21Apr

El empleo se mantiene en las empresas española de energía y de logística a corto plazo, pero empeora a dos años vista.

Miguel Ángel Valero

La subida constante del precio de los carburantes derivada del conflicto en Oriente Medio está acelerando cambios en el comportamiento de los consumidores, que buscan alternativas más eficientes y sostenibles en términos de gasto. Ante este panorama, el interés por los vehículos de ocasión eléctricos ha experimentado un fuerte repunte, disparándose un 73% en comparación con marzo de 2025 y un 26,2% respecto al mes anterior, lo que evidencia una creciente inclinación hacia opciones de movilidad menos dependientes de los combustibles fósiles.

El coste de la combustión puede ser una palanca para la adquisición del vehículo electrificado. Si la guerra de Irán se prolonga en el tiempo, la subida del precio del petróleo podría impulsar un cambio de tendencia, siempre que la estrategia de electrificación se complete con el plan nacional de renovación contemplado en la Ley de Movilidad Sostenible, con el objetivo de que todas las familias puedan acceder a vehículos más eficientes en términos de consumo.

En este escenario, el precio medio de oferta del coche eléctrico de ocasión en España sigue bajando de manera constante. Así se deduce del primer informe trimestral de 2026 Electricar VO, elaborado por coches.net y la patronal de vendedores de vehículos Ganvam. Comprar un coche de ocasión eléctrico cuesta de media 30.588€, un -1,74% que en el mismo primer trimestre de 2025, cuando el precio ya había descendido un 7,78% interanual.

En el primer trimestre de 2024, los españoles teníamos que desembolsar de media 33.755€ para comprar un vehículo eléctrico de ocasión. Sólo dos años más tarde, son necesarios 3.160€ menos. La horquilla entre estos vehículos movidos por baterías y los propulsados por combustión se reduce un poco más cada año que pasa.

El precio en el primer trimestre de 2026 se aleja todavía más de la cifra récord, que se produjo en noviembre de 2022 cuando de el eléctrico de segunda mano alcanzó una media de 37.228€. En poco más de tres años, se ha producido un descenso de más de 6.500€.

Las ventas de automóviles eléctricos de ocasión crecieron en el acumulado del primer trimestre de 2026 un 48,8% respecto al mismo trimestre de 2025. Las ventas de los seminuevos aumenta un 103% y se sitúa como la franja que más se ha vendido en este trimestre. En todas las demás franjas también se ha registrado un notable crecimiento, con subidas a doble dígito en todas ellas. Las ventas de vehículos eléctricos de ocasión entre 3 y 5 años aumentaron un 48,9% respecto al mismo periodo de 2025. Entre 5 y 8 años lo hicieron un 38%, entre 8y 10 años, un 59% y entre 10 y 15 años, un 40,7%.

El Tesla Model 3 sigue en lo más alto de la tabla entre los vehículos eléctricos de ocasión más vendidos en España: 647 unidades  (+17,9%). La segunda posición es para el FIAT 500: 311 unidades(+8,7%). Y la tercera, para Renault Zoe, con 311 unidades (+15,6%). Destaca la subida del 586,4% del Polestar 2, hasta las 274 unidades vendidas. Y la irrupción en la lista del BMW iX1, con 185 unidades vendidas y un crecimiento también de tres dígitos (+184,6%).

Impacto en el empleo de energía y logística

La escalada de tensión en Oriente Medio ha vuelto a situar la energía y la logística internacional en el centro de la incertidumbre económica global, aunque se alivia un poco por el anuncio del mantenimiento del alto el fuego hasta que Irán presente una propuesta, realizado por Donald Trump horas antes de que venciera éste. 

En este contexto, surge una pregunta relevante para el mercado laboral: cómo y hasta qué punto esta incertidumbre empieza a trasladarse a las decisiones de contratación de las empresas. La plataforma de empleo InfoJobs, destaca que la logística y el transporte emplean a casi 850.000 personas, superando los niveles de empleo previos a la pandemia, impulsado por el crecimiento del comercio electrónico, la digitalización y la transformación de las cadenas de suministro. Su peso económico —en torno al 7% del PIB español— refuerza su carácter estructural y su alta dependencia de la estabilidad de los flujos comerciales y energéticos. Los datos del informe Estado del Mercado Laboral en España 2025 muestran que compras, logística y almacén fue la segunda categoría con más vacantes el año pasado; en lo que llevamos de 2026, ha superado ya las 67.300 en InfoJobs, con un crecimiento del 18%, lo que evidencia su fortaleza incluso en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica.

Sin embargo, dentro del propio sector logístico conviven dos dinámicas diferentes en la contratación. Por un lado, los perfiles operativos —como mozo de almacén o responsable de pedidos— mantienen una alta estacionalidad y un mayor peso de contratos temporales o fijos discontinuos, vinculados a picos de consumo. Por otro, los perfiles más cualificados —como analista de logística— presentan mayor estabilidad, con un 90% de vacantes con contrato indefinido, salarios medios superiores a los 37.000 euros y un alto peso de estudios universitarios (71%).

En paralelo, la energía se mantiene como uno de los sectores más expuestos a la volatilidad internacional, con un impacto que trasciende al propio sector y se traslada al conjunto de la economía a través de los costes de producción, el transporte y las decisiones empresariales de inversión y contratación. Dentro de este ámbito, la transición energética continúa impulsando la demanda de perfiles cada vez más especializados y resilientes. En 2025, la subcategoría de energías renovables registró casi 6.500 puestos ofertados en InfoJobs y, en el acumulado de 2026, ya supera las 1.400 vacantes.

Entre los perfiles más demandados destacan los roles tecnológicos vinculados a datos, inteligencia artificial o ciberseguridad, así como profesionales asociados a la transición energética y la sostenibilidad, como ingenieros en energías renovables, sistemas energéticos o medioambientales.

El actual contexto de incertidumbre económica sigue condicionando las decisiones de las empresas, especialmente por la presión sobre los costes operativos en partidas como la energía y el transporte. El 63% de las compañías considera que la situación de empleo se mantendrá en los próximos seis meses. Sin embargo, hay expectativas de aumento en el muy corto  plazo: el 40% planea contratar en seis meses y el 41% en un año. En cambio, al ampliar el horizonte temporal, la percepción de estabilidad pierde peso y crece el porcentaje de las que anticipan un empeoramiento. A un año vista, el 49% espera que el empleo se mantenga y el 34% considera que empeorará, mientras que solo el 17% piensa que mejorará. La tendencia se acentúa en el plazo de dos años, cuando el 43% anticipa un deterioro, por encima de quienes prevén estabilidad (34%) o mejora (23%).

Extensión del alto el fuego para preservar el diálogo

Por otra parte, las reacciones de los mercados a la situación en Oriente Medio indica que los inversores perciben que la paz está hoy más cerca que en cualquier otro momento desde el inicio del conflicto.  Los puntos clave del debate se mantienen inalterados: Washington exige el fin del programa nuclear iraní, que por ahora constituye la principal línea roja de Teherán; por su parte, Irán reclama la eliminación de las sanciones estadounidenses —incluido el actual bloqueo—, compensaciones por los daños derivados de la guerra y, adicionalmente, el control del estrecho de Ormuz

Las tensiones actuales entran dentro de lo previsible y no alteran el escenario de fondo. Ambas partes cuentan con incentivos claros para poner fin al enfrentamiento en el corto plazo. De hecho, el primer paso ha sido la extensión del cese al fuego, con el objetivo de preservar el canal de diálogo abierto.

Gescooperativo: volver a la normalidad llevará tiempo

Un análisis de Gescooperativo insiste en que el principal escollo para la paz está en el uranio enriquecido, pues ni EEUU ni Israel quieren permitir al régimen iraní mantener las existencias actuales (400 kg. de uranio enriquecido al 60%, cuando para construir una bomba atómica se necesita un 90%). A pesar de que vuelven las dudas de la apertura del Estrecho, el sentimiento no es del todo negativo, y se sigue confiando en un acuerdo. 

En cualquier caso, el abastecimiento tardará semanas en recomponerse y los bloqueos intermitentes pueden evitar escenarios críticos. Los últimos buques que habían cruzado el Estrecho ya están llegando a destino. En la zona están bloqueados desde el inicio del bloqueo, unos 22.000 buques, según la OMI (Organización Marítima Internacional) y evacuar los buques de la zonales llevará un par de semanas desde una reapertura total.

La AIE (Agencia Internacional de la Energía) calcula que la mitad de los yacimientos cerrados en los países productores del golfo Pérsico podrían funcionar a pleno rendimiento en 2 semanas y sería probable alcanzar el 80% en el transcurso de otro mes. La recuperación del 20% restante llevaría en cambio más tiempo. La AIE ya acordó en marzo la mayor liberación de reservas de petróleo de su historia, por 400 millones de barriles. La liberación de dichas reservas comenzó en la última semana de marzo y se espera que continúe durante abril, y si bien no ha contribuido apenas a suavizar el precio del crudo en las últimas semanas, ofrece un valioso colchón frente a los problemas de suministro.

Por otra parte, la baja popularidad de Trump (inferior al 40%) y el riesgo de perder el control de las cámaras en las elecciones de medio mandato de noviembre refuerzan su incentivo para cerrar un acuerdo cuanto antes y limitar el coste político del conflicto.

Tras seis semanas convulsas, varias Bolsas han borrado las pérdidas que habían acumulado desde final de febrero, recuperando los niveles previos al conflicto, apoyadas en los avances diplomáticos, la reapertura puntual del Estrecho de Ormuz y la fortaleza de Wall Street tras la publicación de los primeros resultados del primer trimestre del ejercicio (S&P 500 en máximos históricos y Nasdaq encadenando 13 sesiones al alza). 

Por su parte, el mercado de deuda celebró la reapertura del estrecho y el posible fin del conflicto con fuertes compras de bonos soberanos. Las TIR europeas registraron su mayor caída desde el 28 de febrero (–10 pb en Alemania, –12 pb en España y –30 pb en Italia). El mercado vuelve a especular con alguna bajada de la Fed en el año, al tiempo que espera dos subidas de tipos por parte del BCE.

"Mirando más allá del conflicto: una vez finalice (o incluso antes), el foco volverá a los fundamentales y a la campaña de resultados, cuyo arranque está siendo positivo. En EEUU se espera un crecimiento del beneficio por acción del 14% (87,5% de sorpresas positivas en el S&P 500), frente a un+2,8% estimado en Europa", concluyen en Gescooperativo.

Natixis: visión más optimista del mercado

El equipo de Asia-Pacífico de Natixis CIB, dirigido por Alicia García Herrero, ha elaborado el informe ‘Las negociaciones entre EE. UU. e Irán: un ciclo de giros inesperados’, resalta que el sector petrolero ha atravesado una volatilidad enorme: el Brent cayó hasta un mínimo de 86$ por barril después de que Irán reabriera por completo el estrecho el viernes pasado, aunque repuntó rápidamente hasta acercarse de nuevo a los 96$ por barril tras el cierre repentino durante el fin de semana. 

Pero los diferenciales de CDS (cobertura del riesgo de impago) de los países del Consejo de Cooperación del Golfo han bajado de forma significativa desde el inicio de la guerra, lo que refleja una visión más optimista del mercado sobre una eventual resolución de la crisis, mientras que el mercado de Dubái repuntó y subió en torno a un 8% entre el 1 y el 17 de abril. Sin embargo, este lunes reaccionaron en negativo al nuevo cierre del estrecho, con una caída de alrededor del 2% en la Bolsa de Dubái.

Fidelity insiste en una resolución desordenada

Salman Ahmed, responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International, insiste en que "seguimos considerando que sigue existiendo un camino abierto hacia una resolución, pero desordenada. Pero hasta que lleguemos a ese punto, es probable que el ruido y la volatilidad continúen siendo elevados". 

Nadie está señalizando una ruptura del alto el fuego, al menos por ahora. EEUU está destacando el asunto nuclear como principal escollo, pero a partir de informaciones más amplias y filtraciones, queda claro que el Estrecho de Ormuz y el Líbano también forman parte de la ecuación negociadora. ¿Hacia dónde vamos, entonces? La variable clave a vigilar es Ormuz. Irán ha aceptado mantenerlo abierto durante el periodo de alto el fuego, pero después dio marcha atrás tras el resurgir de la cuestión del Líbano. Cualquier acción “óptica” por parte de EE. UU. en ese ámbito, especialmente si no desencadena una respuesta iraní, será un barómetro importante para calibrar la situación. Siguen abiertos canales discretos a través de Pakistán, dado el elevado grado de confianza del que goza el país por parte de ambos actores. La reacción iraní parece haber sido firme, pero respetuosa. 

"Es posible que ahora estemos entrando en otra fase de escalada híbrida: amenazas junto con una apertura continuada al diálogo", añade. "Tanto el reloj iraní como el estadounidense parecen haberse quedado sin tiempo. Pero el reloj israelí es distinto, y esa divergencia será relevante. Seguimos inclinándonos por una resolución desordenada, pero el riesgo de errores de cálculo que conduzcan a resultados materialmente peores ha aumentado claramente", advierte este experto. 

El mercado del petróleo será también una variable clave, tanto como señal como fuente de presión para algún tipo de resolución, especialmente a medida que la posición de China adquiera mayor peso.

20Apr

Parece que el fin del enfrentamiento se encuentra cada vez más cerca, aunque el camino hasta llegar a él resulte complejo y esté marcado por falsos comienzos, porque las dos partes tienen mucho que perder y muy poco que ganar si la guerra se reavivara.

Miguel Ángel Valero

El enfrentamiento en Irán se adentra ya en su octava semana, con el estrecho de Ormuz aún cerrado –si bien permaneció abierto durante algunas horas el pasado fin de semana, antes de la reanudación de las hostilidades– aunque con ambas partes evidenciando una mayor disposición para alcanzar un acuerdo.

A lo largo de la semana, el foco político estuvo marcado por una desescalada gradual del conflicto en Oriente Medio, con avances irregulares pero sostenidos en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, respaldados por treguas parciales como la alcanzada entre Israel y Líbano. Washington reforzó el control sobre el tránsito marítimo, desplazando parte de la tensión hacia China y los países del sudeste asiático. En paralelo, el conflicto fue perdiendo relevancia en los mercados a medida que se consolidaba la percepción de un posible acuerdo.

La semana concluyó inicialmente en un clima de celebración tras el anuncio de la reapertura del estrecho de Ormuz. Sin embargo, la euforia fue efímera: numerosos buques que se dirigían a cruzarlo optaron por darse la vuelta ante el temor de que el paso libre no estuviera plenamente garantizado. Estos recelos se confirmaron el domingo, cuando se produjeron ataques preventivos por parte de Irán contra un barco que intentaba atravesar el estrecho. Como consecuencia, el bloqueo estadounidense se mantiene, con un buque iraní retenido, mientras Teherán reiteraba que algunos de los puntos planteados en la negociación —como la paralización de su programa nuclear— resultan inaceptables.

A las puertas de un acuerdo –quebrantado durante el fin de semana– , queda por ver qué pasará con el ultimátum cuyo vencimiento estaba inicialmente previsto para mañana. Y con las conversaciones entre ambos bandos en Islamabad (Pakistán), con la delegación estadounidense dispuesta a retomar el diálogo, aunque sin confirmación oficial de la participación iraní. 

Parece que el fin del enfrentamiento se encuentra cada vez más cerca, aunque el camino hasta llegar a él resulte complejo y esté marcado por falsos comienzos. Las dos partes tienen mucho que perder y muy poco que ganar si la guerra se reavivara. 

Norz Patrimonia: el mercado ya descuenta un acuerdo

Los mercados financieros continúan mostrando una notable fortaleza en el arranque del segundo trimestre del año, encadenando cerca de dos semanas consecutivas de avances, en un contexto dominado por la incertidumbre geopolítica y la evolución de las negociaciones internacionales en torno a Irán. Según explica Jordi Martret, director de inversiones de Norz Patrimonia, el mercado ha entrado en una dinámica claramente optimista en el corto plazo, aunque sustentada en factores de elevada volatilidad estructural. “Llevamos prácticamente 14 días consecutivos de mercado positivo”, señala el experto.

Uno de los focos centrales continúa siendo la evolución del conflicto entre EEUU e Irán, especialmente en relación con las negociaciones sobre el programa nuclear iraní. Martret subraya que las conversaciones siguen abiertas, aunque con avances irregulares: “Parece que uno de los puntos conflictivos es que Irán deje de enriquecer uranio durante un periodo de tiempo, y ése es el principal punto de fricción”.

El analista destaca además que la situación está entrando en una fase de aceleración política y económica, donde todas las partes implicadas comienzan a mostrar signos de urgencia: “El mercado ya descuenta un acuerdo, pero lo cierto es que todo el mundo tiene prisa: la administración estadounidense, Europa por el riesgo de abastecimiento energético, e incluso el propio régimen iraní”.

En este sentido, Martret advierte del impacto potencial sobre el mercado energético europeo si la situación se prolonga: “Podríamos estar a unas pocas semanas de ver restricciones en combustibles en Europa, especialmente si se complica el acceso al estrecho de Ormuz”. En paralelo, el experto apunta a una divergencia creciente entre economías. Mientras Europa comienza a notar el impacto inflacionario derivado de la tensión energética, con el IPC situándose en el 2,6%, EEUU muestra una mayor resiliencia macroeconómica: “La actividad industrial en EEUU sorprende por su fortaleza, y parece que es la economía más beneficiada en este entorno global”.

En este entorno, el inicio de la temporada de resultados está ofreciendo, según el directivo, un tono generalmente positivo, especialmente en sectores clave como la tecnología: “Compañías como ASML o Taiwan Semiconductor han presentado resultados muy sólidos. En líneas generales, las cuentas empresariales están siendo buenas, y eso sigue siendo el motor del mercado”. “Más allá del ruido macro, lo realmente relevante será escuchar qué dicen los CEO y los directores financieros sobre cómo les está afectando el conflicto en Irán y cómo integran la inteligencia artificial en sus estrategias”, concluye Martret.

Franklin Templeton: no reaccionar en exceso a la volatilidad en ninguna dirección

Stephen Dover, director del Franklin Templeton Institute, destaca que, desde el punto de vista de la inversión, la noticia de la apertura del estrecho de Ormuz refuerza el fuerte giro de mercado tras los retrocesos de marzo. Inicialmente, el punto más bajo se alcanzó en un momento de “máximo miedo”, cuando la volatilidad implícita de la renta variable (basada en el índice VIX de volatilidad del mercado de la Bolsa de Opciones de Chicago. CBOE, por sus siglas en inglés) superó el 30% a finales de marzo. Una volatilidad elevada es una señal fiable del suelo de mercado. Posteriormente, se produjo un impulso alcista adicional a medida que las partes en conflicto iniciaron el diálogo y la negociación, culminando en el importante avance de hoy que permite el tránsito comercial por el estrecho de Ormuz.

A partir de aquí, los inversores deben vigilar de cerca los flujos de transporte marítimo. En la medida en que los petroleros y otros buques comerciales estén atravesando el estrecho, consideramos que los movimientos del mercado de hoy probablemente quedarán validados. Pero el progreso duradero requiere negociaciones exitosas, que pasarán ahora a ser el foco de los mercados.

¿Cómo deberían posicionarse ahora los inversores? "No deben reaccionar en exceso a la volatilidad en ninguna dirección. Los objetivos a largo plazo, condicionados por las rentabilidades esperadas, deben seguir siendo la base de la estrategia de inversión", insiste Dover. "Y a medida que las condiciones de mercado se normalizan, es importante repasar nuestra visión sobre rentabilidad y oportunidades:

  • Respaldados por sólidos beneficios empresariales (algo que ya era evidente al inicio de la temporada de resultados del primer trimestre de 2026), seguimos firmemente a favor de una ampliación de los retornos en renta variable. El liderazgo en las últimas semanas de recuperación del mercado ha estado en las grandes compañías de crecimiento estadounidenses, pero creemos que las empresas de pequeña capitalización, la energía, las infraestructuras, Japón y los mercados emergentes también están bien posicionados para obtener buenos resultados.
  • Dentro de la renta fija, seguimos siendo prudentes con la duración: en nuestro análisis, la parte larga de las curvas de tipos no ofrece una rentabilidad adicional suficientemente atractiva como para compensar a los inversores por la volatilidad de precios. La deuda con grado de inversión y high yield no se ha depreciado lo suficiente durante la reciente turbulencia como para justificar compras oportunistas, pero consideramos que los cupones actuales son atractivos y que el crédito debe seguir siendo una posición central. Nuestra área preferida dentro de la renta fija es la deuda de mercados emergentes (especialmente en Brasil), donde lo que consideramos rendimientos reales y nominales atractivos ofrece oportunidades de mayor rentabilidad.
  • En los mercados de divisas, el dólar estadounidense ha retrocedido a medida que se han disipado los peores temores del conflicto con Irán. Seguimos pensando que nos encontramos en un entorno de dólar generalmente débil (que comenzó el año pasado). Aunque el dólar puede no depreciarse mucho más, creemos que un dólar estable o algo más débil es favorable para la deuda en moneda local de mercados emergentes y para diversas áreas de la renta variable emergente, lo que respalda nuestra tesis de ampliación de retornos.

Swisscanto: el incremento de opciones de compra indica euforia

Las negociaciones entre Irán y EEUU, a las puertas del vencimiento del alto el fuego, siguen marcadas por nuevas provocaciones. Aunque un acuerdo responde al interés de ambas partes, el estrecho de Ormuz continúa utilizándose como elemento de presión en el proceso negociador. Sin embargo, se ha alcanzado un alto el fuego entre Israel y el Líbano, lo que apunta a que el escenario central —una desescalada de las tensiones— comienza a materializarse, aunque con cierto retraso respecto a lo previsto, opina Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos de Swisscanto. 

En los mercados financieros, los principales índices bursátiles se sitúan ya en nuevos máximos históricos, mientras que los diferenciales de crédito han registrado una notable compresión. El Nasdaq encadena 13 sesiones consecutivas al alza desde los mínimos de finales de marzo. La temporada de resultados del primer trimestre ha arrancado con cifras sólidas por parte de la banca estadounidense, si bien la reacción en precio ha sido negativa en términos relativos al mercado. Un comportamiento similar se ha observado en compañías líderes en inteligencia artificial como ASML y TSMC.

Una vez más, se pone de manifiesto que los mercados geopolíticos tienen poca capacidad de resistencia. "Nuestra compra de acciones a finales de marzo fue muy oportuna, aunque la velocidad de la recuperación ha sido sorprendentemente alta. Los temores inflacionistas, al menos en EEUU., han vuelto a remitir, y los inversores esperan de nuevo nuevos recortes de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal estadounidense", explica.

Dado que las expectativas de beneficios se han elevado de nuevo (+17% en 2026 para el MSCI World), los mercados bursátiles son hoy aún más baratos a pesar de los máximos históricos (ratio PER de 19 frente al 20,5 anterior). Tras el fuerte repunte con elevados volúmenes de compra, las acciones se encuentran ahora técnicamente sobrecompradas (RSI > 70). El aumento significativo de los volúmenes de opciones de compra también indica euforia. En consecuencia, creemos que el mercado se ha vuelto más vulnerable a posibles noticias negativas. "Por ello, el viernes por la tarde redujimos ligeramente nuestra sobre ponderación en renta variable en relación con la ratio de liquidez", apunta.


"Nuestras carteras han registrado un rendimiento muy positivo en abril, compensando con creces los resultados de marzo. Nuestra sobre ponderación regional en mercados emergentes, junto con nuestro enfoque en los sectores de materiales básicos y tecnología, han dado sus frutos de manera significativa. La selección de valores, especialmente en el sector de la electrificación, resultó rentable en abril. Nuestra sobre ponderación en oro también ha contribuido positivamente a la rentabilidad. Sin embargo, nuestras posiciones en el yen y en bonos a largo plazo aún no han dado sus frutos. Desde principios de año, la mayoría de las carteras han vuelto a terreno positivo, tanto en términos absolutos como relativos", concluye.

Ebury

Las Bolsas estadounidenses han alcanzado nuevos máximos históricos, mientras que la mayoría de los principales índices mundiales se sitúan muy cerca de sus cotas más altas. El dólar ha retrocedido y cotiza ahora próximo a los niveles previos al conflicto. Los mensajes contradictorios del os dirigentes iraníes sugieren que las esperanzas iniciales podrían haber sido prematuras y ponen de manifiesto una aparente falta de jerarquía en Teherán. Esto implica que los movimientos observados en los mercados recientemente podrían revertirse parcialmente en los próximos días de negociación. Aun así, los mercados parecen descontar que ni EEUU ni Irán tienen verdadero interés en reanudar las hostilidades, incluso si el actual alto el fuego expira el miércoles, destaca el Análisis del Mercado de Divisas de Ebury.

En el calendario económico de esta semana destacan las encuestas PMI de actividad empresarial de abril, que se publicarán el jueves 23 de abril en las principales economías. Al tratarse de los indicadores más actualizados sobre la andanza de las economías, su relevancia este mes es mayor de la habitual, ya que los inversores están buscando señales sobre el impacto real de la guerra en la economía global. En el Reino Unido, los datos de empleo e inflación también cobrarán especial importancia para la libra esterlina.

Pese a ello, los mercados continúan dominados por las noticias geopolíticas. El alto el fuego expira el miércoles y aparentemente persisten las divisiones en la cadena de mando iraní, con mensajes contradictorios sobre la reapertura del estrecho de Ormuz. Este factor sigue siendo clave para los precios de la energía: el crudo Brent se sitúa nuevamente cerca de los 95 dólares por barril.

  • EUR: El euro se fortaleció la semana pasada gracias al descenso de los precios energéticos, especialmente del gas natural TTF, que está cotizando en torno a un 50 % por debajo del máximo de marzo. Consideramos que el nivel actual del euro refleja un equilibrio razonable entre la presión estructural bajista sobre el dólar —impulsada por el proceso de desdolarización— y el riesgo de que los mercados estén sobreestimando las próximas subidas de tipos del BCE en respuesta al repunte energético. Es probable que este repunte no genere efectos de segunda ronda si el conflicto se resuelve pronto.
  • USD: El dólar cedió terreno la semana pasada tras el anuncio sobre la reapertura del estrecho de Ormuz y una serie de datos macroeconómicos de segundo orden que mostraron cierta debilidad. No obstante, las noticias más pesimistas del fin de semana le han proporcionado un respiro a corto plazo. En el momento de redactar este informe, las autoridades iraníes aún no se han comprometido a una segunda ronda de negociaciones, tras el ataque y la incautación de un buque iraní por parte de EE.UU. Los principales obstáculos siguen siendo el programa nuclear iraní, los ataques contra Líbano y el bloqueo estadounidense. Esta interrupción del proceso de distensión podría ofrecer soporte temporal al dólar, aunque mantenemos una visión pesimista a medio plazo.
  • GBP: El riesgo político interno se ha convertido en el tercer factor clave para la libra, junto con las noticias geopolíticas y los datos macroeconómicos. Estos últimos han apoyado a la divisa británica tras un PIB mensual de febrero muy superior a lo esperado. Sin embargo, el caso Mandelson y su impacto en el liderazgo de Starmer podrían intensificar las preocupaciones de cara a las elecciones de mayo y a un posible giro a la izquierda, que conllevaría un aumento del gasto público. Por el momento, las noticias positivas sobre Irán han impulsado la libra, que cerró la semana por encima de los niveles previos al conflicto tanto frente al euro como al dólar. Además de las oscilaciones en la confianza global, seguiremos de cerca los datos de esta semana: el informe de empleo que se publicará el martes, el de la inflación de marzo el miércoles y los PMI preliminares el jueves.
19Apr

La década y media de Viktor Orbán en el poder es, en cierta medida, el reflejo de una Europa que no termina de decidir hasta qué punto quiere avanzar como bloque o preservar la soberanía nacional.

Miguel Ángel Valero

Hungría ha votado cambio. Y no un cambio cualquiera, sino uno que pone fin a más de una década y media de poder prácticamente ininterrumpido de Viktor Orbán. La victoria de Péter Magyar no solo supone un relevo político interno, sino algo más relevante: altera el equilibrio dentro de la Unión Europea en un momento especialmente delicado.

Durante años, Orbán ha sido una figura incómoda en Bruselas. No por estar fuera del sistema, sino por saber jugar desde dentro. Ha sido capaz de mantener a Hungría en la Unión Europea, beneficiarse de sus fondos y participar en sus decisiones, mientras tensaba constantemente la cuerda. Bloqueaba ayudas a Ucrania, ralentizaba sanciones a Rusia y utilizaba su poder de veto como herramienta de negociación. Su “no” nunca era definitivo. Era una palanca.

Ese juego a varias bandas le dio una influencia muy superior al peso real de Hungría en la Unión. Su cercanía con Vladimir Putin y su afinidad con Donald Trump le permitían moverse en un equilibrio incómodo, pero eficaz.

La victoria de Magyar cambia ese escenario. Bruselas respira aliviada porque desaparece uno de los principales focos de bloqueo interno y se abre la puerta a avanzar con mayor fluidez en cuestiones clave.

Pero reducir lo ocurrido a una simple “normalización” sería quedarse corto. Lo que hemos visto es también el desgaste de un modelo político basado en tensar sin romper y en no alinearse del todo con ningún bloque. Un modelo que empieza a mostrar límites en un mundo más polarizado.

La guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania, las tensiones geopolíticas y la creciente fragmentación global han reducido el espacio para ese tipo de equilibrios. Cada vez es más difícil estar en todos los sitios a la vez sin pagar un precio político. Y eso es, en el fondo, lo que ha votado Hungría: posicionamiento.

Ahora bien, eso no significa que el problema desaparezca. Orbán pierde el Gobierno, pero no desaparece. Su base electoral y su forma de entender el poder siguen presentes. Hungría continúa siendo un país dividido, y eso introduce un matiz clave: cambia el liderazgo, pero no necesariamente el fondo.

Europa gana estabilidad a corto plazo, sí. Pero las tensiones que representaba Orbán no eran solo personales. Eran estructurales. Durante años se le ha visto como una anomalía, pero quizá era más bien un síntoma: el reflejo de una Europa que no termina de decidir hasta qué punto quiere avanzar como bloque o preservar la soberanía nacional. La derrota de Orbán no cierra ese debate. En un mundo más fragmentado, esas tensiones no desaparecen… cambian de forma.

"Europa respira hoy más tranquila, pero haría mal en pensar que ha resuelto el problema. Orbán no era solo un líder incómodo. Era la manifestación de algo mucho más profundo. Y ahora la responsabilidad cambia de lado. Ya no hay excusas. Europa tiene que decidir qué quiere ser. Si quiere recuperar peso global, tendrá que avanzar en autonomía estratégica, reducir su dependencia en seguridad de Estados Unidos y construir nuevas alianzas. El cambio en Hungría no cierra una etapa. La abre. Y obliga a Europa a definir, de una vez por todas, su proyecto para los próximos años", subraya el analista Pablo Gil en The Trader.

Robeco: el BCE tiene un problema complejo de política monetaria

Por otra parte, un análisis de Robeco determina que el Banco Central Europeo (BCE) afronta el actual shock energético (provocado por los ataques de Israel y de EEUU a Irán y la extensión del conflicto a Oriente Medio) desde una posición de relativa fortaleza. La inflación está cerca del objetivo, los tipos oficiales se sitúan en torno al nivel neutral y el mercado laboral está más frío que durante el episodio de 2022. Esto se ha reflejado en una moderación gradual de las demandas salariales antes del repunte de los precios de la energía. 

Por ahora, las expectativas de inflación se mantienen relativamente bien ancladas. Las medidas basadas en mercado han reaccionado solo de forma moderada, mientras que las expectativas de precios de venta en la industria manufacturera —aunque al alza— siguen muy por debajo de los niveles de 2022. "Creemos que esto sugiere que, desde la óptica de la inflación, la zona euro está mejor preparada para absorber un shock energético que en el ciclo anterior", explican los expertos de Robeco.

Desde la perspectiva del crecimiento, el shock actual llega en una fase más delicada del ciclo. El impulso de la demanda de los consumidores tras la pandemia se ha desvanecido, y los primeros datos apuntaban a un dinamismo económico modesto antes de que comenzara la guerra en Oriente Medio. Unos precios de la energía más altos pueden recortar de forma significativa la renta disponible, especialmente en los hogares de renta baja y media. Por ahora, las expectativas de inflación se mantienen relativamente bien ancladas.

Un análisis de shocks previos de precios energéticos, publicado por economistas del BCE, sugiere que un incremento del 10% en éstos puede reducir el gasto en bienes esenciales de estos hogares en aproximadamente 0,4 puntos. La confianza empresarial probablemente tampoco es inmune a los shocks energéticos. La experiencia pasada sugiere un impacto negativo sobre la inversión fija empresarial de alrededor de 1,5 puntos, repartido a lo largo de un periodo de dos años.

El impulso al crecimiento derivado de un mayor gasto fiscal adicional para apoyar la defensa europea y la infraestructura alemana parece, por tanto, llegar en un buen momento. Debería, al menos, ayudar a evitar un escenario en el que el crecimiento caiga por debajo del 0,5%, mientras que la expectativa de crecimiento del consenso para 2026 era del 1,2% a comienzos de año.

Los precios de la energía siguen siendo la principal fuente de incertidumbre, con el Brent para diciembre actualmente rondando los 85 dólares por barril. Un periodo prolongado en estos niveles corre el riesgo de trasladarse a las expectativas de inflación y al comportamiento de fijación de precios de las empresas, especialmente en un contexto en el que el BCE continúa vigilando la dinámica salarial y las presiones del lado de la oferta.

"Aunque el impulso inflacionista es menos agudo que en 2022, la combinación de precios de la energía elevados y un crecimiento más débil crea un dilema de política monetaria más complejo", avisa el análisis de Robeco.

17Apr

La tensión geopolítica salta hacia un paso marítimo por el que transita el 40% del comercio mundial y la mayor parte del crudo que Oriente Medio vende a China, Japón y Corea del Sur.

Miguel Ángel Valero

El cese al fuego entre Israel y Líbano supone un paso adicional en la búsqueda de una solución al conflicto. Tras el inicio de las negociaciones con Irán, uno de los principales factores que complicaban el diálogo era, precisamente, el frente libanés que Israel mantenía abierto. En paralelo, diversos líderes de los países del Golfo y de la Unión Europea advertían de que las conversaciones para alcanzar un acuerdo definitivo podrían prolongarse hasta seis meses. 

Mientras tanto, las presiones políticas internas en EEUU siguen intensificándose. El presidente Donald Trump se encuentra de gira por Nevada y Arizona con el objetivo de reforzar la campaña de cara a las elecciones legislativas de medio mandato en dos Estados clave en la victoria de 2024.

De este modo, el mundo afronta la séptima semana de guerra en Oriente Medio con el estrecho de Ormuz aún bloqueado, pero con un factor adicional que pesa cada vez más en el ánimo de Trump, que está una semana más cerca de las temidas elecciones legislativas de medio término. 

El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abás Araghchi, asegura que Teherán garantiza la plena apertura del estrecho de Ormuz durante la tregua con Israel, aunque EEUU prolongará el bloqueo a los barcos iraníes hasta que se cierre el acuerdo de paz. Las Bolsas han reaccionado al anuncio disparándose y el petróleo profundiza sus caídas y se hunde un 10%. Por su parte, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, asegura que el ejército “mantiene y seguirá manteniendo todos los territorios que ha ocupado” y que seguirá “eliminando la infraestructura terrorista, incluyendo la destrucción de viviendas”.

Las negociaciones están en marcha con un objetivo claro: poner fin lo antes posible a un conflicto cada vez más desgastante.

El cierre de Ormuz ha trasladado la tensión geopolítica hacia el estrecho de Malacca, un paso marítimo de apenas 2,7 kilómetros en su punto más estrecho por el que transita cerca del 40% del comercio mundial y la mayor parte del crudo que Oriente Medio envía a Asia (sobre todo a China, Japón, y Corea del Sur. Washington ha ordenado a su Armada interceptar buques vinculados a pagos a Irán, lo que ha puesto bajo escrutinio esta vía clave, utilizada además por la llamada 'flota oscura' iraní para transferencias de petróleo. El foco se ha desplazado a Indonesia, Malasia y Singapur, con diferencias claras: Singapur defiende el libre tránsito sin concesiones por Ormuz, Malasia apuesta por el diálogo con Teherán, y Yakarta sopesa ampliar la cooperación militar con EEUU, consciente de que por sus aguas pasa cerca del 70% de la energía de Asia oriental.

UBS ve valor en los bonos de corta duración

Por su parte, en UBS destacan que el S&P 500 alcanzó otro máximo histórico y se mantuvo por encima de los 7.000 puntos en medio del optimismo de que puede volverse más clara una vía hacia la resolución de la guerra en Irán. "Estamos posicionados para nuevas ganancias en renta variable en un contexto de sólido crecimiento de beneficios, pero también creemos que la renta fija de calidad desempeña un papel esencial en las carteras. Vemos un valor particular en los bonos de corta duración en el entorno actual, ya que los mercados han descontado un endurecimiento excesivo por parte de los principales bancos centrales", apuntan, al tiempo que señalan que la Reserva Federal sigue en camino hacia una mayor relajación, y que el Banco Central Europeo debería mantenerse sin cambios a pesar de su tono restrictivo. Los bonos de calidad ofrecen una fuente atractiva de diversificación e ingresos, insisten.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, asegura que "el reciente aumento de los rendimientos de los bonos soberanos de referencia en USD, EUR y GBP crea una oportunidad para que los inversores 'fijen' rendimientos atractivos. Nuestra preferencia se centra en bonos de calidad de vencimiento corto a medio para los inversores globales. Mantener cierta exposición a segmentos de mayor beta, como mercados emergentes, high yield o deuda subordinada, también debería ayudar a construir una estrategia de ingresos diversificada".

Investing.com: Netflix entra en una fase más incierta

Thomas Monteiro, analista senior de Investing.com, destaca que este primer trimestre se centró completamente en las previsiones para Netflix. El contexto de partida era inmejorable: el colapso del acuerdo con Warner Bros. Discovery liberó cientos de millones$ en costes de integración evitados, las subidas de precios en EEUU entraron en vigor a finales de marzo, y el negocio publicitario parecía encaminado a duplicarse este año.

"Esa combinación debería haber sido más que suficiente para que Netflix elevara sus objetivos de beneficios para todo el año, y eso era precisamente lo que esperaba el mercado. Sin embargo, lo presentado en cuanto a expectativas aumenta el riesgo de que tanto factores macroeconómicos como estructurales tengan un mayor impacto en el crecimiento de lo previsto anteriormente", advierte.

Por un lado, la empresa se enfrenta a una batalla cuesta arriba debido a la disminución del tiempo de visualización, ya que se espera que YouTube y las aplicaciones de streaming gratuitas sigan ganando cuota en el salón, mientras que las plataformas de formato corto continúan creciendo en dispositivos móviles. Por otro lado, un entorno macroeconómico menos favorable para subir precios, junto con la pérdida de impulso de los tipos de cambio y la estabilización de los tipos de interés a largo plazo, podría dificultar el crecimiento de los ingresos.

"Si estas presiones están reduciendo el beneficio de las subidas de precios y el ahorro de costes antes incluso de reflejarse en los resultados, el escenario optimista empieza a parecer más débil. Más importante aún, esta combinación de factores sugiere que la empresa espera, en general, que los costes generales y los gastos en contenidos aumenten más rápido de lo previsto, con el objetivo de abordar estos retos haciendo lo que mejor sabe hacer: ofrecer el catálogo de contenidos más diverso y amplio del mercado. Esto también probablemente reducirá la capacidad de Netflix para recomprar acciones, ya que los márgenes podrían ser más ajustados de lo esperado en el futuro", argumenta.

Por otro lado, Netflix anunció que su cofundador Reed Hastings dejará su cargo como presidente en junio. Hastings ya desempeñaba un rol no operativo desde que dejó de ser codirector ejecutivo a principios de 2023, por lo que el impacto práctico en el negocio es limitado. Sin embargo, la imagen que transmite es difícil de ignorar: la salida de un fundador en un contexto de previsiones moderadas refuerza la sensación de que la empresa está entrando en una nueva etapa más incierta.

15Apr

España mantiene una posición sólida dentro del mapa global de riesgo país, con una calificación de A2 (riesgo bajo), según el último ‘Coface RiskReview’.

Miguel Ángel Valero

El Banco de España avisa, a través de la  intervención Situación geopolítica y del sector bancario de la subgobernadora, Soledad Núñez, ante la Asociación Española de Banca (AEB), que el shock energético provocado por la guerra en Oriente Medio es "importante en perspectiva histórica", con una evolución de precios comparable con la de otras situaciones graves (guerra de Yom Kippur, revolución iraní, 1ª guerra del Golfo, Irak, invasión rusa de Ucrania), aunque pide no forzar las analogías.

También advierte que los sectores de la economía española más afectados por el conflicto (manufacturas intensivas en energías, transporte, agricultura pesca y ganadería) suponen cerca del 10% del PIB y presentan distintos grados de apalancamiento. Y que el shock de oferta negativo no afecta solo al petróleo y al gas (donde es especialmente severo), sino a fertilizantes y alimentos (un tercio del comercio mundial bloqueado) y a los semiconductores:

  • inflación energética
  • recortes de producción
  • recesión en países importadores
  • aumento de los precios de los alimentos
  • inseguridad alimentaria en los países pobres
  • vulnerabilidades de la cadena de suministro de high-tech
  • riesgo de cierre de fábricas de chips
  • retrasos en la construcción de centros de datos y de IA

La exposición directa de los bancos a Oriente Medio es limitada, "pero los canales indirectos posiblemente serán dominantes", ya que la exposición crediticia a los sectores de la economía española más afectados por el conflicto (manufacturas intensivas en energías, transporte, agricultura pesca y ganadería) es "relativamente elevada en relación a su peso en el PIB", advierte.

Coface: riesgo bajo para España

Por su parte, Coface destaca que, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre geopolítica, tensiones comerciales y riesgos financieros, España mantiene una posición sólida dentro del mapa global de riesgo país, con una calificación de A2 (riesgo bajo), según el último ‘Coface RiskReview’. Esta calificación refleja una economía resiliente, de gran dinamismo (impulsado por la inversión —especialmente ligada a los fondos europeos) y una demanda interna aún robusta, apoyada por la inmigración.

Dentro de Europa, España se sitúa entre las economías avanzadas con menor nivel de riesgo, por delante de países como Alemania, Italia o Francia (todos ellos con calificación A3), al nivel de territorios como Reino Unido o Suecia (A2), y solo por debajo de Suiza (A1). En el plano internacional , el mapa elaborado por la compañía de gestión integral del riesgo comercial muestra cómo España mantiene una posición competitiva frente a otras grandes economías desarrolladas. EEUU, Japón o Australia se sitúan en el mismo nivel de riesgo que la economía española (A2). China está en niveles más altos de riesgo (A3), reflejando un entorno más incierto.

En conjunto, la calificación A2 otorgada a España confirma su posición como una economía de riesgo bajo dentro del contexto internacional, al nivel de las principales economías avanzadas y por delante de otros grandes países europeos. No obstante, el informe subraya que el escenario global seguirá condicionado por factores de incertidumbre —especialmente geopolíticos, financieros y comerciales — que podrían influir en la evolución futura del riesgo país.

Coface también evalúa el nivel de riesgo en 13 sectores de actividad a partir de una combinación de indicadores , como la evolución de las insolvencias empresariales , y distintos factores económicos que pueden afectar al desempeño de cada industria. El sector farmacéutico es el único que presenta un riesgo “bajo ”. A continuación, con riesgo “medio” , se sitúan la construcción , la industria energética, las TIC, el retail y el transporte , este último mejorando desde la categoría de “riesgo alto” en la anterior edición del informe. Los sectores agroalimentario, el químico, la metalurgia, la industria papelera, la textil y la maderera se mantienen en niveles de riesgo “alto”. La automoción , por su parte, continúa siendo el único sector clasificado con riesgo “muy alto”.

15Apr

Los precios industriales se disparan un 4% mientras la confianza de las pequeñas empresas se desploma hasta niveles nunca vistos desde el Día de la Liberación Arancelaria de Donald Trump.

Miguel Ángel Valero

El estrecho de Ormuz acumula mes y medio de bloqueo. Las posiciones de Irán y de EEUU se acercan, más allá del ruido de las declaraciones de Trump. Con el telón de fondo de las negociaciones, los mercados se mantienen en calma y miran ya más allá del conflicto. Los futuros del petróleo a cierre de año sitúan el precio en torno a los 80$ por barril, lo que refleja con claridad que los inversores consideran que la actual crisis de oferta será transitoria y no dejará efectos estructurales duraderos. Y empiezan a cobrar mayor relevancia otras noticias, como unos resultados de la banca de EEUU que están sorprendiendo ligeramente al alza y dando respaldo a las optimistas previsiones de crecimiento de beneficios del 14% interanual para este trimestre, o las expectativas de crecimiento en EEUU que no parecen verse comprometidas por un mayor precio del crudo –el FMI anticipa un avance del PIB del +2,3%, dos décimas más que el registrado el año pasado–.

Esto significa que el mayor efecto negativo de la guerra en Oriente Medio recaerá sobre las economías asiáticas y europeas, que no están precisamente en el origen del conflicto, los ataques de Israel y de EEUU a Irán. 

La atención, sin perder de vista Ormuz, apunta a la Fed: el 21 de abril se celebrará la audiencia de confirmación de Kevin Warsh ante el Comité Bancario del Senado, como candidato a la presidencia de la Reserva Federal. En la sesión, los senadores examinarán su visión sobre la economía, la inflación y la independencia de la Reserva Federa. El calendario de la votación en el pleno del Senado está condicionada al desenlace de la investigación del Departamento de Justicia sobre Jerome Powell. La Administración Trump sostiene que Powell habría realizado declaraciones falsas ante el Congreso en relación con una costosa renovación de la sede de la Reserva Federal, lo que podría tratarse de un intento de socavar la independencia de la autoridad monetaria. Los senadores –incluidos los republicanos– han advertido que no aprobarán a Warsh mientras la investigación siga abierta. Y si se retrasa este proceso, Powell continuaría al frente de la Fed como presidente interino hasta que no se resuelva el contencioso: después de que un juez federal denegase una solicitud del Departamento de Justicia para reconsiderar el fallo, el fiscal federal anunció que continuaría con el caso y apelaría la decisión.  

Pero hay datos macro preocupantes en EEUU. Los precios industriales ya reflejaban en marzo el impacto de la guerra en Irán. Los precios de producción repuntaron hasta el 4% interanual, por encima del +3,4% observado en febrero, aunque por debajo del +4,6% esperado por los analistas. Por el lado más positivo, en su versión subyacente (excluyendo alimentos y energía), la tasa se mantuvo sin cambios en el +3,8% interanual. Y el dato de confianza de las pymes volvía a retroceder en marzo. Lastrado por el encarecimiento de la energía y la incertidumbre asociada al conflicto en Irán, el indicador elaborado por NFIB cayó hasta el 95,8 desde el 98,8 previo, alcanzando así niveles no vistos desde el Liberation Day. El componente de incertidumbre se incrementó cuatro puntos hasta niveles de 92, muy por encima de la media histórica de 68. 

Ibercaja Fondos: la niebla de la guerra

Por su parte, el informe de abril de fondos de Ibercaja destaca que la incertidumbre es máxima en el aspecto macro, ya que "seguimos de lleno en la niebla de la Guerra. Cada semana que dura el conflicto, desaparecen alrededor de un 1% de los inventarios mundiales de productos petrolíferos. "Nuestro escenario base sigue siendo que el estrecho de Ormuz se abra al menos parcialmente en abril, pero es complicado que los precios vuelvan a sus rangos de origen. La prima de riesgo geopolítico, que ya sumaba alrededor de 10$ al precio del petróleo antes de la guerra, puede mantenerse por encima de esta cifra. Y si le sumamos los problemas logísticos y operativos de restablecer todas las cadenas de suministros tras el conflicto, estaríamos hablando de precios en el rango80-90$/barril para los próximos meses y subidas de alrededor del 25 % sobre los precios medios de 2025", explican.

De momento el consenso de crecimiento mundial se mantiene en el 3,1%, pero lo lógico es que se rebaje en al menos 2-3 décimas. En la zona euro, alguna décima más 0,8%de crecimiento. "Por supuesto, en caso de que el conflicto siga sin solucionarse y el estrecho bloqueado, el escenario de precios sería muy superior y el impacto en crecimiento también. El punto de partida también importa para estimar el impacto final de un shock de oferta como este, y afortunadamente, la economía mundial presenta mayor fortaleza que en otras ocasiones. Los procesos de inversión en inteligencia artificial, infraestructura y defensa deberían dar soporte a la economía en los próximos trimestres", subrayan.

El impacto en inflación para los próximos meses va a ser elevado. Los efectos de segundo orden dependerán de la duración del conflicto, pero la situación es diferente a la de la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania. Entonces, la economía estaba inmersa en un proceso de reapertura tras la pandemia, las presiones en el mercado laboral eran mucho mayores, la inflación ya era del 5% y la política monetaria muchísimo más laxa. "No obstante, el recuerdo de las superinflaciones de 2022 está todavía muy vivo y nos tememos que la autoridad monetaria europea pecará, como siempre, de conservadora. Se esperan 3 subidas de tipos para 2026 en Europa y se han dejado de anticipar bajadas en EEUU. Las próximas reuniones de ambos bancos centrales son a finales de abril y, para entonces, esperamos tener un panorama menos sombrío", apuntan.

"No obstante, como siempre, el mercado se anticipa y ya ha puesto en precio, aproximadamente, el escenario adverso dibujado por el BCE, que es algo peor que nuestro escenario base. La parte positiva es que, en este escenario base, el BCE podría optar por subir sólo 25 o 50 pb en sus próximas reuniones, menos de lo que ya está reflejado en los valores liquidativos. Nuestros fondos recuperarían niveles preguerra antes de final de año. Para nuevas inversiones, también se abre una buena ventana de oportunidad para los próximos meses", resaltan en la gestora de Ibercaja.

"Desde una perspectiva táctica, la situación actual podría presentar una oportunidad: el mercado de renta fija ofrece hoy mayores rentabilidades sin que los niveles de solvencia y fundamentales de crédito de las empresas se hayan deteriorado. En renta variable, también se ha abaratado la ratio de valoración de entrada. En definitiva, el mercado siempre ofrece oportunidades para quienes saben esperar el momento adecuado y nosotros estamos preparados para aprovecharlas".

"Sabemos que el entorno actual genera nerviosismo, pero es precisamente en estos momentos de rotación y ajuste donde la disciplina y el análisis marcan la diferencia. A través de la gestión activa, estamos ajustando las carteras para adaptarnos a este nuevo escenario y reducir los tiempos de recuperación. Nuestra estrategia se mantiene firme: navegar el ruido del corto plazo sin perder de vista los objetivos financieros de largo plazo. Nuestra recomendación: seguir invirtiendo, seguir diversificando y dejarse asesorar por los especialistas. La niebla acabará levantando", concluyen en Ibercaja Gestión.

DWS: sólido crecimiento de los resultados de las empresas

“En este momento apenas es posible realizar previsiones significativas sobre si, cómo y cuándo terminará la crisis”, admite Vincenzo Vedda, director de inversiones de DWS. El índice de volatilidad VIX, que mide las fluctuaciones esperadas del S&P 500, se había disparado hasta niveles de 30 desde diciembre de 2025, antes de retroceder a 21 tras el anuncio del alto el fuego. A pesar de esta recuperación a corto plazo, los inversores se han enfrentado a una realidad incómoda: desde el estallido del conflicto, se han registrado pérdidas en casi todas las clases de activos —renta variable, renta fija e incluso el oro—. Incluso si el conflicto se desescala, es probable que el impacto del cierre del estrecho de Ormuz persista, con disrupciones en las cadenas de suministro que se traducirán en menores beneficios empresariales.

¿Cómo deberían posicionarse los inversores en un entorno tan incierto? “Más allá de la necesidad, ya conocida, de una amplia diversificación, vemos oportunidades tras el fin del conflicto en determinadas acciones de sectores como las energías alternativas y nuclear, la construcción y la ingeniería, así como en la nueva generación de empresas de defensa, especialmente en Asia y Europa”, explica Vedda.

Este experto se muestra más positivo respecto a la deuda pública. Aunque las rentabilidades han aumentado por motivos justificados, dada la mayor expectativa de inflación, el incremento parece excesivo. Esto se aplica sobre todo a los bonos del Tesoro estadounidense a corto plazo y, en menor medida, a los bonos a diez años de EEUU y a los Bunds alemanes: “Siempre que las expectativas de inflación no sigan aumentando de forma significativa, vemos margen para una ligera caída de las rentabilidades y, por tanto, para la obtención de ganancias de capital”.

El crecimiento económico será significativamente más débil en 2026 y posiblemente también en 2027. La magnitud de la desaceleración dependerá en gran medida de cuánto tiempo persista el shock en los precios de la energía, ya que éste impulsa la inflación y lastra la actividad económica real. Las tasas de inflación en Alemania y en el conjunto de Europa vuelven a repuntar, impulsadas principalmente por el encarecimiento de la energía. En Alemania, la inflación aumentó hasta el 2,7% en marzo, frente al 1,9% registrado en febrero, mientras que en la zona euro ascendió al 2,5%, desde el 1,9%. Cuanto más se prolongue el conflicto en Oriente Medio, mayor será la probabilidad de que las subidas de precios no se limiten al sector energético, sino que se extiendan a un abanico más amplio de bienes y servicios.

Los bancos centrales se enfrentan a un difícil equilibrio, al tener que decidir si el mayor riesgo proviene de la aceleración de la inflación o de la incipiente desaceleración del crecimiento. En EEUU, se espera que las autoridades monetarias prioricen en mayor medida el crecimiento, lo que respaldaría nuevos recortes de los tipos de interés. Por el contrario, el Banco Central Europeo previsiblemente optará por mantenerse a la espera por el momento.

Una conclusión se ha vuelto a confirmar: los conflictos geopolíticos representan un riesgo significativo para la economía global y los mercados de capitales. Si los precios de la energía continúan aumentando o se mantienen elevados durante un periodo prolongado, las perspectivas de crecimiento se deteriorarían de forma notable, siendo Europa y Asia algunas de las regiones más afectadas.

La guerra en Oriente Medio sigue afectando al mundo y a los mercados de renta variable. Incluso aunque acabe ya, las consecuencias probablemente serán significativas, ya que las cadenas de suministro no pueden restablecerse de la noche a la mañana.

Uno de los pocos ganadores en esta crisis es el sector energético, que fue el único que cerró en terreno positivo en marzo. Por el contrario, el sector tecnológico, especialmente las empresas centradas en la inteligencia artificial (IA), ha sufrido por la preocupación por las disrupciones provocadas por la IA y el doloroso aumento de las rentabilidades de los bonos, que afecta a las valoraciones del sector. Además, las interrupciones en las cadenas de suministro podrían seguir suponiendo un desafío para el sector tecnológico. “La IA sigue bajo presión para demostrar que las enormes inversiones realmente están dando sus frutos”, afirma el gestor de carteras Jarrid Klug. En esencia, hay dos formas de lograrlo: o bien aumentando significativamente los ingresos gracias a la IA, o reduciendo drásticamente los costes. En la mayoría de los casos, aún no está claro qué camino prevalecerá.

A pesar de la tensa situación geopolítica, Klug recomienda analizar con objetividad la próxima temporada de resultados empresariales. Las perspectivas podrían ser mejores de lo que sugiere el sentimiento actual: “Esperamos un sólido crecimiento de los beneficios en las empresas estadounidenses. Es probable que las ganancias del S&P 500 aumenten alrededor de un 10%”. Para el índice europeo Stoxx 600, anticipa un crecimiento de beneficios del 6%.
Sin embargo, la enorme incertidumbre derivada del conflicto con Irán sigue pesando sobre la evolución futura. Aun así, es probable que haya algunos beneficiarios: la escasez de chips de memoria debería respaldar los beneficios de las empresas de semiconductores, las compañías energéticas se verán favorecidas por los mayores precios de las materias primas y las empresas de transporte por el aumento de las tarifas de flete.

No obstante, se espera que el comercio global se vea considerablemente afectado por el conflicto. La región del Golfo ya no es solo exportadora de petróleo. Además del Gas Natural Licuado, fertilizantes y diversos precursores petroquímicos, también es un suministrador de helio (el Golfo representa el 30% del comercio mundial), un componente esencial, entre otros usos, para la producción de semiconductores.

“Un cierre prolongado del estrecho de Ormuz supondría el mayor riesgo para la evolución de los precios de las materias primas”, afirma el gestor Stephan Werner. El consumo de petróleo alcanzó un máximo histórico en 2025. El petróleo sigue desempeñando un papel crucial en la economía mundial. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el consumo mundial de petróleo alcanzó entre 104 y 105 millones de barriles al día en 2025 —siendo un barril equivalente a 159 litros—, el nivel más alto jamás registrado. Más allá del petróleo, Werner señala riesgos adicionales. La posible interrupción del suministro de fertilizantes nitrogenados, como el amoníaco o la urea, podría, advierte, provocar un aumento de los precios de los alimentos a medio plazo.

El sector de los viajes también podría verse afectado: el precio del combustible para aviones se ha más que duplicado desde principios de año y algunas aerolíneas ya han comenzado a reducir el número de vuelos.

El oro no ha estado a la altura como valor refugio ante la crisis a corto plazo, y sus precios han caído temporalmente casi un 20% tras el estallido de la guerra. Werner identifica tres razones. En primer lugar, las expectativas de subida de los tipos de interés en un contexto de mayor inflación: dado que el oro no genera rendimiento, resulta menos atractivo en un entorno de tipos más altos. En segundo lugar, el aumento de las ventas por parte de los bancos centrales. En tercer lugar, la elevada liquidez del oro hace que los inversores se apresuren a recoger beneficios en momentos de mayor incertidumbre.

Sin embargo, a largo plazo, Werner se mantiene optimista respecto al oro: “Es probable que los niveles de deuda mundial sigan aumentando, mientras que la sostenibilidad de la deuda soberana se reducirá, sobre todo si suben los tipos de interés. El oro debería evolucionar de forma sólida como la moneda definitiva que no se puede imprimir”.

UBS: visión atractiva sobre la renta variable de EEUU

El panorama macroeconómico, más complejo, con incertidumbres geopolíticas en torno a Irán y precios de la energía más altos, coincide con la temporada de resultados de la banca estadounidense. Las expectativas iniciales apuntaban a un sólido primer trimestre, impulsado por una elevada actividad en trading, unas comisiones de banca de inversión resilientes y un entorno todavía favorable para los ingresos por intereses. En UBS "seguimos viendo motivos para mantener una calificación Atractiva sobre el sector financiero estadounidense": la actividad en los mercados de capitales debería respaldar los beneficios; los tipos de interés y la regulación siguen siendo favorables; los riesgos de crédito parecen manejables, aunque no inexistentes.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Si bien hemos adoptado una postura Neutral sobre el sector financiero global, creemos que el sector financiero estadounidense sigue ofreciendo una combinación atractiva de mejora en los márgenes de interés, aumento de la actividad en los mercados de capitales y vientos de cola derivados de la desregulación. Seguimos centrándonos en bancos de alta calidad, bolsas y empresas financieras diversificadas basadas en comisiones que pueden beneficiarse de unos fundamentales resilientes, niveles elevados de actividad y valoraciones atractivas”.

Y añade: “En un sentido más amplio, esperamos un crecimiento del 17% en los beneficios del S&P 500 en el primer trimestre, el ritmo más rápido en cinco años, y mantenemos una visión Atractiva sobre la renta variable estadounidense. Junto con el sector financiero estadounidense, seguimos favoreciendo el consumo discrecional, la salud, la industria y los servicios públicos en EEUU”.

“Los precios más bajos deberían frenar la actividad de perforación, mientras que la demanda debería beneficiarse desde el sector eléctrico, dado que el gas natural sigue siendo relativamente más barato que el carbón. Mientras tanto, las exportaciones de gas de EEUU continúan aumentando”, apunta Giovanni Staunovo, Estratega de UBS Global Wealth Management.

UBP: los mercados reaccionan con rapidez

En la Perspectiva Semanal de UBP: La fragilidad persiste en Oriente Medio, Michael Lok, CIO, y Nicolas Laroche, director global de asesoramiento y asignación de activos, avisan que "es probable que los mercados sigan reaccionando con rapidez ante cualquier nuevo acontecimiento”. Las estimaciones de crecimiento de la renta variable dependen de la duración de las interrupciones del suministro mundial de petróleo. El segmento más sensible a los diferenciales de crédito lideró el mejor comportamiento, en línea con una compresión generalizada de las primas de riesgo geopolítico. El margen para una debilidad significativa del dólar es limitado debido al aumento de los precios de la energía. 

Metagestión: oportunidades en infraestructuras y en el sector inmobiliario

En la gestora española independiente especializada en renta variable Metagestión opinan que la sobrerreacción del mercado por la guerra en Irán, que ha provocado fuertes caídas en Bolsa, también ha generado oportunidades de inversión en sectores que ahora son atractivos por valoración: las infraestructuras, el inmobiliario, y si el conflicto no se alarga, la banca española.

La incertidumbre no tiene por qué derivar en un deterioro estructural del ciclo económico global. Es probable que a medida que la incertidumbre geopolítica vaya descendiendo, las Bolsas podrían retomar la senda alcista. Porque están apoyadas en unos fundamentales que, en términos agregados, continúan siendo sólidos. Las recientes caídas han sido intensas y, en muchos casos, indiscriminadas, provocando un fuerte ajuste en valoraciones. 

Este ajuste en valoraciones abre oportunidades en segmentos donde el mercado ha sobrerreaccionado: en las compañías de infraestructuras y del sector inmobiliario, porque son activos que combinan visibilidad en flujos de caja con perfiles defensivos. Y también, en el caso de que la guerra en Irán tenga una duración acotada, en la banca española, cuyos niveles de valoración pueden resultar atractivos en relación con su capacidad de generación de resultados.

"El posicionamiento inversor más adecuado debería ser mantener la disciplina inversora con una visión a largo plazo, evitando la toma de decisiones en el corto plazo que no optimizan el binomio rentabilidad/riesgo. Para lo cual, es clave aplicar el enfoque inversor en los fundamentales, seleccionando compañías con balances sólidos, capacidad de generación de caja y ventajas competitivas sostenibles", opinan los expertos de Metagestión.

La firma mantiene un alto grado de liquidez en las carteras de sus fondos, entre  el 12% y el 22%. Porque la visibilidad actual en el mercado es limitada, y porque con esa liquidez pueden preservar capital sin renunciar a la flexibilidad necesaria para aprovechar oportunidades conforme se vaya clarificando el escenario.

14Apr

La guerra en Oriente Medio ha entrado en otra fase de escalada híbrida: amenazas sin abandonar las conversaciones. Pero el riesgo de errores de cálculo que deriven en resultados materialmente peores ha aumentado claramente.

Miguel Ángel Valero

El ejército estadounidense, por orden de Trump, inició el bloqueo de la salida de buques vinculados a Irán en el estrecho, mediante una táctica similar a la empleada en el Caribe contra las narcolanchas. En esta ocasión, las fuerzas armadas norteamericanas emitirán una advertencia al buque comercial y, en caso de ser ignorada, procederán a su abordaje con unidades militares especializadas. Aunque el marco de intervención está bien definido, su aplicación a gran escala exigiría un despliegue militar mucho mayor que el actual, especialmente si finalmente se decide actuar también contra embarcaciones que hayan abonado la denominada tasa iraní y no solo sobre los de pabellón del país persa. La presión sobre las exportaciones iraníes persigue acelerar las negociaciones y lograr que Teherán comparta la urgencia de EEUU por restablecer cierta normalidad en el tránsito por el estrecho.

Sin embargo, China adopta una posición desafiante y dos de sus buques (sancionados por EEUU) han cruzado el estrecho. Desde que comenzó el bloqueo impuesto por EEUU, tres petroleros (el tercero tiene bandera panameña y su destino es Emiratos) han cruzado el estrecho de Ormuz.

Al mismo tiempo, Irán ha amenazado con atacar los puertos de los países del golfo Pérsico en caso de que el bloqueo se materialice con una intervención. Mientras tanto, por debajo del escenario público, ambas partes continúan dialogando. Trump aseguraba que había recibido llamadas de la “gente adecuada” y que existía disposición para alcanzar un acuerdo por parte de Irán. Desde Washington se habría propuesto una suspensión de 20 años del programa nuclear iraní, mientras que Teherán plantea un compromiso de 5 años. 

Se ha observado un aumento en el número de buques que atraviesan el estrecho –ya atraviesan más de una decena–, aunque todavía muy por debajo de los niveles habituales. El proceso de normalización en el estrecho de Ormuz se ha puesto en marcha y los mercados interpretan el ruido en torno al acuerdo como una fase habitual de cualquier negociación compleja. Trump tensa la cuerda y Teherán, con el respaldo implícito de China, responde en la misma dirección. No obstante, ninguna de las partes parece dispuesta a romperla, como demuestra el hecho de que, en menos de tres días, ya se esté buscando una nueva ronda de conversaciones para extender el cese al fuego.

En el contexto actual, la solución está más cerca –sea o no justa, como ocurre con el infame, pero funcional peaje iraní– y el mayor impacto negativo sobre los activos de riesgo ya ha quedado atrás, ante la confirmación de la voluntad negociadora de Teherán. 

Fidelity: habrá una resolución desordenada

 Salman Ahmed, responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International, insiste en que el camino hacia una resolución desordenada sigue abierto, "pero hasta que lleguemos a ese punto, es probable que el ruido y la volatilidad continúen siendo elevados". Cualquier acción “óptica” por parte de EEUU en ese ámbito -especialmente si no provoca una respuesta iraní- será un barómetro importante de la situación. "Es posible que estemos entrando en otra fase de escalada híbrida: amenazas a la vez que una apertura continuada a las conversaciones. Seguimos inclinándonos por una resolución desordenada, pero el riesgo de errores de cálculo que deriven en resultados materialmente peores ha aumentado claramente", opina.

Pese a todo, nadie está señalizando una ruptura del alto el fuego, al menos por ahora. EEUU está destacando el asunto nuclear como principal escollo, pero queda claro que el Estrecho de Ormuz y el Líbano también forman parte de la ecuación negociadora. Siguen abiertos canales discretos a través de Pakistán, dado el elevado grado de confianza del que goza el país por parte de ambos actores. 

Nordea: el 'viaje sin problemas' se ha terminado

Por su parte, Henrik Stille, Gestor principal de carteras de la Estrategia Active Rates Opportunities de Nordea AM, sugiere que para los inversores, la era de un "viaje sin problemas" en efectivo y bonos de alta calidad ha terminado. La volatilidad de los bonos gubernamentales, la disminución de los rendimientos reales del efectivo y la creciente incertidumbre están transformando las carteras de renta fija.

Las tensiones geopolíticas, las presiones fiscales, las fluctuaciones inesperadas de los tipos de interés y la incertidumbre política han convertido los mercados de bonos en un entorno mucho más complejo. Incluso las carteras tradicionales de bonos gubernamentales de alta calidad siguen expuestas al riesgo de tipos de interés que puede provocar pérdidas considerables cuando éstos suben bruscamente.

Al mismo tiempo, grandes cantidades de capital permanecen en efectivo y depósitos a plazo fijo en toda Europa. Aunque esto pueda resultar tranquilizador, los rendimientos reales están cada vez más bajo presión. Incluso antes de los acontecimientos recientes en Oriente Medio, la inflación—a pesar de estabilizarse cerca de los objetivos de los bancos centrales—seguía erosionando el poder adquisitivo, un riesgo que podría intensificarse en un entorno de renovadas presiones sobre los precios.

Por tanto, los inversores se enfrentan a un dilema: los bonos gubernamentales tradicionales ya no proporcionan estabilidad indiscutible, mientras que mantener efectivo conlleva un coste de oportunidad creciente. Lo que se necesita son alternativas que combinen previsibilidad y potencial de retorno — sin comprometer la calidad.

Los bonos gubernamentales ofrecen solo una solución limitada, como demostraron los acontecimientos de 2022, cuando los fuertes aumentos de los tipos de interés provocaron pérdidas significativas en muchas carteras tradicionales de bonos. Mientras tanto, pasar a áreas de mayor rentabilidad como los bonos de alto rendimiento conlleva riesgos de crédito y de diferencial significativamente mayores. Por tanto, los segmentos de alta calidad, como los 'covered bonds', son especialmente interesantes. No ha habido ni un solo impago en este mercado en más de 200 años, y estos bonos cubiertos suelen ofrecer mejores rendimientos con una calidad crediticia similar. 

Sin embargo, invertir en el segmento adecuado es solo una parte de la ecuación. Los mercados de tipos de interés son estructuralmente menos predecibles que en el pasado. Las fases de aumento pueden cambiar abruptamente a entornos laterales o en declive. Por tanto, la posición de duración estática conlleva un riesgo significativo. Manteniendo una postura de baja duración y neutral respecto al mercado, las carteras pueden adaptarse a los regímenes cambiantes y aspirar a captar rentabilidad.

Históricamente, este enfoque ha ayudado a ofrecer rendimientos más estables en diferentes entornos de tipos de interés. La experiencia de 2022 fue especialmente destacable: aunque muchos índices tradicionales de bonos gubernamentales bajaron significativamente, las estrategias gestionadas activamente y centradas en la calidad pudieron demostrar resiliencia. Las bajas correlaciones con los indicadores tradicionales de bonos gubernamentales y corporativos refuerzan aún más los beneficios de diversificación de este enfoque, sirviendo como elemento estabilizador junto a acciones, bonos de mayor duración o asignaciones con fuerte carga crediticia.

En un mercado donde las nociones tradicionales de "seguro" se están redefiniendo, la gestión del efectivo requiere un enfoque más activo. El dinero en efectivo ya no puede considerarse un componente pasivo sin consecuencias. Aquí es precisamente donde la Estrategia Active Rates Opportunities de Nordea cobra protagonismo. Diseñado como una herramienta para activar el efectivo, permite que el exceso de éste se convierta en componentes productivos de la cartera en lugar de reservas inactivas. Su sensibilidad neutral en duración y su claro enfoque en el control de riesgos aplicados a los segmentos más seguros del espacio de renta fija (bonos cubiertos y de alta calidad del gobierno), buscan ofrecer rendimientos ajustados al riesgo consistentes y atractivos, manteniendo un alto grado de liquidez — cualidades especialmente relevantes para un inversor.

UBS: ambas partes tienen incentivos para encontrar una solución

El CIO Daily de UBS destaca que los mercados se mantuvieron volátiles mientras los inversores reaccionaban a los acontecimientos en Oriente Medio, con una mejora del sentimiento después de que el presidente Trump afirmara que Irán estaba dispuesto a llegar a un acuerdo: "Aunque esperamos que cualquier camino hacia la desescalada sea irregular, creemos que ambas partes siguen teniendo incentivos para encontrar una solución".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Mantenemos la opinión de que los inversores a largo plazo deberían ceñirse a sus asignaciones estratégicas de cartera y aprovechar la volatilidad para mejorar la resiliencia de sus carteras mediante la diversificación y la cobertura”. Y añade: "Seguimos posicionándonos para un potencial alcista a medio plazo en la renta variable y vemos valor en bonos de calidad, oro y materias primas en general, estrategias de preservación de capital y alternativas como los hedge funds”. 

A pesar del fracaso inicial de las conversaciones entre EEUU e Irán, la evolución en la "región sigue en línea con nuestro escenario base, que contemplaba el fin de los ataques aéreos, con la posibilidad de que los inversores vuelvan a centrarse en los fundamentos económicos y de beneficios. Por lo tanto, mantenemos una calificación de Atractivo para la renta variable estadounidense y global”, subraya.

Columbia Threadneedle: algún tipo de acuerdo

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, opina que, aunque las 21 horas de negociaciones no lograron cerrar un pacto, el alto el fuego se mantiene, lo que constituye un elemento positivo. Los intermediarios continúan trabajando intensamente entre bastidores para garantizar que ambas partes sigan dialogando. A grandes rasgos, persisten diferencias relevantes entre las propuestas de paz de EEUU e Irán, lo que hace inevitable la necesidad de concesiones. Entre los puntos clave destacan el desbloqueo de activos iraníes, las capacidades nucleares y el control del estrecho de Ormuz, un elemento que otorga a Irán una significativa capacidad de influencia sobre la economía global. Desde la perspectiva iraní, que EEUU bloquee el estrecho supondría una escalada y podría restringir a corto plazo las exportaciones energéticas hacia Asia, especialmente hacia China, agravando así la tensión en los mercados de exportación.

EEUU mantiene presencia naval en el estrecho y ha estado despejando minas de las rutas marítimas. Estas operaciones buscan reforzar el control y facilitar una progresiva normalización del tráfico. Sin embargo, la situación dista aún de la normalidad: cerca de 900 buques siguen a la espera de abandonar el Golfo. Antes del conflicto, unos 140 buques transitaban diariamente por el estrecho. La normalización del tráfico requerirá tiempo, estimándose entre seis y ocho semanas. A medida que el flujo marítimo se recupere, previsible veremos una corrección a la baja en los precios del petróleo. No obstante, las tensiones en el suministro persistirán, dado que llevará tiempo que el petróleo y gas lleguen a sus destinos finales.

"Nuestro escenario base continúa apuntando a algún tipo de resolución del conflicto, pero hasta entonces los mercados energéticos permanecerán volátiles. Lo mismo cabe esperar de los mercados de renta variable, donde los activos de riesgo tenderán a repuntar conforme se consoliden avances hacia un cese duradero de las hostilidades. El consenso del mercado sigue confiando en que se alcance algún tipo de acuerdo en las próximas semanas. Mientras tanto, seguiremos monitorizando de cerca los acontecimientos", apunta.


13Apr

La contundente victoria del proeuropeo Péter Magyar facilita un realineamiento de Hungría con Bruselas y una mayor cohesión interna de la Unión Europea en un contexto de elevada tensión geopolítica.

Miguel Ángel Valero 

¿Acaso alguien esperaba que el conflicto iraní se resolviera en la primera ronda de negociaciones? Como se podía sospechar, a pesar de la prisa de EEUU (en realidad, de Trump ante las elecciones de noviembre), las conversaciones quedaron truncadas, pero desde luego no supone una vuelta a la casilla de salida. El giro de los acontecimientos nos introduce en una salvaje dinámica de tira y afloja, en la que ambas partes buscan maximizar su posición negociadora. Irán es plenamente consciente de que dispone de un elemento de presión clave y, hasta el momento, ha sabido explotar la baza del estrecho de Ormuz. Desde el lado estadounidense, el movimiento actual persigue estrechar el cerco en la negociación: si el bloqueo a los buques iraníes llegara a materializarse con éxito, el régimen se enfrentaría a una progresiva asfixia económica que comprometería su capacidad de supervivencia. Porque Irán continúa exportando petróleo, ya que sus propios barcos siguen atravesando Ormuz.

Trump ordenó a la Armada estadounidense bloquear el estrecho de Ormuz a las embarcaciones que operen con puertos iraníes, permitiendo el paso de los buques con origen y destino no vinculados al régimen de los ayatolás. De este modo, Trump busca impedir la exportación de petróleo iraní, lo que permitirá cortar una de las principales fuentes de financiación del régimen. La falta de un acuerdo entre EEUU e Irán radica en la exigencia estadounidense de que renuncie al desarrollo de capacidades de enriquecimiento de uranio, una condición rechazada por Teherán. Además, la Casa Blanca presionaba para que Irán abriese “completamente” el estrecho, que en los últimos días se encontraba “cuestionablemente abierto”, bajo las condiciones iraníes de pago de peajes en criptomonedas y amenazas hacia aquellos buques que transitaran sin autorización.

Swisscanto: el 'riesgo de titulares' seguirá siendo elevado

René Nicolodi, director de Renta Variable de Zürcher Kantonalbank, gestora de los fondos de Swisscanto, avisa que el entorno macroeconómico sigue caracterizándose por una mayor incertidumbre geopolítica, debida principalmente al conflicto en Oriente Medio. En marzo, la prima de riesgo de las acciones subió hasta el 3,7% para los valores estadounidenses y superó el 4,5% para los de la UE, acompañada de una volatilidad significativamente mayor debido a la elevada incertidumbre y, en ocasiones, a una comunicación incoherente.

A principios de abril, la situación se calmó tras el anuncio de un alto el fuego de dos semanas, y los mercados respondieron con un fuerte repunte de alivio. Sin embargo, por el momento, las condiciones del mercado siguen marcadas por una fragilidad pronunciada. Por lo tanto, cabe esperar que los mercados sigan experimentando una elevada volatilidad hasta que el alto el fuego dé paso a un acuerdo de paz estable y, sobre todo, hasta que se resuelva definitivamente el cuello de botella energético en el estrecho de Ormuz. La principal incógnita es hasta qué punto las partes en conflicto están dispuestas a negociar sus demandas. Hasta entonces, el denominado 'riesgo de titulares' seguirá siendo elevado y es probable que el sentimiento del mercado se vea impulsado más por el flujo de noticias que por acontecimientos concretos.

"Nuestra hipótesis de base no ha cambiado desde el inicio del conflicto: seguimos contando con una resolución oportuna del conflicto en Oriente Medio. La voluntad declarada de las partes beligerantes de negociar, manifestada a principios de abril, apunta a una normalización a corto plazo de la tensa situación. Desde una perspectiva política, EEUU sigue teniendo un gran interés en limitar las repercusiones económicas y políticas de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Es probable que China también esté trabajando entre bastidores para garantizar la normalización de las exportaciones de energía. Sin embargo, a lo largo del conflicto también ha quedado claro que la solución no depende únicamente de EEUU. Es difícil evaluar el progreso efectivo de las negociaciones, y no se puede descartar un repentino recrudecimiento del conflicto. Cualquier nueva escalada prolongaría la duración del conflicto y agravaría las implicaciones macroeconómicas a nivel mundial. Por el contrario, una reapertura total del estrecho de Ormuz podría acelerar significativamente el proceso de estabilización", argumenta.

En este contexto geopolítico, la confianza de los inversores se ha mantenido hasta ahora relativamente equilibrada: dada la perturbación del suministro energético mundial y las valoraciones históricamente elevadas, la corrección en los mercados de renta variable ha sido comparativamente moderada. Desde el inicio del conflicto, las pérdidas bursátiles (a 10 de abril de 2026) se han mantenido contenidas: renta variable global -1,5%, renta variable estadounidense -0,75%, renta variable UE -2,3% y de mercados emergentes -3,6%. Durante los periodos de tensión, el índice de volatilidad VIX solo alcanzó brevemente niveles superiores a 30 y actualmente cotiza en torno a los 20 puntos. El comportamiento del mercado sugiere que o bien no se esperan repercusiones graves para la economía mundial en este momento, o bien los participantes en el mercado muestran cierta complacencia ante una posible escalada a más largo plazo.

A principios de año, las expectativas eran relativamente optimistas. A pesar de la incertidumbre en torno al potencial de la inteligencia artificial (IA), el anuncio de nuevos aranceles comerciales y el aumento de las tasas de impago en el segmento del crédito privado, los mercados de renta variable registraron rentabilidades atractivas hasta finales de febrero, especialmente en Europa (+5,6 %) y en los mercados emergentes (+11 %).

El mercado reaccionó rápidamente en marzo y las valoraciones de la renta variable se revisaron a la baja. Al mismo tiempo, la relación precio-beneficio actual (a 10 de abril) de la renta variable estadounidense se sitúa en 21, claramente por encima de la media a largo plazo, que ronda el 17,7. Hasta la fecha, los analistas no han realizado ajustes en las previsiones de beneficios para 2026 y 2027.

Por lo tanto, el riesgo predominante para los mercados de renta variable sigue estando vinculado a la duración del conflicto en Oriente Medio y a la cuestión de si el alto el fuego se mantendrá y culminará en un acuerdo negociado. Cuanto más tiempo permanezca cerrado o con fuertes restricciones el estrecho de Ormuz para el transporte de petróleo y gas, más grave será la interrupción del suministro energético mundial. El precio del crudo Brent ha llegado a subir en algunos momentos casi un 60% con respecto a los niveles previos al conflicto. Incluso tras el alto el fuego de dos semanas acordado en abril, sigue cotizando en torno a los 100$ por barril.

Un período prolongado de escasez de suministro y unos precios de la energía significativamente más altos tendrían consecuencias de gran alcance, como el aumento de las expectativas de inflación y el deterioro de las previsiones de crecimiento mundial. En marzo, las expectativas de inflación en EEUU ya se dispararon del 2,4% al 3,3%, mientras que la confianza de los consumidores estadounidenses alcanzó en abril su nivel más bajo en varios años. Si, como consecuencia, se materializaran unas expectativas de beneficios más bajas, esto podría desencadenar nuevos ajustes en los precios de las acciones. Una desescalada del conflicto a lo largo de abril frenaría, a su vez, esta evolución.

El conflicto ha afectado con mayor severidad a aquellas zonas que dependen especialmente de las importaciones de energía procedentes de Oriente Medio. EEUU ha demostrado ser más resistente en este sentido; sigue beneficiándose de su condición de exportador neto de petróleo y, desde el punto de vista de la inversión, sigue siendo un 'refugio seguro' que atrae entradas de capital.

Por el contrario, Europa y los mercados emergentes se han visto más afectados por las turbulencias en Oriente Medio. Estos últimos se ven afectados por la incertidumbre en torno a las posibles repercusiones económicas - incluida una postura de política monetaria más restrictiva -, un dólar más fuerte y el riesgo de unas previsiones de crecimiento mundial más débiles. 

A nivel sectorial, los valores energéticos (+11,3%) fueron los claros ganadores a nivel mundial en marzo, mientras que los sectores cíclicos, como el industrial (-10,6%) y los materiales básicos (-10,7%), fueron los que más se quedaron atrás.

El conflicto en Oriente Medio también ha revertido algunas de las rotaciones del mercado de renta variable que han impulsado la rentabilidad desde principios de año. El rendimiento superior de los valores value se detuvo en marzo. La tendencia de las pequeñas capitalizaciones se invirtió, y los valores de pequeña capitalización registraron un rendimiento un 3% inferior al de los de gran capitalización en marzo, tras dos meses de fuertes ganancias relativas. Y la inversión en la rotación de estilos favoreció a los valores de alta calidad.

Los rápidos cambios en el flujo de noticias geopolíticas exigen cierta serenidad en este entorno volátil. "A la luz de nuestro escenario base, consideramos adecuada una asignación de renta variable entre neutral y ligeramente más defensiva, mediante posiciones en bienes de consumo básico, servicios públicos o salud. Del mismo modo, una mayor asignación a empresas de calidad puede contribuir a mejorar la resiliencia de la cartera", resalta este experto.

Al mismo tiempo, el papel de la IA como posible motor de crecimiento estructural sigue intacto. Es probable que los semiconductores, los equipos de red y los proveedores de infraestructura de centros de datos sean los principales beneficiarios de este ciclo de inversión, impulsado por los sustanciales gastos de capital de los principales hiperescaladores. En un entorno en el que la seguridad y la independencia energéticas cobran cada vez más importancia, el tema de la electrificación también está ganando protagonismo.

El alto el fuego ha proporcionado un respiro, aunque es probable que los riesgos de titulares sigan siendo elevados en los próximos días. Por lo tanto, las condiciones del mercado seguirán siendo frágiles por el momento.

Columbia Threadneedle: la incertidumbre no es temporal

William Davies, Global Chief Investment Officer de Columbia Threadneedle Investments,  destaca que "a medida que entramos en el segundo trimestre de 2026, la economía global está siendo moldeada por una combinación de transformación tecnológica, inestabilidad geopolítica y resultados económicos cada vez más divergentes entre regiones". La fuerza estructural más poderosa sigue siendo la inteligencia artificial. La inversión vinculada a la IA continúa acelerándose a un ritmo notable, liderada por un pequeño número de empresas tecnológicas globales que están comprometiendo niveles sin precedentes de capital en centros de datos, potencia de cálculo e infraestructuras. Esta inversión tiene el potencial de transformar la productividad y el crecimiento económico con el tiempo. Sin embargo, la magnitud del gasto también plantea una cuestión importante: no si la IA cambiará el mundo, sino si todo este capital generará finalmente rendimientos económicos aceptables. La historia muestra que los grandes cambios tecnológicos a menudo implican periodos de sobreinversión antes de que los ganadores a largo plazo queden claros.

Junto a este cambio tecnológico, la geopolítica ha vuelto con fuerza al centro de las perspectivas económicas. El conflicto en Oriente Medio ha tenido trágicas consecuencias humanitarias, pero también está reconfigurando los mercados a través de los precios de la energía y las cadenas de suministro. La interrupción de los flujos de petróleo a través del estrecho de Ormuz pone de manifiesto lo vulnerable que sigue siendo la economía global a los shocks regionales. Los precios de la energía aumentaron con fuerza durante marzo, y aunque el impacto inmediato se ha dejado sentir en los mercados, las consecuencias económicas completas podrían manifestarse solo en los próximos meses a medida que los mayores costes se trasladen a la producción y el consumo.

Esto crea un entorno difícil para los bancos centrales. La inflación en muchas economías sigue por encima del objetivo, y unos precios de la energía más altos añaden más presión. Al mismo tiempo, el impulso económico se está ralentizando y los mercados laborales se están enfriando gradualmente. Los responsables de política económica deben equilibrar el riesgo de responder de forma demasiado agresiva a una inflación impulsada por la energía frente al peligro de socavar un crecimiento ya frágil. Por esta razón, esperamos que los bancos centrales actúen con cautela, vigilando si los efectos inflacionarios persisten o si la debilidad de la demanda se convierte en la fuerza dominante.

Una de las características más importantes del entorno actual es la divergencia. Las regiones importadoras de energía, en particular partes de Europa, están más expuestas a los precios elevados y a las interrupciones del suministro que las economías autosuficientes en energía. El optimismo previo sobre el crecimiento europeo se ha visto cuestionado por estos acontecimientos, mientras que otras regiones podrían demostrar mayor resiliencia. Esta divergencia también es evidente en los mercados de divisas. La incertidumbre ha reforzado el papel del dólar estadounidense como activo refugio, y a pesar de las preocupaciones fiscales a largo plazo, "no vemos ninguna alternativa realista a la posición del dólar como principal moneda de reserva mundial", recalcan en Columbia

La incertidumbre política es otra característica persistente del panorama. Incluso si las tensiones en Oriente Medio disminuyen, la historia sugiere que la inestabilidad en la región es poco probable que desaparezca. Los periodos de calma han dado paso repetidamente a nuevos estallidos, y esta fragilidad subyacente seguirá influyendo en los mercados, los precios de la energía y la confianza.

En conjunto, estas fuerzas apuntan a un entorno definido menos por un único ciclo global y más por la fragmentación. Es probable que las políticas, las tasas de crecimiento y los resultados de mercado difieran notablemente entre países y sectores. La disrupción tecnológica derivada de la IA creará ganadores y perdedores significativos, los riesgos geopolíticos seguirán reconfigurando las cadenas de suministro, y la inflación seguirá siendo más volátil que en la década anterior a la pandemia. En este contexto, la incertidumbre no es una fase temporal, sino una característica definitoria de la actual era económica. Para gobiernos, empresas e inversores por igual, la capacidad de adaptación, más que las previsiones de estabilidad, será esencial a medida que navegamos el resto de 2026 y más allá

UBS: ambas partes buscan una solución

El UBS CIO Daily resalta que la falta de avances en las conversaciones entre EEUU e Irán ha puesto a prueba el optimismo de los mercados: "Esto refuerza nuestra opinión de que los inversores buscan mitigar riesgos mediante la diversificación y la cobertura. También seguimos recomendando mantenerse invertidos, ya que ambas partes están interesadas en encontrar una solución. Los esfuerzos por lograr una resolución del conflicto parecen destinados a continuar, a pesar del intento inicial fallido. Los recortes de tipos de la Reserva Federal siguen previstos para más adelante en el año, a medida que la inflación subyacente en EEUU se modera. Los resultados del sector tecnológico podrían reforzar la confianza de los inversores en la IA".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Para afrontar la incertidumbre a corto plazo, seguimos aconsejando a los inversores que aseguren la resiliencia de sus carteras mediante la diversificación y la cobertura. Vemos valor en bonos de calidad a corto plazo, en el oro y en un amplio conjunto de materias primas, así como en alternativas como los hedge funds para aquellos que puedan y estén dispuestos a gestionar riesgos inherentes como la iliquidez”.

“En el primer trimestre, esperamos un crecimiento del beneficio por acción (BPA) del 17% para el S&P 500, un 3% por encima del consenso y el ritmo de crecimiento más rápido en cinco años. El fuerte crecimiento de las empresas de semiconductores vinculadas a la IA impulsa un tercio de esta tasa de crecimiento”, apunta David Lefkowitz, Responsable de Renta Variable de EEUU.

“La demanda de combustibles para motores ha disminuido en muchos países. El precio es una forma de lograrlo, si los gobiernos no intervienen”, añade Paul Donovan, Economista jefe.

Ebury:; los mercados tratan de digerir la avalancha de titulares

"Aunque EEUU parece estar considerando la reanudación de ataques limitados contra Irán, la reacción de momento parece estar siendo relativamente contenida: los precios del petróleo han subido, los futuros bursátiles han retrocedido y el dólar ha repuntado ligeramente, pero sin llegar aún a los niveles previos al alto el fuego. Esto sugiere que los inversores interpretan el fracaso de las negociaciones más como un contratiempo temporal que como un obstáculo definitivo en el camino hacia la paz. No obstante, el colapso de las conversaciones supone un claro revés para los mercados", avisa el Análisis del Mercado de Divisas de Ebury.

 A partir de ahora, las declaraciones de la Casa Blanca y los acontecimientos militares seguirán marcando la pauta. Esta semana destacan la publicación el martes de los precios al productor (IPP) de marzo en EEUU, el miércoles la producción industrial de febrero en la zona euro y el jueves el PIB mensual de febrero del Reino Unido. Estos datos ofrecerán pistas sobre el impacto real de la guerra en la actividad económica y las presiones inflacionarias. Ante la posibilidad de nuevos ataques estadounidenses y el bloqueo de los puertos iraníes, la tendencia bajista del dólar podría frenarse temporalmente.

  • EUR. En Hungría, Viktor Orbán ha perdido las elecciones legislativas tras 16 años de en el poder. El resultado supone una buena noticia para la Unión Europea, después de que Orbán –aliado de Putin pero también amigo de Trump– utilizase de manera recurrente su derecho a veto para frenar decisiones comunitarias clave, erosionando la capacidad de la UE para actuar con rapidez en ámbitos como las sanciones a Rusia o la ayuda financiera a Ucrania. La contundente victoria del opositor Péter Magyar, de perfil proeuropeo, abre la puerta a un realineamiento de Hungría con Bruselas y a una mayor cohesión interna del bloque en un contexto de elevada tensión geopolítica. La derrota de Orbán debería haber supuesto, al menos, un ligero impulso para el euro, al eliminar a un euroescéptico recalcitrante y un obstáculo recurrente para la formulación de políticas en la Unión Europea. Sin embargo, el fracaso de las negociaciones de alto el fuego ha vuelto a centrar toda la atención en la guerra con Irán. A pesar del revés en las conversaciones, el EUR/USD se mantiene justo por debajo de 1,17. Este nivel sugiere que los operadores mantienen un optimismo cauteloso y confían en que, a la larga, prevalecerá la cordura y la paz. De momento, esperamos que la moneda única se vea influida por dos fuerzas contrapuestas. A su favor juega el tono cada vez más hawkish de los responsables del BCE, que está reduciendo la brecha de tipos de interés con respecto al dólar. En contra actúa, por un lado, la mayor vulnerabilidad de la zona euro al encarecimiento energético como importadora neta de petróleo y gas y, por otro, la tendencia natural de los inversores a refugiarse en el dólar mientras persista el conflicto.
  • USD: La inflación en EEUU se disparó en marzo, tal como se esperaba, impulsada por el fuerte repunte de los precios de la gasolina, que elevó el índice general casi un 1 % en un solo mes. El subíndice subyacente mostró un comportamiento más moderado, pero esta relativa buena noticia quedó en entredicho tras la publicación del PCE correspondiente a febrero, que registró una tasa anualizada a tres meses cercana al 5 %. El índice de precios al productor (IPP) de marzo, que se publica este martes, suele pasar desapercibido. Sin embargo, en el contexto actual, cobra especial relevancia como indicador del impacto que el encarecimiento de la energía está teniendo a lo largo de la cadena de producción. Otros datos sugieren que, hasta el momento, el impacto de la guerra en la economía estadounidense ha sido relativamente limitado, más allá del alza en los precios de la gasolina, cuyo repunte, además, no resulta tan dramático si se analiza en un contexto histórico. Los inversores siguen confiando en que la Reserva Federal hará caso omiso de estos picos temporales en la inflación general. No obstante, tras el colapso de las negociaciones de paz, los futuros de tipos han vuelto a descartar cualquier recorte de interés este año. Esta percepción podría cambiar rápidamente si se observan avances hacia una solución antes de que expire el alto el fuego el próximo miércoles
  • GBP: La guerra ha eclipsado por completo los acontecimientos domésticos a la hora de explicar el comportamiento de la libra esterlina. En condiciones normales, ya estaríamos analizando con preocupación las elecciones de mayo, el riesgo de una política fiscal más expansiva y un marco regulatorio menos favorable para las empresas. Sin embargo, las noticias procedentes del conflicto con Irán han relegado todo lo demás a un segundo plano y, al menos de momento, han aliviado considerablemente la presión sobre Keir Starmer. Los datos de febrero que se publicarán esta semana no nos podrán ofrecer una imagen clara del impacto de la guerra. Mucho más relevante será la intervención del gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, el martes. Esperamos que vuelva a descartar una subida inmediata de tipos. Dado que el Comité de Política Monetaria se mostraba dispuesto a recortar los tipos antes del estallido del conflicto, seguimos viendo difícil un endurecimiento agresivo de la política monetaria a lo largo del año, especialmente si se produce una mayor distensión en las próximas semanas. Salvo sorpresas, la libra esterlina tenderá a moverse en línea con el euro, en función de cómo evolucione la guerra.

Evli confía en una rápida resolución del conflicto

Evli, la gestora de activos de Finlandia, cree que es cada vez más probable una rápida resolución de la guerra con Irán porque EEUU no tiene interés en un conflicto prolongado. Una señal de ello es la tregua de dos semanas anunciada por Irán, y las negociaciones de paz en marcha. Si la guerra termina pronto, los mercados bursátiles globales podrían registrar un rebote significativo porque la economía mundial no se habría visto afectada de manera material.

Valtteri Ahti, estratega jefe de Evli, afirma que Donald Trump ha subestimado a Irán y busca una salida rápida a la guerra. The Wall Street Journal comparte esta visión y publica que Trump ha encargado a sus asesores encontrar vías para poner fin al conflicto lo antes posible. Como señala Valtteri Ahti, "está claro que Donald Trump está nervioso y bajo presión. A Trump no le gusta cuando cae la Bolsa. Además, se acercan las elecciones legislativas de mitad de mandato en EEUU, en las que el coste de la vida tendrá una gran influencia en los votantes. Por esa razón, Trump quiere evitar que los precios de la gasolina suban aún más".

El estratega jefe de Evli sostiene que será Teherán —y no Washington— quien decida cuándo termina la guerra. Irán sigue enviando petróleo a China y a otros países asiáticos a precios más altos, lo que significa que su capacidad para resistir la presión es mayor de lo esperado: "EEUU podría haber frenado los envíos de petróleo de Irán mediante un bloqueo si hubiera querido. Pero la Casa Blanca no se atreve a restringir aún más la oferta, porque eso llevaría a un mayor precio del petróleo y a más presión política».

Valtteri Ahti describe la postura de Donald Trump como un error estratégico, ya que Irán cuenta con un salvavidas económico y puede adoptar una posición dura en las negociaciones. Por otra parte, al igual que EEUU, Irán tampoco está interesado en que el conflicto se prolongue, para que el daño a la economía global no llegue a ser significativo: "Irán está en una posición ventajosa porque puede permitirse esperar. Sin embargo, si esa espera se alarga demasiado, EEUU no tendrá más remedio que abrir el Estrecho de Ormuz por la fuerza. Y si eso sucede, Irán perdería todo su poder negociador y no tendría otras opciones para seguir lanzando amenazas".

Por todo ello, aunque el riesgo de un conflicto prolongado y de una escalada de las hostilidades es elevado, ya se están produciendo negociaciones para poner fin a la guerra. Valtteri Ahti describe este conflicto como la culminación de una guerra encubierta entre ambos países durante 40 años, que ha alcanzado una fase final en la que cada parte pone a prueba la fortaleza de la otra. En este momento, el objetivo de Irán es obtener garantías de seguridad para que Estados Unidos no vuelva a intentar derribar al régimen iraní mediante bombardeos masivos.

Por eso, el hecho de que haya comenzado una fase de tregua implica que tanto Irán como EEUU no quieren infligir el máximo daño a la otra parte: la parte positiva es que, tras esta crisis, podríamos tener un Oriente Medio relativamente calmado, porque Irán ha demostrado que puede cerrar el Estrecho de Ormuz si lo considera necesario, algo que eleva el umbral para que otros países inicien una disputa con Irán

Esta posibilidad de que las negociaciones conduzcan al fin del conflicto a corto plazo es lo que lleva al estratega jefe de Evli a mostrarse optimista sobre las perspectivas de los mercados bursátiles globales. Según Valtteri Ahti, este escenario daría lugar a un rebote en forma de V, siempre que la crisis se resuelva antes de que la economía mundial sufra un daño significativo: "Los mercados se recuperarán relativamente rápido. Además, en ese escenario desaparecerían las tres o cuatro subidas de tipos del BCE que actualmente descuenta el mercado".

No obstante, Ahti subraya que cualquier escalada del conflicto podría tener consecuencias devastadoras para la economía global, y podrían surgir tensiones geopolíticas en otras partes del mundo: "Trump es bastante eficaz a la hora de orquestar crisis como esta, así que simplemente tendremos que esperar y ver con qué sale".

12Apr

La OTAN ya no inspira confianza mientras Europa llega tarde al rearme provocado por el nuevo escenario geopolítico, en el que Ucrania puede dejar de estar en la agenda. Mientras, hay oportunidades de inversión en el sector de la defensa.

Miguel Ángel Valero

Durante décadas, el mundo vivió con una idea clara: las armas nucleares eran el último recurso. Un equilibrio basado en el miedo que funcionaba porque todos compartían una premisa común: cuanto menos se extendieran, mayor sería la estabilidad. "Ahora ese consenso empieza a romperse. No de forma abrupta, sino a través de un cambio más profundo: la percepción de seguridad. Y cuando cambia la percepción, cambian las decisiones. Durante años, la prioridad fue evitar la proliferación mediante tratados y acuerdos. Pero la experiencia reciente está enviando un mensaje distinto", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

Ucrania renunció al tercer mayor arsenal nuclear del mundo a cambio de garantías de seguridad y acabó siendo invadida por Rusia. Libia abandonó su programa nuclear y el régimen de Muammar al‑Gaddafi terminó derrocado. El Irak de Sadam Hussein, acusado de desarrollar armas de destrucción masiva, también fue invadido. Son ejemplos que pesan más que cualquier tratado.

En paralelo, ocurre lo contrario con quienes sí tienen armas nucleares. Corea del Norte, pese a su debilidad, no enfrenta una intervención directa. Pakistán mantiene un equilibrio disuasorio con India. China y Rusia elevan cualquier conflicto potencial a un nivel de riesgo que bloquea la acción directa.

El mensaje que muchos gobiernos están interiorizando es claro: no tener armas nucleares puede dejarte expuesto, mientras que tenerlas cambia el cálculo del adversario. Ese cambio de mentalidad es el verdadero punto de inflexión. El problema es que estas decisiones no se toman en aislamiento. Si un país se plantea desarrollar armas nucleares, sus vecinos hacen lo mismo. Lo que empieza como una medida defensiva acaba generando un efecto en cadena que erosiona la seguridad colectiva.

Este fenómeno es visible en Oriente Medio y Asia, pero ya no se limita a esas regiones. Europa, tradicionalmente protegida por el paraguas nuclear estadounidense, empieza a cuestionarse si ese modelo sigue siendo suficiente.

Aquí surge una paradoja clave. Hoy hay menos armas nucleares que en la Guerra Fría, pero el riesgo percibido es mayor. La razón es sencilla: hay más actores potenciales y menos coordinación. Ya no son dos bloques, sino múltiples países tomando decisiones de forma independiente. A esta nueva realidad hay que añadir que el sistema de control se debilita, los tratados pierden peso y el margen de error se reduce. En este entorno, la estabilidad depende tanto del equilibrio de fuerzas como de la capacidad de interpretar correctamente las intenciones del resto.

Y ahí es donde el riesgo se multiplica. Porque el cambio no es técnico, sino psicológico. Antes la pregunta era cómo evitar la proliferación. Ahora es si un país puede permitirse no tener armas nucleares. Ese giro altera por completo la dinámica global.

El mundo no avanza hacia una nueva Guerra Fría, sino hacia un escenario más fragmentado, con más actores, menos reglas y mayor incertidumbre. En ese contexto, la bomba deja de ser una excepción y pasa a convertirse en una tentación. Cuando demasiados países llegan a la misma conclusión al mismo tiempo, el problema deja de ser individual y pasa a ser sistémico. Y entonces el riesgo ya no crece de forma gradual, sino exponencial. En un entorno donde el margen de error es mínimo, ése es el verdadero peligro.

La OTAN ya no inspira seguridad

Durante décadas, la OTAN ha sido uno de los pilares del orden internacional. Su fuerza no estaba solo en su capacidad militar, sino en una idea muy simple: si atacas a uno, responden todos. Esa promesa ha sido el verdadero elemento disuasorio desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy, esa promesa está en duda. La guerra en Irán ha acelerado una crisis que llevaba tiempo gestándose. Ya no hablamos de discrepancias puntuales entre aliados, sino de una ruptura de confianza mucho más profunda. EEUU, bajo el liderazgo de Donald Trump, ha dejado claro que su compromiso con la Alianza ya no es el mismo. No solo cuestiona su utilidad, sino que ha llegado a plantear abiertamente si merece la pena seguir dentro, sugiriendo incluso que podría abandonar la OTAN si no hay cambios en la implicación del resto de socios.

Y esta vez Europa tampoco responde como antes. España, Francia e Italia han limitado el uso de sus bases para operaciones en Irán. Reino Unido ha restringido el intercambio de inteligencia. Polonia se niega a mover sus sistemas Patriot. Incluso los aliados más cercanos empiezan a marcar distancias.

La OTAN ha superado otras crisis en el pasado, pero siempre bajo una premisa: no había alternativa real. Ahora el problema es distinto. Antes las tensiones eran entre socios; hoy la fractura es entre el socio que más aporta, EEUU, y todos los demás. Europa empieza a asumir que no puede depender indefinidamente de Washington para su seguridad. Y EEUU, por su parte, ya no ve a Europa como una prioridad estratégica frente a China o el Indo-Pacífico.

El resultado es una OTAN que sigue existiendo, pero cuya esencia (la confianza) se está erosionando. Y cuando eso ocurre en una alianza militar, todo lo demás pierde valor. Además, la división también es interna. Países como Hungría se alinean con Rusia, mientras otros refuerzan su defensa ante el miedo a quedarse solos. La cohesión se rompe en ambas direcciones. Y en este contexto surge una pregunta incómoda: ¿qué pasaría si un país miembro es atacado mañana?

Porque la credibilidad de la respuesta ya no está garantizada. Y cuando la disuasión desaparece, el riesgo de conflicto aumenta. Europa empieza a reaccionar con más gasto en defensa y tímidos pasos hacia una mayor autonomía, pero construir una alternativa real llevará años. Por eso, el escenario más probable no es una ruptura inmediata, sino una OTAN más débil, menos cohesionada y mucho más impredecible. Y en un mundo cada vez más inestable, eso es lo más peligroso. La Alianza no desaparecerá de un día para otro, pero puede dejar de ser lo que era. Y cuando una estructura que ha sostenido el equilibrio global pierde credibilidad, las consecuencias suelen ser abruptas.

Lo importante no es si la OTAN desaparece, sino que estamos entrando en una fase en la que las reglas dejan de estar claras. Europa ha vivido durante décadas bajo un paraguas de seguridad que daba por hecho. Hoy ese paraguas empieza a cerrarse. Y cuando eso ocurre, no basta con preocuparse… hay que reaccionar. Porque en geopolítica, como en los mercados, los cambios estructurales no avisan dos veces.

Europa llega tarde

Durante años, Europa vivió instalada en una comodidad estratégica que hoy ha desaparecido. Delegó su seguridad en EEUU, redujo su gasto militar y priorizó el bienestar interno frente a cualquier otra consideración. Ese equilibrio funcionó mientras el mundo era relativamente estable. El problema es que ese mundo ya no existe.

Los datos empiezan a reflejar un cambio de rumbo claro. En 2025, los países europeos de la OTAN junto con Canadá aumentaron su gasto en defensa cerca de un 20% por segundo año consecutivo. Unos 574.000 millones$ adicionales respecto al año anterior. No es un ajuste marginal, es un giro estructural.Y, sin embargo, este movimiento no nace tanto de una convicción propia como de una presión externa. 

Donald Trump ha sido insistente, casi obsesivo, con una idea: Europa debe pagar más por su propia seguridad. Lo que durante años fue una recomendación diplomática se ha convertido ahora en una exigencia directa, con objetivos mucho más ambiciosos. Ya no se trata solo del famoso 2% del PIB, sino de alcanzar el 5%, combinando gasto militar y seguridad ampliada. Algunos países han reaccionado con rapidez. Polonia, los países bálticos o las economías nórdicas ya están por delante incluso de EEUU en términos de esfuerzo relativo sobre el PIB. Son los que más perciben la amenaza directa de Rusia y, por tanto, los que menos margen tienen para el debate.

Pero el cambio no es solo cuantitativo. Es profundamente cualitativo. Europa empieza a despertar de una realidad incómoda: su industria de defensa llevaba décadas prácticamente dormida. El rearme no es simplemente gastar más, es reconstruir capacidades industriales, tecnológicas y logísticas que se habían ido perdiendo desde el final de la Guerra Fría. Y eso lleva tiempo.

Aquí es donde aparece la verdadera fractura. Porque mientras Europa avanza hacia un mayor gasto en defensa con una lógica defensiva (protegerse de Rusia, estabilizar su entorno, evitar conflictos), los EEUU de Trump operan con una lógica completamente distinta. Más transaccional, más unilateral, más orientada al interés inmediato. El caso de Irán lo deja claro. Mientras Washington actúa militarmente y eleva la presión, Europa muestra incomodidad, duda y, sobre todo, reticencia a verse arrastrada a un conflicto que no considera prioritario. Incluso ha rechazado implicarse en operaciones clave como la reapertura del tráfico en el estrecho de Ormuz en pleno conflicto, algo impensable hace solo unos años.

Esto evidencia una divergencia de fondo. Para EEUU, el mundo se interpreta cada vez más en clave de poder y negociación directa. Para Europa, sigue siendo —al menos en parte— un espacio donde la diplomacia, la estabilidad y la gestión del riesgo tienen un peso mayor. El problema es que ambas visiones conviven dentro de la misma alianza. Y eso genera tensiones evidentes. Hasta el punto de que el propio Trump ha llegado a afirmar que EEUU no necesita a la OTAN, un mensaje que habría sido impensable hace apenas una década. Mientras tanto, desde dentro de la Alianza, también crecen las incomodidades con la estrategia de acercamiento y concesiones hacia Washington. Europa se rearma, sí. Pero lo hace en un contexto en el que la relación con su principal aliado está cambiando. Ya no es una relación basada en la confianza implícita, sino en un equilibrio mucho más frágil, donde cada parte empieza a mirar por sus propios intereses.

Y aquí está la clave de todo. Europa ha entendido que necesita invertir más en defensa. Pero lo que todavía no tiene claro es si ese esfuerzo servirá para reforzar la alianza atlántica… o para prepararse ante un escenario en el que esa alianza deje de ser tan sólida como siempre se había dado por hecho .Porque el verdadero cambio no es cuánto gasta Europa. Es que, por primera vez en décadas, empieza a plantearse que quizá no puede depender de nadie más para garantizar su seguridad.

Europa no solo llega tarde al rearme. Llega tarde a entender cómo funciona el mundo en el que estamos entrando. Mientras EEUU se mueve rápido, toma decisiones incómodas y redefine sus prioridades sin mirar atrás, Europa sigue intentando adaptarse sin romper del todo con su pasado. El riesgo no es gastar poco. El riesgo es no tener una estrategia clara. Porque aumentar el presupuesto en defensa sin una visión común, sin autonomía real y sin liderazgo político, puede quedarse en un simple parche. Y en un entorno como el actual, los parches duran muy poco. La pregunta no es si Europa va a gastar más, que ya sabemos que sí. La verdadera pregunta es si va a ser capaz de convertirse en un actor estratégico… o si seguirá siendo un espectador bien armado en un mundo cada vez más duro.

La lección de Ucrania

Durante más de cuatro años, Ucrania ha conseguido sostener su esfuerzo de guerra gracias a un pilar fundamental: el apoyo financiero y militar de sus aliados occidentales. Sin ese respaldo, el conflicto habría tenido un desenlace muy distinto. El problema es que ese pilar empieza a mostrar grietas, y lo hace en el peor momento posible. Hoy, la realidad es incómoda: Ucrania podría quedarse sin fondos para sostener su defensa en apenas dos meses. Las estimaciones apuntan a que el dinero disponible apenas alcanza hasta junio. A partir de ahí, todo depende de que lleguen nuevas ayudas. Y lo preocupante no es solo la falta de liquidez inmediata, sino la acumulación de obstáculos que están bloqueando esa financiación.

Europa, que ha asumido gran parte del esfuerzo tras el repliegue de EEUU, está lejos de mostrar una posición cohesionada. El veto de Hungría a un paquete de ayuda de 90.000 millones€ ha dejado en suspenso una parte clave del apoyo financiero. Y lo más relevante no es solo el veto en sí, sino lo que representa: una creciente fragmentación política dentro de la Unión Europea en un momento crítico.

A esto se suma el desgaste en otras vías de financiación. El programa del Fondo Monetario Internacional avanza con dificultades por tensiones internas en Ucrania, donde las reformas exigidas no terminan de aprobarse. Y en el ámbito militar, el apoyo de la OTAN también muestra señales de fatiga, con cada vez menos países dispuestos a asumir el coste de suministrar armamento de forma recurrente.

Pero si hay un factor que agrava aún más la situación, es el contexto global. La guerra en Oriente Próximo ha cambiado completamente las prioridades. EEUU, que durante años fue el principal sostén de Ucrania, ha desviado su atención, sus recursos y su capacidad militar hacia una región mucho más crítica desde el punto de vista energético y estratégico.

 La consecuencia es clara: Ucrania ha dejado de ser el centro del tablero. Este cambio de foco tiene un doble impacto. Por un lado, reduce el flujo de ayuda directa. Por otro, beneficia indirectamente a Rusia. El repunte de los precios del petróleo, impulsado por el conflicto en Irán, está engrosando los ingresos del Kremlin, dándole más margen para sostener el esfuerzo bélico. Mientras Ucrania se queda sin recursos, Rusia encuentra nuevas fuentes de financiación.

El desequilibrio es evidente. Y ante esa situación, Ucrania se enfrenta a decisiones extremadamente complejas. Si no llega financiación externa, el banco central podría verse obligado a monetizar el déficit, es decir, imprimir dinero para pagar salarios, pensiones y gastos militares. Una medida que, aunque necesaria en el corto plazo, puede generar tensiones inflacionistas y desestabilizar aún más la economía. En paralelo, el país necesita cifras cada vez más elevadas para sostener la guerra. Solo en 2026, las necesidades de financiación externa ascienden a unos 52.000 millones$. Y de ellos, una parte importante depende de decisiones políticas que hoy están bloqueadas o condicionadas por intereses ajenos al propio conflicto.

Aquí es donde se entiende que esta guerra ya no se libra solo en el frente militar. Se libra también en los despachos, en las negociaciones políticas, en los presupuestos nacionales y, sobre todo, en las prioridades geopolíticas de las grandes potencias. Ucrania no solo lucha contra Rusia. Lucha contra el paso del tiempo, contra la fatiga de sus aliados y contra un mundo que empieza a mirar hacia otro lado.Y este es, probablemente, el mayor riesgo de todos. Porque en un entorno donde las crisis se solapan, la atención es un recurso limitado. Y cuando aparece un conflicto más urgente, más visible o más relevante desde el punto de vista económico, el anterior deja de ser prioritario. No desaparece, pero pierde peso.

Ucrania no solo necesita ganar la guerra… necesita seguir siendo importante. Porque en el nuevo orden que se está configurando, no siempre gana el que tiene la razón, ni siquiera el que tiene más capacidad de resistencia. Muchas veces gana el que consigue mantenerse en el centro de la agenda global. Y hoy Ucrania corre el riesgo de dejar de estarlo.

Nordea: oportunidades de inversión en la defensa de Europa

En este contexto, Rene M. Petersen, gestor jefe de la cartera de la estrategia Empower Europe de Nordea AM, resalta que el escenario de seguridad en Europa está cambiando de forma significativa. Lo que antes eran amenazas esporádicas —ya fueran territoriales o digitales— se han transformado en retos estructurales que afectan a la toma de decisiones políticas, la asignación de capital y la estrategia a largo plazo. En un contexto de inestabilidad en Oriente Medio y de renovadas tensiones geopolíticas, la seguridad ya no es una medida puntual ni reactiva; hoy es una realidad permanente del panorama político y económico europeo.

Como respuesta, los gobiernos y las instituciones europeas han comenzado a movilizar inversiones a una escala sin precedentes. Esto incluye los sistemas militares, el sector aeroespacial, las infraestructuras críticas, la protección de datos y las comunicaciones seguras. Las políticas públicas se han convertido en un potente catalizador que acelera la inversión a una escala que no se veía en décadas. El Plan ReArm Europe/Readiness 2030 de la UE está diseñado para movilizar hasta 800.000 millones€ en inversión en defensa, incluyendo alrededor de 650.000 millones de margen fiscal adicional y hasta 150.000 millones de euros a través del instrumento de préstamo SAFE, junto con el apoyo de las instituciones financieras europeas y el capital privado.

Paralelamente, una mayor cooperación entre los Estados miembros de la UE está impulsando el desarrollo de proveedores locales, la ampliación de tecnologías críticas y la creación de ecosistemas europeos más sólidos. El objetivo es claro: reforzar el control de Europa sobre las capacidades críticas en materia de defensa y ciberseguridad, reduciendo la dependencia de socios externos. No se trata de un cambio cíclico, sino de una demanda duradera y recurrente que seguirá marcando el rumbo de la industria europea en los próximos años.

Las prioridades políticas de Europa se traducen cada vez más en proyectos económicos concretos en los ámbitos de la defensa, la ciberseguridad, la capacidad industrial y las infraestructuras. A medida que los gobiernos y las instituciones aumentan la inversión para reforzar la seguridad y la capacidad estratégica, el capital fluye no solo hacia los grandes grupos de defensa, sino también hacia el ecosistema más amplio de empresas que proporcionan tecnologías habilitadoras, componentes especializados, sistemas seguros y servicios esenciales. Todo ello está ampliando el abanico de oportunidades en el mercado europeo.

Esto incluye empresas de pequeña y mediana capitalización, proveedores de tecnología especializada y operadores de infraestructuras que desempeñan un papel importante a la hora de convertir las ambiciones políticas en resultados concretos. Su implicación en las cadenas de suministro locales, sus capacidades especializadas y los programas de inversión nacionales las sitúan en el centro de la agenda de seguridad europea, en constante evolución. Debido a que muchas de estas empresas siguen teniendo una menor presencia en los índices generales del mercado, la oportunidad va más allá de los nombres más conocidos del sector de la defensa.

Al mismo tiempo, el panorama geopolítico sigue siendo impredecible y la política comercial, las relaciones internacionales y las interdependencias transfronterizas continúan determinando el riesgo económico. En este contexto, ofrecen una clara ventaja estratégica aquellas empresas con operaciones en Europa, presencia productiva local y fuentes de ingresos vinculadas a los ciclos de inversión nacionales. Para los inversores, la oportunidad reside en identificar aquellas empresas que están en condiciones de beneficiarse del compromiso de Europa con la seguridad, la resiliencia y la autosuficiencia industrial.

El impulso de Europa hacia la autonomía estratégica está creando un contexto de inversión muy atractivo a largo plazo para las empresas del sector de la defensa, la ciberseguridad y las infraestructuras críticas. A medida que los responsables políticos dan prioridad a la resiliencia, la capacidad industrial y la reducción de la dependencia de proveedores externos, se está acelerando la demanda de capacidades diseñadas, producidas y mantenidas dentro de Europa.

Se trata de una oportunidad estructural, más que de una meramente cíclica. Aunque su aplicación variará según los países y los sectores, la tendencia es clara y se sustenta en con el respaldo de las prioridades políticas, las necesidades de seguridad en constante evolución y la creciente importancia de cadenas de suministro nacionales resilientes. Para los inversores, por lo tanto, no se trata de aprovechar el impulso del mercado a corto plazo, sino de posicionarse en áreas de gasto que cobran cada vez más importancia en la agenda estratégica a largo plazo de Europa.

10Apr

"La volatilidad siempre genera oportunidades para quienes tienen capacidad de aprovechar las caídas", recuerda Emilio Ortiz, director de Inversiones de Mutuactivos, que alerta sobre conflictos de interés en las OPV de empresas ligadas a la IA: SpaceX, Anthropic, OpenAI.

Miguel Ángel Valero

Más de un mes después del inicio de la guerra en el Golfo Pérsico por los ataques de Israel y EEUU a Irán, y a expensas del desenlace de la tregua, la incertidumbre continúa presidiendo cualquier diagnóstico sobre la duración y el alcance de la inestabilidad que domina en estos momentos el comportamiento de la economía mundial. Con el precio del petróleo fluctuando en la zona de los 95-110$ (45-55€ el gas natural), una vez certificada la capacidad de Irán de bloquear el estrecho de Ormuz y reducir en un 10% la oferta mundial de crudo a corto plazo, el canal inflacionista ya se ha activado. Con el impacto inicial en carburantes haciéndose sentir en los datos de inflación de marzo (3,3% en España y 2,5% en la Eurozona), destaca José Ramón Díez en un análisis de CaixaBank Research sobre el conflicto.

La noticia positiva es que las expectativas de inflación a medio plazo continúan mostrando una elevada estabilidad a ambos lados del Atlántico, lo que ayuda a que las perturbaciones tengan un impacto moderado en el canal financiero. Los potenciales efectos negativos en crecimiento a través del canal comercial serán asimétricos entre regiones y países, teniendo en cuenta la dependencia energética del crudo y del gas procedente de Oriente Próximo, la eficiencia energética, la estructura sectorial y la capacidad fiscal para suavizar el efecto del choque de oferta.

Con grandes economías del sudeste asiático (India, Filipinas o Vietnam) como países potencialmente más afectados, junto a los países africanos con una gran importancia relativa del sector agrícola y, por tanto, con elevada dependencia de los precios y flujos de los fertilizantes. En este contexto y con el 80% del comercio mundial utilizando la vía marítima, vuelve a ponerse de manifiesto la importancia de algo tan básico como la geografía, con los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb, cuyo control puede alterar la oferta de productos estratégicos para las cadenas de valor mundiales y cuya importancia estratégica en el nuevo marco geopolítico global se une a la de las tierras raras, sistemas de pagos o energía.

Un caso especial es el de EEUU, pues, en principio, debería sufrir un menor impacto potencial al mejorar su relación real de intercambio con las subidas del precio del petróleo y del gas natural. Sin embargo, la situación macroeconómica presenta fragilidades, como una inflación todavía afectada negativamente por las inercias de las subidas arancelarias mientras el mercado laboral muestra señales de enfriamiento, debido tanto a factores de oferta (política inmigratoria) como de demanda (efectos de la IA y sobrecontratación en los años posteriores a la COVID). Una combinación que dificultará la estrategia de la Fed en los próximos trimestres y que, junto con el deterioro del marco institucional, explicaría el papel algo más diluido del dólar como activo refugio en esta ocasión.

En este contexto, la posición del BCE es más cómoda, ya que, a los tipos situados en la zona neutral, se suma una inflación en el objetivo antes del inicio del conflicto y una exposición directa de los flujos energéticos de la región muy inferior a los de la guerra en Ucrania, cuando Europa tuvo que reconfigurar sus cadenas de suministro en muy poco tiempo. En este sentido, las expectativas que han llegado a cotizar los mercados, de tres e incluso cuatro subidas de tipos de interés en Europa antes de finalizar el año, parecen anticipar escenarios más próximos al severo o de estanflación del BCE (inflación del 4,4% en 2026 y del 4,8% en 2027) que al adverso o de shock de oferta moderado (3,5% y 2,1%, respectivamente). Tampoco se percibe, por ahora, una sensación de urgencia generalizada en el Consejo de Gobierno del BCE por llevar a cabo varias subidas de tipos de interés en pocos meses.

Muchos frentes abiertos a todos los niveles que limitan la visibilidad a la hora de realizar proyecciones económicas y financieras, con la sensación de que el mayor riesgo, si la tregua de dos semanas no llega a buen puerto, es que las entregas físicas de crudo se vean amenazadas, lo que podría desencadenar un aumento de la demanda por motivos precautorios, llevando el precio a niveles mucho más altos que los vistos hasta el momento. Teniendo además presente que, en un evento geopolítico como el actual, se puede dar marcha atrás, pero más difícil es evitar las cicatrices estructurales en las decisiones de los agentes económicos provocadas por la pérdida de confianza, cuando aún no se han manifestado en su totalidad las ocasionadas por la tormenta arancelaria de los últimos meses. Pero ya habrá ocasión de evaluarlas. 

Mientras tanto, y aunque el reloj se ha detenido durante 15 días, sigue siendo pertinente recordar que si, en lenguaje cinematográfico, la comedia equivale a drama más tiempo; en economía, también la variable tiempo es capaz de transformar un shock de oferta en una estanflación.

Los efectos de la guerra se notarán a partir de 9 meses después

El canal inflacionista combina efectos directos e indirectos. Los directos son los más visibles y los primeros en aparecer: un repunte del precio del petróleo se traslada con rapidez a los carburantes, mientras que un encarecimiento del gas se refleja tanto en el precio del gas natural como en la factura eléctrica, dado su papel clave en la generación de electricidad.

Los efectos indirectos son más graduales, pero también potencialmente relevantes. La energía forma parte de los insumos utilizados en múltiples procesos productivos, de modo que su encarecimiento, si persiste en el tiempo, se traslada, al menos en parte, al resto de productos. La experiencia de 2022 y de otros episodios históricos de aumento del precio de la energía sugiere que este traslado empieza a manifestarse alrededor de nueve meses después del shock inicial. A ello se suma el posible encarecimiento de otros inputs estratégicos, como los fertilizantes, un componente clave para el sector agrícola, en cuyo mercado Oriente Próximo juega un papel relevante como exportador. La magnitud del impacto final dependerá de la intensidad y duración del shock energético, así como de la respuesta de la política fiscal. 

Las estimaciones de CaixaBank Research sugieren que un aumento del 10% del Brent en euros incrementa en 2 décimas la inflación general, mientras que un aumento del 10% del gas tiene un efecto más contenido, de alrededor de 0,05 puntos. En un escenario con un precio medio del petróleo en 2026 cercano a los 85$ el barril y un precio del gas en torno a los 55€ cifras coherentes con los datos de futuros de mercados durante el mes de marzo, el impacto conjunto podría añadir hasta 1 punto a la previsión de inflación para este año, actualmente situada en el 2,4%. 

El paquete de medidas fiscales anunciado por el Gobierno actuaría como un amortiguador. Suponiendo que las medidas se mantengan vigentes hasta junio –condición que, según la ley aprobada, depende de que la inflación de los carburantes y de la electricidad supere el 15% en abril–, los expertos de CaixaBank Research estiman que podrían reducir el impacto del shock en 0,4 puntos y situar la inflación promedio de 2026 en torno al 3%. La tregua en las hostilidades anunciada recientemente, de consolidarse, ayudaría a limitar el repunte de la inflación, aunque también podría implicar que las medidas de apoyo fiscal finalicen anticipadamente.

La exposición directa de España a los países del Golfo Pérsico es limitada. Las exportaciones de bienes y servicios a toda la zona apenas representaron un 2% de todas las exportaciones, lo que equivale al 0,7% del PIB en 2025.  El BCE recortó en 0,3 puntos el crecimiento de las importaciones de la Eurozona –principal socio comercial de España– como consecuencia del conflicto en Irán, una revisión que tendría un efecto reducido sobre la economía española. En todo caso, dependerá de cómo evolucione el conflicto.

Cuando aumenta la incertidumbre, hogares y empresas tienden a posponer sus decisiones de gasto: los hogares retrasan la compra de bienes duraderos, mientras que las empresas aplazan sus inversiones hasta contar con mayor visibilidad. Un aumento de una desviación estándar durante un trimestre del índice de incertidumbre económica del Banco de España se asocia con una pérdida de crecimiento del PIB de alrededor de 0,2 puntos en el mismo año.

Por otra parte, los mercados anticipan entre dos y tres subidas de tipos del BCE durante 2026. Un incremento de 100 pb suele asociarse a una pérdida acumulada de alrededor de 0,4 puntos de PIB en un periodo de dos años, con la mayor parte del impacto concentrado en el segundo. Esto significa que, si el endurecimiento monetario termina materializándose, su efecto se notaría más en 2027 que en 2026.

Los expertos de CaixaBank dibujan dos escenarios. El primero, más benigno, sería compatible con un conflicto que se resuelve de manera relativamente rápida y con daños escasos y reversibles sobre la infraestructura energética. Un segundo escenario, más adverso, contemplaría un conflicto de varios meses, con daños relevantes sobre la infraestructura energética, y una prolongación de las medidas de apoyo fiscal. Bajo estos supuestos, el impacto sobre el crecimiento anual del PIB podría situarse en una horquilla de entre 2 décimas y menos de 1 punto, una banda amplia, pero precisamente esa amplitud refleja la magnitud de la incertidumbre que presenta la coyuntura actual.

Mutuactivos: la volatilidad siempre genera oportunidades 

Por su parte, en su carta trimestral a los inversores, Emilio Ortiz, director de Inversiones de Mutuactivos, destaca que la guerra en Oriente Medio ha generado una importante corrección de los mercados de capitales: las Bolsas mundiales cierran el trimestre con una caída media del 1,5%, lastradas por el S&P 500, que se deja más de un 4%, y la renta fija pierde casi un 1%, afectada por el repunte de los tipos de interés y la ampliación de las primas de riesgo. En sentido contrario, el dólar se aprecia un 1,6% frente al euro. El oro cierra el trimestre con una subida del 8%, pero su volatilidad ha sido altísima durante el periodo, en el que ha sufrido dos correcciones de más del 10% a lo largo del trimestre. El comportamiento de la plata ha sido incluso más sorprendente, registrando una caída del 50% desde máximos. "Que esto haya ocurrido en un contexto bélico hace pensar que el posicionamiento de partida era altamente especulativo", advierte.

La deuda pública también ha vivido un periodo convulso. Los tipos de interés a corto plazo han repuntado bruscamente, descontando que la fuerte subida en los precios del petróleo generará un repunte de la inflación y que ésta requerirá un cambio radical en la política monetaria por parte de los bancos centrales. El movimiento se ha visto multiplicado por el posicionamiento de partida. A finales de febrero el consenso de mercado apostaba que, tras el próximo relevo de Jerome Powell al frente de la Fed, ésta bajaría los tipos de interés siguiendo las instrucciones de Trump, que lleva tiempo exigiendo esta medida. Esta expectativa propició la acumulación de posiciones largas en bonos a corto plazo, que se verían favorecidas por los recortes en los tipos oficiales, y cortas en bonos a largo plazo, que se podrían
ver afectados por una mayor inflación futura, resultado de una política monetaria más acomodaticia. 

Esta apuesta por el empinamiento de las curvas ('steepening' ) era muy común entre los inversores profesionales y, particularmente, entre los 'hedge funds', que típicamente apalancan bastante sus posiciones para mejorar el retorno esperado.

Pero al cierre del trimestre los futuros descuentan que la Fed no bajará tipos hasta la segunda mitad de 2027. En la Eurozona, las curvas han pasado de descontar unos tipos estables en torno al 2%, a subidas de entre 50 y 75 pb durante 2026. Y aunque los tramos largos de las curvas también se han desplazado al alza, el movimiento ha sido mucho más limitado, lo que ha generado un fuerte aplanamiento de las curvas. Este comportamiento obedece, no solo a un rebalanceo de posiciones, sino también a la creencia de que, aunque un aumento en el precio del petróleo pueda generar un repunte de la inflación en el corto plazo, a medio plazo la principal consecuencia será un menor crecimiento económico. Un petróleo más caro empobrece a quienes lo importan.

Preocupación por el crédito privado y por la IA

La política monetaria, que actúa fundamentalmente sobre la demanda agregada, es poco eficaz ante shocks de oferta como el actual. "Irán no va a reabrir el estrecho de Ormuz por mucho que el BCE suba los tipos de interés. De hecho, si lo que pretende el gobierno iraní es causar el mayor daño económico posible a Occidente para forzar un fin de la guerra, estará deseando que los bancos centrales hagan justamente eso. Trump es errático e impredecible, pero cada vez que sus decisiones han tenido un impacto negativo en los mercados, particularmente en el de bonos, ha dado marcha atrás en sus exigencias", explica Emilio Ortiz. "2026 es año electoral en EEUU y la guerra, que está generando mucho rechazo en ese país, podría tener un alto coste político para el Partido Republicano", añade.

"Como es natural, la caída de los mercados se ha hecho sentir también en nuestras carteras. Aunque partíamos de una posición relativamente defensiva, con bajas duraciones y poco riesgo de crédito en las carteras de renta fija y algunas coberturas en renta variable en los productos mixtos que han permitido mitigar el impacto, cerramos el trimestre con ligeras pérdidas", reconoce el gestor de Mutuactivos.

"La situación en Irán sigue siendo compleja y todavía no hemos llegado a ver las escenas de pánico que suelen ser señal inequívoca para aumentar la exposición a activos de riesgo, pero hemos aprovechado las caídas para empezar a retomar posiciones, alargando la duración, levantando algunas coberturas y reforzando algunas inversiones, tanto en crédito como en renta variable. La volatilidad siempre genera oportunidades para quienes tienen capacidad de aprovechar las caídas", apunta.

El otro gran foco del mercado ahora está en el crédito privado. Durante los últimos años se ve una importante proliferación de fondos de renta fija privada entre inversores minoristas, particularmente en EEUU. Estos fondos invierten principalmente en préstamos a compañías que, ya sea por falta de tamaño o porque buscan mayor flexibilidad, recurren a la financiación privada no bancaria, en lugar de pedir un préstamo a su banco o emitir un bono. Existe un mercado secundario para estos préstamos, pero la liquidez es típicamente muy reducida. Esto no supone un problema para un inversor institucional, dispuesto a aceptar compromisos de inversión a largo plazo a cambio de una prima de rentabilidad, pero limita mucho el interés del cliente minorista, acostumbrado a invertir en fondos con liquidez diaria.

La solución a este problema ha sido lanzar los llamados fondos 'evergreen', semilíquidos, que prometen ventanas de liquidez trimestrales, consiguiendo la cuadratura del círculo: un vehículo por medio del cual el inversor minorista puede capturar la prima de iliquidez implícita en los activos subyacentes sin tener que renunciar a su liquidez. Este novedoso diseño está basado en la tesis de que las decisiones de los inversores están descorrelacionadas, más aún cuando se trata de clientes particulares. De este modo, los reembolsos de unos se podrían compensar con las suscripciones de otros, sin tener querecurrir a la venta de activos en el mercado.

"El problema es que esa tesis no tiene respaldo empírico. Cuando hay un cambio relevante en las expectativas, los inversores suelen moverse al unísono, como lo hace un rebaño. Lo hemos visto en muchas ocasiones y siempre con las mismas consecuencias", avisa Emilio Ortiz. 

En este caso, el motivo de la ola de reembolsos en los fondos de deuda privada tiene su origen en la percepción de que la alta exposición de las carteras a compañías del sector del software podría ser problemática. En torno a un 15% del crédito privado en EEUU puede estar emitido por compañías de software, uno de los sectores más expuestos al desarrollo de la IA. Las cuatro grandes hyperscalers americanas (Alphabet, Microsoft, Amazon y Meta) han anunciado inversiones por más de 600.000 millones$ para 2026.

"Y aunque es poco probable que este sector vaya a desaparecer, porque muchos sistemas informáticos son muy difíciles de reemplazar, lo cierto es que, como casi siempre, los inversores primero venden y luego preguntan", resalta el gestor de Mutuactivos. Prácticamente todas las gestoras involucradas, grandes y pequeñas, han decidido limitar temporalmente los reembolsos, evitando así la venta desordenada de los préstamos subyacentes que, sin duda, habría hundido sus precios. Con todo, la fuerte caída en las cotizaciones bursátiles de las grandes gestoras de activos alternativos, como Apollo, KKR o Blackstone, que han perdido un 25% de media en el trimestre, parece indicar que el daño reputacional es considerable.

"Cuando diseñamos nuestro fondo de deuda privada, Global Private Income Program, decidimos que no tuviese ventanas de liquidez hasta el cuarto año, alineando así el horizonte de inversión de los activos con el de los pasivos", subraya.

Sobre la IA cada vez hay más opiniones poniendo en duda la sostenibilidad del actual ritmo de inversión. También hay voces que alertan sobre la necesidad de poner límites al uso de la tecnología o sobre las implicaciones que su implantación puede tener para la estabilidad social.

Los grandes bancos de Wall Street ya están preparando el terreno para las que seguramente serán las mayores OPV de la historia. SpaceX, la compañía de Elon Musk, acaba de registrar el folleto para su próxima salida a Bolsa y la valoración podría acercarse a los dos billones$s. Tras SpaceX seguramente salgan a cotizar Anthropic, la dueña de Claude, uno de los modelos de IA más exitosos, que podría superar los 400.000 millones$en su debut bursátil, y OpenAI (ChatGPT), que acaba de levantar capital en una ronda privada de financiación con una valoración de más de 850.000 millones$.

"Los bancos colocadores podrían generar hasta 2.000 millones de ingresos con estas operaciones. Demasiado dinero en juego como para evitar conflictos de interés, particularmente a la hora de establecer las valoraciones", advierte Emilio Ortiz.

Más de la mitad de todo el capital invertido en renta variable americana está canalizado a través de vehículos pasivos, y la mayor parte de estos replican índices basados en la capitalización, como el S&P 500 o el Nasdaq. Hasta ahora, en la inmensa mayoría de los casos, para entrar a formar parte de estos índices una acción debía haber estado cotizando durante un mínimo de tres meses. El objetivo de este periodo de “cuarentena” es que el mercado tenga suficiente tiempo para establecer una valoración fiable de la compañía antes de su inclusión en el índice. Además, el peso de cada valor está ponderado por el número de acciones que realmente cotizan en el mercado (el free float). Esto se hace por cuestiones de liquidez, pero también de representatividad, dado que es muy fácil manipular el precio de una compañía poco líquida. Pues bien, casualmente, Nasdaq acaba de cambiar estas reglas. A partir de ahora, las compañías de gran capitalización podrán entrar a formar parte de sus índices de manera casi inmediata, dentro del periodo de ejercicio del green shoe, que aquí cobra un valor fundamental. Además, se va a reducir el ajuste por free float, de modo que el peso de estas compañías en el Nasdaq será significativamente superior al que hubiera resultado aplicando la metodología anterior. El administrador del S&P 500 está estudiando hacer algo similar.

"Los promotores de estos cambios argumentan que todo ello está orientado a que los inversores minoristas, que han canalizado gran parte de su inversión a través de fondos pasivos, puedan participar inmediatamente de esta fantástica oportunidad. Pero, teniendo en cuenta el dinero que hay en juego, debemos ser escépticos. Si los fondos pasivos se van a ver obligados a participar en estas OPV, si el peso de estas compañías en los índices va a ser superior al correspondiente a su free float y si buena parte de la colocación va a estar reservada a clientes minoristas, que son precio-aceptantes, el éxito de dichas OPV está garantizado, sea cual sea el precio. Aquellos que quieran evitar este claro conflicto de interés pueden optar por fondos de gestión activa, en los que un gestor profesional decidirá si participar o no en la OPV en función del precio, o por fondos pasivos que, como Mutuafondo Renta Variable EEUU,FI, repliquen índices que no sean de capitalización, como es el caso del Dow Jones", concluye.

UBS: la exposición a tendencias estructurales es clave

El CIO Daily House View de UBS Global Wealth Management señala que la incertidumbre en torno al alto el fuego en Oriente Medio ha provocado oscilaciones en los mercados de renta variable, "por lo que seguimos recomendando a los inversores diversificar sus carteras. No obstante, las tendencias estructurales de la inteligencia artificial, la electrificación y el envejecimiento demográfico se mantienen, y consideramos que la exposición a oportunidades estructurales es clave para la acumulación y preservación del patrimonio a largo plazo".

"El rápido auge de la IA agéntica apunta a una demanda sostenida.La fuerte demanda de centros de datos constituye solo una parte del atractivo del ámbito de la energía y los recursos. El envejecimiento de la población debería impulsar una necesidad sostenida de tratamientos para enfermedades crónicas". añade.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Aunque es probable que la volatilidad continúe a corto plazo, seguimos creyendo que la exposición a tendencias estructurales seguirá siendo un factor clave de diferenciación en el comportamiento de los mercados de renta variable a largo plazo”.

Ebury vaticina una recuperación amplia de las divisas emergentes

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, cree que las principales monedas latinoamericanas afrontarán los próximos meses con un sesgo constructivo, apoyadas en un escenario de progresiva desescalada geopolítica y en una expectativa de debilidad del dólar. No obstante, los factores domésticos —especialmente políticos— seguirán siendo determinantes en la evolución relativa de cada divisa. En este contexto, el analista de mercados de Ebury Diego Barnuevo considera que el real brasileño mantiene un perfil atractivo a medio plazo gracias a unos tipos reales elevados que continúan favoreciendo las estrategias de carry trade: “Aunque podría registrar volatilidad en el corto plazo, la mejora del entorno global y el ciclo electoral serán claves para consolidar su apreciación".

El peso chileno presenta potencial de recuperación apoyado en la mejora del sentimiento global y en la expectativa de repunte del cobre, en un entorno de menores precios energéticos, si se cumple la desescalada de conflicto. Este factor beneficiaría a Chile como importador neto de crudo. 

Más cautela despierta el peso colombiano, donde los riesgos internos —especialmente el impacto del aumento del salario mínimo y la incertidumbre institucional— “podrían limitar su desempeño, pese a un entorno externo más favorable y a unos tipos reales que siguen siendo atractivos para la inversión”. 

Por su parte, el peso mexicano se consolida como una de las divisas con mejor posicionamiento relativo, respaldado por la reducción de riesgos comerciales con EEUU, una relación bilateral más constructiva y unas perspectivas de crecimiento más dinámicas. 

El sol peruano destaca por la solidez de sus fundamentales macroeconómicos y por el enfoque del banco central hacia la estabilidad cambiaria, ”lo que debería facilitar una recuperación gradual a medida que se normalice el apetito global por el riesgo”. 

En conjunto, el escenario base de Ebury contempla una reapertura progresiva de rutas energéticas clave como el Estrecho de Ormuz y una moderación de las tensiones internacionales a partir de la primavera, factores que actuarían como catalizadores para una recuperación más amplia de las divisas emergentes.

09Apr

Preocupa la alta exposición de las empresas españolas al riesgo cambiario, ya que el 57,9% de las importaciones son fuera de la zona euro, el 22,3% a Asia, el 11,3% a China, y el 7,5% a América del Norte.

Miguel Ángel Valero

El “Insolvency Outlook” de Crédito y Caución avisa que las tensiones geopolíticas siguen lastrando el crecimiento de las empresas y afectando a sus márgenes operativos en múltiples sectores, y vaticina que los impagos aumenten un 3% en 2026. “Nuestra previsión de insolvencias se ha deteriorado debido a la persistencia de condiciones económicas adversas, entre las que se incluyen las deudas fiscales relacionadas con la COVID-19, el aumento de los costes de los insumos y las tensiones comerciales en curso. La crisis en Oriente Medio, junto con el consiguiente aumento de los precios de la energía, se suma a las presiones existentes. El impacto en las empresas dependerá en gran medida de la duración del conflicto”, argumenta Theo Smid, economista sénior de Atradius. 

El escenario base de Crédito y Caución parte de la hipótesis de que el actual cierre del estrecho de Ormuz comenzará a normalizarse a partir de mayo, con daños limitados a la infraestructura del Golfo. Si la interrupción se prolonga, habría que revisar las previsiones de evolución de las insolvencias.

Las perspectivas mejoran en 2027 con un descenso del 6% a medida que la inflación remita, los mercados energéticos se normalicen y los bancos centrales recuperen margen para reducir los tipos de interés.

En el caso de Europa, Crédito y Caución espera que el mayor aumento de las insolvencias se registre en Suiza, Italia y Portugal, mientras que Irlanda, Dinamarca, Noruega y los Países Bajos experimentarán descensos. En toda la zona euro, las empresas seguirán operando bajo una presión considerable en 2026. El aumento de los precios de la energía, impulsado por las perturbaciones en los mercados del gas vinculadas al conflicto en Oriente Medio, se está traduciendo en una inflación generalizada y está lastrando los márgenes comerciales.

Ebury: elevada exposición de las empresas a las divisas asiáticas

Por su parte, Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, destaca la exposición estructural significativa al riesgo cambiario de las empresas españolas. El 57,9% de las importaciones españolas se realizaron fuera de la zona euro, frente al 46,8% de las exportaciones, lo que confirma una asimetría estructural entre ingresos y costes en divisa. “Esta diferencia implica que el tejido empresarial español en su conjunto está estructuralmente más expuesto al riesgo cambiario por el lado de los costes que por el de los ingresos”, explica Luis Merino, director general de Ebury España.

El comercio exterior español alcanzó en 2025 exportaciones por 387.092 millones€ (+0,7%) e importaciones por 444.146 millones (+4,6%), situando el déficit comercial en 57.055 millones. Asia concentró el 22,3% de las importaciones españolas; solo China supuso el 11,3%; América del Norte representó el 7,5%. Esto pone de manifiesto la elevada exposición que tienen las empresas importadoras españolas no solo al EUR/USD, sino también a determinadas divisas asiáticas.

Para Ebury también resulta significativo el dato del déficit comercial registrado en 2025 y la presión estructural que supone en divisa: “Un déficit elevado implica una necesidad estructural de compra de divisa extranjera, y cuanto mayor es el desequilibrio comercial, mayores la sensibilidad agregada del sistema empresarial a movimientos del tipo de cambio”, explica Merino.

El análisis de Ebury también incide en la fuerte atomización en el número de operadores. De las 127.084 empresas exportadoras registradas en 2025, el 65,7% exporta menos de 50.000€ al año; el 94% exporta menos de 5 millones anuales y solo el 0,9%supera los 50 millones en ventas exteriores. Al mismo tiempo, las 1.000 principales empresas concentran el 65,2% del valor exportado. Para Ebury, “esta dualidad muestra que, aunque el volumen de comercio esté concentrado en grandes compañías, el riesgo cambiario en términos de número de empresas recae mayoritariamente sobre pymes, que suelen contar con menor estructura financiera especializada en cobertura sistemática”.

En este contexto, Ebury recuerda que “la gestión activa del riesgo cambiario  deja de ser una práctica reservada a grandes corporaciones y se convierte en una variable estratégica para miles de pequeñas y medianas empresas que operan en mercados internacionales”.

The Trader: el inversor dejar de mirar el relato y centrarse en la realidad

"Hay momentos en los que no cambia tanto la realidad como la forma en la que se cuenta. Y eso es precisamente lo que estamos viendo ahora con la guerra en Irán. Tan pronto se habla del final del conflicto como de un escenario de escalada, con ataques cruzados, nuevos frentes abiertos y un riesgo creciente sobre el estrecho de Ormuz que podría trasladarse directamente a la economía global. Y el mercado, como siempre, reacciona con brusquedad a cada nueva interpretación", opina el analista Pablo Gil en The Trader.

En ese contexto, las declaraciones de Donald Trump se han convertido en un factor en sí mismo. En cuestión de días pasa de proclamarse vencedor y hablar de un cambio de régimen en Teherán, a pedir una coalición internacional para reabrir Ormuz; después sugiere una retirada de EEUU y, poco después, vuelve a la amenaza de destrucción total… para terminar postergando el ataque cuando el plazo está a punto de expirar. No es solo ruido político, sino una forma de actuar que, de momento, le funciona, aunque empieza a generar dudas sobre cuánto tiempo podrá sostenerse sin encontrar límites.

Su método ha sido siempre el mismo: llevar la situación al extremo, observar la reacción del rival y, si el coste aumenta, rectificar sin reconocerlo abiertamente. Es lo que muchos han definido como la doctrina TACO: tensar, presionar… y acabar reculando. Lo vimos en la guerra arancelaria con China, donde elevó el pulso convencido de que Pekín cedería, pero terminó aceptando un acuerdo parcial tras comprobar que el impacto también golpeaba a la economía estadounidense. Lo vimos con Groenlandia, cuando la presión se desinfló en cuanto Europa marcó límites. Y lo vimos incluso en su promesa de acabar con la guerra entre Rusia y Ucrania en 48 horas, que pasó de ser una afirmación rotunda a un progresivo distanciamiento hasta terminar diciendo que no era su guerra.

Hasta ahora, ese enfoque funcionaba porque se movía en terrenos donde había margen para corregir. Pero una guerra no es una negociación comercial. Tiene inercia propia, genera dinámicas difíciles de controlar y no permite rectificaciones sin coste. Aquí no basta con cambiar el discurso. Cada paso condiciona el siguiente. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo con Irán.

Sobre el terreno, la realidad apenas ha cambiado. Israel sigue atacando, Irán responde de forma directa e indirecta y los puntos clave del sistema energético global continúan expuestos. No hay cambio de régimen, no hay rendición y, sobre todo, no hay una salida clara diseñada desde el principio. El riesgo no desaparece, simplemente se transforma.

Además, hay un factor que muchas veces se subestima: la resiliencia del régimen iraní. Décadas de sanciones no lo han debilitado como muchos esperaban, sino que lo han adaptado. Irán ha desarrollado una economía de supervivencia que le permite operar incluso en condiciones extremas. Y, en paralelo, la presión externa refuerza el control interno, desplaza las prioridades hacia la supervivencia y reduce la contestación. En ese entorno, el régimen no solo resiste, sino que se consolida.
Ahí es donde aparece el verdadero problema. Trump necesita una salida, pero no cualquier salida: necesita una que le permita mantener su narrativa de control y éxito. Y cuando esa narrativa empieza a chocar con los hechos, surgen las contradicciones. De ahí los bandazos constantes, entre el triunfo anticipado y la amenaza, entre la retirada y la escalada.El mercado, sin embargo, sigue reaccionando a cada mensaje como si fuera una señal definitiva. Basta una insinuación de calma para ver subidas en las bolsas y caídas en el petróleo. Pero esa reacción puede estar adelantándose a una realidad mucho más frágil. Porque si el conflicto se mantiene, aunque sea en segundo plano, o si persisten las tensiones en puntos clave como Ormuz, el impacto económico seguirá ahí, aunque desaparezca de los titulares.

La clave no está en si EEUU se retira en dos o tres semanas, o si se suspenden las hostilidades durante un tiempo, sino en entender que el mensaje forma parte de la estrategia. Elevar la tensión, sugerir soluciones rápidas y después introducir calma permite influir en mercados, aliados y adversarios. El problema es que, cuando esta dinámica se repite, acaba generando una ilusión de control en un entorno donde el riesgo real sigue creciendo.

Y ahí es donde el inversor debe hacer el ejercicio más importante: dejar de mirar el relato y centrarse en la realidad. Porque, más allá del ruido, lo que terminará marcando la evolución del mercado será si esta guerra afecta de verdad al equilibrio entre oferta y demanda energética… y durante cuánto tiempo.

Hoy da la sensación de que lo único capaz de provocar un cambio real en el sentimiento del inversor no es la amenaza de una guerra abierta, sino su impacto directo en la economía, tanto en términos de inflación como de crecimiento. Y mientras ese impacto no se materialice de forma clara, el mercado seguirá interpretando cada caída como una oportunidad de compra.

Lombard Odier: relajación gradual de las tensiones

El CIO Office Viewpoint, elaborado por Luca Bindelli, Head of Investment Strategy de Lombard Odier, resalta que el alto el fuego de dos semanas entre EEUU e Irán está en línea con "nuestro escenario base de una relajación gradual de las tensiones en Oriente Medio, con efectos limitados sobre el crecimiento y la inflación". "Nuestras carteras mantienen una posición neutral en renta variable y renta fija. Dentro de la renta variable, mantenemos una sobre ponderación en Japón. En renta fija, seguimos infra ponderados en bonos gubernamentales y sobre ponderados en bonos de mercados emergentes denominados en moneda fuerte. Seguimos manteniendo una sobre ponderación en oro", explica.

"Consideramos dos escenarios de riesgo. En el primero, mayores expectativas de tipos de interés máximos pesarían sobre los activos de riesgo. En el segundo, una recesión y menores expectativas de tipos favorecerían a los bonos gubernamentales y al oro. La historia subraya la importancia de mantener carteras resilientes y diversificadas. Favorecemos activos de calidad y el oro", apunta.

Vuelta a la normalidad con elevada volatilidad

El petróleo celebraba la desaparición del escenario más adverso en la guerra de Oriente Medio con el octavo mayor retroceso diario en el precio del Brent desde 1991. Sin embargo, tras el primer impulso positivo, emerge una realidad más fría: pese al acuerdo alcanzado, la vuelta a la normalidad no será lineal y estará marcada por episodios de volatilidad.

En este contexto, ya comienzan a aflorar señales de fricción. Algunos miembros del Parlamento iraní han afirmado que EEUU habría incumplido el alto el fuego; se ha registrado la incursión de un dron iraní cerca del oleoducto que atraviesa Arabia Saudí hasta Yanbu; y, además, Israel no ha detenido su ofensiva en el Líbano, viviendo una de las jornadas más intensas desde el inicio de la invasión.

A ello se suman las incertidumbres en torno a cómo se desarrollará esta “nueva normalidad” en el tránsito marítimo por el estrecho. Algunos buques chinos ya se dirigen a la zona con el objetivo de poner a prueba el paso, mientras que desde Lloyd’s, el mayor mercado asegurador del mundo, se sigue considerando el área como de alto riesgo. Los aseguradores, por tanto, demandan mayores garantías antes de reanudar plenamente las coberturas.

El estrecho de Ormuz, cuestionablemente abierto: peajes que deberán ser pagados en criptomonedas y, de lo contrario, amenazas de ataques. Poco a poco se van revelando más detalles sobre el procedimiento para cruzar el Estrecho en un contexto tan cambiante. Los buques, tras informar previamente de su cargamento, deberán pagar 1$ por barril de petróleo en criptomonedas, de manera que los petroleros vacíos podrán pasar sin costes. En el caso de los petroleros de crudo de gran tamaño (VLCC) se ha estado cobrando 2 millones$ por buque. Sin embargo, en las retransmisiones por radio persisten las amenazas advirtiendo de que aquellos que intenten transitar sin autorización serán destruidos. 

Una vez superado el momento de máxima tensión, se inicia un proceso de normalización que previsiblemente será irregular y con altibajos. No obstante, el reconocimiento de que existe una contraparte dispuesta a negociar constituye un elemento clave para que la recuperación se sostenga en el tiempo. Además, los datos macroeconómicos continúan acompañando en EEUU.

Mientras tanto, las actas de la Reserva Federal continúan situando las bajadas de tipos como el escenario central, aunque adoptaron dos visiones distintas según se desarrolle el conflicto: por un lado, un número creciente de miembros considera que podrían ser necesarias subidas de tipos si la inflación se mantiene persistentemente por encima del objetivo. Por otro, la mayoría coincide en que un conflicto prolongado –con un impacto significativo sobre el crecimiento económico–, justificaría recortes adicionales. El documento, correspondiente a la decisión adoptada el 18 de marzo, permite conocer la evolución del debate interno del Comité dieciocho días después del estallido de la guerra. En este sentido resulta clave la jerga comunicativa utilizada por la Fed: cuando se indica que “algunos” miembros están abiertos a una política monetaria más restrictiva, se está aludiendo a un grupo más amplio que cuando en enero se empleó el término “varios”.

08Apr

Discrepancias entre los analistas si se aleja o no el riesgo agudo de escalada, a la espera de las negociaciones directas entre Irán y EEUU el viernes. En cualquier caso, pasará tiempo hasta que se recobre la normalidad en el estrecho de Ormuz.

Miguel Ángel Valero

Trump lo vuelve a hacer. Cuando faltaba poco más de una hora para el inicio del supuesto “apocalipsis” en Irán, se alcanzó un acuerdo de alto el fuego de dos semanas con el país de los ayatolás. Más allá del ya habitual giro de guion del presidente estadounidense, el verdadero motivo de optimismo radica en que la aparente inmutabilidad de Teherán comienza a resquebrajarse y se muestra dispuesto a garantizar el paso seguro por el estrecho de Ormuz, algo que apenas unas horas antes parecía impensable.

Los dos países continuarán las negociaciones basándose en una lista de 10 puntos presentados por el régimen iraní, al tiempo que se reestablece el paso por el estrecho de Ormuz. Este giro se produce después de que, en fases previas, ambos países plantearan sus propias condiciones:  EEUU había propuesto 15 puntos, centrados en el desmantelamiento del programa nuclear iraní y la reapertura del estrecho. Por su parte, Irán había presentado inicialmente 5 puntos, entre los que destacaba el reconocimiento de su soberanía sobre el Estrecho. La nueva propuesta de diez puntos representa en realidad una ampliación del plan iraní original, incorporando algunos elementos adicionales. Entre las principales novedades figuran la aceptación del enriquecimiento del programa nuclear iraní –con fines civiles– y la exigencia de un cese de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano. El presidente Donald Trump calificó estos principios como “una base viable sobre la que negociar”. 

Por su parte, el primer ministro de Israel ha respaldado la suspensión de los ataques contra Irán durante un período de dos semanas, aunque no contra el Líbano.

En lo relativo al estrecho de Ormuz, se aplicará un peaje de 2 millones$ por buque, una práctica que ya se venía realizando de forma extraoficial con las escasas embarcaciones que habían logrado cruzar la zona. Estos ingresos se destinarían a financiar la reconstrucción.

El éxito de las conversaciones se explica en gran medida por la intervención de terceros países. China ha desempeñado un papel relevante para facilitar que Irán aceptara la tregua, y Pakistán ha actuado como mediador clave entre las partes. En el anuncio del alto el fuego, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, invitó a delegaciones de EEUU y de Irán a reunirse el viernes 10 de abril en Islamabad con el objetivo de negociar un cese definitivo de las hostilidades.

Con esta escenificación y salvo sorpresa mayúscula, queda atrás el momento de máxima tensión de este conflicto, dando paso a una fase de progresiva normalización. En este contexto, Karoline Leavit, portavoz de la Casa Blanca, fue la encargada de presentar en EEUU una narrativa de victoria, afirmando que se habían “alcanzado y superado los principales objetivos militares en 38 días”. Desde el lado iraní, el alto el fuego se presenta igualmente como una victoria histórica frente al enemigo estadounidense, al haberle obligado a sentarse en la mesa de negociación.

La reacción de los mercados ha sido inmediata. El precio del petróleo caía de nuevo por debajo de los 100 $/barril, lo que impulsaba los precios de los bonos –reduciendo la rentabilidad exigida del Bund por debajo del 3%–. Por su lado, las Bolsas europeas apuntan a su mejor sesión desde abril de 2025 mientras los futuros estadounidenses también muestran fuertes repuntes.   

El conflicto entra ahora en una clara fase de desescalada. A partir de aquí, será clave monitorizar la situación en el paso por el estrecho —sea o no de pago— y el ritmo de normalización de los flujos de petróleo y gas. No obstante, parte del encarecimiento energético seguirá presente en las cifras de inflación durante los próximos trimestres, lo que podría generar episodios de volatilidad en un contexto marcado, además, por la llegada de un nuevo gobernador a la Reserva Federal. Todo ello en medio de unas negociaciones entre EEUU e Irán que previsiblemente seguirán tensando a los mercados en las próximas semanas, aunque en un escenario que lo peor del conflicto queda atrás.

Swisscanto: se aleja el riesgo agudo de escalada

El acuerdo sobre un alto el fuego a corto plazo ha desactivado temporalmente el riesgo agudo de escalada en Oriente Medio. El transporte marítimo a través del estratégicamente importante estrecho de Ormuz se ha reanudado, lo que ha provocado que los precios del petróleo caigan por debajo de los 96$ por barril (WTI). Sin embargo, los precios siguen por encima de los niveles previos a la crisis, ya que los conflictos subyacentes siguen sin resolverse. En las negociaciones para una solución a largo plazo, el plan iraní de 10 puntos, que incluye un mayor control del tráfico marítimo y el levantamiento de sanciones, desempeñará un papel central. Queda por ver si se puede alcanzar un acuerdo sostenible. 

Varios índices clave de futuros han superado hoy sus medias móviles de 200 días y sugieren que los mercados esperan una mayor estabilización, aunque persiste la incertidumbre en torno al conflicto.

"Gracias a las compras de acciones del 27 de marzo, entramos en abril con una sobre ponderación del 3% en renta variable que ahora está empezando a dar sus frutos. Incluso las acciones de materiales básicos, que inicialmente fueron fuertemente penalizadas, se han recuperado significativamente y se encuentran entre las ganadoras de las últimas semanas. Un factor clave ha sido la fuerte recuperación del precio del oro desde 4.100$ hasta 4.800; mantener la posición sobre ponderada aquí también ha demostrado ser beneficioso. El aumento de la duración a finales de marzo y la reducción de la posición en dólares estadounidenses también han sido buenas decisiones hasta ahora", explican en Swisscanto

"Como resultado, pudimos recuperar una parte significativa del bajo rendimiento de marzo en la primera semana de abril y ahora estamos aproximadamente de nuevo en línea con el índice de referencia en lo que va de año. Actualmente, no son necesarios ajustes en la cartera; estamos bien posicionados para un escenario de desescalada. Además, es probable que los indicadores fundamentales vuelvan a ocupar el centro de atención. El viernes se espera que los datos de inflación de EEUU aumenten, pero anticipamos solo un incremento moderado del +0,2% intermensual en la inflación subyacente. La próxima semana comenzará la temporada de resultados del primer trimestre, con un aumento de beneficios muy sólido esperado en EEUU de alrededor del 17% en comparación con el año anterior", añaden.

Fidelity: el riesgo de escalada sigue siendo elevado

"El riesgo de una escalada brusca sigue siendo elevado, incluso tras el alto el fuego de dos semanas. Nuestro escenario central sigue siendo que el resultado final más probable será una resolución desordenada, con riesgos de cola que permanecen elevados durante esta fase del conflicto"!, opinan en cambio en Fidelity.

El despliegue de marines estadounidenses en la región mantiene abierta la posibilidad de una mayor escalada, como elemento de presión para lograr una resolución. "Nuestra visión sigue siendo que escalada (pese al alto el fuego) y resolución no son mutuamente excluyentes. Vemos una vía en la que una escalada adicional se utilice para forzar un desenlace, aunque este sea desordenado e incompleto. Los riesgos de cola siguen presentes, ya que estas escaladas conllevan claros riesgos de errores de cálculo", explican. 

El Estrecho de Ormuz ha registrado cierta mejora de los flujos en los días anteriores al alto el fuego, incluida la primera salida del estrecho de un buque propiedad de una gran empresa europea el pasado viernes. No obstante, el nivel de actividad sigue siendo sustancialmente inferior al de antes del conflicto. Además, estos movimientos siguen siendo en gran medida salidas unidireccionales desde Ormuz. Los flujos de entrada continúan dominados por la denominada “flota oscura”. 

Es probable que, tras cualquier resolución de este conflicto, el Estrecho siga siendo en gran medida un espacio disputado, con cualquier reapertura sujeta a los términos de Irán. Es poco probable que Irán renuncie a la influencia que ha ganado, dado el deterioro de su capacidad militar. Irán ha elaborado un protocolo junto con Omán para supervisar el tráfico a través del Estrecho, con un marco para el cobro de peajes a los buques en tránsito. Incluso en el caso de una resolución, es probable que los precios de las materias primas energéticas sigan incorporando una prima de riesgo geopolítico.

Teniendo en cuenta los daños en infraestructuras en toda la región del Golfo, el escenario del “día después” difícilmente supondrá un retorno a la normalidad previa a la guerra. A medida que se prolonga el conflicto, la transmisión macroeconómica también está desplazándose de forma incremental hacia dinámicas más tangibles de restricciones de oferta. Las disrupciones en el transporte marítimo, los seguros y las rutas están afectando cada vez más a la disponibilidad física, y no solo a las expectativas de precios. El Estrecho ha pasado de ser un factor de riesgo a una restricción estructural, y los mercados energéticos reaccionan cada vez más a las disrupciones físicas junto con la señalización geopolítica. Además, es probable que esta disrupción se deje sentir más allá de los mercados energéticos, ya que también se ven afectadas las cadenas de suministro de bienes no energéticos. Aproximadamente un tercio de los envíos de fertilizantes pasa por el Estrecho de Ormuz, y esta disrupción se produce con el inicio de la temporada de siembra en el hemisferio norte. Este shock se dejará sentir en los mercados alimentarios, sin una solución inmediata incluso si se reanudan los flujos por Ormuz estos días. Otros subproductos importantes, como el helio, son insumos clave para la cadena de suministro de semiconductores. Una disrupción prolongada podría provocar impactos más amplios en la cadena de suministro global, más allá del petróleo y el gas. 

En lo que respecta a la transmisión económica más amplia, Asia sigue estando en el epicentro, seguida de Europa, mientras que EEUU se encuentra más aislado de los efectos económicos inmediatos. Las respuestas políticas por parte de las economías asiáticas afectadas también se están intensificando. Algunos gobiernos asiáticos han comenzado a desplegar más medidas fiscales para mitigar el impacto, como la puesta en marcha de presupuestos fiscales suplementarios (Corea), el uso de fondos fiscales adicionales para mantener subvenciones a los combustibles (Filipinas, Malasia) y el establecimiento de comités formales de gestión de crisis más allá de medidas a corto plazo (Singapur, Corea, Malasia y Filipinas). En Europa, las respuestas políticas hasta la fecha se han concentrado principalmente en el coste de la vida, con gobiernos promoviendo medidas para proteger a los consumidores frente a los efectos de los precios. A su vez, los bancos centrales han adoptado un tono más restrictivo, con las lecciones de 2022 muy presentes. 

El papel de los actores externos en la resolución del conflicto sigue siendo determinante. China continúa siendo clave por su exposición a los flujos energéticos del Golfo, lo que pone de manifiesto la interacción de dinámicas de poder internacionales en esta situación. La elevada exposición de China a una recesión global, a pesar de sus colchones energéticos, le incentiva a mediar una solución. Esto se ha ilustrado aún más con su propuesta, junto con Pakistán, del plan de paz presentada a finales de la semana pasada, lo que subraya la naturaleza multiagente de este conflicto. 

"Nuestra visión sigue siendo que el resultado más probable es una resolución desordenada, con primas de riesgo geopolítico que probablemente se mantendrán en los días posteriores a la guerra. Los riesgos de cola siguen siendo elevados, con el riesgo activo de encontrarnos en una situación en la que las partes continúen teniendo incentivos para escalar de nuevo con el objetivo de desescalar, lo que conlleva claros riesgos asimétricos. Aunque probablemente estemos más cerca del final que del inicio de este conflicto, persiste una elevada incertidumbre", insisten en Fidelity. Mientras tanto, el estrés de mercado sigue siendo claramente visible en algunos canales. 

Pese a la bajada del precio del Brent el 8 de abril, es poco probable que los mercados energéticos vuelvan rápidamente a niveles de precios previos al conflicto, ya que probablemente se mantengan primas geopolíticas permanentes. "Trabajamos sobre el supuesto de que el Brent cotizará en torno a los 85$ durante el resto del año, tras cualquier resolución", precisan. 

Además, los riesgos para las cadenas de suministro más allá de los mercados energéticos implican que este shock no desaparecerá de forma inmediata. Este impacto se sentirá con mayor intensidad en Asia, debido a la exposición directa al Estrecho, seguida de Europa. A pesar de estar relativamente aislado del impacto directo de este conflicto, EEUU también sufrirá las consecuencias del shock macroeconómico global y de unos precios energéticos globales más elevados.

En lo que respecta a los bancos centrales, "nuestra visión es que, incluso en caso de una resolución a corto plazo, la Reserva Federal sigue siendo probable que recorte tipos, el Banco Central Europeo podría subirlos, mientras que el Banco de Inglaterra se mantendría en pausa, equilibrando un mercado laboral débil y una inflación persistente. Creemos que el Banco de Japón subirá tipos en dos ocasiones, con un claro margen para adoptar un sesgo más restrictivo incluso en el caso de una resolución a corto plazo".

UBS recomienda mantenerse activos en los mercados

El UBS CIO Daily destaca que los riesgos derivados del conflicto en Oriente Medio siguen presentes a pesar del alto el fuego temporal, y "recientemente hemos reducido nuestro objetivo de cierre de año para el S&P 500 y adoptado una postura más cautelosa en los mercados con alta sensibilidad a las interrupciones energéticas. Sin embargo, los recientes desarrollos positivos en el ámbito corporativo y económico también subrayan por qué los inversores deberían mantenerse activos en los mercados. El crecimiento de los beneficios empresariales debería mantenerse sólido. La política de la Reserva Federal sigue siendo favorable. El aumento de la adopción de la IA continúa siendo clave en el rendimiento de las acciones".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Seguimos manteniendo la opinión de que los inversores deberían permanecer en el mercado a pesar de la incertidumbre a corto plazo. Los inversores pueden mejorar la resiliencia de sus carteras diversificando más allá de las clases de activos tradicionales, sustituyendo parte de la exposición directa a renta variable por estrategias de preservación de capital y añadiendo exposición al oro y a materias primas amplias como cobertura”.

Ebury: los inversores se mantendrán prudentes

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, cree que los inversores se mantendrán prudentes hasta que no se dilucide por completo si estamos ante un alto el fuego temporal o definitivo entre EEUU e Irán. “Sospechamos que los participantes del mercado no se comprometerán plenamente con el riesgo en el trading, ni los futuros del petróleo ni el dólar volverán a los niveles previos a la guerra hasta que se cierre un acuerdo definitivo. Tal y como están las cosas, esto sigue siendo solo una pausa temporal en la guerra y, a pesar del alto el fuego, el dólar sigue cotizando alrededor de un 1% más alto que antes del conflicto”, explica Matthew Ryan, jefe de Estrategia de Mercado.

La volatilidad se mantendrá alta en los próximos días, mientras los inversores analizan tanto los detalles de las negociaciones como los datos de tráfico marítimo. “Si las negociaciones flaquean o la actividad en el Estrecho de Ormuz sigue siendo moderada, los precios del petróleo y del dólar podrían cambiar de rumbo bastante rápido”, avisa. Sin embargo, si se reciben noticias de una desescalada total y un alto el fuego a largo plazo en las próximas semanas, “el dólar volverá bastante rápido a los niveles previos a la guerra”. 

El alto el fuego de última hora detendrá los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán y los contraataques iraníes durante un período de dos semanas, bajo la condición principal de que Irán proporcione un paso completo y seguro para los buques a través del estrecho de Ormuz. Las negociaciones para un acuerdo de paz completo comenzarán el viernes en Pakistán, con Trump presentando un conjunto de 10 propuestas de Irán para las conversaciones, que incluyen el levantamiento de las sanciones estadounidenses y la retención del control iraní sobre el estrecho de Ormuz. Los activos de riesgo se han recuperado bruscamente tras la noticia, ya que, aunque los mercados no necesariamente esperaban el peor escenario, tampoco anticipaban un alto el fuego inmediato. Los futuros del petróleo han retrocedido y, en el mercado de divisas, el índice del dólar estadounidense ha caído alrededor de un 1%, con el EUR/USD regresando por encima del nivel de 1.17 por primera vez desde el inicio de la guerra. Los mercados han respirado aliviados tras la noticia, con los inversores agradecidos de que se haya evitado el peor escenario y alentados por la promesa de que el suministro de petróleo a través del estrecho de Ormuz pronto se reanudará. 

Ahora la atención se centra en las próximas negociaciones críticas entre EEUU e Irán. La pregunta clave será si estas conversaciones lograrán una paz duradera o si el alto el fuego del martes solo ha pospuesto el problema.

La incertidumbre también persiste en cuanto al flujo de buques a través de Ormuz, dado que las primas de seguro siguen siendo extremadamente altas, el riesgo elevado de nuevos ataques y los problemas logísticos involucrados en la removilización de los petroleros. Aunque Irán ha prometido coordinar el paso seguro a través del estrecho, los detalles son escasos y los temores sobre ataques anteriores, la presencia de minas y el bloqueo de GPS hacen que muchos propietarios de barcos puedan no estar dispuestos a reanudar los flujos hasta que se pueda garantizar la seguridad de sus tripulaciones. La conclusión aquí es que, si bien el tráfico debería comenzar a reanudarse en los próximos días, probablemente veremos un aumento muy gradual en la actividad en lugar de una reanudación completa de las operaciones de los petroleros. Esto podría mantener elevados los futuros del petróleo, lo que podría mantener una demanda de las monedas de países importadores de petróleo (por ejemplo, USD, CAD, NOK, etc.). 

"Esperamos que la volatilidad siga siendo alta en los próximos días, mientras los inversores analizan tanto los detalles de las negociaciones como los datos de tráfico de buques", señala. "Por ahora adoptamos una visión optimista de que este es el comienzo de una desescalada más permanente", resalta.

Aunque puede ser difícil para Trump presentar este episodio como un "éxito", en este caso, el control de daños probablemente sea una medida más sabia que un espectáculo de victoria.

El futuro podría depender de dos factores principales: 

  • la magnitud de la "prima de riesgo Trump" que los inversores atribuyen al dólar tras otro movimiento político errático;
  • y las expectativas sobre los diferenciales de tasas de interés. Los mercados están volviendo a prever un recorte de tasas de la Reserva Federal para fin de año, mientras que aún se esperan 50 puntos básicos de aumentos en la zona euro. Si vemos un mayor riesgo de presiones inflacionarias persistentes en Europa que en Estados Unidos, eso podría afectar al dólar, ya que los mercados refuerzan las expectativas de una divergencia en las tasas de política de la Fed y el BCE. 

Banor aconseja esperar a los resultados empresariales del primer trimestre

Angelo Meda, gestor de Banor Mistral, fondo de renta variable europea de Banor SICAV, cree que las expectativas de inflación a largo plazo que el mercado ha descontado en marzo, un mes con alta volatilidad y caídas de doble dígito en varios índices bursátiles, no se sostienen. Por ello, es conveniente que los inversores no deshagan posiciones hasta conocer los resultados del primer trimestre, que se han revisado al alza tanto para las empresas que cotizan en EEUU como en las europeas, gracias al impulso del sector energético, que beneficia a otros sectores y compensa el impacto en el consumo de la subida del petróleo.

Marzo ha sido inestable en los mercados de renta variable. Las causas no se explican sólo por la guerra en Irán, pese a que no saber hasta cuándo durará el conflicto alimenta la incertidumbre y la volatilidad. El principal motivo es el alto nivel de liquidez en el sistema financiero. Cientos, si no miles de millones de dólares están fluyendo con mucha rapidez entre diferentes mercados, amplificando las oscilaciones en precios, y provocando en ocasiones situaciones difíciles de justificar por fundamentales.

Angelo Meda indica que es necesario distinguir entre cambios estructurales y temporales para identificar el nivel real de riesgo. Al parecer, el mercado ha interpretado como estructurales lo que en realidad eran circunstancias temporales, aumentando la percepción de riesgo. Así, las preocupaciones por la inflación que refleja el mercado, parecen infundadas. La subida de los precios de la energía y del transporte afectará a los bienes intermedios y a los precios finales al consumidor, con lo cual, la inflación estimada en los próximos dos años por el mercado subirá 1,5 puntos porcentuales por año, algo razonable.

En el largo plazo las perspectivas del mercado no son tan razonables. La inflación provocada por shocks externos —como picos del petróleo o cuellos de botella en las cadenas de suministro— ha sido siempre de corta duración, por lo tanto temporal, no estructural.  La estanflación de los años 70 sólo tiene un rasgo similar a la crisis actual: la subida del precio del petróleo, al igual que sucedió en 1973 por la Guerra de Yom Kipur y en 1979 por la Revolución iraní. Pero los temores de una inflación descontrolada no se sostienen, porque no está sucediendo lo que pasó en las otras crisis: ni la espiral precios-salarios, ni una política monetaria ultraexpansiva, ni la devaluación del dólar tras Bretton Woods.

Pese a que los riesgos descontados por el mercado no son tales, no pueden descartarse algunos factores a vigilar; riesgos como la menor independencia de los bancos centrales (cuando Kevin Warsh sea confirmado como el nuevo presidente de la Fed, el mercado valorará su independencia), y un dólar estructuralmente más débil por la financiación de los déficits y por los salarios más altos que sostienen a los hogares de menores ingresos. Aunque estos factores no parecen lo suficientemente potentes como para mover las expectativas de inflación de largo plazo, o para movilizar a los bancos centrales para que lleven a cabo subidas de tipos relevantes. 

“Si se confirman mejoras de productividad derivadas de un uso más amplio de herramientas tecnológicas y de la inteligencia artificial, no vemos razón para volver al famoso corredor del 2%, que los banqueros centrales consideran el nivel 'natural' para 'lubricar el sistema' y asegurar una transmisión monetaria fluida y la eficacia de las políticas de estabilidad de precios”, explica.

Pese a la alta volatilidad en los mercados en marzo, las estimaciones de crecimiento de los beneficios empresariales no se han revisado a la baja, sino más bien al alza, gracias al sector energético, lo que debería compensar el impacto sobre el consumo. La estimación para el S&P 500 es de subida del 16% respecto a 2025, desde 315 a 323$ por acción. En Europa, la subida esperada es del 10%, más de 3% por encima de lo estimado a principios de año, gracias a que un dólar más fuerte es beneficioso para muchos sectores.

Por tanto, las previsiones de resultados empresariales para 2026 no debe ser el principal indicador a seguir, dada la poca visibilidad que las empresas pueden dar acerca de sus ingresos futuros. Las claves que habrá que tener en cuenta para anticipar el comportamiento de los resultados empresariales este año son las intenciones de inversión de las grandes compañías tecnológicas. Estas empresas han respaldado muchos sectores, manteniendo a la  producción industrial en terreno positivo. Si la inversión se desacelera, se podría debilitar el relato sobre IA y la productividad que ha sostenido al mercado.. Y también las expectativas de costes para los próximos trimestres. Las empresas pueden tener un mayor control sobre esta variable, gracias a su experiencia tras la crisis energética derivada de la invasión de Ucrania y al foco en los márgenes —especialmente en industriales— tras el estancamiento de ingresos que ya dura más de un año.

“Si estos dos elementos se mantienen, el mercado podría sentirse más cómodo con el panorama de beneficios empresariales, aunque aplique un múltiplo de valoración más bajo que en el pasado, a causa de los riesgos latentes y explícitos”, señala este experto, que recomienda esperar a la publicación de los resultados del primer trimestre 2026 para tener una orientación más realista de lo que puede suceder en las Bolsas.