27 Oct
27Oct

Miguel Ángel Valero

Más escándalos en torno a la inteligencia artificial (IA), que disparan la desconfianza sobre los usos maliciosos de esta teecnología. Anthropic ha reconocido que su IA, Claude, accedió por su cuenta a un panel de datos electorales del estado de Georgia que normalmente se vende de pago. Nadie se lo había pedido. Tanto Anthropic, que asegura que no tocó el censo electoral ni cambió ni descargó ningún registro de votantes, como las autoridades de Georgia confirman que el acceso no estaba autorizado.

Es la misma situación que denunciaban los grandes bancos de EEUU, como publicó Dinero Seguro el 26 de octubre:  un agente IA con un objetivo (la orden es "consigue los datos") busca el camino y a veces encuentra uno que nadie vigilaba. Decirle a la IA "no hagas esto" es una petición. Lo que de verdad frena son credenciales con los permisos justos, reglas de acceso, registros de lo que hace y aprobaciones que no dependan de que el modelo se porte bien.

Pero hay más: Jason Clinton, uno de los principales responsables de seguridad de Anthropic, avisa que vienen 18 meses muy duros para la ciberseguridad y pide a los equipos de defensa que se preparen, porque las cosas van a empeorar bastante y ya veremos si mejoran. OpenAI destapa agujeros en su propio entorno de entrenamiento. Sus equipos de hackeo encontraron fallos desconocidos y fugas del entorno de pruebas, después de que la huida de un modelo en septiembre obligara a parar 11 días el entrenamiento.

Todo esto sucede mientras la partida de ajedrez en la búsqueda de capital para financiar la carrera por la IA se acelera, con tres grandes anuncios de financiación. En primer lugar, y seguramente el más relevante, es la presentación del S-1 de Anthropic, el documento en el que la compañía detalla ante el regulador sus cifras y las principales líneas de su negocio de cara a su salida a Bolsa. La empresa presenta unas métricas sólidas, con un balance que acumula 131.000 millones$ en caja y una generación de flujo de caja positiva. Sin embargo, también ha comprometido 637.000 millones$ en capacidad computacional a largo plazo (de los que hasta el 80% son contratos no cancelables), lo que obliga a mantener un elevado ritmo de crecimiento de los ingresos para atender esas obligaciones contractuales. El propio cofundador y CEO de la empresa, Dario Amodei, admite que cualquier traspié respecto a la expansión prevista podría comprometer la viabilidad de la compañía. De ahí la prudencia en la gestión de la caja y el esfuerzo por optimizar los márgenes asociados al cómputo. Teniendo en cuenta los plazos habituales en este tipo de operaciones, la salida a Bolsa podría producirse en aproximadamente cuatro semanas, coincidiendo con la semana de Acción de Gracias en EEUU. La operación tendría como objetivo captar alrededor de 100.000 millones$, con una valoración cercana a los 2 billones. 

Por otro lado, SpaceX ha anunciado que levantará, junto con Apollo, 40.000 millones$ de financiación destinada a nueva capacidad computacional que alquilará la compañía de Elon Musk. Y Meta, que durante la presentación de resultados adelantó la creación de una nueva clase de acciones, ha indicado que buscará captar 97.500 millones$ mediante una ampliación de capital –un 6% de su capitalización actual–. De completarse con éxito, sería la mayor operación de este tipo de la historia. Alphabet realizó en verano una ampliación en dos tramos por valor de 84.750 millones$.

Las tensiones empiezan a hacerse visibles. Elon Musk, por supuesto, no ha tardado en entrar en la polémica al señalar que el mercado de crédito se encuentra prácticamente cerrado para aquellas empresas cuya única fuente de ingresos procede de la IA. En este contexto, anticipaba posibles quiebras o la paralización de proyectos en el segmento de las neoclouds, cuyos modelos de negocio dependen directamente de la demanda de capacidad computacional vinculada a la IA. Unas declaraciones especialmente oportunas en plena carrera por asegurarse el acceso al capital.

Estos movimientos no parecen casuales. Llegan precisamente a las puertas de la presentación de resultados de los tres gigantes de la capacidad de computación: Amazon, Alphabet y Microsoft. Los principales actores aceleran para no quedarse atrás en un entorno marcado por unos costes de financiación más elevados y por el creciente escrutinio sobre la rentabilidad del gasto en bienes de capital. El volumen y, sobre todo, las condiciones de esa inversión volverán a determinar la dinámica del ciclo. Las cifras que están por llegar serán especialmente relevantes para toda la cadena física de la IA, precisamente la parte del mercado que más presión ha sufrido en los últimos meses.

En medio de todo esto, Anthropic, el creador de Claude, se alía con el fondo Hg para lanzar una consultora que ayude a las empresas europeas a implantar IA. Y Replit pasa parte de su gasto en IA de Anthropic a OpenAI. La plataforma de programación con IA envía una clara señal de que los grandes clientes ya comparan precio y margen entre proveedores.

Torsten Slok, economista jefe de Apollo, ve los ingresos por empleado y los márgenes prácticamente planos en las empresas que no son las siete grandes tecnológicas. La IA prácticamente no se nota, lo que es coherente con los datos sobre los retornos de estas inversiones en las empresas presentados por Gartner en su gran evento anual, el IT Symposium/Xpo.

La china Kimi ya es la cuarta mejor IA del mundo

Moonshot, el laboratorio chino, ha presentado Kimi K3.1 Pro, una mejora del modelo que lanzó en julio. Según el ranking independiente de Artificial Analysis ya es la cuarta IA más capaz del mundo, por delante de GPT-6 Astra de OpenAI pero por detrás de los dos modelos 5.5 de Anthropic y de Muse Wonder de Meta. Y promete liberar el modelo para descargarlo gratis antes del 4 de noviembre.

Moonshot asegura que supera a Opus 5.5 en proyectos de programación de varias horas, preguntas académicas de experto, investigación con muchos documentos y tareas reales de trabajo. Llama la atención el precio: 2$ por millón de tokens de entrada y 10$ de salida, lo mismo que Sonnet 5.5 y una quinta parte de lo que cuesta Astra. Pero consume más tokens que sus rivales para la misma tarea.

Artificial Analysis lo sitúa como el mejor modelo abierto para defensa informática, con un 64% y sin negarse a ninguna petición. Solo le supera una versión de GPT-6 reservada a defensores verificados.

El laboratorio chino lanza también una variante Highspeed que responde entre dos y tres veces más rápido.

Cadence Design Systems, una de las grandes firmas del software de diseño de chips, lanza Maestro, su IA para ese trabajo, y se desmarca de Synopsys, que prefirió OpenAI. Se apoya en Nemotron, el modelo abierto de Nvidia, y promete hasta un 30% más de calidad que una IA genérica y cinco veces más eficiencia en coste. Synopsys prefirió OpenAI.

Mientras, Canva ha lanzado Craft, el primer modelo de generación de imágenes hecho en casa. Debuta cuarto en DesignArena, el ranking de diseño que votan los usuarios, solo por detrás de tres modelos de OpenAI. Ya está disponible para todos los usuarios de Canva.

Meta (NASDAQ:META) quiere captar hasta 95.000 millones de dólares en acciones para pagar su apuesta por la IA, una de las mayores ampliaciones de la historia. Coloca ya 35.000 millones, 22.500 en acciones ordinarias y 12.500 en preferentes convertibles sin voto, y venderá hasta 60.000 millones más poco a poco en el mercado. El mando, eso sí, sigue en casa.

Otra promesa incumplida de Trump

Los centros de datos sostienen a EEUU, pero sin el salto que vendía Trump. Los centros de datos tiran de la economía americana, pero menos de lo que prometió el presidente de EEUU, al margen de las tensiones sociales, energéticas y medioambientales que generan allí donde se han instalado. Su ritmo ronda el 2%, la mitad de lo anunciado. El segundo trimestre creció un 2,2% anualizado y las estimaciones para el tercero (el dato definitivo se hace público el jueves 29 de octubre) hablan de un 3,2%.  Suma la inversión en IA, pero resta la importación de chips necesarios para hacerla realidad. La IA aún no ha demostrado su capacidad de mejora de la productividad. Si el crecimiento cuelga de los centros de datos, economía y Nasdaq comparten riesgo: si las tecnológicas frenan, caen las dos.

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