12Jun

Ebury cree que el Euribor se mantendrá en los niveles actuales, aunque los mercados especulan con tres subidas del BCE en lo que queda de año. Fluye más petróleo del que se pensaba por el estrecho de Ormuz. Los costes de producción en EEUU se aceleran.

Miguel Ángel Valero

El turismo global arrancó 2026 con unas previsiones de crecimiento muy positivas, después de haberse alcanzado cifras récord de llegadas internacionales en 2025, con cerca de 1.500 millones, superando por primera vez los niveles previos a la pandemia, y un gasto estimado de 1,9 billones$ por parte de los visitantes en todo el mundo.

Sin embargo, la escalada de la crisis en Oriente Medio ha desencadenado una redistribución de los flujos de viajes, remodelando el mapa del turismo mundial destino por destino. El incremento de los costes del combustible está provocando un aumento de las tarifas aéreas, llevando a los consumidores a optar por destinos más cercanos y accesibles, lo que favorece los viajes de corta y media distancia, especialmente dentro de Europa y Asia.

Crédito y Caución trabaja sobre dos posibles escenarios, en función de la duración del conflicto. En el escenario base, se espera que la demanda turística en Europa aumente un 8% y en Asia, un 12%. En un escenario pesimista de guerra prolongada, esas cifras de crecimiento se reducirían al 3% y al 5%, respectivamente. Hay que recordar que Europa recibe el 52% de las llegadas internacionales y Asia, el 22%.

Por ahora, la situación se caracteriza mejor como una crisis de precios que como una interrupción física del suministro. El combustible para aviones es uno de los componentes de mayor coste para las aerolíneas y suele representar entre el 25% y el 30% de sus costes operativos. Por lo tanto, un fuerte aumento del precio tiene consecuencias inmediatas: compresión de los márgenes, tarifas y recargos por combustible más elevados, reducción de la cobertura de las rutas menos rentables y una mayor optimización de los factores de ocupación y del despliegue de la flota. El transporte aéreo representa aproximadamente dos tercios de los movimientos turísticos internacionales en todo el mundo.

En este sentido, lo que inicialmente parecía un riesgo geopolítico se está traduciendo en presión operativa y financiera en todo el sistema de la aviación. La resiliencia de las aerolíneas dependerá en gran medida de su solidez financiera, de sus estrategias de cobertura de combustible y de su poder de fijación de precios.

Se trata, además, de una situación que no solo afecta a la aviación, sino también al resto de la cadena de valor del turismo. Los operadores turísticos, los intermediarios de viajes, los hoteles que dependen de la demanda de larga distancia y los proveedores de transporte y servicios con elevados costes fijos se enfrentan a un entorno más complejo.

En este escenario, el análisis de la aseguradora de Crédito señala que el impacto será desigual. Así, es probable que los segmentos vinculados a los viajes de corta distancia y nacionales demuestren una mayor resiliencia, beneficiándose de la reasignación de la demanda. La situación actual no apunta a una parada brusca del turismo mundial, pero sí pone de manifiesto una vulnerabilidad estructural. Si las restricciones persisten, el sector podría enfrentarse a un periodo más prolongado de menor conectividad, precios más altos y cambios en los patrones de viaje.

De momento, los hoteles españoles facturaron un 4% más hasta abril, según el último informe de Exceltur. La ocupación aguanta y el precio medio por habitación sigue subiendo gracias a la demanda internacional, especialmente americana y del norte de Europa. El turismo es ya el primer motor de la economía española y las señales de que la temporada de verano arrancará fuerte son sólidas. Meliá Hotels, NH Hotel Group e Iberia son los valores más directamente expuestos a este ciclo.

En EEUU, Navan, la plataforma de viajes corporativos, revienta expectativas en el primer trimestre, tanto en beneficio como en ingresos. También los objetivos se sitúan  por encima del consenso de FactSet en el segundo y en el año completo.

Ebury: el Euribor se mantendrá en los niveles actuales

Diego Barnuevo, Analista de Mercados de Ebury, destaca que la reunión del BCE trajo una subida de tipos ampliamente descontada pero no esclareció del todo el camino que tomará en el futuro cercano. La atención estaba puesta principalmente en la actualización de las proyecciones económicas. La inflación, tanto general como subyacente, se revisaron varias décimas al alza en 2026 y 2027, mientras que el crecimiento se ajustó ligeramente a la baja. En su comunicado y la rueda de prensa, el banco quiso transmitir tranquilidad al señalar que está "bien posicionado" para hacer frente a la incertidumbre derivada de la guerra en Irán. En general, el tono de las comunicaciones "nos ha resultado un tanto hawkish pero, ante todo, evasivo. Lagarde reiteró el enfoque de reunión a reunión y, aunque rechazó calificar la subida de tipos como una medida preventiva aislada, tampoco confirmó si se trata del inicio de un nuevo ciclo de subidas", señala.

Aunque la guerra en Irán continúa, resulta alentadora la reciente estabilización de los precios del petróleo y su menor sensibilidad a los vaivenes de las negociaciones. También "nos parece positivo el hecho de que las expectativas de inflación a largo plazo sigan bien ancladas". Los mercados están descontando plenamente otra subida del BCE después del verano, y parcialmente una tercera. "Aunque reconocemos la posibilidad de un nuevo endurecimiento de la política monetaria del BCE este año, no consideramos ni mucho menos que esté garantizado", matiza. 

En este contexto, el Euribor a 12 meses podría estabilizarse en torno a los niveles actuales, a no ser que se produzcan avances en las negociaciones con Irán que provoquen una caída en las expectativas de tipos en la Eurozona.

Escepticismo sobre los anuncios de Trump

Trump anuncia un acuerdo con Irán, aunque queda pendiente la confirmación de la contraparte persa. Nadie se fía de Trump, que ya comentado hasta en 40 ocasiones en el pasado que la solución está cercana. El líder estadounidense volvió a dio marcha atrás (una vez más) en sus amenazas de continuar los bombardeos aéreos por tercer día consecutivo, después de haber prometido golpear a la República Islámica “muy duramente” e incluso insinuar la toma de la isla de Kharg. Y, al igual que una veleta, pocas horas después Trump pasó del tono beligerante a anunciar un acuerdo que podría concretarse ya este fin de semana: “terminamos la guerra con Irán hoy” y el pacto está “prácticamente completado”. En su necesidad de vender una victoria pírrica, aseguró además que “conseguimos todo lo que queríamos”.

El acuerdo incluiría la reapertura inmediata del estrecho de Ormuz sin peajes, el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, un alivio de sanciones para Irán y la continuación de las negociaciones sobre el programa nuclear durante el periodo de tregua.

No obstante, la postura iraní sigue siendo ambigua. Medios del país negaban inicialmente la existencia de un acuerdo, mientras que el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores afirmaba que “no se ha finalizado nada”. Sin embargo, otras fuentes recogen que funcionarios iraníes sí habían producido un acuerdo, aunque pendiente de la aprobación definitiva del líder supremo, Jamenei

Esto encajaría parcialmente con las declaraciones de Trump, que sostiene que dicha aprobación ya se ha producido. Pese al optimismo del presidente estadounidense, persisten importantes dudas debido a la falta de confirmación oficial por parte de Irán. No sería la primera vez que, en su afán por cerrar un acuerdo, adelanta un resultado que finalmente no se materializa. 

Ambas partes tienen incentivos para alcanzar un entendimiento más pronto que tarde, algo que el mercado ya ha descontado, con el precio del Brent cayendo por debajo de los 90 $/barril y alejándose de los 120$ vistos en los peores momentos del conflicto. 

La favorable evolución del petróleo se explica en parte por el esfuerzo de países como EEUU, que su afán por mantener controlados los precios energéticos eleva sus exportaciones hasta niveles históricos. Por el lado negativo, la extensión del conflicto se recoge ahora con mayor claridad en los futuros del petróleo con entrega en diciembre, que ahora marcan 84$/barril. 

El informe mensual de la OPEP admite que la producción del grupo siguió disminuyendo en mayo, con una caída de 177.000 barriles diarios (b/d) respecto al mes anterior, hasta situarlos en 18,8 millones de b/d. Irán registró el mayor descenso, con una caída de 546.000 b/d, debido a la presión del bloqueo estadounidense sobre su industria petrolera. Un descenso que, sin embargo, se vio en gran parte compensado por indicios de aumento de la oferta de otros productores del Golfo Pérsico, un dato que sorprende y que coincide con informes no oficiales que apuntan a que está fluyendo más petróleo a través del estrecho de Ormuz. El informe de la OPEP señala que la producción saudí aumentó en 157.000 b/d intermensual, mientras que los Emiratos Árabes Unidos e Irak aumentaron su producción en 87.000 b/d y 75.000 b/d, respectivamente. Y que Venezuela habría incrementado su producción y si comparamos con marzo, la ha elevado en 86.000 b/d.

Mientras, en EEUU se aceleran los costes de producción. Los precios de producción industriales repuntaron más de lo esperado en mayo y aceleraron su crecimiento hasta el +6,5% interanual desde el +5,7% anterior, situándose una décima por encima de lo previsto y en máximos desde noviembre de 2022. Además de los costes energéticos, en esta ocasión la subida de los precios industriales se está ampliando a más productos intermedios: la tasa subyacente (la que excluye los precios de la energía, alimentos y costes de trasporte) también repuntó con fuerza al elevarse hasta +5,1% frente al +4,4% previo, una señal de que esta subida de los precios intermedios pondrá presión sobre los precios al consumo en los próximos meses. 

Las peticiones de subsidio por desempleo siguen en niveles reducidos, elevándose solamente en 4.000 personas en la semana hasta 229.000 peticiones. 

UBS: el BCE subirá tipos en julio o en septiembre

El BCE subió las tasas por primera vez desde 2023, "en línea con nuestras expectativas y las del mercado", señalan en UBS. La presidenta Lagarde subrayó que cualquier decisión futura dependerá de los datos, en un contexto de incertidumbre persistente por las tensiones en Oriente Medio. La decisión refleja el mandato del BCE en materia de control de la inflación. Los riesgos sobre la inflación apuntan a un endurecimiento adicional de la política monetaria. "Esperamos otra subida de tasas, aunque los mercados tienen una postura más restrictiva", añaden.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: "Dada la presión alcista ya arraigada sobre los precios, es probable que el BCE vuelva a subir los tipos de interés antes de hacer una pausa para evaluar las perspectivas". Y añade: "A pesar de las incertidumbres geopolíticas persistentes, seguimos viendo valor en la renta fija para inversores orientados a la rentabilidad. Esperamos que el contexto fundamental se mantenga en términos generales saludable: los emisores de nuestro universo de cobertura cuentan con sólidos indicadores crediticios y presentaron resultados resilientes en el primer trimestre de 2026. Los flujos de entrada de inversores deberían seguir respaldados por unos rendimientos totales todavía elevados".

"Dada la presión alcista ya arraigada sobre los precios —algo sobre lo que Lagarde sugirió que había evidencia creciente de una extensión entre sectores— parece que tiene poco sentido esperar a que esto se confirme con las próximas proyecciones de septiembre. Por ello, creemos que la siguiente subida podría producirse tan pronto como en julio, aunque es una decisión ajustada. Si no es en julio, esperamos una segunda subida de tasas a más tardar en septiembre", aportan Dean Turner, Economista Jefe de la Eurozona y Reino Unido, y Maelle Quillevere, Economista.

"Aconsejamos a los inversores mantener la calma ante períodos de mayor volatilidad y ceñirse a su estrategia de inversión. Al fin y al cabo, seguimos observando tendencias estructurales que apuntan hacia precios más altos en renta variable, un franco más fuerte y un nuevo repunte en el precio del oro", señala Michael Bolliger, Director de Inversiones para Suiza, UBS Global Wealth Management

¿Puede el FOMC superar las expectativas restrictivas del mercado? "Esperamos que los dot plots se desplacen al alza, algo ampliamente anticipado, en particular para 2026. Cualquier indicación de que no habrá subidas de tasas el próximo año debería atraer una mayor atención del mercado. En nuestro escenario base, esto favorecería al dólar estadounidense. Sin embargo, dado que las expectativas de subidas de tasas ya están bastante avanzadas (entre 1 y 2 subidas en los próximos 12 meses), vemos un margen limitado para una sorpresa más restrictiva por parte de la Fed", señala Dominic Schnider, Responsable Global de Divisas y Materias Primas.

Los precios de la plata han caído por debajo de los 65 USD/oz, presionados por la perspectiva de tipos de interés más altos, lo que ha llevado a una reducción de las posiciones en ETF y a posiciones en futuros mayoritariamente estables entre los inversores financieros.

"Estamos rebajando nuestras previsiones para reflejar el esperado inicio tardío de los recortes de tasas de la Fed hasta 2027 y la consiguiente reducción de la demanda prevista de ETF de oro en 2026. El entorno probablemente seguirá siendo complicado en el corto plazo, aunque mantenemos una perspectiva constructiva a medio plazo, a medida que los recortes de tasas de la Fed moderen los tipos reales y el dólar estadounidense", añaden Dominic Schnider, Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, Estrategas.

04Jun

En los últimos 2 meses, el S&P 500 ha subido a una velocidad que solo se ha visto en dos ocasiones históricas fuera de recesión: justo antes del crash del Lunes Negro de 1987 y en el peak del Dotcom de 2000.

Miguel Ángel Valero

La fragmentación geoeconómica ya le cuesta a la economía mundial hasta 307.000 millones$ en pérdida de producción anual, según el informe Deepening Divides: The Cost of a More Fragmented Financial System, publicado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Oliver Wyman. Impulsada por las tensiones geopolíticas, las preocupaciones en materia de seguridad económica y la transformación de las relaciones comerciales entre las principales economías, la fragmentación se aceleró a lo largo de 2025 y 2026 y afecta de forma creciente a los sistemas de comercio, finanzas e inversión. Estas presiones se manifiestan a través de aranceles crecientes, restricciones a la inversión y medidas de represalia. 

Los aranceles y las restricciones a la inversión afectan cada vez más a economías tradicionalmente alineadas, incluidas las de EEUU, la UE, Canadá, Japón y Corea del Sur, lo que eleva los costes para las empresas e incrementa la incertidumbre en el comercio y la inversión transfronterizos.

A medida que la fragmentación se asienta en los mercados y los sistemas financieros y aumentan las barreras incluso entre aliados, crecen los riesgos de escalada y de disrupción económica a largo plazo. Si las tendencias actuales se intensifican hasta escenarios de fragmentación más severa, las pérdidas globales podrían alcanzar hasta 6,9 billones$, o el 6,4% del PIB mundial. Un impacto económico superior al de cualquier economía del mundo excepto las de EEUU y China. 

En última instancia, la fragmentación afecta tanto a las empresas como a los hogares. Se estima que las políticas de fragmentación actuales añadirán hasta 0,3 puntos a la inflación global, erosionando el poder adquisitivo en la mayoría de las economías. Los efectos más pronunciados sobre los salarios reales se observan en EEUU, donde se estima que los salarios reales serán un 0,33% inferiores para los trabajadores con baja cualificación, un 0,49% inferiores para los de cualificación media y un 0,66% inferiores para los de alta cualificación; presiones similares sobre el poder adquisitivo son visibles en otras grandes economías. 

"En las conversaciones con líderes empresariales de todo el mundo, el mensaje es notablemente consistente. Lo que las empresas más necesitan ahora mismo es previsibilidad, y no la están obteniendo", señala Daniel Tannebaum, socio y líder global de Anti-Financial Crime en Oliver Wyman. "Sin reglas más claras en torno a los aranceles, las sanciones y otras medidas económicas, los riesgos para la inversión, el crecimiento y la estabilidad financiera seguirán creciendo", avisa.

Los mercados emergentes y las economías en desarrollo son los más perjudicados por los efectos de la creciente fragmentación financiera. En el escenario de fragmentación más extremo, los países ajenos a los grandes bloques geopolíticos, la mayoría de los cuales son mercados emergentes o economías en desarrollo, podrían sufrir pérdidas de producción del 10,7%, frente a un descenso global del 6,4%. Factores estructurales como el menor desarrollo de sus mercados de capitales hacen que estas economías dependan más de los flujos internacionales de capital y sean más vulnerables a los efectos negativos de un sistema financiero menos integrado. 

África ilustra tanto los riesgos como las posibles vías de resiliencia. La exposición del continente a los flujos de capital exterior implica que un sistema más fragmentado encarecería y haría menos predecible la financiación para el desarrollo. Al mismo tiempo, la integración regional —a través de iniciativas como la Zona de Libre Comercio Continental Africana y sistemas de pago como el PAPSS— ofrece vías para reforzar la resiliencia de África, que además puede beneficiarse de tendencias de largo plazo como el crecimiento demográfico y la abundancia de materias primas críticas. 

Aunque es improbable que la fragmentación se revierta a corto plazo, sí puede gestionarse. El informe identifica cinco acciones que los responsables políticos pueden adoptar para mitigar la fragmentación:

  • Establecer principios compartidos para proteger el sistema financiero frente a la fragmentación, como la preservación del Estado de derecho y la independencia de la política monetaria, la limitación de la incautación de activos soberanos y la protección de la integridad de los datos gubernamentales.
  • Acordar normas que orienten el uso de instrumentos de acción económica exterior para avanzar en los objetivos de seguridad nacional y resiliencia sin perjudicar el crecimiento global.
  • Garantizar la previsibilidad de las políticas públicas para sostener los flujos de inversión y permitir el funcionamiento continuo de los mercados de capitales y financieros transfronterizos.
  • Mantener la interoperabilidad entre los sistemas de pago y las monedas digitales, y preparar a las empresas para un entorno geoeconómico cada vez más fragmentado. 
  • Impulsar iniciativas de integración regional como la Zona de Libre Comercio Continental Africana y el Sistema Panafricano de Pagos y Liquidación, así como apoyar el desarrollo de mercados de capitales domésticos y regionales, incluida la Unión Europea de Ahorro e Inversión. 

En conjunto, estas medidas pueden contribuir a preservar la estabilidad y la resiliencia financieras incluso a medida que la economía mundial se vuelve más fragmentada.

Impacto en la industria química

El cierre del estrecho de Ormuz y los elevados precios de la energía están teniendo un gran impacto en la industria química. La región del Golfo suministra aproximadamente la mitad de las exportaciones mundiales de etilenglicol y casi el 40% del metanol, ambos esenciales para los plásticos y los productos químicos industriales. Además, una amplia gama de bienes industriales requiere de productos químicos para su fabricación por lo que el aumento de los precios del petróleo y el gas repercuten en los costes de fabricación, los precios al productor y, en última instancia, la inflación al consumo.

Un informe de Crédito y Caución plantea dos escenarios, en función de la duración del conflicto, analizando el impacto en el sector químico en cada uno de ellos. En el escenario base, que contempla la reapertura del estrecho de Ormuz en mayo, la producción mundial aumentaría apenas un 0,6% en 2026. Pero en el escenario pesimista, con el cierre del estrecho hasta septiembre, se reduciría un 1,7%. 

A la guerra del Golfo se suma la continua incertidumbre en materia de política comercial. Aunque los aranceles impuestos por EEUU en 2025 están paralizados por el Tribunal Supremo, las empresas químicas se enfrentan a una renovada incertidumbre en torno a los regímenes arancelarios y a los riesgos legales.  En Europa, Crédito y Caución prevé una caída de la producción del 2,2%. El repetido repunte de los precios del gas en Europa está agravando los problemas de competitividad, especialmente en relación con China y EEUU. Por una parte, los productores chinos dependen cada vez más de materias primas basadas en el carbón. Por otra parte, en EEUU el incremento de los precios del gas ha sido más moderado, lo que beneficia a los competidores estadounidenses.  Además de estos factores perturbadores, las empresas químicas europeas se enfrentan a una presión creciente para invertir en automatización, transformación y digitalización. Las pymes sin cobertura energética y sin capacidad de inversión para la descarbonización corren un riesgo especial. Por todo ello, la Unión Europea está perdiendo cuota de mercado mundial de productos químicos en los últimos años. Mientras en 2014 contaba con una cuota cercana al 20%, en 2024 había descendido al 14%.   En este contexto, Crédito y Caución ha rebajado la perspectiva de rendimiento empresarial y riesgo crediticio para la industria química en Bélgica, Italia, los Países Bajos y el Reino Unido.

Otro importante reto para el sector es el posible desvío de mercancías chinas, que inicialmente iban destinadas a EEUU, hacia otros mercados, en particular Europa. Este cambio podría suponer una acumulación de stock de productos chinos a menor coste impactando en la demanda de productos europeos, lo que reduciría la producción interna y, por extensión, de los productos químicos utilizados en su fabricación.  

La industria química se enfrenta a importantes retos derivados del cierre del estrecho de Ormuz y la volatilidad de los precios de la energía. Junto a ello, las interrupciones en la cadena de suministro causadas por tensiones geopolíticas, el aumento del proteccionismo, desastres naturales o problemas logísticos suponen riesgos a la baja que supondrán un lastre para el crecimiento de la producción en 2026.

Resiliencia de la economía, pero ojo al S&P 500

Mientras, el mercado sigue a la espera del desenredar de las negociaciones que permitan reabrir Ormuz. Si ayer los ataques se recrudecían, hoy parece girar nuevamente hacia un acercamiento de las posturas: surgen noticias que apuntan a que Israel y el Líbano acuerdan un alto el fuego, algo que facilitaría las negociaciones entre EEUU e Irán y que ha permitido que el propio Trump vea factible alcanzar un acuerdo este fin de semana. A ver qué pasa ya camino del cuarto mes de conflicto.

El contexto macroeconómico está mostrando una notable resiliencia, los empresarios siguen viendo una actividad sostenida y apuntan a que seguirán con sus planes de inversión al tiempo que persiste un empleo robusto, especialmente en EEUU. Un factor que apunta a que, liderado por la inversión, seguiremos inmersos en un ciclo de expansión económica que apoyará a las Bolsas, aunque tras las importantes subidas acumuladas, el inversor deberá ser más selectivos y aprovechar oportunidades en sectores y regiones que se han quedado rezagadas.

En EEUU, la confianza de los empresarios de los servicios mejora más de lo esperado y la economía sigue creando empleo. La batería de indicadores es alentadora, con el ISM de los servicios repuntando en mayo hasta 54,5, su primera subida tras el estallido del conflicto en Irán. Este repunte mantiene la confianza de los empresarios estadounidenses en niveles cómodamente acordes con expansión económica. Además, la lectura de los componentes fue especialmente positiva, dado que esta mejora de la confianza vino liderada por la fuerte subida del subíndice de nuevos pedidos (57,3 vs. 53,5 anterior). Por otro lado, siguen las tensiones inflacionistas, con el subíndice de precios pagados subiendo en mayo hasta 71,3, un incremento que, no obstante, fue algo menor de lo esperado.

Crece el empleo privado y, según los datos de la consultora ADP, en mayo se crearon 122.000 puestos de trabajo, su mayor nivel desde enero de 2025 y una aceleración frente a los 105.000 del mes previo. Cifras que apoyan la percepción de resistencia del empleo en estos primeros meses de subidas de los costes energéticos. Por sectores, solamente 2 de los 10 analizados no lograron crear empleo y, además, los más cíclicos como Construcción, Manufacturas y Ocio y hostelería han registraron creación neta positiva.

En cambio, en la zona euro se aceleran las presiones inflacionistas. Los índices de precios industriales repuntaron en abril y registraron un crecimiento de los costes del 4,9% interanual frente al +2% anterior y su mayor incremento desde marzo de 2023. Unas cifras que comienzan a reflejar ya el incremento de los precios de la energía y que apuntan que la inflación continuará presionada al alza en los próximos meses a medida que se van traspasando estos mayores costes a través de las cadenas de producción hasta los precios finales.

En esta corriente de optimismo sobre la economía, pese a la fragmentación, los aranceles y las guerras comerciales, un toque de aviso: en los últimos 2 meses, el S&P 500 ha subido a una velocidad que solo se ha visto en dos ocasiones históricas fuera de recesión: justo antes del crash del Lunes Negro de 1987 y en el peak del Dotcom de 2000. No es una predicción de caída inmediata. Es un patrón histórico. El que avisa no es traidor.

UBS: el oro supera a los bonos del Tesoro de EEUU en los bancos centrales

Según nuevas estimaciones del Banco Central Europeo (BCE), el oro ha superado a los bonos del Tesoro de EEUU en la composición de las reservas de los bancos centrales a nivel mundial, confirmando un cambio significativo en la estructura de las reservas. Aunque podría interpretarse como un desafío a la hegemonía del dólar, "creemos que el mensaje para los inversores globales es más matizado: el dólar estadounidense sigue siendo el principal pilar de las reservas mundiales. El oro se ha consolidado como una cobertura estratégica y práctica.El euro está ganando terreno, aunque de forma gradual", precisan en UBS.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Interpretamos este aparente cambio en el comportamiento de los bancos centrales como un recordatorio para que los inversores mantengan siempre presente la construcción de sus carteras y aseguren una adecuada diversificación entre clases de activos, geografías y divisas. Seguimos siendo positivos respecto al oro a medio plazo, a pesar del riesgo de una mayor volatilidad en el corto plazo. Prevemos que el precio alcance los 5.500$ por onza durante el primer semestre de 2027. En la práctica, creemos que los inversores deben mantener una cartera diversificada, incluyendo exposición al oro y a otras materias primas, determinados activos denominados en euros y renta fija de alta calidad. Mantenemos un objetivo para el EUR/USD de 1,2 a mediados de 2027, a medida que los precios de la energía se normalicen y la Reserva Federal retome finalmente los recortes de tipos, mientras que el apoyo fiscal en Europa debería seguir respaldando la moneda única”.

“Esperamos que los precios de las viviendas vacacionales en Suiza e Italia sigan aumentando con más fuerza que en Austria y Francia durante los próximos trimestres. Los principales destinos suizos destacan por una moneda estable, políticas fiscales atractivas y altos niveles de seguridad y discreción”, aporta Maciej Skoczek, economista inmobiliario.

“Esperamos que la mayoría de los bancos centrales de los mercados desarrollados —incluida la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y otros— mantengan los tipos de interés sin cambios a corto plazo. El Banco Central Europeo destaca por la probabilidad de nuevas bajadas de tipos en junio y posiblemente también en julio, reflejando respuestas divergentes de política monetaria ante la inflación y la evolución del crecimiento económico”, opina Dean Turner, economista jefe para la Eurozona y el Reino Unido.


20May

Casi cuatro de cada cinco empresas de Europa occidental informan de retrasos en los pagos, y una de cada cuatro señala pérdidas de hasta el 5%, un nivel que erosiona de forma constante el capital circulante y la rentabilidad.

Miguel Ángel Valero

La Unión Europea (UE) ha finalizado el texto del acuerdo comercial con EEUU, y se espera que cumpla el límite del 4 de julio planteado por Trump. Aunque ambas partes alcanzaron un acuerdo inicial en julio de 2025, su entrada en vigor requería un proceso de validación dentro de la UE que se ha visto retrasado en varias ocasiones. Primero, por las tensiones derivadas de las amenazas de Trump de anexionar Groenlandia y, posteriormente, por la anulación por parte del Tribunal Supremo estadounidense de los aranceles recíprocos.

En este contexto, Trump advirtió que, si el acuerdo no entra en vigor antes del 4 de julio, impondrá un incremento de los aranceles sobre los automóviles europeos, elevándolos del 15% actual al 25%. Aún queda pendiente la ratificación formal por parte del Parlamento Europeo, prevista para el 16 de junio, así como la aprobación posterior por parte de los Estados miembros.

El texto definitivo incorpora varias modificaciones: el acuerdo tendrá vigencia hasta marzo de 2029 y contempla la posibilidad de suspender su aplicación si EEUU incumple sus compromisos o si los aranceles sobre productos vinculados al acero y al aluminio –actualmente en el 50%– continúan superando el umbral del 15% a partir de 2026.

Este avance en las negociaciones coincide, además, con la mayor caída registrada desde 2003 en las exportaciones de la UE hacia Estados Unidos: -37,1% interanual, debido en parte a un efecto base, dado que en marzo de 2025 se adelantaron envíos para evitar la imposición de aranceles.

Por otra parte, la OTAN está valorando la posibilidad de escoltar a los buques que atraviesan el estrecho de Ormuz en caso de que el bloqueo se prolongue hasta julio. Sin embargo, los miembros de la organización aún no cuentan con el consenso necesario para adoptar esta medida, por lo que volverán a reunirse los días 7 y 8 de julio. No obstante, se trata de una iniciativa que llega con cierto retraso, ya que se espera que el conflicto se resuelva antes. De no ser así, su implementación podría resultar insuficiente para evitar un deterioro significativo de las economías. Los últimos datos indican que actualmente solo transita por el estrecho aproximadamente el 1% del tráfico marítimo habitual.

Por otro lado, una coalición encabezada por Francia y el Reino Unido está desarrollando un plan alternativo para garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, siempre condicionado al cese de los combates. 

Crédito y Caución: 4 de cada 5 empresas europeas sufren retrasos en los pagos

En este contexto, el Barómetro de Prácticas de Pago de Europa Occidental muestra que el acceso restringido a la financiación bancaria está provocando un cambio estructural en los hábitos de pago entre empresas (B2B). Cada vez más empresas recurren al crédito comercial para financiar sus ventas, que ya representa el 52% del total de operaciones. Como resultado, los proveedores están asumiendo un mayor riesgo de impago a medida que empeoran los hábitos de pago.

Silvia Ungaro, asesora sénior sobre tendencias de pago B2B en Atradius Crédito y Caución, afirma que “el acceso reducido a la financiación bancaria obliga a las empresas a explorar fuentes de financiación alternativas, en particular el crédito comercial. Este cambio, sin embargo, se produce en un momento en el que la liquidez ya se encuentra bajo presión, principalmente debido a los pagos atrasados que inmovilizan el capital circulante”. 

Las empresas de Europa Occidental se enfrentan a mayores costes de los insumos y a una presión creciente sobre la rentabilidad, impulsados por la inflación y la volatilidad de los precios de la energía, vinculada a las tensiones geopolíticas. Al mismo tiempo, los tipos de interés siguen siendo elevados, ya que los bancos mantienen una postura cautelosa, reflejo de una mayor percepción del riesgo, y han endurecido el acceso al crédito para las empresas.

La presión sobre el capital circulante viene determinada, principalmente, por la frecuencia de los retrasos en los pagos, más que por el tiempo que tarda en recuperarse. Muchas empresas apuntan que disponen de menos efectivo para las operaciones diarias. La dependencia de la financiación externa está aumentando, a menudo a un coste más elevado, mientras que las restricciones a la inversión se hacen cada vez más evidentes. A medida que los retrasos se vuelven más frecuentes, el riesgo de impago se propaga a lo largo de las cadenas de suministro, lo que aumenta la presión financiera en todo el sistema empresarial.

Casi cuatro de cada cinco empresas informan de retrasos en los pagos, y una de cada cuatro señala pérdidas de hasta el 5%, un nivel que erosiona de forma constante el capital circulante y la rentabilidad.

De cara al futuro, la confianza empresarial sigue siendo frágil. Más de la mitad de las empresas no esperan una mejora significativa en el comportamiento de pago B2B a corto plazo, y alrededor de un tercio de las compañías trabaja ahora sobre múltiples escenarios en lugar de basarse en una única perspectiva. Aquellas que contemplan esta incertidumbre y gestionan el riesgo de pago están mejor preparadas para mantener su posición. El reto consiste en equilibrar la flexibilidad y, al mismo tiempo, reforzar los controles allí donde la presión va en aumento.

Ebury: claves para mejorar la gestión del circulante

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, ha identificado seis palancas clave para mejorar la gestión del capital circulante y reforzar la capacidad de adaptación financiera de las empresas con actividad exterior. La gestión del capital circulante se ha convertido en uno de los principales retos para las empresas con actividad internacional, en especial en un contexto como el actual, marcado por la incertidumbre geopolítica, la volatilidad de las divisas y la creciente complejidad de las cadenas de suministro.

“Muchas compañías se enfrentan a la paradoja de crecer en ventas al tiempo que experimentan tensiones de liquidez, y este desequilibrio, lejos de detectarse en fases tempranas, se hace evidente cuando el negocio ya está en marcha, las carteras de pedidos son sólidas y, sin embargo, el efectivo no fluye con la misma agilidad”, explica Luis Merino, director general de Ebury en España. “Para las pymes que operan en distintos mercados, las diferencias en los plazos de pago, los ciclos de caja más largos, la exposición a múltiples divisas y la fragmentación de los sistemas financieros amplifican estas tensiones”, advierte.

Ebury recomienda a las empresas gestionar seis aspectos clave para mejorar la gestión de su capital circulante:

  • 1. Reducir el ciclo de conversión de efectivo donde realmente se pierde liquidez. Muchas empresas priorizan el crecimiento de ingresos sin analizar cuánto tiempo permanece inmovilizado el efectivo tras una venta. Al expandirse a nuevos mercados, es habitual ofrecer condiciones de pago más flexibles, lo que alarga los plazos de cobro. Sin embargo, el problema no está tanto en esas condiciones como en su gestión. Optimizar los procesos de facturación, adaptarse a los métodos de pago locales y reducir fricciones en la liquidación puede acortar significativamente los plazos sin necesidad de renegociar contratos comerciales.
  • 2. Ampliar los plazos de pago sin deteriorar la relación con proveedores. Extender los plazos de pago puede mejorar la liquidez, pero aplicado de forma indiscriminada puede generar tensiones en la cadena de suministro. En este sentido, una alternativa más eficiente consiste en desacoplar las necesidades de liquidez del proveedor del balance del comprador. A través de soluciones de financiación de pagos, el proveedor puede cobrar de forma anticipada mientras la empresa mantiene plazos más amplios, logrando un equilibrio entre liquidez y estabilidad operativa.
  • 3. Integrar la gestión de divisas en el capital circulante. El impacto del tipo de cambio no se limita al margen; afecta también directamente a la liquidez. Las empresas que operan en varias monedas suelen mantener colchones de seguridad para protegerse de la volatilidad, lo que inmoviliza recursos. Una alternativa para reducir esa necesidad sería alinear las monedas de cobro, pago y financiación. En este sentido, herramientas como los contratos a plazo o las cuentas multidivisa no solo actúan como mecanismos de cobertura, sino también como instrumentos de optimización del balance.
  • 4. Priorizar la previsibilidad frente al coste de la financiación. A la hora de evaluar opciones de financiación, muchas empresas se centran en el precio. Sin embargo, en la gestión del capital circulante, la previsibilidad suele ser más determinante que el coste. Estructuras con condiciones claras y comportamiento estable a lo largo del tiempo permiten gestionar mejor los ciclos operativos que soluciones aparentemente más baratas, pero con comisiones ocultas, rigideces o penalizaciones.
  • 5. Adaptar la financiación al ritmo real del negocio. El comercio internacional no sigue ciclos lineales. Los flujos de mercancías, documentos y pagos se producen a distintas velocidades, lo que exige estructuras de financiación flexibles. Las soluciones vinculadas al volumen de transacciones, como las líneas rotativas asociadas a cuentas a pagar o a cobrar, permiten que el capital se ajuste de forma dinámica a la actividad, reduciendo tanto el exceso de liquidez como la necesidad de financiación urgente.
  • 6. Mejorar la visibilidad financiera en entornos diversos. En muchas empresas, el problema no es la falta de efectivo, sino su dispersión. La existencia de múltiples cuentas, monedas y jurisdicciones dificulta la visibilidad y el acceso al capital. Contar con una visión centralizada de la liquidez, incluso sin necesidad de agrupar físicamente los fondos, permite optimizar su uso y compensar excedentes y déficits entre mercados.

Desde el punto de vista de Ebury, la mejora del capital circulante no es una cuestión de aplicar una única solución, sino de reducir fricciones, alinear incentivos entre clientes y proveedores y adaptar la gestión financiera a la realidad de operar en múltiples mercados. “Las empresas que gestionan con éxito su liquidez no dependen de una sola palanca, sino que combinan diferentes herramientas de forma continua. En un entorno internacional cada vez más exigente, esta capacidad de ajuste se ha convertido en un factor clave para sostener el crecimiento y mejorar la competitividad”, reconoce Luis Merino, director general de Ebury España.

UBP: de la tensión a la transición energética

UBP recomienda aprovechar las oportunidades en el sector energético. El panorama energético global está atravesando una rápida transformación. Con el aumento de las tensiones geopolíticas, la creciente preocupación por la seguridad energética y la aceleración de los compromisos climáticos, la descarbonización está ganando un impulso sin precedentes, abriendo atractivas oportunidades de inversión a largo plazo. La seguridad y la independencia energética se han convertido en prioridades estratégicas en distintas regiones. Los gobiernos están acelerando las inversiones en energías renovables, infraestructuras y resiliencia industrial. La electrificación y la eficiencia están transformando sectores enteros, desde el transporte hasta el sector inmobiliario. El capital fluye cada vez más hacia soluciones que hacen posible una economía baja en carbono.

UBS: Suiza tiene capacidad para absorber shocks externos en el corto plazo

La economía de Suiza creció más de lo esperado en el primer trimestre de 2026, con un aumento del PIB del 0,5% trimestral, por encima de la previsión de UBS (0,3%). La inflación también aumentó de forma moderada, alcanzando el 0,6% interanual en abril, frente al 0,1% registrado a comienzos de año, impulsada principalmente por el encarecimiento de la energía. Esta combinación de crecimiento resiliente y baja inflación pone de manifiesto la capacidad del país para absorber shocks externos en el corto plazo. Aunque los datos mejores de lo esperado reflejan solidez, seguimos considerando que la economía suiza crecerá por debajo de su tendencia, lo que dará lugar a un periodo prolongado de tipos de interés cercanos a cero, con implicaciones importantes para los inversores. La resiliencia de Suiza refleja características estructurales de su economía. Aun así, se espera que el crecimiento permanezca por debajo de la tendencia debido a los factores externos adversos que afectan a la actividad. Este entorno apunta a un periodo prolongado de tipos de interés cercanos a 0 en Suiza.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Seguimos manteniendo una visión positiva sobre la renta variable suiza, con preferencia por los sectores defensivos y con pago de dividendos, ya que el entorno de bajos tipos reduce el atractivo de la renta fija. Las rentabilidades por dividendo de alrededor del 3% en el mercado suizo ofrecen una fuente de ingresos relativamente atractiva frente a los rendimientos casi nulos de los bonos. Al mismo tiempo, sectores como el sanitario ofrecen características defensivas y son menos vulnerables a los shocks energéticos, debido a su menor intensidad energética y a la estabilidad de sus beneficios. Esta combinación de resiliencia estructural y generación de ingresos hace que la renta variable suiza esté bien posicionada en un entorno de crecimiento por debajo de la tendencia”.

Lombard Odier ve al oro en 5.400$

Por su parte, Kiran Kowshik, Estratega Global de Divisas de Lombard Odier, reconoce que el oro ha quedado por debajo de lo que los inversores podrían haber esperado de un activo refugio durante un período de tensión geopolítica. Pero cree que "la reciente consolidación del precio del oro no socava el argumento a medio plazo a favor de precios más altos. El respaldo estructural se mantiene intacto, con una demanda resiliente tanto de los bancos centrales como de los inversores privados, reflejo de la amplia incertidumbre fiscal y de las preocupaciones sobre las divisas. Los principales riesgos a vigilar serían un giro hacia políticas más restrictivas por parte de los bancos centrales que impulse los rendimientos reales al alza durante más tiempo, o un deterioro de los flujos hacia fondos pasivos. Mantenemos una visión constructiva sobre el oro, conservamos nuestra sobre ponderación en las carteras y mantenemos nuestro objetivo de precio a 12 meses en 5.400$/onza. 

 Eastspring detecta oportunidades en Asia

Vis Nayar, Chief Investment Officer de Eastspring Investments, asegura que Asia está llena de oportunidades de inversión, ya que ofrece la posibiilidad de diseñar carteras muy resilientes, y con la capacidad de generar ingresos constantes, estables y atractivos. La profundidad y variedad de tejido empresarial asiático permite una elevada diversificación y un acceso inigualable a oportunidades de crecimiento en el largo plazo, ya sea a través de una inversión multipaís o a través de inversiones más focalizadas en paises concretos que presentan elevado potencial de desarrollo.

"Cuando confluyen en un mismo período los acontecimientos geopolíticos, la divergencia de políticas monetarias y la evolución de las dinámicas de crecimiento e inflación, crece la dispersión de rentabilidades entre mercados y estilos de inversión. En este contexto, las potentes temáticas estructurales de Asia, tales como la inteligencia artificial y la tecnología, el auge del consumo interno, y las reformas corporativas, configuran un universo de oportunidades de inversión amplio y diferenciado. Al mismo tiempo, la diversidad de la región asiática ofrece a los inversores múltiples vías para alcanzar los objetivos de inversión a medida de sus objetivos". 

Las acciones asiáticas presentan uno de los universos más fértiles y atractivos, a nivel global, para la construcción de carteras con alta generación de dividendos e ingresos. Asia Pacífico (sin Japón) concentra el mayor número de compañías (376) con rentabilidades por dividendo superiores al 3%, lo que muestra el claro enfoque hacia una satisfactoria retribución al accionista.

Aumentar la ponderación de valores tecnológicos asiáticos que gozan de una alta rentabilidad por dividendos puede permitir a los inversores no sólo mantener una corriente estable de ingresos sino mantener el perfil de crecimiento deseado para su capital.

Los bonos asiáticos han mostrado una mayor resiliencia que los mercados desarrollados, incluso en un contexto en el que los déficits persistentes y el aumento de los niveles de endeudamiento público han elevado el nivel de volatilidad de la renta fija a nivel global. Y los bonos asiáticos no solo han mostrado una mayor resiliencia, sino que además han ofrecido históricamente retornos totales más competitivos a largo plazo. Así, incorporar bonos asiáticos a una cartera de bonos EEUU o globales puede mejorar el binomio rentabilidad-riesgo.

Las estrategias flexibles de renta fija -con acceso tanto al mercado de bonos asiáticos en dólares estadounidenses como en divisa local-, y con capacidad de gestionar dinámicamente la exposición a divisas, están mejor posicionadas para capturar las oportunidades de inversión en el universo de bonos asiáticos, y generar retornos totales atractivos. 

Si bien una estrategia asiática más diversificada puede constituir una asignación de activos básica para las carteras, las estrategias que invierten en un único país pueden resultar atractivas para aquellos inversores que buscan una exposición más concentrada, y desean aprovechar un ciclo macroeconómico o de beneficios específico en un país.

En ese sentido, destaca Japón, por un mayor apoyo gubernamental a las industrias de construcción naval y semiconductores, e India, donde tras registrar un peor comportamiento en 2025, las valoraciones actuales ofrecen a los inversores un punto de entrada atractivo.

19May

Los autónomos ganan el 30% menos que la media europea y soportan crecientes costes administrativos y de digitalización. La creación de empresas cae en abril tras 11 meses de crecimiento.

Miguel Ángel Valero

El 60% de las empresas españolas sufre el impacto negativo de la morosidad en su cuenta de resultados. De esta manera, aumenta en ocho puntos el volumen de compañías que se ven afectadas por la insolvencia de sus clientes, con respecto a los resultados de 2025. Además, el 8,1% afirma que corre el riesgo de cerrar por el impacto de los impagados, según la edición de primavera del Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, impulsado por Crédito y Caución e Iberinform.

El 48% de las firmas españolas afronta pérdidas de ingresos significativas a causa de la morosidad, cinco puntos por encima que los valores registrados en la oleada de primavera de 2025 de este estudio. Para el 23% de las compañías, la insolvencia de sus clientes supone un incremento de sus costes financieros. Además, el 21% se ve obligado a frenar su expansión comercial, lo que supone un empeoramiento de siete puntos con respecto a hace un año. 

La falta de control sobre la morosidad es un riesgo para la actividad empresarial. El incumplimiento de los pagos acordados genera importantes tensiones de liquidez y es especialmente desestabilizador en la operativa de las empresas de menor tamaño. Si se llega al impago de una venta a crédito comercial, la pérdida equivale a los costes de producción del producto. El impacto de un impagado comercial se acentúa cuanto menor sea el margen de beneficios, pues multiplica el número de ventas con clientes solventes necesarias para compensar la pérdida. Si una sociedad con un margen comercial del 10% sufre un impago de 10.000€, deberá generar nuevo negocio por 100.000€ para compensar el impacto de los 9.000€ en costes de producción.

Xolo: los autónomos ganan el 30% menos que en Europa

Por otra parte, Xolo ha analizado datos internos que ponen el foco en la evolución de las condiciones económicas de los trabajadores por cuenta propia en España. El análisis muestra una paradoja clara: aunque las tarifas medias han aumentado un 24% desde 2021, hasta los 42,6€/hora, el autónomo español sigue cobrando un 30% menos que la media europea, situada en 54 €/hora.

El análisis, elaborado a partir de datos agregados y anonimizados de miles de autónomos activos en España y más de 150.000 profesionales independientes en Europa, apunta a una pérdida de rentabilidad, peso relativo y competitividad frente al resto del continente.

La brecha de ingresos entre España y el resto de Europa evidencia una diferencia estructural en la remuneración del trabajo independiente. Mientras que el autónomo residente en España percibe aproximadamente 42,6€/hora, la media europea se sitúa en 54€/hora. La distancia es aún mayor frente a mercados de alta remuneración como Suiza o Austria, donde los profesionales pueden cobrar entre 63€ y 70€ por hora, respectivamente.

En este contexto, el acceso a clientes internacionales aparece como una oportunidad relevante para diversificar la base de clientes y ampliar el potencial de ingresos del sector. Los autónomos residentes en España que trabajan con clientes de otros mercados alcanzan tarifas medias de unos 54,9 €/hora, una cifra alineada con los estándares europeos y claramente superior a la registrada entre quienes operan únicamente en el mercado nacional.

“El autónomo español no solo cobra menos que sus homólogos europeos, sino que además opera en un entorno cada vez más exigente desde el punto de vista administrativo y regulatorio. La subida de tarifas no siempre se traduce en una mejora real de la rentabilidad, especialmente cuando los costes, la burocracia y la incertidumbre fiscal siguen aumentando”, señala Ariadna Julià Brunet, responsable de Operaciones en Xolo España y experta en fiscalidad y contabilidad.

Uno de los mayores retos para el autónomo español ha sido equilibrar el aumento de sus tarifas con el encarecimiento del coste de vida y de la actividad profesional. Entre 2021 y 2025, las tarifas medias en España crecieron un 24%, pasando de 34,2€ a 42,6€ por hora. Sin embargo, este incremento no se ha traducido necesariamente en una mayor rentabilidad real.

La evolución de los precios ayuda a contextualizar esta tensión. Según datos del INE, España acumuló una subida aproximada del IPC del 22,8% entre 2021 y 2025, en un periodo marcado por varios años de inflación elevada tras la pandemia. En este contexto, el crecimiento del 24% en las tarifas medias de los autónomos debe leerse más como una respuesta al encarecimiento acumulado de la vida que como una mejora equivalente de su poder adquisitivo.

Además, el 81,8% de los autónomos confirmó que sus gastos operativos se incrementaron durante el ejercicio 2025, mientras que el 30% terminó el año declarando pérdidas. Estos datos ayudan a explicar por qué el debate sobre el trabajo autónomo ha ganado intensidad en los últimos meses: no basta con facturar más si el margen real se reduce por el aumento de costes, cuotas, trámites y obligaciones fiscales.

“La subida de tarifas debe interpretarse menos como una mejora directa de la situación económica del autónomo y más como una reacción defensiva ante un entorno de costes crecientes. En muchos casos, permite compensar parcialmente la pérdida de poder adquisitivo, pero no consolidar proyectos más rentables o escalables”, señala Julià Brunet.

Más allá del balance económico, el autónomo español enfrenta un coste invisible relacionado con la gestión administrativa. Según ATA, los trabajadores por cuenta propia dedican de media 200 horas anuales a trámites con la administración y obligaciones fiscales, laborales y de Seguridad Social, con un impacto estimado de 3.000€ al año por trabajador y un coste global de 10.000 millones para el conjunto del colectivo.

La actual Campaña de la Renta ha vuelto a evidenciar esta complejidad. Los cambios derivados del sistema de cotización por ingresos reales, la obligación generalizada de declarar para los autónomos y la necesidad de ajustar correctamente ingresos, gastos y rendimientos han incrementado la sensación de inseguridad entre muchos profesionales. En este contexto, durante la Campaña de la Renta de 2025, la contratación de soporte de Xolo se triplicó por el miedo de los autónomos a cometer errores.

“El tiempo que un autónomo dedica a trámites es tiempo que no dedica a vender, producir, innovar o captar clientes. La burocracia no siempre aparece en la cuenta de resultados, pero tiene un impacto directo sobre la productividad y la capacidad de crecimiento del colectivo”, añade la portavoz de Xolo.

A esta complejidad se suma la adaptación a nuevas obligaciones digitales. VeriFactu se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación para autónomos y pymes, especialmente por la necesidad de adaptar sus sistemas de facturación a nuevos requisitos técnicos y fiscales. Aunque la entrada en vigor de la obligación se ha trasladado a 2027, el reto para muchos profesionales no desaparece, sino que se desplaza en el tiempo. Según datos de Xolo, el 88% de los autónomos aún no ha dado pasos firmes para adaptar su facturación, lo que evidencia la distancia entre la agenda regulatoria y la realidad cotidiana de muchos pequeños negocios.

“La digitalización debería simplificar la relación entre autónomos y administración, pero corre el riesgo de percibirse como una nueva carga si no viene acompañada de claridad, pedagogía y herramientas accesibles. Para muchos profesionales, el problema no es solo adoptar una solución tecnológica, sino entender qué deben cambiar, cuándo deben hacerlo y qué consecuencias puede tener no adaptarse a tiempo”, advierte Julià Brunet.

España presenta una contradicción relevante: según datos de la Seguridad Social, el número de autónomos se mantiene por encima de los 3,4 millones y ha crecido un 1,2% en el último año. Sin embargo, este crecimiento numérico oculta una pérdida de peso relativo dentro del mercado laboral: los autónomos representaban el 15,68% del total a cierre de 2025, su mínimo histórico. La pérdida de peso relativo del colectivo apunta a un problema más profundo que el debate inmediato sobre cuotas, fiscalidad u obligaciones administrativas: el trabajo por cuenta propia crece en número, pero pierde fuerza estructural dentro del mercado laboral. 

“El reto no está únicamente en que haya más autónomos, sino en que estos puedan construir proyectos sostenibles, competitivos y con capacidad de crecimiento. Cuando el trabajo por cuenta propia pierde peso real frente al empleo tradicional, también se debilita una parte importante del dinamismo económico, la innovación y la competencia interna del país”, concluye la portavoz de Xolo.

Registradores: la creación de empresas cae en abril tras 11 meses de crecimiento

Por otra parte, el Colegio de Registradores presenta el avance de abril de su Estadística Mercantil, con la creación de 11.656 empresas en España, frente a las 11.877 registradas en el mismo mes del año anterior, lo que supone un ligero descenso del 1,9%. Tras el fuerte incremento del 35,9% en mayo de 2025, se continuó con ocho meses en tasas positivas más moderadas, con un crecimiento medio del 11,9%. El dinamismo de febrero y marzo sugiere un pico de actividad de carácter coyuntural.

Por comunidades autónomas, se observa con mayor claridad esta tendencia a la baja, con once territorios en descenso. Si bien algunas regiones como Asturias, La Rioja o Navarra registran crecimientos destacados, su menor peso relativo limita el impacto en el balance global. En cambio, los retrocesos en tres de las principales economías —Madrid, Cataluña y Andalucía— explican la caída a nivel nacional, concentrando estas comunidades de forma conjunta cerca del 60% de las nuevas empresas constituidas en España.

Las operaciones de ampliación de capital pueden interpretarse como un reflejo del grado de confianza que tienen las empresas en la viabilidad de sus proyectos y en sus expectativas de crecimiento a medio y largo plazo. Si se analiza la evolución de los últimos doce meses en comparación con el mismo periodo del año anterior, se observa una tendencia globalmente favorable, en la que predominan los incrementos. Aunque durante este intervalo se registraron algunos descensos puntuales y de escasa magnitud, como los observados en octubre (-0,2 %) y en febrero (-1,3 %), estos retrocesos no alteran la dinámica general positiva. De hecho, en abril de 2026 se produce un nuevo repunte significativo, con un aumento del 8,1 %, lo que refuerza la idea de una evolución caracterizada por una relativa estabilidad, acompañada de ligeras oscilaciones a lo largo del tiempo.

En el análisis por regiones, Madrid vuelve a encabezar la lista en número de operaciones, con 736 ampliaciones registradas en abril, lo que supone un incremento del 4,7 % frente al mismo periodo del año anterior. Le sigue de cerca Cataluña con 566 ampliaciones, un 15,7 % más. En el conjunto del territorio, Cantabria y Canarias presentan los mayores incrementos, en contraste con Asturias y La Rioja que muestran los descensos más acusados.

Solunion: mejora de la situación del sector hortofrutícola

En 2025, el valor de las exportaciones del sector de frutas y hortalizas alcanzó los 18.667 millones€ (+3,8% sobre 2024). Europa se consolida como el principal destino de las ventas exteriores, concentrando el 82%: destacan Alemania, con una cuota del 30%, Francia (16%) y Países Bajos (8%).Por su parte, los destinos extracomunitarios representan el 18% del total de las exportaciones, con especial relevancia de Reino Unido (6,7%), EEUU (4,2%) y China (2,3%). El sector mantiene un superávit de la balanza comercial de 13.189 millones, encadenando su segundo año consecutivo de crecimiento, con avances del 1,6% en 2024 y del 2,1% en 2025. 

“En conjunto, el elevado peso de las exportaciones, el crecimiento sostenido del valor exportado y la mejora progresiva del superávit comercial ponen de manifiesto la relevancia estratégica del mercado exterior para las empresas del sector de frutas y hortalizas en España, consolidando su papel como uno de los principales motores de competitividad y generación de valor”, afirma Manuel Furió, Analista de Crédito de Solunion España.

El sector español constituye un referente a nivel mundial, tanto en términos de eficiencia productiva como de generación de valor añadido. Las tierras destinadas al cultivo de frutas y hortalizas representan únicamente el 3,8 % de la superficie total de cultivo en España, si bien concentran más del 51 % del valor económico de la producción vegetal, lo que pone de relieve su elevada productividad. España concentra aproximadamente el 0,5% de la superficie agrícola mundial, pero representa en torno al 3% del comercio agroalimentario global.

Pero el número de concursos de acreedores del subsector de frutas y hortalizas., 252, registra en 2025 un+1,6%, alcanzando el nivel más elevado de los últimos tres años, por el incremento sostenido de las insolvencias. Esta dinámica contrasta con la evolución del conjunto de la economía nacional, donde los concursos descendieron un 5,9 %, y con el sector agroalimentario global, que fue de un-4,7%.

En 2026 se observa una señal de aceleración en marzo, que debe interpretarse con cautela, ya que viene condicionado por un febrero excepcionalmente bajo en número de insolvencias. En el primer trimestre hay una reducción del 18 % en el número de concursos de acreedores respecto al acumulado del mismo período de 2025. Este descenso apunta a una mejora general del entorno financiero del sector, si bien con diferencias relevantes entre segmentos.

En paralelo, los indicadores de liquidez comienzan a mostrar señales de recuperación, tras al menos dos ejercicios marcados por una fuerte política de austeridad, orientada a la preservación de los niveles de caja. En este contexto, se aprecia una mayor predisposición del sistema bancario a apoyar al sector hortofrutícola, facilitando el acceso a financiación.

No obstante, la evolución de las insolvencias a lo largo de la cadena de valor es claramente heterogénea. En el subsector primario (agricultura), los concursos de acreedores se reducen de forma significativa (-40%). En el extremo final de la cadena, la distribución alimentaria registra un descenso más moderado, 7%. Por su parte, el eslabón intermedio de producción alimentaria muestra una reducción del -24%, reflejando una mejora relevante, aunque todavía condicionada por el entorno de costes y márgenes ajustados.

Las empresas que han entrado en concurso hasta marzo de 2026 presentan, en conjunto, un volumen de facturación significativamente superior al de aquellas que lo hicieron en el mismo tramo del ejercicio anterior. Se identifican tres empresas con una facturación superior a los 40 millones€, mientras que en el primer trimestre de 2025 todas las insolvencias correspondían a compañías con ventas inferiores a los 30 millones. 

Este cambio en el perfil de las empresas afectadas constituye  un indicador relevante de un mayor impacto sectorial, al tratarse de operadores de mayor dimensión y, previsiblemente, con un mayor efecto tractor sobre proveedores, clientes y financiación. En este sentido, los datos sugieren que las incidencias concursales registradas en el inicio de 2026 tienen una mayor capacidad de arrastre sobre el conjunto del subsector de frutas y hortalizas, no tanto por su número como por el tamaño relativo de las empresas implicadas.

El sector presenta históricamente una frecuencia de impagos ligeramente superior a la media nacional, dinámica explicada en gran medida por el comportamiento del subsector de food tra-ding, tradicionalmente más expuesto a tensiones de liquidez y a mayor rotación de clientes. No obstante, en los últimos seis meses se observa una reducción progresiva de este diferencial, hasta situarla frecuencia de impagos del sector agroalimentario en niveles alineados con la media nacional, lo que sugiere una mejora relativa en la disciplina de pagos y en la gestión del riesgo comercial.

En paralelo, las insolvencias han descendido desde el máximo más reciente alcanzado en octubre de 2023. Sin embargo, a partir de agosto de 2025 se detecta una ligera tendencia de crecimiento, lo que apunta a un entorno todavía frágil y a la persistencia de focos de vulnerabilidad financiera en determinados segmentos del sector. 

Si se analiza el comportamiento por subsectores agroalimentarios —agricultura, producción y distribución— se observa un cambio relevante en la dinámica reciente de los impagos. El subsector agricultura, pese a seguir registrando una frecuencia de impago en nivel absoluto más baja, es el que presenta el mayor deterioro relativo desde agosto de 2025, con una tendencia claramente más alcista que la observada en los subsectores de producción y distribución. Esto anticipa posibles tensiones financieras incipientes en el eslabón primario de la cadena.

Entre los factores subyacentes destacan una mayor presión sobre la liquidez, el incremento de la dependencia de proveedores como fuente de financiación, la aparición de retrasos puntuales en los pagos y, en último término, una materialización más tardía de la insolvencia formal. Este patrón sugiere que el riesgo en el subsector agrícola podría estar en una fase temprana de deterioro, lo que refuerza la importancia de un seguimiento preventivo delos indicadores de liquidez y comportamiento de pago, más allá del análisis exclusivo de las cifras absolutas de insolvencia.

La Región de Murcia ha presentado históricamente el índice de impagos más volátil, tanto en comparación con Andalucía y la Comunidad Valenciana como frente a la media nacional, lo que refleja una mayor imprevisibilidad en el riesgo de crédito. Por su parte, un elemento especialmente relevante en la evolución reciente es el deterioro relativo observado en la Comunidad Valenciana desde septiembre de 2025, donde la frecuencia de impagos experimenta un cambio significativo de tendencia, pasando a una dinámica claramente alcista y superando ya la media nacional. Este comportamiento supone una señal de alerta temprana, al tratarse de una región clave en la cadena hortofrutícola y con un elevado efecto arrastre sobre el conjunto del sector.

Las dinámicas recientes del mercado han reforzado las estrategias empresariales de proximidad (nearshoring), orientadas a acercar la producción, el aprovisionamiento y el procesado a regiones geográficamente cercanas, con el objetivo de reducir riesgos y mejorar la resiliencia de las cadenas de suministro. En este contexto, el éxito del sector en los próximos cinco años dependerá en gran medida de la capacidad de inversión en innovación y de la construcción de cadenas de suministro contra cíclicas, basadas en la diversificación de proveedores y mercados, el mantenimiento de inventarios de seguridad, la flexibilidad productiva, la extensión delas campañas agrícolas y la preservación de una estructura financiera sólida.

Como factor adicional de riesgo, el actual conflicto en Oriente Medio está generando un impacto directo en el encarecimiento de la energía, los fertilizantes y el transporte marítimo, inputs críticos para el sector de frutas y hortalizas. La magnitud de su efecto sobre los precios finales dependerá de la duración e intensidad del conflicto. 

Ante la caída sostenida del consumo per cápita, el sector necesita seguir creciendo en valor, lo que convierte a la innovación en un requisito imprescindible, especialmente para la viabilidad de las explotaciones de menor tamaño. La adopción de digitalización, innovación básica, inteligencia artificial, drones y robótica será determinante para mejorar la eficiencia operativa, el control de costes, la trazabilidad y la optimización del rendimiento a lo largo de toda la cadena de suministro.

Además, el calentamiento global seguirá intensificando los riesgos asociados a fenómenos meteorológicos extremos como sequías, inundaciones u olas de calor, haciendo imprescindible avanzar en resiliencia climática mediante nuevas técnicas de cultivo, mejora varietal, tecnologías de precisión y una gestión más eficiente del riego y los insumos para asegurar la productividad a largo plazo.

La escasez de mano de obra constituye un desafío estructural que persistirá en regiones agrícolas clave debido al envejecimiento demográfico, la migración urbana, la estacionalidad y la dureza del trabajo. Aunque las medidas de regularización de inmigrantes pueden aliviar parcialmente esta situación, la mejora de las condiciones laborales será clave para atraer y retener trabajadores. Adicionalmente, el encarecimiento de la vivienda urbana podría incentivar progresivamente la relocalización hacia zonas rurales, contribuyendo a mitigar este déficit.

13May

El mercado parece haber alcanzado un nuevo equilibrio, una opinión respaldada por las primas de riesgo de inflación a largo plazo estables, a pesar del reciente repunte de los precios de la energía.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump está en China. en el primer viaje de un mandatario estadounidense en casi una década, desde la visita del propio Trump en 2017. Este desplazamiento de tres días servirá, sobre todo, como ejercicio de marketing político para un presidente desgastado en el frente interno. El primer encuentro cara a cara tendrá lugar el jueves 14 de mayo, mientras que el viernes 15 ambos líderes compartirán una comida conjunta.

EEUU acude con una amplia comitiva de empresarios, interesados también en cerrar nuevos acuerdos comerciales. Paralelamente, la delegación estadounidense buscará que Pekín incremente la presión sobre Irán, uno de sus principales proveedores energéticos. A cambio, China intentará negociar la eliminación de las sanciones impuestas por Washington a varias de sus compañías petroleras por la compra de crudo iraní. 

Trump, además, se ha comprometido a poner sobre la mesa la situación de Taiwán, especialmente tras la reciente venta de armamento a la isla 'rebelde' por valor de unos 11.000 millones$. 

Mientras tanto, al otro lado del continente, el estrecho de Ormuz continúa sometido a un doble bloqueo, y comienzan a aparecer las primeras evidencias de que la capacidad de almacenamiento iraní está alcanzando sus límites. Imágenes satelitales muestran que la isla de Jark, principal centro de exportación de crudo iraní y con una capacidad de almacenaje de unos 35 millones de barriles, no ha recibido ningún buque durante tres días consecutivos, algo inédito desde el inicio del conflicto. Esto podría indicar una saturación de las instalaciones o problemas en la infraestructura de carga, especialmente después de que el pasado 6 de mayo se informara de una posible fuga de petróleo. Las mismas imágenes sugieren, además, que el almacenamiento visible se encuentra prácticamente lleno. Se trata de las primeras señales tangibles del impacto del bloqueo sobre las exportaciones de crudo iraní.

No obstante, las informaciones internas más recientes no apuntan a una moderación de la postura iraní. Se ha comunicado el nombramiento de Mehdi Khamoushi como jefe del equipo asesor del líder supremo, una figura estrechamente vinculada a la Guardia Revolucionaria que ocupa un puesto de elevado peso político. Kuwait ha denunciado que seis miembros de la Guardia Revolucionaria se han intentado infiltrar en la isla kuwaití de Bubiyan, y se han registrado ejercicios militares en las proximidades de Teherán, lo que podría indicar que Irán está preparando una reactivación de las hostilidades.

Reino Unido y Francia han anunciado su compromiso para salvaguardar el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz, condicionado a la consecución de un alto el fuego “estable”. Este anuncio se produjo en la cumbre de ministros de Defensa de 44 países, aunque no se han concretado qué socios participarán finalmente en la operación.

HelpMyCash: ¿vuelve la guerra por el ahorro?

Durante años, el dinero de millones de españoles ha permanecido inmóvil. Quieto en cuentas corrientes que no pagan intereses, atrapado en depósitos que apenas compensan la inflación y protegido bajo una idea profundamente arraigada en el país: más vale no arriesgar. Pero algo empieza a moverse en los escaparates bancarios. Y lo hace deprisa. “En apenas cuatro días, cuatro entidades financieras han elevado la remuneración de sus cuentas y depósitos hasta rozar —o alcanzar directamente— el 3% TAE”, explica Andrea Morales, experta del comparador HelpMyCash

Un movimiento inusual que ha devuelto al mercado una pregunta que parecía enterrada desde las últimas subidas de tipos del BCE: ¿vuelve la guerra por el ahorro? La escena recuerda, aunque todavía de forma más tímida, a la batalla comercial que vivió el mercado hipotecario el año pasado. Entonces, los bancos competían por captar a los clientes con mejores perfiles. Ahora el objetivo es otro: atraer liquidez. Captar ahorro. Conseguir clientes con dinero en cuenta a los que después poder vender otros productos financieros.

“Estamos ante el inicio de una nueva guerra de rentabilidad sin riesgo. Los bancos buscan nuevos clientes con pasivo, vinculables. Y para atraerlos están utilizando el gancho más efectivo para el ahorrador conservador: pagar más por su dinero”, añade.

La señal más visible llegó de la mano de Trade Republic, el neobanco alemán que el 12 de mayo elevó del 2% al 3,04%TAE la remuneración de su cuenta para nuevos clientes. No fue un movimiento aislado. Las subidas arrancaron el viernes de la semana pasada con la entidad lituana SME Bank, que llegó al 2,96%TAE; a inicios de esta semana el letón BluOr Bank subió al 3%TAE y solo un día después Mano Bank subió su plazo fijo a 12 meses al 3,05% TAE. 

“En HelpMyCash llevamos la cuenta y desde finales de abril, al menos ocho bancos han revisado al alza sus productos de ahorro”, detalla Morales. El dato tiene relevancia porque llega en un momento inesperado. El BCE dejó los tipos de interés en el 2% en su reunión del pasado 30 de abril, lo que en teoría reducía los incentivos delas entidades para seguir mejorando sus ofertas. Sin embargo, los neobancos y varias entidades europeas han decidido ir en dirección contraria. Y eso ha cambiado el tablero. La rentabilidad media de los mejores depósitos a un año vuelve a superar ya el 2,5%, después de meses estancada en torno al 2%. Puede parecer un movimiento pequeño, pero psicológicamente supone una frontera importante en un país donde la mayoría del ahorro sigue atrapado en productos que apenas generan rendimiento.

Porque España sigue siendo, por encima de todo, un país de ahorradores conservadores. Los hogares acumulan más de 1,1 billones€ entre cuentas corrientes y depósitos que prácticamente no dan nada, según los últimos datos del Banco de España. La remuneración media de los depósitos a la vista apenas alcanza el 0,26%, y a plazo ofrecen de media un 1,86%. Todo ello con una inflación que en abril se situó en el 3,2%, según el indicador adelantado del INE.

La consecuencia es sencilla, aunque muchas veces invisible para el ahorrador. El dinero no desaparece de la cuenta, pero pierde valor cada día. Un hogar que mantenga 50.000€ inmovilizados en una cuenta sin remuneración pierde alrededor de 1.500 de poder adquisitivo al año con una inflación del 3%. “No es que el ahorrador español quiera perder dinero. El problema es que muchas veces no es consciente de que lo está perdiendo”, señala Morales.

Esa preferencia por la seguridad explica también la enorme distancia entre el dinero depositado en cuentas y el invertido en productos financieros. Mientras los depósitos a la vista —este concepto comprende plazos fijos y cuentas bancarias— superan el billón€, el patrimonio en fondos de inversión ronda los 500.000 millones, según Inverco. Menos de la mitad. Y buena parte de ese crecimiento se explica por las fuertes subidas bursátiles de los últimos años.

Una batalla que aún no han liderado los grandes bancos. El resultado es un mercado profundamente desequilibrado. Los grandes bancos españoles—Santander, BBVA o CaixaBank— apenas necesitan captar liquidez porque ya cuentan con exceso de depósitos. Por eso no ofrecen remuneración salvo campañas concretas en las que ofrecen dinero a cambio de mayor vinculación. Son, sobre todo, los neobancos y las entidades europeas quienes están agitando el mercado. Ahí aparecen nombres como Trade Republic, Bankinter, Banca March, Deutsche Bank, EBN Banco, Wizink Arquia. Algunas entidades ofrecen cuentas remuneradas con liquidez inmediata; otras apuestan por depósitos a plazo fijo que exigen inmovilizar el dinero durante varios meses a cambio de asegurar un interés mayor.

Bankinter mantiene una cuenta remunerada que alcanza el 2,5% hasta 100.000€. Deutsche Bank, por su parte, arranca con su depósito a 12 meses a 2,25%TAE y bonifica progresivamente la rentabilidad si el cliente domicilia nómina o utiliza la tarjeta. Son fórmulas distintas para un mismo objetivo: atraer ahorro en un momento en el que el cliente empieza, por fin, a mirar cuánto le paga realmente su banco.

La cuestión es si este movimiento acabará convirtiéndose en una guerra abierta como la vivida entre 2022 y 2023, cuando las subidas constantes de tipos del BCE obligaban a las entidades a competir agresivamente por el pasivo. De momento, el fenómeno sigue siendo parcial y protagonizado sobre todo por actores digitales y bancos extranjeros. Pero la tendencia parece clara. Para el ahorrador, el mensaje también lo es. “Por primera vez en muchos meses vuelven a existir opciones conservadoras capaces, al menos parcialmente, de acercarse a la inflación y reducir la pérdida de poder adquisitivo. No se trata de construir grandes patrimonios ni de duplicar el capital. Para eso sigue siendo necesario asumir riesgo e invertir. Pero sí de evitar que el dinero permanezca completamente dormido”, puntualiza Morales.

Crédito y Caución: el bloqueo de Ormuz daña a la industria química

El cierre del estrecho de Ormuz y los elevados precios de la energía están teniendo un gran impacto en la industria química. La región del Golfo suministra aproximadamente la mitad de las exportaciones mundiales de etilenglicol y casi el 40% del metanol, ambos esenciales para los plásticos y los productos químicos industriales. Además, una amplia gama de bienes industriales requiere de productos químicos para su fabricación por lo que el aumento de los precios del petróleo y el gas repercuten en los costes de fabricación, los precios al productor y, en última instancia, la inflación al consumo. 

Crédito y Caución trabaja en dos escenarios, en función de la duración del conflicto. En el escenario base, que contempla la reapertura del estrecho de Ormuz en mayo, la producción mundial aumentaría apenas un 0,6% en 2026. Pero en el escenario pesimista, con el cierre del estrecho hasta septiembre, se reduciría un 1,7%. 

A la guerra del Golfo se suma la continua incertidumbre en materia de política comercial. Aunque los aranceles impuestos por EEUU en 2025 están paralizados por el Tribunal Supremo, las empresas químicas se enfrentan a una renovada incertidumbre en torno a los regímenes arancelarios y a los riesgos legales. 

En Europa, el informe de Crédito y Caución prevé una caída de la producción del 2,2%. El repetido repunte de los precios del gas en Europa está agravando los problemas de competitividad, especialmente en relación con China y EEUU. Por una parte, los productores chinos dependen cada vez más de materias primas basadas en el carbón. Por otra parte, en Estados Unidos el incremento de los precios del gas ha sido más moderado, lo que beneficia a los competidores estadounidenses. 

Además de estos factores perturbadores, las empresas químicas europeas se enfrentan a una presión creciente para invertir en automatización, transformación y digitalización. Las pymes sin cobertura energética y sin capacidad de inversión para la descarbonización corren un riesgo especial. Por todo ello, la Unión Europea está perdiendo cuota de mercado mundial de productos químicos en los últimos años. Mientras en 2014 contaba con una cuota cercana al 20%, en 2024 había descendido al 14%. En este contexto, Crédito y Caución ha rebajado la perspectiva de rendimiento empresarial y riesgo crediticio para la industria química en Bélgica, Italia, los Países Bajos y el Reino Unido. 

Otro importante reto para el sector es el posible desvío de mercancías chinas, que inicialmente iban destinadas a EEUU hacia otros mercados, en particular Europa. Este cambio podría suponer una acumulación de stock de productos chinos a menor coste impactando en la demanda de productos europeos, lo que reduciría la producción interna y, por extensión, de los productos químicos utilizados en su fabricación. 

En conclusión, la industria química se enfrenta a retos derivados del cierre del estrecho de Ormuz y la volatilidad de los precios de la energía. Junto a ello, las interrupciones en la cadena de suministro causadas por tensiones geopolíticas, el aumento del proteccionismo, desastres naturales o problemas logísticos suponen riesgos que supondrán un lastre para el crecimiento de la producción en 2026.

Coface: más insolvencias de empresas en EEUU

Desde que Donald Trump inició la guerra comercial en 2025, el debate sobre quién asume realmente el coste final de los aranceles sigue abierto. El presidente estadounidense afirma que son las empresas extranjeras las que, para preservar su acceso al mercado estadounidense, bajarían sus precios y, por lo tanto, absorberían la mayor parte del impacto. Sin embargo, tarde o temprano, es el consumidor quien lo termina pagando en forma de mayor inflación, según indican los economistas de Coface en un nuevo análisis sobre el coste arancelario y la resiliencia del comercio global, tras un año de la imposición de los aranceles de Trump.

Salvo algunas excepciones, los márgenes de los exportadores extranjeros se han mantenido prácticamente intactos y no se observa una tendencia generalizada de las empresas extranjeras a bajar sus precios para preservar su cuota de mercado en EEUU. 

Además, si bien se observa un aumento de la inflación al consumidor, por el momento es significativamente más moderada de lo estimado. De hecho, 2025 finalizó con una tasa de inflación anual promedio del 2,8 %, manteniéndose muy por debajo del 3,5-4% previsto, con aranceles promedio de alrededor del 15 %. Aunque es cierto que, de no haber existido una guerra comercial, lo más probable es que la tasa hubiera sido del 2%, estas cifras, por el momento, no sugieren un alto grado de repercusión de los costes en el consumidor. 

En conjunto, estas dos observaciones indican que, en esta etapa, son las empresas estadounidenses las que están absorbiendo la mayor parte de los costes. Asimismo, existen otros datos corroboran esta evaluación. Tal es el caso del índice de precios de importación, que aumentó un 0,7% en 2025 (una tasa muy cercana a su incremento anual promedio del 0,5% desde 2010). A pesar de esto, algunas categorías de productos registraron excepcionalmente caídas de precios significativas, en particular, bebidas alcohólicas, madera, cosméticos, acero y textiles.

Se ha producido un fuerte aumento en los costes de los insumos entre las empresas más expuestas a aranceles. Para finales de 2025, la inflación de los insumos se sitúa en el 20% en la industria metalúrgica, el 9% en electrodomésticos, el 8% en el sector automotriz, el 6% en maquinaria industrial y textiles, y el 5% en electrónica. En la mayoría de estos sectores, los márgenes brutos se encuentran estancados o, incluso, se contraen.

A primera vista, estos hallazgos pueden parecer contradictorios dada la resiliencia mostrada por la economía estadounidense. Sin embargo, aunque el PIB está creciendo, esto no significa que todas las empresas estén prosperando.  El aumento de las insolvencias lo confirma. La guerra comercial ha coincidido con un rápido incremento en las solicitudes de quiebra: actualmente, se sitúa un 15% por encima de la media de 2019, y esto se ha mantenido durante tres trimestres consecutivos por primera vez desde la pandemia. A pesar de que la mayoría de las empresas aún logran resistir este entorno adverso recurriendo a sus reservas de efectivo o compensando el impacto mediante mejoras en la productividad, un número creciente de ellas se encuentra en una posición vulnerable. 

También parece que los consumidores estadounidenses están ahora menos dispuestos a aceptar nuevas subidas de precios significativas tras el repunte inflacionario que siguió a la pandemia de la COVID-19. La sensación de que el coste de la vida se ha vuelto inaceptablemente alto está dando lugar a un discurso sobre una "crisis de asequibilidad" que podría costarles caro a los republicanos en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.

La ofensiva arancelaria estadounidense ha provocado una importante turbulencia en el comercio mundial. Inicialmente, avivó la volatilidad en el flujo de mercancías: las importaciones estadounidenses aumentaron un 25 % en volumen en el primer trimestre de 2025, en comparación con el mismo período de 2024, ya que las empresas anticiparon la entrada en vigor de los aranceles. En abril, el anuncio de una tregua de 90 días desencadenó una nueva oleada de compras. Este repunte de la actividad afectó negativamente a las importaciones estadounidenses, lo que provocó un descenso en la segunda mitad del año. Finalmente, EEUU mantuvo un fuerte dinamismo en sus importaciones durante 2025.  Los precios subieron un 4,2 % durante el año, lo que supone una desaceleración moderada en comparación con el crecimiento del 5,2 % registrado en 2024. Este impulso contribuyó a la persistencia del déficit comercial estadounidense, a pesar de que reducirlo era uno de los objetivos declarados de la administración estadounidense a través de su política arancelaria.

Esta inestabilidad ha repercutido en el coste del transporte marítimo. Las tarifas de flete no se vieron afectadas en el primer trimestre, ya que las navieras habían previsto un aumento de mercancías antes de la imposición de aranceles. Sin embargo, no se había previsto la segunda oleada de demanda. Mientras tanto, las empresas habían reducido la capacidad en las rutas transpacíficas, anticipando una desaceleración sostenida. El resultado: las tarifas de flete de contenedores se dispararon un 70% en cuatro semanas desde principios de mayo, con un aumento espectacular de casi el 120 % en la ruta Shanghái-Los Ángeles.

También han propiciado una reconfiguración del comercio mundial, o más bien, la aceleración de este fenómeno. Y es que, los aranceles han vuelto a poner de relieve la importancia de los países 'puente', un concepto que surgió en el contexto de la guerra comercial entre China y EEUU que comenzó en 2018. Estos países actúan como nexos comerciales entre Estados Unidos y China, principal objetivo de la ofensiva arancelaria. No obstante, a diferencia de años anteriores, la elección de estos países puente también ha estado condicionada por la dinámica arancelaria relativa. En consecuencia, los países que ya actuaban como puente han visto cómo su papel adquiría una nueva dimensión, beneficiándose de aranceles más favorables que los aplicados a China. 

Vietnam es el ejemplo más llamativo. Entre 2017 y 2024, la participación de este país en las importaciones estadounidenses aumentó en un promedio de 0,3 puntos anuales, pasando del 2 % al 4,2 %. Solo en 2025, el aumento fue de 1,5 puntos, una aceleración de cinco veces más que en años anteriores. Las importaciones estadounidenses procedentes de Vietnam se dispararon un 42% en valor, lo que representa el 44% de la disminución de las importaciones procedentes de China. Al mismo tiempo, las exportaciones chinas a Vietnam aumentaron en una cantidad similar, lo que sugiere su papel como centro de intermediación. 

Si bien el aumento de las importaciones estadounidenses procedentes de Tailandia fue la mitad en valor, coincidió con el incremento de las exportaciones chinas a ese país. En cuanto a México, a menudo citado como país de conexión, el caso es más ambiguo: sus exportaciones a su vecino estadounidense aumentaron en 2025. Sin embargo, este incremento es cuatro veces mayor que el de las exportaciones chinas a México, lo que pone en perspectiva su papel como intermediario.

De los 272.000 millones$ recaudados en aranceles desde marzo de 2025, cerca de 166.000 millones —recaudados en virtud de la IEEPA— podrían ser reembolsados a las empresas estadounidenses que los pagaron.

En este contexto, se desprenden tres lecciones principales:

  • En primer lugar, la administración estadounidense sigue decidida a defender un régimen arancelario agresivo. Por lo tanto, una rápida flexibilización de las restricciones destinadas a amortiguar el posible impacto de la inflación energética tras la crisis del estrecho de Ormuz representaría un giro radical e incompatible con la línea política declarada. La hipótesis de que Trump “siempre se acobarde” parece, por consiguiente, muy improbable en este sentido.
  • En segundo lugar, al basarse en argumentos legales endebles, la administración Trump contribuye a aumentar la incertidumbre en torno al comercio. Si incluso los aranceles vigentes desde hace casi un año pueden revocarse, ¿cuándo podrán los agentes económicos considerar estable el régimen arancelario? Además, los nuevos aranceles anunciados tras la decisión de la Corte Suprema son, en sí mismos, impugnables legalmente, lo que alimenta aún más la incertidumbre.
  • En tercer lugar, no hay garantía de que las empresas sigan absorbiendo los costes indefinidamente sin trasladar una proporción cada vez mayor a los consumidores. La capacidad de reducir márgenes o depender de aumentos de productividad tiene sus límites. Tras la fase inicial de aranceles de 2025, la guerra comercial podría entrar ahora en una fase de "maratón": más lenta, más prolongada y potencialmente más inflacionaria.

Swisscanto: puede exigirse una prima de riesgo al bono de EEUU

Thomas Kirchmair, Senior Portfolio manager Global Fixed Income de Zürcher Kantonalbank / Swisscanto, comenta: "Hace solo unas semanas, el mercado anticipaba en gran medida que los principales bancos centrales relajarían sus tipos de interés de referencia o, al menos, los mantendrían estables. La Reserva Federal ya había bajado los tipos tres veces en 2025, y los inversores descontaban nuevas bajadas para 2026. Mientras tanto, la tasa de inflación estadounidense parecía acercarse gradualmente al objetivo del 2%. Se observaron tendencias similares en el BCE y el Banco de Inglaterra.  Pero entonces, el 28 de febrero, estalló el conflicto con Irán, lo que trastocó el panorama mundial de los tipos de interés en muy poco tiempo".

Desde entonces, la fuerte subida de los precios de la energía provocada por el conflicto armado en Oriente Próximo ha reavivado los temores inflacionistas y ha modificado radicalmente las expectativas del mercado. La esperanza de una bajada de los tipos ha dado paso a la preocupación de que los bancos centrales se vean obligados a aplicar una política monetaria más restrictiva, con el fin de contener la inflación impulsada por los precios de la energía. La reacción de los inversores fue clara: en el mercado de bonos se produjo lo que se conoce como 'bear flattening'. Esto significa que los rendimientos aumentan en todos los plazos, pero especialmente en el extremo corto de la curva de tipos. Los bonos del Estado británico (los Gilts) fueron los más afectados por esta evolución. Pero también en EEUU y en la zona del euro los costes de refinanciación aumentaron considerablemente. Para EEUU, esta evolución llega en un momento de lo más inoportuno. El 17 de marzo de 2026, la deuda bruta del país superó por primera vez la barrera de los 39 billones$. El aumento de los tipos de interés intensifica la presión sobre una situación presupuestaria ya de por sí tensa, ya que una parte cada vez mayor del presupuesto debe destinarse al servicio de la deuda. En este contexto, resurge una y otra vez el debate sobre la condición de los bonos del Estado estadounidense, los Treasuries, como valor refugio.

Si bien el elevado endeudamiento de EEUU constituye un problema estructural, no debe sobrevalorarse, no desempeña un papel significativo en las decisiones a corto plazo sobre los tipos de interés del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC). Sin embargo, podría ser necesaria una prima de riesgo más elevada para los bonos estadounidenses, lo que a largo plazo se reflejaría sobre todo en el extremo largo de la curva de tipos.

La valoración actual de las subidas de tipos nos sugiere que el mercado podría haber alcanzado un nuevo equilibrio, una opinión respaldada por las primas de riesgo de inflación a largo plazo estables, a pesar del reciente repunte de los precios de la energía.   

Los bonos en USD a corto plazo siguen ofreciendo oportunidades de inversión interesantes. Los bonos del Tesoro, por su parte, se encuentran entre los activos más líquidos del universo de la renta fija, y esta liquidez puede resultar muy valiosa, especialmente en un entorno volátil. Permite actuar con rapidez cuando surgen oportunidades. Además, el nivel actual de los tipos de interés, especialmente en el extremo corto de la curva, es atractivo. "Vemos aquí potencial para beneficiarnos del aumento de los rendimientos corrientes", señala.

Es probable que los bonos europeos también alcancen sus máximos de rendimiento, a pesar de que el BCE mantendrá una postura cautelosa durante más tiempo debido al efecto retardado de la crisis energética en las cifras de inflación. En el caso de los bonos periféricos, "volvemos a ver algo más de valor, aunque en euros nos mantendríamos cerca de la duración del índice de referencia. Además, hemos abierto posiciones más pequeñas en CHF y CAD, que representan una beta más baja. En Europa, por el contrario, estamos reduciendo lentamente las posiciones en bonos indexados a la inflación, los llamados 'linkers'. Al mismo tiempo, seguimos aumentando las posiciones en linkers a más largo plazo en EEUU", explica.

Si, en este contexto, la Fed prestara mayor atención al mercado laboral, las expectativas de inflación a largo plazo en EEUU también podrían aumentar. Los linkers reflejan las expectativas de inflación y no la inflación actual, un aspecto que hace que la Fed parezca menos restrictiva que el BCE. 

Incluir bonos de mercados emergentes en las carteras también puede resultar interesante para los inversores con mayor apetito de riesgo. Los rendimientos reales, por lo general más elevados, y la estabilidad de las divisas deberían permitirles obtener un rendimiento superior al de los mercados desarrollados. Sin embargo, sigue existiendo cierta reserva: "nuestra estrategia se basa en la hipótesis de que los mercados de materias primas se estabilizarán en las próximas semanas y alcanzarán una 'nueva normalidad'. No obstante, si el conflicto se intensificara de nuevo y los precios de las materias primas provocaran también efectos de segunda ronda, reevaluaremos la situación rápidamente".

UBS: los bonos de calidad ofrecen una atractiva relación riesgo-recompensa

Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense subieron tras la publicación del índice de precios al consumo (IPC) de abril en EE. UU., y el rendimiento del bono a 10 años cerró en el 4,46 %, su nivel más alto en 10 meses. Los rendimientos de los bonos gubernamentales de referencia denominados en euros también aumentaron, con el rendimiento del bund alemán a 30 años situándose en su nivel más alto desde 2011 en medio del continuo cierre del estrecho de Ormuz. "Sin embargo, seguimos creyendo que el umbral para una subida de tipos por parte de la Fed continúa siendo elevado, y esperamos que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense caigan en los próximos meses a medida que la inflación en EEUU se modere y los inversores reajusten sus expectativas sobre la política monetaria de la Fed. Los rendimientos de los bonos gubernamentales de referencia en euros también deberían alejarse de sus recientes máximos debido a las preocupaciones sobre el crecimiento económico", apuntan en UBS. El BCE sigue atento a los riesgos para el crecimiento. La inflación en EE. UU. debería moderarse en los próximos meses. Los signos de debilidad en el mercado laboral estadounidense también deberían respaldar el argumento a favor de una mayor flexibilización monetaria.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Seguimos pensando que la valoración actual de los mercados de tipos es demasiado agresiva en términos de expectativas de endurecimiento monetario. Esto significa que los bonos de calidad ofrecen una atractiva relación riesgo-recompensa en el entorno actual, ya que los rendimientos deberían caer tanto si los inversores reducen sus expectativas de subidas de tipos como si los riesgos de recesión y los recortes de tipos pasan a ocupar el centro de atención. Favorecemos los bonos de calidad con vencimientos cortos y medios, así como una exposición selectiva a segmentos de mayor beta, como mercados emergentes, high yield o deuda subordinada”.

Banor: las grandes tecnológicas dejan las recompras de acciones

Angelo Meda, gestor de Banor Mistral, cree que el hecho de que grandes tecnológicas como Alphabet o Meta hayan dejado de recomprar acciones durante el primer trimestre de 2026 es una señal de que el “motor” de la renta variable global está empezando a desinflarse. Hasta la fecha, los mecanismos que han impulsado a la renta variable han sido el crecimiento de los beneficios, los dividendos y las recompras. Pero éstas dejan de ser uno de los impulsores de la renta variable, porque se están desinflando, e incluso desapareciendo, en algunas compañías muy relevantes en los índices. 

La ausencia de recompras de acciones significa que no hay exceso de caja disponible para devolver a los accionistas y, como la compañía no quiere aumentar su deuda bruta, se ve obligada a recortar de la forma más sencilla el gasto discrecional: eliminando las recompras de acciones. 

Todo esto significa que los inversores necesitarán evaluar la rentabilidad sobre el capital de las inversiones realizadas por estas compañías, y comprobar si otros sectores van sustituyendo a las grandes tecnológicas como impulsores de los mercados globales de renta variable.

12May

Pese al entorno geopolítico y a los mayores costes energéticos, el 56% de las empresas esperan que su facturación este año crezca.

Miguel Ángel Valero

Las empresas españolas están sorteando, al menos de momento, las visiones casi apocalípticas sobre el impacto de la guerra en Oriente Medio, especialmente en los costes energéticos y en la inflación, y sobre los aranceles de Trump. Dentro de la prudencia que requiere la evolución del entorno geopolítico, disminuyen tanto los impagos (6 puntos) como las quiebras de empresas (respecto al trimestre anterior, porque interanualmente suben el 10,1%).

El 20% de las empresas españolas confirma que ha sufrido impagos significativos en los últimos doce meses, lo que supone una mejora de seis puntos frente a los niveles de impacto de la morosidad de hace un año, según la oleada de primavera del Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, que impulsan Crédito y Caución e Iberinform.

El 76% de las empresas españolas percibe el impacto del entorno económico en el riesgo de crédito de su cartera comercial. Los efectos de las nuevas tensiones geopolíticas y el aumento del precio del petróleo derivado de la guerra de Irán se han situado entre los principales factores que están afectando a la solvencia de los clientes. Así, la evolución de los costes energéticos se sitúa como el principal elemento perturbador (38%), muy por encima de los valores que registraba hace un año (24%). Lo mismo ocurre con el entorno geopolítico, identificado por el 38% de las empresas como causa de deterioro del comportamiento de pago, frente al 22% que representaba en la oleada de primavera de 2025. 

Les siguen en importancia la evolución de la inflación (37%), la evolución de la demanda (28%), los problemas en la cadena de suministro (23%) y la evolución de los costes financieros (20%). El impacto de los nuevos aranceles, a pesar de su presencia actual en el debate económico, es solo citada por el 9% de las empresas.

En este complejo contexto del riesgo de crédito que dibuja el estudio, el 16% del tejido productivo ha registrado una disminución de sus ventas en los últimos 12 meses. El 61% de las empresas ha registrado algún tipo de crecimiento. Las empresas muestran su confianza en que podrán mantener esta dinámica en 2026. Destaca muy positivamente que un 56% de ellas espera que sus niveles de facturación sigan remontando, dos puntos por debajo a los niveles de 2025. Por su parte, un exiguo 10% espera que este ejercicio sea peor que el anterior en términos de ingresos.

Aumento del 7,6% de los deudores concursados

Durante el primer trimestre de 2026 el número de deudores concursados ha sido de 16.556, lo que supone un descenso del 6,1% respecto al trimestre anterior, y un incremento anual del 7,6%, según los datos del Colegio de Registradores. En cuanto a los concursos de personas jurídicas empresas, estos han experimentado un descenso del 10,3% respecto al mismo período del año anterior. Este trimestre los concursos de personas físicas constituyen el 91% del total de deudores concursados, con un total de 15.061. 

En cuanto al tipo de concurso, se han contabilizado 16.505 procedimientos voluntarios, lo que representa una disminución de un 6,1% respecto al cuarto trimestre de 2025. Asimismo, durante el primer trimestre de 2026 tan solo se ha registrado un concurso consecutivo, solicitado en este caso por el mediador concursal. En cuanto a los concursos necesarios, también se han reducido, registrándose únicamente 50 casos, un 3,8% menos que el trimestre anterior. 

Atendiendo a la clase de procedimiento, los concursos sin masa han experimentado una caída del 6,6 % en el trimestre y han supuesto un 85,4% del total. Paralelamente, los procedimientos ordinarios también han disminuido, presentando un descenso del 5,2% (un 11,4% del conjunto). Se han registrado 531 aperturas de procedimientos especiales para microempresas, lo que supone un incremento del 3,9% en comparación con el trimestre anterior.

Durante el primer trimestre se han iniciado 16.556 procedimientos concursales, de los cuales 1.495 correspondieron a personas jurídicas empresas, lo que supone el 9% del total, mientras que los 15.061 restantes fueron solicitados por personas físicas (91%). Dentro de este último grupo, 1.531 personas desarrollaban alguna actividad empresarial o profesional, representando un 9,2% del total de procedimientos y el 10,2 % de las personas físicas concursadas. En términos interanuales, el número de personas jurídicas empresas que han iniciado algún tipo de procedimiento concursal ha experimentado una contracción del 10,3 % durante el primer trimestre de 2026. Atendiendo a la forma jurídica, las Sociedades de Responsabilidad Limitada concentran la gran mayoría de los concursos de empresas, con el 91,9% del total (1.373 casos). Por lo que respecta al volumen de negocio, se observa que el 48,2% de las empresas analizadas se concentró en el tramo más bajo de facturación, con ingresos anuales que no superaron los 250.000€, mientras que tan solo una reducida proporción, equivalente al 1,9% del total, logró alcanzar cifras de facturación superiores a los 5 millones€.

El 24,3% de las empresas concursadas tienen como actividad económica principal el Comercio, el 15,3% la Construcción, y el 10,8% la Hostelería. En relación con el número de asalariados, el 45,4% del total de empresas concursadas cuenta con menos de dos trabajadores, y dentro de este grupo, el 51,2% no tiene ningún asalariado.

El 20,6% del total de empresas que ha entrado en concurso durante el primer trimestre tiene una antigüedad de 20 o más años. Mientras que, el 57,9 % tiene ocho o menos años de antigüedad. Por sectores, en Hostelería el 58,4 % de las empresas concursadas tiene menos de cuatro años de antigüedad, seguida por las empresas dedicadas al Resto de Servicios con el 50 %. Por su parte, en Industria y energía, el 38 % de las concursadas tiene veinte o más años de antigüedad.

Durante el primer trimestre de 2026, y en línea con lo observado en trimestres anteriores, las comunidades autónomas que han registrado un mayor número de deudores concursados han sido Cataluña (4.027), la Comunidad de Madrid (2.664), Andalucía (2.252) y la Comunitat Valenciana (1.865). En conjunto, estas cuatro comunidades concentran aproximadamente el 60,9% del total de casos. 

Castilla y León (-25,9%), Cantabria (-12%), Navarra (-10,7%), Aragón (-7,8%) y Madrid (-2,6%) son las únicas comunidades autónomas que presentan descensos interanuales. En el extremo opuesto, Ceuta y Melilla, Illes Balears y Canarias registraron los mayores incrementos interanuales, con aumentos del 108,3%, 81,7% y 77,6 %, respectivamente.

BCE: las empresas españolas que suben ventas bajan 6 puntos

El porcentaje neto de empresas españolas que señalaron un aumento de sus ventas entre enero y marzo fue positivo (10%), aunque inferior, en seis puntos al declarado tres meses antes, según la 38ª edición de la Encuesta sobre el acceso a la financiación de las empresas del área del euro (SAFE, por sus siglas en inglés) del Banco Central Europeo (BCE).  Por su parte, la proporción neta de compañías que señaló un crecimiento de sus costes, tanto laborales como de otro tipo, se situó en un 71% y 69% respectivamente, niveles considerablemente elevados y por encima de los registrados tres meses antes (47% y 52%). En este contexto, el porcentaje neto de empresas que informaron de un aumento de los beneficios fue negativo, lo que no ocurría desde el primer trimestre de 2024, situándose en un -6%.

Por tamaños, las compañías grandes registraron una evolución favorable de las ventas en el primer trimestre de 2026, aunque con un porcentaje algo menor al del trimestre previo, mientras que las pymes reflejaron un leve descenso de la facturación. En el caso de los beneficios se observa una fuerte disparidad por tamaños, pues el porcentaje neto de empresas grandes en las que aumentaron los resultados fue positivo (un 24%) y mayor que el registrado el trimestre previo (11%), mientras que las pymes continuaron declarando mayoritariamente una caída de sus beneficios, con un porcentaje neto del -21%, 15 puntos más que en el trimestre anterior. 

El proceso de desendeudamiento de las empresas españolas ha continuado, a un ritmo algo superior al del trimestre previo. Así, la proporción neta de compañías españolas que señalaron un descenso entre enero y marzo de su ratio de endeudamiento (medido como el cociente entre el total de deudas y los activos) fue del 12%, frente al 9% registrado en la edición anterior. Este desendeudamiento se ha registrado tanto en el segmento de pymes como en el de las empresas grandes. 

Las necesidades de financiación bancaria se redujeron ligeramente entre enero y marzo. Como consecuencia de ello, la proporción de empresas que solicitaron préstamos bancarios se redujo 3 puntos, hasta situarse en un 22%. Al mismo tiempo, la percepción de las empresas sobre la disponibilidad de préstamos bancarios continuó mejorando, aunque lo hizo de forma moderada, y a un ritmo menor que en el trimestre previo. Así, un 3% de compañías, en términos netos, informó de una mejoría en este aspecto, 2 puntos menos que en la encuesta anterior. 

Las empresas observaron un efecto positivo de la mayoría de los factores que afectan a la oferta crediticia, si bien en casi todos los casos los porcentajes fueron más reducidos que en el trimestre previo. En particular, destacan el impacto favorable asociado a la mayor disposición de las entidades bancarias a otorgar préstamos, percibido por un 10% de compañías, en términos netos, y al historial crediticio de las empresas, señalado por un 12% en términos netos. En sentido contrario, destaca el fuerte incremento registrado en el porcentaje neto de empresas que consideraban que las perspectivas económicas generales dificultaban el acceso al crédito, que aumentó 19 puntos porcentuales, hasta situarse en un 34%. 

El desglose por tamaños evidencia que tanto las pymes como las grandes empresas percibieron una mejoría de la disponibilidad de préstamos bancarios, más intensa en el caso de las pymes, mientras que en las grandes compañías la mejoría fue muy leve (1%) y claramente inferior al porcentaje neto registrado tres meses antes (15%). 

Por otra parte, de entre el grupo de empresas que se planteó solicitar crédito bancario, la proporción de aquellas que tuvieron dificultades para obtenerlo se redujo casi tres puntos en el primer trimestre de 2026, hasta situarse en un 4,5%. Este descenso se explica, principalmente, por la menor proporción de empresas que no solicitaron crédito por pensar que no se lo iban a conceder (demanda desanimada), que pasó de un 5,2% a un 2,1%, y a pesar del aumento de solicitudes rechazadas, que pasaron de un 0,9% a un 1,7%. El descenso en el indicador de dificultades para obtener préstamos bancarios se observó solo en el segmento de pymes, ya que en las empresas grandes creció ligeramente, 1,3 puntos, hasta situarse en un 4,8%.

En cuanto a las condiciones aplicadas, un 27% de empresas, en términos netos, informó de un aumento en los tipos de interés, lo que sucede por primera vez después de seis trimestres consecutivos registrando descensos. Al distinguir por tamaño, se observa que tanto las pymes como las compañías más grandes señalaron un incremento del coste de financiación. También habrían aumentado en el primer trimestre tanto las garantías requeridas como otros costes distintos de los tipos de interés. En cambio, las empresas se habrían beneficiado de una ampliación de los importes concedidos y de los plazos de vencimiento. Finalmente, en cuanto a las expectativas, un 2% de las empresas, en términos netos, anticipaban que continuaría mejorando su acceso a la financiación bancaria en el segundo trimestre de 2026. 

04May

Para los mercados bursátiles globales, el impacto de la guerra en Irán parece haber terminado e, impulsados por la Bolsa estadounidense, los índices han vuelto a un máximo histórico.

Miguel Ángel Valero

Desde el inicio de la guerra de Irán, Crédito y Caución está analizando el impacto del conflicto para las principales economías, trabajando en dos posibles escenarios, en función de la duración del conflicto. El escenario base contempla un rápido acuerdo de paz y el fin del bloqueo del estrecho de Ormuz en mayo. Por el contrario, el escenario pesimista parte de un cierre del estrecho de seis meses y una escalada del conflicto a medida que las negociaciones se estancan.

En ambos casos, Crédito y Caución pone el foco en los sectores más afectados por su dependencia del petróleo o de materias primas derivadas del petróleo, como es el caso del agroalimentario. El aumento de los precios de los fertilizantes se traducirá en un aumento de los precios de los alimentos a finales de este año. Además, el incremento de los precios de la energía repercute en todas las etapas de la producción alimentaria, desde la siembra y la cosecha hasta el procesamiento, el almacenamiento y el transporte. En este sentido, según las previsiones de Crédito y Caución, el precio promedio global de los principales productos agrícolas básicos podría aumentar un 8,5 % este año y un 3,8 % en 2027. Estos niveles se alejan de las estimaciones previas al conflicto, que eran del 0,7% y el 2,5%. 

Otro de los sectores más afectados es el transporte, con especial foco en el marítimo. Un aumento sostenido del 50% en los precios del petróleo podría elevar los costes del transporte por mar entre un 15% y un 20%. Las economías asiáticas serían las más afectadas. Para el transporte terrestre, la guerra de Irán está agravando una situación difícil de partida. En muchos mercados avanzados, la alta competencia, la escasez de mano de obra y salarios elevados están reduciendo los márgenes comerciales.

Junto a ello, el suministro de metales esenciales para sectores estratégicos también atraviesa momentos de dificultad. La región del Golfo genera el 10% de la producción mundial de aluminio, y gran parte de este se transporta a través del estrecho de Ormuz. La pérdida de ese suministro provocaría una importante crisis de precios a nivel mundial. Incluso si la guerra terminara rápidamente, reiniciar la producción paralizada puede llevar meses.

En cuanto a las principales economías, los países de Oriente Medio serán los más afectados, debido a su dependencia tanto de la venta de combustibles fósiles como de sectores intensivos en energía y orientados a la exportación, como los productos químicos y los metales. Los países de Asia-Pacífico, a excepción de China, también se verán gravemente impactados debido a su elevado consumo de petróleo y gas de Oriente Medio. 

Europa es otro importante consumidor de gas del Golfo, pero la invasión de Ucrania por parte de Rusia creó una crisis energética que no ha desaparecido. Por ese motivo, se prevé que la industria manufacturera de la zona del euro se contraiga un 0,2 % este año, que podría llegar al 1,9% en el escenario más pesimista.

A nivel global, el resultado inmediato del conflicto es un aumento de los precios del petróleo y el gas, que repercute en el precio de los alimentos y, por lo tanto,  una mayor inflación, seguida de una reducción del gasto por parte de los consumidores. Si los bancos centrales suben los tipos de interés para aliviar la presión inflacionista, aumentan los costes de financiación. De esta manera, se genera una reacción en cadena con alto impacto en la salud financiera de las empresas.

Swisscanto: el apetito por el riesgo aumenta significativamente

Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos Swisscanto, opina que para los mercados bursátiles globales, el impacto de la guerra en Irán parece haber terminado e, impulsados por la Bolsa estadounidense, los índices han vuelto a un máximo histórico. El foco ha pasado del Estrecho de Ormuz hacia los beneficios empresariales, impulsados en gran medida por la inteligencia artificial (+23 % para las empresas estadounidenses en el primer trimestre interanual). "Además, esperamos una política monetaria más acomodaticia que el consenso. En este contexto, nuestra asignación de activos se mantiene sobre ponderada en renta variable, aunque algo más moderada tras el fuerte rebote y ante las vulnerabilidades en Oriente Medio", explica.

Los mercados bursátiles suelen reaccionar de forma pasajera a los eventos políticos, y una vez más se ha demostrado. Tras corregir alrededor de un 10% en marzo, menos de un mes después ya estábamos de nuevo en un máximo histórico. La disposición a la desescalada por parte de los actores implicados ha sido suficiente para sostener la confianza de los inversores en renta variable, pese a que el estrecho de Ormuz continúa prácticamente cerrado y el precio del petróleo se mantiene por encima de los 100$ tras dos meses.

El foco del mercado ha vuelto a desplazarse hacia otros temas, como la inteligencia artificial o las inversiones en centros de datos. Las acciones del sector de los semiconductores, por ejemplo, repuntaron cerca de un 50 % en abril. Este comportamiento apunta a un renovado componente de euforia, con un sector que se sitúa en niveles claramente de sobre compra.

En conjunto, el apetito por el riesgo ha aumentado significativamente y los volúmenes de opciones de compra son muy superiores a los de opciones de venta. Por ello, "de nuevo reducimos ligeramente el momentum en renta variable para mayo, y, con ello, al tema de la electrificación, que ha concentrado gran parte del interés reciente", añade.

En la primera fase de la guerra en Irán, el repunte de los precios del petróleo reavivó los temores de inflación. Como resultado, el mercado llegó a descontar subidas de tipos por parte de casi todos los bancos centrales. Sin embargo, esta tensión se ha moderado y las expectativas de inflación han disminuido. En el caso de la Reserva Federal, se ha vuelto a anticipar un nuevo recorte de tipos a finales de año. "Desde Swisscanto lo preveemos así, por lo que decidimos aumentar la duración a finales de marzo", subraya. 

No obstante, empiezan a surgir cuestiones sobre el crecimiento. "Nuestros economistas han revisado de nuevo a la baja sus previsiones de PIB para EEUU. Hasta ahora, los indicadores adelantados se han mantenido sorprendentemente sólidos y una recesión sigue siendo poco probable. Para los mercados de renta variable, este entorno no sería necesariamente negativo, ya que un crecimiento más débil hace más probables nuevos recortes de tipos. En combinación con unos beneficios empresariales robustos, este escenario sigue respaldando la clase de activo", remarca. 

"Fuera de la renta variable, mantenemos un posicionamiento prudente. En renta fija, seguimos claramente infra ponderados en crédito y, en cambio, sobre ponderados en deuda soberana global a largo plazo. Vemos un mayor potencial de revalorización por la caída de las rentabilidades, especialmente fuera de Suiza. Mantenemos una posición neutral en inmobiliario y materias primas, y continuamos favoreciendo los bonos de catástrofe. En este contexto, el oro pasa también a una posición neutral.  En divisas, dejamos de sobre ponderar el yen japonés y el dólar australiano, manteniendo únicamente una sobre ponderación en el franco suizo. Su bajo nivel de deuda pública y su reducida inflación lo convierten, a nuestro juicio, en el principal activo refugio en el entorno actual", apunta.

El índice bursátil europeo Eurostoxx 50, cuyas cinco principales posiciones han estado tradicionalmente dominadas por compañías de los sectores de lujo, farmacéutico, software, banca y seguros, que lleva varios meses liderado por ASML, el fabricante neerlandés de equipos para la producción de chips. El principal motor de esta evolución es el auge de la inteligencia artificial, que está generando una fuerte demanda de microchips de alto rendimiento, centros de datos y de los factores de producción asociados, como la energía y la infraestructura de red. Como consecuencia, estas empresas están registrando actualmente el mayor crecimiento de beneficios.  

Sin embargo, el mercado en su conjunto sigue rezagado frente a EEUU, sobre todo, porque los sectores de consumo cíclico (como automoción y lujo), alimentación y farmacéutico se enfrentan a un entorno complejo. "Es por ello que todavía no vemos que se den las condiciones para una reversión de la infrarrentabilidad del Eurostoxx, de en torno al 8% frente a EEUU desde el inicio del conflicto en Irán a principios de marzo", concluye. 

UBS: diversificación de inversiones más allá de las grandes tecnológicas

El S&P 500 cerró con una subida del 0,3% el viernes 1 de mayo, alcanzando un nuevo máximo histórico, ya que los inversores dejaron de lado por ahora los temores a la estanflación para centrarse en unos sólidos resultados empresariales. Los precios más altos del petróleo, debido al cierre continuo del estrecho de Ormuz, siguen alimentando la preocupación de los inversores por su impacto en la inflación y el crecimiento económico. Estas inquietudes se reflejaron en el tono restrictivo adoptado por los responsables de los bancos centrales del Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal la semana pasada.

Ante la falta de avances significativos hacia una resolución del conflicto entre Estados Unidos e Irán, todo apunta a que la volatilidad del precio del petróleo y la incertidumbre económica seguirán siendo elevadas. En medio de esta volatilidad, el análisis de UBS destaca que "la tecnología lidera, pero el crecimiento de beneficios se está ampliando" y que "los mercados descuentan una política monetaria más restrictiva a medida que se intensifica el debate sobre los tipos de interés de los bancos centrales".

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, añade: “En renta variable, recomendamos a los inversores diversificar su exposición más allá de las grandes tecnológicas para captar el crecimiento más amplio de los beneficios. Dentro del sector tecnológico, seguimos posicionándonos para aprovechar las ganancias de la amplia oportunidad que ofrece la inteligencia artificial, pero favorecemos un enfoque equilibrado en torno a la IA en sus distintas capas: habilitadora, de inteligencia y de aplicaciones, incluyendo semiconductores y equipos de fabricación de chips, energía y recursos, infraestructuras, y determinadas empresas en EE. UU., Asia y Europa que creemos que se beneficiarán de la adopción de la IA. Los inversores también pueden considerar estrategias estructuradas con características de preservación de capital o que aprovechen nichos de volatilidad para generar ingresos y esperar a comprar acciones de IA a precios más bajos”.

"La renta variable británica tiene una base global de inversores y ya parece barata en comparación con sus homólogos, por lo que es poco probable que sufra en exceso. La libra esterlina debería mostrarse resistente, respaldada por unos tipos de interés que siguen siendo elevados en un contexto global”, apunta Dean Turner, economista jefe para la Eurozona y Reino Unido. “A pesar del aumento de la inflación, el Banco de Inglaterra mantuvo el tipo de interés en el 3,75% en su reunión de abril. Ahora esperamos que los tipos permanezcan sin cambios durante el resto del año y retrasamos nuestras previsiones de la próxima bajada al primer trimestre de 2027”, aportan Maelle Quillevere, economista, y Thomas Wacker, responsable de crédito, UBS Global Wealth Management

“Esperamos que el BCE mantenga los tipos sin cambios durante el resto del año, pero el riesgo de subidas aumenta cuanto más se prolongue el conflicto en Oriente Medio”, advierte Turner.

“Varias reuniones de grandes bancos centrales esta semana (incluyendo EEUU, Europa, Reino Unido, Canadá y Japón) tuvieron un tono más restrictivo de lo esperado. Las rentabilidades han aumentado, presionando ligeramente a las divisas sensibles al riesgo. El impacto limitado del tono agresivo de la Fed pone de relieve que el sentimiento favorable al riesgo sigue predominando”, señalan Constantin Bolz, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de divisas y materias primas.

“La volatilidad a corto plazo puede surgir por las elecciones locales en Reino Unido y los riesgos geopolíticos en curso, pero esperamos que la libra se fortalezca moderadamente a medida que los mercados vuelvan a centrarse en los fundamentales y en la postura restrictiva del Banco de Inglaterra”, añaden.

"Prevemos que el EURUSD se mantenga en el rango actual de 1,15-1,20, aunque existen riesgos claros de movimientos por encima o por debajo dependiendo del resultado del conflicto con Irán”, precisan.

“Hasta ahora, los efectos de la IA en el mercado laboral parecen modestos: el desempleo en EEUU podría ser solo unos 0,1 puntos porcentuales más alto, con debilidad concentrada entre los trabajadores más jóvenes y el sector tecnológico. La evidencia actual no justifica una respuesta de la Fed: la inflación sigue siendo la principal limitación mientras la pérdida de empleo relacionada con la IA sea gradual, aunque las tendencias de adopción requieren un seguimiento cercano”, opina Andrew Dubinsky, economista,

“Lo que más importa en los próximos 12 meses es la evolución de los beneficios empresariales, que seguimos creyendo que será sólida. Por ello, esperamos nuevas subidas en los mercados de renta variable, aunque la reanudación de los flujos energéticos desde Oriente Medio será clave en las próximas semanas”, resalta David Lefkowitz, responsable de renta variable estadounidense.

“La economía estadounidense está experimentando un auge de la inversión, fuertemente concentrado en actividades relacionadas con la IA. Esto está impulsando el crecimiento cíclico en la actualidad y debería elevar el crecimiento estructural a largo plazo gracias a una mayor productividad”, destaca Jason Draho, responsable de asignación de activos para América

“El sentimiento del consumidor sigue siendo muy pesimista, pero los consumidores parecen capaces de sobreponerse y gastar más que nunca”, argumenta Paul Donovan, economista jefe.

“Esperamos que el EURGBP se estabilice en nuestra previsión de 0,86. A medio plazo, debería mantenerse en ese nivel, aunque creemos que la libra esterlina ofrecerá mejores rendimientos totales gracias a un mayor carry”, insisten Constantin Bolz y Clémence Dumoncel, estratega. “Esperamos que el par suba gradualmente con el Banco de Inglaterra manteniendo una postura restrictiva y el Banco Nacional Suizo previsiblemente en pausa. Dada la elevada diferencia de carry, creemos que la libra ofrece mejor potencial de rentabilidad que el franco suizo”, añaden. “Prevemos que el EURCHF cotice en un rango de 0,91 a 0,93 en los próximos meses, y solo contemplamos caídas por debajo de ese rango en un escenario muy adverso. Mantenemos nuestras previsiones para finales de junio y septiembre del USDCHF en 0,79 para reflejar la mayor probabilidad de un dólar estadounidense más fuerte en los próximos meses”, remarcan.

Eurizon: visión positiva en renta variable y crédito

El informe mensual The Globe de Eurizon de abril destaca que la economía global mantiene un escenario de crecimiento, con impactos solo temporales derivados de la guerra en Irán. La inflación repunta de forma moderada, sin alcanzar niveles como los de 2022, y no se esperan efectos relevantes más allá de 2026. La guerra en Irán genera volatilidad pero se considera un shock transitorio, con impacto limitado en el crecimiento y mayor efecto en la inflación a corto plazo. Los mercados anticipan un posible acuerdo de paz como escenario más probable. Los mercados financieros se apoyan en sólidos beneficios empresariales, especialmente en el sector tecnológico, mientras que la renta fija ofrece cupones superiores a la inflación y spreads atractivos como fuente adicional de rentabilidad. El posicionamiento de inversión es positivo en renta variable y crédito, con preferencia por EEUU y mercados emergentes, valoración favorable de la deuda pública (EEUU y Alemania) y una visión neutral sobre el dólar y positiva sobre el yen.

Foco en los resultados de las empresas, pese a los aranceles

El conflicto entra de lleno en su tercer mes,  dominado por la persistente tensión geopolítica en Oriente Medio, con el estrecho de Ormuz acumulando ya tres semanas bajo un bloqueo de facto tanto por parte de EEUU como de Irán. Desde la óptica estadounidense, la estrategia persigue asfixiar la economía iraní mediante la interrupción de sus exportaciones de petróleo –que representan cerca de una quinta parte de su PIB–; forzando el agotamiento de su capacidad de almacenamiento –ya utilizada en más de un 60%– y favoreciendo la salida de capitales. 

Los incentivos para alcanzar un acuerdo siguen presentes, dado que una reanudación de las hostilidades tendría elevados costes para ambas partes. En este sentido, Trump afirmó que los representantes estadounidenses están manteniendo “conversaciones muy positivas” con Irán que podrían desembocar en algo “muy positivo para todos”, pero no ofreció más detalles.

También ha anunciado que comenzará a guiar buques aliados y neutrales atrapados en el Golfo Pérsico con el objetivo de facilitar su salida del estrecho de Ormuz. La iniciativa pretende restablecer parcialmente los flujos comerciales sin levantar el bloqueo ni reducir la presión económica y política sobre Irán, y podría incluir el uso de destructores lanzamisiles, aviones y drones.Pero el impacto del conflicto se irá trasladando de forma más tangible a la economía real, a medida que el encarecimiento sostenido de la energía y las disrupciones en los flujos comerciales empiecen a reflejarse en los costes de producción, las expectativas de inflación y las decisiones de consumo e inversión. 

La escasa novedad en las negociaciones con Irán pasó a un segundo plano, ya que los mercados financieros mostraron una notable resiliencia, apoyados en una temporada de resultados claramente positiva. En EEUU, los grandes hiperescaladores tecnológicos volvieron a validar el fuerte ciclo de inversión en inteligencia artificial, destacando el crecimiento del negocio en la nube de Alphabet, Amazon y Microsoft, mientras que Meta generó más dudas por la elevada intensidad de capital y la falta de visibilidad en los retornos de dichas inversiones. En el segmento de semiconductores, el aumento de los precios de los chips de memoria impulsó de forma significativa los beneficios trimestrales de compañías como Micron, cuyos beneficios trimestrales alcanzaron los 14.000 millones$, frente a los 4.800 millones de 2025. Esta solidez se ha traducido en una duplicación del crecimiento esperado de los beneficios para el primer trimestre hasta el 29%. En conjunto, el buen tono de la temporada de resultados ha actuado, al menos por ahora, como contrapeso frente a los riesgos geopolíticos.

En paralelo al conflicto, Trump abrió un nuevo frente en el ámbito comercial con la Unión Europea. El presidente de EEUU señaló su intención de eliminar, desde esta misma semana, los aranceles reducidos a la importación de automóviles europeos. Actualmente, los fabricantes europeos se benefician de una tarifa máxima del 15% sobre vehículos y componentes, en vigor desde agosto. Aunque no se ofrecieron mayores detalles, el contexto del mensaje publicado en redes sociales sugiere que la propuesta pasaría por restablecer el arancel del 25% exclusivamente sobre los vehículos terminados, excluyendo las piezas y componentes.

En el frente monetario, los principales bancos centrales optaron por la cautela. La Reserva Federal mantuvo los tipos sin cambios, en una decisión más dividida de lo habitual, y Jerome Powell confirmó su intención de permanecer como gobernador una vez finalice su mandato como presidente, reforzando el mensaje de independencia institucional. En Europa, el BCE también dejó los tipos estables, aunque Christine Lagarde abrió explícitamente la puerta a una posible subida en junio si las presiones inflacionistas ligadas a la energía persisten. El mensaje común fue de prudencia en un entorno de elevada incertidumbre, con un delicado equilibrio entre el repunte de la inflación y el deterioro de las perspectivas de crecimiento.

Los datos macro publicados reflejan ya el impacto del encarecimiento energético. En EEUU, el PIB del primer trimestre mostró un repunte apoyado en la inversión empresarial, que creció un 2% trimestral anualizado frente al +0,5% del trimestre anterior, con especial protagonismo del sector tecnológico. Por el contrario, el consumo comienza a mostrar señales de moderación. En cuanto a la inflación, el deflactor del consumo (PCE) continuó al alza hasta el +3,5%, con un incremento también en el componente subyacente, que alcanzó el +3,2%. Por su parte, la confianza empresarial se mantiene en terreno positivo, con el ISM manufacturero en niveles de expansión (52,7), aunque ligeramente por debajo de los registros de febrero.

En la zona euro, el crecimiento fue más débil de lo esperado, con un avance del PIB del 0,1% trimestral y señales de desaceleración más evidentes de cara al segundo trimestre. Destacó el buen comportamiento de Alemania (+0,3% trimestral) y España (+0,6% trimestral), frente a la decepción de Francia, que registró un crecimiento nulo. En cuanto a la inflación, el índice general continuó repuntando hasta el +3%, desde el +2,6% del mes anterior, en línea con lo esperado y explicado en gran medida por el componente energético. En el segmento de servicios, por el momento no se observan repuntes significativos, lo que permite mantener la inflación subyacente contenida en el +2,2% vs.+2,3% de marzo.

El conflicto lleva el Euribor al 2,747% en abril

Por otra parte, el Banco de España comunica que el principal índice de referencia de los préstamos hipotecarios (Euribor a un año) se sitúa en el 2,747% en abril, 0,604 puntos más que hace un año El índice, que es utilizado como principal referencia para fijar el tipo de interés de los préstamos hipotecarios concedidos por las entidades de crédito españolas, se situó en abril en el 2,747% frente al 2,565% del mes anterior.

09Apr

Preocupa la alta exposición de las empresas españolas al riesgo cambiario, ya que el 57,9% de las importaciones son fuera de la zona euro, el 22,3% a Asia, el 11,3% a China, y el 7,5% a América del Norte.

Miguel Ángel Valero

El “Insolvency Outlook” de Crédito y Caución avisa que las tensiones geopolíticas siguen lastrando el crecimiento de las empresas y afectando a sus márgenes operativos en múltiples sectores, y vaticina que los impagos aumenten un 3% en 2026. “Nuestra previsión de insolvencias se ha deteriorado debido a la persistencia de condiciones económicas adversas, entre las que se incluyen las deudas fiscales relacionadas con la COVID-19, el aumento de los costes de los insumos y las tensiones comerciales en curso. La crisis en Oriente Medio, junto con el consiguiente aumento de los precios de la energía, se suma a las presiones existentes. El impacto en las empresas dependerá en gran medida de la duración del conflicto”, argumenta Theo Smid, economista sénior de Atradius. 

El escenario base de Crédito y Caución parte de la hipótesis de que el actual cierre del estrecho de Ormuz comenzará a normalizarse a partir de mayo, con daños limitados a la infraestructura del Golfo. Si la interrupción se prolonga, habría que revisar las previsiones de evolución de las insolvencias.

Las perspectivas mejoran en 2027 con un descenso del 6% a medida que la inflación remita, los mercados energéticos se normalicen y los bancos centrales recuperen margen para reducir los tipos de interés.

En el caso de Europa, Crédito y Caución espera que el mayor aumento de las insolvencias se registre en Suiza, Italia y Portugal, mientras que Irlanda, Dinamarca, Noruega y los Países Bajos experimentarán descensos. En toda la zona euro, las empresas seguirán operando bajo una presión considerable en 2026. El aumento de los precios de la energía, impulsado por las perturbaciones en los mercados del gas vinculadas al conflicto en Oriente Medio, se está traduciendo en una inflación generalizada y está lastrando los márgenes comerciales.

Ebury: elevada exposición de las empresas a las divisas asiáticas

Por su parte, Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, destaca la exposición estructural significativa al riesgo cambiario de las empresas españolas. El 57,9% de las importaciones españolas se realizaron fuera de la zona euro, frente al 46,8% de las exportaciones, lo que confirma una asimetría estructural entre ingresos y costes en divisa. “Esta diferencia implica que el tejido empresarial español en su conjunto está estructuralmente más expuesto al riesgo cambiario por el lado de los costes que por el de los ingresos”, explica Luis Merino, director general de Ebury España.

El comercio exterior español alcanzó en 2025 exportaciones por 387.092 millones€ (+0,7%) e importaciones por 444.146 millones (+4,6%), situando el déficit comercial en 57.055 millones. Asia concentró el 22,3% de las importaciones españolas; solo China supuso el 11,3%; América del Norte representó el 7,5%. Esto pone de manifiesto la elevada exposición que tienen las empresas importadoras españolas no solo al EUR/USD, sino también a determinadas divisas asiáticas.

Para Ebury también resulta significativo el dato del déficit comercial registrado en 2025 y la presión estructural que supone en divisa: “Un déficit elevado implica una necesidad estructural de compra de divisa extranjera, y cuanto mayor es el desequilibrio comercial, mayores la sensibilidad agregada del sistema empresarial a movimientos del tipo de cambio”, explica Merino.

El análisis de Ebury también incide en la fuerte atomización en el número de operadores. De las 127.084 empresas exportadoras registradas en 2025, el 65,7% exporta menos de 50.000€ al año; el 94% exporta menos de 5 millones anuales y solo el 0,9%supera los 50 millones en ventas exteriores. Al mismo tiempo, las 1.000 principales empresas concentran el 65,2% del valor exportado. Para Ebury, “esta dualidad muestra que, aunque el volumen de comercio esté concentrado en grandes compañías, el riesgo cambiario en términos de número de empresas recae mayoritariamente sobre pymes, que suelen contar con menor estructura financiera especializada en cobertura sistemática”.

En este contexto, Ebury recuerda que “la gestión activa del riesgo cambiario  deja de ser una práctica reservada a grandes corporaciones y se convierte en una variable estratégica para miles de pequeñas y medianas empresas que operan en mercados internacionales”.

The Trader: el inversor dejar de mirar el relato y centrarse en la realidad

"Hay momentos en los que no cambia tanto la realidad como la forma en la que se cuenta. Y eso es precisamente lo que estamos viendo ahora con la guerra en Irán. Tan pronto se habla del final del conflicto como de un escenario de escalada, con ataques cruzados, nuevos frentes abiertos y un riesgo creciente sobre el estrecho de Ormuz que podría trasladarse directamente a la economía global. Y el mercado, como siempre, reacciona con brusquedad a cada nueva interpretación", opina el analista Pablo Gil en The Trader.

En ese contexto, las declaraciones de Donald Trump se han convertido en un factor en sí mismo. En cuestión de días pasa de proclamarse vencedor y hablar de un cambio de régimen en Teherán, a pedir una coalición internacional para reabrir Ormuz; después sugiere una retirada de EEUU y, poco después, vuelve a la amenaza de destrucción total… para terminar postergando el ataque cuando el plazo está a punto de expirar. No es solo ruido político, sino una forma de actuar que, de momento, le funciona, aunque empieza a generar dudas sobre cuánto tiempo podrá sostenerse sin encontrar límites.

Su método ha sido siempre el mismo: llevar la situación al extremo, observar la reacción del rival y, si el coste aumenta, rectificar sin reconocerlo abiertamente. Es lo que muchos han definido como la doctrina TACO: tensar, presionar… y acabar reculando. Lo vimos en la guerra arancelaria con China, donde elevó el pulso convencido de que Pekín cedería, pero terminó aceptando un acuerdo parcial tras comprobar que el impacto también golpeaba a la economía estadounidense. Lo vimos con Groenlandia, cuando la presión se desinfló en cuanto Europa marcó límites. Y lo vimos incluso en su promesa de acabar con la guerra entre Rusia y Ucrania en 48 horas, que pasó de ser una afirmación rotunda a un progresivo distanciamiento hasta terminar diciendo que no era su guerra.

Hasta ahora, ese enfoque funcionaba porque se movía en terrenos donde había margen para corregir. Pero una guerra no es una negociación comercial. Tiene inercia propia, genera dinámicas difíciles de controlar y no permite rectificaciones sin coste. Aquí no basta con cambiar el discurso. Cada paso condiciona el siguiente. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo con Irán.

Sobre el terreno, la realidad apenas ha cambiado. Israel sigue atacando, Irán responde de forma directa e indirecta y los puntos clave del sistema energético global continúan expuestos. No hay cambio de régimen, no hay rendición y, sobre todo, no hay una salida clara diseñada desde el principio. El riesgo no desaparece, simplemente se transforma.

Además, hay un factor que muchas veces se subestima: la resiliencia del régimen iraní. Décadas de sanciones no lo han debilitado como muchos esperaban, sino que lo han adaptado. Irán ha desarrollado una economía de supervivencia que le permite operar incluso en condiciones extremas. Y, en paralelo, la presión externa refuerza el control interno, desplaza las prioridades hacia la supervivencia y reduce la contestación. En ese entorno, el régimen no solo resiste, sino que se consolida.
Ahí es donde aparece el verdadero problema. Trump necesita una salida, pero no cualquier salida: necesita una que le permita mantener su narrativa de control y éxito. Y cuando esa narrativa empieza a chocar con los hechos, surgen las contradicciones. De ahí los bandazos constantes, entre el triunfo anticipado y la amenaza, entre la retirada y la escalada.El mercado, sin embargo, sigue reaccionando a cada mensaje como si fuera una señal definitiva. Basta una insinuación de calma para ver subidas en las bolsas y caídas en el petróleo. Pero esa reacción puede estar adelantándose a una realidad mucho más frágil. Porque si el conflicto se mantiene, aunque sea en segundo plano, o si persisten las tensiones en puntos clave como Ormuz, el impacto económico seguirá ahí, aunque desaparezca de los titulares.

La clave no está en si EEUU se retira en dos o tres semanas, o si se suspenden las hostilidades durante un tiempo, sino en entender que el mensaje forma parte de la estrategia. Elevar la tensión, sugerir soluciones rápidas y después introducir calma permite influir en mercados, aliados y adversarios. El problema es que, cuando esta dinámica se repite, acaba generando una ilusión de control en un entorno donde el riesgo real sigue creciendo.

Y ahí es donde el inversor debe hacer el ejercicio más importante: dejar de mirar el relato y centrarse en la realidad. Porque, más allá del ruido, lo que terminará marcando la evolución del mercado será si esta guerra afecta de verdad al equilibrio entre oferta y demanda energética… y durante cuánto tiempo.

Hoy da la sensación de que lo único capaz de provocar un cambio real en el sentimiento del inversor no es la amenaza de una guerra abierta, sino su impacto directo en la economía, tanto en términos de inflación como de crecimiento. Y mientras ese impacto no se materialice de forma clara, el mercado seguirá interpretando cada caída como una oportunidad de compra.

Lombard Odier: relajación gradual de las tensiones

El CIO Office Viewpoint, elaborado por Luca Bindelli, Head of Investment Strategy de Lombard Odier, resalta que el alto el fuego de dos semanas entre EEUU e Irán está en línea con "nuestro escenario base de una relajación gradual de las tensiones en Oriente Medio, con efectos limitados sobre el crecimiento y la inflación". "Nuestras carteras mantienen una posición neutral en renta variable y renta fija. Dentro de la renta variable, mantenemos una sobre ponderación en Japón. En renta fija, seguimos infra ponderados en bonos gubernamentales y sobre ponderados en bonos de mercados emergentes denominados en moneda fuerte. Seguimos manteniendo una sobre ponderación en oro", explica.

"Consideramos dos escenarios de riesgo. En el primero, mayores expectativas de tipos de interés máximos pesarían sobre los activos de riesgo. En el segundo, una recesión y menores expectativas de tipos favorecerían a los bonos gubernamentales y al oro. La historia subraya la importancia de mantener carteras resilientes y diversificadas. Favorecemos activos de calidad y el oro", apunta.

Vuelta a la normalidad con elevada volatilidad

El petróleo celebraba la desaparición del escenario más adverso en la guerra de Oriente Medio con el octavo mayor retroceso diario en el precio del Brent desde 1991. Sin embargo, tras el primer impulso positivo, emerge una realidad más fría: pese al acuerdo alcanzado, la vuelta a la normalidad no será lineal y estará marcada por episodios de volatilidad.

En este contexto, ya comienzan a aflorar señales de fricción. Algunos miembros del Parlamento iraní han afirmado que EEUU habría incumplido el alto el fuego; se ha registrado la incursión de un dron iraní cerca del oleoducto que atraviesa Arabia Saudí hasta Yanbu; y, además, Israel no ha detenido su ofensiva en el Líbano, viviendo una de las jornadas más intensas desde el inicio de la invasión.

A ello se suman las incertidumbres en torno a cómo se desarrollará esta “nueva normalidad” en el tránsito marítimo por el estrecho. Algunos buques chinos ya se dirigen a la zona con el objetivo de poner a prueba el paso, mientras que desde Lloyd’s, el mayor mercado asegurador del mundo, se sigue considerando el área como de alto riesgo. Los aseguradores, por tanto, demandan mayores garantías antes de reanudar plenamente las coberturas.

El estrecho de Ormuz, cuestionablemente abierto: peajes que deberán ser pagados en criptomonedas y, de lo contrario, amenazas de ataques. Poco a poco se van revelando más detalles sobre el procedimiento para cruzar el Estrecho en un contexto tan cambiante. Los buques, tras informar previamente de su cargamento, deberán pagar 1$ por barril de petróleo en criptomonedas, de manera que los petroleros vacíos podrán pasar sin costes. En el caso de los petroleros de crudo de gran tamaño (VLCC) se ha estado cobrando 2 millones$ por buque. Sin embargo, en las retransmisiones por radio persisten las amenazas advirtiendo de que aquellos que intenten transitar sin autorización serán destruidos. 

Una vez superado el momento de máxima tensión, se inicia un proceso de normalización que previsiblemente será irregular y con altibajos. No obstante, el reconocimiento de que existe una contraparte dispuesta a negociar constituye un elemento clave para que la recuperación se sostenga en el tiempo. Además, los datos macroeconómicos continúan acompañando en EEUU.

Mientras tanto, las actas de la Reserva Federal continúan situando las bajadas de tipos como el escenario central, aunque adoptaron dos visiones distintas según se desarrolle el conflicto: por un lado, un número creciente de miembros considera que podrían ser necesarias subidas de tipos si la inflación se mantiene persistentemente por encima del objetivo. Por otro, la mayoría coincide en que un conflicto prolongado –con un impacto significativo sobre el crecimiento económico–, justificaría recortes adicionales. El documento, correspondiente a la decisión adoptada el 18 de marzo, permite conocer la evolución del debate interno del Comité dieciocho días después del estallido de la guerra. En este sentido resulta clave la jerga comunicativa utilizada por la Fed: cuando se indica que “algunos” miembros están abiertos a una política monetaria más restrictiva, se está aludiendo a un grupo más amplio que cuando en enero se empleó el término “varios”.

06Apr

Cuando las dudas empiezan a aparecer al mismo tiempo en el frente fiscal, económico y geopolítico en una economía sólida pero que depende enormemente de la confianza de los inversores y de la credibilidad de su política económica, los mercados suelen tardar muy poco en reaccionar.

Miguel Ángel Valero

Un año después del Día de la Liberación Arancelaria proclamado unilateralmente por Donald Trump, las empresas siguen enfrentándose a un entorno comercial inestable. Según un análisis realizado por Crédito y Caución, EEUU ha entrado en una fase estructuralmente proteccionista que supone una ruptura con décadas de apertura comercial y que persigue objetivos geopolíticos más que eficiencia económica.

Su política ha remodelado los patrones comerciales, pero no ha logrado una mejora duradera en la balanza comercial. El aumento de los aranceles ha alterado las decisiones de abastecimiento, ha acelerado la desvinculación de China y ha reforzado la desviación del comercio hacia otros socios comerciales, especialmente en maquinaria y equipos eléctricos, la categoría de importación más grande y resistente.

Además, los permanentes cambios legales que se han producido en EEUU en materia arancelaria han introducido mayores dosis de inestabilidad en el comercio internacional. Una sentencia del Tribunal Supremo ha invalidado los aranceles impuestos tras el Día de la Liberación en virtud de poderes de emergencia. Sin embargo, la reacción de la administración norteamericana no se hizo esperar. El Gobierno respondió introduciendo un arancel universal del 10% sobre todas las importaciones en virtud de la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. Se trata de una medida temporal que solo estará en vigor durante 150 días.

Para Dana Bodnar, economista sénior de Atradius, el reajuste del marco arancelario no debe confundirse con un retorno a unas barreras más bajas: "Bajo el nuevo sistema, el tipo arancelario legal se sitúa en el 13,9 %, seis veces más alto que antes de que comenzara la escalada. El carácter temporal del marco legal actual genera un nivel de imprevisibilidad que supone un reto para las empresas globales".

Aunque el nuevo arancel universal es más sencillo al no ser específico para cada región, tendrá un efecto limitado, ya que muchos países habían negociado acuerdos comerciales que situaban sus aranceles cerca de la base de referencia actual. Por otra parte, los importadores estadounidenses siguen absorbiendo la mayor parte de los costes relacionados con los aranceles. En lugar de fomentar la relocalización, estas políticas están acelerando la fragmentación de la cadena de suministro y aumentando las presiones operativas y financieras sobre las empresas.

En este contexto, el análisis de Crédito y Caución adelanta que las empresas deben prepararse para un entorno a largo plazo caracterizado por un aumento de las fricciones comerciales, la imprevisibilidad política y el incremento de los costes. La aseguradora de crédito aconseja a los exportadores y a los líderes de la cadena de suministro que refuercen sus planes de resiliencia, diversifiquen el abastecimiento cuando sea posible y se preparen para una mayor volatilidad política durante 2026. 

The Trader: el problema no son los aranceles, sino las cuentas públicas

Durante buena parte de los últimos dos años se instaló en el mercado la idea de que la economía estadounidense había logrado algo que parecía casi imposible: frenar la inflación sin caer en recesión. El famoso 'soft landing'. Sin embargo, los datos macroeconómicos, las tensiones geopolíticas y el propio frente político interno comienzan a enviar señales de deterioro que conviene observar con atención.

Uno de los elementos más interesantes de esta historia tiene que ver con la política comercial impulsada por Donald Trump. La guerra arancelaria se presentó como una herramienta para reforzar la posición económica de EEUU, reducir el déficit comercial y, al mismo tiempo, aumentar los ingresos fiscales del gobierno federal.

Durante el último año, esos aranceles han generado una cantidad significativa de ingresos para el Tesoro estadounidense. Pero la decisión reciente del Tribunal Supremo de declarar ilegales partes de las tarifas impuestas bajo poderes de emergencia ha abierto un escenario judicial extremadamente complejo. Es muy probable que la batalla legal se prolongue durante mucho tiempo mientras el gobierno intenta mantener, por otras vías, los ingresos derivados de la política comercial.

Pero el verdadero problema no está en los aranceles, sino en las cuentas públicas, subraya el analista Pablo Gil en The Trader.. El déficit federal estadounidense ya alcanza aproximadamente un billón$. A ese ritmo, si no se produce un cambio significativo en la dinámica de gasto o ingresos, el déficit anual podría situarse fácilmente entre 2,2 billones y 2,5 billones al cierre de 2026. Esto ocurre además en un momento en el que el coste de financiar la deuda se ha disparado. Solo en los primeros cinco meses del año fiscal, el pago de intereses de la deuda pública ya supera los 520.000 millones$, una cifra que empieza a competir con algunas de las principales partidas de gasto del presupuesto federal.

La consecuencia es evidente. La deuda pública estadounidense continúa creciendo a gran velocidad. En términos absolutos ya supera los 38 billones$, y en términos relativos se mueve entre el 120% y 125% del PIB, un nivel que ya supera el alcanzado durante la Segunda Guerra Mundial.

Lo llamativo es que este deterioro fiscal se está produciendo en un contexto que, en teoría, no es de crisis económica. Al contrario, Estados Unidos ha mantenido durante los últimos años una política fiscal extraordinariamente expansiva, similar a la que en otras épocas solo se aplicaba en momentos de recesión profunda o en situaciones de emergencia económica. Y, aun así, la economía empieza a mostrar síntomas claros de debilidad.

La revisión del PIB del cuarto trimestre de 2025 ha sido especialmente significativa. El crecimiento ha pasado del 1,4% inicial al 0,7%, muy por debajo de lo que esperaba el consenso del mercado. Además, el consumo (que representa cerca del 70% de la economía estadounidense) también ha sido revisado a la baja, con un crecimiento que pasa del 2,5% al 2%.

La inflación tampoco ayuda. El índice PCE subyacente se mantiene alrededor del 3%, muy por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal. Esto coloca a la Fed en una posición incómoda: el crecimiento se desacelera, pero la inflación sigue siendo demasiado alta como para justificar una relajación rápida de la política monetaria. Y ahora aparece un nuevo factor de riesgo que podría complicar aún más la situación: el petróleo.

La guerra con Irán ha provocado un fuerte repunte en los precios de la energía y ha vuelto a poner en el radar el riesgo de un nuevo shock inflacionario global. Los bancos centrales de las principales economías (la Reserva Federal, el Banco Central Europeo o el Banco de Inglaterra) están empezando a reconocer que el conflicto en Oriente Próximo podría obligarles a retrasar las bajadas de tipos de interés previstas para este año o incluso a replantearse su estrategia monetaria si el impacto sobre los precios termina siendo significativo.

El problema es que la política monetaria tiene una capacidad muy limitada para actuar frente a un shock energético. Los bancos centrales pueden subir o bajar los tipos de interés, pero no pueden reabrir el Estrecho de Ormuz ni controlar el precio del petróleo. Y si el conflicto se prolonga, el encarecimiento de la energía podría trasladarse rápidamente al conjunto de la economía a través de la inflación.

Los mercados ya empiezan a contemplar ese escenario. Un bloqueo prolongado del estrecho (por donde transita una parte crucial del comercio energético mundial) podría disparar el precio del crudo muy por encima de los niveles actuales. Si eso ocurriera justo cuando el crecimiento económico empieza a desacelerarse, el resultado sería una combinación especialmente incómoda para los bancos centrales: inflación persistente con una economía perdiendo dinamismo. El riesgo de volver a un escenario de estanflación (crecimiento débil acompañado de presiones inflacionistas) vuelve a aparecer en el horizonte.

Otro foco de preocupación llega desde el mercado laboral. Cuando el empleo empieza a deteriorarse, el impacto sobre el consumo suele aparecer con cierto retraso, pero termina llegando. Y si el consumo se debilita en una economía donde representa la mayor parte de la actividad, el efecto sobre el crecimiento puede ser considerable.

La combinación de todos estos factores (incertidumbre legal sobre los aranceles, deterioro de los datos macroeconómicos, inflación persistente, tensiones geopolíticas y señales de debilidad en el empleo) empieza a dibujar un escenario mucho más frágil para la primera economía del mundo.

El deterioro empieza a aparecer a pesar de que EEUU mantiene una política fiscal extraordinariamente expansiva. Incluso con déficits gigantescos y con niveles de gasto público propios de una economía en crisis (lo cual debería mantener a la economía 'dopada'), lo cierto es que la actividad empieza a perder fuerza.

Al mismo tiempo, el contexto internacional añade nuevas presiones que pueden complicar aún más el panorama. Si el conflicto en Oriente Próximo termina provocando un nuevo repunte duradero del precio del petróleo, los bancos centrales se enfrentarán a un dilema especialmente incómodo: combatir la inflación con tipos de interés altos o apoyar a una economía que ya empieza a desacelerarse.

EEUU sigue siendo la economía más sólida del mundo, pero también es una economía que depende enormemente de la confianza de los inversores y de la credibilidad de su política económica. 

"Y cuando las dudas empiezan a aparecer al mismo tiempo en el frente fiscal, económico y geopolítico, los mercados suelen tardar muy poco en reaccionar", advierte Pablo Gil.

17Mar

La Unión Europea ultima un acuerdo comercial con Australia.

Miguel Ángel Valero

Según un estudio de Crédito y Caución, el sector del metal y el acero se ralentizará en 2026. Tras un aumento del 5,3% el año pasado, se espera que el crecimiento de la producción mundial de metales básicos descienda al 3,3% este año y al 2,4 % en 2027. 

Dentro de esta tendencia de descenso de la producción, se producirán divergencias tanto por regiones como por subsectores. En cuanto a los mercados, se prevé una tasa de crecimiento del 3,6 % en Asia-Pacífico, frente al 1,1 % en la Unión Europea. 

Por lo que se refiere a los subsectores, la producción mundial de hierro y acero aumentará un 3,1% y la de metales no ferrosos un 3,5% en 2026, por encima de la media del conjunto de la industria de metales básicos. 

En este contexto, la zona euro presentará un crecimiento más débil que el resto de regiones, a pesar de las medidas que está llevando a cabo la Unión Europea para fomentar la industrial local. Entre ellas, destaca el Plan de Acción de la UE para el Acero y los Metales (SMAP) que tiene como objetivo reducir los costes energéticos y reforzar la competencia leal, entre otros aspectos. Además, también se han endurecido las restricciones a la importación de acero, que entrarán en vigor a mediados de 2026, lo que debería suponer un nuevo impulso para los productores nacionales.

En algunos países europeos, el bajo nivel de producción afectará al riesgo crediticio de las empresas, como es el caso de Alemania, el mayor productor de acero de Europa. Sin embargo, la moderación de la demanda, el aumento de los costes energéticos y los bajos precios de venta han deteriorado los márgenes comerciales. Los retrasos en los pagos y las insolvencias han aumentado durante el último año, y la situación seguirá siendo tensa en los próximos meses. Por otro lado, las nuevas inversiones en infraestructuras y el aumento del gasto en defensa deberían apoyar la demanda de metales y acero. 

Otro de los mercados con mayor riesgo es Reino Unido, donde se prevé que la producción de metales básicos y acero caiga un 8,4% en 2026. Esta fuerte contracción se debe, en parte, al cierre de varias acerías de alto horno, que tienen que ser sustituidas por hornos de arco eléctrico. Las quiebras de empresas británicas metalúrgicas y siderúrgicas superaron los niveles históricos durante 2024. Aunque se produjo un descenso en 2025, las previsiones apuntan a un número de las insolvencias en el sector en 2026. Los fabricantes y proveedores siguen enfrentándose a unos costes de producción cada vez más elevados, incluidos los salarios y las elevadas comisiones por el servicio de la deuda. 

A nivel global, el sector se enfrenta a importantes retos que amenazan su crecimiento como la transición hacia energías limpias que conlleva grandes inversiones y elevados costes. A este factor se unen los problemas en la cadena de suministro, especialmente para la minería, el transporte y el procesamiento de materiales. Esto podría provocar déficits de abastecimiento y de materias primas para los productores de metales y acero.

Sin embargo, la creciente urbanización que se está produciendo en los mercados emergentes se presenta como una oportunidad ya que está impulsado la demanda para el desarrollo de nuevos proyectos de vivienda. 

La UE ultima un acuerdo comercial con Australia

Por otra parte, la Unión Europea y Australia están cerca de cerrar un acuerdo comercial. La presidenta de la Comisión Europea ha comunicado a los líderes del bloque que las negociaciones se encuentran en su tramo final e incluso podría procederse con la firma este fin de semana. En un contexto marcado por los aranceles impuestos por la Administración de Trump y la dependencia europea de los minerales críticos procedentes de China, Bruselas busca diversificar sus alianzas y sumará este acuerdo al recientemente firmado con la India. 

Las negociaciones con Australia quedaron bloqueadas en 2023 debido a la exigencia de Canberra de obtener cuotas más amplias y libres de aranceles para sus exportaciones de carne de vacuno. Por su parte, la UE solicita acceso preferencial a minerales críticos australianos y menores aranceles a los productos manufacturados. 

Australia es uno de los países con mayores recursos estratégicos: es el principal productor mundial de litio —con cerca del 37% de la producción global—, además de contar con sectores relevantes de tierras raras (3,3%), magnesio y ser el cuarto país con mayores reservas de tierras raras.

Además, el acuerdo también aborda otros aspectos: la movilidad laboral, la reducción de los impuestos australianos a los automóviles europeos de lujo y la protección de denominaciones como prosecco o feta que están utilizando los productores australianos. 

11Mar

Aunque este porcentaje es inferior al del régimen arancelario “recíproco”, sigue siendo muy superior al existente antes de 2025, cuando el tipo medio no superaba el 2,3 %. En la práctica, EEUU sigue manteniendo uno de los regímenes arancelarios más elevados de los últimos cien años.

Miguel Ángel Valero

El pasado 20 de febrero, el Tribunal Supremo de EEUU invalidó los “aranceles recíprocos” impuestos por la administración de Trump. Se trata de un importante revés legal, pero que no cambia el panorama general de la política comercial. EEUU sigue manteniendo sus aranceles históricamente elevados y el entorno sigue siendo inestable para las empresas, según señalan los expertos de Coface.

“La decisión del Tribunal Supremo supone un revés político para la Administración estadounidense. Sin embargo, EEUU sigue disponiendo de muchos instrumentos para mantener los aranceles elevados, lo que prolonga la incertidumbre para las empresas y el comercio mundial”, afirma Marcos Carias, economista para Norteamérica en Coface.

Si bien esta sentencia supone un revés político e institucional para la Casa Blanca, no implica una ruptura con la estrategia comercial seguida desde el regreso al poder de Donald Trump. La decisión solo se refiere a los aranceles basados en este marco jurídico específico y no cuestiona otras medidas existentes, en particular las específicas de determinados sectores.

En las horas posteriores a la decisión, la Administración estadounidense anunció su intención de recurrir al artículo 122 de la Ley de Comercio de 1974 para introducir nuevos aranceles temporales. Esta medida autoriza al presidente a aplicar recargos de hasta el 15% durante un período máximo de 150 días en caso de desequilibrios externos; actualmente se está aplicando el tipo adicional del 10%. Esta sustitución da lugar a una disminución limitada del tipo arancelario medio de los EEUU, que ahora se sitúa cerca del 14%. Aunque este porcentaje es inferior al del régimen arancelario “recíproco”, sigue siendo muy superior al existente antes de 2025, cuando el tipo medio no superaba el 2,3 %. En la práctica, EEUU sigue manteniendo uno de los regímenes arancelarios más elevados de los últimos cien años.

El fin de los aranceles “recíprocos” no se traduce en un alivio generalizado. El impacto varía considerablemente en función de los socios comerciales de EEUU y la estructura de sus exportaciones. Los países cuyas ventas al mercado estadounidense se concentran en gran medida en los sectores cubiertos por los aranceles de la Sección 232 — acero, aluminio, automóviles y equipos industriales — siguen soportando una elevada carga arancelaria. Éste es especialmente el caso de la Unión Europea, Japón y Corea del Sur, cuyas exportaciones industriales siguen estando en gran medida expuestas a medidas justificadas por motivos de seguridad nacional. Los principales socios norteamericanos, Canadá y México, aunque parcialmente protegidos por el T-MEC, también siguen penalizados en varios segmentos industriales clave.

Por el contrario, algunos países que anteriormente estaban sujetos a aranceles “recíprocos” especialmente elevados se benefician ahora de una relativa desgravación, con un recargo del 10 % aplicado en virtud del artículo 122.Varias economías del sur y sudeste asiático, como Vietnam, Bangladesh y Sri Lanka, están viendo así cómo disminuye significativamente su exposición arancelaria, ya que sus exportaciones están menos concentradas en los sectores cubiertos por la Sección 232. 

Esta reestructuración acentúa las diferencias entre los socios comerciales de EEUU y aumenta la complejidad de un panorama arancelario mundial cada vez más fragmentado.

La incertidumbre jurídica y política parece que va a seguir. Más allá del plazo de 150 días, quedan varias incógnitas. Para extender los aranceles, se necesitaría la aprobación del Congreso, algo políticamente delicado en vísperas de las elecciones de mitad de mandato. Además, sigue sin resolverse la cuestión del reembolso de los derechos recaudados bajo el régimen ahora invalidado. El proceso podría durar varios años, lo que alimentaría un clima de incertidumbre duradera para las empresas, sus cadenas de suministro y sus decisiones de inversión.

Crédito y Caución: impacto en la construcción

El carácter nacional del mercado de la construcción y las cadenas de suministro relativamente regionalizadas hacen que la construcción se haya visto más aislada del efecto de los aranceles estadounidenses y la incertidumbre comercial mundial que otras industrias. Sin embargo, se enfrenta a importantes amenazas que están lastrando su crecimiento, como la escasez de mano de obra y los elevados precios de los materiales, lo que provoca un fuerte impacto en los márgenes de beneficio y los plazos de entrega. 

Según un informe de Crédito y Caucion, el sector de la construcción crecerá un 2,3% en 2026 a nivel mundial. En el caso de Europa, se prevé que aumente un 1,6%. El subsector residencial se verá impulsado por las bajadas de los tipos de interés aprobadas por el Banco Central Europeo. En la zona euro y Reino Unido, los costes de los materiales seguirán siendo más elevados que en el pasado y la escasez de mano de obra es estructural. Ambas cuestiones repercuten negativamente en los márgenes de los constructores y en el riesgo crediticio de las empresas, que sigue siendo elevado en la mayoría de los mercados europeos. 

Es el caso de Francia, donde el sector carece de motores de crecimiento importantes y la inestabilidad política está afectando a su crecimiento, por lo que se espera que las insolvencias sigan siendo elevadas en los próximos meses. 

Otro de los países con mayor nivel de riesgo es Alemania, donde el rendimiento del sector sigue viéndose afectado por el débil crecimiento económico y el nivel de impagos sigue siendo alto. Entre enero y octubre de 2025, el número de insolvencias aumentó un 9,3% con respecto al año anterior.

Italia es otro de los mercados europeos donde el riesgo crediticio es mayor debido a la fluctuación de la demanda, la escasez de liquidez, la reticencia de los bancos a conceder préstamos y los pagos prolongados. En este contexto, se prevé que el riesgo de insolvencia se mantenga elevado debido a las debilidades estructurales y a las continuas tensiones financieras.

En el Reino Unido, muchos proyectos de construcción nuevos siguen retrasándose debido a contratos heredados, problemas en la cadena de suministro, inflación de precios y retrasos en la aprobación de las solicitudes de planificación. En los próximos meses, se espera cierta mejoría en la situación del riesgo crediticio del sector, pero las condiciones del mercado siguen siendo difíciles.

En definitiva, aunque el sector de la construcción no está afectado directamente por las nuevas tasas arancelarias y las tensiones geopolíticas, sí sufre su impacto de manera colateral. Los problemas comerciales mundiales han aumentado la incertidumbre empresarial, lo que ha provocado una reducción del gasto en construcción comercial en muchos países. Este hecho, unido a los altos costes de producción y la falta de mano de obra, están lastrando su crecimiento. Los países con mayores niveles de riesgo de crédito son Austria, Dinamarca, Francia, Hungría, Suecia, Turquía, Reino Unido y Corea del sur. 

09Mar

Europa sigue centrándose en la fabricación de chips industriales y para la automoción, una estrategia coherente con su estructura económica pero que que la deja rezagada en materia de inteligencia artificial.

Miguel Ángel Valero

La producción de productos electrónicos y de tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) mantendrá este año los mismos niveles de crecimiento que en 2025, en el entorno del 10,3% y sufrirá un descenso en 2027 (6,5%), según un estudio de Crédito y Caución. Estas sólidas tasas de crecimiento se deben principalmente al auge actual de la inteligencia artificial, tanto por su importancia para las empresas como para las estrategias geopolíticas. 

Todo ello está generando grandes inversiones en este sector. Sin embargo, la imposición de aranceles a los productos electrónicos importados sin exenciones sigue siendo un escenario negativo. Además, un deterioro de las relaciones entre China y EEUU puede afectar negativamente a las cadenas de suministro mundiales de TIC y electrónica.

Por el momento, se espera que las ventas mundiales de semiconductores crezcan un 18,8% este año, tras un 22,8% en 2025, impulsadas por los chips de última generación para centros de datos de inteligencia artificial. 

Europa, sin embargo, se sitúa a la cola del crecimiento de este sector, con unas previsiones para 2026 de 1,3%, frente al 10,3% de la media global. La zona euro está perdiendo competitividad ya que no está especializada en la producción de chips de alta gama utilizados para la IA, ni existe un fuerte auge de la inversión en ello hasta ahora. 

La región sigue centrándose en la fabricación de chips industriales y para la automoción, una estrategia coherente con su estructura económica pero que podría dejar a Europa rezagada en materia de inteligencia artificial, a pesar de los esfuerzos que se están haciendo por parte de las autoridades europeas. La Ley de Chips de la Unión Europea prevé invertir 43.000 millones€ en la producción y la investigación locales de semiconductores, con el objetivo de reducir la dependencia de las importaciones procedentes de Asia y alcanzar una cuota del 20% de la producción mundial de chips para 2030. Sin embargo, las estimaciones actuales sugieren que ese objetivo sea muy difícil de conseguir. 

A largo plazo, el aumento del gasto militar en la región debería contribuir al crecimiento del sector. Este es especialmente el caso de Alemania, donde un cambio en las normas fiscales está proporcionando margen para ampliar el gasto.