01 Nov
01Nov

Miguel Ángel Valero

Alphabet negocia con el Pentágono entrar en el Golden Dome, el escudo antimisiles de 185.000 millones$ impulsado por Donald Trump. Se ofrece a blindar los datos que alimentan el software de mando que montan Anduril, Palantir y SpaceX, además de aportar almacenamiento de datos, redes y ciberseguridad al sistema de mando y control. No hay todavía una decisión final sobre la participación de Google o de otras filiales de Alphabet. Lockheed Martin, Northrop Grumman, Raytheon son otras empresas que participan o están vinculadas a distintos componentes del proyecto.

Golden Dome fue anunciado por Trump en mayo de 2025. Su objetivo es crear un escudo multicapa —desde sensores e interceptores en tierra hasta sistemas en órbita— para detectar, rastrear y destruir misiles balísticos, hipersónicos y de crucero.

El sistema busca proteger todo el territorio de EEUU, incluidos Alaska y Hawái, frente a ataques de misiles avanzados. A diferencia del Iron Dome israelí, que protege un área relativamente pequeña frente a cohetes de corto alcance, Golden Dome se concibe como una arquitectura de escala continental y con un fuerte componente espacial. Sus elementos previstos incluyen:

  • Satélites de detección y seguimiento en órbita terrestre baja.
  • Interceptores, incluida la posibilidad de interceptores basados en el espacio.
  • Radares y sensores terrestres.
  • Redes de mando y control asistidas por inteligencia artificial para unificar datos y dirigir la respuesta.

El Pentágono maneja actualmente una estimación de 185.000 millones de dólares, con una primera capacidad prevista para 2028. Pero la Oficina de Presupuesto del Congreso estimó que el desarrollo, despliegue y operación durante 20 años podría alcanzar hasta 1,2 billones$.

De salir adelante, sería su primera participación conocida en programas de defensa de EEUU, ocho años después de la polémica interna generada por Project Maven. En 2018, el programa de inteligencia artificial (IA) del Pentágono —creado en 2017 para aplicar machine learning al análisis de imágenes y vídeos militares— se convirtió en un escándalo público por la participación de Google.

El proyecto, oficialmente llamado Algorithmic Warfare Cross Functional Team, buscaba procesar automáticamente grandes volúmenes de vídeo de drones: detectar vehículos, personas y objetos de interés, y apoyar el análisis de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. Google insistió en que su parte era de apoyo, no ofensiva, y que las imágenes eran marcadas para revisión humana.

En marzo de 2018, reportajes de Gizmodo revelaron el contrato entre Google y el Departamento de Defensa, valorado inicialmente en unos 15 millones$ y con posibilidad de crecer hasta 250 millones. La reacción interna fue masiva: más de 4.000 empleados de Google firmaron una carta a Sundar Pichai pidiendo terminar la participación de Google. Y algunos trabajadores renunciaron en protesta.

Los críticos temían que la tecnología pudiera mejorar la eficacia de ataques con drones, aunque Google aseguraba que no se usaría para activar armas ni pilotar drones. A principios de junio de 2018, Google anunció que no renovaría el contrato de Project Maven cuando expirara. Poco después publicó sus principios de IA, comprometiéndose a no desarrollarla para armas ni para vigilancia que violara normas internacionales o derechos humanos.

El Pentágono continuó el programa con otros contratistas; Palantir asumió posteriormente el trabajo que había realizado Google.

Project Maven marcó un punto de inflexión en el debate sobre la ética de la IA: demostró que la presión interna de trabajadores tecnológicos podía influir en decisiones corporativas sobre contratos militares, y anticipó el conflicto entre las ambiciones de las grandes tecnológicas en defensa y las preocupaciones por el uso de IA en guerra.

En medio del pulso geopolítico entre EEUU y China, Meta ha fabricado con la startup de Shanghái (China) Fourier un prototipo de robot humanoide de 48 kilos llamado Max, creado en apenas tres meses. Max mide 1,5 metros, piensa con un chip Jetson Thor de Nvidia y tiene manos de cinco dedos. La versión 2, en marcha desde septiembre, mejora las manos, incorpora un proyector y sensores para subir escaleras. Meta no quiere vender robots. Quiere que su agente de IA Muse sea el cerebro de éstos. El cuerpo del robot lo pone China.  Nvidia gana se fabrique donde se fabrique. Tesla y su Optimus se topan con un competidor que tiene mucha caja. El riesgo para Meta es político: que Washington vete al socio chino.

La FDA aprueba Voceryq, de Inovio, la primera medicina de ADN con luz verde en EE.UU. Trata la papilomatosis respiratoria, una enfermedad rara de garganta causada por el virus del papiloma. En el ensayo, el 27% de los 32 pacientes no volvió al quirófano en un año. La acción se triplica en Bolsa pese a que el lanzamiento completo no llegará hasta el primer trimestre de 2027.

Fitch prepara una rebaja de Francia

Fitch mantiene la nota de Francia en A+, pero pasa su perspectiva a negativa, lo que siempre es lo que precede a una rebaja de la calificación (la nueva revisión será en febrero de 2027). Vaticina que la deuda pública suba del 115,7% del PIB en 2025 al 124% en 2028, con la economía cayendo un 0,1 por ciento en el tercer trimestre. El bono francés a 10 años ya paga más del 5% para captar inversores por ciento. Nueva revisión en febrero.

Mientras, el coste laboral en EEUU sube un 0,8% en el tercer trimestre y los salarios solo un 0,7%, desde el 0,9% del trimestre anterior. En doce meses la nómina crece un 3,1%, pero descontada la inflación el trabajador pierde un 0,6%. Esto indica que la presión sobre los precios no es del empleo, sino de la energía. La Fed tomará buena nota del dato.

El PMI manufacturero oficial de China, que mide el pulso de sus fábricas, cae a 49,3 en octubre desde 50,1. Por debajo de 50 es contracción, y el consenso esperaba 50 justos. Tercera caída en cuatro meses, con los pedidos de exportación en 48,7. Solo aguantan trenes, barcos, aeroespacial y electrónica, por encima de 53. 

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