07Apr

Los inversores parecen interpretar que un eventual ataque ordenado por Trump, en ausencia de acuerdo, no implicaría una invasión terrestre y supondría “únicamente” un nuevo escalón en la intensidad de los ataques aéreos, que pasarían a incluir infraestructuras civiles.

Miguel Ángel Valero

La guerra en Oriente Medio enfría el optimismo empresarial al cuadruplicarse la preocupación por el coste energético y hacer caer las previsiones de crecimiento un 25% (15 puntos) tras el inicio de los ataques a Irán. Si antes del inicio de los ataques el 28 de febrero el 59,6% de las empresas tenía expectativas de crecimiento y apenas un 1,9% las mostraba de empeoramiento de la situación, con el inicio de la guerra el 45% espera mantener el crecimiento este año y un 6,8%, que sufrirá una disminución.

A pocas horas de que expire el nuevo ultimátum de Donald Trump, la preocupación por el coste energético se dispara desde el 6% previo a la guerra hasta el 26%. No obstante, a la espera de ver cómo evoluciona el conflicto, el informe sobre El impacto de la nueva geopolítica en el comercio global, elaborado por la consultora de negocios internacionales Gedeth Network con el apoyo de DHL Express, aún deja algunas señales de optimismo. El 84,9% de las empresas confía en mantener las ventas estables o incluso al alza en 2026, aunque se duplica el número de empresas que ahora prevé un descenso moderado (del 5,6 % al 12,3 %) o significativo de las ventas (del 0,4 % al 2,8 %).

Respecto a la previsión de creación de empleo pese a la guerra, el 20,45% espera incrementar la plantilla este año, aunque un porcentaje mayor (el 29,1%) esperaba hacerlo antes del inicio de las hostilidades. Cae ligeramente también, del 59,33% al 55,7 % las empresas que prevén mantener el empleo.

La guerra ha afectado a la percepción de las amenazas, pero tal vez no las ha trastocado tanto como cabría esperar. La principal amenaza, “la inestabilidad internacional”, y la segunda, “los aranceles y barreras comerciales”, han sido las mismas en las respuestas antes y después del principio de la guerra. Sin embargo, la “inestabilidad internacional” ha pasado del 52% de las respuestas al 72%, mientras que la preocupación por los “aranceles”, ahora que se ha cumplido un año del Liberation Day promulgado por Donald Trump el 2 de abril de 2025, ha subido del 41% al 54%. Aun así, las estrategias prioritarias se mantienen: diversificación de mercados (33,6 %) y optimización de costes (22,1 %). Las oportunidades más citadas —digitalización e IA (56,8 %), acceso a nuevos mercados (46,4 %) e innovación (38,7 %)— no han variado significativamente tras el conflicto.

El optimismo global resiste, por ahora, el impacto de la guerra. El 49% sigue esperando un crecimiento en 2026 y sólo el 5,5% anticipa una reducción. Aunque las perspectivas positivas cayeron tras el 28 de febrero, el cambio ha sido moderado y el gran pesimismo sigue siendo minoritario. El porcentaje que espera aumento de ventas cae de forma clara tras el conflicto, mientras sube la previsión de descenso; sin embargo, el 84 % mantiene expectativas de ventas estables o crecientes.

Predomina la estabilidad laboral, aunque baja la intención de contratación. El 56,6% espera mantener la plantilla y solo el 22,7 % incrementarla. Tras la guerra se observa un ligero aumento de la previsión de reducción de empleo, pero sin romper la tendencia de prudencia productiva.

La diversificación de mercados es clave con o sin guerra. Las empresas citan el acceso a más regiones prioritarias después del conflicto, reforzando la estrategia de diversificación internacional (33,6 % la eligió como la más importante) frente a la concentración en el mercado local.

Digitalización e IA se consolidan como la gran oportunidad independientemente del conflicto. Con un 56,8% de menciones, sigue siendo la oportunidad más citada tanto antes como después de la guerra, por delante del acceso a nuevos mercados (46,4%).

Las empresas de EMEA muestran el mayor deterioro de expectativas y el mayor aumento de incertidumbre tras el conflicto, mientras que las empresas de América y Asia-Pacífico reflejan un tono más optimista.

Tecnología, energía y biotecnología, sectores más beneficiados frente a los tradicionales. Con un 63,3 % de las respuestas, el sector de tecnología y TIC destaca sobre el resto por su ritmo de innovación y desarrollo de nuevos servicios, su facilidad de exportación, su potencial de crecimiento y su menor exposición al riesgo de la inestabilidad. El sector de la energía y sostenibilidad es el segundo (38,4 %) beneficiado por el entorno global de transición energética seguido del sector de biotecnología y salud (26,2 %), apalancado también en su alto nivel de innovación.

“Los resultados del estudio reflejan una resiliencia empresarial superior a la esperada ante la combinación de aranceles de 2025 y el estallido bélico a finales de febrero de 2026. Los sectores tecnológicos, energéticos y de salud siguen siendo los más beneficiados, mientras que los tradicionales perciben mayores riesgos”, señala Juan Millán, CEO de Gedeth.

La UE exige prudencia en las medidas contra el encarecimiento de la energía

La Unión Europea (UE) ha pedido prudencia a los gobiernos a la hora de aplicar medidas destinadas a mitigar el encarecimiento de la energía por la guerra en Oriente Medio. Las autoridades comunitarias han insistido en que estas intervenciones deben ser temporales y proporcionadas, con el fin de evitar desequilibrios fiscales a medio plazo. En el caso de España, ya se ha puesto en marcha la reducción del IVA sobre los combustibles, la luz y el gas, del 21% al 10% así como la rebaja del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos hasta el mínimo permitido por la normativa europea, que permanecerán vigentes hasta el 30 de junio. Otros países europeos que también han aplicado rebajas fiscales sobre los combustibles son Italia, Portugal y Polonia. 

En este sentido, los ministros de Economía y Comercio de España, Alemania, Italia, Portugal y Austria, pidieron a la Comisión Europea un impuesto a los beneficios de las energéticas para distribuir “de manera equitativa” las consecuencias de la guerra en Oriente Medio, que “ha provocado un aumento de los precios del petróleo, lo que supone una carga considerable para la economía europea y para los ciudadanos europeos”, La carta, fechada el 3 de abril, está dirigida al comisario europeo de Clima, Neutralidad Climática y Crecimiento Limpio, Wopke Hoekstra, según desveló en X el titular de Economía, Comercio y Empresa de España, Carlos Cuerpo, que parece querer imitar a Trump con sus anuncios en las redes sociales.

Los ministros de los cinco Estados miembros proponen que la Comisión Europea desarrolle medidas para gravar los beneficios extraordinarios de las empresas energéticas a través de un “instrumento de contribución a escala de la UE sustentado en una base jurídica sólida”. Recuerdan que “ya en 2022 se introdujo un instrumento similar mediante una contribución solidaria temporal como medida de emergencia para hacer frente a los elevados precios de la energía»" provocada por la invasión rusa de Ucrania. Ahora sugieren que se incluyan los beneficios obtenidos en el extranjero por las empresas petroleras multinacionales.

Esta “solución europea” permitiría financiar “ayudas temporales, especialmente para los consumidores, y frenar el aumento de la inflación, sin imponer cargas adicionales a los presupuestos públicos”. Y manda “un mensaje claro” sobre que quienes se beneficien de la guerra deben aportar “para aliviar la carga que recae sobre la población en general”.

No obstante, la carta no ofrecía detalles sobre el nivel impositivo ni qué empresas estarían sujetas al gravamen.

Mientras, Trump, en una rueda de prensa caótica e impropia en un presidente de EEUU, fijó como límite de las negociaciones las 20:00 en la costa este de EEUU –las 2:00 AM en España– para alcanzar un acuerdo con Irán. De no lograrse, advirtió de que se desataría el “infierno” sobre el país de los ayatolás, con una destrucción sistemática de las comunicaciones terrestres y de las infraestructuras energéticas. Según el propio presidente, las condiciones planteadas por Irán resultaban inaceptables, ya que no contemplaban la apertura del estrecho de Ormuz. Horas antes, las autoridades iraníes habían señalado que no se alcanzaba un acuerdo porque su objetivo no es un simple alto el fuego, sino el fin definitivo de la guerra.

Los mercados contienen la respiración y, por el momento, la reacción es de incredulidad. Las Bolsas europeas cotizan planas, sin movimientos significativos ni en las rentabilidades exigidas a la deuda soberana ni en los precios de la energía. En este contexto, los inversores parecen interpretar que un eventual ataque ordenado por Trump, en ausencia de acuerdo, no implicaría una invasión terrestre y supondría “únicamente” un nuevo escalón en la intensidad de los ataques aéreos, que pasarían a incluir infraestructuras civiles.

De hecho, el ejército israelí ha advertido a la población iraní de que evite las proximidades de infraestructuras ferroviarias en torno a la hora límite marcada por el presidente estadounidense.

Así, la vuelta del Lunes de Pascua para los mercados europeos se presenta especialmente agitada, en un punto del conflicto que podría derivar tanto en una escalada de la violencia como en una resolución en cuestión de horas. "Ante un escenario tan abierto, la recomendación es mantener la calma, permanecer invertido y esperar para aprovechar las oportunidades que suelen surgir en los momentos de mayor incertidumbre. En el mejor de los casos, conviene no quedarse fuera de un eventual rebote del mercado, que podría ser tan rápido como el observado a comienzos de la semana pasada ante los indicios de negociación", señalan en Banca March.

UBS: sortear la volatilidad a corto para aprovechar oportunidades a largo

El UBS CIO Daily destaca que los mercados titubean ante la incertidumbre sobre la guerra en Irán. El crudo Brent subía un 1,4% hasta los 111,3$ por barril en el momento de redactar este informe, mientras se desvanecen las esperanzas de un alto el fuego. Irán rechazó el lunes una propuesta transmitida por el mediador Pakistán, exigiendo el fin permanente de la guerra, el levantamiento de sanciones, esfuerzos de reconstrucción y oponiéndose a la presión para reabrir el estrecho de Ormuz. Trump, por su parte, insistió en que la apertura de esta vía marítima forme parte de cualquier acuerdo: "Con las perspectivas de la guerra en Irán aún muy inciertas, nuestro mensaje sigue siendo que, manteniéndose invertidos, diversificando y cubriéndose, creemos que los inversores pueden sortear la volatilidad a corto plazo mientras aprovechan oportunidades a largo plazo".

"Una rápida reanudación de los flujos energéticos parece poco probable en esta fase. Los inversores pueden considerar medidas para reducir progresivamente el riesgo de sus carteras cuanto más tiempo se mantengan elevados los precios del petróleo. Mantenerse invertidos y añadir coberturas puede reforzar la resiliencia de las carteras", añade.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Creemos que los inversores deberían seguir posicionados para un potencial alcista a medio plazo en la renta variable global, al tiempo que continúan diversificando y cubriendo sus carteras frente al riesgo de que los precios de la energía se mantengan elevados durante más tiempo”.

“El oro ha encontrado cierto apoyo en los últimos días tras una fuerte caída, aunque sigue bajo presión por un dólar estadounidense más fuerte, unos precios del petróleo más altos y una revisión de las expectativas sobre los tipos de interés. Ahora prevemos el oro en 5.200$ por onza para finales de junio (desde 6.200$), ya que la demanda de los inversores se ha moderado en un contexto de elevada volatilidad macroeconómica”, apunta Dominic Schnider, Head Global FX & Commodity.

En Renta variable estadounidense, "reducimos ligeramente nuestros objetivos para el S&P 500. Nuestros nuevos objetivos de precio siguen sugiriendo un potencial alcista atractivo, y mantenemos nuestra visión positiva sobre la renta variable estadounidense. Asumiendo que los efectos negativos de la guerra se disipen en las próximas semanas, las acciones deberían impulsarse al alza gracias a un sólido crecimiento de beneficios, una política favorable de la Fed y la adopción de la inteligencia artificial”, añade David Lefkowitz, Head US Equities.

La inflación suiza se acelerará por el aumento del precio del petróleo: “En general, y a pesar del shock en los precios de la energía, es poco probable que la tasa de inflación alcance el 1% en nuestra opinión. Dado que este nivel se sitúa en el punto medio del rango objetivo del SNB de 0-2%, no esperamos que el SNB modifique su política monetaria y seguimos anticipando un tipo de interés del 0% en nuestro horizonte de previsión (es decir, hasta marzo de 2027)”, señala Maxime Botteron, Economist.

“La percepción de los consumidores sobre la inflación está determinada por el precio de los productos que compran con frecuencia. Todo el mundo compra alimentos y combustible de manera habitual. Dado que los precios de la gasolina en EEUU han superado los 4$ por galón, el aumento del coste del combustible resulta muy evidente. Ahora también se está prestando atención a los precios de los alimentos, con preocupación por el rápido incremento del coste de los fertilizantes y la posibilidad de escasez física”, explica Paul Donovan, Chief Economist.

Ebury: los inversores cada vez prestan menos atención a las declaraciones

El presidente Trump alterna amenazas con sucesivas posposiciones de plazos y mientras los inversores cada vez prestan menos atención a sus declaraciones y se centran en los hechos, tal y como ocurrió con los aranceles el año pasado, subraya un análisis de Ebury. Los operadores buscan una narrativa coherente dado que los activos de riesgo repuntan, mientras que los precios del petróleo siguen al alza y el estrecho de Ormuz permanece cerrado por Irán. Los primeros indicios del impacto macroeconómico apuntan a una estanflación en Europa -altamente dependiente de las importaciones energéticas- y a una mayor resiliencia en EEUU, que es autosuficiente energéticamente. En segundo plano, las divisas de los mercados emergentes exportadores de materias primas han comenzado a recuperarse y, en la mayoría de los casos, se han fortalecido frente al euro por encima de los niveles previos al estallido de la guerra.

Esta semana, el principal catalizador de los mercados seguirá siendo la evolución del conflicto, en especial el plazo —repetidamente pospuesto por Trump— que expira esta misma noche. En este nuevo ultimátum, el presidente estadounidense exige a Irán que reabra el estrecho y acepte las condiciones exigidas. 

Otro foco de atención será el informe de inflación de marzo en EEUU, que reflejará por primera vez el impacto de la guerra y se espera que muestre un fuerte repunte de la inflación general. De esta manera, se pondrá fin al lento avance hacia el nivel objetivo realizado durante los últimos dos años.

  • EUR: Los primeros datos de inflación y confianza en la zona euro confirman un impacto estanflacionista significativo derivado del conflicto. La inflación general subió hasta el 2,5 % en marzo, desde el 1,9 % del mes anterior, mientras varios indicadores de confianza retrocedieron respecto a febrero, aunque las caídas fueron relativamente moderadas. La inflación subyacente se mantiene contenida e incluso bajó el mes pasado, pero es todavía pronto para sacar conclusiones. Los miembros del Banco Central Europeo seguirán de cerca este indicador clave en los próximos meses para evaluar si la crisis energética genera efectos de segunda ronda en los precios al consumo. Algunos de los miembros más hawkish del BCE han insistido en la necesidad de un enfoque cauteloso, pero no han frenado con decisión las expectativas del mercado, que descuentan casi tres subidas de tipos en 2026, y la primera pudiéndose producir en la reunión de abril. El contraste con Estados Unidos, donde la Fed sigue rechazando cualquier rumor de alzas, es llamativo. Las expectativas para la brecha de tipos entre la Fed y el BCE se estrechan semana tras semana, algo que, de confirmarse, podría impulsar la revalorización del euro cuando el conflicto en Irán llegue a su fin. 
  • USD: El informe de empleo de marzo superó las expectativas en todos los frentes, aunque conviene recordar que los datos de febrero fueron mucho más débiles y se revisaron a la baja. Hasta ahora, hay pocos signos de que la guerra y el encarecimiento del petróleo estén afectando de forma significativa a la economía estadounidense. Todas las miradas se dirigen ahora al dato de inflación de esta semana. El informe de marzo debería reflejar el impacto de las subidas en los precios de la energía. El viernes se publicará además el índice de la Universidad de Michigan sobre expectativas de inflación. Creemos que los responsables de la Reserva Federal se muestran excesivamente complacientes ante el riesgo de desanclaje de las expectativas. Este sería el sexto año consecutivo en que el banco central no cumple su objetivo de inflación y, a medio plazo, las probabilidades de lograrlo siguen siendo bajas.
  • GBP: El gobernador Bailey rechazó de nuevo la semana pasada, de forma explícita, las expectativas del mercado sobre subidas de tipos por parte del Banco de Inglaterra, aunque con éxito limitado: el mercado sigue descontando dos alzas para finales de año. La crisis energética no solo es un shock de oferta que está fuera del control del Comité de Política Monetaria, sino que, dada la fragilidad actual de la economía y el mercado laboral británicos, el comité teme que unas subidas agresivas puedan precipitar una recesión. La subida de los rendimientos de los bonos soberanos británicos y de los tipos hipotecarios ya están, de facto, endureciendo las condiciones financieras en Reino Unido, lo que debería aliviar parte de la presión sobre el Banco de Inglaterra para elevar los tipos de interés. Nos ha sorprendido positivamente que la libra esterlina se mantuviera estable frente al euro y ganara terreno frente al dólar la semana pasada, a pesar de las declaraciones de Bailey. Todavía sabemos poco sobre cómo afectarán la guerra y el alza de los precios energéticos a la inflación y al crecimiento en el Reino Unido, ya que apenas contamos con datos posteriores al estallido del conflicto. Habrá que esperar al menos otras dos semanas antes de poder extraer conclusiones sólidas. 
06Apr

El mercado ha incrementado en 14 puntos básicos la inflación esperada en la Eurozona para los próximos 5 años hasta el 2,56%, muy por debajo de lo que lo haría en caso de anticipar una estructural.

Miguel Ángel Valero

El principal foco de riesgo de la guerra en Oriente Medio para las economías europeas se encuentra en un repunte inflacionario, provocado por una subida en el precio del crudo y del gas natural. La situación actual, además, recuerda al escenario vivido en 2022 con la invasión rusa de Ucrania, aunque existen multitud de diferencias, subraya un análisis de Ibercaja Gestión. Por ahora, el mercado se ha adelantado al BCE y ha puesto en precio casi tres subidas de 25 puntos básicos (pb). La presidenta Lagarde se mostró agresiva en su tono en las declaraciones del 19 de marzo, donde anunció “estar preparados para actuar de forma ágil y hacer lo que sea necesario”. De momento, no hemos visto subida de tipos en marzo y tampoco se espera que la veamos el próximo 30 de abril. Los inversores descuentan que la primera subida la veremos probablemente en junio, aunque sigue siendo muy complicado hacer pronósticos de este tipo.

Tras la escalada del conflicto en Oriente Medio y su consecuente presión sobre los precios energéticos y las expectativas de tipos, el mercado espera con atención los datos de inflación para confirmar el primer impacto real de este “shock”. En la Eurozona, el dato preliminar arroja una lectura constructiva al situarse en el 2,5% interanual (0,6% mensual), ligeramente por debajo del 2,6% que sugerían los registros de las grandes economías del bloque (Alemania, Francia, Italia, España y Países Bajos), gracias a una aportación más moderada de los países de menor tamaño. El componente energético fue el principal motor del repunte en la inflación general, escalando hasta el 4,9% interanual; no obstante, este avance fue menor de lo anticipado, lo que explica la sorpresa a la baja frente al consenso.

En contraste, la inflación subyacente descendió hasta el 2,3% (frente al 2,4% esperado), apoyada por una moderación en los servicios, cuya inflación cayó al 3,2% interanual en línea con lo previsto. "Estimamos que la inflación general continuará ascendiendo gradualmente durante abril y mayo, alcanzando probablemente su techo en dicho periodo si el conflicto geopolítico logra estabilizarse en las próximas semanas", señalan los expertos de la gestora de Ibercaja.

En 2022, con el estallido de la guerra tras la invasión rusa de Ucrania, el precio de la energía se encareció de forma abrupta. La llegada de este fenómeno provocó un efecto inflacionario en el conjunto de la Eurozona, donde se alcanzaron niveles de hasta el 11,5%. "El contexto actual nos hace preguntarnos si nos dirigimos a un escenario como el de aquel entonces, donde los mercados financieros sufrieron grandes caídas, que afectaron tanto a la renta fija como la variable", añaden.

¿En qué se parece la situación actual? Si en algo encuentra fundamento el miedo de algunos inversores es en la revalorización rápida e inesperada del crudo y el gas. En 2022, el precio del gas experimentó una subida sin precedentes, impulsado por: 

  • la caída en las importaciones de gas ruso, 
  • el sabotaje de los gaseoductos Nord Stream,
  • el cierre temporal de varias centrales nucleares en Francia por mantenimiento y 
  • un invierno seco en los Alpes, que redujo sustancialmente la contribución de la energía hidroeléctrica.

Esta reducción drástica de la oferta de gas, energía nuclear e hidroeléctrica provocó que el precio de la electricidad tocara niveles superiores a los 450€/MWh en Alemania. Aunque ahora hay incrementos en el precio del gas natural (TTF) -se ha revalorizado un ~100% en lo que llevamos de año-, todavía estamos lejos de alcanzar las revalorizaciones experimentadas en 2022 (hasta +430%).

Por otro lado, hemos visto como se ha tensionado el mercado del crudo, con el barril brent tocando niveles de 120$ y alzándose más de un 85% en lo que llevamos de año. Sin embargo, los niveles que alcanzamos en 2022 también fueron superiores, con máximos de hasta 130$ el barril.

Pero "existen múltiples razones para pensar que, incluso en un escenario de precios como el de 2022, lo más probable es que no veamos inflaciones tan altas y, mucho menos, caídas en los precios de los bonos como las que vivimos en 2022", señalan los expertos de Ibercaja Gestión.

En primer lugar, se encuentra la salud de la economía y las expectativas de crecimiento. En 2022, empezábamos el año con múltiples estímulos fiscales y monetarios, que debían llevarnos a un crecimiento del PIB en la zona euro de hasta el 4,6%. Hoy, el crecimiento esperado es de tan solo el 1,3% y esto se explica por la debilidad de la industria y del consumidor europeo.

Un tema central en 2022 era la fuerte demanda de los consumidores. Durante el cierre por el COVID, la población incrementó su tasa de ahorro considerablemente y se benefició de un incremento en las transferencias y en el gasto público. Este hecho, provocó que cuando los precios de la energía empezaron a transmitirse al resto de bienes los consumidores lo soportasen con holgura, provocando una escalada mayor en el resto de los componentes de la inflación. Ahora hay un consumidor mucho más debilitado y unas empresas con un poder de precios mucho más reducido. Esto hace que la propagación de la inflación sea mucho más lenta de lo que vimos en 2022.

El impacto del encarecimiento del gas o del crudo es menor hoy de lo que lo era en 2022. Si algo ha hecho la Unión Europea estos últimos cuatro años ha sido financiar la transición energética y reducir la dependencia de varias fuentes energéticas de las que somos importadores netos -como el gas y el carbón. En esta línea, el mix de las fuentes de generación de electricidad es menos dependiente de los combustibles fósiles y las energías renovables representan ya el 45% de la generación total. Además, el shock actual no coincide con una reducción de la oferta de las otras fuentes de generación de energía -nuclear e hidroeléctrica-, como sí ocurrió tras la invasión rusa de Ucrania.

El contexto actual nada tiene que ver con el escenario con el que afrontamos el encarecimiento de la energía en 2022. Cuando llegó la invasión de Ucrania, el BCE partía de unos tipos de interés negativos y una inflación que empezaba a repuntar, pero que se categorizó como transitoria. Cuando Lagarde actuó por primera vez en julio de 2022, el dato de inflación del mes de junio era ya del 8,6%.

Es probable que el BCE haya aprendido la lección y que actúe con más celeridad en esta ocasión. Por este motivo el mercado ya ha puesto en precio que se subirán hasta tres veces los tipos de interés este año en Europa. Sin embargo, al partir ahora de tipos de interés en niveles neutrales, es impensable dibujar un escenario donde la autoridad monetaria suba los tipos de interés en más de 400 pb como sí se vio obligada a hacer en 2022.

"En definitiva, este análisis lo que nos permite es descartar un evento como el de 2022, aun situándonos en el peor escenario de guerra prolongada. La macro actual nada tiene que ver con la que había en 2022: ni la posición de partida de las políticas, ni el estado de salud del consumidor, ni el escenario base de tipos nos llevan a pensar que la inflación se pueda propagar como lo hizo hace cuatro años y, por este motivo, no esperamos que el BCE vaya a actuar de forma desmedida", destacan en Ibercaja Gestión.

Como de costumbre, el mercado se anticipa a lo que puede ocurrir y ya ha puesto en precio buena parte del riesgo inflacionario que, indudablemente, añade el conflicto de Oriente Medio. Los inversores descuentan hasta tres subidas de tipos de interés por parte del BCE. En EEUU, pese a que empezamos el año previendo dos bajadas de tipos de interés, los inversores se decantan ahora por un escenario de pausa en el 3,75% como el más probable.

Este repunte en las expectativas de subidas de tipos de interés ha tenido un efecto inmediato en las curvas de rendimiento de los bonos gubernamentales. Pese a que, en un principio, el movimiento no fue muy acusado -y tan solo se volvió al punto de partida de inicio de año-, la prolongación de la guerra ha llevado al bund alemán a niveles superiores al 3%.

Los tramos que más han repuntado en este mes que llevamos de conflicto han sido los cortos, especialmente los de 2-3 años de duración. Esto concuerda con el incremento en las expectativas de inflación a corto plazo y refuerza la tesis de que la inflación no debería ser estructural ni persistente.

El mercado ha incrementado en 14 pb la inflación esperada para los próximos 5 años hasta el 2,56%, muy por debajo de lo que lo haría en caso de anticipar una inflación estructural. Además, la subida tan solo sirve para explicar un tercio del repunte que ha experimentado el bono alemán a 5 años. La parte que falta se explica por una mayor exigencia de tipo de interés real para prestar dinero. Los inversores, al incrementar su prudencia, crean una escasez de crédito que incrementa el coste de financiación.

"Mantenemos la previsión de que el conflicto finalice pronto, lo que sería positivo para los mercados y, en especial, para las estrategias con exposición a renta fija. El mercado ya descuenta una inflación elevada a corto plazo en la Eurozona, y mantiene nuestra visión de que ésta no se volverá persistente. Por otro lado, somos conscientes de que un cierre prolongado del estrecho de Ormuz hasta el segundo semestre sería negativo, aunque el impacto quedaría lejos de las correcciones sufridas en 2022. En definitiva, los puntos de entrada actuales siguen siendo atractivos y deberían servirnos para ofrecer a nuestros clientes rentabilidades que batan a la inflación en el largo plazo", concluyen en la gestora de Ibercaja.

01Apr

Proponen desarrollar procesos de recuperación de nutrientes a partir de residuos orgánicos (purines, lodos, subproductos animales), producir hidrógeno verde a partir de energías renovables, y construir sistemas alimentarios más resilientes y descentralizados.

Miguel Ángel Valero

La necesidad agudiza el ingenio. El bloqueo del estrecho de Ormuz, como consecuencia de la guerra en Oriente Medio, está causando un importante déficit de fertilizantes nitrogenados vitales para la agricultura. Ante esta situación, la profesión veterinaria propone apostar por la innovación tecnológica, al desarrollar procesos de recuperación de nutrientes a partir de residuos orgánicos (purines, lodos, subproductos animales), producir hidrógeno verde a partir de energías renovables, y construir sistemas alimentarios más resilientes y descentralizados.

La Organización Colegial Veterinaria (OCV) recuerda que por ese punto del Golfo Pérsico transita un tercio del mercado mundial de estos compuestos, necesarios para la producción agraria, lo que he generado notable inquietud. De hecho, se estima que la actual crisis podría desembocar en la perdida de decenas de millones de toneladas de alimentos en todo el mundo, con severas consecuencias para la seguridad alimentaria global, especialmente en África.

La guerra de Irán ha conformado nuevamente la vulnerabilidad estratégica que genera la dependencia de recursos concentrados geográficamente, según precisa Gaspar Ros Berruezo, catedrático de Tecnología de los Alimentos, Nutrición y Bromatología de la Universidad de Murcia, quien defiende la utilidad del modelo One Health para afrontar este problema de manera multidisciplinar.

“A finales de 2025, en el seno de la Federación de Veterinarios Europeos, y con la participación de la OCV, se configuró un posicionamiento al respecto, porque ya se preveía este fenómeno. Así, se propone una transición hacia sistemas agroalimentarios basados en una bioeconomía circular para garantizar la seguridad alimentaria mundial. El documento sostiene que es fundamental reducir la dependencia de los fertilizantes sintéticos derivados de combustibles fósiles, priorizando en su lugar el uso de nitrógeno biológico fijado en los residuos, principalmente estiércol y subproductos animales”, explica.

Con este abordaje, los veterinarios, como garantes de la seguridad en la cadena alimentaria, desde el manejo de los subproductos hasta la mesa del consumidor, resultarían clave para realizar una evaluación de riesgos que garantice el control de patógenos y bioseguridad en el uso de estos subproductos animales.

“La ganadería, por su parte, jugaría un papel fundamental no solo como fuente de proteína, sino como pilar de la fertilización orgánica, necesaria para la producción vegetal sostenible, mediante la producción local de fertilizantes circulares”, añade este experto.

De esta forma, en España, como uno de los principales productores ganaderos de la UE, la aplicación de tecnologías para la recuperación de nitrógeno (RENURE) y de valorización de subproductos podría permitir recuperar entre 200.000 toneladas y 400.000 toneladas de nitrógeno anuales, reduciendo significativamente la dependencia española de fertilizantes nitrogenados importados.

Este enfoque permitiría aprovechar el potencial de los rumiantes en sistemas extensivos y la gestión de residuos ganaderos para transformarlos de un problema ambiental a un recurso económico (fertilizantes y biogás), dentro tanto de la estrategia "De la Granja a la Mesa" como de los principios de la Economía Circular.

La reincorporación de materia orgánica al suelo resulta urgente, ya que el 60% de los suelos de la Unión Europea muestra signos de degradación, y el uso de estiércol y restos orgánicos es la vía más eficaz para restaurar su capacidad de secuestro de carbono y su productividad.

La crisis actual refleja la vulnerabilidad de un modelo basado en fertilizantes artificiales, que dependen directamente del gas natural y el carbón, y de los que se derivan aproximadamente la mitad del suministro mundial de alimentos. “El papel de la ganadería, crucial también para abordar el reto de la despoblación del medio rural, y la veterinaria, como profesión sanitaria ligada al bienestar y salud animal, y la salud pública, tiene hoy más que nunca una importancia capital para garantizar sistemas agroalimentarios sostenibles y seguros”, subraya la OCV.

El profesor Ros señala la necesidad de distinguir entre las emisiones de carbono biogénico (propias de los ciclos naturales de plantas y animales) y las de carbono fósil: “Mientras que los animales circulan nutrientes ya presentes en la biósfera, la combustión de carbono fósil es el principal motor del cambio climático. Por tanto, reducir la cabaña ganadera en favor de una dieta exclusivamente vegetal podría, paradójicamente, aumentar la dependencia de fertilizantes sintéticos derivados del gas, agravando la crisis de suministros actual”, concluye.

El Euribor a un año, en el 2,565%: 160€ más al año en la hipoteca media

Como se esperaba y adelantó Dinero Seguro el 30 de marzo, El índice Euribor a un año, que es utilizado como principal referencia para fijar el tipo de interés de los préstamos hipotecarios concedidos por las entidades de crédito españolas, se situó en marzo en el 2,565% frente al 2,221% del mes anterior. Tomando como referencia los últimos 12 meses, el índice registra un ascenso de 0,167 puntos.

Una persona que tenga una hipoteca variable media de 150.000€ a 25 años con un interés de Euribor más 1%, si se revisa anualmente con el último valor del índice (2,565%), sus cuotas subirán de 743 a 756€, aproximadamente; lo que representa un aumento de casi 160€al año. Y si la revisión es semestral, las mensualidades pasarán de 725 a 756€ aproximadamente; unos 186€ más al semestre.

Más cerca del final del conflicto

Mientras tanto, Trump lo vuelve a hacer y, en uno de esos giros cada vez menos sorprendentes, asegura que el conflicto podría concluir en un plazo de dos o tres semanas, y que EEUU podría retirarse sin asegurar el estrecho, al no considerarlo un objetivo estratégico dentro de esta intervención. En esta línea, expresa su frustración con los aliados por no sumarse a su iniciativa para reabrir el paso por Ormuz. Insiste en que está considerando seriamente sacar a EEUU de la OTAN, después de la negativa de muchos de sus miembros a apoyarle en su campaña contra Irán.

Su secretario de Estado, Marco Rubio, añade que EEUU reexaminará el valor del Tratado de la OTAN una vez finalice el conflicto en Oriente Medio.

Pero otro portaaviones estadounidense ha zarpado rumbo a la región, incrementando la presencia militar norteamericana en el Golfo, un movimiento que no encaja con la narrativa de una desescalada inminente. 

Al mismo tiempo, Emiratos Árabes Unidos aspira a liderar una iniciativa internacional para liberar el paso del estrecho y mantiene conversaciones con la ONU con el objetivo de recabar apoyos y legitimar internacionalmente un eventual uso de la fuerza en la zona. La escalada del conflicto con Irán ha llevado a Emiratos Árabes Unidos a dar un giro estratégico de gran calado, pasando de un papel de mediador y actor prudente a mostrarse dispuesto a participar militarmente para reabrir por la fuerza el estrecho de Ormuz, clave para el comercio energético global. Abu Dabi impulsa una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU y presiona a EEUU, Europa y potencias asiáticas para formar una coalición que garantice la libertad de navegación, incluso asumiendo el riesgo de convertirse en objetivo directo de Teherán. El cierre del estrecho amenaza su economía, su posición como hub financiero y su seguridad interna, lo que explica este cambio de postura pese a los elevados costes geopolíticos.

China —junto a Pakistán— ha optado por el enfoque opuesto, reclamando un alto el fuego inmediato y la reapertura de Ormuz mediante diplomacia multilateral, reflejando la creciente divergencia entre quienes priorizan la estabilidad del comercio y quienes consideran inevitable una solución coercitiva.

En la vía intermedia, el primer ministro británico, Keir Starmer, ha anunciado una cumbre internacional para debatir sobre la reapertura del estrecho de Ormuz. 

El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, comunicó a António Costa, presidente del Consejo Europeo, que su país estaría dispuesto a poner fin al conflicto, aunque exigiendo determinadas garantías. Varias autoridades iraníes han confirmado contactos con Steve Witkoff –previamente desmentidos–, si bien niegan cualquier tipo de concesión.

Con la partida acercándose a su desenlace –el régimen iraní ve cada vez más cerca su supervivencia– y con los tres acrónimos que tanto enfadan a Trump brillando —TACO, NACHO y WACO (“Will Ayatollahs Chicken Out”)—, los mercados optan por centrarse en el lado positivo de los acontecimientos, lo que ha desembocó en la tercera mejor sesión desde el Liberation Day.

Karoline Leavitt, secretaria de Prensa de la Casa Blanca, ha anunciado que Trump ofrecerá un discurso sobre el cambio en la situación en Irán a las 21:00 (3:00 de la madrugada, hora española).

Por otra parte, en EEUU las vacantes de empleo cayeron en febrero hasta los 6,88 millones de ofertas sin cubrir. Como resultado, la ratio de vacantes sobre desempleados se situó en 0,91x, ligeramente por debajo de la media histórica de 0,93x. La mayor caída se produjo en ocio y hostelería (-213.000 puestos en el mes), aunque todavía continúa siendo uno de los sectores con mayor número de vacantes abiertas. Destacaron los servicios profesionales (+64.000 puestos en el mes). El mercado laboral continúa mostrando señales de moderación, aunque los datos de febrero estuvieron influenciados por la ola polar que azotó a gran parte del país, por lo que puede producirse un rebote en marzo.

Además, la confianza de los consumidores sorprendía positivamente en marzo, alcanzando su mayor nivel en el año. El índice elaborado por la Conference Board repuntó hasta el 91,8 desde el 91 previo, superando las previsiones de 87,9. Por componentes, la lectura también fue positiva, con el subíndice de situación actual posicionándose en niveles de 123,3, por encima del 118 estimado y reflejando que el incremento en los precios de la energía no ha afectado la perspectiva de los consumidores por el momento. A su vez, el componente de expectativas también supero las estimaciones de los analistas al posicionarse en 70,9, aunque ligeramente por debajo del 72,6 correspondiente a febrero.

UBS: los mercados cerrarán 2026 en niveles superiores a los actuales

Por su parte, el UBS CIO Daily destaca que las acciones suben ante la esperanza de un final inminente del conflicto en Oriente Medio. Los mercados de renta variable y de bonos subieron, mientras que los precios del petróleo bajaron en EEUU impulsados por el optimismo de que el conflicto en Oriente Medio podría llegar a su fin antes de lo previsto. El fuerte repunte de las acciones demuestra cómo una resolución del conflicto, o incluso la mera expectativa, puede impulsar rápidamente al alza los mercados, y refuerza la importancia de que los inversores a largo plazo se mantengan invertidos y posicionados para aprovechar posibles subidas. "Seguimos creyendo que los mercados bursátiles globales cerrarán el año en niveles superiores a los actuales", subraya.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Creemos que los inversores a largo plazo deberían mantenerse invertidos y posicionados para captar el potencial alcista a medio plazo, al tiempo que continúan aprovechando oportunidades para diversificar y cubrir sus carteras, y gestionar su exposición a los mercados más vulnerables a los elevados precios de la energía. También seguimos considerando el oro como una cobertura eficaz a largo plazo para las carteras y prevemos precios más altos en el futuro. Para quienes prefieren el oro, sugerimos asignar una pequeña parte —en torno a un porcentaje de un solo dígito medio— del total de los activos, con el fin de diversificar las carteras y ofrecer protección a medio plazo frente a shocks macroeconómicos”.

“Esperamos que el Banco Central Europeo pase por alto el actual shock de inflación y mantenga los tipos de interés sin cambios en su próxima reunión de abril. Para entonces, los responsables de política monetaria contarán con un conjunto de datos más amplio para evaluar el impacto del crecimiento y la inflación en la economía y, lo que es crucial, si existen indicios de efectos de segunda ronda en formación (que actualmente no se observan)”, apuntan Maelle Quillevere, economista, y Dean Turner, economista jefe para la Eurozona y Reino Unido,

Lombard Odier: riesgo de estanflación en Asia, no en China

El CIO Office Viewpoint "La crisis energética pone de manifiesto las desigualdades en Asia", elaborado por Homin Lee, Senior Macro Estrategist de Lombard Odier, subraya que las importantes reservas de petróleo de China, su capacidad en energías alternativas y sus canales de importación diversificados la hacen más resiliente que la mayoría de las economías asiáticas ante posibles disrupciones en el suministro. Las economías asiáticas, excluida China, afrontan un riesgo de “estanflación”, dada su dependencia de la energía importada y su limitado margen de maniobra en política económica para amortiguar el aumento de los precios. El encarecimiento del petróleo ya está influyendo en las expectativas de los bancos centrales de la región, aumentando el riesgo de cometer errores de política si las presiones sobre los precios persisten. "Recientemente hemos recogido beneficios y neutralizado nuestra sobre ponderación en renta variable de mercados emergentes, manteniendo preferencias selectivas en China y Corea del Sur. Seguimos preparados para ajustar nuestra postura a medida que evolucionen las condiciones", explica.

Eurizon: la presión para acabar con la guerra es muy fuerte

Aumenta la volatilidad en los mercados financieros, aunque sigue por debajo de los niveles alcanzados durante la guerra comercial del año pasado. No obstante, se observan operaciones de recogida de beneficios en los mercados bursátiles, así como un aumento de los rendimientos de los bonos del Estado, que están descontando una mayor inflación. Las expectativas de política monetaria también se ven afectadas, ya que los bancos centrales posponen sus planes de bajar los tipos (Fed) o incluso se plantean volver a subirlos (BCE). 

Como suele ocurrir con los acontecimientos de carácter geopolítico, el impacto real a medio plazo dependerá de la duración del evento, determinada por la capacidad de los actores políticos para soportar las presiones ejercidas por los mercados o por el contexto real.

A la luz de la caída de los índices bursátiles, el aumento de los precios del petróleo en EEUU y de los precios de la energía a nivel mundial, con Asia a la cabeza, es de suponer que las presiones para acortar el conflicto e iniciar conversaciones ya son muy fuertes. "Una vez que comiencen las negociaciones para poner fin al conflicto, es probable que los mercados se recuperen rápidamente, como ya ha ocurrido", subraya un análisis de Eurizon.

31Mar

Es evidente que los incentivos para prolongar el conflicto son cada vez menores.

Miguel Ángel Valero

Un día más de guerra en Oriente Medio y de cierre del estrecho de Ormuz. El problema se agrava porque la Administración Trump lanza cada jornada un mensaje distinto. En esta ocasión, la nueva maniobra comunicativa del Gobierno estadounidense apunta a que Trump contempla poner fin al conflicto sin reabrir el estrecho. Según Karoline Leavitt, secretaria de Prensa, el estrecho de Ormuz no constituye una prioridad estratégica en esta guerra –a pesar de que es una de las principales vías de exportaciones y, por tanto, de financiación del régimen iraní–.ç

Todo esto ocurre en una nueva jornada de enfrentamientos, marcada por los bombardeos de la coalición integrada por Israel y EEUU sobre objetivos militares y arsenales. Irán, por su parte, dirige sus ataques hacia infraestructuras críticas de sus vecinos, como plantas desalinizadoras en Kuwait, afectando suministros esenciales para la supervivencia en la región. 

Mientras tanto, la escasez de petróleo se hace cada vez más evidente. Europa ha puesto en marcha medidas de apoyo ante el incremento de precios —con España a la cabeza, seguida ahora por Italia y Francia—, Corea del Sur ha iniciado campañas de concienciación en las que insta a la población a reducir la duración de sus duchas, y Tailandia ha activado ayudas directas a los sectores más perjudicados.

En este contexto, las declaraciones del presidente de la Fed, Jerome Powell, apaciguaron el mercado de bonos. Asegura que las expectativas de inflación permanecen contenidas en el corto plazo y que, por ahora, es prematuro plantear una reacción agresiva de la Reserva Federal, prefiriendo adoptar una postura de prudencia. También lanza un mensaje de calma sobre el crédito privado, afirmando que la Fed monitoriza su impacto en el sistema financiero y que todavía no existen indicios de ser un problema.

Es evidente que los incentivos para prolongar el conflicto son cada vez menores, y la evidencia más reciente apunta a que EEUU no desea sobrepasar el plazo de seis semanas que fijó al inicio de la operación. Sin embargo, encontrar una salida digna –necesaria para la política interna de Trump– se está volviendo complejo ante un régimen iraní que no se muestra intimidado, aunque sí visiblemente debilitado. El juego del gato y el ratón continúa, y el desenlace, cuando llegue, probablemente será abrupto.

Mientras, el G-7 trata de activar un frente común pero que, por el momento, dejó más palabras que nuevas medidas. En una reunión de urgencia celebrada por videoconferencia, el G7 ha dejado un comunicado conjunto en el que los representantes de los siete países más industrializados –EEUU, Canadá, Japón, Alemania, Francia, Italia y Reino Unido–, expresan su disposición de adoptar “todas las medidas necesarias que garanticen la estabilidad y seguridad de los mercados energéticos”, pero no han desvelado posibles actuaciones. Insistieron en la necesidad de garantizar mercados energéticos "estables y transparentes", así como "abstenerse de imponer restricciones injustificadas a la exportación de hidrocarburos y productos relacionados" y tratar de mantener un suministro suficiente de petróleo y gas. Hace un par de semanas los países más industrializados decidieron la liberación de parte de sus reservas estratégicas de petróleo, una medida que permitió ganar tiempo a la espera de soluciones al bloqueo del paso de las exportaciones de petróleo y gas por el estrecho de Ormuz.

Mediolanum: oportunidades selectivas en mercados emergentes

Patrick McKenna, director adjunto de gestión de carteras multi-management en Mediolanum International Funds (MIFL), afirma: "Con el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y la posterior escalada del conflicto, las acciones de los mercados emergentes se han visto presionadas. En marzo, los inversores retiraron más de 2.000 millones$ de los mercados emergentes y de los fondos asiáticos (excluido Japón). Al mismo tiempo, numerosos índices de mercados emergentes cayeron con fuerza, sin que hasta ahora se observen señales claras de haber tocado fondo. Sin embargo, el último shock no está afectando a los mercados emergentes de forma uniforme, ni está generando únicamente perdedores".

Los mercados asiáticos importadores de petróleo son especialmente vulnerables en este momento. Con el cierre del estrecho de Ormuz, el crudo Brent subió hasta alrededor de 116 dólares por barril a 30 de marzo y se encamina a registrar un aumento mensual de casi el 60%. La reacción del mercado fue, en consecuencia, muy severa: el índice bursátil surcoreano Kospi llegó a desplomarse casi un 20%, y el MSCI Indonesia ha perdido cerca de un 25% desde el 27 de febrero. India también se vio afectada. Tras recuperarse de un periodo prolongado de debilidad en febrero, el MSCI India perdió casi un 15% en un mes a medida que aumentaban las tensiones en Oriente Medio.

Países como Corea del Sur, Indonesia e India dependen en gran medida de las importaciones de petróleo procedentes de Oriente Medio. El aumento de los precios de la energía está lastrando el crecimiento, los saldos por cuenta corriente y las divisas de estos países, al tiempo que incrementa las presiones inflacionistas. Esto reduce el margen de los bancos centrales para recortar los tipos de interés. Este aspecto resulta especialmente problemático para aquellos mercados que contaban con bajadas de tipos para impulsar el crecimiento y las valoraciones. Si las tensiones geopolíticas persisten y los precios de la energía se mantienen elevados a largo plazo, no solo es probable que se frenen los ciclos de relajación monetaria, sino que también se revisen a la baja las expectativas de beneficios.

En América Latina, la situación es distinta: la región se beneficia de su posición relativamente neutral y de sus reservas de materias primas. Los mayores precios del petróleo, los metales y los productos agrícolas pueden respaldar los ingresos por exportaciones, las finanzas públicas y, en cierta medida, el impulso del crecimiento. Esto hace que muchos mercados latinoamericanos sean significativamente más resilientes en el entorno actual que gran parte de Asia.A ello se suma una política monetaria más favorable. Brasil, por ejemplo, ya se encontraba en un ciclo de relajación monetaria antes de la escalada en Oriente Medio. Esto hace que el país resulte especialmente atractivo para los inversores: la caída de los tipos de interés apoya la economía, los beneficios empresariales y las valoraciones, mientras que la estructura económica, intensiva en materias primas, proporciona al mismo tiempo un colchón frente al shock del precio del petróleo. A diferencia de muchos mercados emergentes importadores de petróleo, Brasil combina así vientos de cola monetarios con una posición económica externa relativamente sólida.

Aunque América Latina sigue siendo atractiva para los inversores por su posición de partida más robusta y sus perspectivas favorables, las caídas de precios en los mercados asiáticos en dificultades están abriendo al mismo tiempo oportunidades de entrada selectivas. Regiones como India ya han corregido significativamente: la ratio precio/beneficio del MSCI India se sitúa en 19,7 veces en términos de los últimos 12 meses, por debajo de sus medias de cinco y diez años. Al mismo tiempo, las perspectivas siguen siendo prometedoras: el crecimiento estructural, los beneficios empresariales y las perspectivas macroeconómicas continúan siendo relativamente sólidas. Si el shock geopolítico resulta ser temporal, son precisamente aquellos mercados que han sido más castigados recientemente los que podrían ofrecer una sorpresa positiva.

La creciente divergencia dentro del universo de mercados emergentes exige un análisis detallado de los riesgos y oportunidades en las distintas regiones. La dependencia de las importaciones de energía, la sensibilidad a la inflación, los ciclos políticos, el grado de madurez de las economías y la especialización sectorial determinan cada vez más cómo reaccionan los países a las subidas del precio del petróleo, a las fluctuaciones del dólar estadounidense u otros shocks externos. Quienes deseen aprovechar las oportunidades en los mercados emergentes deben, por tanto, adoptar un enfoque selectivo, activo y con una amplia diversificación.

Columbia Threadneedle: las materias primas se tensionarán en abril

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, señala que el petróleo cotiza algo más de 115$ por barril, lo que representa un incremento del 59% desde el inicio del conflicto. La curva de futuros del crudo Brent sitúa los precios en torno a los 100$ por barril hasta julio, descendiendo a aproximadamente 85 dólares en diciembre. Aun así, estos niveles siguen implicando una prima significativa frente a las previsiones previas al estallido de la guerra. Como referencia, se estimaba que el petróleo se situaría en torno a los 60$ por barril a finales de 2026, al margen de riesgos geopolíticos como los actuales.

De cara a los próximos meses, persisten claros riesgos al alza, especialmente en caso de un cierre prolongado del estrecho de Ormuz o de una mayor escalada del conflicto. Aunque las negociaciones de paz con mediadores están en curso, sigue vigente el ultimátum del 6 de abril fijado por el presidente Trump para que Irán acepte un acuerdo o se enfrente a ataques sobre su infraestructura energética, ante los que este país previsiblemente respondería.

En paralelo, durante el fin de semana, los hutíes en Yemen lanzaron su primer misil hacia Israel respaldados por Irán, marcando su entrada en el conflicto. Este episodio remite a los ataques de los hutíes en años recientes contra el tráfico marítimo en el mar Rojo, con el estrecho de Bab al-Mandeb como enclave estratégico de acceso, conectado a su vez con el canal de Suez, una arteria clave para el comercio con Europa. Además, esta vía podría servir como alternativa para la salida de petróleo desde el Golfo a través de un oleoducto hacia la costa occidental de Arabia Saudí. Cualquier interrupción en esta zona supondría otro gran obstáculo para las cadenas globales de suministro, incrementando las presiones al alza sobre los precios de las materias primas.

No obstante, también cabe la posibilidad de alcanzar algún tipo de acuerdo de paz, idealmente incluyendo el estrecho de Ormuz. Un acuerdo que no contemple este punto difícilmente sería aceptable para Trump. De incorporarse, permitiría una progresiva normalización del tráfico marítimo.

Pero el impacto del conflicto no se limita al petróleo. Se están observando tensiones en los precios del gas, el helio, así como del amoníaco y la urea, insumos clave para la producción de fertilizantes y, en consecuencia, para los precios de los alimentos. Este efecto se extiende al conjunto del mercado de materias primas y previsiblemente se intensificará en abril a medida que se reduzcan las reservas. Las existencias actuales ya están disminuyendo y también se están utilizando reservas de emergencia, lo que apunta a un escenario de precios más elevados y crecientes preocupaciones sobre el suministro a medida que avance abril.

Por su parte, el oro, que había mostrado un comportamiento muy sólido en lo que va de año, ha registrado una caída significativa del 14% desde el inicio de la guerra. Los riesgos inflacionarios están superando su función tradicional como activo refugio frente a shocks geopolíticos en el corto plazo.

La evolución de la situación a partir de aquí sigue siendo esencialmente binaria y dependerá en gran medida de factores políticos: de si Trump opta por una vía de escalada o de desescalada, y de la respuesta de Irán. El estrecho de Ormuz no está actualmente cerrado ni minado, lo que implica que, en caso de alcanzarse un acuerdo, podría reabrirse con relativa rapidez. Sin embargo, un escenario de escalada podría derivar en ataques a infraestructuras energéticas, ante los que Irán ya ha anticipado una respuesta. 

Trump  menciona la posibilidad de controlar el petróleo iraní. Este escenario parece lejano, los riesgos al alza siguen siendo significativos para todas las materias primas en caso de una nueva escalada del conflicto. También veremos preocupaciones desde el punto de vista del suministro, con impactos potencialmente desiguales por regiones, si la situación se prolonga hasta abril.

Las próximas dos semanas deberían ofrecer señales más claras sobre sobre el lugar al que nos dirigimos. Al inicio del conflicto, Trump planteó un horizonte de entre cuatro y seis semanas para las operaciones militares, un plazo que está próximo a cumplirse. No obstante, es previsible que los precios de la energía se mantengan elevados durante algún tiempo debido a la prima de riesgo incorporada. No puede descartarse cierta corrección a la baja en caso de avances sustanciales hacia un acuerdo de paz.

En definitiva, el contexto sigue marcado por una elevada incertidumbre. Los mercados financieros permanecen tensionados y, en el corto plazo, los precios de las materias primas actúan como un obstáculo significativo. Con todo, persisten motivos para el optimismo a más largo plazo si se logra algún tipo de resolución del conflicto.

Fidelity: fase de escalada más desordenada

Salman Ahmed, Responsable Global de Macro y Asignación Estratégica de Activos en Fidelity International, cree que el carácter del conflicto en Irán ha vuelto a cambiar. Lo que empezaba a parecer una posible vía de salida (tras el giro de Trump del lunes 23 de marzo y la ampliación hasta el 5 de abril de la amenaza de destruir centrales eléctricas iraníes) está derivando ahora hacia una fase de escalada más desordenada -aunque cada vez más telegrafiada-. Las preguntas sobre cómo se resolverá este conflicto y a qué coste (a corto y a medio plazo) siguen siendo críticas.

Los esfuerzos de mediación -en particular los liderados por Pakistán y apoyados por actores regionales- parecen haberse quedado sin impulso. Al mismo tiempo, el conflicto se está ampliando. La actividad de misiles hutíes contra Israel refuerza el riesgo de desbordamientos regionales, incluso cuando puntos de estrangulamiento clave como Bab el‑Mandeb siguen operativos (por ahora). Las señales de EEUU siguen siendo inconsistentes. El mensaje oscila entre negociación y escalada, dejando una claridad limitada sobre la vía inmediata pretendida. Al mismo tiempo, el despliegue de marines en el teatro de operaciones introduce riesgos claros de escalada. El objetivo operativo sigue sin estar claro, pero el debate se ha centrado en dos posibilidades: una intervención vinculada a la extracción de activos de uranio enriquecido o una acción dirigida contra la isla de Kharg. De las dos, parece más probable un movimiento sobre instalaciones de uranio enriquecido. Atacar Kharg implicaría el riesgo de abrir un frente más directo y amplio, con implicaciones inmediatas para los flujos de energía. Aun así, cualquier forma de presencia de tropas estadounidenses sobre el terreno representaría una escalada material. Las variables críticas serían el alcance, la duración y la claridad del estado final buscado. 2. 

Cambio de escenario: hacia una escalada telegrafiada en lugar de una destrucción generalizada de la infraestructura energética en Irán y el Golfo. No se trata de una escalada totalmente descontrolada o caótica. Está señalizada y, en cierta medida, gestionada con riesgos asociados de posibles errores de cálculo. La ausencia de una destrucción generalizada de infraestructuras en la comunicación de ambas partes sugiere que sigue existiendo contención. Los riesgos de cola han aumentado, pero son distintos. Al mismo tiempo, escalada y resolución ya no son mutuamente excluyentes. "La vía más probable es aquella en la que una mayor escalada se utiliza para forzar un desenlace, aunque sea incompleto, desordenado o inestable", apunta. 

El estrecho de Ormuz sigue estando, en la práctica, en disputa. El tráfico continúa a paso de caracol, pero bajo condiciones restringidas e inciertas determinadas por Irán (por ejemplo, Pakistán negoció el paso de 20 petroleros por el Estrecho, que el presidente Trump calificó de “regalo”). Incluso en un escenario de resolución, es poco probable que Irán renuncie por completo a esta palanca, especialmente teniendo en cuenta lo degradada que está ahora su capacidad militar tras los bombardeos sostenidos de EEUU e Israel. Un resultado más plausible es que el Estrecho se reabra en los términos de Irán, potencialmente con formas de control o “precio” (tácito o explícito) sobre los flujos. Eso podría incluir peajes informales, disrupción selectiva o primas de riesgo persistentes. Los informes sugieren que los planificadores militares occidentales no ven ninguna solución militar (salvo un cambio de régimen en Irán) para lograr una apertura incondicional del Estrecho. Esto importa porque la mayoría de los flujos que atraviesan el Estrecho se destinan a Asia, siendo China el mayor consumidor final. Por tanto, la carga económica de la disrupción recae de forma desproporcionada sobre las economías asiáticas, más que sobre EEUU, algo que también se refleja en la valoración relativa de los mercados. El “día después” es poco probable que se parezca al statu quo anterior al conflicto. La arquitectura de seguridad de los flujos energéticos del Golfo ha cambiado, en cierta manera, de forma estructural. 

"Seguimos trabajando con una hipótesis del barril de Brent en torno a 85$ para el resto del año. Esto refleja una prima geopolítica persistente más allá de una resolución inmediata de la guerra. Una normalización rápida de los precios del petróleo hacia el rango de los 40–50$(de la que se habla en algunos ámbitos) requeriría una resolución limpia, un Irán integrado internacionalmente y el consiguiente colapso de las primas de riesgo. Dada la complejidad del entorno actual, ese resultado nos parece extremadamente optimista. Al mismo tiempo, aunque los mercados físicos de energía están sometidos a una tensión severa, todavía no estamos en un escenario de pérdida sostenida y a gran escala del suministro, ya que eso exigiría daños generalizados a la infraestructura energética y un cierre completo del Estrecho mediante minas (o medidas similares)", argumenta. 

La transmisión económica se está concentrando cada vez más en Asia, seguida de Europa. Las respuestas de política económica en la región han sido rápidas y pragmáticas. Los gobiernos han desplegado una combinación de topes de precios, subsidios, controles a la exportación y liberaciones de reservas estratégicas para limitar el traslado a los precios domésticos del combustible. En las economías más vulnerables están surgiendo medidas del lado de la demanda, incluidas el racionamiento energético y ajustes de comportamiento. Estas intervenciones están, por ahora, conteniendo el impacto inflacionario inmediato. Sin embargo, si los precios elevados de la energía persistiesen, la carga cambiaría. La capacidad fiscal no es ilimitada y los bancos centrales podrían verse obligados a volverse menos dovish con el tiempo. A más largo plazo, este episodio refuerza el argumento a favor de la diversificación. Es probable que las renovables, la nuclear y, en algunos casos, un regreso al carbón, ganen más peso en los debates y la planificación de políticas, a medida que los riesgos de los puntos de estrangulamiento pasan a ser centrales en las evaluaciones. 

Las Bolsas asiáticas siguen de capa caída, con el índice MSCI Asia Pacific cayendo con fuerza durante la semana pasada y manteniendo la presión a la baja al inicio de esta. La presión sobre las divisas es evidente, especialmente en economías sensibles al petróleo como la India y Tailandia. Las respuestas políticas se están intensificando. El banco central de la India ha pasado a limitar las posiciones abiertas en divisas en un esfuerzo por estabilizar la rupia. En Japón, las autoridades han escalado la intervención verbal a medida que la debilidad del yen eleva las preocupaciones de inflación, con su banco central adoptando un tono más vigilante. Los mercados de bonos han sido menos direccionales después de centrarse en la inflación la semana pasada y ahora empiezan a equilibrar las preocupaciones de crecimiento frente a los riesgos inflacionarios. 

Las opiniones de China se están haciendo más visibles. Su implicación en los esfuerzos de mediación de Pakistán introduce otra capa en las dinámicas de las grandes potencias en el conflicto. Dada la exposición de China a los flujos energéticos del Golfo, tiene un fuerte incentivo para apoyar la estabilización ya que, pese a contar con colchones energéticos significativos, está expuesta al riesgo de una recesión global. Cualquier evolución adicional aquí será importante de vigilar, dada la relación estratégica del país con Irán. 

"Estamos entrando en una fase de escalada bastante telegrafiada pero dramática, con una mayor probabilidad de una resolución desordenada. Los riesgos de cola han aumentado de una manera distinta a la del fin de semana anterior, pero también ha aumentado el incentivo para que todas las partes contengan el conflicto, dada la escala y amplitud de la disrupción. El desenlace probable no será un final limpio, sino una resolución negociada y desordenada que dejará tensiones subyacentes sin resolver e Irán con un poder de influencia continuado sobre el Estrecho. Es poco probable que los mercados energéticos vuelvan rápidamente a los precios anteriores al conflicto. Cierta prima geopolítica permanente ya está incorporada en los mercados energéticos, y la carga del ajuste está recayendo con más fuerza sobre la Asia dependiente de la energía del Golfo, seguida de Europa. EEUU permanece relativamente más aislado, pero unos mayores precios energéticos son un factor macro que afectará a su crecimiento, inflación y resultados de su política económica", concluye este experto.

Ebury: el euro, el gran perdedor de la guerra en Oriente Medio

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, sitúa al euro, el won surcoreano, la rupia india y el baht tailandés entre las monedas más perjudicadas por la prolongación de la guerra en Irán, en un contexto marcado por el encarecimiento de la energía y el aumento de la aversión al riesgo. El denominador común de estas monedas es su elevada dependencia de las importaciones de petróleo y gas, lo que las hace especialmente vulnerables a un shock energético derivado del cierre del Estrecho de Ormuz.

En el caso del euro, la exposición es particularmente significativa. La Eurozona afronta el conflicto con bajos niveles de reservas de gas y una fuerte dependencia de proveedores externos. Además, la acción militar estadounidense en Irán aumenta el riesgo de un conflicto más prolongado en Ucrania, pues los recursos militares de EEUU podrían desviarse de este conflicto hacia Oriente Medio. Por otro lado, la exposición de Europa a la inflación del petróleo importado significa que los mercados han aumentado agresivamente sus apuestas a favor de tipos más altos del BCE y, al menos hasta el momento, están más que presupuestados por completo dos recortes completos antes de que termine el año. 

Este patrón se replica en las divisas de Asia y, en particular, en el won surcoreano, la rupia india y el baht tailandés. Todas ellas destacan por su elevada exposición al crudo que transita por el Estrecho de Ormuz. El encarecimiento del petróleo actúa como un lastre para sus economías, deteriorando sus cuentas externas y aumentando las tensiones inflacionarias, lo que se traduce en una menor resiliencia de sus divisas. 

Ebury también incluye entre las perdedoras a algunas monedas de los países de África Oriental y Austral, cuyas economías que dependen de la región para alrededor del 75% de sus importaciones de combustible. En este grupo se encontrarían el rand sudafricano, el kwacha zambiano y el chelín ugandés. En América Latina, las monedas más vulnerables serían el peso chileno, dado que importa casi todo su consumo de petróleo y gas y, en menor medida, el sol peruano, que produce cantidades modestas de petróleo, es un exportador neto de gas natural y tiene cierta capacidad de refinado. 

Frente a este bloque de perdedores, Ebury identifica como principales beneficiarios al dólar estadounidense, el dólar canadiense, la corona noruega, el dólar australiano, el real brasileño o el peso colombiano. El dólar estadounidense lidera este grupo gracias a su papel como activo refugio en episodios de incertidumbre y al hecho de que Estados Unidos es exportador neto de energía, lo que le permite beneficiarse de un entorno de precios elevados. A su vez, divisas como el dólar canadiense, la corona noruega o el dólar australiano se ven respaldadas por su condición de grandes exportadores de petróleo y gas, lo que mejora sus términos de intercambio y refuerza sus cuentas externas. En América Latina, el real brasileño y el peso colombiano también encuentran apoyo en el aumento de los ingresos derivados de las exportaciones energéticas. Las divisas vinculadas al dólar, especialmente en Oriente Medio, han mostrado una notable resiliencia, al beneficiarse tanto de su anclaje al billete verde como del aumento de los precios del petróleo, que refuerza sus cuentas externas y reservas. 

En este grupo también se incluye el yuan chino, estrechamente gestionado frente al dólar y respaldado por amplias reservas energéticas y una menor exposición directa al conflicto. China, además, cuenta con proveedores diversificados y cierta protección en el tránsito por el Estrecho de Ormuz. 

Ebury señala a la libra esterlina como un caso intermedio dentro del bloque de divisas favorecidas. Sin llegar a considerarse un “ganador” pleno, la moneda británica ha mostrado un comportamiento relativo más sólido que sus homólogas europeas. Aunque el Reino Unido es importador neto de energía, su menor dependencia del suministro exterior —y, en particular, de Oriente Medio— limita su exposición al shock energético. A ello se suma una estructura económica más orientada a los servicios. 

En conjunto, el análisis de Ebury refleja una clara divergencia en el mercado de divisas: las monedas de economías importadoras de energía, como el euro o la rupia india, tienden a depreciarse, mientras que las de países exportadores o consideradas refugio, como el dólar estadounidense o la corona noruega, se ven reforzadas en un escenario de conflicto prolongado.

UBS: oportunidad constructiva de la corrección

Por su parte, el UBS CIO Daily destaca que una corrección abre la puerta en la renta variable suiza. El mercado bursátil suizo no ha quedado al margen de las ventas globales por aversión al riesgo vinculadas al conflicto en Oriente Medio, llegando a caer cerca de un 15% en su mínimo intramensual y entrando en territorio formal de corrección. Aunque el mercado ha rebotado modestamente desde entonces, subiendo cerca de un 5% desde su punto más bajo la semana pasada, sigue muy por debajo de los máximos alcanzados a principios de marzo. "Pero, a pesar de esta volatilidad, creemos que la reciente corrección ofrece una oportunidad constructiva para reposicionarse en la renta variable suiza: el liderazgo de valores defensivos es ahora más relevante; las valoraciones y el apoyo de los dividendos han mejorado; los vientos en contra sobre los beneficios podrían empezar a moderarse", explica la entidad.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Utilizamos este episodio de volatilidad para mejorar nuestra recomendación sobre la renta variable suiza a ‘Atractiva’, y sugerimos que los inversores consideren asignar parte de su capital de riesgo en renta variable al mercado tras la reciente corrección. Dentro del mercado, preferimos compañías de calidad y líderes en rentabilidad, junto con determinadas empresas de mediana capitalización y cíclicas, especialmente aquellas con un crecimiento de dividendos atractivo”.

“Nuestra opinión es que la caída del oro probablemente será relativamente breve. Aunque el momento exacto es difícil de precisar, sí esperamos que el oro se recupere y prevemos que el metal precioso alcance los 6.200$ por onza a finales de junio, para luego moderarse hasta 5.900 USD/onza a principios de 2027, desde los aproximadamente 4.500 actuales", añade.

Pictet: neutrales en acciones, bonos y liquidez

Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, señala que la guerra contra Irán ha creado un estado de profunda incertidumbre para los inversores. Amenaza el suministro global de todo, de petróleo a alimentos y aumenta la posibilidad de estanflación mundial. En tiempos normales los mercados bajistas para las acciones tienden a favorecer a los bonos, pero esta vez ambas clases de activos están teniendo dificultades. Para complicar las cosas, las posibles consecuencias de la guerra no parecen reflejarse del todo en el índice de volatilidad VIX. La imprevisibilidad del presidente Trump hace imposible una visión racional de los mercados las próximas semanas. Cada tuit en Truth Social arrastra los mercados en diferente dirección, a menudo de forma violenta. El precedente es que tiende a cambiar de rumbo ante una una reacción negativa del mercado.

Como no creemos posible saber cómo o cuándo terminará el conflicto, tenemos una posición neutral en las tres principales clases de activos, en todas las regiones excepto en China, bonos y liquidez. Sobre ponderamos los sectores de salud y de servicios públicos e infra ponderamos consumo discrecional.

La incertidumbre geopolítica ha comenzado a tener impacto negativo. Las encuestas empresariales han empezado a mostrar expectativas de precios más altos del petróleo y los datos sugieren que el mercado es demasiado optimista respecto a la economía estadounidense y pesimista respecto a la mayor parte del resto del mundo. Pero EEUU no es inmune. Que cubra su demanda no significa que los precios de la gasolina y otros combustibles no estén subiendo allí. Su economía ya se había desacelerado cuando cayeron las primeras bombas, siendo su tasa de ahorro muy baja. Esperamos que su inflación se sitúe en 3,3% este año con crecimiento por debajo de 2%.

Es probable que Europa demuestre ser más resiliente. La Eurozona depende de las importaciones de petróleo, pero es menos intensiva en petróleo que EEUUU, con una proporción sustancial de necesidades energéticas cubiertas con renovables. Los mercados emergentes también son ahora más estables que en el máximo del petróleo en 2022. Nuestra previsión de mayor crecimiento respecto a economías desarrollados no ha cambiado de forma significativa y esperamos que su inflación se mantenga en los objetivos. Además, China, donde más de una cuarta parte de sus necesidades petrolíferas pasan por el Estrecho de Ormuz, cuenta con importantes reservas de petróleo y otras materias primas vitales, además de haber asegurado el acceso alternativo de países como Rusia. Su rápida adopción de energías renovables y vehículos eléctricos los últimos años debe ayudar a amortiguar el golpe.

El ciclo multianual de flexibilización global de los banco centrales está llegando a su fin. Incluso antes de la crisis nuestra opinión era que la Reserva Federal no tenía necesidad de relajar, pues la creación de crédito en el sector privado sigue sólida, sin impacto negativo hasta ahora en su sector financiero. Pero existe el riesgo de que el BCE se convierta en el primero entre los grandes bancos centrales en endurecer su política monetaria, especialmente si los Gobiernos deciden subvencionar el combustible, como en 2022. Por su parte Pekín mantiene condiciones monetarias moderadamente laxas y una política fiscal activa para sacar a la economía de su estancamiento deflacionario.

El caso es que los temores inflacionistas han impulsado al alza las rentabilidades a vencimiento de los bonos y la venta masiva de acciones hace que ahora sean solo ligeramente caras, mientras que las materias primas siguen muy caras. Las acciones están respaldadas por factores estacionales y posición bajista de los inversores y en las estadounidenses no hay señales de que el mercado vaya a capitular, con los minoristas comprando en las caídas.

El aumento de exportaciones vinculadas a tecnológica relacionada con IA y actividad industrial y manufacturera, deben seguir apoyando las acciones chinas, que sobre ponderamos. Pero un aumento del 50 % en los precios del petróleo cuatro meses puede suponer un golpe económico especialmente perjudicial para las naciones importadores netas, como Tailandia, Corea, India y Sudáfrica, afectando el PIB y saldos externos, con la apreciación del dólar endureciendo las condiciones financieras en estos mercados, inflación importada y fomento de salidas de capital.

En conjunto hemos adoptado a una inversión más defensiva, incluyendo compañías eléctricas, que se benefician de demanda estable, impulso con la electrificación y políticas orientadas a la independencia energética. Sobre ponderamos el sector de salud, defensivo, atractivo por valoración, que se debe se beneficiar de la innovación por IA. Sobre ponderamos tecnología. La reciente corrección ha hecho que las valoraciones bajen y la inversión relacionada con IA en centros de datos e infraestructuras digitales -600.000 millones$ este año- debe seguir apoyando la demanda de empresas de hardware y semiconductores. Pero infra ponderamos consumo discrecional, pues la inflación debe pesar en el gasto.

La amenaza de estanflación es negativa para la renta fija. Los mercados de bonos han pasado descontar recortes de tipos de interés a subidas de estos. Si el precio del petróleo se estabiliza en los niveles actuales añadirá 0,5 % a la inflación y reducirá el crecimiento global en 0,5%. Pero precio del crudo y expectativas de inflación y crecimiento pueden moverse considerablemente por encima o debajo, según lo rápido que termine el conflicto. En deuda del Tesoro de EEUU estamos neutrales. Su rentabilidad a vencimiento ya ha aumentado y la Reserva Federal va a prestar tanta atención a la inflación como al mercado laboral, lo que limita el margen de liquidación de bonos estadounidenses. También hemos reducido asignación a deuda soberana y empresarial de mercados emergentes a neutral. Hemos reducido oro a neutral. Ha llegado a caer caído 15% desde el inicio del conflicto, pues los bancos centrales que han acumulado grandes beneficios con sus reservas han vendido parte para financiar gastos adicionales en energía y defensa. Pero hemos aumentado exposición a yen y franco suizo, que pueden apreciarse si el conflicto continúa.

DWS: 'esperar y ver' es la mejor opción

Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS, destaca que el coste de la vida en la Eurozona aumentó significativamente en marzo, alcanzando el 2,5%, impulsado principalmente por un incremento interanual del 4,9% en los precios de la energía. En particular, los precios del diésel y la gasolina aumentaron a tasas de dos dígitos en muchos países. Sin embargo, otros componentes contribuyeron a moderar la inflación general. La inflación de los alimentos siguió desacelerándose, con precios que subieron un 2,4% en marzo, mientras que la inflación subyacente cayó del 2,4% en febrero al 2,3% en marzo.

Algunos países ya han introducido medidas fiscales para reducir los precios de la energía. Como resultado, los precios del diésel y la gasolina han bajado en España e Italia, lo que debería ayudar a aliviar las presiones inflacionarias en abril. Sin embargo, los precios del gas tienden a reaccionar con retraso, ya que los hogares en la mayoría de los países están sujetos a contratos a largo plazo.

Además, la temporada de viajes está a punto de comenzar. Es probable que algunos destinos sean evitados, lo que podría provocar un aumento de los precios de los billetes de avión y de los paquetes vacacionales en toda la eurozona. En un contexto de aumento de costes, las empresas también podrían trasladar subidas de precios más rápidas. Cuanto más tiempo continúe la guerra en Oriente Medio y cuanto más tiempo el estrecho de Ormuz permanezca efectivamente cerrado, mayor será el riesgo de repercusiones secundarias.

En la conferencia del BCE de la semana pasada, la presidenta Lagarde volvió a aclarar la función de reacción del banco central. No es el shock de los precios de la energía en sí lo que resulta decisivo, sino los posibles efectos de segunda ronda sobre la inflación que puedan derivarse de él. En este contexto, no esperamos que el BCE adopte decisiones monetarias precipitadas. Seguimos creyendo que adoptar un enfoque de “esperar y ver” es la mejor opción por ahora.

Swisscanto: un escenario de estanflación es injustificado

En marzo, el suministro de energía ha desplazado a la inteligencia artificial en los titulares. Los mercados financieros están descontando una estanflación ante un aumento del 50% en el precio del petróleo, una narrativa injustificada similar a la de 2022. Lo más probable, por razones tácticas electorales, es que se produzca una rápida desescalada en Oriente Medio o, por el contrario, una escalada militar que ponga fin al bloqueo de los suministros de petróleo. 

"Lo que inicialmente, como la mayoría de los observadores, habíamos considerado como una breve intervención militar de Estados Unidos en una región delicada para la economía mundial, ha escalado a una escasez de suministro de petróleo y gas natural hacia Asia y Europa", señala un análisis de Swisscanto. Ante un aumento del 50% en el precio del petróleo, los mercados financieros han descontado un escenario de estanflación: la mayor inflación obligaría a los bancos centrales a subir los tipos de interés, frenando así la economía hasta la estancación. Esta narrativa recuerda a 2022. En ese entonces, los salarios aumentaron tras la pandemia de Covid-19 debido a la escasez de mano de obra, y los precios de bienes y servicios también subieron como resultado de los problemas en las cadenas de suministro. Aplicado a la situación actual, un escenario de estanflación nos parece injustificado, ya que el aumento de los precios se debe principalmente al alza de los costes energéticos. Por lo tanto, esperamos que los mercados financieros vuelvan pronto a centrarse en la inteligencia artificial y el crédito privado. Identificamos las mayores distorsiones del mercado en los bonos. 

La pérdida de poder adquisitivo de los consumidores estadounidenses debido al aumento de los precios de la gasolina afecta negativamente a los republicanos en las próximas elecciones intermedias de noviembre. Nuestro escenario principal asume una pronta desescalada en Oriente Medio. Las expectativas sobre la evolución de los tipos de interés han dado un giro: en febrero aún se esperaban bajadas de tipos, por ejemplo, por parte de la Reserva Federal, pero ahora el mercado está descontando aumentos de tipos. Consideramos que esto es exagerado. Aprovechamos esta situación y aumentamos la duración en bonos gubernamentales globales, que deberían beneficiarse de una disminución de los temores inflacionarios y de un relajamiento de los tipos de interés (ver gráfico). Solo la caída de los rendimientos en EEUU al nivel de principios de marzo generaría ganancias del 5% en un bono a 20 años. Por otro lado, cerramos la posición en bonos gubernamentales en AUD, que se beneficiaron de un aumento del 10% en la moneda de materias primas. Excepto en fases inflacionarias, seguimos considerando que la duración de los bonos gubernamentales tiene un importante efecto diversificador en una cartera mixta.

El mercado global de renta variable ha perdido alrededor del 8% en USD desde su máximo a finales de febrero. La euforia parcialmente notable de finales de febrero ha disminuido, lo que, junto con el continuo crecimiento de las ganancias corporativas, respalda nuestra sobre ponderación en renta variable. A nivel regional, se imponen ajustes específicos: EEUU ha perdido significativamente menos en la crisis de Irán, pero enfrenta vientos en contra por su mercado laboral (en parte debido a la IA) y el debilitado sector de crédito privado. Los mercados emergentes se han visto menos favorecidos que en trimestres anteriores, ya que los inversores están valorando expectativas demasiado ambiciosas en las grandes empresas de IA. Por el contrario, el mercado de renta variable suizo se presenta de manera diferente, con perspectivas demasiado pesimistas ya descontadas. No realizamos cambios en las inversiones alternativas y seguimos sobre ponderados en oro tras la corrección de precios. Cabe destacar que las inversiones alternativas, como los bonos vinculados a seguros, contribuyeron con éxito a la diversificación durante un mes de marzo turbulento. 

26Mar

Un conflicto largo no se mide solo en términos militares, sino en desgaste social y financiero. Subidas del precio de la energía, impacto en la economía, incertidumbre en los mercados, fatiga del electorado, presión política interna… todo eso acaba pesando más que cualquier victoria táctica sobre el terreno. Por eso, el verdadero campo de batalla no está solo en el Estrecho de Ormuz. Está en la paciencia de las sociedades… y ahora también en la estabilidad de los mercados.

Miguel Ángel Valero

Doce meses después del Día de la Liberación, el panorama financiero global ha completado un ciclo de contrastes extremos, subraya un análisis de Ibercaja Gestión. Lo que comenzó como un escenario de pánico ante el anuncio de aranceles globales por parte de la administración Trump, ha derivado en una compleja rotación de activos marcada por la resiliencia económica, la inteligencia artificial y, más recientemente, la inestabilidad geopolítica.

Pese a los vaticinios de las casas de análisis de Wall Street, que gritaban “recesión e inflación” la aplicación final a través de las "pausas arancelarias" permitió al mercado digerir la incertidumbre y a las empresas hacer sus deberes, reorganizar sus cadenas de suministro y llenar los almacenes. El resultado fue un PIB estadounidense que, en el segundo trimestre de 2025, sacó músculo con un 3,8%. En cuanto a los niveles de precios, tanto la inflación subyacente como la general no han registrado fuertes repuntes; de hecho, hoy lucen niveles más bajos que hace un año, cuando los aranceles eran todavía una amenaza lejana. Curiosamente, la inflación no fue acusada; las empresas, sabiendo que el tiempo es oro —y que los plazos de negociación tenían fecha de caducidad—, aplicaron un "goteo de precios" tan sutil que los consumidores apenas sintieron el pinchazo.

Sin embargo, el comportamiento del mercado de divisas ha roto los manuales de teoría económica. Rompiendo con la ortodoxia de 2018, el dólar se depreció fuertemente, impidiendo que la moneda amortiguase el coste de los aranceles y lastrando la rentabilidad de nuestras inversiones. 

El optimismo estival regado con el maná de pactos arancelarios favorables y la solidez de los resultados tecnológicos llevó a los índices a vivir un idilio de máximos históricos semana tras semana. Sin embargo, este impulso dio paso a una rotación sectorial a finales de 2025. El agotamiento de las grandes tecnológicas, lastradas por las dudas sobre la rentabilidad inmediata de la IA y el futuro del software tradicional, provocó un trasvase de capital hacia activos de valor y geografías anteriormente relegadas. En este nuevo baile de sillas, mientras Europa y Japón intentaban sacar pecho, el bloque emergente se consolidaba como el verdadero dueño de la pista.

Pero la paz de los mercados suele ser efímera, y todavía más desde que está Trump en la Casa Blanca. La relativa calma que teníamos se ha visto truncada por el estallido del conflicto en Oriente Medio, un incendio geopolítico que ha devorado las ganancias acumuladas en los dos primeros meses en un abrir y cerrar de ojos. Europa y Asia, con su crónica dependencia energética, han sido las que se han llevado la peor parte del golpe. 

La onda expansiva ha llegado, como no podía ser de otra forma, a la renta fija. La revalorización del crudo ha despertado al fantasma de la inflación, forzando al mercado a descontar hasta tres subidas de tipos por parte del BCE para 2026. Así, aquel benigno escenario de pausas con el que arrancó el año ahora ha pasado a mejor vida, dejando a los inversores en un entorno de cautela donde la solvencia y la gestión activa vuelven a ser las únicas brújulas fiables.

Y con esto llegamos al panorama actual, que está bajo el asedio de dos tipos de riesgos que, pese a que bailan por separado, podrían converger creando tensiones generalizadas. El principal riesgo se encuentra en la tensión geopolítica en general y en la guerra de Irán en particular. La escalada en Oriente Medio reintroduce el temor a la estanflación y se suma al uso de aranceles que, ya de por sí, son dañinos para el crecimiento de las economías. Por otro lado, el segundo foco de incertidumbre se encuentra en un posible frenazo en el CAPEX de los hiperescaladores. Estas compañías han sido el pulmón del PIB estadounidense, y si deciden cerrar el grifo de la inversión, el crecimiento tendrá que buscarse la vida por otros derroteros. Con un consumo que ya ha dado lo mejor de sí y un déficit fiscal desmedido, no hay muchos voluntarios para coger el relevo. 

Pese a la independencia de estos dos riesgos, no es descartable un escenario donde el aumento de la tensión geopolítica paralice o retrase momentáneamente las inversiones, afectando, en consecuencia, al CAPEX de los hiperescaladores. Un escenario así sería criptonita para la renta variable y podría desembocar en un empobrecimiento del ciudadano estadounidense -fuertemente invertido en Bolsa-, afectando al consumo y creando un bucle que se retroalimenta.

Sin embargo, "mantenemos una visión positiva de cara a 2026, ya que Trump tiene el mercado “entre ceja y ceja” y sabe que su examen en las elecciones de medio mandato, en parte, se corrige en Wall Street. Mientras las señales no lleguen, permaneceremos invertidos, ya que como dijo Peter Lynch: 'Se ha perdido mucho más dinero intentando predecir las correcciones que en las propias correcciones'”.

"En estos doce meses el mundo ha dado un vuelco de 360 grados para quedarse en una situación notan distinta a la que vivimos ese dos de abril. Durante este tiempo hemos visto aranceles venir e irse, capturas de presidentes, amenazas de invasión de territorios de aliados, una guerra en Oriente Medio y, pese a todo, nuestras rentabilidades han sido positivas. Y, es que, como se suele decir: 'hay décadas en las que no pasa nada y años en los que pasan décadas”, concluyen en Ibercaja Gestión.

Escenificación para un acuerdo a corto plazo

Irán rechaza las propuestas de Trump con un tono considerablemente agresivo, mientras los ataques continuaban, principalmente desde Israel. Con la posibilidad de que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos se sumen al conflicto, el optimismo inicial respecto a una resolución rápida volvía a desvanecerse. A punto de cumplirse el mes de enfrentamientos, la presión de EEUU y de la diplomacia de los principales socios comerciales de Irán —Pakistán, India y China— alcanzaba su punto más alto. Esto ha llevado al Gobierno persa a plantear una estrategia más moderada en relación con el tránsito marítimo por el estrecho, aplicando restricciones únicamente a países “no hostiles” y, potencialmente, cobrando por la seguridad en la navegación mediante un peaje.

Turquía intenta contener el impulso de los estados árabes que buscan implicarse en el conflicto. En paralelo, Karoline Leavitt, secretaria de Prensa del Gobierno americano, se sumó al intercambio de mensajes, afirmando que Teherán está negociando tras la fachada de firmeza debido a su debilidad interna. Por otro lado, el envío de tropas estadounidenses a la región –aproximadamente 4.000 nuevas fuerzas de ataque anfibio y 3.000 de la fuerza aerotransportada, que se unirían a los 50.000 ya desplegados en la región– constituye probablemente la amenaza más seria que puede ejercer Washington y supone un arma de doble filo, ya que implicaría un gasto logístico y temporal mucho más elevado que el actual. 

Por su parte, Israel ha logrado sus primeros avances en el sur del Líbano, tras recientemente abrir un nuevo frente en el conflicto.

Los mercados interpretan el rechazo iraní como un paso más dentro de la escenificación que podría desembocar en un acuerdo en el corto plazo. Por ello, las caídas en los activos de riesgo han sido limitadas –el S&P 500 solo retrocede alrededor de un -5,5% desde máximos–. Las informaciones sobre una posible reapertura parcial del estrecho también han sido bien recibidas, especialmente en un contexto en el que la maniobra mafiosa de Irán podría ser asumida por las refinerías asiáticas, deseosas de crudo, con las referencias de precios árabes de crudo cayendo entre un -20% y un -30% desde máximos.

En este entorno, los hechos pesan más que las declaraciones. Aunque hay señales de acercamiento, la posibilidad de una invasión terrestre estadounidense aumenta ante un Irán que continúa resistiéndose. Los mercados centran su optimismo en la potencial reapertura del estrecho –a pesar de los potenciales costes– y en la ausencia de nuevos ataques relevantes contra infraestructuras energéticas en los últimos días. El marco negociador sigue siendo complejo, pero cada vez abundan los indicios de que el tiempo se agota para ambas partes. 

El Parlamento de Irán está elaborando un proyecto de ley destinado a imponer un peaje obligatorio a los buques que soliciten un paso seguro a través del estrecho de Ormuz. Según la agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, la propuesta se ultimará la próxima semana y otorgará reconocimiento legal a la supervisión que Irán ejerce sobre esta estratégica vía marítima. Aunque la legislación aún no se ha aprobado, diversos operadores marítimos han informado de que ya se está aplicando un peaje informal que puede alcanzar los dos millones$ por buque. Para procesar la solicitud de tránsito, las autoridades iraníes exigen a los armadores información detallada sobre la tripulación, la carga y el itinerario.

A primera vista, el pago de un peaje podría recordar al aplicado en infraestructuras como el Canal de Suez o el Canal de Panamá, donde las tarifas responden a la necesidad de cubrir los enormes costes de construcción, operación y mantenimiento de canales que requieren un trabajo diario de ingeniería, dragado, sistemas de esclusas, personal técnico y servicios de pilotaje. En el caso de Irán, sin embargo, los legisladores justifican el cobro del peaje no por el mantenimiento de una infraestructura –el estrecho es una vía natural–, sino por la mera prestación de seguridad. 

Además, Irán distribuyó una carta en la que afirma permitir el tránsito seguro de aquellos buques considerados “no hostiles”. El Ministerio de Asuntos Exteriores definió esta categoría como naves que “ni participan ni apoyan actos de agresión contra Irán” y que no pertenezcan a Estados Unidos o Israel. 

The Trader: cuidado con la percepción de que todo está bajo control

"La estabilidad es inestable", recuerda Nicolai Tangen, el gestor del mayor fondo soberano del planeta, el de Noruega. Y no es una reflexión teórica. Es una advertencia directa. Hablamos de un fondo de más de 2 billones$, que posee alrededor del 1,5% de todas las acciones cotizadas del mundo. "No es un actor más del mercado. Es el mercado. Y precisamente por eso, cuando este tipo de inversor empieza a plantear escenarios extremos, conviene prestar atención", subraya el analista Pablo Gil en The Trader.

Lo más interesante no es tanto lo que está pasando hoy, sino lo que temen que pueda pasar. Tras su reciente visita a Oriente Medio (justo antes de que estallara el conflicto con Irán), el equipo del fondo ha empezado a trabajar con dos grandes riesgos que, combinados, son potencialmente explosivos:

  • El primero es el regreso de la inflación: No una inflación moderada, sino una derivada de un shock energético. Si el Estrecho de Ormuz se ve afectado y el petróleo se mantiene estructuralmente por encima de los 100 dólares, el impacto sería inmediato: encarecimiento de costes, tensiones en cadenas de suministro y presión directa sobre los bancos centrales.
  • El segundo es aún más estructural: la fragmentación geopolítica. Un mundo que se divide en bloques, donde el comercio se reduce, la eficiencia cae y el crecimiento se resiente. Y aquí entra un factor clave: las políticas de EEUU, que están tensando las relaciones con sus propios aliados en un contexto ya de por sí delicado.

Lo relevante no es solo el diagnóstico, sino la magnitud de lo que manejan en sus escenarios. Según sus propios stress test, un entorno de ruptura comercial y menor crecimiento podría provocar una caída cercana al 50% en su cartera de renta variable y más de un 35% en el valor total del fondo. El inversor más grande del mundo está contemplando escenarios donde prácticamente se destruye la mitad del valor de las Bolsas.

Pero no solo están preocupados por la geopolítica. También lo están por el mercado tecnológico. Tangen reconoce ser un firme creyente en la inteligencia artificial, pero al mismo tiempo advierte de algo que muchos prefieren ignorar: las valoraciones pueden haber ido demasiado lejos. Y en un escenario de corrección, el impacto sería brutal. Sus propios cálculos apuntan a que una caída del sector tecnológico podría borrar más de la mitad del valor de su cartera de acciones.

Aquí es donde encajan dos ideas que el mercado tiende a separar… pero que en realidad están profundamente conectadas: Complacencia geopolítica + complacencia tecnológica. Si ambas fallan al mismo tiempo, el ajuste podría ser mucho más violento de lo que la mayoría anticipa. Y mientras tanto, los mercados siguen relativamente tranquilos. Lo que encaja perfectamente con una de las reflexiones más conocidas de Hyman Minsky, “largos periodos de estabilidad generan una falsa sensación de seguridad… que acaba desembocando en crisis”. "Es exactamente el punto en el que podríamos estar ahora", avisa Pablo Gil.

Lo más peligroso de este entorno no es el riesgo en sí, sino la percepción de que todo está bajo control. Cuando el mayor fondo del mundo empieza a preparar escenarios de caída del 40% o 50%, no significa que vayan a ocurrir mañana. Pero sí indica que el sistema es mucho más frágil de lo que parece. Y, sobre todo lanza un mensaje muy claro: el mercado sigue confiando en un escenario de normalidad… en un mundo que cada vez se parece menos a uno normal. Y como nos recuerda Tangen, “la estabilidad no desaparece de golpe. Primero se cuestiona. Luego se erosiona. Y cuando queremos reaccionar… ya es demasiado tarde”.

Capacidad productiva dañada

Durante semanas, el mercado ha estado centrado en un riesgo muy concreto: el posible bloqueo del Estrecho de Ormuz. Un cuello de botella por el que transita cerca de una cuarta parte del petróleo mundial y una parte muy relevante del gas natural licuado. Ese era el gran temor inicial. Un shock logístico. En ese primer escenario, el problema no era que faltara petróleo, sino que no pudiera llegar a su destino, una disrupción temporal del flujo. El mercado reacciona con subidas de precio, sí, pero impulsadas principalmente por la prima de riesgo geopolítico. En el fondo, los barriles siguen existiendo. La oferta global no desaparece, simplemente se retrasa o se encarece su transporte.

Pero lo que estamos viendo ahora es cualitativamente distinto.Los ataques sobre infraestructuras energéticas en Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Kuwait cambian completamente el tablero. Ya no hablamos de rutas bloqueadas, sino de capacidad productiva dañada. Y eso es otra historia. El ataque al complejo de Ras Laffan en Qatar (el mayor centro mundial de gas natural licuado) es especialmente relevante. Parte de sus instalaciones, responsables de un porcentaje significativo de las exportaciones globales de LNG, han quedado fuera de juego y podrían tardar entre dos y tres años en recuperarse completamente. No estamos ante una interrupción puntual, sino ante una pérdida estructural de oferta. A esto se suman incendios en refinerías, paradas en instalaciones clave y amenazas sobre puertos estratégicos como Yanbu en Arabia Saudí, que se ha convertido en una vía crítica de exportación ante las tensiones en Ormuz. 

El riesgo ya no es solo que el petróleo no circule… es que directamente haya menos petróleo y menos gas disponible. Y aquí es donde el mercado entra en una segunda fase mucho más peligrosa. A comienzos de año, muchos análisis apuntaban a un escenario de sobreoferta de alrededor de 3 millones de barriles diarios. Un contexto cómodo, con capacidad suficiente para absorber shocks y mantener los precios relativamente contenidos. Hoy, ese escenario ha saltado por los aires.

Si la destrucción de infraestructuras continúa, podríamos pasar rápidamente a un déficit estructural. No un desequilibrio puntual, sino una situación en la que la oferta global no es capaz de cubrir una demanda que sigue siendo sólida. En ese contexto, el precio deja de subir por miedo… y empieza a subir por necesidad.Y eso lo cambia todo. Porque una cosa es un petróleo caro por tensión geopolítica (que puede revertirse rápidamente si baja la escalada bélica) y otra muy distinta es un petróleo caro porque, simplemente, no hay suficiente. En este segundo caso, los precios no corrigen fácilmente. Se quedan altos durante más tiempo y generan efectos de segunda ronda en toda la economía: inflación persistente, presión sobre márgenes empresariales y un nuevo problema para los bancos centrales.

El mercado energético podría estar dejando de ser un mercado de flujos para convertirse en un mercado de escasez. Y eso es exactamente lo que convierte esta fase del conflicto en algo mucho más serio. Este tipo de cambios no son lineales ni inmediatos en su impacto, pero sí profundamente persistentes. El mercado siempre tiende a infravalorar los shocks de oferta estructurales, porque está acostumbrado a pensar en términos de ciclos, no de rupturas. Y lo que estamos empezando a ver se parece más a una ruptura que a un simple episodio de volatilidad.

Si esta dinámica se consolida, el problema ya no será solo energético. Será macroeconómico. Un petróleo estructuralmente caro actúa como un impuesto global: reduce el crecimiento, presiona la inflación y deja a los bancos centrales atrapados en un entorno donde cada decisión tiene un coste elevado. Bajar tipos puede alimentar aún más la inflación; mantenerlos altos puede agravar la desaceleración.

Además, está la complacencia con la que muchos mercados han venido descontando un escenario de normalización económica en 2026. Esa narrativa (basada en la idea de inflación controlada y crecimiento moderado) encaja mal con un shock de oferta energética de esta magnitud.

"Estamos entrando en una fase donde la energía vuelve a ocupar un papel central en la economía global. Y cuando eso ocurre, la volatilidad deja de ser un episodio puntual para convertirse en el nuevo entorno base. De modo que la pregunta ya no es si el petróleo y el gas pueden subir más… sino cuánto tiempo pueden mantenerse en niveles elevados. Y esa es una pregunta que debería estar planteándose el inversor en este momento", avisa Pablo Gil.

Los escenarios del BCE

Por su parte, el escenario base del BCE parte de una hipótesis relativamente benigna dentro de lo malo. Asume que el petróleo rondará un pico cercano a 90$ por barril y el gas unos 50€ por MWh en el segundo trimestre de 2026, para después ir moderándose. Incluso bajo esa visión relativamente contenida, la inflación de la Eurozona subiría al 2,6% en 2026, el crecimiento del PIB se frenaría al 0,9%, y la tasa de paro se movería alrededor del 6,3%. Además, el propio BCE ha revisado al alza el coste de financiación esperado: el euríbor a tres meses pasa a una media del 2,3% en 2026 y del 2,6% en 2027 y 2028, mientras la rentabilidad del bono público a diez años en la eurozona se sitúa en el 3,3% en 2026, 3,5% en 2027 y 3,7% en 2028. Es decir, incluso en el caso “central” o “Línea de base”, la energía aprieta, el crecimiento afloja y la financiación se encarece levemente. 

Pero lo realmente importante del informe no está en el escenario base, sino en los escenarios alternativos. En el adverso, el BCE contempla una interrupción del 40% de los flujos de petróleo y GNL que atraviesan Ormuz durante el segundo trimestre de 2026. Ahí el barril subiría hasta 119€ y el gas europeo hasta 87€ por MWh. El resultado sería una inflación del 3,5% en 2026, un crecimiento del PIB de solo el 0,6% y una economía claramente más debilitada, aunque con cierta normalización posterior. En el escenario grave, el shock sería mucho más persistente: petróleo en 145$, gas en 106€ por MWh, crecimiento del 0,4% en 2026 y del 0,9% en 2027, e inflación disparada al 4,4% en 2026 y al 4,8% en 2027. Ahí ya no hablamos solo de un susto inflacionista, sino de una forma de estanflación en toda regla.El problema para el BCE es que sus herramientas monetarias sirven de poco cuando la inflación viene de un shock de oferta. 

Subir tipos puede frenar los efectos de segunda ronda, contener salarios y evitar que la inflación energética se contagie al resto de precios, pero también corre el riesgo de agravar la desaceleración económica. Bajar tipos para apoyar la actividad económica sería todavía más delicado si el petróleo y el gas siguen marcando el ritmo de los precios, ya que aceleraría el problema de la inflación.

Por eso el mensaje del BCE fue tan prudente: no se compromete con ninguna senda de tipos y se reserva la posibilidad de usar todos sus instrumentos si fuera necesario. Incluso recordó que el TPI (Instrumento de Protección de la Transmisión) sigue disponible para evitar tensiones desordenadas en los mercados de deuda soberana y proteger la transmisión de la política monetaria.

Aun así, el informe deja una matización muy relevante: en sus escenarios adverso y grave no incorpora ninguna reacción adicional de política monetaria o fiscal respecto al escenario base. Eso significa que las cifras más duras son, en cierto modo, una fotografía del daño si los gobiernos y el BCE no compensan el golpe. 

Y ahí entra la segunda pata del problema: la política fiscal. El BCE reconoce que los gobiernos podrían responder con ayudas temporales, rebajas fiscales en la electricidad o medidas para amortiguar el precio energético, como ya ocurrió en 2022 y como hemos comenzado a ver ya. Pero también advierte de que el margen no es amplio. El déficit público de la Eurozona subiría al 3,4% del PIB en 2026 y al 3,6% en 2027 y 2028, mientras la deuda pública agregada seguiría aumentando hasta el 89,5% del PIB en 2028. Eso obliga a que cualquier apoyo sea muy quirúrgico: temporal, selectivo y bien enfocado.

Además, aunque el BCE no publica una trayectoria distinta de tipos oficiales para cada escenario, sí deja claro que el coste de financiación de mercado empeoraría. En el escenario grave, los diferenciales de crédito subirían en el pico unos 70 puntos básicos (pb) para los bancos y 35 para las empresas, mientras las cotizaciones bursátiles caerían en torno a un 10% para la banca y un 7% para las compañías no financieras. Es decir, incluso aunque el BCE no mueva los tipos de referencia de forma inmediata, el endurecimiento financiero llegaría igualmente por la vía de diferenciales más altos, menor apetito por el riesgo y peores condiciones de crédito.

En medio de todo esto, Europa vuelve a descubrir que su gran fragilidad estratégica no es solo militar ni industrial, sino energética. Y cuando la energía se encarece de forma persistente, todo se complica a la vez: sube la inflación, cae el crecimiento, empeoran las cuentas públicas y el banco central se queda atrapado entre dos fuegos. La política monetaria puede ganar tiempo y la política fiscal puede amortiguar el golpe, pero ninguna de las dos arregla el problema de fondo. Si Europa no reduce de verdad su exposición a shocks externos en gas, petróleo y cadenas de suministro, seguirá siendo una economía demasiado vulnerable, obligada a reaccionar siempre a la defensiva cada vez que el mundo se incendia.

Una guerra de resistencia

Hay guerras que se libran con misiles, portaaviones y tecnología de última generación. Y hay otras que se libran en un terreno mucho más incómodo: el de la resistencia, el desgaste y la psicología colectiva. El conflicto actual en torno al Estrecho de Ormuz pertenece claramente a esta segunda categoría.

A simple vista, EEUU dispone de una superioridad militar abrumadora. Irán, en comparación, es una potencia regional con muchas más limitaciones. Pero no es una guerra convencional. Es una guerra de objetivos distintos. Para EEUU, ganar significa algo muy concreto: garantizar la libre circulación por el Estrecho de Ormuz. Es un objetivo binario. O se consigue, o no se consigue. Y si no se consigue, la percepción global será clara: ha perdido.

Para Irán, en cambio, el objetivo es completamente diferente. No necesita ganar en términos clásicos. Le basta con algo mucho más modesto —y al mismo tiempo mucho más difícil de combatir—: demostrar que no puede ser derrotado. Que tiene la capacidad de generar suficiente daño, suficiente inestabilidad y suficiente coste como para que el adversario se plantee si merece la pena seguir.

Ahí es donde cambia completamente el marco del conflicto. Irán no compite en fuerza. Compite en resistencia. Su estrategia pasa por alargar el conflicto, elevar progresivamente el coste y llevar la situación a un punto en el que la ecuación deje de ser militar y pase a ser política. Porque en una democracia, el límite no lo marca el ejército… lo marca la sociedad.

Y en ese terreno, en el político y psicológico, ha aparecido un nuevo factor que añade aún más incertidumbre: la forma de negociar de Donald Trump. En cuestión de horas hemos pasado de un ultimátum explícito (“tenéis 48 horas o destruiremos vuestras infraestructuras clave”) a un giro completo en el mensaje, hablando de negociaciones abiertas y ampliando los plazos a cinco días. Todo ello mientras desde Irán se niega que exista cualquier tipo de diálogo real.

Este tipo de movimientos no son anecdóticos. Forman parte de una estrategia de presión extrema, basada en la imprevisibilidad. El problema es que esa misma imprevisibilidad, que busca descolocar al adversario, también descoloca a los mercados. Y la reacción ha sido inmediata: volatilidad, caídas, rebotes, cambios bruscos en expectativas. Porque cuando el principal actor del conflicto cambia el mensaje en cuestión de horas, el mercado deja de intentar anticipar… y pasa a reaccionar.

Aquí es donde la guerra vuelve a cruzarse con la economía. Un conflicto largo no se mide solo en términos militares, sino en desgaste social y financiero. Subidas del precio de la energía, impacto en la economía, incertidumbre en los mercados, fatiga del electorado, presión política interna… todo eso acaba pesando más que cualquier victoria táctica sobre el terreno. Por eso, el verdadero campo de batalla no está solo en el Estrecho de Ormuz. Está en la paciencia de las sociedades… y ahora también en la estabilidad de los mercados.

Si el conflicto se alarga lo suficiente y el coste sigue aumentando, EEUU puede verse obligado a reducir su implicación o a buscar una salida que no necesariamente implique una victoria clara. Y en ese momento, el mensaje para el resto del mundo sería demoledor: incluso la mayor potencia del planeta tiene límites. Y eso tiene consecuencias que van mucho más allá de Oriente Próximo. Porque en geopolítica, la percepción lo es todo. Los aliados observan. Los rivales también. Y los flujos de capital, las decisiones estratégicas y los equilibrios de poder empiezan a ajustarse en función de quién demuestra fortaleza… y quién muestra debilidad. En este contexto, el control del Estrecho de Ormuz no es solo una cuestión energética. Es una prueba de credibilidad global.

"La historia está llena de episodios en los que una potencia dominante pierde influencia no por una derrota total, sino por no ser capaz de imponer su voluntad en un punto crítico. No hace falta perder una guerra completa. A veces basta con no poder ganarla de forma clara", advierte Pablo Gil. Parafraseando a Ray Dalio, “cuando una potencia dominante muestra que no puede controlar un punto clave del sistema (ya sea una ruta comercial, una región estratégica o un conflicto relevante), lo que está en juego no es solo ese episodio concreto. Es la confianza en todo el orden que ha construido”. Y hoy, además, hay un matiz adicional que no conviene ignorar: cuando la estrategia se basa en la presión y la imprevisibilidad, no solo se tensiona al adversario… también se tensiona al propio sistema. Porque el poder no se mide solo por la capacidad de actuar, sino por la credibilidad de que puedes hacerlo de forma coherente y sostenida en el tiempo. Y cuando esa credibilidad se vuelve errática, el mundo no solo duda… empieza a protegerse. Y ahí es donde, casi sin darnos cuenta, se siembran las primeras grietas de cualquier hegemonía.

UBS: visión positiva sobre la renta variable de emergentes

El UBS CIO Daily insiste en evitar la tentación de intentar anticipar el mercado: "puede resultar atractivo en periodos de alta volatilidad. Sin embargo, creemos que este enfoque puede perjudicar el crecimiento del patrimonio a largo plazo. Consideramos que mantenerse invertido con una cartera bien diversificada puede ayudar a los inversores a gestionar la incertidumbre. El market timing requiere mucho tiempo y recursos. Los mejores días suelen venir después de los peores, y perdérselos pone en riesgo la rentabilidad. La toma de decisiones emocionales también puede afectar negativamente al rendimiento".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: "Si bien los conflictos geopolíticos y la volatilidad del mercado pueden tentar a los inversores a intentar anticipar sus entradas y salidas del mercado, la historia y las estadísticas demuestran que este enfoque está lleno de riesgos. Seguimos creyendo que mantenerse invertido con una cartera bien diversificada es la mejor manera de captar el crecimiento del mercado a largo plazo, y los inversores pueden considerar el oro, los bonos de calidad, las estrategias de preservación de capital y los hedge funds como coberturas y elementos diversificadores de la cartera”. 

Renta variable de mercados emergentes: "Mantenemos una calificación de Atractiva para la renta variable de mercados emergentes dentro de nuestras preferencias globales. A pesar de la reciente volatilidad derivada de las tensiones geopolíticas y el aumento de los precios del petróleo, mantenemos una visión constructiva sobre la renta variable de mercados emergentes, respaldada por unos fundamentales resilientes y por su exposición a tendencias estructurales de crecimiento como la IA y la demanda de memoria”, señalan Laura Smith, analista, y Alejo Czerwonko, director de inversiones de Mercados Emergentes Américas.

EEUU: La incertidumbre por los conflictos prolongará la pausa de la Fed hasta el tercer trimestre
“Ahora esperamos que el próximo recorte de tipos de la Fed se produzca en septiembre, seguido de un segundo recorte en diciembre, lo que situaría el tipo de interés en torno al 3,00%-3,25% a finales de año, cerca de niveles neutrales”, opina Andrew Dubinsky, economista.

“Nuestra estrategia preferida para la plata se mantiene sin cambios: favorecemos vender riesgos a la baja del precio para obtener rendimiento adicional durante los próximos tres meses”, aportan Wayne Gordon, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de divisas y materias primas. Sobre el cobre, "mantenemos una visión positiva a largo plazo, pero esperamos mayor claridad sobre la evolución en Oriente Medio; a corto plazo, preferimos monetizar el riesgo a la baja en torno a 11.250$ por tonelada métrica para mejorar el rendimiento durante los próximos seis meses”.

Swisscanto: el único sector con ganancias en Bolsa es el energético

René Nicolodi, responsable de Renta Variable de Zürcher Kantonalbank, gestora de los fondos Swisscanto, resalta que la renta variable afronta el arranque del segundo trimestre de 2026 condicionada por la incertidumbre geopolítica, el shock energético derivado del cierre del Estrecho de Ormuz, y una redefinición de las dinámicas de mercado.

La situación continúa siendo altamente volátil y se prevé que las rápidas fluctuaciones del mercado persistan hasta que se alcance un acuerdo formal y estable entre las partes implicadas.
En este contexto, la prima de riesgo de la renta variable estadounidense ha aumentado hasta el 3,6%, en paralelo con niveles muy elevados del Índice de Incertidumbre de Política Económica de EEUU. Se espera que el 'riesgo de titulares' impulse movimientos en las valoraciones, dado que el sentimiento del mercado está siendo más influenciado por el flujo de noticias que por acontecimientos concretos.

Swisscanto maneja un escenario base que contempla una resolución relativamente rápida del conflicto en Oriente Medio. Esta perspectiva está respaldada por el interés de EEUU en limitar sus consecuencias económicas y políticas antes de las elecciones de mitad de mandato. No obstante, su resolución no depende exclusivamente de este país. no puede descartarse en este momento la posibilidad de una escalada repentina, como el despliegue de fuerzas militares estadounidenses sobre el terreno, lo que podría provocar represalias militares por parte de Irán.

Desde el punto de vista del comportamiento inversor, por el momento, se sigue observando una relativa calma. La corrección en los mercados de renta variable ha sido bastante moderada en comparación con la magnitud del shock sobre el suministro energético global. El índice VIX ha repuntado, pero aún no ha alcanzado niveles por encima de 30 que hemos visto durante periodos recientes de estrés en los mercados. No obstante, un conflicto más prolongado, la ausencia de negociaciones o el bloqueo continuado del Estrecho de Ormuz podría agotar la paciencia de los inversores y desencadenar una reducción de riesgo más pronunciada.

Cuanto más tiempo permanezca cerrado el Estrecho de Ormuz, mayor será la disrupción en el suministro energético global. El precio del crudo Brent ha aumentado cerca de un 60% respecto a niveles previos al conflicto, superando los 100$ por barril. Un periodo prolongado de precios energéticos significativamente elevados podría tener efectos de gran alcance, como el aumento de las expectativas de inflación y el deterioro de las previsiones de crecimiento global. Estas eran relativamente optimistas al inicio del año a pesar de la incertidumbre derivada de las disrupciones en torno a la IA, el anuncio de nuevos aranceles comerciales y el aumento de las tasas de impago en el crédito privado. Si empezaran a materializarse unas menores expectativas de beneficios, la situación podría traducirse en ajustes adicionales en las valoraciones de renta variable.

El mercado ya ha reaccionado velozmente, con un ajuste del PER del S&P 500 desde 26,8 hasta 20,4 en apenas tres semanas, aunque la valoración media a 20 años se sitúa en 17,7 y está por encima del nivel actual.

Adicionalmente, se observa un mayor escrutinio en torno al mercado de crédito privado y sus actores. Este segmento ha experimentado un crecimiento extraordinario en los últimos años al expandirse en áreas no institucionales con soluciones semilíquidas, que empiezan a mostrar ahora signos de fragilidad, especialmente en aquellas vinculadas al software. Dada su opacidad y su interconexión con la economía real, las tensiones sobre el mercado del crédito privado podrían actuar como catalizadoras de una inestabilidad financiera generalizada.

A nivel regional, el mercado ha penalizado especialmente a aquellas áreas con mayor exposición energética a Oriente Medio. EEUU ha mostrado mayor resiliencia, beneficiándose además de su condición de exportador neto de petróleo y del flujo hacia activos refugio. Por el contrario, Europa y los mercados emergentes han sufrido un impacto más significativo.

A corto plazo, la renta variable de mercados emergentes se ha visto más afectada por el conflicto en Oriente Medio debido a su mayor exposición a los mercados energéticos y a las posibles repercusiones económicas, incluyendo una postura monetaria más restrictiva, un dólar estadounidense más fuerte y el riesgo de un debilitamiento de las perspectivas de crecimiento global. Tras el inicio del conflicto, la región ha caído un 11%, [1]frente al -4% del S&P 500 y el -9% del Stoxx 600. Sin embargo, a pesar de la elevada volatilidad y la limitada visibilidad en torno a evolución de los conflictos geopolíticos, los expertos de Swisscanto mantienen una visión positiva sobre la renta variable de esta clase de activo.

En Europa, sectores defensivos han superado a los cíclicos en aproximadamente un 3% desde el inicio del conflicto. En EEUU, los sectores cíclicos han mantenido una mayor resiliencia en el S&P 500, aunque esta podría deteriorarse en favor de los defensivos si el conflicto se prolonga.

El conflicto en Oriente Medio ha revertido algunas de las rotaciones que estaban impulsando las rentabilidades desde el inicio del año. En primer lugar, el mejor comportamiento de las acciones value se detuvo en marzo. En segundo lugar, la tendencia se ha invertido para las small caps, que quedan rezagadas frente a las large caps en un 3% [2] en marzo, tras dos meses de fuerte rentabilidad. En tercer lugar, la reversión ha impulsado a las acciones de alta calidad, que a largo plazo muestran un rendimiento superior.

En este escenario, el único sector con rentabilidades positivas generalizadas ha sido el energético, mientras que el de materiales ha registrado caídas pronunciadas en todas las regiones.

Si bien deben considerarse reversiones repentinas debido al flujo de noticias geopolíticas en un entorno volátil, se considera adecuado un posicionamiento más defensivo, con exposición a consumo básico, utilities y salud. Una mayor asignación a compañías de calidad puede contribuir a reforzar la resiliencia de las carteras. Paralelamente, se mantiene intacto el papel de la inteligencia artificial como catalizador estructural de crecimiento. Los principales beneficiarios de este ciclo de inversión siguen siendo los semiconductores, las redes y los proveedores de infraestructuras de centros de datos, impulsados por el elevado nivel de gasto en capital de los grandes hiperescaladores.

Columbia Threadneedle: el conflicto refuerza la inversión en transición energética

Natalia Luna, Senior Investment Analyst, Sustainability Research en Columbia Threadneedle Investments destaca que el conflicto en Oriente Medio está causando una disrupción significativa en los mercados energéticos globales. El encarecimiento del petróleo y el gas vuelve a situar en primer plano la seguridad y la independencia energética, y está acelerando el respaldo político y la inversión en energías renovables y nuclear. Además, el impacto en los precios - especialmente en las economías de la UE y Asia, altamente dependientes de las importaciones de combustibles fósiles, a diferencia de Estados Unidos - refuerza la necesidad de reducir la exposición a estos combustibles y de impulsar la inversión en fuentes de energía limpia más competitivas en costes.

El conflicto refuerza la tesis de inversión en la transición energética, que abarca la generación doméstica no fósil, como las energías renovables y la nuclear, junto con iniciativas de eficiencia energética y electrificación que reducen estructuralmente la demanda total de energía. El aumento de los precios de la energía también plantea preocupaciones en torno a la asequibilidad, lo que podría dar lugar a compromisos políticos a corto plazo y ajustes en la regulación climática y los marcos normativos. En particular, la UE está considerando reformas en su mercado de carbono, incluidas propuestas para prolongar la asignación gratuita de derechos más allá de 2035 y para crear un fondo de descarbonización industrial de 30.000 millones€, orientado a reducir los costes energéticos y a respaldar a las industrias intensivas en energía.

El conflicto también podría llevar a los responsables políticos a poner mayor énfasis en acelerar la inversión en infraestructuras de red, que representan un cuello de botella clave en la transición energética, y en facilitar un despliegue más rápido de la energía nuclear. "Seguimos esperando un aumento de la inversión en la transición energética con el impulso existente reforzado por las preocupaciones sobre la seguridad y la independencia energética derivadas del conflicto", recalca.

24Mar

La popularidad del presidente de EEUU ha disminuido desde el estallido del conflicto, con una mayoría de votantes republicanos no afines al movimiento MAGA –un 52%– posicionándose en contra de la guerra.

Miguel Ángel Valero

Con el conflicto iniciado por los ataques de Israel y EEUU a Irán camino de su primer mes, la triple presión sobre Trump —política, financiera y de popularidad— se hizo notar.. Por un lado, el proceso de aprobación de la ampliación del presupuesto de defensa en 200.000 millones$ implica un desgaste significativo del capital político dentro del Partido Republicano, especialmente entre los senadores más distanciados de la órbita MAGA (Make America Great Again), la que llevó a Trump de nuevo a la Casa Blanca.

Los mercados también reflejaron este clima de incertidumbre, con fuertes retrocesos en la mayoría de las Bolsas globales. Y si hay algo que hace temblar a Trump son las caídas (prácticamente todos sus anuncios se hacen con los mercado financieros y bursátiles cerrados).

Varias encuestas indican que la popularidad del presidente ha disminuido desde el estallido del conflicto, con una mayoría de votantes republicanos no afines al movimiento MAGA –un 52%– posicionándose en contra de la guerra.

Ante esta acumulación de presiones, Trump lanzó un mensaje en su red social que constituye la primera señal palpable de que la Casa Blanca empieza a contemplar una salida al conflicto. Afirmó que durante el fin de semana se habían producido conversaciones “muy productivas” con representantes iraníes, centradas en poner fin a las hostilidades. Además, anunció que el ultimátum por el cual EEUU no atacaría infraestructuras civiles de producción energética se alargaba durante cinco días.

El anuncio provocó un giro abrupto en los mercados, que dejaron atrás los números rojos y celebraron la posibilidad de un desenlace negociado. No obstante, la continuidad de los ataques iraníes e israelíes a lo largo de la jornada alimenta las dudas sobre la duración de este primer intento de desescalada. A ello se suma que tanto medios iraníes como Mohammad-Bagher Ghalibaf, portavoz del Parlamento iraní, negaron la existencia de cualquier negociación con EEUU. 

Otro factor adverso es que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos han comenzado a dar los primeros pasos para una potencial ofensiva contra Irán. El ministro saudí de Exteriores, Faisal Bin Farhan, advirtió que “la paciencia de Arabia Saudí con los ataques iraníes no es ilimitada”.

En este contexto, el volátil temperamento de Trump se enfrenta a la firmeza iraní y a una contienda que empieza a incomodar seriamente a Washington. Aunque las señales son contradictorias, resulta positivo para los mercados constatar que la Administración Trump muestra una sensibilidad creciente ante las presiones y que los incentivos para un fin rápido del conflicto que no solo están del lado estadounidense: el debilitado régimen iraní también busca sobrevivir a la mayor amenaza existencial desde su fundación.

Persisten numerosas incógnitas, pero los mensajes de Trump constituyen el primer rayo de esperanza en una confrontación que parecía estancada. Como se comprobó durante la jornada, los mercados necesitan muy poca luz para descontar escenarios más constructivos: cualquier noticia de avance hacia un acuerdo se reflejará de manera rápida e intensa en el precio de los activos.

Nordea: se dispara la inversión en seguridad energética

Hilde Jenssen, cogestora de la cartera de la estrategia Empower Europe de Nordea AM, destaca que la guerra en Irán está provocando turbulencias en los mercados energéticos mundiales, y compara la situación creada con la generada por la invasión de Ucrania por Rusia en 2022.

Existen similitudes evidentes: ambos episodios actúan como catalizadores del gasto en seguridad energética, lo que empuja a gobiernos y empresas a acelerar la inversión en la resiliencia del suministro, las infraestructuras y la diversificación. En 2022, la crisis entre Rusia y Ucrania fue una crisis de suministro aguda y centrada en Europa —especialmente en el gas— que trajo consigo respuestas políticas de emergencia, picos de precios y oportunidades de ciclo corto vinculadas a la escasez y la sustitución. 

La actual alteración provocada por Oriente Medio tiene un carácter diferente. No se trata tanto de una escasez física inmediata como de una prima de riesgo geopolítico persistente, con unos mercados cada vez más centrados en el petróleo, las rutas marítimas y la inestabilidad regional. En consecuencia, las respuestas políticas son menos reactivas y más estratégicas, lo que refuerza los compromisos de inversión a varios años en ámbitos como las redes eléctricas, el GNL, el almacenamiento, la eficiencia y los sistemas energéticos de origen nacional. 

Esto traslada la oportunidad de inversión de las operaciones volátiles y tácticas hacia empresas con perspectivas de crecimiento a largo plazo, flujos de caja regulados o contratados y una alineación estructural con los objetivos de seguridad energética y descarbonización, lo que sugiere que los efectos a largo plazo sobre la asignación de capital serán más profundos y duraderos que la crisis de 2022. 

Europa sigue siendo estructuralmente vulnerable al suministro de gas procedente de Oriente Medio, y el conflicto actual pone de manifiesto cómo las tensiones geopolíticas siguen influyendo en la formación de los precios y en la seguridad del suministro a largo plazo. Sin embargo, esa vulnerabilidad es precisamente la razón por la que este conflicto está reforzando —en lugar de frenar— la inversión en seguridad energética nacional en toda Europa y en los mercados aliados.

El programa europeo REPowerEU, dotado con 300.000 millones€, constituye el eje central de una respuesta plurianual centrada en reducir la dependencia de las importaciones mediante la modernización de la red eléctrica, la expansión acelerada de las energías renovables, el almacenamiento de energía, la mejora de la eficiencia energética en los edificios y un mejor acceso a las materias primas esenciales. Se observan dinámicas similares en el Reino Unido y en algunas zonas de Asia, mientras que EEUU se beneficia de su papel como proveedor de bienes de capital y exportador de energía. 

En ese sentido,   en Nordea creen que el mayor potencial reside en la infraestructura de la red eléctrica y el transporte de energía, más que en la exploración en las fases iniciales o en inversiones de ciclo corto en combustibles fósiles. Esto implica modernizar las redes obsoletas, ampliar los interconectores e instalar cables, transformadores y sistemas de control digital avanzados para hacer frente al aumento de la demanda de electricidad procedente de las energías renovables, la industria, los centros de datos y el transporte.

"Además, nos mostramos optimistas respecto a los temas relacionados con la electrificación en las fases posteriores del proceso, como la eficiencia energética en los edificios, las bombas de calor, el almacenamiento y las tecnologías de gestión de la energía. Esto reducirá la dependencia del gas y mejorará la resiliencia del sistema. Las energías renovables y la generación de energía limpia siguen siendo importantes, pero sin la capacidad y la flexibilidad de la red eléctrica no pueden ampliarse; en consecuencia, el capital se está dirigiendo cada vez más hacia las redes reguladas, los proveedores de equipos y las cadenas de suministro industriales que sustentan la electrificación.Con el respaldo de REPowerEU y de los programas nacionales, esta oportunidad de inversión a largo plazo se centra en flujos de caja predecibles, altas barreras de entrada y una reconfiguración profunda de la infraestructura energética de Europa, y no en una exposición cíclica a los precios de las materias primas", explica. 

Banor descarta subidas de tipos

Angelo Meda, gestor de Banor Mistral, fondo de renta variable europea de Banor SICAV, cree que las subidas del precio del petróleo y el gas provocadas por la guerra en Irán, impulsan la inflación en el corto plazo y aumentan los niveles de riesgo en los mercados, pero esta situación no durará en el medio plazo, por lo que los bancos centrales no subirán tipos.

Y ello porque el aumento de la producción de petróleo y gas por parte de otros países hará que el precio se reequilibre por sí sólo dentro de unos meses. Por lo que no se producirá un riesgo de escasez de crudo que dispare los precios, ya que el mercado físico es menos volátil que el financiero, y cuando hay riesgos de escasez como actualmente, históricamente finalizan en un plazo máximo de dos meses. No se esperan cambios en la política monetaria

La subida del petróleo provoca el alza de la inflación, y obliga al BCE y a la Fed a reconsiderar su política monetaria. Las expectativas de tipos ya lo reflejan: en Europa, en una semana el mercado pasó de descontar una bajada a una subida en junio. En EEUU, el mercado espera menos recortes en 2026. 

Meda cree que los bancos centrales no cambiarán su política monetaria, aun teniendo en cuenta el repunte de la inflación. Porque es un shock externo que no justifica un frenazo de la economía. 

Además, lo más probable es que el precio del petróleo se reequilibre por sí solo, sin que haga falta intervenir para preservar la demanda, según Banor SICAV.

Durante más de 20 años, el precio del petróleo ha vivido oscilaciones extremas, desde 140$ por barril en 2008 hasta precios negativos en 2020. El mercado físico es menos volátil que el financiero, ya que en éste el volumen negociado es más de 100 veces el volumen de crudo que se consume al día.

Según Angelo Meda, es importante fijarse en dos factores diferentes que tienen relación con la subida del crudo:

  • La producción de petróleo de Irán y del Golfo.
  • Un bloqueo del Estrecho de Ormuz.

La caída de la producción iraní puede compensarse con un mayor suministro de la OPEP, Estados Unidos y, en próximos meses, Venezuela, lo que elimina el riesgo real de escasez. El 20% del petróleo mundial se transporta por el Estrecho de Ormuz, que abastece principalmente a Asia. Por ello, cualquier subida brusca del precio provocada por el bloqueo de Ormuz, afectaría a los precios a corto plazo. Los futuros del petróleo se negocian en múltiples vencimientos, y la curva refleja esta estructura.

Los operadores del mercado físico suelen fijarse en un indicador clave, el diferencial entre el precio a corto plazo (vencimiento de un mes) y el medio plazo (3–6 meses). El diferencial actual entre el precio a 1 y 6 meses se ha disparado, dadas las expectativas de que haya escasez física de crudo en los inventarios.

Cuando se produce este riesgo, crece la demanda para entrega inmediata de crudo, y sube el precio, tal y como ocurrió en 2022 cuando Rusia invadió Ucrania. En situaciones de exceso de oferta, por ejemplo en 2020 con el Covid, la caída de la demanda en 2010 o el exceso de producción de la OPEP en 2015, el diferencial debería recoger sólo el coste de almacenamiento, que oscila entre 2-4$.

En la crisis actual, el diferencial ha subido a 16,4$, nivel parecido a cuando estalló la guerra en Ucrania. Todo ello significa, según el gestor de Banor Mistral, que el mercado descuenta tensiones en el mercado físico debido a la guerra en Irán, que suelen desaparecer entre un mínimo de dos semanas y un máximo de dos meses. Entorno que se reflejará en la inflación, que posiblemente repunte de forma temporal unos meses.

Por otra parte, la economía es cada vez menos intensiva en el uso de energía. Se basa más en servicios, y producir una unidad de PIB requiere hoy la mitad de la energía que en los años 60.

Se pueden observar similitudes entre la evolución de la inflación de 1966–1979 y la de los últimos 12 años, según Angelo Meda:

  • Un ciclo estable antes del embargo petrolero de 1973 (Guerra del Yom Kippur, cierre del Canal de Suez).
  • Un fuerte repunte, seguido de una caída.
  • Un segundo shock provocado por la Revolución iraní de 1978–79.

Este precedente hace pensar en un repunte de la inflación, aunque no tanto como en 1979–80, pero sí lo suficientemente alto como para forzar un cambio en la política monetaria.

En los últimos 50 años, el gas y la electricidad han cambiado su peso en el mix energético global hasta el 25%-28% global frente al 56% en los años 70. Después de las crisis del petróleo, la energía hidroeléctrica y nuclear han incrementado su peso de forma significativa, y los avances tecnológicos en extracción han propiciado un mayor uso del gas natural durante la extracción de petróleo  (antes se quemaba).
Por otra parte, como señala el gestor de Banor Mistral, los precios del gas determinan el precio marginal de la electricidad en Europa tras la liberalización. Así, el gas ha subido, pero lejos de lo que subió al comenzar la guerra en Ucrania. Por lo que puede ser relevante seguir la evolución del precio del gas, más que la del petróleo.

Sin embargo, los niveles de almacenamiento son bajos, cercanos a los de  2022, cuando un invierno algo más frío, y condiciones de suministro estables, disminuyeron el apetito por almacenar gas antes de la segunda mitad del año. 

Las empresas siguen siendo optimistas sobre la capacidad de suministro de gas, y se espera que las exportaciones de Qatar y otros grandes productores se retomen pronto. En todo caso, si se produce una carrera por asegurar Gas Natural Licuado (GNL) por parte de EEUU, los precios del gas podrían llegar a niveles perjudiciales para la economía. 

El experto de Banor SICAV opina, desde una perspectiva más general, que el impacto en la inflación es limitado, y se dará en el corto plazo. La reciente subida de los tipos no parece que se justifique, porque es difícil pensar que la inflación se mantendrá por encima del 2% hasta el punto de obligar al BCE a intervenir.

Lo que ha sucedido en los mercados en las últimas semanas, responde a un ajuste habitual tras un rally, causado por un sentimiento excesivamente optimista. En épocas de guerra, históricamente las Bolsas suelen caer un 6–8%, el petróleo sube, el dólar se fortalece, y los bonos, el oro y otras divisas se comportan de forma mixta.
La destitución de Maduro en enero y el conflicto en Irán, pueden provocar un aumento de la producción de petróleo en la segunda mitad del año, lo que facilitaría una inflación más baja, y recortes de tipos que se producirían en las elecciones mid term de noviembre en Estados Unidos,

La clave será la duración de la guerra entre Irán e Israel/Golfo, ya que los mercados han descontado un escenario muy improbable. Los episodios de inestabilidad geopolítica, como el actual, suelen aumentar los niveles de riesgo, aunque también crean atractivas oportunidades de inversión para inversores expertos, concluye Angelo Meda. 

UBS: aprovechar el rebote para diversificar y cubrir riesgos

El UBS CIO Daily señala que los mercados bursátiles y de bonos de EEUU repuntaron, y los precios del petróleo cayeron  después de que el presidente Donald Trump anunciara un aplazamiento de cinco días de la acción militar previamente amenazada contra la infraestructura energética iraní, citando avances en las conversaciones. Y recomienda aprovechar el rebote del mercado para diversificar y cubrir riesgos, además de oro.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Si bien mantenemos una postura Atractiva sobre la renta variable en general y creemos que los inversores deberían conservar una exposición estratégica a esta clase de activo, rebajamos la recomendación de la renta variable europea, de la eurozona y de la India a Neutral. Al mismo tiempo, mejoramos la recomendación de la renta variable suiza y del sector sanitario europeo a Atractiva”.

Reino Unido: “Seguimos considerando un escenario de estanflación (un período prolongado de inflación alta y creciente acompañado de apenas crecimiento) como un escenario adverso, y no como nuestro caso base”, apunta Maelle Quillevere, Economista.

“Para quienes prefieren el oro, sugerimos asignar una pequeña parte —en torno a un dígito medio— del total de los activos para ayudar a diversificar las carteras y ofrecer cierta protección frente a shocks macroeconómicos”, aconsejan Wayne Gordon, Estratega, y Dominic Schnider, Responsable Global de FX y Materias Primas.

“Los mayores precios globales de la energía han respaldado el tipo de cambio USDJPY, ya que EEUU es un exportador neto de energía, mientras que Japón es un importador neto significativo”, resaltan Teck Leng Tan, Estratega, y Dominic Schnider, Responsable Global de FX y Materias Primas.

22Mar

Varios “hubs” de tránsito en la zona han limitado o detenido operaciones y los vuelos directos se han reducido hasta quedar en servicios mínimos. El resultado es una caída drástica de la capacidad de carga aérea. Y cuando la oferta de transporte cae, el precio se dispara: el coste del transporte aéreo ya ha aumentado entre un 30% y un 100%.

Miguel Ángel Valero

Cada vez que estalla un conflicto en Oriente Próximo, la conversación pública suele centrarse en lo mismo: cuánto va a subir el petróleo y cuánto pagaremos por la gasolina o el gasóleo. Es lógico, porque el impacto energético es inmediato y visible. Pero reducir el análisis únicamente al precio del barril es quedarse con una parte muy pequeña de la historia.

La realidad es que un conflicto en esa región del mundo tiene implicaciones mucho más profundas para la economía global. Oriente Medio no es solo un gran productor energético; también es uno de los principales nodos logísticos del planeta. Y cuando ese nodo se tensiona, las consecuencias se multiplican en sectores que, a priori, nada tienen que ver con el petróleo. El índice de materias primas ya muestra con claridad que nos encontramos en uno de los momentos más críticos de los últimos cincuenta años.

Uno de los primeros impactos se observa en el transporte aéreo y, por extensión, en el turismo. La región funciona como punto de escala entre Europa y Asia. Muchos de los grandes aeropuertos del Golfo conectan ambos continentes y canalizan una parte enorme del tráfico aéreo mundial. Si las aerolíneas empiezan a modificar rutas, cancelar escalas o reducir operaciones por motivos de seguridad, las consecuencias se dejan sentir inmediatamente: vuelos más largos, más caros y con menor disponibilidad. 

Esto no solo afecta a los viajeros. Impacta directamente en la industria turística de decenas de países. Cuando se encarecen los vuelos intercontinentales o se reducen las conexiones, el turismo internacional se resiente. Y el turismo es una de las grandes fuentes de ingresos para muchas economías, especialmente en Europa.

Pero hay un ejemplo aún más claro de hasta qué punto un conflicto puede alterar la economía global: la cadena de suministro de medicamentos.

La industria farmacéutica europea depende enormemente de Asia para los principios activos con los que se fabrican los medicamentos, los llamados API (Active Pharmaceutical Ingredients). Más del 50% de estos ingredientes se producen fuera de Europa, principalmente en China e India. En algunos casos la dependencia es prácticamente total.

El problema no es solo geográfico, sino también de concentración. Para muchos principios activos existen entre uno y cinco fabricantes certificados en todo el mundo. Esto significa que cualquier interrupción logística puede tener consecuencias inmediatas en la disponibilidad de medicamentos.

La guerra en la región está empezando a tensionar precisamente ese sistema logístico. El transporte aéreo, clave para determinados envíos farmacéuticos, es el más afectado. Varios “hubs” de tránsito en Oriente Próximo han limitado o detenido operaciones y los vuelos directos entre India y Europa se han reducido hasta quedar en servicios mínimos. El resultado es una caída drástica de la capacidad de carga aérea. Y cuando la oferta de transporte cae, el precio se dispara: el coste del transporte aéreo ya ha aumentado entre un 30% y un 100%.

Esto tiene efectos en cadena. Los retrasos en el envío de muestras necesarias para validar lotes de producción pueden añadir días o incluso semanas a la disponibilidad final de medicamentos en Europa.

El transporte marítimo tampoco está a salvo. Algunas grandes navieras han suspendido rutas por zonas sensibles como el Estrecho de Ormuz o el Canal de Suez, obligando a rodear África por el Cabo de Buena Esperanza. Ese simple desvío añade entre 15 y 20 días a cada trayecto y eleva significativamente los costes logísticos. Además, los medicamentos no cuentan con ningún tipo de prioridad logística especial. En algunos casos, los envíos quedan retenidos durante largos periodos en aeropuertos o puertos, lo que puede provocar incluso desviaciones de temperatura que obliguen a descartar lotes completos por riesgo de pérdida de calidad.

Todo esto ocurre en un contexto de dependencia estructural. Europa produce alrededor del 70% de los medicamentos terminados que consume, pero solo fabrica aproximadamente un tercio de los principios activos necesarios para producirlos. Esa vulnerabilidad se amplifica porque muchos de esos ingredientes dependen indirectamente de China incluso cuando se importan desde India. La cadena de suministros es más frágil de lo que parece.

Por eso, cuando analizamos un conflicto como el actual, debemos mirar mucho más allá del petróleo. La energía es solo el primer eslabón visible de una cadena mucho más compleja que afecta a la logística global, al comercio, al turismo y, en última instancia, a sectores tan sensibles como el sanitario.

La globalización ha creado sistemas extremadamente eficientes, pero también extraordinariamente dependientes. Funcionan muy bien mientras todo fluye con normalidad, pero cuando uno de los grandes nodos del sistema se altera, las consecuencias se propagan rápidamente por toda la economía.

"La guerra en Oriente Próximo es un recordatorio de algo que llevamos años ignorando: la resiliencia de las cadenas de suministro se ha convertido en un asunto estratégico. Y probablemente será uno de los grandes debates económicos de la próxima década", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

20Mar

El factor más determinante es el bloqueo del estrecho de Ormuz. La interrupción del flujo energético—que representa entre el 80% y el 95% del tránsito— está generando una volatilidad extrema en el mercado de materias primas. Los futuros del Brent han superado los 110$ por barril, y los precios del gas natural en Europa se han duplicado desde el comienzo de la guerra.

Miguel Ángel Valero

“Los mercados ya descuentan un enfrentamiento prolongado que podría extenderse durante varios meses”, advierten los expertos de Ebury. El conflicto en Irán continúa escalando, sin perspectivas claras de que se vaya a resolver en el corto plazo. Mientras persisten los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel, Teherán mantiene su posición bloqueando el estrecho de Ormuz. Los inversores han aprendido a ser escépticos ante la retórica, "a menudo errática y poco fiable", de Trump. En Polymarket, la probabilidad de un alto el fuego antes de finales de marzo se sitúa por debajo del 10%, para antes de finales de abril en torno al 30% y para finales de junio alrededor del 50%.

El factor más determinante es el bloqueo del estrecho de Ormuz. La interrupción del flujo energético—que representa entre el 80% y el 95% del tránsito— está generando una volatilidad extrema en el mercado de materias primas. Los futuros del Brent han superado los 110$ por barril, y los precios del gas natural en Europa se han duplicado desde el comienzo de la guerra.

Esta incertidumbre complica enormemente la planificación de inversores y empresas por todo el mundo. El análisis de Ebury dibuja los cuatro escenarios principales —del más benigno al peor— :

  • Escenario 1: Alto el fuego inmediato y reapertura rápida del estrecho de Ormuz
    • Asunciones clave: cese de hostilidades antes de finales de marzo y restablecimiento del tráfico marítimo en las siguientes dos semanas.
    • Probabilidad: Muy baja (menos del 10%).
    • Justificación: Trump podría proclamar victoria y optar por una salida abrupta para limitar sus pérdidas, ante la escasa probabilidad de un cambio de régimen o de una moderación iraní significativa.
    • Divisas:
      •  Fuerte rebote del apetito al riesgo dado que los mercados esperan un conflicto mucho más duradero.
      • Caída inmediata del dólar; EUR/USD podría regresar rápidamente a niveles previos al conflicto, o ligeramente inferiores (~1,18). EUR/USD podría superar dichos niveles si seanticipan recortes de la Fed y subidas del BCE en 2026. Persistiría una “prima de riesgo Trump” por su política exterior errática (ataques a Irán sin estrategia de salida clara),acentuando la venta de dólares.
      • Las divisas emergentes repuntarían con fuerza; las ligadas a materias primas (CAD, NOK) retrocederían con la bajada del crudo.
      • Materias primas Caída abrupta del petróleo (potencialmente, en torno al 30% en días), dependiendo del grado de reapertura del estrecho. Existen precedentes históricos de movimientos tan agresivos.
    • Macroeconomía: Efecto inflacionista mínimo. Sin riesgos significativos para el crecimiento global ni de recesión.
    • Flujos comerciales: Disrupciones mínimas y recuperación rápida del os flujos de Oriente Medio a Asia y Europa.
    • Sectores: Impulso modesto para energía y defensa; impacto limitado y recuperación rápida en el sector viajes (aviación, automóviles).
  • Escenario 2: Conflicto breve y reapertura rápida del estrecho
    • Asunciones clave: desescalada empieza a finales de marzo; fin de la guerra en 4-5 semanas (finales de abril); restablecimiento del flujo petrolero por el estrecho de Ormuz en un mes.
    • Probabilidad: Media (30-35 %, incluye el 10% del escenario 1)
    • Justificación:
      • EE.UU. declara cumplidos sus objetivos militares (fuerza aérea iraní diezmada, más de 20 buques eliminados, 85-90% de lanzamisiles inoperativos).
      • Presión interna (mercados, inflación por petróleo, bajas militares) y electoral (impacto en las elecciones midterm de 2026) obliga a Trump a terminar el conflicto.
      • Divisas Volatilidad moderada. Dólar fuerte durante el conflicto; presión sobre el euro y divisas de Europa Central y Oriental (altos importadores de energía). Apreciación de CAD y NOK, como exportadores energéticos. Caída de emergentes con alto beta (ZAR, MXN, HUF). Reversión de los movimientos al finalizar el conflicto: repunte de EUR/USD y de emergentes importadores de crudo (Asia, CEE). La magnitud de la reversión dependerá del nivel de flujos petroleros que se restablezca.
      • Materias primas: Estabilización en máximos recientes, seguida decaída fuerte del Brent hasta los 80-90$. Els hock en la oferta sería temporal si se restablece completamente o casi completamente el flujo en el estrecho. El uso de reservas de la AIE mitiga la crisis en el corto plazo (3-4 semanas). Precedente histórico: rápida reversión tras la Guerra del Golfo (1990-1991).
      • Macroeconomía Inflación ligeramente superior (+0,1-0,2 %). Impacto moderado en crecimiento; sin riesgo adicional de recesiones. Banco de Inglaterra (BoE) y BCE podrían mantener tipos, y la Fed recortar en el 2º semestre de 2026.
      • Flujos comerciales: Interrupción breve; rápida reanudación tras desminado. Desvíos mínimos. Reanudación de flujos de Oriente Medio a Asia (China, India,Japón, Corea del Sur).
      • Sectores: Impulso temporal moderado en sectores de energía y defensa; ligero impacto en viajes.
  • Escenario 3: Guerra a medio plazo con Ormuz cerrado
    • Asunciones clave: sin resolución rápida ni indicios de desescalada en las próximas semanas; el conflicto se extiende 2-6 meses más; estrecho intransitable durante meses, no semanas (1-3 meses).
    • Probabilidad: media (30-35%)
    • Justificación: 
      • a) Ausencia de un cambio de régimen (nuevo líder supremo sin apetito por reabrir el estrecho). 
      • b) operaciones prolongadas para encontrar y destruir misiles y activos nucleares.
    • Divisas: Alta volatilidad y aversión al riesgo. El dólar fuerte como activo refugio y exportador neto de petróleo (EUR/USD podría caer hacia el 1,1). La caída de GBP sería menos pronunciada, dado que el Reino Unido es ligeramente menos dependiente de las importaciones de petróleoque la UE. Apreciación marcada de CAD y NOK; venta masiva en emergentes se intensificaría a medida que se desmantelan los carry trades; presión sobre divisas asiáticas.
    • Materias primas: el Brent podría establecerse entre las cotas de 120-150$. Las reservas de la AIE solo cubren 3-4 semanas.
    • Macroeconomía: Inflación global podría subir +0,5-1 punto por el repunte en los precios de la energía y de los costes de transporte; efectos de segunda ronda (salarios, fijación de precios) podrían materializarse en torno al final del horizonte temporal de este escenario, pudiendo desanclar expectativas inflacionarias. El crecimiento mundial podría caer de -0,2 a -0,5 puntos por los precios más elevados, disrupciones en las cadenas de suministro y la incertidumbre (Europa y Asia más expuestos).Posibles subidas de tipos por BCE/BoE; Fed podría mantenerse de brazos cruzados, exacerbando los riesgos bajistas al crecimiento.
    • Flujos comerciales Caída drástica (60-75%) de los flujos marítimos de Oriente Medio a Asia y Europa, especialmente de petróleo/GNL.Los importadores de energía empezarían abuscar alternativas. Las exportaciones estadounidenses de petróleo y GNL a Asia aumentarían (+30-50%). Las exportaciones brasileñas de petróleo a China/India y Europa aumentarían (+25-50%). El comercio no energético no se desviaría deforma significativa. El desvío por el cabo de Buena Esperanza podría provocar retrasos en los flujos comerciales y un mayor repunte de los precios.
    • Sectores 
      • Ganadores: energía, defensa, transporte marítimo.
      • Perdedores: Agricultura, producción alimenticia(Irán y algunos países vecinos son importantes exportadores de fertilizantes basados en amoníaco), viajes (especialmente los aéreos).
  • Escenario 4: Guerra prolongada y cierre sostenido de Ormuz
    • Asunciones clave: conflicto dura unos 6 meses; el estrecho permanece cerrado o solo parcialmente operativo; posible escalada regional.
    • Probabilidad: media (25-30%).
    • Justificación: régimen iraní intacto y desafiante; el agotamiento de las municiones y la armada iraníes podría llevar al cierre del estrecho de Ormuz como principal mecanismo estratégico de supervivencia del régimen. Irán no puede ganar en una batalla directa, por lo que optaría por una estrategia de 'resistencia' y una 'guerra de desgaste'.
    • Divisas Volatilidad extrema y aversión al riesgo prolongada. Dólar fortalecido (EUR/USD prueba mínimos de 2025, en torno a 1,05 o inferior).El par GBP/EUR podría repuntar hasta el nivel de 1,2. Inicial apreciación de divisas petroleras, seguida de corrección parcial por la expectativa de una desaceleración global. Colapso de divisas emergentes importadoras de petróleo, especialmente las asiáticas.
    • Materias primas: Brent en los150 $ en escenarios extremos; riesgo elevado de recesión.
    • Macroeconomía: Se podría producir un episodio prolongado de estanflación en las principales zonas económicas. La inflación mundial podría aumentar entre 1 y 1,5 puntos. Se producirían efectos de segunda ronda, como una espiral de salarios y precios, una subida delos precios de los alimentos y un desanclaje de las expectativas de inflación. El crecimiento se vería más afectado (caída de 1-2 puntos porcentuales, dependiendo de cuándo se reabra el estrecho de Ormuz). Los importadores netos de petróleo serían los más afectados (la zona del euro, el Reino Unido y Asia). Se podría producir una recesión en la zona del euro. Los bancos centrales se verían atrapados entre el aumento de la inflación, por un lado, y el riesgo de desaceleración y recesión, por otro; no obstante, aumentarían las probabilidades de subidas agresivas de los tipos, ya que las autoridades darían prioridad al control de la inflación.
    • Flujos comerciales Los flujos energéticos de Oriente Medio hacia Asia y Europa se verían gravemente afectados (con una caída del 70-95% o un colapso total). Las exportaciones no energéticas de Oriente Medio se verían muy afectadas, entre ellas:
      • fertilizantes a Asia, a Brasil y África.
      • Productos petroquímicos, plásticos, polímeros y caucho a todo el mundo (lo que afectaría a los sectores del automóvil, aeroespacial y de la construcción).
      • Aluminio y metales en bruto a Asia y Europa.
      • Productos electrónicos, baterías y productos farmacéuticos a Asia.
      • Helio de Catar al mundo (riesgo para la IA).
      • Probablemente se abrirían flujos energéticos alternativos:
        • Petróleo y GNL de EEUU a Asia/Europa.
        • Petróleo brasileño a China/India y Europa.
        • Petróleo y gas noruegos a Europa.
        • GNL de Canadá/Australia a Asia.
      • Los flujos alternativos no energéticos también podrían tener un buen rendimiento, pero los volúmenes no son significativos:
        • Exportaciones de fertilizantes de EEUU y Canadá a Asia y Europa.
        • Exportaciones de helio de EEUU a Asia y Europa.
        • Exportaciones de productos petroquímicos, plásticos, polímeros ycaucho de EE.UU. a China, India y Europa.
        • Exportaciones de productos petroquímicos, plásticos, polímeros ycaucho de China al resto de Asia.
        • Exportaciones de aluminio de Canadá a Asia y Europa.
    • Sectores 
      • Sectores ganadores: petrolero (excluido el del Golfo), defensa, renovables, transporte marítimo (excluido el de Ormuz).
      • Sectores perdedores: sectores sensibles a la energía (aviación, automoción, servicios públicos). La industria manufacturera y petroquímica asiáticas se verán muy afectadas. La logística, los viajes y los artículos de lujo se verán perjudicados. Semiconductores y hardware de IA (Qatar produce un tercio del helio mundial, esencial para la refrigeración de los chips).

Tono más constructivo en los mercados

Las primeras desavenencias en la alianza militar entre EEUU e Israel aceleran el sesgo negativo de los inversores. Sin embargo, una vez más en estos veinte días de conflicto, las declaraciones del primer ministro israelí, asumiendo la responsabilidad de los ataques y descartando nuevas acciones unilaterales sobre infraestructuras energéticas iraníes, eliminaron uno de los escenarios más temidos por los mercados: un conflicto que pusiera en riesgo directo la capacidad energética de Irán y que la reacción del país persa sea aún más virulenta contra sus vecinos del golfo.Este nuevo giro provocó un alivio significativo en los mercados energéticos, que se trasladó rápidamente a Bolsas y bonos, con un tono más constructivo y renovado optimismo.

Antes de estas declaraciones, Irán había intensificado sus ataques sobre infraestructuras energéticas de países vecinos del golfo Pérsico, provocando el cierre temporal de refinerías en Kuwait con más de 1,2 millones de barriles diarios de capacidad exportadora, así como ataques sobre instalaciones en la costa saudí.

En paralelo, Scott Bessent, secretario del Tesoro, sugirió que EEUU estudia un levantamiento de las sanciones sobre el petróleo iraní, reforzando la idea de que Washington no busca asfixiar económicamente al régimen. En este contexto, las elevadas reservas flotantes de crudo —en máximos de los últimos cinco años— están actuando como colchón, especialmente en Asia, y su utilización podría intensificarse si se confirma la exención sobre el crudo iraní. 

La elevada volatilidad y los mensajes cambiantes de las partes implicadas hacen que el escenario pueda cambiar de forma abrupta en cuestión de minutos, como reflejó ayer la segunda vuelta intradía del Brent desde niveles cercanos al 120$/barril hasta cerrar por debajo de 110$/barril. Los mercados celebrarán inmediatamente la apertura del estrecho de Ormuz.

UBS: aprovechar oportunidades futuras

En su última Carta Mensual, Mark Haefele, director de inversiones de UBS Global Wealth Management, comenta que, aunque el futuro es incierto y los riesgos son elevados, al mantenerse invertidos, diversificar y cubrir riesgos, creemos que las carteras pueden afrontar los desafíos actuales y aprovechar oportunidades futuras: “Nuestra recomendación para los inversores a largo plazo es clara: mantenerse invertidos. La historia demuestra que los intentos de ‘anticipar el mercado’ ante eventos geopolíticos suelen fracasar”. “Nuestro escenario base es que los mercados de renta variable terminarán el año al alza, y que las rentabilidades de los bonos finalizarán el año a la baja. Los periodos de volatilidad también pueden representar momentos atractivos para los inversores que buscan invertir liquidez de forma gradual. Valoramos la renta variable como Atractiva, y nos gustan EEUU, Europa, Japón, China y los mercados emergentes en general. También favorecemos bonos de calidad, materias primas diversificadas y el oro”, explica.

“El contexto macroeconómico general sigue siendo favorable, impulsado por la moderación de los vientos en contra arancelarios, los recortes de tipos previstos por la Fed y unas políticas fiscales de apoyo”, refuerzan Fabian Deriaz, estratega, y Ulrike Hoffmann-Burchardi, directora de inversiones para Américas y responsable global de renta variable, UBS Global Wealth Management.

"En nuestro escenario base, vemos potencial alcista para la renta variable de la Eurozona, respaldado por una mejora del ciclo económico, un entorno estructural más favorable, y valoraciones aún razonables”, aportan Matthew Gilman, estratega, y Rolf Ganter, responsable de renta variable europea. “El BCE mantuvo los tipos sin cambios en su reunión de marzo, mostrando confianza en que su postura es adecuada para afrontar las incertidumbres actuales. Esperamos que el BCE mantenga los tipos sin cambios durante el resto del año”, añade Dean Turner, economista jefe para la Eurozona y el Reino Unido.

Suiza: “La selección de valores y la diversificación siguen siendo importantes. En general, preferimos centrarnos en compañías de calidad y líderes en rentabilidad, así como en determinadas mid caps y valores cíclicos”, añade Stefan R Meyer, estratega. “Creemos que los riesgos al alza para la inflación son limitados a pesar del aumento de los precios del petróleo, en parte debido a la apreciación del franco suizo desde principios de año. Esperamos que el SNB mantenga su tipo de referencia sin cambios en el 0% durante los próximos 12 meses”, remarcan Maxime Botteron y Alessandro Bee, economistas.

“Creemos que la renta variable del Reino Unido presenta valoraciones razonables y esperamos una mejora de los beneficios en los próximos dos años, pero vemos menos potencial alcista que en la renta variable global”, apunta Matthew Gilman. “Ahora esperamos que el Banco de Inglaterra mantenga los tipos de interés sin cambios hasta noviembre”, añaden Maelle Quillevere, economista, y Constantin Bolz, estratega.

EEUU: “Creemos que la resiliencia del mercado refleja que, a pesar de las preocupaciones, el entorno para la renta variable sigue siendo favorable. Los beneficios crecen a buen ritmo, es probable que la Fed recorte tipos más adelante este año y la adopción de la IA debería generar valor para los accionistas”, resalta David Lefkowitz, responsable de renta variable estadounidense. 

“Vemos oportunidades en una exposición diversificada a mercados emergentes, con Corea del Sur mejorada a Atractiva este mes, respaldada por sólidos beneficios, reformas estructurales y la demanda de memoria en el contexto del desarrollo global de la IA”, explican Laura Smith, analista, y Alejo Czerwonko, director de inversiones para mercados emergentes en Américas.

Divisas: “Mantenemos nuestra preferencia por estrategias de carry, a pesar de que la volatilidad a corto plazo ha aumentado debido a la aversión al riesgo y la incertidumbre en los mercados energéticos”, opina Dominic Schnider, responsable global de divisas y materias primas. "Esperamos que el dólar estadounidense se mantenga fuerte ante el aumento de los precios de la energía. Además, creemos que la volatilidad en los mercados de divisas podría aumentar aún más si persisten las actuales restricciones de oferta energética en las próximas semanas", añade.

“A medio plazo, esperamos que las materias primas aporten sólidos beneficios de diversificación a las carteras tradicionales de renta fija y renta variable, en un contexto de factores estructurales favorables”, señalan Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, estrategas.

19Mar

En el peor escenario el IPC se disparará un 4,4% en 2026, con un avance del PIB de únicamente cuatro décimas, el petróleo a 145$, un megavatio hora de gas a 106€, un 60% del tránsito de energía bloqueado, daños significativos a infraestructuras energéticas, y un restablecimiento de la normalidad ya en 2027.

Miguel Ángel Valero

El Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener sin variación los tres tipos de interés oficiales (2% el aplicable a la facilidad de depósito, 2,15% a las operaciones principales de financiación y 2,4%a la facilidad marginal de crédito) y tiene la "determinación" de asegurar que la inflación se estabilice en el objetivo del 2% a medio plazo. "La guerra en Oriente Medio ha creado riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico, que hacen que las perspectivas sean mucho más inciertas. La guerra tendrá un impacto importante en la inflación a corto plazo debido al encarecimiento de los precios de la energía. Sus implicaciones a medio plazo dependerán tanto de la intensidad y la duración del conflicto, como del modo en que los precios de la energía afecten a los precios de consumo y a la economía", argumenta. 

Estima que la inflación general se situará, en promedio, en el 2,6% en 2026, el 2% en 2027 y el 2,1 % en 2028. La inflación se ha revisado al alza en comparación con las proyecciones de diciembre, especialmente para 2026, debido a la subida de los precios de la energía como consecuencia de la guerra. La inflación subyacente, excluidos la energía y los alimentos, se situará, en promedio, en el en el 2,3% en 2026, el 2,2% en 2027 y el 2,1% en 2028. Esta senda también es más elevada que la de las proyecciones de diciembre y refleja principalmente la transmisión de la subida de los precios energéticos a la inflación.

El crecimiento económico se situará, en promedio, en el 0,9% en 2026, el 1,3% en 2027 y el 1,4 % en 2028, lo que implica una revisión a la baja, sobre todo para 2026, debido a los efectos de la guerra en los mercados de materias primas, en las rentas reales y en la confianza en todo el mundo. Al mismo tiempo, el bajo nivel de desempleo, la solidez de los balances del sector privado y el gasto público en defensa e infraestructuras deberían seguir respaldando el crecimiento.

Diferentes escenarios sobre la guerra de Oriente Medio

El BCE reconoce que una alteración prolongada del suministro de petróleo y gas elevaría la inflación por encima, y reduciría el crecimiento por debajo, de las proyecciones del escenario de referencia. Las implicaciones para la inflación a medio plazo dependen esencialmente de la magnitud de los efectos indirectos y de segunda ronda de una perturbación energética más intensa y más persistente.

En el escenario adverso, eleva al 3,5% la inflación para 2026, y deja en solo seis décimas el crecimiento. Esta hipótesis asume un barril de petróleo en 119$ (prácticamente el nivel actual) y un megavatio hora de gas a 87€ (ahora está en 60), una interrupción del 40% de los flujos de petróleo y gas natural que transitan por el estrecho de Ormuz en el segundo trimestre, pero una normalización a partir del tercero.

En el escenario severo, el peor, el IPC se disparará un 4,4% en 2026, con un avance del PIB de únicamente cuatro décimas, con el petróleo a 145$, un megavatio hora de gas a 106€, un 60% del tránsito de energía bloqueado, daños significativos a infraestructuras energéticas, y un restablecimiento de la normalidad ya en 2027.

Además, el BCE constata que las carteras del APP y del PEPP está disminuyendo a un ritmo mesurado y predecible, dado que el Eurosistema ha dejado de reinvertir el principal de los valores que van venciendo. El Consejo de Gobierno está preparado para ajustar todos sus instrumentos en el marco de su mandato para asegurar que la inflación se estabilice en su objetivo del 2 % a medio plazo y preservar el buen funcionamiento de la transmisión de la política monetaria. Además, el Instrumento para la Protección de la Transmisión está disponible para contrarrestar dinámicas de mercado no deseadas o desordenadas que constituyan una seria amenaza para la transmisión de la política monetaria en los países de la zona del euro, lo que permite al Consejo de Gobierno cumplir con mayor efectividad su mandato de estabilidad de precios.

Creand: mensaje muy diferente de Lagarde

Miguel Ángel Rico, director de inversiones de Creand Asset Management, destaca que el BCE ha mantenido los tipos en el 2% pero que "el mensaje ha sido muy diferente de las últimas reuniones". Lagarde ha reconocido que el conflicto en Irán tiene un impacto muy significativo sobre la inflación en el corto plazo, al incrementarse los precios de la energía. El mercado, rabiosamente, ha hecho que el Bund alemán tocase el nivel del 3%, un nivel psicológico para la estabilidad del mercado.

Además, la presidenta del BCE ha admitido que al igual que el riesgo es una inflación al alza, hay mucho riesgo de que el crecimiento económico sea hacia la baja. De hecho, han revisado a la baja el crecimiento económico para la Eurozona para este 2026, dejándolo por debajo del 1%. Algo que contrasta con sus estimaciones del pasado diciembre, donde el crecimiento estimado era superior al 1%. Y han revisado al alza la inflación para este año, creen que será del 2,6%, muy diferente a las estimaciones anteriores donde estaban por debajo del 2%.

Aunque Lagarde ha dicho que la situación actual no tiene nada que ver con la del año 2022, porque por entonces la inflación ya estaba excediendo el objetivo del 2%, de repente, el consenso estima que el BCE llegará incluso a subir los tipos de interés este año más de dos veces, algo difícil de creer hace apenas tres semanas. Esto sucede porque Lagarde ha querido curarse en salud y ha explicado que están preparados para actuar contra la inflación al alza.

Goldman Sachs: el próximo movimiento es una subida de tipos

Simon Dangoor, subdirector de inversiones de Renta Fija y responsable de estrategias macro de Renta Fija en Goldman Sachs Asset Management, recalca:"El próximo movimiento del BCE será probablemente una subida de tipos, dado el impacto del precio de la energía, aunque un endurecimiento a corto plazo parece poco probable a menos que este se prolongue en el tiempo. El Consejo de Gobierno es claramente consciente de los riesgos de que la inflación supere las previsiones, pero lo más probable es que prefiera evaluar los posibles efectos de segunda ronda antes de tomar ninguna decisión. Una subida podría producirse, por tanto, en la segunda mitad de 2026; no obstante, el BCE está dispuesto a actuar antes si la situación lo requiere".

Swisscanto: expectativas excesivas de subidas de 50 pb 

Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos Swisscanto, cree que el BCE no se deja tentar por el repunte de los precios de la energía observado en marzo para subir los tipos de interés. El tipo de interés oficial se mantiene en el 2%. De este modo, se alinea con otros bancos centrales: "Consideramos excesivas las anteriores expectativas de subidas de tipos de alrededor de 50 pb por parte del BCE en 2026".

Estas expectativas establecen un paralelismo entre el shock actual y el de 2022; sin embargo, en aquel momento la política fiscal y monetaria era excepcionalmente expansiva en respuesta a la pandemia, y existían importantes cuellos de botella en las cadenas de suministro. Actualmente, la política monetaria en Europa es neutral y compatible con una inflación del 2%, junto con una ligera aceleración de la actividad económica. 

"No esperamos ningún cambio de rumbo a lo largo del año. Con el EUR/USD en niveles actuales de 1,15, el tipo de cambio no se aleja de su media de los últimos 10 años y, por tanto, no constituye un factor relevante para el BCE", añade.

"Desde la perspectiva de una cartera equilibrada, el diferencial de rentabilidad de 100 pb entre el tramo largo (3%) y el tramo corto (2%) de la curva de tipos resulta atractivo, ya que ni siquiera durante el repunte de la inflación por encima del 10 % a finales de 2022 se superó este umbral", zanja.

DWS: el BCE se apunta a "esperar y ver"

Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS, apunta que no existe en el BCE un  compromiso previo con una trayectoria específica de tipos, y que ya ha incorporado los efectos iniciales del aumento de los precios de la energía en sus proyecciones de crecimiento e inflación. Como resultado, las perspectivas de inflación a corto y medio plazo han empeorado significativamente y las previsiones de inflación subyacente también han sido revisadas al alza. 

Se espera que el impacto económico negativo sobre el crecimiento del PIB se concentre principalmente en 2026. En este contexto, la evaluación de riesgos del BCE ha cambiado: los riesgos de una inflación más alta superan actualmente, con un margen considerable, los riesgos a la baja para la economía. Dado el alto nivel de incertidumbre en torno al impacto de la guerra, la dependencia de los datos sigue siendo clave. En este sentido, la presidenta del BCE, Lagarde, destacó varios indicadores —como los precios de las materias primas, las expectativas de precios de las empresas y la evolución de los salarios— que se están vigilando de cerca.

Los mercados ya están descontando subidas de tipos del BCE en los próximos meses. Que el BCE pueda ignorar el “shock de precios energéticos” o tenga que reaccionar ante el aumento de las expectativas de inflación dependerá de la magnitud y la persistencia de dicho shock, así como del riesgo de efectos de segunda ronda. Por ahora, es probable que la mejor opción siga siendo una estrategia de esperar y ver.
  

18Mar

Ibercaja Gestión, Banca March, Mediolanum y DWS ven excesivo un escenario de dos incrementos de los tipos por parte del Banco Central Europeo, pero avisan que todo dependerá de cuánto dure la guerra en Oriente Medio.

Miguel Ángel Valero

"Hacía mucho tiempo que no nos enfrentábamos a una reunión del BCE con tantas incertidumbres sobre la mesa. En el último mes hemos asistido a un cambio radical en el contexto internacional, que va a tener un efecto relevante sobre la evolución de los precios de las materias primas y, por tanto, sobre la economía europea, tanto en materia de crecimiento como de inflación", resalta Cristina Gavín, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión.

De esta manera, si hace apenas un mes el mercado daba por hecho que este año el tipo de intervención permanecería inalterado, la situación ha cambiado de forma radical. Las expectativas de inflación se ven hoy condicionadas por el impacto del conflicto bélico sobre los precios y llevan a los inversores a descontar que el BCE va a realizar una subida en el tipo de intervención de 25 puntos básicos (pb) antes de finales de verano. E incluso podríamos ver una segunda subida antes de fin de año. "A nosotros este escenario de dos subidas nos parece excesivo y nos quedaríamos tan solo en una", precisa.

Aunque en esta reunión no vamos a ver cambios en el tipo de intervención, serán especialmente interesantes las declaraciones de la presidenta Lagarde. Aunque hasta ahora su mensaje ha sido de cautela y no parece probable que vaya a hacer predicciones en el contexto de incertidumbre actual, será interesante analizar su discurso y tratar de intuir el grado de consenso que subyace en el seno del BCE.

Banca March: la subida prematura de tipos es una herramienta menos efectiva

"El BCE mantendrá tipos en el 2% y, aunque el mercado incluso ha comenzado a poner en precio una posible subida de tipos ya para julio, este escenario nos parece prematuro y exagerado dado que históricamente ante un shock de inflación por el lado de la oferta, la subida prematura de los tipos oficiales es una herramienta menos efectiva", señalan los analistas de Banca March.

Además, una decisión así podría suponer repetir situaciones que en el pasado castigaron la economía de la zona euro (el principal ejemplo fueron las subidas de tipos realizadas en 2008 y 2011, en ambas ocasiones motivadas por aumentos de los costes energéticos y que terminaron realizándose antes de llegada de la crisis financiera del 2009 y de la crisis de deuda pública). 

"En esta ocasión, esperamos un tono cauto del BCE en su mensaje que trate de contener tensiones y, además, será también relevante la publicación de sus nuevas previsiones económicas en las que podrán incluir escenarios dependiendo de los precios de la energía", añade.

Mediolanum: el BCE evitará repetir el error de 2022

Niall Scanlon, gestor de Carteras de Renta Fija en MIFL (Mediolanum International Funds), espera que el BCE mantenga los tipos de interés sin cambios en su reunión de marzo, en línea con las expectativas del mercado. Sin embargo, lo que parecía ser otra reunión relativamente “en un buen lugar” ha cobrado mayor relevancia tras los acontecimientos en Oriente Medio. Para los inversores en bonos de la zona euro, el foco principal estará en cómo el BCE equilibra los riesgos al alza de la inflación frente a los crecientes riesgos a la baja para el crecimiento.

La perspectiva de política del BCE en 2026 es considerablemente menos clara que en la reunión anterior. Los precios más altos del petróleo y el gas representan un riesgo al alza para la inflación en un momento en que el impulso del crecimiento ya es frágil. Como resultado, "esperamos que el BCE adopte un tono más firme en esta reunión, especialmente en lo que respecta a su vigilancia sobre las expectativas de inflación. Los comentarios recientes de los responsables del BCE sugieren que no dudarían en endurecer la política si las presiones de precios impulsadas por la energía comienzan a filtrarse de manera más persistente en las expectativas de inflación".

Esta reunión debería ofrecer una visión importante sobre la función de reacción del BCE y qué se requeriría para que se produzca un cambio en los tipos de interés este año. Se publicarán proyecciones macroeconómicas actualizadas, pero probablemente se hayan finalizado antes del reciente repunte de los precios de la energía. Por ello, "prestaremos especial atención a cualquier escenario alternativo o comentario sobre cómo el BCE ve el crecimiento y la inflación bajo diferentes supuestos de precios del petróleo, y si los precios más altos de la energía se consideran temporales o más persistentes".

"Esperamos que los tipos permanezcan sin cambios en marzo, con la presidenta Lagarde adoptando un tono más duro en la rueda de prensa. Esto probablemente se traduzca en una vigilancia verbal más que en una señal explícita de un movimiento inminente de tipos. El BCE ha declarado previamente que está dispuesto a 'mirar más allá' de las variaciones temporales de su objetivo de inflación, y esperamos que el mismo enfoque se aplique a cualquier exceso impulsado por la energía, siempre que se considere temporal. Sin embargo, el BCE también querrá evitar repetir el error de política de 2022, reaccionando demasiado tarde si la inflación resulta más persistente", argumenta.

Los mercados ya han reaccionado al mayor riesgo de inflación, con un fuerte ajuste de precios en el extremo corto de la curva. Con cerca de dos subidas de tipos del BCE ya descontadas por el mercado, es difícil que la reunión de marzo impulse significativamente los rendimientos en la parte corta de la curva. Nuestro caso base es que Lagarde no cuestionará la valoración actual del mercado. Sin embargo, si el BCE pone mayor énfasis en los riesgos a la baja para el crecimiento, o señala su disposición a mirar más allá de una inflación más alta por un periodo, existe margen para que los rendimientos retrocedan. "Nuestro escenario central sigue siendo que el BCE mantenga los tipos en 2% durante un periodo prolongado, aunque esto depende en gran medida de la duración y escalada del conflicto en Oriente Medio", recalca.

Ebury: los futuros anticipan subidas de 40 pb en 2026

Ebury prevé que su consejo de gobierno adoptará un tono prudente, pero con sesgo hawkish ante el aumento de riesgos de estanflación por el shock energético. “Aunque Lagarde insistirá en un mensaje de calma, algunos miembros ya apuntan a posibles subidas si persisten las presiones inflacionistas”, señalan los analistas de la fintech, que recuerdan que los mercados de swaps asignan ahora una probabilidad cercana al 70% a una subida en junio, con casi 40 puntos básicos descontados para finales de año. “Consideramos prematuro determinar con precisión la trayectoria de los tipos, pero aumenta la probabilidad de que el próximo movimiento sea al alza”, explican.

DWS: Tipos de interés sin cambios: ¿por cuánto tiempo?

"Tipos de interés sin cambios: ¿por cuánto tiempo?", se pregunta Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS. El BCE se enfrenta a una reunión difícil el próximo jueves. Se espera que mantenga el tipo de depósito en el 2% sin comprometerse previamente a una nueva trayectoria de los tipos de interés. Sin embargo, dados los recientes cambios geopolíticos, surge la cuestión de si la valoración del BCE de que se encuentra en una buena posición sigue siendo adecuada.

La cuestión crucial aquí es cuánto durará la guerra con Irán y cuánto tiempo provocará cambios significativos de los precios de la energía. Como no hay una respuesta sencilla, es aún más importante que la presidenta del BCE, Lagarde, asegure a los mercados que la inflación experimentada en 2022 y 2023 no se repetirá. En este contexto, las subidas de los tipos de interés son cada vez más probables, mientras que las bajadas están descartadas.

En un entorno de subida de los precios de la energía, los riesgos de inflación han aumentado significativamente, sobre todo teniendo en cuenta que el aumento del coste de la vida en los últimos años se ha asentado firmemente en la mente de los consumidores. Al fin y al cabo, han sido necesarios cinco años para recuperar prácticamente las pérdidas de salario real acumuladas desde el inicio de la pandemia.

El riesgo de una segunda oleada de efectos en la inflación ha aumentado, especialmente por la actual rigidez de los mercados laborales y el poder de las empresas para subir los precios. No obstante, no se espera que el BCE actúe con precipitación: se necesitaría algo más que unos datos de inflación débiles en marzo para desencadenar una respuesta de política monetaria.

"Seguimos esperando que el tipo de depósito se mantenga en el 2% en los próximos meses. Sin embargo, si fuera necesario, es probable que el BCE actúe con mayor rapidez que en 2022 para contrarrestar el aumento de esas expectativas de inflación", remarca.

17Mar

Si EEUU consigue asegurar el tránsito por la zona, buena parte de las tensiones actuales en los mercados se mitigarán. Hasta ahora, las disrupciones reales solo se perciben en países como Japón o Singapur, altamente dependientes del suministro petrolero de Oriente Medio.

Miguel Ángel Valero

El tiempo sigue avanzando, la guerra en Oriente Medio camina hacia el mes, y el estrecho de Ormuz continúa cerrado al tránsito. No obstante, durante el fin de semana las negociaciones entre Irán e India fueron productivas, permitiendo que dos buques de gas natural licuado atravesaran el paso. Aun así, el resto del tráfico permanece bloqueado debido a ataques contra barcos civiles en otras zonas del golfo Pérsico, lo que alimenta la inquietud.

En este contexto, Trump es cada vez más consciente del valor estratégico de controlar el estrecho. Por ello, volvió a generar cierto optimismo al señalar que las operaciones para escoltar navíos estaban más próximas y reiteró su llamamiento a los aliados para que se sumen a esta iniciativa. Con el programa de reaseguro patrocinado por Washington ya en negociaciones con las aseguradoras, aumentan progresivamente las probabilidades de que el tráfico marítimo en la región se restablezca. Así, los mercados mostraron ayer una mayor estabilidad y reflejaron ese sentimiento positivo, mientras que los precios del petróleo y del gas descendían, incluso tras los nuevos ataques sobre Fujairah –el puerto de salida al otro lado del estrecho– y las recientes incursiones de drones contra instalaciones gasísticas en los Emiratos Árabes Unidos.

Si EEUU consigue asegurar el tránsito por la zona, buena parte de las tensiones actuales en los mercados se mitigarán. Hasta ahora, las disrupciones reales solo se perciben en países como Japón o Singapur, altamente dependientes del suministro petrolero de Oriente Medio. En los mercados occidentales, más allá del encarecimiento de los combustibles, el efecto sobre el sector eléctrico es prácticamente nulo. El impacto global continúa siendo moderado, y gracias a la histórica liberación de reservas estratégicas, la economía mundial está siendo capaz de gestionar esta situación, de momento, sin daños significativos. 

Ecovadis: las renovables son una cuestión de estabilidad

La escalada de tensión en el golfo Pérsico ha vuelto a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales y la dependencia energética de determinadas regiones. Pierre-François Thaler, cofundador y co-CEO de EcoVadis, opina que "la situación actual es un recordatorio de que depender de una única fuente de energía o de una sola región del mundo crea vulnerabilidades sistémicas. Cuando el centro de extracción se paraliza, toda la cadena de suministro se resiente”.

“Una parte fundamental de las compras sostenibles es diversificar: contar con varios proveedores, de múltiples orígenes, y priorizar ubicaciones seguras y estables, no únicamente las más competitivas económicamente. Esto es clave para construir cadenas de suministro resilientes”, añade.

"Aumentar el uso de energías renovables no es solo una cuestión climática, también es una cuestión de estabilidad económica y geopolítica. Reducir la dependencia de los combustibles fósiles ayuda a las empresas y a los países a protegerse frente a disrupciones”, argumenta.

“En un contexto de creciente volatilidad geopolítica, la transición energética se consolida como una prioridad estratégica para reforzar la estabilidad económica y reducir dependencias. En 2025, la inversión global en la transición energética alcanzó los 2,3 billones$ y la economía verde ya supera los 5 billones anuales. Al mismo tiempo, no actuar también tiene un coste: según datos de la organización CDP, el impacto económico del cambio climático es tres veces mayor que el de abordar sus causas”, subraya.

Gescooperativo: fuerte aversión al riesgo

Mientras los bombardeos se suceden, también lo hacen las medidas encaminadas a contener el alza del precio del crudo tratando, además, que la oferta (dada la demanda inelástica en el corto plazo) no se vea excesivamente restringida. La Agencia Internacional de la Energía anunciaba la liberación parcial de reservas estratégicas, para hacer frente a la escasez puntual de crudo, en una cantidad que equivale aproximadamente a 20 veces el tránsito diario por el Estrecho de Ormuz. Pero, teniendo en cuenta que el cierre de dicho Estrecho no es total (Irán confirma el paso de buques con destino a ciertos países, como laIndia), junto a la posibilidad de otros productores para encontrar vías alternativas (parece que Arabia Saudíes capaz de desviar hasta 5-7 millones de barriles al día por el Mar Rojo -gracias al Oleoducto Este-Oeste-, hacia el Canal de Suez o hacia el Estrecho de Bab el-Mandeb), pueden ser un parche para unas cuantas semanas. EEUU, de forma unilateral, elimina ciertas sanciones a Rusia para exportar petróleo, lo que podría redundar en cierto aumento de capacidad por su parte.

Fernando Cano y Alberto Salgado, del Área Gestión de Carteras de Gescooperativo –Banco Cooperativo, señalan que, aunque se produce un incremento lógico en la aversión al riesgo, continúa sin existir pánico en el mercado. Las caídas acumuladas en las Bolsas son del entorno del 7%-8% en Eurozona y Asia, pero mucho menores (2,5%-3,5%) en EE.UU. Respecto a movimientos en los tipos de interés, se produce un repunte de rentabilidades en las curvas de deuda soberanas de unos 30-40 pb, con ligeros incrementos de diferenciales crediticios en el caso europeo. Con todo, las pérdidas en el segmento de la renta fija europea rondan el 2%. El VIX (índice de volatilidad) se sitúa en un 25% (tras haber llegado al 35% la semana pasada). El crudo Brent rompe la barrera de los 100 $/barril, situándose hoy en 103 $/barril (llegó a rozar los 118 $/barril la semana pasada). Durante la segunda semana de guerra ha destacado el aumento del precio del petróleo, mientras que las bolsas y los bonos han estado más estables.

El mercado descuenta que el BCE subirá sus tipos en este 2026 entre una y dos veces (entre 25-50 pb). Al mismo tiempo, para el caso de la Fed, se espera, como mucho, una sola reducción de tipos de 25 pb, posponiéndose futuras bajadas adicionales hasta 2027.

El principal daño al crecimiento y la inflación, a escala mundial, vienen de la vertiente energética, tanto en lo que respecta a la potencial escasez de crudo y gas natural (por interrupciones en el Estrecho de Ormuz) como por la subida de sus precios. El petróleo se ha ido muy por encima del nivel alcanzado en 2022, cuando Rusia invadió Urania, porque el cierre del Estrecho de Ormuz realmente compromete el abastecimiento de muchos países, algo por lo que no se llegó a temer entonces. Por el contrario, el precio del gas en Europa se mantiene mucho más contenido que hace cuatro años (pocas importaciones europeas de gas desde Oriente Medio), por la gravedad que se suponía iba a provocar la potencial interrupción de gas ruso hacia los países europeos.

A pesar de que el petróleo sube más de un 50% en el año, es sorprendente que apenas se haya alterado el crecimiento económico en algunas áreas. Respecto al impacto en la inflación, aunque sí se produce un cierto incremento en los niveles esperados a un año vista, las expectativas a medio plazo (medidas por la expectativa del IPC a 5 años) parecen ancladas. La inflación a un año vista podría repuntar hasta el nivel del 3,2%, pero a medio plazo (5 años) no se prevé impacto. Será un efecto pasajero.

"Es importante saber lo que uno sabe, pero también ser conscientes de lo que uno ignora", subrayan estos expertos. "Lo que sabemos: Cuando estalla una guerra inesperada, los mercados reaccionan con un “shock” inicial de ventas en activos de riesgo y una huida hacia activos refugio. Si el conflicto no escala y no llegan noticias especialmente positivas ni negativas, los inversores recalculan el impacto real y la volatilidad empieza a remitir. Con el tiempo, la prima de riesgo geopolítica se diluye y los mercados vuelven gradualmente a centrarse en los fundamentos previos al conflicto", señalan

"Lo que no sabemos: Cuánto durará la guerra y quién la ganará (si es que importa...; lo que parece probable es que ambos bandos se declaren vencedores...). Si habrá más actores que se involucren en la guerra. Cuánto tiempo se interrumpirá el paso por el Estrecho de Ormuz y en qué grado (factor auténticamente clave).

"Pese a las incertidumbres que aún persisten (y que, probablemente, seguirán generando ruido durante los próximos meses), nuestro escenario central es que el conflicto no debería prolongarse más allá de unas pocas semanas", apuntan. El bloque estadounidense‐israelí está intensificando su presión (como los ataques en Kharg), con el objetivo de forzar una rápida cesión o apertura negociadora por parte de los “interlocutores” iraníes. Aunque la eventual declaración del fin de la guerra no implique necesariamente un cierre real del conflicto, para el mercado podría ser más que suficiente para considerarlo como “amortizado”.

"En la creencia de que el impacto será relativamente modesto en el crecimiento económico (continúa siendo nuestro escenario central) y, por ende, en los beneficios previstos para las empresas, decidimos continuar manteniendo la inversión en Bolsa en los niveles donde ya la teníamos. Respecto a la renta fija europea, creyendo que el aumento de inflación que se dará (algunas décimas, quizás hasta un punto) no llevará al BCE a subir tipos, hemos decidido incrementar levemente la duración de nuestras carteras para aprovechar el repunte habido en las curvas de tipos", concluyen estos gestores, que avisan: "existe un amplio consenso entre analistas respecto a que el conflicto debería resolverse en un periodo breve y con un impacto macroeconómico limitado. Esto implica que, si surgieran noticias que cuestionaran ese escenario (por ejemplo, la destrucción permanente de refinerías clave en países productores), los mercados podrían volver a reaccionar con fuertes episodios de aversión al riesgo".

Evli: la guerra terminará cuando la presión de los mercados sobre Trump sea alta

Valtteri Ahti, Estratega Jefe de la gestora nórdica Evli, insiste en que lo más probable es que el conflicto termine pronto, aunque todo dependerá de los mercados. El cierre del estrecho de Ormuz, vital para la economía y los mercados globales porque es la vía de transporta de la quinta parte del petróleo en el mundo, puede ser muy perjudicial para los mercados, provocando una fuerte presión. Ello obligaría a Trump a finalizar las operaciones pronto, con la excusa de que ha ganado la guerra. También podria suceder que Trump o Irán continuasen las hostilidades, en el caso de los mercados permanecieran relativamente tranquilos.

La guerra de Irán difiere de conflictos anteriores en Oriente Medio porque ha llevado al cierre del estrecho de Ormuz. Irán había amenazado con cerrar el estrecho durante cuatro décadas, pero se había abstenido de hacerlo hasta ahora. Oficialmente, un tercio del presupuesto estatal iraní procede del petróleo, y el petróleo representa más de la mitad de los ingresos por exportaciones del país. El cierre también es complicado desde el punto de vista de la política exterior, ya que el aliado más importante de Irán, China, quiere que el petróleo fluya libremente. De hecho, ha habido informes que indican que Irán sigue transportando cantidades limitadas de petróleo a China.

Aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial pasa por este estrecho angosto y, por lo tanto, la importancia para la economía y para el conflicto, vendrá determinada por el tiempo durante el cual permanezca cerrado. Es probable que el conflicto termine relativamente pronto cuando el presidente estadounidense Donald Trump ceda a la presión de los mercados.

Debido a la guerra en Irán, el precio del petróleo subió temporalmente por encima de los 120$ por barril. Las Bolsas europeas cayeron alrededor de un 10 % y, por primera vez en mucho tiempo, el dólar ha actuado como refugio seguro.

Irán había optado por una estrategia de inversión en misiles y drones en lugar de una fuerza aérea. El país dependía de ejércitos proxy —Hamás y Hezbolá— en lugar de sus propias fuerzas armadas. Además, Irán creía estar a salvo de la Fuerza Aérea israelí porque Siria, situada entre ambos países, era un aliado, e Irán había invertido en tecnología rusa de defensa aérea. En los dos últimos años, Israel ha logrado incapacitar tanto a Hamás como a Hezbolá. Con la caída de Siria, Irán quedó solo frente a Israel. La guerra de junio de 2025 dejó claro que las fuerzas armadas iraníes eran ineficaces. Los ataques con misiles iraníes no lograron causar daños significativos en Israel, y su defensa antiaérea fue incapaz de detener a la israelí.

Sin embargo, la capacidad de Irán para cerrar el estrecho de Ormuz seguía siendo tan efectiva como siempre. Irán amenazó con cerrar el estrecho a menos que Israel detuviera sus bombardeos en un plazo de 24 horas. Israel ignoró la amenaza y continuó su campaña de bombardeos. La amenaza de Irán resultó ser un farol. Estados Unidos se unió a Israel en el bombardeo de las instalaciones nucleares iraníes. A pesar de ello, Irán siguió optando por no cerrar el estrecho.

Israel y EEUU probablemente concluyeron que Irán no solo era militarmente débil, sino también reacio a cerrar el estrecho. Irán también pudo haber concluido que había sobreestimado sus propias capacidades y subestimado la fuerza aérea israelí. Irán llegó a la conclusión de que Israel y Estados Unidos tratarían de explotar su debilidad militar y volverían a atacar. Por lo tanto, Irán tendría que cambiar radicalmente su estrategia si quería sobrevivir al resto del mandato de Trump.

El problema estratégico de Irán era su debilidad relativa frente a sus adversarios. La solución fue descentralizar al máximo la toma de decisiones y cerrar el estrecho. Irán atacaría inicialmente con un mayor número de armas, ya que de todos modos serían destruidas en los primeros bombardeos.

Con una toma de decisiones descentralizada, las unidades de menor nivel seguirían operando de forma autónoma incluso si el liderazgo del país pereciera en los ataques. Las unidades de drones y misiles llevarían a cabo ataques contra objetivos preseleccionados durante el mayor tiempo posible sin necesidad de consultar la cadena de mando. En cierto sentido, Irán se ha descentralizado hasta convertirse en una colección de células terroristas para poder seguir combatiendo a EEUU durante el mayor tiempo posible.

Irán hizo el cálculo correcto. El líder supremo del país murió en los ataques iniciales, al igual que un número significativo de otros altos dirigentes. Las fuerzas aéreas de Israel y EEUU están cazando depósitos de misiles y drones.

Irán ha cerrado el estrecho. Las compañías de seguros han aumentado sus primas y las navieras han dejado de transportar petróleo. La fijación de precios en los mercados sigue indicando que el coste económico del conflicto se mantendrá bajo, lo que significa que el estrecho se reabrirá en un futuro próximo. Las declaraciones de Trump sugieren que ya está nervioso por los movimientos del petróleo.

Es muy probable que el conflicto sea de corta duración y termine cuando la presión del mercado sobre Trump sea lo suficientemente grande. Entonces anunciará que EEUU ha logrado sus objetivos y que se ha llevado a cabo una de las campañas militares más exitosas de la historia, y cesarán los bombardeos. Es probable que Irán continúe luchando durante un tiempo para demostrar que es Teherán, y no Trump, quien decide cuándo termina la guerra. Pero también interesa a Irán que el estrecho de Ormuz permanezca abierto.

Israel es la única parte que acogería con agrado un conflicto prolongado. La elección de Trump como presidente quizá no haya sido lo que la mayor parte del mundo deseaba, pero fue maná para el primer ministro de línea dura de Israel, Benjamin Netanyahu.

Irán no quiere la guerra, pero el país no puede volver a mostrar debilidad, como hizo en la guerra de junio. Irán se encuentra en su punto más débil desde la guerra Irán-Irak de la década de 1980. El objetivo del régimen probablemente sea la supervivencia. La forma de mostrar fuerza y disuadir futuros ataques es mantener cerrado el estrecho. Mantener el estrecho cerrado disuadirá ataques durante el resto del mandato de Trump.

Una estrategia alternativa habría sido ceder ante EEUU en las negociaciones y abandonar el programa de armas nucleares. Pero la desconfianza es tan profunda que concibe su seguridad última como dependiente de la posesión de armas nucleares. Al menos el antiguo líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei, pensaba así y pagó esa decisión con su vida.

EEUU no desea un conflicto a largo plazo, ya que el tema principal de las elecciones legislativas de noviembre es el alto coste de la vida. Si el estrecho permanece cerrado, los elevados precios del petróleo provocarán aumentos de precios en todos los ámbitos. Además, Trump ha demostrado ser alérgico a la debilidad de los mercados bursátiles.

En el escenario más probable, Trump anunciará que ha alcanzado sus objetivos y que ha llevado a cabo una de las campañas militares más exitosas de la historia, y pondrá fin a los bombardeos. Irán continuará luchando para demostrar que es Teherán, y no Washington, quien decide cuándo termina. Pero Teherán también pondrá fin a las hostilidades y se reanudará el suministro de petróleo.

Existen varios escenarios de riesgo. Irán podría causar daños a Occidente a través de sus redes globales o mediante ciberataques. También es posible que Trump o Teherán tarden mucho más en poner fin a las hostilidades, especialmente si los mercados permanecen relativamente tranquilos. 

UBP: 

En la Perspectiva Semanal de UBP: Los mercados se preparan para las consecuencias económicas de un conflicto en expansiónMichael Lok, CIO del grupo, y Nicolas Laroche, director global de asesoramiento y asignación de activos. avisan que la idea de "un conflicto prolongado en Oriente Medio está inquietando a los mercados financieros, mientras los inversores evalúan las posibles consecuencias macroeconómicas. Las preocupaciones sobre la presión inflacionaria llevaron a la baja a la renta variable global, mientras que la elevada volatilidad y un aumento de la prima de riesgo en activos sensibles a las tasas dentro de la renta fija sugieren adoptar un enfoque más conservador".

Además, el oro cayó a poco más de 5.000$ por onza y el dólar se fortaleció, especialmente frente a las monedas de países importadores de energía, como el euro y el yen. 

Otras claves del informe son que la narrativa de ‘precios del petróleo más altos por más tiempo’ probablemente presionará las ganancias en el sector global de consumo discrecional. Se ha reducido la duración en todas las divisas, mientras que se ha recortado la exposición a bonos en moneda local de mercados emergentes. A corto plazo, los rangos de negociación de divisas probablemente estarán determinados por los términos de intercambio, lo que apunta a una posible debilidad del euro y el yen. Los precios más altos de las materias primas y los márgenes de la refinación deberían conducir a revisiones al alza de las ganancias en el sector.

UBS: la volatilidad persistirá a corto plazo

El UBS CIO Daily espera que la volatilidad persista a corto plazo. Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Para los inversores, seguimos creyendo que garantizar la diversificación de las carteras entre clases de activos, sectores y regiones es clave. Los inversores también pueden considerar coberturas como estrategias de preservación de capital y exposición al oro y a materias primas en general. Ahora esperamos que el crudo Brent cotice en el nivel de 90$ por barril a finales de junio”.

“Nuestro escenario base sigue siendo que este conflicto debería resultar relativamente breve, lo que debería hacer que los precios de la energía retrocedan en las próximas semanas a medida que los combustibles vuelvan a fluir a través del estrecho de Ormuz. Si éste es el caso, esperamos que el Banco de Inglaterra reanude los recortes de los tipos de interés tan pronto como en abril. De lo contrario, es probable que la vigilancia siga siendo la tónica del momento. Pero la vigilancia no significa necesariamente que vaya a apresurarse a subir los tipos de interés”, aporta Dean Turner, economista jefe para la Eurozona y el Reino Unido.

“Los datos de actividad económica de enero y febrero, mejores de lo esperado y con una mejora generalizada, indican un inicio resiliente para la economía china”, resalta Yifan Hu, director de inversiones para la Gran China.

Columbia Threadneedle: notable falta de visibilidad sobre la evolución

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, opina: "Seguimos en un entorno marcado por una elevada incertidumbre. No obstante, y pese a este contexto, los mercados bursátiles han registrado caídas relativamente moderadas. El S&P 500, por ejemplo, acumula un descenso cercano al 5%, una dinámica similar a la observada en el resto de índices globales".

Sobre los acontecimientos en Oriente Medio y, en particular, en el estrecho de Ormuz, persiste una notable falta de visibilidad sobre la evolución de la situación. El presidente Trump ha planteado la posibilidad de establecer convoyes de escolta para reactivar las exportaciones de petróleo, pero incluso en caso de alcanzarse un acuerdo internacional, su implementación requerirá tiempo. En el corto plazo, esto se traduce en claros riesgos al alza tanto para la inflación como para el crecimiento económico, en un contexto en el que los precios del petróleo se mantienen por encima de los 100$ por barril. Este contexto estará muy presente en las decisiones de los bancos centrales en sus reuniones de esta semana. 

La situación evoluciona con rapidez y el contexto podría volver a cambiar. Si, por ejemplo, el precio del petróleo inicia una tendencia a la baja y se alcanza algún tipo de resolución del conflicto, las perspectivas mejorarían. Por ahora, con el cierre efectivo del estrecho de Ormuz, Irán mantiene la ventaja en el plano económico, mientras que EEUU conserva la superioridad militar.

Por el momento, el tránsito marítimo a través del estrecho es muy limitado, lo que sigue ejerciendo presión alcista sobre los precios del petróleo. El bloqueo también tendrá un impacto en las cadenas de suministro globales, por lo que la reapertura del estrecho al tráfico marítimo continúa siendo un factor crítico para la economía mundial. Cuanto más tiempo se mantenga el petróleo por encima de los 100$ por barril, mayores serán los vientos en contra para la actividad económica. 

Ebury: impacto en las divisas latinoamericanas

Las divisas se continuaron resintiendo frente al dólar a medida que el conflicto se recrudece y prolonga. Desde el comienzo, el real brasileño y el peso colombiano han sido las divisas que mejor se han comportado ya que sus países son exportadores netos de petróleo y tienen una dependencia energética relativamente menor. Esta semana, la atención estará puesta en la reunión de política monetaria del Banco Central de Brasil que podría iniciar su ciclo de recortes recortando el Selic 25 pb, como descuenta el mercado. No obstante, dada la elevada incertidumbre económica actual, probablemente se mantenga cauteloso en sus comunicaciones.

  • Real brasileño (BRL): es una de las divisas de Latinoamérica que mejor está resistiendo la sacudida que han sufrido los mercados emergentes en las últimas semanas. Como exportador neto de petróleo, Brasil debería ser capaz de absorber mejor un posible repunte inflacionario derivado del conflicto. Aún así, el mercado está revisando al alza sus pronósticos para la inflación y descontando un ciclo de recortes menos profundo(125 pb de recortes frente a los 300 previos al estallido del conflicto). Tras la caída de la inflación en enero al 3,8%, el mercado de futuros sigue esperando que el Banco Central de Brasil recorte tipos esta semana 25 pb, si bien las comunicaciones probablemente sean considerablemente hawkish para calmar a los mercados.
  • Peso chileno (CLP): es la divisa latinoamericana que más se ha depreciado frente al dólar en el último mes, únicamente por detrás del bolívar venezolano. El impacto desmedido que ha sufrido el peso a raíz del conflicto lo atribuimos a la elevada exposición que tiene Chile a las importaciones energéticas, que en términos de porcentaje del PIB nacional es superior al del resto de países. De ahí que hayamos observado un ajuste al alza de las expectativas para los tipos de interés tan considerable. Los mercados han pasado de descontar un último recorte de tipos a anticipar una subida antes de que acabe el año. Mientras persista el conflicto y la aversión al riesgo actual, el peso chileno continuará resintiéndose. Esta semana, el dato de crecimiento del PIB chileno del cuarto trimestre podría verse eclipsado por los acontecimientos en Medio Oriente.
  • Peso colombiano (COP): Como exportador neto de petróleo, el peso colombiano está siendo una de las divisas más resilientes a las caídas en los mercados emergentes. Con independencia del conflicto, la economía colombiana ya se enfrentaba a unas presiones inflacionarias elevadas derivadas de las subidas agresivas al salario mínimo. Ante el desanclaje de las expectativas inflacionarias, BanRep subió los tipos 100 pb en la reunión de enero y cabe esperar una política monetaria aún más restrictiva en lo que queda de año. En el ámbito político, la candidata Paloma Valencia está subiendo como la espuma en las encuestas, posicionándose como una alternativa seria a De la Espriella para liderar la derecha. Según algunos mercados de apuestas como Polymarket, la probabilidad de que el próximo presidente de Colombia sea Cepeda es del 40%, mientras que Valencia cuenta con un 38% y De la Espriella con un 20%. Independientemente de quien gane las elecciones demayo y junio, la siguiente administración deberá encarrilar un déficit fiscal desbocado si quiere evitar una potencial crisis de confianza inversora.
  • Peso mexicano (MXN): cerró otra semana al alza la semana pasada, rozando la cota de 18 frente al dólar. El repunte de la inflación en febrero parece que justifica una pausa hawkish de Banxico en su próxima reunión. En línea con el resto de bancos centrales de Latinoamérica, el mercado ha ajustado sus expectativas de tipos al alza, descontando al menos 3 subidas de 25 pb en los próximos doce meses. A pesar de ser un exportador neto de crudo, México está más expuesto a las importaciones de gasolina que Brasil y Colombia, dada su falta de capacidad refinadora que se ha intentado corregir en los últimos tiempos.
  • Sol peruano (PEN): recuperó algo de terreno perdido la semana pasada, aproximándose de nuevo a la cota de 3,42. Se especula que el BCRP podría haber intervenido para frenar una apreciación aún más agresiva del dólar. En su reunión de política monetaria, el banco mantuvo las tasas en el 4,25% y señaló que la inflación podría repuntar, ubicándose temporalmente en el tramo superior del rango objetivo del 2% ±1% en los próximos meses. Tanto la ruptura de uno de los principales gasoductos del país, que desde la semana pasada ya está arreglada y operativa, como el conflicto de Irán y las condiciones climatológicas adversas contribuirán a este repunte transitorio en los precios. De momento, es probable que el BCRP se mantenga en modo “esperar y ver” en las próximas reuniones.
11Mar

Las economías importadoras de combustible se enfrentan a una creciente vulnerabilidad externa, ya que los precios de la energía se mantienen altos durante más tiempo, lo que hace esencial reforzar su resiliencia económica general.

Miguel Ángel Valero

El conflicto de Oriente Medio lo invade todo: los mercados de bonos, especialmente la deuda soberana de los países sin autosuficiencia energética, las economías asiáticas, y las divisas latinoamericanas, por ejemplo. Pero sobre todo pone de manifiesto la vulnerabilidad energética de muchos países: el informe de Crédito y Caución Atradius identifica 63 países con facturas netas de importación de combustible que superan el 4% del producto interior bruto (PIB), muchos de los cuales son mercados emergentes que ya registran importantes déficits por cuenta corriente.

Mediolanum: gran parte del riesgo ya está descontado

Daniel Loughney, responsable de renta fija de Mediolanum International Funds (MIFL), analiza el impacto de la guerra de Oriente Medio sobre los mercados de bonos: "Hasta ahora, la deuda soberana ha sido la que ha demostrado un desempeño inferior, ya que las preocupaciones por la inflación han provocado el desmantelamiento de las previsiones de reducción de tipos de interés. De hecho, ahora se espera que el BCE endurezca la política monetaria en cerca de 50 puntos básicos (pb). Por tanto, los bonos a corto plazo han sido los más afectados, mientras que los de mayor vencimiento sufrieron menos. Los diferenciales de crédito de grado de inversión (IG) y high yield se mantuvieron estables durante la primera parte de la semana pasada, pero ahora han comenzado a ampliarse ante la preocupación de que un conflicto prolongado y la interrupción del suministro de petróleo afecten al crecimiento".

"La mayor tensión se observa en aquellos países con menor autosuficiencia energética. Así, vemos que Europa tiene un desempeño inferior al de EEUU, por ejemplo. Además, los mercados menos líquidos están rindiendo peor que los mercados líquidos; en Europa, por ejemplo, Alemania está superando a los países semiperiféricos y periféricos. La amenaza al crecimiento se percibe de manera más marcada en la deuda soberana de los mercados emergentes, que se está ampliando en relación con la deuda de los mercados desarrollados", añade.

"Por sectores, defensa y energía están teniendo el mejor desempeño, mientras que financieros y tecnología son los que peor rinden. El sector financiero se ve afectado por mayores rendimientos soberanos y una curva de tipos más plana, mientras que tecnología está más influenciada por la volatilidad en los mercados de crédito privado, aunque el software se ha visto previamente beneficiado por la financiación mediante crédito privado", apunta.

¿Qué deberían hacer los inversores más conservadores ante este escenario? "Los inversores conservadores no deberían reaccionar de manera exagerada. Gran parte del riesgo a la baja ya ha sido descontado bajo la suposición de un conflicto prolongado. Cualquier indicio de resolución en la próxima semana podría provocar cierta reversión de los movimientos de la semana pasada, de los cuales los inversores podrían beneficiarse", contesta.

Crédito y Caución: vulnerabilidad macroeconómica de los importadores de energía

El  Energy Outlook de Crédito y Caución Atradius avisa de una desaceleración estructural en la transición energética mundial que aumentará la vulnerabilidad macroeconómica de los países importadores de energía. El informe muestra que la demanda de petróleo y gas alcanzará su punto máximo más tarde de lo previsto, y que los precios de los combustibles fósiles se mantendrán altos durante más tiempo. Este cambio representa un riesgo económico creciente para las regiones que dependen de la energía importada.

Según el análisis de la aseguradora de Crédito, las economías importadoras de combustible ya no pueden confiar en la tendencia a la baja de los precios mundiales del petróleo y el gas, asumida durante mucho tiempo, para aliviar la presión sobre sus balances externos. Las recientes subidas de precios relacionadas con las tensiones geopolíticas, incluido el conflicto en Oriente Medio, ya han puesto de manifiesto esta vulnerabilidad. El informe identifica 63 países con facturas netas de importación de combustible que superan el 4% del producto interior bruto (PIB), muchos de los cuales son mercados emergentes que ya registran importantes déficits por cuenta corriente.

En este sentido, Niels de Hoog, economista senior de Atradius, señala que "con la ralentización de la transición energética y el desarrollo de la guerra en Oriente Medio, muchas economías emergentes se encuentran una vez más a merced de las fluctuaciones de los precios mundiales del petróleo. Y cuando desglosamos los factores que impulsan sus facturas de importación de combustible, queda claro que la disminución estructural de la dependencia del combustible es aún demasiado modesta para protegerlas".

Las mejoras en la eficiencia energética han sido históricamente el principal factor que ha reducido la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles. Sin embargo, se prevé que estos avances se debiliten, lo que dejará a los países cada vez más expuestos al aumento del los precios del combustible. Los progresos en materia de energías renovables siguen siendo débiles para reducir de forma significativa la demanda de combustibles fósiles, ya que la electrificación del transporte pesado, la industria y la calefacción avanza con demasiada lentitud.

Los escenarios esbozados en el informe Energy Outlook indican que más de la mitad de los países importadores de energía analizados podrían experimentar un deterioro de su balanza por cuenta corriente para 2035. Es probable que el impacto sea aún más pronunciado en economías ya vulnerables, como Túnez, Pakistán y Líbano. Por ello, las economías importadoras de combustible necesitan urgentemente una estrategia de resiliencia más amplia. Además de acelerar la inversión en energías renovables nacionales y ampliar la electrificación, los países deben reforzar su capacidad de exportación, mejorar su competitividad y reducir su dependencia de las importaciones no energéticas. 

"La ralentización de la transición energética mundial debe considerarse una clara advertencia. Las economías importadoras de combustible se enfrentan a una creciente vulnerabilidad externa, ya que los precios de la energía se mantienen altos durante más tiempo, lo que hace esencial reforzar su resiliencia económica general en los próximos años", concluye De Hoog.

UBS: impacto sobre las economías asiáticas

El UBS CIO Daily señala que, con los flujos de energía a través del Estrecho de Ormuz interrumpidos, las economías asiáticas deben afrontar la posibilidad de resultados muy divergentes. Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: "cuanto más tiempo se mantenga el petróleo crudo cotizando a precios elevados, mayor será el impacto negativo para Asia y más intensa podría ser la rotación entre clases de activos. La historia demuestra que los picos breves en el precio del petróleo rara vez causan daños económicos duraderos, pero una disrupción prolongada podría desencadenar efectos inflacionarios de segunda ronda y subidas de tipos por parte de los bancos centrales”.

“La resiliencia del SGD puede atribuirse a la capacidad fiscal de Singapur para compensar el aumento de los precios de la energía, así como a la política del banco central de utilizar una moneda fuerte para contrarrestar la inflación”, matizan Teck Leng Tan, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de FX y materias primas.

“Los datos comerciales de China superaron significativamente las expectativas en los dos primeros meses del año. Este sólido inicio del comercio ofrece un colchón a corto plazo frente a las presiones de la demanda interna y respalda la tendencia de apreciación del CNY”, aporta Yifan Hu, Director de Inversiones para Gran China.

“El Banco Nacional Suizo (SNB) probablemente mantendrá su tipo de interés oficial sin cambios en el 0% en su próxima evaluación de política monetaria el 19 de marzo, a pesar de las mayores presiones de apreciación sobre el franco suizo”, apuntan Maxime Botteron y Alessandro Bee, economistas.

Ebury: el dólar se aprecia hasta un 4% sobre las divisas latinoamericanas

Las divisas latinoamericanas continúan siendo lastradas por el movimiento 'risk-off' (fuera riesgos), acelerado con el conflicto de Oriente Medio. El real brasileño y el peso colombiano deberían ser las divisas que mayor resiliencia muestren durante las tensiones geopolíticas de Oriente Medio, ya que son exportadores netos de petróleo. A pesar de ello, "lo que estamos observando de momento es una apreciación del dólar de entre el 1%-4% frente a las divisas latinoamericanas que cubrimos, dado el giro que se ha producido en los mercados globales hacia los activos refugio", subraya un análisis de Ebury.

El peso chileno se muestra especialmente vulnerable al ser uno de los mayores importadores netos de petróleo de entre los mercados emergentes. Además, el peso que tiene la energía en el IPC nacional es relativamente superior al de otros países. En Perú, las disrupciones locales en el suministro de gas natural han agravado aún más la situación.

  • Real brasileño (BRL): ha corregido sus caídas en las dos últimas sesiones, pero sigue habiéndose depreciado un 1,5 % frente al dólar desde que escaló el conflicto en Oriente Medio. Como exportador neto de petróleo, el real brasileño debería verse menos impactado que otras divisas de mercados emergentes por la reciente subida del petróleo. Sin embargo, no ha salido completamente ilesa de la huida generalizada hacia activos y divisas refugio como el dólar. En cuanto a los datos económicos, que han estado completamente eclipsados por el conflicto geopolítico, el crecimiento del PIB brasileño del 4º trimestre salió en línea con las expectativas, registrando una modesta expansión del 0,1% intertrimestral. Esto es un claro reflejo de los elevados tipos de interés establecidos en Brasil, que también creemos que han provocado una cierta desaceleración en el mercado laboral últimamente: la tasa de desempleo repuntó al 5,4%, si bien sigue cerca de mínimos históricos. A futuro, seguimos creyendo que el banco central de Brasil dará comienzo al ciclo de recortes este año, pero quizás actúe con más cautela mientras perdure el conflicto.
  • Peso chileno (CLP): está siendo una de las divisas más afectadas por el conflicto, y ya no solo a nivel regional. La posición de Chile como importador neto de petróleo, junto con la caída del precio del cobre ante una posible menor demanda global han sido los principales factores detrás de la depreciación del peso, que superó el 4% la semana pasada. Ante el riesgo de un repunte inflacionario si el conflicto se prolonga y si los precios del petróleo se mantienen elevados, los mercados de swaps han ajustado drásticamente sus expectativas de recortes de tasa del Banco Central de Chile para este año. Hace apenas unas semanas se descontaba un recorte en la próxima reunión con una probabilidad cercana al 70%; ahora esa cifra ha caído hasta alrededor del 25%. En consecuencia, es razonable anticipar un banco central cauteloso en su próxima Reunión de Política Monetaria, a pesar de la reciente desaceleración de la inflación observada en febrero. Mientras persista la incertidumbre geopolítica y no aparezcan señales claras de desescalada, el peso chileno, al igual que otras monedas de mercados emergentes, seguirá bajo presión bajista.
  • Peso colombiano (COP): también ha sido una de las divisas más resilientes de Latinoamérica desde que estalló el conflicto en Irán al ser un exportador neto de petróleo. Pero también ha perdido terreno frente al dólar (algo más de un 1%) ante la huida generalizada de los activos y divisas de riesgo. Las elecciones parlamentarias celebradas durante el fin de semana no parecen haber tenido un impacto significativo en el tipo de cambio, habiéndose producido la fragmentación política que se esperaba. Pacto histórico se erigió como la fuerza política con mayor representación en el Congreso, mientras que el buen resultado de Paloma Valencia le sitúa en una buena posición para luchar contra De la Espriella por el voto de la derecha. Dado el elevado porcentaje de indecisos, el potencial resultado de las presidenciales sigue generando incertidumbre en el mercado local, lo cual podría añadir una prima de riesgo sobre el peso.
  • Peso mexicano (MXN): ha caído más de un 3% frente al dólar desde el estallido del conflicto. Ante la posibilidad de una mayor inflación, los mercados han dejado de descontar bajadas de tipos por parte de Banxico. Además de la evolución del crudo y las tensiones geopolíticas, los mercados seguirán de cerca las negociaciones del T-MEC, cuyo inicio está previsto para la semana que viene (varios meses antes de lo previsto). En parte, esto podría ser una noticia positiva para la economía mexicana dado que la incertidumbre comercial se podría disipar antes de lo previsto. Sin embargo, el impacto neto en la economía y el peso chileno dependerá en gran medida del contenido del acuerdo que se ratifique. Por ello, cabe esperar cierta volatilidad añadida en las próximas semanas entorno al peso mexicano.
  • Sol peruano (PEN): ha caído casi un 4% desde los primeros ataques de EEUU e Israel sobre Irán, depreciándose a niveles que no observábamos desde finales de septiembre. Como importador neto de petróleo, Perú se muestra vulnerable a este shock energético. Si bien partía de unos niveles de inflación más favorables que otros países, la fuga en un gasoducto al sur del país está provocando una escasez severa, provocando el racionamiento de la energía en distintos sectores. Cabe esperar un repunte significativo de la inflación en las próximas mediciones, que se corregirá parcialmente una vez se repare la fuga. Se cree que esto podría tardar dos semanas aproximadamente. En este sentido, será interesante analizar cómo responde el banco central a esos acontecimientos en la reunión de esta semana.