Miguel Ángel Valero
En junio de 2022, la economía espacial comercial se encontraba en el radar de la mayoría de los inversores. Los costes de lanzamiento estaban cayendo y surgía una nueva generación de empresas más allá de los gigantes aeroespaciales tradicionales, aunque aún existían pocos vehículos para invertir en esta temática. VanEck vio que se estaba gestando un cambio estructural y creó uno de los primeros ETF de Europa centrados en este ámbito. Cuatro años después, el espacio ha pasado de ser una curiosidad de nicho a convertirse en una de las temáticas invertibles más esperadas.
"La inversión temática se basa en un principio simple pero exigente: reconocer un cambio estructural antes de que sea evidente para todos y permanecer invertido durante los años que tarda en desarrollarse. Llegar pronto es solo la mitad de la disciplina; la convicción para mantener el rumbo es lo que da a una temática margen para desarrollarse a largo plazo", explica Moritz Henkel, Product Manager VanEck Space Innovators UCITS ETF.
Como pionera en inversión temática e innovadora desde 1955, VanEck ha construido su reputación sobre la base de abrir el acceso a ideas antes de que lleguen al gran público, desde el oro y los recursos naturales hasta los semiconductores, la defensa, la computación cuántica y ahora el espacio. "Eso es pretendemos en VanEck: ayudar a nuestros clientes a acceder a las oportunidades de mercado del mañana con productos cuidadosamente diseñados y una perspectiva a largo plazo, en lugar de promesas", subraya Henkel.
Cuando el fondo JEDI ETF se lanzó en junio de 2022, la economía espacial comercial seguía situándose en el radar de la mayoría de los inversores. Los costes de lanzamiento habían caído con fuerza durante la década anterior, los satélites se estaban volviendo mucho más capaces y estaba surgiendo una nueva generación de empresas cotizadas más allá de los gigantes aeroespaciales tradicionales.
Durante buena parte de 2022 y 2023, el progreso fue real, pero era fácil de pasar por alto. El crecimiento de la industria fue evidente antes en las métricas operativas más que en las valoraciones de mercado o en los titulares. Los lanzamientos orbitales globales aumentaron de 186 en 2022 a 259 en 2024. En el mismo periodo, el número de satélites activos en órbita superó por primera vez los 10.000, impulsado principalmente por el despliegue de grandes constelaciones de banda ancha en órbita baja terrestre. También fueron años de sentar las bases tecnológicas para los siguientes pasos: la misión Artemis I de la NASA hizo volar una nave Orion no tripulada alrededor de la Luna, el primer paso del programa de la NASA para devolver astronautas a la Luna; y SpaceX llevó a cabo las primeras pruebas de vuelo integradas de Starship, el sistema de lanzamiento más potente jamás construido.
Más allá de los titulares, el universo invertible siguió ampliándose a medida que empresas de lanzamiento, fabricación de satélites, comunicaciones y exploración lunar accedían a los mercados públicos. La industria estaba avanzando claramente, aunque la atención de los inversores aún no se había puesto al día por completo.
A partir de 2024, eso empezó a cambiar. El espacio comenzó a considerarse, cada vez más, un activo estratégico, no solo para las comunicaciones y la navegación, sino también para la seguridad nacional, la resiliencia y la soberanía tecnológica.
Varios hitos reforzaron este cambio, incluida la validación con éxito de la misión de defensa planetaria DART de la NASA, que alteró la órbita de un asteroide. Desde una perspectiva comercial lo más importante fue que las comunicaciones por satélite directas al dispositivo pasaron del concepto a la realidad: AST SpaceMobile completó la primera llamada de voz del mundo y posteriormente la primera conexión de banda ancha 5G desde el espacio a un smartphone corriente, sin modificar, mientras que Starlink comenzó a probar servicios direct-to-cell con socios de telecomunicaciones.
Estos avances apuntaban a una industria que maduraba simultáneamente en materia de exploración, conectividad y defensa. Las previsiones externas empezaron a reflejar la magnitud de la oportunidad a medida que las oportunidades se expandían hacia nichos cada vez más especializados: como el mantenimiento en órbita y la retirada de residuos, o el radar de apertura sintética y la inteligencia geoespacial. El Foro Económico Mundial y McKinsey estiman que la economía espacial mundial podría alcanzar los 1,8 billones$ en 2035, triplicándose así en la próxima década.
Durante 2025, las distintas partes de la cadena de valor comenzaron a reforzarse mutuamente. La conectividad por satélite se acercó más a la realidad comercial; los datos de observación de la Tierra encontraron nuevos usos impulsados por la inteligencia artificial (IA), y una demanda pública constante respaldó las carteras con sistemas satelitales, robótica e infraestructura de comunicaciones. El impulso comercial creció al mismo tiempo: desde la financiación de la NASA de sucesores operados de forma privada de la Estación Espacial Internacional hasta el despliegue de nuevas constelaciones de banda ancha en órbita baja terrestre. El espacio ya no consistía solo en alcanzar la órbita; cada vez trataba más de lo que podía construirse, conectarse y comprenderse desde allí.
Esta temática se consolidó como corriente en 2026, cuando SpaceX completó la mayor OPV de la historia (cotizando en el Nasdaq en junio con una valoración superior a los 2 billones$) en un contexto más amplio de ambición que incluía Artemis II de la NASA, la primera misión tripulada de regreso hacia la Luna en más de medio siglo.
La intensidad de esa operación dejó una lección en sí misma para los inversores: las temáticas impulsadas por la innovación rara vez avanzan en línea recta, el capital puede rotar con brusquedad entre nombres consolidados y nuevas incorporaciones. Precisamente por eso importa el enfoque basado en reglas de JEDI: una temática construida sobre la innovación siempre generará tanto líderes como rezagados, y una metodología disciplinada permite que la cartera evolucione al mismo ritmo que la industria. Cuatro años después, la cuestión ya no es si el espacio es invertible, sino cuál es la mejor forma de acceder a él.
Llegar pronto es una disciplina; ser puro es otra. La exposición al espacio puede obtenerse de muchas formas, pero gran parte de ella se encuentra dentro de grandes conglomerados aeroespaciales, de defensa o de telecomunicaciones, donde el espacio puede representar solo una fracción de los ingresos. JEDI se diseñó para evitar esa dilución. Se dirige a empresas para las que el espacio es una parte central del negocio y reparte la exposición a lo largo de toda la cadena de valor en lugar de concentrarse en uno o dos nombres muy conocidos. Esa amplitud es importante. La economía espacial moderna no es una única industria, sino un ecosistema: proveedores de lanzamiento, fabricantes de satélites, redes de comunicaciones, plataformas de observación de la Tierra, especialistas en análisis de datos y empresas de infraestructuras desempeñan funciones diferentes. La OCDE describe el sector como cada vez más global, respaldado por un mayor número de programas espaciales gubernamentales, más actores comerciales y la maduración de nuevos sistemas espaciales.
La amplitud se aprecia con mayor facilidad empresa por empresa, observando simplemente los 3 principales contribuidores. Estas tres empresas ilustran cómo la economía espacial comercial ha madurado desde la infraestructura hasta los servicios: Rocket Lab proporciona la columna vertebral de lanzamiento y hardware orbital, mientras que AST SpaceMobile está construyendo la capa de conectividad directa al dispositivo. Planet Labs refleja uno de los cambios más importantes: que, en la economía espacial moderna, el mayor valor se genera cada vez más no por llegar a la órbita, sino por lo que haces con los datos una vez que estás allí. En conjunto, estas empresas trazan todo el arco de la economía espacial moderna: alcanzar la órbita, construir infraestructura en órbita, conectar a través de la órbita y transformar los datos orbitales en inteligencia comercial en la Tierra. "Es importante destacar que no todas las partes de la tesis de inversión han funcionado, y eso resulta igualmente instructivo", admite Henkel.
El turismo espacial, que en su momento se consideró una de las oportunidades comerciales definitorias del sector, sigue estando lejos de alcanzar una escala significativa. Virgin Galactic, uno de los nombres más reconocidos de la industria al inicio de la década, perdió más del 90% de su valor durante la vida del fondo y fue eliminada del ETF en 2024. La lección es que la viabilidad tecnológica y el éxito comercial no son lo mismo. Algunos de los conceptos más publicitados del sector generaron una enorme atención, pero no lograron desarrollar modelos de negocio sostenibles. A lo largo de la vida del fondo, la diferencia entre los mejores y los peores resultados superó los 2.600 puntos porcentuales, una dispersión inusualmente amplia incluso para los estándares de los sectores de innovación.
Visión a largo plazo
El espacio sigue siendo una industria muy técnica en la que las tecnologías dominantes, los modelos de negocio y las ventajas competitivas aún se están definiendo. Predecir con confianza los ganadores a largo plazo es excepcionalmente difícil, y la historia sugiere que muchas de las empresas en las que hoy se fijan los inversores quizá no sean las que definan la industria dentro de una década.
El impulso en todo el sector espacial es fuerte hoy, pero el aspecto más importante para los inversores es la trayectoria a largo plazo. Temáticas como esta rara vez avanzan en línea recta: a periodos de entusiasmo pueden seguirles periodos de volatilidad, y las oscilaciones a corto plazo forman parte de la inversión en innovación. Por eso JEDI sigue una metodología de índice clara y basada en reglas, así como un enfoque equilibrado y diversificado en toda la cadena de valor espacial, en lugar de apuestas concretas. El objetivo es una lograr una exposición duradera a una temática estructural, no una previsión sobre hacia dónde irán los precios a continuación.
Cuatro años después, JEDI ha pasado de ser una idea temprana a una forma consolidada de invertir en la economía espacial. Sus próximos capítulos —exploración más profunda, expansión de las redes satelitales, casos de uso orientados a la IA y las empresas que aún están por llegar a los mercados públicos— apenas están empezando a desarrollarse. Para los inversores pacientes, la historia sigue en sus primeros capítulos.
