11Jan

El colapso del rial iraní, que ha marcado mínimos históricos frente al dólar, disparando el precio de los alimentos y agravando una inflación ya asfixiante, es el detonante de las movilizaciones ciudadanas, que evidencian un desgaste político y social.

Miguel Ángel Valero

Las protestas en Irán que están teniendo lugar desde finales de diciembre de 2025 son una nueva ola de movilización masiva contra el régimen, originada por la crisis económica y que ha derivado rápidamente en consignas directas contra el líder supremo y el sistema de la República Islámica. La respuesta de las autoridades está siendo muy dura, con decenas de muertos, miles de detenidos y un fuerte bloqueo de internet para dificultar la organización y el flujo de información.

Las manifestaciones comenzaron el 28 de diciembre en el Gran Bazar de Teherán, impulsadas por la inflación, el aumento del coste de la vida y el descontento de comerciantes y clases populares. En pocos días se extendieron a numerosas ciudades del país (Teherán, Mashhad, Qeshm, Zanyán, entre otras), convirtiéndose en la mayor ola de protestas en más de tres años.

Lo que empezó como protesta económica ha pasado a ser una contestación política abierta, con gritos de “muerte al dictador” y lemas contra el ayatolá Ali Jamenei y el aparato de la República Islámica. En varios barrios de Teherán se han escuchado consignas a favor de la antigua dinastía Pahlavi y llamamientos a poner fin al régimen actual, lo que indica un rechazo más estructural al sistema.

Organizaciones de derechos humanos como HRANA e Iran Human Rights hablan ya de "centenares" de muertos en estos días, también miembros de las fuerzas de seguridad, lo que refleja choques muy violentos. Hay miles de  detenidos, y médicos y ONG denuncian heridos por disparos y uso creciente de fuerza letal por parte de Guardia Revolucionaria y otras fuerzas vinculadas al régimen.

El Estado ha impuesto un bloqueo casi total de internet y restricciones de comunicaciones para impedir la coordinación de las protestas y la difusión de vídeos, repitiendo un patrón visto en anteriores episodios de movilización. Las autoridades judiciales y religiosas han advertido que quienes participen en las protestas pueden ser acusados de “enemigos de Dios”, un cargo que conlleva potencialmente la pena de muerte, y la televisión estatal califica cada vez más a los manifestantes de “terroristas” o “vándalos”.

Donald Trump ha expresado apoyo retórico a los manifestantes y ha advertido a Teherán de una posible respuesta si se produce una represión masiva, mientras el régimen acusa a potencias extranjeras de estar detrás del estallido.

Estas protestas se consideran las más importantes desde las movilizaciones de 2022 tras la muerte bajo custodia de Mahsa Amini y se producen en un momento de debilidad interna para Irán: sanciones reforzadas, tensiones militares con Israel y desgaste económico y social acumulado.

Irán vuelve a entrar en una fase de tensión interna que va mucho más allá de un episodio esporádico de protesta. El detonante ha sido económico: el colapso del rial iraní, que ha marcado mínimos históricos frente al dólar, disparando el precio de los alimentos y agravando una inflación ya asfixiante. Pero el trasfondo es estructural.

El líder supremo, Alí Jamenei, ha reconocido públicamente que las quejas de la población son legítimas. Un gesto poco habitual. Sin embargo, ese reconocimiento ha ido acompañado de un mensaje claro: el régimen distingue entre “protesta” y “disturbio”, y a estos últimos promete aplastarlos sin contemplaciones. Diálogo con quien protesta; represión para quien desafía el orden.

Las manifestaciones comenzaron en los centros comerciales de Teherán y se extendieron rápidamente a otras regiones del país. Comercios cerrados, concentraciones espontáneas y un creciente malestar que refleja algo más profundo que la caída de la moneda. Años de sanciones, aislamiento internacional y un pulso permanente con Occidente han deteriorado el nivel de vida y erosionado la paciencia social. La economía ha sido el desencadenante, pero el desgaste es político y social.

La respuesta internacional no ha tardado en añadir presión. Donald Trump ha amenazado con apoyar a los manifestantes, lo que ha provocado una reacción inmediata de Teherán, prometiendo una respuesta “rápida y decisiva” ante cualquier interferencia externa. El régimen iraní vuelve a recurrir a un patrón conocido: atribuir la agitación interna a enemigos extranjeros para reforzar el control interno. Mientras tanto, el balance humano empieza a crecer. Hay muertos, cientos de detenidos y un clima de confrontación que recuerda que, en Irán, las crisis económicas rara vez se resuelven solo con ajustes financieros. Siempre terminan cruzándose con la estabilidad del poder.

"Lo que está ocurriendo en Irán no es solo una revuelta por el precio de los alimentos o por una moneda que se hunde. Es el reflejo de un sistema atrapado entre una población cada vez más presionada y un régimen que solo sabe responder endureciendo el control. El riesgo no es tanto un estallido inmediato, sino una erosión constante que convierte cada crisis económica en una amenaza política. Y en ese contexto, cualquier chispa (interna o externa) puede tener consecuencias regionales mucho más amplias", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

09Jan

El primer año del segundo mandato como presidente de EEUU termina con el peor diciembre para el empleo en una década. En 2025 las empresas crearon 584.000 puestos de trabajo, frente a los más de 2 millones en 2024.

Miguel Ángel Valero

Las elecciones de medio mandato o 'midterms' en EEUU, que se celebran el martes siguiente al primer lunes de noviembre (este año, el 3 de noviembre), renuevan toda la Cámara de Representantes (435 escaños, de los que ahora 220 son republicanos) y 35 escaños del Senado (donde los republicanos suman 53 de 100). Y son clave para que Donald Trump pueda seguir imponiendo su agenda política. Una derrota que suponga perder el actual control de las dos cámaras convertiría al actual presidente de EEUU en un 'pato cojo' y le situaría bajo la amenaza de un 'impeachment' o destitución (se necesita mayoría simple en la Cámara de Representantes y dos tercios en el Senado).

Los republicanos ya piensan en esas elecciones, también Trump, pero con resultados distintos. Por un lado, el Senado aprobó una resolución que prohíbe al presidente nuevas acciones militares en Venezuela sin previa aprobación del Congreso. La votación mostró 52 votos a favor (todos los demócratas más cinco republicanos: Susan Collins, Todd Young, Lisa Murkowski, Rand Paul y Josh Hawley) contra 47. Es el primer revés significativo a la política de Trump tras la polémica operación que capturó a Nicolás Maduro.

La resolución del Senado invoca la Ley de Poderes de Guerra y reafirma el rol constitucional del Congreso en decisiones bélicas.  Trump la calificó de "estupidez" e "inconstitucional", amaga con vetarla, y critica a los republicanos disidentes, afirmando que "ninguno debería ser reelegido jamás" por limitar su autoridad como comandante en jefe y perjudicar la seguridad nacional.

Por otro, la Cámara de Representantes ha aprobado la extensión de los subsidios de atención médica hasta tres años, el principal punto de fricción entre demócratas y republicanos. Estas ayudas, vinculadas a la Ley de Atención Médica Asequible (Affordable Care Act, también conocida como Obamacare) expiraron a finales de 2025. El programa, creado para ofrecer cobertura más asequible a personas con bajos ingresos, beneficia a unos 24 millones de estadounidenses. El vencimiento de los subsidios se convirtió en el eje del debate en el Congreso y desencadenó el cierre gubernamental más prolongado de la historia, después de que los demócratas utilizaran su voto como herramienta de negociación. 

Finalmente, la Cámara aprobó la medida con 230 votos a favor (entre ellos, 17 republicanos) y 196 en contra. Este resultado representa una victoria simbólica para los demócratas, que han logrado presionar a la mayoría republicana en un asunto central en la agenda política. Además, las encuestas muestran que el acceso a la atención médica es una de las principales preocupaciones de los votantes. 

En cualquier caso, la propuesta aprobada por la Cámara de Representantes debe obtener el visto bueno del Senado, cuya mayoría republicana se inclina por una extensión inferior a los 3 años planteados.

Por su parte, la Administración Trump ha ordenado a Fannie Mae y Freddie Mac comprar 200.000 millones$ en bonos hipotecarios, como esfuerzo para reducir los costes de la vivienda. Las dos entidades financieras, patrocinadas por el Gobierno desde la crisis de 2008, se dedican a emitir y gestionar bonos respaldados por hipotecas. Actualmente existen alrededor de 9 billones$ en bonos hipotecarios emitidos por agencias, por lo que la operación representaría poco más del 2% del mercado. Aun así, se estima que esta demanda adicional podría reducir los diferenciales en hasta 0,25 puntos, lo que se traduciría en tipos hipotecarios más bajos para los hogares estadounidenses.

Además, Trump anuncia en Truth Social que aprobará medidas inmediatas para prohibir a grandes inversores institucionales y fondos de inversión comprar viviendas unifamiliares, con el objetivo de facilitar el acceso a éstas y preservar el "sueño americano". La medida busca priorizar a compradores individuales sobre corporaciones, culpando a la inflación previa por el encarecimiento de las viviendas. "Las personas viven en las casas, no las corporaciones", argumenta.

La cotización de gestoras como Blackstone y BlackRock cayeron hasta el 5% tras el anuncio de Trump, reflejando preocupación en el sector inmobiliario. Pero los expertos dudan de su efectividad real para bajar precios, ya que los inversores institucionales representan una porción limitada del mercado inmobiliario residencial, y creen que es un gesto político ante las preocupaciones de los ciudadanos norteamericanos sobre el difícil acceso a una vivienda.

El peor diciembre para el empleo en una década

Mientras, la productividad crece a su mayor ritmo de los últimos dos años: en el tercer trimestre se aceleró el 4,9% trimestral anualizado, por encima del +4,1% anterior. En este contexto, los costes laborales –lo que pagan las empresas a sus empleados por producir cada unidad de producto– ha caído un 1,9% en el trimestre y se revisaron a la baja los datos previos mostrando ahora un retroceso del -2,9%. Es la primera vez desde 2019 que se registran dos trimestres consecutivos de reducción de los costes laborales. 

Diciembre sumó 50.000 nuevos puestos de trabajo, según la Oficina de Estadísticas Laborales, frente a los 70.000 previstos. Es el peor diciembre en una década (excluido el año de la pandemia). El paro baja una décima, hasta el 4,4%, pero ha subido 4 desde enero de 2025.

Las empresas estadounidenses crearon 584.000 puestos de trabajo en 2025, la menor cifra desde 2003, sin contar con el año de la pandemia, y lejos de los más de 2 millones de contrataciones en 2024. Crece el empleo en los servicios de comida y bebida (+27.000), atención médica (+21.000) y servicios sociales y asistencia, pero se destruyen 25.000 en el comercio minorista, básico en la economía de EEUU. Los datos demuestran el impacto de los aranceles en las pymes de EEUU.

El empleo en el gobierno federal se mantuvo prácticamente sin cambios en diciembre. Desde que alcanzó un pico en enero, el empleo en el gobierno federal disminuyó en 277.000 contratos, o un 9,2%, por el plan de recorte de gastos de la Administración, DOGE, que Trump puso en manos de Elon Musk, hasta que ambos chocaron por la reforma fiscal y el fundador de Tesla renunció.

Por su parte, el déficit comercial se sitúa en octubre en los 29.400 millones$, el 39% menos que en septiembre, por el 3,2% menos de importaciones, sobre todo de productos farmacéuticos y de oro. Es el mejor dato desde 2009. Pero tolo lo relacionado con el comercio exterior sigue mostrando una elevada volatilidad, ya que las estadísticas están muy afectadas por el efecto anticipación de las compras ante posibles subidas de los aranceles. En octubre, las compras de productos farmacéuticos fueron las menores desde julio de 2022, por la anticipación de las compras a septiembre debido a la amenaza de subidas de aranceles, que finalmente no se aplicaron.

DWS: las expectativas de inflación se correlacionan con el precio del petróleo

La agitación en Venezuela ofrece un ejemplo de referencia sobre cómo las crisis del petróleo y los metales pueden repercutir en la inflación y los tipos de interés, a medida que la transición energética reescribe las antiguas reglas del mercado. Tras la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sigue habiendo mucha incertidumbre, especialmente en lo que respecta a las materias primas mundiales.

A pesar de que el país cuenta con las mayores reservas demostradas de petróleo crudo del mundo, la producción lleva un cuarto de siglo en declive. Los yacimientos de bauxita, mineral de hierro, níquel y oro también parecen ser considerables, aunque nadie parece saber con certeza cuál es su tamaño exacto. Esto convierte los acontecimientos políticos en Caracas en un interesante caso de estudio para un cambio de régimen “diferente”. A medida que se acelera la transición energética y los metales cobran mayor importancia, los antiguos patrones que vinculan la geopolítica, las expectativas de inflación y los tipos de interés están llamados a cambiar.

El gráfico aportado por DWS ilustra el mecanismo tradicional, que últimamente ha vuelto a acaparar la atención del mercado. Las tasas de inflación de equilibrio son la diferencia entre los rendimientos de los bonos indexados a la inflación y los nominales. Suelen considerarse un indicador de las expectativas de inflación en el mercado de bonos. Curiosamente, estas expectativas de inflación guardan una estrecha correlación con el precio del petróleo, como muestra el gráfico. 

Hay dos razones que explican esta relación estrecha, pero inestable:

  • En primer lugar, los precios del petróleo influyen directamente en la inflación general de los precios al consumo a través de los costes de la energía y el transporte.
  • En segundo lugar, los precios del petróleo transmiten información en tiempo real sobre la demanda de una amplia gama de hogares y empresas.

Por lo tanto, una bajada de los precios del petróleo suele traducirse en una debilidad más generalizada de la demanda agregada, lo que indica un posible descenso del crecimiento y una bajada de los rendimientos.

Según esa lógica, la mera perspectiva de una renovación del suministro puede enfriar los precios del crudo, lo que reduciría la inflación de equilibrio a 10 años en EEUU. No importa que nadie sepa aún quién, a qué coste y en qué plazo podría restaurar el deteriorado sector de los hidrocarburos de Venezuela. Como muestra el gráfico, la sensibilidad no es fija; depende en gran medida de si los inversores esperan que los bancos centrales fijen la inflación. Si es así, los bancos centrales pueden pasar por alto las crisis petroleras, a menos que sean extremas. Por eso. los responsables políticos se centran en la inflación subyacente, que excluye la energía y los alimentos, que son volátiles.

Otras materias primas, y quizá el petróleo en el futuro, muestran un patrón diferente. Los metales industriales se utilizan principalmente como insumos para bienes de capital. A diferencia del petróleo, las crisis de precios de los metales afectan de manera persistente a la inflación subyacente y general, especialmente en las economías expuestas a través de las redes de producción. El encarecimiento de los metales se filtra a través de la maquinaria y la electrónica, lo que hace que la inflación subyacente sea persistente; las crisis del petróleo afectan principalmente a la inflación general. 

La historia demuestra lo complicadas que pueden ser las transiciones. El cambio del aceite de ballena al queroseno y los hidrocarburos en el siglo XIX fue caótico, volátil y llevó décadas. “Las crisis de suministro de metales rara vez se producen al mismo tiempo, y sus efectos sobre la inflación pueden ser menos visibles, pero más persistentes”, argumenta Johannes Müller, director de research de DWS. “Pero cuando se trata de acontecimientos geopolíticos, cada vez más se debe mirar más allá del precio del petróleo a la hora de considerar las implicaciones a largo plazo para la inflación”, resalta.

UBS recomienda bonos de calidad y diversificación

Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense bajaron, ya que las ofertas de empleo y los datos de nóminas privadas en EEUU apuntaron a una mejora gradual de las condiciones del mercado laboral, mientras que Trump anunció la compra de 200.000 millones$ en bonos hipotecarios. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años se situó en el 4,18%.

Los expertos de UBS creen que otro recorte de tipos de interés por parte de la Reserva Federal este trimestre impulsaría los bonos de calidad, que siguen desempeñando un papel clave en la generación de ingresos de cartera para los inversores: "Esperamos que los bonos de calidad de duración media generen rentabilidades de un solo dígito medio este año". 

Los índices de bonos gubernamentales de alta calidad y duración media han arrojado resultados dispares en las últimas semanas, ya que los inversores equilibran las decisiones de los bancos centrales con la persistente preocupación por la inflación y la sostenibilidad de la deuda pública. Sin embargo, con una combinación de atractivos rendimientos iniciales y la posibilidad de que bajen ante la flexibilización de la Reserva Federal, "esperamos rentabilidades respetables gracias a una combinación de rendimiento y apreciación del capital". 

Los indicadores técnicos se mantienen sólidos a pesar de la emisión récord de bonos. Las ventas globales de bonos tuvieron su inicio de año más activo hasta la fecha, con corporaciones y gobiernos de EEUU, Europa y Asia habiendo obtenido préstamos por unos 245.000 millones$ en diversas divisas hasta el 7 de enero. En EEUU, las empresas con grado de inversión ('investment grade') han recaudado casi 90.000 millones en lo que va de semana, la mayor cantidad desde mayo de 2020. Sin embargo, aunque se espera una mayor emisión de bonos, los ajustados diferenciales de los bonos corporativos sugieren que el apetito de los inversores por el crédito se mantiene.

"Dados los estrechos diferenciales de crédito y la incertidumbre en torno a la deuda pública, creemos que es esencial un enfoque diversificado para la generación de rendimientos. Además de los bonos gubernamentales de alta calidad y los bonos corporativos con grado de inversión, los inversores que buscan ingresos pueden considerar deuda de alto rendimiento y de mercados emergentes para ayudar a mejorar su rendimiento. Asimismo, vemos valor en las estrategias de renta variable, las inversiones estructuradas generadoras de rendimiento y una exposición selectiva al crédito privado", insiste el análisis de UBS.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, señala: “Si bien unos tipos más bajos pueden hacer que las oportunidades de rentas sean cada vez más escasas, creemos que los bonos de calidad seguirán desempeñando un papel importante como fuente de rentabilidad y diversificación, junto con otras estrategias orientadas a mejorar los ingresos”.

Sobre la prohibición a los inversores institucionales de la compra de viviendas unifamiliares, en UBS señalan: "creemos que el impacto de los grandes inversores en la asequibilidad general de la vivienda está sobreestimado". Los datos muestran que las instituciones poseen solo una pequeña parte del mercado (el 0,5% de los aproximadamente 103 millones de viviendas unifamiliares y solo el 3,6% de las viviendas unifamiliares en alquiler). Los principales impulsores de la disminución de la asequibilidad siguen siendo el rápido crecimiento de los precios de la vivienda, el aumento de las tasas hipotecarias y la limitada construcción de viviendas nuevas. "A medida que continúa el debate antes de las elecciones, esperamos más propuestas políticas, pero no anticipamos cambios significativos a corto plazo en la estructura del mercado de alquiler de viviendas unifamiliares", añaden.

08Jan

El mensaje global que se lanza es inquietante: si eres lo suficientemente fuerte, puedes imponer tu ley. Lo más peligroso no es que esto ocurra. Es que empiece a parecernos normal.

Miguel Ángel Valero

Lo de Venezuela no es un cambio de gobierno. Es la confirmación de un cambio de época. La caída de Nicolás Maduro y su sustitución por Delcy Rodríguez (presentada como presidenta “interina”, pero en la práctica como una pieza funcional dentro de una transición teledirigida desde Washington) es el tipo de acontecimiento que obliga a releer el mapa entero. "Porque aquí no estamos ante una presión internacional clásica, ni ante una transición pactada, ni ante un proceso avalado por consensos multilaterales. Estamos ante algo mucho más incómodo: una demostración de fuerza convertida en método", señala el analista Pablo Gil en The Trader.

El relato oficial se apoya en la justicia penal estadounidense y en la figura del narcotraficante perseguido. Pero cuesta creer que ése sea el verdadero motor. No porque el narcotráfico no exista, sino porque el premio es demasiado grande como para reducirlo a una cuestión moral o judicial. Venezuela es el país con más reservas de petróleo del mundo. Y ese dato, por sí solo, explica muchas cosas. Aunque lo realmente revelador es la paradoja: tener petróleo no te convierte en potencia energética si no puedes extraerlo.

La industria petrolera venezolana lleva años destruida desde dentro. Falta de inversión, infraestructuras obsoletas, oleoductos y gasoductos deteriorados, ausencia de seguridad jurídica, fuga de talento y un crudo especialmente complejo: pesado, con alto contenido en azufre y muy caro de refinar. Extraer un barril en Venezuela puede costar hasta diez veces más que en Arabia Saudí. En un entorno de precios relativamente bajos, eso lo cambia todo. Porque la cuestión deja de ser cuántas reservas tienes y pasa a ser cuánto te cuesta convertirlas en dinero. Esto explica también por qué las grandes petroleras internacionales han mostrado históricamente tan poco entusiasmo. Venezuela no es un yacimiento: es un proyecto de reconstrucción industrial, financiera y política. Decenas de miles de millones serían necesarios solo para levantar mínimamente el sector. Y, aun así, Trump no ha optado por influir. Ha optado por mandar. Lo que deja claro que el petróleo no es solo un negocio, sino un instrumento geopolítico.

Para Trump, Venezuela no es solo la caída de una dictadura. Es una pieza del hemisferio occidental, y eso implica una regla no escrita, pero muy clara: esa región es territorio estratégico estadounidense. El mensaje va dirigido directamente a China y a Rusia. La vieja idea de “América para los americanos” regresa sin complejos, sin diplomacia y sin disfraces. Washington no está dispuesto a tolerar potencias rivales, ganando influencia, recursos o posiciones estratégicas en lo que considera su zona de control natural. Por eso no sorprende que, tras la operación, el discurso se haya centrado en el “acceso total” al país y en el control de la transición. No es diplomacia. Es tutela. Un sheriff a distancia con palancas claras: embargo petrolero, sanciones, reconocimiento internacional y la amenaza explícita de derrocar también a la marioneta si no obedece.

Lo verdaderamente importante es lo que este episodio revela sobre el orden mundial. Durante décadas hemos vivido en un sistema imperfecto, a menudo hipócrita, pero con una liturgia clara: resoluciones, marcos legales, negociaciones, organismos multilaterales. Se respetaban las formas, aunque luego se forzaran los contenidos. Ahora ya no.

La operación en Venezuela no se articula bajo el paraguas de Naciones Unidas ni busca un consenso internacional real. Hay hechos consumados. Y eso marca un cambio profundo: el derecho internacional deja de ser un árbitro y pasa a ser un recurso retórico. Se invoca cuando conviene y se ignora cuando estorba.

Y aquí aparece la paradoja más inquietante. Trump no está tan lejos del resto de grandes actores como muchos quieren creer. Vladímir Putin lleva años demostrando en Ucrania que las fronteras se miden en capacidad militar, no en tratados, con los países bálticos siempre en el horizonte. Xi Jinping considera Taiwán una cuestión de tiempo, no de principios. Israel actúa en Gaza bajo su propia lógica de seguridad, asumiendo que la legitimidad se discute después, cuando los hechos ya están sobre la mesa. Conflictos distintos, narrativas diferentes, pero una misma conclusión de fondo: el poder legitima los hechos. El más fuerte decide. Y las normas solo pesan mientras no interfieran con los intereses estratégicos.

Esto nos lleva a un escenario cada vez más evidente: un reparto tácito del mundo. No firmado, no anunciado, pero real. Zonas de influencia, líneas rojas implícitas y una aceptación silenciosa de que cada potencia actúe en su esfera mientras no provoque una escalada incontrolable. No hay un gran acuerdo. Hay miedo a cruzar ciertos límites.

En este contexto, Venezuela es un precedente muy potente. Demuestra que se puede decapitar un liderazgo de forma rápida, venderlo como operación legal interna y asumir que la condena internacional no alterará el resultado. Y cuando algo funciona, se convierte en modelo. Por eso aparecen en el radar otros objetivos como Groenlandia. No es solo la isla. Es la señal. Si el método funciona en Caracas, ¿hasta dónde puede llegar en otros escenarios? Quizá no con tanques, pero sí con presión política, económica y estratégica. El mensaje está lanzado.

Europa, mientras tanto, queda en una posición especialmente delicada. No solo por su falta de cohesión o por una política exterior débil. Hay un problema aún más profundo: no existe una figura que represente a Europa con fuerza y respeto internacional. No hay un liderazgo claro capaz de sentarse de tú a tú con Washington, Moscú o Pekín. En un mundo que vuelve a girar en torno a personalidades fuertes, Europa aparece diluida, fragmentada y reactiva. Y eso tiene un coste. Porque en un orden basado en la fuerza, no basta con tener razón. Hay que tener poder, determinación y liderazgo para defenderla.

"Venezuela no es el origen de este nuevo orden mundial, pero sí una prueba evidente de que ya hemos cruzado el umbral. El sistema basado en reglas compartidas, arbitraje internacional y equilibrios multilaterales se está descomponiendo. En su lugar emerge otro mucho más preocupante, donde la fuerza vuelve a ser el argumento definitivo", subraya este experto.

"Entiendo la emoción de muchos venezolanos al ver caer a quien consideran un tirano. Es imposible no empatizar con un pueblo agotado por décadas de miseria, miedo y exilio. Pero el método importa. Y el mensaje global que se lanza es inquietante: si eres lo suficientemente fuerte, puedes imponer tu ley. Lo más peligroso no es que esto ocurra. Es que empiece a parecernos normal. Que asumamos que la soberanía es flexible, que las fronteras son negociables y que el derecho internacional es solo un decorado útil cuando conviene. Mi sensación es que entramos en una era donde los fuertes marcan el ritmo, los débiles se adaptan y los que dudan quedan fuera de la partida. Y Europa, si no reacciona, corre el riesgo de vivir bajo las reglas que otros están escribiendo. Porque en la geopolítica del siglo XXI, quien no tiene poder para defender su visión del mundo, termina aceptando la visión del mundo de otro", avisa.

Groenlandia tiene una posición estratégica

La insistencia de Donald Trump en hacerse con Groenlandia ya no suena a ocurrencia provocadora ni a titular diseñado para agitar titulares. En su segundo mandato ha pasado de la insinuación a la presión explícita. Y el contexto importa. La reciente intervención de EEUU en Venezuela ha encendido todas las alarmas en Europa, especialmente en Dinamarca, de la que depende este territorio autónomo que insiste en que no está en venta.

Durante años, Copenhague trató el asunto como una excentricidad más de Trump. Hoy ya no. La presión diplomática se ha intensificado, el embajador estadounidense ha sido llamado a consultas en varias ocasiones y, por primera vez, los servicios de inteligencia daneses han llegado a señalar a EEUU como un posible riesgo para su seguridad. Algo impensable hace solo unos años entre aliados históricos.

¿Por qué Groenlandia? La respuesta es menos extravagante de lo que parece. Su posición geográfica es estratégica: controla accesos clave al Atlántico Norte y al Ártico, una región cada vez más relevante por el deshielo, las nuevas rutas comerciales y la competencia directa con China y Rusia. Además, la isla alberga ya la base aérea más septentrional de Estados Unidos y sistemas de radar críticos para la defensa antimisiles y la vigilancia espacial. Desde la óptica de Washington, ampliar el control sobre Groenlandia reforzaría de forma decisiva su presencia militar en una zona que será central en la geopolítica de las próximas décadas.

Trump, como es habitual, mezcla argumentos estratégicos con un discurso simplista. Asegura que Dinamarca no invierte lo suficiente en la protección de la isla y presenta su interés como una cuestión de seguridad nacional. Ya lo intentó en 2019, cuando habló abiertamente de “comprar” Groenlandia como si se tratara de una operación inmobiliaria. Hoy el tono es distinto. Más duro. Más directo. Y acompañado por hechos que demuestran que está dispuesto a ir mucho más lejos de lo que muchos creían.

Pero hay un elemento clave que eleva este conflicto a otra dimensión y que no conviene minimizar. Dinamarca y el resto de la Unión Europea que la respalda son aliados de Estados Unidos dentro de la OTAN. Groenlandia está cubierta por el artículo 5 de defensa colectiva. Cualquier intento de presión extrema (y más aún una acción unilateral) no sería un conflicto externo, sino una fricción directa entre socios militares.

El simple hecho de abrir ese escenario ya es profundamente desestabilizador. Obliga a Europa a plantearse hasta dónde llega la fiabilidad del paraguas estadounidense y rompe uno de los pilares básicos de la Alianza: que las tensiones entre aliados se resuelven internamente y nunca mediante amenazas. En el peor de los casos, una escalada podría provocar una crisis existencial en la OTAN, forzando a los países europeos a posicionarse entre Washington y uno de los suyos.

Y aquí aparece el gran beneficiado colateral: Vladímir Putin. Un bloque occidental dividido, con desconfianza interna y debates sobre garantías de seguridad, es exactamente el escenario que el Kremlin lleva años intentando provocar. No necesita mover ficha. Le basta con observar cómo la cohesión atlántica se erosiona desde dentro. Cada duda europea sobre el compromiso real de EEUU es un punto a favor de Rusia en Ucrania, en el Ártico y en el equilibrio geopolítico global.

Conviene además no analizar este episodio de forma aislada. Groenlandia encaja en una secuencia más amplia. Trump ya tensó la relación con Canadá al insinuar, en tono nada casual, que su integración como el estado 51 de EEUUs sería una salida lógica dada su dependencia económica y de seguridad de Washington. No fue una broma ni una frase suelta, sino un aviso envuelto en ironía. Tras la caída de Maduro, esa misma lógica se ha trasladado a Colombia, Cuba e incluso México, con mensajes directos y sin demasiados matices. No es improvisación. Es una forma muy concreta de ejercer el poder basada en la presión constante, el hecho consumado y la redefinición unilateral de las reglas.

Durante años, muchos interpretaron “America First” como una retirada de EEUU del mundo. Una vuelta al aislacionismo para centrarse en lo doméstico y cumplir con el lema de “Make America Great Again”. Lo que casi nadie anticipó es que, en la visión de Trump, ese repliegue no implicaba menos poder hacia fuera, sino todo lo contrario.

"Groenlandia encaja en una lógica mucho más imperial que aislacionista. No se trata de liderar alianzas ni de sostener el orden internacional, sino de apropiarse (por la vía militar, económica o política) de aquello que se considera estratégico para los intereses de EEUU. Aunque eso implique presionar a aliados, tensar tratados o vaciar de contenido las reglas que han sostenido el equilibrio global durante décadas. Ése es el verdadero cambio de fondo. Y también el riesgo. Porque cuando la primera potencia del mundo deja de actuar como garante del sistema para comportarse como un actor más, pero con una fuerza descomunal, el problema ya no es solo Groenlandia. Es el precedente que se crea para todo lo que venga después", avisa Pablo Gil.

Columbia  Threadneedle: muchas razones para ser optimistas

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, destaca que las acciones de EEUU para destituir al presidente venezolano Maduro fueron algo sorpresivas, a pesar de haber presenciado un aumento de la presencia militar en los últimos meses y ver cómo atacaba presuntos cargamentos de droga. Pocos esperaban la velocidad y el alcance de la medida, pero obviamente las acciones se planificaron con mucho tiempo de antelación. "Lo que vendrá después está por verse", apunta.

Desde el punto de vista de los mercados financieros, todo parece ir bien, con ligeros movimientos marginales en cuanto a la búsqueda de refugios seguros: el dólar, el franco suizo y el oro. El precio del petróleo ha bajado, una tendencia significativa. Venezuela posee el 18 % de las reservas mundiales de petróleo, pero solo representa alrededor del 0,8% del suministro mundial (la mayor parte de sus exportaciones se destina a China), por lo que no se esperan interrupciones significativas. Sin embargo, si se desbloquean las exportaciones y el petróleo venezolano fluye hacia los mercados globales, podría convertirse en una tendencia significativa, aunque llevará tiempo. Es evidente que el presidente Trump desea que las empresas estadounidenses faciliten esta tendencia, pero esto llevará varios años.

Cuando se producen shocks geopolíticos, los mercados tienden a sufrir una caída inicial antes de que los fundamentales se reafirmen rápidamente. "Creo que esta medida, desde la perspectiva de la Administración estadounidense, podría ser beneficiosa: se avecinan elecciones de mitad de mandato, y la bajada de los precios del petróleo y de los tipos de interés será beneficiosa desde el punto de vista electoral", señala.

"Desde una perspectiva geopolítica, los acontecimientos ponen de relieve la creciente polarización entre las superpotencias políticas, cada una de ellas cada vez más dispuesta a tomar medidas que muestran poco respeto por el Derecho internacional o las normas de los últimos 70 años. Se está eludiendo por completo la autoridad de organismos internacionales como Naciones Unidas, y resulta interesante que el gobierno estadounidense haya optado por ignorar también a su propio Congreso. Por ahora, los poderes del Congreso estadounidense siguen limitados, aunque esto bien podría cambiar tras las elecciones de mitad de mandato", advierte.

Los cambios geopolíticos sirven de recordatorio a los líderes europeos de la necesidad de unidad y de aumentar su propio gasto en defensa en un momento en que el antiguo orden mundial de la «Pax Americana» posterior a la Segunda Guerra Mundial está llegando a su fin.

"Creo que debemos ser positivos desde el punto de vista de los mercados y, a pesar de la incertidumbre geopolítica actual, las perspectivas siguen siendo optimistas: el crecimiento global es resiliente y el estímulo fiscal para extender el ciclo en EEUU, Europa y Japón está en marcha o en proceso de implementación. La política monetaria sigue siendo favorable, dado que esperamos más recortes de tipos en EEUU y el Reino Unido en los próximos meses. En Japón, la narrativa se basa en nuevas subidas que se implementarán de forma lenta y constante. En el contexto de un sólido crecimiento de las ganancias, aún vemos muchas preguntas en torno a los aranceles, la inteligencia artificial y las elevadas valoraciones, pero debemos recordar que los fundamentales siguen siendo favorables y que las perspectivas económicas globales para 2026 son relativamente optimistas. En resumen, hay muchas razones para ser optimistas en este momento", concluye este experto.

Trump quiere un 50% más de gasto en Defensa

Por otra parte, Trump ha propuesto un incremento significativo en el gasto de defensa de cara a los presupuestos de 2027. Su planteamiento contempla un aumento del 50% en la partida destinada a defensa, elevándola hasta los 1,5 billones$, lo que supondría el mayor incremento del gasto militar en la historia del país. Con esta subida, el presupuesto militar estadounidense igualaría el gasto total actual de la OTAN, donde EEUU representa aproximadamente dos tercios del desembolso.

No obstante, Trump lanzó críticas hacia los grandes contratistas de defensa americanos, advirtiendo que, para acceder a nuevos contratos, deberán cesar la recompra de acciones, reducir el reparto de dividendos, limitar la remuneración de los altos ejecutivos y redirigir estos recursos hacia el fortalecimiento de capacidades: más fábricas y mayor inversión en investigación y desarrollo. 

Estas exigencias, que han provocado caídas significativas en el sector de defensa de EEUU, con retrocesos en compañías como Lockheed Martin (-4,8%), Northrop (-5,5%) o el grupo RTX (-2,2%), responden al persistente retraso en las entregas que arrastra el sector, así como a la creciente preocupación por no quedar rezagados frente a las nuevas tecnologías bélicas que se están desplegando en conflictos como el de Ucrania, entre ellas vehículos autónomos, drones y sistemas avanzados de defensa.

Más allá de esto, para que la propuesta se materialice, deberá obtener la aprobación del Congreso, donde los demócratas se muestran escépticos, especialmente tras las tensiones generadas por el recorte del gasto en sanidad, uno de los factores que provocó el reciente cierre del Gobierno. Por ello, es posible que el ambicioso plan resulte excesivo y que finalmente se opte por cifras más moderadas como objetivo definitivo.

La reacción del sector ha sido negativa debido a las nuevas restricciones, aunque un nuevo incremento global en el gasto militar podría favorecer a empresas de otras regiones (Indra ha llegado a subir en Bolsa). Pese al buen comportamiento del sector el año pasado (+51%), los analistas siguen considerando que la tendencia alcista en el gasto en defensa se mantendrá en los próximos trimestres, con EEUU también decidido a reforzar sus capacidades militares.

Ebury:“La reacción de los mercados de divisas seguirá siendo moderada”

El año nuevo ha arrancado con gran revuelo tras la impactante captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por parte de las fuerzas estadounidenses. Sin embargo, la reacción inicial de los mercados de divisas ha sido moderada. Las principales divisas están cotizando prácticamente sin cambios con respecto al cierre del viernes, salvo por un modesto repunte del dólar y el franco suizo, que suelen actuar como activos refugios en períodos en los que aumenta la aversión al riesgo. Los precios del petróleo han caído ligeramente ante la expectativa de que el suministro venezolano aumente la oferta global. Si bien la volatilidad de las divisas latinoamericanas podría aumentar estos días, el aislamiento de Venezuela bajo el régimen chavista ha limitado, de forma general, las repercusiones de estos acontecimientos. Por ahora, las divisas y los mercados financieros siguen teniendo como foco principal la política monetaria, la inflación y los datos de crecimiento. "Aunque aún hay mucha incertidumbre sobre lo que le deparará a Venezuela, creemos que la reacción de los mercados seguirá siendo moderada estos días", señalan en Ebury.

  • USD Los datos económicos durante las vacaciones no cambiaron significativamente el panorama de un mercado laboral con bajos niveles de contratación y despidos, y un crecimiento económico estable. Esta semana se publicarán datos de empleo y culminará con el informe de nóminas no agrícolas de diciembre, el viernes. Las predicciones de los economistas sobre esta cifra crítica están inusualmente dispersas, pero la mediana se sitúa en torno a los 60.000 puestos de trabajo netos creados. Se trata de un nivel bastante mediocre pero, de confirmarse, debería ser suficiente para que la Fed se abstenga de recortar los tipos en su reunión de este mes. La incertidumbre en torno a la composición del Comité Federal de Mercado Abierto será clave para los mercados. Trump ya ha declarado que tiene la intención de anunciar un nuevo presidente a finales de este mes, y la pugna parece estar muy reñida entre los dos Kevins: Hassett y Warsh. En cualquier caso, quienquiera que sea el designado, sin duda compartirá el entusiasmo de Trump por bajar los tipos de interés. 
  • EUR El calendario económico e institucional durante las vacaciones fue aún más tranquilo en la zona euro, y la moneda también se movió muy poco. Los mayores cambios se observaron durante la jornada bursátil asiática del lunes, cuando los inversores reaccionaron a las noticias del fin de semana pujando al alza por el dólar, considerado un valor refugio, frente a la mayoría de las divisas. Aunque cabría esperar que el EUR/USD siga bajando si la inquietud geopolítica se intensifica en los próximos días, parece que la volatilidad está bastante controlada por ahora. La inflación general y subyacente se han moderado en diciembre, como hemos podido observar este martes. Por otro lado, las expectativas de crecimiento para 2026 se han revisado al alza en general. El ciclo de recortes de tipos ha terminado, y el BCE podría empezar a plantearse subirlos antes de que termine 2026, lo que debería provocar una apreciación gradual de la moneda única. 
  • GBP La libra esterlina apenas se movió frente a sus homólogas durante las vacaciones de Navidad, ya que se publicaron pocos datos destacables y no se produjeron decisiones ni discursos importantes en materia de política monetaria. Los mercados están descontando poco más de un recorte adicional por parte del Banco de Inglaterra en 2026. Esto implica que la libra podría verse sustancialmente respaldada gracias al amplio diferencial de tipos con respecto al Banco Central Europeo, al menos hasta que este último empiece a plantearse subidas. Cabe reconocer que esto puede suceder antes de que lo haga el Comité de Política Monetaria británico. Sin embargo, seguimos mostrándonos cautelosos con respecto a la libra este año, dado el conjunto de riesgos bajistas que acechan a la economía británica, y prevemos que continúe el crecimiento que hemos observado en 2025. Esto debería ser suficiente para que la libra esterlina le siga el ritmo al euro, a medida que las divisas europeas se fortalecen frente al dólar estadounidense.

Transporte y logística: gran impacto de los aranceles

Por otra parte, el impacto de los aranceles en la actividad comercial está siendo especialmente significativo en el sector del transporte y la logística. Crédito y Caución ha revisado a la baja la previsión de crecimiento de la producción con respecto a las estimaciones realizadas hace un año, que lo situaban en el 3,7%. Sin embargo,  se prevé ahora que el sector finalice 2026 con un repunte del 2,4%. 

Las nuevas tarifas arancelarias están provocando una reacción en cadena en todas las etapas de la economía de bienes, repercutiendo en una menor producción y transporte de materias primas. Las importaciones estadounidenses procedentes de China han disminuido y la demanda mundial de contenedores en 2026 se enfrenta a un futuro incierto. Esto está generando una reducción de los costes de transporte. 

En este contexto, la zona euro es uno de los mercados que cuenta con peores perspectivas de crecimiento ya que se espera que en 2026 este sector experimente un ligero repunte del 0,9%. La desaceleración se debe principalmente a la lentitud que se está produciendo en la recuperación industrial. Aunque el sector demostró cierta resistencia en el primer semestre de 2025 por la anticipación de pedidos ante la amenaza de los aranceles, la llegada de las nuevas tarifas y la creciente competencia china han comenzado a lastrar la producción industrial, el comercio y la inversión. 

Reino Unido es el mercado que presenta mejores previsiones de crecimiento. Sin embargo, la actual escasez de personal obstaculiza la actividad y el crecimiento del sector. Además, en el transporte por carretera, el aumento de los salarios, los gastos de sustitución de vehículos y los precios del combustible están reduciendo los márgenes comerciales, lo que afecta a la salud financiera de las empresas. Además del déficit de mano de obra, el sector se enfrenta a otros retos como la volatilidad del precio del petróleo o los riegos geopolíticos, ya que el subsector marítimo depende en gran medida de la libertad de navegación. Las tensiones crecientes o los conflictos armados podrían provocar también perturbaciones.

Los nuevos estándares de sostenibilidad requieren una inversión significativa, tanto a medio como a largo plazo. Esto creará oportunidades, pero también supone un riesgo para las empresas que no puedan o no quieran.

07Jan

Una onza de plata compra más de un barril de petróleo por primera vez desde 1975, destaca Pictet. Y UBP ve probable que el oro llegue a los 5.000$ la onza.

Miguel Ángel Valero

Comienza la nueva etapa de Venezuela bajo control de EEUU. Donald Trump, a través de su red social Truth, anuncia que "las Autoridades Provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad". Como la industria petrolera venezolana apenas produce un millón de barriles diarios, la cifra anunciada por el presidente de EEUU representa unos 50 días. 

“Este petróleo se venderá a su precio de mercado, y yo, como Presidente de los EEUU, controlaré ese dinero para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo venezolano y de EEUU”, añade Trump. A los precios actuales del West Texas Intermediate (WTI), supone unos 2.800 millones$.

Sin inversiones que incrementen su capacidad de producción, Venezuela deberá reducir lo que vende a China, a Rusia, y a Cuba, entre otros, para satisfacer la demanda de Trump. Porque la parte que vende a EEUU a través de Chevron se supone intocable. La petrolera de EEUU lleva un siglo haciendo negocios en Venezuela y ya está aumentando significativamente su actividad allí.

La administración Trump ha comunicado a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, que su gobierno debe asociarse exclusivamente con EEUU en la producción de petróleo y dar preferencia a este país en la venta de crudo pesado. También exige que reduzca sus vínculos con China, Rusia, Irán y Cuba, lo que tendría un impacto significativo en Pekín, principal destino de las exportaciones venezolanas desde que Washington impuso sanciones al sector petrolero en 2019. El crudo venezolano es particularmente idóneo para las refinerías chinas, que dependen de materias primas pesadas para procesos de conversión. A finales de 2025, más del 80% de las exportaciones venezolanas se dirigían a China, a menudo mediante intermediarios.

Además, Trump convocará, previsiblemente la semana que viene, una reunión con los responsables de Energía de su Administración para diseñar una estrategia que atraiga inversiones de empresas petroleras occidentales en Venezuela. El secretario de Energía, Chris Wright, a quien Trump ha ordenado que ejecute "de inmediato" el plan de envío a EEUU de los 50 millones de barriles de petróleo venezolano, será también el encargado de esa estrategia.

Pictet: efectos positivos para los metales preciosos

Por otra parte, ya llegan los primeros análisis de la situación creada por los ataques de EEUU a Venezuela. César Pérez, director global de inversiones en Pictet WM, estima efectos positivos para los metales preciosos -que ya en 2025 ha subido muy por encima de la renta variable-; aunque relativamente negativos para el precio del petróleo. 

2025 ha sido positivo para la renta variable, con el índice mundial MSCI All Countries habiendo subido el 22,9% en dólares. Peo se ha visto superado por los metales preciosos, favorecidos por los aranceles, las tensiones geopolíticas y las preocupaciones fiscales. Oro, plata y platino han subido el 65, 147 y 125% respectivamente en el año. Actualmente una onza de plata compra más de un barril de petróleo por primera vez desde 1975.

El caso es que el riesgo geopolítico ha aumentado con la situación en Venezuela y los metales preciosos, incluso tras su histórico repunte en 2025, son claros ganadores, pues los inversores los consideran una cobertura vital frente a la volatilidad y la incertidumbre económica.

En cuanto los mercados petroleros globales el impacto depende del grado de implicación de EEUU. Los precios pueden caer si se levantan las sanciones estadounidenses. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, casi el 17%, 304.000 millones de barriles, pero, debido a las sanciones, contribuye con menos del 1% a la producción global. Solo produce 0,96 millones de barriles/día, cuando en 1998 alcanzó casi tres millones/día. Si las compañías petroleras estadounidenses comienzan a reparar la infraestructura la producción petrolera de Venezuela puede aumentar en dos a cinco años. A largo plazo, puede ser positivo para las empresas con activos en el país o que fueron confiscados o alterados.

Unos menores precios del petróleo pueden reducir la rentabilidad de la deuda soberna, si bien el efecto puede ser de corto plazo. En cuanto a renta variable, al posible efecto positivo de una ligera menor rentabilidad a vencimiento de la deuda soberana se opone el aumento del riesgo geopolítico.

UBP: el oro puede llegar a los 5.000$ onza

 Peter Kinsella, jefe global de estrategia de divisas en UBP, destaca que tras los acontecimientos en Venezuela, los precios del oro subieron con fuerza, marcando nuevos máximos por encima de 4.430$ por onza. Se trata de un aumento notable, especialmente si se tiene en cuenta que la semana pasada los precios habían caído a niveles apenas superiores a 4.300. Este repunte es un claro recordatorio de que el oro sigue viéndose favorecido por un telón de fondo de tensiones geopolíticas, y que puede subir en cualquier momento —o cuando menos se espera. 

Algunos inversores podrían considerar que la situación en Venezuela es un hecho aislado, pero es poco probable que así sea. Existen otros regímenes donde las grandes potencias tienen intereses enfrentados (como Cuba e Irán, por ejemplo), lo que implica que el oro seguirá ofreciendo una cobertura excepcional frente a las tensiones geopolíticas actuales y futuras. 

El principal evento para el oro esta semana vendrá desde el lado macroeconómico de EEUU. La publicación de los datos del mercado laboral será crucial, con varias referencias clave: JOLTS, ADP y las nóminas no agrícolas (NFP). El informe JOLTS puede arrojar luz sobre las perspectivas de contratación, en particular sobre las intenciones de las empresas a la hora de contratar. Una caída en la tasa de renuncias (quit rate) sería favorable para el oro, ya que indicaría que los trabajadores estadounidenses están perdiendo confianza y optan por permanecer en sus empleos en lugar de cambiar. 

Cualquier desaceleración en los salarios medios por hora reflejados en el informe NFP también beneficiaría al oro, pues podría empujar a la Reserva Federal a adoptar una postura más acomodaticia a corto plazo. 

La principal advertencia a nuestra visión constructiva sobre el oro se encuentra en su perfil de volatilidad. Las volatilidades implícitas a un mes cotizan actualmente en torno al 21%, un nivel extremadamente elevado tanto en términos absolutos como relativos. En los últimos meses, el oro ha tendido a corregir cuando la volatilidad supera el 20%, ya que los asesores de trading de materias primas (CTA) aprovechan los picos de volatilidad para reducir exposición al contado. 

Tanto el precio al contado como la volatilidad se encuentran en niveles altos, y resulta interesante que la previsión de los analistas para el 4º trimestre de 2026 se sitúe en 4.600$ por onza, "exactamente igual que nuestra propia estimación. Creemos que existen riesgos alcistas más allá de ese nivel, con potencial para alcanzar los 5.000$ por onza", avisa.

Natixis: un rápido repunte de la producción de petróleo es poco realista

El equipo de análisis de Natixis CIB ha realizado el seminario virtual ‘Venezuela, ¿qué vendrá después?’, con Benito Berber, economista jefe para América; Bernard Dahdah, analista de metales y minería; Joel Hancock, analista de energía; y Christopher Hodge, economista jefe para Estados Unidos. Subrayan que, a pesar de poseer las mayores reservas de crudo del mundo, Venezuela está produciendo actualmente muy por debajo de sus máximos históricos. Por eso, las expectativas a corto plazo de un rápido repunte de la producción son poco realistas. Por el contrario, las sanciones, las restricciones logísticas, los límites de almacenamiento y la incertidumbre política apuntan a un mayor riesgo de perturbaciones a corto plazo.

En lo referente a metales y minería, destacaron: “Venezuela cuenta con importantes recursos minerales, entre los que se incluyen mineral de hierro, bauxita, níquel, oro, cobre, zinc y elementos de tierras raras. Sin embargo, es fundamental distinguir entre recursos geológicos y reservas comercialmente viables. La actividad actual está dominada por operaciones artesanales, muchas de ellas asociadas a grupos vinculados al régimen, con una producción de oro estimada entre 50 y 70 toneladas anuales”. 

Una expansión significativa en el sector de los minerales estratégicos requeriría inversiones a gran escala en minería y refinación,  acceso a financiación, un marco jurídico y judicial predecible e infraestructuras de transporte, energía y puertos.

División sobre Groenlandia

En relación con el deseo de Trump por anexionar Groenlandia, existen discrepancias en el seno de su propia Administración respecto a la estrategia a seguir. El secretario de Estado, Marco Rubio, resta importancia a la posibilidad de una acción militar y asegura que el objetivo es comprar la isla a Dinamarca. Por el contrario, la portavoz de la Casa Blanca afirma que el uso de la fuerza militar sigue siendo una opción y subraya que adquirir Groenlandia constituye una prioridad de seguridad nacional. 

Mientras tanto, los líderes europeos emitieron una declaración conjunta advirtiendo que EEUU debe respetar la integridad territorial de Groenlandia y de Dinamarca y recuerda que la región está bajo el paraguas de defensa colectiva de la OTAN.

06Jan

La paradoja que sufre el presidente de EEUU es evidente: quiere liderar el futuro con la inteligencia artificial mientras dinamita el único camino que permite alcanzarlo a tiempo, las energías renovables.

Miguel Ángel Valero

Desde que volvió a la Casa Blanca, Donald Trump insiste en que quiere convertir a EEUU en la superpotencia absoluta de la inteligencia artificial (IA). Para Trump, la IA es un asunto de seguridad nacional y un motor económico capaz de redefinir el futuro del país. Por eso está acelerando la construcción de centros de datos a una velocidad nunca vista. Pero, al mismo tiempo, su administración está levantando muros contra las energías renovables, atacando la solar y la eólica con la misma intensidad con la que defiende el gas, el carbón y la nuclear.

El problema es que ambas cosas no pueden coexistir. El sueño de dominar la IA requiere cantidades gigantescas de electricidad (más que cualquier tecnología anterior), y los datos muestran que la forma más rápida, más barata y escalable de producir toda esa energía no es el gas ni la nuclear, sino precisamente las renovables a las que Trump desprecia. La paradoja es evidente: quiere liderar el futuro mientras dinamita el único camino que permite alcanzarlo a tiempo.

El crecimiento del consumo eléctrico es brutal. El despliegue masivo de modelos de IA, la expansión de los grandes centros de datos y la electrificación industrial están empujando la demanda a niveles que equivalen a alimentar cientos de millones de nuevos hogares en apenas una década. Y la respuesta del sector energético es unánime: si EEUU quiere tener suficiente electricidad entre 2025 y 2035, necesita construir solares, eólicas y baterías a un ritmo acelerado. Ninguna otra tecnología llega a tiempo. Ni el gas, que sufre escasez de turbinas y retrasos de suministro. Ni la nuclear, cuyos pequeños reactores modulares, no estarán disponibles hasta finales de la década, como mínimo. Ni el carbón, totalmente fuera de mercado por coste y tiempos de construcción. 

El gráfico aportado por el analista Pablo Gil en The Trader muestra la previsión de capacidad añadida acumulada necesaria durante la próxima década.

Sin embargo, casi todos los proyectos renovables de gran escala están siendo bloqueados, ralentizados o revisados por la administración Trump, que ha convertido la política energética en una guerra ideológica. Mientras tanto, en la trastienda, las grandes tecnológicas están haciendo lo contrario: Meta, Amazon, Google y Microsoft están firmando contratos masivos para asegurar energía limpia durante los próximos años, porque saben que sin ella sus centros de datos no podrán funcionar. Solo en el primer semestre de 2025 contrataron 9,6 gigavatios de energía renovable, suficientes para abastecer a más de siete millones de hogares.

La contradicción es total: Trump promete liderar la revolución tecnológica, pero sus decisiones energéticas están poniendo en riesgo la única vía realista para sostenerla. Defender el gas y la nuclear le permite alimentar el discurso político, pero no la infraestructura necesaria para que la IA sea viable. Y mientras la Casa Blanca se dedica a denunciar la “agenda verde” de su antecesor, Joe Biden, el propio mercado le recuerda que la física, los costes y los plazos no entienden de ideología: la electricidad limpia no es una opción estética, es un requisito técnico.

La ironía es que para cumplir la ambición de “Make America Great Again” en el terreno de la IA, Trump tendrá que apoyarse exactamente en aquello que más crítica: las renovables. "La política puede desafiar la coherencia, pero la tecnología no perdona. Y en esta carrera, negar la realidad energética es una forma muy eficiente de garantizar la derrota", advierte Pablo Gil.

05Jan

Las inversiones en exploración y producción necesarias para recuperar los niveles de hace 15 años en Venezuela superan los 100.000 millones$, el doble de lo que han invertido las grandes petroleras de EEUU en 2024.

Miguel Ángel Valero

Trump sacude nuevamente el tablero geopolítico global. En un acontecimiento extraordinario según casi cualquier criterio, el Gobierno norteamericano ha logrado detener al presidente de Venezuela, Nicolas Maduro, quien permanece bajo custodia a la espera de juicio.

Más allá del componente político, el impacto en los mercados globales será limitado y estará acotado principalmente al precio de la energía, uno de los pilares de la campaña de Trump. Venezuela desempeña hoy un papel marginal en la economía mundial, con apenas un 0,1% del PIB global, muy alejado del 1% registrado en los años previos a la crisis del petróleo. En cuanto a la producción, el país latinoamericano aporta cerca de 1 millón de barriles diarios (mbd) –alrededor del 1% del total global–, muy alejado de los 3 mbd alcanzados en 2006. 

No obstante, las reservas de petróleo de Venezuela rondan los 300.000 millones de barriles, equivalentes a cerca del 20% de las reservas globales, lo que podría abrir la puerta a un incremento en la producción en el mediano plazo. Sin embargo, existen múltiples obstáculos para que ello ocurra. En el plano político, la transición de poder deberá llevarse a cabo sin sobresaltos, y aún es prematuro para extraer conclusiones. 

Además, Venezuela enfrenta tres problemas económicos relevantes: una alta necesidad de fondos, una escasez de mano de obra y un mercado global de petróleo saturado. 

Con relación a la financiación, las estimaciones de gasto en capex para exploración y producción necesarias para recuperar los niveles de hace 15 años superan los 100.000 millones$ –el doble de la cantidad que invirtieron conjuntamente las grandes petroleras estadounidenses en todo el mundo en 2024–. 

Venezuela ha sufrido un éxodo migratorio sin precedentes: casi 8 millones de personas han abandonado el país en los últimos años –más de un 25% de la población actual–, lo que condiciona parcialmente la disponibilidad de mano de obra a una eventual repatriación.

Además, el mercado del petróleo global presenta un exceso de oferta, con un superávit estimado en 3,8 mbd para este año según la Agencia Internacional de Energía (IEA).

El impacto en el precio del petróleo a corto plazo será mínimo, ya que la capacidad de recuperación de la producción venezolana es muy limitada y requerirá inversiones elevadas —estimadas en 110.000 millones$—, además de la compleja reconstrucción de un sector profundamente deteriorado en cuanto a su capital humano –la actual PDVSA es dirigida principalmente por militares–.

Este nuevo movimiento geopolítico de Trump busca reforzar el control e influencia en América Latina y aumentar la oferta de petróleo, favoreciendo la reducción de los costes energéticos. Una estrategia que beneficia especialmente a los países consumidores, como la Unión Europea, China o India, otorgando un impulso adicional a la economía global en los próximos años. 

Por ello, más allá de lo agresivo de la acción, el incremento progresivo de la oferta de crudo del continente —no solo venezolano— continuará presionando los precios de la energía a la baja en el medio plazo.

En el mercado de materias primas, el crudo apenas reacciona a los acontecimientos de Venezuela, ya que se espera una lenta capacidad de reacción puesto que cualquier aumento significativo de producción requerirá años de inversión y la reparación de su maltrecha infraestructura petrolera. La referencia Brent se deja un -0,6%, en su cuarto día consecutivo de caídas en niveles de 60$/barril.

Los analistas de Banca March piensan que "la visibilidad en el corto plazo es reducida". "Sin embargo, mirando más allá del humo, cabe esperar unos precios más contenidos" para el petróleo ante un aumento en la producción global apoyada por Trump, quien ya señaló que “las grandes empresas estadounidenses gastarán miles de millones de dólares, repararán las infraestructuras gravemente dañadas y empezarán a generar ingresos para el país".

Pese a no conocerse los planes de Trump en Venezuela, las acciones de las petroleras suben con fuerza en Bolsa. Entre las europeas, Repsol se anota un 2,4%, la italiana Eni gana un 1,3%, Shell suma un 0,7% mientras TotalEnergies se desmarca con una caída de un 1%. En Wall Street, los futuros de Chevron, la única de EE UU que opera en el país latinoamericano, avanzan un 7%, los de ExxonMobil avanzan más del 4% y ConocoPhillips, un 6%. También apuntan a subidas las empresas de servicios petroleros como Halliburton (+9%) o Schlumberger (+9,3%), además de empresas de refino y transporte como Marathon Petroleum (+5,3%) o Valero Energy (+5,8%).

Transición ordenada sin necesidad de "botas sobre el terreno"

La Asamblea Nacional Venezolana nombra de manera oficial a Delcy Rodríguez como presidenta interina. Hasta el momento, la Sala Constitucional del Tribunal Superior de Justicia venezolano ha declarado a Maduro como ausente temporal, por lo que el mandato de la nueva presidente interina duraría tres meses, ampliable otros tres meses posteriormente si así lo decide el Parlamento. La otra figura, ausencia permanente, habría obligado a un mandato más corto pues exigiría unas elecciones en 30 días, algo inviable en estos momentos.  

Sin un sistema de control directo por parte de EEUU, Marco Rubio, secretario de Estado, se perfila como la figura clave para definir las líneas maestras del nuevo tutelaje estadounidense sobre Venezuela. Aunque Trump afirmó que EE UU tiene la capacidad de ejercer control con “botas sobre el terreno”, la intención es evitar esa opción y permitir que el actual Gobierno venezolano lleve a cabo las reformas necesarias para cumplir con los objetivos norteamericanos y garantizar una transición ordenada del régimen. En las próximas semanas se sentarán las bases de esta nueva dinámica entre ambas administraciones, y veremos si resulta suficiente para satisfacer las ambiciones americanas.

04Jan

El petróleo está detrás de la ofensiva intervencionista de EEUU en América Latina.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump lleva al máximo la geopolítica de la provocación en Venezuela, como adelantó Dinero Seguro el 27 de diciembre, y reedita con su propio estilo la invasión de Panamá en diciembre de 1989 y que llevó a la detención del general Manuel Antonio Noriega, como publicó Dinero Seguro el 13 de diciembre. 

Con Nicolás Maduro ya en la cárcel en Nueva York, pendiente de ser juzgado por "conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de armas automáticas y artefactos destructivos y conspiración para poseerlas", entre otros cargos, Trump lanza varios mensajes. 

El primero, la vigencia de la doctrina Monroe, que considera el continente poco menos que una filial de EEUU, alegando cuestiones de seguridad nacional, aunque el 'América para los americanos' parece más bien 'América para los EEUU'. 

El 2 de diciembre de 1823, con casi todas las colonias españolas en América Latina independizadas o a punto de lograrlo, el presidente de EEUU, James Monroe, fijaba en el Congreso, en lo que es actualmente el discurso sobre el Estado de la Unión (que no comenzó a hacerse hasta 1850), la doctrina que lleva su apellido y que lleva marcando la estrategia de EEUU en el continente. La Doctrina Monroe sostiene que cualquier intervención en los asuntos políticos en América por parte de potencias extranjeras de otros continentes es un acto potencialmente hostil contra EEUU.

La falta de legitimidad democrática de Maduro, acusado de manipular los resultados de las últimas elecciones, facilita la intervención de EEUU.

EEUU gestionará Venezuela para evitar un peligroso vacío de poder. Pero Trump, fiel a su estilo, no ha entrado en detalles sobre el formato, las personas o el plazo. “Vamos a gobernar el país hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y sensata", señala.

Pero los precedentes de transiciones tuteladas por EEUU en Irak, Libia o Afganistán por ejemplo, no invitan precisamente al optimismo.

Genera sorpresa que haya descartado desde el primer momento a la líder de la oposición  en Venezuela, la Premio Nobel de la Paz María Corina Machado: "Va a ser muy complicado para ella ser la líder. No tiene el apoyo suficiente, el respeto dentro del país".

Pese a ello, María Corina Machado asegura en un comunicado que “ha llegado la hora de la libertad” para Venezuela y que “lo que tenía que pasar está pasando”, justificando así la intervención militar de EEUU en su país (que ha provocado más de 40 muertos, entre militares y civiles). “Estamos preparados para tomar el poder”, afirma, en lo que parece un pulso a Trump.

Éste parece contestarla cuando asegura que su secretario de Estado, Marco Rubio, mantuvo una conversación con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, y que estaba "básicamente dispuesta a hacer lo que creamos necesario para hacer a Venezuela grande de nuevo".

El Tribunal Supremo de Venezuela nombró a Delcy Rodríguez presidenta interina tras concluir que el "presidente constitucional fue secuestrado" durante una "agresión militar extranjera", pero no declaró la ausencia permanente de Maduro, lo que habría desencadenado elecciones anticipadas en un plazo de 30 días. Delcy Rodríguez había declarado previamente que Maduro era el "único presidente" del país, pidiendo a EE.UU. que lo liberara.

El segundo, el interés por el petróleo es esencial en la nueva etapa de intervenciones de EEUU en América Latina. Aquí, Trump ha sido meridianamente claro:   “Construimos la industria petrolera venezolana con talento, iniciativa y habilidad estadounidenses, y el régimen socialista nos la robó durante esas administraciones anteriores, y lo hicieron por la fuerza", aludiendo a las  nacionalizaciones de las concesiones petrolíferas realizada por Hugo Chávez, a quien Nicolás Maduro sustituyó en 2013 tras su fallecimiento por cáncer.

Trump anuncia que las petroleras estadounidenses harán inversiones millonarias para resucitar el sector en Venezuela y “comenzar a generar ingresos para el país”.

Las contradicciones de Trump

Las drogas son el enemigo público número uno para EEUU, un argumento fácil de 'vender' a los ciudadanos norteamericanos. Pero también muestran las contradicciones de Trump. EEUU interviene en Venezuela y secuestra a Nicolás Maduro, acusado de narcotráfico y posesión de armas automáticas, entre otros cargos.

Curiosamente, los mismos que hace año y medio llevaron a una condena de 45 años de cárcel a Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras entre 2014 y 2022, por un tribunal de Nueva York. A finales de noviembre de 2025, Trump anunció en su red social Truth el polémico indulto, en medio de las elecciones en Honduras, que ganó, tras un larguísimo recuento, su candidato, Tito Asfura.

La realidad es que Venezuela no juega un papel importante en el tráfico de fentanilo a EEUU, como sí sucede en México o, en menor medida, en Canadá. Venezuela da salida a la cocaína que se fabrica en Colombia, y en menor medida en Perú y Bolivia,  países productores de hoja de coca, materia prima con que se produce la droga. Pero su papel en la producción y el tráfico regional de fentanilo es nulo.

Pero la droga forma parte de la geopolítica de la provocación de Trump, que ya ha avisado al presidente de Colombia, Gustavo Petro, que “vigile su trasero”, en referencia a las “fábricas de cocaína” que funcionan en el país.

31Dec

Con un cambio de presidente en la Reserva Federal previsto para mayo y con Trump presionando abiertamente por un nivel de tipos mucho más bajo, los inversores parecen anticipar que el equilibrio de fuerzas dentro del banco central podría cambiar antes de lo que hoy descuenta el discurso oficial.

Miguel Ángel Valero

El Tesoro estadounidense sorprendió al mercado con la mayor recompra de deuda ('buyback') de su historia: 12.500 millones$ en una sola operación. A primera vista puede parecer una maniobra destinada a reducir la deuda, pero no es eso lo que está ocurriendo. Esta operación forma parte del nuevo programa de 'buybacks' que el Tesoro reactivó este año con un objetivo muy distinto: estabilizar el mercado de bonos más importante del mundo en un momento de tensiones crecientes.

La lógica detrás del movimiento es clara. Muchos bonos antiguos, los denominados 'off-the-run', se negocian con poca liquidez y generan distorsiones en la curva de tipos. Al recomprarlos, el Tesoro intenta 'limpiar' esos tramos del mercado y reemplazarlos posteriormente con emisiones nuevas, más líquidas y fáciles de negociar. No es expansión monetaria, no es QE (Quantitative Easing, expansión cuantitativa, una herramienta no convencional de política monetaria utilizada por bancos centrales para aumentar la oferta de dinero, incrementando el exceso de reservas del sistema bancario mediante la compra de activos financieros en el mercado para reducir los tipos de interés a largo plazo) y no supone una reducción real de deuda: simplemente es una gestión más fina del inventario de bonos del Tesoro.

Pero el mensaje implícito es más relevante que la cifra. En un entorno de déficits gigantescos, un volumen récord de emisiones y un mercado cada vez más sensible a cualquier sobresalto, el Tesoro está actuando para evitar episodios de tensión como los que ya vivimos en 2020 y 2023. Que se haya necesitado la mayor recompra de la historia no es casualidad: refleja el grado de estrés estructural que existe en un mercado que sirve como columna vertebral del sistema financiero global.

El impacto inmediato es técnico: algo más de liquidez, spreads más ajustados y menos ruido en los bonos ilíquidos. Pero el impacto estratégico es político y financiero: el Tesoro reconoce que la arquitectura del mercado necesita apoyo y que la acumulación de deuda está obligando a intervenir más activamente para mantener la estabilidad. Es un recordatorio de que, aunque la narrativa oficial se centra en la normalidad, debajo sigue creciendo las fragilidades que obligan a vigilar cada movimiento.

"En un año en el que los tipos a largo plazo se mantienen altos, los déficits siguen descontrolados y la emisión neta de deuda no deja de crecer, esta operación no cambia la tendencia de fondo, pero nos advierte del estado real del mercado, algo que tiende a pasar desapercibido para el inversor común", advierte el analista Pablo Gil en The Trader

La Fed gana tiempo

Mientras, la Reserva Federal recibe una noticia que llevaba tiempo esperando. La inflación en EEUU sorprendió claramente a la baja y lo hizo de forma contundente. La tasa general cayó en noviembre hasta el 2,6%, cuando el consenso esperaba que se mantuviera en el 3% del mes anterior. Pero el dato más relevante llegó por el lado de la inflación subyacente, que bajó al 2,7% desde el 3% previo, justo cuando los analistas anticipaban incluso un repunte hasta el 3,1%.

Sobre el papel, estos datos son justo lo que la Fed necesitaba. Confirman que el proceso desinflacionista sigue vivo, que no se ha estancado y que, además, avanza más rápido de lo que muchos esperaban. En condiciones normales, cifras así abrirían claramente la puerta a una política monetaria más laxa, reforzando la idea de nuevas bajadas de tipos en los próximos meses.

Sin embargo, la reacción del banco central ha sido mucho más fría de lo que podría pensarse. Y ahí entran en juego las palabras de John Williams, presidente de la Reserva Federal de Nueva York y una de las voces con más peso dentro del FOMC (el Comité que fija los tipos de interés). Williams dejó claro que no ve ninguna urgencia para seguir recortando tipos, pese a las presiones de Donald Trump. Según su visión, las bajadas ya realizadas han colocado a la política monetaria en una posición adecuada y ahora toca observar cómo evoluciona la economía.

El mensaje es claro: la Fed celebra estos datos, pero no quiere precipitarse. El objetivo sigue siendo llevar la inflación al 2%, sí, pero sin provocar un daño innecesario al mercado laboral. Y aunque el empleo empieza a mostrar signos de enfriamiento (más paro y menor creación de puestos de trabajo), desde la Fed insisten en que no hay señales de deterioro brusco.

Este contraste entre unos datos de inflación muy favorables y un discurso prudente por parte de la Fed es clave. Mientras la Fed gana tiempo, gana margen de maniobra y recibe ese balón de oxígeno que necesitaba para justificar una pausa prolongada y mantener los tipos estables, el mercado ha reaccionado justo en sentido contrario. Las Bolsas han celebrado el dato como si las bajadas de tipos fuesen a acelerarse, descontando un escenario mucho más laxo del que hoy sugiere el mensaje de la Reserva Federal. De nuevo, inversores y banco central parecen hablar idiomas distintos: unos anticipan recortes más profundos y rápidos, mientras la Fed insiste en observar, confirmar y no precipitarse hasta tener la certeza de que la desinflación es sostenible y no simplemente coyuntural.

La inflación está haciendo su parte, pero la Fed no tiene prisa. Al menos la Fed actual. Tal vez el mercado no esté mirando solo los datos, sino también el calendario. Con un cambio de presidente en la Reserva Federal previsto para mayo y con Trump presionando abiertamente por un nivel de tipos mucho más bajo, los inversores parecen anticipar que el equilibrio de fuerzas dentro del banco central podría cambiar antes de lo que hoy descuenta el discurso oficial. Por ahora, el mensaje sigue siendo de paciencia y prudencia, pero el mercado ya está empezando a jugar la partida que viene después.



30Dec

El aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Miguel Ángel Valero

A un día de cerrar 2025, toca hacer balance de cómo se han comportado las economías y qué podemos esperar para el próximo ejercicio. En el caso de Europa, y tras la última reunión del BCE en la que mantuvo los tipos al 2%, el equipo de análisis de Natixis CIB cree que, a pesar de las incertidumbres que aún prevalecen, parece probable que se mantenga durante un período prolongado una política monetaria sin cambios. “En ausencia de perturbaciones económicas adversas sustanciales, ahora no esperamos cambios en los tipos oficiales durante todo el año 2026”, adelantan.

Según se desprende del informe, “el ligero aumento del optimismo sobre el crecimiento económico y las perspectivas de inflación en las nuevas proyecciones del BCE sugiere que podría mantener sin cambios su postura de política monetaria durante todo el año 2026”.

No obstante, Natixis CIB enumera varios acontecimientos que pueden provocar riesgos para la inflación. En primer lugar, la probabilidad de que una resolución pacífica entre Ucrania y Rusia reduzca los precios de la energía a corto plazo, pero proporcione un crecimiento adicional a medio plazo para la reconstrucción de Ucrania. En segundo lugar, una escalada de la guerra comercial con EEUU puede tener dos efectos desinflacionistas: una disminución de las exportaciones de la zona del euro a EEUU mayor de lo que previsto actualmente, y un desvío de los productos chinos baratos de los Estados Unidos hacia la zona del euro. Y en tercer lugar, el aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Precisamente, Natixis CIB analiza en el informe la composición del FOMC en 2026, la probable dirección de los tipos de interés, las posibilidades para el próximo presidente de la Fed y otros acontecimientos importantes que podrían configurar las políticas de la Reserva Federal en el próximo año.

Eurizon: El impacto de la geopolítica será modesto

La atención de los inversores se centra en la publicación de los datos macroeconómicos de EEUU tras el cierre de Gobierno más prolongado de su historia. La atención se centra principalmente en el mercado laboral, tras la desaceleración registrada en el verano, en contraposición a la resiliencia del consumo y la inversión.

La Fed, tras recortar los tipos de interés en septiembre, octubre y diciembre, debería ralentizar el ciclo bajista a principios de 2026, considerando que se está alcanzando el tipo objetivo neutral del 3%.

En la Eurozona, el crecimiento se ha estabilizado tras la fase volátil relacionada con la guerra comercial desatada por Trump. Las expectativas para 2026 apuntan a un crecimiento sostenido, impulsado por el consumo, así como por los planes de gasto en defensa e infraestructuras. El BCE mantiene la postura a la espera, con los tipos alineados con el nivel de inflación y un impacto neutral en la política monetaria.

En China, el crecimiento en 2025 va camino de alcanzar el objetivo del 5% establecido para el año. En el primer trimestre del próximo año se fijará el objetivo de crecimiento para 2026, que probablemente volverá al 5%, aunque no se puede descartar una ligera reducción al 4,5%.El impacto de los acontecimientos geopolíticos sigue siendo modesto, con el precio del petróleo estable en el entorno de los 60$ por barril.

27Dec

El presidente de EEUU no busca acuerdos discretos ni equilibrios diplomáticos. Busca tensión, hechos consumados y demostraciones de poder, con confrontación abierta, mensajes directos y desprecio por los mecanismos clásicos de contención diplomática.

Miguel Ángel Valero

Trump termina 2025 de la misma forma que empezó el año, tensionando las relaciones con su principal rival, China. EEUU acaba de aprobar una de las mayores ventas de armas de su historia a Taiwán, por un importe superior a los 11.100 millones$ (9.428 millones€). El paquete incluye sistemas de misiles, artillería avanzada, drones y munición de precisión. Más allá del volumen o del detalle técnico, lo relevante es el mensaje político que encierra esta decisión.

Para China, Taiwán no es una cuestión negociable. Es una línea roja absoluta. Pekín lo ha repetido durante años de forma clara y explícita: cualquier paso que acerque a la isla a una independencia formal obligaría a una respuesta militar. No es retórica. Es doctrina de Estado.

En este contexto, la apuesta de Washington va mucho más allá de reforzar la capacidad defensiva de la isla. EEUU está elevando su nivel de implicación en un conflicto potencial que hasta ahora había gestionado desde la ambigüedad estratégica. Dotar a Taiwán de armamento avanzado no solo refuerza su defensa, también altera el equilibrio psicológico y político en la región.

La reacción china ha sido inmediata y dura, denunciando la violación del principio de “una sola China” y advirtiendo de represalias. Pero lo verdaderamente preocupante no es el cruce de declaraciones, sino la dinámica que se está generando. Cada venta de armas, cada maniobra militar y cada gesto diplomático reduce el margen de error y acerca a las partes a un escenario de confrontación directa.

La relación entre China y EEUU vuelve a tensarse por Taiwán. El Ministerio de Exteriores chino ha impuesto sanciones a 20 empresas (y a diez de sus directivos) estadounidenses del sector de la defensa y diez de sus altos directivos, en represalia por el último paquete de venta de armas a la isla. 

Esta operación, que aún debe completar su tramitación en el Congreso estadounidense, será el mayor acuerdo de suministro militar a Taipéi hasta la fecha.

La Cancillería china detalla en un comunicado que las sanciones, ya en vigor, incluyen la congelación de activos que esas compañías e individuos puedan tener en China, la prohibición de realizar nuevas inversiones en el país, y la restricción a la cooperación de cualquier tipo con organizaciones o particulares chinos. Además, los ejecutivos afectados tendrán vetada la entrada en el país, así como en Hong Kong y Macao.

Entre las empresas sancionadas figuran algunos de los principales pilares del complejo militar-industrial estadounidense, como Northrop Grumman Systems Corporation, uno de los grandes desarrolladores de sistemas de misiles, radares y plataformas aeroespaciales; L3Harris Maritime Services, especializada en sensores, sistemas de comunicación y tecnología naval avanzada (un ámbito estrechamente vinculado a la modernización de las capacidades defensivas de Taiwán frente a China); una filial de Boeing, uno de los mayores grupos aeronáuticos del mundo.

Las sanciones van dirigidas contra compañías y personas que han participado en la entrega de armamento a Taiwán “en los últimos años”, porque esas ventas suponen una “injerencia en los asuntos internos de China” y que “socavan su soberanía e integridad territorial”. 

Además, se trata de una “grave violación” de los marcos en los que se basan las relaciones diplomáticas entre Pekín y Washington.

Taiwán es el lugar en el que se exiliaron las fuerzas nacionalistas tras perder la guerra civil china en 1949. La República Popular la considera una parte inalienable de su territorio y asegura que la reunificación es “inevitable”, no descartando el uso de la fuerza para lograr ese objetivo.

En su comunicado, la Cancillería china subraya que “la cuestión de Taiwán está en el centro de los intereses fundamentales de China y es la primera línea roja que no debe cruzarse”. “Cualquiera que intente traspasarla y provocar se encontrará con la respuesta firme de China, y pagará un alto precio por su ofensa. Ningún país debe subestimar jamás la determinación, voluntad y capacidad del Gobierno y el pueblo chino para salvaguardar su soberanía e integridad territorial”, zanja.

Curiosamente, EEUU no reconoce a Taiwán como Estado soberano, aunque desde 1979 (año en el que reconoció al Gobierno en Pekín como el representante de China) mantiene una estrecha relación de seguridad con Taipéi basada en el Acta de Relaciones con Taiwán, que le obliga a suministrar armas y asistencia defensiva para fortalecer su capacidad de autoprotección.

La Casa Blanca responde que las nuevas ventas contribuirán a salvaguardar “los intereses nacionales, económicos y de seguridad de Estados Unidos” porque respaldan “los esfuerzos del destinatario por modernizar sus fuerzas armadas y mejorar su capacidad defensiva”, y ayudarán a “mantener la estabilidad política, el equilibrio militar y el progreso económico en la región”.

Japón se implica en el pulso entre EEUU y China

El problema es que Taiwán ya no es un pulso exclusivamente entre EEUU y China. Japón se está involucrando cada vez más de forma explícita en el asunto. Las visitas continuas de parlamentarios japoneses a la isla y los mensajes políticos desde Tokio refuerzan la percepción de un alineamiento regional que China interpreta como un cerco estratégico. En Pekín no se lee como diplomacia parlamentaria, sino como una señal de escalada. Y cuando Japón entra en escena, la carga histórica y militar del conflicto se multiplica.

Hasta ahora, el gran choque entre EEUU y China había sido fundamentalmente económico y tecnológico: aranceles, semiconductores, cadenas de suministro. Un conflicto serio, pero contenido. Taiwán introduce una dimensión completamente distinta. Ya no es solo una cuestión de comercio o de poder económico, sino de soberanía, identidad nacional y prestigio geopolítico.

Geopolítica de la provocación

Este patrón de actuación se repite en otros frentes. Es lo que el analista Pablo Gil describe en The Trader como "geopolítica de la provocación". En Europa, con el último movimiento de Donald Trump respecto a Groenlandia. El nombramiento de un enviado especial,  Jeff Landry, gobernador de Luisiana, con el objetivo explícito de allanar una futura anexión ha provocado una reacción airada tanto del Gobierno danés como de las autoridades groenlandesas.

Dinamarca ha calificado el gesto como una provocación inaceptable y un ataque verbal directo a su soberanía. Groenlandia es un territorio autónomo bajo administración danesa, y cualquier intento de apropiación choca frontalmente con el derecho internacional y con los principios que, en teoría, sustentan la relación entre aliados.

Lo relevante no es solo el interés estratégico de Estados Unidos por Groenlandia (minerales, posición geográfica, control del Ártico) sino la forma. Trump no busca acuerdos discretos ni equilibrios diplomáticos. Busca tensión, hechos consumados y demostraciones de poder. Da igual que sea frente a China en Asia, frente a un aliado histórico en Europa, apoyando sin matices a Israel en Oriente Medio o endureciendo la presión política y económica sobre Venezuela, como publicó Dinero Seguro. El patrón es siempre el mismo: confrontación abierta, mensajes directos y desprecio por los mecanismos clásicos de contención diplomática.

"La política exterior de Trump no reduce riesgos, los acumula. Empuja varias líneas rojas a la vez, involucra a más actores y estrecha peligrosamente el margen de error. Pero, más allá de Trump, lo que queda claro es que el mundo ha cambiado. Los equilibrios, las reglas no escritas y los valores que durante décadas sirvieron para contener los conflictos pesan cada vez menos. La geopolítica ya no se rige por consensos, sino por pulsos de poder. Y en ese nuevo escenario, la estabilidad que dábamos por sentada empieza a parecer una excepción, no la norma", avisa Pablo Gil.

17Dec

Para una apreciación rápida del dólar, el mercado de divisas debe volver a confiar en una economía estadounidense más sólida en 2026, mientras se confirma una zona euro aún lastrada por la guerra comercial y la creciente competencia industrial de China.

Miguel Ángel Valero

La publicación de los datos de empleo de EEUU arroja algunas luces, pero también deja zonas grises. Porque la mayor caída en el empleo desde 2020 responde al cierre de Gobierno más prolongado de la historia, un factor coyuntural que oculta la mejora en la creación privada de empleo. En este contexto, el componente cíclico del dólar vuelve a cobrar protagonismo. La recuperación de la divisa estadounidense frente al euro en los últimos meses se ha visto cuestionada por las nuevas dudas sobre el ciclo económico en EEUU –principalmente derivadas de la debilidad en el mercado laboral– y por unas declaraciones restrictivas de Schnabel, miembro del Consejo de Gobierno del BCE, que debilitaron al dólar hasta el punto de tocar niveles de 1,18 intradía.

No obstante, la asimilación de las cifras de empleo impulsó las compras en la segunda mitad de la sesión, provocando un rebote que situó al dólar nuevamente cerca de la barrera de 1,17 Tras este movimiento técnico positivo, quedan por delante numerosos catalizadores que podrían prolongar la apreciación del dólar frente al euro. 

Resulta paradójico que el dólar sea la divisa para la que se anticipan más recortes a 12 meses entre las diez principales monedas desarrolladas, mientras el optimismo sobre la evolución económica estadounidense aumenta de cara al próximo año –las recientes previsiones de la Fed subieron el crecimiento esperado para 2026 en 5 décimas, hasta el 2,3%– y el gráfico de puntos apunta a solo una bajada de tipos en 2026. 

Incluso el incremento de las probabilidades de que Kevin Warsh sea nombrado nuevo presidente de la Fed —candidato más ortodoxo que Hasset y respaldado públicamente por el influyente CEO de JP Morgan, Jamie Dimon— no ha servido como catalizador para mejorar las perspectivas del dólar.

Para una apreciación rápida del dólar, el mercado de divisas debe volver a confiar en una economía estadounidense más sólida en 2026, mientras se confirma una zona euro aún lastrada por la guerra comercial y la creciente competencia industrial de China.

La publicación aplazada de los datos del mercado laboral estadounidense de octubre y noviembre dejó una lectura mixta. Por una parte, la creación de empleo se frenó, pero esto se debió a la destrucción de puestos de trabajo en el sector público mientras que se aceleraron las contrataciones en el sector privado. Por otro lado, la tasa de paro siguió subiendo y alcanzó el 4,6% – su mayor nivel desde 2021 –.

Las cifras muestran una clara pérdida de dinamismo del mercado laboral, pero dada la excepcionalidad del momento –el cierre de Gobierno más largo de la historia de EEUU–, la aceleración en la creación de empleo privado deja un tono positivo de fondo y que aleja temores a un freno brusco del mercado laboral.

Comenzando por los datos de creación de empleo, en octubre las cifras mostraron una destrucción de 105.000 puestos de trabajo, que en parte se revirtió en noviembre con una creación de 64.000 nuevos empleos. Ahora bien, el fuerte retroceso en la contratación en octubre (la mayor desde 2020) se debió a la caída de 157.000 empleos públicos, dado que los trabajadores que participaron en el programa de renuncia liderada por el DOGE de la Administración Trump dejaron de figurar tras septiembre en la serie (el número de empleados federales se rebajó en 162.000 personas). Este peor desempeño de la contratación pública continuó también en noviembre, aunque a menor ritmo (-5.000 empleos). 

Por otro lado, la nota positiva viene por la creación de empleo privado que se ha acelerado: de media en los últimos tres meses se crearon 75.000 nuevos puestos de trabajo, el mayor avance desde mayo. La mayor parte de la contratación privada en noviembre estuvo concentrada en Educación y Sanidad (+65.000 empleos), pero también en la Construcción (+28.000 empleos) que parece haber estado especialmente impulsada por la edificación de nuevos centros de datos, dado que el segmento con mayor dinamismo fue la construcción no-residencial y en particular profesionales especializados.

En cuanto a la tasa de paro, el dato de octubre no se ha podido publicar por el cierre de Gobierno y se ha tenido que alterar las fechas habituales de la encuesta a los hogares y el procedimiento estadístico utilizado para el mes de noviembre, lo que llevó a que la propia agencia recolectora de estadísticas estadounidenses avisara por de un posible aumento del error estándar del dato de ese mes. A pesar de estas dificultades, el dato se ha publicado y mostró un repunte de la tasa de paro en noviembre hasta el 4,56% desde el 4,44% en septiembre (dos meses antes). Esta subida de la tasa de paro se debió en gran medida a un incremento de la fuerza laboral: el nivel de desempleo subió por la reincorporación de población al mercado laboral (explicaron 1,53 puntos de la tasa de paro del mes vs. 1,36 puntos en septiembre) y con ello, se elevó la tasa de participación en la economía que subió una décima hasta 62,5% – siendo especialmente importante el repunte de la población en edad “prime” que se elevó hasta 83,8%, cerca de máximos de los últimos 20 años.

Los datos de consumo también han dejado cifras contrapuestas. Las ventas minoristas agregadas tuvieron un crecimiento nulo en octubre frente al +0,1% de septiembre. Esta desaceleración se debió al peor desempeño de las ventas de automóviles tras el final de los créditos fiscales a las compras de vehículos eléctricos (la partida de autos cayó un 1,6% mensual frente al +0,7% de crecimiento promedio en los tres meses antes). Por ello, mirando solamente el denominado “grupo de control” – que aglutina las partidas de las ventas minoristas más cercanas a las usadas para el cálculo del consumo de bienes en el PIB –registró una aceleración al crecer un 0,8% mensual, más que revirtiendo la caída del mes previo del -0,1%. Un dato que unido a las cifras de ventas del Black Friday apuntan a resiliencia del consumo en la parte final del año.

 

13Dec

Con la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, por primera vez desde 1947, EEUU deja de ver la defensa de la democracia en el exterior como un interés estratégico propio.

Miguel Ángel Valero

En diciembre de 1989, EEUU decidió acabar con lo que denominaba narcodictadura del general Manuel Antonio Noriega en Panamá. Fue una intervención militar abierta, rápida y quirúrgica, bautizada como Operation Just Cause. Durante años, Noriega había sido informante de la CIA, aliado irregular y pieza útil de Washington en plena Guerra Fría. Pero terminó convirtiéndose en un problema: blanqueo de capitales, vínculos con carteles, represión interna, manipulación electoral y un creciente desafío a la influencia estadounidense en el Canal de Panamá. 

La Casa Blanca decidió que había cruzado una línea roja y se puso en marcha una operación que movilizó a más de 27.000 soldados, unidades de élite, paracaidistas y bombardeos puntuales. En pocas semanas Noriega fue acorralado, terminó refugiado en la Nunciatura Apostólica y finalmente se rindió. Fue extraditado a EEUU y condenado por narcotráfico. 

Panamá instaló un gobierno reconocido internacionalmente, reformó sus fuerzas de seguridad y volvió (al menos temporalmente) a la normalidad institucional. Pero no hubo unanimidad: la Asamblea General de la ONU condenó la invasión como una violación del derecho internacional. Pese a ello, Washington logró su objetivo estratégico con un coste bajo y un mensaje claro para la región.

Hoy, cuando se observa la presión de Trump sobre Nicolás Maduro, es inevitable ver paralelismos con aquel episodio. Las acusaciones contra el régimen venezolano son muy similares: vínculos con el narcotráfico a través del llamado Cartel de los Soles, deterioro democrático, represión interna, manipulación electoral, presencia de grupos criminales y una deriva que pone en tensión la estabilidad regional. 

No es casualidad que EEUU haya intensificado sus operaciones encubiertas, los despliegues navales en el Caribe y las acciones contra embarcaciones sospechosas de tráfico ilícito. La retórica recuerda al caso Noriega: un régimen convertido en amenaza hemisférica. 

Pero al mismo tiempo, las diferencias son enormes. Panamá era un país pequeño donde Estados Unidos tenía presencia militar y logística permanente. Venezuela es un Estado grande, con apoyo abierto de Rusia, China e Irán, con una capacidad armada superior y con un impacto geopolítico mucho mayor. En Washington lo saben: cualquier operación directa tendría un coste político, militar y diplomático muchísimo más elevado. Quizá por eso, la estrategia actual se parece más a un cerco prolongado que a una invasión repentina.

El entorno internacional añade otra capa de complejidad. Varios expertos de Naciones Unidas han denunciado que algunos ataques estadounidenses en aguas internacionales pueden considerarse ejecuciones extrajudiciales. Rusia ha acusado a Washington de “uso excesivo de la fuerza” al tiempo que respalda abiertamente a Maduro. En Occidente, la lectura predominante es que EEUU quiere evitar que el régimen venezolano se consolide como un nodo de narcotráfico y como una plataforma de influencia para potencias rivales, pero sin cruzar la línea de un conflicto abierto.

La historia, en todo caso, se repite con matices. Cuando Washington percibe que un régimen mezcla autoritarismo, crimen organizado y amenazas directas a sus intereses estratégicos, pasa de la diplomacia a la acción. Con Noriega lo hizo sin rodeos. Con Maduro, la partida es más larga y el tablero más complejo. La pregunta no es si EEUU quiere un cambio de régimen en Venezuela; la pregunta es qué coste está dispuesto a asumir y cuánto tiempo está dispuesto a esperar. 

Panamá fue un capítulo cerrado con rapidez porque el contexto lo permitía. Venezuela es una novela extensa, con demasiados actores externos y demasiadas consecuencias imprevisibles. 

"Lo que sí parece claro es que, tanto en Panamá como en Caracas, EEUU actúa según un mismo patrón. Y cuando Washington considera un objetivo prioritario, puede tardar… pero rara vez renuncia", avisa el analista Pablo Gil en The Trader.

EEUU deja de ser el guardián de la democracia en el mundo

El acoso a Venezuela recupera la doctrina Monroe. El 2 de diciembre de 1823, con casi todas las colonias españolas en América Latina independizadas o a punto de lograrlo, el presidente de EEUU, James Monroe, fijaba en el Congreso, en lo que es actualmente el discurso sobre el Estado de la Unión (que no comenzó a hacerse hasta 1850), la doctrina que lleva su apellido y que lleva marcando la estrategia de EEUU en el continente. La Doctrina Monroe sostiene que cualquier intervención en los asuntos políticos en América por parte de potencias extranjeras de otros continentes es un acto potencialmente hostil contra EEUU.

Mientras Trump se implica en Venezuela y recuerda que la doctrina Monroe sigue muy viva, la nueva Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca marca un giro que ningún aliado puede ignorar. Por primera vez desde 1947, EEUU deja de ver la defensa de la democracia en el exterior como un interés estratégico propio. La ruptura con la lógica que definió el orden occidental durante ocho décadas ya no es una hipótesis: es política oficial.

El documento abandona cualquier continuidad con la Doctrina Truman, formulada en el Congreso el 12 de marzo de 1947 por el presidente de EEUU que ordenó lanzar la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. En plena Guerra Fría, Harry S. Truman asegura que EEUU dará su apoyo a "pueblos libres que están resistiendo los intentos de subyugación por minorías armadas o por presiones exteriores", ya que estos regímenes comunistas representaban una amenaza para su país.

También se redefine la idea de “America First”. Trump sostiene que la política exterior de EEUU no debe basarse en ideologías ni compromisos históricos, sino en lo que “funcione para América”. Y lo que supuestamente funciona ahora es suavizar el trato hacia autocracias estratégicas (China, Rusia, Irán) mientras se endurece el discurso contra los aliados europeos. Un giro tan brusco que ni siquiera los analistas más pesimistas esperaban verlo formalizado tan pronto.

El contraste con la estrategia de 2017 no puede ser mayor. China ya no aparece como rival sistémico ni como amenaza global. Trump prefiere hablar de “relación económica mutuamente ventajosa” y, mientras exige que Pekín no invada Taiwán, evita cualquier referencia a sus vulneraciones de derechos o a su expansión geopolítica. Rusia, por su parte, desaparece de la categoría de adversario. El Kremlin incluso aplaudió el documento, calificándolo de “positivo” y “coherente con la visión de Moscú”. Es difícil encontrar un indicador más claro del cambio de prioridades en Washington.

Quienes sí reciben el golpe son los europeos. El texto acusa a la Unión Europea de haber abandonado sus valores, de perder identidad nacional y de permitir que la inmigración y la baja natalidad erosionen su cohesión. Afirma además que los gobiernos europeos recurren a prácticas “antidemocráticas”, desde la supuesta censura hasta la represión de la oposición. Y lo que antes parecía una provocación aislada del vicepresidente J. D. Vance en Múnich ahora queda reflejado como política formal: EEUU Unidos apoyará movimientos “patrióticos” (eufemismo para referirse a grupos de ultraderecha como Orban en Hungría) dentro de los países europeos para corregir esa deriva. No oculta esa interferencia política directa en su bloque de aliados históricos.

La reacción en Europa oscila entre el desconcierto y la contención diplomática. La jefa de la diplomacia europea, la exprimera ministra de Estonia, Kaja Kallas, intenta restar dramatismo al documento, mientras expertos como Carl Bildt advierten de lo que realmente implica: el fin del paraguas ideológico y estratégico que definió la relación transatlántica desde la posguerra. Y el problema para Europa no es solo simbólico. Si la Casa Blanca presiona para imponer un acuerdo de paz desfavorable a Ucrania, la fractura dentro del bloque occidental puede convertirse en la mayor crisis geopolítica de la década.

La pregunta que atraviesa todas las capitales europeas es la misma: ¿Qué hacer ahora? Europa puede intentar rebajar tensiones, aceptar el nuevo orden y acomodarse a un papel más subordinado. O puede acelerar, por fin, la construcción de una autonomía real en defensa, energía y tecnología. Pero ninguna de esas opciones es sencilla ni barata, y ninguna puede esperar.

"Lo único claro es que el ciclo histórico que comenzó en 1945 ha terminado. A partir de aquí, Europa tendrá que decidir si quiere ser actor o si, por inacción, quedará relegada a ser un escenario donde otros tomen las decisiones. El rumbo de la próxima década dependerá de esa elección", insiste Pablo Gil.