06Apr

El mercado ha incrementado en 14 puntos básicos la inflación esperada en la Eurozona para los próximos 5 años hasta el 2,56%, muy por debajo de lo que lo haría en caso de anticipar una estructural.

Miguel Ángel Valero

El principal foco de riesgo de la guerra en Oriente Medio para las economías europeas se encuentra en un repunte inflacionario, provocado por una subida en el precio del crudo y del gas natural. La situación actual, además, recuerda al escenario vivido en 2022 con la invasión rusa de Ucrania, aunque existen multitud de diferencias, subraya un análisis de Ibercaja Gestión. Por ahora, el mercado se ha adelantado al BCE y ha puesto en precio casi tres subidas de 25 puntos básicos (pb). La presidenta Lagarde se mostró agresiva en su tono en las declaraciones del 19 de marzo, donde anunció “estar preparados para actuar de forma ágil y hacer lo que sea necesario”. De momento, no hemos visto subida de tipos en marzo y tampoco se espera que la veamos el próximo 30 de abril. Los inversores descuentan que la primera subida la veremos probablemente en junio, aunque sigue siendo muy complicado hacer pronósticos de este tipo.

Tras la escalada del conflicto en Oriente Medio y su consecuente presión sobre los precios energéticos y las expectativas de tipos, el mercado espera con atención los datos de inflación para confirmar el primer impacto real de este “shock”. En la Eurozona, el dato preliminar arroja una lectura constructiva al situarse en el 2,5% interanual (0,6% mensual), ligeramente por debajo del 2,6% que sugerían los registros de las grandes economías del bloque (Alemania, Francia, Italia, España y Países Bajos), gracias a una aportación más moderada de los países de menor tamaño. El componente energético fue el principal motor del repunte en la inflación general, escalando hasta el 4,9% interanual; no obstante, este avance fue menor de lo anticipado, lo que explica la sorpresa a la baja frente al consenso.

En contraste, la inflación subyacente descendió hasta el 2,3% (frente al 2,4% esperado), apoyada por una moderación en los servicios, cuya inflación cayó al 3,2% interanual en línea con lo previsto. "Estimamos que la inflación general continuará ascendiendo gradualmente durante abril y mayo, alcanzando probablemente su techo en dicho periodo si el conflicto geopolítico logra estabilizarse en las próximas semanas", señalan los expertos de la gestora de Ibercaja.

En 2022, con el estallido de la guerra tras la invasión rusa de Ucrania, el precio de la energía se encareció de forma abrupta. La llegada de este fenómeno provocó un efecto inflacionario en el conjunto de la Eurozona, donde se alcanzaron niveles de hasta el 11,5%. "El contexto actual nos hace preguntarnos si nos dirigimos a un escenario como el de aquel entonces, donde los mercados financieros sufrieron grandes caídas, que afectaron tanto a la renta fija como la variable", añaden.

¿En qué se parece la situación actual? Si en algo encuentra fundamento el miedo de algunos inversores es en la revalorización rápida e inesperada del crudo y el gas. En 2022, el precio del gas experimentó una subida sin precedentes, impulsado por: 

  • la caída en las importaciones de gas ruso, 
  • el sabotaje de los gaseoductos Nord Stream,
  • el cierre temporal de varias centrales nucleares en Francia por mantenimiento y 
  • un invierno seco en los Alpes, que redujo sustancialmente la contribución de la energía hidroeléctrica.

Esta reducción drástica de la oferta de gas, energía nuclear e hidroeléctrica provocó que el precio de la electricidad tocara niveles superiores a los 450€/MWh en Alemania. Aunque ahora hay incrementos en el precio del gas natural (TTF) -se ha revalorizado un ~100% en lo que llevamos de año-, todavía estamos lejos de alcanzar las revalorizaciones experimentadas en 2022 (hasta +430%).

Por otro lado, hemos visto como se ha tensionado el mercado del crudo, con el barril brent tocando niveles de 120$ y alzándose más de un 85% en lo que llevamos de año. Sin embargo, los niveles que alcanzamos en 2022 también fueron superiores, con máximos de hasta 130$ el barril.

Pero "existen múltiples razones para pensar que, incluso en un escenario de precios como el de 2022, lo más probable es que no veamos inflaciones tan altas y, mucho menos, caídas en los precios de los bonos como las que vivimos en 2022", señalan los expertos de Ibercaja Gestión.

En primer lugar, se encuentra la salud de la economía y las expectativas de crecimiento. En 2022, empezábamos el año con múltiples estímulos fiscales y monetarios, que debían llevarnos a un crecimiento del PIB en la zona euro de hasta el 4,6%. Hoy, el crecimiento esperado es de tan solo el 1,3% y esto se explica por la debilidad de la industria y del consumidor europeo.

Un tema central en 2022 era la fuerte demanda de los consumidores. Durante el cierre por el COVID, la población incrementó su tasa de ahorro considerablemente y se benefició de un incremento en las transferencias y en el gasto público. Este hecho, provocó que cuando los precios de la energía empezaron a transmitirse al resto de bienes los consumidores lo soportasen con holgura, provocando una escalada mayor en el resto de los componentes de la inflación. Ahora hay un consumidor mucho más debilitado y unas empresas con un poder de precios mucho más reducido. Esto hace que la propagación de la inflación sea mucho más lenta de lo que vimos en 2022.

El impacto del encarecimiento del gas o del crudo es menor hoy de lo que lo era en 2022. Si algo ha hecho la Unión Europea estos últimos cuatro años ha sido financiar la transición energética y reducir la dependencia de varias fuentes energéticas de las que somos importadores netos -como el gas y el carbón. En esta línea, el mix de las fuentes de generación de electricidad es menos dependiente de los combustibles fósiles y las energías renovables representan ya el 45% de la generación total. Además, el shock actual no coincide con una reducción de la oferta de las otras fuentes de generación de energía -nuclear e hidroeléctrica-, como sí ocurrió tras la invasión rusa de Ucrania.

El contexto actual nada tiene que ver con el escenario con el que afrontamos el encarecimiento de la energía en 2022. Cuando llegó la invasión de Ucrania, el BCE partía de unos tipos de interés negativos y una inflación que empezaba a repuntar, pero que se categorizó como transitoria. Cuando Lagarde actuó por primera vez en julio de 2022, el dato de inflación del mes de junio era ya del 8,6%.

Es probable que el BCE haya aprendido la lección y que actúe con más celeridad en esta ocasión. Por este motivo el mercado ya ha puesto en precio que se subirán hasta tres veces los tipos de interés este año en Europa. Sin embargo, al partir ahora de tipos de interés en niveles neutrales, es impensable dibujar un escenario donde la autoridad monetaria suba los tipos de interés en más de 400 pb como sí se vio obligada a hacer en 2022.

"En definitiva, este análisis lo que nos permite es descartar un evento como el de 2022, aun situándonos en el peor escenario de guerra prolongada. La macro actual nada tiene que ver con la que había en 2022: ni la posición de partida de las políticas, ni el estado de salud del consumidor, ni el escenario base de tipos nos llevan a pensar que la inflación se pueda propagar como lo hizo hace cuatro años y, por este motivo, no esperamos que el BCE vaya a actuar de forma desmedida", destacan en Ibercaja Gestión.

Como de costumbre, el mercado se anticipa a lo que puede ocurrir y ya ha puesto en precio buena parte del riesgo inflacionario que, indudablemente, añade el conflicto de Oriente Medio. Los inversores descuentan hasta tres subidas de tipos de interés por parte del BCE. En EEUU, pese a que empezamos el año previendo dos bajadas de tipos de interés, los inversores se decantan ahora por un escenario de pausa en el 3,75% como el más probable.

Este repunte en las expectativas de subidas de tipos de interés ha tenido un efecto inmediato en las curvas de rendimiento de los bonos gubernamentales. Pese a que, en un principio, el movimiento no fue muy acusado -y tan solo se volvió al punto de partida de inicio de año-, la prolongación de la guerra ha llevado al bund alemán a niveles superiores al 3%.

Los tramos que más han repuntado en este mes que llevamos de conflicto han sido los cortos, especialmente los de 2-3 años de duración. Esto concuerda con el incremento en las expectativas de inflación a corto plazo y refuerza la tesis de que la inflación no debería ser estructural ni persistente.

El mercado ha incrementado en 14 pb la inflación esperada para los próximos 5 años hasta el 2,56%, muy por debajo de lo que lo haría en caso de anticipar una inflación estructural. Además, la subida tan solo sirve para explicar un tercio del repunte que ha experimentado el bono alemán a 5 años. La parte que falta se explica por una mayor exigencia de tipo de interés real para prestar dinero. Los inversores, al incrementar su prudencia, crean una escasez de crédito que incrementa el coste de financiación.

"Mantenemos la previsión de que el conflicto finalice pronto, lo que sería positivo para los mercados y, en especial, para las estrategias con exposición a renta fija. El mercado ya descuenta una inflación elevada a corto plazo en la Eurozona, y mantiene nuestra visión de que ésta no se volverá persistente. Por otro lado, somos conscientes de que un cierre prolongado del estrecho de Ormuz hasta el segundo semestre sería negativo, aunque el impacto quedaría lejos de las correcciones sufridas en 2022. En definitiva, los puntos de entrada actuales siguen siendo atractivos y deberían servirnos para ofrecer a nuestros clientes rentabilidades que batan a la inflación en el largo plazo", concluyen en la gestora de Ibercaja.

26Mar

Un conflicto largo no se mide solo en términos militares, sino en desgaste social y financiero. Subidas del precio de la energía, impacto en la economía, incertidumbre en los mercados, fatiga del electorado, presión política interna… todo eso acaba pesando más que cualquier victoria táctica sobre el terreno. Por eso, el verdadero campo de batalla no está solo en el Estrecho de Ormuz. Está en la paciencia de las sociedades… y ahora también en la estabilidad de los mercados.

Miguel Ángel Valero

Doce meses después del Día de la Liberación, el panorama financiero global ha completado un ciclo de contrastes extremos, subraya un análisis de Ibercaja Gestión. Lo que comenzó como un escenario de pánico ante el anuncio de aranceles globales por parte de la administración Trump, ha derivado en una compleja rotación de activos marcada por la resiliencia económica, la inteligencia artificial y, más recientemente, la inestabilidad geopolítica.

Pese a los vaticinios de las casas de análisis de Wall Street, que gritaban “recesión e inflación” la aplicación final a través de las "pausas arancelarias" permitió al mercado digerir la incertidumbre y a las empresas hacer sus deberes, reorganizar sus cadenas de suministro y llenar los almacenes. El resultado fue un PIB estadounidense que, en el segundo trimestre de 2025, sacó músculo con un 3,8%. En cuanto a los niveles de precios, tanto la inflación subyacente como la general no han registrado fuertes repuntes; de hecho, hoy lucen niveles más bajos que hace un año, cuando los aranceles eran todavía una amenaza lejana. Curiosamente, la inflación no fue acusada; las empresas, sabiendo que el tiempo es oro —y que los plazos de negociación tenían fecha de caducidad—, aplicaron un "goteo de precios" tan sutil que los consumidores apenas sintieron el pinchazo.

Sin embargo, el comportamiento del mercado de divisas ha roto los manuales de teoría económica. Rompiendo con la ortodoxia de 2018, el dólar se depreció fuertemente, impidiendo que la moneda amortiguase el coste de los aranceles y lastrando la rentabilidad de nuestras inversiones. 

El optimismo estival regado con el maná de pactos arancelarios favorables y la solidez de los resultados tecnológicos llevó a los índices a vivir un idilio de máximos históricos semana tras semana. Sin embargo, este impulso dio paso a una rotación sectorial a finales de 2025. El agotamiento de las grandes tecnológicas, lastradas por las dudas sobre la rentabilidad inmediata de la IA y el futuro del software tradicional, provocó un trasvase de capital hacia activos de valor y geografías anteriormente relegadas. En este nuevo baile de sillas, mientras Europa y Japón intentaban sacar pecho, el bloque emergente se consolidaba como el verdadero dueño de la pista.

Pero la paz de los mercados suele ser efímera, y todavía más desde que está Trump en la Casa Blanca. La relativa calma que teníamos se ha visto truncada por el estallido del conflicto en Oriente Medio, un incendio geopolítico que ha devorado las ganancias acumuladas en los dos primeros meses en un abrir y cerrar de ojos. Europa y Asia, con su crónica dependencia energética, han sido las que se han llevado la peor parte del golpe. 

La onda expansiva ha llegado, como no podía ser de otra forma, a la renta fija. La revalorización del crudo ha despertado al fantasma de la inflación, forzando al mercado a descontar hasta tres subidas de tipos por parte del BCE para 2026. Así, aquel benigno escenario de pausas con el que arrancó el año ahora ha pasado a mejor vida, dejando a los inversores en un entorno de cautela donde la solvencia y la gestión activa vuelven a ser las únicas brújulas fiables.

Y con esto llegamos al panorama actual, que está bajo el asedio de dos tipos de riesgos que, pese a que bailan por separado, podrían converger creando tensiones generalizadas. El principal riesgo se encuentra en la tensión geopolítica en general y en la guerra de Irán en particular. La escalada en Oriente Medio reintroduce el temor a la estanflación y se suma al uso de aranceles que, ya de por sí, son dañinos para el crecimiento de las economías. Por otro lado, el segundo foco de incertidumbre se encuentra en un posible frenazo en el CAPEX de los hiperescaladores. Estas compañías han sido el pulmón del PIB estadounidense, y si deciden cerrar el grifo de la inversión, el crecimiento tendrá que buscarse la vida por otros derroteros. Con un consumo que ya ha dado lo mejor de sí y un déficit fiscal desmedido, no hay muchos voluntarios para coger el relevo. 

Pese a la independencia de estos dos riesgos, no es descartable un escenario donde el aumento de la tensión geopolítica paralice o retrase momentáneamente las inversiones, afectando, en consecuencia, al CAPEX de los hiperescaladores. Un escenario así sería criptonita para la renta variable y podría desembocar en un empobrecimiento del ciudadano estadounidense -fuertemente invertido en Bolsa-, afectando al consumo y creando un bucle que se retroalimenta.

Sin embargo, "mantenemos una visión positiva de cara a 2026, ya que Trump tiene el mercado “entre ceja y ceja” y sabe que su examen en las elecciones de medio mandato, en parte, se corrige en Wall Street. Mientras las señales no lleguen, permaneceremos invertidos, ya que como dijo Peter Lynch: 'Se ha perdido mucho más dinero intentando predecir las correcciones que en las propias correcciones'”.

"En estos doce meses el mundo ha dado un vuelco de 360 grados para quedarse en una situación notan distinta a la que vivimos ese dos de abril. Durante este tiempo hemos visto aranceles venir e irse, capturas de presidentes, amenazas de invasión de territorios de aliados, una guerra en Oriente Medio y, pese a todo, nuestras rentabilidades han sido positivas. Y, es que, como se suele decir: 'hay décadas en las que no pasa nada y años en los que pasan décadas”, concluyen en Ibercaja Gestión.

Escenificación para un acuerdo a corto plazo

Irán rechaza las propuestas de Trump con un tono considerablemente agresivo, mientras los ataques continuaban, principalmente desde Israel. Con la posibilidad de que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos se sumen al conflicto, el optimismo inicial respecto a una resolución rápida volvía a desvanecerse. A punto de cumplirse el mes de enfrentamientos, la presión de EEUU y de la diplomacia de los principales socios comerciales de Irán —Pakistán, India y China— alcanzaba su punto más alto. Esto ha llevado al Gobierno persa a plantear una estrategia más moderada en relación con el tránsito marítimo por el estrecho, aplicando restricciones únicamente a países “no hostiles” y, potencialmente, cobrando por la seguridad en la navegación mediante un peaje.

Turquía intenta contener el impulso de los estados árabes que buscan implicarse en el conflicto. En paralelo, Karoline Leavitt, secretaria de Prensa del Gobierno americano, se sumó al intercambio de mensajes, afirmando que Teherán está negociando tras la fachada de firmeza debido a su debilidad interna. Por otro lado, el envío de tropas estadounidenses a la región –aproximadamente 4.000 nuevas fuerzas de ataque anfibio y 3.000 de la fuerza aerotransportada, que se unirían a los 50.000 ya desplegados en la región– constituye probablemente la amenaza más seria que puede ejercer Washington y supone un arma de doble filo, ya que implicaría un gasto logístico y temporal mucho más elevado que el actual. 

Por su parte, Israel ha logrado sus primeros avances en el sur del Líbano, tras recientemente abrir un nuevo frente en el conflicto.

Los mercados interpretan el rechazo iraní como un paso más dentro de la escenificación que podría desembocar en un acuerdo en el corto plazo. Por ello, las caídas en los activos de riesgo han sido limitadas –el S&P 500 solo retrocede alrededor de un -5,5% desde máximos–. Las informaciones sobre una posible reapertura parcial del estrecho también han sido bien recibidas, especialmente en un contexto en el que la maniobra mafiosa de Irán podría ser asumida por las refinerías asiáticas, deseosas de crudo, con las referencias de precios árabes de crudo cayendo entre un -20% y un -30% desde máximos.

En este entorno, los hechos pesan más que las declaraciones. Aunque hay señales de acercamiento, la posibilidad de una invasión terrestre estadounidense aumenta ante un Irán que continúa resistiéndose. Los mercados centran su optimismo en la potencial reapertura del estrecho –a pesar de los potenciales costes– y en la ausencia de nuevos ataques relevantes contra infraestructuras energéticas en los últimos días. El marco negociador sigue siendo complejo, pero cada vez abundan los indicios de que el tiempo se agota para ambas partes. 

El Parlamento de Irán está elaborando un proyecto de ley destinado a imponer un peaje obligatorio a los buques que soliciten un paso seguro a través del estrecho de Ormuz. Según la agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, la propuesta se ultimará la próxima semana y otorgará reconocimiento legal a la supervisión que Irán ejerce sobre esta estratégica vía marítima. Aunque la legislación aún no se ha aprobado, diversos operadores marítimos han informado de que ya se está aplicando un peaje informal que puede alcanzar los dos millones$ por buque. Para procesar la solicitud de tránsito, las autoridades iraníes exigen a los armadores información detallada sobre la tripulación, la carga y el itinerario.

A primera vista, el pago de un peaje podría recordar al aplicado en infraestructuras como el Canal de Suez o el Canal de Panamá, donde las tarifas responden a la necesidad de cubrir los enormes costes de construcción, operación y mantenimiento de canales que requieren un trabajo diario de ingeniería, dragado, sistemas de esclusas, personal técnico y servicios de pilotaje. En el caso de Irán, sin embargo, los legisladores justifican el cobro del peaje no por el mantenimiento de una infraestructura –el estrecho es una vía natural–, sino por la mera prestación de seguridad. 

Además, Irán distribuyó una carta en la que afirma permitir el tránsito seguro de aquellos buques considerados “no hostiles”. El Ministerio de Asuntos Exteriores definió esta categoría como naves que “ni participan ni apoyan actos de agresión contra Irán” y que no pertenezcan a Estados Unidos o Israel. 

The Trader: cuidado con la percepción de que todo está bajo control

"La estabilidad es inestable", recuerda Nicolai Tangen, el gestor del mayor fondo soberano del planeta, el de Noruega. Y no es una reflexión teórica. Es una advertencia directa. Hablamos de un fondo de más de 2 billones$, que posee alrededor del 1,5% de todas las acciones cotizadas del mundo. "No es un actor más del mercado. Es el mercado. Y precisamente por eso, cuando este tipo de inversor empieza a plantear escenarios extremos, conviene prestar atención", subraya el analista Pablo Gil en The Trader.

Lo más interesante no es tanto lo que está pasando hoy, sino lo que temen que pueda pasar. Tras su reciente visita a Oriente Medio (justo antes de que estallara el conflicto con Irán), el equipo del fondo ha empezado a trabajar con dos grandes riesgos que, combinados, son potencialmente explosivos:

  • El primero es el regreso de la inflación: No una inflación moderada, sino una derivada de un shock energético. Si el Estrecho de Ormuz se ve afectado y el petróleo se mantiene estructuralmente por encima de los 100 dólares, el impacto sería inmediato: encarecimiento de costes, tensiones en cadenas de suministro y presión directa sobre los bancos centrales.
  • El segundo es aún más estructural: la fragmentación geopolítica. Un mundo que se divide en bloques, donde el comercio se reduce, la eficiencia cae y el crecimiento se resiente. Y aquí entra un factor clave: las políticas de EEUU, que están tensando las relaciones con sus propios aliados en un contexto ya de por sí delicado.

Lo relevante no es solo el diagnóstico, sino la magnitud de lo que manejan en sus escenarios. Según sus propios stress test, un entorno de ruptura comercial y menor crecimiento podría provocar una caída cercana al 50% en su cartera de renta variable y más de un 35% en el valor total del fondo. El inversor más grande del mundo está contemplando escenarios donde prácticamente se destruye la mitad del valor de las Bolsas.

Pero no solo están preocupados por la geopolítica. También lo están por el mercado tecnológico. Tangen reconoce ser un firme creyente en la inteligencia artificial, pero al mismo tiempo advierte de algo que muchos prefieren ignorar: las valoraciones pueden haber ido demasiado lejos. Y en un escenario de corrección, el impacto sería brutal. Sus propios cálculos apuntan a que una caída del sector tecnológico podría borrar más de la mitad del valor de su cartera de acciones.

Aquí es donde encajan dos ideas que el mercado tiende a separar… pero que en realidad están profundamente conectadas: Complacencia geopolítica + complacencia tecnológica. Si ambas fallan al mismo tiempo, el ajuste podría ser mucho más violento de lo que la mayoría anticipa. Y mientras tanto, los mercados siguen relativamente tranquilos. Lo que encaja perfectamente con una de las reflexiones más conocidas de Hyman Minsky, “largos periodos de estabilidad generan una falsa sensación de seguridad… que acaba desembocando en crisis”. "Es exactamente el punto en el que podríamos estar ahora", avisa Pablo Gil.

Lo más peligroso de este entorno no es el riesgo en sí, sino la percepción de que todo está bajo control. Cuando el mayor fondo del mundo empieza a preparar escenarios de caída del 40% o 50%, no significa que vayan a ocurrir mañana. Pero sí indica que el sistema es mucho más frágil de lo que parece. Y, sobre todo lanza un mensaje muy claro: el mercado sigue confiando en un escenario de normalidad… en un mundo que cada vez se parece menos a uno normal. Y como nos recuerda Tangen, “la estabilidad no desaparece de golpe. Primero se cuestiona. Luego se erosiona. Y cuando queremos reaccionar… ya es demasiado tarde”.

Capacidad productiva dañada

Durante semanas, el mercado ha estado centrado en un riesgo muy concreto: el posible bloqueo del Estrecho de Ormuz. Un cuello de botella por el que transita cerca de una cuarta parte del petróleo mundial y una parte muy relevante del gas natural licuado. Ese era el gran temor inicial. Un shock logístico. En ese primer escenario, el problema no era que faltara petróleo, sino que no pudiera llegar a su destino, una disrupción temporal del flujo. El mercado reacciona con subidas de precio, sí, pero impulsadas principalmente por la prima de riesgo geopolítico. En el fondo, los barriles siguen existiendo. La oferta global no desaparece, simplemente se retrasa o se encarece su transporte.

Pero lo que estamos viendo ahora es cualitativamente distinto.Los ataques sobre infraestructuras energéticas en Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Kuwait cambian completamente el tablero. Ya no hablamos de rutas bloqueadas, sino de capacidad productiva dañada. Y eso es otra historia. El ataque al complejo de Ras Laffan en Qatar (el mayor centro mundial de gas natural licuado) es especialmente relevante. Parte de sus instalaciones, responsables de un porcentaje significativo de las exportaciones globales de LNG, han quedado fuera de juego y podrían tardar entre dos y tres años en recuperarse completamente. No estamos ante una interrupción puntual, sino ante una pérdida estructural de oferta. A esto se suman incendios en refinerías, paradas en instalaciones clave y amenazas sobre puertos estratégicos como Yanbu en Arabia Saudí, que se ha convertido en una vía crítica de exportación ante las tensiones en Ormuz. 

El riesgo ya no es solo que el petróleo no circule… es que directamente haya menos petróleo y menos gas disponible. Y aquí es donde el mercado entra en una segunda fase mucho más peligrosa. A comienzos de año, muchos análisis apuntaban a un escenario de sobreoferta de alrededor de 3 millones de barriles diarios. Un contexto cómodo, con capacidad suficiente para absorber shocks y mantener los precios relativamente contenidos. Hoy, ese escenario ha saltado por los aires.

Si la destrucción de infraestructuras continúa, podríamos pasar rápidamente a un déficit estructural. No un desequilibrio puntual, sino una situación en la que la oferta global no es capaz de cubrir una demanda que sigue siendo sólida. En ese contexto, el precio deja de subir por miedo… y empieza a subir por necesidad.Y eso lo cambia todo. Porque una cosa es un petróleo caro por tensión geopolítica (que puede revertirse rápidamente si baja la escalada bélica) y otra muy distinta es un petróleo caro porque, simplemente, no hay suficiente. En este segundo caso, los precios no corrigen fácilmente. Se quedan altos durante más tiempo y generan efectos de segunda ronda en toda la economía: inflación persistente, presión sobre márgenes empresariales y un nuevo problema para los bancos centrales.

El mercado energético podría estar dejando de ser un mercado de flujos para convertirse en un mercado de escasez. Y eso es exactamente lo que convierte esta fase del conflicto en algo mucho más serio. Este tipo de cambios no son lineales ni inmediatos en su impacto, pero sí profundamente persistentes. El mercado siempre tiende a infravalorar los shocks de oferta estructurales, porque está acostumbrado a pensar en términos de ciclos, no de rupturas. Y lo que estamos empezando a ver se parece más a una ruptura que a un simple episodio de volatilidad.

Si esta dinámica se consolida, el problema ya no será solo energético. Será macroeconómico. Un petróleo estructuralmente caro actúa como un impuesto global: reduce el crecimiento, presiona la inflación y deja a los bancos centrales atrapados en un entorno donde cada decisión tiene un coste elevado. Bajar tipos puede alimentar aún más la inflación; mantenerlos altos puede agravar la desaceleración.

Además, está la complacencia con la que muchos mercados han venido descontando un escenario de normalización económica en 2026. Esa narrativa (basada en la idea de inflación controlada y crecimiento moderado) encaja mal con un shock de oferta energética de esta magnitud.

"Estamos entrando en una fase donde la energía vuelve a ocupar un papel central en la economía global. Y cuando eso ocurre, la volatilidad deja de ser un episodio puntual para convertirse en el nuevo entorno base. De modo que la pregunta ya no es si el petróleo y el gas pueden subir más… sino cuánto tiempo pueden mantenerse en niveles elevados. Y esa es una pregunta que debería estar planteándose el inversor en este momento", avisa Pablo Gil.

Los escenarios del BCE

Por su parte, el escenario base del BCE parte de una hipótesis relativamente benigna dentro de lo malo. Asume que el petróleo rondará un pico cercano a 90$ por barril y el gas unos 50€ por MWh en el segundo trimestre de 2026, para después ir moderándose. Incluso bajo esa visión relativamente contenida, la inflación de la Eurozona subiría al 2,6% en 2026, el crecimiento del PIB se frenaría al 0,9%, y la tasa de paro se movería alrededor del 6,3%. Además, el propio BCE ha revisado al alza el coste de financiación esperado: el euríbor a tres meses pasa a una media del 2,3% en 2026 y del 2,6% en 2027 y 2028, mientras la rentabilidad del bono público a diez años en la eurozona se sitúa en el 3,3% en 2026, 3,5% en 2027 y 3,7% en 2028. Es decir, incluso en el caso “central” o “Línea de base”, la energía aprieta, el crecimiento afloja y la financiación se encarece levemente. 

Pero lo realmente importante del informe no está en el escenario base, sino en los escenarios alternativos. En el adverso, el BCE contempla una interrupción del 40% de los flujos de petróleo y GNL que atraviesan Ormuz durante el segundo trimestre de 2026. Ahí el barril subiría hasta 119€ y el gas europeo hasta 87€ por MWh. El resultado sería una inflación del 3,5% en 2026, un crecimiento del PIB de solo el 0,6% y una economía claramente más debilitada, aunque con cierta normalización posterior. En el escenario grave, el shock sería mucho más persistente: petróleo en 145$, gas en 106€ por MWh, crecimiento del 0,4% en 2026 y del 0,9% en 2027, e inflación disparada al 4,4% en 2026 y al 4,8% en 2027. Ahí ya no hablamos solo de un susto inflacionista, sino de una forma de estanflación en toda regla.El problema para el BCE es que sus herramientas monetarias sirven de poco cuando la inflación viene de un shock de oferta. 

Subir tipos puede frenar los efectos de segunda ronda, contener salarios y evitar que la inflación energética se contagie al resto de precios, pero también corre el riesgo de agravar la desaceleración económica. Bajar tipos para apoyar la actividad económica sería todavía más delicado si el petróleo y el gas siguen marcando el ritmo de los precios, ya que aceleraría el problema de la inflación.

Por eso el mensaje del BCE fue tan prudente: no se compromete con ninguna senda de tipos y se reserva la posibilidad de usar todos sus instrumentos si fuera necesario. Incluso recordó que el TPI (Instrumento de Protección de la Transmisión) sigue disponible para evitar tensiones desordenadas en los mercados de deuda soberana y proteger la transmisión de la política monetaria.

Aun así, el informe deja una matización muy relevante: en sus escenarios adverso y grave no incorpora ninguna reacción adicional de política monetaria o fiscal respecto al escenario base. Eso significa que las cifras más duras son, en cierto modo, una fotografía del daño si los gobiernos y el BCE no compensan el golpe. 

Y ahí entra la segunda pata del problema: la política fiscal. El BCE reconoce que los gobiernos podrían responder con ayudas temporales, rebajas fiscales en la electricidad o medidas para amortiguar el precio energético, como ya ocurrió en 2022 y como hemos comenzado a ver ya. Pero también advierte de que el margen no es amplio. El déficit público de la Eurozona subiría al 3,4% del PIB en 2026 y al 3,6% en 2027 y 2028, mientras la deuda pública agregada seguiría aumentando hasta el 89,5% del PIB en 2028. Eso obliga a que cualquier apoyo sea muy quirúrgico: temporal, selectivo y bien enfocado.

Además, aunque el BCE no publica una trayectoria distinta de tipos oficiales para cada escenario, sí deja claro que el coste de financiación de mercado empeoraría. En el escenario grave, los diferenciales de crédito subirían en el pico unos 70 puntos básicos (pb) para los bancos y 35 para las empresas, mientras las cotizaciones bursátiles caerían en torno a un 10% para la banca y un 7% para las compañías no financieras. Es decir, incluso aunque el BCE no mueva los tipos de referencia de forma inmediata, el endurecimiento financiero llegaría igualmente por la vía de diferenciales más altos, menor apetito por el riesgo y peores condiciones de crédito.

En medio de todo esto, Europa vuelve a descubrir que su gran fragilidad estratégica no es solo militar ni industrial, sino energética. Y cuando la energía se encarece de forma persistente, todo se complica a la vez: sube la inflación, cae el crecimiento, empeoran las cuentas públicas y el banco central se queda atrapado entre dos fuegos. La política monetaria puede ganar tiempo y la política fiscal puede amortiguar el golpe, pero ninguna de las dos arregla el problema de fondo. Si Europa no reduce de verdad su exposición a shocks externos en gas, petróleo y cadenas de suministro, seguirá siendo una economía demasiado vulnerable, obligada a reaccionar siempre a la defensiva cada vez que el mundo se incendia.

Una guerra de resistencia

Hay guerras que se libran con misiles, portaaviones y tecnología de última generación. Y hay otras que se libran en un terreno mucho más incómodo: el de la resistencia, el desgaste y la psicología colectiva. El conflicto actual en torno al Estrecho de Ormuz pertenece claramente a esta segunda categoría.

A simple vista, EEUU dispone de una superioridad militar abrumadora. Irán, en comparación, es una potencia regional con muchas más limitaciones. Pero no es una guerra convencional. Es una guerra de objetivos distintos. Para EEUU, ganar significa algo muy concreto: garantizar la libre circulación por el Estrecho de Ormuz. Es un objetivo binario. O se consigue, o no se consigue. Y si no se consigue, la percepción global será clara: ha perdido.

Para Irán, en cambio, el objetivo es completamente diferente. No necesita ganar en términos clásicos. Le basta con algo mucho más modesto —y al mismo tiempo mucho más difícil de combatir—: demostrar que no puede ser derrotado. Que tiene la capacidad de generar suficiente daño, suficiente inestabilidad y suficiente coste como para que el adversario se plantee si merece la pena seguir.

Ahí es donde cambia completamente el marco del conflicto. Irán no compite en fuerza. Compite en resistencia. Su estrategia pasa por alargar el conflicto, elevar progresivamente el coste y llevar la situación a un punto en el que la ecuación deje de ser militar y pase a ser política. Porque en una democracia, el límite no lo marca el ejército… lo marca la sociedad.

Y en ese terreno, en el político y psicológico, ha aparecido un nuevo factor que añade aún más incertidumbre: la forma de negociar de Donald Trump. En cuestión de horas hemos pasado de un ultimátum explícito (“tenéis 48 horas o destruiremos vuestras infraestructuras clave”) a un giro completo en el mensaje, hablando de negociaciones abiertas y ampliando los plazos a cinco días. Todo ello mientras desde Irán se niega que exista cualquier tipo de diálogo real.

Este tipo de movimientos no son anecdóticos. Forman parte de una estrategia de presión extrema, basada en la imprevisibilidad. El problema es que esa misma imprevisibilidad, que busca descolocar al adversario, también descoloca a los mercados. Y la reacción ha sido inmediata: volatilidad, caídas, rebotes, cambios bruscos en expectativas. Porque cuando el principal actor del conflicto cambia el mensaje en cuestión de horas, el mercado deja de intentar anticipar… y pasa a reaccionar.

Aquí es donde la guerra vuelve a cruzarse con la economía. Un conflicto largo no se mide solo en términos militares, sino en desgaste social y financiero. Subidas del precio de la energía, impacto en la economía, incertidumbre en los mercados, fatiga del electorado, presión política interna… todo eso acaba pesando más que cualquier victoria táctica sobre el terreno. Por eso, el verdadero campo de batalla no está solo en el Estrecho de Ormuz. Está en la paciencia de las sociedades… y ahora también en la estabilidad de los mercados.

Si el conflicto se alarga lo suficiente y el coste sigue aumentando, EEUU puede verse obligado a reducir su implicación o a buscar una salida que no necesariamente implique una victoria clara. Y en ese momento, el mensaje para el resto del mundo sería demoledor: incluso la mayor potencia del planeta tiene límites. Y eso tiene consecuencias que van mucho más allá de Oriente Próximo. Porque en geopolítica, la percepción lo es todo. Los aliados observan. Los rivales también. Y los flujos de capital, las decisiones estratégicas y los equilibrios de poder empiezan a ajustarse en función de quién demuestra fortaleza… y quién muestra debilidad. En este contexto, el control del Estrecho de Ormuz no es solo una cuestión energética. Es una prueba de credibilidad global.

"La historia está llena de episodios en los que una potencia dominante pierde influencia no por una derrota total, sino por no ser capaz de imponer su voluntad en un punto crítico. No hace falta perder una guerra completa. A veces basta con no poder ganarla de forma clara", advierte Pablo Gil. Parafraseando a Ray Dalio, “cuando una potencia dominante muestra que no puede controlar un punto clave del sistema (ya sea una ruta comercial, una región estratégica o un conflicto relevante), lo que está en juego no es solo ese episodio concreto. Es la confianza en todo el orden que ha construido”. Y hoy, además, hay un matiz adicional que no conviene ignorar: cuando la estrategia se basa en la presión y la imprevisibilidad, no solo se tensiona al adversario… también se tensiona al propio sistema. Porque el poder no se mide solo por la capacidad de actuar, sino por la credibilidad de que puedes hacerlo de forma coherente y sostenida en el tiempo. Y cuando esa credibilidad se vuelve errática, el mundo no solo duda… empieza a protegerse. Y ahí es donde, casi sin darnos cuenta, se siembran las primeras grietas de cualquier hegemonía.

UBS: visión positiva sobre la renta variable de emergentes

El UBS CIO Daily insiste en evitar la tentación de intentar anticipar el mercado: "puede resultar atractivo en periodos de alta volatilidad. Sin embargo, creemos que este enfoque puede perjudicar el crecimiento del patrimonio a largo plazo. Consideramos que mantenerse invertido con una cartera bien diversificada puede ayudar a los inversores a gestionar la incertidumbre. El market timing requiere mucho tiempo y recursos. Los mejores días suelen venir después de los peores, y perdérselos pone en riesgo la rentabilidad. La toma de decisiones emocionales también puede afectar negativamente al rendimiento".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: "Si bien los conflictos geopolíticos y la volatilidad del mercado pueden tentar a los inversores a intentar anticipar sus entradas y salidas del mercado, la historia y las estadísticas demuestran que este enfoque está lleno de riesgos. Seguimos creyendo que mantenerse invertido con una cartera bien diversificada es la mejor manera de captar el crecimiento del mercado a largo plazo, y los inversores pueden considerar el oro, los bonos de calidad, las estrategias de preservación de capital y los hedge funds como coberturas y elementos diversificadores de la cartera”. 

Renta variable de mercados emergentes: "Mantenemos una calificación de Atractiva para la renta variable de mercados emergentes dentro de nuestras preferencias globales. A pesar de la reciente volatilidad derivada de las tensiones geopolíticas y el aumento de los precios del petróleo, mantenemos una visión constructiva sobre la renta variable de mercados emergentes, respaldada por unos fundamentales resilientes y por su exposición a tendencias estructurales de crecimiento como la IA y la demanda de memoria”, señalan Laura Smith, analista, y Alejo Czerwonko, director de inversiones de Mercados Emergentes Américas.

EEUU: La incertidumbre por los conflictos prolongará la pausa de la Fed hasta el tercer trimestre
“Ahora esperamos que el próximo recorte de tipos de la Fed se produzca en septiembre, seguido de un segundo recorte en diciembre, lo que situaría el tipo de interés en torno al 3,00%-3,25% a finales de año, cerca de niveles neutrales”, opina Andrew Dubinsky, economista.

“Nuestra estrategia preferida para la plata se mantiene sin cambios: favorecemos vender riesgos a la baja del precio para obtener rendimiento adicional durante los próximos tres meses”, aportan Wayne Gordon, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de divisas y materias primas. Sobre el cobre, "mantenemos una visión positiva a largo plazo, pero esperamos mayor claridad sobre la evolución en Oriente Medio; a corto plazo, preferimos monetizar el riesgo a la baja en torno a 11.250$ por tonelada métrica para mejorar el rendimiento durante los próximos seis meses”.

Swisscanto: el único sector con ganancias en Bolsa es el energético

René Nicolodi, responsable de Renta Variable de Zürcher Kantonalbank, gestora de los fondos Swisscanto, resalta que la renta variable afronta el arranque del segundo trimestre de 2026 condicionada por la incertidumbre geopolítica, el shock energético derivado del cierre del Estrecho de Ormuz, y una redefinición de las dinámicas de mercado.

La situación continúa siendo altamente volátil y se prevé que las rápidas fluctuaciones del mercado persistan hasta que se alcance un acuerdo formal y estable entre las partes implicadas.
En este contexto, la prima de riesgo de la renta variable estadounidense ha aumentado hasta el 3,6%, en paralelo con niveles muy elevados del Índice de Incertidumbre de Política Económica de EEUU. Se espera que el 'riesgo de titulares' impulse movimientos en las valoraciones, dado que el sentimiento del mercado está siendo más influenciado por el flujo de noticias que por acontecimientos concretos.

Swisscanto maneja un escenario base que contempla una resolución relativamente rápida del conflicto en Oriente Medio. Esta perspectiva está respaldada por el interés de EEUU en limitar sus consecuencias económicas y políticas antes de las elecciones de mitad de mandato. No obstante, su resolución no depende exclusivamente de este país. no puede descartarse en este momento la posibilidad de una escalada repentina, como el despliegue de fuerzas militares estadounidenses sobre el terreno, lo que podría provocar represalias militares por parte de Irán.

Desde el punto de vista del comportamiento inversor, por el momento, se sigue observando una relativa calma. La corrección en los mercados de renta variable ha sido bastante moderada en comparación con la magnitud del shock sobre el suministro energético global. El índice VIX ha repuntado, pero aún no ha alcanzado niveles por encima de 30 que hemos visto durante periodos recientes de estrés en los mercados. No obstante, un conflicto más prolongado, la ausencia de negociaciones o el bloqueo continuado del Estrecho de Ormuz podría agotar la paciencia de los inversores y desencadenar una reducción de riesgo más pronunciada.

Cuanto más tiempo permanezca cerrado el Estrecho de Ormuz, mayor será la disrupción en el suministro energético global. El precio del crudo Brent ha aumentado cerca de un 60% respecto a niveles previos al conflicto, superando los 100$ por barril. Un periodo prolongado de precios energéticos significativamente elevados podría tener efectos de gran alcance, como el aumento de las expectativas de inflación y el deterioro de las previsiones de crecimiento global. Estas eran relativamente optimistas al inicio del año a pesar de la incertidumbre derivada de las disrupciones en torno a la IA, el anuncio de nuevos aranceles comerciales y el aumento de las tasas de impago en el crédito privado. Si empezaran a materializarse unas menores expectativas de beneficios, la situación podría traducirse en ajustes adicionales en las valoraciones de renta variable.

El mercado ya ha reaccionado velozmente, con un ajuste del PER del S&P 500 desde 26,8 hasta 20,4 en apenas tres semanas, aunque la valoración media a 20 años se sitúa en 17,7 y está por encima del nivel actual.

Adicionalmente, se observa un mayor escrutinio en torno al mercado de crédito privado y sus actores. Este segmento ha experimentado un crecimiento extraordinario en los últimos años al expandirse en áreas no institucionales con soluciones semilíquidas, que empiezan a mostrar ahora signos de fragilidad, especialmente en aquellas vinculadas al software. Dada su opacidad y su interconexión con la economía real, las tensiones sobre el mercado del crédito privado podrían actuar como catalizadoras de una inestabilidad financiera generalizada.

A nivel regional, el mercado ha penalizado especialmente a aquellas áreas con mayor exposición energética a Oriente Medio. EEUU ha mostrado mayor resiliencia, beneficiándose además de su condición de exportador neto de petróleo y del flujo hacia activos refugio. Por el contrario, Europa y los mercados emergentes han sufrido un impacto más significativo.

A corto plazo, la renta variable de mercados emergentes se ha visto más afectada por el conflicto en Oriente Medio debido a su mayor exposición a los mercados energéticos y a las posibles repercusiones económicas, incluyendo una postura monetaria más restrictiva, un dólar estadounidense más fuerte y el riesgo de un debilitamiento de las perspectivas de crecimiento global. Tras el inicio del conflicto, la región ha caído un 11%, [1]frente al -4% del S&P 500 y el -9% del Stoxx 600. Sin embargo, a pesar de la elevada volatilidad y la limitada visibilidad en torno a evolución de los conflictos geopolíticos, los expertos de Swisscanto mantienen una visión positiva sobre la renta variable de esta clase de activo.

En Europa, sectores defensivos han superado a los cíclicos en aproximadamente un 3% desde el inicio del conflicto. En EEUU, los sectores cíclicos han mantenido una mayor resiliencia en el S&P 500, aunque esta podría deteriorarse en favor de los defensivos si el conflicto se prolonga.

El conflicto en Oriente Medio ha revertido algunas de las rotaciones que estaban impulsando las rentabilidades desde el inicio del año. En primer lugar, el mejor comportamiento de las acciones value se detuvo en marzo. En segundo lugar, la tendencia se ha invertido para las small caps, que quedan rezagadas frente a las large caps en un 3% [2] en marzo, tras dos meses de fuerte rentabilidad. En tercer lugar, la reversión ha impulsado a las acciones de alta calidad, que a largo plazo muestran un rendimiento superior.

En este escenario, el único sector con rentabilidades positivas generalizadas ha sido el energético, mientras que el de materiales ha registrado caídas pronunciadas en todas las regiones.

Si bien deben considerarse reversiones repentinas debido al flujo de noticias geopolíticas en un entorno volátil, se considera adecuado un posicionamiento más defensivo, con exposición a consumo básico, utilities y salud. Una mayor asignación a compañías de calidad puede contribuir a reforzar la resiliencia de las carteras. Paralelamente, se mantiene intacto el papel de la inteligencia artificial como catalizador estructural de crecimiento. Los principales beneficiarios de este ciclo de inversión siguen siendo los semiconductores, las redes y los proveedores de infraestructuras de centros de datos, impulsados por el elevado nivel de gasto en capital de los grandes hiperescaladores.

Columbia Threadneedle: el conflicto refuerza la inversión en transición energética

Natalia Luna, Senior Investment Analyst, Sustainability Research en Columbia Threadneedle Investments destaca que el conflicto en Oriente Medio está causando una disrupción significativa en los mercados energéticos globales. El encarecimiento del petróleo y el gas vuelve a situar en primer plano la seguridad y la independencia energética, y está acelerando el respaldo político y la inversión en energías renovables y nuclear. Además, el impacto en los precios - especialmente en las economías de la UE y Asia, altamente dependientes de las importaciones de combustibles fósiles, a diferencia de Estados Unidos - refuerza la necesidad de reducir la exposición a estos combustibles y de impulsar la inversión en fuentes de energía limpia más competitivas en costes.

El conflicto refuerza la tesis de inversión en la transición energética, que abarca la generación doméstica no fósil, como las energías renovables y la nuclear, junto con iniciativas de eficiencia energética y electrificación que reducen estructuralmente la demanda total de energía. El aumento de los precios de la energía también plantea preocupaciones en torno a la asequibilidad, lo que podría dar lugar a compromisos políticos a corto plazo y ajustes en la regulación climática y los marcos normativos. En particular, la UE está considerando reformas en su mercado de carbono, incluidas propuestas para prolongar la asignación gratuita de derechos más allá de 2035 y para crear un fondo de descarbonización industrial de 30.000 millones€, orientado a reducir los costes energéticos y a respaldar a las industrias intensivas en energía.

El conflicto también podría llevar a los responsables políticos a poner mayor énfasis en acelerar la inversión en infraestructuras de red, que representan un cuello de botella clave en la transición energética, y en facilitar un despliegue más rápido de la energía nuclear. "Seguimos esperando un aumento de la inversión en la transición energética con el impulso existente reforzado por las preocupaciones sobre la seguridad y la independencia energética derivadas del conflicto", recalca.

18Mar

Ibercaja Gestión, Banca March, Mediolanum y DWS ven excesivo un escenario de dos incrementos de los tipos por parte del Banco Central Europeo, pero avisan que todo dependerá de cuánto dure la guerra en Oriente Medio.

Miguel Ángel Valero

"Hacía mucho tiempo que no nos enfrentábamos a una reunión del BCE con tantas incertidumbres sobre la mesa. En el último mes hemos asistido a un cambio radical en el contexto internacional, que va a tener un efecto relevante sobre la evolución de los precios de las materias primas y, por tanto, sobre la economía europea, tanto en materia de crecimiento como de inflación", resalta Cristina Gavín, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión.

De esta manera, si hace apenas un mes el mercado daba por hecho que este año el tipo de intervención permanecería inalterado, la situación ha cambiado de forma radical. Las expectativas de inflación se ven hoy condicionadas por el impacto del conflicto bélico sobre los precios y llevan a los inversores a descontar que el BCE va a realizar una subida en el tipo de intervención de 25 puntos básicos (pb) antes de finales de verano. E incluso podríamos ver una segunda subida antes de fin de año. "A nosotros este escenario de dos subidas nos parece excesivo y nos quedaríamos tan solo en una", precisa.

Aunque en esta reunión no vamos a ver cambios en el tipo de intervención, serán especialmente interesantes las declaraciones de la presidenta Lagarde. Aunque hasta ahora su mensaje ha sido de cautela y no parece probable que vaya a hacer predicciones en el contexto de incertidumbre actual, será interesante analizar su discurso y tratar de intuir el grado de consenso que subyace en el seno del BCE.

Banca March: la subida prematura de tipos es una herramienta menos efectiva

"El BCE mantendrá tipos en el 2% y, aunque el mercado incluso ha comenzado a poner en precio una posible subida de tipos ya para julio, este escenario nos parece prematuro y exagerado dado que históricamente ante un shock de inflación por el lado de la oferta, la subida prematura de los tipos oficiales es una herramienta menos efectiva", señalan los analistas de Banca March.

Además, una decisión así podría suponer repetir situaciones que en el pasado castigaron la economía de la zona euro (el principal ejemplo fueron las subidas de tipos realizadas en 2008 y 2011, en ambas ocasiones motivadas por aumentos de los costes energéticos y que terminaron realizándose antes de llegada de la crisis financiera del 2009 y de la crisis de deuda pública). 

"En esta ocasión, esperamos un tono cauto del BCE en su mensaje que trate de contener tensiones y, además, será también relevante la publicación de sus nuevas previsiones económicas en las que podrán incluir escenarios dependiendo de los precios de la energía", añade.

Mediolanum: el BCE evitará repetir el error de 2022

Niall Scanlon, gestor de Carteras de Renta Fija en MIFL (Mediolanum International Funds), espera que el BCE mantenga los tipos de interés sin cambios en su reunión de marzo, en línea con las expectativas del mercado. Sin embargo, lo que parecía ser otra reunión relativamente “en un buen lugar” ha cobrado mayor relevancia tras los acontecimientos en Oriente Medio. Para los inversores en bonos de la zona euro, el foco principal estará en cómo el BCE equilibra los riesgos al alza de la inflación frente a los crecientes riesgos a la baja para el crecimiento.

La perspectiva de política del BCE en 2026 es considerablemente menos clara que en la reunión anterior. Los precios más altos del petróleo y el gas representan un riesgo al alza para la inflación en un momento en que el impulso del crecimiento ya es frágil. Como resultado, "esperamos que el BCE adopte un tono más firme en esta reunión, especialmente en lo que respecta a su vigilancia sobre las expectativas de inflación. Los comentarios recientes de los responsables del BCE sugieren que no dudarían en endurecer la política si las presiones de precios impulsadas por la energía comienzan a filtrarse de manera más persistente en las expectativas de inflación".

Esta reunión debería ofrecer una visión importante sobre la función de reacción del BCE y qué se requeriría para que se produzca un cambio en los tipos de interés este año. Se publicarán proyecciones macroeconómicas actualizadas, pero probablemente se hayan finalizado antes del reciente repunte de los precios de la energía. Por ello, "prestaremos especial atención a cualquier escenario alternativo o comentario sobre cómo el BCE ve el crecimiento y la inflación bajo diferentes supuestos de precios del petróleo, y si los precios más altos de la energía se consideran temporales o más persistentes".

"Esperamos que los tipos permanezcan sin cambios en marzo, con la presidenta Lagarde adoptando un tono más duro en la rueda de prensa. Esto probablemente se traduzca en una vigilancia verbal más que en una señal explícita de un movimiento inminente de tipos. El BCE ha declarado previamente que está dispuesto a 'mirar más allá' de las variaciones temporales de su objetivo de inflación, y esperamos que el mismo enfoque se aplique a cualquier exceso impulsado por la energía, siempre que se considere temporal. Sin embargo, el BCE también querrá evitar repetir el error de política de 2022, reaccionando demasiado tarde si la inflación resulta más persistente", argumenta.

Los mercados ya han reaccionado al mayor riesgo de inflación, con un fuerte ajuste de precios en el extremo corto de la curva. Con cerca de dos subidas de tipos del BCE ya descontadas por el mercado, es difícil que la reunión de marzo impulse significativamente los rendimientos en la parte corta de la curva. Nuestro caso base es que Lagarde no cuestionará la valoración actual del mercado. Sin embargo, si el BCE pone mayor énfasis en los riesgos a la baja para el crecimiento, o señala su disposición a mirar más allá de una inflación más alta por un periodo, existe margen para que los rendimientos retrocedan. "Nuestro escenario central sigue siendo que el BCE mantenga los tipos en 2% durante un periodo prolongado, aunque esto depende en gran medida de la duración y escalada del conflicto en Oriente Medio", recalca.

Ebury: los futuros anticipan subidas de 40 pb en 2026

Ebury prevé que su consejo de gobierno adoptará un tono prudente, pero con sesgo hawkish ante el aumento de riesgos de estanflación por el shock energético. “Aunque Lagarde insistirá en un mensaje de calma, algunos miembros ya apuntan a posibles subidas si persisten las presiones inflacionistas”, señalan los analistas de la fintech, que recuerdan que los mercados de swaps asignan ahora una probabilidad cercana al 70% a una subida en junio, con casi 40 puntos básicos descontados para finales de año. “Consideramos prematuro determinar con precisión la trayectoria de los tipos, pero aumenta la probabilidad de que el próximo movimiento sea al alza”, explican.

DWS: Tipos de interés sin cambios: ¿por cuánto tiempo?

"Tipos de interés sin cambios: ¿por cuánto tiempo?", se pregunta Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS. El BCE se enfrenta a una reunión difícil el próximo jueves. Se espera que mantenga el tipo de depósito en el 2% sin comprometerse previamente a una nueva trayectoria de los tipos de interés. Sin embargo, dados los recientes cambios geopolíticos, surge la cuestión de si la valoración del BCE de que se encuentra en una buena posición sigue siendo adecuada.

La cuestión crucial aquí es cuánto durará la guerra con Irán y cuánto tiempo provocará cambios significativos de los precios de la energía. Como no hay una respuesta sencilla, es aún más importante que la presidenta del BCE, Lagarde, asegure a los mercados que la inflación experimentada en 2022 y 2023 no se repetirá. En este contexto, las subidas de los tipos de interés son cada vez más probables, mientras que las bajadas están descartadas.

En un entorno de subida de los precios de la energía, los riesgos de inflación han aumentado significativamente, sobre todo teniendo en cuenta que el aumento del coste de la vida en los últimos años se ha asentado firmemente en la mente de los consumidores. Al fin y al cabo, han sido necesarios cinco años para recuperar prácticamente las pérdidas de salario real acumuladas desde el inicio de la pandemia.

El riesgo de una segunda oleada de efectos en la inflación ha aumentado, especialmente por la actual rigidez de los mercados laborales y el poder de las empresas para subir los precios. No obstante, no se espera que el BCE actúe con precipitación: se necesitaría algo más que unos datos de inflación débiles en marzo para desencadenar una respuesta de política monetaria.

"Seguimos esperando que el tipo de depósito se mantenga en el 2% en los próximos meses. Sin embargo, si fuera necesario, es probable que el BCE actúe con mayor rapidez que en 2022 para contrarrestar el aumento de esas expectativas de inflación", remarca.

13Mar

Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70 % de los estadounidenses están en contra de la guerra. Otros costes que asume EEUU son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre.

Miguel Ángel Valero

El conflicto en Oriente Medio continúa camino de su tercera semana y los ataques a buques civiles en el golfo Pérsico han eliminado el optimismo de los últimos días, presionando nuevamente los precios de la energía. No obstante, el objetivo del Gobierno estadounidense es amortiguar en la medida de lo posible el impacto energético. Con este fin, se han retirado temporalmente las restricciones a la compra de petróleo ruso, lo que permite desbloquear la llegada de petroleros –con crudo y derivados sancionados– que permanecían en aguas internacionales, generando así una nueva vía de suministro. 

Paralelamente, India mantiene conversaciones con Irán para autorizar el paso de una veintena de barcos cargados de crudo y gas por el Estrecho de Ormuz. Los ministros de Exteriores de ambos países siguen en contacto mientras el primer ministro Narendra Modi expresó que el tránsito sin obstáculos de bienes y energía es de “principal prioridad”. India, tercer mayor importador mundial de petróleo, depende del exterior para alrededor del 88% de su consumo de crudo, lo que la hace especialmente vulnerable a disrupciones energéticas. Además, India es destino del 13% de las exportaciones de crudo que pasan por el estrecho y del 17% de GNL. De hecho, se asegura que algunos navíos con pabellón indio han entrado al golfo Pérsico sin ser atacados.

Para aliviar la presión derivada del cierre de Ormuz, EEUU concedió a Nueva Delhi una exención temporal de 30 días (hasta el 11 de abril) que le permite adquirir petróleo ruso, una medida destinada a estabilizar los mercados. Esta decisión representa un giro tras meses de presión estadounidense para que India redujera sus compras de crudo ruso. Aun así, la Administración Trump insiste en que se trata de un arreglo puntual y espera que India incremente sus compras de petróleo estadounidense una vez superada la emergencia actual. 

Estas decisiones, sumadas a la liberación de reservas estratégicas, ofrecen cierto margen de maniobra a la Administración Trump. Sin embargo, los mercados vuelven a tensionarse, con nuevos descensos en el S&P 500 y en el resto de las Bolsas globales. Igualmente, los bonos de mayor duración retroceden ante el repunte de las expectativas de inflación y el aumento en las expectativas de tipos oficiales. Por tanto, a la presión mediática, electoral y política, ahora se suma también la del mundo financiero. 

Esta situación difícilmente podrá prolongarse en el tiempo, por lo que Trump buscará una salida en el corto plazo. Además, tampoco es necesario que el conflicto finalice: bastaría con que el estrecho mostrase una cierta apertura sostenida para que los precios de la energía se moderasen, como cuando por error el secretario de Energía, Chris Wright, publicó en redes sociales que un barco había logrado atravesar el estrecho, lo que provocó una caída del precio del petróleo intradía del 10%. 

Por otro lado, estas tensiones en los mercados de petróleo y gas aún no se han trasladado a los precios de la electricidad, a diferencia de lo ocurrido tras el conflicto generado por la invasión rusa de Ucrania. En Alemania, por ejemplo, el precio de la electricidad ayer alcanzó el tercer precio más bajo del año. Por tanto, hasta el momento, el impacto económico de las recientes presiones en los mercados energéticos sigue siendo limitado y cuenta con una solución inmediata: la reapertura del estrecho de Ormuz. Solo con que este punto crítico quede aislado del conflicto, el resto pasará a un segundo plano para la economía y los mercados. 

Aunque no es posible precisar cuándo ocurrirá, un hito temporal relevante será la reunión entre Trump y Xi Jinping a finales de mes. Las principales potencias mundiales tienen incentivos claros para presionar a Irán y este horizonte coincide con las previsiones de duración del conflicto que había adelantado inicialmente Trump (entre 4 y 5 semanas). 

Ibercaja Gestión: coste electoral muy elevado para Trump

"Las guerras siempre deben analizarse desde un punto de vista de coste y beneficio, incluso si es Trump el que las inicia", señala un análisis de Ibercaja Gestión. Los beneficios que busca obtener EEUU -e Israel- con la guerra son terminar con el desarrollo de armas nucleares y misiles de largo alcance de Irán. Para EEUU, que la inestable Irán sea una potencia nuclear supone una limitación en su dominio de Oriente Medio y, para Israel, una amenaza directa.

Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70 % de los estadounidenses están en contra de la guerra y el propio presidente prometió en campaña no adentrarse en ninguna. El coste electoral es un desincentivo claro, más teniendo en cuenta que en noviembre hay elecciones de medio mandato. Otros costes que asume EEUU son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre. Durante todo el mandato, Trump ha estado muy pendiente a los mercados y gran parte de sus decisiones geopolíticas -aranceles, Venezuela, Groenlandia y, ahora, Irán- se han llevado a cabo durante el fin de semana, con los mercados cerrados.

Lo trascendental para EEUU es asegurarse de que Irán no continúa con el desarrollo de armas nucleares. De conseguir eso, probablemente veamos una desescalada rápida. Irán no está en una posición de poder y con su líder supremo fuera de combate podría ceder. Por lo tanto, "prevemos un conflicto corto, que presumiblemente no se extenderá más allá de dos meses. A su vez, descartamos cualquier escenario de intervención terrestre por parte de EEUU y no creemos que la afectación a los mercados y cadenas de suministro sea excesiva".

"En los momentos de crisis es cuando se nota si hemos hecho bien los deberes. Primero, veremos si nuestras carteras están bien diversificadas y en el lugar correcto de riesgo en el que queríamos que estuvieran. Y segundo, tendremos que aplicar todos los conocimientos financieros que hemos ido adquiriendo con el tiempo, eso de que 'los momentos de volatilidad son momentos de oportunidad' y que 'la inversión hay que hacerla con un horizonte de largo'. Nuestra recomendación: seguir invertidos, seguir diversificando y dejarse asesorar por los especialistas", concluyen en Ibercaja Gestión.

GTA Villamagna: desajustes entre los costes de ejecución de un proyecto y el precio pactado

La evolución del conflicto en Irán y su posible extensión a otros países del Golfo Pérsico vuelve a situar en primer plano de la actualidad la estabilidad de los mercados energéticos y de materias primas. En un contexto global marcado por la interdependencia económica, cualquier tensión prolongada en la región puede trasladarse con rapidez a los costes de producción y transporte, con efectos directos en sectores especialmente sensibles como la construcción. En economías como la europea, con una elevada dependencia energética exterior, “este tipo de tensiones puede amplificar las presiones inflacionistas y repercutir en múltiples cadenas de valor”, subrayan los expertos de GTA Villamagna.

La industria de la construcción se encuentra entre las más expuestas a este tipo de escenarios, ya que la ejecución de proyectos depende directamente del coste de la energía, del transporte y de materiales intensivos en consumo energético. Mercedes Bértolo, socia de GTA Villamagna, señala que “cuando se producen disrupciones en los mercados energéticos o en las cadenas de suministro, el impactoacaba trasladándose con rapidez al precio de los materiales utilizados en obra. Lo vimos tras la pandemia del COVID-19 y el estallido de la guerra de Ucrania”. Los primeros en reflejar la volatilidad suelen ser los combustibles y productos derivados del petróleo, cuyo encarecimiento termina trasladándose a materiales clave como el acero, el aluminio o el cemento. A ello se suman los costes logísticos necesarios para su transporte, lo que termina impactando en los presupuestos de los proyectos.

“Si el conflicto se prolonga, el principal impacto a corto plazo será un aumento de los precios de la energía y, en cadena, de los costes del transporte y de determinadas materias primas”, lo que introduce “un importante factor de incertidumbre en la planificación económica de los proyectos”.

La consecuencia inmediata puede ser un desajuste entre los costes reales de ejecución de una obra y los precios pactados en el contrato. Cuando los incrementos son significativos e imprevistos, el equilibrio económico del contrato puede verse alterado, especialmente en proyectos de larga duración. Para los contratistas, el principal riesgo es la reducción o desaparición de sus márgenes si los sobrecostes no pueden trasladarse al contrato, mientras que, para los promotores, el impacto suele traducirse en retrasos en la ejecución, solicitudes de revisión de precioso renegociaciones que elevan el coste final del proyecto.

“Cuando se producen incrementos sustanciales en el coste de la energía, el transporte o determinadas materias primas, el equilibrio económico del contrato se altera”, explica Bértolo. “Esto obliga a analizar los mecanismos previstos en el contrato o, en su defecto, a abrir procesos de renegociación para evitar que el proyecto se vuelva económicamente inviable”.

Desde el punto de vista jurídico, el sector cuenta con distintos instrumentos contractuales para afrontar estas situaciones. Entre ellos, en contratos de obra a precio cerrado, destacan las cláusulas de revisión de precios o los sistemas de indexación vinculados a índices de energía o materiales, que permiten ajustar el precio cuando se producen variaciones significativas de los costes. Cuando el contrato no prevé estos mecanismos, es frecuente que las partes negocien adendas para revisar el precio del contrato. 

En cambio, la invocación de la doctrina de la cláusula 'rebus sic stantibus' suele tener un alcance limitado, ya que los tribunales consideran que las oscilaciones del mercado forman parte del riesgo empresarial. “En la práctica, la respuesta suele encontrarse antes en el propio contrato y en la negociación entre las partes que en la invocación judicial de esta doctrina”, señala la socia de GTA Villamagna.

Ante este escenario, las empresas refuerzan el análisis de riesgos en la formalización de contratos y prestan más atención al sistema de determinación del precio y, dentro del sistema de precio cerrado, a cláusulas que regulen incrementos extraordinarios de costes. La tendencia apunta a mecanismos de revisión de precios más precisos, vinculados a índices que reflejen adecuadamente la evolución de los insumos, y a procedimientos que faciliten la renegociación o la resolución temprana de controversias.

“En proyectos de larga duración a precio cerrado, las cláusulas de revisión de precios o indexación cumplen una función clave para preservar el equilibrio económico del contrato, ya que permiten ajustar el precio pactado cuando cambian sustancialmente determinados costes, reduciendo la exposición de las partes a la volatilidad de los mercados”, concluye Mercedes Bértolo.

Oliver Wyman: El fin de las tensiones no significará un retorno inmediato a la normalidad.

Las tensiones en Oriente Medio están generando un impacto en las cadenas de suministro globales que va mucho más allá del petróleo, avisa un informe de Oliver Wyman: la interrupción del Estrecho de Ormuz, por el que transita el 20% del petróleo y gas mundial, está provocando alzas de precios que oscilan entre el 25% en crudo hasta el 58% en combustible de aviación, con efectos que se extienden a fertilizantes, polímeros, metales y gases industriales críticos para sectores que van desde la alimentación hasta los semiconductores.

El informe identifica tres canales principales: energía, materias primas industriales críticas y transporte Asia-Europa. Los efectos ya son visibles en forma de mayores costes de componentes, plazos de entrega más largos, presión sobre el capital de trabajo, erosión de márgenes y riesgo real de escaseces de suministro. 

El primer impacto visible ha sido el choque energético. Entre el 27 de febrero y el 11 de marzo, el Brent subió un 25%, pasando de 73 a 91$ por barril tras alcanzar picos temporales por encima de los 100$. Los contratos futuros del gas europeo aumentaron un 56%, de 32 a 50€ por megavatio-hora, con picos superiores a 60 EUR/MWh. El mayor impacto se registró en el combustible de aviación, que se disparó un 58%, alcanzando los 157$por barril en promedio semanal, frente a los 99$ de finales de febrero.

Este aumento se está convirtiendo en un motor de inflación generalizada, con efectos sobre toda la estructura de costes industriales y de transporte, tal como ocurrió durante el shock energético de 2021-22. El impacto va más allá de la energía y alcanza materias primas que están al inicio de cadenas de suministro globales. La región del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) es exportador principal de insumos que han registrado alzas significativas. En el sector agrícola, el precio de la urea, producto crítico para los sistemas alimentarios globales, subió más del 26% tras el cierre de la mayor planta de Qatar, pasando de 466 a 585$ por tonelada. Los fertilizantes de fosfato, con Arabia Saudí controlando el 20% del comercio global, aumentaron un 4%. Estas subidas amenazan directamente los rendimientos de cultivos y los precios finales de los alimentos.

En manufactura, los polímeros críticos para empaquetados, automoción y construcción registraron subidas del 15% en polietileno y del 16% en polipropileno. El aluminio primario subió un 9%, pasando de 3.147 a 3.440$ por tonelada, con especial relevancia para Europa, que depende de la región para el 20% de sus importaciones.

El caso más crítico es el del helio, gas industrial utilizado en sistemas de resonancia magnética, semiconductores, fibra óptica y aplicaciones científicas. Tras el cierre del complejo Ras Laffan en Qatar, que suministra el 30% de la oferta mundial, los precios subieron un 35%.

El impacto sobre el transporte Asia-Europa añade presión adicional. Las principales navieras han suspendido cruces por el Estrecho de Ormuz y están desviando tráfico, lo que añade entre 8 y 15 días a los tiempos de tránsito. CMA CGM introdujo recargos de emergencia de hasta 4.000$ por contenedor refrigerado y sobrecargos de combustible que equivalen a incrementos del 11% al 14% sobre tarifas base. El mercado de seguros marítimos refleja la escalada de riesgo: las tarifas pasaron del 0,25% al 1,25% del valor del casco en menos de una semana. Tras la cancelación de coberturas de riesgo de guerra, la mayoría de las navieras dejaron de aceptar nuevas reservas desde y hacia Oriente Medio.

En transporte aéreo, el aeropuerto de Dubái cerró y solo había reanudado parcialmente operaciones el 7 de marzo. Las restricciones de capacidad, retrasos y cancelaciones continúan en corredores aéreos de Lejano Oriente-Europa y Asia-Oriente Medio.

El fin de las tensiones no significará un retorno inmediato a la normalidad. Las crisis pasadas demuestran que la disrupción comercial suele tardar entre días y semanas en deshacerse. La normalización dependerá del tiempo necesario para restaurar la cobertura de riesgo, reposicionar buques y despejar retrasos acumulados. Los mercados energéticos pueden estabilizarse más rápido que algunas cadenas de suministro físicas, pero los efectos en cadena sobre fertilizantes, químicos, polímeros, metales y helio podrían continuar durante semanas a través de inventarios, contratos y planes de producción. Para las empresas, esto significa un período prolongado de costes elevados y volatilidad en tiempos de entrega, con impacto directo sobre márgenes y flujo de caja.

El informe apunta que la prioridad para los equipos de liderazgo no es predecir la trayectoria geopolítica sino cuantificar rápidamente la exposición real. Las compañías deben identificar dónde dependen de una única fuente, tienen inventarios escasos o están expuestas contractualmente, y actuar antes de que la disrupción llegue a los resultados trimestrales.

Robeco

Richard Briggs (Portfolio Manager) y Meena Santosh (Client Portfolio Manager)de Robeco, colocan el foco en los mercados emergentes. El fuerte aumento de los precios del petróleo tras la escalada del conflicto en Oriente Medio ha seguido pesando sobre los mercados locales, aunque los de divisas han mostrado mayor resiliencia que en periodos anteriores de volatilidad. La liberación de aproximadamente 400 millones de barriles de reservas estratégicas por parte de la Agencia Internacional de la Energía ayudó a aliviar parte de la presión inmediata, pero los precios de la energía siguen siendo elevados. Los mayores costes energéticos han sido especialmente desafiantes para los países importadores de petróleo, provocando una venta inicial de deuda local de mercados emergentes, aunque aproximadamente la mitad de ese movimiento se ha revertido desde entonces a medida que los mercados se estabilizaron.

Las regiones más afectadas han sido las economías importadoras de energía, particularmente en Europa Central y Oriental (CEE). Para estos países, el mayor desafío es el gas más que el petróleo, ya que es significativamente más difícil de sustituir si el shock persiste. El gas es más difícil de sustituir, y las restricciones de suministro —especialmente en torno a las entregas de GNL de Qatar— significan que Asia podría enfrentarse a escasez si el estrecho permanece efectivamente bloqueado, y CEE por extensión a través de la búsqueda de exportaciones de gas spot. América Latina parece algo más aislada dado el mayor equilibrio energético de la región. "De cara al futuro, estamos monitorizando de cerca la fuerte caída del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz y los riesgos inflacionarios más amplios asociados con precios del petróleo persistentemente más altos", señalan.

Desde la perspectiva de la cartera, "inicialmente adoptamos una posición larga en dólares a medida que el conflicto se intensificaba y aumentaba la aversión global al riesgo. A medida que las condiciones comenzaron a estabilizarse, revertimos ese posicionamiento y añadimos riesgo de forma selectiva, comprando en algunos de los mercados más afectados. Desde entonces hemos vuelto a una exposición larga en deuda local de Egipto tras una fuerte venta en el spot FX, aunque en menor tamaño. También añadimos tipos de interés turcos, donde la mayor volatilidad ha creado puntos de entrada más atractivos. Hemos comenzado a volver a añadir tipos en CEE donde la venta ha sido severa", explican.

"En FX, seguimos siendo constructivos sobre las divisas de emergentes, centrándonos en nombres de mayor beta y exportadores de materias primas. Aunque estas divisas se depreciaron durante el shock inicial, deberían mantenerse relativamente resilientes dado su estatus como exportadores netos de energía, similar al patrón observado durante la crisis del gas de 2022. Por el contrario, seguimos siendo cautelosos con el FX asiático, particularmente el won coreano (KRW) y el baht tailandés (THB), dada su sensibilidad al crecimiento global y su exposición a precios del gas más altos. En general, nuestro posicionamiento táctico y selectivo ha respaldado la resiliencia de la cartera durante el periodo de volatilidad", añaden.

"Dentro de la deuda en divisa fuerte, redujimos nuestra exposición defensiva a Oriente Medio al cerrar nuestra protección a cinco años sobre Arabia Saudí (KSA), que estaba en vigor para cubrirnos frente a un posible ensanchamiento de los spreads de crédito saudíes, aunque seguimos infra ponderados en la región. A medida que el conflicto se intensificó y los precios del petróleo se dispararon, la cobertura funcionó bien, permitiéndonos tomar beneficios y reducir la posición. Posteriormente, cuando surgió una respuesta de política global más coordinada —incluyendo liberaciones estratégicas de petróleo y primeras señales de desescalada diplomática— volvimos a añadir riesgo a la cartera. Las principales exposiciones actuales en divisa fuerte incluyen Argentina, Colombia, Ecuador, Egipto, Ghana, México (Pemex) y Rumanía. Estas posiciones están respaldadas por dinámicas favorables de materias primas en América Latina y por una resiliencia fundamental selectiva en varios mercados", remarcan

UBS: Europa está mejor preparada para un shock energético

El UBS CIO Daily aporta varias razones por las que la actual crisis energética debería ser menos perjudicial para Europa que la experiencia vivida con Rusia y Ucrania en 2022. Europa depende menos de Oriente Medio de lo que dependía de Rusia. El impacto inflacionario en 2026 debería ser más moderado que en 2022. Los consumidores, las empresas y los gobiernos europeos se han adaptado.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Si bien la situación es obviamente preocupante, consideramos que los riesgos actuales procedentes de Irán son manejables para las perspectivas de crecimiento económico de Europa y para los mercados de renta variable, y recomendamos mantener las inversiones durante este período. Aun así, creemos que se justifica un cambio importante en un sector: hemos rebajado nuestra calificación para los bancos europeos a Neutral (desde Atractivo), y también hemos cerrado nuestra temática de ‘bancos globales’, ante unas valoraciones menos atractivas y el aumento de la incertidumbre macroeconómica”.

“En cuanto al crédito europeo, creemos que cualquier nueva caída en los bonos soberanos del Reino Unido, Italia, España o Grecia podría ofrecer rentabilidades interesantes, especialmente si las preocupaciones por la inflación disminuyen como esperamos. Por el contrario, si los shocks en los precios de la energía persistieran, los bonos ligados a la inflación en Europa probablemente obtendrían un mejor rendimiento que los nominales”, añade.
Para más información, adjuntamos el último CIO Daily House View de UBS Global Wealth Management. 

“Para los inversores con afinidad por el oro, creemos que una asignación moderada, en el rango medio de un solo dígito del total de activos, puede mejorar la diversificación y servir de protección frente a riesgos macroeconómicos”, explican Wayne Gordon, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de FX y materias primas. “Aunque esperamos que la sólida demanda de inversión continúe respaldando a los metales preciosos, preferimos la exposición al oro, que presenta una menor volatilidad”, añaden Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, estrategas.

10Mar

Si el conflicto se prolonga durante meses y la inflación vuelve a repuntar, el BCE podría verse obligado a subir tipos. Ya se habla de un incremento entre junio/julio y de otro en septiembre.

Miguel Ángel Valero

Oriente Medio y sus interminables conflictos vuelven a colarse en la economía europea (y en la española) por la puerta de siempre: el petróleo. El barril, que rondaba los 60$, ha llegado a superar los 110 en 10 días, lo que supone más presión sobre la inflación, más dudas para el Banco Central Europeo (BCE) y más tensión sobre la economía doméstica. “La energía es el primer eslabón. Cuando esa pieza se mueve, todo lo demás empieza a tambalearse”, resume la cofundadora de HelpMyCash, Olivia Feldman.

El mecanismo es menos complejo de lo que parece. Si el precio del petróleo sube y se mantiene arriba,  la energía se encarece, transportar mercancías cuesta más. También producir alimentos, fabricar bienes o calentar edificios. Esa subida termina trasladándose al precio final que pagan los consumidores. “Eso es inflación. No es un concepto abstracto: es simplemente que cada vez necesitas más dinero para comprar lo mismo”, explica Feldman.

Europa llevaba años intentando cerrar el capítulo inflacionario que siguió a la pandemia y a la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania. Y ahora, el encarecimiento del petróleo amenaza con reabrirlo. En ese escenario, el foco se desplaza inevitablemente hacia Frankfurt, sede del BCE, que tiene un mandato claro: mantener la estabilidad de los precios de la Unión Europea, lo que se traduce a mantener una inflación cerca del 2%. Y su herramienta principal para lograrlo es el precio del dinero, o sea, los tipos de interés.

Hasta hace apenas unas semanas, el mercado daba por hecho que los tipos se mantendrían estables en torno al 2% durante todo 2026. Pero la volatilidad del escenario energético ha cambiado las previsiones.“Si el conflicto se prolonga durante meses y la inflación vuelve a repuntar, el BCE podría verse obligado a subir tipos otra vez”, señala Feldman. De hecho, varios analistas —entre ellos los de Goldman Sachs— contemplan ya dos posibles subidas en la segunda mitad del año, una entre junio/julio y otra en septiembre.

El problema es que ninguna decisión resulta cómoda. Subir los tipos enfría la inflación, pero también ralentiza la economía. Y las grandes locomotoras europeas, como Alemania o Francia, no atraviesan precisamente su momento más dinámico.

El Euribor ya está en el 2,31%

Los mercados no suelen esperar a que el banco central actúe, siempre se anticipan. Eso explica que el Euribor, el índice al que están ligadas la mayoría de hipotecas variables en España, haya reaccionado en cuestión de días. En una sola semana ha pasado del 2,22% al 2,31%, su nivel más alto desde marzo de 2025. Y los futuros apuntan a que podría acercarse al 2,5% a final de año. “No estamos en los niveles de tensión de 2023 o 2024, cuando llegó al 4%. Pero sí es un recordatorio de que el coste del dinero puede volver a subir”, advierte la experta del comparador financiero.

La consecuencia más directa llega a las hipotecas variables. Cuando se revisen, la cuota puede aumentar. Ahora bien, quienes tienen hipoteca fija están protegidos de ese movimiento. Pero la incertidumbre afecta también a quienes estén pensando en firmar una nueva: si el escenario empeora, las condiciones de financiación podrían endurecerse tanto para hipotecas variables, como mixtas o fijas. “En HelpMyCash llevamos al menos tres años, advirtiendo a los españoles de evitar contratar hipotecas variables y animando a quienes tienen una a cambiarse a una fija. Es la única forma de protegerse de las subidas del Euribor”, apunta Feldman.

El encarecimiento del dinero también tiene una cara menos visible. Cuando los tipos suben, los bancos en teoría deberían de pagar más por el ahorro. “Hay entidades, aunque en España no muchas, que trasladan a sus clientes el tipo de interés del BCE, lo hacen para captar ahorro y nos tenemos que aprovechar de estos movimientos”, añade Feldman. El matiz es importante: si la inflación repunta con fuerza, ese mayor interés puede no compensar del todo la pérdida de poder adquisitivo. “Pero peor es nada. Recordemos que la inflación ya se come nuestros ahorros, hay que intentar remunerar lo más que podamos nuestro dinero”, apunta.

El movimiento de los tipos también afecta a los mercados financieros. En particular, a los fondos de renta fija, donde muchos pequeños ahorradores buscan refugio. “Cuando suben los tipos, los bonos antiguos pierden valor. Por eso un fondo de renta fija puede mostrar pérdidas aunque el inversor no haya vendido nada”, señala la experta de HelpMyCash. 

“En episodios de alta volatilidad siempre hay inversores que entran en pánico y venden, pero la calma suele ser mejor consejera”, explica Olivia Feldman. “La inversión en Bolsa debe mirarse con una perspectiva de largo plazo: atraviesa ciclos de subidas y bajadas, pero históricamente mantiene una tendencia ascendente”. Por eso, añade, vender en mitad de una caída implica a menudo convertir en pérdida real lo que hasta entonces era solo un retroceso temporal sobre el papel. De hecho, hay inversores que aprovechan estos descensos para aumentar posiciones. Los mercados, por ahora, siguen apostando por que el conflicto no se prolongue demasiado. “Como vemos, en realidad, toda la ecuación depende de una única incógnita: el tiempo. Si el conflicto se resuelve en pocas semanas, el impacto económico será limitado. Pero si se enquista, Europa podría enfrentarse a un nuevo episodio de inflación y a tipos de interés más altos durante más tiempo”, concluye.

Ibercaja Gestión: hay motivos para ser optimistas

El petróleo se dispara por el nerviosismo acumulado del mercado durante el fin de semana, tras los anuncios de recortes de producción en el Golfo Pérsico y el temor a bloqueos prolongados en el estrecho de Ormuz, debido al conflicto bélico entre Irán y la alianza de EEUU e Israel. Pero también por el nombramiento de Mojtaba Jamenei, que sucede a su padre como líder supremo de Irán, ya que se interpreta que los partidarios de la línea dura siguen firmemente al mando en Teherán una semana después del inicio del conflicto, y, en todo caso, invita a pensar que -al menos en el muy corto plazo- estamos lejos de entrar en una fase de negociación.

No obstante, observando el precio actual (spot) del petróleo y los precios de los contratos a futuro, el mercado no está poniendo en precio un conflicto bélico lo suficientemente duradero como para mantener los precios del petróleo en los niveles actuales, destaca un análisis de Ibercaja Gestión. Esta situación es comúnmente conocida como backwardation (los precios para entrega futura son más bajos que los de entrega más cercana) y en este caso, se debe fundamentalmente a:

  • Escasez inmediata: existe una necesidad desesperada por barriles "físicos" hoy mismo para evitar paradas en refinerías, lo que dispara el precio a corto plazo.
  • Prima de riesgo geopolítico: el mercado está pagando un sobreprecio por la incertidumbre total sobre si el suministro de mañana llegará a su destino.
  • Expectativa temprana del fin del conflicto: a pesar del caos, los mercados de derivados sugieren que los inversores ven este choque como intenso, pero potencialmente breve. Por ello, los contratos futuros a largo plazo (6 meses o más) cotizan con descuentos significativos respecto al precio actual, esperando una normalización de la oferta o una caída de la demanda por los altos precios.

Entonces… ¿Cuándo podríamos ver el fin del conflicto? Ésta es, sin duda, la pregunta del millón y lo que todo el mundo quiere saber ahora mismo. "Seguimos pensando que el conflicto, o lo que verdaderamente importa -el cierre del estrecho de Ormuz-, no debería prolongarse más de unas pocas semanas", insisten en la gestora de Ibercaja, que trabaja con tres escenarios:

  • Desescalada rápida (30% de probabilidad): EEUU e Israel reducen sus ataques tras conseguir sus objetivos estratégicos. 
    • Para EEUU, y para Trump en particular, la guerra no es el escenario más atractivo porque no es popular para la mayor parte de la población estadounidense (solo la apoya el 30%); Trump se enfrenta a unas elecciones de medio mandato en noviembre, donde no parte con las encuestas a su favor, y su principal estrategia para tratar de ganar el voto pasa por reducir el coste de vida, lo cual choca por completo con un precio del petróleo por encima de los 80-100$ por barril. Y las muertes de soldados americanos tienen un gran impacto en el voto de la población. Además, buena parte de la población de EEUU se encuentra fuertemente invertida en renta variable. Un escenario de fuertes caídas es negativo para el inversor (y votante) americano.
    • Para Israel la situación es distinta: Acabar con el régimen de Irán es una cuestión existencial. Conseguir que Irán no desarrolle armamento nuclear o misiles balísticos de largo alcance es considerado vital para la supervivencia de su pueblo en la región. La opinión popular no es relevante para Netanyahu: los disidentes internos son aplacados y no suponen un riesgo para el gobierno actual.
    • Irán no tiene mucha opción. Su capacidad militar es muy inferior. Pese a la agresividad con la que respondió los primeros días, su actividad ha cesado mucho. No menos relevante es la dependencia que la economía iraní tiene de las exportaciones de crudo y sus derivados. El Banco Mundial estima que supusieron un 23% del PIB de Irán en 2024. Gran parte de sus reservas internas de crudo han sido destruidas con los últimos ataques de Israel y se está restringiendo la entrada de importaciones esenciales para el país.
    • China es uno de los mayores importadores de la región. Pese a que cuenta con meses de reservas, un precio elevado amenaza su competitividad y sería inflacionario. Tiene capacidad de influencia en el régimen y ha sido un aliado estratégico en los últimos años, con múltiples inversiones, compras, etc.
    • Las economías tienen margen para aguantar varias semanas con el estrecho de Ormuz cerrado, pero la situación no es sostenible en el largo plazo. Por este motivo, "creemos que es cuestión de tiempo que la situación se solvente y que los actores tomen medidas encaminadas para ello".
  • Guerra con estrecho de Ormuz abierto(55%): Este escenario puede llegar por dos vías y es probable que sea el primer paso que veamos antes de que termine el conflicto. Para que este escenario suceda es necesario que Irán garantice que no atacará a cargueros -a cambio, por ejemplo, de que dejen navegar también a los suyos-. O que el poder militar iraní con presencia en el estrecho se vea severamente debilitado. EEUU tiene la capacidad necesaria para desarmar a Irán y trabaja en esta dirección, pero no es un proceso rápido.
    • En este escenario, el estrecho de Ormuz podría reabrirse gradualmente, permitiendo que el petróleo fluya hacia los países de destino. Una situación así destensionaría la situación actual de desequilibrio entre oferta y demanda, aliviaría la presión sobre los inventarios de emergencia de las principales economías -sobre todo las orientales- y reduciría el precio del crudo.
    • Pese a esto, el peligro de nuevas tensiones seguiría existiendo y, salvo garantías explícitas, el mercado seguiría aplicando una prima de riesgo sobre el precio de equilibrio a largo plazo. En un escenario así, sin nuevos ataques a infraestructuras energéticas clave, el precio del crudo podría moverse en el rango de $80-100/barril.
    • "Creemos que el mercado reaccionará positivamente, asignando una mayor probabilidad al fin de la guerra y una menor a un escenario de inflación persistente. La apertura de Ormuz reflejaría la debilidad y dependencia estructural del régimen iraní al comercio de crudo para su propia subsistencia y reduciría las probabilidades de una nueva escalada.
  • Escalada intensa(15%): Este sería, sin lugar a duda, el peor escenario para los inversores, pero, a su vez, es el más improbable. El cierre del estrecho de Ormuz de forma prolongada es un problema para la economía global e implica no solo a EEUU, Israel e Irán. Actores que hasta ahora han tenido un papel secundario, como China, Japón o Europa probablemente traten de forzar, al menos, una reapertura del estrecho que garantice el suministro de petróleo.
    • El cierre del estrecho de Ormuz elimina aproximadamente entre 10-12mb/d, cerca de un 12% de la oferta mundial de crudo. "Creemos que un tensionamiento así, en un mercado con una demanda tan inelástica, podría llevar a cotizar el brent por encima de los 120$/barril, escenario al que podríamos llegar en cuestión de semanas en el caso de que el estrecho de Ormuz permanezca intransitable. Sin embargo, no creemos que sea una situación de equilibrio que pueda perdurar más allá de unos meses".
    • En un contexto así, la renta variable sería la gran perjudicada. Las economías más expuestas son, sin duda, las asiáticas (China, India, Japón y Corea), seguidas de cerca por Europa, que es muy dependiente de las importaciones de crudo. Para la renta fija, el principal riesgo vendría del repunte en la inflación y de la menor expectativa de bajadas de tipos de interés de los bancos centrales. El mercado ya ha puesto en precio este riesgo y ha penalizado a aquellas economías más expuestas.

"En conclusión, hay motivos para ser optimistas y para que no cunda el pánico. La curva forward del crudo refleja que el mercado cree que es un conflicto temporal y le asigna un riesgo moderado al escenario de clausura prolongada del estrecho. La situación actual ha provocado caídas en los mercados y repuntes en las curvas que pueden ser una oportunidad interesante para tomar posiciones y sembrar rentabilidades de cara al futuro", recalcan en Ibercaja Gestión.

Banca March: el inversor se quita el miedo a un conflicto prolongado

Las tensiones acumuladas en el golfo Pérsico se reflejaron en los mercados globales, con un repunte del precio del petróleo que llegó intradía a situarse en los 119 $/barril en la referencia Brent. Sin embargo, los mensajes sobre una posible liberación coordinada de reservas estratégicas por parte de los países del G‑7, junto con las declaraciones de Trump indicando que la contienda se resolverá “muy pronto”, relajaron gran parte de las presiones y provocaron ventas masivas en los futuros del crudo que hicieron que el precio del Brent terminase por debajo de los 100 $/barril. 

El guiño de Trump a los mercados impulsó también las compras en la renta variable estadounidense y generó un fuerte apetito comprador en las Bolsas asiáticas y europeas. Los inversores parecen sacudirse el temor a un conflicto prolongado, mientras que la Administración estadounidense explora mecanismos para mitigar el incremento en los costes energéticos: la liberación de reservas de emergencia, una posible intervención del Tesoro en el mercado de futuros, exenciones al petróleo ruso sancionado o incluso una suspensión temporal del impuesto a la gasolina. Además, Trump aseguró que la capacidad de lanzamiento de misiles en Irán se ha reducido al 10%. No obstante, el estrecho sigue cerrado y los países productores continúan ralentizando el bombeo —recorte acumulado de 6,7 millones de barriles diarios— debido a la falta de rutas de salida. Todo ello ocurre mientras se espera la implementación operativa de los convoyes de escolta y los seguros respaldados por el Gobierno estadounidense.

Al mismo tiempo, aumentan las presiones internas en EE.UU: los precios de la gasolina continúan escalando, los republicanos se muestran cada vez más incómodos con el desarrollo del conflicto y los demócratas exigen un mayor control sobre las operaciones militares, solicitando las comparecencias de Marco Rubio (secretario de Estado) y Pete Hegseth (secretario de Guerra).

En conjunto, todo apunta a una posible desescalada en el corto plazo, ya sea mediante una autoproclamada victoria que conduzca a una pausa en las hostilidades —el escenario más optimista— o mediante la obtención de garantías que permitan restablecer el tránsito por el estrecho de Ormuz.

Los ministros de Finanzas del G7 coincidieron en que están preparados para recurrir a las reservas estratégicas de petróleo si fuera necesario, aunque consideran que aún no ha llegado el momento de hacerlo. En su comunicado, el grupo señaló que adoptará “las medidas necesarias” para sostener el suministro energético global en caso de que la situación lo exija. Tanto el director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) como el ministro de Finanzas de Portugal expresaron una visión similar: no existe un problema de suministro de petróleo en Europa ni en EEUU, pero sí una fuerte tensión en los precios. Las liberaciones coordinadas de reservas estratégicas son excepcionales: solo se han producido cinco veces en la historia, incluidas dos tras la invasión rusa de Ucrania en 2022. Los ministros de Energía del G7 siguen evaluando la situación, y se espera que los jefes de Estado y de Gobierno mantengan encuentros adicionales a lo largo de la semana.

Por otro lado, Emmanuel Macron anunció que, una vez superada la fase más crítica del conflicto, impulsará una misión defensiva para reabrir y asegurar el estrecho de Ormuz. La operación consistirá en escoltar a los buques que transportan crudo y gasóleo, y el presidente francés confía en que otros países se sumen a la iniciativa.

Robeco: fisuras en el mercado energético global

La designación del hijo de Jamenei como nuevo líder iraní y la perspectiva de un conflicto prolongado han supuesto un cambio importante para los mercados petroleros. El aumento del 32% en los precios del petróleo desde que estalló la tensión en Oriente Medio también pone de manifiesto las fisuras en el sistema energético global. Los precios del petróleo suelen dispararse cuando los participantes del mercado exigen una prima muy elevada para cubrirse frente a descensos inesperados en la capacidad sobrante de petróleo. El uso de esta capacidad sobrante solo reduce moderadamente la reacción inicial de los precios del crudo, señala un análisis de Robeco. El mercado petrolero necesita tener más certeza de que el conflicto iraní seguirá limitado en alcance (sin más ataques iraníes a refinerías) y en duración (semanas). Sin embargo, en la situación actual, puede que el mercado no obtenga lo que desea, incluso cuando ya hay conversaciones en marcha entre miembros del G10 sobre la liberación de reservas estratégicas.

Dado que es probable que los precios del petróleo se mantengan elevados en el corto plazo, los exportadores netos de energía como EEUU y Noruega han visto apreciarse sus monedas, mientras que las divisas de los importadores netos, como Corea y la Eurozona, siguen bajo presión. La dependencia neta de importaciones energéticas continúa siendo una brújula útil para identificar estas fisuras. Analizando las importaciones netas de energía como porcentaje del consumo interno, Japón (87%), Países Bajos (87%), Corea (85%), Italia (80%) y España (77%) se sitúan en el extremo más expuesto del espectro, mientras que EE.UU. (9%), Brasil (14%), Australia (214%) y especialmente Noruega (704%) permanecen estructuralmente protegidos.

Sin embargo, la dependencia incondicional de las importaciones no refleja completamente la dispersión interregional de la dependencia energética. Ahora, los mercados financieros también deben analizar la intensidad energética de las economías, el grado de sustituibilidad de importaciones energéticas (a través de renovables), los niveles de subsidios a los combustibles fósiles y la rapidez con la que la inflación por los precios de importación de energía se traslada al usuario final, para evaluar las implicaciones tanto en política fiscal como monetaria.Energía renovable: ¿amortiguador o cuello de botella? En teoría, las economías con una alta cuota de energías renovables deberían amortiguar los impactos externos del petróleo. Las cuotas de energía renovable en las principales economías europeas han aumentado considerablemente en los últimos años (Alemania cubre actualmente alrededor del 25% de su consumo energético con renovables). Sin embargo, la producción renovable solo compensa la demanda de combustibles fósiles si las redes pueden absorber y distribuir esa energía. La congestión y las limitaciones de las redes siguen dificultando la sustitución, obligando a recurrir a respaldo de fuentes fósiles cuando los picos de generación renovable no se pueden aprovechar. El resultado es una vulnerabilidad persistente, a pesar del ambicioso despliegue renovable.

Regionalmente, la asimetría en los términos relativos de intercambio es clara. Asia es la zona con mayor riesgo directo, ya que al momento de redactar este informe el Estrecho de Ormuz sigue prácticamente cerrado y el 83% del petróleo que lo transita tiene como destino compradores asiáticos. Europa le sigue, limitada por una baja capacidad de sustitución y una rápida transmisión de precios al consumidor final. Australia, Noruega y Estados Unidos se mantienen como ganadores relativos, respaldados por su producción interna, baja intensidad energética (en EEUU, el peso de la manufactura en el PIB ha disminuido de manera constante en las últimas décadas) y la capacidad potencial de respuesta de los productores de shale si los precios altos persisten.

Columbia Threadneedle: el petróleo caro supone economía débil

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, destaca que el petróleo ha subido alrededor de un 47%desde los ataques de EEUU e Israel a Irán, y acumula casi un 76% de subida en lo que va de año. Aunque el nivel es elevado, aún está bastante por debajo del máximo de junio de 2008, cuando alcanzó los 147$ por barril. No obstante, abundan los comentarios que sugieren que volveremos a ver esas cifras si se prolonga el cierre del estrecho de Ormuz. La historia muestra que, en 2008, y después de nuevo en 2012-2014 y en 2022, un precio del petróleo superior a los 100$ por barril conduce a un entorno económico débil.

¿Es probable que el resultado sea diferente esta vez? No realmente. EEUU es ahora en gran medida autosuficiente en términos de suministro de petróleo. Aun así, el precio del petróleo es global y EEUU seguirá viéndose afectado. La gasolina en EEUU está ahora en 3,5$ por galón tras haber aumentado significativamente durante la semana pasada. El petróleo de Oriente Medio se dirige principalmente a Asia y (en menor medida) a Europa, pero el impacto de los precios globales hace que el efecto económico adverso se extienda a todas partes, especialmente en los países que dependen de recursos energéticos.

El camino a partir de aquí depende de varios factores y hay muchas personas que predicen que el petróleo superará los 150$. Sin embargo, para realizar previsiones precisas necesitaremos mayor claridad. En primer lugar, la dirección del conflicto sigue siendo una gran incógnita. No está del todo claro cuáles son los objetivos de EEUU, no sabemos exactamente qué buscan lograr antes de declarar “misión cumplida”. Cualquier señal de que el conflicto se está desescalando ayudará sin duda al sentimiento del mercado. 

El “cierre” del estrecho de Ormuz es crucial: normalmente pasan por él alrededor de 90 petroleros cada día y ahora hay unos 500 barcos “atascados”. Los informes sugieren que hasta ahora han sido alcanzados 10 buques. El cierre también afecta a la producción de los países de Oriente Medio debido a la falta de capacidad de almacenamiento. Como resultado, la producción debe ralentizarse o detenerse por completo. Además, existe preocupación por que Irán lleve a cabo nuevos ataques contra infraestructuras de petróleo y gas en países vecinos, lo que podría tener un impacto perjudicial sobre la producción.

¿Qué ocurrirá a continuación en términos de esfuerzos para mitigar el shock en el precio del petróleo? El G7 y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) se reunieron el lunes: la AIE dispone de un volumen significativo de reservas, que podrían aliviar la presión a corto plazo. Eso sería positivo. Otra posible mitigación podría venir del uso de oleoductos a través de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que permiten evitar este cuello de botella marítimo. Sin embargo, éstos tienen una capacidad limitada y ciertamente no pueden compensar todo el impacto del cierre del estrecho. 

Una opción a más largo plazo podrían ser convoyes navales que reproduzcan las medidas adoptadas durante la guerra entre Irán e Irak. Tales convoyes tardarían tiempo en organizarse y requerirían recursos significativos. Probablemente EEUU lideraría la operación, pero sus recursos militares están claramente centrados en otros frentes en el corto plazo.

Hasta ahora Irán no ha tomado medidas para colocar minas en los canales de navegación. Esto es positivo y aceleraría cualquier reapertura. Por supuesto, es crucial que los barcos cuenten con seguros y la tolerancia al riesgo entre los proveedores es baja. El progreso en los escoltas navales sería muy útil.

En el corto plazo, todo apunta a que la incertidumbre pesará fuertemente sobre el apetito por el riesgo. Sin embargo, si el precio del petróleo se mantiene por encima de los 100$ durante un periodo prolongado, "tendremos que reconsiderar nuestra perspectiva global. A medida que surja mayor claridad sobre la duración probable del conflicto, podremos adoptar una visión más equilibrada sobre perspectivas", concluye.

04Mar

Un escenario extremo en el que los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 100$ por barril provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial y probablemente obligaría a los bancos centrales a invertir su estrategia, pasando de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada.

Miguel Ángel Valero

El 28 de febrero, EEUU e Israel llevaron a cabo ataques militares conjuntos contra Irán, después de que una semana de negociaciones para el cese en el desarrollo de armas nucleares por parte del país de los ayatolás en Suiza terminara sin acuerdo. El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, murió durante la operación y el ejército iraní respondió llevando a cabo ataques contra bases estadounidenses e israelíes en todo Oriente Medio. "Los inversores no esperaban una escalada tan rápida por parte de Estados Unidos, sino más bien una actuación militar quirúrgica como la que lanzó en Venezuela", señala un análisis de Ibercaja Gestión

Aunque la respuesta de Irán podría haber sido peor -de momento las principales plataformas energéticas no han sido atacadas-, la situación en la región es muy tensa. EEUU ya ha declarado que los ataques se prolongarán al menos una semana más. El escenario base por ahora contempla un mes. Trump no quiere una guerra larga, ni pretende entrar de forma terrestre en territorio iraní. La guerra se fraguará desde la distancia, con bombardeos, lanzamientos de misiles y operaciones de inteligencia. El objetivo es desgastar al régimen, no tanto para conseguir la liberación del pueblo iraní, sino con el objetivo de poner fin a los deseos nucleares de Irán.

La región de Irán es especialmente relevante para el comercio de petróleo. A través de sus costas, Irán es capaz de controlar el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 30% del comercio marítimo de crudo y el 20% del gas natural licuado del mundo. Aunque no se han producido ataques contra infraestructuras energéticas, los datos satelitales muestran una pausa en el tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz desde el domingo 1 de marzo. El cese de los flujos a través del estrecho y el mayor riesgo de escasez de oferta ha hecho que el precio del barril brent se alce hasta los 80$/barril, un 26% de subida en el año.

Las guerras siempre deben analizarse desde un punto de vista de coste y beneficio, incluso si es Trump el que la inicia. Los beneficios que busca obtener EEUU -e Israel- con la guerra son terminar con el desarrollo de armas nucleares y misiles de largo alcance de Irán. Para EEUU, que la inestable Irán sea una potencia nuclear, supone una limitación en su dominio de Oriente Medio y, para Israel, una amenaza directa.

Teniendo claros los beneficios, debemos analizar los costes. Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70% de los estadounidenses están en contra de la guerra, y el propio presidente prometió en campaña no adentrarse en ninguna. El coste electoral es un desincentivo claro, más teniendo en cuenta que en noviembre hay elecciones de medio mandato. Otros costes que asume EEUU al entrar en esta guerra son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre. Durante todo el mandato, Trump ha estado muy pendiente a los mercados y gran parte de sus decisiones geopolíticas -aranceles, Venezuela, Groenlandia y, ahora, Irán- se han llevado a cabo durante el fin de semana, con los mercados cerrados.

¿Qué debe ocurrir para que veamos el fin del conflicto? Lo trascendental para EEUU es asegurarse de que Irán no continúa con el desarrollo de armas nucleares. De conseguir eso, probablemente veamos una desescalada rápida. Irán no está en una posición de poder y con su líder supremo fuera de combate podría ceder.

"Teniendo en cuenta costes y beneficios prevemos un conflicto corto, que presumiblemente no se extenderá más allá de dos meses. A su vez, descartamos cualquier escenario de intervención terrestre por parte de EEUU y no creemos que la afectación a los mercados y cadenas de suministro sea excesiva", opinan en Ibercaja Gestión.

Para entender el potencial impacto económico de la guerra es clave entender cómo puede evolucionar el precio del crudo. Existen dos tipos de movimientos en el precio del crudo: 

  • los movimientos a corto plazo: que elevan el precio del crudo por incorporar los riesgos asociados con retrasos en el suministro, el encarecimiento en el coste del transporte y una prima por asegurarse el suministro; 
  • y los movimientos en el largo plazo: derivados de prolongados retrasos en el transporte o el daño causado en infraestructuras energéticas que reducen la oferta a medio plazo.

Por ahora, solo los primeros se estarían viendo materializados. Para que los fundamentales a largo plazo se vean alterados no basta con que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado en la práctica unas pocas semanas. Una expectativa de cierre más larga, unida a daños físicos a infraestructuras críticas, o un conflicto interno en Irán que termine con gran parte de su capacidad de producción (3-4% de la oferta mundial), sí que generarían tensiones entre oferta y demanda estructurales.

Sin que los segundos movimientos se materialicen es poco probable que veamos el precio del barril brent alzarse por encima de los 85$/barril, ya que implicaría una prima sobre el precio de equilibrio estimado a dos años de más del 30%.El escenario actual de cierre práctico del estrecho de Ormuz podría ser parcialmente mitigado. Primero, porque recientemente, las exportaciones de la región se habían acelerado ante el riesgo inminente de una escalada, por lo que la cantidad de crudo en camino es más alta de lo normal. Segundo, porque Arabia Saudí cuenta con un baipás, con una capacidad de entre 5-7mb/d, lo que supone cerca de un 20-25% de la cantidad que pasa por el estrecho. Tercero, porque China, que es el mayor importador de la región, cuenta con reservas de crudo para más de 8 meses, y no se espera que vaya a añadir presión en los precios. Y, cuarto, porque la OPEP+ ha anunciado que incrementará la oferta en 206kb/d a partir de abril.

Todo ello, nos hace ser moderadamente positivos con la evolución del precio del crudo. Aunque es clave estar pendiente a la evolución de los hechos para determinar si el escenario base cambia.

Por otro lado, el principal canal de transmisión hacia la economía es sin duda la inflación. Se estima que un aumento del 10% en el precio del brent puede llegar a añadir entre 0,2 y 0,4 puntos a la inflación global. Sin embargo, la traslación no es igual para todos los países, siendo las economías importadoras -zona euro, Reino Unido, Japón o China- las más afectadas.

"No creemos que un incremento temporal en el precio fruto de una prima de riesgo genere grandes tensiones inflacionistas. Sin embargo, la incertidumbre puede hacer que los bancos centrales aplacen cualquier bajada de tipos hasta que se confirme si es un problema estructural. Manteniéndonos en el escenario base donde el barril brent no se va por encima de 85$, el impacto en la economía global se prevé manejable. Tan solo un escenario adverso con precios del crudo por encima de los 100$/barril podrían hacer saltar las alarmas y acrecentar el riesgo de contracción", insisten en la gestora de Ibercaja.

Sobre el impacto a corto plazo en los mercados:

  • Acciones: es de esperar que la reacción inmediata de la renta variable sea negativa bajo este tipo de eventos geopolíticos y posteriormente, dependerá de cómo va evolucionando la situación. En este sentido, la incertidumbre es elevada, pero lo normal es que los precios del crudo sean el principal elemento transmisor de los movimientos que se produzcan. En este contexto, los productores de energía están mejor protegidos que los consumidores de energía. Por tanto, a nivel sectorial, automoción, aerolíneas, transporte marítimo e industrias intensivas en combustibles serían las más afectadas en un entorno de costes energéticos elevados y disrupción logística. Por su parte, energía, defensa, ciberseguridad e infraestructuras críticas se beneficiarían de un aumento del gasto en resiliencia, defensa y seguridad. Mientras tanto, a nivel regional la renta variable europea estaría más expuesta a los shocks en los precios de la energía que la renta variable americana, debido a:
    • una mayor intensidad energética de la industria
    • y mayor dependencia en la importación de hidrocarburos. Esto también aplica a otras economías como la japonesa y a muchos países asiáticos dependientes de las importaciones de Oriente Medio
  • Bonos: el comportamiento de la renta fija soberana como activo refugio podría verse limitado, ya que las rentabilidades de los bonos podrían subir en el corto plazo como reacción a las expectativas de mayor inflación provocadas por el aumento de los precios energéticos, sobre todo si éste se percibe persistente. En este sentido, el papel tradicional de los bonos soberanos como activo refugio puede no resultar efectivo por la combinación de una prima por riesgo geopolítico y riesgo inflacionista persistente. Los bonos americanos tendrían un impacto negativo menor que los europeos y japoneses, dada la mayor independencia energética con la que cuenta EEUU.
  • Divisas: normalmente, cabría esperar que el dólar suba en un escenario inicial de aversión al riesgo, dada su histórica condición de activo refugio. Además, dado que EEUU es exportador neto de energía, podría beneficiarse si los precios de la energía subieran. Por esta misma razón, también podemos esperar que se fortalezcan las monedas de otros países exportadores de energía, como el dólar canadiense, el peso mexicano, la corona noruega y las monedas de Oriente Medio, aunque el efecto sobre estas últimas podría verse atenuado por la proximidad del conflicto.
  • Metales preciosos: tanto el oro como la plata deberían aprovecharse de su condición de activo refugio y verse beneficiados de un escenario como el actual. Su buen comportamiento durante los últimos doce meses responde, en parte, al incremento en el riesgo geopolítico y la fragmentación derivada de los aranceles. La guerra actual no hace más que poner de manifiesto el auge en la tensión en las relaciones entre las distintas potencias y refuerza la tesis del oro. Con la apreciación del oro, las mineras también saldrían beneficiadas de este shock geopolítico.

Coface: riesgo de estanflación en la economía mundial

La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán está ejerciendo una presión extrema sobre los mercados energéticos. Aunque aún no se han registrado interrupciones importantes en el suministro, los riesgos que rodean al estrecho de Ormuz suponen una amenaza para la economía mundial si el conflicto continúa. "Un conflicto limitado a unos pocos días o semanas, el escenario más probable en la actualidad, debería tener un impacto limitado. Sin embargo, si el conflicto continuara, su impacto macroeconómico podría ser significativo y trascender la cuestión de los precios de la energía", avisa Ruben Nizard, director de Investigación Sectorial de Coface.

Los ataques marcan un importante punto de inflexión para los mercados energéticos. Al inicio de la jornada bursátil del lunes 2 de marzo, el Brent subió más de un 10 %, lo que refleja principalmente un aumento dela prima de riesgo geopolítico más que interrupciones inmediatas y concretas del suministro. Antes de esta escalada, los mercados petroleros registraban un amplio superávit. Laabundante oferta, impulsada por los productores no pertenecientes a la OPEP+ y la rápida reposición de existencias, mantenía los precios bajo presión (con una media de 68 libras por barril en 2025). El conflicto cambia las reglas del juego, reintroduciendo una incertidumbre extrema sobre la seguridad del suministro.

Las interrupciones actuales en el estrecho de Ormuz ya están provocando un aumento de los precios. La capacidad para sortear este estrecho es limitada e insuficiente para absorber una crisis importante. Las interrupciones prolongadas o repetidas podrían empujar al Brent a alcanzar los tres dígitos, con la posibilidad de superar el máximo de febrero de 2022 (122$/barril) o incluso el récord de 2008 (147$/barril).

Aunque Irán no es el principal productor de la región, una interrupción de su suministro tendría un impacto inmediato en unos mercados ya frágiles. Con más de 3 millones de barriles diarios producidos y casi 1,5 millones exportados, principalmente a China, una interrupción obligaría a los compradores, especialmente en Asia, a recurrir a alternativas más caras, lo que aumentaría la presión al alza sobre los precios del petróleo.

Más allá del suministro iraní o del posible cierre del estrecho de Ormuz, Irán también podría atacar las infraestructuras petroleras de otros países del Golfo. El impacto dependería entonces de la magnitud de los daños y la duración de la interrupción, en un contexto en el que la capacidad excedentaria de la OPEP+, de entre 4 y 5 millones de barriles diarios, sigue siendo limitada y concentrada, especialmente en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, donde los flujos logísticos comerciales podríanverse interrumpidos.

Lo que está en juego va mucho más allá del mercado petrolero. El estrecho de Ormuz también es crucial para el transporte de gas natural licuado (GNL), fertilizantes, metales industriales (aluminio) y productos petroquímicos. Además, otros puntos estratégicos, como Bab el-Mandeb 1 o el canal de Suez, también podrían verse afectados en caso de una escalada regional. Esto podría aumentar los costes de transporte y las primas de los seguros marítimos.

Esta interrupción gradual de las cadenas de suministro plantea un riesgo creciente de escasez y presiones inflacionistas, especialmente para las economías más dependientes de las importaciones de energía.

Un escenario extremo en el que los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 100$ por barril provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial y probablemente obligaría a los bancos centrales a invertir su estrategia, pasando de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada. Un aumento prolongado de 15$ en los precios del crudo Brent podría reducir así el crecimiento mundial en alrededor de 0,2 punto y añadir casi 0,5 puntos porcentuales a la inflación. En tal contexto, el riesgo de estanflación —una combinación de crecimiento débil e inflación elevada— volvería a convertirse en una amenaza creíble para la economía mundial, con graves consecuencias para las empresas y el comercio.

Banca March

El conflicto es negativo para las bolsas globales, con las de EEUU las menos afectadas y las asiáticas siguen registrando el peor comportamiento, dado que sus economías son las más impactadas por el cierre del estrecho de Ormuz –ver sección de bolsa–.En el plano militar, los ataques estadounidenses e israelíes continúan centrados en desmantelar la capacidad de lanzamiento de misiles y drones. Además, se ha impedido la reunión de los 88 miembros de la Asamblea de Expertos, lo que retrasa el proceso de sucesión del líder supremo. Este movimiento busca que la ausencia de un liderazgo claro favorezca la caída del régimen. 

Por su parte, Irán sigue enviando misiles y drones a distintos países del Golfo y ha señalado que sus objetivos ya no se limitan a instalaciones militares, incrementando la presión sobre los aliados de EEUU en la región.

En paralelo, Trump ha ofrecido —sin detallar el procedimiento— un seguro para los barcos que cruzan el estrecho de Ormuz e incluso la posibilidad de establecer un servicio de escolta. No obstante, al no haberse asignado recursos ni desplegado capacidades operativas, el alivio no es inmediato y, en consecuencia, el bloqueo de facto persiste. China instó a las partes implicadas a no interrumpir el tránsito por Ormuz, lo que ha contribuido a moderar la tensión en los mercados energéticos, que se estabilizan y registran subidas moderadas. Mientras, Iraq ha comunicado una ralentización en su producción de crudo por la falta de cargueros disponibles.

"Mantenemos la atención en la evolución del conflicto y reiteramos que no se deben acelerar decisiones de inversión en el actual entorno de riesgo. Consideramos que nuestro posicionamiento estratégico sigue siendo adecuado y que los componentes defensivos —salud e infraestructuras— seguirán proporcionando soporte. Además, el dólar ha recuperado su papel como activo refugio, apreciándose en las últimas sesiones y sirviendo de protección a los inversores en euros", insisten en Banca March.

Trump amenaza a España

Por otra parte, Trump amenaza a España con “cortar toda relación” por negarle el uso de las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para los ataques a Irán. Asegura que  ha dado orden al secretario del Tesoro, Scott Bessent, suspender las relaciones comerciales con España. Pedro Sánchez replica que la ofensiva constituía una actuación al margen del derecho internacional y aseguró que España dispone de los recursos necesarios para apoyar a los sectores que pudieran verse afectados y diversificar las cadenas de suministro.

En el comercio entre ambos países, el déficit comercial de bienes que España mantiene con EEUU se debe principalmente al importante peso de los bienes energéticos sobre nuestras importaciones: el país norteamericano nos provee el 17% del petróleo crudo y el 34% del gas natural. 

Trump también arremetió contra Reino Unido, por el mismo motivo, negarle el uso de sus bases para la ofensiva, aunque posteriormente, sí autorizó su uso defensivo. Otros aliados europeos que han permitido el uso de sus bases con fines estrictamente defensivos son Alemania, Francia y Portugal. 

23Feb

Se estima que la recaudación acumulada de los aranceles anulados por el Supremo es de unos 175.000 millones$, un 0,56% del PIB. Y que, si se tuvieran que devolver en su totalidad, supondría entre dos y tres décimas de PIB para este año.

Miguel Ángel Valero

El Tribunal Supremo de EEUU ha invalidado los aranceles impuestos por Trump bajo la legislación de Emergencia Nacional (IEEPA), lo que implica que alrededor del 60% de los ingresos recaudados en los ejercicios fiscales 2025 y 2026 deberán devolverse a las empresas. El órgano judicial dictaminó que la imposición de estos gravámenes excedía la autoridad legal del presidente, dado que su potestad corresponde al Congreso. 

Sin embargo, Trump dispone de otros mecanismos para reestablecer los gravámenes, aunque los procedimientos no serán inmediatos. Los aranceles anulados incluyen los denominados “recíprocos”, que fijaban tasas específicas por país (15% en el caso de la UE, 15% para Japón, etc.). Comprenden también el impuesto adicional del 30% a China y el 25% a los productos no USMCA de México y Canadá. En consecuencia, siguen vigentes únicamente los aranceles por producto (50% sobre acero, automóviles, cobre, entre otros) y el 20% a China en el Trump 1.0.

En respuesta al fallo del Tribunal Supremo, Trump ha amenazado con imponer un arancel global del 15%. Para ello, el mandatario cuenta con las siguientes vías legales:

  • La Sección 122: precisamente, permite aplicar una tasa máxima global del 15%, pero requiere la aprobación del Congreso y carácter temporal (5 meses), que deberá ir renovándose. Trump no tiene garantizados los apoyos de los legisladores, especialmente después de que seis republicanos de la Cámara votaran recientemente a favor de suspender los aranceles a Canadá.
  • La Sección 301: requiere de investigaciones a cada uno de los países sobre los que se aplique tarifas y que, aunque no será inmediato y llevará tiempo, se trata de un mecanismo estable que permitiría reestablecer los aranceles a los niveles de la semana pasada.

Con todo, se abren nuevas incertidumbres al quedar en el aire la aplicación de los acuerdos comerciales con los distintos países, confusión para las empresas –aunque en el corto plazo deberían beneficiarse de las devoluciones– y la reducción en los ingresos fiscales. Sin embargo, el fallo demuestra que prevalece la división de poderes en EEUU y el poder judicial continúa actuando como límite efectivo cuando un presidente rebasa el alcance de sus competencias o interpreta la ley en su propio beneficio.

El reciente fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos devuelve a primera línea la incertidumbre arancelaria y el mercado tratara de acomodarse a los próximos pasos de Trump. Existen otras herramientas legales que, si bien son menos flexibles y requerirán de más tiempo para implementarse, deberán permitir que la Casa Blanca recomponga los niveles de aranceles medios previos a la anulación de las tarifas bajo el paraguas de la IEEPA.

Ahora bien, también queda por ver las actuaciones de los demás países. El Parlamento Europeo ha suspendido la votación sobre el acuerdo arancelario entre EEUU y la UE tras el varapalo del Supremo a Trump ante la falta de claridad y de seguridad jurídica. 

Estas noticias impactan negativamente la credibilidad de las políticas económicas aplicadas por el ejecutivo de Trump y llegan justo unos días antes del discurso del presidente sobre el Estado de la Unión, que este año se celebrará el 24 de febrero.

Se estima que la recaudación acumulada de estos aranceles es de unos 175.000 millones$, un 0,56% del PIB. Y que, si se tuvieran que devolver en su totalidad, supondría entre dos y tres décimas de PIB para este año. Estas devoluciones de los aranceles conllevarían un incremento del déficit debido a la menor recaudación y podrían suponer un incremento del 9% de las necesidades de financiación (el déficit fiscal previsto para este año es de 1,853 billones$). 

Por tanto, hay efectos contrapuestos que en el corto plazo pueden  tensionar los tipos largos de las curvas por las mayores necesidades de financiación, mientras que sobre el dólar causaría algo de presión a la baja debido a la incertidumbre política. Frente a ello, menores aranceles y el mayor dinamismo económico serían factores más favorables a las empresas domésticas americanas de menor tamaño. 

Sin embargo, dado que se espera que este posible “reembolso” se vea compensado con otras herramientas recaudatorias, a medio plazo, tanto el impulso fiscal neto como los efectos sobre la financiación quedarían muy diluidos y por ello, no será un factor de cambio sobre la tendencia de fondo del mercado.

El otro foco de incertidumbre seguirá centrado en la geopolítica y en las negociaciones entre EEUU e Irán sobre su programa nuclear. Durante las últimas semanas, se registra una fuerte y creciente movilización de fuerzas militares estadounidenses en Oriente Medio, acumulando personal y medios no vistos desde la invasión de Irak en 2003. A medida que se acerca el final del plazo de 15 días dado por Trump a Irán para presentar propuestas que cumplan con sus demandas, crece la tensión y este jueves 26 de febrero se realizará una nueva ronda de conversaciones en Ginebra.

Ibercaja Gestión: las devoluciones van a ser un caos

Un análisis de Ibercaja Gestión señala que, entre los principales aranceles impuestos bajo la IEEPA y anulados por el Tribunal Supremo, se encuentran los aplicados sobre el fentanilo importado de China los fronterizos sobre Canadá/México, el  universal y los recíprocos. La decisión de la Corte Suprema afecta aproximadamente al 70% del total, ya que se mantienen los aranceles sectoriales de la sección 232 y los aranceles por prácticas comerciales desleales de la sección 301. Frente a la decisión judicial, Trump actuó de forma inminente, aplicando un nuevo arancel global del 10% a través de la sección 122, que posteriormente se elevó al 15% durante el fin de semana. 

La reacción de Trump no ha pillado por sorpresa a los inversores. El mercado ya tenía prácticamente descontado el revés del Supremo y, de paso, conocía de sobra los ases que Trump se guardaba bajo la manga para relevar los aranceles de la IEEPA. En este sentido, la reacción del mercado fue moderada: las acciones americanas subieron, los bonos del Tesoro bajaron, el dólar se debilitó y el oro subió, aunque los movimientos se limitaron a alrededor del 1 % o incluso menos. 

Además, bajo la nueva estructura, el cambio no es muy sustancial: se estima que lo realmente recaudado en diciembre pasaría de suponer un 9,4% del total de importaciones a un 8,8%, según J.P.Morgan Research; y, por otro lado, la Corte Suprema no se ha pronunciado acerca de los reembolsos de los aranceles recaudados mediante la IEEPA (unos 150.000 millones$).

En todo caso, la contramedida de Trump es temporal: bajo la sección 122, el presidente puede imponer aranceles del 15% durante solo 150 días a todos los países. No obstante, este período da margen al Gobierno para aplicar aranceles por otras vías -por ejemplo, las secciones 301/232, que requieren investigaciones-. Bajo el nuevo régimen de la Sección 122, el arancel medio ponderado de EEUU aplicando la distribución de importaciones de 2024 (sin efecto sustitución) se sitúa ahora en el 13,2% (al aplicar la tasa del 15%). Si la tasa se hubiera quedado en el 10% inicialmente anunciado por Trump, el arancel medio ponderado hubiera sido del 11,6%, y de no haberse anunciado ninguna contramedida sustitutoria, del 8,3%.

El análisis de los países más beneficiados es muy intuitivo: aquellos previamente más castigados por los aranceles IEEPA (China, Vietnam, Tailandia, India…) se benefician al ver reducidos sustancialmente sus aranceles respecto a los que tenían antes de la sentencia. Por el contrario, los países que gozaban de acuerdos más favorables (con tasas inferiores al 15%) son ahora los más perjudicados, al perder su previa ventaja competitiva frente al resto.

La resolución del Tribunal Supremo tiene carácter retroactivo al invalidar los aranceles cobrados, pero no ordena explícitamente su devolución. La responsabilidad recae ahora en el Tribunal de Comercio Internacional de EE. UU. En este sentido, ahora los analistas esperan que las devoluciones se produzcan, pero que el proceso sea un “caos”. El escenario base actual contempla que cada empresa debe hacer su propia reclamación y demostrar los pagos soportados por aranceles en los últimos meses que tienen que ver con la IEEPA. Se estima que la recaudación por aranceles establecidos mediante la IEEPA desde el 2 de abril ha ascendido a unos 150.000 millones$, que puede ser la cantidad máxima que podrían reclamar las compañías, pero es probable que las devoluciones terminen siendo algo menores. 

Debido a la complejidad del proceso, lo más probable es que empecemos a ver las devoluciones a partir del segundo semestre de 2026.El impacto en los mercados de las devoluciones es positivo y se interpreta como un nuevo estímulo fiscal, aunque sin carácter recurrente. Para la renta variable podría tener un impacto especialmente relevante en compañías importadoras de bienes de consumo como ropa, juguetes y equipamiento. La medida, sin embargo, no tendrá impacto en importadores de bienes sujetos a aranceles que no entran en la IEEPA. Es el caso de sectores como autos, metales o industrias pesadas.

Para la sostenibilidad de la deuda americana y el dólar el efecto es dañino, pero no despierta alarmas. Por ponerlo en contexto, los 130.000 millones-140.000 millones$ que pueden verse en devoluciones suponen un 8% del déficit anual estimado para 2026 (1,8 billones$) y un 0,5% de la deuda total de EEUU (37 billones$37tn). Por este motivo, hemos tenido un fin de semana tranquilo, donde la rentabilidad del bono a 10 años apenas se ha movido y el dólar no se ha depreciado significativamente.

En este sentido, la reacción del mercado fue moderada: las acciones americanas subieron, los bonos del Tesoro bajaron, el dólar se debilitó y el oro subió, aunque los movimientos se limitaron a alrededor del 1 % o incluso menos.

Además, bajo la nueva estructura, el cambio no es muy sustancial: se estima que lo realmente recaudado en diciembre pasaría de suponer un 9,4% del total de importaciones a un 8,8% (J.P. Morgan Research); y, por otro lado, la Corte Suprema no se ha pronunciado acerca de los reembolsos de los aranceles recaudados mediante la IEEPA (~$150Bn). En todo caso, la contramedida de Trump es temporal: bajo la sección 122, el presidente puede imponer aranceles del 15% durante solo 150 días a todos los países. No obstante, este período da margen al Gobierno para aplicar aranceles por otras vías -por ejemplo, las secciones 301/232, que requieren investigaciones-.
 Escenarios: ¿Cuál será el plan B de Trump?Bajo el nuevo régimen de la Sección 122, el arancel medio ponderado de EE. UU. aplicando la distribución de importaciones de 2024 (es decir, sin efecto sustitución) se sitúa ahora en el 13,2% (al aplicar la tasa del 15%). Si la tasa se hubiera quedado en el 10% inicialmente anunciado por Trump, el arancel medio ponderado hubiera sido del 11,6%, y de no haberse anunciado ninguna contramedida sustitutoria, del 8,3%. 
En este sentido, la reacción del mercado fue moderada: las acciones americanas subieron, los bonos del Tesoro bajaron, el dólar se debilitó y el oro subió, aunque los movimientos se limitaron a alrededor del 1 % o incluso menos.

Además, bajo la nueva estructura, el cambio no es muy sustancial: se estima que lo realmente recaudado en diciembre pasaría de suponer un 9,4% del total de importaciones a un 8,8% (J.P. Morgan Research); y, por otro lado, la Corte Suprema no se ha pronunciado acerca de los reembolsos de los aranceles recaudados mediante la IEEPA (~$150Bn). En todo caso, la contramedida de Trump es temporal: bajo la sección 122, el presidente puede imponer aranceles del 15% durante solo 150 días a todos los países. No obstante, este período da margen al Gobierno para aplicar aranceles por otras vías -por ejemplo, las secciones 301/232, que requieren investigaciones-.
 Escenarios: ¿Cuál será el plan B de Trump?Bajo el nuevo régimen de la Sección 122, el arancel medio ponderado de EE. UU. aplicando la distribución de importaciones de 2024 (es decir, sin efecto sustitución) se sitúa ahora en el 13,2% (al aplicar la tasa del 15%). Si la tasa se hubiera quedado en el 10% inicialmente anunciado por Trump, el arancel medio ponderado hubiera sido del 11,6%, y de no haberse anunciado ninguna contramedida sustitutoria, del 8,3%. 

Ebury:  El dólar cae tras la declaración de ilegalidad de los aranceles de Trump

El repunte provisional del dólar se revirtió de forma abrupta durante el fin de semana, después de que el Supremo declarara ilegales la mayoría de los aranceles impuestos por el presidente Trump. Éste respondió rápidamente imponiendo un arancel global del 15% por un periodo de hasta 150 días, esta vez bajo un fundamento legal diferente y posiblemente más sólido. Aun así, la política comercial estadounidense se ha sumido, por el momento, en un caos aún mayor. Los mercados bursátiles reaccionaron con notable calma, lo que sugiere que el fallo ya estaba en gran medida descontado en los precios. Los bonos, en cambio, cayeron ante la preocupación de que la pérdida de ingresos arancelarios empeore el panorama fiscal de EEUU. En cualquier caso, ninguno de los movimientos fue especialmente pronunciado, ya que los inversores apuestan a que Trump encontrará vías legales para eludir la sentencia. 

Los riesgos políticos vuelven a copar la atención de los mercados de divisas. Además del fallo judicial y la respuesta de Trump, la creciente probabilidad de un ataque estadounidense contra Irán centrará el foco de los inversores esta semana. Se trata de una semana muy tranquila en el plano macroeconómico, con apenas noticias relevantes esperadas en las principales economías. Al margen de los titulares sobre Irán y los aranceles, será, en cambio, una semana inusualmente cargada de intervenciones de banqueros centrales, incluyendo a la Fed, el BCE y el Banco de Inglaterra. 

  • EUR. La semana pasada, los índices PMI de actividad empresarial de febrero para la zona euro sorprendieron ligeramente al alza, lo que indica que la economía del bloque continúa creciendo a un ritmo sólido, aunque sin ser especialmente acelerado. Otra señal en la misma dirección es la encuesta sobre salarios negociados en la zona euro del 4º trimestre, que mostró un repunte en los aumentos salariales hasta una tasa anualizada cercana al 3%. Aunque los rumores de la semana pasada acerca de una posible salida anticipada de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, han ensombrecido la senda de los tipos de interés, la ausencia de una figura clara como posible sucesor ha limitado, por ahora, el impacto en la moneda común. Durante el fin de semana, las noticias sobre los aranceles han eclipsado todo lo demás, ya que el Parlamento Europeo ha decidido suspender las negociaciones sobre el tratado comercial con EEUU hasta que se aclare el caos en la política comercial estadounidense. La reacción inicial de parte del mercado ha sido comprar euros, lo que refuerza la consolidación de la moneda común como refugio seguro frente a la inestabilidad provocada por EEUU.
  • USD. Las noticias macroeconómicas y políticas quedaron eclipsadas por la decisión sobre los aranceles del viernes, pero la mayoría de los datos publicados la semana pasada respaldan la postura de los 'hawksde la Reserva Federal. Los pedidos de bienes duraderos, los datos sobre vivienda y las solicitudes semanales de subsidio por desempleo resultaron mejores de lo esperado. Además, las actas de la última reunión de la Fed fueron notablemente hawkish y sugieren que varios miembros del FOMC están empezando a considerar subidas de tipos de interés. Por muy moderado que intente mostrarse el nuevo presidente, Warsh, le resultará difícil convencer al resto de los miembros con derecho a voto de relajar los tipos. El nuevo caos arancelario ocupa ahora el primer plano, pero ni los datos de la economía estadounidense ni las comunicaciones de la Fed parecen compatibles con un ciclo significativo de recortes de tipos. La fuerte revisión a la baja del viernes de la estimación del PIB del cuarto trimestre (del 4,4 % inicial al 1,4 % anualizado) representa una clara ruptura con esta narrativa, pero los inversores la han ignorado en gran medida por la antigüedad de los datos. 
  • GBP. Las noticias económicas procedentes del Reino Unido la semana pasada arrojaron señales mixtas para la libra esterlina. Por un lado, la actividad económica parece resistir con bastante solidez: las ventas minoristas registraron en enero su mayor aumento interanual en casi cuatro años, y el índice PMI compuesto de actividad empresarial sorprendió al alza. Estos datos han reducido ligeramente las expectativas del mercado respecto a recortes de tipos por parte del Banco de Inglaterra. Sin embargo, la última caída de la inflación y los nuevos indicios de debilidad en el mercado laboral apuntan a que una reducción de tipos en marzo sigue siendo el escenario más probable, y los mercados de swaps ya lo descuentan en torno al 80%. Aunque la mejora en el desempeño de la economía británica podría respaldar a la libra a corto plazo, creemos que este efecto quedará eclipsado por los riesgos políticos, ya que el futuro del primer ministro Starmer continúa siendo incierto. Las importantes elecciones parciales del jueves en Gorton y Denton probablemente resultarán reveladoras, dado que parece probable que el Partido Laborista pierda el escaño frente al Partido Verde o el Partido Reformista. 

UBS: el no del Supremo a los aranceles favorece a la renta variable

Por su parte, el UBS CIO Daily resalta que el Supremo falló en contra de la Administración Trump por 6 votos a 3, al considerar que el uso de la IEEPA para imponer aranceles es ilegal. Y destaca las siguientes implicaciones de esta decisión:

  • El impacto macroeconómico dependerá probablemente de la respuesta de la Administración.
  • El tipo arancelario efectivo medio en EE.UU. descenderá al 10–15% este año.
  • El fallo sobre la IEEPA también puede tener implicaciones para los 'acuerdos' alcanzados con otros socios comerciales.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "En conjunto, la decisión sobre los aranceles no altera nuestra visión positiva sobre los mercados financieros. La decisión es ligeramente favorable para la renta variable en la medida en que una menor tasa arancelaria mejora el poder adquisitivo de los hogares, limita las preocupaciones sobre la inflación y respalda nuevos recortes de tipos por parte de la Fed".

Evli se apunta a la Gran Rotación

La gestora nórdica Evli opina que la renta variable global ha consolidado en 2026 un cambio de tendencia. Desde el apetito por acciones tecnológicas de EEUU y por los metales que dominaron en 2025 y años anteriores, hacia el atractivo de los sectores cíclicos y la inversión value. El sentimiento positivo y optimista con el que los mercados han comenzado el año podría derivar en alguna corrección en el primer trimestre, aunque los fundamentales apoyan este cambio de tendencia, gracias a la aceleración del ciclo a nivel global. 

Claves del inicio del año en renta variable:

  • Los indicadores económicos apuntan a una aceleración del repunte cíclico en las principales regiones, sobre todo en Asia, donde es especialmente robusto. Europa y EEUU también han fortalecido su actividad económica, lo que respalda la rotación hacia inversiones cíclicas y de estilo value. Todo ello supone un cambio profundo respecto al crecimiento en los últimos años, liderado por el sector tecnológico.
  • Fortaleza y volatilidad en los metales. Enero empezó con alzas del precio del oro, plata y metales industriales, un síntoma tanto de la recuperación del ciclo como de las preocupaciones por la inflación. Sin embargo, una posible sobrecompra a corto plazo provocó caídas en los precios, aunque los fundamentales siguen siendo favorables con visión a largo plazo.
  • Impulso de la rotación hacia otros sectores. En el mes de enero, las temáticas hacia las que se produjo la rotación en los mercados se reforzaron. Las acciones de compañías fuera de EEUU siguieron superando a las de éste,  el estilo value amplió sus ganancias frente al growth y las industrias tradicionales lideraron los beneficios. El liderazgo del mercado ha cambiado, según Evli, porque se ha alejado de las grandes tecnológicas USA que dominaron el mercado en los años anteriores.
  • EEUU: La Tecnología da paso a la Energía, Materiales e Industriales. Las ganancias fueron modestas, quedando el mercado de EEUU rezagado respecto al resto de zonas geográficas. Los sectores de Tecnología y Finanzas registraron caídas, y los inversores se alejaron de las empresas growth más caras. El mejor sector fue Energía junto a otros sectores value como Materiales e Industriales. Ha habido una ampliación de sectores lideres, aunque a costa de la tecnología. 
  • Europa: Aprovecha el momentum y el potencial de la inversión value. Los buenos rendimientos de 2025 en los mercados europeos continuaron en enero. La Tecnología se comportó a contracorriente de la tendencia global, gracias a las compañías de semiconductores. Industriales y Materiales, se beneficiaron del gasto en infraestructura en Alemania y del posicionamiento anticipado para la reconstrucción de Ucrania. El mercado europeo fue impulsado tanto por el momentum como por el estilo value, superando con claridad las estrategias growth y quality.
  • Mercados emergentes: La debilidad del dólar y las valoraciones impulsan las subidas en Asia. Los mercados asiáticos fueron los más alcistas, gracias a la recuperación del ciclo y la alta rotación huyendo de acciones EEUU caras. La debilidad del dólar y las valoraciones cada vez más atractivas apuntalaron también su liderazgo. Por sectores, Tecnología y Materiales fueron los destacados, así como las acciones de estilo Value.
  • Posible correcctión y oportunidades por temáticas. Los expertos de la gestora nórdica Evli indican que, pese a que los mercados de renta variable comenzaron 2026 en positivo, es probable una corrección en el primer trimestre. Sin embargo, la recuperación del ciclo es sólida, y propicia las temáticas de inversión Value. En este entorno, las temáticas de inversión con mayor potencial son las siguientes:
    • Inversión Value en Europa: Small caps, mid caps y bancos que aportan propuestas de valor convincentes.
    • Defensa en Europa: Sigue siendo relevante por el aumento del gasto en defensa en países de la OTAN.
    • Reconstrucción de Ucrania: Los planes de reconstrucción están sobre la mesa, y las  empresas europeas están posicionándose para aprovechar las oportunidades.
    • Manufactura y recursos: Sectores tradicionales que siguen siendo atractivos, especialmente Manufactura y empresas de recursos que se benefician del repunte cíclico.
    • Energía y materiales: Electrificación, infraestructura para IA y desarrollo de infraestructuras en Alemania, se han convertido en oportunidades para invertir. 
  • Principales riesgos en 2026:
    • Incertidumbre política y regulatoria. Las políticas del gobierno de EEUU y las tensiones geopolíticas son uno de los mayores riesgos para la renta variable. El episodio de Groenlandia demostró con qué rapidez se puede crear un riesgo político. El inicio del fin de la excepcionalidad de Estados Unidos en los mercados financieros, que comenzó hace un año, parece continuar en 2026.

    • Vulnerabilidad del dólar y de la tecnología estadounidense. Persisten riesgos a la baja para el dólar y para las empresas tecnológicas de EEUU, que parecen vulnerables a corto plazo. La sobreinversión en IA y los riesgos de disrupción en el sector del software, refuerzan la incertidumbre.

    • Inflación y rentabilidad de los bonos. Dado el vigor cíclico de la economía de Estados Unidos, los riesgos inflacionarios podrían resurgir en 2026. Por ello, hace falta vigilar los rendimientos de los bonos, especialmente el dek Treasury a 10 años, porque un repunte podría suponer otro riesgo para las empresas de crecimiento. Brecha en valoraciónLas temáticas de inversión con potencial continúan alejadas de Estados Unidos, dado el nivel extremadamente alto en valoraciones de la renta variable USA. La brecha de valoración entre Estados Unidos y el resto sigue siendo amplia, lo que impulsa la rotación. 

Conclusión: Se consolida la tendencia de rotación a value, cíclicos y mercados no EEUU. La tendencia iniciada en 2025 de rotación hacia compañías no tecnológicas fuera de EEUU, temáticas de valor, y sectores cíclicos, se ha consolidado, según los expertos de Evli Esto refuerza la necesidad de diversificar entre geografías, estilos y sectores.

Pese a la probabilidad de una corrección, los fundamentales que apoyan esta tendencia siguen siendo sólidos, gracias a la ampliación de la recuperación económica global, las valoraciones atractivas fuera de Estados Unidos, y la fortaleza en industrias tradicionales. 

Evli sugiere a los inversores que se apoyen en las temáticas ganadoras: bancos europeos, defensa, reconstrucción de Ucrania, industriales e infraestructura, y oportunidades relacionadas con recursos. Y también, que estén atentos a los riesgos. 2026 va a ser un año para diversificar entre los nuevos líderes del mercado que han sustituido a la tecnología en EEUU.

06Feb

""En el caso de apostar por una recuperación del sector creemos que hay que ser muy selectivo en la elección de valores. Pese a la tendencia bajista, todavía existen modelos de negocio resistentes, cuyos fundamentales no se ven tan impactados por la disrupción de la IA", señalan en Ibercaja Gestión.

Miguel Ángel Valero

Toda disrupción tecnológica termina produciendo cambios en la forma en la que vivimos y trabajamos. Como en todo proceso de cambio, aparecen modelos de negocio ganadores, que impulsan la nueva tecnología y se aprovechan de ella para crecer, y perdedores, que terminan desapareciendo o pasando a un segundo plano. En este sentido, la inteligencia artificial (IA) y el desarrollo de agentes está impulsando una narrativa que prevé el fin de los negocios de servicios de Software (SaaS), destaca un análisis de Ibercaja Gestión.

La creciente penetración de la IA, su continua mejora y la previsión de que sea capaz de reemplazar a un elevado número de trabajadores ha provocado un cambio en las expectativas de los inversores. La preocupación se ha acrecentado en los últimos seis meses, provocando grandes caídas en buena parte de los valores cotizados que cuentan con un modelo de negocio centrado en el SaaS.

Los inversores que tienen una visión negativa del sector cuentan con múltiples argumentos que la avalan. En 2024 el sector ha pasado de vivir en un entorno con incontables vientos de cola (nula competencia, expectativa de bajadas de tipos de interés, elevados márgenes e inversores centrados en el largo plazo) a un escenario completamente opuesto, con expectativas de entrada de nuevos competidores, necesidad de sacrificar márgenes para competir con la IA y un cambio en las expectativas de los inversores acerca del valor terminal.

Todo esto se ha visto reflejado en cifras de crecimiento de los ingresos por debajo de lo habitual, con escasas revisiones y una compresión en el múltiplo derivada de la menor seguridad y visibilidad en el crecimiento de los ingresos y la estabilidad de los márgenes.

La lista de riesgos antes no contemplados -ya sea por su baja probabilidad de producirse o porque no existían-,es material. El inversor no solo tiene la obligación de conocerlos, sino que además debe contar con una respuesta definida ante ellos. Dentro de esta lista se incluye:

  • La diferenciación de las plataformas tiende a cero, con aceleración en la tendencia de que toda plataforma es capaz de ofrecer múltiples soluciones.
  • Las empresas que nacen en este nuevo ecosistema con IA ofrecerán un valor enorme a precios más bajos, reduciendo la cuota de mercado de los SaaS actuales.
  • A medida que los agentes de IA realizan más trabajos, el modelo de ingresos basado en el cobro por licencia/trabajador pierde atractivo.
  • Los SaaS actuales se enfrentan a complejidades para evolucionar a un modelo de ingresos distinto y su adopción de la IA es más lenta.
  • Los márgenes se deterioran por una degradación en el poder de fijación de precios y por el mayor coste computacional que necesitan los agentes.
  • El coste de adquisición de los clientes (CAC) se incrementará por un cambio en los usos de internet, a medida que crece el uso de los LLM.

El mercado es un agregador de expectativas que pone en precio los riesgos al alza y a la baja de forma veloz. De este modo, la negatividad de los inversores se ha trasladado a una caída de los múltiplos de valoración. La valoración por múltiplos suele ser el reflejo de dos factores:

  • las expectativas acerca de la capacidad decrecimiento
  • y la incertidumbre -o el riesgo- a la que se expone el inversor.

La compresión actual del múltiplo promedio de las compañías del sector refleja los riesgos. En los últimos meses, se ha producido una convergencia entre el múltiplo del promedio de las compañías de SaaS y el resto del índice SPX. En el gráfico se observa como el SaaS ha vuelto a su promedio histórico de x24 veces los beneficios de los próximos 12 meses, mientras que el mercado en su conjunto se encuentra en máximos, cotizando a x21 veces.

El cambio de narrativa ha afectado negativamente a las empresas de SaaS, pero ha fortalecido las valoraciones del sector de semiconductores. Históricamente el sector del software ha cotizado con una prima de valoración frente a los semiconductores, por las mayores fortalezas y expectativas de crecimiento. Desde el lanzamiento de Chat GPT, esta prima ha pasado a ser negativa y se encuentra en mínimos de los últimos 20 años.

"Es pronto para ver una recuperación, pero buen momento para tomar posiciones en compañías sólidas cuyos fundamentales no se han visto tan deteriorados. Tras las caídas experimentadas durante los últimos meses muchos inversores se preguntan si hemos tocado mínimos. Por valoraciones ya hemos visto que los niveles actuales son atractivos, pero también es cierto que el paradigma actual es diferente. Por ahora, es difícil saber si estamos ante una equivocación del mercado en la valoración o ante una trampa de valor. El sentimiento de los inversores se mantiene en mínimos, pero un cambio de narrativa -como el que vimos con Google a mediados de 2025- podría resultar en una revalorización rápida de estas compañías", explican en Ibercaja Gestión.

"En el caso de apostar por una recuperación del sector creemos que hay que ser muy selectivo en la elección de valores. Pese a la tendencia bajista, todavía existen modelos de negocio resistentes, cuyos fundamentales no se ven tan impactados por la disrupción de la IA. En este sentido, creemos que tiene más sentido analizar las empresas desde una visión bottom-up (de la micro a la macro) para llegar a detectar las oportunidades. Ante la amenaza actual, preferimos estar expuestos a esos SaaS que se dirigen a sectores regulados, con un alto coste de error para el cliente y con un ciclo de adopción largo. Estas características aumentan la defensividad delos negocios y ralentizan una posible caída en las ventas. Por otro lado, preferimos aquellos Software con una complejidad técnica elevada, que ofrecen beneficios de estar integrados en una única plataforma y tienen la propiedad de los datos", concluyen.

Banca March: la  IA como motor de crecimiento económico

Los avances tecnológicos son una fuente de disrupción, pero también el principal motor del crecimiento económico. Así ocurrió durante la revolución industrial, la electrificación de los años 20 – llegando al 68% de los hogares estadounidenses en tan solo una década–, o el desarrollo de internet, periodos en los que la enorme inversión supuso un destacado impulso de la productividad. A pesar de las fortísimas inversiones que actualmente se están llevando a cabo, equivalentes a un 7% del PIB norteamericano, "no nos encontramos en niveles desproporcionados si tenemos en cuenta la tendencia histórica de inversión en tecnología e I+D. De hecho, la variación de la inversión como porcentaje del PIB fue mucho mayor en otros ciclos previos de progreso tecnológico, como la minería en Australia a comienzos del milenio (+5,1 puntos desde 2005 a 2012), o el petróleo en EE.UU. en los 70’ (+1,5 puntos)", señala el House View de Banca March.

Hoy en día, la inversión agregada supone un 27% del flujo de caja mientras que, en el año 2000, llegó a alcanzar el 90%. Es fundamental tener en cuenta que las actuales inversiones se están abordando con mucha menos deuda que en el pasado. Dentro de los hiperescaladores –grandes proveedores globales de servicios y computación en la nube– hay compañías como Alphabet que, aunque están destinando a inversión la mitad de su flujo de caja, no tienen deuda neta. Otros, como Microsoft, Meta o incluso Amazon, tienen una deuda neta contenida respecto a sus beneficios que se sitúa ampliamente por debajo de las 1,6x del promedio de compañías que componen el S&P 500.

En cualquier caso, por más que se vayan a extender las inversiones en IA y que la deuda esté contenida, la visión de los expertos de Banca March para 2026 es que hay que continuar “ampliando el espectro de inversión”. No debemos limitarnos exclusivamente a los hiperescaladores, los desarrolladores de código o a las compañías de semiconductores porque la ola de destrucción creativa generará ganadores adicionales en esta revolución tecnológica. 

Como ejemplo, los centros de datos necesarios para ofrecer más capacidad de computación necesitarán grandes redes de conexión, compañías de infraestructuras, energía y agua. Simplemente por tener una referencia del tipo de cambio al que nos enfrentamos, la demanda de electricidad para abastecer a los centros de datos en EE.UU. en el año 2030 supondrá un 20% del total estadounidense y a nivel mundial alcanzará consumos equivalentes a los que actualmente soporta la India –tercer mayor consumidor del mundo con más de 1.500 millones de habitantes–. En conclusión, la evidencia es clara: la inversión asociada a la ola tecnológica, lejos de agotarse, está entrando en una frase más profunda y transversal con implicaciones estructurales para un número creciente de sectores. 

Tras los resultados presentados por Amazon el 5 de febrero, es evidente que las grandes tecnológicas volverán a acelerar su inversión en centros de datos e inteligencia artificial en 2026. En esta ocasión, el gigante del comercio electrónico anticipó que destinará 200.000 millones$ a infraestructura de centros de datos, chips y equipamiento, abarcando no solo proyectos vinculados con la IA, sino también otras áreas como su división aeroespacial o la robótica aplicada a la logística. La compañía espera que este esfuerzo inversor le permita consolidar su liderazgo en el mercado de servicios en la nube a través de Amazon Web Services (AWS), cuyos ingresos crecieron un 24%, el mayor avance de los últimos tres años.

Al igual que los directivos de Microsoft y Alphabet, el CEO Andy Jassy considera que el actual escenario representa una oportunidad excepcional y observa una demanda de capacidad computacional que continúa estando por encima de la oferta disponible. Este contexto explica el incremento de la inversión en un 50% con respecto al año anterior.

Si agregamos las inversiones previstas para este ejercicio por los cinco principales hiperescaladores —Meta, Amazon, Alphabet, Microsoft y Oracle—, la cifra asciende a 670.000 millones$, frente a los algo más de 500.000 millones estimados antes de las presentaciones de resultados. En definitiva, el volumen de inversión sigue creciendo ante una demanda de computación que no da muestras de desaceleración. Las grandes tecnológicas mantienen una estrategia alineada y un objetivo claro: no quedarse atrás en el desarrollo, despliegue y soporte de la inteligencia artificial. Sin embargo, el mercado sigue escéptico en la capacidad de rentabilizar estas inversiones y continuó castigando al sector tecnológico. 

The Trader: la IA ya no es Software, es infraestructura

En el Foro de Davos se dijo en voz alta algo que los mercados empiezan a asumir en silencio: la IA ya no es Sofware, la IA es infraestructura. La inteligencia artificial no es una moda tecnológica, sino el mayor despliegue de infraestructuras de la historia moderna. La frase la pronunciaba el CEO de Nvidia, Jensen Huang, quien puso cifra al fenómeno: 85 billones$ en 15 años destinados a energía, chips, centros de datos y fábricas de IA. No lo hizo como previsión o visión futurista, sino como confirmación de lo que ya está en marcha. El mercado reaccionó con fuerza porque esta vez el relato es tangible.

La IA no empieza en una app ni en un modelo matemático. Empieza mucho antes:

  • Energía y generación eléctrica
  • Redes y capacidad de transporte
  • Chips y fabricación avanzada
  • Centros de datos, suelo, refrigeración
  • Infraestructura cloud
  • Y solo al final, la capa de aplicaciones

Cuando todo ese 'pastel de capas' tiene que construirse y operarse, lo que aparece no es un ciclo tecnológico, sino un cambio de régimen económico. Si el capital sigue comprometiéndose a esta escala, la IA deja de ser una historia de productividad digital y pasa a convertirse en infraestructura básica, al nivel de la electricidad, las carreteras o las telecomunicaciones.

Este despliegue, explicaban en el Foro de Davos, no destruye empleo: elimina tareas. La IA libera tiempo y amplía capacidades en sanidad, industria o servicios financieros, desplazando el trabajo desde la ejecución mecánica hacia el propósito, o dicho de otro modo, la automatización libera tiempo para que las personas hagan mejor aquello que realmente aporta valor.

Este despliegue está teniendo, además, una consecuencia poco comentada: la IA está impulsando una reindustrialización silenciosa. La demanda ya no es solo de ingenieros de software, es de electricistas, técnicos de redes, obreros de construcción, fontaneros, diseñadores industriales, arquitectos y operadores de centros de datos entre otros. La economía digital vuelve a necesitar mundo físico. Y eso explica por qué los grandes inversores no están tratando este momento como una burbuja, sino como una fase larga, desigual y estructural de construcción.

Si hay una idea clave que se repite en todo el discurso del Foro de Davos es que el mayor beneficio económico llegará en la capa de aplicaciones: sanidad, industria, servicios financieros, logística, robótica, educación, donde por primera vez los modelos son lo suficientemente buenos como para construir negocios encima. No es casualidad que el capital riesgo esté fluyendo de forma masiva hacia empresas nativas de IA.

"La pregunta incómoda hoy no es si hay una burbuja. La pregunta es otra: ¿y si el riesgo es quedarse fuera de la mayor inversión estructural de las próximas décadas? Nadie duda de si cambiará el mundo. Eso ya está ocurriendo. Lo que ahora inquieta a los expertos el momento en el que una tecnología deja de ser una herramienta y se convierte en infraestructura (como la energía o las finanzas), también se convierte en poder. Y el poder, si no se regula, no desaparece: se concentra", señala en The Trader  el analista Pablo Gil

Mustafa Suleyman: una ola de poder sin precedentes

En The Coming Wave, la Ola que viene, Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, aborda el gran dilema tecnológico del siglo XXI: la inteligencia artificial y la biología sintética avanzan más rápido que nuestra capacidad para gobernarlas. El libro publicado por Debate sostiene que no estamos ante una innovación más, sino ante una ola de poder sin precedentes, comparable a la Revolución Industrial, pero mucho más rápida y difícil de contener. La tecnología ya no solo impulsa productividad: redistribuye poder, amplificando lo que individuos, empresas y Estados pueden hacer.

Suleyman no adopta un tono apocalíptico ni optimista. Reconoce el enorme potencial económico y social de la IA, pero advierte que, sin reglas claras, coordinación global y responsabilidad institucional, el riesgo no es el colapso tecnológico, sino la desestabilización política, económica y social. Es un libro incómodo con una conclusión clave, la ola no se puede detener, pero sí gobernarse. 

Morgan Stanley: las empresas británicas han  perdido el 8% del empleo por la IA

En este sentido, el Reino Unido se ha convertido en el primer gran laboratorio donde la inteligencia artificial empieza a mostrar su cara más incómoda. No por falta de avances tecnológicos, sino por la velocidad a la que esos avances se están traduciendo en destrucción neta de empleo.

Según un estudio de Morgan Stanley, las empresas británicas han registrado en los últimos doce meses una pérdida neta de empleo del 8% atribuible directamente a la adopción de IA. Es la cifra más elevada entre las principales economías desarrolladas y duplica la media internacional. Alemania, EEUU, Japón o Australia están lejos de ese impacto.

Lo llamativo es que el problema no es la productividad. Las empresas británicas que han incorporado IA reconocen mejoras medias del 11,5%, prácticamente idénticas a las observadas en EEUU. La diferencia está en la reacción empresarial. Mientras en EEUU la ganancia de eficiencia se ha acompañado de creación de nuevos puestos, en Reino Unido se ha optado por recortar plantilla o no reemplazar vacantes.

Este fenómeno no llega en un buen momento. La economía británica ya venía lastrada por bajo crecimiento, costes laborales al alza, subidas del salario mínimo y mayores cotizaciones sociales. El resultado es un mercado laboral tensionado, con despidos al ritmo más rápido desde 2020 y una tasa de paro en máximos de casi cinco años.

La IA está afectando especialmente a empleos de 'cuello blanco' y perfiles cualificados. Desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, las vacantes en ocupaciones expuestas a la automatización (desarrolladores, consultores, servicios profesionales o IT) han caído un 37%, frente a un 26% en el resto de los sectores. No hablamos de trabajos precarios, sino de la base tradicional de la clase media urbana.

El impacto es aún más duro entre los jóvenes. Muchos de los puestos recortados son empleos de entrada, aquellos que permiten acumular experiencia y progresar dentro de una empresa. La tasa de paro juvenil ha subido hasta el 13,7%, el nivel más alto desde la pandemia, y crece más rápido que el desempleo general. La IA está cerrando la puerta de acceso antes incluso de que los trabajadores puedan demostrar su valor.

La paradoja es evidente. Instituciones como el Banco de Inglaterra y la oficina presupuestaria británica señalan que la IA podría elevar el crecimiento de la productividad hasta 0,8 puntos en la próxima década, mejorando el nivel de vida y las cuentas públicas. El potencial está ahí. El problema es el reparto de sus beneficios… y de sus costes.

El caso británico es una advertencia para Europa. La IA no destruye empleo por sí sola. Lo hace cuando se introduce en economías con bajo crecimiento, márgenes estrechos y empresas más preocupadas por sobrevivir que por reinventar su modelo productivo. Si la eficiencia solo sirve para recortar costes y no para crear nuevas oportunidades, la tecnología deja de ser progreso y se convierte en un acelerador de desigualdad. La pregunta ya no es si la IA cambiará el mercado laboral, sino qué países sabrán convertirla en crecimiento inclusivo y cuáles pagarán el precio de hacerlo mal y deprisa.

investing.com: Amazon deberá hacer más hincapié en la eficiencia

Thomas Monteiro, analista senior en investing.com, señala: "Los últimos resultados financieros de Amazon ponen de relieve la rapidez con la que el ciclo de inversión en IA está poniendo a prueba los balances de las grandes empresas tecnológicas. Si bien la decepcionante reacción general del mercado no es una sorpresa en sí misma, especialmente en un mercado que se ha mostrado implacable con los grandes errores tecnológicos, el alcance de las pérdidas en ambos lados del balance sin duda es motivo de alarma".

Para Amazon, este trimestre deja claro que la escala de la IA ya no es una cuestión de ambición, sino de resistencia del balance. Por un lado, la combinación del debilitamiento de la demanda de los consumidores, principalmente en los segmentos de ingresos bajos y medios, y las presiones sobre los precios derivadas de las continuas repercusiones de los aranceles ha creado una situación difícil para el negocio tradicional de Amazon de cara al resto de 2026, especialmente en lo que respecta a los márgenes.

Por otro lado, los continuos retos competitivos en el ámbito de la nube, observados a lo largo de esta temporada de resultados, están empezando a sembrar dudas sobre la suposición del mercado de que Amazon podrá seguir ampliando masivamente el crecimiento de AWS gracias a unos vientos favorables en gran medida incrementales. Aunque la trayectoria a largo plazo sigue siendo alcista para AWS, estas cifras indican que la empresa tendrá que realizar un gran gasto en infraestructura. 

Mantener un crecimiento trimestral del 20% no será barato. A medida que la competencia sigue aumentando tanto el CapEx como el OpEx, duplicando lo que ahora parece ser un ciclo sostenido de inflación a largo plazo de la infraestructura de IA en lugar de una fase de aceleración temporal, la capacidad de generar un flujo de caja libre creciente a partir de ofertas ya monetizadas y operativas se ha convertido en el campo de batalla clave para las grandes tecnológicas. "En este contexto, es posible que Amazon tenga que hacer mayor hincapié en la eficiencia. También es posible que tenga que recurrir a sus sustanciales reservas de efectivo más pronto que tarde", añade.

UBS: las tendencias estructurales de la IA siguen intactas

El UBS CIO Daily subraya que la volatilidad del mercado no descarrila las tendencias estructurales: "Los inversores que se centran en los movimientos de valores individuales pueden sentirse inquietos ante la avalancha de resultados empresariales publicada en los últimos días. Creemos que esta volatilidad en el comportamiento de las acciones pone de relieve la necesidad de diversificación. Igualmente importante es que los detalles de estos resultados recientes sugieren que las tendencias estructurales de la inteligencia artificial, el envejecimiento demográfico y la electrificación siguen intactas. Seguimos esperando que la innovación transformacional sea un motor clave de la rentabilidad de los mercados de renta variable en los próximos años":

  • Los mercados están premiando a las compañías que pueden demostrar beneficios financieros tangibles derivados de la IA.
  • Los productos y servicios que favorecen vidas más largas, más sanas y más activas deberían beneficiarse de los cambios demográficos globales.
  • El aumento de la demanda mundial de energía y de infraestructuras de red debería impulsar un gasto sostenido.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Mantenemos la visión de que los cambios estructurales en la IA, las infraestructuras energéticas y la atención sanitaria transformarán industrias y ampliarán los beneficios globales, y esperamos que las oportunidades alineadas con estas temáticas ofrezcan un crecimiento estructural sólido y duradero, que vaya mucho más allá de la volatilidad de corto plazo de los mercados".

04Feb

En la reunión de mañana del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo nadie espera cambios, más allá del enfoque "reunión a reunión, dependiente de los datos”.

Miguel Ángel Valero

Cristina Gavín Moreno, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión, descarta sorpresas en lo que a movimientos de tipos se refiere en la primera reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) de este año: "El mercado, y nosotros coincidimos, da por hecho que la facilidad de deposito seguirá en el 2%, y que no veremos cambios en todo el 2026".

Tampoco se esperan novedades en cuanto al enfoque que plantee su presidenta, Christine Lagarde, y que seguirá siendo 'data dependent'. En materia de crecimiento la Eurozona sigue avanzando, y el apoyo fiscal aleman deberia favorecer esa tendencia, pero los fundamentales todavia son frágiles. Por el lado de los precios, es cierto que la inflacion general se mantienen por debajo del 2%,  pero la subyacente se sitúa por encima y los salarios siguen siendo elevados, lo que da argumentos al BCE para ser prudente.

La fortaleza del euro con respecto al dólar que estamos viendo en las últimas semanas está empezando a generar ruido sobre el efecto que puede tener sobre los precios, "pero es pronto todavía para llevar al Banco Central a tomar medidas en ese sentido. No obstante, es cierto, que si la tendencia continúa podría afectar a la política monetaria de cara a la segunda parte del año, no sería descartable que sea un tema que surja en la reunión de este jueves".

Con estos mimbres, la opción de “esperar y ver” que está llevando a cabo el BCE parece ser la más lógica en un entorno donde las incertidumbres geopolíticas están lejos de desaparecer y pueden seguir condicionando el sentimiento de mercado.

Ebury: la fortaleza del euro siembra dudas

"El repunte del euro puede haber sobresaltado a algunos miembros del BCE. Es poco probable que el BCE modifique su política monetaria en el corto plazo, pero la fortaleza del euro ha sembrado dudas sobre la dirección del próximo movimiento de tipos", aporta un análisis de Ebury.

Las últimas noticias económicas de la zona euro han confirmado, en términos generales, que la economía tiene un pulso palpable y que está creciendo en línea con su potencial o cerca de él. Los PMI han bajado desde sus máximos recientes, situándose en 51,5 a finales de año. Mientras tanto, el crecimiento sorprendió al alza en el cuarto trimestre(+0,3 % intertrimestral), con Alemania, España e Italia emitiendo señales alentadoras. Existe la esperanza de que el estímulo fiscal alemán dé un nuevo impulso a la mayor economía de la zona euro, pero es probable que las tensiones comerciales globales y algunos problemas estructurales lastren la actividad.

El panorama inflacionario apunta a unas presiones sobre los precios, en gran medida, contenidas. De hecho, el riesgo de que la inflación se sitúe por debajo del objetivo parece haber aumentado tras la rápida apreciación del euro. El efecto de transmisión de dicha apreciación no es tan elevado como en otras economías de peso, como es el caso de Suiza, pero un euro más fuerte podría reducir los precios de las importaciones de forma considerable. Además, también afectaría negativamente a la competitividad de las exportaciones europeas, que son sumamente importantes para la Unión. 

En este contexto, los mercados, que hace tan solo unas semanas se inclinaban por una subida de tipos, ahora estiman que existe una probabilidad del 25% de que se produzca un recorte antes de finales de año.

Algunos miembros del BCE han abordado el tema del tipo de cambio, lo que sugiere que una facción del Consejo de Gobierno está siguiendo de cerca su evolución. La semana pasada, el gobernador del Banco Central de Francia, François Villeroy de Galhau, declaró que el tipo de cambio será uno de los factores que orientarán la política monetaria del BCE. El gobernador del Banco Central de Austria, Martin Kocher, afirmó que, si el euro se sigue apreciando, en algún momento podría ser necesario adoptar medidas en el ámbito de la política monetaria. Estos comentarios se suman a los realizados el año pasado por el vicepresidente de Luis de Guindos, quien señaló que la cota de 1,2 podría ser el límite de tolerancia del banco. 

Aunque es probable que se muestre reservada, las reflexiones de la presidenta Lagarde sobre la apreciación del euro serán uno de los aspectos clave a seguir en la reunión del jueves. "No esperamos declaraciones contundentes, pero sí que será muy relevante la medida en la que se reconozca la importancia de la cuestión. Por lo demás, creemos que las comunicaciones serán muy parecidas a las de diciembre. Seguramente, la presidenta Lagarde resaltará que la política monetaria está en un 'buen lugar'. La principal diferencia con respecto a la anterior reunión es que no habrá nuevas proyecciones económicas, ya que se publicarán el mes que viene. Por lo tanto, nada nuevo bajo el sol", concluyen en Ebury.

Pictet: una apreciación del euro del 10% puede reducir la inflación un 0,6%

Por su parte, la economista para Europa en Pictet WM, Nadia Gharb, también se centra en la apreciación del euro. Los datos macroeconómicos han estado en general en línea con las previsiones del BCE de diciembre, sin cambios significativos. Es probable que su presidenta Lagarde reitere que la política monetaria actual es adecuada.  Tampoco espera cambios en la reunión, con el tipo de interés de depósitos bancarios en el 2% y enfoque "reunión a reunión, dependiente de los datos”. De hecho, a lo largo de 2026 el BCE puede mantener la tasa de depósitos bancarios en el 2% actual con la inflación en 1,8 %.

La cuestión más relevante es el posible obstáculo para la política monetaria de la apreciación del euro frente al dólar. Puede llegar a reforzar el argumento de mayor flexibilización monetaria. De momento, desde la reunión de diciembre el euro se ha apreciado alrededor del 1% frente al dólar. Martin Kocher, gobernador del banco central austríaco, ha señalado que una apreciación persistente y significativa puede tener implicaciones para las perspectivas de inflación y justificar una respuesta de política monetaria.  Lagarde puede reiterar que el BCE no se fija en un tipo de cambio del euro aunque lo tenga en cuenta al evaluar las perspectivas de inflación e implicaciones de política monetaria.

Las estimaciones basadas en modelos del propio BCE sugieren que una apreciación de 10% nominal del euro puede reducir la inflación en torno a 0,6% en aproximadamente un año. Si el sigue fortaleciéndose para la reunión del 19 de marzo, cuando el BCE presente proyecciones macroeconómicas actualizadas, puede provocar revisiones a la baja de las perspectivas de inflación, que en diciembre estaban en 1,9 % para 2026 y 1,8 % para 2027, en ambos casos ya por debajo del objetivo de 2 %

"Nuestra previsión de crecimiento de PIB en la Eurozona en 2026 es 1,3%. A ello debe contribuir el masivo plan fiscal alemán centrado en infraestructura y defensa, que debe compensar la consolidación en Italia, España y Francia -en este último puede ser menor por su incertidumbre política-", vaticina.

Efectivamente, Alemania puede impulsar el crecimiento de su PIB a cerca de 1 % tras dos años de contracción y uno de crecimiento débil. Además, con la presión de EEUU hay voluntad de avanzar en el mercado único en la UE. Hay que tener en cuenta que las barreras entre economías tienen impacto mucho más negativo que el aumento de aranceles de EE. UU. Por eso la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el exprimer ministro italiano Enrico Letta han fijado 2028 como fecha clave para el mercado único, sobre todo en energía, finanzas y telecomunicaciones.

En España el crecimiento en 2026 puede ser 2,2 %, por encima de la media de 1,3 % de la euro zona, con algo más de inflación, 2% y menos déficit fiscal, 2,3 %. Se debe al turismo, dinámica del mercado laboral, sector inmobiliario y menor exposición a aranceles. Además, España está en transformación estructural, con servicios de más valor añadido, como actividades financieras, seguros, y comunicación.

Columbia Threadneedle: el euro sube por las dudas sobre la Fed

Gary Smith, Head de EMEA Client Portfolio Manager Fixed Income en Columbia Threadneedle Investments, también espera que el BCE mantenga los tipos de interés sin cambios, por quinta reunión consecutiva, a pesar de que el euro ha alcanzado recientemente los 1,2$, su nivel más alto en cuatro años y medio. La apreciación de la moneda única podría reabrir el debate sobre un posible recorte del tipo de depósito, actualmente situado en el 2%, aunque ese movimiento no se contemplaría hasta más adelante en el año. "No obstante, conviene subrayar que la fortaleza del euro se debe en gran medida a un debilitamiento generalizado del dólar estadounidense, motivado por cuestiones como la preocupación sobre la futura independencia de la Reserva Federal. Cabe señalar que, aunque un euro más fuerte supone un desafío para las industrias exportadoras, también impulsa el poder adquisitivo de los hogares", señala.

DWS: la fortaleza del euro no cambia la narrativa de la política monetaria

Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS, discrepa de sus colegas y defiende que la fortaleza del euro no cambia la narrativa de la política monetaria: "No es probable que cambie su comunicación en materia de política monetaria, especialmente porque, en el actual entorno de incertidumbre política, la dependencia de los datos sigue siendo el principio rector clave". 

Entre los temas probables de la reunión se incluyen la incertidumbre en la política comercial, la renovada apreciación del euro y la esperada caída de la inflación de enero por debajo del umbral del 2%. El euro se apreció un 7,6% el año pasado en términos ponderados por comercio, y esto ya ha sido incorporado en las proyecciones de crecimiento e inflación del BCE. En consecuencia, pese a la fortaleza reciente del euro, no existe necesidad de que el BCE ajuste su orientación de política monetaria. 

Los indicadores de sentimiento, como el índice de gestores de compras (PMI), se mantienen por encima de 50, y los mercados laborales siguen estables. Se espera que los recortes de tasas del BCE den un nuevo impulso al sector de la construcción este año. Además, Alemania está incrementando de forma significativa la inversión pública. Por lo tanto, el entorno económico tendría que cambiar de manera sustancial para que el BCE abandone su evaluación de que “estamos en una buena posición”.

La inflación de la zona euro cayó al 1,7% en enero de 2026, su nivel más bajo desde septiembre de 2024. Además, la inflación subyacente también bajó ligeramente hasta el 2,2%, lo que ofrece nuevas pruebas de que las presiones sobre los precios están disminuyendo. Es probable que estas cifras confirmen la opinión del BCE en la reunión de mañana de que la política monetaria se encuentra en una buena situación.
La caída de la inflación general se debió en gran medida al fuerte descenso de los precios de la energía, que bajaron un 4,1%. Por el contrario, la inflación de los alimentos se mantuvo estable, con un aumento de los precios del 2,7%. Los alimentos no procesados registraron el mayor aumento, con un incremento del 4,4%. Esto supone el tercer aumento mensual consecutivo y probablemente refuerce una queja habitual de los consumidores: que los productos básicos cotidianos siguen encareciéndose incluso cuando la inflación general se modera.

También hubo noticias positivas en el sector servicios, donde la inflación se moderó hasta el 3,2%, la primera desaceleración en cuatro meses. Por su parte, los precios de los bienes de consumo registraron un ligero aumento del 0,4%. En los próximos meses, es probable que la apreciación del euro y los descuentos en los precios de las importaciones chinas contribuyan a la tendencia desinflacionista de los precios de los bienes.

En general, las cifras de hoy confirman la política monetaria del BCE. Parece que el típico efecto enero —el aumento de los precios al comienzo del año— ha sido más débil que en los últimos años. En los próximos meses, es probable que la inflación de los servicios se modere aún más a medida que se enfríe el crecimiento de los salarios. Aunque la inflación puede caer temporalmente por debajo del objetivo del 2,0 %, la economía sigue siendo resistente, como muestran los datos del PIB del cuarto trimestre de 2025. "En este contexto, esperamos que los tipos de interés oficiales se mantengan sin cambios este año", concluye la experta de DWS.
 

02Feb

Su nombramiento como sustituto de Jerome Powell también puede servir para calmar los temores sobre la independencia de la Fed, dado que en el pasado ha sido un firme defensor de la autonomía del banco central.

Miguel Ángel Valero

El viernes 30 de enero se dio a conocer al candidato para presidir la Reserva Federal tras el vencimiento del mandato de Jerome Powell: Kevin Warsh. Figura conocida en los círculos académicos del banco central, exmiembro del Comité de la Fed y actualmente consejero independiente de UPS, presenta un perfil institucional y, en los últimos tiempos, favorable a unos tipos de interés más reducidos. No obstante, se posiciona como un aspirante crítico con la política monetaria actual, especialmente en lo relativo al uso intensivo del balance como herramienta de actuación. La reacción del mercado fue favorable para el dólar, pero adversa para los activos de riesgo, en particular para los metales preciosos, que cayeron con intensidad tras conocerse la noticia.

Todavía no se conocen las fechas para que el Senado y el Committee on Banking, Housing and Urban Affairs evalúen su candidatura. Pero sigue la espada de Damocles del senador republicano Thom Tillis, que ha dejado de manera meridianamente clara su intención de bloquear cualquier candidatura hasta que concluya la investigación del Departamento de Justicia sobre Powell. Sin su apoyo, es difícil que un aspirante supere el primer filtro necesario para ser sometido a votación en el pleno.

Ibercaja: con Trump el dólar se ha depreciado el 13.4%

El dólar viene siendo centro de debate en cualquier toma de decisión de inversión desde que Trump tomó posesión el 20 de enero de 2025. Desde entonces, el dólar se ha depreciado frente al euro un 13,4% y frente el índice DXY lo ha hecho un 10,6%. La debilitación del dólar hasta ahora no ha sido casual, y ha respondido a múltiples factores, según un análisis de Ibercaja Gestión

  • nos encontramos en un entorno procíclico, decrecimiento, y en estos entornos los inversores no necesitan refugiarse en dólar; 
  • el riesgo geopolítico pone en duda su valor como activo refugio, las sanciones a Rusia son un claro ejemplo; 
  • y el debate sobre el sustituto de Jerome Powell como presidente de la Fed ha puesto en duda la independencia de la autoridad monetaria. 

Aun así, desde julio, el dólar había conseguido estabilizarse en un rango de 1,15-1,17 EUR/USD. Sin embargo, en la última semana, la estabilidad se ha roto y el dólar ha tocado niveles de 1,2EUR/USD. El viernes 30 de enero, el dólar se debilitó frente al yen tras conocerse que la FED de Nueva York había realizado 'rate checks' a través del Tesoro. Un 'rate check' consiste en hacer una petición simultánea de un tipo de cambio a distintos agentes del mercado, sin llegar a realizar una transacción. No supone una intervención directa en el mercado, pero manda un mensaje a los inversores, que incorporan a sus expectativas y termina trasladándose al precio del tipo de cambio. 

Los inversores ahora interpretan que el Tesoro de EEUU está dispuesto a mantener un yen más fuerte -debilitando así el dólar- si es necesario. Las autoridades de EEUU llevan sin intervenir en el mercado de divisas de forma unilateral desde 1995, y solo lo han hecho de forma coordinada tres veces desde 1998. Realizar 'rate checks' no se considera una intervención, pero confirma la mayor predisposición de esta Administración a realizar una gestión del tipo de cambio más activa.

La justificación a este movimiento es que el Tesoro ha intentado una actuación conjunta con el Banco de Japón. De no haber actuado, la tendencia bajista del yen hubiese obligado al Banco de Japón a vender dólares y, por lo tanto, bonos de EEUU. para mantener el tipo de cambio, tensionando la curva americana. Pese a esto, hay otras teorías, ya que la actuación va en línea con la política arancelaria del gobierno, que trata de forzar una reindustrialización de la economía americana. Con un dólar débil, la industria se fortalece y los ajustes en la balanza comercial son más sencillos. 

Pese a que no creemos que un dólar débil 'per se sea' el objetivo de Trump, el presidente se ha mostrado “cómodo” con los niveles actuales del EUR/USD. Lo que sí que está claro es que la probabilidad de que veamos una intervención crece, y el umbral dónde podemos esperar que esta se produzca está más cerca de lo que creíamos. Por tanto, como los inversores tienen esto en cuenta, lo que se deriva es una depreciación del dólar.

La depreciación del dólar frente al yen se ha trasladado al resto de divisas de forma parecida. El hecho de que se haya producido un evento como este afecta a todo el mercado de divisas y el contagio ha sido inmediato. El índice DXY, que mide la fortaleza del dólar frente a una cesta ponderada por las seis principales divisas de los socios de EE. UU., ha caído un -2,1% en la última semana.

Los inversores llevan tiempo exigiendo una mayor compensación por riesgo para mantener dólares, lo que se ha traducido en una fuerte depreciación de la divisa en los últimos doce meses. El dólar lleva  meses manteniendo una prima de riesgo negativa, cotizando a un valor menor al que el diferencial de tipos de interés frente a otras divisas nos indica. Durante los últimos diez días, hemos visto como esta prima de riesgo negativa se ensanchaba, reflejando la pérdida de confianza y las expectativas de depreciación de los inversores.

La devaluación del dólar es un fenómeno estructural que, ahora, se ha visto impulsado por una actuación aparentemente puntual, pero que podría responder a una voluntad política de la actual Administración. No obstante, la velocidad de los movimientos no gusta dentro del Gobierno americano y Bessent, secretario del Tesoro, ya salió a calmar a los mercados el miércoles: “EEUU siempre tiene una política de dólar fuerte”; y descartó una intervención inminente en el cruce contra el yen. En el corto plazo, debería de encontrar soporte por debajo del 1,2, aunque si lo rompe, en el medio plazo el siguiente objetivo podría estar en torno al 1,22-1,23 (máximos de 2021).

"Hay que vigilar la exposición excesiva del dólar en las carteras (teniendo en cuenta todas las inversiones), y tratar de diversificar hacia otros mercados para reducirla. Un dólar débil, no obstante, es bueno para la evolución de los resultados empresariales americanos (y malo paras las europeas); y puede afectar al comportamiento relativo de las Bolsas", subrayan en Ibercaja Gestión.

Ebury: Trump sugiere un dólar débil

El Análisis del Mercado de Divisas de Ebury destaca que el dólar cerró la semana pasada prácticamente sin cambios, aunque tras unas sesiones extraordinariamente agitadas y volátiles en los mercados de divisas. El dólar sufrió un duro golpe a principios de semana, cayendo a su nivel más bajo desde principios de 2022, debido a la naturaleza errática de Trump y algunos comentarios suyos que parecían insinuar la búsqueda de un dólar débil. Sin embargo, el dólar se recuperó en la segunda mitad de la semana, impulsado por la candidatura de Warsh a la Fed,las declaraciones 'hawkish' del FOMC y las palabras del secretario del Tesoro, Scott Bessent, defendiendo una política de dólarfuerte.

A finales de esta semana, las reuniones de algunos bancos centrales desviarán temporalmente la atención de EEUU. Tanto el BCE como el Banco de Inglaterra mantendrán los tipos de interés intactos el jueves, aunque el mercado estará muy pendiente del segundo por si detecta indicios sobre la próxima bajada de tipos. 

"El Gobierno estadounidense entra en un cierre parcial, pero no esperamos que esto tenga un impacto en los mercados, sobre todo porque no creemos que se vaya a prolongar mucho tiempo", precisan en Ebury. El informe de nóminas no agrícolas estadounidenses correspondiente a enero se publicará el viernes, según lo previsto.

  • EUR: Consideramos que la subida del EUR/USD por encima de la cota de 1,2 fue excesiva, sobre todo teniendo en cuenta las declaraciones de Scott Bessent. No obstante, las cifras del PIB de la zona euro del cuarto trimestre (un crecimiento intertrimestral del 0,3 %) refuerzan nuestra opinión de que la moneda única está bien posicionada para 2026, sobre todo porque aún no se ha visto el impacto completo del paquete fiscal alemán. Se espera que el BCE mantenga los tipos sin cambios el jueves y que la presidenta Lagarde vuelva a afirmar que la política monetaria se encuentra en una "buena posición" y que apenas existe apetito para continuar relajando los tipos. El mercado seguirá con atención sus comentarios sobre la reciente apreciación del euro, pero no creemos que vaya a intentar provocar caídas de la moneda única en este momento.
  • USD: El nombramiento de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal parece haber contribuido a frenar la caída del dólar. Aunque Warsh se ha alineado recientemente con Trump abogando por bajadas de los tipos de interés, el hecho de que se le considerara un 'halcón' durante su etapa como gobernador implica que probablemente sea un presidente menos dovish de lo que podrían haber sido Hassett y Reider. Su nombramiento también puede servir para calmar los temores sobre la independencia de la Fed, dado que en el pasado ha sido un firme defensor de la autonomía del banco central. Realmente, toda elección del presidente Trump se iba a considerar políticamente sesgada, pero consideramos que el nombramiento de Warsh es el menor de todos los males. Será interesante ver si el dólar sigue ganando terreno esta semana, ya que no solo creemos que la caída de la semana pasada fue excesiva, sino que los riesgos se han moderado. El Gobierno de EEUU ha cerrado parte de sus servicios, pero el acuerdo sobre un paquete de gastos hará poco probable que dure más de unos días. También parece cada vez más evidente que los comentarios de Trump sobre el dólar fueron improvisados y no tanto una declaración sobre la política oficial de la Casa Blanca. Si ése fuera el caso, el repunte del dólar podría prolongarse aún más.
  • GBP: La libra esterlina avanzó brevemente hasta el nivel de 1,39 frente al dólar la semana pasada, pero cerró el viernes por debajo del umbral de 1,37. La libra estuvo a merced del dólar la semana pasada, aunque pudimos observar cierta actividad en torno al anuncio del Banco de Inglaterra del jueves. No esperamos ningún cambio en los tipos de interés y, dado que halcones y palomas se mantienen igual de atrincherados en sus respectivas posiciones, es muy posible que se repita una votación de 5 a 4, en la que el voto del gobernador Bailey será decisivo. Podría decirse que la rueda de prensa del gobernador Bailey, la primera de 2026, será más importante. Por ahora, creemos que no revelará sus planes y volverá a decir que el momento de aplicar nuevos recortes dependerá de los próximos datos de inflación. Los mercados no están descontando una bajada de 25 pb hasta julio, pero, si el MPC se muestra más optimista con respecto a la evolución de la inflación, podrían aumentar las apuestas a favor de una reducción de tipos tan pronto como en la reunión de abril.

Franklin Templeton: Warsh supone la vuelta a lo realmente importante

Stephen Dover, director del Franklin Templeton Institute, cree que “los mercados financieros deberían recibir con agrado el nombramiento de Warsh. Su proceso de confirmación podría ser complejo, pero no por dudas sobre sus cualificaciones. Para los inversores, ahora el foco debería volver a lo realmente importante: los fundamentales del mercado y las valoraciones. Según nuestra perspectiva, los sólidos resultados corporativos en distintos sectores y regiones seguirán respaldando una expansión de los rendimientos bursátiles. Un crecimiento robusto, apoyado en la inversión en capital, probablemente contribuirá a una mayor inclinación de las curvas de rendimiento. La mejora de la rentabilidad en los mercados globales de renta variable y renta fija debería atraer inversión, lo que podría debilitar ligeramente al dólar”.

Columbia Threadneedle: uno de los candidatos más creíbles

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, destaca que la aprobación de la nominación tarda unos 80 días, por lo que entramos ahora en ese periodo previo a la salida de Powell: "Warsh es un exgobernador de la Fed: estuvo en el banco central entre 2006 y 2011, un periodo que abarcó la crisis financiera global. En aquel momento se le consideraba relativamente 'hawkish' porque expresó una preocupación significativa de que la expansión del balance bajo la flexibilización cuantitativa provocaría inflación. La visión actual del mercado es que Warsh es uno de los candidatos más creíbles que se han barajado en los últimos meses. Dado que durante su etapa en la Fed se mostró muy incómodo con la inflación, y ahora esta es una realidad, resulta interesante preguntarse qué estará pensando ahora".

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la Fed ya se encuentra claramente en modo de 'esperar y ver', con poca inclinación a modificar su política monetaria en el corto plazo. De hecho, parece probable que ya hayamos visto el último recorte del mandato de Powell. Aunque las tres últimas reuniones se saldaron con recortes acumulados de 75 pb, ahora estamos firmemente en pausa. 

La visión actual de Warsh es que la inflación se verá mitigada por un aumento de la productividad, por lo que sus preocupaciones inflacionistas se han reducido. A diferencia de otros candidatos a presidir la Fed, Warsh no es visto simplemente como alguien proclive a recortar tipos. El que fue durante mucho tiempo el principal favorito, Kevin Hassett, por ejemplo, era percibido como alguien más dispuesto a ceder a la presión política para realizar recortes adicionales.

La reacción del mercado a la noticia fue algo desconcertante. Tanto el oro como la plata registraron movimientos bajistas muy pronunciados, aunque partían de niveles claramente de sobrecompra. Los gráficos de precios de ambos activos se habían vuelto parabólicos en las semanas anteriores, por lo que no sorprendió ver una corrección. 

En cuanto a las expectativas sobre los tipos, aumentaron ligeramente las probabilidades de un recorte, con la próxima bajada esperada en junio y otra adicional antes de final de año. No obstante, conviene recordar que, entre tanto, queda mucho por suceder tanto en el proceso de nominación como en los datos económicos de EEUU.

Por ahora, la forma en que está evolucionando la economía estadounidense realmente no justifica que la Fed baje los tipos. Las percepciones sobre la senda de los tipos podrían cambiar si se produjera un deterioro en los datos de empleo y, aunque éstos se han suavizado, no están empeorando de forma significativa. Lo más probable es una aceleración de la economía estadounidense, dado el volumen de estímulo fiscal en juego. 

Así pues, aunque los mercados siguen descontando nuevos recortes de tipos, muchas cosas pueden cambiar. También conviene ser conscientes de otros asuntos: existen esfuerzos para destituir a la gobernadora de la Fed Lisa Cook, así como una investigación en curso del Departamento de Justicia sobre la remodelación de la sede de la Fed.

"Los mercados deberían sentirse cómodos con lo que parece un nombramiento creíble. Y aunque probablemente veamos más presión por parte de Trump sobre la Fed para que baje los tipos, considero que Warsh y el resto de los miembros del consejo harán todo lo posible por preservar la independencia del banco central", concluye Willis.

27Jan

El ruido político reaviva las dudas de los inversores sobre el margen real de actuación de la autoridad monetaria de EEUU. Los analistas esperan dos bajadas de tipos, pero a partir de julio, ya con el nuevo presidente.

Miguel Ángel Valero

Cristina Gavín Moreno, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión, no espera movimientos de tipos en la reunión de la Fed del miércoles 28 de enero y se mantendrán en el rango 3.5%-3.75%.  Los favorables datos de empleo, consumo y de actividad manufacturera que hemos conocido en el comienzo de año dan margen a la Fed para mantenerse en modo “espera” en el proceso de bajada de tipos.

En cualquier caso, los datos de precios publicados a lo largo de las últimas semanas, en especial, los referidos a cierre de 2025, se han situado por debajo de las expectativas de mercado y esto permite a la Fed mantener un tono acomodaticio en lo que a política monetaria se refiere, lo que está llevando a los inversores a descontar hasta dos bajadas para este 2026.  Estos recortes, se producirían en la segunda parte del año, bajo el paraguas de la nueva presidencia.

"Y es que otro factor a tener en cuenta es el ruido político al que estamos asistiendo desde hace tiempo, que inevitablemente reaviva las dudas existentes entre los inversores en lo que a la independencia de la Reserva Federal se refiere. Hasta qué punto estas presiones pueden marcar la actuación de la principal autoridad monetaria estadounidense en este año está todavía por ver y habrá que seguir atentos en este sentido. El cambio de presidencia de la Fed previsto para mayo puede también cambiar de forma radical las expectativas de tipos", advierte.

Ebury: seguirá la profunda división en el FOMC

"Se espera que la Fed mantenga inalterados los tipos de interés  y los últimos datos económicos sugieren que tendremos que esperar un tiempo hasta que se efectúe la siguiente bajada", señala Matthew Ryan, Head of Market Strategy de Ebury. Aunque en la última reunión del FOMC no se produjo el 'recorte hawkish' que muchos esperaban, el presidente Powell dejó claro que tenía intención de mantener los tipos en la reunión de enero. Además, la división cada vez más profunda entre los 'halcones' y las 'palomas' del Comité también se hizo patente en diciembre. Siete miembros (de un total de 19) se mostraban a favor de no realizar ningún cambio de tipos en 2026, mientras que ocho preveían al menos dos recortes de tipos para este año. 

Desde la última reunión, los datos que han sido publicados no han cambiado significativamente el panorama, pero lo que sí que tenemos claro es que no justifican una flexibilización inmediata de la política monetaria. El mercado laboral sigue en un estado de "baja contratación y pocos despedidos". Si bien la creación de empleo está siendo débil, no hay signos de un aumento de los despidos ni en los datos oficiales de desempleo ni en las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo. El crecimiento sigue siendo sólido, y la segunda estimación del PIB del tercer trimestre apunta a una expansión que supera holgadamente el 4% anualizado.

Los indicadores de inflación en EEUU han sorprendido a la baja en los últimos meses, y no estamos viendo señales claras de un elevado impacto inflacionario por parte de los aranceles, ya que las empresas parecen estar absorbiendo gran parte de los sobrecostes de momento.  Sin embargo, no esperamos que esta situación se vaya a prolongar indefinidamente y cabe señalar que parte de la debilidad inflacionaria se debe al cierre del gobierno federal sufrido a finales del año pasado. De hecho, la Fed espera que la inflación subyacente del PCE, su índice preferido de los precios al consumo, se sitúe claramente por encima del objetivo del 2 % y alcance una media del 2,5 % en 2026. 

En la reunión no se actualizarán las proyecciones económicas ni el gráfico de puntos, por lo que la atención se centrará en el comunicado escrito de la Fed y la rueda de prensa que ofrezca Powell. La Fed volverá a afirmar que está monitorizando los riesgos que acechan a ambos objetivos de su mandato: promover el empleo y mantener una inflación estable. Es probable que Powell haga referencia al reciente enfriamiento del mercado laboral, pero también podría mencionar que la inflación, y los riesgos asociados a ella, siguen siendo elevados. 

En cuanto a los tipos de interés, no creemos que la Fed vea ninguna ventaja en desligarse de su enfoque cauteloso. Tras tres recortes de tipos consecutivos, creemos que Powell no transmitirá ninguna prisa por continuar la flexibilización y esperará a recibir más datos antes de llevar a cabo su próximo movimiento de tipos. 

El aumento de los temores sobre la autonomía de la Fed y la creciente influencia de Trump sobre la política monetaria estadounidense son otro motivo más para que la Fed adopte una postura hawkish, ya que esto reforzaría su credibilidad e imparcialidad. Aparte de las comunicaciones en sí, también prestaremos mucha atención a las votaciones de los miembros del FOMC, para las que seguimos anticipando una falta de unanimidad. Es probable que Miran, partidario de una flexibilización muy agresiva, vuelva a presionar para que se reduzcan los tipos: ha votado a favor de recortes de 50 puntos básicos (pb) en todas las reuniones desde que se incorporó al FOMC en septiembre, pero no nos sorprendería que en esta ocasión opte por un recorte de 25 pb. Los miembros Waller y Bowman podrían seguir su ejemplo. No esperamos que los demás miembros del comité voten a favor de una mayor flexibilización. 

Teniendo en cuenta todos estos factores, creemos que la Fed adoptará un tono relativamente hawkish el miércoles. Es probable que Powell atempere las expectativas de recortes del mercado señalando su preocupación por la inflación y afirmando que el FOMC tendrá que recibir más datos antes de comprometerse a volver a recortar. Esta postura relativamente hawkish podría proporcionar un apoyo puntual y muy necesario al dólar estadounidense. Sin embargo, dado que el mercado de futuros no está descontando el próximo recorte hasta la reunión de julio, creemos que el repunte del dólar será moderado. 

DWS: la política manda

Christian Scherrmann, Economista jefe de DWS para EEUU, considera que tras dos semanas de extensos discursos de la Reserva Federal y numerosas apariciones públicas de los responsables de los bancos centrales, las expectativas sobre una pausa en los recortes de tipos parecen bien afianzadas. La tasa de desempleo actual, del 4,4% en diciembre, sugiere que los mercados laborales se mantienen en pleno empleo o cerca de él, quizá con una ligera tendencia a la baja.

La creación de empleo se situó en una media de alrededor de 50.000 puestos en 2025, lo que supone una ralentización, pero probablemente sigue siendo suficiente, si se tienen en cuenta la demografía y la reducción de la migración. Mientras tanto, la inflación se ha mantenido estable en los últimos meses, en torno al 2,8%. Esto sugiere —si se corrige el probable efecto temporal de 0,5 puntos de los aranceles— que podría estar más cerca del objetivo de lo que se temía hace unos meses.

Las presiones sobre los precios derivadas de los aranceles solo se han trasladado parcialmente a los consumidores, lo que podría explicar la relativa debilidad de los mercados laborales. No obstante, debemos tener en cuenta que los datos siguen viéndose afectados por el cierre del Gobierno. Por lo tanto, sigue pareciendo probable un repunte temporal de la inflación en el primer trimestre de 2026, y un cierto aumento de la actividad manufacturera también podría favorecer la contratación. Sin embargo, esto es una razón más para que los bancos centrales esperen a ver qué dicen los datos que se publiquen una vez que desaparezcan los efectos del cierre.

Sin embargo, la verdadera noticia en materia de política monetaria este mes es otra: la independencia de la Fed vuelve a ser objeto de atención. Tras el intento de destitución de la gobernadora Lisa Cook, a principios de 2025, el presidente de la Fed se ha visto recientemente envuelto en una serie de acusaciones relacionadas con la renovación de las oficinas de la Fed. Sorprendentemente, el presidente de la Fed se sintió obligado a responder en un histórico vídeo de dos minutos publicado en la página web de la Fed. Aunque no esperamos que el presidente Powell responda a preguntas sobre este asunto en la rueda de prensa, nos gustaría recordar que el anuncio de quién será nombrado su sucesor podría estar finalmente cerca. No nos sorprendería que coincidiera con la próxima reunión y trajera algunas sorpresas.

Zürcher Kantonalbank/SwissCanto; infra ponderar dólar, no la Bolsa de EEUU

Nicola Grass, gestor sénior de carteras multiactivo en Zürcher Kantonalbank, la gestora de los fondos de Swisscanto, espera que la Fed mantenga los tipos de interés sin cambios en el 3,75%, en línea con el amplio consenso del mercado, ya que los participantes han estimado la probabilidad de un recorte de tipos en tan solo un 3%. No obstante, seguimos anticipando dos recortes adicionales a lo largo de este año, aunque previsiblemente no hasta la segunda mitad. En la actualidad, los datos económicos siguen siendo demasiado sólidos como para justificar una relajación monetaria, e incluso el mercado laboral, que se había debilitado recientemente, muestra señales de estabilización.

La cuestión de quién sucederá al presidente de la Fed, Jerome Powell, resulta especialmente interesante. Kevin Hassett, considerado anteriormente el principal favorito, parece ahora haber quedado inesperadamente fuera de la carrera. En cualquier caso, la presión política sobre la Fed para bajar los tipos seguirá siendo elevada.

En este contexto, mantenemos una posición infra ponderada en el dólar, al tiempo que seguimos sobre ponderando la renta variable de EEUU.

26Jan

El oro se ha comportado mejor que el principal índice de mineras (GDX) en los últimos 10 años, pero en 2025 el gap de rentabilidad se ha cerrado: 133% el índice vs 60% el oro, según un análisis de Ibercaja Gestión. UBS ve el oro a 5.400$ la onza.

Miguel Ángel Valero

A lo largo de la historia, el oro ha jugado un papel esencial en el sistema financiero. Su función ha ido evolucionando con el transcurso del tiempo; en primera instancia como principal moneda de cambio en muchas civilizaciones, posteriormente como respaldo de la moneda fiat (patrón oro) y, finalmente, como activo financiero. A pesar de su constante evolución, lejos de perder valor, lo ha seguido ganando. Este activo, visto por muchos inversores como un refugio y un mecanismo de protección ante la incertidumbre y la depreciación de la moneda fiat, ha conseguido ganarse un hueco en muchas carteras, incluidas las de los bancos centrales.

Según las estimaciones del World Gold Council (WGC), citadas en un análisis de Ibercaja Gestión, La inversión más rentable de 2025: ¿es oro todo lo que reluce?, a lo largo de la historia se han minado aproximadamente 209.000 toneladas de oro. El oro no se consume ni se deteriora como otras materias primas. Por tanto, todo el oro minado a lo largo de los años permanece entre nosotros. La oferta del oro procede de la minería (75%) y del reciclaje (25%).

La producción del oro a través de la minería se encuentra bien diversificada geográficamente, ya que ninguna región produce más del 25% del stock total global. Esto ayuda a reducir riesgos de shocks de oferta y contribuye a la relativa baja volatilidad del oro. Durante las dos décadas anteriores, la producción minera del oro ha crecido en torno a un ritmo del 2% anual, mientras que la oferta del oro reciclado está más influenciada por el precio del oro y el sentimiento del mercado.

La principal característica de la oferta del oro es el hecho de ser altamente inelástica y fija en el corto-medio plazo. Es decir, aunque el precio del oro suba mucho, la producción no puede aumentar rápidamente. En este sentido, la combinación de un mercado relativamente líquido pero pequeño y la inelasticidad general de la oferta, implica que el oro es susceptible a grandes reajustes en los precios a partir de cambios relativamente pequeños en la demanda, ya que el precio es el “árbitro definitivo” del oro.

La demanda de oro alcanzó un récord histórico en 2024 con 4.974tn. La demanda está guiada principalmente como bien de lujo, como activo de inversión refugio y como componente industrial. Gran parte del stock de oro minado hoy en día lo encontramos en joyas (45%), aunque su valor como activo de inversión ha ido ganando peso en los últimos 10 años.

La demanda de oro como inversión es particular, puesto que su valor no depende de unos flujos de caja futuros predeterminados -como en el caso de la renta fija- o esperados -como en la renta variable-. Su valor se deriva de su habilidad de actuar como activo refugio en contextos de máxima incertidumbre geopolítica o inflacionaria. Además, gana especialmente relevancia en contextos de tipos de interés reales bajos o negativos, al ser un activo sin rentabilidad implícita.

En 2022, las sanciones por parte de EEUU a Rusia por la invasión de Ucrania dieron lugar a un cambio profundo en los fundamentales del oro. Los bancos centrales se dieron cuenta de que mantener gran parte de sus reservas en dólares suponía un riesgo. Ante esto, los flujos de los bancos centrales hacia este activo se incrementaron.

El último cambio en las dinámicas de la demanda lo hemos visto en 2025, donde el inversor retail y los gestores de activos han emergido como compradores. Los ETF son una de las vías mediante las cuales los inversores canalizan su inversión en oro. Los ETF de oro experimentaron salidas netas en 2024, pero la dinámica ya se ha revertido en 2025

Lo que se observa es un cambio de tendencia en las dinámicas de mercado que guían la demanda. Durante décadas, los tipos de interés reales y la curva de los bonos de EEUU, determinaban el precio del oro. En la actualidad, esta relación parece rota, al menos momentáneamente.

El escenario actual recuerda a los ciclos alcistas de 1970 y 2000

Los expertos de la gestora de Ibercaja identifican dos periodos claros donde se produjo un ciclo alcista extraordinario en el oro: la década de 1970 (revalorización del 1.488%) y la del 2000 (+390%). Los eventos macro que impactaron en el precio del oro fueron la inflación, los tipos de interés reales, el crecimiento en los niveles de deuda gubernamental y los incrementos en la masa monetaria.

En el escenario actual, encontramos múltiples semejanzas que no han pasado desapercibidas para muchos inversores y que han llevado a la actual revalorización del oro. La tensión geopolítica, los elevados niveles de deuda, el crecimiento vía estímulos fiscales en Europa y el crecimiento gracias a las mejoras de productividad de la IA, es probable que nos lleven a una nueva normalidad inflacionaria, con tasas de inflación superiores al 2%. Si un escenario así termina por instaurarse en el medio plazo, con tipos de interés reales negativos por la complacencia de los bancos centrales, el oro puede desempeñar un rol como activo trascendental, y ganar peso en muchas carteras frente a la tradicional renta fija.

¿Oro o mineras?

La pregunta que todo inversor se hace cuando decide comprar oro es: ¿qué es mejor comprar directamente el metal o acciones de mineras? Son dos tipos de inversiones distintas y, por tanto, no tienen por qué comportarse igual. En general, el oro se ha comportado mejor que el principal índice de mineras (GDX) en los últimos 10 años, pero en 2025 el gap de rentabilidad se ha cerrado: 133% el índice vs 60% el oro. 

Aunque el precio del oro guía en muchos casos el comportamiento de las mineras, la inversión en éstas enfrenta otros múltiples riesgos, desde operativos hasta los habituales de gestión de la compañía o balance. Los motivos de que las rentabilidades de las mineras hayan doblado a las del oro son principalmente tres: 

  • El índice de mineras venía acumulando un gap de rentabilidad negativo de cerca del 30% frente al oro desde inicios de 2023. 
  • El índice ha sufrido una expansión del múltiplo considerable en los últimos 12 meses, pasando de 10,9x TTM P/E a 33,2 TTM P/E. 
  • El precio del oro actual es tal, que más del 95% de la producción de oro conocida es rentable, por tanto, el AISC apenas puede incrementarse en el corto plazo y la tesis de que la inversión en mineras es una inversión en oro apalancada se cumple para la gran mayoría de las compañías que componen el índice.

De cara a plantearse invertir en mineras de oro es clave elegir con precisión quirúrgica en qué compañías se realiza la inversión. Porque es indiscutible al gran valor añadido que aporta la gestión activa en la inversión de mineras de oro.

El inversor debe analizar su situación particular y decidir qué tipo de inversión se ajusta más a sus necesidades de ahorro. En el caso de posicionarse en el oro, las rentabilidades esperadas son elevadas y la volatilidad del activo será potencialmente menor. En el caso de decidirse por la inversión en mineras de oro, la evidencia muestra que la gestión activa crea valor y el stock picking de acciones permite generar una rentabilidad mucho mayor que la mera indexación.

Tras la espectacular revalorización de las mineras en 2025, cabe preguntarse si todavía existe margen para ver más subidas o si el tren ya está perdido y es mejor mirar a otro lado –o hacia el oro-. Observando la ratio S&P500/GDX es posible apreciar que tras años de dominio del S&P 500 sobe las mineras, la tendencia se ha revertido hacia niveles mínimos de 2015 y 2019. La tendencia sugería un cambio hacia un mejor performance relativo de las mineras frente al S&P 500; justo lo que ha ocurrido durante el 2025.

En los mercados alcistas, las acciones de las mineras de oro tienden a cotizar con una prima sobre el precio del oro (como en el año 2020). En esta línea, la relación GDX/Oro indica que, durante los últimos años, las mineras de oro han estado cotizando en más de una desviación típica por debajo de la media.

Las mineras de oro se encontraban muy infravaloradas en términos relativos frente al oro y era cuestión de tiempo que ese gap de valoración se revirtiera. El rally del oro durante el 2025 ha propiciado la tormenta perfecta para acelerar el cierre de esa brecha. "El sector de la minería de oro sigue luchando contra su mala reputación en materia de disciplina financiera, una percepción arraigada en la década de 2010, pero creemos que esta reputación ya no está justificada. En particular, entre los equipos directivos más destacados, ahora existe un fuerte enfoque en las prácticas financieras conservadoras y parece que el sector ha aprendido de los errores del pasado", apunta el análisis de Ibercaja Gestión.

UBS: el oro vale 5.400$ la onza

El UBS CIO Daily subraya que los inversores siguen buscando protección para sus carteras, ya que las tensiones en las alianzas globales y los riesgos aún no resueltos mantienen elevados los niveles de incertidumbre. Con los bancos centrales incrementando sus compras de oro durante el último año y un entorno macroeconómico que sigue respaldando la acumulación de este activo, "prevemos nuevos avances en el precio del metal".Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Creemos que los argumentos a favor del oro siguen siendo sólidos y mantenemos este activo en nuestras carteras globales. Para los inversores con afinidad por esta clase de activo, consideramos adecuada una asignación de un dígito medio al oro dentro de una cartera diversificada en dólares. En nuestro escenario de riesgos al alza, el precio objetivo del oro se sitúa en 5.400$ por onza”.