28Feb

La política de confrontación de Trump puede estar acelerando justo lo contrario de lo que pretende: en lugar de aislar a China, está incentivando a sus propios socios a estrechar lazos con Pekín para proteger sus intereses económicos.

Miguel Ángel Valero

China es la mayor beneficiaria del fallo judicial estadounidense contra los aranceles basados en la ley de poderes económicos de emergencia (IEEPA), asegura un análisis de Natixis CIB. El fallo de la Corte Suprema de EEUU (SCOTUS) ha vuelto a generar conmoción en medio de incertidumbres geopolíticas inexploradas, pero aún puede ser prematuro celebrar un mundo con aranceles más bajos. Lo importante para China es la reducción de la brecha arancelaria con sus pares, lo que puede brindarle mayores ventajas. Para otros mercados, la reducción de la brecha plantea la cuestión de si tal compromiso vale la pena y cuáles serían sus posibles beneficios. 

En el nuevo escenario, China será la mayor beneficiaria, ya que el arancel efectivo estadounidense se reducirá un 15,6 % (del 36,8 % al 21,2 %). Con la medida de la Sección 122, la reducción sigue siendo significativa: del 9,9% con un arancel adicional del 10%, o del 7,1% con un arancel adicional del 15 %. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá a continuación, por lo que los exportadores chinos o los importadores estadounidenses anticiparán sus envíos. 

Un factor de retroceso podría ser el ya reducido comercio directo entre EEUU y China. La exposición de EEUU a las exportaciones chinas ya ha disminuido del 19% en 2018 al 11% en 2025. La proporción también se redujo del 21% al 9% durante el mismo período para las importaciones estadounidenses procedentes de China. 

Suponiendo que los aranceles persistan y puedan cambiar pronto, las empresas chinas continuarán con su estrategia de globalización y utilizarán sus instalaciones de producción en el extranjero para ingresar al mercado estadounidense. 

Se espera que Japón termine enfrentando una tasa arancelaria efectiva ligeramente mayor debido a la decisión de la Corte Suprema de EEUU. Sin embargo, es probable que el efecto general en Japón sea marginalmente positivo, ya que se espera que el efecto indirecto de un mayor comercio mundial impulse las exportaciones. Para los mercados asiáticos (excluyendo China) en general, el impacto puede ser desigual debido a las menores ventajas sobre China y a la incertidumbre en torno a la inminente caja negra de los aranceles sectoriales bajo la Sección 232.

China mantiene una importancia moderada en los seis sectores reportados como objetivo, especialmente en baterías y telecomunicaciones. Esto refleja el objetivo de aumentar los aranceles en sectores estratégicos para reducir la exposición de EEUU a China y reactivar la manufactura. Por lo tanto, a pesar del fallo judicial, las corrientes geopolíticas persistirán y el comercio mundial no volverá a la normalidad. El impacto en Asia aún es incierto, en función de hasta dónde llegue EE. UU. con los aranceles sectoriales y de si existen exenciones preferenciales. Las futuras reacciones de Trump podrían empeorar la situación de China si se imponen grandes aranceles sectoriales. 

Si bien Trump ha alcanzado múltiples acuerdos comerciales, el fallo de la Corte Suprema ha vuelto a generar una conmoción en la nueva normalidad de incertidumbres geopolíticas inexploradas. Dado que el uso por parte de Trump de la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional está ahora restringido, los aranceles recíprocos a nivel mundial y los adicionales relacionados con el fentanilo aplicados a China se consideran inválidos. Trump ha respondido invocando la Sección 122 para imponer aranceles adicionales (actualmente un 10%, con la posibilidad de aumentar al 15%) y ha amenazado con imponer aranceles sectoriales. Por tanto, puede ser demasiado pronto para celebrar un mundo con aranceles más bajos. 

Lo importante para China es la reducción de la brecha arancelaria con sus pares regionales, lo que puede brindarle mayores ventajas. Otros mercados han obtenido condiciones variadas y más favorables que China mediante diferentes promesas, incluyendo la inversión en EEUU. La reducción de la brecha ahora plantea la pregunta de si tal compromiso vale la pena para recuperar los beneficios relativos originales. 

China se ha enfrentado a las condiciones arancelarias más desfavorables desde el inicio de la guerra comercial. Esta decisión la convertirá en la mayor beneficiaria al aumentar sus exportaciones a EEUU. Según estimaciones de Global Trade Alert, la tasa arancelaria efectiva de EEUU sobre los productos chinos se reducirá un 15,6% (del 36,8 % al 21,2 %) con la eliminación de los aranceles de la IEEPA. Con la Sección 122, la reducción sigue siendo significativa: un 9,9 % con un arancel adicional del 10 %, o un 7,1 % con un arancel adicional del 15 %. La nueva tasa arancelaria efectiva se mantendrá vigente durante los próximos 150 días.

A pesar de la reducción, China sigue siendo el país con los aranceles más altos entre sus principales competidores, lo que significa que el impacto de la reducción será mayor. Bajo los dos escenarios arancelarios de la Sección 122, con tasas adicionales del 10% y el 15%, la tasa arancelaria efectiva promedio global impuesta por EEUU disminuye solo un 3,8% y un 2,2%, respectivamente. Si los aranceles temporales expiran después de 150 días, la ventaja de China volverá a una reducción del 15,6%, superior a la caída mundial del 7%. En ambos casos, China emerge como un beneficiario relativo significativo. 

Pero el panorama más allá de los 150 días sigue siendo muy incierto. Dado el estado actual de las relaciones entre EEUU y China, la posibilidad de que la administración busque medidas alternativas para restablecer los aranceles sobre China a niveles cercanos a sus niveles originales es alta. Este último escenario colocaría a China de nuevo en la posición desventajosa anterior. Por supuesto, cualquier decisión de este tipo también se vería influenciada por diversos factores, como la tasa de inflación estadounidense en ese momento.

Bajo el marco arancelario actual, los exportadores chinos tienen una ventana de oportunidad relativamente segura de menos de 150 días. Nadie sabe con certeza qué ocurrirá a continuación, y estas incertidumbres incentivarán a los exportadores chinos o a los importadores estadounidenses a predistribuir sus productos para aprovechar los aranceles más bajos. Estas actividades pueden impulsar temporalmente el crecimiento económico a corto plazo de China, especialmente en el primer semestre de 2026.

The Trader: la incertidumbre es más alta que los propios aranceles

Para el analista Pablo Gil, la sentencia del Tribunal Supremo que declara ilegales los aranceles impuestos por Donald Trump bajo la IEEPA "es, sin duda, la derrota más dolorosa de su segundo mandato". Seis de los nueve magistrados han dejado claro algo esencial: fijar aranceles es una competencia del Congreso, no del presidente.

"Pero la gran pregunta no es jurídica. Es económica y política. Porque el fallo no elimina todos los aranceles", avisa en The Trader. Solo tumba los aplicados mediante la IEEPA: los dirigidos a China, México y Canadá con el argumento del fentanilo y los llamados “recíprocos” de abril, que castigaban más a quien más exportaba a EEUU. Siguen en pie los sectoriales (acero, aluminio, automóviles) y cualquier otro que se ampare en leyes distintas. A Trump le han bastado unas pocas horas para reaccionar a la sentencia del tribunal. Activó la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 e impuso un arancel global del 10%, que al día siguiente elevó al 15%, aunque solo puede mantenerlo 150 días sin pasar por el Congreso. Es una vía inédita, jurídicamente discutible y, casi con toda probabilidad, carne de nuevos recursos.

Pero merece la pena hacer una segunda lectura del fallo judicial. El Supremo limita la capacidad del presidente para usar los aranceles como arma inmediata de presión geopolítica. Sin embargo, algunos analistas sostienen que el fallo puede ser, paradójicamente, un regalo político. La sentencia ofrece a la Casa Blanca una oportunidad para recalibrar una política impopular entre los votantes preocupados por la inflación. Si el coste político empezaba a ser alto, ahora existe un “culpable institucional” al que atribuir el giro.

Mientras tanto, el mundo observa. El Parlamento Europeo ha congelado la ratificación del acuerdo entre la UE y EEUU hasta tener claridad jurídica. Francia habla de “adaptarse”, Alemania insiste en mantener una posición unida y Brasil asegura que el nuevo 10% no afectará a su competitividad. Corea del Sur subraya que su marco general de exportaciones se mantiene intacto.

Al margen de los comentarios internacionales de cada país, la realidad común es que hay más incertidumbre que antes. Y se da la paradoja de que muchos países que negociaron acuerdos bajo la amenaza de aranceles del 20% o 40% ahora se encuentran con un 10% general. A la espera de nuevos movimientos por parte de Trump, sienten que de momento han salido ganando. Mientras otros dudan sobre la validez política de compromisos firmados bajo presión.

Y luego está realmente 'el elefante en la habitación': los reembolsos. Si los tribunales inferiores obligan a devolver lo recaudado bajo la IEEPA, hablamos de hasta 170.000 millones$. Las empresas importadoras (no los consumidores) serían las beneficiarias. El proceso puede durar años de pleitos en tribunales. Y mientras tanto, la frontera comercial puede convertirse en un laberinto administrativo.

En el plano fiscal, el impacto es relevante. La Administración Trump esperaba recaudar billones en la próxima década gracias a los aranceles. Si la mitad de esos ingresos desaparece o se retrasa, el déficit se tensiona aún más en un país con deuda creciente y presupuestos bloqueados en el Congreso.

En términos macroeconómicos, la cuestión clave es otra: incluso con el fallo, el arancel efectivo medio seguirá muy por encima del 2% previo al regreso de Trump. Lo que está claro es que la política comercial no desaparece. Se transforma, se adapta y busca nuevas vías legales para seguir adelante.

El Supremo ha puesto límites formales al poder presidencial, pero no ha cerrado la etapa de tensión comercial. Lo que cambia es la forma, no el fondo. Pasamos de la discrecionalidad casi instantánea a un proceso más fragmentado, más litigioso y probablemente más caótico. El riesgo ha pasado de ser el nivel del arancel impuesto, a la falta de previsibilidad de qué será lo siguiente que sorprenda a empresas y consumidores. Y cuando no se sabe cuál será la regla dentro de seis meses, se producen retrasos en las decisiones, las inversiones y la contratación.

"En economía, la incertidumbre es un impuesto invisible. Y hoy, ese impuesto es más alto que el propio arancel", advierte este experto.

Trump empuja al mundo hacia China

Pero hay otro efecto de los aranceles de Trump. Durante décadas, la arquitectura económica y política internacional giró en torno a EEUU. Sus aliados orbitaban con naturalidad alrededor de Washington. La relación transatlántica era el eje. China era, en el mejor de los casos, la fábrica del mundo; en el peor, un socio incómodo. Ese equilibrio está cambiando. Y no solo por el ascenso estructural de Xi Jinping, sino también por las decisiones de Donald Trump.

En los últimos meses hemos visto un desfile constante de líderes occidentales por Pekín: Emmanuel Macron, Keir Starmer, Mark Carney, Friedrich Merz. Todos ellos representantes de países históricamente alineados con Washington. No es una anécdota diplomática. Es un cambio de fondo.

Mientras Trump ha tensado la cuerda con amenazas arancelarias, presión sobre el gasto en defensa y un discurso abiertamente transaccional con sus socios, Pekín ha optado por el mensaje contrario: estabilidad, multilateralismo y acceso a su mercado de 1.400 millones de consumidores. Donde Washington introduce incertidumbre, China ofrece previsibilidad. Donde EEUU levanta barreras, China tiende puentes comerciales.

Europa necesita exportar. Canadá necesita diversificar. Reino Unido busca oxígeno para su sector financiero y tecnológico. Y China, con su control de cadenas clave (baterías, paneles solares, tierras raras) sabe que tiene poder de negociación.

La ofensiva no es solo comercial. Es geopolítica. Pekín impulsa su propia arquitectura internacional, refuerza los BRICS y promueve una narrativa de “no injerencia” que seduce especialmente al Sur Global. Pero ahora también empieza a calar en el Norte. Las encuestas internacionales reflejan que la percepción de China mejora mientras la de EEUU se deteriora. No porque el modelo político chino resulte más atractivo, sino porque la volatilidad estratégica estadounidense genera fatiga. Los aliados quieren certidumbre. Y el comercio global odia la imprevisibilidad.

Paradójicamente, la política de confrontación de Trump puede estar acelerando justo lo contrario de lo que pretende: en lugar de aislar a China, está incentivando a sus propios socios a estrechar lazos con Pekín para proteger sus intereses económicos. No significa que Europa o Canadá vayan a romper con EEUU. Significa que están diversificando riesgos. Y cuando un aliado empieza a diversificar, es porque percibe vulnerabilidad en el liderazgo central. 

Estamos entrando en un mundo menos unipolar y más competitivo. El centro de gravedad ya no está en un solo lugar. Y la política exterior basada en la presión constante tiene un efecto secundario evidente: empuja a tus socios a buscar alternativas.

En economía y en geopolítica, la confianza es un activo estratégico de los más valiosos. Se tarda décadas en construirla y muy poco en erosionarla. Si EEUU continúa utilizando el comercio como arma permanente, puede ganar batallas arancelarias a corto plazo. Pero corre el riesgo de perder algo mucho más importante: la lealtad estructural de sus aliados.

16Feb

La decisión de avanzar en la autonomía estratégica de Europa, los datos de empleo y de inflación de EEUU en enero, que empujan a la Fed a bajar tipos a mediados de año, y el compromiso de Japón con la sostenibilidad de su deuda, claves.

Miguel Ángel Valero

La Conferencia de Seguridad de Múnich 2026, celebrada este fin de semana, confirmó la importancia del vínculo trasatlántico en un contexto de elevada incertidumbre geopolítica. La invasión de Ucrania por Rusia, la competencia sistémica con China y la fragmentación del orden internacional marcaron la agenda. La presencia del secretario de Estado estadounidense, Marcos Rubio, reforzó el mensaje de coordinación estratégica con Europa, subrayando la necesidad de mayor compromiso en defensa y resiliencia frente a las amenazas. La respuesta europea, personificada en el discurso de Emmanuel Macron, se fijó en avanzar hacia una mayor autonomía estratégica del Viejo Continente dentro del marco de la OTAN. 

En paralelo, Alemania dejó entrever un giro cualitativo en sus prioridades de seguridad. Berlín apuesta por reforzar la inversión en IA y ciberseguridad como vectores clave de su política de defensa, en un entorno en el que las amenazas digitales y ataques a infraestructuras críticas ganan peso frente a los conflictos convencionales. Se trata de un enfoque que apunta a un mayor dinamismo en sectores tecnológicos vinculados a defensa, consolidando la digitalización como eje estructural de la seguridad europea. 

A nivel bursátil, y si bien el sector presenta valoraciones extendidas tras años de subidas, los fundamentales de 2026, que incluyen carteras de pedidos históricas y crecimiento de beneficios muy superior a la media en 2026 (+39%) y 20027 (+19%), justifican el optimismo. 

En el plano macro, el empleo arrancó el año con solidez en Estados Unidos. En enero se crearon 130.000 nuevos puestos, duplicando las expectativas y marcando el mayor ritmo desde diciembre de 2024. La lectura sectorial fue positiva, con aportación destacada de los sectores cíclicos (+25.000), especialmente la construcción (+33.000) y una reactivación del empleo manufacturero (+5.000), primer avance desde la llegada de Trump

La encuesta a los hogares también experimentó mejora: la tasa de paro descendió una décima, hasta el 4,3%, segundo retroceso consecutivo, mientras que la tasa de participación se incrementó hasta el 62,5%. En cuanto a los salarios, éstos mantienen crecimientos sólidos que apoyan los ingresos de los hogares, aunque con cierta moderación: el salario por hora avanzó un +3,7% interanual, una décima menos que en diciembre. 

UBS: la Fed bajará tipos a mediados de año

El UBS CIO Daily destaca que los mercados bursátiles estadounidenses se mantuvieron estables tras el dato de IPC de enero, mientras los inversores evaluaban su impacto en la política monetaria. En conjunto, el informe de inflación "respalda nuestra visión de que la Reserva Federal debería retomar el ciclo de bajadas de tipos hacia mediados de año":

  • La evidencia de que la inflación de bienes ha tocado techo debería abrir la puerta a nuevos recortes.
  • Los datos laborales, más sólidos de lo esperado, apuntan a una pausa a corto plazo, no al final del ciclo de relajación.
  • Un perfil más dovish en el seno de la Fed debería respaldar recortes adicionales de tipos.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Creemos que la Fed sigue encaminada a aplicar más recortes y esperamos dos bajadas de 25 puntos básicos entre junio y septiembre. En nuestra opinión, este entorno es favorable para la renta variable, la renta fija y el oro".

"Los mercados se están volviendo más selectivos a medida que las grandes tecnológicas recurren a la emisión de deuda para financiar inversiones récord en inteligencia artificial, con un foco cada vez mayor en la sostenibilidad y los flujos de caja", añade Matteo Ramenghi, Chief Investment Officer Italy.

“Los precios de los activos no deberían estar impulsados por emociones, pero las emociones siguen influyendo en el comportamiento económico", apunta Paul Donovan, Chief Economist.

Ebury: el mercado confía en las políticas de Takaichi 

En una semana de escasos movimientos relevantes entre las principales divisas, el yen se convirtió en el claro protagonista al apreciarse más de un 2% frente al resto de monedas del G10 y arrastrando en su subida a la mayoría de las divisas de Asia Oriental. Este comportamiento encuentra reflejo en el mercado de bonos japonés, que ha cotizado con firmeza desde la victoria electoral de Takaichi, gracias a los esfuerzos de las autoridades por tranquilizar a los inversores respecto a la sostenibilidad de la política fiscal. 

Fuera de Asia, el sólido dato de empleo en EEUU, combinado con una inflación más moderada de lo anticipado, está empezando a alimentar un discurso más optimista, pese a que los mercados bursátiles muestran cierta inestabilidad. Por el momento, el riesgo de titulares de Trump ha perdido intensidad, y las divisas vuelven a responder principalmente a los factores tradicionales: datos macroeconómicos y expectativas sobre tipos de interés. 

La agenda de la semana estará dominada por la publicación de los índices PMI de actividad empresarial, el indicador adelantado de referencia a nivel global. Todas las grandes regiones económicas conocerán sus respectivos datos el viernes. Pondremos especial atención en las cifras europeas, para comprobar si se confirma el tímido repunte de los pedidos industriales alemanes y si el paquete de estímulo fiscal comienza por fin a trasladarse a los indicadores reales. Además, será una semana intensa en el Reino Unido, con la publicación de los datos del mercado laboral el martes y el informe de inflación de enero el miércoles. 

  • EUR La moneda común se mantuvo en un compás de espera la semana pasada frente a la mayoría de sus contrapartes, ante la ausencia de noticias relevantes procedentes de la zona del euro. Ahora la atención se centra en los datos de producción industrial de esta semana (lunes) y, sobre todo, en los índices PMI de actividad empresarial (viernes), que deberían confirmar los primeros signos de recuperación del sector manufacturero alemán (observados en los pedidos de fábrica pendientes), a medida que el paquete fiscal de Merz empieza a permear en la economía real. Con el BCE habiendo concluido ya su ciclo de recortes de tipos de interés, anticipamos una apreciación del euro frente a la mayoría de las divisas durante el resto del año. 
  • USD La semana pasada llegaron dos noticias positivas sobre la economía estadounidense. Por un lado, el informe de empleo de enero mostró una creación de puestos de trabajo muy superior a lo esperado, acompañada de una caída en la tasa de desempleo y una aceleración en el crecimiento de los salarios. Por otro lado, el dato de inflación del viernes indicó que esta robustez del mercado laboral no está generando presiones inflacionistas adicionales, aunque los niveles siguen por encima del objetivo de la Reserva Federal. Estos datos no ofrecen muchos argumentos a los defensores de una política monetaria más acomodaticia dentro del FOMC. La atención se centra ahora en las audiencias de confirmación del nominado a presidir la Fed, Kevin Warsh, para evaluar su posible influencia en el equilibrio interno de la institución. Mantenemos la cautela ante los riesgos de erosión institucional y de presiones políticas para recortar tipos de interés, por lo que conservamos una visión bajista sobre el dólar a largo plazo.  
  • GBP La libra esterlina se mantuvo bastante estable tras una semana marcada por noticias políticas contradictorias en el Reino Unido. Por un lado, el liderazgo de Keir Starmer parece consolidado por el momento; por otro, los sectores más izquierdistas del Partido Laborista están ganando terreno e influencia interna. Los datos del PIB del cuarto trimestre resultaron decepcionantes, con un crecimiento apenas del 0,1 % y por debajo de lo esperado. Mucho más relevantes serán la avalancha de indicadores que recibiremos está semana por ser más recientes. Entre ellos destacan los del mercado laboral correspondientes a diciembre y enero, seguidos del dato de inflación del miércoles y los índices PMI del viernes. Los mercados descuentan actualmente una probabilidad cercana a dos tercios de que el Banco de Inglaterra recorte tipos en su reunión de marzo, pero la publicación de estos datos clave esta semana debería ofrecer una imagen mucho más nítida sobre la trayectoria de la política monetaria británica. 
11Feb

Los índices Nikkei y Topix han alcanzado máximos históricos., pero a los mercados de renta fija no les gusta el gasto sin financiación.

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments

La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, logró un resultado mejor de lo esperado para su Partido Liberal Democrático (LDP), que ahora cuenta con una holgada mayoría absoluta en la cámara baja del Parlamento japonés. El anuncio de las elecciones fue rápido e inesperado, ya que Takaichi llevaba solo tres meses en el poder. Unos niveles muy elevados de aprobación personal y la esperanza de que éstos se tradujeran en apoyo a su partido impulsaron la convocatoria anticipada de los comicios. 

La decisión ha resultado extraordinariamente acertada, sobre todo porque el resultado no estaba garantizado según las encuestas previas. El resultado implica que el LDP, en solitario, ha logrado una supermayoría (dos tercios de los escaños del Parlamento) y, junto con su socio de coalición, Ishin - el Partido de la Innovación de Japón-, ha vencido completamente a los partidos de la oposición, que aparecían relativamente fuertes en los sondeos de opinión.

Los mercados están reaccionando de forma muy positiva a un resultado que aporta una fuerte certidumbre política. La cámara baja es la más importante del Parlamento japonés y una mayoría absoluta tan holgada permite anular las políticas procedentes de la cámara alta, donde el LDP no tiene mayoría. El resultado ofrece a Takaichi la oportunidad de implementar sus políticas de estímulo económico.

Estas iniciativas, que incluyen un mayor gasto y una nueva era de prosperidad, han conectado con unos votantes frustrados por los elevados precios de los alimentos y los salarios estancados. Ahora se espera que se materialicen algunas promesas de campaña, como una pausa en determinados impuestos al consumo.

Tras el resultado, los índices Nikkei y Topix han alcanzado máximos históricos. El yen japonés se ha mostrado bastante débil recientemente y esta tendencia podría continuar a corto plazo. Los bonos del gobierno japonés también han registrado cierta volatilidad y podrían persistir las preocupaciones en torno al gasto sin financiación, algo que no suele ser bien recibido por los mercados de renta fija. 

Takaichi puede haber convencido al electorado japonés, pero ganarse la aprobación de todas las clases de activos de los mercados financieros probablemente le llevará más tiempo.

Mantenemos una visión positiva sobre Japón y esperamos que el estímulo económico comience a trasladarse a la economía real. Este nivel de certidumbre política es bastante poco habitual en Japón y una mayoría tan sólida facilitará relativamente la labor de Takaichi a la hora de impulsar su agenda de reformas. Un gobierno con foco en la inversión y orientado a reformar políticas para impulsar el crecimiento, el consumo y la inversión (especialmente en el sector tecnológico) debería ser favorable para la renta variable japonesa. Debemos ser prudentes con la evolución de la divisa y de los mercados de bonos, pero, en conjunto, se trata de una noticia positiva para Japón. Como resultado, mantenemos una sobre ponderación en renta variable japonesa.

09Feb

Las grandes compañías tecnológicas han dejado atrás la temporada de resultados con un mensaje claro: acelerar su inversión en centros de datos e inteligencia artificial.

Miguel Ángel Valero

Asia protagoniza la atención de los mercados. En Japón las elecciones anticipadas han dejado una histórica victoria para la primera ministra Sanae Takaichi, cuya formación (Partido Liberal Democrático – LDP) alcanzó la mayor mayoría parlamentaria de la posguerra (316 escaños en la Cámara Baja y 352 sumando los de su coalición en un parlamento de 465). Unos resultados que le otorga un control excepcional y refuerzan su capacidad para impulsar el crecimiento con un previsto incremento del gasto público, rebajas de impuestos e incluso reabrir el debate sobre la reforma constitucional. 

Algunas de sus últimas propuestas económicas tratan de frenar el malestar por la inflación y visan entre otras medidas la de reducir el impuesto a los alimentos al 0% durante los próximos dos años, una medida que tendría un coste fiscal de 5 billones de yenes anuales adicionales al presupuesto actual. Estos mayores estímulos están elevando el optimismo sobre el crecimiento en el corto plazo y las Bolsas japonesas han registrado subidas del 2,2% para el Topix y de casi 4% para el Nikkei. 

Frente a ello, y aunque la primera ministra señala que no requerirá de emisiones adicionales de deuda, crece la presión con las ventas de bonos soberanos a largo plazo (el tipo a 10 años subió 6 puntos básicos, pb, y se acera nuevamente a niveles del 2,3%, no vistos en Japón desde los años 90), mientras el Yen sigue debilitado cerca de mínimos históricos frente al euro (cotiza cerca de 186 EUR/JPY).

El UBS CIO Daily destaca que la renta variable japonesa subió con fuerza después de que la coalición de la primera ministra Takaichi lograra una supermayoría histórica, lo que desbloquea un nuevo impulso para el llamado “Takaichi trade”. Con estabilidad política y catalizadores de reforma en juego, los inversores deberían estar atentos a un mayor potencial alcista, así como a episodios de volatilidad a corto plazo en los bonos y en el yen.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Mantenemos nuestra calificación de Attractive para la renta variable japonesa y vemos margen para nuevas subidas, especialmente en sectores que se benefician de las políticas domésticas (defensa, bancos, inmobiliario y servicios de TI) y de temáticas globales (energía, centros de datos, automatización y algunos valores del sector automóvil). En cuanto al USDJPY, las autoridades ya han señalado un elevado grado de urgencia respecto a los movimientos de la divisa, lo que debería ayudar a contener las presiones".

China baja al tercer puesto entre los tenedores extranjeros de deuda de EEUU

En China, surgen rumores que las autoridades habrían recomendado a sus principales entidades financieras tener una menor exposición a la deuda de Estados Unidos. Una indicación que abarcaría sus bancos comerciales, pero no la gestión de sus reservas oficiales, lo que obedecería a una gestión del riesgo por la mayor volatilidad de la deuda pública estadounidense estos últimos meses y “a priori” no sería una medida de mayor presión sobre el dólar. 

Estas indicaciones surgen cuando China lleva ya unos años reduciendo su tenencia de bonos y actualmente es ya solo el tercer mayor tenedor extranjero de bonos del Tesoro estadounidense, detrás de Japón y Reino Unido, con unas posiciones que han caído a 683.000 millones de dólares, el nivel más bajo desde 2008 y un 48% por debajo de los máximos de 2013.

IA: sin freno a la inversión

El otro asunto que acapara la atención de los mercados es la inteligencia artificial (IA). Las grandes compañías tecnológicas han dejado atrás la temporada de resultados con un mensaje claro: acelerar su inversión en centros de datos e inteligencia artificial. Los ambiciosos presupuestos de los cinco principales hiperescaladores —Meta, Amazon, Alphabet, Microsoft y Oracle— alcanzarán este año los 712.000 millones$, frente a los algo más de 500.000 millones estimados antes de sus presentaciones. Se trata de un volumen de inversión que continúa aumentando ante una demanda de capacidad computacional que no deja de crecer y sigue desabastecida.

No obstante, el mercado percibe este incremento del gasto como un posible riesgo, especialmente por el escepticismo que existe respecto a la capacidad de monetizar los grandes desembolsos. A falta de conocer los resultados de Nvidia y Oracle, la gran tecnología estadounidense mantiene un buen estado de forma, al menos desde un punto de vista fundamental —crecimiento de beneficios por acción del 19% promedio en el caso de los cuatro hiperescaladores vs. el +12,5% del índice—.

Pero a llamada “destrucción creativa” volvió a manifestarse tras la publicación de los nuevos modelos de Anthropic relacionados con información financiera y legal, lo que provocó caídas significativas en empresas del sector y en diversas firmas de software de aplicación. Aunque es prematuro hablar de la “muerte del software”, ya que su propuesta de valor no se limita al código, sino también al conocimiento especializado y al rol de estándar de la industria, lo ocurrido durante la semana refleja claramente el potencial disruptivo de los modelos de IA.

Pictet sobre pondera acciones 

Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, considera que el entorno global favorece las estrategias pro-riesgo. Las mayores oportunidades están en acciones de mercados emergentes sin China. Por sectores, industriales, salud y bancos. En Japón un nuevo paquete fiscal puede generar preocupaciones sobre su sostenibilidad, aunque hay alto crecimiento nominal del PIB y la mayor parte está en manos nacionales, en alta proporción del Banco de Japón. 

Las condiciones de liquidez son favorables, los Gobiernos aumentan el gasto público, las perspectivas de crecimiento son sólidas y las presiones inflacionarias moderadas. "De manera que sobre ponderamos acciones e infra ponderamos bonos. Hemos aumentado exposición a sectores industriales y a mercados emergentes, que se benefician de resiliente crecimiento interno, exposición a IA y dólar débil", explica.

En EEUU el sentimiento empresarial es positivo y hay intenciones de contratación, aunque el gasto de los hogares se financia con ahorro, no ingresos, lo que probablemente no es sostenible a medio plazo.  

En Europa el crecimiento depende de la eficacia del estímulo fiscal y gasto en infraestructuras, especialmente en Alemania. Las reformas estructurales -Unión de Mercados de Capitales de la UE- mejoras del mercado laboral y diversificación energética pueden proporcionar catalizadores, aunque la fortaleza del euro es un riesgo para los exportadores.  

En Japón la apreciación del yen afecta a sus exportaciones. Tras las elecciones anticipadas, se puede abrir la puerta a un paquete de estímulo y promover una política monetaria más estricta.

Pero la diferencia de crecimiento de PIB entre economías emergentes y desarrolladas puede ampliarse a 2,5 % este año tras 2,3 % en 2025, especialmente si el dólar se debilita más.

Las condiciones son menos claramente positivas en China. Ha cumplido un objetivo de crecimiento del 5 % en 2025, pero tiene dificultades para pasar de exportaciones a demanda interna.

17 bancos centrales a nivel mundial está relajando su política monetaria, 12 están neutrales y solo en Japón se endurece -la moneda puede ser una prioridad para su banco central, que esperamos continúe normalizando su balance, suba tipos en abril y diciembre e intervenga en los mercados de divisas-.

La Reserva Federal, además de relajar tipos de interés ha cambiado de endurecimiento cuantitativo a comprar activos de gestión de reservas con bonos del Tesoro. Esta política favorece a las acciones, pero cuanto más tiempo persista, mayor la probabilidad de cambio repentino en el sentimiento de los inversores, especialmente si surgen presiones inflacionarias cuando las empresas siguen gastando libremente en IA y el Gobierno de EEUU pone a prueban los límites fiscales.

Globalmente las entradas de renta variable siguen sólidas y las encuestas de inversores minoristas e instituciones actitud pro-riesgo. Las acciones estadounidenses ya no son el mercado de renta variable más caro, aunque el múltiplo precio-beneficio del índice S&P 500 está ajustado. En acciones europeas "estamos neutrales a la espera del impacto retrasado de los recortes de tipos de interés y que el apoyo fiscal se traduzca en beneficios empresariales". Pero las acciones suizas cuentan con sólidos fundamentales empresariales y un entorno macroeconómico estable.

Las mayores oportunidades están en acciones de mercados emergentes sin China. Estas economías emergentes han podido en gran medida, resistir los efectos de la guerra arancelaria de EEUU y se benefician de economías nacionales fuertes, dólar débil, liquidez y aumento del comercio intrarregional atraen capital.  Los mercados latinoamericanos, ricos en recursos, se benefician de precios más altos de las materias primas y Asia emergente de exposición a tecnología. En Corea, Taiwán y China hay fuerte demanda de hardware y semiconductores de IA y las cadenas de suministro se reconfiguran a su favor con las tensiones geopolíticas y comerciales. "Esperamos que las empresas de estas economías logren un crecimiento de beneficios este año de más de 11 %, frente a 10 % de las estadounidenses y japonesas y el doble que en la euro zona", explica.

El rally de IA se está ampliando más allá del grupo reducido de pesos pesados tecnológicos estadounidenses. "Favorecemos suministradoras de chips, servidores, hardware para centros de datos y almacenamiento en la nube y red, aunque las empresas de software se enfrentan a presiones a corto plazo por aumento de costes y limitada disponibilidad de chips y memoria para IA. Además, sobre ponderamos acciones industriales, que se benefician de mayor inversión de capital fijo, incremento del gasto público y dinámicas de crecimiento. También sobre ponderamos salud, con propiedades defensivas frente a un posible retroceso, siendo el sector más barato en un entorno de aumento de fusiones y adquisiciones. A ello se añade que el impulso de crecimiento y una curva de rentabilidad a vencimiento de la deuda más pronunciada, que favorece a bancos y aseguradoras. De todas formas, en EEUU la política de asequibilidad puede reducir los ingresos y rentabilidad de los bancos", añade.

Las preocupaciones respecto a bonos del Tesoro de EEUU por la imprevisibilidad política se ha manifestado en debilidad del dólar y ascenso del oro. Pero sigue siendo el principal activo libre de riesgo.  El dólar muestra una correlación pequeña, aunque positiva, con las acciones, incentivo para que los inversores extranjeros cubran riesgo cambiario, lo que añade más presión al dólar. La deuda de Japón parece más atractiva. Un nuevo paquete fiscal puede generar preocupaciones sobre su sostenibilidad -supera el 220% sobre PIB y ha llegado a haber liquidación con la rentabilidad a vencimiento a diez años en máximo. Aunque el nivel de deuda nacional es muy alto, hay alto crecimiento nominal del PIB y la mayor parte está en manos nacionales, en alta proporción del Banco de Japón.

Ebury: crecen los riesgos bajistas del yen

Las divisas a nivel mundial soportaron relativamente bien la volatilidad de la semana pasada en los mercados de valores y criptomonedas. Todas las divisas del G10 cerraron la semana con variaciones inferiores al 1 %, salvo la notable excepción del yen. La moneda japonesa registró fuertes caídas durante toda la semana y continuó depreciándose inmediatamente después de las elecciones del domingo, aunque ha recuperado parte del terreno perdido ante la creciente expectativa de una posible intervención por parte de las autoridades niponas. El partido de Takaichi consiguió una mayoría cualificada de dos tercios en la Cámara Baja, lo que le otorga vía libre para implementar su política fiscal expansiva. 

La libra esterlina también se vio presionada por el giro dovish del Banco de Inglaterra. Las divisas que mejor se desempeñaron la semana pasada fueron las latinoamericanas, que siguen liderando el ranking de ganancias en lo que va de año. 

El retraso en la publicación de varios datos económicos estadounidenses, provocado por otro cierre parcial del gobierno, implica que el informe de empleo de enero no se conocerá hasta el próximo miércoles. Por su parte, el IPC de enero se ha pospuesto al viernes. Estos dos indicadores serán el foco principal de la semana y anticipan un entorno de elevada volatilidad en los mercados, ya que rara vez se publican en la misma semana. 

El otro factor clave en el mercado de divisas será la reacción del mercado de bonos a la contundente victoria del PLD en las elecciones japonesas y a la perspectiva de mayores déficits fiscales. Este resultado electoral pondrá a prueba la relativa calma que se había observado recientemente en el mercado de bonos japonés. 

  • EUR: El euro recibió un modesto impulso la semana pasada, ya que el BCE no mostró una preocupación excesiva por la reciente apreciación de la moneda. La reunión transcurrió sin grandes sorpresas: el banco se ciñó al guión previsto y ofreció pocas nuevas pistas sobre el rumbo futuro de la política monetaria. Lagarde subrayó que la política monetaria se encuentra en una «buena posición» y que los riesgos para la inflación y el crecimiento están, en términos generales, equilibrados. Aunque reconoció que el banco está monitoreando el tipo de cambio del euro, restó importancia a su reciente fortalecimiento. La inflación general se redujo al 1,7 %, confirmando que el BCE se ha convertido en el primer banco central del G10 en devolver la inflación a su objetivo del 2 %. Este dato refuerza la confianza de la institución en que puede mantener una postura paciente durante un tiempo prolongado y esperar a que se clarifiquen las tendencias. Los mercados ahora ven mayores probabilidades de que la próxima decisión sea otra bajada de tipos en lugar de una subida, aunque los swaps continúan descontando que no habrá cambios en la política monetaria durante el resto de 2026. 
  1. USD El dólar se ha estabilizado tras un comienzo de año particularmente turbulento. Los aranceles y el deterioro institucional continúan haciendo que la cobertura de riesgos en dólares siga siendo la opción más sencilla y cómoda para los gestores de activos extranjeros. Sin embargo, los datos económicos estadounidenses se han mantenido sólidos y los mercados han digerido con relativa calma el nombramiento de Kevin Warsh —un aliado político de Trump— como sustituto de Jerome Powell al frente de la Fed. Seguimos considerando que Warsh probablemente representa la opción menos mala para presidir el FOMC. La reciente volatilidad y agitación observadas en los mercados de renta variable y criptomonedas han tenido un impacto muy limitado en los mercados de divisas y bonos. Esta relativa calma se pondrá a prueba esta semana con una inusual triple publicación de datos macroeconómicos clave: las ventas minoristas el martes, el informe de empleo de enero el miércoles y el IPC inflación de enero el viernes, para cerrar la semana. 

  2. GBP Los temores sobre la estabilidad del liderazgo de Keir Starmer resurgieron con fuerza la semana pasada a raíz de las repercusiones del escándalo Epstein. Este episodio, combinado con el aparente giro dovish del Banco de Inglaterra, generó una semana complicada para la libra esterlina. Consideramos que la retórica más cautelosa del Comité de Política Monetaria influirá principalmente en el calendario de los recortes de tipos más que en su magnitud total, y que el tipo terminal apenas experimentará variaciones. Actualmente, el mercado anticipa que el próximo recorte se llevará a cabo entre las reuniones de marzo y abril, con alrededor de dos bajadas de tipos ya ampliamente descontadas por los swaps para el conjunto del año. Por otro lado, el tono de los datos económicos ha mejorado en las últimas semanas.En general, creemos que la reciente caída de la libra refleja bastante bien los riesgos asociados a un posible fin del mandato de Starmer. Sin embargo, el riesgo de un giro hacia la izquierda en el Gobierno, especialmente bajo el liderazgo de Angela Rayner en el Partido Laborista, supone un claro riesgo bajista para la libra y los activos británicos en general.
07Feb

Los rendimientos superiores al 4% de los bonos gubernamentales a 30 y 40 años parecen alarmantes, especialmente con una ratio deuda/PIB cercana al 237%.

Miguel Ángel Valero

"En vísperas de las elecciones del 8 de febrero, es sobre todo la retórica de Sanae Takaichi la que genera preocupación", advierte Vincenzo Dedda, director de Inversiones (CIO) de DWS. "Consideramos la reciente turbulencia en el mercado financiero japonés como un punto de inflexión, que podría tener repercusiones que se extiendan mucho más allá de la reacción del mercado a corto plazo", insiste. 

La volatilidad se desencadenó por una potente combinación de oportunidad política, retórica fiscal y cambios estructurales en el mercado de bonos del gobierno japonés (JGB). Desde que la primer ministro Sanae Takaichi asumió el cargo en octubre de 2025, los inversores han comenzado gradualmente a descontar una política fiscal (significativamente) más expansiva. Esta reevaluación se aceleró abruptamente cuando Takaichi convocó, a mediados de enero, inesperadamente elecciones anticipadas para el 8 de febrero de 2026, al tiempo que anunciaba una reducción de impuestos, en particular una suspensión de dos años del impuesto al consumo del 8% sobre los alimentos. 

En un país con la tasa de deuda pública más alta entre las economías desarrolladas, esta combinación fue suficiente para aumentar drásticamente la sensibilidad de los mercados a los riesgos fiscales. Sin embargo, "si bien los recientes acontecimientos deben tomarse en serio, es poco probable que constituyan una amenaza sistémica grave, ni para el ámbito fiscal ni para el sistema bancario japonés", matiza el experto de DWS.

En el centro del actual debate fiscal en Japón se encuentra la propuesta de la primera ministra Sanae Takaichi de suspender por completo el impuesto al consumo del 8% sobre alimentos durante dos años. Esta medida se anunció junto con la decisión de convocar elecciones anticipadas para el 8 de febrero de 2026. Según el gobierno, la suspensión del impuesto busca aliviar la carga de los hogares que enfrentan un mayor costo de vida. Se aplicaría a todos los alimentos actualmente sujetos al tipo reducido del impuesto sobre el valor añadido y costaría al gobierno alrededor de 5 billones de yenes (aproximadamente 32.500 millones$) en ingresos anuales, lo que generaría un déficit de financiación considerable.

Paralelamente a la suspensión fiscal prevista, el gobierno ya había adoptado un amplio paquete de estímulo por un valor aproximado de 21,3 billones de yenes en noviembre de 2025, que incluye subsidios energéticos y medidas de ayuda a los hogares. En conjunto, la combinación de ingresos fiscales no percibidos y una expansión fiscal adicional ejercería una presión considerable sobre las finanzas públicas, y la ratio de deuda pública de Japón ya supera el 230 % del Producto Interior Bruto (PIB).

La perturbación del mercado, con el aumento repentino de los rendimientos de los bonos gubernamentales japoneses a ultralargo plazo, reflejó que la cuestión de cómo se financiarían las medidas quedó totalmente sin resolver. Sin embargo, Takaichi recalcó repetidamente que la suspensión fiscal propuesta no resultaría en un endeudamiento público adicional. El primer ministro indicó además que se revisarían los subsidios y las partidas presupuestarias existentes y que se realizarían ahorros estructurales para compensar la pérdida de ingresos. Sin embargo, una vez más, no se identificaron fuentes de financiación específicas, y hasta el momento no existe una proyección fiscal detallada que muestre cómo se cubrirían los déficits presupuestarios previstos. 

Los partidos de la oposición japonesa se mueven en gran medida en la misma dirección que la primer ministro, pidiendo una reducción del impuesto a los alimentos. Un bloque opositor recién formado incluso aboga por la abolición permanente del impuesto a los alimentos y ha propuesto la creación de un nuevo fondo soberano de inversión que podría generar ingresos continuos para financiar futuras desgravaciones fiscales. Por lo tanto, la cuestión fiscal no solo forma parte de la agenda del gobierno, sino que es un tema de campaña transversal.

A pesar de la tensión fiscal prevista, los funcionarios gubernamentales enfatizan que Japón, debido a su gran reserva de ahorro interno, sus superávits estables en cuenta corriente y el continuo predominio de los tenedores nacionales de bonos del gobierno japonés (JGB), debería ser capaz de absorber los desafíos financieros, al menos a corto plazo. Sin embargo, estos factores estructurales, si bien podrían prevenir una crisis de liquidez inmediata, no fueron suficientes para evitar una revalorización sustancial a lo largo de la curva de los JGB.

Niveles récord de los bonos soberanos

La tensión inmediata estalló en el segmento de bonos del gobierno japonés a largo y ultralargo plazo. En cuestión de días, los rendimientos de los bonos del gobierno japonés (JGB) a 30 y 40 años se dispararon a niveles récord, y el rendimiento a 40 años superó temporalmente el umbral del 4%.

Por momentos, parecía que se estaba consolidando una dinámica autocumplida, impulsando los rendimientos aún más al alza. Una subasta débil de JGB a 20 años actuó simultáneamente como catalizador adicional y expuso lo que ya se venía desarrollando bajo la superficie: una brecha estructural de demanda en el extremo largo de la curva. Aunque el mercado volvió a la calma tras algunas sesiones caóticas, los rendimientos se mantuvieron elevados, lo que refleja la preocupación de los inversores. Algunos inversores consideran ahora atractivo el segmento a ultralargo plazo tras el aumento de los rendimientos, pero no parece que la mayoría de los participantes del mercado estén convencidos.

El fuerte predominio de los inversores nacionales entre los tenedores de JGB desempeña un papel clave en la estabilidad a largo plazo del mercado: menos del 7% de todos los bonos del gobierno japonés están en manos de extranjeros. Esto limita las salidas de capital externo o los efectos de contagio internacional, incluso en períodos de tensión, y la dinámica del mercado está condicionada predominantemente por inversores nacionales estructuralmente estables. Además, el Banco de Japón posee aproximadamente la mitad de todos los JGB en circulación, lo que actúa como un importante amortiguador contra las turbulencias del mercado. 

Dado que una parte significativa del stock de deuda no se negocia libremente, se reducen tanto los riesgos de refinanciación/refinanciación como la probabilidad de ventas que se retroalimentan. El Banco de Japón puede gestionar sus tenencias de forma que ayude a amortiguar los picos repentinos de rendimiento. 

Las aseguradoras y los fondos de pensiones —tradicionalmente grandes compradores de bonos del Estado a largo plazo— mantienen sus carteras de JGB principalmente por razones de ajuste de balance y duración, y tienden a actuar de forma menos procíclica que los fondos internacionales. Si bien recientemente han reducido su presencia en el extremo largo debido a la disminución de los requisitos de duración, siguen siendo participantes importantes y comparativamente estables del mercado, cuyo comportamiento tiende a suavizar la volatilidad en lugar de amplificarla.

Los bancos concentran sus inversiones en JGB a corto plazo, que suelen conllevar un riesgo de precio mínimo cuando aumentan los rendimientos a largo plazo. Esta estructura limita las posibles pérdidas de valoración y ayuda a garantizar que las perturbaciones de los tipos de interés simuladas en las pruebas de estrés más recientes mantengan las ratios de capital de todos los grupos bancarios dentro de los umbrales regulatorios.

Aunque los inversores extranjeros poseen solo una pequeña proporción de JGB, su importancia en el volumen de negociación ha aumentado, impulsada en particular por la actividad de los fondos de cobertura. Mediante posiciones apalancadas, estos inversores contribuyen a una mayor volatilidad a corto plazo, pero debido a sus reducidas tenencias totales, es poco probable que desencadenen inestabilidad estructural. Por lo tanto, el riesgo es de naturaleza más táctica: los episodios de volatilidad en el mercado pueden amplificarse, pero no se convierten fácilmente en una crisis sistémica.

El problema de la brecha de duración

Otro factor que puede haber impulsado la reciente ola de ventas —aunque no era realmente nuevo en el momento en que subieron los rendimientos— es el problema de la "brecha de duración". Tradicionalmente, las aseguradoras de Vida japonesas son las compradoras naturales de JGB con vencimientos ultralargos (40 años). Sin embargo, este mismo grupo inversor ha reducido drásticamente su demanda desde 2024 e incluso se ha convertido recientemente en vendedor neto en ocasiones.

La razón radica menos en consideraciones tácticas que en la mecánica del balance. A medida que suben los rendimientos, la brecha de duración negativa entre el activo y el pasivo de los balances de las aseguradoras se reduce. Cuanto mayor sea el nivel de rendimiento, menor será la presión para añadir duración mediante bonos de largo plazo. Este efecto puede retroalimentarse: el aumento de los rendimientos reduce las necesidades de cobertura, lo que a su vez frena la demanda y facilita nuevos aumentos de los rendimientos. 

El Ministerio de Finanzas japonés ha respondido a estas tensiones reduciendo notablemente la emisión de bonos con vencimientos ultralargos. Sin embargo, estos ajustes de la oferta no han sido suficientes hasta el momento para compensar por completo la disminución estructural de la demanda de las aseguradoras. A esto se suma un aumento de la prima de riesgo y de plazo. En un entorno en el que la inflación y los tipos de interés de Japón, por primera vez en décadas, ya no son claramente bajistas, los inversores exigen una mayor compensación por la incertidumbre, especialmente en los vencimientos muy largos.

Por lo tanto, la reciente disminución de las presiones del mercado debería interpretarse menos como una señal de que todo está en orden y más como una estabilización temporal. La comunicación del Banco de Japón —que señala una senda de ajuste gradual, pero sin un cambio brusco de política monetaria—, así como factores técnicos como los ajustes de posiciones, han contribuido a esta estabilidad. Sin embargo, las fuerzas subyacentes que impulsaron el aumento de los rendimientos no han desaparecido.

La pregunta central que surge de la reciente turbulencia se refiere a la sostenibilidad de la deuda japonesa. A primera vista, los rendimientos superiores al 4% de los bonos gubernamentales a 30 y 40 años parecen alarmantes, especialmente con una ratio deuda/PIB cercana al 237%. Sin embargo, lo que importa no es solo el nivel actual de mercado de los vencimientos individuales, sino la interacción entre el crecimiento nominal y el tipo de interés medio efectivo de toda la deuda pública.

La carga financiera del gobierno japonés se ajusta lentamente al aumento de los rendimientos del mercado, ya que una gran parte de los bonos en circulación se emitieron con cupones extremadamente bajos y vencimientos largos. Por lo tanto, incluso un aumento brusco de los rendimientos a largo plazo solo se refleja gradualmente en los gastos financieros. Al mismo tiempo, el fin de la deflación y el retorno de una inflación moderada han impulsado el crecimiento nominal, lo que ha provocado que la ratio de deuda haya registrado recientemente una ligera tendencia descendente.


01Feb

Japón tiene cerca de cinco billones$ invertidos en activos extranjeros. Pero el creciente atractivo de la deuda pública de ese país hará que buena parte de ese dinero vuelva a casa.

Miguel Ángel Valero

La venta masiva de bonos japoneses a muy largo plazo ha sido tan espectacular que ha reavivado una vieja pregunta: ¿podría la deuda de Japón llegar a ser insostenible? Desde que la primera ministra, Sanae Takaichi, asumió el cargo en octubre de 2025, los inversores han tenido que descontar una política fiscal más expansiva. La revalorización se aceleró cuando convocó elecciones anticipadas para el 8 de febrero de 2026, junto con las conversaciones sobre nuevas medidas de desgravación fiscal, lo que provocó la última crisis de los rendimientos.

El rendimiento de los bonos del Estado japonés (JGB) a 40 años subió por encima del 4% y el de los bonos a 30 años aumentó aproximadamente un cuarto de punto en una sola sesión, un ritmo que habría sido casi impensable durante la era del control de la curva de rendimientos. La deuda pública de Japón sigue rondando el 230% del producto interior bruto (PIB), por lo que, según los expertos de DWS, es comprensible que los mercados reaccionen con nerviosismo cuando la prima de plazo pasa a ser el centro de atención, al menos temporalmente.

El gráfico aportado por DWS ayuda a traducir ese drama del mercado en cálculos aritméticos sobre la deuda. El eje izquierdo muestra los rendimientos de los bonos del Estado japonés a 10, 30 y 40 años, reflejando cómo los plazos largos se han revalorizado considerablemente y se han vuelto más volátiles. Sin embargo, el puente crucial hacia la sostenibilidad de la deuda se muestra en el eje derecho: los pagos netos de intereses del Gobierno como porcentaje del PIB, donde el área sombreada en azul marca el período de previsión hasta finales de 2027 por parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). 

Incluso con unos rendimientos que han subido considerablemente, el gráfico implica que la carga de los intereses solo aumenta de forma gradual y con un desfase. El coste de financiación soberana de Japón es una cuestión de stock, no de spot: la factura media de intereses se ajusta con un gran retraso a medida que se renueva el stock de deuda existente con cupones bajos, por lo que los gastos por intereses siguen mostrando inercia.

En este punto es donde el debate sobre la sostenibilidad de la deuda debería perder su dramatismo: la deuda acumulada de un país se considera sostenible, siempre que el crecimiento nominal se mantenga por encima del tipo de interés efectivo de la deuda pendiente (suponiendo que el presupuesto primario siga equilibrado). Esa lógica también es coherente con las evaluaciones externas: la agencia de calificación Fitch señala que la reflación puede respaldar la dinámica de la deuda a corto plazo, ya que el tipo de interés efectivo solo aumenta gradualmente y se ha mantenido por debajo de la inflación, incluso cuando los rendimientos se normalizan.

“La dinámica de la deuda de Japón ha sido bastante buena en los últimos años. Debido al retorno de la inflación y, por lo tanto, al mayor crecimiento nominal, la ratio deuda/PIB ya ha entrado en una senda descendente. Dadas nuestras perspectivas positivas tanto para el crecimiento real como para la inflación, la situación fiscal de Japón también parece estable”, señala Lucas Brauner, economista especializado en Japón de DWS.

Brauner añade además que el caso de riesgo es la imagen reflejada: "Si la inflación cayera de forma decisiva mientras los tipos de interés se mantuvieran elevados, el crecimiento nominal podría dejar de superar los tipos de interés efectivos, lo que en última instancia conduciría a una ratio deuda/PIB más alta y potencialmente insostenible". La incertidumbre en torno al alcance de la expansión fiscal es otro factor de riesgo. El mercado de bonos japonés puede seguir siendo volátil durante un tiempo, pero la sostenibilidad sigue dependiendo del crecimiento y la inflación, y no solo de los rendimientos de los bonos del Estado japonés a largo y ultralargo plazo.

The Trader

Japón se ha convertido en el principal foco de tensión de los mercados financieros globales. El yen vuelve a estar bajo presión y, esta vez, el aviso desde Tokio es explícito. Cuando el Gobierno japonés habla de movimientos “anormales y especulativos” en el mercado de divisas y la Reserva Federal de Nueva York contacta directamente con las mesas de trading para interesarse por el tipo de cambio, el mensaje es claro: el problema ya no es técnico, es político y sistémico.

El yen llegó a deslizarse hacia la zona de 160 por dólar, un nivel que Japón ya ha señalado en el pasado como línea roja. El posterior rebote fue uno de los más violentos desde agosto y el mercado lo interpretó como una advertencia directa de posible intervención, incluso coordinada con Estados Unidos. Cuando Washington entra en escena, ya no hablamos solo de la moneda japonesa, sino de estabilidad financiera global.

Pero el verdadero núcleo del problema no está en el yen. Está en la deuda. Los llamados JGB no son otra cosa que los bonos del Estado japonés, es decir, la deuda pública de Japón. Durante décadas fueron el mercado más estable del mundo. Pagaban tipos cercanos a cero, apenas se movían y servían como ancla de tranquilidad en los momentos de turbulencias globales. Esa estabilidad no era casual. Se sostenía sobre un pilar clave: el propio Banco de Japón.

Durante años, el banco central fue el gran comprador de deuda japonesa. El Gobierno emitía bonos, y más del 50% de toda la emisión la compraba el propio Banco de Japón. Gracias a eso, Japón pudo acumular una deuda gigantesca sin que subieran los tipos de interés. De hecho, durante mucho tiempo los inversores privados japoneses no eran los principales financiadores del Estado. No hacía falta. El mercado estaba, en la práctica, anestesiado.

Eso explica algo que a primera vista parece contradictorio. Cuando la deuda japonesa no pagaba casi nada, los inversores japoneses financiaban al resto del mundo. Bancos, aseguradoras y fondos de pensiones preferían comprar deuda de Estados Unidos o Europa, donde sí había rentabilidad. El yen era estable, cubrir el riesgo de divisa era barato y en casa el banco central garantizaba que todo permanecía bajo control. Ese equilibrio se ha roto.

La inflación ha regresado a Japón y se ha consolidado. La inflación subyacente cerró 2025 en el 3,1%, cuarto año consecutivo por encima del objetivo del 2%. Al mismo tiempo, el Banco de Japón ha puesto fin a los tipos negativos y ha comenzado a retirarse, lentamente, del mercado de deuda. Ya no compra bonos como antes. Y justo cuando ese comprador desaparece, el nuevo Gobierno ha apostado por más gasto público y estímulos fiscales de cara a las elecciones anticipadas de febrero.

El resultado es un mercado que pasa de no moverse nunca a moverse de forma brusca. Las rentabilidades de los bonos japoneses se han disparado, especialmente en los tramos largos. El bono a 40 años ha superado el 4%, algo impensable hace apenas dos años. Movimientos que antes tardaban meses ahora se producen en una sola sesión.

¿Quién está comprando ahora esos bonos? Aquí aparece el segundo gran cambio. Los primeros en entrar han sido los inversores extranjeros. No porque posean la mayor parte de la deuda, sino porque son quienes más operan en el mercado. Hoy representan alrededor del 65% del volumen mensual negociado. Son inversores rápidos, tácticos, que entran y salen con facilidad y que amplifican los movimientos cuando hay incertidumbre.

Y aquí surge la pregunta clave: ¿por qué los inversores japoneses no están comprando en masa ahora que la deuda sí paga una rentabilidad atractiva? La respuesta es menos intuitiva de lo que parece. No es que no quieran. Es que no pueden hacerlo de golpe. Bancos, aseguradoras y fondos de pensiones japoneses son inversores estructurales. Necesitan estabilidad, no volatilidad. Durante décadas delegaron la función de estabilizar el mercado en el Banco de Japón. Ahora el banco central se retira, pero los inversores domésticos no han ocupado aún ese vacío. Esperan a que el mercado se calme y los tipos encuentren un equilibrio más claro.

Mientras tanto, los extranjeros se adelantan. Eso explica la volatilidad actual. No es falta de interés local, es un desfase temporal entre la retirada del banco central y la vuelta progresiva del comprador doméstico.

El problema es que ese proceso tiene consecuencias globales. Japón tiene cerca de cinco billones$ invertidos en activos extranjeros. Durante décadas fue uno de los grandes financiadores silenciosos del mundo. Si una parte de ese capital empieza a regresar porque la deuda japonesa vuelve a ser atractiva, no hace falta un movimiento masivo para generar tensiones. Basta con que una fracción vuelva para presionar al alza las rentabilidades en Estados Unidos y Europa.

Además, el yen ha sido durante años uno de los pilares del “carry trade” global: pedir prestado en yenes baratos para invertir en activos más rentables fuera. Y no hablamos de cantidades menores, porque la última estimación cifra ese “carry trade” en 450.000 millones$. Si los tipos japoneses siguen subiendo, ese mecanismo empieza a romperse y obliga a deshacer posiciones en todo el mundo.

Aquí está el dilema imposible para Japón. Subir tipos ayuda a estabilizar el yen, pero encarece el servicio de una deuda pública que ronda el 230% del PIB. Intervenir en el mercado de divisas, como ya ocurrió en 2024, con cerca de 100.000 millones de dólares, solo compra tiempo. No soluciona el problema estructural si el gasto público sigue creciendo y el banco central se ve obligado a apagar fuegos constantemente.

"Lo que estamos viendo en Japón no es un episodio aislado de volatilidad ni un simple ajuste en el yen. Es el inicio de un cambio profundo en uno de los grandes pilares del sistema financiero global. El mundo se acostumbró a que Japón financiara el exceso de deuda ajeno gracias a tipos cero y a un banco central omnipresente. Ese modelo se está agotando. Si Japón empieza, aunque sea de forma gradual, a priorizar su propio mercado y a repatriar capitales, el impacto se sentirá en las curvas de tipos, en el dólar y en el coste de financiación global. El riesgo no es lo que Japón haga hoy. El riesgo es que el mundo siga actuando como si Japón pudiera seguir sosteniendo indefinidamente un sistema que ya ha empezado a resquebrajarse", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

18Jan

Con la subida de tipos del Banco de Japón, parte del ahorro japonés puede empezar a quedarse en casa si la rentabilidad local resulta atractiva, afectando a los mercados de bonos internacionales. Menos yen barato implica una liquidez global menor.

Miguel Ángel Valero

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, planea disolver la Cámara Baja del Parlamento el 23 de enero para convocar elecciones anticipadas en febrero. Su objetivo es reforzar el control del Partido Liberal Democrático (PLD), cuya coalición con el Partido de la Innovación presenta una mayoría muy ajustada en la Cámara Baja del Parlamento: 233 escaños de 465.

Takaichi busca aprovechar sus elevados índices de popularidad, cercanos al 70 %, para obtener un mandato más sólido que le permita impulsar su agenda económica expansiva y políticas de estímulo fiscal. Una victoria electoral facilitaría la aprobación de medidas clave, como el presupuesto récord de 783.000 millones de dólares para el ejercicio fiscal 2026, del cual casi una cuarta parte se financiará mediante emisión de deuda.

En los mercados, el anuncio provocó una subida del índice Nikkei, impulsada por la expectativa de que una mayoría más amplia permitiría mantener políticas de gasto que favorecen a las empresas exportadoras. En paralelo, también generó presión a la baja sobre los bonos y el yen, debido a la preocupación de que unas elecciones anticipadas retrasen la aprobación del presupuesto y aumenten la incertidumbre fiscal. 

The Trader: ojo a la subida de tipos

La subida de tipos del Banco de Japón (BoJ) ha pasado relativamente desapercibida para muchos inversores, pero es uno de esos movimientos que conviene no infravalorar. No tanto por el nivel del tipo (que sigue siendo bajo) sino por lo que representa: el abandono definitivo de la política monetaria ultra expansiva que ha definido a Japón durante décadas.

El BoJ ha elevado el tipo oficial hasta la zona del 0,75% y, lo más relevante, ha dejado claro que el proceso de normalización no ha terminado. Aun así, insiste en que los tipos reales siguen siendo claramente negativos. El mensaje es deliberado: subir, sí, pero sin asustar al mercado. Y, de momento, el mercado ha comprado ese discurso.

Para la economía japonesa, el impacto es ambivalente. Por un lado, sube el coste de financiación para familias y empresas, algo especialmente sensible en un país muy endeudado y con una población envejecida. Por otro, el BoJ confía en que el ciclo salarios-precios ya esté suficientemente asentado como para absorber ese endurecimiento gradual. El gran riesgo está en el frente fiscal: con una deuda pública gigantesca, cada punto adicional de tipos eleva el coste de financiación del Estado a medio y largo plazo. 

Y aquí entra la renta fija. El tramo corto queda anclado por la decisión del banco central, pero el tramo medio y largo ha reaccionado con fuerza. El bono japonés a diez años ha superado el 2%, niveles no vistos en décadas. No es solo una apuesta por más subidas de tipos, es también una prima adicional por incertidumbre: inflación, emisión futura y sostenibilidad fiscal.

Lo curioso es que, pese a la subida de tipos, el yen no se ha apreciado. Esto nos dice mucho. El mercado interpreta que el BoJ seguirá siendo extremadamente gradual y que Japón no está dispuesto a tensar demasiado las condiciones financieras. Mientras esa percepción se mantenga, el yen seguirá siendo una moneda “financiadora”.

Y ahí está la clave global: el “carry trade”. Durante años, el mundo se ha financiado en yenes baratos para invertir en activos con mayor rentabilidad. Cada subida del BoJ encarece ese modelo, reduce el diferencial y aumenta el riesgo. No porque hoy sea dramático, sino porque cambia la dirección del viento. Cuando el yen deje de ser estructuralmente débil y empiece a apreciarse de verdad, el deshacer de esas posiciones puede ser rápido y doloroso.

La reacción de la Bolsa japonesa también encaja en este contexto: no hay problema porque la subida de tipos ya estaba descontada y porque el BoJ no ha endurecido el tono en exceso. Además, un entorno de tipos algo más altos beneficia a bancos y aseguradoras, mientras que un yen todavía débil sigue apoyando a las exportadoras. El problema llegará si el tramo largo de la curva sigue tensionándose o si el yen cambia de tendencia.

Fuera de Japón, las implicaciones son claras. Menos yen barato, significa menos liquidez global. Parte del ahorro japonés puede empezar a quedarse en casa si la rentabilidad local resulta atractiva, afectando a los mercados de bonos internacionales. Y, como siempre, cuando el “carry trade” empieza a doler, el contagio suele ir más allá de Japón: sube la volatilidad, sufren los activos de riesgo y se ajustan divisas y spreads.

"La subida del Banco de Japón no es un shock, pero sí una señal. Japón deja de ser el ancla absoluta de tipos cero del sistema financiero global. El proceso será lento, probablemente más lento de lo que muchos esperan, pero el cambio estructural ya está en marcha. Y cuando el gran financiador barato del mundo empieza a retirarse, conviene estar preparado para un entorno mucho menos complaciente", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

27Dec

El presidente de EEUU no busca acuerdos discretos ni equilibrios diplomáticos. Busca tensión, hechos consumados y demostraciones de poder, con confrontación abierta, mensajes directos y desprecio por los mecanismos clásicos de contención diplomática.

Miguel Ángel Valero

Trump termina 2025 de la misma forma que empezó el año, tensionando las relaciones con su principal rival, China. EEUU acaba de aprobar una de las mayores ventas de armas de su historia a Taiwán, por un importe superior a los 11.100 millones$ (9.428 millones€). El paquete incluye sistemas de misiles, artillería avanzada, drones y munición de precisión. Más allá del volumen o del detalle técnico, lo relevante es el mensaje político que encierra esta decisión.

Para China, Taiwán no es una cuestión negociable. Es una línea roja absoluta. Pekín lo ha repetido durante años de forma clara y explícita: cualquier paso que acerque a la isla a una independencia formal obligaría a una respuesta militar. No es retórica. Es doctrina de Estado.

En este contexto, la apuesta de Washington va mucho más allá de reforzar la capacidad defensiva de la isla. EEUU está elevando su nivel de implicación en un conflicto potencial que hasta ahora había gestionado desde la ambigüedad estratégica. Dotar a Taiwán de armamento avanzado no solo refuerza su defensa, también altera el equilibrio psicológico y político en la región.

La reacción china ha sido inmediata y dura, denunciando la violación del principio de “una sola China” y advirtiendo de represalias. Pero lo verdaderamente preocupante no es el cruce de declaraciones, sino la dinámica que se está generando. Cada venta de armas, cada maniobra militar y cada gesto diplomático reduce el margen de error y acerca a las partes a un escenario de confrontación directa.

La relación entre China y EEUU vuelve a tensarse por Taiwán. El Ministerio de Exteriores chino ha impuesto sanciones a 20 empresas (y a diez de sus directivos) estadounidenses del sector de la defensa y diez de sus altos directivos, en represalia por el último paquete de venta de armas a la isla. 

Esta operación, que aún debe completar su tramitación en el Congreso estadounidense, será el mayor acuerdo de suministro militar a Taipéi hasta la fecha.

La Cancillería china detalla en un comunicado que las sanciones, ya en vigor, incluyen la congelación de activos que esas compañías e individuos puedan tener en China, la prohibición de realizar nuevas inversiones en el país, y la restricción a la cooperación de cualquier tipo con organizaciones o particulares chinos. Además, los ejecutivos afectados tendrán vetada la entrada en el país, así como en Hong Kong y Macao.

Entre las empresas sancionadas figuran algunos de los principales pilares del complejo militar-industrial estadounidense, como Northrop Grumman Systems Corporation, uno de los grandes desarrolladores de sistemas de misiles, radares y plataformas aeroespaciales; L3Harris Maritime Services, especializada en sensores, sistemas de comunicación y tecnología naval avanzada (un ámbito estrechamente vinculado a la modernización de las capacidades defensivas de Taiwán frente a China); una filial de Boeing, uno de los mayores grupos aeronáuticos del mundo.

Las sanciones van dirigidas contra compañías y personas que han participado en la entrega de armamento a Taiwán “en los últimos años”, porque esas ventas suponen una “injerencia en los asuntos internos de China” y que “socavan su soberanía e integridad territorial”. 

Además, se trata de una “grave violación” de los marcos en los que se basan las relaciones diplomáticas entre Pekín y Washington.

Taiwán es el lugar en el que se exiliaron las fuerzas nacionalistas tras perder la guerra civil china en 1949. La República Popular la considera una parte inalienable de su territorio y asegura que la reunificación es “inevitable”, no descartando el uso de la fuerza para lograr ese objetivo.

En su comunicado, la Cancillería china subraya que “la cuestión de Taiwán está en el centro de los intereses fundamentales de China y es la primera línea roja que no debe cruzarse”. “Cualquiera que intente traspasarla y provocar se encontrará con la respuesta firme de China, y pagará un alto precio por su ofensa. Ningún país debe subestimar jamás la determinación, voluntad y capacidad del Gobierno y el pueblo chino para salvaguardar su soberanía e integridad territorial”, zanja.

Curiosamente, EEUU no reconoce a Taiwán como Estado soberano, aunque desde 1979 (año en el que reconoció al Gobierno en Pekín como el representante de China) mantiene una estrecha relación de seguridad con Taipéi basada en el Acta de Relaciones con Taiwán, que le obliga a suministrar armas y asistencia defensiva para fortalecer su capacidad de autoprotección.

La Casa Blanca responde que las nuevas ventas contribuirán a salvaguardar “los intereses nacionales, económicos y de seguridad de Estados Unidos” porque respaldan “los esfuerzos del destinatario por modernizar sus fuerzas armadas y mejorar su capacidad defensiva”, y ayudarán a “mantener la estabilidad política, el equilibrio militar y el progreso económico en la región”.

Japón se implica en el pulso entre EEUU y China

El problema es que Taiwán ya no es un pulso exclusivamente entre EEUU y China. Japón se está involucrando cada vez más de forma explícita en el asunto. Las visitas continuas de parlamentarios japoneses a la isla y los mensajes políticos desde Tokio refuerzan la percepción de un alineamiento regional que China interpreta como un cerco estratégico. En Pekín no se lee como diplomacia parlamentaria, sino como una señal de escalada. Y cuando Japón entra en escena, la carga histórica y militar del conflicto se multiplica.

Hasta ahora, el gran choque entre EEUU y China había sido fundamentalmente económico y tecnológico: aranceles, semiconductores, cadenas de suministro. Un conflicto serio, pero contenido. Taiwán introduce una dimensión completamente distinta. Ya no es solo una cuestión de comercio o de poder económico, sino de soberanía, identidad nacional y prestigio geopolítico.

Geopolítica de la provocación

Este patrón de actuación se repite en otros frentes. Es lo que el analista Pablo Gil describe en The Trader como "geopolítica de la provocación". En Europa, con el último movimiento de Donald Trump respecto a Groenlandia. El nombramiento de un enviado especial,  Jeff Landry, gobernador de Luisiana, con el objetivo explícito de allanar una futura anexión ha provocado una reacción airada tanto del Gobierno danés como de las autoridades groenlandesas.

Dinamarca ha calificado el gesto como una provocación inaceptable y un ataque verbal directo a su soberanía. Groenlandia es un territorio autónomo bajo administración danesa, y cualquier intento de apropiación choca frontalmente con el derecho internacional y con los principios que, en teoría, sustentan la relación entre aliados.

Lo relevante no es solo el interés estratégico de Estados Unidos por Groenlandia (minerales, posición geográfica, control del Ártico) sino la forma. Trump no busca acuerdos discretos ni equilibrios diplomáticos. Busca tensión, hechos consumados y demostraciones de poder. Da igual que sea frente a China en Asia, frente a un aliado histórico en Europa, apoyando sin matices a Israel en Oriente Medio o endureciendo la presión política y económica sobre Venezuela, como publicó Dinero Seguro. El patrón es siempre el mismo: confrontación abierta, mensajes directos y desprecio por los mecanismos clásicos de contención diplomática.

"La política exterior de Trump no reduce riesgos, los acumula. Empuja varias líneas rojas a la vez, involucra a más actores y estrecha peligrosamente el margen de error. Pero, más allá de Trump, lo que queda claro es que el mundo ha cambiado. Los equilibrios, las reglas no escritas y los valores que durante décadas sirvieron para contener los conflictos pesan cada vez menos. La geopolítica ya no se rige por consensos, sino por pulsos de poder. Y en ese nuevo escenario, la estabilidad que dábamos por sentada empieza a parecer una excepción, no la norma", avisa Pablo Gil.

14Dec

Si el Banco de Japón sube demasiado rápido, la carga de intereses de la deuda (235% del PIB) puede desbordar las cuentas públicas, pero si lo hace demasiado lento, corre el riesgo de perder el control de la inflación y del yen.

Miguel Ángel Valero

Prácticamente el mismo día que el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Japón tomará decisiones de política monetaria. Con una diferencia sustancial: mientras el BCE seguirá en modo pausa, el Banco de Japón subirá el precio oficial del dinero.

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, subraya que un movimiento al alza ahora parece mucho más probable que hace una semana, tras el discurso pronunciado el pasado lunes 8 de diciembre por el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, que enunció los “pros y contras” de subir el tipo de interés oficial y afirmó que “todo se tomará en consideración” en la reunión de política monetaria que tendrá lugar entre el 18 y el 19 de diciembre.

¿Por qué está pensando Japón en subir los tipos de interés? Actualmente, la inflación en Japón se sitúa en el 3%, por debajo del reciente máximo del 4,3% registrado al comienzo de 2023, pero considerablemente más alta que en la última década, donde se situó en un promedio por debajo del 1%, salvo esporádicos repuntes hasta el 1,5% debido a aumentos del impuesto sobre las ventas. Japón estuvo en deflación en 2016 y nuevamente en 2020 y 2021.

Con una inflación del 3% y un tipo de referencia en Japón de solo el 0,5%, merece la pena centrarse en la historia reciente de los tipos japoneses, que se situaron en apenas el 0,1% entre 2009 y 2016, cuando se redujeron al -0,1%. Desde 2024, han ido aumentando gradualmente hasta el nivel actual del 0,5%.

¿Qué viene ahora? Se espera que la inflación en Japón vaya reduciéndose gradualmente hasta situarse alrededor del 2%. La shunto, la ronda anual de negociación salarial entre empresarios y sindicatos de crecimiento salarial, se esperaba que en primavera fuera utilizada por el Banco de Japón como guía para el momento probable en el que subiera tipos, pero "parece que el responsable de la política monetaria japonesa es menos paciente de lo que pensábamos", explica el experto de Columbia Threadneedle.

Además de una inflación ya elevada, también tenemos el paquete de estímulos fiscales anunciado por la recientemente nombrada primera ministra Sanae Takaichi, que busca generar un impacto positivo en la economía. Esta medida, dotada con 135.000 millones de libras, pretende impulsar el crecimiento en la economía japonesa, que sigue siendo relativamente débil si observamos los datos trimestrales del PIB.

¿Qué implicación tiene esta situación para los mercados? El 'carry trade' en yenes ha sido una estrategia de inversión próspera en los mercados globales en los últimos años: es un tipo de operación que consiste en endeudarse muy barato en yenes japoneses e invertir en el extranjero en activos de mayor rendimiento. El volumen de lo que supone el carry trade es difícil de determinar, pero puede llegar al billón$. 

Históricamente, cuando el Banco de Japón ha subido los tipos, se produce  una volatilidad significativa en los activos financieros, en particular en los bonos del gobierno japonés, pero también en los bonos de otros países. La volatilidad también puede extenderse a los mercados de renta variable. 

El dinero está regresando a Japón desde el extranjero y la incertidumbre sobre los tipos siempre genera volatilidad. Esto se observó durante el verano de 2024, cuando una subida de tipos provocó una caída del12% en la renta variable japonesa en tan solo un día.

Esta vez parece que el Banco de Japón está haciendo un mejor trabajo en cuanto a hacer públicas sus intenciones, sin duda mejor que en 2024. Pero un movimiento de política monetaria podría alterar los flujos de capital globales a medida que Japón suba los tipos y posiblemente insinúe futuros movimientos, algo que parece probable. 

"Un mayor desmantelamiento del carry trade interrumpirá los flujos de capital. Los cambios en los patrones de inversión serán un tema que seguiremos de cerca y, aunque varios bancos centrales se reunirán en las próximas semanas, los anuncios del Banco de Japón parecen destinados a atraer mucha atención", avisa Anthony Willis.

The Trader

El analista Pablo Gil también destaca en The Trader el discurso de Kazuo Ueda, que ha dejado caer que el Banco de Japón podría volver a subir los tipos de interés en diciembre. No fue una insinuación vaga: habló de ello como una posibilidad real si los salarios siguen creciendo y la inflación subyacente mantiene su persistencia.

Lo llamativo es que este mensaje llega después de que la primera ministra Sanae expresara abiertamente su desacuerdo con las últimas subidas. Su postura es clara: endurecer demasiado rápido puede comprometer la frágil recuperación del país. Por primera vez en años, la fricción entre el Gobierno y el Banco de Japón es evidente.

Y, sin embargo, Ueda insiste. ¿Por qué? Porque Japón está intentando salir de un régimen deflacionario de tres décadas y teme que cualquier titubeo devuelva a la economía a su viejo patrón. Desde esa perspectiva, un tipo de interés algo más alto no es un problema, sino una forma de anclar credibilidad: inflación estable, salarios al alza y fin del experimento monetario más extremo del mundo.

Pero aquí es donde aparece la parte delicada. Japón es la economía más endeudada del planeta, con una deuda pública que supera el 235% del PIB tras décadas de déficits, estímulos y compras masivas de bonos y Bolsa por parte del propio banco central. Cuando cargas un país con esta montaña de deuda, subir el coste del dinero no es un simple ajuste técnico: es un movimiento que puede reconfigurar por completo el funcionamiento del Estado.

Y la curva de tipos ha empezado a reflejarlo: Los bonos a corto han repuntado con fuerza tras las palabras de Ueda, anticipando una posible subida en diciembre. El tramo medio y largo lleva meses ajustándose al alza, señal de que los inversores asumen un cambio estructural que hará que Japón no vuelva a los tipos de interés “cero” de forma permanente.

Y éste es el verdadero riesgo, ya que cada décima adicional en el coste del dinero multiplica su efecto sobre una base de deuda gigantesca. El coste financiero del Estado puede aumentar de forma explosiva si los rendimientos se normalizan rápido. Y el mercado lo sabe: por eso cada mensaje de endurecimiento se traduce en movimientos bruscos en los bonos.

Japón avanza hacia la normalización monetaria, pero lo hace sobre un terreno inestable. Ueda quiere construir credibilidad; Sanae quiere proteger el crecimiento y evitar que el coste de la deuda se convierta en otra crisis silenciosa.

El dilema es claro: Si el Banco de Japón sube demasiado rápido, la carga de intereses puede desbordar las cuentas públicas, pero si sube demasiado lento, corre el riesgo de perder el control de la inflación y del yen. 

"El próximo 19 de diciembre sabremos quién impone su criterio, si el Banco de Japón o el gobierno japonés", apunta Pablo Gil.

29Oct

La confianza de los consumidores sigue débil y aumenta el número de los que vaticinan un deterioro del mercado laboral.

Miguel Ángel Valero

Trump busca intensificar los esfuerzos diplomáticos en materia comercial. En relación con China, el presidente estadounidense ha expresado su intención de reducir los aranceles aplicados a las importaciones chinas vinculadas al fentanilo y planea abordar la exportación de chips Blackwell de Nvidia

Las negociaciones entre ambos países han avanzado significativamente: el pasado domingo, alcanzaron un acuerdo marco que establece una hoja de ruta para mejorar las relaciones comerciales, y el viernes 31 de octubre se reunirán presencialmente Trump y Xi Jinping

En este acuerdo, China se comprometió a reanudar las importaciones de soja estadounidense –interrumpidas desde mayo– y a flexibilizar los controles sobre la exportación de tierras raras. A cambio, EEUU propuso evitar una escalada arancelaria, y el negociador secretario del Tesoro, Scott Bessent, descartó la aplicación del arancel amenazado por Trump del 100%, que estaba previsto para entrar en vigor el 1 de noviembre. 

En este sentido, China ya ha dado el primer paso al retomar las compras de soja, y los primeros envíos se entregarán antes de fin de año. Por su parte, Trump reiteró su intención de reducir los aranceles, y podría bajar los relacionados con el fentanilo del 20% actual a un mínimo del 10%.

Respecto a los chips de Nvidia, la administración Trump ha mostrado una postura cambiante. En abril, ordenó a la empresa detener las ventas del chip H20, diseñado específicamente para el mercado chino por ser menos avanzado que el modelo Blackwell. Posteriormente, en agosto, Trump propuso permitir la venta de los chips H20 a cambio de que el gobierno estadounidense recibiera un 15% de las ventas realizadas en China. Sin embargo, Nvidia informó que no ha enviado ningún chip H20 al país asiático, ya que aún no se han definido las reglas para el reparto de ingresos, y China ha desalentado a sus empresas nacionales de adquirir estos chips.

Por otro lado, con Japón: Trump y la primera ministra japonesa Sanae Takaichi firmaron un acuerdo marco para impulsar la cooperación en el desarrollo de reactores nucleares de nueva generación y asegurar el suministro de tierras raras –Japón representa el 6% de las importaciones americanas de estos materiales–.

El pacto busca contrarrestar la dependencia del país estadounidense con China. Como parte del acuerdo, ambos países crearán un grupo de trabajo encargado de identificar minerales prioritarios y vulnerabilidades en la cadena de suministro, con el fin de elaborar un plan que acelere las entregas de estos componentes críticos para sectores como la automoción, la defensa y la tecnología avanzada.

Trump cierra también un pacto comercial con Corea del Sur, mientras confía en un resultado “positivo” de las negociaciones con China, y se muestra receptivo a un encuentro con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un.

La confianza de los consumidores de EEUU sigue débil

En medio de las negociaciones comerciales, Trump tiene que afrontar malos datos macro en EEUU. La confianza de los consumidores se mantiene débil. En octubre el índice realizado por la Conference Board bajó hasta 94,6, pero se revisaron al alza los datos del mes previo y con ello, a pesar del retroceso visto en octubre, el indicador quedó ligeramente por encima de las expectativas (93,4). 

Por otro lado, poco alentadora fue la lectura de los componentes, dado que subió la lectura de situación actual (129,3 vs. 127,5) mientras que el subíndice de expectativas cayó hasta 71,5 desde el 74,4 previo. Además, un mayor número de encuestados apuntaron que anticipan un deterioro del mercado laboral: un 27,8% (vs. 25,7% anterior) apuntan a que habrá un menor número de empleos disponibles frente a un 15,8% (vs. 16,6% anterior) de los encuestados que esperan una mejora del empleo. Más allá de las cifras mensuales que están sufriendo varias revisiones, en promedio durante todo este año este indicador se situó en 96 frente al 105 promedio visto en los dos años anteriores (2023-24), lo que confirma que la mayor incertidumbre está pesando en el ánimo de los consumidores.

También datos de precios de la vivienda que repuntaron en agosto. Se anunciaron dos indicadores: el índice de la Agencia Federal de Financiación de la Vivienda (FHFA) sobre compraventas repetidas en viviendas unifamiliares, el precio aumentó un +0,4% mensual y, por otro lado, según el índice realizado por S&P Case-Shiller para las 20 principales ciudades del país, aumentó un +0,2% mensual, lo que sitúa en el +1,6% el ritmo de crecimiento interanual.

20Oct

Lo que realmente definirá su legado será si Sanae Takaichi logra estabilizar la política japonesa tras años de líderes de corta duración y si consigue un futuro viable para una nación que enfrenta el reto del envejecimiento, la presión geopolítica, el estancamiento económico y el mayor nivel de endeudamiento del mundo.

Miguel Ángel Valero

Este fin de semana los líderes del partido gobernante en Japón pusieron fin a los rumores de boicotear la elección de la principal candidata a ser elegida presidenta del país, Sanae Takaichi, tras las primarias.

La sociedad de valores Activotrade analiza las consecuencias en la apertura de la Bolsa nipona: "Japón se dispara un 3% por la futura 'Dama de Hierro'. Esta noche la deuda japonesa ha caído moderadamente pero las Bolsas han celebrado la decisión del partido gobernante haciendo subir más de un 3,5% a su principal selectivo Nikkei 225 alcanzando este los 49.000 puntos por primera vez en toda la historia, con subidas superiores al 7% en el caso de Softbank o Mizuho entre otros."

Por su parte, la gestora estadounidense Payden & Rygel señala el impacto en el mercado de bonos: "Japón eligió a su candidata, Sanae Takaichi, quien se autodenomina thatcherista, exbaterista de una banda de heavy metal y, quizás lo más importante, protegida de Shinzo Abe. La política económica de Abe, conocida como «Abenomics», aboga por un mayor gasto fiscal para lograr una inflación sostenible del 2 %. Los rendimientos japoneses ya estaban al alza este año, pero la creencia de que el ascenso de Takaichi continuaría con el Abenomics hizo que los rendimientos de los bonos del Estado japonés a 30 años se dispararan a nuevos máximos en décadas". 

"Sin embargo, no es solo Japón el que agita los mercados mundiales de bonos. Los rendimientos de los bonos del Estado a 30 años son más altos en lo que va de año, debido a las preocupaciones persistentes sobre las secuelas de los déficits de la era Covid. En algunos casos (por ejemplo, Alemania), los gobiernos han prometido gastar más, mientras que en otros, los gobiernos se han derrumbado tras solo unas horas (como en Francia). Curiosamente, el país sobre el que más se ha escrito en materia fiscal y cuyo gobierno está paralizado debido a un bloqueo presupuestario, tiene unos rendimientos a 30 años más bajos que a principios de año. En más de un sentido, Estados Unidos sigue siendo excepcional", añade.

El analista Pablo Gil señala, en The Trader, que Japón está a punto de hacer historia. Sanae Takaichi, de 64 años, se convertirá en la primera mujer en liderar el país tras imponerse en la carrera por el liderazgo del Partido Liberal Democrático (PLD), la formación que ha gobernado casi ininterrumpidamente durante siete décadas. Su victoria frente a Shinjiro Koizumi, ministro de Agricultura y representante del ala más moderada del partido, marca un giro político de gran calado.

Apodada por la prensa como la “dama de hierro de Japón”, Takaichi se inspira abiertamente en Margaret Thatcher. Su discurso combina nacionalismo, orgullo por la identidad japonesa y una visión clara en política exterior: reforzar la alianza con Estados Unidos y adoptar una postura más firme frente a China. En economía apuesta por recortes de impuestos y un mayor gasto público, y en política migratoria se ha alineado con las tesis más duras de la derecha japonesa, en un país donde los extranjeros apenas representan un 3% de la población.

La elección de Takaichi refleja también las tensiones internas dentro del PLD. Mientras las facciones más conservadoras veían en ella la mejor opción para recuperar votantes perdidos ante el populista Sanseito (un partido ultranacionalista que ha crecido bajo el lema de “Japón primero”, emulando el lema que devolvió a Donald Trump a la Casa Blanca), otras corrientes apostaban por Koizumi como símbolo de regeneración y modernidad. Al final, los 185 votos obtenidos por Takaichi frente a los 156 de su rival muestran que la balanza se inclinó hacia el ala más dura del partido.

El contexto político en Japón no es sencillo. El PLD llega desgastado tras una derrota histórica en las últimas elecciones, un aumento del coste de la vida que golpea a los hogares (con el arroz, duplicando su precio en un año), y múltiples escándalos de corrupción y financiación ilegal. Además, la sombra de la polémica Iglesia de la Unificación, con la que muchos cargos han estado vinculados, sigue dañando su reputación.

La gran incógnita ahora es si Takaichi podrá consolidarse como primera ministra. Aunque el PLD ya no tiene mayoría absoluta, sigue siendo el partido más fuerte en la Cámara Baja, lo que le otorga ventaja. 

Japón, cuarta economía del mundo, abre así un capítulo político inédito. La llegada de una mujer al poder, en una sociedad todavía marcada por roles tradicionales y fuertes resistencias culturales, será histórica por sí misma. Pero lo que realmente definirá su legado será si Takaichi logra estabilizar la política japonesa tras años de líderes de corta duración y si consigue que el nacionalismo que la impulsa se traduzca en un proyecto de futuro viable para una nación que enfrenta el reto del envejecimiento, la presión geopolítica, el estancamiento económico y el mayor nivel de endeudamiento del mundo.

05Oct

Sanae Takaichi defiende medidas de estímulo fiscal para impulsar el crecimiento económico, pero "un gran gasto público en un país donde la deuda ya representa el 260 % del PIB es algo que puede asustar a los mercados de bonos", señalan en Columbia Threadneedle.

Miguel Ángel Valero

Sanae Takaichi, una política de corte conservador y nacionalista de 64 años, ha ganado la carrera para presidir el gobernante Partido Liberal Demócrata (PLD) de Japón. Esa victoria implica prácticamente que se convertirá en la primera ministra del país, si logra los votos suficientes en la Dieta, el Parlamento japonés.

En las primarias del PLD se ha impuesto, en la segunda ronda, a Shinjiro Koizumi, actual ministro de Agricultura e hijo del exprimer ministro entre 2001 y 2006 Junichiro Koizumi, por 185 votos frente a 156. Hubiera sido el primer ministro más joven desde la posguerra. 

El PLD empieza una nueva era”, proclama Takaichi tras ganar las primarias. Y asegura que el partido, que ha gobernado Japón casi de forma ininterrumpida desde 1955 (no lo ha hecho entre 1993 y 1994 y de 2009 a 2012), debe convertir “las inquietudes de la gente en esperanza”.

Takaichi sustituye al actual primer ministro, Shigeru Ishiba, que anunció a principios de septiembre que abandonaba la jefatura del Gobierno y la presidencia del PLD, después de menos de un año en el cargo. Ishiba llegó al poder en 2024 tras imponerse en unas primarias, precisamente, a Takaichi. Pero bajo su mandato el PLD ha sufrido dos contundentes derrotas electorales, perdiendo la mayoría en las dos cámaras de la Dieta. Es la primera vez que al PLD le sucede esto.

La investidura de Takaichi, previsiblemente el 15 de octubre, se da casi por hecha, porque tiene garantizados los votos de la coalición que forma el PLD con su tradicional socio minoritario, el partido Komeito. Y la oposición carece de un candidato alternativo.

Cuando asuma la dirección del Gobierno, Takaichi, que se reconoce admiradora de Margaret Thatcher, y que ha sido ministra de Seguridad Económica, entre otros cargos desde que entró en política en los años 90 del pasado siglo, deberá afrontar la inflación y las dudas sobre la evolución de la cuarta economía más grande del planeta. Pero también los escándalos de corrupción en el PLD, que le restan apoyo ciudadano y que impulsan a formaciones populistas, anti-inmigración y de ultraderecha, como Sanseito.

Sobre todo, hereda de Ishiba un polémico acuerdo con Trump para aceptar aranceles del 15%, también para el sector de la automoción, a cambio de invertir en EEUU 550.000 millones$.

Se presenta a sí misma como la heredera política del exprimer ministro Shinzo Abe, asesinado en 2022 (fue quien la llevó al Gobierno en 2006). Y defiende el 'abenomics', un conjunto de medidas que buscan impulsar el crecimiento económico a través de la expansión monetaria, el estímulo fiscal y las reformas estructurales.

El Gobierno de Japón solo cuenta con dos ministras, frente a 18 hombres. El porcentaje de mujeres en la Cámara de Representantes no llega al 15%. Pero va a tener a la primera mujer al frente del Gobierno en toda su historia.

Columbia Threadneedle: "panorama alentador"

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, destaca que las primarias en el PLD llegan en un "momento interesante" para Japón, ya que se enfrenta a un periodo de inflación, una tendencia que no se veía desde hacía décadas, y el Banco de Japón está a punto de subir los tipos deinterés. La economía japonesa está demostrando ser relativamente resistente a pesar de los aranceles estadounidenses y del ajuste salarial que se está produciendo con la inflación arraigada en la economía.

Frente al reformismo de Koizumi, Takaichi defiende una postura más intervencionista y basada en medidas de estímulo fiscal. Algo que puede provocar más movimientos en los mercados. "Un gran gasto público en un país donde la deuda ya representa el 260 % del PIB es algo que puede asustar a los mercados de bonos", señala. 

La mayor parte de la deuda japonesa está en manos de inversores nacionales, lo que significa que es menos vulnerable que, por ejemplo, la deuda del Reino Unido, que, en palabras del exgobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, depende de la "bondad de los extraños" para financiarse.

Takaichi también ha dicho que el Banco de Japón es "estúpido" por subir los tipos deinterés, pero con la inflación arraigada en el 3% es probable que vuelva a hacerlo aún más desde lo que actualmente ha sido su máximo en 18 años. Sin embargo, con un 0,5%, siguen siendo relativamente bajos. 

"Conviene tener en cuenta que, dada la falta de mayoría parlamentaria, es posible que el Partido Liberal Democrático no consiga automáticamente que su candidato seanombrado primer ministro. El nombramiento debe ser sometido a votación en e lParlamento, por lo que tendrán que llegar a algún tipo de acuerdo para que se apruebe.Ya hemos visto acuerdos de este tipo en el pasado y hay suficientes partidos alineados desde el punto de vista ideológico como para que salga adelante la votación", precisa este experto.

"En cuanto a nuestra visión sobre Japón, somos un poco más optimistas y, dentro de nuestras carteras multiactivos, hemos aumentado la exposición a una postura más neutral. Los fundamentos económicos parecen razonablemente positivos y vemos resiliencia a pesar de los aranceles y el impacto de la inflación. Esperamos que la economía japonesa supere el crecimiento del 1% este año, con un impulso positivo continuado gracias a las reformas empresariales y las previsiones de beneficios positivas. También estamos observando un aumento de las recompras de acciones. En general, vemos un panorama alentador, pero seguiremos de cerca la evolución política", advierte.