17Mar

La Unión Europea ultima un acuerdo comercial con Australia.

Miguel Ángel Valero

Según un estudio de Crédito y Caución, el sector del metal y el acero se ralentizará en 2026. Tras un aumento del 5,3% el año pasado, se espera que el crecimiento de la producción mundial de metales básicos descienda al 3,3% este año y al 2,4 % en 2027. 

Dentro de esta tendencia de descenso de la producción, se producirán divergencias tanto por regiones como por subsectores. En cuanto a los mercados, se prevé una tasa de crecimiento del 3,6 % en Asia-Pacífico, frente al 1,1 % en la Unión Europea. 

Por lo que se refiere a los subsectores, la producción mundial de hierro y acero aumentará un 3,1% y la de metales no ferrosos un 3,5% en 2026, por encima de la media del conjunto de la industria de metales básicos. 

En este contexto, la zona euro presentará un crecimiento más débil que el resto de regiones, a pesar de las medidas que está llevando a cabo la Unión Europea para fomentar la industrial local. Entre ellas, destaca el Plan de Acción de la UE para el Acero y los Metales (SMAP) que tiene como objetivo reducir los costes energéticos y reforzar la competencia leal, entre otros aspectos. Además, también se han endurecido las restricciones a la importación de acero, que entrarán en vigor a mediados de 2026, lo que debería suponer un nuevo impulso para los productores nacionales.

En algunos países europeos, el bajo nivel de producción afectará al riesgo crediticio de las empresas, como es el caso de Alemania, el mayor productor de acero de Europa. Sin embargo, la moderación de la demanda, el aumento de los costes energéticos y los bajos precios de venta han deteriorado los márgenes comerciales. Los retrasos en los pagos y las insolvencias han aumentado durante el último año, y la situación seguirá siendo tensa en los próximos meses. Por otro lado, las nuevas inversiones en infraestructuras y el aumento del gasto en defensa deberían apoyar la demanda de metales y acero. 

Otro de los mercados con mayor riesgo es Reino Unido, donde se prevé que la producción de metales básicos y acero caiga un 8,4% en 2026. Esta fuerte contracción se debe, en parte, al cierre de varias acerías de alto horno, que tienen que ser sustituidas por hornos de arco eléctrico. Las quiebras de empresas británicas metalúrgicas y siderúrgicas superaron los niveles históricos durante 2024. Aunque se produjo un descenso en 2025, las previsiones apuntan a un número de las insolvencias en el sector en 2026. Los fabricantes y proveedores siguen enfrentándose a unos costes de producción cada vez más elevados, incluidos los salarios y las elevadas comisiones por el servicio de la deuda. 

A nivel global, el sector se enfrenta a importantes retos que amenazan su crecimiento como la transición hacia energías limpias que conlleva grandes inversiones y elevados costes. A este factor se unen los problemas en la cadena de suministro, especialmente para la minería, el transporte y el procesamiento de materiales. Esto podría provocar déficits de abastecimiento y de materias primas para los productores de metales y acero.

Sin embargo, la creciente urbanización que se está produciendo en los mercados emergentes se presenta como una oportunidad ya que está impulsado la demanda para el desarrollo de nuevos proyectos de vivienda. 

La UE ultima un acuerdo comercial con Australia

Por otra parte, la Unión Europea y Australia están cerca de cerrar un acuerdo comercial. La presidenta de la Comisión Europea ha comunicado a los líderes del bloque que las negociaciones se encuentran en su tramo final e incluso podría procederse con la firma este fin de semana. En un contexto marcado por los aranceles impuestos por la Administración de Trump y la dependencia europea de los minerales críticos procedentes de China, Bruselas busca diversificar sus alianzas y sumará este acuerdo al recientemente firmado con la India. 

Las negociaciones con Australia quedaron bloqueadas en 2023 debido a la exigencia de Canberra de obtener cuotas más amplias y libres de aranceles para sus exportaciones de carne de vacuno. Por su parte, la UE solicita acceso preferencial a minerales críticos australianos y menores aranceles a los productos manufacturados. 

Australia es uno de los países con mayores recursos estratégicos: es el principal productor mundial de litio —con cerca del 37% de la producción global—, además de contar con sectores relevantes de tierras raras (3,3%), magnesio y ser el cuarto país con mayores reservas de tierras raras.

Además, el acuerdo también aborda otros aspectos: la movilidad laboral, la reducción de los impuestos australianos a los automóviles europeos de lujo y la protección de denominaciones como prosecco o feta que están utilizando los productores australianos. 

16Mar

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, avisa que “el riesgo que enfrentamos hoy no es un riesgo dentro del sistema, sino que afecta al sistema en sí, al marco en el que nos movemos, a las reglas que hacen posible calcular y gestionar los demás riesgos”.

Miguel Ángel Valero

Seguramente nunca ha sido tan oportuna la Conferencia anual de Cesce. Bajo el título “Riesgos empresariales en un mundo en transformación”, se ha celebrado cuando el conflicto iniciado por los ataques de Israel y de EEUU a Irán el sábado 28 de febrero de 2026 enfila su cuarta semana.

El presidente ejecutivo de Cesce, Pablo de Ramón-Laca, inaugura el encuentro avisando a las empresas que “las certezas geopolíticas que durante décadas dimos por sentadas se han evaporado, y las cadenas de valor globales que parecían inamovibles se están redibujando”. La clave para superar esta situación es transformar la incertidumbre en una variable gestionable, porque “con buena información y análisis, se convierte en riesgo evaluable. Y el riesgo, con las herramientas adecuadas, se convierte en oportunidad”.

Minutos antes de participar en la Conferencia Anual de Cesce, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, anunciaba ayudas, que se aprobarán "esta misma semana", con el foco colocado en el precio de los combustibles, ya que es la principal correa de transmisión de la inflación generada por el petróleo a los alimentos y al resto de la economía, y además lo hace con extraordinaria rapidez. De hecho, el brent sigue subiendo, hasta los 105$, 40 más que antes de los ataques a Irán. También, en el precio de los fertilizantes, que en dos semanas se ha disparado un 100%.

El ministro de Economía no ve "por ahora que sean necesarias medidas más amplias pero estamos preparados para ir respondiendo de manera flexible, ampliando si es necesario". Esto supone que no se toca el IVA de los alimentos.

Un Consejo de Ministros extraordinario, el 20 de marzo, se celebrará después del Consejo Europeo, al que asistirá el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y en el que se tratará de alcanzar un consenso en los paquetes de medidas de cada país pondrá el foco en el sector agroalimentario, la pesca y los transportistas (con los que se está reuniendo el ministro de Economía, acompañado por el de Agricultura, Luis Planas, que será candidato a presidir la FAO a partir de 2027). El objetivo es "proteger a los más vulnerables y a los sectores más afectador por las subidas de precios", con medidas de abaratamiento de la energía y con el 'escudo social' (que no salió adelante en el Congreso de los Diputador por los votos en contra de PP, Vox y Junts) desde el "mejor consenso posible", pero también "con todo el rigor necesario".

Defensa de un orden basado en reglas

Ya dentro de la Conferencia de Cesce, el ministro de Economía avisa que “el riesgo que enfrentamos hoy no es un riesgo dentro del sistema, sino  que afecta al sistema en sí, al marco en el que nos movemos, a las reglas que hacen posible calcular y gestionar los demás riesgos”. La fragmentación comercial, la reconfiguración de las cadenas de valor, la competencia tecnológica sin colaboración, la inteligencia artificial (IA) sin orientación pública factores que “no actúan de forma aislada, sino que se refuerzan mutuamente”, ampliando la brecha de ingresos y la desigualdad, alimentando "la desafección política y la erosión de las instituciones"

En este sentido, aclara que "un orden basado en reglas no es una debilidad", que tanto Europa como España tienen "mucho que decir" y "la responsabilidad de defender esa idea , de construir instituciones que la hagan efectiva". "No es nostalgia del pasado, sino proyecto de  futuro", recalca Carlos Cuerpo.

Ese 'más Europa' implica reforzar y mejorar el sistema, dotando a las empresas de las herramientas para operar en este entorno más incierto. "La mejor manera de proteger la economía española y europea es hacer los deberes en casa", reforzando la política comercial, la industrial, y la energética.

En el primer caso, desarrollando un "verdadero" mercado interior europeo, con más acuerdos comerciales con países que compartan esos valores, y con una defensa comercial "creíble". En el segundo, autonomía estratégica, sobre todo, en IA, semiconductores, defensa y seguridad, telecomunicaciones, y sector aeroespacial. Y en el tercero, soberanía energética, con apuesta por las renovables, ya que, como demuestra la experiencia de España, reducen la dependencia del gas en la formación de los precios eléctricos, disminuyen un 40% los costes eléctricos mayoristas y ayudan a captar inversión extranjera directa.

Al mismo tiempo, Carlos Cuerpo reclama más inversiones españolas en Europa del Este, sin olvidar América Latina, Mercosur, ni Asia: "las empresas españolas invierten más en Uruguay que en el este de Europa, cuando Polonia es 10 veces más que ese país".

El fin de la hiperglobalización

Dani Rodrik, profesor de Economía Política Internacional de la Fundación Ford en la Escuela de Gobierno John F.Kennedy de Harvard, defiende en su intervención “Hyperglobalization’s Contradictions Brought It to AnEnd. Is There a Better Global Economic Order in Our Future? que el actual contexto internacional refleja el agotamiento del modelo de hiperglobalización que dominó las últimas décadas, un proceso que “generó importantes beneficios económicos, pero también conflictos distributivos profundos entre los grupos y regiones que sebeneficiaron de la globalización y aquellos que quedaron atrás”.

Las tensiones actuales no responden únicamente a decisiones políticas recientes. El debilitamiento del comercio internacional, el auge del populismo y las tensiones geopolíticas reflejan las contradicciones estructurales del modelo de globalización vigente durante las últimas décadas.

A pesar de estas tensiones, descarta un escenario de desglobalización profunda: “El escenario más probable no es el colapso de la globalización, sino el surgimiento de una globalización diferente”.

En el debate “Impacto de la fragmentación comercial sobre las empresas” han participado la jefa de la Unidad de Cesce Riesgo País,  María José Hernando; Andrés Blanco, CEO de Xcalibur Smart Mapping; Joaquim Domingo, cofundador de Galenicum Health; Paula García de los Arcos, vicepresidenta de Offshore Servicios de Siemens Gamesa; y Jacinto Monge, presidente y CEO de Indra Group USA.

En “Una mirada al riesgo mundial” se ha ofrecido una visión global de la evolución de los riesgos económicos y geopolíticos en distintas regiones del mund ¡o por parte de Ricardo Santamaría, director de Cesce Riesgo País y Gestión de Deuda, y su equipo de analistas: Pablo Arjon(Oriente Medio), Lidia Candal (África), Mª José Chaguaceda (América Latina) y Rafael Loring (Asia).

Los mensajes son claros; en un entorno empresarial marcado por la incertidumbre y unos mercados internacionales sumidos en una fase de transformación marcada por la creciente rivalidad geopolítica, la reorganización de las cadenas de suministro y el aumento de los riesgos económicos y comerciales, hay que reforzar los mecanismos de análisis de riesgo y de anticipación estratégica, y potenciar la cooperación.

16Mar

Los bonos soberanos de todo el mundo registran rendimientos negativos en el año, y la mayoría de los inversores en renta fija acumulan pérdidas ante el temor a un repunte generalizado de la inflación.

Miguel Ángel Valero

La tercera semana del conflicto iniciado el 28 de febrero con los ataques de Israel y EEUU a Irán muestra todas las miradas puestas en el objetivo primordial de liberar el paso por el estrecho de Ormuz y devolver cierta estabilidad a los precios de la energía. El precio del barril de Brent escala por encima de los 105$, lo que seguirá presionando a las Bolsas.

Israel y EEUU están considerando seriamente tratar de controlar la isla de Jarg, un punto estratégico que se sitúa a 25 km de la costa y desde el cual Irán embarca aproximadamente el 90% de sus exportaciones de petróleo. Un objetivo que obligaría a un mayor despliegue de fuerzas militares y un alto riesgo a que se vean afectadas seriamente instalaciones petrolíferas relevantes. Precisamente Trump amenaza con atacar directamente esas instalaciones si Teherán continúa amenazando la seguridad del estrecho de Ormuz.  

Pese a todo, la evolución de la curva de futuros de los precios del crudo se mantiene fuertemente invertida, lo que apunta a que las disrupciones en el suministro serían transitorias. El contrato de futuros con el vencimiento más cercano sube un 2% y supera los 105$, mientras que, a 12 meses, incluso cotiza con una ligera bajada (-0,13%) y el precio del barril se situaría en niveles más contenidos en torno a los 77,2$.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ya ha empezado a liberar las primeras reservas estratégicas de petróleo, la mayor de la historia, una medida encaminada a ganar tiempo y tratar de hacer frente a la escalada de los precios del crudo. Los primeros flujos disponibles llegarán desde Asia y Oceanía, mientras que habrá que esperar hasta finales marzo para ver los procedentes de Europa y América. La liberación de 400 millones de barriles equivale aproximadamente a algo más de veinte días del petróleo que habitualmente transita por el estrecho de Ormuz.

Por otra parte, las declaraciones de Trump se están caracterizando por sus mensajes cambiantes respecto a la evolución del conflicto. En un primer momento aseguró que la guerra concluiría en cuatro o cinco semanas; más adelante afirmó que “ya estaba ganada”; y en sus mensajes más recientes sostiene que, aunque espera que termine pronto, podría prolongarse indefinidamente si fuese necesario. 

La realidad es que en  el estrecho de Ormuz, el tráfico continúa prácticamente paralizado: solo el 6% se atreve a cruzar –frente al promedio de 2025–. A 8 de marzo, los registros muestran que apenas 6 barcos lo han atravesado, y únicamente dos de ellos transportaban crudo, gas licuado o gasolina. En medio de esta interrupción casi total de la navegación en uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo, surge una nota positiva: las negociaciones entre Irán e India han resultado satisfactorias, y dos buques cargados con GNL bajo bandera india lograron cruzarlo este sábado 14 de marzo.

Mientras tanto, Trump afirma que está trabajando para crear una coalición internacional destinada a reabrir el estrecho mediante el envío de buques de guerra, entre los que espera que se unan China, Japón, Corea del Sur, Francia y Reino Unido. Por el momento, ninguno ha confirmado su participación. Trump ha llegado a amenazar a China con retrasar la reunión prevista entre el 31 de marzo y el 2 de abril con Xi Jinping si no se une a la operación.

En cuanto a los ataques, los Emiratos Árabes Unidos se han convertido en el país de Oriente Medio más golpeado por la ofensiva iraní –excluyendo a Israel, que no publica datos tan detallados–. El sábado 14 de marzo registraron 33 drones y 9 misiles balísticos, una cifra que refleja una notable disminución de la intensidad: supone un 69% menos respecto a la semana anterior y un 88% en comparación con el primer día de la ofensiva. El principal objetivo continúa siendo el puerto de Fujairah, un puerto marítimo desde el que se distribuyen 1,7 millones de barriles diarios de crudo y productos refinados procedentes del oleoducto de Abu Dabi. La terminal logró restablecer operaciones, pero nuevos ataques han vuelto a obligar a suspenderlas.

Ebury: se intensifica el refugio en el dólar

El dólar repuntó con fuerza frente a las principales monedas, ante la perspectiva de que el conflicto con Irán se prolongue más allá de lo inicialmente previsto. Las divisas europeas fueron las más castigadas, ya que los inversores temen su elevada dependencia de las importaciones energéticas en un contexto de bloqueo prácticamente total del estrecho de Ormuz. Como consecuencia, los futuros del petróleo han vuelto a superar los 100$ por barril. Mientras los activos de riesgo muestran una elevada volatilidad, las Bolsas estadounidenses solo han retrocedido hasta los niveles de hace tres meses. Por su parte, los bonos soberanos de todo el mundo registran rendimientos negativos en el año, y la mayoría de los inversores en renta fija acumulan pérdidas ante el temor a un repunte generalizado de la inflación.

Esta semana, los mercados permanecerán pendientes de cualquier novedad sobre el conflicto con Irán, especialmente de posibles iniciativas estadounidenses para restablecer el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. Coincidiendo de forma inusual, la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra y el BCE celebrarán sus reuniones de política monetaria en un intervalo de apenas 24 horas entre el miércoles y el jueves. No se esperan cambios en los tipos de interés, por lo que la atención se centrará en cómo valoran los banqueros centrales las implicaciones del fuerte repunte del petróleo y el consecuente ajuste al alza de las expectativas de tipos. "Creemos que los tres bancos centrales optarán por un tono deliberadamente evasivo en esta fase", señala el Análisis del Mercado de Divisas de Ebury.

  • EUR: El euro ha caído hasta el nivel de 1,14$, reflejando no solo la expectativa de que el conflicto con Irán se extienda durante varias semanas, sino también la posibilidad de que el estrecho de Ormuz permanezca prácticamente intransitable por más tiempo del anticipado. Curiosamente, la guerra y el consiguiente repunte del petróleo han generado una de las mayores divergencias de los últimos años entre las cotizaciones de mercado y el consenso de los economistas sobre la senda de tipos de interés. Mientras los operadores descuentan casi dos subidas completas del BCE para lo que resta de 2026, muy pocos estrategas esperan siquiera un solo incremento. Las comunicaciones del Banco Central Europeo en su reunión del jueves serán especialmente delicadas. Los inversores esperarán que Christine Lagarde aclare cuál de las dos visiones prevalece y concrete la respuesta del BCE ante un nuevo choque alcista en los precios de la energía, en un contexto de crecimiento moderado y datos alemanes persistentemente débiles. Tras las declaraciones sorprendentemente hawkish de varios miembros del Consejo la semana pasada, será clave observar si Lagarde respalda ese tono. Aunque es probable que aborde las implicaciones inflacionistas del conflicto, dudamos que ofrezca una orientación clara hasta que exista mayor visibilidad sobre la duración del enfrentamiento.
  • USD: La intensa búsqueda de refugio ha permitido al dólar ignorar los débiles datos macroeconómicos publicados en EEUU en las últimas dos semanas. Sigue ganando terreno a pesar de que la Fed es prácticamente el único gran banco central del que aún se espera un recorte de tipos este año, en lugar de subidas. Este comportamiento se explica en gran medida porque EEUU es exportador neto de petróleo. Por ello, la reunión de la Fed del miércoles adquiere tanta relevancia como las de sus homólogos. Los mercados están buscando indicios sobre cómo responderán los bancos centrales al conflicto. Creemos que el presidente Powell intentará transmitir un mensaje de “esperar y ver” por parte del FOMC, aunque podría insinuar que la incertidumbre geopolítica y el alza de los costes energéticos podrían retrasar la senda de recortes en EEUU. Dado que el repunte del petróleo supone un impulso neto para el crecimiento real del PIB y no genera una inflación excesiva —y teniendo en cuenta el debilitamiento del mercado laboral—, nuestra hipótesis base sigue siendo que la Fed reanudará los recortes a finales de año, aunque Powell evitará comprometerse firmemente en esta reunión.
  • GBP: La libra esterlina ha resistido mejor que el euro desde el inicio del conflicto con Irán: su depreciación frente al dólar ha sido aproximadamente la mitad. Este mejor comportamiento refleja, por un lado, la menor exposición de la economía británica a los precios internacionales de la energía en comparación con la eurozona y, por otro, las subidas más agresivas en las expectativas de tipos para el Banco de Inglaterra frente al BCE. Los datos de PIB de enero, publicados la semana pasada, decepcionaron (crecimiento plano frente al +0,2% esperado), aunque el mercado apenas reaccionó ante el predominio de las noticias sobre la guerra. Este indicador tiende a ser muy volátil.La semana que comienza se presenta especialmente relevante para la libra. La reunión del Banco de Inglaterra del jueves acaparará toda la atención, en particular la reacción del MPC ante el fuerte repunte de los precios energéticos y las crecientes expectativas de que el ciclo de recortes ha llegado a su fin. Aunque los swaps ya descuentan una subida de tipos a finales de año, consideramos que es algo prematuro: todavía no está claro si el alza de la energía generará efectos de segunda ronda significativos ni si desanclará las expectativas de inflación. Una serie de datos clave del mercado laboral se publicarán antes de la decisión del jueves.

Ofi Invest: más impacto en Europa que en EEUU

En Ofi Invest creen que la guerra en Irán tendrá un impacto menor en la economía de EEUU que en la europea, siendo el riesgo de subida de la inflación el principal impacto de este conflicto. En este entorno, la gestora francesa recomienda cautela en renta variable, sobre todo europea, aunque en la de EEUU pueden generarse oportunidades por valoración dada la alta volatilidad.  Y en renta fija, también recomienda cautela por los riesgos de inflación que han provocado el aplanamiento de la curva en deuda soberana. En Crédito, el panorama es más estable en diferenciales, tanto en Investment Grade como en High Yield, y la recomendación de la gestora es aumentar duraciones.

El conflicto en Irán se ha extendido, y no hay señales de desescalada. Los ataques aéreos, la ampliación del teatro de operaciones y la paralización casi total del estrecho de Ormuz refuerzan los temores a que se produzca un shock de oferta. Pero algunas señales, como la contención de Irán en algunos objetivos y los primeros esfuerzos diplomáticos, podrían cambiar el rumbo.

El nombramiento de Mojtaba Jamenei como Líder Supremo supone continuidad y descarta un colapso del régimen a corto plazo. Y además, los ataques a paises del Golfo tienden a intensificarse, tras el cambio de opinión del presidente Pezeshkian, que ahora quiere seguir atacando objetivos estadounidenses en la region, tras haber pedido disculpas por haber atacado países del Golfo.

Donald Trump no busca una solución negociada, y la Casa Blanca cree que los objetivos militares podrían alcanzarse en un plazo de cuatro a seis semanas. A pesar de que gran parte de los recursos militares iraníes han sido destruidos, su marina neutralizada, la fuerza aérea inmovilizada y a pesar de la reducción de lanzamientos de misiles balísticos, Irán sigue teniendo capacidad de bloquear el estrecho de Ormuz, y atacar plantas desalinizadoras e infraestructuras petroleras, lo que es una fuente de preocupación.

En el plano diplomático, China ha movido piezas, porque es el mayor importador mundial de petróleo y el principal cliente de Irán, Ha enviado un emisario, y el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, ha estado en contacto con sus homólogos iraní, israelí, omaní y ruso.

Para tener más claridad sobre la evolución del conflicto, es necesario vigilar algunos factores clave: EEUU podría escoltar un petrolero a través de Ormuz; se podría producir un ataque contra una gran instalación energética; habrá que conocer  la postura de los  hutíes en el mar Rojo, y de Mojtaba Jamenei como nuevo líder; las maniobras diplomáticas de China antes de la cumbre Trump–Xi Jinping del 31 de marzo, y cualquier nuevo ataque contra infraestructuras de desalinización.

Los mercados de petróleo y gas siguen bajo una fuerte tensión. Las exportaciones de los países del Golfo prácticamente se han detenido: en siete días sólo un petrolero iraní atravesó el estrecho hacia el mar Arábigo y ninguno logró entrar en el golfo Pérsico, cuando lo normal son 50 entradas y salidas diarias. Con su capacidad de almacenamiento reducida, Kuwait, Irak y los Emiratos Árabes Unidos están disminuyendo su producción de petróleo y gas.

Arabia Saudí redirige parte de sus flujos de crudo a través del mar Rojo, usando los puertos de Yanbu y Al Muajjiz, y exporta 2,3 millones de barriles diarios, mucho menos que los 6 millones habituales. Además, el oleoducto Este-Oeste, que transcurre desde Dahran a través del desierto, podría ser objetivo de drones. Y transportar petróleo por el canal de Suez, en un momento en el que los hutíes amenazan la navegación en el mar Rojo, y la mayor parte del petróleo del Golfo se dirige a Asia, podria convertir en ineficientes estas rutas.

Si no se reabre el estrecho de Ormuz, se acumularían los cierres de la producción en todo Oriente Medio, llevando los precios a 100$ por barril, o incluso 150$ si se prolonga esta situación, tal como indicó el ministro de Energía de Qatar. 

Las propuestas de EEUU para proteger el transporte de crudo, como las garantías financieras de la U.S. International Development Finance Corporation, que alcanzan una cobertura hasta 20.000 millones$,  o  posibles escoltas militares, no han sido suficientes para restablecer el tráfico, porque aseguradoras y navieras siguen negándose a operar en la zona. 

Existen otras opciones, como una mayor flexibilización de las sanciones al petróleo ruso, o una liberación parcial de las reservas estratégicas de EEUU, que llevarian a subidas de precios, tal como ha sucedido históricamente. 

Los efectos a nivel global ya se notan. China ha impuesto restricciones a las exportaciones de productos refinados, y los precios de la gasolina y el diésel en EEUU suben. El precio medio de la gasolina llegó a 3,41$ por galón y podría superar los 3,5$, lo que podría influir en las elecciones legislativas de noviembre.

El bloqueo del estrecho de Ormuz ha llevado a los precios del barril por encima de 90$, 25 en una sola semana, subiendo de los 100 en algunas ocasiones.  El gas en Europa ha llegado a 50€ por megavatio hora, desde los 30 euros previos.

Ofi Invest AM mantiene invariable su escenario macroeconómico de crecimiento resiliente e inflación contenida, aunque este conflicto aumenta los riesgos de inflacion a corto plazo, y los riesgos a la baja en el crecimiento a largo plazo.  Sobre todo en Europa, más dependiente de las importaciones de energía. Si las subidas del petróleo se mantienen en el largo plazo, el escenario tanto de crecimiento como de inflación podría cambiar:

  • Renta variable: EEUU resiste mejor que Europa.
    • Los mercados en EEUU han resistido mejor la situación que otros mercados; el S&P 500 cayó cerca del 2 % en una semana. La economía EEUU es bastante autosuficiente en petróleo y gas, por lo que tiene poca exposición a los riesgos de suministro. Las inversiones en IA, y la baja sensibilidad de los hogares con mayores ingresos a los precios de la energía, además, limitan el riesgo de una desaceleración económica aunque suban los costes de la energía.
    • En la zona Euro, las acciones cayeron un 6 % en una semana, todo lo que habían ganado en el año. Los sectores más afectados fueron los más intensivos en energía dentro de consumo discrecional, sobre todo automóviles, y los bancos. Las telecomunicaciones y las empresas energéticas ofrecieron mayor resistencia.
  • Bonos: Afectados por los riesgos de inflación. Los bonos soberanos que suelen ser refugio en entornos de recesión, cambian cuando los mercados descuentan riesgos de inflación. Como respuesta a la guerra, los tipos de interés han subido de forma significativa, reavivando al temor a un repunte de la inflación. 
    • En la zona Euro, la rentabilidad del bono alemán a 10 años subió 22 puntos básicos (pb) hasta el 2,86 %, y la del bono a 2 años 32 pb, hasta el 2,31 %, generando un aplanamiento de la curva. Los mercados siguen sin anticipar recortes de tipos del BCE en 2026, pero las expectativas se mueven al alza. 
    • En EEUU, la rentabilidad del bono a 10 años subió 20 pb hasta el 4,14 %, y la del bono a 2 años 18 pb hasta el 3,56 %. Antes de la guerra se descontaban dos recortes de tipos, pero con esta situación, el mercado espera un sólo recorte.
  • Crédito europeo: Volatilidad contenida. El mercado de Crédito europeo ha resistido bien el impacto de la guerra. Los diferenciales Investment Grade en la zona euro se mantuvieron estables en 73 pb, y los de High Yield se ampliaron 10 pb, hasta 275.

Para inversores de renta variable de la zona Euro, es necesaria una mayor cautela a corto plazo. En EEUU, podrían producirse nuevas correcciones en la Bolsa por la alta volatilidad, aunque también pueden surgir oportunidades por la debilidad en valoraciones Los fundamentales de las compañías siguen siendo buenos, y cuando terminen las tensiones volverán al primer plano.

Los mercados de Crédito se han mostrado resilientes ante el conflicto, por lo que Ofi Invest AM ha reducido las coberturas en Investment Grade y High Yield hasta niveles de riesgo alineados con sus benchmarks, aumentando la duración por el repunte de los rendimientos. Para Crédito Total Return, sigue siendo necesaria la cautela,aunque las coberturas hayan disminuido, para amortiguar tensiones si el conflicto se intensifica.

Algunos inversores institucionales, todavía poco expuestos a la renta variable, aprovechan el regreso de la  volatilidad para aumentar ligeramente sus posiciones en Europa. La subida de rendimientos en deuda soberana, reaviva el interés por las estrategias de carry a través de la duración. En el crédito Investment Grade, los inversores se mantienen cautelosos; los diferenciales siguen siendo estrechos y ofrecen una protección limitada en caso de que se repitan las tensiones, lo que aumenta la asimetría de los riesgos y fomenta un enfoque más selectivo.

UBS: el oro llegará a los 6.200$

El UBS CIO Daily admite que el historial del oro a lo largo de conflictos militares muestra un desempeño mixto, pero esto no reduce su atractivo como diversificador eficaz de cartera. Mantiene que los precios del oro deberían subir hacia 5.900–6.200$ por onza este año. El oro actúa más como una cobertura frente al impacto más amplio de los conflictos, que frente a las amenazas directas de la guerra. La demanda subyacente sigue siendo sólida. Las tendencias estructurales deberían respaldar el atractivo del oro.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma:
“Seguimos manteniendo una visión positiva sobre el oro y creemos que el metal amarillo sigue siendo un diversificador eficaz de cartera. Los inversores con afinidad por el oro podrían considerar una asignación de hasta un nivel medio de un solo dígito dentro de una cartera diversificada”.

“El pequeño tamaño del mercado del paladio a menudo da lugar a grandes oscilaciones de precios. Si la demanda de inversión se reanuda, los precios podrían subir aún más. Dicho esto, sin demanda de inversión, consideramos que el mercado está en gran medida equilibrado. Por ello, mantenemos una perspectiva cautelosa y preferimos la exposición al oro”, precisan Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, estrategas.

Swisscanto: escasez persistente de petróleo

Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos Swisscanto, destaca que "en el mercado del petróleo, con precios alrededor de los 100$ por barril, predominan las preocupaciones y se dirigen hacia nuestro escenario de riesgo de una escasez persistente". Esto está afectando ahora a las expectativas de inflación (EEUU, del 2,2% al 4,7% en un año). En consecuencia, los recortes de tipos esperados por parte de la Fed estadounidense han desaparecido y el mercado ahora incluso espera subidas de tipos en Europa. Al mismo tiempo, los impulsores fundamentales de la inflación en EEUU, como el crecimiento salarial y los alquileres, están disminuyendo. Muchos bancos centrales tienen previsto anunciar sus políticas de tipos de interés esta semana, por lo que cabe esperar evaluaciones más matizadas.

La corrección en las acciones suizas ha sido particularmente pronunciada en una comparación global. Además de la debilidad del euro, los decepcionantes resultados de estudios de Roche (-15 %) también desempeñaron un papel importante. Independientemente de la guerra con Irán, el flujo de noticias sobre el crédito privado también se ha deteriorado. Esto está pesando cada vez más en los mercados de crédito líquidos: en el sector asegurador estadounidense, la prima sobre los bonos gubernamentales ha aumentado de 83 a 109 pb, endureciendo las condiciones financieras en EEUU.

En general, sin embargo, el contexto económico sigue siendo suficientemente sólido, gracias al endeudamiento moderado de empresas y hogares, para hacer frente a estos acontecimientos.

"Estamos aumentando nuestra posición en acciones suizas. La corrección de un -9% en el punto intermedio es pronunciada tanto en comparación global como histórica. Las empresas cíclicas de los sectores de construcción, consumo y seguros han sufrido una presión particular. La valoración se sitúa ahora en torno a 17 veces los beneficios esperados para 2027. Dos de los tres pesos pesados del índice están mostrando una solidez defensiva, y el nivel de alrededor de 17.400 puntos en el SPI debería proporcionar un soporte importante", explican en Swisscanto. 

A cambio, está reduciendo la cuota de acciones estadounidenses. El mercado estadounidense se ha visto relativamente poco afectado hasta ahora, con alrededor de -3,5% en marzo, pero podría verse cada vez más presionado ante datos económicos más débiles (especialmente en el mercado laboral y en los pagos con tarjeta de crédito), así como por unas condiciones financieras más restrictivas. Al mismo tiempo, esto reduce la exposición al dólar, después de que haya ganado alrededor de un 4 % frente al franco suizo desde su mínimo a finales de enero. El posicionamiento de los inversores ha pasado de claramente “corto” a “largo”. Si la situación se relaja, es probable que la tendencia de depreciación a más largo plazo del dólar continúe.

"Mantenemos nuestro escenario general fundamentalmente constructivo - una recuperación en 3-4 semanas - incluso si las turbulencias en Oriente Medio duran más de lo esperado inicialmente", subraya la gestora.

El rendimiento de las carteras mixtas de Swisscanto en comparación con finales del año anterior es aproximadamente del 0%, tanto en términos absolutos como relativos. El conflicto con Irán ha deshecho en gran medida el buen comienzo de año. Tácticamente, la sobre ponderación en mercados emergentes, small caps y materias primas básicas ha pesado sobre el rendimiento en marzo, mientras que la sobre ponderación en acciones tecnológicas estadounidenses y en AUD ha contribuido positivamente al rendimiento.

UBP

En el  House View de UBP El reinicio del orden geopolítico, Michaël Lok, Group CIO and Co-CEO de Union Bancaire Privée, señala: “A medida que se configura un nuevo orden global y las dinámicas de cambio de régimen aumentan los riesgos geopolíticos, el oro sigue siendo una asignación estratégica en medio de las crecientes tensiones en Oriente Medio, mientras que una gestión disciplinada del riesgo ayuda a contener las caídas”. Entre las cuestiones clave para 2026, cita:

  • Persistencia de la debilidad del dólar: El ciclo de relajación de la Fed debilita estructuralmente al dólar, reforzando nuestra visión constructiva sobre el oro.
  • Oro como asignación estratégica: En un régimen de inestabilidad geopolítica y diversificación rota, el oro es una convicción estratégica.
  • Selectividad dentro de la IA: La tecnología ha mostrado una resiliencia relativa en el entorno actual, pero la dispersión se está ampliando. La selección de acciones es clave.
  • Gestión del riesgo: En un mundo de mayor volatilidad, las estrategias con opciones y las soluciones de dispersión permiten a los inversores mantenerse invertidos mientras gestionan el riesgo a la baja.

“Los dos principales riesgos destacados en nuestra perspectiva para 2026 ya han tenido un impacto material en los mercados financieros globales durante los dos primeros meses del año: la monetización y el riesgo de disrupción de la inteligencia artificial (IA), y el aumento de las tensiones geopolíticas a medida que se configura un nuevo orden global. En los mercados, esto se ha traducido en una mayor dispersión entre sectores y en un aumento de la prima de riesgo geopolítico reflejada en precios de la energía más altos. La escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán se ha convertido en la ilustración más clara de cómo podría reavivarse la preocupación por las tendencias inflacionarias globales", explica. 

"Nuestra perspectiva económica base para 2026, sustentada en una combinación macroeconómica aún favorable —con un crecimiento global resiliente, dinámicas inflacionarias posteriores a la Covid-19 en proceso de relajación y un rango del rendimiento del bono estadounidense a 10 años centrado entre un 3,75% y un 4,25%— ahora se encuentra sujeta a una mayor incertidumbre", añade. En este contexto, se espera que la Reserva Federal continúe con recortes de tipos hasta el 3%, manteniendo condiciones lo suficientemente acomodaticias para sostener el crecimiento de beneficios y el rendimiento de los activos de riesgo, aunque el camino se vuelve más volátil. 

"Nuestra postura estratégica de asignación de activos para 2026 sigue estando constructivamente orientada al riesgo, pero diseñada para un régimen de mayor volatilidad y dispersión más amplia. Estratégicamente, incrementamos la exposición al oro reduciendo renta fija, especialmente disminuyendo la exposición a efectivo y a bonos AT1. Se aumentó la exposición a acciones tecnológicas estadounidenses tras meses de bajo rendimiento, ya que el sector es relativamente más inmune a las tensiones geopolíticas y los beneficios siguen mostrando resiliencia, y se espera que aumenten un 25% en EE. UU. durante 2026. La innovación en modelos de inteligencia artificial incrementa los temores de disrupción en algunos modelos de negocio. En consecuencia, se añadieron estrategias adicionales sobre la cartera, una manera de mantenerse invertido en el sector mientras se reduce la volatilidad. Las estrategias con opciones en EE. UU. y Europa se utilizan tácticamente para navegar posibles caídas en los activos de riesgo. De manera similar al aumento de los precios de la energía, se espera que el repunte del dólar estadounidense sea de corta duración, y se mantiene la previsión de precios más altos del oro para 2026”, concluye.

16Mar

Solo el 23,2% sabe realmente en qué proyectos, empresas u organizaciones invierte su entidad financiera.

La guerra iniciada por los ataques de EEUU e Israel contra Irán vuelve a poner las armas y su financiación en el centro de la actualidad internacional. El conflicto ha devuelto al primer plano el debate sobre la defensa, el uso de bases militares y el papel de las instituciones públicas y privadas en la financiación del sector. En ese contexto, un 55% de los españoles rechaza que la banca financie empresas armamentísticas, y más del 70% cambiarían de banco o se lo plantearían si supieran que su dinero financia sectores controvertidos como las armas, según el II estudio de Triodos Bank sobre Conductas sostenibles de la población española.

Además de la industria armamentística, los sectores que suscitan un mayor rechazo son la financiación de las apuestas y juegos de azar, mencionada por el 72% de la población, y la industria sexual, señalada por el 64%. A más distancia aparecen la moda rápida (25,2%) y los combustibles fósiles (23,9%).

Los resultados ponen también de manifiesto, según la entidad de banca ética, una importante falta de información sobre la actividad real de las entidades financieras. Aunque el 77,5% de la población afirma conocer cómo funciona un banco, solo el 23,2% sabe realmente en qué proyectos, empresas u organizaciones invierte su entidad. De hecho, entre quienes no saben en qué se invierte su dinero, más de la mitad, un 55,2%, asegura que le interesa conocerlo. El estudio apunta así a una demanda creciente de claridad sobre los criterios de inversión de la banca y sobre el impacto social y ambiental de las actividades que financia.

Por territorios, Cataluña (49,6 %), Baleares (47,5 %) y Castilla y León (44 %) son las comunidades autónomas donde existe una mayor predisposición a abandonar una entidad si se confirmara que financia sectores controvertidos como las armas, entre otros. 

Estos datos refuerzan la idea de que las consideraciones éticas tienen un peso cada vez más relevante en la relación entre clientes y entidades financieras. Ante este escenario, Triodos Bank defiende que la transparencia debe ser un pilar esencial del sistema financiero y reivindica un modelo bancario que permita a la ciudadanía conocer el destino de su dinero. La entidad recuerda que aplica criterios de exclusión para no financiar actividades relacionadas con la industria armamentística, el juego, la pornografía, el tabaco, los transgénicos o la energía nuclear, entre otros sectores considerados dañinos para la sociedad o el medioambiente.

15Mar

La IA puede generar un mundo en el que, en promedio, todos sean más ricos, pero donde las diferencias entre quienes se benefician de la tecnología y quienes quedan desplazados se amplíen considerablemente. Algo que ya ocurrió en otras grandes transformaciones económicas, desde la revolución industrial hasta la globalización.

Miguel Ángel Valero

El Banco de Inglaterra estudia realizar simulaciones de crisis o pruebas de resistencia, los llamados stress tests en la jerga financiera, para analizar qué ocurriría en la economía británica si la inteligencia artificial (IA) provocara un shock en el empleo y en el tejido empresarial. El banco central anticipar qué pasaría si la adopción masiva de esta tecnología destruye millones de puestos de trabajo, reduce la capacidad de pago de familias y empresas y termina trasladando ese impacto al sistema financiero.

No se trata de ciencia ficción ni de un ejercicio teórico. Es planificación económica. El Banco de Inglaterra quiere entender cómo reaccionaría el conjunto de la economía si se produjera una transformación tecnológica de gran escala. Y el simple hecho de que un banco central esté planteándose estos escenarios dice mucho sobre la magnitud del cambio que algunos economistas creen que se avecina.

El debate se ha intensificado después de que el CEO de Anthropic, Dario Amodei, advirtiera que la inteligencia artificial podría sustituir hasta el 50% de los empleos administrativos de nivel inicial en los próximos cinco años. Puede parecer una previsión extrema, pero empiezan a aparecer señales que alimentan esa preocupación. La empresa tecnológica Block anunció un recorte cercano al 50% de su plantilla citando explícitamente la adopción de inteligencia artificial como uno de los factores clave. Y su fundador, Jack Dorsey, advertía que muchas otras compañías terminarán siguiendo ese mismo camino.

En Reino Unido, la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria ha calculado que el desplazamiento tecnológico provocado por la IA podría añadir medio millón de desempleados adicionales sin generar necesariamente más crecimiento económico. Ese escenario implicaría más gasto público, más endeudamiento y tensiones sociales importantes. Por eso el Banco de Inglaterra quiere analizar con calma posibles escenarios extremos: qué pasaría con los préstamos de familias y empresas, cómo se comportarían los mercados financieros o qué impacto macroeconómico tendría una adopción masiva de esta tecnología.

La coyuntura y la situación geopolítica convulsa (como las guerras comerciales por los aranceles, y los conflictos armados por el petróleo, como los ataques de EEUU e Israel a Irán o el asalto de Trump a Venezuela) pueden estar distrayendo la atención de lo que realmente será el gran cambio estructural de las próximas décadas: la inteligencia artificial. El verdadero desafío económico no estará en las tensiones comerciales entre países, sino en la destrucción de empleo y en las transformaciones profundas que esta tecnología puede provocar en el mercado laboral.

El economista jefe del Banco de Inglaterra, Huw Pill, cree que  el escenario más probable no es necesariamente una economía peor. De hecho, es posible que la riqueza agregada aumente gracias a los avances tecnológicos y a la mejora de la productividad. El problema es cómo se distribuirá esa riqueza. La IA podría generar un mundo en el que, en promedio, todos sean más ricos, pero donde las diferencias entre quienes se benefician de la tecnología y quienes quedan desplazados se amplíen considerablemente. Algo que ya ocurrió en otras grandes transformaciones económicas, desde la revolución industrial hasta la globalización.

Por eso algunos gobiernos empiezan a discutir ideas que hasta hace poco parecían casi utópicas: desde programas masivos de reconversión laboral hasta nuevas formas de redistribución fiscal o incluso la posibilidad de implantar una renta básica universal en los sectores más afectados por la automatización. No significa que esas políticas se vayan a aplicar mañana, pero el simple hecho de que estén sobre la mesa demuestra que algunos países están empezando a pensar seriamente en cómo gestionar una transición tecnológica que podría ser muy abrupta.

También las empresas se están moviendo en esa dirección. En la  junta de accionistas de Mapfre se dedicó un apartado destacado a la IA, mencionando expresamente los procesos de reciclaje profesional y apoyo para nuevas tareas (más de 4.500 empleados han recibido formación en IA). "La mejor IA es la que multiplica el valor de las personas, a la vez que hace a la compañía más productiva, eficiente y cercana", aseguraba su presidente, Antonio Huertas. En apenas un año de existencia, el Centro de IA del grupo ha desarrollado más de 150 casos de uso. "Nos hemos comprometido públicamente a que no usaremos la IA para acometer reducciones de plantilla, sino para mejorar las capacidades de nuestros empleados y colaboradores", señala José Manuel Inchausti, vicepresidente 1º del grupo asegurador.

Y aquí aparece una reflexión incómoda. Mientras en algunos países bancos centrales, universidades y gobiernos analizan escenarios de disrupción tecnológica, en España el debate público, salvo algunas excepciones, sigue centrado casi exclusivamente en el corto plazo. La política gira alrededor de conflictos partidistas, cálculos electorales y estrategias para conservar o alcanzar el poder. Sin embargo, apenas se discute sobre los cambios estructurales que podrían afectar de forma profunda al mercado laboral en los próximos años.

Y eso debería preocuparnos. Porque si algo nos enseña la historia económica es que "las revoluciones tecnológicas no esperan a que los países estén preparados. Simplemente ocurren. La revolución industrial hizo desaparecer profesiones enteras y creó otras nuevas. Internet transformó sectores completos y cambió la forma en la que trabajamos, consumimos y nos comunicamos. Y todo apunta a que la inteligencia artificial puede provocar un cambio aún más profundo", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

El verdadero problema, por tanto, no es que la IA vaya a transformar la economía. Eso parece inevitable. El verdadero riesgo es no prepararse para ello. Los países que anticipen el cambio podrán adaptar su sistema educativo, su mercado laboral y sus políticas económicas. Los que no lo hagan simplemente reaccionarán cuando el impacto ya sea inevitable. Y entonces gestionar las consecuencias será mucho más difícil.

"Quizá dentro de unos años miremos atrás y entendamos que el gran debate económico de esta década no eran los aranceles, ni las guerras comerciales, ni las tensiones políticas del momento. Quizá el verdadero cambio que estaba empezando a gestarse era otro mucho más profundo: una transformación radical del trabajo, de la productividad y del propio funcionamiento del sistema económico. La pregunta que deberíamos hacernos no es si ese cambio llegará. La pregunta es si estaremos preparados cuando lo haga", insiste este experto.

Las lecciones del caso Anthropic

La decisión de Donald Trump de ordenar a todas las agencias federales que dejen de utilizar la tecnología de Anthropic no es solo un episodio más en la batalla cultural estadounidense. Es una señal de advertencia para el mercado. El detonante ha sido la negativa de Anthropic a permitir determinados usos de su IA por parte del Pentágono, especialmente en ámbitos como la vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses y el desarrollo de drones autónomos armados. La compañía defendió que esos usos cruzaban una línea ética y tecnológica que no estaba dispuesta a traspasar. La respuesta presidencial fue fulminante: ruptura de contratos, orden de desconexión progresiva y amenaza de designarla como riesgo para la seguridad nacional. Lo verdaderamente relevante no es el choque ideológico. Es el precedente que se crea.

Aquí es donde entra en juego el movimiento de Sam Altman OpenAI, y es precisamente ahí donde surge la mayor sorpresa del mercado. OpenAI anunció rápidamente un acuerdo para desplegar sus modelos en la red clasificada del Departamento de Defensa, ocupando el espacio que dejaba Anthropic. Hasta ahí, podría parecer simplemente una jugada competitiva. Pero el matiz es clave: Altman afirmó públicamente que OpenAI mantiene exactamente las mismas líneas rojas que defendía Anthropic: no permitir el uso de su tecnología para vigilancia masiva nacional ni para sistemas de armas letales autónomas sin supervisión humana. Entonces, ¿qué cambia?

Si ambas compañías comparten los mismos límites éticos, el desenlace resulta desconcertante. O bien el Gobierno ha aceptado con OpenAI lo que negó a Anthropic (lo que plantearía dudas sobre la coherencia del conflicto) o bien las condiciones reales del acuerdo no son exactamente las mismas. En ambos casos, la sensación que se transmite al mercado es de opacidad y discrecionalidad. Y eso es lo que introduce un nuevo riesgo.

Hasta ahora, el gran debate en torno a la inteligencia artificial era si las inversiones multimillonarias en centros de datos, chips y energía generarían retornos suficientes. Ahora se suma una variable adicional: el alineamiento político como factor determinante para acceder a contratos estratégicos. No hablamos de una regulación clara y previsible. Hablamos de decisiones ejecutivas que pueden alterar de forma drástica el posicionamiento competitivo de una empresa de un día para otro. Si el mensaje implícito al sector es que la relación con el poder puede pesar tanto como la superioridad tecnológica, la prima de riesgo cambia. Porque entonces el valor ya no depende solo de innovación, cuota de mercado o ventajas competitivas, sino también de la estabilidad institucional y de la cercanía al Ejecutivo.

El episodio de Anthropic/OpenAI marca un antes y un después. Durante años hemos analizado a las grandes tecnológicas como si operaran en un entorno casi autónomo, donde el riesgo principal era el ciclo económico o la competencia. Pero cuanto más estratégicas se vuelven (especialmente en defensa y seguridad nacional) más expuestas están al poder político. Y lo más inquietante no es que el Gobierno castigue a una empresa. Lo más inquietante es que otra ocupe su lugar defendiendo públicamente los mismos principios y, aun así, el acuerdo salga adelante. Eso deja una pregunta flotando en el aire: ¿cuál fue realmente la línea roja? ¿La ética declarada… o la relación con el poder?

"Creo que el mercado todavía no ha interiorizado del todo lo que implica este episodio. No estamos hablando de una simple disputa contractual. Estamos hablando de la señal que se envía a todo un sector que concentra una parte enorme del crecimiento esperado para la próxima década. Si las compañías tecnológicas entienden que su acceso a contratos estratégicos puede depender de decisiones políticas cambiantes, ajustarán su comportamiento. Y si los inversores perciben que la seguridad jurídica es menos sólida de lo que pensaban, ajustarán sus valoraciones", explica Pablo Gil.

La inteligencia artificial seguirá avanzando. Las inversiones seguirán llegando. Pero el entorno ya no es el mismo. Cuando el poder ejecutivo demuestra que puede alterar el tablero competitivo en cuestión de horas, la ecuación riesgo-rentabilidad cambia. Y en un momento en el que ya empiezan a surgir dudas sobre el retorno real de las gigantescas inversiones en IA, añadir incertidumbre política a la ecuación puede ser el factor que transforme la euforia en prudencia. Porque al final, lo que más penaliza el mercado no es el riesgo conocido. Es la sensación de que las reglas pueden cambiar en cualquier momento.

La oportunidad de la Artificial General Intelligence

Por otra parte, en el mundo de la inteligencia artificial hay una palabra que se repite constantemente: AGI, o Artificial General Intelligence. En teoría, se refiere a una inteligencia artificial capaz de hacer todo lo que puede hacer un ser humano, en cualquier campo: pensar, razonar, aprender, crear, decidir. Muchos líderes del sector creen que ese momento está cerca. Sam Altman, CEO de OpenAI, ha llegado a sugerir que podríamos verla antes de 2030.Pero no todo el mundo está de acuerdo.

Uno de los grandes referentes históricos del sector, Yann LeCun (considerado uno de los 'padrinos' de la IA), plantea una reflexión muy interesante: quizá estamos persiguiendo el objetivo equivocado. Según LeCun, la idea de una IA artificial completamente generalista puede no ser ni necesaria ni realista. Y propone una alternativa que cambia el enfoque: lo importante no es que una máquina sepa hacerlo todo, sino lo rápido que puede aprender cosas nuevas. A esto lo llama Superhuman Adaptable Intelligence (Inteligencia Adaptable Superhumana). 

La idea es bastante sencilla si la comparamos con cómo funcionan los humanos. Tenemos la capacidad de aprender prácticamente cualquier cosa: tocar un instrumento, programar, cocinar o pilotar un avión. Pero nadie sabe hacerlo todo. Cada persona se especializa en ciertas áreas y aprende nuevas habilidades cuando las necesita. Con la inteligencia artificial podría ocurrir algo parecido.

En lugar de intentar construir un único sistema que lo sepa todo desde el principio, el objetivo sería crear modelos capaces de adaptarse muy rápido a nuevas tareas, aprender con pocos ejemplos y aplicar lo que ya saben a problemas distintos. En otras palabras: no una IA que lo sepa todo, sino una IA que pueda aprender casi cualquier cosa rápidamente.

Mientras tanto, el debate en el sector sigue abierto. Algunos investigadores incluso empiezan a plantear otra pregunta inquietante: si estas máquinas podrían llegar a desarrollar algún tipo de conciencia. Pero quizá la cuestión más importante no es cuándo llegará la AGI, sino algo más práctico. Porque, mientras discutimos sobre el futuro, ya tenemos delante sistemas de inteligencia artificial mucho más potentes de lo que la mayoría de empresas y profesionales saben utilizar. Y ahí es donde probablemente está la verdadera oportunidad de los próximos años.

14Mar

Fondos, bancos de inversión y vehículos estructurados compiten por colocar capital en nichos donde la regulación es más laxa que en la banca tradicional.

Miguel Ángel Valero

Market Financial Solutions (MFS), una firma londinense especializada en préstamos inmobiliarios con más de 2.400 millones de libras en créditos, ha entrado en administración tras detectarse posibles irregularidades graves, entre ellas la sospecha de doble pignoración de activos (el mismo colateral podría haber sido utilizado como garantía en más de una operación). El agujero potencial ronda los 930 millones. De 1.160 millones en préstamos analizados, apenas 230 millones tendrían un valor real y sólido como colateral. El resto podría ser, en el mejor de los casos, garantías sobrevaloradas. En el peor, directamente inexistentes.

Esto ya no es un problema de mala gestión. Es un problema de confianza. El impacto no se ha quedado en Londres. El golpe ha salpicado a grandes nombres del sistema financiero internacional. Barclays Bank podría tener una exposición cercana a 600 millones. Jefferies también aparece en la lista. Santander está vinculado indirectamente a la estructura. Wells Fargo y Atlas SP (filial de Apollo) también figuran entre los acreedores. Atlas ha reconocido unos 400 millones de libras de exposición, aproximadamente el 1% de su balance.

"Las cifras, aisladas, no parecen sistémicas. Ninguno de estos bancos va a quebrar por esto. Pero el problema no es la cifra puntual. El problema es el mensaje", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

Durante años, el crédito privado ha vivido una expansión silenciosa. Tipos bajos, exceso de liquidez y una búsqueda constante de rentabilidad llevaron a financiar operaciones cada vez más complejas y menos transparentes. Fondos, bancos de inversión y vehículos estructurados competían por colocar capital en nichos donde la regulación era más laxa que en la banca tradicional. El argumento era sencillo: mayor rentabilidad a cambio de riesgo controlado. Pero cuando aparece un caso como éste, la pregunta inevitable es otra: ¿realmente estaba controlado el riesgo?

La doble pignoración es especialmente preocupante porque revela un fallo en la supervisión y en la diligencia debida. Si varios financiadores aceptaron el mismo activo como garantía sin detectarlo, significa que la cadena de control no era tan robusta como se asumía. Aquí es donde entra el llamado “efecto cucaracha”. Cuando ves una, lo normal es que haya más. No significa que todo el edificio esté infestado. Pero sí que conviene encender la luz y revisar bien cada rincón. Y lo cierto es que, en paralelo, empiezan a aparecer tensiones en algunos de los grandes vehículos de crédito privado del mundo.

El fondo estrella de crédito privado de Blackstone, BCRED, con unos 82.000 millones$ en activos, ha recibido solicitudes de reembolso por valor de 7,9% de su capital en un solo trimestre, unos 3.800 millones. Ante esa presión, la firma decidió levantar su límite habitual de retirada del 5% e inyectar 400 millones de su propio capital para poder atender las solicitudes.

Al mismo tiempo, Blue Owl Capital ha dejado de realizar pagos trimestrales de liquidez en su estrategia principal de crédito privado dirigida a inversores minoristas. En lugar de ofrecer liquidez periódica, ha optado por realizar distribuciones puntuales financiadas mediante la venta de activos.

Y apenas unos días después, el fondo de crédito privado de BlackRock, con unos 26.000 millones$ bajo gestión, también comenzó a limitar retiradas ante el aumento de solicitudes de reembolso.

Tres episodios distintos, en tres grandes gestoras globales, que reflejan una misma realidad: cuando los inversores quieren liquidez, los activos privados no siempre pueden ofrecerla con facilidad. Éste es uno de los riesgos estructurales del crédito privado. Muchos de estos vehículos prometen cierta liquidez a inversores que, en realidad, están financiando activos ilíquidos. Mientras las entradas de capital continúan, el sistema funciona sin fricciones. Pero cuando el flujo se invierte, aparecen las limitaciones.

No es un problema menor si tenemos en cuenta el tamaño que ha alcanzado este mercado. El crédito privado ya mueve cerca de 1,8 billones$ a nivel global, tras más de una década de crecimiento acelerado. Parte de esa expansión se explica porque, después de la crisis de 2008, la regulación obligó a los bancos a reducir su exposición a determinados préstamos corporativos. Ese espacio lo ocuparon las grandes gestoras de activos, que comenzaron a financiar directamente a empresas desde vehículos privados.

En los últimos años, además, estas estrategias se han abierto cada vez más a inversores de Banca Privada e incluso a pequeños ahorradores a través de fondos llamados “semi-líquidos”: productos que permiten entrar y solicitar retiradas periódicas, pero que invierten en préstamos que no se pueden vender rápidamente en el mercado. Mientras el dinero entra, el sistema funciona sin demasiadas fricciones. Pero cuando los inversores empiezan a querer salir al mismo tiempo, aparece el verdadero problema: no se puede crear liquidez a partir de activos que, por naturaleza, son ilíquidos.

A esto se suma otro factor que empieza a preocupar a algunos analistas: el deterioro gradual en la calidad crediticia de parte de estos préstamos. Según datos de Fitch, la tasa de impago en el crédito privado en EEUU ha alcanzado el 5,8% en los últimos doce meses, el nivel más alto desde que se empezó a seguir este mercado de forma sistemática. No es todavía un nivel propio de crisis, pero sí una señal de que el ciclo de crédito empieza a tensarse.

Al mismo tiempo, algunos de los vehículos cotizados vinculados a este mercado —como las llamadas Business Development Companies (BDC)— ya están enviando señales de tensión. Varias de estas compañías cotizan con fuertes descuentos frente al valor teórico de sus carteras y algunas han tenido que recortar dividendos recientemente, una señal de que el mercado empieza a cuestionar la calidad de ciertos préstamos.

En los últimos años, el crédito privado ha crecido hasta convertirse en un mercado de varios billones de dólares, ocupando espacios que antes estaban dominados por la banca tradicional. Esa expansión ha permitido financiar empresas, proyectos inmobiliarios y operaciones corporativas que quizás no habrían encontrado financiación en los canales tradicionales, pero también ha trasladado parte del riesgo hacia estructuras más opacas y difíciles de valorar en tiempo real. El problema no es necesariamente una crisis inmediata. El problema es que empiecen a aparecer grietas que obliguen a revisar valoraciones, endurecer la financiación y restringir el flujo de crédito hacia determinadas áreas de la economía. Y cuando el crédito empieza a tensarse, la economía suele tardar poco en notarlo.

Nada de esto implica que estemos ante una nueva crisis financiera global. El sistema bancario hoy es mucho más sólido que en 2008 y los grandes actores implicados tienen balances capaces de absorber episodios puntuales de tensión. Pero sí estamos viendo algo que los mercados suelen ignorar hasta que ya es demasiado evidente: los primeros síntomas de estrés en el crédito. La historia financiera está llena de ejemplos donde las grandes crisis no empezaron con un colapso repentino, sino con pequeñas señales dispersas en segmentos aparentemente secundarios del sistema financiero.

Hoy esas señales aparecen en el crédito privado. Puede que no sea el inicio de nada grave. Pero como decía el CEO de JP Morgan, Jamie Dimon, recientemente, “cuando varias cucarachas empiezan a salir al mismo tiempo de debajo de la alfombra, lo prudente no es mirar hacia otro lado. Lo prudente es empezar a preguntarse qué está pasando realmente dentro de la habitación”.

DWS: alta exposición al software en EEUU

El crédito privado se ha vuelto popular entre muchos inversores al ofrecer ingresos relativamente altos y la promesa de una menor volatilidad diaria, en comparación con los mercados de bonos públicos. En lugar de comprar bonos negociables, los inversores prestan dinero directamente a las empresas y reciben pagos regulares de intereses. Sobre el papel, esto puede parecer estable. Sin embargo, recientemente, este segmento ha sido objeto de un mayor escrutinio, ya que los inversores reevalúan si las valoraciones y las suposiciones de liquidez siguen siendo válidas en un entorno más desafiante.

Desde una perspectiva europea, es importante reconocer que esta visión más crítica se debe en gran medida a los desarrollos en EEUU. Europa no cuenta con un equivalente directo a las compañías de desarrollo de negocios (BDC, por sus siglas en inglés) de EEUU, y el crédito privado se mantiene típicamente en estructuras más conservadoras, orientadas a inversores institucionales. Por ello, el estrés en las valoraciones tiende a surgir más lentamente y de manera menos visible. En EEUU, en cambio, el crédito privado, a través de las BDC, es más accesible para inversores minoristas y, por tanto, puede estar más expuesto a cambios en el sentimiento del mercado.

"El debate no se centra en el crédito privado como clase de activo, sino en las valoraciones, la liquidez y la resiliencia de los prestatarios", señala un análisis de DWS. Las preocupaciones se intensificaron tras varias quiebras corporativas de alto perfil en 2025, lo que planteó dudas sobre la calidad de la evaluación crediticia y la concentración de riesgo entre prestatarios altamente apalancados. Entre finales de 2025 y principios de 2026, la cautela de los inversores se tradujo en un aumento brusco de las solicitudes de reembolso en productos centrados en crédito privado, superando los 7. 000 millones$, concentrándose gran parte de la presión en vehículos estadounidenses, principalmente BDC, que ofrecen opciones de reembolso limitadas.

Estos vehículos ofrecen una perspectiva útil sobre las tensiones actuales del mercado. Prestan a empresas privadas pequeñas y medianas y dan acceso a inversores minoristas a estrategias de crédito privado que antes estaban dominadas por instituciones. Las estructuras cotizadas reaccionan rápidamente al sentimiento del mercado, ya que los inversores pueden simplemente vender sus acciones, mientras que las versiones no cotizadas se valoran más cerca del valor neto de los activos (NAV) y permiten solo reembolsos limitados y periódicos. Esto las hace particularmente sensibles cuando la confianza se debilita.

Esa sensibilidad se evidenció cuando un gran gestor de activos estadounidense canceló una transacción planificada que involucraba una de sus BDC. La decisión desencadenó solicitudes de reembolso inusualmente altas, obligando al gestor a restringir los retiros y vender activos para obtener liquidez. Si bien esto ayudó a gestionar la liquidez a corto plazo, también reforzó las preocupaciones de los inversores sobre la facilidad con que se puede acceder al capital cuando el sentimiento cambia.

En periodos de estrés, los vehículos cotizados suelen negociar muy por debajo de su NAV declarado. Aunque en teoría ofrecen liquidez, ésta puede tener un costo elevado cuando los mercados están agitados. Los descuentos actuales sugieren que los precios están siendo más impulsados por titulares negativos y preocupaciones sobre segmentos específicos de prestatarios, especialmente modelos de negocio relacionados con software, que por cualquier caída confirmada en el valor reportado de los activos.

"La alta exposición al software en la industria de crédito privado de EEUU sí representa un riesgo dado el potencial de disrupción por la inteligencia artificial. Sin embargo, el software que ofrece soluciones críticas con altos costos de cambio debería seguir desempeñándose bien, mientras que las empresas con datos fácilmente replicables podrían tener dificultades. Para los inversores minoristas, la cuestión clave parece ser si se puede confiar en el NAV en sí mismo si las condiciones de crédito más amplias –y los fundamentos de los prestatarios– se debilitan aún más. En el crédito privado, la confianza se construye lentamente, pero puede desvanecerse rápidamente cuando se ponen a prueba las suposiciones", advierte el análisis de DWS.

Deutsche Bank se desploma en Bolsa por el crédito privado

Las acciones del Deutsche Bank cayeron un 5% el jueves 12 de marzo después de que revelara los riesgos asociados con su creciente cartera de crédito privado en su informe anual. El mayor banco de Alemania indicó que su cartera de crédito privado creció alrededor de un 6% hasta casi 26.000 millones€ en 2025, frente a los 24.500 millones en 2024. Y reconoce que, aunque no estaba expuesto a riesgos significativos, "podría enfrentar riesgos crediticios indirectos potenciales a través de carteras y contrapartes interconectadas".

La revelación se produce mientras aumentan las preocupaciones de los inversores sobre la industria del crédito privado de 2 billones de dólares tras el deterioro de la calidad crediticia y la exposición al sector del software. "La quiebra de un número selecto de prestamistas de alto riesgo en EEUU incrementó la atención de los inversores sobre los riesgos asociados al crédito privado y planteó inquietudes más amplias sobre los estándares de suscripción y el riesgo de fraude", explica en el Deutsche Bank, que asegura que aplica "estándares de suscripción conservadores" a su cartera. 

La divulgación del informe anual del Deutsche sigue al creciente escrutinio del sector del crédito privado, que ha atraído una atención significativa de los inversores en los últimos años. Los reguladores han manifestado su preocupación por la exposición de los bancos al crédito privado, en parte debido a que la información disponible es escasa. El crédito privado se ha visto empañado por las dudas sobre el deterioro de la calidad crediticia y la exposición al sector del software, una industria que se considera vulnerable a la disrupción por los avances en inteligencia artificial.

13Mar

Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70 % de los estadounidenses están en contra de la guerra. Otros costes que asume EEUU son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre.

Miguel Ángel Valero

El conflicto en Oriente Medio continúa camino de su tercera semana y los ataques a buques civiles en el golfo Pérsico han eliminado el optimismo de los últimos días, presionando nuevamente los precios de la energía. No obstante, el objetivo del Gobierno estadounidense es amortiguar en la medida de lo posible el impacto energético. Con este fin, se han retirado temporalmente las restricciones a la compra de petróleo ruso, lo que permite desbloquear la llegada de petroleros –con crudo y derivados sancionados– que permanecían en aguas internacionales, generando así una nueva vía de suministro. 

Paralelamente, India mantiene conversaciones con Irán para autorizar el paso de una veintena de barcos cargados de crudo y gas por el Estrecho de Ormuz. Los ministros de Exteriores de ambos países siguen en contacto mientras el primer ministro Narendra Modi expresó que el tránsito sin obstáculos de bienes y energía es de “principal prioridad”. India, tercer mayor importador mundial de petróleo, depende del exterior para alrededor del 88% de su consumo de crudo, lo que la hace especialmente vulnerable a disrupciones energéticas. Además, India es destino del 13% de las exportaciones de crudo que pasan por el estrecho y del 17% de GNL. De hecho, se asegura que algunos navíos con pabellón indio han entrado al golfo Pérsico sin ser atacados.

Para aliviar la presión derivada del cierre de Ormuz, EEUU concedió a Nueva Delhi una exención temporal de 30 días (hasta el 11 de abril) que le permite adquirir petróleo ruso, una medida destinada a estabilizar los mercados. Esta decisión representa un giro tras meses de presión estadounidense para que India redujera sus compras de crudo ruso. Aun así, la Administración Trump insiste en que se trata de un arreglo puntual y espera que India incremente sus compras de petróleo estadounidense una vez superada la emergencia actual. 

Estas decisiones, sumadas a la liberación de reservas estratégicas, ofrecen cierto margen de maniobra a la Administración Trump. Sin embargo, los mercados vuelven a tensionarse, con nuevos descensos en el S&P 500 y en el resto de las Bolsas globales. Igualmente, los bonos de mayor duración retroceden ante el repunte de las expectativas de inflación y el aumento en las expectativas de tipos oficiales. Por tanto, a la presión mediática, electoral y política, ahora se suma también la del mundo financiero. 

Esta situación difícilmente podrá prolongarse en el tiempo, por lo que Trump buscará una salida en el corto plazo. Además, tampoco es necesario que el conflicto finalice: bastaría con que el estrecho mostrase una cierta apertura sostenida para que los precios de la energía se moderasen, como cuando por error el secretario de Energía, Chris Wright, publicó en redes sociales que un barco había logrado atravesar el estrecho, lo que provocó una caída del precio del petróleo intradía del 10%. 

Por otro lado, estas tensiones en los mercados de petróleo y gas aún no se han trasladado a los precios de la electricidad, a diferencia de lo ocurrido tras el conflicto generado por la invasión rusa de Ucrania. En Alemania, por ejemplo, el precio de la electricidad ayer alcanzó el tercer precio más bajo del año. Por tanto, hasta el momento, el impacto económico de las recientes presiones en los mercados energéticos sigue siendo limitado y cuenta con una solución inmediata: la reapertura del estrecho de Ormuz. Solo con que este punto crítico quede aislado del conflicto, el resto pasará a un segundo plano para la economía y los mercados. 

Aunque no es posible precisar cuándo ocurrirá, un hito temporal relevante será la reunión entre Trump y Xi Jinping a finales de mes. Las principales potencias mundiales tienen incentivos claros para presionar a Irán y este horizonte coincide con las previsiones de duración del conflicto que había adelantado inicialmente Trump (entre 4 y 5 semanas). 

Ibercaja Gestión: coste electoral muy elevado para Trump

"Las guerras siempre deben analizarse desde un punto de vista de coste y beneficio, incluso si es Trump el que las inicia", señala un análisis de Ibercaja Gestión. Los beneficios que busca obtener EEUU -e Israel- con la guerra son terminar con el desarrollo de armas nucleares y misiles de largo alcance de Irán. Para EEUU, que la inestable Irán sea una potencia nuclear supone una limitación en su dominio de Oriente Medio y, para Israel, una amenaza directa.

Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70 % de los estadounidenses están en contra de la guerra y el propio presidente prometió en campaña no adentrarse en ninguna. El coste electoral es un desincentivo claro, más teniendo en cuenta que en noviembre hay elecciones de medio mandato. Otros costes que asume EEUU son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre. Durante todo el mandato, Trump ha estado muy pendiente a los mercados y gran parte de sus decisiones geopolíticas -aranceles, Venezuela, Groenlandia y, ahora, Irán- se han llevado a cabo durante el fin de semana, con los mercados cerrados.

Lo trascendental para EEUU es asegurarse de que Irán no continúa con el desarrollo de armas nucleares. De conseguir eso, probablemente veamos una desescalada rápida. Irán no está en una posición de poder y con su líder supremo fuera de combate podría ceder. Por lo tanto, "prevemos un conflicto corto, que presumiblemente no se extenderá más allá de dos meses. A su vez, descartamos cualquier escenario de intervención terrestre por parte de EEUU y no creemos que la afectación a los mercados y cadenas de suministro sea excesiva".

"En los momentos de crisis es cuando se nota si hemos hecho bien los deberes. Primero, veremos si nuestras carteras están bien diversificadas y en el lugar correcto de riesgo en el que queríamos que estuvieran. Y segundo, tendremos que aplicar todos los conocimientos financieros que hemos ido adquiriendo con el tiempo, eso de que 'los momentos de volatilidad son momentos de oportunidad' y que 'la inversión hay que hacerla con un horizonte de largo'. Nuestra recomendación: seguir invertidos, seguir diversificando y dejarse asesorar por los especialistas", concluyen en Ibercaja Gestión.

GTA Villamagna: desajustes entre los costes de ejecución de un proyecto y el precio pactado

La evolución del conflicto en Irán y su posible extensión a otros países del Golfo Pérsico vuelve a situar en primer plano de la actualidad la estabilidad de los mercados energéticos y de materias primas. En un contexto global marcado por la interdependencia económica, cualquier tensión prolongada en la región puede trasladarse con rapidez a los costes de producción y transporte, con efectos directos en sectores especialmente sensibles como la construcción. En economías como la europea, con una elevada dependencia energética exterior, “este tipo de tensiones puede amplificar las presiones inflacionistas y repercutir en múltiples cadenas de valor”, subrayan los expertos de GTA Villamagna.

La industria de la construcción se encuentra entre las más expuestas a este tipo de escenarios, ya que la ejecución de proyectos depende directamente del coste de la energía, del transporte y de materiales intensivos en consumo energético. Mercedes Bértolo, socia de GTA Villamagna, señala que “cuando se producen disrupciones en los mercados energéticos o en las cadenas de suministro, el impactoacaba trasladándose con rapidez al precio de los materiales utilizados en obra. Lo vimos tras la pandemia del COVID-19 y el estallido de la guerra de Ucrania”. Los primeros en reflejar la volatilidad suelen ser los combustibles y productos derivados del petróleo, cuyo encarecimiento termina trasladándose a materiales clave como el acero, el aluminio o el cemento. A ello se suman los costes logísticos necesarios para su transporte, lo que termina impactando en los presupuestos de los proyectos.

“Si el conflicto se prolonga, el principal impacto a corto plazo será un aumento de los precios de la energía y, en cadena, de los costes del transporte y de determinadas materias primas”, lo que introduce “un importante factor de incertidumbre en la planificación económica de los proyectos”.

La consecuencia inmediata puede ser un desajuste entre los costes reales de ejecución de una obra y los precios pactados en el contrato. Cuando los incrementos son significativos e imprevistos, el equilibrio económico del contrato puede verse alterado, especialmente en proyectos de larga duración. Para los contratistas, el principal riesgo es la reducción o desaparición de sus márgenes si los sobrecostes no pueden trasladarse al contrato, mientras que, para los promotores, el impacto suele traducirse en retrasos en la ejecución, solicitudes de revisión de precioso renegociaciones que elevan el coste final del proyecto.

“Cuando se producen incrementos sustanciales en el coste de la energía, el transporte o determinadas materias primas, el equilibrio económico del contrato se altera”, explica Bértolo. “Esto obliga a analizar los mecanismos previstos en el contrato o, en su defecto, a abrir procesos de renegociación para evitar que el proyecto se vuelva económicamente inviable”.

Desde el punto de vista jurídico, el sector cuenta con distintos instrumentos contractuales para afrontar estas situaciones. Entre ellos, en contratos de obra a precio cerrado, destacan las cláusulas de revisión de precios o los sistemas de indexación vinculados a índices de energía o materiales, que permiten ajustar el precio cuando se producen variaciones significativas de los costes. Cuando el contrato no prevé estos mecanismos, es frecuente que las partes negocien adendas para revisar el precio del contrato. 

En cambio, la invocación de la doctrina de la cláusula 'rebus sic stantibus' suele tener un alcance limitado, ya que los tribunales consideran que las oscilaciones del mercado forman parte del riesgo empresarial. “En la práctica, la respuesta suele encontrarse antes en el propio contrato y en la negociación entre las partes que en la invocación judicial de esta doctrina”, señala la socia de GTA Villamagna.

Ante este escenario, las empresas refuerzan el análisis de riesgos en la formalización de contratos y prestan más atención al sistema de determinación del precio y, dentro del sistema de precio cerrado, a cláusulas que regulen incrementos extraordinarios de costes. La tendencia apunta a mecanismos de revisión de precios más precisos, vinculados a índices que reflejen adecuadamente la evolución de los insumos, y a procedimientos que faciliten la renegociación o la resolución temprana de controversias.

“En proyectos de larga duración a precio cerrado, las cláusulas de revisión de precios o indexación cumplen una función clave para preservar el equilibrio económico del contrato, ya que permiten ajustar el precio pactado cuando cambian sustancialmente determinados costes, reduciendo la exposición de las partes a la volatilidad de los mercados”, concluye Mercedes Bértolo.

Oliver Wyman: El fin de las tensiones no significará un retorno inmediato a la normalidad.

Las tensiones en Oriente Medio están generando un impacto en las cadenas de suministro globales que va mucho más allá del petróleo, avisa un informe de Oliver Wyman: la interrupción del Estrecho de Ormuz, por el que transita el 20% del petróleo y gas mundial, está provocando alzas de precios que oscilan entre el 25% en crudo hasta el 58% en combustible de aviación, con efectos que se extienden a fertilizantes, polímeros, metales y gases industriales críticos para sectores que van desde la alimentación hasta los semiconductores.

El informe identifica tres canales principales: energía, materias primas industriales críticas y transporte Asia-Europa. Los efectos ya son visibles en forma de mayores costes de componentes, plazos de entrega más largos, presión sobre el capital de trabajo, erosión de márgenes y riesgo real de escaseces de suministro. 

El primer impacto visible ha sido el choque energético. Entre el 27 de febrero y el 11 de marzo, el Brent subió un 25%, pasando de 73 a 91$ por barril tras alcanzar picos temporales por encima de los 100$. Los contratos futuros del gas europeo aumentaron un 56%, de 32 a 50€ por megavatio-hora, con picos superiores a 60 EUR/MWh. El mayor impacto se registró en el combustible de aviación, que se disparó un 58%, alcanzando los 157$por barril en promedio semanal, frente a los 99$ de finales de febrero.

Este aumento se está convirtiendo en un motor de inflación generalizada, con efectos sobre toda la estructura de costes industriales y de transporte, tal como ocurrió durante el shock energético de 2021-22. El impacto va más allá de la energía y alcanza materias primas que están al inicio de cadenas de suministro globales. La región del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) es exportador principal de insumos que han registrado alzas significativas. En el sector agrícola, el precio de la urea, producto crítico para los sistemas alimentarios globales, subió más del 26% tras el cierre de la mayor planta de Qatar, pasando de 466 a 585$ por tonelada. Los fertilizantes de fosfato, con Arabia Saudí controlando el 20% del comercio global, aumentaron un 4%. Estas subidas amenazan directamente los rendimientos de cultivos y los precios finales de los alimentos.

En manufactura, los polímeros críticos para empaquetados, automoción y construcción registraron subidas del 15% en polietileno y del 16% en polipropileno. El aluminio primario subió un 9%, pasando de 3.147 a 3.440$ por tonelada, con especial relevancia para Europa, que depende de la región para el 20% de sus importaciones.

El caso más crítico es el del helio, gas industrial utilizado en sistemas de resonancia magnética, semiconductores, fibra óptica y aplicaciones científicas. Tras el cierre del complejo Ras Laffan en Qatar, que suministra el 30% de la oferta mundial, los precios subieron un 35%.

El impacto sobre el transporte Asia-Europa añade presión adicional. Las principales navieras han suspendido cruces por el Estrecho de Ormuz y están desviando tráfico, lo que añade entre 8 y 15 días a los tiempos de tránsito. CMA CGM introdujo recargos de emergencia de hasta 4.000$ por contenedor refrigerado y sobrecargos de combustible que equivalen a incrementos del 11% al 14% sobre tarifas base. El mercado de seguros marítimos refleja la escalada de riesgo: las tarifas pasaron del 0,25% al 1,25% del valor del casco en menos de una semana. Tras la cancelación de coberturas de riesgo de guerra, la mayoría de las navieras dejaron de aceptar nuevas reservas desde y hacia Oriente Medio.

En transporte aéreo, el aeropuerto de Dubái cerró y solo había reanudado parcialmente operaciones el 7 de marzo. Las restricciones de capacidad, retrasos y cancelaciones continúan en corredores aéreos de Lejano Oriente-Europa y Asia-Oriente Medio.

El fin de las tensiones no significará un retorno inmediato a la normalidad. Las crisis pasadas demuestran que la disrupción comercial suele tardar entre días y semanas en deshacerse. La normalización dependerá del tiempo necesario para restaurar la cobertura de riesgo, reposicionar buques y despejar retrasos acumulados. Los mercados energéticos pueden estabilizarse más rápido que algunas cadenas de suministro físicas, pero los efectos en cadena sobre fertilizantes, químicos, polímeros, metales y helio podrían continuar durante semanas a través de inventarios, contratos y planes de producción. Para las empresas, esto significa un período prolongado de costes elevados y volatilidad en tiempos de entrega, con impacto directo sobre márgenes y flujo de caja.

El informe apunta que la prioridad para los equipos de liderazgo no es predecir la trayectoria geopolítica sino cuantificar rápidamente la exposición real. Las compañías deben identificar dónde dependen de una única fuente, tienen inventarios escasos o están expuestas contractualmente, y actuar antes de que la disrupción llegue a los resultados trimestrales.

Robeco

Richard Briggs (Portfolio Manager) y Meena Santosh (Client Portfolio Manager)de Robeco, colocan el foco en los mercados emergentes. El fuerte aumento de los precios del petróleo tras la escalada del conflicto en Oriente Medio ha seguido pesando sobre los mercados locales, aunque los de divisas han mostrado mayor resiliencia que en periodos anteriores de volatilidad. La liberación de aproximadamente 400 millones de barriles de reservas estratégicas por parte de la Agencia Internacional de la Energía ayudó a aliviar parte de la presión inmediata, pero los precios de la energía siguen siendo elevados. Los mayores costes energéticos han sido especialmente desafiantes para los países importadores de petróleo, provocando una venta inicial de deuda local de mercados emergentes, aunque aproximadamente la mitad de ese movimiento se ha revertido desde entonces a medida que los mercados se estabilizaron.

Las regiones más afectadas han sido las economías importadoras de energía, particularmente en Europa Central y Oriental (CEE). Para estos países, el mayor desafío es el gas más que el petróleo, ya que es significativamente más difícil de sustituir si el shock persiste. El gas es más difícil de sustituir, y las restricciones de suministro —especialmente en torno a las entregas de GNL de Qatar— significan que Asia podría enfrentarse a escasez si el estrecho permanece efectivamente bloqueado, y CEE por extensión a través de la búsqueda de exportaciones de gas spot. América Latina parece algo más aislada dado el mayor equilibrio energético de la región. "De cara al futuro, estamos monitorizando de cerca la fuerte caída del tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz y los riesgos inflacionarios más amplios asociados con precios del petróleo persistentemente más altos", señalan.

Desde la perspectiva de la cartera, "inicialmente adoptamos una posición larga en dólares a medida que el conflicto se intensificaba y aumentaba la aversión global al riesgo. A medida que las condiciones comenzaron a estabilizarse, revertimos ese posicionamiento y añadimos riesgo de forma selectiva, comprando en algunos de los mercados más afectados. Desde entonces hemos vuelto a una exposición larga en deuda local de Egipto tras una fuerte venta en el spot FX, aunque en menor tamaño. También añadimos tipos de interés turcos, donde la mayor volatilidad ha creado puntos de entrada más atractivos. Hemos comenzado a volver a añadir tipos en CEE donde la venta ha sido severa", explican.

"En FX, seguimos siendo constructivos sobre las divisas de emergentes, centrándonos en nombres de mayor beta y exportadores de materias primas. Aunque estas divisas se depreciaron durante el shock inicial, deberían mantenerse relativamente resilientes dado su estatus como exportadores netos de energía, similar al patrón observado durante la crisis del gas de 2022. Por el contrario, seguimos siendo cautelosos con el FX asiático, particularmente el won coreano (KRW) y el baht tailandés (THB), dada su sensibilidad al crecimiento global y su exposición a precios del gas más altos. En general, nuestro posicionamiento táctico y selectivo ha respaldado la resiliencia de la cartera durante el periodo de volatilidad", añaden.

"Dentro de la deuda en divisa fuerte, redujimos nuestra exposición defensiva a Oriente Medio al cerrar nuestra protección a cinco años sobre Arabia Saudí (KSA), que estaba en vigor para cubrirnos frente a un posible ensanchamiento de los spreads de crédito saudíes, aunque seguimos infra ponderados en la región. A medida que el conflicto se intensificó y los precios del petróleo se dispararon, la cobertura funcionó bien, permitiéndonos tomar beneficios y reducir la posición. Posteriormente, cuando surgió una respuesta de política global más coordinada —incluyendo liberaciones estratégicas de petróleo y primeras señales de desescalada diplomática— volvimos a añadir riesgo a la cartera. Las principales exposiciones actuales en divisa fuerte incluyen Argentina, Colombia, Ecuador, Egipto, Ghana, México (Pemex) y Rumanía. Estas posiciones están respaldadas por dinámicas favorables de materias primas en América Latina y por una resiliencia fundamental selectiva en varios mercados", remarcan

UBS: Europa está mejor preparada para un shock energético

El UBS CIO Daily aporta varias razones por las que la actual crisis energética debería ser menos perjudicial para Europa que la experiencia vivida con Rusia y Ucrania en 2022. Europa depende menos de Oriente Medio de lo que dependía de Rusia. El impacto inflacionario en 2026 debería ser más moderado que en 2022. Los consumidores, las empresas y los gobiernos europeos se han adaptado.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Si bien la situación es obviamente preocupante, consideramos que los riesgos actuales procedentes de Irán son manejables para las perspectivas de crecimiento económico de Europa y para los mercados de renta variable, y recomendamos mantener las inversiones durante este período. Aun así, creemos que se justifica un cambio importante en un sector: hemos rebajado nuestra calificación para los bancos europeos a Neutral (desde Atractivo), y también hemos cerrado nuestra temática de ‘bancos globales’, ante unas valoraciones menos atractivas y el aumento de la incertidumbre macroeconómica”.

“En cuanto al crédito europeo, creemos que cualquier nueva caída en los bonos soberanos del Reino Unido, Italia, España o Grecia podría ofrecer rentabilidades interesantes, especialmente si las preocupaciones por la inflación disminuyen como esperamos. Por el contrario, si los shocks en los precios de la energía persistieran, los bonos ligados a la inflación en Europa probablemente obtendrían un mejor rendimiento que los nominales”, añade.
Para más información, adjuntamos el último CIO Daily House View de UBS Global Wealth Management. 

“Para los inversores con afinidad por el oro, creemos que una asignación moderada, en el rango medio de un solo dígito del total de activos, puede mejorar la diversificación y servir de protección frente a riesgos macroeconómicos”, explican Wayne Gordon, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de FX y materias primas. “Aunque esperamos que la sólida demanda de inversión continúe respaldando a los metales preciosos, preferimos la exposición al oro, que presenta una menor volatilidad”, añaden Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, estrategas.

12Mar

Lo realmente inquietante es que nadie tiene una idea clara de cuánto puede durar la situación actual. En gran medida dependerá de una carrera de desgaste.

Miguel Ángel Valero

El anuncio de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) sobre la liberación de hasta 400 millones de barriles de crudo de sus reservas estratégicas para paliar los efectos del conflicto en Irán no ha frenado la escalada del petróleo. Y eso que se trata del mayor despliegue coordinado realizado por el organismo en su historia y que permitiría mantener el suministro de petróleo equivalente a cuatro semanas del flujo habitual que pasa por el estrecho de Ormuz. EEUU aportará 172 millones de barriles; Japón, 80 millones; Corea del Sur, 22 millones, y Francia, 14,5 millones.

Por otro lado, el DFC —el organismo público encargado de desplegar las promesas de aseguramiento a los buques que crucen el estrecho, impulsadas por la Administración Trump— desvela que contará con la aseguradora estadounidense Chubb como socio asesor principal para seleccionar las compañías sobre las que se articulará la red de reaseguros destinada a cubrir los riesgos de tránsito por el estrecho de Ormuz. Este anuncio supone un avance operativo relevante para reactivar la actividad marítima en la zona.

Sin embargo, los incidentes registrados en puertos de Omán –fuera del estrecho de Ormuz– vuelven a ejercer presión sobre los precios del crudo, con el Brent rozando la barrera psicológica de los 100 $/barril.

El despliegue combinado de reservas estratégicas ofrece tiempo adicional para que los gobiernos estadounidense e israelí avancen hacia sus objetivos, a lo que se suman las presiones diplomáticas de China, que previsiblemente se intensificarán en las negociaciones con Irán en la búsqueda de un paso libre para los buques con destino al país asiático. Cualquier noticia de reapertura, aunque sea parcial, podría alterar rápidamente la percepción de riesgo del mercado, especialmente ahora que existen múltiples vías de solución sobre la mesa.

The Trader: fase mucho más incierta del conflicto de lo que muchos anticipaban

La guerra abierta entre Irán, Israel y EEUU ha entrado "en una fase especialmente delicada", opina el analista Pablo Gil en The Trader. Los bombardeos continúan, los objetivos se amplían y el conflicto empieza a afectar a infraestructuras críticas como depósitos de petróleo, redes energéticas o instalaciones estratégicas del régimen. Pero más allá de las imágenes de explosiones y columnas de humo, hay una decisión política reciente que puede tener implicaciones profundas en la evolución de esta crisis: la elección de Mojtaba Jamenei, hijo del ayatolá Ali Jamenei, como nuevo líder supremo de Irán. Porque, más allá de la cuestión sucesoria, es un mensaje político muy claro. La Asamblea de Expertos, el órgano religioso encargado de elegir al líder supremo, ha decidido mantener la continuidad del sistema y cerrar filas en torno a la familia Jamenei en pleno conflicto. El régimen no solo no se desmorona tras el ataque, sino que responde reafirmando su estructura de poder y su línea política. Justo lo que Trump y Netanyahu querían evitar.

Este episodio también pone de relieve uno de los rasgos más característicos de la política exterior de Trump: la idea de eliminar a la cúpula de un régimen hostil y confiar en que el sistema político interno termine produciendo un liderazgo más favorable a los intereses estadounidenses. Algunos analistas han bautizado esta estrategia como “decapitar y delegar”: eliminar al liderazgo enemigo y dejar que los actores locales reconstruyan el poder bajo nuevas reglas.

En teoría, el modelo pretende evitar invasiones a gran escala. La lógica es sencilla: si se elimina al líder y se genera suficiente presión política y militar, el propio país acabará produciendo un liderazgo más pragmático o dependiente de Washington. Algo parecido a lo que EEUU intentó hacer recientemente en Venezuela. La idea era sencilla: descabezar el régimen, favorecer una transición interna y apoyar a una figura más manejable que reordenara el país y restableciera relaciones con Occidente. El problema es que trasladar ese modelo a Irán es mucho más complicado. Venezuela es un país profundamente dividido, con una economía colapsada y con un sistema político mucho más personalista. Irán, en cambio, es una estructura de poder mucho más compleja. El liderazgo no depende únicamente de una persona, sino de un entramado de instituciones religiosas, militares y económicas (especialmente la Guardia Revolucionaria) que actúan como columna vertebral del régimen. Incluso eliminando al líder supremo, el sistema tiene capacidad para regenerarse.

La historia reciente ofrece demasiados ejemplos de lo difícil que resulta intentar rediseñar desde fuera la estructura política de Oriente Próximo. En Irak, la caída de Saddam Hussein abrió la puerta a años de guerra civil y al surgimiento del Estado Islámico. En Afganistán, dos décadas de intervención internacional terminaron con el regreso de los talibanes al poder en cuestión de días. En Libia, la eliminación de Gadafi dejó un vacío que el país todavía no ha conseguido llenar. La idea de que un régimen complejo puede sustituirse rápidamente por otro más favorable suele chocar con la realidad de las dinámicas internas de estos países: tribales, religiosas, ideológicas y militares. Factores que desde fuera muchas veces se subestiman.

Mientras tanto, la guerra sigue ampliando su radio de acción. Los ataques ya han alcanzado infraestructuras energéticas clave, depósitos de petróleo y centros logísticos del régimen. Irán ha respondido con misiles y drones, no solo contra Israel, sino también contra objetivos en la región del Golfo. Pero quizá uno de los elementos más inquietantes de esta escalada es que el conflicto ha empezado a afectar a infraestructuras absolutamente vitales para la supervivencia de varios países de la región: las plantas de desalinización de agua.

Puede parecer un objetivo menor en términos militares, pero en realidad es todo lo contrario. En buena parte del Golfo Pérsico, el agua potable depende casi por completo de la desalinización del agua del mar. Países como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Catar o Bahréin apenas cuentan con recursos hídricos naturales y extraen entre el 60% y el 90% del agua que consumen a partir de este proceso industrial. Sin esas plantas, simplemente no tendrían suministro suficiente para sostener a su población.

La paradoja es evidente. Algunos de los países más ricos del mundo gracias al petróleo viven, al mismo tiempo, en uno de los entornos más hostiles del planeta desde el punto de vista climático. La lluvia es escasa, los acuíferos son limitados y el agua dulce disponible apenas cubre una fracción de las necesidades diarias. Por eso la desalinización se ha convertido en una infraestructura estratégica comparable a una refinería o a una central eléctrica.

El problema es que el margen de seguridad es extremadamente reducido. En muchas ciudades del Golfo las reservas de agua almacenadas apenas cubren unos pocos días de consumo si las plantas dejan de funcionar. Una interrupción prolongada del proceso de desalinización podría provocar rápidamente escasez de agua potable para millones de personas. Y por ello, que este tipo de instalaciones haya empezado a aparecer entre los objetivos indirectos del conflicto eleva el nivel de riesgo de la guerra a una dimensión completamente distinta. Ya no se trataría solo de petróleo, gas o rutas marítimas, sino de algo mucho más básico: el acceso al agua en una de las regiones más secas del planeta. Y eso convierte cualquier ataque contra estas infraestructuras en un factor potencial de desestabilización regional de enorme magnitud.

Todo esto ocurre mientras los objetivos políticos de la guerra siguen sin estar completamente claros. En Washington se ha hablado alternativamente de neutralizar el programa nuclear iraní, destruir sus capacidades militares, provocar un cambio de régimen o lograr una rendición incondicional. Son metas muy diferentes entre sí y que requieren estrategias completamente distintas.

Israel parece tener más claro su objetivo: debilitar estructuralmente al régimen iraní y reducir su capacidad de proyectar poder en la región durante años. Para EEUU, sin embargo, el riesgo es quedar atrapado en otro conflicto prolongado en Oriente Próximo sin un plan claro para el día después.

Y ahí es donde aparece la dimensión económica y financiera de esta guerra. El estrecho de Ormuz sigue siendo el gran factor de riesgo latente de todo este conflicto. Por ese paso marítimo circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo y cerca del 20% del gas natural licuado que se comercializa globalmente. Es uno de los puntos más sensibles de todo el sistema energético internacional. Pero el problema no es solo el volumen que pasa por allí, sino la falta de alternativas reales. Algunos países del Golfo han construido oleoductos para evitar parcialmente el estrecho, pero su capacidad apenas cubre una fracción de lo que normalmente sale por vía marítima. La inmensa mayoría del crudo y del gas sigue dependiendo de ese corredor de apenas unas decenas de kilómetros de ancho.

A eso se suma otra circunstancia poco comentada: los grandes depósitos de almacenamiento de petróleo de muchos productores están prácticamente llenos. Si el petróleo no puede salir por barco, no hay dónde seguir almacenándolo. Y cuando eso ocurre, la producción tiene que reducirse o incluso detenerse temporalmente. Un bloqueo prolongado del estrecho no solo afectaría al transporte del crudo, sino también a la capacidad misma de producirlo.

Lo realmente inquietante es que nadie tiene una idea clara de cuánto puede durar la situación actual. En gran medida dependerá de una carrera de desgaste. Por un lado, de si Irán pierde la capacidad de seguir atacando porque se queda sin misiles o, más probablemente, sin lanzaderas, que están siendo uno de los objetivos prioritarios de los ataques. Por otro, de si los países que están interceptando esos ataques empiezan a quedarse sin munición defensiva. Sistemas como la Cúpula de Hierro israelí o las baterías antimisiles desplegadas en países del Golfo funcionan muy bien… pero también dependen de un suministro constante de interceptores. Esta guerra puede no decidirse tanto por una gran batalla decisiva como por algo mucho más simple y mucho más inquietante: quién se queda antes sin capacidad de seguir disparando o de seguir interceptando.

"Estamos entrando en una fase mucho más incierta del conflicto de lo que muchos anticipaban cuando comenzaron los primeros bombardeos. La eliminación de un líder no ha derrumbado al régimen iraní, la guerra se está extendiendo a infraestructuras cada vez más sensibles y el resultado final depende ahora de una carrera de desgaste militar que puede prolongarse durante semanas o incluso meses. Para los mercados financieros, el verdadero riesgo no es solo el conflicto en sí, sino la falta de visibilidad sobre su desenlace. Cuando una guerra tiene un objetivo claro y un horizonte temporal limitado, los inversores terminan adaptándose rápidamente. Pero cuando el conflicto entra en una dinámica abierta, con múltiples actores y con infraestructuras críticas en juego, la incertidumbre se convierte en el factor dominante. Y en este momento, precisamente eso es lo que tenemos sobre la mesa: una guerra cuyo resultado nadie puede predecir y cuyo impacto potencial sobre la energía, la inflación y la estabilidad geopolítica global podría ser mucho mayor de lo que muchos están descontando hoy", concluye este experto.

Colegio de Economistas de Madrid: una UE más competitiva

En la presentación del número 191 de la publicación del Colegio de Economistas de Madrid “Economistas 2025. Un balance”, Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, avisa que “la exposición de la economía y de nuestras empresas es enorme respecto del contexto internacional, que vive momentos de incertidumbre y volatilidad nunca vistos en décadas. Y el terreno en el que hay que jugar la partida se llama UE”. En ese sentido, hay que apostar por más Unión Europea, por más integración: “Todo esto pasa por contribuir como país y desde el mundo de las empresas a conformar una Europa más integrada e incluyente. Una UE más competitiva y más capaz de impulsar las inversiones para ganar productividad”.

Por su parte, la decana del Colegio de Economistas de Madrid, Amelia Pérez Zabaleta, establece un paralelismo con la segunda crisis del petróleo en 1979, “todo lo que está ocurriendo lo hace a la sombra de la geopolítica, un factor que, como bien advierte el Banco de España, se ha convertido en una pieza clave para que nuestra economía no se tambalee. Las lecciones de 1979 no versaron solo sobre el petróleo, sino sobre la necesidad de diversificación y cooperación. En 2026, el conflicto entre Irán, Israel y EEUU nos recuerda que la seguridad energética y la paz geopolítica son bienes públicos globales". Y reclama prudencia: “España se encuentra en una encrucijada donde nuestras decisiones no solo afectan a nuestra imagen diplomática, sino al bolsillo de cada familia y a la viabilidad de nuestras empresas”.

El presidente del Consejo de Economistas de España, Miguel Ángel Vázquez Taín, pone en valor "el papel que desempeñamos los economistas en la sociedad. Nuestro trabajo está presente en muchas de las decisiones que influyen en el desarrollo económico, tanto en las empresas como en las administraciones públicas o en el ámbito financiero. Queremos seguir contribuyendo al impulso del conocimiento económico y al fortalecimiento del debate público, promoviendo iniciativas como esta revista que ayudan a tomar decisiones económicas más informadas, rigurosas y responsables". 

El acero exige ayudas ante incrementos de costes energéticos 

Por su parte, la Unión de Empresas Siderúrgicas (Unesid) ha trasladado durante una reunión con el ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, y el ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, su preocupación por el impacto que la actual escalada de tensiones internacionales está teniendo sobre la industria siderúrgica española, especialmente por el fuerte incremento de los costes energéticos y logísticos.

El encarecimiento del gas natural y de la electricidad está teniendo un impacto inmediato sobre la competitividad de la industria. De mantenerse los niveles actuales de precios, el incremento de costes globales para el conjunto de la siderurgia española podría ascender a 60 millones€ mensuales. A este impacto energético se suman otras presiones sobre los costes operativos, como el aumento del precio del transporte terrestre —con incrementos semanales de hasta el 2,5% por el encarecimiento del gasóleo—, la subida de los fletes marítimos, que ya registran incrementos de entre el 10% y el 20%, y el encarecimiento de materias primas e insumos industriales.

Además, las empresas están detectando tensiones en las cadenas de suministro internacionales, con cancelaciones o encarecimientos de seguros marítimos en zonas de conflicto, redireccionamiento de rutas hacia puertos considerados seguros y retrasos en las entregas.

“Las empresas siderúrgicas están afrontando un aumento muy significativo de sus costes en muy poco tiempo, lo que supone una presión enorme sobre la competitividad de una industria que ya opera en mercados globales muy exigentes”, alerta Carola Hermoso, directora general de Unesid.

El contexto actual también está generando una elevada incertidumbre en los mercados, lo que dificulta la planificación comercial y la contratación de pedidos. En algunos sectores consumidores de acero, la demanda ya venía debilitándose por la coyuntura económica, mientras que en otros segmentos se están produciendo comportamientos dispares, con clientes que retrasan compras por prudencia y otros que adelantan pedidos ante el riesgo de nuevas subidas de precios. En términos agregados, algunas empresas estiman que el impacto sobre los costes variables podría situarse ya entre un 20% y un 25%, lo que podría trasladarse a medio plazo a una contracción de la demanda y al retraso de inversiones si la situación internacional se prolonga.

“Nos enfrentamos a un entorno de gran volatilidad que afecta simultáneamente a la energía, a la logística y a las materias primas. Si no se adoptan medidas que permitan contener estos costes, existe un riesgo real de pérdida de competitividad para la industria europea”, ha añadido Hermoso. 

Ante la rapidez con la que están aumentando los costes energéticos, Unesid considera necesario activar medidas urgentes que permitan aliviar la presión sobre la industria electrointensiva. Entre ellas, el sector plantea reactivar la excepción ibérica para desacoplar el precio del gas del precio de la electricidad y eliminar temporalmente el impuesto del 7% sobre el valor de la producción de energía eléctrica. Y considera prioritario reforzar las compensaciones por costes indirectos de CO₂, incrementar la reducción de peajes eléctricos para los consumidores electrointensivos y acelerar la puesta en marcha de herramientas europeas de defensa comercial.

UBP: de riesgo geopolítico a choque macroeconómico

La Perspectiva Semanal de UBP: Los precios del petróleo en el centro de atención, avisa que "los mercados de renta variable retrocedieron, con pérdidas concentradas fuera de EEUU. Los tipos de interés repuntaron, mientras que el oro cayó de forma inesperada y el dólar estadounidense avanzó ligeramente, reflejando un aumento de la aversión al riesgo. La evolución de los precios del petróleo en los próximos días seguirá siendo un foco clave para los inversores”.

La tecnología se mantuvo más sólida, impulsando el rendimiento relativo del mercado estadounidense frente al resto. Los rendimientos de los bonos han subido nuevamente debido a los temores de inflación provocados por el aumento de los precios de la energía. Es probable que el dólar se mantenga fuerte hasta que los mercados obtengan claridad sobre el conflicto en Oriente Medio. "Nuestra postura en el sector energético funciona como una cobertura frente a los riesgos de escalada", señala. 

“La reciente escalada en torno a Irán ha evolucionado de un riesgo geopolítico a un posible choque macroeconómico. El canal de transmisión, a través del aumento de los precios de la energía y la ralentización del comercio, ha comenzado con la ralentización casi total del transporte marítimo a través del Estrecho de Ormuz. Si esta situación se mantiene, empezará a poner a prueba la resiliencia de la economía mundial, ya que el principal riesgo es un crecimiento más lento acompañado de una inflación más alta, también conocido como estanflación. Europa y gran parte de Asia han mostrado una mayor sensibilidad al conflicto y a la interrupción de los flujos energéticos globales debido a su condición de importadores netos de energía, en contraste con EEUU, que es un exportador neto y el mayor productor de petróleo a nivel mundial", apunta.

En la renta variable global, el riesgo principal es un periodo sostenido de interrupciones graves en el suministro de petróleo que afecte al crecimiento económico y debilite la confianza corporativa y el incipiente repunte de la actividad industrial, que ha contribuido a las recientes subidas en muchas empresas y regiones de la “economía tradicional”. Esto provocaría que las expectativas actuales de crecimiento de beneficios (MSCI ACWI +17%) se revisen a la baja, acompañadas de una posible contracción de valoración (actualmente el PER (ratio precio-beneficio) a futuro se encuentra en 18,1x frente a un promedio de 10 años de 17,2x). En este sentido, EEUU sigue estando mejor protegido frente a las revisiones a la baja de beneficios debido a su fuerte exposición al sector tecnológico y a las siete grandes tecnológicas (que combinados representan el 54% del crecimiento del beneficio por acción de EE UU en 2026), los cuales permanecen relativamente inmunes al conflicto. Por el contrario, la limitada exposición de Europa al sector tecnológico (7% del STOXX Europe 600) no será suficiente para compensar la debilidad macro en otras áreas (Finanzas 23,8% del índice, Industriales 19,2%).

En renta fija, el principal riesgo son los precios persistentemente altos de la energía, que se traducirían directamente en mayores expectativas de inflación. En este escenario, los bonos gubernamentales dejarían de actuar como el refugio seguro típico, con los rendimientos de los bonos del Estado incrementando (como ha ocurrido en la última semana). "Aunque hasta ahora no hemos visto una ampliación significativa de los diferenciales, un choque energético seguramente los incrementaría. Por el momento, hemos reducido la exposición a bonos AT1 (a principios de la semana pasada), ya que se negociaban a niveles muy ajustados. No estamos cambiando nuestra visión estratégica de ser positivos en high yield y mercados emergentes, manteniendo una duración por encima de la neutralidad, pero estamos preparados para reevaluar esta postura si el estrecho de Ormuz no se reabre pronto", explican en UBP.

"Dado que la visibilidad sigue siendo limitada, consideramos que todavía es demasiado pronto para modificar nuestras perspectivas estratégicas y nuestras estimaciones de crecimiento económico para 2026. No hemos realizado cambios adicionales en las carteras tras el desempeño de la semana pasada y mantenemos una vigilancia constante sobre las novedades para poder actuar con rapidez y aprovechar las oportunidades de inversión a medida que surjan”, concluyen.

UBS: la volatilidad no es una buena razón para salir del mercado

El UBS CIO Daily recomienda mantenerse invertido pese a la incertidumbre a corto plazo: "Los periodos de elevada volatilidad geopolítica y de mercado pueden tentar a los inversores a retirarse de los mercados. Sin embargo, los datos históricos sugieren que los inversores con un horizonte temporal más largo deberían mantenerse invertidos con una cartera diversificada. La volatilidad no es una buena razón para salir del mercado. Intentar acertar el momento de entrada o salida del mercado puede resultar costoso. Mantenerse invertido probablemente se vea recompensado con una rentabilidad atractiva a largo plazo".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Los inversores deben recordar que la rentabilidad pasada no garantiza resultados futuros. Pero para los inversores que mantienen una cartera bien diversificada y tienen la capacidad de permanecer invertidos a largo plazo, seguimos creyendo que se verán recompensados por mantenerse firmes en su estrategia. Para aquellos con posiciones concentradas en renta variable, recomendamos ampliar la exposición entre distintos sectores y geografías”. “También creemos que contar con asignaciones adecuadas a renta fija de calidad, oro y alternativas como los hedge funds ayudaría a los inversores a navegar mejor el mercado en el futuro”, añade.

“Mantenemos una inclinación procíclica y estructural en nuestras preferencias regionales, pero reducimos los bancos europeos a Neutral, ya que observamos un perfil de riesgo-rentabilidad más equilibrado para el sector durante el resto del año”, aportan Matthew Gilman, Estratega, y Rolf Ganter, Responsable de Renta Variable Europa.

Franklin Templeton: un escenario indeserable, pero no de crisis

Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton, avisa: "El shock del petróleo ya está aquí. ¿Qué impacto tendrá sobre el entorno macroeconómico? La perspectiva es clave. Los precios del crudo superaron brevemente los 100$ por barril antes de retroceder —con fuerza, pero sin constituir una ruptura estructural a la escala de crisis anteriores—. Es probable que impulse al alza la inflación de los precios al consumo, aunque no hacia niveles de dos dígitos, especialmente porque el impulso fiscal actual, aunque significativo, es de una magnitud mucho menor que en 2022. Según nuestras estimaciones de elasticidad, si el Brent se estabiliza cerca de 90$ hasta mediados de año, el índice de precios al consumo general podría registrar un incremento adicional de 0,60–0,75 puntos, llevando la inflación hacia 3,50%–3,75% a finales de año: un escenario indeseable, pero no de crisis".

El crecimiento debería ser más lento, no detenerse: los precios más altos de la gasolina erosionarán el poder adquisitivo, pero ese lastre debería verse parcialmente compensado por el inminente estímulo fiscal, y el ciclo de capex impulsado por la inteligencia artificial no muestra señales de pausa. "Mi previsión, superior al consenso, de 3% de crecimiento del PIB estadounidense en 2026 tiene riesgos a la baja, y la recesión ya no puede descartarse por completo, pero sigo considerándola un riesgo de cola", precisa.

La divergencia entre EEUU y Europa se amplía, con un riesgo de estanflación considerablemente más relevante en Europa. Desde el punto de vista de la inversión, un apoyo a corto plazo para el dólar estadounidense, oportunidades selectivas en la corrección del software, un panorama diferenciado en mercados emergentes y una duración global que resulta poco atractiva.

Las perspectivas de crecimiento son más débiles que antes de que comenzara el conflicto con Irán —especialmente en Europa frente a EEUU— y la trayectoria de la inflación es ligeramente más elevada. "Mantengo mi opinión de que el ciclo de relajación monetaria de la Reserva Federal podría haber terminado ya, una visión basada en la resiliencia de la actividad económica y en mi estimación del tipo de interés neutral, y que ahora se ve respaldada por el shock inflacionario derivado del petróleo. Cuánto tiempo persista el conflicto y si se amplía de forma material aún está por determinar —y esa incertidumbre exige agilidad—. Pero con los niveles actuales y la evidencia disponible hoy, me encuentro más alineado con los mercados que con los alarmantes titulares de los medios de comunicación", subraya.

12Mar

China es hoy socio comercial preferente del mayor número de países de la Tierra, tiene la mayor flota comercial y una completa red de enclaves estratégicos para controlar su circulación.

Miguel Ángel Valero

La Administración Trump ha iniciado investigaciones contra sus principales socios comerciales –entre ellos la Unión Europea– con el objetivo de restablecer los aranceles. El mes pasado, el Tribunal Supremo de EEUU suspendió los aranceles vinculados a la ley IEEPA, incluidos los llamados "recíprocos”, lo que podría obligar a devolver a las empresas hasta 175.000 millones$ recaudados. 

Sin embargo, Trump ha activado una vía alternativa que le permitiría reintroducir los aranceles, aunque requiere previamente abrir investigaciones individuales sobre cada país al que se pretenda gravar. Mientras tanto, mantiene la capacidad de imponer temporalmente un arancel universal del 15%. Aunque ha amenazado con aplicarlo, por ahora solo ha ejecutado un gravamen del 10%.

Según explicó el Representante de Comercio, las investigaciones se iniciarán sobre más de una docena de economías, entre ellas la Unión Europea, China, México, India y Japón. Llama la atención que Canadá, por el momento, no figure entre los países investigados. Además, señaló que su intención es concluir los expedientes antes de que expiren los aranceles temporales actuales, lo que permitiría sustituirlos de forma inmediata.

OBS: China amenaza la hegemonía de EEUU

Por su parte, el informe Escenarios y tendencias geopolíticas que cambiarán el mundo en 2026, dirigido por el profesor de Entorno económico global de OBS Business School (grupo Planeta Formación y Universidades),   Eduardo Irastorza, defiende que "vivimos en el mundo la confrontación de dos modelos económicos: uno ultraliberal, con Argentina o EEUU como claros ejemplos, y otro decididamente intervencionista, con Rusia y China como sus máximos exponentes". Rusia y China, junto a Brasil o India, entre otras naciones, forman los llamados BRICS, "la más poderosa alianza del mundo, con unas cifras apabullantes que sacan los colores a las envejecidas economías y poblaciones occidentales. Juntos, estos países representan más de un tercio de la población mundial; son las economías con mayor crecimiento y más futuro y tienen las mayores reservas energéticas y minerales; además son unos poderosos generadores de tecnología avanzada. Si estos países estuviesen de acuerdo en todo, el mundo tendría que seguir su dictado; pero no es así y el resto de las potencias harán lo imposible para que así siga siendo".

China es hoy socio comercial preferente del mayor número de países de la Tierra, tiene la mayor flota comercial y una completa red de enclaves estratégicos para controlar su circulación tanto para su “Ruta de la Seda”, como para su “Collar de Perlas”.

EEUU es consciente de que su hegemonía está siendo amenazada y la va a defender cueste lo que cueste. Este es el motivo real de sus intervenciones en diferentes partes del mundo. En Latinoamérica, con la detención de Nicolás Maduro en Venezuela, sus interferencias en la política mexicana o la manutención económica de Argentina; todo ello en búsqueda de los recursos de petróleo, gas y minerales raros tan vitales para su reconquista delos mercados.

Europa por su parte es considerado por el presidente Trump su vasallo, y se aprovecha de la desunión de los miembros en campos tan importantes como el armamento o los bloqueos comerciales. Dinamarca es hoy el centro de la diana por su soberanía sobre Groenlandia, una isla vital para EEUU, China y Rusia no solo por sus enormes recursos sino también por su estratégica posición en la ruta del Ártico, que quieren desbloquear para ahorrar miles de kilómetros a los buques mercantes. Rusia cuenta con veinte rompehielos nucleares capaces de hacerlo; EEUU solo tiene uno. 

El resto de Europa es para Trump prácticamente inexistente. Francia ha reducido prácticamente a nada su peso internacional a pesar de su tradicional sentido de la autosuficiencia, y no sería de extrañar que EEUU quiera quedarse con las pocas islas del Pacífico Sur que todavía posee. Hungría, junto a otros países del Este, planta cara a los del oeste cada vez de manera más descarada y habla directamente con el presidente norteamericano. Y Ucrania puede servir a EEUU de moneda de cambio a la hora de contar con el apoyo de Rusia cara a un posible enfrentamiento con China.

En Oriente Medio, el cierre del estrecho de Ormuz debido a la guerra en Irán provocará la escasez de petróleo en Occidente (el 20% de la producción mundial pasa por él) y por tanto un aumento de los precios, que ya está ocurriendo. En estas circunstancias EEUU busca controlar toda la producción que queda, incluida la de Venezuela, y determinar los precios en todo el mundo. Además, obligará a que las transacciones se realicen en dólares. 

En el Lejano Oriente, EEUU sigue empleando Taiwan como su gran portaviones en el Mar de la China Meridional, pero sabe que tarde o temprano tendrá que ceder a las exigencias de Xi Jinping. Eso sí, no será antes de que haya conseguido su propia autonomía en producción de chips. El posible conflicto con China está ahora mucho más al norte, en el Ártico, y también mucho más al sur, en Myanmar.

Además, las guerras militares tradicionales ya no existen. Las batallas de hoy tienen lugar sobre todo en el terreno económico, el terrorismo, el ciberespacio y la manipulación de la opinión pública. El objetivo es el colapso del enemigo a todos los niveles: la inutilización de sus armas, la destrucción de su economía, la desaparición de su dinero, la paralización de todas sus estructuras, el desabastecimiento energético… y todo ello a solo un “click” de distancia. ¿Para qué romper algo valioso que puede ser tuyo? ¿Para qué robar fondos si los puedes transferir?¿Para qué matar gente si la puedes poner de rodillas?

El gasto militar orientado al ciberespacio se ha disparado en la última década y crece aritméticamente. De hecho, es la partida que más aumenta. Ya se han producido incluso maniobras para tantear el colapso de bolsas internacionales. Hace unos años, Israel destrozó con un ataque cibernético todas las centrifugadoras de uranio en Irán. Sencillamente las volvió locas con un troyano y además sin levantarse de su silla. Definitivamente, la “guerra virtual” es el futuro y la inmensa mayoría no estamos preparados para ella.

En el nuevo y difícil contexto, empresas como de Musk, Palantir de Thiel, Microsoft de Gates o Amazon de Bezos son las que sostienen los mercados financieros y reparten los mayores beneficios. Estos personajes poseen información de absolutamente todo el mundo y consideran la legalidad como una línea de defensa que pretende proteger a los que no entienden “su extraordinaria misión”. Por el momento, Trump juega a entenderse con ellos, pero mira con sospecha sus intenciones.

11Mar

Aunque este porcentaje es inferior al del régimen arancelario “recíproco”, sigue siendo muy superior al existente antes de 2025, cuando el tipo medio no superaba el 2,3 %. En la práctica, EEUU sigue manteniendo uno de los regímenes arancelarios más elevados de los últimos cien años.

Miguel Ángel Valero

El pasado 20 de febrero, el Tribunal Supremo de EEUU invalidó los “aranceles recíprocos” impuestos por la administración de Trump. Se trata de un importante revés legal, pero que no cambia el panorama general de la política comercial. EEUU sigue manteniendo sus aranceles históricamente elevados y el entorno sigue siendo inestable para las empresas, según señalan los expertos de Coface.

“La decisión del Tribunal Supremo supone un revés político para la Administración estadounidense. Sin embargo, EEUU sigue disponiendo de muchos instrumentos para mantener los aranceles elevados, lo que prolonga la incertidumbre para las empresas y el comercio mundial”, afirma Marcos Carias, economista para Norteamérica en Coface.

Si bien esta sentencia supone un revés político e institucional para la Casa Blanca, no implica una ruptura con la estrategia comercial seguida desde el regreso al poder de Donald Trump. La decisión solo se refiere a los aranceles basados en este marco jurídico específico y no cuestiona otras medidas existentes, en particular las específicas de determinados sectores.

En las horas posteriores a la decisión, la Administración estadounidense anunció su intención de recurrir al artículo 122 de la Ley de Comercio de 1974 para introducir nuevos aranceles temporales. Esta medida autoriza al presidente a aplicar recargos de hasta el 15% durante un período máximo de 150 días en caso de desequilibrios externos; actualmente se está aplicando el tipo adicional del 10%. Esta sustitución da lugar a una disminución limitada del tipo arancelario medio de los EEUU, que ahora se sitúa cerca del 14%. Aunque este porcentaje es inferior al del régimen arancelario “recíproco”, sigue siendo muy superior al existente antes de 2025, cuando el tipo medio no superaba el 2,3 %. En la práctica, EEUU sigue manteniendo uno de los regímenes arancelarios más elevados de los últimos cien años.

El fin de los aranceles “recíprocos” no se traduce en un alivio generalizado. El impacto varía considerablemente en función de los socios comerciales de EEUU y la estructura de sus exportaciones. Los países cuyas ventas al mercado estadounidense se concentran en gran medida en los sectores cubiertos por los aranceles de la Sección 232 — acero, aluminio, automóviles y equipos industriales — siguen soportando una elevada carga arancelaria. Éste es especialmente el caso de la Unión Europea, Japón y Corea del Sur, cuyas exportaciones industriales siguen estando en gran medida expuestas a medidas justificadas por motivos de seguridad nacional. Los principales socios norteamericanos, Canadá y México, aunque parcialmente protegidos por el T-MEC, también siguen penalizados en varios segmentos industriales clave.

Por el contrario, algunos países que anteriormente estaban sujetos a aranceles “recíprocos” especialmente elevados se benefician ahora de una relativa desgravación, con un recargo del 10 % aplicado en virtud del artículo 122.Varias economías del sur y sudeste asiático, como Vietnam, Bangladesh y Sri Lanka, están viendo así cómo disminuye significativamente su exposición arancelaria, ya que sus exportaciones están menos concentradas en los sectores cubiertos por la Sección 232. 

Esta reestructuración acentúa las diferencias entre los socios comerciales de EEUU y aumenta la complejidad de un panorama arancelario mundial cada vez más fragmentado.

La incertidumbre jurídica y política parece que va a seguir. Más allá del plazo de 150 días, quedan varias incógnitas. Para extender los aranceles, se necesitaría la aprobación del Congreso, algo políticamente delicado en vísperas de las elecciones de mitad de mandato. Además, sigue sin resolverse la cuestión del reembolso de los derechos recaudados bajo el régimen ahora invalidado. El proceso podría durar varios años, lo que alimentaría un clima de incertidumbre duradera para las empresas, sus cadenas de suministro y sus decisiones de inversión.

Crédito y Caución: impacto en la construcción

El carácter nacional del mercado de la construcción y las cadenas de suministro relativamente regionalizadas hacen que la construcción se haya visto más aislada del efecto de los aranceles estadounidenses y la incertidumbre comercial mundial que otras industrias. Sin embargo, se enfrenta a importantes amenazas que están lastrando su crecimiento, como la escasez de mano de obra y los elevados precios de los materiales, lo que provoca un fuerte impacto en los márgenes de beneficio y los plazos de entrega. 

Según un informe de Crédito y Caucion, el sector de la construcción crecerá un 2,3% en 2026 a nivel mundial. En el caso de Europa, se prevé que aumente un 1,6%. El subsector residencial se verá impulsado por las bajadas de los tipos de interés aprobadas por el Banco Central Europeo. En la zona euro y Reino Unido, los costes de los materiales seguirán siendo más elevados que en el pasado y la escasez de mano de obra es estructural. Ambas cuestiones repercuten negativamente en los márgenes de los constructores y en el riesgo crediticio de las empresas, que sigue siendo elevado en la mayoría de los mercados europeos. 

Es el caso de Francia, donde el sector carece de motores de crecimiento importantes y la inestabilidad política está afectando a su crecimiento, por lo que se espera que las insolvencias sigan siendo elevadas en los próximos meses. 

Otro de los países con mayor nivel de riesgo es Alemania, donde el rendimiento del sector sigue viéndose afectado por el débil crecimiento económico y el nivel de impagos sigue siendo alto. Entre enero y octubre de 2025, el número de insolvencias aumentó un 9,3% con respecto al año anterior.

Italia es otro de los mercados europeos donde el riesgo crediticio es mayor debido a la fluctuación de la demanda, la escasez de liquidez, la reticencia de los bancos a conceder préstamos y los pagos prolongados. En este contexto, se prevé que el riesgo de insolvencia se mantenga elevado debido a las debilidades estructurales y a las continuas tensiones financieras.

En el Reino Unido, muchos proyectos de construcción nuevos siguen retrasándose debido a contratos heredados, problemas en la cadena de suministro, inflación de precios y retrasos en la aprobación de las solicitudes de planificación. En los próximos meses, se espera cierta mejoría en la situación del riesgo crediticio del sector, pero las condiciones del mercado siguen siendo difíciles.

En definitiva, aunque el sector de la construcción no está afectado directamente por las nuevas tasas arancelarias y las tensiones geopolíticas, sí sufre su impacto de manera colateral. Los problemas comerciales mundiales han aumentado la incertidumbre empresarial, lo que ha provocado una reducción del gasto en construcción comercial en muchos países. Este hecho, unido a los altos costes de producción y la falta de mano de obra, están lastrando su crecimiento. Los países con mayores niveles de riesgo de crédito son Austria, Dinamarca, Francia, Hungría, Suecia, Turquía, Reino Unido y Corea del sur. 

11Mar

La mayor amenaza para Donald Trump no es ni Motjaba Jameneí ni los ayatolás sino empecinarse en un conflicto que no es prioritario para EEUU en un momento en el que el ciclo económico ha comenzado a dar alguna primera señal de debilidad.

Miguel Ángel Valero

Tras los ataques de EEUU e Israel, Irán ha decidido ejercer la máxima presión posible sobre el estrecho de Ormuz, enclave por el que circula el 30% del comercio mundial de crudo y el 20% del gas natural licuado, con el fin de provocar un shock en la oferta global de energía que frene bruscamente el crecimiento económico. El régimen iraní, conocedor de aquel viejo proverbio persa que afirma que la paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces, digiere sus enormes pérdidas militares y daños en infraestructuras sabiendo que el impacto económico de un cierre prolongado del estrecho no dejaría indemne ni a la mayor potencia del mundo. 

Con semejante jaque sobre el mayor núcleo de producción de energía de la Tierra –algo que no se veía desde la crisis del petróleo de los años 70–, bien merece cuestionarse si EEUU tiene realmente capacidad para afrontar una victoria pírrica, así como si las razones por las que su Gobierno se ha embarcado en el conflicto son verdaderamente inquebrantables. ¿Qué pretende conseguir Donald Trump con el asedio de Irán? ¿Liberar al país de una teocracia islámica salvaje? ¿Fulminar su programa nuclear? ¿Debilitar a China cortándole los suministros energéticos? Por encima de todo es fundamental tener en cuenta que mientras el régimen de los ayatolás supone un problema existencial para Israel, no lo es para EEUU, y menos a 8 meses de las elecciones legislativas norteamericanas sabiendo que Trump gestiona con pragmatismo y que, cuando la presión aflora, no tiene inconveniente en modificar su postura siempre que pueda seducir a sus votantes con un relato suficientemente triunfalista.

Por el momento, la capacidad militar de respuesta iraní se está viendo fuertemente afectada. Sus lanzamientos de misiles y drones han caído un 90% en comparación con el primer día y han consumido un 40% de su arsenal. Hasta ahora, los ataques no parecen haber afectado de forma significativa a las instalaciones energéticas. No obstante, la velocidad de producción se ha reducido en un 25% debido en buena parte a la falta de capacidad para almacenar combustible tras una semana de ausencia de tránsito en el estrecho.

El bloqueo del estrecho de Ormuz no se debe a un despliegue efectivo de la marina iraní, sino a la negativa de las navieras a circular con seguridad y a la imposibilidad de asegurar los fletes a un coste razonable. En este sentido, la US Development Finance Corporation ya se prepara para ofrecer coberturas de reaseguro por valor de 20.000 millones$ a las aseguradoras. Una medida que, si va acompañada de apoyo militar para escoltar a los petroleros, sentaría las bases de la apertura de Ormuz. 

Aunque la fuerte inestabilidad ha disparado los precios del petróleo violentamente hasta los 119,5 $/barril y del gas un +118%, la parte media y larga de la curva anticipan una reversión del conflicto bastante rápida. En el caso de los futuros del Brent a 6 meses, que son los que fundamentalmente se utilizan en el sector petroquímico, refino o aerolíneas, la subida es bastante más moderada y apenas alcanza los 77$ –un 5,5% más que el promedio de los últimos dos años–. 

Sin embargo, por más que todos estos factores atenuantes de la situación se puedan terminar tornando en contra de Estados Unidos, la mayor amenaza para Donald Trump no es ni Motjaba Jameneí ni los ayatolás sino empecinarse en un conflicto que no es prioritario para EEUU en un momento en el que el ciclo económico ha comenzado a dar alguna primera señal de debilidad. El mercado laboral poco a poco va perdiendo intensidad y se destruyeron 92.000 puestos de trabajo no agrícolas en febrero, la cifra más floja desde octubre con una tasa de paro que aumentó una décima hasta el 4,4%. 

Aunque sin duda atravesamos por un periodo agitado, la historia nos ha demostrado que los tiempos de guerra suelen ser malos momentos para precipitar decisiones en los mercados financieros. Por encima del corto plazo es importante mantener la calma, elevar la visión de largo plazo y tener en cuenta que, en el pasado, los conflictos bélicos han generado buenas oportunidades de compra. Por más volatilidad que se genere en el corto plazo, la revalorización mediana de la Bolsa 12 meses después de los principales conflictos bélicos que han ocurrido en los últimos 50 años es del +7,8%, con un periodo de 27 días hasta alcanzar mínimos y una mediana de 67 días para recuperar el 100% de la caída.

"En días como estos bien merece recurrir al Sang-e Sabur o Piedra de la Paciencia, la roca mágica a la que los persas confiaban sus sufrimientos, secretos y dolores. Ya saben que, según la creencia, la piedra absorbe todas esas sensaciones hasta que termina liberando al individuo de toda su carga emocional. Dejando aparte la enorme tristeza que producen todas las guerras, la lectura para las Bolsas no debería ser tan mala como nos dicta el corazón, particularmente para la norteamericana", reflexiona Joan Bonet, Director de Estrategia de Mercados y Asesoramiento de Banca March.

Tras el bálsamo que supusieron las declaraciones de Trump, en las que aseguraba que el conflicto armado en Irán concluirá pronto, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ultima el anuncio de una liberación conjunta de reservas estratégicas, la más ambiciosa de la historia, superando los 182 millones de barriles puestos en el mercado tras el estallido de la guerra en Ucrania. 

La AIE se creó en 1974 tras el choque provocado por el embargo petrolero árabe y su función principal es coordinar la política energética de los países miembros. Entre sus obligaciones destaca mantener reservas mínimas equivalentes a 90 días de importaciones netas de crudo. En total, los miembros disponen de 1.200 millones de barriles en reservas, además de otros 600 millones de carácter obligatorio. En precedentes similares, la liberación de estos inventarios generó cierto alivio temporal en los precios, siendo el ejemplo más representativo el de 1991, cuando se actuó de manera coordinada con EEUU durante los primeros días de la operación Tormenta del Desierto.

En la coyuntura actual, el simple rumor de esta posible intervención mantiene relativamente estables a los precios de la energía, pese al cierre continuado del estrecho de Ormuz y a que varios productores siguen frenando su actividad por la ausencia de salidas marítimas.

En cuanto a la evolución del conflicto, los ataques iraníes aumentaron ligeramente, aunque se mantienen un 87% por debajo de los niveles registrados al inicio de la guerra. Paralelamente, las ofensivas de EEUU e Israel continúan centradas en mermar la capacidad de lanzamiento y fabricación de misiles y drones.

Aunque las palabras de Trump trajeron algo de calma, siguen siendo insuficientes para dar por finalizados los episodios de volatilidad.

En ese sentido, preocupa que retrocede la confianza de las pymes estadounidenses. El índice realizado por el NFIB mostró un retroceso mayor de lo esperado y en febrero la confianza cayó hasta niveles de 98,8 desde el 99,3 previo y por debajo del 99,6 esperado. Con este descenso, el optimismo entre las pymes bajó hasta su menor nivel desde octubre, con apenas un 12% de las encuestadas señalando que pretende ampliar la plantilla en los próximos meses, el menor nivel desde mayo del año pasado y un indicador que apunta a que la contratación se mantendrá contenida.

Con el conflicto en Irán y su posible impacto sobre la inflación, los mercados han pasado de descontar dos recortes de tipos para este año a asignar una probabilidad del 60% a una subida en junio. En este contexto, y con la próxima reunión el próximo 19 de marzo, varios miembros del Banco Central Europeo se han pronunciado:

  • Christine Lagarde, presidenta del BCE, destacó que la Eurozona se encuentra en una posición más sólida y con mayor capacidad para absorber shocks. Reiteró que harán todo lo necesario para mantener la inflación bajo control y que, por ahora, no existe urgencia por modificar los costes de financiación.
  • François Villeroy, gobernador del Banco de Francia, consideró que todavía no es el momento de subir los tipos.
  • Madis Müller, gobernador de Estonia, admitió que han aumentado las probabilidades de un movimiento al alza en los tipos oficiales. No obstante, pidió calma hasta comprobar si el repunte de los precios de la energía es transitorio o persistente.
  • Su homólogo eslovaco, Peter Kažimír, adoptó una postura algo más contundente, sugiriendo que podría producirse una subida en abril o junio.

Retrocede la confianza de las pymes estadounidenses. El índice realizado por el NFIB mostró un retroceso mayor de lo esperado y en febrero la confianza cayó hasta niveles de 98,8 desde el 99,3 previo y por debajo del 99,6 esperado. Con este descenso, el optimismo entre las pymes bajó hasta su menor nivel desde octubre, con apenas un 12% de las encuestadas señalando que pretende ampliar la plantilla en los próximos meses, el menor nivel desde mayo del año pasado y un indicador que apunta a que la contratación se mantendrá contenida.

DWS: la diversificación es una prioridad absoluta

“A pesar de todos los riesgos, la mayoría de las clases de activos deberían seguir mostrando fortaleza este año, siempre y cuando el ciclo económico se mantenga intacto”, asegura Vincenzo Vedda, CIO de DWS. La amplia gama de riesgos hace que la diversificación sea una prioridad absoluta. "En la actualidad, existen muchos riesgos en el panorama mundial y, sin embargo, seguimos siendo optimistas y esperamos obtener rendimientos sólidos en la gran mayoría de las clases de activos en los próximos doce meses. Suponemos que los ataques contra Irán no se intensificarán hasta convertirse en un conflicto más amplio que podría elevar los precios del petróleo a niveles de 90$ por barril o más a largo plazo", señala el análisis de la gestora.

"También tenemos una visión constructiva del auge de la inteligencia artificial, aunque su capacidad para sorprender, tanto positiva como negativamente, quedó demostrada una vez más a principios de año, cuando las preocupaciones sobre el potencial de esta nueva tecnología se convirtieron en el motor de las mayores rotaciones sectoriales en renta variable desde la Gran Crisis Financiera de 2007/08. De hecho, debido a la incertidumbre que rodea a la IA, preferimos los mercados bursátiles europeos y japoneses, menos tecnológicos, al mercado estadounidense. Su descuento de valoración con respecto a EEUU debería reducirse con respecto a los niveles actuales, sobre todo teniendo en cuenta que esperamos que más inversores institucionales busquen una mayor diversificación geográfica", añade.

"No esperamos un repunte global clásico en 2026 y 2027, pero creemos que el crecimiento económico debería proporcionar una base suficientemente sólida para los mercados de capitales. También estamos tranquilos con respecto a la inflación. En Europa, la tasa de inflación debería caer hasta una media anual del 2 % en 2026; esperamos que EEUU alcance ese nivel solo en 2027. Por lo tanto, los tipos de interés oficiales son actualmente más altos en EEUU que en Europa, y esperamos que la Fed realice dos recortes más de tipos antes de marzo de 2027, mientras que es probable que el BCE mantenga los suyos sin cambios. El Banco de Japón sigue un rumbo muy diferente: sus intentos de 'normalización' de la política monetaria pueden implicar dos subidas más de tipos", argumenta.

Este entorno “ni demasiado caliente ni demasiado frío” para el crecimiento, la inflación y los tipos de interés oficiales, conocido como el escenario Goldilocks, es uno en el que las acciones y los bonos pueden obtener buenos resultados, ya que parece improbable que se produzcan pérdidas de precio debido a las subidas de los tipos de interés. "En la mayoría de las categorías de bonos esperamos un movimiento lateral. Los bonos corporativos siguen siendo atractivos, a pesar de los diferenciales de crédito muy bajos, gracias al entorno macroeconómico favorable y a la elevada demanda, aunque preferimos un enfoque selectivo en el segmento de alto rendimiento, donde vemos mayores riesgos idiosincrásicos", apunta.

"Mientras tanto, los mercados de renta variable parecen estar beneficiándose no solo del crecimiento económico y los tipos de interés moderados —el riesgo de que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años se mantengan por encima del 4,5% es muy bajo y, en cambio, esperamos una tasa de alrededor del 4% en un horizonte de 12 meses—, sino, sobre todo, de los beneficios. Esperamos un vigoroso crecimiento de los beneficios: entre el 6% y el 12 % en los mercados desarrollados y hasta el 20 % en los mercados emergentes. La fortaleza de los mercados de renta variable se ha ampliado recientemente y ya no depende predominantemente del sector tecnológico. Mientras el ciclo económico se mantenga intacto, creemos que el impulso positivo de los mercados de renta variable debería continuar. No obstante, sigue siendo muy probable que se produzcan retrocesos provocados por el nerviosismo en torno a la inteligencia artificial o por las consecuencias de los conflictos militares", insisten en la gestora del Deutsche Bank.

Si bien la geopolítica podría afectar a los mercados bursátiles, debería impulsar el oro y el petróleo. Sin embargo, en el caso del petróleo, "seguimos anticipando un exceso de oferta estructural, en el que el aumento de la demanda solo tendrá un impacto gradual a lo largo del año. No obstante, mantener abierto el estrecho de Ormuz, por el que circula una quinta parte de la demanda diaria de petróleo, es la hipótesis en la que se basa nuestra previsión del precio del petróleo de 66$ por barril en marzo de 2027. No obstante, existe el peligro de que Irán bloquee el estrecho durante un periodo más largo, o de que los buques lo eviten voluntariamente debido a los riesgos para la tripulación y la carga", matizan los expertos de DWS.

Al mismo tiempo,  el dólar ha perdido parcialmente su estatus de refugio seguro y es probable que se debilite con el tiempo.

Los expertos de DWS avisan de tres riesgos principales: 

  • la IA, 
  • la sostenibilidad de la deuda soberana, que podría convertirse en un problema en cualquier momento, pero es imposible predecir cuándo. 
  • la geopolítica, la regla es que la política solo suele tener un impacto duradero en los mercados cuando sus consecuencias se reflejan en los resultados de las empresas. 

"Nuestro escenario principal sigue siendo positivo para los próximos doce meses, ya que el aumento de los beneficios empresariales y la política monetaria acomodaticia deberían ayudar a los mercados", concluyen en DWS.

Lombard Odier: aumento limitado del petróleo, inflación y paro

El CIO Office Flash sobre el impacto económico del conflicto en Oriente Medio por regiones, elaborado por Samy Chaar, Chief Economist y CIO Switzerland de Lombard Odier, subraya que "nuestro escenario central, que prevé un aumento limitado del precio del petróleo, debería mantener mantener contenido el impacto en las principales economías. Este escenario base provocaría un aumento prácticamente insignificante de la inflación general y del desempleo en EEUU con una ligera desaceleración del crecimiento. La inflación en Europa y Asia también aumentaría solo de forma marginal".

En un escenario de riesgo, el crecimiento en EEUU y Europa sería menor, los tipos de interés en EEUU se mantendrían sin cambios y la inflación en Europa superaría el objetivo. El impacto en la economía suiza sería más limitado. Muchas economías asiáticas industrializadas y varios mercados emergentes serían vulnerables en un escenario de riesgo; China podría resistir mejor, aunque su crecimiento también se vería afectado.

11Mar

Las economías importadoras de combustible se enfrentan a una creciente vulnerabilidad externa, ya que los precios de la energía se mantienen altos durante más tiempo, lo que hace esencial reforzar su resiliencia económica general.

Miguel Ángel Valero

El conflicto de Oriente Medio lo invade todo: los mercados de bonos, especialmente la deuda soberana de los países sin autosuficiencia energética, las economías asiáticas, y las divisas latinoamericanas, por ejemplo. Pero sobre todo pone de manifiesto la vulnerabilidad energética de muchos países: el informe de Crédito y Caución Atradius identifica 63 países con facturas netas de importación de combustible que superan el 4% del producto interior bruto (PIB), muchos de los cuales son mercados emergentes que ya registran importantes déficits por cuenta corriente.

Mediolanum: gran parte del riesgo ya está descontado

Daniel Loughney, responsable de renta fija de Mediolanum International Funds (MIFL), analiza el impacto de la guerra de Oriente Medio sobre los mercados de bonos: "Hasta ahora, la deuda soberana ha sido la que ha demostrado un desempeño inferior, ya que las preocupaciones por la inflación han provocado el desmantelamiento de las previsiones de reducción de tipos de interés. De hecho, ahora se espera que el BCE endurezca la política monetaria en cerca de 50 puntos básicos (pb). Por tanto, los bonos a corto plazo han sido los más afectados, mientras que los de mayor vencimiento sufrieron menos. Los diferenciales de crédito de grado de inversión (IG) y high yield se mantuvieron estables durante la primera parte de la semana pasada, pero ahora han comenzado a ampliarse ante la preocupación de que un conflicto prolongado y la interrupción del suministro de petróleo afecten al crecimiento".

"La mayor tensión se observa en aquellos países con menor autosuficiencia energética. Así, vemos que Europa tiene un desempeño inferior al de EEUU, por ejemplo. Además, los mercados menos líquidos están rindiendo peor que los mercados líquidos; en Europa, por ejemplo, Alemania está superando a los países semiperiféricos y periféricos. La amenaza al crecimiento se percibe de manera más marcada en la deuda soberana de los mercados emergentes, que se está ampliando en relación con la deuda de los mercados desarrollados", añade.

"Por sectores, defensa y energía están teniendo el mejor desempeño, mientras que financieros y tecnología son los que peor rinden. El sector financiero se ve afectado por mayores rendimientos soberanos y una curva de tipos más plana, mientras que tecnología está más influenciada por la volatilidad en los mercados de crédito privado, aunque el software se ha visto previamente beneficiado por la financiación mediante crédito privado", apunta.

¿Qué deberían hacer los inversores más conservadores ante este escenario? "Los inversores conservadores no deberían reaccionar de manera exagerada. Gran parte del riesgo a la baja ya ha sido descontado bajo la suposición de un conflicto prolongado. Cualquier indicio de resolución en la próxima semana podría provocar cierta reversión de los movimientos de la semana pasada, de los cuales los inversores podrían beneficiarse", contesta.

Crédito y Caución: vulnerabilidad macroeconómica de los importadores de energía

El  Energy Outlook de Crédito y Caución Atradius avisa de una desaceleración estructural en la transición energética mundial que aumentará la vulnerabilidad macroeconómica de los países importadores de energía. El informe muestra que la demanda de petróleo y gas alcanzará su punto máximo más tarde de lo previsto, y que los precios de los combustibles fósiles se mantendrán altos durante más tiempo. Este cambio representa un riesgo económico creciente para las regiones que dependen de la energía importada.

Según el análisis de la aseguradora de Crédito, las economías importadoras de combustible ya no pueden confiar en la tendencia a la baja de los precios mundiales del petróleo y el gas, asumida durante mucho tiempo, para aliviar la presión sobre sus balances externos. Las recientes subidas de precios relacionadas con las tensiones geopolíticas, incluido el conflicto en Oriente Medio, ya han puesto de manifiesto esta vulnerabilidad. El informe identifica 63 países con facturas netas de importación de combustible que superan el 4% del producto interior bruto (PIB), muchos de los cuales son mercados emergentes que ya registran importantes déficits por cuenta corriente.

En este sentido, Niels de Hoog, economista senior de Atradius, señala que "con la ralentización de la transición energética y el desarrollo de la guerra en Oriente Medio, muchas economías emergentes se encuentran una vez más a merced de las fluctuaciones de los precios mundiales del petróleo. Y cuando desglosamos los factores que impulsan sus facturas de importación de combustible, queda claro que la disminución estructural de la dependencia del combustible es aún demasiado modesta para protegerlas".

Las mejoras en la eficiencia energética han sido históricamente el principal factor que ha reducido la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles. Sin embargo, se prevé que estos avances se debiliten, lo que dejará a los países cada vez más expuestos al aumento del los precios del combustible. Los progresos en materia de energías renovables siguen siendo débiles para reducir de forma significativa la demanda de combustibles fósiles, ya que la electrificación del transporte pesado, la industria y la calefacción avanza con demasiada lentitud.

Los escenarios esbozados en el informe Energy Outlook indican que más de la mitad de los países importadores de energía analizados podrían experimentar un deterioro de su balanza por cuenta corriente para 2035. Es probable que el impacto sea aún más pronunciado en economías ya vulnerables, como Túnez, Pakistán y Líbano. Por ello, las economías importadoras de combustible necesitan urgentemente una estrategia de resiliencia más amplia. Además de acelerar la inversión en energías renovables nacionales y ampliar la electrificación, los países deben reforzar su capacidad de exportación, mejorar su competitividad y reducir su dependencia de las importaciones no energéticas. 

"La ralentización de la transición energética mundial debe considerarse una clara advertencia. Las economías importadoras de combustible se enfrentan a una creciente vulnerabilidad externa, ya que los precios de la energía se mantienen altos durante más tiempo, lo que hace esencial reforzar su resiliencia económica general en los próximos años", concluye De Hoog.

UBS: impacto sobre las economías asiáticas

El UBS CIO Daily señala que, con los flujos de energía a través del Estrecho de Ormuz interrumpidos, las economías asiáticas deben afrontar la posibilidad de resultados muy divergentes. Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: "cuanto más tiempo se mantenga el petróleo crudo cotizando a precios elevados, mayor será el impacto negativo para Asia y más intensa podría ser la rotación entre clases de activos. La historia demuestra que los picos breves en el precio del petróleo rara vez causan daños económicos duraderos, pero una disrupción prolongada podría desencadenar efectos inflacionarios de segunda ronda y subidas de tipos por parte de los bancos centrales”.

“La resiliencia del SGD puede atribuirse a la capacidad fiscal de Singapur para compensar el aumento de los precios de la energía, así como a la política del banco central de utilizar una moneda fuerte para contrarrestar la inflación”, matizan Teck Leng Tan, estratega, y Dominic Schnider, responsable global de FX y materias primas.

“Los datos comerciales de China superaron significativamente las expectativas en los dos primeros meses del año. Este sólido inicio del comercio ofrece un colchón a corto plazo frente a las presiones de la demanda interna y respalda la tendencia de apreciación del CNY”, aporta Yifan Hu, Director de Inversiones para Gran China.

“El Banco Nacional Suizo (SNB) probablemente mantendrá su tipo de interés oficial sin cambios en el 0% en su próxima evaluación de política monetaria el 19 de marzo, a pesar de las mayores presiones de apreciación sobre el franco suizo”, apuntan Maxime Botteron y Alessandro Bee, economistas.

Ebury: el dólar se aprecia hasta un 4% sobre las divisas latinoamericanas

Las divisas latinoamericanas continúan siendo lastradas por el movimiento 'risk-off' (fuera riesgos), acelerado con el conflicto de Oriente Medio. El real brasileño y el peso colombiano deberían ser las divisas que mayor resiliencia muestren durante las tensiones geopolíticas de Oriente Medio, ya que son exportadores netos de petróleo. A pesar de ello, "lo que estamos observando de momento es una apreciación del dólar de entre el 1%-4% frente a las divisas latinoamericanas que cubrimos, dado el giro que se ha producido en los mercados globales hacia los activos refugio", subraya un análisis de Ebury.

El peso chileno se muestra especialmente vulnerable al ser uno de los mayores importadores netos de petróleo de entre los mercados emergentes. Además, el peso que tiene la energía en el IPC nacional es relativamente superior al de otros países. En Perú, las disrupciones locales en el suministro de gas natural han agravado aún más la situación.

  • Real brasileño (BRL): ha corregido sus caídas en las dos últimas sesiones, pero sigue habiéndose depreciado un 1,5 % frente al dólar desde que escaló el conflicto en Oriente Medio. Como exportador neto de petróleo, el real brasileño debería verse menos impactado que otras divisas de mercados emergentes por la reciente subida del petróleo. Sin embargo, no ha salido completamente ilesa de la huida generalizada hacia activos y divisas refugio como el dólar. En cuanto a los datos económicos, que han estado completamente eclipsados por el conflicto geopolítico, el crecimiento del PIB brasileño del 4º trimestre salió en línea con las expectativas, registrando una modesta expansión del 0,1% intertrimestral. Esto es un claro reflejo de los elevados tipos de interés establecidos en Brasil, que también creemos que han provocado una cierta desaceleración en el mercado laboral últimamente: la tasa de desempleo repuntó al 5,4%, si bien sigue cerca de mínimos históricos. A futuro, seguimos creyendo que el banco central de Brasil dará comienzo al ciclo de recortes este año, pero quizás actúe con más cautela mientras perdure el conflicto.
  • Peso chileno (CLP): está siendo una de las divisas más afectadas por el conflicto, y ya no solo a nivel regional. La posición de Chile como importador neto de petróleo, junto con la caída del precio del cobre ante una posible menor demanda global han sido los principales factores detrás de la depreciación del peso, que superó el 4% la semana pasada. Ante el riesgo de un repunte inflacionario si el conflicto se prolonga y si los precios del petróleo se mantienen elevados, los mercados de swaps han ajustado drásticamente sus expectativas de recortes de tasa del Banco Central de Chile para este año. Hace apenas unas semanas se descontaba un recorte en la próxima reunión con una probabilidad cercana al 70%; ahora esa cifra ha caído hasta alrededor del 25%. En consecuencia, es razonable anticipar un banco central cauteloso en su próxima Reunión de Política Monetaria, a pesar de la reciente desaceleración de la inflación observada en febrero. Mientras persista la incertidumbre geopolítica y no aparezcan señales claras de desescalada, el peso chileno, al igual que otras monedas de mercados emergentes, seguirá bajo presión bajista.
  • Peso colombiano (COP): también ha sido una de las divisas más resilientes de Latinoamérica desde que estalló el conflicto en Irán al ser un exportador neto de petróleo. Pero también ha perdido terreno frente al dólar (algo más de un 1%) ante la huida generalizada de los activos y divisas de riesgo. Las elecciones parlamentarias celebradas durante el fin de semana no parecen haber tenido un impacto significativo en el tipo de cambio, habiéndose producido la fragmentación política que se esperaba. Pacto histórico se erigió como la fuerza política con mayor representación en el Congreso, mientras que el buen resultado de Paloma Valencia le sitúa en una buena posición para luchar contra De la Espriella por el voto de la derecha. Dado el elevado porcentaje de indecisos, el potencial resultado de las presidenciales sigue generando incertidumbre en el mercado local, lo cual podría añadir una prima de riesgo sobre el peso.
  • Peso mexicano (MXN): ha caído más de un 3% frente al dólar desde el estallido del conflicto. Ante la posibilidad de una mayor inflación, los mercados han dejado de descontar bajadas de tipos por parte de Banxico. Además de la evolución del crudo y las tensiones geopolíticas, los mercados seguirán de cerca las negociaciones del T-MEC, cuyo inicio está previsto para la semana que viene (varios meses antes de lo previsto). En parte, esto podría ser una noticia positiva para la economía mexicana dado que la incertidumbre comercial se podría disipar antes de lo previsto. Sin embargo, el impacto neto en la economía y el peso chileno dependerá en gran medida del contenido del acuerdo que se ratifique. Por ello, cabe esperar cierta volatilidad añadida en las próximas semanas entorno al peso mexicano.
  • Sol peruano (PEN): ha caído casi un 4% desde los primeros ataques de EEUU e Israel sobre Irán, depreciándose a niveles que no observábamos desde finales de septiembre. Como importador neto de petróleo, Perú se muestra vulnerable a este shock energético. Si bien partía de unos niveles de inflación más favorables que otros países, la fuga en un gasoducto al sur del país está provocando una escasez severa, provocando el racionamiento de la energía en distintos sectores. Cabe esperar un repunte significativo de la inflación en las próximas mediciones, que se corregirá parcialmente una vez se repare la fuga. Se cree que esto podría tardar dos semanas aproximadamente. En este sentido, será interesante analizar cómo responde el banco central a esos acontecimientos en la reunión de esta semana.