en su punto extremo. Aunque estos movimientos generan titulares llamativos, no siempre reflejan la realidad económica subyacente. Si asumimos que los precios del petróleo más elevados persisten, el efecto inmediato es un aumento de los costes asociados. Esto suele interpretarse como inflacionario, lo que suscita preocupaciones sobre la posibilidad de que los bancos centrales deban endurecer la política monetaria. 

"Sin embargo, creemos que esta interpretación puede resultar engañosa. Consideramos los altos precios del petróleo menos como una fuente de inflación  sostenida y más como un impuesto efectivo sobre la economía global. La demanda de energía tiende a ser bastante inelástica. Hogares y empresas no pueden prescindir fácilmente del combustible y la electricidad. Por ello, cuando los precios de la energía aumentan, una mayor proporción de los ingresos se destina a cubrir estos costes. El resultado es una reducción de la renta disponible", explica.

Desde un punto de vista macroeconómico, esta dinámica reduce la demanda en lugar de generar inflación. Es cierto que los precios más altos del petróleo elevan los niveles generales de precios a corto plazo, pero simultáneamente frenan la actividad económica. Por esta razón, tratar los aumentos del precio dela energía únicamente como inflacionarios supone diagnosticar erróneamente el problema.

Aunque la duración del conflicto importa - especialmente desde una perspectiva humanitaria -, el impacto económico final depende del flujo físico de energía. Oriente Medio es un nodo crítico del sistema energético global, con el Estrecho de Ormuz actuando como un cuello de botella para las exportaciones de la región. Aproximadamente el 20% del crudo mundial, los productos refinados y el gas natural licuado transitan por este estrecho. La economía global puede tolerar un elevado grado de tensión geopolítica siempre que este petróleo continúe llegando a los mercados internacionales. Si así ocurre, podríamos experimentar precios más altos y cierta volatilidad, pero el impacto general podría seguir siendo manejable. Rutas alternativas de exportación, como a través del Mar Rojo, también pueden contribuir a aliviar la presión.

Sin embargo, si los flujos de petróleo se contienen o restringen, la situación sería muy distinta. En ese escenario, el impacto económico sería mucho más acusado. En términos macroeconómicos, el entorno resultante probablemente se asemejaría a la estanflación: niveles de precios más altos impulsados por los costes energéticos, combinados con una actividad económica más débil. Tal combinación complica la labor de los bancos centrales y podría presionar los precios. En última instancia, podría llevar a las autoridades monetarias a adoptar un enfoque más cauteloso, esperando evaluar si los aumentos de los precios dela energía son temporales o persistentes antes de realizar ajustes significativos de política.

Pese a los temores iniciales de que el crecimiento chino se vería gravemente afectado por los aranceles, hasta ahora no se ha observado el impacto negativo previsto. Además, la disposición del presidente Xi Jinping a interactuar con el sector privado, reconociendo su papel esencial en el crecimiento económico de China, ha favorecido una recuperación en los mercados del país. Este desarrollo subraya la importancia de mantenerse atento a las dinámicas geopolíticas y a sus implicaciones económicas.

Los mercados financieros han respondido hasta ahora con cierto grado de resiliencia. A nivel agregado, las principales clases de activos - con la excepción de las materias primas y la energía - no han experimentado desajustes significativos. Sin embargo, bajo la superficie han surgido divergencias. Dentro de los mercados de renta variable, por ejemplo, distintos sectores han estado influidos por fuerzas diferenciadas. Las empresas energéticas se han beneficiado del aumento de los precios del petróleo, mientras que sectores como el software se han visto condicionados por tendencias estructurales como el auge de la inteligencia artificial.

De forma similar, los mercados de renta fija se han mantenido relativamente estables en su conjunto, aunque han aparecido focos de volatilidad. Los diferenciales de crédito se han ampliado de forma moderada, y ciertos segmentos del crédito muestran una mayor sensibilidad que antes. En partes del crédito privado y otros mercados menos líquidos comienzan a observarse señales de tensión.

Ninguno de estos desarrollos es atribuible exclusivamente a la geopolítica, pero ilustran que los mercados podrían estar entrando en una fase más compleja y frágil, en la que la diferenciación adquiere mayor relevancia.

Los periodos de tensión geopolítica suelen fomentar la toma de decisiones reactivas. Los titulares cambian rápidamente, el sentimiento del mercado oscila y los inversores pueden reposicionar sus carteras en respuesta a desarrollos a corto plazo, solo para revertir esas decisiones cuando la situación vuelve a cambiar. "Nuestra experiencia sugiere que estas reacciones a corto plazo rara vez producen buenos resultados. En su lugar, nos centramos en el horizonte de medio a largo plazo y en las áreas donde contamos con mayor convicción. Nuestro posicionamiento ya reflejaba cierto grado de cautela incluso antes del conflicto actua", señala. 

Por ejemplo, las valoraciones en determinadas áreas de los mercados de crédito parecían tensionadas desde hace tiempo, y los riesgos más amplios - incluido el apalancamiento en los balances gubernamentales, la evolución de las dinámicas del crédito y los cambios tecnológicos estructurales - ya eran evidentes. "Por ello, hemos preferido créditos de mayor calidad frente a emisores más débiles y hemos mantenido una postura relativamente conservadora en las carteras. No obstante, cuando existe una convicción clara, estamos dispuestos a reflejarla en las carteras. Y cuando predomina la incertidumbre, tratamos de protegerlas frente a riesgos no intencionados", añade.

Una realidad que los inversores deben afrontar es que el riesgo geopolítico se está convirtiendo en un rasgo cada vez más persistente del entorno global de inversión. En los últimos años, los mercados se han enfrentado repetidamente a eventos geopolíticos - desde tensiones comerciales hasta conflictos-. En muchos casos, los peores temores de los inversores no se han materializado y los mercados han acabado recuperándose. Esta experiencia sirve como un recordatorio importante: rara vez es prudente extrapolar el peor resultado posible de acontecimientos que aún están en desarrollo. Al mismo tiempo, sería complaciente asumir que los shocks geopolíticos siempre serán temporales. En algún momento, un evento puede tener un impacto económico más duradero. El reto para los inversores es que rara vez resulta evidente cuál será el acontecimiento decisivo. Esta realidad refuerza la importancia de la disciplina, la diversificación y la convicción.

En última instancia, los mercados seguirán reaccionando a los acontecimientos en Oriente Medio, especialmente a través del prisma del suministro energético. La duración del conflicto sigue siendo incierta y la situación continuará evolucionando. Sin embargo, la variable económica más relevante sigue siendo clara: si el petróleo puede continuar fluyendo desde el Golfo. Si así ocurre, la economía global puede enfrentarse a precios más altos y a una mayor incertidumbre, pero probablemente absorberá el shock. Si no es así, las implicaciones serán significativamente más graves. "Para los inversores, la respuesta adecuada no es seguir cada titular y cada movimiento del mercado, sino mantenerse centrados en los fundamentales, preservar la disciplina en la construcción de carteras y actuar con decisión allí donde la convicción sea mayor", insiste.

Swisscanto: el oro no se mantiene como activo refugio

Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos Swisscanto, resalta que, desde el estallido del conflicto en Irán, el precio del oro no ha logrado mantener su condición de “activo refugio” ni sostenerse en sus máximos. Por el contrario, ha perdido alrededor de un 10 % de su valor desde comienzos de marzo. Las principales razones de esta caída se explican por tres factores clave:

  • Fortaleza del dólar estadounidense: La continua apreciación del dólar está ejerciendo una presión significativa sobre el precio del oro. Al cotizar en dólares, el oro se encarece para los inversores fuera de Estados Unidos, lo que reduce la demanda.
  • Inflación y evolución de los tipos de interés: El aumento de los precios del petróleo ha intensificado las preocupaciones inflacionistas. Como consecuencia, el mercado ha descartado las bajadas de tipos previamente previstas por los bancos centrales y han aumentado las rentabilidades en los tramos largos de la curva. Dado que el oro no genera intereses, pierde atractivo frente a activos que sí ofrecen rentabilidad.
  • Toma de beneficios: Tras dos años excepcionalmente positivos para el oro, la recogida de beneficios también está influyendo de forma relevante en la evolución reciente del precio y no debe subestimarse. A corto plazo, la toma de beneficios podría seguir presionando al precio del oro hasta que encuentre un suelo sólido. 

"No obstante, mantenemos una visión positiva a medio y largo plazo. En particular, la tendencia hacia la desdolarización, el aumento de los niveles de deuda pública y las continuas compras de oro por parte de los bancos centrales apuntan a un contexto favorable en el futuro", precisa.

18Mar

La evidencia apunta ya con claridad a una confrontación prolongada, de desgaste, que lleva al petróleo hasta los 120$ barril, riesgos de recesión, y divisiones internas en la Administración Trump.

Miguel Ángel Valero

Las hostilidades persisten en Oriente Medio. Los ataques de Irán contra los países del golfo Pérsico repuntaron ligeramente, con nuevas infraestructuras energéticas dañadas en Emiratos Árabes Unidos y un aumento de la presión sobre las instalaciones de Arabia Saudí. Y los ataques israelíes a South Pars (el mayor campo de gas del mundo), y a Asaluyeh, dos enclaves clave del sistema energético iraní, dispararon el petróleo por encima de los 110$.

Pero el oleoducto entre Irak y Turquía, en la región del Kurdistán, ha retomado su actividad tras el acuerdo entre el gobierno regional semiautónomo y Bagdad. Este avance permitirá exportar unos 250.000 barriles diarios, ofreciendo un ligero alivio a la asfixia económica iraquí, que carece de un fondo soberano como el de otras naciones del Golfo.

Irán confirmó la muerte de Ali Lariyaní, jefe de seguridad y, según fuentes israelíes, el dirigente que había asumido de facto el liderazgo del país. Su desaparición obliga a una reconfiguración interna del régimen y eleva la probabilidad de que surja un líder vinculado a las facciones más radicales, reduciendo así las perspectivas de negociación. No obstante, su fallecimiento supone también una victoria táctica dentro de la estrategia estadounidense e israelí de debilitamiento progresivo del aparato estatal iraní. También ha sido asesinado el ministro de Inteligencia iraní, Esmail Jatib, entre otros dirigentes.

También se intensificaron los bombardeos estadounidenses en las zonas próximas al estrecho de Ormuz, lo que puede interpretarse como un nuevo paso hacia la reapertura del tránsito marítimo.

Al mismo tiempo, Trump afronta las primeras divisiones internas en su Gobierno. Josep Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo de EEUU, ha renunciado en protesta por los ataques contra Irán cuando no suponía una amenaza inminente. En su carta de dimisión alega que “no puede, en conciencia, apoyar la guerra en curso en Irán”, que la guerra se ha iniciado por “la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”, y que se está enviando a una nueva generación de estadounidenses a “morir en una guerra que no beneficia al pueblo estadounidense ni justifica el coste en vidas”.

Fidelity: confrontación prolongada

Salman Ahmed, responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International, reconoce que "el balance de la evidencia apunta ya con claridad a una confrontación prolongada, de desgaste, en línea con nuestra visión, más que a una campaña corta y decisiva", lo que lleva al petróleo hasta los 110$ barril. Además, empiezan a aparecer tensiones entre EEUU y Europa, con un aumento de la amenaza para la OTAN después de que el presidente Trump pidiera un apoyo más amplio en el estrecho de Ormuz.

Para los mercados, importan sobre todo dos mecanismos: por un lado la economía del desgaste militar —para todos los implicados— y por otro el canal de transmisión económico (la ‘contestabilidad’ de los flujos energéticos del Golfo a través del estrecho de Ormuz, que conduce a una disrupción acumulativa en los mercados de energía y a primas de riesgo geopolítico más persistentes). Si las hostilidades continúan y la ‘contestabilidad’ marítima se mantiene, es probable que los bancos centrales opten por una postura prudente en el corto plazo. Un repunte sostenido del petróleo por encima de 120$/barril alteraría de forma significativa las asimetrías de política monetaria.

Actores externos como Rusia y China complican el desenlace diplomático; su posición condicionarán la credibilidad y la durabilidad de cualquier acuerdo y, por tanto, la persistencia de la prima energética.

El conflicto refleja cada vez más un cálculo de supervivencia y disuasión por parte de Irán. Los incentivos del liderazgo iraní parecen centrados en demostrar capacidad de resistencia e imponer un coste suficiente como para alterar la ‘función de utilidad’ de sus adversarios. Eso reduce la probabilidad de una capitulación temprana y alarga el horizonte temporal probable. El objetivo no es necesariamente una escalada continua hasta el final, sino garantizar que la presión sostenida tenga consecuencias económicas y políticas visibles. Este encuadre estratégico es coherente con la persistencia —más que con un pico brusco seguido de retirada— tanto en el propio conflicto como en los mercados de petróleo.

El patrón operativo de la Guardia Revolucionaria Islámica sugiere un uso deliberado y sostenido de drones de menor coste y sistemas de misiles de corto alcance en oleadas persistentes. El objetivo es acumular presión. Las ratios de intercambio importan: sistemas ofensivos baratos obligan a emplear interceptores materialmente más caros. Incluso si la eficacia de interceptación se mantiene alta, los inventarios son finitos y los ciclos de reposición son más lentos que el ritmo de consumo en teatros activos.

La mera percepción de tensión puede cambiar las evaluaciones de riesgo (ya estamos viendo muchos expatriados abandonar la región). También observamos a países del Golfo explorando opciones a más largo plazo, incluida la búsqueda de apoyo de Ucrania. Hay indicios de una gestión escalonada de capacidades por ambas partes, con sistemas más avanzados potencialmente reservados para una fase posterior como palanca. Esa secuenciación apunta a un marco de mayor duración.

El desarrollo más importante estructuralmente se está produciendo en el ámbito marítimo. El estrecho de Ormuz sigue siendo, como mínimo, efectivamente ‘contestado’, incluso si se avanzara hacia algún tipo de desescalada en algún momento. Un nivel elevado de amenaza y restricciones de seguros alteran los mecanismos de formación de precios y de primas de riesgo. Los mercados no necesitan un cierre total para reprecificar el riesgo: una ‘contestabilidad’ persistente, restricciones intermitentes o la necesidad de protección militar continua son suficientes para incrustar una prima geopolítica en la energía.

Las escoltas navales tardarán en ser efectivas y, además, elevan el riesgo de escaladas por errores de cálculo. Incluso cambios modestos en la fiabilidad percibida amplían la distribución de probabilidad de los resultados de oferta desde una perspectiva de medio plazo. La energía —y la presión sobre los modelos de negocio del Golfo— se ha convertido así en el principal canal de transmisión macro que Irán está desplegando, tanto con fines militares como geopolíticos.

Más allá del estrecho de Ormuz, hay que seguir muy de cerca el punto de estrangulamiento de Bab el‑Mandeb, en el mar Rojo. Cualquier deterioro de la seguridad allí agravaría el shock de las cadenas de suministro al interrumpir los flujos de energía y mercancías entre Asia y Europa, reforzando la persistencia de costes de transporte elevados y de primas de riesgo en el comercio global.

Este experto da una probabilidad del 65% a un escenario de confrontación regional sostenida con una salida posible cuando ambas partes decidan que ya no es racional continuar el conflicto, lo que supone una guerra de desgaste de varias semanas e incluso varios meses; continuación de oleadas de drones y misiles destinadas a agotar defensas y mantener la presión económica; un estrecho de Ormuz efectivamente “contestado”, con paso selectivo y dependiente de apoyo militar para que los flujos rutinarios se reanuden (no posible en el muy corto plazo). Aumenta la presión para una resolución, aunque sea temporal.

El petróleo cotiza con una prima geopolítica persistente, plausiblemente dentro de un rango de 90–110$, dependiendo de la respuesta de la oferta y la duración. Los bancos centrales pausan y evalúan; los mercados descuentan un ligero sesgo más restrictivo, coherente con unos futuros de energía que implican petróleo elevado pero moderándose.

Un escenario de disrupción energética severa (probabilidad del 35%) supone:

  • Daño generalizado en infraestructuras tanto en Irán como en el Golfo o cierre funcional prolongado / disrupción aguda del estrecho.
  • El petróleo repunta bruscamente hasta 120$ o más, con efectos no lineales sobre inflación y crecimiento.
  • Se intensifican las asimetrías de reacción de los bancos centrales; el riesgo de recesión aumenta de forma material en regiones vulnerables.

En niveles actuales cercanos a 100$/barril, el shock energético es relevante, pero aún no comparable a las mayores disrupciones históricas de oferta. La variable clave es la persistencia. Los datos a corto plazo probablemente mostrarán un repunte del índice de precios al consumo (IPC) por el traslado del componente energético, combinado con un impulso de crecimiento todavía sólido. En este entorno, es probable que los bancos centrales de mercados desarrollados adopten cautela en sus próximas reuniones, más que un endurecimiento inmediato. La Reserva Federal es la más aislada, seguida por el Banco de Inglaterra y luego el Banco Central Europeo.

Si el petróleo se modera, pero se mantiene elevado en la banda alta de 90–110$/barril, el lastre macro sigue siendo manejable. La inflación general sube modestamente y el crecimiento se desacelera, pero permanece por encima del potencial en varias economías. Las posturas de política se mantienen en general neutrales con cambios direccionales limitados.

El umbral que cambia rápidamente esta valoración es un movimiento sostenido hacia o por encima de los 120 $/barril. En ese caso, costes más amplios de materias primas y transporte podrían reavivar la inflación global de bienes y desencadenar respuestas asimétricas de los bancos centrales a medida que entra en juego la destrucción de demanda. La intervención de la administración estadounidense en los mercados domésticos de petróleo es otra variable a vigilar.

De forma importante, empiezan a surgir efectos de segunda ronda más allá de la energía. Las disrupciones en las cadenas de suministro de fertilizantes se están haciendo visibles en los precios de mercado, con el aumento del precio de la urea señalando un posible traslado a los costes de los alimentos más adelante en el año, añadiendo otra capa de riesgo inflacionista si el conflicto se prolonga.

A medida que el conflicto persiste y el estrecho permanece efectivamente cerrado o ‘contestado’, los incentivos para que Rusia y China se involucren más directamente irán evolucionando. Una disrupción sostenida de los flujos del Golfo aumenta el riesgo de inestabilidad macroeconómica y comercial, incrementando la presión sobre estos actores para apoyar esfuerzos de desescalada en lugar de una confrontación prolongada.

Los grandes importadores de energía tienen un claro interés en estabilizar los flujos del Golfo y podrían respaldar iniciativas de contención diplomática; países como Pakistán —que mantiene un pacto de defensa con Arabia Saudí— se encuadran en este grupo. Otras grandes potencias pueden seguir sopesando los beneficios de unos precios energéticos más altos frente a costes geopolíticos más amplios. Su posicionamiento condicionará tanto la velocidad como la durabilidad de cualquier desescalada, así como la credibilidad de las garantías de seguridad marítima. Europa ya está dialogando con Irán sobre posibles acuerdos de paso seguro a través del estrecho de Ormuz.

"Seguimos pensando que la energía debe analizarse con una óptica de persistencia, más que bajo un marco de ‘pico y desvanecimiento’. Aunque la volatilidad es elevada, la prima de riesgo estructural podría seguir incrustada mientras la ‘contestabilidad’ marítima persista, que es nuestro escenario base. Este escenario seguirá presionando a los importadores netos de petróleo por la vía de un deterioro de los términos de intercambio", explica.

En este entorno, la resiliencia y la diversificación de las carteras cobran aún más importancia. Un shock energético impulsado por la persistencia favorece estrategias capaces de absorber volatilidad, gestionar riesgo de inflación y reducir la dependencia de canales de transmisión únicos. Los mercados de Asia emergente que son importadores netos de energía siguen siendo los más expuestos. China parece relativamente mejor posicionada por sus colchones de inventarios y flexibilidad política.

La renta variable estadounidense conserva cierta resiliencia, pero no sería inmune a un entorno sostenido por encima de 120 $/barril. La renta fija es una cobertura menos fiable en un shock de oferta, aunque el tramo corto podría necesitar calmarse si la volatilidad del petróleo disminuye a medida que nos asentamos en un Escenario 2 actualizado.

"El conflicto se asemeja cada vez más a una guerra de desgaste multi-actor en la que la economía de los intercambios militares, el diseño de la represalia y la disrupción económica se refuerzan mutuamente. La variable decisiva no es solo el precio máximo del petróleo, sino su persistencia y la durabilidad de la ‘contestabilidad’ del tránsito por el Golfo. Si la ‘contestabilidad’ del estrecho de Ormuz perdura (lo que esperamos según nuestra visión basada en la teoría de ‘chokepoints’ -cuellos de botella estratégicos del comercio y la energía mundial-), la prima geopolítica del petróleo probablemente sea más estructural que temporal", avisa Salma Ahmed.

UBS: renovado optimismo inversor sobre la IA

En medio de este conflicto, el UBS CIO Daily destaca que las acciones tecnológicas ampliaron sus ganancias en medio de un renovado optimismo de los inversores sobre la demanda de IA: "Creemos que la IA seguirá siendo un motor clave del crecimiento a largo plazo. Recomendamos un enfoque diversificado para invertir en IA e incluir oportunidades en los temas de Energía y recursos y Longevidad para acceder a la innovación transformadora. Las oportunidades en IA son más que solo la tecnología estadounidense. El aumento de la demanda de energía e infraestructuras respalda las inversiones a lo largo de la cadena de valor de Energía y recursos. La exposición a la Longevidad puede mejorar la resiliencia de la cartera".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: "Dado que la innovación sigue siendo un motor clave del rendimiento de la renta variable a largo plazo y una característica importante de los líderes de mercado duraderos, creemos que los inversores pueden acceder al crecimiento estructural mediante un enfoque diversificado en las oportunidades de IA, Energía y recursos, y Longevidad".

17Mar

Si EEUU consigue asegurar el tránsito por la zona, buena parte de las tensiones actuales en los mercados se mitigarán. Hasta ahora, las disrupciones reales solo se perciben en países como Japón o Singapur, altamente dependientes del suministro petrolero de Oriente Medio.

Miguel Ángel Valero

El tiempo sigue avanzando, la guerra en Oriente Medio camina hacia el mes, y el estrecho de Ormuz continúa cerrado al tránsito. No obstante, durante el fin de semana las negociaciones entre Irán e India fueron productivas, permitiendo que dos buques de gas natural licuado atravesaran el paso. Aun así, el resto del tráfico permanece bloqueado debido a ataques contra barcos civiles en otras zonas del golfo Pérsico, lo que alimenta la inquietud.

En este contexto, Trump es cada vez más consciente del valor estratégico de controlar el estrecho. Por ello, volvió a generar cierto optimismo al señalar que las operaciones para escoltar navíos estaban más próximas y reiteró su llamamiento a los aliados para que se sumen a esta iniciativa. Con el programa de reaseguro patrocinado por Washington ya en negociaciones con las aseguradoras, aumentan progresivamente las probabilidades de que el tráfico marítimo en la región se restablezca. Así, los mercados mostraron ayer una mayor estabilidad y reflejaron ese sentimiento positivo, mientras que los precios del petróleo y del gas descendían, incluso tras los nuevos ataques sobre Fujairah –el puerto de salida al otro lado del estrecho– y las recientes incursiones de drones contra instalaciones gasísticas en los Emiratos Árabes Unidos.

Si EEUU consigue asegurar el tránsito por la zona, buena parte de las tensiones actuales en los mercados se mitigarán. Hasta ahora, las disrupciones reales solo se perciben en países como Japón o Singapur, altamente dependientes del suministro petrolero de Oriente Medio. En los mercados occidentales, más allá del encarecimiento de los combustibles, el efecto sobre el sector eléctrico es prácticamente nulo. El impacto global continúa siendo moderado, y gracias a la histórica liberación de reservas estratégicas, la economía mundial está siendo capaz de gestionar esta situación, de momento, sin daños significativos. 

Ecovadis: las renovables son una cuestión de estabilidad

La escalada de tensión en el golfo Pérsico ha vuelto a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales y la dependencia energética de determinadas regiones. Pierre-François Thaler, cofundador y co-CEO de EcoVadis, opina que "la situación actual es un recordatorio de que depender de una única fuente de energía o de una sola región del mundo crea vulnerabilidades sistémicas. Cuando el centro de extracción se paraliza, toda la cadena de suministro se resiente”.

“Una parte fundamental de las compras sostenibles es diversificar: contar con varios proveedores, de múltiples orígenes, y priorizar ubicaciones seguras y estables, no únicamente las más competitivas económicamente. Esto es clave para construir cadenas de suministro resilientes”, añade.

"Aumentar el uso de energías renovables no es solo una cuestión climática, también es una cuestión de estabilidad económica y geopolítica. Reducir la dependencia de los combustibles fósiles ayuda a las empresas y a los países a protegerse frente a disrupciones”, argumenta.

“En un contexto de creciente volatilidad geopolítica, la transición energética se consolida como una prioridad estratégica para reforzar la estabilidad económica y reducir dependencias. En 2025, la inversión global en la transición energética alcanzó los 2,3 billones$ y la economía verde ya supera los 5 billones anuales. Al mismo tiempo, no actuar también tiene un coste: según datos de la organización CDP, el impacto económico del cambio climático es tres veces mayor que el de abordar sus causas”, subraya.

Gescooperativo: fuerte aversión al riesgo

Mientras los bombardeos se suceden, también lo hacen las medidas encaminadas a contener el alza del precio del crudo tratando, además, que la oferta (dada la demanda inelástica en el corto plazo) no se vea excesivamente restringida. La Agencia Internacional de la Energía anunciaba la liberación parcial de reservas estratégicas, para hacer frente a la escasez puntual de crudo, en una cantidad que equivale aproximadamente a 20 veces el tránsito diario por el Estrecho de Ormuz. Pero, teniendo en cuenta que el cierre de dicho Estrecho no es total (Irán confirma el paso de buques con destino a ciertos países, como laIndia), junto a la posibilidad de otros productores para encontrar vías alternativas (parece que Arabia Saudíes capaz de desviar hasta 5-7 millones de barriles al día por el Mar Rojo -gracias al Oleoducto Este-Oeste-, hacia el Canal de Suez o hacia el Estrecho de Bab el-Mandeb), pueden ser un parche para unas cuantas semanas. EEUU, de forma unilateral, elimina ciertas sanciones a Rusia para exportar petróleo, lo que podría redundar en cierto aumento de capacidad por su parte.

Fernando Cano y Alberto Salgado, del Área Gestión de Carteras de Gescooperativo –Banco Cooperativo, señalan que, aunque se produce un incremento lógico en la aversión al riesgo, continúa sin existir pánico en el mercado. Las caídas acumuladas en las Bolsas son del entorno del 7%-8% en Eurozona y Asia, pero mucho menores (2,5%-3,5%) en EE.UU. Respecto a movimientos en los tipos de interés, se produce un repunte de rentabilidades en las curvas de deuda soberanas de unos 30-40 pb, con ligeros incrementos de diferenciales crediticios en el caso europeo. Con todo, las pérdidas en el segmento de la renta fija europea rondan el 2%. El VIX (índice de volatilidad) se sitúa en un 25% (tras haber llegado al 35% la semana pasada). El crudo Brent rompe la barrera de los 100 $/barril, situándose hoy en 103 $/barril (llegó a rozar los 118 $/barril la semana pasada). Durante la segunda semana de guerra ha destacado el aumento del precio del petróleo, mientras que las bolsas y los bonos han estado más estables.

El mercado descuenta que el BCE subirá sus tipos en este 2026 entre una y dos veces (entre 25-50 pb). Al mismo tiempo, para el caso de la Fed, se espera, como mucho, una sola reducción de tipos de 25 pb, posponiéndose futuras bajadas adicionales hasta 2027.

El principal daño al crecimiento y la inflación, a escala mundial, vienen de la vertiente energética, tanto en lo que respecta a la potencial escasez de crudo y gas natural (por interrupciones en el Estrecho de Ormuz) como por la subida de sus precios. El petróleo se ha ido muy por encima del nivel alcanzado en 2022, cuando Rusia invadió Urania, porque el cierre del Estrecho de Ormuz realmente compromete el abastecimiento de muchos países, algo por lo que no se llegó a temer entonces. Por el contrario, el precio del gas en Europa se mantiene mucho más contenido que hace cuatro años (pocas importaciones europeas de gas desde Oriente Medio), por la gravedad que se suponía iba a provocar la potencial interrupción de gas ruso hacia los países europeos.

A pesar de que el petróleo sube más de un 50% en el año, es sorprendente que apenas se haya alterado el crecimiento económico en algunas áreas. Respecto al impacto en la inflación, aunque sí se produce un cierto incremento en los niveles esperados a un año vista, las expectativas a medio plazo (medidas por la expectativa del IPC a 5 años) parecen ancladas. La inflación a un año vista podría repuntar hasta el nivel del 3,2%, pero a medio plazo (5 años) no se prevé impacto. Será un efecto pasajero.

"Es importante saber lo que uno sabe, pero también ser conscientes de lo que uno ignora", subrayan estos expertos. "Lo que sabemos: Cuando estalla una guerra inesperada, los mercados reaccionan con un “shock” inicial de ventas en activos de riesgo y una huida hacia activos refugio. Si el conflicto no escala y no llegan noticias especialmente positivas ni negativas, los inversores recalculan el impacto real y la volatilidad empieza a remitir. Con el tiempo, la prima de riesgo geopolítica se diluye y los mercados vuelven gradualmente a centrarse en los fundamentos previos al conflicto", señalan

"Lo que no sabemos: Cuánto durará la guerra y quién la ganará (si es que importa...; lo que parece probable es que ambos bandos se declaren vencedores...). Si habrá más actores que se involucren en la guerra. Cuánto tiempo se interrumpirá el paso por el Estrecho de Ormuz y en qué grado (factor auténticamente clave).

"Pese a las incertidumbres que aún persisten (y que, probablemente, seguirán generando ruido durante los próximos meses), nuestro escenario central es que el conflicto no debería prolongarse más allá de unas pocas semanas", apuntan. El bloque estadounidense‐israelí está intensificando su presión (como los ataques en Kharg), con el objetivo de forzar una rápida cesión o apertura negociadora por parte de los “interlocutores” iraníes. Aunque la eventual declaración del fin de la guerra no implique necesariamente un cierre real del conflicto, para el mercado podría ser más que suficiente para considerarlo como “amortizado”.

"En la creencia de que el impacto será relativamente modesto en el crecimiento económico (continúa siendo nuestro escenario central) y, por ende, en los beneficios previstos para las empresas, decidimos continuar manteniendo la inversión en Bolsa en los niveles donde ya la teníamos. Respecto a la renta fija europea, creyendo que el aumento de inflación que se dará (algunas décimas, quizás hasta un punto) no llevará al BCE a subir tipos, hemos decidido incrementar levemente la duración de nuestras carteras para aprovechar el repunte habido en las curvas de tipos", concluyen estos gestores, que avisan: "existe un amplio consenso entre analistas respecto a que el conflicto debería resolverse en un periodo breve y con un impacto macroeconómico limitado. Esto implica que, si surgieran noticias que cuestionaran ese escenario (por ejemplo, la destrucción permanente de refinerías clave en países productores), los mercados podrían volver a reaccionar con fuertes episodios de aversión al riesgo".

Evli: la guerra terminará cuando la presión de los mercados sobre Trump sea alta

Valtteri Ahti, Estratega Jefe de la gestora nórdica Evli, insiste en que lo más probable es que el conflicto termine pronto, aunque todo dependerá de los mercados. El cierre del estrecho de Ormuz, vital para la economía y los mercados globales porque es la vía de transporta de la quinta parte del petróleo en el mundo, puede ser muy perjudicial para los mercados, provocando una fuerte presión. Ello obligaría a Trump a finalizar las operaciones pronto, con la excusa de que ha ganado la guerra. También podria suceder que Trump o Irán continuasen las hostilidades, en el caso de los mercados permanecieran relativamente tranquilos.

La guerra de Irán difiere de conflictos anteriores en Oriente Medio porque ha llevado al cierre del estrecho de Ormuz. Irán había amenazado con cerrar el estrecho durante cuatro décadas, pero se había abstenido de hacerlo hasta ahora. Oficialmente, un tercio del presupuesto estatal iraní procede del petróleo, y el petróleo representa más de la mitad de los ingresos por exportaciones del país. El cierre también es complicado desde el punto de vista de la política exterior, ya que el aliado más importante de Irán, China, quiere que el petróleo fluya libremente. De hecho, ha habido informes que indican que Irán sigue transportando cantidades limitadas de petróleo a China.

Aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial pasa por este estrecho angosto y, por lo tanto, la importancia para la economía y para el conflicto, vendrá determinada por el tiempo durante el cual permanezca cerrado. Es probable que el conflicto termine relativamente pronto cuando el presidente estadounidense Donald Trump ceda a la presión de los mercados.

Debido a la guerra en Irán, el precio del petróleo subió temporalmente por encima de los 120$ por barril. Las Bolsas europeas cayeron alrededor de un 10 % y, por primera vez en mucho tiempo, el dólar ha actuado como refugio seguro.

Irán había optado por una estrategia de inversión en misiles y drones en lugar de una fuerza aérea. El país dependía de ejércitos proxy —Hamás y Hezbolá— en lugar de sus propias fuerzas armadas. Además, Irán creía estar a salvo de la Fuerza Aérea israelí porque Siria, situada entre ambos países, era un aliado, e Irán había invertido en tecnología rusa de defensa aérea. En los dos últimos años, Israel ha logrado incapacitar tanto a Hamás como a Hezbolá. Con la caída de Siria, Irán quedó solo frente a Israel. La guerra de junio de 2025 dejó claro que las fuerzas armadas iraníes eran ineficaces. Los ataques con misiles iraníes no lograron causar daños significativos en Israel, y su defensa antiaérea fue incapaz de detener a la israelí.

Sin embargo, la capacidad de Irán para cerrar el estrecho de Ormuz seguía siendo tan efectiva como siempre. Irán amenazó con cerrar el estrecho a menos que Israel detuviera sus bombardeos en un plazo de 24 horas. Israel ignoró la amenaza y continuó su campaña de bombardeos. La amenaza de Irán resultó ser un farol. Estados Unidos se unió a Israel en el bombardeo de las instalaciones nucleares iraníes. A pesar de ello, Irán siguió optando por no cerrar el estrecho.

Israel y EEUU probablemente concluyeron que Irán no solo era militarmente débil, sino también reacio a cerrar el estrecho. Irán también pudo haber concluido que había sobreestimado sus propias capacidades y subestimado la fuerza aérea israelí. Irán llegó a la conclusión de que Israel y Estados Unidos tratarían de explotar su debilidad militar y volverían a atacar. Por lo tanto, Irán tendría que cambiar radicalmente su estrategia si quería sobrevivir al resto del mandato de Trump.

El problema estratégico de Irán era su debilidad relativa frente a sus adversarios. La solución fue descentralizar al máximo la toma de decisiones y cerrar el estrecho. Irán atacaría inicialmente con un mayor número de armas, ya que de todos modos serían destruidas en los primeros bombardeos.

Con una toma de decisiones descentralizada, las unidades de menor nivel seguirían operando de forma autónoma incluso si el liderazgo del país pereciera en los ataques. Las unidades de drones y misiles llevarían a cabo ataques contra objetivos preseleccionados durante el mayor tiempo posible sin necesidad de consultar la cadena de mando. En cierto sentido, Irán se ha descentralizado hasta convertirse en una colección de células terroristas para poder seguir combatiendo a EEUU durante el mayor tiempo posible.

Irán hizo el cálculo correcto. El líder supremo del país murió en los ataques iniciales, al igual que un número significativo de otros altos dirigentes. Las fuerzas aéreas de Israel y EEUU están cazando depósitos de misiles y drones.

Irán ha cerrado el estrecho. Las compañías de seguros han aumentado sus primas y las navieras han dejado de transportar petróleo. La fijación de precios en los mercados sigue indicando que el coste económico del conflicto se mantendrá bajo, lo que significa que el estrecho se reabrirá en un futuro próximo. Las declaraciones de Trump sugieren que ya está nervioso por los movimientos del petróleo.

Es muy probable que el conflicto sea de corta duración y termine cuando la presión del mercado sobre Trump sea lo suficientemente grande. Entonces anunciará que EEUU ha logrado sus objetivos y que se ha llevado a cabo una de las campañas militares más exitosas de la historia, y cesarán los bombardeos. Es probable que Irán continúe luchando durante un tiempo para demostrar que es Teherán, y no Trump, quien decide cuándo termina la guerra. Pero también interesa a Irán que el estrecho de Ormuz permanezca abierto.

Israel es la única parte que acogería con agrado un conflicto prolongado. La elección de Trump como presidente quizá no haya sido lo que la mayor parte del mundo deseaba, pero fue maná para el primer ministro de línea dura de Israel, Benjamin Netanyahu.

Irán no quiere la guerra, pero el país no puede volver a mostrar debilidad, como hizo en la guerra de junio. Irán se encuentra en su punto más débil desde la guerra Irán-Irak de la década de 1980. El objetivo del régimen probablemente sea la supervivencia. La forma de mostrar fuerza y disuadir futuros ataques es mantener cerrado el estrecho. Mantener el estrecho cerrado disuadirá ataques durante el resto del mandato de Trump.

Una estrategia alternativa habría sido ceder ante EEUU en las negociaciones y abandonar el programa de armas nucleares. Pero la desconfianza es tan profunda que concibe su seguridad última como dependiente de la posesión de armas nucleares. Al menos el antiguo líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, pensaba así y pagó esa decisión con su vida.

EEUU no desea un conflicto a largo plazo, ya que el tema principal de las elecciones legislativas de noviembre es el alto coste de la vida. Si el estrecho permanece cerrado, los elevados precios del petróleo provocarán aumentos de precios en todos los ámbitos. Además, Trump ha demostrado ser alérgico a la debilidad de los mercados bursátiles.

En el escenario más probable, Trump anunciará que ha alcanzado sus objetivos y que ha llevado a cabo una de las campañas militares más exitosas de la historia, y pondrá fin a los bombardeos. Irán continuará luchando para demostrar que es Teherán, y no Washington, quien decide cuándo termina. Pero Teherán también pondrá fin a las hostilidades y se reanudará el suministro de petróleo.

Existen varios escenarios de riesgo. Irán podría causar daños a Occidente a través de sus redes globales o mediante ciberataques. También es posible que Trump o Teherán tarden mucho más en poner fin a las hostilidades, especialmente si los mercados permanecen relativamente tranquilos. 

UBP: 

En la Perspectiva Semanal de UBP: Los mercados se preparan para las consecuencias económicas de un conflicto en expansiónMichael Lok, CIO del grupo, y Nicolas Laroche, director global de asesoramiento y asignación de activos. avisan que la idea de "un conflicto prolongado en Oriente Medio está inquietando a los mercados financieros, mientras los inversores evalúan las posibles consecuencias macroeconómicas. Las preocupaciones sobre la presión inflacionaria llevaron a la baja a la renta variable global, mientras que la elevada volatilidad y un aumento de la prima de riesgo en activos sensibles a las tasas dentro de la renta fija sugieren adoptar un enfoque más conservador".

Además, el oro cayó a poco más de 5.000$ por onza y el dólar se fortaleció, especialmente frente a las monedas de países importadores de energía, como el euro y el yen. 

Otras claves del informe son que la narrativa de ‘precios del petróleo más altos por más tiempo’ probablemente presionará las ganancias en el sector global de consumo discrecional. Se ha reducido la duración en todas las divisas, mientras que se ha recortado la exposición a bonos en moneda local de mercados emergentes. A corto plazo, los rangos de negociación de divisas probablemente estarán determinados por los términos de intercambio, lo que apunta a una posible debilidad del euro y el yen. Los precios más altos de las materias primas y los márgenes de la refinación deberían conducir a revisiones al alza de las ganancias en el sector.

UBS: la volatilidad persistirá a corto plazo

El UBS CIO Daily espera que la volatilidad persista a corto plazo. Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Para los inversores, seguimos creyendo que garantizar la diversificación de las carteras entre clases de activos, sectores y regiones es clave. Los inversores también pueden considerar coberturas como estrategias de preservación de capital y exposición al oro y a materias primas en general. Ahora esperamos que el crudo Brent cotice en el nivel de 90$ por barril a finales de junio”.

“Nuestro escenario base sigue siendo que este conflicto debería resultar relativamente breve, lo que debería hacer que los precios de la energía retrocedan en las próximas semanas a medida que los combustibles vuelvan a fluir a través del estrecho de Ormuz. Si éste es el caso, esperamos que el Banco de Inglaterra reanude los recortes de los tipos de interés tan pronto como en abril. De lo contrario, es probable que la vigilancia siga siendo la tónica del momento. Pero la vigilancia no significa necesariamente que vaya a apresurarse a subir los tipos de interés”, aporta Dean Turner, economista jefe para la Eurozona y el Reino Unido.

“Los datos de actividad económica de enero y febrero, mejores de lo esperado y con una mejora generalizada, indican un inicio resiliente para la economía china”, resalta Yifan Hu, director de inversiones para la Gran China.

Columbia Threadneedle: notable falta de visibilidad sobre la evolución

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, opina: "Seguimos en un entorno marcado por una elevada incertidumbre. No obstante, y pese a este contexto, los mercados bursátiles han registrado caídas relativamente moderadas. El S&P 500, por ejemplo, acumula un descenso cercano al 5%, una dinámica similar a la observada en el resto de índices globales".

Sobre los acontecimientos en Oriente Medio y, en particular, en el estrecho de Ormuz, persiste una notable falta de visibilidad sobre la evolución de la situación. El presidente Trump ha planteado la posibilidad de establecer convoyes de escolta para reactivar las exportaciones de petróleo, pero incluso en caso de alcanzarse un acuerdo internacional, su implementación requerirá tiempo. En el corto plazo, esto se traduce en claros riesgos al alza tanto para la inflación como para el crecimiento económico, en un contexto en el que los precios del petróleo se mantienen por encima de los 100$ por barril. Este contexto estará muy presente en las decisiones de los bancos centrales en sus reuniones de esta semana. 

La situación evoluciona con rapidez y el contexto podría volver a cambiar. Si, por ejemplo, el precio del petróleo inicia una tendencia a la baja y se alcanza algún tipo de resolución del conflicto, las perspectivas mejorarían. Por ahora, con el cierre efectivo del estrecho de Ormuz, Irán mantiene la ventaja en el plano económico, mientras que EEUU conserva la superioridad militar.

Por el momento, el tránsito marítimo a través del estrecho es muy limitado, lo que sigue ejerciendo presión alcista sobre los precios del petróleo. El bloqueo también tendrá un impacto en las cadenas de suministro globales, por lo que la reapertura del estrecho al tráfico marítimo continúa siendo un factor crítico para la economía mundial. Cuanto más tiempo se mantenga el petróleo por encima de los 100$ por barril, mayores serán los vientos en contra para la actividad económica. 

Ebury: impacto en las divisas latinoamericanas

Las divisas se continuaron resintiendo frente al dólar a medida que el conflicto se recrudece y prolonga. Desde el comienzo, el real brasileño y el peso colombiano han sido las divisas que mejor se han comportado ya que sus países son exportadores netos de petróleo y tienen una dependencia energética relativamente menor. Esta semana, la atención estará puesta en la reunión de política monetaria del Banco Central de Brasil que podría iniciar su ciclo de recortes recortando el Selic 25 pb, como descuenta el mercado. No obstante, dada la elevada incertidumbre económica actual, probablemente se mantenga cauteloso en sus comunicaciones.

  • Real brasileño (BRL): es una de las divisas de Latinoamérica que mejor está resistiendo la sacudida que han sufrido los mercados emergentes en las últimas semanas. Como exportador neto de petróleo, Brasil debería ser capaz de absorber mejor un posible repunte inflacionario derivado del conflicto. Aún así, el mercado está revisando al alza sus pronósticos para la inflación y descontando un ciclo de recortes menos profundo(125 pb de recortes frente a los 300 previos al estallido del conflicto). Tras la caída de la inflación en enero al 3,8%, el mercado de futuros sigue esperando que el Banco Central de Brasil recorte tipos esta semana 25 pb, si bien las comunicaciones probablemente sean considerablemente hawkish para calmar a los mercados.
  • Peso chileno (CLP): es la divisa latinoamericana que más se ha depreciado frente al dólar en el último mes, únicamente por detrás del bolívar venezolano. El impacto desmedido que ha sufrido el peso a raíz del conflicto lo atribuimos a la elevada exposición que tiene Chile a las importaciones energéticas, que en términos de porcentaje del PIB nacional es superior al del resto de países. De ahí que hayamos observado un ajuste al alza de las expectativas para los tipos de interés tan considerable. Los mercados han pasado de descontar un último recorte de tipos a anticipar una subida antes de que acabe el año. Mientras persista el conflicto y la aversión al riesgo actual, el peso chileno continuará resintiéndose. Esta semana, el dato de crecimiento del PIB chileno del cuarto trimestre podría verse eclipsado por los acontecimientos en Medio Oriente.
  • Peso colombiano (COP): Como exportador neto de petróleo, el peso colombiano está siendo una de las divisas más resilientes a las caídas en los mercados emergentes. Con independencia del conflicto, la economía colombiana ya se enfrentaba a unas presiones inflacionarias elevadas derivadas de las subidas agresivas al salario mínimo. Ante el desanclaje de las expectativas inflacionarias, BanRep subió los tipos 100 pb en la reunión de enero y cabe esperar una política monetaria aún más restrictiva en lo que queda de año. En el ámbito político, la candidata Paloma Valencia está subiendo como la espuma en las encuestas, posicionándose como una alternativa seria a De la Espriella para liderar la derecha. Según algunos mercados de apuestas como Polymarket, la probabilidad de que el próximo presidente de Colombia sea Cepeda es del 40%, mientras que Valencia cuenta con un 38% y De la Espriella con un 20%. Independientemente de quien gane las elecciones demayo y junio, la siguiente administración deberá encarrilar un déficit fiscal desbocado si quiere evitar una potencial crisis de confianza inversora.
  • Peso mexicano (MXN): cerró otra semana al alza la semana pasada, rozando la cota de 18 frente al dólar. El repunte de la inflación en febrero parece que justifica una pausa hawkish de Banxico en su próxima reunión. En línea con el resto de bancos centrales de Latinoamérica, el mercado ha ajustado sus expectativas de tipos al alza, descontando al menos 3 subidas de 25 pb en los próximos doce meses. A pesar de ser un exportador neto de crudo, México está más expuesto a las importaciones de gasolina que Brasil y Colombia, dada su falta de capacidad refinadora que se ha intentado corregir en los últimos tiempos.
  • Sol peruano (PEN): recuperó algo de terreno perdido la semana pasada, aproximándose de nuevo a la cota de 3,42. Se especula que el BCRP podría haber intervenido para frenar una apreciación aún más agresiva del dólar. En su reunión de política monetaria, el banco mantuvo las tasas en el 4,25% y señaló que la inflación podría repuntar, ubicándose temporalmente en el tramo superior del rango objetivo del 2% ±1% en los próximos meses. Tanto la ruptura de uno de los principales gasoductos del país, que desde la semana pasada ya está arreglada y operativa, como el conflicto de Irán y las condiciones climatológicas adversas contribuirán a este repunte transitorio en los precios. De momento, es probable que el BCRP se mantenga en modo “esperar y ver” en las próximas reuniones.
13Mar

Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70 % de los estadounidenses están en contra de la guerra. Otros costes que asume EEUU son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre.

Miguel Ángel Valero

El conflicto en Oriente Medio continúa camino de su tercera semana y los ataques a buques civiles en el golfo Pérsico han eliminado el optimismo de los últimos días, presionando nuevamente los precios de la energía. No obstante, el objetivo del Gobierno estadounidense es amortiguar en la medida de lo posible el impacto energético. Con este fin, se han retirado temporalmente las restricciones a la compra de petróleo ruso, lo que permite desbloquear la llegada de petroleros –con crudo y derivados sancionados– que permanecían en aguas internacionales, generando así una nueva vía de suministro. 

Paralelamente, India mantiene conversaciones con Irán para autorizar el paso de una veintena de barcos cargados de crudo y gas por el Estrecho de Ormuz. Los ministros de Exteriores de ambos países siguen en contacto mientras el primer ministro Narendra Modi expresó que el tránsito sin obstáculos de bienes y energía es de “principal prioridad”. India, tercer mayor importador mundial de petróleo, depende del exterior para alrededor del 88% de su consumo de crudo, lo que la hace especialmente vulnerable a disrupciones energéticas. Además, India es destino del 13% de las exportaciones de crudo que pasan por el estrecho y del 17% de GNL. De hecho, se asegura que algunos navíos con pabellón indio han entrado al golfo Pérsico sin ser atacados.

Para aliviar la presión derivada del cierre de Ormuz, EEUU concedió a Nueva Delhi una exención temporal de 30 días (hasta el 11 de abril) que le permite adquirir petróleo ruso, una medida destinada a estabilizar los mercados. Esta decisión representa un giro tras meses de presión estadounidense para que India redujera sus compras de crudo ruso. Aun así, la Administración Trump insiste en que se trata de un arreglo puntual y espera que India incremente sus compras de petróleo estadounidense una vez superada la emergencia actual. 

Estas decisiones, sumadas a la liberación de reservas estratégicas, ofrecen cierto margen de maniobra a la Administración Trump. Sin embargo, los mercados vuelven a tensionarse, con nuevos descensos en el S&P 500 y en el resto de las Bolsas globales. Igualmente, los bonos de mayor duración retroceden ante el repunte de las expectativas de inflación y el aumento en las expectativas de tipos oficiales. Por tanto, a la presión mediática, electoral y política, ahora se suma también la del mundo financiero. 

Esta situación difícilmente podrá prolongarse en el tiempo, por lo que Trump buscará una salida en el corto plazo. Además, tampoco es necesario que el conflicto finalice: bastaría con que el estrecho mostrase una cierta apertura sostenida para que los precios de la energía se moderasen, como cuando por error el secretario de Energía, Chris Wright, publicó en redes sociales que un barco había logrado atravesar el estrecho, lo que provocó una caída del precio del petróleo intradía del 10%. 

Por otro lado, estas tensiones en los mercados de petróleo y gas aún no se han trasladado a los precios de la electricidad, a diferencia de lo ocurrido tras el conflicto generado por la invasión rusa de Ucrania. En Alemania, por ejemplo, el precio de la electricidad ayer alcanzó el tercer precio más bajo del año. Por tanto, hasta el momento, el impacto económico de las recientes presiones en los mercados energéticos sigue siendo limitado y cuenta con una solución inmediata: la reapertura del estrecho de Ormuz. Solo con que este punto crítico quede aislado del conflicto, el resto pasará a un segundo plano para la economía y los mercados. 

Aunque no es posible precisar cuándo ocurrirá, un hito temporal relevante será la reunión entre Trump y Xi Jinping a finales de mes. Las principales potencias mundiales tienen incentivos claros para presionar a Irán y este horizonte coincide con las previsiones de duración del conflicto que había adelantado inicialmente Trump (entre 4 y 5 semanas). 

Ibercaja Gestión: coste electoral muy elevado para Trump

"Las guerras siempre deben analizarse desde un punto de vista de coste y beneficio, incluso si es Trump el que las inicia", señala un análisis de Ibercaja Gestión. Los beneficios que busca obtener EEUU -e Israel- con la guerra son terminar con el desarrollo de armas nucleares y misiles de largo alcance de Irán. Para EEUU, que la inestable Irán sea una potencia nuclear supone una limitación en su dominio de Oriente Medio y, para Israel, una amenaza directa.

Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70 % de los estadounidenses están en contra de la guerra y el propio presidente prometió en campaña no adentrarse en ninguna. El coste electoral es un desincentivo claro, más teniendo en cuenta que en noviembre hay elecciones de medio mandato. Otros costes que asume EEUU son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre. Durante todo el mandato, Trump ha estado muy pendiente a los mercados y gran parte de sus decisiones geopolíticas -aranceles, Venezuela, Groenlandia y, ahora, Irán- se han llevado a cabo durante el fin de semana, con los mercados cerrados.

Lo trascendental para EEUU es asegurarse de que Irán no continúa con el desarrollo de armas nucleares. De conseguir eso, probablemente veamos una desescalada rápida. Irán no está en una posición de poder y con su líder supremo fuera de combate podría ceder. Por lo tanto, "prevemos un conflicto corto, que presumiblemente no se extenderá más allá de dos meses. A su vez, descartamos cualquier escenario de intervención terrestre por parte de EEUU y no creemos que la afectación a los mercados y cadenas de suministro sea excesiva".

"En los momentos de crisis es cuando se nota si hemos hecho bien los deberes. Primero, veremos si nuestras carteras están bien diversificadas y en el lugar correcto de riesgo en el que queríamos que estuvieran. Y segundo, tendremos que aplicar todos los conocimientos financieros que hemos ido adquiriendo con el tiempo, eso de que 'los momentos de volatilidad son momentos de oportunidad' y que 'la inversión hay que hacerla con un horizonte de largo'. Nuestra recomendación: seguir invertidos, seguir diversificando y dejarse asesorar por los especialistas", concluyen en Ibercaja Gestión.

GTA Villamagna: desajustes entre los costes de ejecución de un proyecto y el precio pactado

La evolución del conflicto en Irán y su posible extensión a otros países del Golfo Pérsico vuelve a situar en primer plano de la actualidad la estabilidad de los mercados energéticos y de materias primas. En un contexto global marcado por la interdependencia económica, cualquier tensión prolongada en la región puede trasladarse con rapidez a los costes de producción y transporte, con efectos directos en sectores especialmente sensibles como la construcción. En economías como la europea, con una elevada dependencia energética exterior, “este tipo de tensiones puede amplificar las presiones inflacionistas y repercutir en múltiples cadenas de valor”, subrayan los expertos de GTA Villamagna.

La industria de la construcción se encuentra entre las más expuestas a este tipo de escenarios, ya que la ejecución de proyectos depende directamente del coste de la energía, del transporte y de materiales intensivos en consumo energético. Mercedes Bértolo, socia de GTA Villamagna, señala que “cuando se producen disrupciones en los mercados energéticos o en las cadenas de suministro, el impactoacaba trasladándose con rapidez al precio de los materiales utilizados en obra. Lo vimos tras la pandemia del COVID-19 y el estallido de la guerra de Ucrania”. Los primeros en reflejar la volatilidad suelen ser los combustibles y productos derivados del petróleo, cuyo encarecimiento termina trasladándose a materiales clave como el acero, el aluminio o el cemento. A ello se suman los costes logísticos necesarios para su transporte, lo que termina impactando en los presupuestos de los proyectos.

“Si el conflicto se prolonga, el principal impacto a corto plazo será un aumento de los precios de la energía y, en cadena, de los costes del transporte y de determinadas materias primas”, lo que introduce “un importante factor de incertidumbre en la planificación económica de los proyectos”.

La consecuencia inmediata puede ser un desajuste entre los costes reales de ejecución de una obra y los precios pactados en el contrato. Cuando los incrementos son significativos e imprevistos, el equilibrio económico del contrato puede verse alterado, especialmente en proyectos de larga duración. Para los contratistas, el principal riesgo es la reducción o desaparición de sus márgenes si los sobrecostes no pueden trasladarse al contrato, mientras que, para los promotores, el impacto suele traducirse en retrasos en la ejecución, solicitudes de revisión de precioso renegociaciones que elevan el coste final del proyecto.

“Cuando se producen incrementos sustanciales en el coste de la energía, el transporte o determinadas materias primas, el equilibrio económico del contrato se altera”, explica Bértolo. “Esto obliga a analizar los mecanismos previstos en el contrato o, en su defecto, a abrir procesos de renegociación para evitar que el proyecto se vuelva económicamente inviable”.

Desde el punto de vista jurídico, el sector cuenta con distintos instrumentos contractuales para afrontar estas situaciones. Entre ellos, en contratos de obra a precio cerrado, destacan las cláusulas de revisión de precios o los sistemas de indexación vinculados a índices de energía o materiales, que permiten ajustar el precio cuando se producen variaciones significativas de los costes. Cuando el contrato no prevé estos mecanismos, es frecuente que las partes negocien adendas para revisar el precio del contrato. 

En cambio, la invocación de la doctrina de la cláusula 'rebus sic stantibus' suele tener un alcance limitado, ya que los tribunales consideran que las oscilaciones del mercado forman parte del riesgo empresarial. “En la práctica, la respuesta suele encontrarse antes en el propio contrato y en la negociación entre las partes que en la invocación judicial de esta doctrina”, señala la socia de GTA Villamagna.

Ante este escenario, las empresas refuerzan el análisis de riesgos en la formalización de contratos y prestan más atención al sistema de determinación del precio y, dentro del sistema de precio cerrado, a cláusulas que regulen incrementos extraordinarios de costes. La tendencia apunta a mecanismos de revisión de precios más precisos, vinculados a índices que reflejen adecuadamente la evolución de los insumos, y a procedimientos que faciliten la renegociación o la resolución temprana de controversias.

“En proyectos de larga duración a precio cerrado, las cláusulas de revisión de precios o indexación cumplen una función clave para preservar el equilibrio económico del contrato, ya que permiten ajustar el precio pactado cuando cambian sustancialmente determinados costes, reduciendo la exposición de las partes a la volatilidad de los mercados”, concluye Mercedes Bértolo.

Oliver Wyman: El fin de las tensiones no significará un retorno inmediato a la normalidad.

Las tensiones en Oriente Medio están generando un impacto en las cadenas de suministro globales que va mucho más allá del petróleo, avisa un informe de Oliver Wyman: la interrupción del Estrecho de Ormuz, por el que transita el 20% del petróleo y gas mundial, está provocando alzas de precios que oscilan entre el 25% en crudo hasta el 58% en combustible de aviación, con efectos que se extienden a fertilizantes, polímeros, metales y gases industriales críticos para sectores que van desde la alimentación hasta los semiconductores.

El informe identifica tres canales principales: energía, materias primas industriales críticas y transporte Asia-Europa. Los efectos ya son visibles en forma de mayores costes de componentes, plazos de entrega más largos, presión sobre el capital de trabajo, erosión de márgenes y riesgo real de escaseces de suministro. 

El primer impacto visible ha sido el choque energético. Entre el 27 de febrero y el 11 de marzo, el Brent subió un 25%, pasando de 73 a 91$ por barril tras alcanzar picos temporales por encima de los 100$. Los contratos futuros del gas europeo aumentaron un 56%, de 32 a 50€ por megavatio-hora, con picos superiores a 60 EUR/MWh. El mayor impacto se registró en el combustible de aviación, que se disparó un 58%, alcanzando los 157$por barril en promedio semanal, frente a los 99$ de finales de febrero.

Este aumento se está convirtiendo en un motor de inflación generalizada, con efectos sobre toda la estructura de costes industriales y de transporte, tal como ocurrió durante el shock energético de 2021-22. El impacto va más allá de la energía y alcanza materias primas que están al inicio de cadenas de suministro globales. La región del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) es exportador principal de insumos que han registrado alzas significativas. En el sector agrícola, el precio de la urea, producto crítico para los sistemas alimentarios globales, subió más del 26% tras el cierre de la mayor planta de Qatar, pasando de 466 a 585$ por tonelada. Los fertilizantes de fosfato, con Arabia Saudí controlando el 20% del comercio global, aumentaron un 4%. Estas subidas amenazan directamente los rendimientos de cultivos y los precios finales de los alimentos.

En manufactura, los polímeros críticos para empaquetados, automoción y construcción registraron subidas del 15% en polietileno y del 16% en polipropileno. El aluminio primario subió un 9%, pasando de 3.147 a 3.440$ por tonelada, con especial relevancia para Europa, que depende de la región para el 20% de sus importaciones.

El caso más crítico es el del helio, gas industrial utilizado en sistemas de resonancia magnética, semiconductores, fibra óptica y aplicaciones científicas. Tras el cierre del complejo Ras Laffan en Qatar, que suministra el 30% de la oferta mundial, los precios subieron un 35%.

El impacto sobre el transporte Asia-Europa añade presión adicional. Las principales navieras han suspendido cruces por el Estrecho de Ormuz y están desviando tráfico, lo que añade entre 8 y 15 días a los tiempos de tránsito. CMA CGM introdujo recargos de emergencia de hasta 4.000$ por contenedor refrigerado y sobrecargos de combustible que equivalen a incrementos del 11% al 14% sobre tarifas base. El mercado de seguros marítimos refleja la escalada de riesgo: las tarifas pasaron del 0,25% al 1,25% del valor del casco en menos de una semana. Tras la cancelación de coberturas de riesgo de guerra, la mayoría de las navieras dejaron de aceptar nuevas reservas desde y hacia Oriente Medio.

En transporte aéreo, el aeropuerto de Dubái cerró y solo había reanudado parcialmente operaciones el 7 de marzo. Las restricciones de capacidad, retrasos y cancelaciones continúan en corredores aéreos de Lejano Oriente-Europa y Asia-Oriente Medio.

El fin de las tensiones no significará un retorno inmediato a la normalidad. Las crisis pasadas demuestran que la disrupción comercial suele tardar entre días y semanas en deshacerse. La normalización dependerá del tiempo necesario para restaurar la cobertura de riesgo, reposicionar buques y despejar retrasos acumulados. Los mercados energéticos pueden estabilizarse más rápido que algunas cadenas de suministro físicas, pero los efectos en cadena sobre fertilizantes, químicos, polímeros, metales y helio podrían continuar durante semanas a través de inventarios, contratos y planes de producción. Para las empresas, esto significa un período prolongado de costes elevados y volatilidad en tiempos de entrega, con impacto directo sobre márgenes y flujo de caja.

El informe apunta que la prioridad para los equipos de liderazgo no es predecir la trayectoria geopolítica sino cuantificar rápidamente la exposición real. Las compañías deben identificar dónde dependen de una única fuente, tienen inventarios escasos o están expuestas contractualmente, y actuar antes de que la disrupción llegue a los resultados trimestrales.

Robeco

Richard Briggs (Portfolio Manager) y Meena Santosh (Client Portfolio Manager)de Robeco, colocan el foco en los mercados emergentes. El fuerte aumento de los precios del petróleo tras la escalada del conflicto en Oriente Medio ha seguido pesando sobre los mercados locales, aunque los de divisas han mostrado mayor resiliencia que en periodos anteriores de volatilidad. La liberación de aproximadamente 400 millones de barriles de reservas estratégicas por parte de la Agencia Internacional de la Energía ayudó a aliviar parte de la presión inmediata, pero los precios de la energía siguen siendo elevados. Los mayores costes energéticos han sido especialmente desafiantes para los países importadores de petróleo, provocando una venta inicial de deuda local de mercados emergentes, aunque aproximadamente la mitad de ese movimiento se ha revertido desde entonces a medida que los mercados se estabilizaron.

Las regiones más afectadas han sido las economías importadoras de energía, particularmente en Europa Central y Oriental (CEE). Para estos países, el mayor desafío es el gas más que el petróleo, ya que es significativamente más difícil de sustituir si el shock persiste. El gas es más difícil de sustituir, y las restricciones de suministro —especialmente en torno a las entregas de GNL de Qatar— significan que Asia podría enfrentarse a escasez si el estrecho permanece efectivamente bloqueado, y CEE por extensión a través de la búsqueda de exportaciones de gas spot. América Latina parece algo más aislada dado el mayor equilibrio energético de la región. "De cara al futuro, estamos monitorizando de cerca la fuerte caída del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz y los riesgos inflacionarios más amplios asociados con precios del petróleo persistentemente más altos", señalan.

Desde la perspectiva de la cartera, "inicialmente adoptamos una posición larga en dólares a medida que el conflicto se intensificaba y aumentaba la aversión global al riesgo. A medida que las condiciones comenzaron a estabilizarse, revertimos ese posicionamiento y añadimos riesgo de forma selectiva, comprando en algunos de los mercados más afectados. Desde entonces hemos vuelto a una exposición larga en deuda local de Egipto tras una fuerte venta en el spot FX, aunque en menor tamaño. También añadimos tipos de interés turcos, donde la mayor volatilidad ha creado puntos de entrada más atractivos. Hemos comenzado a volver a añadir tipos en CEE donde la venta ha sido severa", explican.

"En FX, seguimos siendo constructivos sobre las divisas de emergentes, centrándonos en nombres de mayor beta y exportadores de materias primas. Aunque estas divisas se depreciaron durante el shock inicial, deberían mantenerse relativamente resilientes dado su estatus como exportadores netos de energía, similar al patrón observado durante la crisis del gas de 2022. Por el contrario, seguimos siendo cautelosos con el FX asiático, particularmente el won coreano (KRW) y el baht tailandés (THB), dada su sensibilidad al crecimiento global y su exposición a precios del gas más altos. En general, nuestro posicionamiento táctico y selectivo ha respaldado la resiliencia de la cartera durante el periodo de volatilidad", añaden.

"Dentro de la deuda en divisa fuerte, redujimos nuestra exposición defensiva a Oriente Medio al cerrar nuestra protección a cinco años sobre Arabia Saudí (KSA), que estaba en vigor para cubrirnos frente a un posible ensanchamiento de los spreads de crédito saudíes, aunque seguimos infra ponderados en la región. A medida que el conflicto se intensificó y los precios del petróleo se dispararon, la cobertura funcionó bien, permitiéndonos tomar beneficios y reducir la posición. Posteriormente, cuando surgió una respuesta de política global más coordinada —incluyendo liberaciones estratégicas de petróleo y primeras señales de desescalada diplomática— volvimos a añadir riesgo a la cartera. Las principales exposiciones actuales en divisa fuerte incluyen Argentina, Colombia, Ecuador, Egipto, Ghana, México (Pemex) y Rumanía. Estas posiciones están respaldadas por dinámicas favorables de materias primas en América Latina y por una resiliencia fundamental selectiva en varios mercados", remarcan

UBS: Europa está mejor preparada para un shock energético

El UBS CIO Daily aporta varias razones por las que la actual crisis energética debería ser menos perjudicial para Europa que la experiencia vivida con Rusia y Ucrania en 2022. Europa depende menos de Oriente Medio de lo que dependía de Rusia. El impacto inflacionario en 2026 debería ser más moderado que en 2022. Los consumidores, las empresas y los gobiernos europeos se han adaptado.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Si bien la situación es obviamente preocupante, consideramos que los riesgos actuales procedentes de Irán son manejables para las perspectivas de crecimiento económico de Europa y para los mercados de renta variable, y recomendamos mantener las inversiones durante este período. Aun así, creemos que se justifica un cambio importante en un sector: hemos rebajado nuestra calificación para los bancos europeos a Neutral (desde Atractivo), y también hemos cerrado nuestra temática de ‘bancos globales’, ante unas valoraciones menos atractivas y el aumento de la incertidumbre macroeconómica”.

“En cuanto al crédito europeo, creemos que cualquier nueva caída en los bonos soberanos del Reino Unido, Italia, España o Grecia podría ofrecer rentabilidades interesantes, especialmente si las preocupaciones por la inflación disminuyen como esperamos. Por el contrario, si los shocks en los precios de la energía persistieran, los bonos ligados a la inflación en Europa probablemente obtendrían un mejor rendimiento que los nominales”, añade.
Para más información, adjuntamos el último CIO Daily House View de UBS Global Wealth Management. 

“Para los inversores con afinidad por el oro, creemos que una asignación moderada, en el rango medio de un solo dígito del total de activos, puede mejorar la diversificación y servir de protección frente a riesgos macroeconómicos”, explican Wayne Gordon, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de FX y materias primas. “Aunque esperamos que la sólida demanda de inversión continúe respaldando a los metales preciosos, preferimos la exposición al oro, que presenta una menor volatilidad”, añaden Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, estrategas.

11Mar

La mayor amenaza para Donald Trump no es ni Motjaba Jameneí ni los ayatolás sino empecinarse en un conflicto que no es prioritario para EEUU en un momento en el que el ciclo económico ha comenzado a dar alguna primera señal de debilidad.

Miguel Ángel Valero

Tras los ataques de EEUU e Israel, Irán ha decidido ejercer la máxima presión posible sobre el estrecho de Ormuz, enclave por el que circula el 30% del comercio mundial de crudo y el 20% del gas natural licuado, con el fin de provocar un shock en la oferta global de energía que frene bruscamente el crecimiento económico. El régimen iraní, conocedor de aquel viejo proverbio persa que afirma que la paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces, digiere sus enormes pérdidas militares y daños en infraestructuras sabiendo que el impacto económico de un cierre prolongado del estrecho no dejaría indemne ni a la mayor potencia del mundo. 

Con semejante jaque sobre el mayor núcleo de producción de energía de la Tierra –algo que no se veía desde la crisis del petróleo de los años 70–, bien merece cuestionarse si EEUU tiene realmente capacidad para afrontar una victoria pírrica, así como si las razones por las que su Gobierno se ha embarcado en el conflicto son verdaderamente inquebrantables. ¿Qué pretende conseguir Donald Trump con el asedio de Irán? ¿Liberar al país de una teocracia islámica salvaje? ¿Fulminar su programa nuclear? ¿Debilitar a China cortándole los suministros energéticos? Por encima de todo es fundamental tener en cuenta que mientras el régimen de los ayatolás supone un problema existencial para Israel, no lo es para EEUU, y menos a 8 meses de las elecciones legislativas norteamericanas sabiendo que Trump gestiona con pragmatismo y que, cuando la presión aflora, no tiene inconveniente en modificar su postura siempre que pueda seducir a sus votantes con un relato suficientemente triunfalista.

Por el momento, la capacidad militar de respuesta iraní se está viendo fuertemente afectada. Sus lanzamientos de misiles y drones han caído un 90% en comparación con el primer día y han consumido un 40% de su arsenal. Hasta ahora, los ataques no parecen haber afectado de forma significativa a las instalaciones energéticas. No obstante, la velocidad de producción se ha reducido en un 25% debido en buena parte a la falta de capacidad para almacenar combustible tras una semana de ausencia de tránsito en el estrecho.

El bloqueo del estrecho de Ormuz no se debe a un despliegue efectivo de la marina iraní, sino a la negativa de las navieras a circular con seguridad y a la imposibilidad de asegurar los fletes a un coste razonable. En este sentido, la US Development Finance Corporation ya se prepara para ofrecer coberturas de reaseguro por valor de 20.000 millones$ a las aseguradoras. Una medida que, si va acompañada de apoyo militar para escoltar a los petroleros, sentaría las bases de la apertura de Ormuz. 

Aunque la fuerte inestabilidad ha disparado los precios del petróleo violentamente hasta los 119,5 $/barril y del gas un +118%, la parte media y larga de la curva anticipan una reversión del conflicto bastante rápida. En el caso de los futuros del Brent a 6 meses, que son los que fundamentalmente se utilizan en el sector petroquímico, refino o aerolíneas, la subida es bastante más moderada y apenas alcanza los 77$ –un 5,5% más que el promedio de los últimos dos años–. 

Sin embargo, por más que todos estos factores atenuantes de la situación se puedan terminar tornando en contra de Estados Unidos, la mayor amenaza para Donald Trump no es ni Motjaba Jameneí ni los ayatolás sino empecinarse en un conflicto que no es prioritario para EEUU en un momento en el que el ciclo económico ha comenzado a dar alguna primera señal de debilidad. El mercado laboral poco a poco va perdiendo intensidad y se destruyeron 92.000 puestos de trabajo no agrícolas en febrero, la cifra más floja desde octubre con una tasa de paro que aumentó una décima hasta el 4,4%. 

Aunque sin duda atravesamos por un periodo agitado, la historia nos ha demostrado que los tiempos de guerra suelen ser malos momentos para precipitar decisiones en los mercados financieros. Por encima del corto plazo es importante mantener la calma, elevar la visión de largo plazo y tener en cuenta que, en el pasado, los conflictos bélicos han generado buenas oportunidades de compra. Por más volatilidad que se genere en el corto plazo, la revalorización mediana de la Bolsa 12 meses después de los principales conflictos bélicos que han ocurrido en los últimos 50 años es del +7,8%, con un periodo de 27 días hasta alcanzar mínimos y una mediana de 67 días para recuperar el 100% de la caída.

"En días como estos bien merece recurrir al Sang-e Sabur o Piedra de la Paciencia, la roca mágica a la que los persas confiaban sus sufrimientos, secretos y dolores. Ya saben que, según la creencia, la piedra absorbe todas esas sensaciones hasta que termina liberando al individuo de toda su carga emocional. Dejando aparte la enorme tristeza que producen todas las guerras, la lectura para las Bolsas no debería ser tan mala como nos dicta el corazón, particularmente para la norteamericana", reflexiona Joan Bonet, Director de Estrategia de Mercados y Asesoramiento de Banca March.

Tras el bálsamo que supusieron las declaraciones de Trump, en las que aseguraba que el conflicto armado en Irán concluirá pronto, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ultima el anuncio de una liberación conjunta de reservas estratégicas, la más ambiciosa de la historia, superando los 182 millones de barriles puestos en el mercado tras el estallido de la guerra en Ucrania. 

La AIE se creó en 1974 tras el choque provocado por el embargo petrolero árabe y su función principal es coordinar la política energética de los países miembros. Entre sus obligaciones destaca mantener reservas mínimas equivalentes a 90 días de importaciones netas de crudo. En total, los miembros disponen de 1.200 millones de barriles en reservas, además de otros 600 millones de carácter obligatorio. En precedentes similares, la liberación de estos inventarios generó cierto alivio temporal en los precios, siendo el ejemplo más representativo el de 1991, cuando se actuó de manera coordinada con EEUU durante los primeros días de la operación Tormenta del Desierto.

En la coyuntura actual, el simple rumor de esta posible intervención mantiene relativamente estables a los precios de la energía, pese al cierre continuado del estrecho de Ormuz y a que varios productores siguen frenando su actividad por la ausencia de salidas marítimas.

En cuanto a la evolución del conflicto, los ataques iraníes aumentaron ligeramente, aunque se mantienen un 87% por debajo de los niveles registrados al inicio de la guerra. Paralelamente, las ofensivas de EEUU e Israel continúan centradas en mermar la capacidad de lanzamiento y fabricación de misiles y drones.

Aunque las palabras de Trump trajeron algo de calma, siguen siendo insuficientes para dar por finalizados los episodios de volatilidad.

En ese sentido, preocupa que retrocede la confianza de las pymes estadounidenses. El índice realizado por el NFIB mostró un retroceso mayor de lo esperado y en febrero la confianza cayó hasta niveles de 98,8 desde el 99,3 previo y por debajo del 99,6 esperado. Con este descenso, el optimismo entre las pymes bajó hasta su menor nivel desde octubre, con apenas un 12% de las encuestadas señalando que pretende ampliar la plantilla en los próximos meses, el menor nivel desde mayo del año pasado y un indicador que apunta a que la contratación se mantendrá contenida.

Con el conflicto en Irán y su posible impacto sobre la inflación, los mercados han pasado de descontar dos recortes de tipos para este año a asignar una probabilidad del 60% a una subida en junio. En este contexto, y con la próxima reunión el próximo 19 de marzo, varios miembros del Banco Central Europeo se han pronunciado:

  • Christine Lagarde, presidenta del BCE, destacó que la Eurozona se encuentra en una posición más sólida y con mayor capacidad para absorber shocks. Reiteró que harán todo lo necesario para mantener la inflación bajo control y que, por ahora, no existe urgencia por modificar los costes de financiación.
  • François Villeroy, gobernador del Banco de Francia, consideró que todavía no es el momento de subir los tipos.
  • Madis Müller, gobernador de Estonia, admitió que han aumentado las probabilidades de un movimiento al alza en los tipos oficiales. No obstante, pidió calma hasta comprobar si el repunte de los precios de la energía es transitorio o persistente.
  • Su homólogo eslovaco, Peter Kažimír, adoptó una postura algo más contundente, sugiriendo que podría producirse una subida en abril o junio.

Retrocede la confianza de las pymes estadounidenses. El índice realizado por el NFIB mostró un retroceso mayor de lo esperado y en febrero la confianza cayó hasta niveles de 98,8 desde el 99,3 previo y por debajo del 99,6 esperado. Con este descenso, el optimismo entre las pymes bajó hasta su menor nivel desde octubre, con apenas un 12% de las encuestadas señalando que pretende ampliar la plantilla en los próximos meses, el menor nivel desde mayo del año pasado y un indicador que apunta a que la contratación se mantendrá contenida.

DWS: la diversificación es una prioridad absoluta

“A pesar de todos los riesgos, la mayoría de las clases de activos deberían seguir mostrando fortaleza este año, siempre y cuando el ciclo económico se mantenga intacto”, asegura Vincenzo Vedda, CIO de DWS. La amplia gama de riesgos hace que la diversificación sea una prioridad absoluta. "En la actualidad, existen muchos riesgos en el panorama mundial y, sin embargo, seguimos siendo optimistas y esperamos obtener rendimientos sólidos en la gran mayoría de las clases de activos en los próximos doce meses. Suponemos que los ataques contra Irán no se intensificarán hasta convertirse en un conflicto más amplio que podría elevar los precios del petróleo a niveles de 90$ por barril o más a largo plazo", señala el análisis de la gestora.

"También tenemos una visión constructiva del auge de la inteligencia artificial, aunque su capacidad para sorprender, tanto positiva como negativamente, quedó demostrada una vez más a principios de año, cuando las preocupaciones sobre el potencial de esta nueva tecnología se convirtieron en el motor de las mayores rotaciones sectoriales en renta variable desde la Gran Crisis Financiera de 2007/08. De hecho, debido a la incertidumbre que rodea a la IA, preferimos los mercados bursátiles europeos y japoneses, menos tecnológicos, al mercado estadounidense. Su descuento de valoración con respecto a EEUU debería reducirse con respecto a los niveles actuales, sobre todo teniendo en cuenta que esperamos que más inversores institucionales busquen una mayor diversificación geográfica", añade.

"No esperamos un repunte global clásico en 2026 y 2027, pero creemos que el crecimiento económico debería proporcionar una base suficientemente sólida para los mercados de capitales. También estamos tranquilos con respecto a la inflación. En Europa, la tasa de inflación debería caer hasta una media anual del 2 % en 2026; esperamos que EEUU alcance ese nivel solo en 2027. Por lo tanto, los tipos de interés oficiales son actualmente más altos en EEUU que en Europa, y esperamos que la Fed realice dos recortes más de tipos antes de marzo de 2027, mientras que es probable que el BCE mantenga los suyos sin cambios. El Banco de Japón sigue un rumbo muy diferente: sus intentos de 'normalización' de la política monetaria pueden implicar dos subidas más de tipos", argumenta.

Este entorno “ni demasiado caliente ni demasiado frío” para el crecimiento, la inflación y los tipos de interés oficiales, conocido como el escenario Goldilocks, es uno en el que las acciones y los bonos pueden obtener buenos resultados, ya que parece improbable que se produzcan pérdidas de precio debido a las subidas de los tipos de interés. "En la mayoría de las categorías de bonos esperamos un movimiento lateral. Los bonos corporativos siguen siendo atractivos, a pesar de los diferenciales de crédito muy bajos, gracias al entorno macroeconómico favorable y a la elevada demanda, aunque preferimos un enfoque selectivo en el segmento de alto rendimiento, donde vemos mayores riesgos idiosincrásicos", apunta.

"Mientras tanto, los mercados de renta variable parecen estar beneficiándose no solo del crecimiento económico y los tipos de interés moderados —el riesgo de que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años se mantengan por encima del 4,5% es muy bajo y, en cambio, esperamos una tasa de alrededor del 4% en un horizonte de 12 meses—, sino, sobre todo, de los beneficios. Esperamos un vigoroso crecimiento de los beneficios: entre el 6% y el 12 % en los mercados desarrollados y hasta el 20 % en los mercados emergentes. La fortaleza de los mercados de renta variable se ha ampliado recientemente y ya no depende predominantemente del sector tecnológico. Mientras el ciclo económico se mantenga intacto, creemos que el impulso positivo de los mercados de renta variable debería continuar. No obstante, sigue siendo muy probable que se produzcan retrocesos provocados por el nerviosismo en torno a la inteligencia artificial o por las consecuencias de los conflictos militares", insisten en la gestora del Deutsche Bank.

Si bien la geopolítica podría afectar a los mercados bursátiles, debería impulsar el oro y el petróleo. Sin embargo, en el caso del petróleo, "seguimos anticipando un exceso de oferta estructural, en el que el aumento de la demanda solo tendrá un impacto gradual a lo largo del año. No obstante, mantener abierto el estrecho de Ormuz, por el que circula una quinta parte de la demanda diaria de petróleo, es la hipótesis en la que se basa nuestra previsión del precio del petróleo de 66$ por barril en marzo de 2027. No obstante, existe el peligro de que Irán bloquee el estrecho durante un periodo más largo, o de que los buques lo eviten voluntariamente debido a los riesgos para la tripulación y la carga", matizan los expertos de DWS.

Al mismo tiempo,  el dólar ha perdido parcialmente su estatus de refugio seguro y es probable que se debilite con el tiempo.

Los expertos de DWS avisan de tres riesgos principales: 

  • la IA, 
  • la sostenibilidad de la deuda soberana, que podría convertirse en un problema en cualquier momento, pero es imposible predecir cuándo. 
  • la geopolítica, la regla es que la política solo suele tener un impacto duradero en los mercados cuando sus consecuencias se reflejan en los resultados de las empresas. 

"Nuestro escenario principal sigue siendo positivo para los próximos doce meses, ya que el aumento de los beneficios empresariales y la política monetaria acomodaticia deberían ayudar a los mercados", concluyen en DWS.

Lombard Odier: aumento limitado del petróleo, inflación y paro

El CIO Office Flash sobre el impacto económico del conflicto en Oriente Medio por regiones, elaborado por Samy Chaar, Chief Economist y CIO Switzerland de Lombard Odier, subraya que "nuestro escenario central, que prevé un aumento limitado del precio del petróleo, debería mantener mantener contenido el impacto en las principales economías. Este escenario base provocaría un aumento prácticamente insignificante de la inflación general y del desempleo en EEUU con una ligera desaceleración del crecimiento. La inflación en Europa y Asia también aumentaría solo de forma marginal".

En un escenario de riesgo, el crecimiento en EEUU y Europa sería menor, los tipos de interés en EEUU se mantendrían sin cambios y la inflación en Europa superaría el objetivo. El impacto en la economía suiza sería más limitado. Muchas economías asiáticas industrializadas y varios mercados emergentes serían vulnerables en un escenario de riesgo; China podría resistir mejor, aunque su crecimiento también se vería afectado.

10Mar

La creciente autosuficiencia energética de EEUU gracias a la revolución del petróleo de esquisto redujo drásticamente su dependencia del crudo del Golfo y neutralizó la capacidad de Irán de usar el petróleo como arma.

Miguel Ángel Valero

¿Por qué ha tardado 46 años EEUU en atacar Irán? Keenan Yoho, Senior Advisor de Banor, cree que han desaparecido las limitaciones que han frenado la entrada en conflicto de EEUU contra Irán, desde que la revolución islámica triunfó con la toma de rehenes de la embajada USA, que duró 444 días, por la conjunción de tres hechos:

  • El final de la guerra fría.
  • La creciente autosuficiencia energética de EEUU gracias a la revolución del petróleo de esquisto, que redujo drásticamente su dependencia del crudo del Golfo y neutralizó la capacidad de Irán de usar el petróleo como arma.
  • Los grandes avances militares de Estados Unidos en armamento, tecnología, estructura, planificación, y sobre todo eficacia.

El 28 de febrero de 2026, bombardeos estadounidenses e israelíes mataron al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí. Con él desapareció la última figura de la generación islámica revolucionaria que llegó al poder en 1979. 

"La pregunta no es tanto por qué ocurrió esto, sino por qué tardó tanto en suceder", subraya este experto. La respuesta comienza en 1979. En noviembre de ese año, estudiantes iraníes asaltaron la embajada de EEUU en Teherán y mantuvieron como rehenes a cincuenta y dos diplomáticos durante 444 días. El presidente estadounidense Jimmy Carter intentó responder con la Operación Eagle Claw, una misión de rescate en helicóptero que terminó en catástrofe en el desierto iraní: ocho estadounidenses murieron y los restos quedaron ardiendo en la arena. Irán había impartido su primera lección a EEUU: podía golpear, absorber la respuesta y esperar a que Washington se desgastara.

Durante más de cuatro décadas, dos limitaciones hicieron que la represalia estadounidense contra Irán fuese más costosa que la contención. La primera fue la Guerra Fría, que tenía reglas no escritas: moderación mutua, sólo conflictos indirectos, y ninguna invasión directa de Estados soberanos fuera de las esferas de influencia reconocidas. 

El principio clave era no emprender nunca una acción que dejara a un adversario con armas nucleares sin otra opción que responder. Estos principios ya estaban bajo presión cuando la Unión Soviética invadió Afganistán en diciembre de 1979, desplegando fuerzas acorazadas en la frontera oriental de Irán. La invasión se produjo dentro de la esfera de influencia reconocida de Moscú y no rompió las reglas de la Guerra Fría, sino que demostró su fuerza vinculante. Como resultado, EEUU se encontró gestionando simultáneamente una crisis de rehenes en Teherán y observando el oportunismo soviético, mientras las fuerzas se posicionaban desde donde podían amenazar las rutas petroleras del Golfo, sin que EEUU tuviera libertad para actuar en la región.

La segunda limitación fue el arma del petróleo. Una quinta parte del suministro mundial de petróleo pasa por el estrecho de Ormuz. Golpear a Irán en 1979 —o en cualquier momento posterior— implicaba el riesgo de cerrar el Estrecho, desencadenando choques de precios y dañando economías aliadas que dependían del petróleo del Golfo mucho más que EEUU.

Juntas, estas dos limitaciones crearon un escudo estructural para Irán y una jaula estratégica para EEUU. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica entendió esto perfectamente, y construyó su red de milicias aliadas, como Hezbolá, Hamás, los hutíes y grupos chiíes armados en Irak y Siria.

Beirut confirmó aún más los límites del modelo estadounidense. El 23 de octubre de 1983, un atacante suicida de Hezbolá, actuando bajo órdenes directas de Irán, destruyó el cuartel de los Marines estadounidenses, matando a 241 estadounidenses: el día más mortífero para el Cuerpo de Marines desde la batalla de Iwo Jima en la Segunda Guerra Mundial. El presidente Reagan reconoció la mano de Irán en la operación y se retiró del Líbano sin una respuesta militar. La Guardia Revoluciobaria extrajo la conclusión que marcaría su estrategia durante las siguientes cuatro décadas: la guerra por intermediarios funciona, y la combinación de la jaula de la Guerra Fría y el arma del petróleo proporcionaba un escudo estructural para Irán.

Lo que hacía a Irán categóricamente más peligroso que cualquier adversario de la Guerra Fría no era su geografía, sino su ideología islámica radical. Las reglas de la Guerra Fría funcionaban, porque ambas partes compartían una suposición: la supervivencia. Todo adversario al que EEUU se había enfrentado desde 1945, había sido disuadido sobre esta base: la URSS en Cuba, China en Corea y Rusia en Ucrania. 

Ningún soldado soviético eligió jamás la muerte como misión contra civiles estadounidenses. La ideología islámica radical elimina esta suposición. Es maximalista, nihilista y suicida de formas que ningún otro adversario de Estados Unidos ha encarnado en la práctica. Para los estadounidenses, el 11-S  es la prueba empírica: 19 hombres murieron voluntariamente para matar a 3.000 personas. Esto no fue una táctica: fue una teología. Aunque Irán no pilotó los aviones, construyó la arquitectura ideológica y operativa que justificó los ataques suicidas mediante una doctrina del martirio propagada a través de milicias aliadas.  El marco de la Guerra Fría no tenía respuesta para un adversario que eliminaba la supervivencia de la ecuación.

La protección de Irán siempre ha sido una combinación de reglas geopolíticas, palancas económicas y límites militares estadounidenses. Para febrero de 2026, los tres factores se habían derrumbado de forma secuencial. La Guerra Fría terminó en 1991. La revolución del petróleo de esquisto convirtió a EEUU en el mayor productor mundial de petróleo, rompiendo el vínculo entre la estabilidad del Golfo y la seguridad económica estadounidense. 

El control estadounidense de los recursos energéticos venezolanos reforzó aún más esta posición, colocando las mayores reservas de petróleo del mundo bajo control estadounidense. 

El orden basado en reglas colapsó bajo el peso de sus propios ultimátums no aplicados

En 2012, el presidente Obama trazó una línea roja en Siria sobre el uso de armas químicas, pero en 2013 no intervino cuando Asad utilizó gas sarín contra civiles. El presidente ruso Vladímir Putin tomó nota y, un año después, invadió Ucrania, convencido de que EEUU consideraba ahora opcionales sus compromisos. La norma fundacional del orden de posguerra se rompió y nunca fue reconstruida.

Lo que cambió para EEUU no fue sólo la neutralización del arma del petróleo, sino también su capacidad militar, que se había transformado por completo. La distancia entre Eagle Claw en 1979 y la Operación Epic Fury en 2026 no es simplemente de 46 años. Es la distancia entre un país incapaz de rescatar a sus diplomáticos un jueves y otro capaz de eliminar a un líder supremo un sábado. El sistema de caza humana que localizó y mató a Osama bin Laden eliminó al líder del ISIS al Bagdadi y neutralizó al comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Republicana, Qassem Soleimani, en el aeropuerto de Bagdad en 2020, representa la culminación de décadas de desarrollo en armas, tecnologías de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y toma de decisiones industrializada. Soleimani demostró que cualquier barrera psicológica para que Estados Unidos atacara a líderes iraníes había sido superada seis años antes del 28 de febrero de 2026.

El imperio regional revolucionario de Irán —construido durante cuatro décadas mediante sangrientas guerras por intermediarios, capacidades misilísticas y un programa nuclear— descansaba sobre la suposición de que las limitaciones estadounidenses eran características permanentes del paisaje estratégico.  Sin embargo, esas limitaciones eran el producto de un momento histórico específico: la Guerra Fría, la vulnerabilidad petrolera estadounidense, los límites de la tecnología militar de precisión y un orden basado en reglas cuyo garante aún estaba dispuesto a atarse a sus propios procedimientos. Cada una de estas condiciones ha desaparecido ahora. El régimen iraní apostó su supervivencia a la idea de una debilidad estadounidense permanente… y perdió.

09Mar

Trump no puede llegar a las elecciones de medio mandato con unos precios de la energía tan encarecidos. Los precios del petróleo han superado los 110$ por barril, un aumento del 65% en solo 10 días.

Miguel Ángel Valero 

Los mercados tratan de evaluar la posible duración del conflicto desatado hace 10 días por los ataques conjuntos de Israel y EEUU contra Irán, pero, sobre todo, qué herramientas podrán utilizarse para evitar una crisis energética mundial. El objetivo inmediato está claro: liberar el estrecho de Ormuz para reanudar el tráfico marítimo y que vuelva a circular el crudo y el gas. Si bien los últimos acontecimientos no han ayudado a pensar que el conflicto esté cerca de una resolución, el cierre del estrecho no debería extenderse por mucho tiempo debido al enorme impacto que tendría sobre el comercio marítimo de energía.

Los acontecimientos se están precipitando y los mercados financieros globales muestran señales del inicio de un proceso de capitulación donde los inversores tratan de reducir riesgo de forma desordenada: las Bolsas europeas abren con retrocesos cercanos al 3% y también los futuros apuntan a una caída en EEUU(en torno al -2%). Por su parte, la deuda pública no sirve de refugio en el actual escenario de mayores tensiones inflacionistas y se ven también ventas aceleradas en el oro, que lucha por mantenerse por encima de los 5.100$/onza. Frente a ello, el dólar se erige como activo refugio, en particular para los inversores europeos, dado que se aprecia un 0,7% acercándose en su cruce hasta el 1,15€.

Este comportamiento de los activos financieros parece tratar de poner en precio un enquistamiento del cierre del estrecho de Ormuz similar al ocurrido en 2022 con la invasión rusa de Ucrania. Esta subida de los precios de la energía se está trasladando rápidamente a los costes energéticos para el propio consumidor estadounidense y esto llega en un momento clave para Trump: a medida que nos acercamos a las elecciones mid-term de noviembre, sería poco ventajoso afrontar electoralmente unos comicios tan decisivos con unos precios de la energía tan encarecidos. Desde el inicio de la contienda la gasolina ha subido más de un 16%, acercándose a 3,5$/galón, precios que no se veían desde 2024 bajo el mandato de Biden. 

Por otra parte, las demás potencias mundiales también comienzan a reflejar la necesidad de una solución al menos temporal. En este contexto, una reunión de los ministros de Finanzas del G 7 discute sobre la idoneidad de liberar conjuntamente reservas estratégicas de petróleo, una primera respuesta al fuerte repunte de precios del fin de semana. Hay rumores que apuntan a un rango de intervención de entre 300–400 millones de barriles –lo que equivaldría al 25–30% de las reservas conjuntas del G 7–. La propia Agencia Internacional de la Energía afirma que “todas las opciones están sobre la mesa” y surge horas después de la decisión de Japón de librar parte de sus reservas.

China, la otra gran potencia militar global y el principal comprador del petróleo de Irán, también querrá presionar para una apertura del comercio a través del estrecho de Ormuz, dado que importa habitualmente el 11% de sus necesidades energéticas de crudo.

En un movimiento que consolida la continuidad de la línea dura del régimen y con la intención de sostener el conflicto, la Asamblea de Expertos de Irán –compuesta por 88 clérigos– eligió este fin de semana por amplia mayoría a Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo, sucediendo a su padre, el fallecido Alí Jamenei. De perfil bajo y sin apariciones públicas, la elección de Mojtaba –el segundo de los seis hijos del extinto líder– no ha generado sorpresas. Desde hace tiempo se le mencionaba como aspirante al cargo, pese a no haber ocupado oficialmente funciones gubernamentales. Como era previsible, la reacción en EEUU no tardó en llegar. Donald Trump calificó la elección como “inaceptable” y afirmó que “el próximo líder supremo de Irán no durará mucho sin mi aprobación”. 

En paralelo, Trump abrió un nuevo frente de fricción diplomática al arremeter contra el primer ministro británico, Keir Starmer, quien evalúa el envío de dos portaaviones a la región en apoyo a la ofensiva contra Irán. En redes sociales, Trump afirmó: “no necesitamos a gente que se una a las guerras después de que ya hayamos ganado”.

En este clima de tensión creciente, Trump también fue consultado sobre si consideraría el uso de tropas terrestres para asegurar el uranio enriquecido en instalaciones iraníes. Su respuesta fue categórica, aunque abierta: “es una posibilidad, pero no en este momento”.

"En este escenario de elevada volatilidad, mantenemos nuestra recomendación de calma. Aunque es difícil elucubrar el momento exacto de suelo del mercado, cualquier noticia que apuntara hacia una apertura parcial del estrecho provocaría un giro violento al alza de las Bolsas y una relajación de los precios del crudo. Los precios actuales del Brent ya incluyen una elevada prima de riesgo asociada a que de facto no están transitando los buques a través del estrecho de Ormuz, una situación que puede cambiar con rapidez si finalmente como ha propuesto Trump –y como ya ocurrió en el pasado–, la Marina estadounidense comienza a escoltar con efectividad algunos navíos sería suficiente", opinan los expertos de Banca March.

DWS: gran decepción con el dato de empleo en EEUU

Christian Scherrmann, Economista jefe de DWS para EEUU, habla de "gran decepción" en el crecimiento del empleo en febrero: a pesar de las expectativas de un sólido aumento de 55.000 puestos, las nóminas no agrícolas disminuyeron en 92.000 en febrero, tras una importante sorpresa al alza en enero de 126.000 (revisada desde 130.000). Los detalles muestran un cambio de tendencia en la contratación desde la excelente cifra de 129.000 en enero en los servicios de educación y salud, que perdieron 34.000 puestos de trabajo el mes pasado. Probablemente, esto se debió en parte a las huelgas, ya que los médicos perdieron 37.000 puestos de trabajo, mientras que los hospitales siguieron sumando 12.000. El sector del ocio y la hostelería se adentró aún más en territorio negativo, cayendo de 12.000 a 27.000. La industria manufacturera puso fin a su interludio positivo de +5.000 en enero, volviendo a territorio negativo con 12.000 en febrero. Al analizar estas cifras decepcionantes, hay que tener en cuenta que el mes también se vio afectado por condiciones meteorológicas adversas y ajustes estadísticos. 

No obstante, con una contratación débil, la tasa de desempleo subió una décima hasta el 4,4%, lo que se debió a un descenso de la tasa de actividad del 62,1% al 62%, lo que respalda la hipótesis de que el clima pudo haber influido. En general, el informe vuelve a situar a los mercados laborales en una situación de atonía, aunque muy leve. A pesar de la debilidad de febrero, el crecimiento de los salarios sigue siendo sólido, ya que el crecimiento medio de los ingresos semanales subió del 3,7%  al 3,8% interanual, lo que a su vez debería respaldar el consumo. Para la Fed, es probable que los datos no cambien mucho, pero podrían llevar a algunos de los miembros más moderados a mostrar su desacuerdo con una pausa, una decisión cada vez más difícil en un contexto de precios de la energía más altos y volátiles.

Swisscanto: el petróleo se dispara un 65% en 10 días

Nicola Grass, Senior Portfolio Manager en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos de Swisscanto, destaca que nos encontramos en el décimo día de negociación desde la intervención militar estadounidense-israelí en Irán. Las dificultades persistentes para reabrir el estrecho de Ormuz y la falta de avances hacia un posible cambio de régimen en Teherán están alimentando la incertidumbre. Irán también ha demostrado su capacidad para atacar infraestructuras críticas en países vecinos.

No obstante, hay indicios iniciales de una ligera relajación: el número de ataques con misiles iraníes está disminuyendo, el tráfico aéreo se ha normalizado y los países del G7 están planeando liberar reservas estratégicas adicionales de petróleo. Además, Donald Trump ha declarado que los principales objetivos en Irán ya se han alcanzado, insinuando una posible desescalada.

Las incertidumbres en torno al conflicto han provocado una fuerte turbulencia en los mercados financieros globales. Los precios del petróleo han superado la marca crítica de los 100$ y actualmente se sitúan en 110$ por barril, un aumento del 65% en solo 10 días.

El petróleo (Brent) ha subido un 50,3%, mientras que los precios del gas europeo (TTF) se han disparado un 67%. Esto ha incrementado las preocupaciones sobre la inflación, especialmente en Europa y Asia.

Los mercados bursátiles globales han registrado pérdidas significativas. El MSCI Emerging Markets Future cayó un 10,4%, el Europe Future un 9,6% y el Switzerland Future un 6,9%. Los mercados asiáticos se han visto particularmente afectados, con Japón cayendo un 5% y Corea un 15,9%.

El dólar estadounidense continúa mostrando fortaleza, ganando un 1,5% frente al franco suizo y un 2,3% frente al euro.

Los rendimientos de los bonos gubernamentales han aumentado. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años subió 25,3 puntos básicos (pb), mientras que el del Bund alemán a 10 años aumentó 21,7 pb.

El ejército estadounidense sigue enfrentando dificultades para asegurar el estrecho de Ormuz. Sin el despliegue de tropas terrestres en la región costera iraní, la situación de tensión podría prolongarse más de lo previsto inicialmente. Un cambio de régimen en Teherán sigue siendo improbable y un cese de las hostilidades podría percibirse políticamente como una derrota para EEUU, especialmente con las elecciones de mitad de mandato acercándose y con los precios de la gasolina ya un 20% más altos.

"A pesar de estos desafíos, mantenemos nuestra opinión de que el impacto sobre la economía global será temporal. Todas las partes implicadas, así como las regiones altamente dependientes de la energía, como Europa y Asia, tienen fuertes incentivos para desescalar la situación. Seguimos esperando una resolución en las próximas 3–5 semanas", señala.

La actual agitación en Oriente Medio debe analizarse en el contexto de una economía global por lo demás saludable. Aunque los débiles datos del mercado laboral estadounidense del pasado viernes han añadido volatilidad al mercado, los indicadores adelantados apuntan a una aceleración del crecimiento económico mundial. Sin embargo, un periodo prolongado de precios elevados del petróleo podría reducir el PIB de Estados Unidos en un 0,8% y aumentar la inflación estadounidense en un 1,6%. Esto probablemente retrasaría nuevos recortes de tipos, aunque "no prevemos un escenario de estanflación".

"Aunque la incertidumbre en los mercados sigue siendo elevada, creemos que el impacto en los mercados financieros será de corta duración. Actualmente estamos considerando reducir nuestra exposición a materias primas y aumentar nuestras posiciones en renta variable una vez que la situación comience a estabilizarse", concluye este gestor.

UBS

El UBS CIO Daily ve  probable que el dólar estadounidense se mantenga bien respaldado en el corto plazo, ya que los mercados energéticos siguen descontando posibles interrupciones en el suministro. Sin embargo, los factores estructurales en contra del dólar siguen vigentes, y "creemos que es importante que los inversores gestionen sus asignaciones en divisas", porque posibles intervenciones gubernamentales pueden limitar la debilidad de algunas divisas asiáticas, y el gasto fiscal en Alemania debería aportar apoyo adicional al euro.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Dado que es probable que la volatilidad en divisas siga siendo elevada a corto plazo, los inversores deberían gestionar sus asignaciones en moneda para reducir el riesgo de que grandes movimientos perjudiquen sus objetivos financieros, incluyendo el uso de herramientas de cobertura. Seguimos viendo con buenos ojos el dólar australiano, el dólar neozelandés, la corona noruega, el yuan chino y algunas otras divisas de mercados emergentes con mayor rentabilidad en nuestras carteras globales”.

"Aunque esperamos que la interrupción del suministro energético sea breve, es poco probable que la volatilidad desaparezca de los mercados a corto plazo, por lo que aumentar la diversificación, en un contexto de creciente inestabilidad geopolítica, sigue siendo una estrategia relevante para las carteras”, aporta Maelle Quillevere, Economist de UBS Global Wealth Management

“Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho, mayor será la producción que quede interrumpida, lo que requerirá precios sustancialmente más altos para frenar la demanda. Por el contrario, si los flujos se reanudan, los precios retrocederían, aunque probablemente se mantendrían por encima de los niveles previos al inicio del conflicto”, asegura Giovanni Staunovo, Strategist.

"La diversificación entre distintas clases de activos, incluyendo renta fija y materias primas, sigue siendo clave”, insisten Ulrike Hoffmann-Burchardi, Chief Investment Officer Americas y Global Head of Equities, y Andrew Dubinsky, Economist,

“La relación entre precios más altos del petróleo y el crecimiento global depende en parte de si los ingresos petroleros se gastan o se ahorran”, señala Paul Donovan, Chief Economist de UBS Global Wealth Management.

Ebury: El dólar se dispara ante la huida de los inversores hacia activos refugio 

Las Bolsas y los bonos han caído de forma simultánea, un comportamiento poco habitual y potencialmente preocupante. En el mercado de divisas, el dólar estadounidense ha reafirmado su rol como el activo refugio por excelencia en momentos de tensión geopolítica. En términos más amplios, los activos estadounidenses están rindiendo claramente mejor que los del resto del mundo, revirtiendo la tendencia de 'vender América' que predominó tras las disputas arancelarias del año pasado. El dólar canadiense se ha erigido como otro claro ganador, gracias al aislamiento geográfico de Canadá y su posición como exportador neto de energía. Junto a él, la corona noruega (también impulsada por el petróleo) y el franco suizo (tradicional refugio) han encabezado la tabla de rendimientos cambiarios de la semana pasada.

Esta semana presenta una agenda económica y política muy ligera, por lo que los acontecimientos en Irán deberían acaparar por completo la atención de los inversores. Un conflicto prolongado, con precios de la energía aún más elevados —los futuros del crudo ya superan los 100 dólares por barril— y posibles interrupciones en el suministro golpearían especialmente a los importadores netos de energía, como China y la zona euro. En cambio, los productores alejados del foco bélico —Canadá, Noruega y varios países de América Latina— saldrían beneficiados. Precisamente estos son los patrones que ya estamos observando en los mercados de divisas. 

  • EUR. La inversión de la tendencia 'Sell America', alimentada por la fuerte entrada de flujos hacia el dólar como activo refugio, no ha supuesto ningún alivio para el euro. La moneda única ha cedido terreno hasta aproximarse a los mínimos de su rango de cotización de los últimos meses. Incluso antes del conflicto en Irán, la inflación de febrero sorprendió al alza de manera significativa. Nuestra visión de que la próxima decisión del BCE será una subida de tipos se ha visto confirmada dado que los mercados de swaps ya descuentan casi por completo dos subidas de 25 pb entre ahora y finales de año, como respuesta a esta potencial dinámica inflacionista. Las encuestas empresariales de las próximas semanas serán clave para calibrar el verdadero impacto de la escalada bélica con Irán en la economía real. Una vez más, la estanflación se perfila como un riesgo tangible para la zona euro. La gravedad del daño dependerá, en última instancia, de la duración del conflicto y, sobre todo, de cuánto tiempo permanezca interrumpido el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. Con los niveles actuales del EUR/USD, el mercado parece estar descontando ya un escenario de confrontación que se podría prolongar varias semanas. Aun así, existe margen para una depreciación adicional del euro si se produce una nueva escalada o una interrupción sostenida del suministro petrolero.
  • USD. Como es habitual en periodos de elevada tensión en los mercados, el dólar se ha consolidado como el activo refugio por excelencia gracias a su profunda liquidez, al tiempo que se ha visto reforzado por el repunte de los precios del petróleo —EEUU es actualmente un exportador neto de energía—. El informe de empleo de febrero, publicado la semana pasada, resultó notablemente débil y contrastó con el sólido dato de enero. Se registró una destrucción neta de puestos de trabajo y un repunte en la tasa de desempleo que anularon las ganancias de enero. Esta debilidad parece chocar con la fortaleza observada en otros indicadores, lo que nos lleva a cuestionar cada vez más la calidad y representatividad de las encuestas recabadas para llegar al dato de nóminas no agrícolas. Sin embargo, los mercados apenas reaccionaron al mal dato de empleo dado que la atención sigue completamente puesta en la escalada bélica con Irán. Por otro lado, hemos observado una revisión mucho menos agresiva de las expectativas de tipos de interés en EEUU que al otro lado del Atlántico. Esto se debe al menor impacto que podría tener el repunte del crudo en la inflación estadounidense en comparación con la europea. Los mercados de futuros siguen descontando con holgura al menos una bajada adicional de tipos por parte de la Reserva Federal antes de finalizar 2026, con una probabilidad de que se produzca en junio que ronda el 50 %. El dato de inflación de febrero, que se conocerá esta semana, aún no incorporará el efecto de la subida abrupta en los precios de la energía. Aun así, reviste especial importancia: con él, el foco de los inversores podría desplazarse del crecimiento hacia las renovadas presiones inflacionistas derivadas del conflicto.
  • GBP. El Reino Unido depende menos de las importaciones energéticas que la zona euro, lo que ha permitido a la libra esterlina ganarle terreno al euro, aunque lo ha perdido frente al dólar estadounidense. No obstante, el país sigue siendo un importador neto de petróleo, por lo que permanece mucho más expuesto a la inflación importada que EEUU. Estos temores inflacionistas han provocado un fuerte desplome en los mercados de bonos soberanos británicos y una notable subida de las expectativas de tipos del Banco de Inglaterra: los mercados de swaps han pasado de descontar prácticamente dos recortes en 2026 a incorporar la posibilidad de una subida de tipos. En nuestra opinión, al menos por el momento, queda completamente descartado que el Comité de Política Monetaria (MPC) aplique nuevos recortes por el momento. A diferencia de la zona euro, la inflación en el Reino Unido ya se encuentra claramente por encima del objetivo, y factores como la liberalización de los mercados energéticos, el declive de la producción nacional de petróleo y la limitada capacidad de almacenamiento aseguran una rápida traslación de las subidas del crudo a las facturas energéticas de los hogares. Si a estos riesgos se añade la gestión vacilante e indecisa del primer ministro Starmer con respecto al conflicto con Irán, podría resultar complicado para la libra conservar sus ganancias frente al euro.
06Mar

Aunque insisten en que su escenario central es un conflicto relativamente corto (alrededor de un mes), los mercados temen que se prolongue, lleve al petróleo a los 140$, dispare los precios de la energía, y provoque tensiones financieras en países del Golfo y asiáticos.

Miguel Ángel Valero

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, vaticina que el dólar estadounidense continuará fortaleciéndose mientras la guerra en Oriente Medio se prolongue sin una resolución inmediata, consolidando su papel como principal activo refugio en los mercados financieros internacionales. 

Según el análisis de Ebury, la reacción de los inversores al aumento de las tensiones ha seguido el patrón clásico de 'risk-off', riesgos fuera. Los flujos se han dirigido hacia activos considerados seguros, entre ellos el dólar, que se ha apreciado aproximadamente un 1,5% frente a sus principales pares en lo que va de semana. 

El informe destaca que la divisa estadounidense se está viendo respaldada por varios factores simultáneos. Por un lado, su elevada liquidez refuerza su condición de refugio en momentos de incertidumbre geopolítica. Por otro, el repunte de los precios del petróleo —del que EEUU es exportador neto— y la reducción de las expectativas de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal están apoyando su cotización. 

El escenario central que manejan los mercados es el de una guerra relativamente corta, de alrededor de un mes, en línea con las estimaciones expresadas por el presidente estadounidense, Donald Trump. “Mientras ese horizonte temporal siga siendo plausible, las ganancias adicionales del dólar podrían mantenerse contenidas e incluso dar paso a una corrección si el conflicto concluye hacia finales de mes o a comienzos de abril”, señala Matthew Ryan, jefe de Estrategia de Mercados de Ebury. 

No obstante, Ryan advierte de que el principal riesgo para los mercados sería una escalada regional del conflicto o un cierre prolongado del estrecho de Ormuz: “En ese escenario, los precios del petróleo podrían acercarse o incluso superar los 100$ por barril, lo que intensificaría la aversión al riesgo y reforzaría aún más al dólar frente a otras divisas”. En este contexto, las monedas europeas —especialmente el euro, la corona sueca y las divisas de Europa Central y del Este— están siendo las más perjudicadas, en parte por su elevada sensibilidad al encarecimiento del gas, cuyo precio en Europa ha aumentado cerca de un 50%. Otras divisas emergentes de mayor riesgo, como el rand sudafricano, también han registrado caídas.

Aunque la volatilidad en los mercados de divisas ha aumentado de forma significativa desde el inicio del conflicto, el informe señala que los niveles actuales aún se sitúan por debajo de los registrados en episodios de pánico financiero.

Atradius Crédito y Caución: el petróleo puede llegar a los 140$

La guerra en Oriente Medio, iniciada por los ataques de EEUU e Israel contra Irán, puede prolongarse durante varias semanas, lo que aumenta la incertidumbre sobre la duración y la trayectoria del conflicto y sus posibles repercusiones. Las consecuencias inmediatas se han dejado sentir en toda la región. Las perturbaciones en los principales centros del Golfo han afectado al transporte y al tráfico aéreo, ya que las autoridades restringen el espacio aéreo y desvían los vuelos. Las organizaciones internacionales han convocado reuniones de emergencia para evaluar la situación, mientras que dentro de Irán los ataques contra altos cargos han creado incertidumbre sobre la toma de decisiones y la estabilidad política.

Según Niels de Hoog, economista sénior de Atradius, "este conflicto representa un acontecimiento significativo y sin precedentes, con posibles implicaciones para el riesgo país en toda la región y más allá. En este momento, nuestra hipótesis de trabajo es que cualquier escalada regional, incluido un cierre temporal del estrecho de Ormuz, probablemente será de corta duración, entre unos días y varias semanas. En este escenario, esperamos que el impacto económico global sea relativamente limitado".

La presión sobre el estrecho de Ormuz es ahora el factor central que determina el impacto económico y en la cadena de suministro de esta crisis. La combinación de la escalada militar, las advertencias directas a los buques y la suspensión de las operaciones de las principales empresas navieras y energéticas ha provocado un cierre efectivo. Las autoridades iraníes afirman que el estrecho está cerrado y que Irán atacará a cualquier barco que intente atravesarlo. Esto es importante porque Ormuz es el corredor energético más importante del mundo, por el que circula alrededor del 20% del petróleo mundial y aproximadamente el 30% del gas natural licuado. Cualquier interrupción en este corredor repercute rápidamente en los precios de la energía, los riesgos de inflación y las cadenas de suministro mundiales. Los precios del petróleo ya han subido hasta los 80$ por barril y podrían aumentar hasta los 90-140$, dependiendo de la duración de la interrupción.

La reducción de los flujos a través de Ormuz también está afectando al transporte y la logística en general. Las compañías navieras están ralentizando o desviando sus buques, las compañías aéreas están ajustando sus rutas para evitar los riesgos regionales y los principales centros de distribución del Golfo están experimentando restricciones de conectividad. Estos cambios provocan tiempos de tránsito más largos, mayores costes y mayores necesidades de capital circulante para sectores sensibles al tiempo, como la electrónica y los componentes de automoción. Dado que gran parte del comercio entre Asia y Europa depende de estas rutas, cualquier interrupción prolongada tendría importantes repercusiones en las cadenas de suministro que dependen de operaciones "justo a tiempo".

En este sentido, Niels de Hoog apunta que "no esperamos que Irán pueda mantener el estrecho cerrado durante un periodo prolongado, ya que es muy probable que una operación marítima internacional liderada por Estados Unidos ponga fin al bloqueo con relativa rapidez. Un cierre prolongado también iría en contra de los propios intereses de Irán, ya que bloquearía sus vitales exportaciones de petróleo a China".

El escenario base de Crédito y Caución es un conflicto de corta duración seguido de un retorno gradual a la diplomacia, incluyendo un nuevo intento de negociaciones nucleares. Según De Hoog, "Irán está muy aislado y le resultaría difícil mantener una confrontación prolongada. Un cierre prolongado del estrecho de Ormuz también afectaría gravemente a su frágil economía, al interrumpir las exportaciones de petróleo esenciales a China y aumentar las presiones sociales internas. Las recientes acciones de alto riesgo dirigidas contra los Estados del Golfo parecen tener como objetivo principal crear una ventaja política para volver a las negociaciones. Una escalada importante sería contraproducente, ya que podría empujar a los Estados del Golfo a volverse activamente contra Irán".

En un escenario de conflicto breve, el impacto económico en los Estados del Golfo sigue siendo limitado, aunque las perturbaciones son inevitables. Debido al bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz, los Estados del Golfo no pueden beneficiarse del aumento de los precios del petróleo y sus economías no petroleras sufren presiones temporales por el cierre del espacio aéreo y las interrupciones en el turismo, la logística y las actividades de reexportación. Gracias a sus importantes reservas internacionales y a sus grandes fondos soberanos, la mayoría de las economías del Golfo son capaces de absorber una interrupción que dure unas pocas semanas, con un impacto medio estimado en el crecimiento de alrededor de medio punto.

Qatar es el más expuesto, ya que todas sus exportaciones de gas natural licuado deben transitar por el estrecho de Ormuz. Esta vulnerabilidad explica su decisión preventiva de detener temporalmente la producción de GNL tras los recientes incidentes de seguridad. Omán parece menos vulnerable porque su principal puerto, Duqm, se encuentra fuera del estrecho, aunque los recientes ataques con drones e incidentes en el golfo de Omán ponen de relieve riesgos adicionales. Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí pueden desviar parte de sus exportaciones de petróleo a través de oleoductos, aunque esto solo mitiga parcialmente el impacto.

Una mayor escalada podría implicar una mayor dependencia de las milicias proxy en toda la región y ataques a las instalaciones petroleras y gasísticas vecinas, lo que supondría un riesgo de daños duraderos para la capacidad de producción regional y mundial. Los ataques con drones contra una refinería de petróleo en Arabia Saudí y una planta de GNL en Qatar indican que esta posibilidad se ha vuelto más plausible. Tales acciones también aumentarían la probabilidad de represalias contra la propia infraestructura energética de Irán.

Para los países fuera de la región que dependen en gran medida del petróleo y el gas importados, el principal canal de transmisión es el aumento de los precios de la energía. Muchas de estas economías están más expuestas financieramente que los Estados del Golfo e Israel. Las economías asiáticas, incluidas China y la India, son especialmente sensibles, ya que dependen en gran medida del tránsito físico de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz y se verían directamente afectadas por cualquier interrupción prolongada.

No se puede descartar un escenario negativo que implique una escalada más prolongada. A diferencia de la operación de 2025, que se centró en limitar las capacidades nucleares de Irán, los objetivos actuales se extienden al cambio de régimen y al desmantelamiento del arsenal de misiles balísticos de Irán. Esta dinámica aumenta la sensación de vulnerabilidad estratégica de Irán y la probabilidad de nuevas represalias.

En este escenario mucho más adverso, las estimaciones sugieren que los precios del petróleo podrían subir hasta entre 130$ y 140 por barril. Aunque es poco probable que Irán mantenga cerrado el estrecho de Ormuz durante un periodo prolongado, podría seguir perturbando el tráfico marítimo dentro y fuera del estrecho, lo que crearía una inestabilidad persistente en los flujos energéticos mundiales.

En estas condiciones, Bahrein sería probablemente el primer Estado del Golfo en sufrir tensiones financieras debido a la debilidad de sus finanzas públicas, sus limitadas reservas y su fuerte dependencia de los ingresos petroleros. Otras economías del Golfo también se verían sometidas a una presión sostenida, ya que las perturbaciones en la logística, el turismo y la actividad exportadora se prolongarían durante más tiempo.

Las economías asiáticas, incluidas China y la India, son especialmente vulnerables, ya que alrededor del 80% del petróleo y el gas que transita por el estrecho de Ormuz tiene como destino Asia. Una subida prolongada de los precios también afectaría a otros mercados emergentes con una alta dependencia de las importaciones de energía y un margen fiscal limitado. Incluso si los productores de la OPEP aumentaran la producción, el alivio sería limitado si el petróleo no pudiera llegar a los mercados de exportación.

El impacto en la economía y los mercados mundiales dependerá en gran medida de la duración y la intensidad del conflicto. A pesar de la situación, Crédito y Caución sigue "operando con normalidad en todo Oriente Medio, garantizando la cobertura y el apoyo a nuestros clientes y socios. Supervisamos la evolución del riesgo asociado a las líneas de crédito comercial de nuestros asegurados en la región, seguimos de cerca los acontecimientos y recopilamos información de múltiples fuentes para garantizar que nuestras respuestas sigan siendo precisas y específicas para cada contexto".

Banca March: medidas para contener el aumento de los costes energéticos

La inercia del conflicto se mantiene, con ataques masivos de Irán a diversos puntos de los países del Golfo. En estos momentos, han quedado paralizadas tanto la mayor planta de licuefacción de gas de Catar (Ras Laffan) como la mayor refinería del mundo situada en Ras Tanura, en Arabia Saudí, ambas afectadas por drones iraníes. Del mismo modo, se han registrado agresiones contra varios cargueros en Kuwait. Como consecuencia, el esperado alivio en las futuras garantías estadounidenses se vio cuestionado, provocando un cierto repunte en los precios del gas y del petróleo. En respuesta, el gobierno de EEUU está estudiando intervenciones en el mercado de futuros del crudo y, además, está flexibilizando la presión sobre India para que continúe comprando petróleo ruso. Ambas medidas tienen un objetivo claro: contener el ascenso de los precios energéticos mientras se movilizan los recursos necesarios para garantizar el paso físico por el estrecho.

Pero en Banca March consideran "prematuro" hablar de una crisis energética: aunque el gas y el petróleo han repuntado, siguen muy por debajo de los niveles críticos registrados tras la invasión rusa de Ucrania (el crudo continúa aproximadamente un 30% por debajo del máximo de 2022 y el gas europeo tendría que multiplicarse por 6,5 veces para alcanzarlo). Incluso con la intensificación de la competencia global por el gas —se han identificado varios metaneros estadounidenses con destino a Europa que han modificado su rumbo hacia el sur, posiblemente para dirigirse a Asia—, los precios de la electricidad en Europa se mantienen estables, en niveles similares a los del último mes, lo que indica que aún no han incorporado el encarecimiento reciente de las materias primas energéticas.

En consecuencia, los mensajes provenientes de Estados Unidos muestran que harán todo lo posible por contener el aumento de los costes energéticos, dada la impopularidad que genera el alza de precios. Al mismo tiempo, China incrementará su presión diplomática sobre Irán para que excluya la energía del tablero bélico. Con este contexto, "mantenemos que, una vez se reabra sostenidamente el estrecho, la duración del conflicto perderá relevancia para los mercados. Permanecer fuera del mercado hasta que eso ocurra, en un entorno de volatilidad tan elevada, nos parece una decisión equivocada", señalan los expertos de la entidad.

Pero el FMI advirtió que un aumento del 10% en los precios de la energía que se prolongue durante un año impulsaría la inflación global en +0,4 puntos y frenaría el crecimiento económico entre -0,1 y -0,2 p.p. La directora gerente, Kristalina Georgieva, señaló que la resiliencia del crecimiento “vuelve a ponerse a prueba”, con muchos países afrontando la crisis en Oriente Medio con “amortiguadores agotados” tras los shocks recientes. Aun así, destacó que varias economías asiáticas han reforzado su capacidad fiscal y sus reservas en las últimas dos décadas. 

El FMI mantiene conversaciones con algunos miembros ante la posibilidad de ofrecer asistencia para la balanza de pagos si la incertidumbre aumenta, y alerta sobre la especial vulnerabilidad de los países importadores de petróleo, las economías insulares del Pacífico y los Estados de bajos ingresos con elevada carga de deuda. Las estimaciones del FMI señalan que por cada 10$ dólares adicionales del Brent, el crecimiento del PIB mundial se reduciría en una décima y la inflación aumentaría entre 0,3-0,5 punto.

"Sin embargo, nuestro escenario base no contempla una prolongación tan extensa del conflicto. Por un lado, por la falta de intereses: en el caso estadounidense, una contienda muy larga que implicara una invasión terrestre y pérdidas humanas no resulta conveniente a pocos meses de las elecciones midterm. Por otro lado, el coste de la guerra y el desgaste de recursos para ambas partes: se estima que tan solo el primer ataque supuso para EEUU 4.000-5.000 millones$ y cada día adicional añade 900 millones. En el caso de Irán la limitación es mayor: no dispone de suficiente capacidad militar y económica para sostener un conflicto prolongado. En materia de misiles balísticos, fuentes israelíes estiman el arsenal iraní en 2.000-2.500 antes del conflicto y, en estos seis días, habría consumido ya más de 560 de ellos", concluyen los expertos de Banca March. 

Pictet: los bonos, los grandes perjudicados

Arun Sai, estratega multiactivos en Pictet AM, destaca que el temor predominante es un choque de precios de la energía tan violento como el que se dio con la invasión rusa de Ucrania. "No puede descartarse, pero no es nuestro escenario base. Es raro que las crisis geopolíticas causen daños duraderos en el crecimiento económico y los mercados financieros.  La gran excepción fue la crisis del petróleo en los años 70 y hay pocas señales de que se vaya a repetir", argumenta.

En el análisis de escenarios en un extremo el conflicto bélico termina rápidamente, con el ejército de Irán debilitado, aunque su régimen manteniéndose. En el escenario opuesto extremo, se da el improbable caso de que la guerra se extienda más allá de la región.

Actualmente la economía global es mucho menos intensiva en petróleo que entonces. EEUU es exportador neto de petróleo, las reservas globales de crudo son abundantes y los amortiguadores razonables. Incluso si el precio del crudo sube el 30%, el crecimiento del PIB global se reduciría solo 0,2% y la inflación aumentaría poco más de 1%. Pero el petróleo no es el único factor. El sentimiento es una consideración importante y en este sentido los mercados parecen más vulnerables. Acciones y otros activos de riesgo estaban en un equilibrio frágil las semanas previas al ataque militar, entre la mejora de fundamentales macroeconómicos y pérdida de confianza en las acciones tecnológicas estadounidenses. Así que las acciones pueden ser más volátiles.

Las caídas de las acciones deben ser modestas en la mayoría de los escenarios, a menos que el conflicto se amplíe sustancialmente, por ejemplo, incluyendo a Rusia y China. Los bonos pueden tener dificultades iniciales por el mayor precios del petróleo e inflación. Una mayor escalada provocaría caída del gasto de los consumidores y la confianza empresarial, alimentando expectativas de recortes de tipos de interés, lo que haría caer las rentabilidades a vencimientos de los bonos. El oro puede ser beneficiario clave, como depósito de valor de alta liquidez y cobertura estratégica contra la inflación en el tiempo, aunque es vulnerable a episodios de volatilidad. El dólar también debe apreciarse por la demanda como refugio seguro, respaldada por la posición de EEUU como gran productor de energía, aunque previsiblemente reanudaría su gradual declive si el conflicto llega a su fin.

"En los días posteriores al ataque nuestros equipos multiactivos han reducido participaciones en activos más arriesgados y añadido cobertura contra nuevas caídas mediante opciones de venta de acciones y de deuda empresarial. Hemos incrementado el peso del dólar, especialmente ante la debilidad del yen japonés, tendiendo en cuenta que tiene margen de apreciación si el conflicto continúa. Sobre ponderamos franco suizo, que puede revalorizarse especialmente porque el Banco Nacional Suizo puede apoyarlo para contrarrestar presiones inflacionarias del precio de la energía.  Mantenemos alta convicción en oro.Consideramos la resiliencia de los mercados emergentes más allá del norte de Asia, donde domina la tecnología. Las acciones de mercados emergentes son una asignación estratégica respaldada por sólidos fundamentales de crecimiento doméstico", explica.

DWS: Las crisis petroleras ya no afectan como antes

El petróleo fue en su día el centro de la mayoría de las crisis macroeconómicas. En 1979, la revolución en Irán contribuyó a elevar los precios del crudo, lo que frenó el crecimiento, aumentó la inflación y empeoró las balanzas comerciales. A medida que se desarrolla la última crisis en Oriente Medio, conviene recordar por qué ese mundo ha desaparecido. Como muestra el gráfico de DWS, el consumo de petróleo por unidad de producto interior bruto (PIB) real ha descendido de forma constante desde finales de la década de 1970, tanto en la economía mundial como en la estadounidense. Las ganancias en eficiencia, el cambio hacia los servicios y la sustitución del petróleo han reducido su participación en los costes de los insumos, que antes provocaban subidas de precios en toda la economía. Cuando la intensidad del petróleo es baja, los precios más altos afectan a una parte más reducida de los costes de producción y tardan más en repercutir en los salarios y la inflación subyacente. A medida que las economías se electrifican, cada dólar o euro adicional de producción “contiene” ahora muchos menos barriles que antes.

Para EEUU, existe un segundo colchón, incluso en caso de un bloqueo persistente del estrecho de Ormuz. Gracias al auge del esquisto, el país ha sido un exportador neto total de energía desde 2019. Eso significa que las interrupciones en el suministro de petróleo y gas ahora redistribuyen en gran medida los ingresos dentro de la economía estadounidense, en lugar de agotar su cuenta corriente. Eso no es inmunidad, pero es un mecanismo de transmisión diferente, típicamente más suave que en la década de 1970.

Hay dos inconvenientes. En primer lugar, la región del Golfo es importante, no solo como fuente de energía, sino también por sus rutas de transporte y comercio mundiales. En segundo lugar, y lo que es más importante para Europa, una menor intensidad del petróleo no significa una menor vulnerabilidad energética en general. En gran parte de Europa, el petróleo ha sido sustituido por la electricidad, y los precios de la energía suelen fijarse al margen por las centrales de gas. Eso cambia el canal, pero no el riesgo: la interrupción del suministro de gas natural licuado (GNL) puede elevar los precios de la electricidad y afectar a muchos sectores a la vez. Aun así, el mensaje central del gráfico es claro: el petróleo en sí mismo ya no es el arma macroeconómica que era antes. O, como dice Christian Scherrmann, economista jefe para EEUU de DWS, “los precios del petróleo siguen siendo importantes para los mercados, pero la economía estadounidense ya no funciona con petróleo como antes”. Lo que nos lleva de vuelta al principio: el crudo todavía puede saltar a los titulares, pero la economía estadounidense ha aprendido discretamente a reaccionar menos que antes.

05Mar

Los mercados temen un escenario de guerra prolongada de desgaste, con el estrecho de Ormuz bloqueado, ya que tendría consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía, la inflación y el crecimiento mundial.

Miguel Ángel Valero

Sexto día de conflicto entre Irán y EEUU-Israel, sin cambios significativos en la situación y con el estrecho de Ormuz aún cerrado de facto, a la espera de que se materialicen las promesas de Trump sobre los seguros y la escolta a los buques. Esas declaraciones moderaron las subidas en los precios de la energía, pero cada jornada adicional con el estrecho bloqueado tensiona la logística: el almacenaje en tierra de los exportadores de petróleo y gas del Golfo Pérsico comienzan a quedarse sin espacio ante la falta de barcos, lo que obligaría a detener, eventualmente, la producción.

En este contexto, China y Japón han optado por limitar las exportaciones de sus refinerías y priorizar el abastecimiento interno de diésel y gasolina ante la posible escasez de crudo en las próximas semanas, aunque por ahora no se han registrado problemas notables en el mercado físico. De hecho, las compañías refinadoras japonesas están en conversaciones con el Gobierno para acceder a las reservas estratégicas en caso de necesidad las próximas semanas.

A pesar del flujo de noticias, los mercados continúan descontando un conflicto breve y un cierre del estrecho limitado en el tiempo. Esta percepción se reflejó en una menor tensión en los precios de la energía, lo que proporcionó cierto alivio a los activos más castigados y permitió avances en las Bolsas globales, lideradas por las regiones que habían sufrido mayores caídas —Asia y Europa—. De igual modo, el sector tecnológico mostró una reacción favorable, impulsado además por los resultados de Broadcom. También destacó el sólido comportamiento de las compañías de ciberseguridad, en un entorno marcado por la habitual guerra informática en la sombra.

En renta fija, las ventas continúan presionando la parte larga de la curva, ante el repunte de los temores inflacionistas. Las expectativas de recortes de tipos en EEUU empiezan a desplazarse hacia finales de año, lo que podría seguir apoyando al dólar en el corto plazo.

"El conflicto no debería prolongarse en exceso y la presión diplomática china junto con las garantías americanas debería provocar una reapertura del estrecho de Ormuz más pronto que tarde. Si esto se materializa, la percepción de riesgo disminuirá; por ello, consideramos que realizar movimientos precipitados en este entorno podría tener efectos negativos sobre la rentabilidad a medio plazo. Un ejemplo reciente fue el fuerte rebote tras el giro de Trump en el Liberation Day: perderse esa sesión habría postergado la recuperación del inversor más de seis meses, y actualmente nos encontramos en un escenario igual de dual", argumentan en Banca March.

China reduce la producción

Mientras, China fijó su objetivo de crecimiento más modesto desde 1991, con una horquilla del 4,5% al 5% para este año, y apenas mostró disposición a impulsar el consumo pese al creciente desequilibrio entre una oferta fuerte y una demanda débil. El Gobierno mantendrá el apoyo fiscal en niveles similares a 2025 y recortará subvenciones para la compra de bienes de consumo, incluida la financiación del programa de renovación de electrodomésticos y vehículos, que caerá de 300.000 millones de yuanes a 250.000 millones ante el menor interés de unas familias presionadas por la inseguridad laboral y el débil crecimiento salarial.

En lugar de desplegar grandes paquetes de gasto general, Pekín centrará sus esfuerzos en los sectores emergentes y fija un aumento medio anual del 7% en I+D hasta finales de la década, priorizando la autosuficiencia tecnológica, la digitalización y la construcción de industrias modernas por encima del impulso a la demanda interna. Mientras tanto, mantuvo su objetivo de inflación en el 2%, después de un 2025 en el que los precios al consumidor permanecieron prácticamente estancados.

Por otro lado, y en pleno contexto del conflicto de Irán, China busca proteger el suministro interno de petróleo y combustibles ante la interrupción de los flujos de crudo procedentes de Oriente Medio. Para ello, ha solicitado a las empresas nacionales que suspendan la firma de nuevos contratos de exportación de combustibles refinados y que intenten cancelar envíos ya acordados. La medida excluye tanto el repostaje de aviones en vuelos internacionales como el abastecimiento de buques en régimen de depósito. Además, al menos dos refinerías —Zhejiang Petrochemical Corp y Fujian— ya han reducido su actividad alrededor de un 20% este mes, y se espera que más plantas apliquen recortes adicionales en la producción.

Mejora la confianza de los empresarios en EEUU y en Europa

La guerra en Oriente Medio contrasta con favorables datos de actividad que apuntan a una aceleración del crecimiento en EEUU: repunta la creación de empleo privado y mejora la confianza de los empresarios de los servicios en febrero. Según la consultora ADP el empleo privado aumentó en 63.000 nuevos puestos de trabajo en febrero, un repunte desde el débil dato del mes previo (en enero solamente se han creado 11.000 puestos de trabajo). Además, también se publicó una importante mejora de la confianza de los empresarios con el ISM de los servicios superando ampliamente las expectativas y escalando en febrero hasta 56,1 desde el 53,8 previo y muy por encima del 53,5 esperado. Una clara mejora de las expectativas, apoyada por el fuerte incremento del subíndice de nuevos pedidos, que subió hasta 58,6 desde el 53,1 anterior, y también la mejora del subíndice de empleo, que escaló hasta 51,8 desde el 50,3 previo. En conjunto cifras que apuntan a una aceleración de la actividad y mayor contratación en los próximos meses.

En la zona euro, también datos positivos con la tasa de paro bajando a nuevos mínimos históricos en la región y con la confianza de los empresarios manteniéndose en terreno expansivo. El paro del conjunto de la zona euro retrocedió en enero más de lo esperado al bajar hasta 6,1% desde el 6,3% anterior. Con ello, superó así las expectativas y alcanzó nuevos mínimos, mostrando que la actividad en la región ha comenzado el año 2026 con fortaleza. 

Por otro lado, la confianza de los empresarios, según el PMI compuesto, subió en febrero hasta 51,9, su mayor nivel desde noviembre. Por países, en Alemania este indicador subió hasta 53,2, muy por encima de la media de la región, mientras que en Francia se situó por debajo del umbral de expansión (49,9 el nivel actual). Entre las dos grandes economías de la región, en Italia subió hasta 52,1 desde el 51,4 previo, frente a ello, se deteriora la confianza en España, con el PMI compuesto bajando hasta 51,5 desde el 52,9 previo.

 The Trader: EEUU no sabe quién manda ahora en Irán

El analista Pablo Gil aporta interesantes reflexiones en The Trader sobre el conflicto de Irán, especialmente sobre el asesinato de Ali Jamenei, que durante más de tres décadas fue el eje alrededor del cual giraba todo el sistema iraní: "La tentación inmediata es pensar que, eliminado el líder, el sistema se desmorona. Pero la historia reciente nos obliga a ser prudentes. En 2003, cuando cayó Saddam Hussein, también parecía que el problema estaba resuelto. El dictador había desaparecido y el aparato militar había sido derrotado. Sin embargo, lo que vino después fue mucho más complejo. La desarticulación del Estado iraquí dejó un vacío que derivó en guerra civil, radicalización sectaria y el nacimiento del Estado Islámico. Derribar fue rápido. Reconstruir resultó casi imposible"

Irán no es Irak. Tiene una estructura de poder más cohesionada y un aparato de seguridad diseñado precisamente para sobrevivir a situaciones extremas. La Guardia Revolucionaria no es solo un brazo militar, es una red política, económica y estratégica profundamente arraigada. Aunque la figura del líder supremo desaparezca, el sistema puede reconfigurarse. De hecho, la Constitución prevé mecanismos de sucesión y el poder puede redistribuirse entre el presidente, la judicatura y la Asamblea de Expertos mientras se designa un nuevo líder, tal y como está ocurriendo en este momento.

Por eso el escenario más probable a corto plazo no es el colapso, sino la continuidad. Un régimen herido, pero cohesionado frente a una agresión exterior. Paradójicamente, los ataques externos suelen fortalecer la narrativa nacionalista. Cuando las bombas caen desde fuera, el resentimiento interno muchas veces se transforma en defensa patriótica. Lo vimos en Irak tras la primera Guerra del Golfo. Lo hemos visto en muchos otros lugares.

El segundo escenario es más inquietante. Si la estructura central se fractura, el vacío puede activar tensiones latentes. Irán es un país multiétnico con regiones kurdas y baluches donde ya existen movimientos armados. La oposición está profundamente fragmentada entre monárquicos, reformistas, grupos étnicos y movimientos en el exilio sin liderazgo unificado. La experiencia iraquí demuestra que cuando no existe una alternativa cohesionada, el vacío no genera democracia automática. Genera competencia por el poder. Y eso suele traducirse en violencia.

El tercer escenario es una guerra prolongada de desgaste. Irán ya ha demostrado capacidad de respuesta rápida contra las bases estadounidenses en el Golfo y contra su archienemigo Israel. El estrecho de Ormuz es una vía crítica, por donde transita cerca del 25% del petróleo y el 20% del gas natural licuado transportado por mar, convirtiéndolo en un cuello de botella energético global. Una escalada que afecte a ese flujo durante semanas tendría consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía, la inflación y el crecimiento mundial. En un contexto económico frágil, el impacto sería enorme.

Además, hay un factor estratégico más amplio. Cada recurso militar que Washington concentra en Oriente Próximo es un recurso que no está en el Indo-Pacífico. En 2003, la implicación prolongada en Irak tuvo consecuencias geopolíticas globales. Hoy el tablero incluye a China y a un equilibrio internacional mucho más delicado.

"Por eso el verdadero debate no es si Jamenei debía o no ser eliminado. El debate es si existe un plan sólido para el día después. En Irak no lo hubo. Y el vacío fue ocupado por la violencia. En geopolítica existe una tendencia peligrosa a personalizar los problemas. Creer que eliminando al líder se elimina el sistema. Pero los regímenes autoritarios no se sostienen solo en una persona. Se sostienen en redes, estructuras, intereses y equilibrios de poder. Si esas piezas no se gestionan con precisión, el resultado puede ser peor que el punto de partida", señala este experto.

"Lo inquietante en esta ocasión no es solo la magnitud del golpe, sino la ausencia de un relato coherente sobre el día después. La propia Casa Blanca ha reconocido que no sabe con claridad quién está al mando ahora mismo en Irán", añade. Trump ha alternado en cuestión de horas entre hablar de cambio de régimen, destrucción del programa nuclear, intervención limitada de “cuatro o cinco semanas”, posibilidad de desplegar tropas o búsqueda de un acuerdo. Incluso ha admitido que no saben quién podría asumir el liderazgo en Teherán. Cuando el objetivo político cambia cada día, la estrategia deja de ser estrategia y pasa a ser reacción.

La historia demuestra que el vacío no se llena solo. En Irak se pensó que la caída del líder resolvería el problema. Lo que vino después fue una década de inestabilidad que reconfiguró todo el equilibrio regional. Hoy el riesgo no es únicamente militar. Es estratégico. Si no existe un plan sólido para gestionar la transición, el poder puede fragmentarse, radicalizarse o escaparse del control de quienes iniciaron la operación.
Irán entra ahora en una fase decisiva. Puede reforzar su cohesión interna frente a un enemigo exterior, puede fracturarse en luchas de poder o puede arrastrar a la región a un conflicto prolongado. Pero el verdadero interrogante no está solo en Teherán. Está en Washington. Porque en geopolítica, lo verdaderamente peligroso no es solo derribar un régimen. Es hacerlo sin tener claro qué se construye después.

El verdadero campo de batalla está en Ormuz

Cuando hablamos de tensiones en Oriente Medio, solemos pensar en misiles, portaaviones o amenazas cruzadas. Pero el verdadero campo de batalla, muchas veces, no está en tierra firme. Está en el agua. Y en concreto en un punto muy estrecho del mapa: el estrecho de Ormuz. Por ese paso marítimo, situado entre Irán y Omán, transita aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo, más un 10% de productos derivados y cerca del 20% del gas natural licuado que se comercializa globalmente. En el primer trimestre de 2025, cruzaron por allí una media de 20,1 millones de barriles diarios. Uno de cada cinco barriles del planeta depende de ese embudo de apenas 50 kilómetros de ancho y menos de 60 metros de profundidad.

Pero detrás de ese porcentaje hay nombres propios. Desde el lado de los exportadores, los países más expuestos son Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar. Arabia Saudí es el mayor exportador mundial de crudo y una parte esencial de sus envíos sale de terminales del Golfo Pérsico que necesariamente cruzan Ormuz. Irak depende casi por completo de esa vía para colocar su producción en los mercados internacionales. Kuwait y Emiratos tienen también una dependencia crítica. Y en el caso del gas natural licuado, Catar es el actor clave: es uno de los mayores exportadores mundiales de GNL y prácticamente todo su gas debe atravesar el estrecho.

Del lado de los importadores, el impacto sería especialmente severo en Asia. China es el principal comprador del crudo que sale del Golfo y el mayor cliente del GNL catarí. India, Japón y Corea del Sur también dependen en gran medida de esos flujos energéticos. Para ellos, Ormuz no es una variable secundaria, es una arteria vital. Europa recibe un porcentaje mucho menor del crudo que pasa por el estrecho, pero sí depende en parte del gas natural licuado catarí para diversificar su suministro tras la crisis con Rusia. EEUU importa relativamente poco crudo del Golfo en comparación con Asia, pero el precio internacional del petróleo marcaría igualmente su inflación.

Tras los bombardeos de EEUU e Israel sobre instalaciones iraníes, el tránsito marítimo se ha paralizado. No sería la primera vez que Teherán juega la carta de bloquear este acceso como arma. Lo hizo en 2008, en 2012, en 2018 y el pasado junio, cuando incluso su Parlamento aprobó el cierre tras ataques a sus instalaciones nucleares. Nunca llegó a ejecutarlo. Pero esta vez el entorno es distinto: mayor despliegue militar estadounidense, presencia de portaaviones y señales de que Irán habría preparado minas navales en semanas previas.

La clave es entender que no hace falta un cierre total para generar un shock. En un entorno bélico, el simple riesgo eleva las primas de seguro, encarece el transporte y ralentiza los envíos. El petróleo puede seguir fluyendo, pero más caro y con retrasos. Eso basta para tensionar el mercado.

Ahora bien, ¿qué alternativas existen si el estrecho se bloquea o se vuelve impracticable? Aquí es donde el coste económico empieza a ser tangible en términos de tiempo y logística. Tomando como referencia cargamentos que parten del este de Arabia Saudí (lo que implica cruzar Ormuz en condiciones normales), las rutas serían hacia la costa este de Estados Unidos vía canal de Suez, entre 32 y 36 días de tránsito. Si el canal de Suez no fuese viable y hubiera que rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, entre 47 y 51 días. Cruzando el Pacífico hacia la costa oeste estadounidense, entre 39 y 43 días. Cada alternativa supone más días en el mar, más combustible, más costes financieros por capital inmovilizado y mayor tensión en las cadenas de suministro. Y eso sin contar posibles cuellos de botella en otros puntos estratégicos.

En el plano terrestre, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos disponen de oleoductos que permiten desviar parte del crudo evitando el estrecho. El gran oleoducto este-oeste saudí puede enviar hasta 5 millones de barriles diarios hacia el mar Rojo. Emiratos cuenta con capacidad adicional hacia el golfo de Omán. Pero, en conjunto, solo podrían sustituir una fracción del volumen total que hoy atraviesa Ormuz. Irak, Kuwait y Catar, en la práctica, no tienen alternativa significativa. Y en el caso del gas natural licuado, la dependencia del tránsito marítimo es prácticamente total.

Por eso el escenario más probable no es un apagón energético global inmediato, sino un encarecimiento progresivo por fricción logística. Más días. Más riesgo. Más coste. Y, por tanto, más presión inflacionista. Y ahí es donde el impacto deja de ser regional y se vuelve global: afecta a las economías asiáticas que importan energía, golpea a Europa vía gas y presiona a Estados Unidos vía precios internacionales. Si el petróleo se disparase de forma sostenida, los bancos centrales que contemplaban recortes de tipos tendrían que replanteárselo. La inflación energética es el impuesto más regresivo que existe: afecta a transporte, alimentos, industria. El crecimiento se resentiría y los mercados, que hoy descuentan cierta estabilidad, tendrían que ajustar expectativas.

No se trata solo de mirar el precio del Brent cada mañana. Se trata de entender que una parte esencial del suministro energético mundial depende de un corredor marítimo extremadamente vulnerable. Los grandes exportadores del Golfo se juegan su principal fuente de ingresos. Las grandes economías asiáticas se juegan su seguridad energética. Y el resto del mundo se juega la estabilidad de precios. En un sistema tan interconectado, el cierre de Ormuz no sería un problema local. Sería un shock global. Y cuando la energía tiembla, la economía siempre termina sintiéndolo.

04Mar

Un escenario extremo en el que los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 100$ por barril provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial y probablemente obligaría a los bancos centrales a invertir su estrategia, pasando de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada.

Miguel Ángel Valero

El 28 de febrero, EEUU e Israel llevaron a cabo ataques militares conjuntos contra Irán, después de que una semana de negociaciones para el cese en el desarrollo de armas nucleares por parte del país de los ayatolás en Suiza terminara sin acuerdo. El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, murió durante la operación y el ejército iraní respondió llevando a cabo ataques contra bases estadounidenses e israelíes en todo Oriente Medio. "Los inversores no esperaban una escalada tan rápida por parte de Estados Unidos, sino más bien una actuación militar quirúrgica como la que lanzó en Venezuela", señala un análisis de Ibercaja Gestión

Aunque la respuesta de Irán podría haber sido peor -de momento las principales plataformas energéticas no han sido atacadas-, la situación en la región es muy tensa. EEUU ya ha declarado que los ataques se prolongarán al menos una semana más. El escenario base por ahora contempla un mes. Trump no quiere una guerra larga, ni pretende entrar de forma terrestre en territorio iraní. La guerra se fraguará desde la distancia, con bombardeos, lanzamientos de misiles y operaciones de inteligencia. El objetivo es desgastar al régimen, no tanto para conseguir la liberación del pueblo iraní, sino con el objetivo de poner fin a los deseos nucleares de Irán.

La región de Irán es especialmente relevante para el comercio de petróleo. A través de sus costas, Irán es capaz de controlar el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 30% del comercio marítimo de crudo y el 20% del gas natural licuado del mundo. Aunque no se han producido ataques contra infraestructuras energéticas, los datos satelitales muestran una pausa en el tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz desde el domingo 1 de marzo. El cese de los flujos a través del estrecho y el mayor riesgo de escasez de oferta ha hecho que el precio del barril brent se alce hasta los 80$/barril, un 26% de subida en el año.

Las guerras siempre deben analizarse desde un punto de vista de coste y beneficio, incluso si es Trump el que la inicia. Los beneficios que busca obtener EEUU -e Israel- con la guerra son terminar con el desarrollo de armas nucleares y misiles de largo alcance de Irán. Para EEUU, que la inestable Irán sea una potencia nuclear, supone una limitación en su dominio de Oriente Medio y, para Israel, una amenaza directa.

Teniendo claros los beneficios, debemos analizar los costes. Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70% de los estadounidenses están en contra de la guerra, y el propio presidente prometió en campaña no adentrarse en ninguna. El coste electoral es un desincentivo claro, más teniendo en cuenta que en noviembre hay elecciones de medio mandato. Otros costes que asume EEUU al entrar en esta guerra son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre. Durante todo el mandato, Trump ha estado muy pendiente a los mercados y gran parte de sus decisiones geopolíticas -aranceles, Venezuela, Groenlandia y, ahora, Irán- se han llevado a cabo durante el fin de semana, con los mercados cerrados.

¿Qué debe ocurrir para que veamos el fin del conflicto? Lo trascendental para EEUU es asegurarse de que Irán no continúa con el desarrollo de armas nucleares. De conseguir eso, probablemente veamos una desescalada rápida. Irán no está en una posición de poder y con su líder supremo fuera de combate podría ceder.

"Teniendo en cuenta costes y beneficios prevemos un conflicto corto, que presumiblemente no se extenderá más allá de dos meses. A su vez, descartamos cualquier escenario de intervención terrestre por parte de EEUU y no creemos que la afectación a los mercados y cadenas de suministro sea excesiva", opinan en Ibercaja Gestión.

Para entender el potencial impacto económico de la guerra es clave entender cómo puede evolucionar el precio del crudo. Existen dos tipos de movimientos en el precio del crudo: 

  • los movimientos a corto plazo: que elevan el precio del crudo por incorporar los riesgos asociados con retrasos en el suministro, el encarecimiento en el coste del transporte y una prima por asegurarse el suministro; 
  • y los movimientos en el largo plazo: derivados de prolongados retrasos en el transporte o el daño causado en infraestructuras energéticas que reducen la oferta a medio plazo.

Por ahora, solo los primeros se estarían viendo materializados. Para que los fundamentales a largo plazo se vean alterados no basta con que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado en la práctica unas pocas semanas. Una expectativa de cierre más larga, unida a daños físicos a infraestructuras críticas, o un conflicto interno en Irán que termine con gran parte de su capacidad de producción (3-4% de la oferta mundial), sí que generarían tensiones entre oferta y demanda estructurales.

Sin que los segundos movimientos se materialicen es poco probable que veamos el precio del barril brent alzarse por encima de los 85$/barril, ya que implicaría una prima sobre el precio de equilibrio estimado a dos años de más del 30%.El escenario actual de cierre práctico del estrecho de Ormuz podría ser parcialmente mitigado. Primero, porque recientemente, las exportaciones de la región se habían acelerado ante el riesgo inminente de una escalada, por lo que la cantidad de crudo en camino es más alta de lo normal. Segundo, porque Arabia Saudí cuenta con un baipás, con una capacidad de entre 5-7mb/d, lo que supone cerca de un 20-25% de la cantidad que pasa por el estrecho. Tercero, porque China, que es el mayor importador de la región, cuenta con reservas de crudo para más de 8 meses, y no se espera que vaya a añadir presión en los precios. Y, cuarto, porque la OPEP+ ha anunciado que incrementará la oferta en 206kb/d a partir de abril.

Todo ello, nos hace ser moderadamente positivos con la evolución del precio del crudo. Aunque es clave estar pendiente a la evolución de los hechos para determinar si el escenario base cambia.

Por otro lado, el principal canal de transmisión hacia la economía es sin duda la inflación. Se estima que un aumento del 10% en el precio del brent puede llegar a añadir entre 0,2 y 0,4 puntos a la inflación global. Sin embargo, la traslación no es igual para todos los países, siendo las economías importadoras -zona euro, Reino Unido, Japón o China- las más afectadas.

"No creemos que un incremento temporal en el precio fruto de una prima de riesgo genere grandes tensiones inflacionistas. Sin embargo, la incertidumbre puede hacer que los bancos centrales aplacen cualquier bajada de tipos hasta que se confirme si es un problema estructural. Manteniéndonos en el escenario base donde el barril brent no se va por encima de 85$, el impacto en la economía global se prevé manejable. Tan solo un escenario adverso con precios del crudo por encima de los 100$/barril podrían hacer saltar las alarmas y acrecentar el riesgo de contracción", insisten en la gestora de Ibercaja.

Sobre el impacto a corto plazo en los mercados:

  • Acciones: es de esperar que la reacción inmediata de la renta variable sea negativa bajo este tipo de eventos geopolíticos y posteriormente, dependerá de cómo va evolucionando la situación. En este sentido, la incertidumbre es elevada, pero lo normal es que los precios del crudo sean el principal elemento transmisor de los movimientos que se produzcan. En este contexto, los productores de energía están mejor protegidos que los consumidores de energía. Por tanto, a nivel sectorial, automoción, aerolíneas, transporte marítimo e industrias intensivas en combustibles serían las más afectadas en un entorno de costes energéticos elevados y disrupción logística. Por su parte, energía, defensa, ciberseguridad e infraestructuras críticas se beneficiarían de un aumento del gasto en resiliencia, defensa y seguridad. Mientras tanto, a nivel regional la renta variable europea estaría más expuesta a los shocks en los precios de la energía que la renta variable americana, debido a:
    • una mayor intensidad energética de la industria
    • y mayor dependencia en la importación de hidrocarburos. Esto también aplica a otras economías como la japonesa y a muchos países asiáticos dependientes de las importaciones de Oriente Medio
  • Bonos: el comportamiento de la renta fija soberana como activo refugio podría verse limitado, ya que las rentabilidades de los bonos podrían subir en el corto plazo como reacción a las expectativas de mayor inflación provocadas por el aumento de los precios energéticos, sobre todo si éste se percibe persistente. En este sentido, el papel tradicional de los bonos soberanos como activo refugio puede no resultar efectivo por la combinación de una prima por riesgo geopolítico y riesgo inflacionista persistente. Los bonos americanos tendrían un impacto negativo menor que los europeos y japoneses, dada la mayor independencia energética con la que cuenta EEUU.
  • Divisas: normalmente, cabría esperar que el dólar suba en un escenario inicial de aversión al riesgo, dada su histórica condición de activo refugio. Además, dado que EEUU es exportador neto de energía, podría beneficiarse si los precios de la energía subieran. Por esta misma razón, también podemos esperar que se fortalezcan las monedas de otros países exportadores de energía, como el dólar canadiense, el peso mexicano, la corona noruega y las monedas de Oriente Medio, aunque el efecto sobre estas últimas podría verse atenuado por la proximidad del conflicto.
  • Metales preciosos: tanto el oro como la plata deberían aprovecharse de su condición de activo refugio y verse beneficiados de un escenario como el actual. Su buen comportamiento durante los últimos doce meses responde, en parte, al incremento en el riesgo geopolítico y la fragmentación derivada de los aranceles. La guerra actual no hace más que poner de manifiesto el auge en la tensión en las relaciones entre las distintas potencias y refuerza la tesis del oro. Con la apreciación del oro, las mineras también saldrían beneficiadas de este shock geopolítico.

Coface: riesgo de estanflación en la economía mundial

La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán está ejerciendo una presión extrema sobre los mercados energéticos. Aunque aún no se han registrado interrupciones importantes en el suministro, los riesgos que rodean al estrecho de Ormuz suponen una amenaza para la economía mundial si el conflicto continúa. "Un conflicto limitado a unos pocos días o semanas, el escenario más probable en la actualidad, debería tener un impacto limitado. Sin embargo, si el conflicto continuara, su impacto macroeconómico podría ser significativo y trascender la cuestión de los precios de la energía", avisa Ruben Nizard, director de Investigación Sectorial de Coface.

Los ataques marcan un importante punto de inflexión para los mercados energéticos. Al inicio de la jornada bursátil del lunes 2 de marzo, el Brent subió más de un 10 %, lo que refleja principalmente un aumento dela prima de riesgo geopolítico más que interrupciones inmediatas y concretas del suministro. Antes de esta escalada, los mercados petroleros registraban un amplio superávit. Laabundante oferta, impulsada por los productores no pertenecientes a la OPEP+ y la rápida reposición de existencias, mantenía los precios bajo presión (con una media de 68 libras por barril en 2025). El conflicto cambia las reglas del juego, reintroduciendo una incertidumbre extrema sobre la seguridad del suministro.

Las interrupciones actuales en el estrecho de Ormuz ya están provocando un aumento de los precios. La capacidad para sortear este estrecho es limitada e insuficiente para absorber una crisis importante. Las interrupciones prolongadas o repetidas podrían empujar al Brent a alcanzar los tres dígitos, con la posibilidad de superar el máximo de febrero de 2022 (122$/barril) o incluso el récord de 2008 (147$/barril).

Aunque Irán no es el principal productor de la región, una interrupción de su suministro tendría un impacto inmediato en unos mercados ya frágiles. Con más de 3 millones de barriles diarios producidos y casi 1,5 millones exportados, principalmente a China, una interrupción obligaría a los compradores, especialmente en Asia, a recurrir a alternativas más caras, lo que aumentaría la presión al alza sobre los precios del petróleo.

Más allá del suministro iraní o del posible cierre del estrecho de Ormuz, Irán también podría atacar las infraestructuras petroleras de otros países del Golfo. El impacto dependería entonces de la magnitud de los daños y la duración de la interrupción, en un contexto en el que la capacidad excedentaria de la OPEP+, de entre 4 y 5 millones de barriles diarios, sigue siendo limitada y concentrada, especialmente en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, donde los flujos logísticos comerciales podríanverse interrumpidos.

Lo que está en juego va mucho más allá del mercado petrolero. El estrecho de Ormuz también es crucial para el transporte de gas natural licuado (GNL), fertilizantes, metales industriales (aluminio) y productos petroquímicos. Además, otros puntos estratégicos, como Bab el-Mandeb 1 o el canal de Suez, también podrían verse afectados en caso de una escalada regional. Esto podría aumentar los costes de transporte y las primas de los seguros marítimos.

Esta interrupción gradual de las cadenas de suministro plantea un riesgo creciente de escasez y presiones inflacionistas, especialmente para las economías más dependientes de las importaciones de energía.

Un escenario extremo en el que los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 100$ por barril provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial y probablemente obligaría a los bancos centrales a invertir su estrategia, pasando de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada. Un aumento prolongado de 15$ en los precios del crudo Brent podría reducir así el crecimiento mundial en alrededor de 0,2 punto y añadir casi 0,5 puntos porcentuales a la inflación. En tal contexto, el riesgo de estanflación —una combinación de crecimiento débil e inflación elevada— volvería a convertirse en una amenaza creíble para la economía mundial, con graves consecuencias para las empresas y el comercio.

Banca March

El conflicto es negativo para las bolsas globales, con las de EEUU las menos afectadas y las asiáticas siguen registrando el peor comportamiento, dado que sus economías son las más impactadas por el cierre del estrecho de Ormuz –ver sección de bolsa–.En el plano militar, los ataques estadounidenses e israelíes continúan centrados en desmantelar la capacidad de lanzamiento de misiles y drones. Además, se ha impedido la reunión de los 88 miembros de la Asamblea de Expertos, lo que retrasa el proceso de sucesión del líder supremo. Este movimiento busca que la ausencia de un liderazgo claro favorezca la caída del régimen. 

Por su parte, Irán sigue enviando misiles y drones a distintos países del Golfo y ha señalado que sus objetivos ya no se limitan a instalaciones militares, incrementando la presión sobre los aliados de EEUU en la región.

En paralelo, Trump ha ofrecido —sin detallar el procedimiento— un seguro para los barcos que cruzan el estrecho de Ormuz e incluso la posibilidad de establecer un servicio de escolta. No obstante, al no haberse asignado recursos ni desplegado capacidades operativas, el alivio no es inmediato y, en consecuencia, el bloqueo de facto persiste. China instó a las partes implicadas a no interrumpir el tránsito por Ormuz, lo que ha contribuido a moderar la tensión en los mercados energéticos, que se estabilizan y registran subidas moderadas. Mientras, Iraq ha comunicado una ralentización en su producción de crudo por la falta de cargueros disponibles.

"Mantenemos la atención en la evolución del conflicto y reiteramos que no se deben acelerar decisiones de inversión en el actual entorno de riesgo. Consideramos que nuestro posicionamiento estratégico sigue siendo adecuado y que los componentes defensivos —salud e infraestructuras— seguirán proporcionando soporte. Además, el dólar ha recuperado su papel como activo refugio, apreciándose en las últimas sesiones y sirviendo de protección a los inversores en euros", insisten en Banca March.

Trump amenaza a España

Por otra parte, Trump amenaza a España con “cortar toda relación” por negarle el uso de las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para los ataques a Irán. Asegura que  ha dado orden al secretario del Tesoro, Scott Bessent, suspender las relaciones comerciales con España. Pedro Sánchez replica que la ofensiva constituía una actuación al margen del derecho internacional y aseguró que España dispone de los recursos necesarios para apoyar a los sectores que pudieran verse afectados y diversificar las cadenas de suministro.

En el comercio entre ambos países, el déficit comercial de bienes que España mantiene con EEUU se debe principalmente al importante peso de los bienes energéticos sobre nuestras importaciones: el país norteamericano nos provee el 17% del petróleo crudo y el 34% del gas natural. 

Trump también arremetió contra Reino Unido, por el mismo motivo, negarle el uso de sus bases para la ofensiva, aunque posteriormente, sí autorizó su uso defensivo. Otros aliados europeos que han permitido el uso de sus bases con fines estrictamente defensivos son Alemania, Francia y Portugal.