Miguel Ángel Valero
La evolución del conflicto entre Irán y EEUU, que se ha extendido a Oriente Medio, condiciona la economía mundial, pendiente del grado de apertura del estrecho de Ormuz. En un escenario marcado por la elevadísima volatilidad, los futuros de los precios del petróleo "anticipan cotizaciones medias hasta finales de 2027 muy por debajo de las hipótesis utilizadas en la mayoría de los escenarios centrales de previsión", señala José Ramón Díaz, de Caixa Bank Research, en un análisis sobre cómo la economía mundial busca un nuevo equilibrio. "Es pronto para cantar victoria, ya que, de momento, solo estamos ante el fin del principio del largo proceso que supondrá la reconfiguración de los equilibrios geopolíticos en Oriente Próximo", advierte.
En función de cómo evolucionen los acontecimientos en Oriente Medio, la probabilidad de los escenarios más negativos (estanflación) se reduce, mientras que aumenta la verosimilitud de que toda la inestabilidad acumulada desde febrero se limite a un shock de oferta moderado. El fuerte retroceso de las expectativas de inflación a corto plazo a ambos lados del Atlántico refleja la efectividad del moderado endurecimiento monetario de los últimos meses y, por otro, aumenta la flexibilidad en la respuesta de los bancos centrales mientras comprueban la intensidad de los efectos de segunda ronda en las cestas de precios. El resultado de todo ello ha sido una relajación de las perspectivas de política monetaria con los mercados ahora descontando tan solo una subida más de los tipos de interés en EE. UU. y Europa, tras el movimiento al alza de 25 pb. del BCE y el cambio de la estrategia de comunicación en la Fed con la llegada de Warsh.
En general, la percepción es que los bancos centrales seguirán manteniendo un rumbo restrictivo hasta que terminen de despejarse las dudas que rodean al complejo escenario internacional, aunque, con los futuros cotizados a finales de junio para el petróleo y el gas, el impacto directo de la energía sobre la inflación general en 2026 podría reducirse en cerca de 3 décimas respecto a las estimaciones de hace un mes.
Algo menos de visibilidad se tiene en el frente de actividad, aunque parece que los efectos negativos en crecimiento serán moderados, sobre todo si se confirman las últimas señales de mejora en los indicadores de confianza de familias y empresas. Ello refleja, una vez más, la resiliencia del ciclo de negocios global y el novedoso empuje de la inversión que, tras una década y media de atonía, está tomando el relevo al consumo privado a corto plazo, gracias al impulso de la inteligencia artificial (IA), al gasto en defensa, a la transición energética y a los últimos coletazos de los fondos Next GenerationEU en Europa.
"El cambio de paradigma que implica pasar de la eficiencia como objetivo de la política económica a la seguridad nacional, la resiliencia industrial y la competencia tecnológica entre bloques tendrá un coste muy elevado. Ahora solo hay que buscar la financiación y evaluar qué implicaciones puede tener el proceso en el delicado equilibrio entre fragilidad fiscal y financiera", subraya Díaz, que ve la economía mundial entrando en una nueva era caracterizada por dos grandes transiciones simultáneas: fragmentación geoeconómica y revolución tecnológica. En este contexto, el reto de la política económica es preservar la resiliencia de un sistema económico cada vez más complejo, interconectado e incierto.
Recuperación del consumo en España
En España, un análisis de Oriol Aspachs muestra que el efecto más visible e inmediato del conflicto se ha producido en la inflación, que, entre marzo y junio, se ha mantenido claramente por encima de lo que esperábamos a principios de año. Ha superado el 3% y, probablemente, se habría acercado al 4% de no ser por las medidas adoptadas por el Gobierno. Este repunte ha afectado tanto a la confianza empresarial como al consumo de los hogares, que han mostrado un perfil en forma de U entre marzo y junio. Por el lado empresarial, así lo refleja el índice PMI; por el lado del consumo, el indicador en tiempo real elaborado por CaixaBank Research. Ambos registraron descensos significativos a medida que el conflicto parecía enquistarse y los precios de la energía escalaban, y ambos se han recuperado en junio, coincidiendo con el acuerdo y la corrección de los precios energéticos.
El PMI ha vuelto a niveles similares a los de enero y apunta de nuevo a un ritmo de crecimiento dinámico. Por su parte, el consumo doméstico, tras un mes de mayo débil, ha ido recuperando pulso a lo largo de junio. El mercado laboral presenta una respuesta más lenta ante los shocks macroeconómicos. Cambiar de trabajo o contratar a un trabajador suelen ser decisiones planificadas con cierta antelación. En este caso, el shock no ha sido ni lo suficientemente intenso ni lo bastante persistente como para alterar las dinámicas de fondo, y el 2º trimestre se ha cerrado con un crecimiento del empleo que sigue siendo globalmente dinámico y comparable al del primero. Además, este dinamismo se ha visto reforzado por el proceso de regularización de inmigrantes, de modo que el empleo total, de hecho, ha crecido ligeramente por encima del ritmo observado en el 1T.
Este experto destaca el único ámbito en el que el conflicto ha tenido un impacto positivo desde el punto de vista macroeconómico: el sector turístico. "Tras el fuerte crecimiento registrado en los últimos años, esperábamos que en 2026 los flujos turísticos siguieran aumentando, pero a un ritmo más moderado. Esta era la tendencia hasta el estallido del conflicto, momento en el que el crecimiento del sector volvió a acelerarse. España es percibida como uno de los destinos más seguros y, como en otras ocasiones, muchos turistas europeos han modificado sus planes para visitarnos. Los últimos datos sugieren que este año podría superarse ampliamente la barrera de los 100 millones de turistas internacionales", argumenta.
En conjunto, el PIB parece que cerrará el segundo trimestre con un crecimiento algo inferior al previsto a comienzos de año, pero superior al contemplado en el escenario actual, que asumía un periodo más prolongado de precios energéticos elevados. Más importante aún, si la paz se consolida en Oriente Medio y los precios de la energía no vuelven a repuntar, "la economía española post-Ormuz dispone de gasolina para seguir creciendo a un ritmo dinámico", concluye Oriol Aspachs.
