08Mar

EEUU no sostiene solo a Europa. Europa sostiene buena parte de la capacidad operativa global de Estados Unidos. Y en un mundo cada vez más inestable, romper ese equilibrio no debilitaría solo a una orilla del Atlántico. Debilitaría a ambas.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump suele transmitir una idea muy clara: sin EEUU, la OTAN no es nada. Y es cierto que la capacidad militar norteamericana (en presupuesto, tecnología y poder de fuego) no tiene comparación dentro de la Alianza. Pero la pregunta incómoda es otra, para el analista Pablo Gil en The Trader: ¿qué sería de EEUU sin su red militar en Europa?

La actual guerra de Oriente Medio, iniciada por los ataques conjuntos de EEUU e Israel contra Irán, pone en evidencia que la relación no es de dependencia unilateral. Es de interdependencia estratégica. Hoy EEUU mantiene alrededor de 85.000 soldados en el continente europeo, distribuidos en más de 30 bases permanentes y decenas de instalaciones con acceso rotacional o logístico. No hablamos solo de presencia simbólica. Hablamos de una red operativa que convierte a Europa en la gran plataforma de lanzamiento del poder militar estadounidense hacia Oriente Próximo, África y el Ártico.

La base de la Base Aérea de Ramstein es el principal hospital militar para las operaciones del Mando Central estadounidense. Desde la Base Naval de Rota operan destructores clave en el escudo antimisiles. RAF Lakenheath en Reino Unido y Base Aérea de Morón en España son escalas fundamentales en cualquier despliegue hacia Oriente Próximo.

Cuando Washington ha protegido el espacio aéreo de Israel, cuando ha desplegado fuerzas para rodear a Irán o cuando ha proyectado poder hacia África, lo ha hecho apoyándose en esa infraestructura europea. Sin ella, el tiempo de respuesta no sería cuestión de días. Sería de semanas.

Un informe del Center for Strategic and International Studies advertía en 2024 que, en caso de perder el acceso a bases en Reino Unido, España o Italia, Estados Unidos tendría enormes dificultades para controlar el Atlántico en un escenario de conflicto europeo. No es un detalle menor. Es arquitectura estratégica.

Además, el cuartel general del Mando Africano de EEUU está en Stuttgart. La protección de aliados en Oriente Próximo pasa por corredores logísticos europeos. Incluso la creciente relevancia del Ártico, con el deshielo acelerado, incrementa el valor geopolítico del continente como plataforma avanzada.

Trump ha amenazado con relativizar el Artículo 5 de la OTAN. Eso tensiona la alianza políticamente. Pero nunca ha hablado seriamente de abandonar las bases. Porque el Pentágono sabe que las necesita. Y aquí está el punto clave: Europa no puede usar las bases como herramienta de presión, porque su seguridad depende en buena medida de la garantía estadounidense. Pero Estados Unidos tampoco puede prescindir de ellas sin asumir un coste operativo enorme.

Si Washington perdiera acceso a esa red logística: 

  • Su capacidad de disuasión en Eurasia se debilitaría.
  • Su tiempo de reacción ante crisis en Oriente Próximo aumentaría significativamente.
  • Su control estratégico del Atlántico se resentiría.
  • Su proyección hacia África y el Ártico sería más lenta y cara.

La OTAN no es solo un paraguas defensivo para Europa. Es la columna vertebral logística de la proyección global estadounidense. Durante décadas, esta interdependencia ha sido tan estable que casi nadie la cuestionaba. Hoy, en un mundo más fragmentado y con tensiones comerciales crecientes, el debate empieza a aflorar. Pero sigue sin plantearse en toda su profundidad.

Trump puede utilizar la OTAN como herramienta de presión política, pero la realidad estratégica es más tozuda que el discurso. Estados Unidos no sostiene solo a Europa. Europa sostiene buena parte de la capacidad operativa global de Estados Unidos. Y en un mundo cada vez más inestable, romper ese equilibrio no debilitaría solo a una orilla del Atlántico. Debilitaría a ambas.

07Mar

El déficit en 2026 se situará en el 5,8 % del PIB. En 2028, en el 6 %. Y en 2036 alcanzará el 6,7 %. La media de los últimos 50 años ha sido del 3,8 %. Además, el déficit superará el 5,6 % del PIB durante más de cinco años consecutivos, algo que no ocurría desde que existen registros.

Miguel Ángel Valero

La Oficina Presupuestaria del Congreso de EEUU, la Congressional Budget Office (la CBO), vuelve a lanzar una advertencia incómoda: la senda fiscal del país no es sostenible. Y lo hace con números encima de la mesa.

Según su último informe, las políticas aprobadas por Donald Trump (especialmente la extensión de los recortes fiscales de 2017 y el nuevo paquete tributario de 2025) incrementarán el déficit acumulado de la próxima década en 1,4 billones de dólares adicionales respecto a lo previsto anteriormente. Solo la prolongación y ampliación de los recortes fiscales sumará 4,7 billones en diez años. A eso hay que añadir unos 500.000 millones derivados del endurecimiento de la política migratoria.

Los aranceles, que han elevado el tipo efectivo medio por encima del 13 % (el nivel más alto desde los años 40), generarán ingresos adicionales. La CBO estima que reducirán el déficit en unos 3 billones. Pero no compensa. El saldo final sigue deteriorándose.

El problema no es solo el flujo anual. Es la dinámica acumulativa. El déficit en 2026 se situará en el 5,8 % del PIB. En 2028, en el 6 %. Y en 2036 alcanzará el 6,7 %. Para ponerlo en perspectiva: la media de los últimos 50 años ha sido del 3,8 %. Además, el déficit superará el 5,6 % del PIB durante más de cinco años consecutivos, algo que no ocurría desde que existen registros modernos. Y, mientras tanto, la deuda sigue creciendo.

La ratio deuda/PIB superará el récord histórico del 106 % alcanzado tras la Segunda Guerra Mundial. Ahora se prevé que lo haga en 2030, un año más tarde de lo estimado previamente, gracias a un crecimiento algo más fuerte en 2026 (2,2 %). Pero después, la economía volvería a una velocidad de crucero del 1,8 % anual. Muy lejos del 3 % que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha marcado como objetivo político.

El verdadero elefante en la habitación es el coste de los intereses. El pago por la deuda pasará de 1 billón en 2026 a 2,1 billones en 2036. Cada vez más recursos públicos se destinan simplemente a pagar los excesos del pasado.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, avisa: el nivel actual de deuda no es el problema inmediato. Lo es la trayectoria. EEUU está generando déficits enormes en un contexto de pleno empleo. Eso no es típico de una economía en expansión. Es típico de una economía que vive estructuralmente por encima de sus posibilidades fiscales.

En cuanto a la inflación, la CBO prevé que se modere hacia el 2 % a medio plazo, aunque este año seguirá en torno al 2,7 %. El desempleo podría repuntar al 4,6 % en 2026. Nada dramático en el corto plazo, pero sí inquietante en el largo. Porque cuando una economía crece al 1,8 %, mantiene déficits del 6 % del PIB y paga intereses crecientes sobre una montaña de deuda, el margen de maniobra se estrecha. Y cada crisis futura será más costosa de gestionar.

"El problema no es un presidente concreto ni una medida puntual. El problema es estructural. EEUU lleva años acostumbrándose a convivir con déficits que antes solo veíamos en guerras o recesiones profundas. Mientras el crecimiento no acelere de verdad y el gasto no se ajuste, la deuda seguirá aumentando a un ritmo difícil de sostener. El privilegio del dólar como moneda de reserva mundial compra tiempo, pero no elimina las matemáticas. Y en economía, cuando las matemáticas se ignoran demasiado tiempo, siempre terminan imponiéndose", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

06Mar

Aunque insisten en que su escenario central es un conflicto relativamente corto (alrededor de un mes), los mercados temen que se prolongue, lleve al petróleo a los 140$, dispare los precios de la energía, y provoque tensiones financieras en países del Golfo y asiáticos.

Miguel Ángel Valero

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, vaticina que el dólar estadounidense continuará fortaleciéndose mientras la guerra en Oriente Medio se prolongue sin una resolución inmediata, consolidando su papel como principal activo refugio en los mercados financieros internacionales. 

Según el análisis de Ebury, la reacción de los inversores al aumento de las tensiones ha seguido el patrón clásico de 'risk-off', riesgos fuera. Los flujos se han dirigido hacia activos considerados seguros, entre ellos el dólar, que se ha apreciado aproximadamente un 1,5% frente a sus principales pares en lo que va de semana. 

El informe destaca que la divisa estadounidense se está viendo respaldada por varios factores simultáneos. Por un lado, su elevada liquidez refuerza su condición de refugio en momentos de incertidumbre geopolítica. Por otro, el repunte de los precios del petróleo —del que EEUU es exportador neto— y la reducción de las expectativas de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal están apoyando su cotización. 

El escenario central que manejan los mercados es el de una guerra relativamente corta, de alrededor de un mes, en línea con las estimaciones expresadas por el presidente estadounidense, Donald Trump. “Mientras ese horizonte temporal siga siendo plausible, las ganancias adicionales del dólar podrían mantenerse contenidas e incluso dar paso a una corrección si el conflicto concluye hacia finales de mes o a comienzos de abril”, señala Matthew Ryan, jefe de Estrategia de Mercados de Ebury. 

No obstante, Ryan advierte de que el principal riesgo para los mercados sería una escalada regional del conflicto o un cierre prolongado del estrecho de Ormuz: “En ese escenario, los precios del petróleo podrían acercarse o incluso superar los 100$ por barril, lo que intensificaría la aversión al riesgo y reforzaría aún más al dólar frente a otras divisas”. En este contexto, las monedas europeas —especialmente el euro, la corona sueca y las divisas de Europa Central y del Este— están siendo las más perjudicadas, en parte por su elevada sensibilidad al encarecimiento del gas, cuyo precio en Europa ha aumentado cerca de un 50%. Otras divisas emergentes de mayor riesgo, como el rand sudafricano, también han registrado caídas.

Aunque la volatilidad en los mercados de divisas ha aumentado de forma significativa desde el inicio del conflicto, el informe señala que los niveles actuales aún se sitúan por debajo de los registrados en episodios de pánico financiero.

Atradius Crédito y Caución: el petróleo puede llegar a los 140$

La guerra en Oriente Medio, iniciada por los ataques de EEUU e Israel contra Irán, puede prolongarse durante varias semanas, lo que aumenta la incertidumbre sobre la duración y la trayectoria del conflicto y sus posibles repercusiones. Las consecuencias inmediatas se han dejado sentir en toda la región. Las perturbaciones en los principales centros del Golfo han afectado al transporte y al tráfico aéreo, ya que las autoridades restringen el espacio aéreo y desvían los vuelos. Las organizaciones internacionales han convocado reuniones de emergencia para evaluar la situación, mientras que dentro de Irán los ataques contra altos cargos han creado incertidumbre sobre la toma de decisiones y la estabilidad política.

Según Niels de Hoog, economista sénior de Atradius, "este conflicto representa un acontecimiento significativo y sin precedentes, con posibles implicaciones para el riesgo país en toda la región y más allá. En este momento, nuestra hipótesis de trabajo es que cualquier escalada regional, incluido un cierre temporal del estrecho de Ormuz, probablemente será de corta duración, entre unos días y varias semanas. En este escenario, esperamos que el impacto económico global sea relativamente limitado".

La presión sobre el estrecho de Ormuz es ahora el factor central que determina el impacto económico y en la cadena de suministro de esta crisis. La combinación de la escalada militar, las advertencias directas a los buques y la suspensión de las operaciones de las principales empresas navieras y energéticas ha provocado un cierre efectivo. Las autoridades iraníes afirman que el estrecho está cerrado y que Irán atacará a cualquier barco que intente atravesarlo. Esto es importante porque Ormuz es el corredor energético más importante del mundo, por el que circula alrededor del 20% del petróleo mundial y aproximadamente el 30% del gas natural licuado. Cualquier interrupción en este corredor repercute rápidamente en los precios de la energía, los riesgos de inflación y las cadenas de suministro mundiales. Los precios del petróleo ya han subido hasta los 80$ por barril y podrían aumentar hasta los 90-140$, dependiendo de la duración de la interrupción.

La reducción de los flujos a través de Ormuz también está afectando al transporte y la logística en general. Las compañías navieras están ralentizando o desviando sus buques, las compañías aéreas están ajustando sus rutas para evitar los riesgos regionales y los principales centros de distribución del Golfo están experimentando restricciones de conectividad. Estos cambios provocan tiempos de tránsito más largos, mayores costes y mayores necesidades de capital circulante para sectores sensibles al tiempo, como la electrónica y los componentes de automoción. Dado que gran parte del comercio entre Asia y Europa depende de estas rutas, cualquier interrupción prolongada tendría importantes repercusiones en las cadenas de suministro que dependen de operaciones "justo a tiempo".

En este sentido, Niels de Hoog apunta que "no esperamos que Irán pueda mantener el estrecho cerrado durante un periodo prolongado, ya que es muy probable que una operación marítima internacional liderada por Estados Unidos ponga fin al bloqueo con relativa rapidez. Un cierre prolongado también iría en contra de los propios intereses de Irán, ya que bloquearía sus vitales exportaciones de petróleo a China".

El escenario base de Crédito y Caución es un conflicto de corta duración seguido de un retorno gradual a la diplomacia, incluyendo un nuevo intento de negociaciones nucleares. Según De Hoog, "Irán está muy aislado y le resultaría difícil mantener una confrontación prolongada. Un cierre prolongado del estrecho de Ormuz también afectaría gravemente a su frágil economía, al interrumpir las exportaciones de petróleo esenciales a China y aumentar las presiones sociales internas. Las recientes acciones de alto riesgo dirigidas contra los Estados del Golfo parecen tener como objetivo principal crear una ventaja política para volver a las negociaciones. Una escalada importante sería contraproducente, ya que podría empujar a los Estados del Golfo a volverse activamente contra Irán".

En un escenario de conflicto breve, el impacto económico en los Estados del Golfo sigue siendo limitado, aunque las perturbaciones son inevitables. Debido al bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz, los Estados del Golfo no pueden beneficiarse del aumento de los precios del petróleo y sus economías no petroleras sufren presiones temporales por el cierre del espacio aéreo y las interrupciones en el turismo, la logística y las actividades de reexportación. Gracias a sus importantes reservas internacionales y a sus grandes fondos soberanos, la mayoría de las economías del Golfo son capaces de absorber una interrupción que dure unas pocas semanas, con un impacto medio estimado en el crecimiento de alrededor de medio punto.

Qatar es el más expuesto, ya que todas sus exportaciones de gas natural licuado deben transitar por el estrecho de Ormuz. Esta vulnerabilidad explica su decisión preventiva de detener temporalmente la producción de GNL tras los recientes incidentes de seguridad. Omán parece menos vulnerable porque su principal puerto, Duqm, se encuentra fuera del estrecho, aunque los recientes ataques con drones e incidentes en el golfo de Omán ponen de relieve riesgos adicionales. Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí pueden desviar parte de sus exportaciones de petróleo a través de oleoductos, aunque esto solo mitiga parcialmente el impacto.

Una mayor escalada podría implicar una mayor dependencia de las milicias proxy en toda la región y ataques a las instalaciones petroleras y gasísticas vecinas, lo que supondría un riesgo de daños duraderos para la capacidad de producción regional y mundial. Los ataques con drones contra una refinería de petróleo en Arabia Saudí y una planta de GNL en Qatar indican que esta posibilidad se ha vuelto más plausible. Tales acciones también aumentarían la probabilidad de represalias contra la propia infraestructura energética de Irán.

Para los países fuera de la región que dependen en gran medida del petróleo y el gas importados, el principal canal de transmisión es el aumento de los precios de la energía. Muchas de estas economías están más expuestas financieramente que los Estados del Golfo e Israel. Las economías asiáticas, incluidas China y la India, son especialmente sensibles, ya que dependen en gran medida del tránsito físico de petróleo y gas a través del estrecho de Ormuz y se verían directamente afectadas por cualquier interrupción prolongada.

No se puede descartar un escenario negativo que implique una escalada más prolongada. A diferencia de la operación de 2025, que se centró en limitar las capacidades nucleares de Irán, los objetivos actuales se extienden al cambio de régimen y al desmantelamiento del arsenal de misiles balísticos de Irán. Esta dinámica aumenta la sensación de vulnerabilidad estratégica de Irán y la probabilidad de nuevas represalias.

En este escenario mucho más adverso, las estimaciones sugieren que los precios del petróleo podrían subir hasta entre 130$ y 140 por barril. Aunque es poco probable que Irán mantenga cerrado el estrecho de Ormuz durante un periodo prolongado, podría seguir perturbando el tráfico marítimo dentro y fuera del estrecho, lo que crearía una inestabilidad persistente en los flujos energéticos mundiales.

En estas condiciones, Bahrein sería probablemente el primer Estado del Golfo en sufrir tensiones financieras debido a la debilidad de sus finanzas públicas, sus limitadas reservas y su fuerte dependencia de los ingresos petroleros. Otras economías del Golfo también se verían sometidas a una presión sostenida, ya que las perturbaciones en la logística, el turismo y la actividad exportadora se prolongarían durante más tiempo.

Las economías asiáticas, incluidas China y la India, son especialmente vulnerables, ya que alrededor del 80% del petróleo y el gas que transita por el estrecho de Ormuz tiene como destino Asia. Una subida prolongada de los precios también afectaría a otros mercados emergentes con una alta dependencia de las importaciones de energía y un margen fiscal limitado. Incluso si los productores de la OPEP aumentaran la producción, el alivio sería limitado si el petróleo no pudiera llegar a los mercados de exportación.

El impacto en la economía y los mercados mundiales dependerá en gran medida de la duración y la intensidad del conflicto. A pesar de la situación, Crédito y Caución sigue "operando con normalidad en todo Oriente Medio, garantizando la cobertura y el apoyo a nuestros clientes y socios. Supervisamos la evolución del riesgo asociado a las líneas de crédito comercial de nuestros asegurados en la región, seguimos de cerca los acontecimientos y recopilamos información de múltiples fuentes para garantizar que nuestras respuestas sigan siendo precisas y específicas para cada contexto".

Banca March: medidas para contener el aumento de los costes energéticos

La inercia del conflicto se mantiene, con ataques masivos de Irán a diversos puntos de los países del Golfo. En estos momentos, han quedado paralizadas tanto la mayor planta de licuefacción de gas de Catar (Ras Laffan) como la mayor refinería del mundo situada en Ras Tanura, en Arabia Saudí, ambas afectadas por drones iraníes. Del mismo modo, se han registrado agresiones contra varios cargueros en Kuwait. Como consecuencia, el esperado alivio en las futuras garantías estadounidenses se vio cuestionado, provocando un cierto repunte en los precios del gas y del petróleo. En respuesta, el gobierno de EEUU está estudiando intervenciones en el mercado de futuros del crudo y, además, está flexibilizando la presión sobre India para que continúe comprando petróleo ruso. Ambas medidas tienen un objetivo claro: contener el ascenso de los precios energéticos mientras se movilizan los recursos necesarios para garantizar el paso físico por el estrecho.

Pero en Banca March consideran "prematuro" hablar de una crisis energética: aunque el gas y el petróleo han repuntado, siguen muy por debajo de los niveles críticos registrados tras la invasión rusa de Ucrania (el crudo continúa aproximadamente un 30% por debajo del máximo de 2022 y el gas europeo tendría que multiplicarse por 6,5 veces para alcanzarlo). Incluso con la intensificación de la competencia global por el gas —se han identificado varios metaneros estadounidenses con destino a Europa que han modificado su rumbo hacia el sur, posiblemente para dirigirse a Asia—, los precios de la electricidad en Europa se mantienen estables, en niveles similares a los del último mes, lo que indica que aún no han incorporado el encarecimiento reciente de las materias primas energéticas.

En consecuencia, los mensajes provenientes de Estados Unidos muestran que harán todo lo posible por contener el aumento de los costes energéticos, dada la impopularidad que genera el alza de precios. Al mismo tiempo, China incrementará su presión diplomática sobre Irán para que excluya la energía del tablero bélico. Con este contexto, "mantenemos que, una vez se reabra sostenidamente el estrecho, la duración del conflicto perderá relevancia para los mercados. Permanecer fuera del mercado hasta que eso ocurra, en un entorno de volatilidad tan elevada, nos parece una decisión equivocada", señalan los expertos de la entidad.

Pero el FMI advirtió que un aumento del 10% en los precios de la energía que se prolongue durante un año impulsaría la inflación global en +0,4 puntos y frenaría el crecimiento económico entre -0,1 y -0,2 p.p. La directora gerente, Kristalina Georgieva, señaló que la resiliencia del crecimiento “vuelve a ponerse a prueba”, con muchos países afrontando la crisis en Oriente Medio con “amortiguadores agotados” tras los shocks recientes. Aun así, destacó que varias economías asiáticas han reforzado su capacidad fiscal y sus reservas en las últimas dos décadas. 

El FMI mantiene conversaciones con algunos miembros ante la posibilidad de ofrecer asistencia para la balanza de pagos si la incertidumbre aumenta, y alerta sobre la especial vulnerabilidad de los países importadores de petróleo, las economías insulares del Pacífico y los Estados de bajos ingresos con elevada carga de deuda. Las estimaciones del FMI señalan que por cada 10$ dólares adicionales del Brent, el crecimiento del PIB mundial se reduciría en una décima y la inflación aumentaría entre 0,3-0,5 punto.

"Sin embargo, nuestro escenario base no contempla una prolongación tan extensa del conflicto. Por un lado, por la falta de intereses: en el caso estadounidense, una contienda muy larga que implicara una invasión terrestre y pérdidas humanas no resulta conveniente a pocos meses de las elecciones midterm. Por otro lado, el coste de la guerra y el desgaste de recursos para ambas partes: se estima que tan solo el primer ataque supuso para EEUU 4.000-5.000 millones$ y cada día adicional añade 900 millones. En el caso de Irán la limitación es mayor: no dispone de suficiente capacidad militar y económica para sostener un conflicto prolongado. En materia de misiles balísticos, fuentes israelíes estiman el arsenal iraní en 2.000-2.500 antes del conflicto y, en estos seis días, habría consumido ya más de 560 de ellos", concluyen los expertos de Banca March. 

Pictet: los bonos, los grandes perjudicados

Arun Sai, estratega multiactivos en Pictet AM, destaca que el temor predominante es un choque de precios de la energía tan violento como el que se dio con la invasión rusa de Ucrania. "No puede descartarse, pero no es nuestro escenario base. Es raro que las crisis geopolíticas causen daños duraderos en el crecimiento económico y los mercados financieros.  La gran excepción fue la crisis del petróleo en los años 70 y hay pocas señales de que se vaya a repetir", argumenta.

En el análisis de escenarios en un extremo el conflicto bélico termina rápidamente, con el ejército de Irán debilitado, aunque su régimen manteniéndose. En el escenario opuesto extremo, se da el improbable caso de que la guerra se extienda más allá de la región.

Actualmente la economía global es mucho menos intensiva en petróleo que entonces. EEUU es exportador neto de petróleo, las reservas globales de crudo son abundantes y los amortiguadores razonables. Incluso si el precio del crudo sube el 30%, el crecimiento del PIB global se reduciría solo 0,2% y la inflación aumentaría poco más de 1%. Pero el petróleo no es el único factor. El sentimiento es una consideración importante y en este sentido los mercados parecen más vulnerables. Acciones y otros activos de riesgo estaban en un equilibrio frágil las semanas previas al ataque militar, entre la mejora de fundamentales macroeconómicos y pérdida de confianza en las acciones tecnológicas estadounidenses. Así que las acciones pueden ser más volátiles.

Las caídas de las acciones deben ser modestas en la mayoría de los escenarios, a menos que el conflicto se amplíe sustancialmente, por ejemplo, incluyendo a Rusia y China. Los bonos pueden tener dificultades iniciales por el mayor precios del petróleo e inflación. Una mayor escalada provocaría caída del gasto de los consumidores y la confianza empresarial, alimentando expectativas de recortes de tipos de interés, lo que haría caer las rentabilidades a vencimientos de los bonos. El oro puede ser beneficiario clave, como depósito de valor de alta liquidez y cobertura estratégica contra la inflación en el tiempo, aunque es vulnerable a episodios de volatilidad. El dólar también debe apreciarse por la demanda como refugio seguro, respaldada por la posición de EEUU como gran productor de energía, aunque previsiblemente reanudaría su gradual declive si el conflicto llega a su fin.

"En los días posteriores al ataque nuestros equipos multiactivos han reducido participaciones en activos más arriesgados y añadido cobertura contra nuevas caídas mediante opciones de venta de acciones y de deuda empresarial. Hemos incrementado el peso del dólar, especialmente ante la debilidad del yen japonés, tendiendo en cuenta que tiene margen de apreciación si el conflicto continúa. Sobre ponderamos franco suizo, que puede revalorizarse especialmente porque el Banco Nacional Suizo puede apoyarlo para contrarrestar presiones inflacionarias del precio de la energía.  Mantenemos alta convicción en oro.Consideramos la resiliencia de los mercados emergentes más allá del norte de Asia, donde domina la tecnología. Las acciones de mercados emergentes son una asignación estratégica respaldada por sólidos fundamentales de crecimiento doméstico", explica.

DWS: Las crisis petroleras ya no afectan como antes

El petróleo fue en su día el centro de la mayoría de las crisis macroeconómicas. En 1979, la revolución en Irán contribuyó a elevar los precios del crudo, lo que frenó el crecimiento, aumentó la inflación y empeoró las balanzas comerciales. A medida que se desarrolla la última crisis en Oriente Medio, conviene recordar por qué ese mundo ha desaparecido. Como muestra el gráfico de DWS, el consumo de petróleo por unidad de producto interior bruto (PIB) real ha descendido de forma constante desde finales de la década de 1970, tanto en la economía mundial como en la estadounidense. Las ganancias en eficiencia, el cambio hacia los servicios y la sustitución del petróleo han reducido su participación en los costes de los insumos, que antes provocaban subidas de precios en toda la economía. Cuando la intensidad del petróleo es baja, los precios más altos afectan a una parte más reducida de los costes de producción y tardan más en repercutir en los salarios y la inflación subyacente. A medida que las economías se electrifican, cada dólar o euro adicional de producción “contiene” ahora muchos menos barriles que antes.

Para EEUU, existe un segundo colchón, incluso en caso de un bloqueo persistente del estrecho de Ormuz. Gracias al auge del esquisto, el país ha sido un exportador neto total de energía desde 2019. Eso significa que las interrupciones en el suministro de petróleo y gas ahora redistribuyen en gran medida los ingresos dentro de la economía estadounidense, en lugar de agotar su cuenta corriente. Eso no es inmunidad, pero es un mecanismo de transmisión diferente, típicamente más suave que en la década de 1970.

Hay dos inconvenientes. En primer lugar, la región del Golfo es importante, no solo como fuente de energía, sino también por sus rutas de transporte y comercio mundiales. En segundo lugar, y lo que es más importante para Europa, una menor intensidad del petróleo no significa una menor vulnerabilidad energética en general. En gran parte de Europa, el petróleo ha sido sustituido por la electricidad, y los precios de la energía suelen fijarse al margen por las centrales de gas. Eso cambia el canal, pero no el riesgo: la interrupción del suministro de gas natural licuado (GNL) puede elevar los precios de la electricidad y afectar a muchos sectores a la vez. Aun así, el mensaje central del gráfico es claro: el petróleo en sí mismo ya no es el arma macroeconómica que era antes. O, como dice Christian Scherrmann, economista jefe para EEUU de DWS, “los precios del petróleo siguen siendo importantes para los mercados, pero la economía estadounidense ya no funciona con petróleo como antes”. Lo que nos lleva de vuelta al principio: el crudo todavía puede saltar a los titulares, pero la economía estadounidense ha aprendido discretamente a reaccionar menos que antes.

05Mar

Los mercados temen un escenario de guerra prolongada de desgaste, con el estrecho de Ormuz bloqueado, ya que tendría consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía, la inflación y el crecimiento mundial.

Miguel Ángel Valero

Sexto día de conflicto entre Irán y EEUU-Israel, sin cambios significativos en la situación y con el estrecho de Ormuz aún cerrado de facto, a la espera de que se materialicen las promesas de Trump sobre los seguros y la escolta a los buques. Esas declaraciones moderaron las subidas en los precios de la energía, pero cada jornada adicional con el estrecho bloqueado tensiona la logística: el almacenaje en tierra de los exportadores de petróleo y gas del Golfo Pérsico comienzan a quedarse sin espacio ante la falta de barcos, lo que obligaría a detener, eventualmente, la producción.

En este contexto, China y Japón han optado por limitar las exportaciones de sus refinerías y priorizar el abastecimiento interno de diésel y gasolina ante la posible escasez de crudo en las próximas semanas, aunque por ahora no se han registrado problemas notables en el mercado físico. De hecho, las compañías refinadoras japonesas están en conversaciones con el Gobierno para acceder a las reservas estratégicas en caso de necesidad las próximas semanas.

A pesar del flujo de noticias, los mercados continúan descontando un conflicto breve y un cierre del estrecho limitado en el tiempo. Esta percepción se reflejó en una menor tensión en los precios de la energía, lo que proporcionó cierto alivio a los activos más castigados y permitió avances en las Bolsas globales, lideradas por las regiones que habían sufrido mayores caídas —Asia y Europa—. De igual modo, el sector tecnológico mostró una reacción favorable, impulsado además por los resultados de Broadcom. También destacó el sólido comportamiento de las compañías de ciberseguridad, en un entorno marcado por la habitual guerra informática en la sombra.

En renta fija, las ventas continúan presionando la parte larga de la curva, ante el repunte de los temores inflacionistas. Las expectativas de recortes de tipos en EEUU empiezan a desplazarse hacia finales de año, lo que podría seguir apoyando al dólar en el corto plazo.

"El conflicto no debería prolongarse en exceso y la presión diplomática china junto con las garantías americanas debería provocar una reapertura del estrecho de Ormuz más pronto que tarde. Si esto se materializa, la percepción de riesgo disminuirá; por ello, consideramos que realizar movimientos precipitados en este entorno podría tener efectos negativos sobre la rentabilidad a medio plazo. Un ejemplo reciente fue el fuerte rebote tras el giro de Trump en el Liberation Day: perderse esa sesión habría postergado la recuperación del inversor más de seis meses, y actualmente nos encontramos en un escenario igual de dual", argumentan en Banca March.

China reduce la producción

Mientras, China fijó su objetivo de crecimiento más modesto desde 1991, con una horquilla del 4,5% al 5% para este año, y apenas mostró disposición a impulsar el consumo pese al creciente desequilibrio entre una oferta fuerte y una demanda débil. El Gobierno mantendrá el apoyo fiscal en niveles similares a 2025 y recortará subvenciones para la compra de bienes de consumo, incluida la financiación del programa de renovación de electrodomésticos y vehículos, que caerá de 300.000 millones de yuanes a 250.000 millones ante el menor interés de unas familias presionadas por la inseguridad laboral y el débil crecimiento salarial.

En lugar de desplegar grandes paquetes de gasto general, Pekín centrará sus esfuerzos en los sectores emergentes y fija un aumento medio anual del 7% en I+D hasta finales de la década, priorizando la autosuficiencia tecnológica, la digitalización y la construcción de industrias modernas por encima del impulso a la demanda interna. Mientras tanto, mantuvo su objetivo de inflación en el 2%, después de un 2025 en el que los precios al consumidor permanecieron prácticamente estancados.

Por otro lado, y en pleno contexto del conflicto de Irán, China busca proteger el suministro interno de petróleo y combustibles ante la interrupción de los flujos de crudo procedentes de Oriente Medio. Para ello, ha solicitado a las empresas nacionales que suspendan la firma de nuevos contratos de exportación de combustibles refinados y que intenten cancelar envíos ya acordados. La medida excluye tanto el repostaje de aviones en vuelos internacionales como el abastecimiento de buques en régimen de depósito. Además, al menos dos refinerías —Zhejiang Petrochemical Corp y Fujian— ya han reducido su actividad alrededor de un 20% este mes, y se espera que más plantas apliquen recortes adicionales en la producción.

Mejora la confianza de los empresarios en EEUU y en Europa

La guerra en Oriente Medio contrasta con favorables datos de actividad que apuntan a una aceleración del crecimiento en EEUU: repunta la creación de empleo privado y mejora la confianza de los empresarios de los servicios en febrero. Según la consultora ADP el empleo privado aumentó en 63.000 nuevos puestos de trabajo en febrero, un repunte desde el débil dato del mes previo (en enero solamente se han creado 11.000 puestos de trabajo). Además, también se publicó una importante mejora de la confianza de los empresarios con el ISM de los servicios superando ampliamente las expectativas y escalando en febrero hasta 56,1 desde el 53,8 previo y muy por encima del 53,5 esperado. Una clara mejora de las expectativas, apoyada por el fuerte incremento del subíndice de nuevos pedidos, que subió hasta 58,6 desde el 53,1 anterior, y también la mejora del subíndice de empleo, que escaló hasta 51,8 desde el 50,3 previo. En conjunto cifras que apuntan a una aceleración de la actividad y mayor contratación en los próximos meses.

En la zona euro, también datos positivos con la tasa de paro bajando a nuevos mínimos históricos en la región y con la confianza de los empresarios manteniéndose en terreno expansivo. El paro del conjunto de la zona euro retrocedió en enero más de lo esperado al bajar hasta 6,1% desde el 6,3% anterior. Con ello, superó así las expectativas y alcanzó nuevos mínimos, mostrando que la actividad en la región ha comenzado el año 2026 con fortaleza. 

Por otro lado, la confianza de los empresarios, según el PMI compuesto, subió en febrero hasta 51,9, su mayor nivel desde noviembre. Por países, en Alemania este indicador subió hasta 53,2, muy por encima de la media de la región, mientras que en Francia se situó por debajo del umbral de expansión (49,9 el nivel actual). Entre las dos grandes economías de la región, en Italia subió hasta 52,1 desde el 51,4 previo, frente a ello, se deteriora la confianza en España, con el PMI compuesto bajando hasta 51,5 desde el 52,9 previo.

 The Trader: EEUU no sabe quién manda ahora en Irán

El analista Pablo Gil aporta interesantes reflexiones en The Trader sobre el conflicto de Irán, especialmente sobre el asesinato de Ali Jamenei, que durante más de tres décadas fue el eje alrededor del cual giraba todo el sistema iraní: "La tentación inmediata es pensar que, eliminado el líder, el sistema se desmorona. Pero la historia reciente nos obliga a ser prudentes. En 2003, cuando cayó Saddam Hussein, también parecía que el problema estaba resuelto. El dictador había desaparecido y el aparato militar había sido derrotado. Sin embargo, lo que vino después fue mucho más complejo. La desarticulación del Estado iraquí dejó un vacío que derivó en guerra civil, radicalización sectaria y el nacimiento del Estado Islámico. Derribar fue rápido. Reconstruir resultó casi imposible"

Irán no es Irak. Tiene una estructura de poder más cohesionada y un aparato de seguridad diseñado precisamente para sobrevivir a situaciones extremas. La Guardia Revolucionaria no es solo un brazo militar, es una red política, económica y estratégica profundamente arraigada. Aunque la figura del líder supremo desaparezca, el sistema puede reconfigurarse. De hecho, la Constitución prevé mecanismos de sucesión y el poder puede redistribuirse entre el presidente, la judicatura y la Asamblea de Expertos mientras se designa un nuevo líder, tal y como está ocurriendo en este momento.

Por eso el escenario más probable a corto plazo no es el colapso, sino la continuidad. Un régimen herido, pero cohesionado frente a una agresión exterior. Paradójicamente, los ataques externos suelen fortalecer la narrativa nacionalista. Cuando las bombas caen desde fuera, el resentimiento interno muchas veces se transforma en defensa patriótica. Lo vimos en Irak tras la primera Guerra del Golfo. Lo hemos visto en muchos otros lugares.

El segundo escenario es más inquietante. Si la estructura central se fractura, el vacío puede activar tensiones latentes. Irán es un país multiétnico con regiones kurdas y baluches donde ya existen movimientos armados. La oposición está profundamente fragmentada entre monárquicos, reformistas, grupos étnicos y movimientos en el exilio sin liderazgo unificado. La experiencia iraquí demuestra que cuando no existe una alternativa cohesionada, el vacío no genera democracia automática. Genera competencia por el poder. Y eso suele traducirse en violencia.

El tercer escenario es una guerra prolongada de desgaste. Irán ya ha demostrado capacidad de respuesta rápida contra las bases estadounidenses en el Golfo y contra su archienemigo Israel. El estrecho de Ormuz es una vía crítica, por donde transita cerca del 25% del petróleo y el 20% del gas natural licuado transportado por mar, convirtiéndolo en un cuello de botella energético global. Una escalada que afecte a ese flujo durante semanas tendría consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía, la inflación y el crecimiento mundial. En un contexto económico frágil, el impacto sería enorme.

Además, hay un factor estratégico más amplio. Cada recurso militar que Washington concentra en Oriente Próximo es un recurso que no está en el Indo-Pacífico. En 2003, la implicación prolongada en Irak tuvo consecuencias geopolíticas globales. Hoy el tablero incluye a China y a un equilibrio internacional mucho más delicado.

"Por eso el verdadero debate no es si Jamenei debía o no ser eliminado. El debate es si existe un plan sólido para el día después. En Irak no lo hubo. Y el vacío fue ocupado por la violencia. En geopolítica existe una tendencia peligrosa a personalizar los problemas. Creer que eliminando al líder se elimina el sistema. Pero los regímenes autoritarios no se sostienen solo en una persona. Se sostienen en redes, estructuras, intereses y equilibrios de poder. Si esas piezas no se gestionan con precisión, el resultado puede ser peor que el punto de partida", señala este experto.

"Lo inquietante en esta ocasión no es solo la magnitud del golpe, sino la ausencia de un relato coherente sobre el día después. La propia Casa Blanca ha reconocido que no sabe con claridad quién está al mando ahora mismo en Irán", añade. Trump ha alternado en cuestión de horas entre hablar de cambio de régimen, destrucción del programa nuclear, intervención limitada de “cuatro o cinco semanas”, posibilidad de desplegar tropas o búsqueda de un acuerdo. Incluso ha admitido que no saben quién podría asumir el liderazgo en Teherán. Cuando el objetivo político cambia cada día, la estrategia deja de ser estrategia y pasa a ser reacción.

La historia demuestra que el vacío no se llena solo. En Irak se pensó que la caída del líder resolvería el problema. Lo que vino después fue una década de inestabilidad que reconfiguró todo el equilibrio regional. Hoy el riesgo no es únicamente militar. Es estratégico. Si no existe un plan sólido para gestionar la transición, el poder puede fragmentarse, radicalizarse o escaparse del control de quienes iniciaron la operación.
Irán entra ahora en una fase decisiva. Puede reforzar su cohesión interna frente a un enemigo exterior, puede fracturarse en luchas de poder o puede arrastrar a la región a un conflicto prolongado. Pero el verdadero interrogante no está solo en Teherán. Está en Washington. Porque en geopolítica, lo verdaderamente peligroso no es solo derribar un régimen. Es hacerlo sin tener claro qué se construye después.

El verdadero campo de batalla está en Ormuz

Cuando hablamos de tensiones en Oriente Medio, solemos pensar en misiles, portaaviones o amenazas cruzadas. Pero el verdadero campo de batalla, muchas veces, no está en tierra firme. Está en el agua. Y en concreto en un punto muy estrecho del mapa: el estrecho de Ormuz. Por ese paso marítimo, situado entre Irán y Omán, transita aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo, más un 10% de productos derivados y cerca del 20% del gas natural licuado que se comercializa globalmente. En el primer trimestre de 2025, cruzaron por allí una media de 20,1 millones de barriles diarios. Uno de cada cinco barriles del planeta depende de ese embudo de apenas 50 kilómetros de ancho y menos de 60 metros de profundidad.

Pero detrás de ese porcentaje hay nombres propios. Desde el lado de los exportadores, los países más expuestos son Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar. Arabia Saudí es el mayor exportador mundial de crudo y una parte esencial de sus envíos sale de terminales del Golfo Pérsico que necesariamente cruzan Ormuz. Irak depende casi por completo de esa vía para colocar su producción en los mercados internacionales. Kuwait y Emiratos tienen también una dependencia crítica. Y en el caso del gas natural licuado, Catar es el actor clave: es uno de los mayores exportadores mundiales de GNL y prácticamente todo su gas debe atravesar el estrecho.

Del lado de los importadores, el impacto sería especialmente severo en Asia. China es el principal comprador del crudo que sale del Golfo y el mayor cliente del GNL catarí. India, Japón y Corea del Sur también dependen en gran medida de esos flujos energéticos. Para ellos, Ormuz no es una variable secundaria, es una arteria vital. Europa recibe un porcentaje mucho menor del crudo que pasa por el estrecho, pero sí depende en parte del gas natural licuado catarí para diversificar su suministro tras la crisis con Rusia. EEUU importa relativamente poco crudo del Golfo en comparación con Asia, pero el precio internacional del petróleo marcaría igualmente su inflación.

Tras los bombardeos de EEUU e Israel sobre instalaciones iraníes, el tránsito marítimo se ha paralizado. No sería la primera vez que Teherán juega la carta de bloquear este acceso como arma. Lo hizo en 2008, en 2012, en 2018 y el pasado junio, cuando incluso su Parlamento aprobó el cierre tras ataques a sus instalaciones nucleares. Nunca llegó a ejecutarlo. Pero esta vez el entorno es distinto: mayor despliegue militar estadounidense, presencia de portaaviones y señales de que Irán habría preparado minas navales en semanas previas.

La clave es entender que no hace falta un cierre total para generar un shock. En un entorno bélico, el simple riesgo eleva las primas de seguro, encarece el transporte y ralentiza los envíos. El petróleo puede seguir fluyendo, pero más caro y con retrasos. Eso basta para tensionar el mercado.

Ahora bien, ¿qué alternativas existen si el estrecho se bloquea o se vuelve impracticable? Aquí es donde el coste económico empieza a ser tangible en términos de tiempo y logística. Tomando como referencia cargamentos que parten del este de Arabia Saudí (lo que implica cruzar Ormuz en condiciones normales), las rutas serían hacia la costa este de Estados Unidos vía canal de Suez, entre 32 y 36 días de tránsito. Si el canal de Suez no fuese viable y hubiera que rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, entre 47 y 51 días. Cruzando el Pacífico hacia la costa oeste estadounidense, entre 39 y 43 días. Cada alternativa supone más días en el mar, más combustible, más costes financieros por capital inmovilizado y mayor tensión en las cadenas de suministro. Y eso sin contar posibles cuellos de botella en otros puntos estratégicos.

En el plano terrestre, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos disponen de oleoductos que permiten desviar parte del crudo evitando el estrecho. El gran oleoducto este-oeste saudí puede enviar hasta 5 millones de barriles diarios hacia el mar Rojo. Emiratos cuenta con capacidad adicional hacia el golfo de Omán. Pero, en conjunto, solo podrían sustituir una fracción del volumen total que hoy atraviesa Ormuz. Irak, Kuwait y Catar, en la práctica, no tienen alternativa significativa. Y en el caso del gas natural licuado, la dependencia del tránsito marítimo es prácticamente total.

Por eso el escenario más probable no es un apagón energético global inmediato, sino un encarecimiento progresivo por fricción logística. Más días. Más riesgo. Más coste. Y, por tanto, más presión inflacionista. Y ahí es donde el impacto deja de ser regional y se vuelve global: afecta a las economías asiáticas que importan energía, golpea a Europa vía gas y presiona a Estados Unidos vía precios internacionales. Si el petróleo se disparase de forma sostenida, los bancos centrales que contemplaban recortes de tipos tendrían que replanteárselo. La inflación energética es el impuesto más regresivo que existe: afecta a transporte, alimentos, industria. El crecimiento se resentiría y los mercados, que hoy descuentan cierta estabilidad, tendrían que ajustar expectativas.

No se trata solo de mirar el precio del Brent cada mañana. Se trata de entender que una parte esencial del suministro energético mundial depende de un corredor marítimo extremadamente vulnerable. Los grandes exportadores del Golfo se juegan su principal fuente de ingresos. Las grandes economías asiáticas se juegan su seguridad energética. Y el resto del mundo se juega la estabilidad de precios. En un sistema tan interconectado, el cierre de Ormuz no sería un problema local. Sería un shock global. Y cuando la energía tiembla, la economía siempre termina sintiéndolo.

04Mar

Un escenario extremo en el que los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 100$ por barril provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial y probablemente obligaría a los bancos centrales a invertir su estrategia, pasando de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada.

Miguel Ángel Valero

El 28 de febrero, EEUU e Israel llevaron a cabo ataques militares conjuntos contra Irán, después de que una semana de negociaciones para el cese en el desarrollo de armas nucleares por parte del país de los ayatolás en Suiza terminara sin acuerdo. El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, murió durante la operación y el ejército iraní respondió llevando a cabo ataques contra bases estadounidenses e israelíes en todo Oriente Medio. "Los inversores no esperaban una escalada tan rápida por parte de Estados Unidos, sino más bien una actuación militar quirúrgica como la que lanzó en Venezuela", señala un análisis de Ibercaja Gestión

Aunque la respuesta de Irán podría haber sido peor -de momento las principales plataformas energéticas no han sido atacadas-, la situación en la región es muy tensa. EEUU ya ha declarado que los ataques se prolongarán al menos una semana más. El escenario base por ahora contempla un mes. Trump no quiere una guerra larga, ni pretende entrar de forma terrestre en territorio iraní. La guerra se fraguará desde la distancia, con bombardeos, lanzamientos de misiles y operaciones de inteligencia. El objetivo es desgastar al régimen, no tanto para conseguir la liberación del pueblo iraní, sino con el objetivo de poner fin a los deseos nucleares de Irán.

La región de Irán es especialmente relevante para el comercio de petróleo. A través de sus costas, Irán es capaz de controlar el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 30% del comercio marítimo de crudo y el 20% del gas natural licuado del mundo. Aunque no se han producido ataques contra infraestructuras energéticas, los datos satelitales muestran una pausa en el tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz desde el domingo 1 de marzo. El cese de los flujos a través del estrecho y el mayor riesgo de escasez de oferta ha hecho que el precio del barril brent se alce hasta los 80$/barril, un 26% de subida en el año.

Las guerras siempre deben analizarse desde un punto de vista de coste y beneficio, incluso si es Trump el que la inicia. Los beneficios que busca obtener EEUU -e Israel- con la guerra son terminar con el desarrollo de armas nucleares y misiles de largo alcance de Irán. Para EEUU, que la inestable Irán sea una potencia nuclear, supone una limitación en su dominio de Oriente Medio y, para Israel, una amenaza directa.

Teniendo claros los beneficios, debemos analizar los costes. Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70% de los estadounidenses están en contra de la guerra, y el propio presidente prometió en campaña no adentrarse en ninguna. El coste electoral es un desincentivo claro, más teniendo en cuenta que en noviembre hay elecciones de medio mandato. Otros costes que asume EEUU al entrar en esta guerra son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre. Durante todo el mandato, Trump ha estado muy pendiente a los mercados y gran parte de sus decisiones geopolíticas -aranceles, Venezuela, Groenlandia y, ahora, Irán- se han llevado a cabo durante el fin de semana, con los mercados cerrados.

¿Qué debe ocurrir para que veamos el fin del conflicto? Lo trascendental para EEUU es asegurarse de que Irán no continúa con el desarrollo de armas nucleares. De conseguir eso, probablemente veamos una desescalada rápida. Irán no está en una posición de poder y con su líder supremo fuera de combate podría ceder.

"Teniendo en cuenta costes y beneficios prevemos un conflicto corto, que presumiblemente no se extenderá más allá de dos meses. A su vez, descartamos cualquier escenario de intervención terrestre por parte de EEUU y no creemos que la afectación a los mercados y cadenas de suministro sea excesiva", opinan en Ibercaja Gestión.

Para entender el potencial impacto económico de la guerra es clave entender cómo puede evolucionar el precio del crudo. Existen dos tipos de movimientos en el precio del crudo: 

  • los movimientos a corto plazo: que elevan el precio del crudo por incorporar los riesgos asociados con retrasos en el suministro, el encarecimiento en el coste del transporte y una prima por asegurarse el suministro; 
  • y los movimientos en el largo plazo: derivados de prolongados retrasos en el transporte o el daño causado en infraestructuras energéticas que reducen la oferta a medio plazo.

Por ahora, solo los primeros se estarían viendo materializados. Para que los fundamentales a largo plazo se vean alterados no basta con que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado en la práctica unas pocas semanas. Una expectativa de cierre más larga, unida a daños físicos a infraestructuras críticas, o un conflicto interno en Irán que termine con gran parte de su capacidad de producción (3-4% de la oferta mundial), sí que generarían tensiones entre oferta y demanda estructurales.

Sin que los segundos movimientos se materialicen es poco probable que veamos el precio del barril brent alzarse por encima de los 85$/barril, ya que implicaría una prima sobre el precio de equilibrio estimado a dos años de más del 30%.El escenario actual de cierre práctico del estrecho de Ormuz podría ser parcialmente mitigado. Primero, porque recientemente, las exportaciones de la región se habían acelerado ante el riesgo inminente de una escalada, por lo que la cantidad de crudo en camino es más alta de lo normal. Segundo, porque Arabia Saudí cuenta con un baipás, con una capacidad de entre 5-7mb/d, lo que supone cerca de un 20-25% de la cantidad que pasa por el estrecho. Tercero, porque China, que es el mayor importador de la región, cuenta con reservas de crudo para más de 8 meses, y no se espera que vaya a añadir presión en los precios. Y, cuarto, porque la OPEP+ ha anunciado que incrementará la oferta en 206kb/d a partir de abril.

Todo ello, nos hace ser moderadamente positivos con la evolución del precio del crudo. Aunque es clave estar pendiente a la evolución de los hechos para determinar si el escenario base cambia.

Por otro lado, el principal canal de transmisión hacia la economía es sin duda la inflación. Se estima que un aumento del 10% en el precio del brent puede llegar a añadir entre 0,2 y 0,4 puntos a la inflación global. Sin embargo, la traslación no es igual para todos los países, siendo las economías importadoras -zona euro, Reino Unido, Japón o China- las más afectadas.

"No creemos que un incremento temporal en el precio fruto de una prima de riesgo genere grandes tensiones inflacionistas. Sin embargo, la incertidumbre puede hacer que los bancos centrales aplacen cualquier bajada de tipos hasta que se confirme si es un problema estructural. Manteniéndonos en el escenario base donde el barril brent no se va por encima de 85$, el impacto en la economía global se prevé manejable. Tan solo un escenario adverso con precios del crudo por encima de los 100$/barril podrían hacer saltar las alarmas y acrecentar el riesgo de contracción", insisten en la gestora de Ibercaja.

Sobre el impacto a corto plazo en los mercados:

  • Acciones: es de esperar que la reacción inmediata de la renta variable sea negativa bajo este tipo de eventos geopolíticos y posteriormente, dependerá de cómo va evolucionando la situación. En este sentido, la incertidumbre es elevada, pero lo normal es que los precios del crudo sean el principal elemento transmisor de los movimientos que se produzcan. En este contexto, los productores de energía están mejor protegidos que los consumidores de energía. Por tanto, a nivel sectorial, automoción, aerolíneas, transporte marítimo e industrias intensivas en combustibles serían las más afectadas en un entorno de costes energéticos elevados y disrupción logística. Por su parte, energía, defensa, ciberseguridad e infraestructuras críticas se beneficiarían de un aumento del gasto en resiliencia, defensa y seguridad. Mientras tanto, a nivel regional la renta variable europea estaría más expuesta a los shocks en los precios de la energía que la renta variable americana, debido a:
    • una mayor intensidad energética de la industria
    • y mayor dependencia en la importación de hidrocarburos. Esto también aplica a otras economías como la japonesa y a muchos países asiáticos dependientes de las importaciones de Oriente Medio
  • Bonos: el comportamiento de la renta fija soberana como activo refugio podría verse limitado, ya que las rentabilidades de los bonos podrían subir en el corto plazo como reacción a las expectativas de mayor inflación provocadas por el aumento de los precios energéticos, sobre todo si éste se percibe persistente. En este sentido, el papel tradicional de los bonos soberanos como activo refugio puede no resultar efectivo por la combinación de una prima por riesgo geopolítico y riesgo inflacionista persistente. Los bonos americanos tendrían un impacto negativo menor que los europeos y japoneses, dada la mayor independencia energética con la que cuenta EEUU.
  • Divisas: normalmente, cabría esperar que el dólar suba en un escenario inicial de aversión al riesgo, dada su histórica condición de activo refugio. Además, dado que EEUU es exportador neto de energía, podría beneficiarse si los precios de la energía subieran. Por esta misma razón, también podemos esperar que se fortalezcan las monedas de otros países exportadores de energía, como el dólar canadiense, el peso mexicano, la corona noruega y las monedas de Oriente Medio, aunque el efecto sobre estas últimas podría verse atenuado por la proximidad del conflicto.
  • Metales preciosos: tanto el oro como la plata deberían aprovecharse de su condición de activo refugio y verse beneficiados de un escenario como el actual. Su buen comportamiento durante los últimos doce meses responde, en parte, al incremento en el riesgo geopolítico y la fragmentación derivada de los aranceles. La guerra actual no hace más que poner de manifiesto el auge en la tensión en las relaciones entre las distintas potencias y refuerza la tesis del oro. Con la apreciación del oro, las mineras también saldrían beneficiadas de este shock geopolítico.

Coface: riesgo de estanflación en la economía mundial

La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán está ejerciendo una presión extrema sobre los mercados energéticos. Aunque aún no se han registrado interrupciones importantes en el suministro, los riesgos que rodean al estrecho de Ormuz suponen una amenaza para la economía mundial si el conflicto continúa. "Un conflicto limitado a unos pocos días o semanas, el escenario más probable en la actualidad, debería tener un impacto limitado. Sin embargo, si el conflicto continuara, su impacto macroeconómico podría ser significativo y trascender la cuestión de los precios de la energía", avisa Ruben Nizard, director de Investigación Sectorial de Coface.

Los ataques marcan un importante punto de inflexión para los mercados energéticos. Al inicio de la jornada bursátil del lunes 2 de marzo, el Brent subió más de un 10 %, lo que refleja principalmente un aumento dela prima de riesgo geopolítico más que interrupciones inmediatas y concretas del suministro. Antes de esta escalada, los mercados petroleros registraban un amplio superávit. Laabundante oferta, impulsada por los productores no pertenecientes a la OPEP+ y la rápida reposición de existencias, mantenía los precios bajo presión (con una media de 68 libras por barril en 2025). El conflicto cambia las reglas del juego, reintroduciendo una incertidumbre extrema sobre la seguridad del suministro.

Las interrupciones actuales en el estrecho de Ormuz ya están provocando un aumento de los precios. La capacidad para sortear este estrecho es limitada e insuficiente para absorber una crisis importante. Las interrupciones prolongadas o repetidas podrían empujar al Brent a alcanzar los tres dígitos, con la posibilidad de superar el máximo de febrero de 2022 (122$/barril) o incluso el récord de 2008 (147$/barril).

Aunque Irán no es el principal productor de la región, una interrupción de su suministro tendría un impacto inmediato en unos mercados ya frágiles. Con más de 3 millones de barriles diarios producidos y casi 1,5 millones exportados, principalmente a China, una interrupción obligaría a los compradores, especialmente en Asia, a recurrir a alternativas más caras, lo que aumentaría la presión al alza sobre los precios del petróleo.

Más allá del suministro iraní o del posible cierre del estrecho de Ormuz, Irán también podría atacar las infraestructuras petroleras de otros países del Golfo. El impacto dependería entonces de la magnitud de los daños y la duración de la interrupción, en un contexto en el que la capacidad excedentaria de la OPEP+, de entre 4 y 5 millones de barriles diarios, sigue siendo limitada y concentrada, especialmente en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, donde los flujos logísticos comerciales podríanverse interrumpidos.

Lo que está en juego va mucho más allá del mercado petrolero. El estrecho de Ormuz también es crucial para el transporte de gas natural licuado (GNL), fertilizantes, metales industriales (aluminio) y productos petroquímicos. Además, otros puntos estratégicos, como Bab el-Mandeb 1 o el canal de Suez, también podrían verse afectados en caso de una escalada regional. Esto podría aumentar los costes de transporte y las primas de los seguros marítimos.

Esta interrupción gradual de las cadenas de suministro plantea un riesgo creciente de escasez y presiones inflacionistas, especialmente para las economías más dependientes de las importaciones de energía.

Un escenario extremo en el que los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 100$ por barril provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial y probablemente obligaría a los bancos centrales a invertir su estrategia, pasando de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada. Un aumento prolongado de 15$ en los precios del crudo Brent podría reducir así el crecimiento mundial en alrededor de 0,2 punto y añadir casi 0,5 puntos porcentuales a la inflación. En tal contexto, el riesgo de estanflación —una combinación de crecimiento débil e inflación elevada— volvería a convertirse en una amenaza creíble para la economía mundial, con graves consecuencias para las empresas y el comercio.

Banca March

El conflicto es negativo para las bolsas globales, con las de EEUU las menos afectadas y las asiáticas siguen registrando el peor comportamiento, dado que sus economías son las más impactadas por el cierre del estrecho de Ormuz –ver sección de bolsa–.En el plano militar, los ataques estadounidenses e israelíes continúan centrados en desmantelar la capacidad de lanzamiento de misiles y drones. Además, se ha impedido la reunión de los 88 miembros de la Asamblea de Expertos, lo que retrasa el proceso de sucesión del líder supremo. Este movimiento busca que la ausencia de un liderazgo claro favorezca la caída del régimen. 

Por su parte, Irán sigue enviando misiles y drones a distintos países del Golfo y ha señalado que sus objetivos ya no se limitan a instalaciones militares, incrementando la presión sobre los aliados de EEUU en la región.

En paralelo, Trump ha ofrecido —sin detallar el procedimiento— un seguro para los barcos que cruzan el estrecho de Ormuz e incluso la posibilidad de establecer un servicio de escolta. No obstante, al no haberse asignado recursos ni desplegado capacidades operativas, el alivio no es inmediato y, en consecuencia, el bloqueo de facto persiste. China instó a las partes implicadas a no interrumpir el tránsito por Ormuz, lo que ha contribuido a moderar la tensión en los mercados energéticos, que se estabilizan y registran subidas moderadas. Mientras, Iraq ha comunicado una ralentización en su producción de crudo por la falta de cargueros disponibles.

"Mantenemos la atención en la evolución del conflicto y reiteramos que no se deben acelerar decisiones de inversión en el actual entorno de riesgo. Consideramos que nuestro posicionamiento estratégico sigue siendo adecuado y que los componentes defensivos —salud e infraestructuras— seguirán proporcionando soporte. Además, el dólar ha recuperado su papel como activo refugio, apreciándose en las últimas sesiones y sirviendo de protección a los inversores en euros", insisten en Banca March.

Trump amenaza a España

Por otra parte, Trump amenaza a España con “cortar toda relación” por negarle el uso de las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para los ataques a Irán. Asegura que  ha dado orden al secretario del Tesoro, Scott Bessent, suspender las relaciones comerciales con España. Pedro Sánchez replica que la ofensiva constituía una actuación al margen del derecho internacional y aseguró que España dispone de los recursos necesarios para apoyar a los sectores que pudieran verse afectados y diversificar las cadenas de suministro.

En el comercio entre ambos países, el déficit comercial de bienes que España mantiene con EEUU se debe principalmente al importante peso de los bienes energéticos sobre nuestras importaciones: el país norteamericano nos provee el 17% del petróleo crudo y el 34% del gas natural. 

Trump también arremetió contra Reino Unido, por el mismo motivo, negarle el uso de sus bases para la ofensiva, aunque posteriormente, sí autorizó su uso defensivo. Otros aliados europeos que han permitido el uso de sus bases con fines estrictamente defensivos son Alemania, Francia y Portugal. 

03Mar

Con un aumento del 50% del precio del petróleo el crecimiento global puede disminuir un 0,2%. El impacto negativo en el PIB en la Eurozona puede ser del 0,4%. El aumento en la inflación global sería del 1,2 %, con más repercusión en EEUU (+1,4 %), Eurozona (+1,1) y Japón (+1,2).

Miguel Ángel Valero

Las hostilidades continúan en el Golfo Pérsico, con Irán amenazando a cualquier barco que atraviese el estrecho de Ormuz y con la mayoría de las aseguradoras retirando las coberturas de guerra para los buques que operan en la zona, lo que supone, en la práctica, un bloqueo del tránsito marítimo. Por otro lado, los ataques estadounidenses e israelíes también prosiguen sobre Irán, mientras los aliados de Washington en la región activan sus sistemas de defensa antiaérea ante los drones y misiles iraníes.

Los mercados de petróleo y gas siguen descontando un escenario de interrupciones en el estrecho de Ormuz. Qatar ha detenido la producción de sus mayores plantas de licuefacción de gas ante ataques militares que han interrumpido su normal funcionamiento. Aun así, la reacción de los precios sigue siendo moderada y se mantiene muy por debajo de los niveles observados tras la invasión rusa de Ucrania. Los analistas de Banca March consideran que "este conflicto no alcanzará aquella magnitud y que, a diferencia del caso ruso, no implica la desaparición estructural de un proveedor, sino más bien una disrupción temporal en los flujos". La diplomacia china está presionando para que ambas partes respeten el tráfico a través de Ormuz, ya que es el principal destino de los hidrocarburos que pasan por la zona.  

Los mercados más penalizados están siendo los europeos y los asiáticos, más dependientes energéticamente. Sin embargo, el conflicto estalla al final del invierno en Europa y en una época de temperaturas más suaves en Asia, lo que implica una demanda estacional más contenida en las próximas semanas. Además, Asia puede absorber interrupciones limitadas gracias a un mix energético que mantiene un peso significativo del carbón y renovables. Europa, por su parte, ha diversificado las fuentes de suministro de gas, apoyándose especialmente en EEUU, el norte de África y Noruega.

No obstante, un cierre prolongado de Ormuz puede generar tensiones severas, especialmente si se extendiera hasta el verano, cuando el consumo eléctrico en el hemisferio norte se acelera.

La renta variable estadounidense actuó como valor refugio, prácticamente ajena al conflicto. Las compañías de defensa destacaron entre las principales ganadoras. En el mercado de renta fija, la parte larga de la curva estadounidense cedió terreno ante el repunte esperado de los costes energéticos, las presiones inflacionistas y los signos de reaceleración de la economía norteamericana.

"Mantenemos la calma y preservamos la estrategia actual. Consideramos que es un conflicto de corta duración, dado que algunos objetivos militares se han alcanzado con rapidez –entre ellos, la eliminación del ayatolá Jameneí y de otros altos mandos–, en contraste con los nueve meses que requirió la captura de Saddam Husein en Irak. Trump, en pleno año electoral, carece de incentivos para involucrarse en una guerra prolongada; de hecho, algunos senadores republicanos ya han manifestado su oposición a un enfrentamiento que no cuente con la autorización del Congreso. Paralelamente, Irán se halla relativamente aislado, como reflejan las tibias reacciones de China".

Las mayores subidas se registraron en el mercado de gas europeo, donde la referencia TTF acumuló un repunte del +74% en dos días. A la amenaza de un cierre de Ormuz por parte de Irán se le sumó la interrupción de la actividad en las instalaciones de Ras Laffan en Catar, uno de los complejos de GNL más relevantes a nivel global. Si bien la dependencia de Europa es limitada en este sentido –solo entre el 7% y el 8% de las importaciones de GNL proceden de Catar–, la fuerte demanda asiática, especialmente de China e India, es la que finalmente determina la formación de precios en el mercado global.

El presidente Emmanuel Macron ha anunciado que ampliará su arsenal nuclear, acompañado del mensaje “para ser libres, debemos ser temidos”. Francia incrementará por primera vez desde 1992 el número de cabezas nucleares de su arsenal –aunque sin especificar la cifra– y avanzará en la construcción de un submarino nuclear para 2036 y un portaaviones para 2038. Además, Francia permitirá el despliegue temporal de sus aviones con armamento nuclear en países europeos, así como la participación de aliados en ejercicios de “disuasión avanzada”, como los describe Macron. Sin embargo, la decisión última sobre el uso del arma nuclear seguirá siendo exclusivamente francesa. 

Francia cuenta con el cuarto arsenal nuclear más grande del mundo, con aproximadamente 300 cabezas, aunque muy por detrás de Rusia y EEUU, que superan las 5.000 cada uno. Francia y Reino Unido son las dos únicas potencias nucleares de Europa Occidental. En este sentido, varias naciones europeas han mostrado interés en integrarse en esta cooperación: Alemania, Polonia, Países Bajos, Bélgica, Grecia, Suecia y Dinamarca participan en conversaciones para acoger despliegues, realizar ejercicios conjuntos o profundizar en la coordinación estratégica.

Por otro lado, Reino Unido ha apoyado a EEUU en las operaciones defensivas, mientras que un dron iraní atacó la base aérea británica en Chipre. El primer ministro británico Starmer rechazó participar en los ataques ofensivos, pero sí autorizó la implicación en acciones expresamente defensivas, como la interceptación de drones iraníes y el uso limitado de algunas bases británicas por parte de EE.UU. Posteriormente, el ataque a las fuerzas aéreas británicas en la base de Akrotiri (Chipre), que causó daños mínimos, fue efectuado por el grupo libanés Hezbolá, aliado de Irán. Esto abre la puerta a una mayor implicación de Reino Unido y, por su parte, Grecia y Francia han mandado cazas y fragatas a Chipre.

Universidad Carlemany: el petróleo puede llegar a los 130$ el barril

Joan Escuer, profesor de geología en la Universidad Carlemany, destaca que el conflicto iraní pone en jaque una de las reservas de hidrocarburos más codiciadas del planeta: el Cinturón Plegado de Zagros, cuyas trampas estructurales albergan el petróleo y el gas confinados durante millones de años bajo potentes sellos de sal. Con el conflicto bélico, el acceso a un espacio que contiene casi el 10% de las reservas probadas globales, se bloquea, forzando al mercado, y especialmente a China, a obtener crudo de formaciones geológicas de extracción más costosa y menos productiva.

El inicio del conflicto en Medio Oriente ha roto las previsiones para 2026, disparando el precio del petróleo y el gas natural debido al riesgo de cierre del Estrecho de Ormuz que amenaza el suministro del 20% del crudo y el gas licuado mundial, encareciendo drásticamente los costes de transporte y la factura energética para la industria y los hogares europeos entre otros.

Esta escasez repentina altera la jerarquía petrolera a nivel mundial. Ante la posible parálisis de los "supercampos" del Golfo Pérsico, la presión se traslada hacia las lutitas del Pérmico en EEUU, cuya explotación mediante fracturación hidráulica es geológicamente más efímera, ambientalmente cuestionable y costosa que el flujo natural procedente de los anticlinales persas y árabes. El mundo puede verse obligado a depender de yacimientos de menor calidad y mayor complejidad técnica, lo que establece un suelo de precios estructuralmente más alto debido a la dificultad de extraer cada barril fuera del paraíso geológico de Oriente Medio. Si el conflicto se dilata lo suficiente la crisis global está servida con precios que pueden llegar superar los 130$ el barril.

OBS: una transición convulsa

Jan Jonckheere, profesor de comercio internacional en OBS Business School, cree que la estabilidad futura dependerá de la evolución del vacío de poder en Teherán. La ausencia de un sucesor claro podría derivar en una guerra civil, el auge del terrorismo internacional por parte de facciones radicales o el colapso de infraestructuras críticas en el Golfo, provocando crisis migratorias y de recursos sin precedentes.

España lidera en renovables y cuenta con una cesta energética diversificada, pero a pesar de ello, el contagio de los precios internacionales es inevitable. Un crudo al alza tensionará de nuevo la inflación, comprometiendo la política de tipos de interés. Por otra parte, la disrupción en los puertos del Golfo obligará a las navieras a rodear África, lo que añade dos semanas a los tiempos de entrega, encareciendo los fletes y generando cuellos de botella en puntos estratégicos como el Estrecho de Gibraltar. 

A nivel financiero, en tiempos de guerra el capital huye hacia activos refugio como el oro, los bonos estadounidenses o el franco suizo. Este endurecimiento de las condiciones financieras podría forzar nuevas subidas de tipos, lastrando la inversión empresarial. Si el conflicto escala, el flujo de petrodólares y el turismo de alto poder adquisitivo hacia Europa podrían evaporarse, y no hay que olvidar que el mercado de Medio Oriente sería difícilmente accesible durante un cierto periodo.

Se abren tres posibles escenarios:

  • El optimista: una resolución rápida. Irán negocia un cambio de régimen tras semanas de conflicto. El suministro de crudo se garantizaría, Ormuz se liberaría y los mercados recuperarían la normalidad de forma gradual.
  • El pesimista: un colapso total. El Estado iraní se desintegra en una guerra civil. El conflicto se regionaliza involucrando a los proxies de Irán y a potencias europeas como Francia, Alemania o el Reino Unido, quienes ya se han pronunciado en potencialmente ayudar a EEUU en este conflicto.  El cierre prolongado de Ormuz y la crisis migratoria arrastrarían a la economía global a una recesión profunda.
  • El realista: una transición convulsa. Una sucesión desordenada, pero sin colapso total. Los efectos negativos persistirían durante meses hasta que el arsenal iraní se agotase. Se negociaría un gobierno de transición bajo supervisión internacional (al estilo de modelos de intervención previa). El daño económico sería significativo pero contenido en el tiempo.

En definitiva, la economía española se enfrenta a una prueba de estrés geopolítico de primer nivel. Aunque nuestra resiliencia energética es mayor que en crisis anteriores, la interconexión de los mercados globales hace que sea imposible salir indemnes de un bloqueo en Ormuz. La "línea gris" que separa el éxito de la catástrofe en este conflicto es extremadamente delgada.

Gescooperativo: los mercados no están en pánico

"Los mercados responden con un movimiento lógico de ciertaaversión al riesgo, pero no están entrando, ni mucho menos, en pánico", señalan Fernando Cano y Alberto Salgado, del Área de Gestión de Carteras de Gescooperativo – Banco Cooperativo. El crudo Brent sube en torno al 20% desde el inicio de la ofensiva, acercándose a los 84 $/barril. Un corte efectivo en el Estrecho Ormuz implicaría una pérdida de unos 8–10 millones de barriles diarios, incluso usando rutas alternativas (oleoductos) por parte de Arabia Saudí y EAU. Aunque la OPEP+ ha anunciado un aumento marginal de producción (+225.000 bep), es insuficiente para compensar una disrupción significativa. El precio del gas natural europeo sube más de un 75%. Catar exporta por Ormuz cerca del 77% de su producción anual de GNL, equivalente a una quinta parte del comercio mundial. Una interrupción temporal tendría impactos inmediatos en Europa y Asia.

En las Bolsas, las pérdidas rondan el 6-8% en los mercados europeos, mientras que los mercados estadounidenses apuntan a un -1-2%. En Asia se producen pérdidas intermedias, pero ha habido algunos festivos que distorsionan. El Nikkei japonés, por ejemplo, se deja un 4%. Sectores beneficiados en el corto plazo: Energía (oil & gas) principalmente. Sectores perjudicados: la mayoría, destacando negativamente aerolíneas, bancos, industria intensiva en energía (químicas, refinerías europeas, metalurgia).

En renta fija, tipos de interés soberanos con repuntes de rentabilidad en plazos largos, junto a diferenciales crediticios al alza, pero los movimientos no son exagerados. La lectura oficial de los inversores es que un “shock energético” puede derivar en aumentos de inflación, penalizando levemente a los tipos de plazos largos. Adicionalmente, los diferenciales crediticios repuntan de forma moderada, en un movimiento de relativa aversión al riesgo, pero no, desde luego, de pánico. Sin embargo, de empeorar significativamente la situación, el efecto sobre las rentabilidades de la deuda pública a largo plazo no sería evidente, pues junto al riesgo de una mayor inflación, existiría demanda importante por su consideración de activo refugio.

El oro y la plata, tras un par de años de comportamiento “anormal” en el sentido histórico de las correlaciones con otros activos, no están ejerciendo de activo refugio, y ceden un 3-6%.

El dólar estadounidense se fortalece. El euro se deprecia casi un 2% frente al dólar, por la absoluta dependencia europea de terceros países en el suministro de materias energéticas, mientras que EEUU es autosuficiente.

Escenarios futuros probables: La duración del conflicto será un elemento clave. También, obviamente, los actores implicados (que, indirectamente, afectarían a la duración del mismo). Un conflicto relativamente corto (menos de un mes), aunque alteraría las rutas de transporte y el aprovisionamiento de crudo y gas, no llegaría a paralizar de manera significativa las industrias, por lo que el impacto agregado, a nivel de crecimiento e inflación, sería marginal. Los movimientos de mercados se revertirían rápidamente. "Es, en estos momentos, nuestro escenario central", señalan.

Por el contrario, un alargamiento del conflicto tendría consecuencias negativas, mayores cuanto más se alargue el conflicto o cuantos más actores intervengan. El impacto en PIB e inflación podrían cobrar cierta relevancia. Y difícilmente podría llegar el auxilio de unos bancos centrales con poco margen para bajar tipos si es que la inflación repunta. 

Pensando en posibles aliados de Irán, cuesta pensar en el auxilio por parte de Rusia, 'entretenida' en su guerra frente a Ucrania. ¿Y China? "Más allá de la retórica condenatoria sobre el ataque, se mantendrá al margen, a pesar de que se ve muy perjudicada por la interrupción del tránsito por Ormuz. Si su posición cambiara, hacia una más activa, hablaríamos de un escenario mucho más imprevisible y peligroso", avisan.

"¿Qué interesa a Trump? Con dudas sobre el interés real de su participación, sabemos qué es lo que no le interesa. Y, por supuesto, no le interesa un conflicto largo que cause bajas importantes entre sus ciudadanos. Con una popularidad menguada, un escenario de este tipo les daría una victoria segura a los demócratas en las elecciones de mitad de mandato. Además, el impacto en la actividad económica sería relevante, con caídas abultadas en las Bolsas (que mermarían la capacidad del consumidor estadounidense). Así que está claro que a Trump le conviene un escenario corto con resolución 'aparentemente' favorable a sus intereses. Le sirve que un nuevo líder iraní (aunque realmente se sostenga el régimen) diga que van a negociar y a dejar de enriquecer uranio. Para ello, van a bombardear masivamente, para doblegar la resistencia lo más rápidamente posible", explican.

"El mundo contempla una nueva guerra de cierto calado. Esto, siempre, es sinónimo de incertidumbre, y los mercados lo recogen con movimientos de aversión al riesgo. La respuesta del lunes fue de relativa calma, si bien en la sesión del martes las pérdidas bursátiles son ya más abultadas. El mercado empieza a dudar que el conflicto sea corto y no deje daños reseñables. Precisamente el aumento de la volatilidad es la reacción habitual en cada escenario de este tipo; si bien todos estos escenarios son diferentes, es el patrón humano el que se repite, con el aumento súbito de su aversión al riesgo. Nuestro escenario central es de una duración relativamente corta. Por ello, en la creencia de que los movimientos de mercado (especialmente las caídas bursátiles) se verían revertidos en un corto plazo de tiempo, hemos decidido no actuar, de momento, en las carteras gestionadas. Como decía San Ignacio de Loyola, “en tiempos de tribulación no hay que hacer mudanza”. La historia demuestra que lo mejor, cuando no se tiene claro el desenlace, es  no salirse del mercado, presa del pánico. Ejemplos claros hemos tenido en estos últimos años (pandemia, guerra en Ucrania...)", concluyen.

Norz: el impacto real dependerá de la duración

“La reacción inicial del mercado responde al shock geopolítico y a la incertidumbre sobre la duración del bloqueo marítimo. La variable clave no es tanto el evento en sí, sino cuánto tiempo se prolongue la alteración del comercio en la región”, explica Jordi Martret, director de Inversiones de Norz Patrimonia.

Irán, con una influencia estratégica en Oriente Próximo y capacidad para tensionar el suministro energético global, ha utilizado históricamente el Estrecho de Ormuz como herramienta de presión. Su cierre práctico está obligando a redirigir rutas comerciales, elevando costes logísticos y aumentando el riesgo de desajustes en la oferta energética.En este contexto, los inversores han buscado refugio en materias primas y divisas consideradas más defensivas, mientras resurgen las preocupaciones sobre un posible repunte inflacionario si los precios energéticos se mantienen elevados. 

“El impacto real dependerá de la duración de las restricciones. La historia demuestra que, en ausencia de una escalada prolongada, los mercados tienden a absorber el choque inicial con relativa rapidez”, añade Martret.

Esta fuerte subida del precio del petróleo ha venido acompañada también de notables subidas de los activos refugio como Oro ($5.404, +3%$), Plata ($95,51, +2,40%$) y otras Materias Primas, así como también del EUR/USD, apreciándose esta mañana un 0,60% colocándose en el rango de 1,1700/1,7500. 

Por otra parte, los mercados de Renta Variable han reaccionado negativamente por las afectaciones que pueda tener en las cadenas de suministros, así como el impacto que puede generar en la economía un precio de energía más elevado, acentuándose en los mercados europeos por la dependencia energética y los temas empresariales de naturaleza más cíclica, y poniendo otra vez el foco en los efectos que estos precios puedan tener en la inflación. 

La clave sobre cómo el conflicto afectará a los mercados financieros será la duración del bloqueo de la economía por parte de Irán, lo que determinará cómo se tensan las cadenas de suministros y, por tanto, lo que será un efecto real en la economía, pero probablemente habrá grandes esfuerzos para controlar y estabilizar la región para poder seguir con el comercio marítimo con cierta normalidad. Desde el punto de vista estratégico, el entorno actual vuelve a poner en valor las carteras diversificadas con exposición a activos reales y sectores menos sensibles al ciclo económico.

Pictet: el impacto se notará a largo plazo

Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, considera que la economía global sigue apoyada por los bajos tipos de interés, estímulo fiscal y generoso gasto público. En todo caso el ataque estadounidense es otra razón para sobre ponderar oro y divisas refugio como el franco suizo. Las acciones de emergentes se encuentran entre las clases de activos que deben seguir beneficiándose de la rotación desde mega capitalizaciones tecnológicas estadounidenses. Por sectores sobre pondera industriales, salud y finanzas, siendo selectivo en tecnología -hardware y semiconductores-. El dólar puede seguir debilitándose frente a monedas de mercados emergentes, especialmente de América Latina. 

El asalto militar de EEUU e Israel en Irán puede tener consecuencias de gran alcance para la economía y mercados financieros a largo plazo. El impacto depende de la duración y escala y del efectivo control iraní del envío de petróleo a través del estrecho de Ormuz. En todo caso, involucra un país con influencia en el suministro de petróleo y afecta al precio de éste. 

"Sin embargo, aun con turbulencias, no esperamos un aumento de su precio pueda afectar exageradamente a los mercados financieros. EEUU, Arabia Saudí y Rusia representan conjuntamente alrededor de 40 % de la producción de petróleo, pero Irán -bajo fuertes sanciones internacionales-el 4,5%. Sin embargo, el 20% de la producción mundial se transporta a través del estrecho de Ormuz, unos 20 millones de barriles/día.

Con un aumento del 50% del precio del petróleo el crecimiento global puede disminuir un 0,2%. El impacto negativo en el PIB en la Eurozona podría ser del 0,4%. Algunas economías emergentes podrían verse más afectadas.  El aumento en la inflación global sería del 1,2%, incluyendo el efecto combinado de divisas. En economías avanzadas el mayor efecto inflacionario sería en EEUU (+1,4 %), Eurozona (+1,1) y Japón (+1,2). Los menos afectados serían China (+0,1 %) e India (+0,6), pero las economías asiáticas más afectadas serían Pakistán (+6,6 %), Malasia (+7,8) y Filipinas (+2,9). "Sobre ponderamos renta variable e infra ponderamos renta fija", insiste. La economía global sigue apoyada por bajos tipos de interés, estímulo fiscal y generoso gasto público.  Al mismo tiempo, la inversión relacionada con inteligencia artificial (IA) no muestra signos de desaceleración, habiendo las grandes tecnológicas anunciado planes de más de 600.000 millones€ este año para centros de datos e infraestructura digital.  

La combinación es positiva para los mercados de renta variable. A esto se suman sólidos beneficios empresariales. Así que sobre ponderamos renta variable e infra ponderamos renta fija. En todo caso el ataque estadounidense es otra razón para sobre ponderar oro y divisas refugio como el franco suizo.

El crecimiento en EEUU puede moderarse hasta alrededor de su potencial, 1,8% en 2026.  La tasa de ahorro ha caído a 3,6%, aproximadamente la mitad de su nivel habitual, a medida que el impacto de aranceles y precios de la energía comienza a notarse. El crecimiento del consumo -alrededor de 70 % del PIB-, ha descendido al 1,7%, por debajo de la media de seis años. El aumento de préstamos bancarios y programa de compra de activos de la Reserva Federal añaden liquidez a una economía con estímulo significativo e inversión relacionada con IA -el gasto en capital fijo de las principales tecnológicas está 20 % por encima de la media de seis años previa a COVID- que probablemente contribuya 0,7% al crecimiento de su PIB este año. 

Cuanto más tiempo se prolongue esta situación, mayor riesgo de burbuja y presiones inflacionarias por encima del objetivo de la Reserva Federal. De manera que no esperamos mayor relajación monetaria en 2026 tras recortes de 1,75 % este ciclo, con el tipo de interés en 3,75%, cerca de la neutralidad.

La economía de la Eurozona se beneficia del crecimiento en el sur, orientado al sector servicios y potencial reactivación del sector manufacturero en Alemania e Italia por efectos retardados de la flexibilización monetaria y estímulo fiscal. El estímulo en Alemania y otros países y los planes de infraestructuras deben impulsar las perspectivas de beneficios, aunque hasta el momento el gasto público adicional no se ha reflejado en los datos económicos. En Japón la transición de salida de su entorno estanflacionario continúa a buen ritmo.  Producción industrial, confianza empresarial y un gasto público de 4 % del PIB mejoran sus perspectivas de Pictet espera que estas economías crezcan 4,1 % este año, más del doble que las desarrolladas. Los altos precios de las materias primas, resiliencia del comercio intra emergente y aumento de rentabilidades reales atraen la inversión.   Asia, sin Japón, tiene ventajas competitivas en hardware para IA y semiconductores. Las perspectivas son menos alentadoras en China, donde consumo y sector inmobiliario siguen débiles y la tasa de ahorro se mantiene estructuralmente alta por encima del 30 %.Con todo los beneficios empresariales pueden aumentar el 11% este año, si bien por debajo de la estimación de consenso del 16%

Más de la mitad de los principales bancos centrales están flexibilizando su política monetaria y poco más de un tercio la mantiene, lo que es positivo para las clases de activos de riesgo.  En EEUU, el crecimiento de préstamos bancarios y programa de compras de activos de la Fed agrega liquidez a una economía que ya se beneficia de un importante estímulo gubernamental e inversiones relacionadas con IA. Cuanto más dure esto, mayor riesgo de burbuja de activos y de presiones inflacionarias.  Con esta afluencia de liquidez un récord de 95% de clases de activos cotiza por encima de tendencia a largo plazo. Los indicadores técnicos muestran que el capital global sigue apostando por la renta variable. Sin embargo, la participación de EE. UU. en dichos flujos ha caído a mínimos de 2020, mientras que la compra de acciones japonesas de extranjeros se ha acelerado tras las elecciones generales de febrero y se han convertido en unas de las más caras.

Desde otoño pasado la rotación ha sido tendencia predominante en los mercados bursátiles globales. Los inversores han redirigido capital de tecnológicas estadounidenses a regiones y sectores industriales de valoraciones más atractivas con mejores perspectivas de crecimiento. Todo apunta a que este cambio persistirá, si bien de forma selectiva.  En EE. UU. las valoraciones de las acciones se han vuelto neutrales habiéndose eliminado más de un tercio de la prima excepcional de la renta variable estadounidense. Una continua reasignación desde tecnológicas estadounidenses puede generar periodos de volatilidad bursátil y Pictet sobre pondera acciones suizas, que suelen resistir bien en momentos de crisis. 

Las acciones de mercados emergentes se encuentran entre las clases de activos que deben seguir beneficiándose de la rotación de inversores que abandonan mega capitalizaciones tecnológicas estadounidenses. Las perspectivas de inflación y política monetaria favorables en estas economías y hay renovado interés de los inversores en activos reales, catalizador de estas acciones, que muestran valoraciones más atractivas.

Entre sectores sobre ponderamos industriales, que se benefician de la mejora de la actividad manufacturera, renovación de la inversión en capital fijo y políticas favorables. También sobre ponderamos salud, con un nuevo ciclo de innovación, siendo una protección frente a disrupción de la IA; así como valores financieros dada la perspectiva de márgenes y posible desregulación en EEUU.  A pesar de la volatilidad, la tecnología sigue clave para el crecimiento estructural, si bien  hay que invertir selectivamente. Hemos reducido exposición al ecosistema general de IA, estando neutrales en servicios de comunicación, aunque sobre ponderamos tecnologías de la información -habiendo mejores perspectivas de crecimiento para empresas de hardware y semiconductores que de software, sector más vulnerable a los avances en IA-.  Además, en mercados emergentes la industria tecnológica está más expuesta a semiconductores y menos a software en comparación con EE. UU.

Infra ponderamos bonos del Tesoro de EEUU por valoración y riesgos. Son vulnerables a la frustración de expectativa de relajación monetaria, riesgos políticos y una mayor fortaleza de la economía estadounidense.  Las rentabilidades reales de la deuda en otros mercados desarrollados han aumentado, convergiendo hacia las de la de EEUU, que ha bajado de manera excesivamente.

El resultado es que la rentabilidad real de la deuda de EEUU parece baja. Además, el dólar puede seguir debilitándose frente a monedas de mercados emergentes, en particular de América Latina, el euro y el franco suizo por credibilidad política y diversificación de los inversores. El oro es una cobertura crítica frente a riesgos de devaluación del dólar.

"En renta fija sobre ponderamos deuda en moneda local de mercados emergentes, por rentabilidades reales inusualmente atractivas, una disminución de presiones inflacionarias, ampliación del diferencial de crecimiento respecto a economías desarrolladas y divisas baratas. Por su parte la deuda de alta rentabilidad a corto plazo en euros es una apuesta atractiva respecto a recuperación de crecimiento no inflacionario de Europa", resalta.

DWS: el petróleo se notará en la inflación de marzo

La inflación en la zona euro fue superior a lo esperado en febrero: ¿se han acabado ya los buenos tiempos?, se pregunta Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS. La tasa de inflación subió un inesperado 1,9% en febrero de 2026, frente al 1,7% registrado en enero. Aunque los precios de la energía bajaron un 3,2% y los de los alimentos se mantuvieron estables en el 2,6%, la tasa subyacente subió del 2,2% al 2,4%. Así pues, la tendencia a la baja de los últimos meses llegó a su fin. A pesar de la apreciación del euro y de los menores aumentos salariales, tanto los precios de los bienes de consumo como los de los servicios volvieron a subir ligeramente. No obstante, las tasas de inflación y subyacente se están moviendo casi según lo previsto por el BCE. 

Pero, ¿qué pasará después? A corto plazo, los efectos del aumento de los precios del petróleo podrían hacerse evidentes en la tasa de inflación de marzo. Solo en Alemania, los precios de la gasolina y el diésel han subido entre un 6 % y un 8%, mientras que los del gasóleo de calefacción han subido aún más. Si bien los efectos del importante aumento de los precios del gas solo se están haciendo evidentes con retraso en la mayoría de los países, debido a que los consumidores tienen contratos a largo plazo, el efecto del aumento de los precios del petróleo se refleja inmediatamente en el aumento del coste de la vida. La tasa de inflación podría subir hasta el 2,5% en marzo, con una tendencia al alza. La rapidez de la corrección en los mercados energéticos dependerá en última instancia de la duración de la guerra. Para el Banco Central Europeo, esto significa adoptar por el momento una actitud de espera. Es probable que los riesgos se reevalúen en la reunión de marzo.En nuestra opinión, la valoración del BCE de que se encuentra en una buena posición sigue siendo válida a corto plazo. Sin embargo, los inversores en los mercados de capitales están descontando una mayor probabilidad de subida de los tipos de interés. Esto aún no es un problema para el BCE. Si el BCE no quiere subestimar los riesgos de un aumento de la inflación a largo plazo, esta parece una hipótesis plausible.

UBP: 

En la Perspectiva Semanal de UBP: Tensiones entre EE. UU. e Irán, Michael Lok, CIO del grupo, y Nicolás Laroche, director global de asesoramiento y asignación de activos, destacan que los acontecimientos "marcan una ampliación regional de conflictos previos, lo que incrementa el riesgo de una crisis más prolongada que podría afectar a los precios del petróleo si las tensiones persisten en las próximas semanas. Por el momento, unas políticas de apoyo y unos beneficios empresariales resilientes siguen sustentando el entorno económico global, lo que mantiene intacto nuestro escenario base, aunque no podemos descartar un repunte temporal de la volatilidad si la situación se deteriora aún más”. 

“Un aumento sostenido del precio del crudo amenaza con reajustar las expectativas de tipos de interés para 2026 si los costos energéticos comienzan a impulsar presiones inflacionarias más amplias. Mitigamos el riesgo de disrupción en los mercados protegiendo la exposición a renta variable mediante operaciones tácticas", señalan.

Los tipos de interés en EE. UU. subieron 3 pb, impulsados por el repunte de los precios del petróleo y las preocupaciones sobre un conflicto duradero que podría ejercer presión inflacionaria y afectar la economía si persiste la inestabilidad geopolítica.

"La historia muestra que los precios de los metales preciosos y del petróleo tienden a aumentar en los días posteriores al inicio de un conflicto, reforzando así la trayectoria alcista del oro", añaden.

"Nuestra postura alcista revisada sobre energía tiene como objetivo cubrir los riesgos extremos”. concluyen.

02Mar

Por cada 10$ de incremento del precio del barril, se reduciría en cerca de una décima el PIB mundial. Y la inflación subiría entre 0,3-0,5 puntos a ambos lados del Atlántico.

Miguel Ángel Valero

Aurelio García del Barrio, director del Global MBA con especialización en Finanzas del IEB, recuerda que el conflicto entre EEUU e Irán se remonta a la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Shah bajo el liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeini. Durante los últimos años, los principales puntos de fricción han sido el programa nuclear iraní. La preocupación estadounidense por la posibilidad de que Irán obtenga armas nucleares ha sido un factor constante en la política de Washington. Las administraciones estadounidenses anteriores han reforzado sanciones para limitar la economía iraní y su influencia en la región, el apoyo de Irán a grupos en Líbano (Hezbolá), Gaza (Hamás) o Iraq.

En junio de 2025, EEUU bombardeó instalaciones nucleares en suelo iraní, pero esto sólo fue una escaramuza, ya que los ataques del 28 de febrero, coordinados con Israel, han marcado una escalada mayor en el conflicto. En ese ataque murieron Alí Jameini,líder supremo del régimen de los ayatolas, el jefe del Estado Mayor Abdolrahim Mousavi y elministro de Defensa Aziz Nasirzadeh, entre otros.

Ante esta situación, Irán ha respondido con ataques a Israel y las bases americanas en la región (Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Bahréin) y Jordania, Irak, Siria y Arabia Saudí también se han visto afectados por el contraataque iraní. Ahora habrá que ver si otros países, como Francia, Alemania, Reino Unido, Arabia Saudí o Emiratos, podrían actuar contra Irán también.

El, históricamente inestable, equilibrio en la región, es ahora mucho más volátil e incierto, ya que puede desatar un caos en Oriente Medio.  Irán es el país de referencia chiita en el mundo musulmán. El régimen de Teherán está en modo supervivencia; la única forma en que pueden sobrevivir es exportando rápidamente esta guerra a toda la región, desestabilizar tantos países como sea posible y hacer que esta guerra tenga consecuencias para todo Oriente Medio. 

Es un conflicto que tiene evidentemente, consecuencias económicas clave para los mercados internacionales. La incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz, punto crítico por donde transita un 20% del crudo mundial y una gran cantidad de gas natural licuado, ha empujado a los inversores hacia activos refugio, mientras las materias primas energéticas registran subidas verticales.

Como era de esperar el mercado energético ha reaccionado con virulencia. El barril de Brent se disparaba más de un 7%, respecto al cierre del viernes, alcanzando los 78,5$, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) avanzaba un 7,5% hasta alcanzar los 72$. Esta escalada responde a la paralización del tráfico marítimo. Más notoria ha sido la subida del gas, desbocado un 25%.

El dólar ha vuelto a demostrar su hegemonía. Actuando como activo de aversión al riesgo por excelencia, se ha fortalecido frente al euro y otras divisas principales. Su condición de valor líquido y el hecho de que EEUU sea un exportador neto de energía refuerzan su atractivo en este escenario de shock de oferta. También el oro ha visto incrementado su precio un 3%, como activo refugio.

Si el precio del petróleo experimentara un repunte fuerte y sostenido, las consecuencias se trasladarían rápidamente al conjunto de la economía mundial. La energía es uno de los principales componentes de los costes de producción y transporte, por lo que un encarecimiento prolongado del crudo podría elevar la inflación en Europa, EEUU y buena parte de Asia. Este escenario complicaría además la estrategia de los bancos centrales, que en los últimos años han intentado contener la inflación mediante políticas monetarias restrictivas. Una nueva subida energética podría retrasar posibles bajadas de tipos de interés y frenar la recuperación económica. Una escalada del conflicto podría tener efectos sobre el comercio internacional; Oriente Medio es un nodo estratégico para numerosas rutas marítimas y cualquier alteración de la seguridad en la región podría afectar al transporte de mercancías y encarecer los costes logísticos.

Los líderes iraníes ya han amenazado con represalias, pero aún está por verse cómo se desarrollará. La economía de Irán es lo suficientemente frágil como para no ser capaz de sostener un conflicto prolongado tanto con EEUU como con Israel. Irán enfrenta un colapso económico sistémico con hiperinflación, devaluación extrema del rial y escasez crítica de productos básicos, agravado por sanciones internacionales y conflictos internos. 

A principios de 2026, el rial iraní ha perdido prácticamente todo su valor, alcanzando niveles de 1,47 millones de riales por dólar en el mercado libre. La moneda nacional ha dejado de ser útil como reserva de valor, y el dólar se ha convertido en la principal moneda de transacción para aproximadamente el 90% de las operaciones privadas. Esta devaluación ha sido acelerada por la reactivación de sanciones de la ONU y la eliminación de subsidios para la importación de productos básicos, lo que ha generado aumentos drásticos en los precios de alimentos y medicinas. La inflación general supera el 42%, y la de alimentos alcanza un 75%. El aumento de precios se ha visto intensificado por la implementación de un sistema de precios escalonados para la gasolina, que elevó el combustible a 50.000 riales por litro sin subsidio.

Estas presiones han reducido drásticamente el poder adquisitivo de la población y han generado descontento social masivo. El país enfrenta escasez de productos esenciales, incluyendo alimentos y medicinas, debido ala combinación de sanciones, devaluación y problemas logísticos internos.

Pero teniendo una visión estratégica y un poco más amplia, lo que subyace aquí, es lo siguiente:

  • Por ahora, con la captura de Maduro, EEUU ya controla alrededor del 30% de todas las reservas de crudo del mundo. Ahora, si en Irán se estableciera un nuevo Gobierno aliado de EE.UU., el país norteamericano controlaría casi el 50% de todas las reservas mundiales de petróleo.
  • China, principal comprador del crudo iraní, podría ver como su factura energética se incrementa.
  • Si cayera el actual régimen iraní, Putin perdería otro aliado, después de Maduro.

Un problema muy complejo con diferentes aristas y la pregunta es, si este evento se sumará a las grandes crisis históricas (1973, 1990, 2022) o si será un golpe temporal que permita una desescalada rápida bajo la influencia de la administración estadounidense.

Banca March: la economía mundial tiene resiliencia

Por su parte, Banca March destaca que una escalada militar sin precedentes entre Irán, por un lado, y EEUU e Israel por otro, ha provocado víctimas en varios países de la región, además de protestas en Pakistán e Irak en apoyo a Irán. El conflicto también ha afectado infraestructuras civiles, con interrupciones de vuelos y daños en ciudades del Golfo, elevando las tensiones geopolíticas a nivel global.

En reacción a los acontecimientos, la respuesta de los diferentes activos de riesgo ha sido más bien racional, pero vigilante, concentrándose el mayor ajuste en energía. La referencia Brent se sitúa a las puertas de los 80$/barril, en niveles similares a los vistos en junio de 2025 (con el anterior ataque a Irán de EEUU e Israel). También se ha disparado la referencia europea de gas (TTF), hasta niveles de 39,7 €/MWh, igualando precios de finales de enero de 2026.

Las Bolsas se sitúan en mínimos de un mes. Los bonos descuentan aparentemente una rápida conclusión del conflicto militar en Irán. El rendimiento del bono estadounidense a 10 años sube 3 puntos básicos (pb), hasta el 3,97% tras haber caído previamente a un mínimo de 11 meses, 3,92%.El dólar gana posiciones hasta niveles de 1,174€ sin actuar como activo refugio sino más bien como consecuencia del encarecimiento del crudo y el reajuste del riesgo energético. 

La eliminación fulminante del ayatolá Jameneí –líder supremo desde 1989– y otros altos mandos en un solo día provoca la desarticulación abrupta del núcleo del régimen iraní, algo que en conflictos anteriores como en la Irak de Saddam Husein llevó nueve meses, limitando la cohesión estratégica del país. Si bien intenta extender el conflicto a lo largo de la región presionando a aliados y milicias, su posición política internacional es relativamente aislada, careciendo de un respaldo político sólido de potencias regionales para una guerra a gran escala. Pese al cese temporal de operaciones de transporte de crudo y gas en el estrecho de Ormuz, no tiene grandes incentivos para un cierre permanente, dado que también afectaría las relaciones energéticas con sus propios aliados.

Desde la perspectiva estadounidense, y en un año electoral, no existe un interés claro en una contienda muy larga ni en una invasión terrestre que pudiera conllevar grandes pérdidas humanas. Esto favorece una presión militar controlada en lugar de una escalada total. 

En cuanto al petróleo, a diferencia de episodios anteriores, este ataque se produce en un mercado caracterizado por un elevado superávit, con EEUU y la propia OPEP como protagonistas. En el caso estadounidense, el fuerte aumento reciente de la producción –acelerado tras la llegada de Trump– ha consolidado al país como exportador neto de crudo. Para 2026, la producción de petróleo y otros líquidos de la primera potencia rondaría los 20,5 mb/d en promedio, de los cuales 3,1 mb/d estarán destinados a exportaciones frente a 2,8 mb/d registrados en 2025.

La OPEP, por su parte, ha adoptado una estrategia de incrementos sucesivos en sus cuotas de producción: el cártel aprobó este domingo un aumento de 206.000 b/d a partir de abril, un 50% superior al ajuste realizado en diciembre. En este sentido, Irán desempeña un papel clave dentro de la organización, con una producción de 4,7 mb/d (equivalentes a un 5,6% de la oferta global), situándose solo por detrás de Arabia Saudí (11,8 mb/d) y Emiratos Árabes (4,8 mb/d)

El mercado registrará en 2026 un superávit en torno a los 2,8 mb/d, lo que amortiguará parcialmente el impacto del conflicto y evitará escenarios similares a los observados durante la invasión rusa de Ucrania, en donde el mercado presentaba un déficit de 1,1 mb/d. El mayor riesgo se concentra en un potencial cierre del estrecho de Ormuz. Hasta el momento, las interrupciones en el tráfico responden a decisiones preventivas de las propias compañías, motivadas por dos factores principales. En primer lugar, varias aseguradoras han comenzado a cancelar coberturas y a encarecer las pólizas –en algunos casos hasta el 50%– para buques que operan en la zona. Segundo, algunos exportadores –entre ellos Arabia Saudí e incluso Irán– aceleraron sus envíos en los días previos al ataque: las exportaciones de petróleo del Golfo Pérsico fueron casi un 10% superiores en febrero, lo que implica que una parte significativa de esos cargamentos ya se encuentra el tránsito hacia sus destinos finales.

Ante un eventual cierre de Ormuz, Asia sería la región más perjudicada, al concentrar el 84% del petróleo y el 83% del GNL que transitan por esta ruta. Tan solo China –principal socio energético de Irán– absorbe el 38% del petróleo y el 23% del GNL que cruza este punto estratégico. Europa, por su parte, afrontaría un impacto moderado en el suministro de gas, dado que solo adquiere el 13,5% del GNL que circula por el corredor, en un contexto en el que las reservas de gas en la región se sitúan en niveles inusualmente bajos para esta época del año. 

El conflicto en Oriente Medio y la fuerte subida de los precios de la energía impactará el crecimiento, pero la economía mundial tiene elementos de resiliencia que deberían evitar una fuerte contracción. El principal canal de contagio proviene del previsible encarecimiento del precio del crudo. Ahora bien, aunque el riesgo es muy elevado dado que la disrupción total del tráfico marítimo de petróleo por el estrecho de Ormuz conllevaría a que casi un 20% de toda la oferta de crudo se viera afectada, por el momento no ha habido importantes ataques contra la infraestructura petrolera de la región. 

El aumento de los costes energéticos, si se mantuviera en el tiempo, tendría un efecto negativo directo en el crecimiento económico mundial: por cada 10$ de incremento del precio del barril, se reduciría en cerca de una décima el PIB mundial

Pero también habría productores de energía fuera de Oriente Medio, como Rusia, Canadá, Noruega y algunas economías latinoamericanas que saldrían beneficiadas. Frente a ello, economías como la europea y en particular China e India que son los grandes importadores de crudo iraní saldrán más castigadas.

Por el lado de la inflación, el impacto sería más intenso. En un escenario en el que se elevara en 10$ el precio promedio del barril de petróleo durante todo el año, la inflación prevista subiría entre 0,3-0,5 puntos a ambos lados del Atlántico. Una situación que en un primer momento pondría mayor presión sobre la política monetaria dado que conllevaría a que la inflación se alejara temporalmente de los objetivos de los bancos centrales. Sin embargo, consideramos que las autoridades monetarias no se precipitarían girando la política monetaria, dado que el principal riesgo para la economía mundial proviene ahora de un mayor tensionamiento de las condiciones financieras, algo que los bancos centrales tratarán de evitar a toda costa

Aunque la geopolítica vuelve a agitar los mercados, la historia demuestra que los periodos de conflicto no suelen ser momentos adecuados para tomar decisiones de inversión precipitadas. Más allá del corto plazo, es fundamental analizar el impacto estructural a medio y largo plazo, con una visión más profunda que el mero temor asociado a la guerra. Si analizamos el comportamiento histórico, observamos que en los primeros meses suelen producirse retrocesos. Sin embargo, tras tres o cuatro meses, en la mayoría de los episodios el mercado recupera la caída inicial y, doce meses después del punto de partida, el S&P 500 ha mostrado retornos positivos en la mayor parte de los casos, con una mediana en torno al +5%. Las excepciones se han producido cuando el conflicto ha tenido un efecto real sobre la economía, provocando una recesión o, más recientemente, una respuesta contundente de los bancos centrales ante presiones inflacionistas crecientes. En este caso, todo apunta a ver cierta volatilidad en el corto plazo que genere oportunidades de compra en las próximas semanas, con unos mercados sobre reaccionando ante un choque geopolítico que no debería tener un impacto profundo ni sobre la actividad económica ni sobre los precios.

"Conservamos nuestro posicionamiento, destacando el valor de los sectores defensivos —como salud e infraestructuras—, que actuarán como puntos de estabilidad en un entorno marcado por la volatilidad. Por otro lado, la evolución de los tipos de interés a largo plazo continúa sorprendiendo, ya que todos los factores parecen alinearse en contra de los bonos de mayor duración: el repunte de las presiones inflacionistas derivadas de los precios energéticos, el incremento del gasto público y una economía que vuelve a ganar tracción. Habitualmente, tras un buen comportamiento en las fases iniciales de un conflicto, la tendencia suele invertirse. Por ello, mantenemos una postura prudente respecto a la duración.  En paralelo, se pone de manifiesto el valor de la protección en metales preciosos, que vuelven a mostrar un comportamiento positivo ante el incremento del riesgo geopolítico. Mantendríamos las posiciones actuales, aunque no incrementaríamos la exposición a estos niveles. En cuanto al dólar, estas tensiones deberían favorecerle, ya que el repunte de los precios de la energía incrementará los costes de importación de los países dependientes, proporcionando soporte adicional a la divisa estadounidense. Mantenemos nuestro rango objetivo en 1,15 – 1,19€", subrayan los analistas de Banca March.

Lombard Odier: escenario de escalada limitada

Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier, explica que "hemos modelizado dos escenarios para el conflicto entre EEUU-Israel e Irán. El primero, que consideramos que se está materializando en la actualidad, es un escenario de escalada limitada y de incremento limitado del precio del petróleo. El segundo, que no es nuestro escenario principal, es un choque petrolero global, con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y una fuerte confrontación militar, lo que llevaría a un aumento de hasta 50$ por barril en el precio del petróleo. Es importante destacar que, "en ambos casos, esperamos que el precio del petróleo vuelva a sus rangos recientes tras seis meses".

En el escenario base de "escalada limitada", se espera un aumento de la inflación general media en EEUU del 2,5% al 2,6% en 2026, con el crecimiento real del PIB sin cambios en el 2,2%, y se mantiene sin cambios el escenario de tres recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, "ya que esperaríamos que la Fed pasara por alto cualquier aumento moderado de la inflación general".

En el escenario de riesgo de un choque petrolero global, los efectos incluirían un aumento de la inflación y una disminución de diversas medidas de actividad, especialmente la producción industrial, donde los precios de la energía son un insumo importante. El crecimiento real del PIB en EEUU disminuiría y la tarea de la Fed de equilibrar su doble mandato se volvería más difícil. Si las expectativas de inflación a largo plazo se mantuvieran ancladas, como ocurrió durante la pandemia y durante las incertidumbres arancelarias, "esperaríamos que la Fed considerara los efectos sobre la inflación como temporales". Si el aumento del desempleo fuera relativamente contenido, "esperaríamos que priorizara la estabilidad frente a recortes agresivos. Sin embargo, si la tasa de desempleo superara el 5,5 % —un nivel mucho peor de lo que indica nuestro modelo—, entonces la Fed pasaría a una estrategia agresiva de recorte de tipos hacia el 2,5% o menos".

"Para otras economías, especialmente en Asia y en los mercados emergentes de Europa, Oriente Medio y África, el segundo escenario justificaría una mayor revisión a la baja del crecimiento real del PIB y revisiones al alza de la inflación debido a a su elevada dependencia de las importaciones energéticas procedentes del exterior”, advierte el experto de Lombard Odier.

"Mantenemos una postura moderadamente favorable al riesgo en nuestra estrategia de inversión, con una exposición infra ponderada a los bonos soberanos globales, una exposición sobre ponderada a los activos de mercados emergentes y al oro", concluye.

Columbia Threadneedle: el bloqueo prolongado de Ormuz, clave

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, coloca el foco en si se desarrolla un conflicto regional más amplio y si existe la posibilidad de un bloqueo sostenido del transporte de energía a través de Ormuz, punto estratégico marítimo clave frente a la costa sur de Irán. Un repunte de los precios del petróleo plantea el riesgo de que aumente la inflación, lo que impactaría sobre las trayectorias tanto de la inflación como de los tipos de interés.

Un cierre total de la vía navegable, algo que Irán nunca ha decretado, tendría un impacto significativo en el transporte de crudo y productos refinados. Un cierre significativo y prolongado de Ormuz, junto con los ataques iraníes a las instalaciones de refinado y exportación de petróleo de la región, probablemente llevaría al precio del petróleo hasta los 100$ por barril. Puede producirse una mayor escalada en el conflicto si Irán intentase atacar centros de procesamiento de petróleo y terminales de carga en la región. Irán puede carecer de los recursos para mantener un cierre prolongado del estrecho, pero, aun así, podría generar un impacto la reducción del tránsito debido al aumento delos costes de los seguros de transporte, o la decisión de las navieras de no operar esta ruta.

La OPEP ha señalado que aumentará la producción de petróleo en abril en 206.000 barriles diarios en un movimiento para contener los precios. Irán en sí no es crítico para la producción mundial de petróleo, ya que produjo alrededor de 3,45 millones de barriles diarios en enero, lo que equivale a menos del 3% del suministro global. El excedente de capacidad de la OPEP podría compensar todas las exportaciones iraníes perdidas. Además, EEUU y otros países de la OCDE cuentan con alrededor de 4.000 millones de barriles de crudo y productos refinados almacenados, que podrían actuar como colchón a corto plazo. EEUU es en gran medida autosuficiente en energía, pero no sería inmune a los aumentos globales del precio del petróleo, que se trasladarían a los precios de la gasolina y a la inflación. Un coste del petróleo a 100 dólares probablemente llevaría el IPC de EEUU más cerca del 4% desde el 2,4% registrado en enero, según estimaciones de ING. Por su parte, Asia se vería impactada significativamente por el cierre de Ormuz, dado que la mayoría del petróleo (84%) y del GNL (83%) tiene ese continente como destino.

Por el momento, los mercados financieros se mantienen relativamente tranquilos y esperarán a observar cómo evoluciona la situación. El apetito por el riesgo se ha mantenido positivamente frente a los desafíos recientes. La historia indica que, aunque los shocks geopolíticos pueden producir movimientos en los mercados, los fundamentales deberían cambiar para que el impacto sea prolongado. La mayor parte del tiempo, los mercados financieros suelen demostrarse ser bastante hábiles para “ver más allá” de los conflictos geopolíticos. Los fundamentales siguen siendo benignos - tanto en términos de beneficios corporativos como de crecimiento económico - y, como resultado, los mercados han mostrado resiliencia. Pero debemos estar pendientes de cómo evolucionan los acontecimientos

DWS: un conflicto prolongado presiona a Trump en año electoral

La presencia militar estadounidense “carece del tamaño y las capacidades necesarias para operaciones de combate importantes o un cambio de régimen”, lo que requeriría fuerzas terrestres. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales informa de que, basándose en la presencia actual, se espera que la operación dure aproximadamente una semana. Trump también insinuó este plazo al anunciar que “los bombardeos... continuarán sin interrupción durante toda la semana o durante el tiempo que sea necesario para lograr nuestro objetivo de paz en todo Oriente Medio y, de hecho, en todo el mundo”. 

Aunque el cambio de régimen es uno de los objetivos anunciados por Trump, puede que no sea una condición necesaria para poner fin al ataque. La mayoría de los estadounidenses no apoyaba ninguna acción militar en Irán y temía un conflicto prolongado, lo que ejerce una presión significativa sobre el presidente de EEUU en un año de elecciones intermedias. En cambio, Trump ha pedido al pueblo iraní que tome el control del Gobierno.

Las tensiones geopolíticas tienden a afectar poco o nada a los mercados, siempre y cuando no tengan repercusiones en los fundamentos económicos. El precio del petróleo ha sido tradicionalmente un importante mecanismo de transmisión de los conflictos a los fundamentos económicos y los mercados. Un ejemplo clásico de este tipo de evolución fue la invasión de Kuwait por parte de Irak el 2 de agosto de 1990. El precio del petróleo, que hasta el 31 de julio de 1990 había sido de 18$ de media, subió a 36. En EEUU comenzó una recesión y el S&P 500 cayó de 369 a mediados de julio a 295, cumpliendo así por poco la definición de mercado bajista (una caída de al menos el 20%). Aunque la recesión continuó hasta abril de 1991, el mercado bursátil tocó fondo en octubre de 1990 y superó su nivel anterior a la guerra en febrero de 1991.

Además del precio del petróleo, las cadenas de suministro se han convertido en otro importante mecanismo de transmisión de los acontecimientos geopolíticos en la economía y los mercados. Sin embargo, en el caso de Irán, la dependencia de la cadena de suministro mundial es muy baja, por lo que el principal impacto debería provenir del precio del petróleo.

Para el precio del petróleo, lo más importante es si el conflicto provoca una interrupción prolongada del suministro o solo una perturbación a corto plazo. Tanto Venezuela como el ataque del año pasado en Irán fueron perturbaciones a corto plazo y su efecto sobre el precio del petróleo se disipó con bastante rapidez. Ahora hay que ver el impacto sobre el suministro iraní y cualquier perturbación del comercio en el estrecho de Ormuz.

Irán produjo 3,13 millones de barriles diarios (mb/d) en enero de 2026, lo que equivale aproximadamente al 4% del crudo mundial. Dada la muy baja elasticidad de la oferta y la demanda a corto plazo, cualquier disminución de esa oferta podría provocar importantes subidas del precio del petróleo, aunque parte de ese movimiento ya se había producido antes de la huelga. La posterior recuperación del precio del petróleo también dependería de la rapidez con la que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) pudiera compensar la pérdida de suministro. 

“La capacidad excedentaria de la OPEP es aproximadamente la mitad de la producción total de Irán”, afirma Darwei Kung, director de materias primas de DWS.

Irán controla la parte norte del estrecho de Ormuz y podría interrumpir el tráfico marítimo mediante minas, submarinos, misiles y embarcaciones. Ya ha advertido a los barcos que eviten el estrecho de Ormuz. Algunos operadores ya han suspendido o reducido los tránsitos por el estrecho, dada la deteriorada situación de seguridad.

Hay muy pocas alternativas para transportar petróleo desde cualquiera de los Estados del Golfo si se bloquea el estrecho. Solo Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que evitan el estrecho, pero su capacidad es limitada. Kung señala: “Si el ataque hundiera un barco en el estrecho de Ormuz, por ejemplo, este quedaría bloqueado durante meses, lo que provocaría una interrupción prolongada del suministro. Una invasión terrestre también sería mucho más perjudicial para el suministro que los ataques aéreos”.

Cualquier interrupción supondría una presión significativa para los mercados energéticos. Dada la producción de esquisto y GNL de Estados Unidos, el impacto se sentiría más en Europa y Asia que en EEUU

DWS dibuja tres escenarios operativos de interrupción del suministro de petróleo:

  • Las fricciones logísticas de corta duración moderarán la interrupción de las exportaciones (sin obstáculos al tránsito). Este escenario supone que la acción militar estadounidense evita la infraestructura energética y que el estrecho de Ormuz permanece abierto, con Irán respondiendo de manera calibrada para evitar una escalada importante. Aunque cualquier interrupción comenzaría como fricciones logísticas de corta duración —principalmente breves retrasos en los buques cisterna que durarían entre una y tres semanas y reducirían el suministro en hasta 0,5 mb/d—, un ataque más amplio dirigido a activos estratégicos adicionales podría provocar interrupciones temporales en las terminales de exportación y cortes de energía o comunicaciones a corto plazo. Como resultado, las exportaciones de crudo de Irán podrían disminuir de forma más significativa, entre 0,8 y 1,5 mb/d durante 4-10 semanas, dependiendo de la rapidez con la que se normalicen las operaciones. Los precios del oro y del petróleo aumentarán, pero volvieran a niveles ligeramente inferiores a los anteriores al conflicto, ya que los mercados anticipan el fin de la interrupción.
  • Deterioro del tránsito: Este escenario describe un ataque importante de EEUU y una fuerte respuesta iraní, en la que Irán aumenta la presión marítima en el Golfo, pero evita cerrar completamente el estrecho de Ormuz para no perjudicar su propia economía y la de China, que depende del petróleo iraní. Irán emplearía tácticas como el acoso con lanchas rápidas, la incautación selectiva de petroleros y demostraciones con drones o misiles para aumentar el riesgo. El transporte marítimo se ralentizaría, con la retirada de algunos buques, el aumento de los costes de los seguros y la posible necesidad de escoltas navales, lo que reduciría la productividad de la flota. Stephan Werner, director de estrategia de inversión en renta variable de DWS, avisa que "esta pérdida de productividad se traducirá en una reducción efectiva del suministro de aproximadamente 2,5 mb/d durante varias semanas. Esto podría provocar un aumento de los precios del Brent y un ensanchamiento de los diferenciales, al igual que a principios de 2022, ya que los participantes en el mercado competirían por el suministro inmediato de petróleo». Al igual que en el escenario anterior, se espera que los precios bajen una vez que se vislumbre el fin de la interrupción.
  • Bloqueo del tránsito en el estrecho de Ormuz: Este escenario supone un cambio sustancial. El impacto en los precios de las materias primas será más prolongado y sostenido. El precio del petróleo puede dispararse y mantenerse elevado hasta que el estrecho se reabra y vuelva a estar plenamente operativo. Además de la pérdida de barriles iraníes, las exportaciones de otros Estados del Golfo también podrían verse interrumpidas hasta que el estrecho vuelva a estar libre para el tráfico marítimo. Es probable que el precio del oro alcance nuevos máximos. Los precios de otras materias primas también podrían subir, especialmente los de las que se exportan desde el Golfo. El GNL de Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar se vería afectado por interrupciones, aunque algunos flujos podrían desviarse a través de gasoductos. Dado que Irán es el tercer exportador mundial de urea, es probable que los precios de este producto aumenten, lo que elevaría los costes de los fertilizantes y los productos industriales y podría provocar un aumento de los precios de los alimentos. Frank Kelly, fundador y socio gerente de Fulcrum Macro Advisors LLC, señala que, además del posible cierre del estrecho de Ormuz, también está siguiendo de cerca si se produjeran ataques contra infraestructuras petroleras críticas del Golfo, lo que “podría ser tan o más perjudicial para las exportaciones de petróleo del Golfo”. Sin embargo, Darwei Kung, director de materias primas de DWS, señala: “EEUU ha demostrado un fuerte deseo de mantener la producción de petróleo. Durante la Guerra del Golfo de 1990-91, las fuerzas estadounidenses y aliadas hicieron todo lo posible por proteger los yacimientos petrolíferos con tropas terrestres. Durante los conflictos más recientes, EEUU e Israel han demostrado una intención muy clara de evitar la destrucción de las infraestructuras petroleras tanto de Irán como de Venezuela. Irán podría intentar interrumpir la producción de petróleo, y cabría esperar que EEUU aplicara toda su fuerza para proteger las infraestructuras petroleras”.

Swisscanto: efectos limitados sobre economía y mercados mundiales

Nicola Grass, Senior Portfolio Manager en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos de Swisscanto, también cree que los efectos sobre la economía mundial y los mercados globales deberían seguir siendo limitados: "Por lo tanto, por el momento, mantenemos los ajustes en nuestra asignación de activos decididos para marzo". 

La escalada en Oriente Medio y el posible bloqueo del Estrecho de Ormuz están provocando un aumento de los precios de la energía (precio del petróleo +35% en lo que va del año, +10% hoy), lo que dificulta nuevas bajadas de los tipos de interés. Los mercados bursátiles globales registran pérdidas de alrededor del 2%.El oro y el dólar estadounidense son buscados como refugios seguros, y la volatilidad se mantiene alta. El aumento de la producción anunciado por la OPEP+ contrarresta el alza de los precios de la energía. Los vínculos económicos globales con Irán son limitados. El principal riesgo sigue siendo una escalada del conflicto y precios de la energía elevados a largo plazo.  

Aunque la escalada en Irán tiene el potencial de cambiar el equilibrio de poder en la región, "consideramos que los riesgos para los mercados financieros globales son limitados". A medio plazo, incluso es posible una relajación de las tensiones. El ataque no ha sido completamente inesperado. Están especialmente amenazadas la producción y el suministro de petróleo y gas natural que se exportan a Extremo Oriente (por ejemplo, a Corea e India). Sin embargo, "esperamos que otros productores puedan cubrir al menos parcialmente posibles cuellos de botella en la oferta. Por lo tanto, suponemos que se repetirá el patrón histórico de las crisis geopolíticas y que el aumento del precio del petróleo será temporal".

A nivel macroeconómico, la dependencia de la economía mundial del petróleo ha tendido a disminuir y la diversificación regional ha aumentado. En una primera reacción, los refugios seguros típicos como el oro, el franco suizo, el dólar estadounidense y, dentro de las acciones, las empresas defensivas de consumo o farmacéuticas, se verán beneficiados. En general, los mercados financieros globales están respaldados por la caída de los tipos de interés y los sólidos y crecientes beneficios empresariales, lo que hace que la economía sea más resistente frente a un choque exógeno limitado. 

"En conjunto, no esperamos un efecto significativo, ya que hemos creado posiciones compensatorias mediante la compra de materias primas, dólares estadounidenses y acciones del sector de materiales básicos, así como con los sobrepesos existentes en oro e inversiones alternativas. A corto plazo, nuestra táctica de inversión, con un beta superior a 1, sufrirá bajo el actual sentimiento risk-off. Es probable que reaccionen negativamente, en particular, los valores secundarios y los mercados emergentes, ya que ambos segmentos han tenido un buen desempeño recientemente y, por lo tanto, son más susceptibles a la toma de beneficios. Además, son sensibles a un aumento del precio del petróleo. Los bonos soberanos muestran actualmente pocos movimientos, por lo que el efecto en la parte de renta fija probablemente será limitado", explica.

"Estamos convencidos de que los riesgos geopolíticos suelen estar sobreestimados y rara vez tienen efectos duraderos en los mercados financieros. La economía mundial es sólida y no esperamos un efecto negativo significativo en los beneficios empresariales. Por ello, seguimos siendo constructivos y mantenemos una sobre ponderación en acciones. Sin embargo, si el precio del petróleo superara los 100$, contrariamente a nuestras expectativas, reconsideraríamos una reducción del riesgo".  

Franklin Templeton: incertidumbre sobre duración, desenlace e impacto

Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton, avisa en un análisis que el conflicto en Irán "conlleva una incertidumbre significativa en torno a su duración, el desenlace para el propio país y las repercusiones en la región y más allá". Trump ha sugerido que la actividad militar podría prolongarse hasta un mes, con el objetivo declarado de degradar de forma drástica las capacidades militares de Irán y, potencialmente, propiciar un cambio de régimen. La respuesta inicial de Irán ya ha incluido ataques de amplio alcance en toda la región, dirigidos no solo contra bases militares estadounidenses, sino también contra infraestructuras civiles e instalaciones petroleras. La evolución de estos acontecimientos determinará el impacto económico y sus efectos en los mercados financieros.

A corto plazo, el aumento de los precios del petróleo debería elevar las expectativas de inflación y llevar a los inversores a anticipar una postura menos acomodaticia por parte de los bancos centrales. Es probable que el dólar estadounidense se fortalezca temporalmente, reflejando tanto una revisión a la baja de las expectativas de recortes de tipos por parte de la Fed como el hecho de que la economía estadounidense es mucho menos vulnerable a un shock petrolero que el resto del mundo.

Los bonos del Tesoro de EEUU podrían recibir flujos hacia activos refugio, "aunque, dado el riesgo inflacionario, no espero un rally sostenido en el tramo largo de la curva". Los mercados emergentes se verán puestos a prueba, especialmente aquellos países importadores de petróleo, que son más vulnerables.

"Los riesgos para el crecimiento global se intensificarán cuanto más se prolongue el conflicto; no obstante, sería necesario un shock sustancial y prolongado en la oferta y los precios del petróleo para desencadenar una recesión global, siendo EEUU, de nuevo, menos vulnerable que el resto del mundo", explica.

Ebury: Los activos refugio cotizan al alza tras los bombardeos a Irán

Los primeros indicios sugieren que las repercusiones de los ataques conjuntos de EEUU e Israel contra Irán en los mercados financieros "serán moderadas, en parte porque los inversores ya habían anticipado en cierta medida un recrudecimiento de las tensiones", señala el je de Estrategia de Mercados de Ebury, Mattheu Ryan. Además, el hecho de que el ataque se produjera con los mercados cerrados ha ayudado a contener las reacciones iniciales: los índices saudíes solo retrocedieron un 2% durante el fin de semana. Aunque al inicio de la sesión bursátil del lunes 2 de marzo en Asia se observó una compra de divisas refugio como el dólar y el franco suizo, los movimientos han permanecido contenidos hasta el momento. 

En cambio, el precio del petróleo ha experimentado un alza más pronunciada, superior al 10%, tras conocerse que el estrecho de Ormuz, vital para el suministro de crudo hacia los mercados asiáticos, permanece cerrado a efectos prácticos en el corto plazo. En los próximos días, la atención de los inversores se centrará en la evolución del conflicto. Los aspectos clave serán si la guerra se resuelve con rapidez o se prolonga, y si el estrecho de Ormuz continúa cerrado al tráfico marítimo. 

Paralelamente, los operadores seguirán de cerca el informe de empleo de Estados Unidos, que se publicará el viernes, ya que resulta poco probable que la Reserva Federal implemente nuevos recortes de tipos si no se produce un deterioro sostenido del mercado laboral. 

  • EUR: El informe preliminar del IPC del martes debería confirmar que el BCE ha logrado devolver la inflación a su objetivo. El riesgo geopolítico podría presionar a la baja al euro a corto plazo, aunque cabe destacar que la mayor parte del crudo que transita por el estrecho de Ormuz se dirige a Asia y no a Europa. Sin embargo, un aumento sostenido de los precios del petróleo tendría un impacto negativo en la moneda común, dada la condición de Europa como importadora neta de energía y el consiguiente deterioro de sus términos de intercambio. La duración del conflicto será determinante. El presidente Trump ha señalado que las operaciones en Irán van "por delante de lo previsto", aunque por ahora no hay indicios de negociaciones ni de alto el fuego. Además, ni Rusia ni China parecen dispuestas —o capaces— de brindar apoyo significativo a su aliado iraní, lo que representa una señal positiva para los mercados. 
  • USD: En circunstancias normales, la atención esta semana se habría centrado principalmente en el informe de empleo del viernes. Se espera que continúe mostrando una creación de puestos de trabajo moderada, escasos indicios de despidos masivos y un crecimiento salarial saludable pero no excesivo, en línea con la tendencia reciente. Los datos de precios al productor de la semana pasada confirmaron la ausencia de una desinflación, con el índice de precios al consumidor aún por encima del objetivo. El repunte de los precios del petróleo no ayudará en este sentido, aunque el rol de EEUU como exportador neto de crudo convierte este factor, en términos generales, en positivo para el dólar. Dado que el dólar tiende a fortalecerse como activo refugio en periodos de conflicto geopolítico, es previsible que su tendencia bajista se interrumpa en las próximas semanas. La intensidad de esta recuperación dependerá en gran medida de la duración y la escala del conflicto. Aunque varios líderes clave de la Guardia Revolucionaria Islámica han sido eliminados, aún no está claro si esto marca el inicio de un cambio de régimen histórico o si sus sucesores simplemente llenarán el vacío de poder. Cualquier indicio de que se esté produciendo este segundo escenario reforzaría el respaldo al dólar. 
  • GBP: Es probable que la libra esterlina se deprecie en las próximas semanas. El conflicto con Irán ha elevado las primas de riesgo en todos los activos, lo que suele perjudicar especialmente a monedas como la libra. A ello se suman riesgos políticos internos crecientes. La reciente pérdida de un escaño (tradicionalmente poseído por el Partido Laborista) a manos de los Verdes ha fortalecido a las corrientes más izquierdistas dentro de la formación de Starmer, incrementando la incertidumbre sobre la disciplina fiscal y augurando un peor desempeño para el mercado de bonos soberanos y la libra. Como factor positivo, el respaldo de los tipos de interés elevados se mantiene sólido y los últimos datos económicos han superado las expectativas. Aunque se anticipa que el Banco de Inglaterra recorte nuevamente los tipos en su próxima reunión del Comité de Política Monetaria a finales de mes, las sorpresas alcistas recientes en indicadores de actividad, especialmente el informe de ventas minoristas de enero, sugieren que el comité podría adoptar una postura algo más cautelosa de lo previsto.
28Feb

La política de confrontación de Trump puede estar acelerando justo lo contrario de lo que pretende: en lugar de aislar a China, está incentivando a sus propios socios a estrechar lazos con Pekín para proteger sus intereses económicos.

Miguel Ángel Valero

China es la mayor beneficiaria del fallo judicial estadounidense contra los aranceles basados en la ley de poderes económicos de emergencia (IEEPA), asegura un análisis de Natixis CIB. El fallo de la Corte Suprema de EEUU (SCOTUS) ha vuelto a generar conmoción en medio de incertidumbres geopolíticas inexploradas, pero aún puede ser prematuro celebrar un mundo con aranceles más bajos. Lo importante para China es la reducción de la brecha arancelaria con sus pares, lo que puede brindarle mayores ventajas. Para otros mercados, la reducción de la brecha plantea la cuestión de si tal compromiso vale la pena y cuáles serían sus posibles beneficios. 

En el nuevo escenario, China será la mayor beneficiaria, ya que el arancel efectivo estadounidense se reducirá un 15,6 % (del 36,8 % al 21,2 %). Con la medida de la Sección 122, la reducción sigue siendo significativa: del 9,9% con un arancel adicional del 10%, o del 7,1% con un arancel adicional del 15 %. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá a continuación, por lo que los exportadores chinos o los importadores estadounidenses anticiparán sus envíos. 

Un factor de retroceso podría ser el ya reducido comercio directo entre EEUU y China. La exposición de EEUU a las exportaciones chinas ya ha disminuido del 19% en 2018 al 11% en 2025. La proporción también se redujo del 21% al 9% durante el mismo período para las importaciones estadounidenses procedentes de China. 

Suponiendo que los aranceles persistan y puedan cambiar pronto, las empresas chinas continuarán con su estrategia de globalización y utilizarán sus instalaciones de producción en el extranjero para ingresar al mercado estadounidense. 

Se espera que Japón termine enfrentando una tasa arancelaria efectiva ligeramente mayor debido a la decisión de la Corte Suprema de EEUU. Sin embargo, es probable que el efecto general en Japón sea marginalmente positivo, ya que se espera que el efecto indirecto de un mayor comercio mundial impulse las exportaciones. Para los mercados asiáticos (excluyendo China) en general, el impacto puede ser desigual debido a las menores ventajas sobre China y a la incertidumbre en torno a la inminente caja negra de los aranceles sectoriales bajo la Sección 232.

China mantiene una importancia moderada en los seis sectores reportados como objetivo, especialmente en baterías y telecomunicaciones. Esto refleja el objetivo de aumentar los aranceles en sectores estratégicos para reducir la exposición de EEUU a China y reactivar la manufactura. Por lo tanto, a pesar del fallo judicial, las corrientes geopolíticas persistirán y el comercio mundial no volverá a la normalidad. El impacto en Asia aún es incierto, en función de hasta dónde llegue EE. UU. con los aranceles sectoriales y de si existen exenciones preferenciales. Las futuras reacciones de Trump podrían empeorar la situación de China si se imponen grandes aranceles sectoriales. 

Si bien Trump ha alcanzado múltiples acuerdos comerciales, el fallo de la Corte Suprema ha vuelto a generar una conmoción en la nueva normalidad de incertidumbres geopolíticas inexploradas. Dado que el uso por parte de Trump de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional está ahora restringido, los aranceles recíprocos a nivel mundial y los adicionales relacionados con el fentanilo aplicados a China se consideran inválidos. Trump ha respondido invocando la Sección 122 para imponer aranceles adicionales (actualmente un 10%, con la posibilidad de aumentar al 15%) y ha amenazado con imponer aranceles sectoriales. Por tanto, puede ser demasiado pronto para celebrar un mundo con aranceles más bajos. 

Lo importante para China es la reducción de la brecha arancelaria con sus pares regionales, lo que puede brindarle mayores ventajas. Otros mercados han obtenido condiciones variadas y más favorables que China mediante diferentes promesas, incluyendo la inversión en EEUU. La reducción de la brecha ahora plantea la pregunta de si tal compromiso vale la pena para recuperar los beneficios relativos originales. 

China se ha enfrentado a las condiciones arancelarias más desfavorables desde el inicio de la guerra comercial. Esta decisión la convertirá en la mayor beneficiaria al aumentar sus exportaciones a EEUU. Según estimaciones de Global Trade Alert, la tasa arancelaria efectiva de EEUU sobre los productos chinos se reducirá un 15,6% (del 36,8 % al 21,2 %) con la eliminación de los aranceles de la IEEPA. Con la Sección 122, la reducción sigue siendo significativa: un 9,9 % con un arancel adicional del 10 %, o un 7,1 % con un arancel adicional del 15 %. La nueva tasa arancelaria efectiva se mantendrá vigente durante los próximos 150 días.

A pesar de la reducción, China sigue siendo el país con los aranceles más altos entre sus principales competidores, lo que significa que el impacto de la reducción será mayor. Bajo los dos escenarios arancelarios de la Sección 122, con tasas adicionales del 10% y el 15%, la tasa arancelaria efectiva promedio global impuesta por EEUU disminuye solo un 3,8% y un 2,2%, respectivamente. Si los aranceles temporales expiran después de 150 días, la ventaja de China volverá a una reducción del 15,6%, superior a la caída mundial del 7%. En ambos casos, China emerge como un beneficiario relativo significativo. 

Pero el panorama más allá de los 150 días sigue siendo muy incierto. Dado el estado actual de las relaciones entre EEUU y China, la posibilidad de que la administración busque medidas alternativas para restablecer los aranceles sobre China a niveles cercanos a sus niveles originales es alta. Este último escenario colocaría a China de nuevo en la posición desventajosa anterior. Por supuesto, cualquier decisión de este tipo también se vería influenciada por diversos factores, como la tasa de inflación estadounidense en ese momento.

Bajo el marco arancelario actual, los exportadores chinos tienen una ventana de oportunidad relativamente segura de menos de 150 días. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá a continuación, y estas incertidumbres incentivarán a los exportadores chinos o a los importadores estadounidenses a predistribuir sus productos para aprovechar los aranceles más bajos. Estas actividades pueden impulsar temporalmente el crecimiento económico a corto plazo de China, especialmente en el primer semestre de 2026.

The Trader: la incertidumbre es más alta que los propios aranceles

Para el analista Pablo Gil, la sentencia del Tribunal Supremo que declara ilegales los aranceles impuestos por Donald Trump bajo la IEEPA "es, sin duda, la derrota más dolorosa de su segundo mandato". Seis de los nueve magistrados han dejado claro algo esencial: fijar aranceles es una competencia del Congreso, no del presidente.

"Pero la gran pregunta no es jurídica. Es económica y política. Porque el fallo no elimina todos los aranceles", avisa en The Trader. Solo tumba los aplicados mediante la IEEPA: los dirigidos a China, México y Canadá con el argumento del fentanilo y los llamados “recíprocos” de abril, que castigaban más a quien más exportaba a EEUU. Siguen en pie los sectoriales (acero, aluminio, automóviles) y cualquier otro que se ampare en leyes distintas. A Trump le han bastado unas pocas horas para reaccionar a la sentencia del tribunal. Activó la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 e impuso un arancel global del 10%, que al día siguiente elevó al 15%, aunque solo puede mantenerlo 150 días sin pasar por el Congreso. Es una vía inédita, jurídicamente discutible y, casi con toda probabilidad, carne de nuevos recursos.

Pero merece la pena hacer una segunda lectura del fallo judicial. El Supremo limita la capacidad del presidente para usar los aranceles como arma inmediata de presión geopolítica. Sin embargo, algunos analistas sostienen que el fallo puede ser, paradójicamente, un regalo político. La sentencia ofrece a la Casa Blanca una oportunidad para recalibrar una política impopular entre los votantes preocupados por la inflación. Si el coste político empezaba a ser alto, ahora existe un “culpable institucional” al que atribuir el giro.

Mientras tanto, el mundo observa. El Parlamento Europeo ha congelado la ratificación del acuerdo entre la UE y EEUU hasta tener claridad jurídica. Francia habla de “adaptarse”, Alemania insiste en mantener una posición unida y Brasil asegura que el nuevo 10% no afectará a su competitividad. Corea del Sur subraya que su marco general de exportaciones se mantiene intacto.

Al margen de los comentarios internacionales de cada país, la realidad común es que hay más incertidumbre que antes. Y se da la paradoja de que muchos países que negociaron acuerdos bajo la amenaza de aranceles del 20% o 40% ahora se encuentran con un 10% general. A la espera de nuevos movimientos por parte de Trump, sienten que de momento han salido ganando. Mientras otros dudan sobre la validez política de compromisos firmados bajo presión.

Y luego está realmente 'el elefante en la habitación': los reembolsos. Si los tribunales inferiores obligan a devolver lo recaudado bajo la IEEPA, hablamos de hasta 170.000 millones$. Las empresas importadoras (no los consumidores) serían las beneficiarias. El proceso puede durar años de pleitos en tribunales. Y mientras tanto, la frontera comercial puede convertirse en un laberinto administrativo.

En el plano fiscal, el impacto es relevante. La Administración Trump esperaba recaudar billones en la próxima década gracias a los aranceles. Si la mitad de esos ingresos desaparece o se retrasa, el déficit se tensiona aún más en un país con deuda creciente y presupuestos bloqueados en el Congreso.

En términos macroeconómicos, la cuestión clave es otra: incluso con el fallo, el arancel efectivo medio seguirá muy por encima del 2% previo al regreso de Trump. Lo que está claro es que la política comercial no desaparece. Se transforma, se adapta y busca nuevas vías legales para seguir adelante.

El Supremo ha puesto límites formales al poder presidencial, pero no ha cerrado la etapa de tensión comercial. Lo que cambia es la forma, no el fondo. Pasamos de la discrecionalidad casi instantánea a un proceso más fragmentado, más litigioso y probablemente más caótico. El riesgo ha pasado de ser el nivel del arancel impuesto, a la falta de previsibilidad de qué será lo siguiente que sorprenda a empresas y consumidores. Y cuando no se sabe cuál será la regla dentro de seis meses, se producen retrasos en las decisiones, las inversiones y la contratación.

"En economía, la incertidumbre es un impuesto invisible. Y hoy, ese impuesto es más alto que el propio arancel", advierte este experto.

Trump empuja al mundo hacia China

Pero hay otro efecto de los aranceles de Trump. Durante décadas, la arquitectura económica y política internacional giró en torno a EEUU. Sus aliados orbitaban con naturalidad alrededor de Washington. La relación transatlántica era el eje. China era, en el mejor de los casos, la fábrica del mundo; en el peor, un socio incómodo. Ese equilibrio está cambiando. Y no solo por el ascenso estructural de Xi Jinping, sino también por las decisiones de Donald Trump.

En los últimos meses hemos visto un desfile constante de líderes occidentales por Pekín: Emmanuel Macron, Keir Starmer, Mark Carney, Friedrich Merz. Todos ellos representantes de países históricamente alineados con Washington. No es una anécdota diplomática. Es un cambio de fondo.

Mientras Trump ha tensado la cuerda con amenazas arancelarias, presión sobre el gasto en defensa y un discurso abiertamente transaccional con sus socios, Pekín ha optado por el mensaje contrario: estabilidad, multilateralismo y acceso a su mercado de 1.400 millones de consumidores. Donde Washington introduce incertidumbre, China ofrece previsibilidad. Donde EEUU levanta barreras, China tiende puentes comerciales.

Europa necesita exportar. Canadá necesita diversificar. Reino Unido busca oxígeno para su sector financiero y tecnológico. Y China, con su control de cadenas clave (baterías, paneles solares, tierras raras) sabe que tiene poder de negociación.

La ofensiva no es solo comercial. Es geopolítica. Pekín impulsa su propia arquitectura internacional, refuerza los BRICS y promueve una narrativa de “no injerencia” que seduce especialmente al Sur Global. Pero ahora también empieza a calar en el Norte. Las encuestas internacionales reflejan que la percepción de China mejora mientras la de EEUU se deteriora. No porque el modelo político chino resulte más atractivo, sino porque la volatilidad estratégica estadounidense genera fatiga. Los aliados quieren certidumbre. Y el comercio global odia la imprevisibilidad.

Paradójicamente, la política de confrontación de Trump puede estar acelerando justo lo contrario de lo que pretende: en lugar de aislar a China, está incentivando a sus propios socios a estrechar lazos con Pekín para proteger sus intereses económicos. No significa que Europa o Canadá vayan a romper con EEUU. Significa que están diversificando riesgos. Y cuando un aliado empieza a diversificar, es porque percibe vulnerabilidad en el liderazgo central. 

Estamos entrando en un mundo menos unipolar y más competitivo. El centro de gravedad ya no está en un solo lugar. Y la política exterior basada en la presión constante tiene un efecto secundario evidente: empuja a tus socios a buscar alternativas.

En economía y en geopolítica, la confianza es un activo estratégico de los más valiosos. Se tarda décadas en construirla y muy poco en erosionarla. Si EEUU continúa utilizando el comercio como arma permanente, puede ganar batallas arancelarias a corto plazo. Pero corre el riesgo de perder algo mucho más importante: la lealtad estructural de sus aliados.

25Feb

El punto clave es que la retirada del paraguas de la IEEPA elimina una parte significativa del margen de maniobra política de Trump. Hasta ahora ha utilizado los aranceles tanto como herramienta económica como de política exterior para imponer sus posiciones frente a otros países.

Miguel Ángel Valero

Más de 1.400 empresas han demandado a la Administración Trump para reclamar la devolución de los pagos efectuados por los aranceles anulados por el Tribunal Supremo de EEUU. Entre los grandes grupos que han presentado esas reclamaciones figuran FedEx, L’Oréal o Dyson. 

Sin embargo, esta avalancha de demandas no es nueva: ya antes de la sentencia, cuando el Tribunal Supremo ya mostraba cierto escepticismo respecto a los aranceles, cientos de compañías habían iniciado procesos similares. En diciembre de 2025, más de 700 empresas —entre ellas el gigante de la distribución Costco— ya habían actuado.

La sentencia del Supremo no aclara si los 175.000 millones de dólares recaudados deberán devolverse. El proceso para determinarlo deberá resolverse en una instancia inferior y podría prolongarse durante meses o incluso años. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya ha señalado que es improbable que esas devoluciones se efectúen pronto: “tengo la sensación de que los americanos no lo verán”.

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, aporta su análisis sobre la cuestión arancelaria tras el fallo del Supremo, que ha declarado ilegal el actual régimen de aranceles aplicado en virtud de la IEEPA. La sentencia confirma los pronunciamientos de dos tribunales inferiores del año anterior y no ha supuesto una sorpresa, a la luz del tono y el alcance de las consideraciones que el propio Supremo ya había anticipado en sus deliberaciones en noviembre de 2025.

Persiste, no obstante, un elevado grado de incertidumbre, ya que el Supremo ha dejado en manos de los tribunales inferiores la determinación del procedimiento para la eventual devolución de los aranceles ya abonados. Esta decisión anticipa un periodo de notable confusión en los próximos meses. El propio Trump ha señalado quela cuestión podría “derivar en cinco años de litigios”.

Dado que la Casa Blanca dispone de múltiples instrumentos alternativos para imponer aranceles, la reacción del Ejecutivo no ha resultado especialmente sorprendente. El presidente ha anunciado formalmente el recurso a la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974, que autoriza la imposición de un arancel general de hasta el 15% durante un periodo máximo de 150 días. El viernes comunicó un gravamen inicial del 10%, que elevó al 15% apenas 24 horas después, para posteriormente rectificar y dejarlo en el 10%.

El “nuevo” régimen arancelario ha entrado en vigor el martes 24 de febrero y se extenderá durante 150 días, hasta julio. En teoría, podría prorrogarse mediante votación en el Congreso. Sin embargo, con una mayoría muy ajustada y las elecciones de mitad de mandato en el horizonte, no es evidente que los republicanos respalden la aprobación de nuevos aranceles.

Aunque jurídicamente podría ser cuestionable, el presidente de EEUU podría dejar expirar el plazo de 150 días, declarar una nueva emergencia y reimplantar los aranceles por otro periodo equivalente. En la práctica, esto supondría la renovación constante de aranceles.

No obstante, la Administración estadounidense dispone de mecanismos potencialmente más eficaces y, previsiblemente, más sólidos desde el punto de vista jurídico. Entre ellos destaca la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, que permite abrir investigaciones sobre sectores específicos, y bajo la cual ya se han impuesto determinados aranceles.

La Sección 301 de esa misma ley se aplica a países concretos y a “prácticas desleales”. Estos aranceles requieren investigaciones que, en promedio, han tardado alrededor de nueve meses. No obstante, ese plazo podría acortarse en el futuro, lo que permitiría a EEUU implantar aranceles más focalizados en lugar de recurrir a un gravamen general del 10%.

Por su parte, la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930 autoriza la imposición de aranceles significativamente más elevados, de hasta el 50%, frente a “prácticas desleales”, y que también requieren de una investigación previa. Con todo, no parece que Trump aspire a un nivel del 50%; un promedio en torno al 15% se perfila como un umbral que los mercados y las empresas podrían asimilar con mayor comodidad.

La eliminación de los aranceles ilegales bajo la IEEPA implica que el tipo efectivo global descenderá ligeramente hasta alrededor del 14%, desde el 15%-16%. 

El punto clave es que la retirada del paraguas de la IEEPA elimina una parte significativa del margen de maniobra política de Trump. Hasta ahora ha utilizado los aranceles tanto como herramienta económica como de política exterior para imponer sus posiciones frente a otros países. 

"Todo indica que entraremos en un régimen arancelario persistente. Éste siempre ha sido nuestro escenario base, aunque la sentencia del Tribunal Supremo añade más confusión a corto plazo. Los aranceles en el entorno del 14%-16% son significativamente más elevados que a comienzos de 2025, pero los mercados y las empresas se han acomodado a estos niveles", señala Willis.

En cuanto a las devoluciones, si finalmente se tramitasen, serán ligeramente positivas para los beneficios empresariales en EE. UU. y para la economía. La contrapartida esque el Gobierno estadounidense percibirá ingresos fiscales algo menores.

Visión muy optimista de la economía

En medio de esta situación, el discurso del Estado de la Unión de Trump -el más largo de la historia de EEUU- se centró en una visión muy optimista de la economía, subrayando la caída de la inflación, el descenso de las hipotecas y del precio de la gasolina, así como el aumento de los ingresos datos que él presentó como prueba de una recuperación contundente. 

Aun así, evitó detallar nuevas medidas sobre el coste de la vida y responsabilizó a los demócratas de los problemas de asequibilidad de la vivienda, lo que generó críticas por minimizar las preocupaciones ciudadanas.

La intervención combinó mensajes económicos con momentos patrióticos y de espectáculo, como el reconocimiento a atletas olímpicos y referencias al Mundial y a los Juegos de 2028. 

Paralelamente, afrontó fuertes tensiones políticas al atacar las políticas migratorias demócratas y provocar reacciones en directo, especialmente en torno al caso de Minnesota y la congresista Ilhan Omar. 

Pese al tono triunfalista, encuestas recientes muestran que amplias mayorías desaprueban su gestión económica, inflacionaria y arancelaria, lo que pone en duda el impacto real de su mensaje en el electorado.

Mientras tanto, sorprende positivamente la confianza de los consumidores en EEUU, con importantes revisiones al alza en las cifras de enero. El índice elaborado por la Conference Board repuntó en febrero hasta el 91,2 desde el 89 previo (dato revisado al alza en 4,5 puntos), batiendo así las previsiones de 87,1. Por componentes, la lectura también fue positiva, con el subíndice de situación actual situándose en niveles de 120 (vs. 115,8 estimado) y el de expectativas posicionándose en 72 (vs. 68,6). 

La lectura del mercado laboral fue mixta, con un 28%señalando que había más puestos de trabajo disponibles (vs. 25,8% registrado en enero), aunque un 20,6% indicó que eran más difíciles de conseguir (vs. 19% anterior). 

Con todo esto, el consumo se mantendrá resiliente y que el deterioro en la confianza observado a comienzos de año estuvo muy afectado por la fecha de cierre de la encuesta en un momento de elevada incertidumbre geopolítica. 

UBP: rotación persistente

En este contexto, la Perspectiva Semanal de UBP: Inflación moderada, rotación persistente apunta que el mercado parece estar lidiando con una contradicción: por un lado, existe la creencia de que la IA va a perturbar significativamente sectores enteros; por otro, hay escepticismo sobre si las empresas que invierten en la infraestructura que respalda la IA lograrán generar rendimientos suficientes. Aunque esto aún no está claro, los resultados corporativos recientes sugieren lo contrario.

.Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años cerraron la semana en el 4,05%, frente al 4,30% de la semana anterior. En Europa, tras la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de mantener los tipos en el 2%, el consenso del mercado sugiere ahora que no habrá más recortes de tipos hasta finales de año. Sin embargo, con una inflación que actualmente ronda el 1,7% en la zona euro, los responsables de la política monetaria han indicado que el BCE está preparado para actuar si la inflación disminuye aún más.

Los datos de EE. UU. fueron mixtos, con cifras de nóminas no agrícolas (NFP) superiores a lo esperado, compensadas por cifras del IPC más débiles de lo previsto.

UBS: garantizar la resiliencia de la cartera

Por su parte, el UBS CIO Daily pone el foco en garantizar la resiliencia de la cartera en un entorno de volatilidad. La renta variable estadounidense recuperó la compostura, con el S&P 500 subiendo un 0,8% y el Nasdaq, con mayor peso tecnológico, avanzando un 1%. "No obstante, reconocemos que la volatilidad probablemente persistirá a corto plazo, ya que los mercados debaten y tratan de valorar los 'valores terminales' de compañías que podrían verse afectadas por la disrupción de la IA, al tiempo que evalúan las implicaciones de los cambiantes objetivos arancelarios de Trump. Para los inversores, esto significa que es clave asegurarse de que sus carteras puedan resistir los riesgos de mercado:

  • Diversificar la exposición a renta variable por sectores y regiones.
  • Considerar inversiones estructuradas con características de preservación de capital.
  • Garantizar asignaciones suficientes a bonos de calidad y activos alternativos".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: "Creemos que una cartera bien diversificada, con un uso prudente de estrategias estructuradas, puede ayudar a los inversores a resistir la volatilidad al tiempo que se posicionan para futuras ganancias. Aquellos con afinidad por el oro también pueden considerar una asignación de hasta un dígito medio en porcentaje como posible protección frente a riesgos geopolíticos".

24Feb

La destrucción creativa de la IA, el lío de los aranceles, y las tensiones con Irán contrarrestan las señales de aceleración de la economía de EEUU.

Miguel Ángel Valero

En EEUU, señales de reactivación de la inversión en el tramo final del año pasado. Los pedidos a fábrica retrocedieron un -0,7% mensual, pero este descenso se explicó por la caída de los bienes de transporte, dado que si se excluyen éstos los pedidos de bienes duraderos crecieron un 0,4% mensual, registrando así una aceleración frente al +0,1% previo. Destaca el crecimiento de los pedidos de ordenadores y electrónica (+3%). También se publicó el dato final de los pedidos de bienes duraderos que una vez más retirando los pedidos de aviones y de defensa (los componentes más volátiles) muestran que la tendencia es positiva y crecieron en diciembre un 0,8% mensual, revisándose al alza el dato previo que apuntaba a un crecimiento del +0,6% mensual.

Los recientes datos macroeconómicos indican que la economía estadounidense está acelerándose. Los indicadores de los segmentos más cíclicos continúan apuntando a un repunte del sector industrial, después de varios trimestres de contracción. Todo ello, unido a unas cifras de inflación moderadas, nos mantiene en un entorno casi ideal. 

Sin embargo, pese a estas buenas noticias, las Bolsas estadounidenses en su conjunto no parecen reaccionar de forma igualmente positiva. Desde comienzos de año han surgido tres focos de incertidumbre. El primero, la destrucción creativa, en este caso empieza a tener nombre propio: Anthropic. El lanzamiento de una aplicación que alerta de las debilidades en ciberseguridad en el código se suma a que, tras conocerse una aplicación desarrollada por la misma empresa que ayuda a la transformación del arcaico lenguaje de programación Cobol, en el que IBM es un consultor de relevancia. Ambos efetos provocaron un castigo al gigante tecnológico, adelantando la pérdida de una línea de negocio. La venta indiscriminada continúa y la incertidumbre se ha extendido a todo el índice.   

El segundo elemento de incertidumbre es el laberinto arancelario. La anulación de los aranceles ha provocado que gran parte de la arquitectura legal que los sostenía quede en entredicho. Como medida provisional, Trump recurrirá a la sección 122, que le permitiría imponer aranceles globales de hasta un 15%, aunque protagoniza un nuevo TACO: del 10% inicial ha pasado a anunciar el 15% para recular y hablar de nuevo de un 10%. No obstante, éstos solo podrían mantenerse durante 150 días sin la aprobación del Congreso. En esta ocasión, la cercanía de las elecciones legislativas de mitad de mandato complica dicha extensión. La herramienta legal más contundente —imponer tarifas por producto o por país— exige investigaciones formales previas. Es posible que la estrategia pase por ganar tiempo y acelerar esos procesos, pero también puede hacerse una lectura positiva: supondría dejar atrás la fase más agresiva del ciclo arancelario.

En medio de este lío, la Unión Europea ha decidido aplazar la ratificación del acuerdo comercial alcanzado con EEUU. En julio de 2025, ambas partes cerraron un pacto destinado a estabilizar la relación comercial, que incluía la fijación de un techo arancelario del 15% para la mayoría de los productos europeos importados por EE. UU. Además, el acuerdo contemplaba que determinados bienes quedaban exentos de gravámenes —como aeronaves, piezas de avión o fármacos genéricos—. Aunque el acuerdo ya estaba firmado políticamente, aún requiere de la ratificación del Parlamento Europeo, paso necesario para convertirlo en legislación aplicable a la Unión Europea. 

Sin embargo, tras la reciente decisión del Gobierno estadounidense de introducir el nuevo arancel global, la vigencia del pacto ha quedado en entredicho, dado que la Casa Blanca no ha confirmado si mantiene las condiciones acordadas con el bloque comunitario. En caso contrario, aumentarían los gravámenes sobre los bienes exentos y los automóviles podrían pasar del 15% acordado al 25%. Ante esta incertidumbre, los eurodiputados han optado por posponer una semana la votación, a la espera de que EE.UU aclare su posición. Con esa información, decidirán si congelan el proceso o si continúan adelante con la aprobación del acuerdo en el pleno previsto para marzo.

El tercer frente de incertidumbre son las tensiones en Irán, que persisten. La acumulación de tropas genera inquietud y está por conocerse si las amenazas lograrán el objetivo de forzar un acuerdo. El Pentágono, no obstante, advierte del coste material de un conflicto prolongado.

Los analistas de Banca March dan "mayor peso al sólido trasfondo económico. La economía estadounidense continúa expandiéndose y los datos recientes ratifican la fortaleza del actual ciclo. Con esto en mente, consideramos que el riesgo arancelario está acotado, esperamos que el conflicto con Irán sea limitado –como en episodios anteriores– y, frente a la disrupción tecnológica, creemos que la respuesta pasa por refinar la selección de compañías, aprovechar oportunidades y apoyarse en el segmento de infraestructuras". 

Lombard Odier: preferencia por la renta variable de emergentes

Por su parte, el Informe Mensual de Estrategia de Inversión correspondiente a marzo de 2026, elaborado por Lombard Odier, considera que "tras un 2025 más sólido de lo esperado, ahora prevemos un panorama ampliamente estable para el crecimiento global en 2026. Después de las elecciones en Japón, la estabilidad política permite una moderada flexibilización fiscal".

"Mantenemos nuestra preferencia por la renta variable a través de los mercados emergentes, así como nuestra preferencia por los bonos de mercados emergentes denominados en divisa fuerte, dentro de una postura neutral en renta fija global. Nuestra visión sobre el oro sigue siendo positiva. Las valoraciones elevadas hacen que mantengamos una postura neutral sobre la renta variable de mercados desarrollados, con preferencia por Japón. Actualmente hemos pasado a una posición neutral en acciones suizas. Seguimos favoreciendo la renta variable de mercados emergentes frente a la de mercados desarrollados, respaldados por unos beneficios sólidos, valoraciones atractivas y flujos de entrada récord", argumenta el equipo de Estrategia de Inversión.

"Mantenemos una postura neutral en renta fija global y preferimos los bonos de mercados emergentes frente a los de mercados desarrollados. Seguimos neutrales en bonos corporativos y con infra ponderación en deuda pública de mercados desarrollados, donde vemos mayor valor relativo en los Gilts del Reino Unido frente a otras alternativas", añade.

"Mantenemos una visión negativa sobre el dólar estadounidense frente a las divisas de mercados desarrollados y, especialmente, frente a las de mercados emergentes. Seguimos manteniendo una postura positiva sobre el oro, con un nuevo objetivo a 12 meses de 5.600$ por onza, aunque esperamos cierta consolidación de precios a corto plazo", apunta.

UBS: el oro llegará a los 6.200$

Según el UBS CIO Daily, el oro podría seguir subiendo en un contexto de renovada incertidumbre geopolítica. A pesar de un ligero retroceso el martes, el oro, en 5.170$/onza, se mantiene cerca de su nivel más alto desde finales de enero, en un momento en que la geopolítica vuelve a ocupar el centro de atención. "Creemos que el precio del oro probablemente seguirá al alza. Nuestra previsión es que el metal precioso alcance los 6.200$/onza en los próximos meses, ya que los factores clave que han respaldado su fuerte rally durante el último año siguen vigentes:

  1. 1.-Es probable que los riesgos geopolíticos se mantengan elevados.
  2. 2.-El ciclo de flexibilización de la Fed debería seguir apoyando al oro.
  3. 3.-Se prevé que la demanda de oro continúe aumentando.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Mantenemos nuestra visión Attractive sobre el oro y consideramos que el metal amarillo es un eficaz diversificador de carteras que puede ayudar a cubrir una amplia gama de riesgos de mercado y económicos. Los inversores con afinidad por el oro podrían considerar una asignación de hasta un dígito medio en porcentaje dentro de una cartera diversificada".

“El precio del crudo ha registrado su mejor inicio de año desde 2022, con una subida del 17% hasta la fecha. No ha habido señales de exceso de oferta por ahora, lo que probablemente juega un papel importante. El acopio por parte de China está manteniendo bajos los inventarios en otras regiones, lo que también respalda los precios”, añade Giovanni Staunovo, Strategist en esta entidad.

23Feb

Se estima que la recaudación acumulada de los aranceles anulados por el Supremo es de unos 175.000 millones$, un 0,56% del PIB. Y que, si se tuvieran que devolver en su totalidad, supondría entre dos y tres décimas de PIB para este año.

Miguel Ángel Valero

El Tribunal Supremo de EEUU ha invalidado los aranceles impuestos por Trump bajo la legislación de Emergencia Nacional (IEEPA), lo que implica que alrededor del 60% de los ingresos recaudados en los ejercicios fiscales 2025 y 2026 deberán devolverse a las empresas. El órgano judicial dictaminó que la imposición de estos gravámenes excedía la autoridad legal del presidente, dado que su potestad corresponde al Congreso. 

Sin embargo, Trump dispone de otros mecanismos para reestablecer los gravámenes, aunque los procedimientos no serán inmediatos. Los aranceles anulados incluyen los denominados “recíprocos”, que fijaban tasas específicas por país (15% en el caso de la UE, 15% para Japón, etc.). Comprenden también el impuesto adicional del 30% a China y el 25% a los productos no USMCA de México y Canadá. En consecuencia, siguen vigentes únicamente los aranceles por producto (50% sobre acero, automóviles, cobre, entre otros) y el 20% a China en el Trump 1.0.

En respuesta al fallo del Tribunal Supremo, Trump ha amenazado con imponer un arancel global del 15%. Para ello, el mandatario cuenta con las siguientes vías legales:

  • La Sección 122: precisamente, permite aplicar una tasa máxima global del 15%, pero requiere la aprobación del Congreso y carácter temporal (5 meses), que deberá ir renovándose. Trump no tiene garantizados los apoyos de los legisladores, especialmente después de que seis republicanos de la Cámara votaran recientemente a favor de suspender los aranceles a Canadá.
  • La Sección 301: requiere de investigaciones a cada uno de los países sobre los que se aplique tarifas y que, aunque no será inmediato y llevará tiempo, se trata de un mecanismo estable que permitiría reestablecer los aranceles a los niveles de la semana pasada.

Con todo, se abren nuevas incertidumbres al quedar en el aire la aplicación de los acuerdos comerciales con los distintos países, confusión para las empresas –aunque en el corto plazo deberían beneficiarse de las devoluciones– y la reducción en los ingresos fiscales. Sin embargo, el fallo demuestra que prevalece la división de poderes en EEUU y el poder judicial continúa actuando como límite efectivo cuando un presidente rebasa el alcance de sus competencias o interpreta la ley en su propio beneficio.

El reciente fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos devuelve a primera línea la incertidumbre arancelaria y el mercado tratara de acomodarse a los próximos pasos de Trump. Existen otras herramientas legales que, si bien son menos flexibles y requerirán de más tiempo para implementarse, deberán permitir que la Casa Blanca recomponga los niveles de aranceles medios previos a la anulación de las tarifas bajo el paraguas de la IEEPA.

Ahora bien, también queda por ver las actuaciones de los demás países. El Parlamento Europeo ha suspendido la votación sobre el acuerdo arancelario entre EEUU y la UE tras el varapalo del Supremo a Trump ante la falta de claridad y de seguridad jurídica. 

Estas noticias impactan negativamente la credibilidad de las políticas económicas aplicadas por el ejecutivo de Trump y llegan justo unos días antes del discurso del presidente sobre el Estado de la Unión, que este año se celebrará el 24 de febrero.

Se estima que la recaudación acumulada de estos aranceles es de unos 175.000 millones$, un 0,56% del PIB. Y que, si se tuvieran que devolver en su totalidad, supondría entre dos y tres décimas de PIB para este año. Estas devoluciones de los aranceles conllevarían un incremento del déficit debido a la menor recaudación y podrían suponer un incremento del 9% de las necesidades de financiación (el déficit fiscal previsto para este año es de 1,853 billones$). 

Por tanto, hay efectos contrapuestos que en el corto plazo pueden  tensionar los tipos largos de las curvas por las mayores necesidades de financiación, mientras que sobre el dólar causaría algo de presión a la baja debido a la incertidumbre política. Frente a ello, menores aranceles y el mayor dinamismo económico serían factores más favorables a las empresas domésticas americanas de menor tamaño. 

Sin embargo, dado que se espera que este posible “reembolso” se vea compensado con otras herramientas recaudatorias, a medio plazo, tanto el impulso fiscal neto como los efectos sobre la financiación quedarían muy diluidos y por ello, no será un factor de cambio sobre la tendencia de fondo del mercado.

El otro foco de incertidumbre seguirá centrado en la geopolítica y en las negociaciones entre EEUU e Irán sobre su programa nuclear. Durante las últimas semanas, se registra una fuerte y creciente movilización de fuerzas militares estadounidenses en Oriente Medio, acumulando personal y medios no vistos desde la invasión de Irak en 2003. A medida que se acerca el final del plazo de 15 días dado por Trump a Irán para presentar propuestas que cumplan con sus demandas, crece la tensión y este jueves 26 de febrero se realizará una nueva ronda de conversaciones en Ginebra.

Ibercaja Gestión: las devoluciones van a ser un caos

Un análisis de Ibercaja Gestión señala que, entre los principales aranceles impuestos bajo la IEEPA y anulados por el Tribunal Supremo, se encuentran los aplicados sobre el fentanilo importado de China los fronterizos sobre Canadá/México, el  universal y los recíprocos. La decisión de la Corte Suprema afecta aproximadamente al 70% del total, ya que se mantienen los aranceles sectoriales de la sección 232 y los aranceles por prácticas comerciales desleales de la sección 301. Frente a la decisión judicial, Trump actuó de forma inminente, aplicando un nuevo arancel global del 10% a través de la sección 122, que posteriormente se elevó al 15% durante el fin de semana. 

La reacción de Trump no ha pillado por sorpresa a los inversores. El mercado ya tenía prácticamente descontado el revés del Supremo y, de paso, conocía de sobra los ases que Trump se guardaba bajo la manga para relevar los aranceles de la IEEPA. En este sentido, la reacción del mercado fue moderada: las acciones americanas subieron, los bonos del Tesoro bajaron, el dólar se debilitó y el oro subió, aunque los movimientos se limitaron a alrededor del 1 % o incluso menos. 

Además, bajo la nueva estructura, el cambio no es muy sustancial: se estima que lo realmente recaudado en diciembre pasaría de suponer un 9,4% del total de importaciones a un 8,8%, según J.P.Morgan Research; y, por otro lado, la Corte Suprema no se ha pronunciado acerca de los reembolsos de los aranceles recaudados mediante la IEEPA (unos 150.000 millones$).

En todo caso, la contramedida de Trump es temporal: bajo la sección 122, el presidente puede imponer aranceles del 15% durante solo 150 días a todos los países. No obstante, este período da margen al Gobierno para aplicar aranceles por otras vías -por ejemplo, las secciones 301/232, que requieren investigaciones-. Bajo el nuevo régimen de la Sección 122, el arancel medio ponderado de EEUU aplicando la distribución de importaciones de 2024 (sin efecto sustitución) se sitúa ahora en el 13,2% (al aplicar la tasa del 15%). Si la tasa se hubiera quedado en el 10% inicialmente anunciado por Trump, el arancel medio ponderado hubiera sido del 11,6%, y de no haberse anunciado ninguna contramedida sustitutoria, del 8,3%.

El análisis de los países más beneficiados es muy intuitivo: aquellos previamente más castigados por los aranceles IEEPA (China, Vietnam, Tailandia, India…) se benefician al ver reducidos sustancialmente sus aranceles respecto a los que tenían antes de la sentencia. Por el contrario, los países que gozaban de acuerdos más favorables (con tasas inferiores al 15%) son ahora los más perjudicados, al perder su previa ventaja competitiva frente al resto.

La resolución del Tribunal Supremo tiene carácter retroactivo al invalidar los aranceles cobrados, pero no ordena explícitamente su devolución. La responsabilidad recae ahora en el Tribunal de Comercio Internacional de EE. UU. En este sentido, ahora los analistas esperan que las devoluciones se produzcan, pero que el proceso sea un “caos”. El escenario base actual contempla que cada empresa debe hacer su propia reclamación y demostrar los pagos soportados por aranceles en los últimos meses que tienen que ver con la IEEPA. Se estima que la recaudación por aranceles establecidos mediante la IEEPA desde el 2 de abril ha ascendido a unos 150.000 millones$, que puede ser la cantidad máxima que podrían reclamar las compañías, pero es probable que las devoluciones terminen siendo algo menores. 

Debido a la complejidad del proceso, lo más probable es que empecemos a ver las devoluciones a partir del segundo semestre de 2026.El impacto en los mercados de las devoluciones es positivo y se interpreta como un nuevo estímulo fiscal, aunque sin carácter recurrente. Para la renta variable podría tener un impacto especialmente relevante en compañías importadoras de bienes de consumo como ropa, juguetes y equipamiento. La medida, sin embargo, no tendrá impacto en importadores de bienes sujetos a aranceles que no entran en la IEEPA. Es el caso de sectores como autos, metales o industrias pesadas.

Para la sostenibilidad de la deuda americana y el dólar el efecto es dañino, pero no despierta alarmas. Por ponerlo en contexto, los 130.000 millones-140.000 millones$ que pueden verse en devoluciones suponen un 8% del déficit anual estimado para 2026 (1,8 billones$) y un 0,5% de la deuda total de EEUU (37 billones$37tn). Por este motivo, hemos tenido un fin de semana tranquilo, donde la rentabilidad del bono a 10 años apenas se ha movido y el dólar no se ha depreciado significativamente.

En este sentido, la reacción del mercado fue moderada: las acciones americanas subieron, los bonos del Tesoro bajaron, el dólar se debilitó y el oro subió, aunque los movimientos se limitaron a alrededor del 1 % o incluso menos.

Además, bajo la nueva estructura, el cambio no es muy sustancial: se estima que lo realmente recaudado en diciembre pasaría de suponer un 9,4% del total de importaciones a un 8,8% (J.P. Morgan Research); y, por otro lado, la Corte Suprema no se ha pronunciado acerca de los reembolsos de los aranceles recaudados mediante la IEEPA (~$150Bn). En todo caso, la contramedida de Trump es temporal: bajo la sección 122, el presidente puede imponer aranceles del 15% durante solo 150 días a todos los países. No obstante, este período da margen al Gobierno para aplicar aranceles por otras vías -por ejemplo, las secciones 301/232, que requieren investigaciones-.
 Escenarios: ¿Cuál será el plan B de Trump?Bajo el nuevo régimen de la Sección 122, el arancel medio ponderado de EE. UU. aplicando la distribución de importaciones de 2024 (es decir, sin efecto sustitución) se sitúa ahora en el 13,2% (al aplicar la tasa del 15%). Si la tasa se hubiera quedado en el 10% inicialmente anunciado por Trump, el arancel medio ponderado hubiera sido del 11,6%, y de no haberse anunciado ninguna contramedida sustitutoria, del 8,3%. 
En este sentido, la reacción del mercado fue moderada: las acciones americanas subieron, los bonos del Tesoro bajaron, el dólar se debilitó y el oro subió, aunque los movimientos se limitaron a alrededor del 1 % o incluso menos.

Además, bajo la nueva estructura, el cambio no es muy sustancial: se estima que lo realmente recaudado en diciembre pasaría de suponer un 9,4% del total de importaciones a un 8,8% (J.P. Morgan Research); y, por otro lado, la Corte Suprema no se ha pronunciado acerca de los reembolsos de los aranceles recaudados mediante la IEEPA (~$150Bn). En todo caso, la contramedida de Trump es temporal: bajo la sección 122, el presidente puede imponer aranceles del 15% durante solo 150 días a todos los países. No obstante, este período da margen al Gobierno para aplicar aranceles por otras vías -por ejemplo, las secciones 301/232, que requieren investigaciones-.
 Escenarios: ¿Cuál será el plan B de Trump?Bajo el nuevo régimen de la Sección 122, el arancel medio ponderado de EE. UU. aplicando la distribución de importaciones de 2024 (es decir, sin efecto sustitución) se sitúa ahora en el 13,2% (al aplicar la tasa del 15%). Si la tasa se hubiera quedado en el 10% inicialmente anunciado por Trump, el arancel medio ponderado hubiera sido del 11,6%, y de no haberse anunciado ninguna contramedida sustitutoria, del 8,3%. 

Ebury:  El dólar cae tras la declaración de ilegalidad de los aranceles de Trump

El repunte provisional del dólar se revirtió de forma abrupta durante el fin de semana, después de que el Supremo declarara ilegales la mayoría de los aranceles impuestos por el presidente Trump. Éste respondió rápidamente imponiendo un arancel global del 15% por un periodo de hasta 150 días, esta vez bajo un fundamento legal diferente y posiblemente más sólido. Aun así, la política comercial estadounidense se ha sumido, por el momento, en un caos aún mayor. Los mercados bursátiles reaccionaron con notable calma, lo que sugiere que el fallo ya estaba en gran medida descontado en los precios. Los bonos, en cambio, cayeron ante la preocupación de que la pérdida de ingresos arancelarios empeore el panorama fiscal de EEUU. En cualquier caso, ninguno de los movimientos fue especialmente pronunciado, ya que los inversores apuestan a que Trump encontrará vías legales para eludir la sentencia. 

Los riesgos políticos vuelven a copar la atención de los mercados de divisas. Además del fallo judicial y la respuesta de Trump, la creciente probabilidad de un ataque estadounidense contra Irán centrará el foco de los inversores esta semana. Se trata de una semana muy tranquila en el plano macroeconómico, con apenas noticias relevantes esperadas en las principales economías. Al margen de los titulares sobre Irán y los aranceles, será, en cambio, una semana inusualmente cargada de intervenciones de banqueros centrales, incluyendo a la Fed, el BCE y el Banco de Inglaterra. 

  • EUR. La semana pasada, los índices PMI de actividad empresarial de febrero para la zona euro sorprendieron ligeramente al alza, lo que indica que la economía del bloque continúa creciendo a un ritmo sólido, aunque sin ser especialmente acelerado. Otra señal en la misma dirección es la encuesta sobre salarios negociados en la zona euro del 4º trimestre, que mostró un repunte en los aumentos salariales hasta una tasa anualizada cercana al 3%. Aunque los rumores de la semana pasada acerca de una posible salida anticipada de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, han ensombrecido la senda de los tipos de interés, la ausencia de una figura clara como posible sucesor ha limitado, por ahora, el impacto en la moneda común. Durante el fin de semana, las noticias sobre los aranceles han eclipsado todo lo demás, ya que el Parlamento Europeo ha decidido suspender las negociaciones sobre el tratado comercial con EEUU hasta que se aclare el caos en la política comercial estadounidense. La reacción inicial de parte del mercado ha sido comprar euros, lo que refuerza la consolidación de la moneda común como refugio seguro frente a la inestabilidad provocada por EEUU.
  • USD. Las noticias macroeconómicas y políticas quedaron eclipsadas por la decisión sobre los aranceles del viernes, pero la mayoría de los datos publicados la semana pasada respaldan la postura de los 'hawksde la Reserva Federal. Los pedidos de bienes duraderos, los datos sobre vivienda y las solicitudes semanales de subsidio por desempleo resultaron mejores de lo esperado. Además, las actas de la última reunión de la Fed fueron notablemente hawkish y sugieren que varios miembros del FOMC están empezando a considerar subidas de tipos de interés. Por muy moderado que intente mostrarse el nuevo presidente, Warsh, le resultará difícil convencer al resto de los miembros con derecho a voto de relajar los tipos. El nuevo caos arancelario ocupa ahora el primer plano, pero ni los datos de la economía estadounidense ni las comunicaciones de la Fed parecen compatibles con un ciclo significativo de recortes de tipos. La fuerte revisión a la baja del viernes de la estimación del PIB del cuarto trimestre (del 4,4 % inicial al 1,4 % anualizado) representa una clara ruptura con esta narrativa, pero los inversores la han ignorado en gran medida por la antigüedad de los datos. 
  • GBP. Las noticias económicas procedentes del Reino Unido la semana pasada arrojaron señales mixtas para la libra esterlina. Por un lado, la actividad económica parece resistir con bastante solidez: las ventas minoristas registraron en enero su mayor aumento interanual en casi cuatro años, y el índice PMI compuesto de actividad empresarial sorprendió al alza. Estos datos han reducido ligeramente las expectativas del mercado respecto a recortes de tipos por parte del Banco de Inglaterra. Sin embargo, la última caída de la inflación y los nuevos indicios de debilidad en el mercado laboral apuntan a que una reducción de tipos en marzo sigue siendo el escenario más probable, y los mercados de swaps ya lo descuentan en torno al 80%. Aunque la mejora en el desempeño de la economía británica podría respaldar a la libra a corto plazo, creemos que este efecto quedará eclipsado por los riesgos políticos, ya que el futuro del primer ministro Starmer continúa siendo incierto. Las importantes elecciones parciales del jueves en Gorton y Denton probablemente resultarán reveladoras, dado que parece probable que el Partido Laborista pierda el escaño frente al Partido Verde o el Partido Reformista. 

UBS: el no del Supremo a los aranceles favorece a la renta variable

Por su parte, el UBS CIO Daily resalta que el Supremo falló en contra de la Administración Trump por 6 votos a 3, al considerar que el uso de la IEEPA para imponer aranceles es ilegal. Y destaca las siguientes implicaciones de esta decisión:

  • El impacto macroeconómico dependerá probablemente de la respuesta de la Administración.
  • El tipo arancelario efectivo medio en EE.UU. descenderá al 10–15% este año.
  • El fallo sobre la IEEPA también puede tener implicaciones para los 'acuerdos' alcanzados con otros socios comerciales.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "En conjunto, la decisión sobre los aranceles no altera nuestra visión positiva sobre los mercados financieros. La decisión es ligeramente favorable para la renta variable en la medida en que una menor tasa arancelaria mejora el poder adquisitivo de los hogares, limita las preocupaciones sobre la inflación y respalda nuevos recortes de tipos por parte de la Fed".

Evli se apunta a la Gran Rotación

La gestora nórdica Evli opina que la renta variable global ha consolidado en 2026 un cambio de tendencia. Desde el apetito por acciones tecnológicas de EEUU y por los metales que dominaron en 2025 y años anteriores, hacia el atractivo de los sectores cíclicos y la inversión value. El sentimiento positivo y optimista con el que los mercados han comenzado el año podría derivar en alguna corrección en el primer trimestre, aunque los fundamentales apoyan este cambio de tendencia, gracias a la aceleración del ciclo a nivel global. 

Claves del inicio del año en renta variable:

  • Los indicadores económicos apuntan a una aceleración del repunte cíclico en las principales regiones, sobre todo en Asia, donde es especialmente robusto. Europa y EEUU también han fortalecido su actividad económica, lo que respalda la rotación hacia inversiones cíclicas y de estilo value. Todo ello supone un cambio profundo respecto al crecimiento en los últimos años, liderado por el sector tecnológico.
  • Fortaleza y volatilidad en los metales. Enero empezó con alzas del precio del oro, plata y metales industriales, un síntoma tanto de la recuperación del ciclo como de las preocupaciones por la inflación. Sin embargo, una posible sobrecompra a corto plazo provocó caídas en los precios, aunque los fundamentales siguen siendo favorables con visión a largo plazo.
  • Impulso de la rotación hacia otros sectores. En el mes de enero, las temáticas hacia las que se produjo la rotación en los mercados se reforzaron. Las acciones de compañías fuera de EEUU siguieron superando a las de éste,  el estilo value amplió sus ganancias frente al growth y las industrias tradicionales lideraron los beneficios. El liderazgo del mercado ha cambiado, según Evli, porque se ha alejado de las grandes tecnológicas USA que dominaron el mercado en los años anteriores.
  • EEUU: La Tecnología da paso a la Energía, Materiales e Industriales. Las ganancias fueron modestas, quedando el mercado de EEUU rezagado respecto al resto de zonas geográficas. Los sectores de Tecnología y Finanzas registraron caídas, y los inversores se alejaron de las empresas growth más caras. El mejor sector fue Energía junto a otros sectores value como Materiales e Industriales. Ha habido una ampliación de sectores lideres, aunque a costa de la tecnología. 
  • Europa: Aprovecha el momentum y el potencial de la inversión value. Los buenos rendimientos de 2025 en los mercados europeos continuaron en enero. La Tecnología se comportó a contracorriente de la tendencia global, gracias a las compañías de semiconductores. Industriales y Materiales, se beneficiaron del gasto en infraestructura en Alemania y del posicionamiento anticipado para la reconstrucción de Ucrania. El mercado europeo fue impulsado tanto por el momentum como por el estilo value, superando con claridad las estrategias growth y quality.
  • Mercados emergentes: La debilidad del dólar y las valoraciones impulsan las subidas en Asia. Los mercados asiáticos fueron los más alcistas, gracias a la recuperación del ciclo y la alta rotación huyendo de acciones EEUU caras. La debilidad del dólar y las valoraciones cada vez más atractivas apuntalaron también su liderazgo. Por sectores, Tecnología y Materiales fueron los destacados, así como las acciones de estilo Value.
  • Posible correcctión y oportunidades por temáticas. Los expertos de la gestora nórdica Evli indican que, pese a que los mercados de renta variable comenzaron 2026 en positivo, es probable una corrección en el primer trimestre. Sin embargo, la recuperación del ciclo es sólida, y propicia las temáticas de inversión Value. En este entorno, las temáticas de inversión con mayor potencial son las siguientes:
    • Inversión Value en Europa: Small caps, mid caps y bancos que aportan propuestas de valor convincentes.
    • Defensa en Europa: Sigue siendo relevante por el aumento del gasto en defensa en países de la OTAN.
    • Reconstrucción de Ucrania: Los planes de reconstrucción están sobre la mesa, y las  empresas europeas están posicionándose para aprovechar las oportunidades.
    • Manufactura y recursos: Sectores tradicionales que siguen siendo atractivos, especialmente Manufactura y empresas de recursos que se benefician del repunte cíclico.
    • Energía y materiales: Electrificación, infraestructura para IA y desarrollo de infraestructuras en Alemania, se han convertido en oportunidades para invertir. 
  • Principales riesgos en 2026:
    • Incertidumbre política y regulatoria. Las políticas del gobierno de EEUU y las tensiones geopolíticas son uno de los mayores riesgos para la renta variable. El episodio de Groenlandia demostró con qué rapidez se puede crear un riesgo político. El inicio del fin de la excepcionalidad de Estados Unidos en los mercados financieros, que comenzó hace un año, parece continuar en 2026.

    • Vulnerabilidad del dólar y de la tecnología estadounidense. Persisten riesgos a la baja para el dólar y para las empresas tecnológicas de EEUU, que parecen vulnerables a corto plazo. La sobreinversión en IA y los riesgos de disrupción en el sector del software, refuerzan la incertidumbre.

    • Inflación y rentabilidad de los bonos. Dado el vigor cíclico de la economía de Estados Unidos, los riesgos inflacionarios podrían resurgir en 2026. Por ello, hace falta vigilar los rendimientos de los bonos, especialmente el dek Treasury a 10 años, porque un repunte podría suponer otro riesgo para las empresas de crecimiento. Brecha en valoraciónLas temáticas de inversión con potencial continúan alejadas de Estados Unidos, dado el nivel extremadamente alto en valoraciones de la renta variable USA. La brecha de valoración entre Estados Unidos y el resto sigue siendo amplia, lo que impulsa la rotación. 

Conclusión: Se consolida la tendencia de rotación a value, cíclicos y mercados no EEUU. La tendencia iniciada en 2025 de rotación hacia compañías no tecnológicas fuera de EEUU, temáticas de valor, y sectores cíclicos, se ha consolidado, según los expertos de Evli Esto refuerza la necesidad de diversificar entre geografías, estilos y sectores.

Pese a la probabilidad de una corrección, los fundamentales que apoyan esta tendencia siguen siendo sólidos, gracias a la ampliación de la recuperación económica global, las valoraciones atractivas fuera de Estados Unidos, y la fortaleza en industrias tradicionales. 

Evli sugiere a los inversores que se apoyen en las temáticas ganadoras: bancos europeos, defensa, reconstrucción de Ucrania, industriales e infraestructura, y oportunidades relacionadas con recursos. Y también, que estén atentos a los riesgos. 2026 va a ser un año para diversificar entre los nuevos líderes del mercado que han sustituido a la tecnología en EEUU.

21Feb

La inteligencia artificial promete transformar la economía, pero el mercado ya no compra el relato sin mirar la factura… ni el balance. A partir de ahora, el foco no estará en quién invierte más, sino en quién convierte antes ese gasto masivo en beneficios reales y sostenibles.

Miguel Ángel Valero

Elon Musk ha dado uno de los pasos corporativos más agresivos (y menos convencionales) de los últimos años: SpaceX ha adquirido xAI, su empresa de inteligencia artificial. No se trata de una compra al uso. Es una reorganización interna de poder, capital y narrativa. La operación eleva la valoración del grupo por encima del billón$ y consolida a Musk como el mayor empresario privado del planeta. Pero más allá del titular, lo relevante es por qué lo hace ahora… y qué riesgos asume.

xAI llega tarde a la carrera de la inteligencia artificial. Ha tenido que gastar miles de millones para intentar alcanzar a competidores muy consolidados, con un modelo de ingresos todavía débil. La fusión con SpaceX es, en la práctica, un rescate financiero. SpaceX no es una empresa cualquiera: es un contratista clave de gobiernos, con flujos de ingresos relativamente estables y una reputación tecnológica sólida. Al absorber xAI, importa riesgos financieros, regulatorios y reputacionales que antes no tenía.

Y aquí aparece la primera gran pregunta estratégica de ese movimiento, ¿cuál es el verdadero plan?  Porque sinceramente hace falta un auténtico acto de fe para entender cómo una empresa que combina redes sociales con un chatbot de IA ayudará a SpaceX a lograr lo que Musk ha descrito durante años como su objetivo último: llevar seres humanos a Marte.

Desde el punto de vista del inversor, el intercambio es claro:

  • más ambición
  • más complejidad
  • más incertidumbre

El punto más revelador no es Grok, ni los chatbots, ni las redes sociales. Es esto: Musk quiere llevar centros de datos al espacio. El verdadero plan es infraestructura, no el software. Sin restricciones de suelo. Con acceso directo a energía solar. Y bajo una estructura privada, poco transparente y altamente centralizada.

No es ciencia ficción: es una apuesta a largo plazo por controlar la infraestructura crítica del futuro… como el lenguaje de Musk (como en el de Trump) todo es grandilocuente, no se descarta una posible IPO o salida a Bolsa en 2026, con el objetivo de levantar decenas de miles de millones.  

"La lógica es conocida: crecer primero, explicar después. Esto no va de IA. No va de Marte. No va de redes sociales. Va de algo mucho más clásico: control, escala y poder financiero. El problema es que cuando demasiadas piezas críticas (tecnología, datos, contratos públicos, narrativa y capital) se concentran en una sola estructura, el margen de error se vuelve peligrosamente pequeño", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

Una fase completamente nueva para las grandes tecnológicas

Pero no es solo Elon Musk, SpaceX y xAI. Las grandes tecnológicas han entrado en una fase completamente nueva. Ya no compiten solo con software, talento o cuota de mercado. Ahora compiten a base de hormigón, electricidad, chips y cientos de miles de millones de dólares en inversión física.

Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta prevén invertir conjuntamente cerca de 650.000 millones$ este año. Una cifra sin precedentes en este siglo, comparable solo con grandes episodios históricos de construcción de capacidad: la burbuja de las telecomunicaciones de los 90, el ferrocarril del siglo XIX o el New Deal estadounidense.

El destino de ese capital es claro: centros de datos, redes eléctricas, generación de energía, sistemas de refrigeración, infraestructuras de red y chips de alto rendimiento. La carrera por dominar el cómputo necesario para la IA se ha convertido en un mercado de “el ganador se lo lleva casi todo”. Y nadie quiere quedarse atrás.

Cada una de estas compañías va a gastar en un solo año más que cualquier gran corporación estadounidense en la última década. Amazon apunta a cerca de 200.000 millones$. Alphabet hasta 185.000 millones. Meta podría elevar su “capex” cerca de un 90 % interanual. Microsoft ya ha incrementado su inversión más de un 60 %. Todo para sostener modelos de IA que requieren miles de chips fabricados por Nvidia y producidos por Taiwan Semiconductor Manufacturing Company. 

Pero el problema ya no es solo el tamaño del gasto, sino cómo se financia y qué efectos secundarios está empezando a generar. Una parte creciente de esta inversión se está financiando a través del mercado de bonos corporativos de alta calidad. Gigantes como Oracle o Microsoft están aumentando de forma significativa sus emisiones de deuda para sostener esta carrera. El resultado es una presión creciente sobre un mercado que ya cotiza con diferenciales históricamente estrechos, muy cerca de los niveles de finales de los 90.

El mercado empieza a lanzar señales de advertencia. Las nuevas emisiones tecnológicas ya muestran un peor comportamiento relativo frente a los bonos del Tesoro. Los spreads se amplían tímidamente, pero desde niveles tan ajustados que dejan muy poco margen para errores. No hace falta una crisis: basta con una decepción en retornos, retrasos en monetización o una desaceleración inesperada.

Al mismo tiempo, la disrupción que promete la IA está empezando a reflejarse en el crédito. Los préstamos apalancados de empresas de software caen, los modelos tradicionales empiezan a ponerse en cuestión y sectores enteros ven cómo el mercado descuenta que parte de sus ingresos pueden quedar obsoletos. La IA no solo crea ganadores: también acelera la destrucción de modelos de negocio.

Todo esto está transformando la esencia de estas compañías. Durante años fueron negocios ligeros en activos físicos. Hoy, Meta ya gasta más en infraestructura que en ingenieros. Su balance en propiedades y equipamiento se ha multiplicado por cinco desde 2019. La tecnología se está volviendo intensiva en capital… y eso cambia radicalmente las reglas del juego.

Los inversores lo han entendido. A pesar de que los ingresos siguen creciendo y los negocios principales se mantienen sólidos, el mercado ha empezado a castigar los anuncios de gasto. No por dudar del potencial de la IA, sino por cuestionar el ritmo, el retorno y la rentabilidad real de esta inversión colosal. La historia demuestra que las grandes oleadas de inversión suelen ser potentes catalizadores económicos… pero no siempre buenos negocios para todos los accionistas ni para todos los acreedores.

La IA promete transformar la economía, pero el mercado ya no compra el relato sin mirar la factura… ni el balance. A partir de ahora, el foco no estará en quién invierte más, sino en quién convierte antes ese gasto masivo en beneficios reales y sostenibles. Y en paralelo, en cómo esa carrera se filtra al mercado de crédito, donde los precios dejan poco margen para decepciones. La verdadera criba bursátil —y crediticia— acaba de empezar.

El mensaje estratégico de Alphabet: un bono a 100 años

Por eso hay movimientos financieros que, más allá de la cifra, envían un mensaje estratégico muy potente. Alphabet ha emitido deuda por valor de 5.500 millones de libras (unos 7.530 millones$) dentro de un programa más amplio que también incluye 3.055 millones en francos suizos y hasta 20.000 millones con vencimiento en 2066. Pero el titular que realmente destaca es otro: un bono a 100 años por 1.000 millones de libras con un cupón del 6,125 % anual.

Ese 6,125% es el interés que la compañía pagará cada año a los inversores que han comprado ese bono. Durante un siglo. Y en 2126, además, devolverá el principal. No es una cifra menor. Supone fijar hoy el coste del dinero durante cien años, algo que solo pueden permitirse empresas con enorme fortaleza financiera y credibilidad en los mercados.

Ahora bien, la pregunta interesante no es por qué Alphabet emite ese bono. Es porque alguien lo compra. Ningún inversor particular adquiere un bono a 100 años pensando en esperar al vencimiento. Los compradores son grandes instituciones, fondos de pensiones y aseguradoras que necesitan activos capaces de generar flujos estables durante décadas. Tienen obligaciones futuras muy largas y necesitan emparejar esos compromisos con ingresos previsibles. Para ellos, un 6,125% anual en una compañía como Alphabet puede resultar atractivo dentro de una estrategia de largo plazo. Además, estos bonos cotizan en mercado secundario, por lo que no es necesario mantenerlos hasta el vencimiento.

Conviene también distinguir entre un bono a 100 años y un bono perpetuo. En el bono centenario existe una fecha concreta de devolución del principal, aunque esté muy lejana. El inversor sabe que, además de los cupones, hay una amortización final. En un bono perpetuo no hay vencimiento: el emisor paga intereses indefinidamente y no tiene obligación de devolver el principal. Desde el punto de vista del comprador, eso implica que toda la rentabilidad depende exclusivamente de los cupones futuros y que la sensibilidad a los tipos suele ser todavía mayor.

Pero lo verdaderamente relevante es el destino del dinero. La carrera por la IA se ha convertido en una competición de capital intensivo. Centros de datos, chips especializados, energía, talento, adquisiciones estratégicas… Todo exige miles de millones. Y las grandes tecnológicas han entendido que esto no va de pequeñas mejoras incrementales, sino de dominar infraestructuras críticas para la próxima década.

Si una empresa decide endeudarse a 100 años es porque percibe que el retorno esperado de esa inversión es superior al coste de la deuda durante un siglo. Es una apuesta implícita sobre el crecimiento futuro de la demanda de servicios basados en IA, sobre la monetización de modelos avanzados y sobre su capacidad para mantener márgenes elevados en un entorno cada vez más competitivo. Estamos viendo cómo la IA no solo transforma modelos de negocio, sino también estructuras financieras. Las tecnológicas ya no compiten solo con código y talento, sino con balances capaces de absorber inversiones históricas.

"Cuando una compañía es capaz de comprometerse financieramente durante cien años para acelerar su apuesta tecnológica, no está pensando en el próximo trimestre. Está construyendo una posición estructural para dominar el siguiente ciclo económico. Y como inversores deberíamos preguntarnos si estamos valorando estas decisiones con la profundidad temporal que realmente merecen", apunta Pablo Gil.

Quién define las reglas del juego

Durante años, los grandes líderes de la inteligencia artificial han repetido el mismo mensaje: Queremos regulación”. Pero cuando la regulación empieza a tomar forma, el discurso se vuelve más complejo. En EEUU se está librando una batalla poco visible pero muy relevante para el futuro del sector: una guerra de influencia política entre las propias empresas de IA, una batalla silenciosa por regular la inteligencia artificial.

Dos grandes actores del sector, OpenAI y Anthropic, están apoyando —directa o indirectamente— organizaciones políticas con visiones muy distintas sobre cómo debe regularse la inteligencia artificial. Por un lado, está OpenAI, creadora de ChatGPT y probablemente la empresa más reconocida del sector. Nació como organización sin ánimo de lucro con la misión de desarrollar una IA “segura y beneficiosa para la humanidad”, pero hoy opera bajo un modelo híbrido con fuertes alianzas estratégicas, especialmente con Microsoft. Es uno de los grandes impulsores de la adopción masiva de la IA generativa.

En el otro lado está Anthropic, fundada por antiguos investigadores de OpenAI y centrada desde el inicio en el desarrollo de modelos con fuertes mecanismos de seguridad. Su modelo Claude compite directamente con ChatGPT, pero su posicionamiento público ha sido más prudente y orientado al control de riesgos. Ambas compiten en el mismo mercado. Pero no comparten la misma visión regulatoria.

Anthropic ha anunciado estos días una aportación de 20 millones$ a un PAC o grupo que defiende reglas más estrictas en materia de seguridad y control de la IA. En paralelo, otro PAC respaldado por figuras cercanas a OpenAI ha reunido más de 100 millones para promover una regulación federal más uniforme y evitar un mosaico de leyes estatales que frene la innovación. No es solo una discusión técnica. Es una disputa estratégica sobre quién define las reglas del juego.

En EEUU, un PAC (Political Action Committee) es una organización que recauda dinero para influir en elecciones o en políticas públicas. Un 'super PAC' puede recaudar cantidades ilimitadas de dinero de empresas, inversores o particulares para financiar campañas publicitarias y apoyar candidatos o causas concretas. Aunque no pueden coordinar directamente con los políticos, su capacidad de influencia es enorme. En la práctica, son una herramienta clave para moldear el entorno regulatorio, o ganar elecciones.

Todo esto es relevante porque la regulación que se diseñe en EEUUU marcará el estándar global. La IA ya no es solo una cuestión tecnológica. Es una cuestión geopolítica, económica y laboral. Mientras algunas empresas apuestan por menos restricciones para acelerar la innovación, otras temen que el desarrollo sin límites genere riesgos sistémicos: desde pérdida masiva de empleo hasta problemas de seguridad o de concentración de poder.

"Y aquí está la clave: la discusión ya no es si habrá regulación. La discusión es quién va a ser quien la escriba", resalta Pablo Gil.