16Feb

A pesar del debilitamiento de los compromisos climáticos de EEUU, las empresas líderes mundiales en esa materia experimentaron una mejora en sus perspectivas de beneficios, gracias al impulso tecnológico, la caída de los costes de la energía limpia y la aceleración de la adopción de políticas respetuosas con el clima en Europa y Asia.

Miguel Ángel Valero

Desde que el Acuerdo de París de 2015 incluyó los compromisos climáticos en la agenda mundial, ha surgido una nueva pregunta interesante para los inversores, los responsables políticos y los académicos: ¿están las empresas más verdes superando en rentabilidad a sus homólogas intensivas en carbono? Aunque la comparación entre empresas de bajas emisiones y empresas contaminantes puede parecer sencilla, en realidad se esconde una historia financiera sorprendentemente enrevesada sobre expectativas, riesgos, política y el precio del capital.

El segundo mandato de Trump ha cambiado el panorama de la inversión climática. Los cambios en la política estadounidense dieron un impulso a los beneficios de las empresas más contaminantes en EEUU. Pero los líderes climáticos siguen superando a los rezagados, lo que refleja su potencial de beneficios. "A primera vista, la idea parece intuitiva. Si el mundo se preocupa cada vez más por el calentamiento global y empieza a abrazar la energía limpia las empresas con bajas emisiones de carbono deberían tener mejores perspectivas de crecimiento. Y, de hecho, una de las razones por las que las acciones verdes podrían haber superado a las más contaminantes (también denominadas 'marrones') es sencilla: las expectativas de beneficios", explica un análisis de Robeco.

Es posible que los inversores subestimaran la rapidez con que crecerían las tecnologías verdes y la fuerza con que cambiaría la demanda. Cuando se revisaron al alza las previsiones de beneficios, los precios de las acciones subieron en consecuencia. Las empresas con altas emisiones, como los productores de petróleo, las mineras de carbón y los grandes emisores industriales, podrían haber visto menos sorpresas positivas.

Pero hay otro mecanismo más sutil, al que se presta mucha menos atención: el coste del capital. Se trata esencialmente de la rentabilidad esperada que exigen los inversores por poseer las acciones de una empresa. Si esa rentabilidad esperada aumenta, el precio de la acción baja, aunque la actividad de la empresa siga siendo la misma. Es aquí precisamente donde entra en juego la política climática. Cuando los grandes inversores institucionales desinvierten en industrias que consumen muchos combustibles fósiles, a menudo lo justifican no solo por motivos morales, sino también por el riesgo que entrañan. Las empresas intensivas en carbono se enfrentan a una normativa más estricta, activos bloqueados, la volatilidad de la demanda y las responsabilidades futuras.

Estos riesgos implican que las empresas intensivas en carbono deberían tener un coste de capital más elevado. A medida que los inversores se marchan, los precios de las acciones bajan, lo que aumenta la rentabilidad esperada.

"Los valores más contaminantes pueden quedar rezagados simplemente porque el mercado esté menos dispuesto a poseerlos, y no necesariamente porque sus beneficios sean decepcionantes. Irónicamente, una vez que ese mayor coste de capital está totalmente descontado, la teoría predice el efecto contrario: las empresas marrones deberían acabar obteniendo mayores beneficios, compensando a los inversores por su elevado riesgo climático. Esto es lo que algunos investigadores denominan prima de riesgo del carbono", resaltan los expertos de Robeco.

¿Qué ha ocurrido en la realidad? Para averiguarlo, los investigadores de Robeco han construido modelos cada vez más sofisticados que vinculan las cotizaciones bursátiles a las expectativas de crecimiento a largo plazo y a la evolución del coste del capital. "Cuando estimamos estos modelos y comprobamos los resultados, empieza a surgir una imagen clara", subrayan.

En EEUU, en los años inmediatamente posteriores al Acuerdo de París el coste del capital o la rentabilidad esperada de las empresas marrones aumentó 0,55 puntos porcentuales en comparación con empresas verdes similares. Estas últimas son el tercio de las empresas de cada sector con la menor intensidad de emisiones de carbono; las empresas marrones son el tercio con la mayor intensidad.

Así lo muestran las barras azules del gráfico. Se trata de una reevaluación significativa de los mercados financieros. Y, en particular, esta diferencia de 0,55 puntos porcentuales entre las acciones marrones y las verdes se mantuvo más o menos igual hasta las elecciones presidenciales estadounidenses de noviembre de 2024.

La política cambió con Trump. Se derogaron las normas climáticas, EEUU abandonó el Acuerdo de París y se redujeron las subvenciones a las energías limpias. La presión sobre las empresas contaminantes disminuyó, y los inversores reaccionaron del mismo modo. Aunque Trump también se retiró del Acuerdo de París durante su primer mandato, el retroceso en las políticas climáticas ha sido mucho más agresivo en el segundo.

Desde entonces, la diferencia en el coste del capital entre las empresas marrones y las verdes se ha reducido hasta situarse en 0,30 puntos porcentuales. Para los inversores en valores con emisiones más altas, ésta fue una buena noticia. Un coste de capital más bajo eleva automáticamente las valoraciones. En efecto, la inversión de la política estadounidense impulsó la rentabilidad de las empresas que consumen grandes cantidades de carbono.

"En Robeco no nos gusta tanto la distinción entre empresas verdes y marrones. En cambio, evaluamos si las empresas tienen planes creíbles para descarbonizar o desarrollar nuevas tecnologías para acelerar la transición a la energía limpia. Aquellos con buenos planes los etiquetamos como 'líderes climáticos' y a los que no los tienen los llamamos 'rezagados climáticos'", explican.

A pesar del debilitamiento de los compromisos climáticos de EEUU, las empresas líderes mundiales en materia climática experimentaron una mejora en sus perspectivas de beneficios Aunque existe un solapamiento sustancial entre ambos conceptos, la distinción es importante, ya que algunas empresas marrones están realizando una transición creíble para convertirse en verdes. ¿Pero qué pasa con estos líderes climáticos, estas empresas con bajas emisiones o en proceso de transición que se suponía que iban a sufrir las consecuencias de estos cambios de política? ¿Han sido castigados por hacer lo 'correcto?

Los datos sugieren lo contrario. A pesar del debilitamiento de los compromisos climáticos de EEUU, las empresas líderes mundiales en materia climática experimentaron una mejora en sus perspectivas de beneficios, gracias al impulso tecnológico, la caída de los costes de la energía limpia y la aceleración de la adopción de políticas respetuosas con el clima en Europa y Asia. Así lo muestran las barras naranjas del gráfico. Esas revisiones al alza de los beneficios se tradujeron en un aumento de los precios de las acciones, independientemente de la deriva política de Estados Unidos.

"¿Ha merecido la pena apostar por la sostenibilidad? Depende de cómo se mida. Las empresas marrones de EEUU recibieron un impulso a corto plazo cuando se retiraron las políticas climáticas estadounidenses. Pero las empresas líderes mundiales en clima siguen registrando un crecimiento mejor de lo esperado. Hay algo que está claro: la historia del mercado tras el Acuerdo de París tiene muchos más matices de lo que parece, y no se trata solo de una victoria para la energía limpia. Se trata de un cambio de expectativas, reveses geopolíticos, riesgos revalorizados y un recordatorio de que, en los mercados financieros, el cambio climático ya no es una amenaza futura abstracta. Ya está influyendo en los precios hoy mismo", concluye el análisis de Robeco.

16Feb

La decisión de avanzar en la autonomía estratégica de Europa, los datos de empleo y de inflación de EEUU en enero, que empujan a la Fed a bajar tipos a mediados de año, y el compromiso de Japón con la sostenibilidad de su deuda, claves.

Miguel Ángel Valero

La Conferencia de Seguridad de Múnich 2026, celebrada este fin de semana, confirmó la importancia del vínculo trasatlántico en un contexto de elevada incertidumbre geopolítica. La invasión de Ucrania por Rusia, la competencia sistémica con China y la fragmentación del orden internacional marcaron la agenda. La presencia del secretario de Estado estadounidense, Marcos Rubio, reforzó el mensaje de coordinación estratégica con Europa, subrayando la necesidad de mayor compromiso en defensa y resiliencia frente a las amenazas. La respuesta europea, personificada en el discurso de Emmanuel Macron, se fijó en avanzar hacia una mayor autonomía estratégica del Viejo Continente dentro del marco de la OTAN. 

En paralelo, Alemania dejó entrever un giro cualitativo en sus prioridades de seguridad. Berlín apuesta por reforzar la inversión en IA y ciberseguridad como vectores clave de su política de defensa, en un entorno en el que las amenazas digitales y ataques a infraestructuras críticas ganan peso frente a los conflictos convencionales. Se trata de un enfoque que apunta a un mayor dinamismo en sectores tecnológicos vinculados a defensa, consolidando la digitalización como eje estructural de la seguridad europea. 

A nivel bursátil, y si bien el sector presenta valoraciones extendidas tras años de subidas, los fundamentales de 2026, que incluyen carteras de pedidos históricas y crecimiento de beneficios muy superior a la media en 2026 (+39%) y 20027 (+19%), justifican el optimismo. 

En el plano macro, el empleo arrancó el año con solidez en Estados Unidos. En enero se crearon 130.000 nuevos puestos, duplicando las expectativas y marcando el mayor ritmo desde diciembre de 2024. La lectura sectorial fue positiva, con aportación destacada de los sectores cíclicos (+25.000), especialmente la construcción (+33.000) y una reactivación del empleo manufacturero (+5.000), primer avance desde la llegada de Trump

La encuesta a los hogares también experimentó mejora: la tasa de paro descendió una décima, hasta el 4,3%, segundo retroceso consecutivo, mientras que la tasa de participación se incrementó hasta el 62,5%. En cuanto a los salarios, éstos mantienen crecimientos sólidos que apoyan los ingresos de los hogares, aunque con cierta moderación: el salario por hora avanzó un +3,7% interanual, una décima menos que en diciembre. 

UBS: la Fed bajará tipos a mediados de año

El UBS CIO Daily destaca que los mercados bursátiles estadounidenses se mantuvieron estables tras el dato de IPC de enero, mientras los inversores evaluaban su impacto en la política monetaria. En conjunto, el informe de inflación "respalda nuestra visión de que la Reserva Federal debería retomar el ciclo de bajadas de tipos hacia mediados de año":

  • La evidencia de que la inflación de bienes ha tocado techo debería abrir la puerta a nuevos recortes.
  • Los datos laborales, más sólidos de lo esperado, apuntan a una pausa a corto plazo, no al final del ciclo de relajación.
  • Un perfil más dovish en el seno de la Fed debería respaldar recortes adicionales de tipos.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Creemos que la Fed sigue encaminada a aplicar más recortes y esperamos dos bajadas de 25 puntos básicos entre junio y septiembre. En nuestra opinión, este entorno es favorable para la renta variable, la renta fija y el oro".

"Los mercados se están volviendo más selectivos a medida que las grandes tecnológicas recurren a la emisión de deuda para financiar inversiones récord en inteligencia artificial, con un foco cada vez mayor en la sostenibilidad y los flujos de caja", añade Matteo Ramenghi, Chief Investment Officer Italy.

“Los precios de los activos no deberían estar impulsados por emociones, pero las emociones siguen influyendo en el comportamiento económico", apunta Paul Donovan, Chief Economist.

Ebury: el mercado confía en las políticas de Takaichi 

En una semana de escasos movimientos relevantes entre las principales divisas, el yen se convirtió en el claro protagonista al apreciarse más de un 2% frente al resto de monedas del G10 y arrastrando en su subida a la mayoría de las divisas de Asia Oriental. Este comportamiento encuentra reflejo en el mercado de bonos japonés, que ha cotizado con firmeza desde la victoria electoral de Takaichi, gracias a los esfuerzos de las autoridades por tranquilizar a los inversores respecto a la sostenibilidad de la política fiscal. 

Fuera de Asia, el sólido dato de empleo en EEUU, combinado con una inflación más moderada de lo anticipado, está empezando a alimentar un discurso más optimista, pese a que los mercados bursátiles muestran cierta inestabilidad. Por el momento, el riesgo de titulares de Trump ha perdido intensidad, y las divisas vuelven a responder principalmente a los factores tradicionales: datos macroeconómicos y expectativas sobre tipos de interés. 

La agenda de la semana estará dominada por la publicación de los índices PMI de actividad empresarial, el indicador adelantado de referencia a nivel global. Todas las grandes regiones económicas conocerán sus respectivos datos el viernes. Pondremos especial atención en las cifras europeas, para comprobar si se confirma el tímido repunte de los pedidos industriales alemanes y si el paquete de estímulo fiscal comienza por fin a trasladarse a los indicadores reales. Además, será una semana intensa en el Reino Unido, con la publicación de los datos del mercado laboral el martes y el informe de inflación de enero el miércoles. 

  • EUR La moneda común se mantuvo en un compás de espera la semana pasada frente a la mayoría de sus contrapartes, ante la ausencia de noticias relevantes procedentes de la zona del euro. Ahora la atención se centra en los datos de producción industrial de esta semana (lunes) y, sobre todo, en los índices PMI de actividad empresarial (viernes), que deberían confirmar los primeros signos de recuperación del sector manufacturero alemán (observados en los pedidos de fábrica pendientes), a medida que el paquete fiscal de Merz empieza a permear en la economía real. Con el BCE habiendo concluido ya su ciclo de recortes de tipos de interés, anticipamos una apreciación del euro frente a la mayoría de las divisas durante el resto del año. 
  • USD La semana pasada llegaron dos noticias positivas sobre la economía estadounidense. Por un lado, el informe de empleo de enero mostró una creación de puestos de trabajo muy superior a lo esperado, acompañada de una caída en la tasa de desempleo y una aceleración en el crecimiento de los salarios. Por otro lado, el dato de inflación del viernes indicó que esta robustez del mercado laboral no está generando presiones inflacionistas adicionales, aunque los niveles siguen por encima del objetivo de la Reserva Federal. Estos datos no ofrecen muchos argumentos a los defensores de una política monetaria más acomodaticia dentro del FOMC. La atención se centra ahora en las audiencias de confirmación del nominado a presidir la Fed, Kevin Warsh, para evaluar su posible influencia en el equilibrio interno de la institución. Mantenemos la cautela ante los riesgos de erosión institucional y de presiones políticas para recortar tipos de interés, por lo que conservamos una visión bajista sobre el dólar a largo plazo.  
  • GBP La libra esterlina se mantuvo bastante estable tras una semana marcada por noticias políticas contradictorias en el Reino Unido. Por un lado, el liderazgo de Keir Starmer parece consolidado por el momento; por otro, los sectores más izquierdistas del Partido Laborista están ganando terreno e influencia interna. Los datos del PIB del cuarto trimestre resultaron decepcionantes, con un crecimiento apenas del 0,1 % y por debajo de lo esperado. Mucho más relevantes serán la avalancha de indicadores que recibiremos está semana por ser más recientes. Entre ellos destacan los del mercado laboral correspondientes a diciembre y enero, seguidos del dato de inflación del miércoles y los índices PMI del viernes. Los mercados descuentan actualmente una probabilidad cercana a dos tercios de que el Banco de Inglaterra recorte tipos en su reunión de marzo, pero la publicación de estos datos clave esta semana debería ofrecer una imagen mucho más nítida sobre la trayectoria de la política monetaria británica. 
13Feb

Los aranceles están perjudicando a los consumidores al aumentar los precios de los productos, incluidos los moldes para tartas y las latas de alimentos y bebidas. Algo que preocupa al equipo de Trump y a los republicanos de cara a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.

Miguel Ángel Valero

Trump lo vuelve a hacer. La Casa Blanca reconoce que estudia reducir y acotar el alcance de los aranceles del 50% aplicados a las importaciones de acero, aluminio y productos derivados. Estos aranceles, que se habían introducido inicialmente bajo el argumento de tratar de frenar las importaciones y devolver a EEUU la fortaleza industrial, están derivando en quejas internas y dificultades operativas de las empresas norteaamericanas, dada la elevada dificultad que se encuentran en calcular el contenido de acero y aluminio en los productos y con ello aplicar esta tasa del 50% decidida por Trump. 

El año pasado, el Departamento de Comercio de EE UU aumentó los aranceles al acero y al aluminio sobre más de 400 productos, incluyendo turbinas eólicas, grúas móviles, electrodomésticos, excavadoras y otros equipos pesados, además de vagones de ferrocarril, motocicletas, motores marinos, muebles y cientos de otros productos.

Esta decisión surge horas después de haberse conocido un estudio de la Fed de Nueva York que revela que el 90% de los aranceles los están pagando los propios consumidores y las empresas estadounidenses, contradiciendo el discurso oficial de que lo pagan los exportadores extranjeros. 

Además, este arancel es uno de los escollos en los acuerdos comerciales con otros países –entre ellos la UE–, dado que, debido a la amplitud de productos que caerían sobre las tarifas que se aplican al acero y el aluminio, podría debilitar el acuerdo que contemplaba un tope arancelario del 15% para la UE.

Esta nueva marcha atrás de Trump, haciendo bueno el TACO (Trump Always Chickens Out, Trump Siempre Se Acobarda) popularizado por los demócratas, tiene también mucho que ver con el encarecimiento del coste de la vida en EEUU y con el índice de popularidad más bajo de un presidente de EEUU desde Nixon y el caso Watergate, como publicó Dinero Seguro el 11 de febrero.

Los aranceles están perjudicando a los consumidores al aumentar los precios de los productos, incluidos los moldes para tartas y las latas de alimentos y bebidas. Algo que preocupa al equipo de Trump y a los republicanos de cara a las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre.

Pendientes del Supremo

Mientras, todos están pendientes del Tribunal Supremo, que debe determinar si los aranceles impuestos por Donald Trump durante su segundo mandato se ajustan a la legalidad. No es solo un debate jurídico. Es, sobre todo, un pulso político y económico. Los aranceles del llamado “Liberation Day”, con gravámenes de entre el 10% y el 50% sobre la mayoría de las importaciones, han sido el emblema de esa estrategia. Los tribunales inferiores ya han cuestionado su encaje legal al apoyarse en una ley de emergencia de 1977 pensada para contextos muy distintos. Ahora, la última palabra la tiene el Supremo.

Desde el punto de vista fiscal, la Casa Blanca ha logrado su objetivo a corto plazo. La recaudación por aranceles se ha disparado y en 2025 ha superado ampliamente los 160.000 millones$, un salto histórico impulsado por el uso extensivo de poderes ejecutivos. Los ingresos han sido reales y cuantiosos, aunque el coste ha recaído principalmente en las empresas y ciudadanos estadounidenses. Pero ese coste no solo se refleja en “mayores impuestos” sino que empieza a ser evidente en otros frentes. El mercado laboral muestra un deterioro significativo desde la entrada en vigor de los aranceles, con una clara pérdida de dinamismo en la creación de empleo. La industria y los sectores más expuestos al comercio exterior están ajustando márgenes, inversión y contratación. 

El resultado es evidente: más ingresos fiscales, pero menos creación de empleo, como se comprueba en los gráficos aportados por The Trader.

Si el Supremo falla contra la Casa Blanca, habrá ganadores inmediatos. Sectores intensivos en importaciones (textil, bienes de consumo, mobiliario) aliviarían costes rápidamente. Pero el problema de fondo no desaparecería. Una sentencia contraria abriría una nueva batalla política y legal para buscar vías alternativas que mantengan los aranceles sin afrontar devoluciones masivas, con implicaciones fiscales y presupuestarias relevantes.

Además, menos ingresos por aranceles significan más presión sobre el déficit en un momento en el que la deuda estadounidense y los tipos a largo plazo ya están bajo vigilancia constante del mercado.

"Más allá del fallo del Supremo, el mensaje para los mercados es claro: las reglas pueden cambiar en cualquier momento. La recaudación vía aranceles ha sido elevada, pero el deterioro del empleo sugiere que el precio económico empieza a ser alto. Si los aranceles caen, la incertidumbre no se disipará; simplemente cambiará de forma. Y mientras la política económica se gestione a golpe de excepción, la volatilidad podría dejar de ser un episodio puntual para convertirse en el escenario base", advierte el analista Pablo Gil.

13Feb

Los países que mantengan compromisos ambientales pueden verse castigados, y el mensaje implícito es perverso: o alineas tu ciencia con mi narrativa, o asumes el coste.

Rodrigo Ramirez-Pisco, profesor de la Universidad Carlemany

La expresión alude a una forma elemental de torpeza: infligirse un daño a uno mismo, por decisión propia, sin necesidad de enemigos. Pero lo ocurrido ayer en EEUU va mucho más allá: es un gesto que en una reacción en cadena en el futuro nos afectará a todos. La administración Trump ha derogado el llamado 'endangerment finding' de 2009, la resolución histórica de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) que concluyó —tras revisión técnica y acumulación de evidencia— algo que ya sabíamos, aunque a algunos les incomodara decirlo en voz alta: los gases de efecto invernadero amenazan la salud pública y el bienestar. 

Durante 16 años, esa resolución funcionó como piedra angular y se convirtió en un fundamento legal y científico para regular emisiones en vehículos, centrales eléctricas e industria. Hoy, al borrarla “con una firma”, no se refuta un argumento; se desactiva el marco que obligaba a tomárselo en serio. Y las consecuencias no son abstractas ni lejanas: Primero, se abre la puerta a la desregulación de emisiones. Menos controles significan más contaminación y, con ella, más enfermedad evitable. El saldo real se medirá en urgencias respiratorias, en episodios de calor extremo, en costes sanitarios, en productividad perdida yen daños climáticos acumulados. Sobre esto se escribirán artículos, informes y libros; pero, sobre todo, se vivirán sus efectos.

Segundo, la sostenibilidad queda fuera de órbita en la mayor o segunda economía del planeta. No porque el resto del mundo deje de avanzar, sino porque el liderazgo económico de EEUU, en vez de acelerar la transición, decide frenarla. Y cuando el actor más grande se desentiende, el sistema entero se vuelve más inestable: mercados, inversiones, innovación tecnológica y cooperación internacional pagan el precio.

Y tercero, se multiplica el riesgo geopolítico y comercial. Una política económica basada en la presión arancelaria y la confrontación convierte el desacuerdo climático en conflicto económico. Los países que mantengan compromisos ambientales pueden verse castigados, y el mensaje implícito es perverso: o alineas tu ciencia con mi narrativa, o asumes el coste.

Pero hay un problema aún más inquietante, el que lo hace todo más oscuro: la repulsión hacia la actividad científica. Frente a la evidencia, siempre hay dos caminos: verificarla y discutirla con rigor, o amputarla para que estorbe menos. Lo segundo es más rápido, más rentable para algunos y más útil para el discurso inmediato. Y, sin embargo, es una derrota cultural: cuando se menosprecia la ciencia no solo se desprecia a los científicos; se desprecia la capacidad de una sociedad para mirarse al espejo y corregirse.

Vivimos días grises. No solo por el febrero del calendario, sino por este clima moral en el queresulta más fácil negar el termómetro que tratar la fiebre.

11Feb

La sucesión de elecciones este año (Brasil, Colombia, EEUU, Perú, Hungría, Suecia, Argelia, entre otras) dispara el riesgo político mundial a niveles récord.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump no puede, ni debe, olvidar que su destino depende del votante 'doméstico'. El 3 de noviembre se celebrarán las elecciones legislativas –se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado–, un evento clave porque determinará el grado de control sobre el Congreso y la capacidad del presidente para sacar adelante su agenda legislativa. 

En estos momentos, el presidente de EEUU parte con un lastre significativo de cara a las elecciones de medio mandato: su índice de popularidad es del 36%, el más bajo desde 1950, únicamente por encima del 30% registrado por Nixon tras el escándalo Watergate. Aunque no existe una regla escrita entre popularidad y los resultados electorales, lo cierto es que no hay precedentes de un mandatario con menos del 50% de aprobación popular que haya logrado mantener el control de ambas cámaras. 

En las elecciones midterm del pasado mandato de Trump (2022), su partido sufrió una estrepitosa derrota en la Cámara de Representantes, perdiendo el control de ésta. 

Ante este escenario, la estrategia de la Casa Blanca ha empezado a girarse hacia medidas centradas en la asequibilidad, con el objetivo de aproximarse al votante medio: la aprobación de la extensión de los subsidios de atención médica (Obamacare) –el punto de fricción que provocó el cierre gubernamental más prolongado de la historia de EEUU; otros anuncios orientados a aliviar el coste de vida, como reducir las tasas hipotecarias –mediante compras de bonos hipotecarios– o imponer un límite del 10% a los intereses de las tarjetas de crédito, aunque su aplicación efectiva aún está por determinar. 

Otro factor clave para atraer el respaldo de los hogares será la materialización de los estímulos fiscales a lo largo de 2026. Hay deducciones y exenciones de la Big Beautiful Bill que tienen carácter retroactivo: las horas extra y propinas imputadas a lo largo de 2025, que fueron objeto de retención, se compensarán en la declaración de la renta mediante devoluciones. Estos reembolsos se ingresarán a los contribuyentes en la primera parte del año –el 80% se abonará antes de junio– y aumentarán los ingresos promedio en 450$ por persona. 

Dado que, en el corto plazo, lo prioritario es impulsar el crecimiento, es muy probable que el cometido del DOGE de recortar los gastos fiscales pase a un segundo plano, al menos durante los próximos meses. 

Por su parte, la reforma fiscal contribuirá positivamente al PIB durante los próximos tres años, lo que permitirá ejercer un papel neutralizador sobre el efecto perjudicial de los aranceles. Sin embargo, a partir de 2028, el efecto conjunto será negativo, pero ahora lo determinante para Trump es el impacto inmediato sin considerar las consecuencias futuras. 

En medio de esta situación, Bangladesh y EEUU han firmado un acuerdo que elimina los aranceles aplicados a los textiles bangladesíes fabricados con algodón y fibras estadounidenses. Hasta ahora, el país asiático afrontaba un arancel recíproco del 20%, que tras el pacto se reduce ligeramente hasta una tasa general del 19%. La verdadera novedad es la exención total para las prendas exportadas por Bangladesh que utilicen materias primas estadounidenses, lo que reforzará su competitividad en un sector en el que ya figura como tercer proveedor del país norteamericano, por detrás de China y Vietnam, y por delante de India. Las autoridades de Daca prevén que sus compras de algodón procedente de EEUU puedan duplicarse, pasando de 1.000 millones a 2.000 millones$.

Por otra parte, las ventas minoristas en EEUU se estancaron inesperadamente en diciembre. La tasa mensual fue del 0%, inferior al +0,4% esperado, con ocho de las 13 categorías registrando descensos, incluidos retrocesos en tiendas de ropa. También presentaron retrocesos las ventas del grupo de control –utilizadas en el cálculo del PIB– un -0,1%. Sin embargo, al tratarse de periodo de compras navideñas, estas cifras débiles de diciembre podrían significar que las ventas se adelantaron, más que una muestra de menor demanda, dado que en noviembre la tasa escaló al +0,6%. A ello hay que sumarle el clima invernal extremo en gran parte de EEUU, de hecho, el gasto en restaurantes y bares –única categoría de servicios– cayó un -0,1% tras el fuerte aumento del mes anterior (+0,7%). 

El sentimiento entre los empresarios de pequeñas empresas en EEUU se debilitó ligeramente en enero, registrando su primera caída en tres meses. El índice de la NFIB retrocedió 0,2 puntos hasta 99,3, por debajo del 99,8 previsto. En el desglose, las expectativas sobre el mercado laboral apuntaron a una moderación en los planes de contratación y a un descenso en el número de vacantes, mientras que también se redujo el indicador que mide las perspectivas de mejora económica. En contraste, las expectativas de ventas repuntaron 6 puntos, alcanzando su nivel más alto en un año.

El UBS CIO Daily aporta que es probable que la debilidad del dólar estadounidense continúe tras unos datos decepcionantes de ventas minoristas en EEUU: "Creemos que la debilidad del dólar debería continuar en un contexto de nuevos recortes de tipos por parte de la Reserva Federal, que deberían seguir erosionando la ventaja de tipos del dólar frente a otras divisas. Los esfuerzos de los inversores globales por diversificar podrían añadir más presión en contra. Vemos oportunidades tácticas en divisas de mayor rendimiento".

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Con la debilidad del dólar probablemente prolongándose, los inversores deberían revisar sus asignaciones en divisas y considerar los beneficios de la diversificación. Para quienes tengan afinidad por el oro, consideramos adecuada una asignación de hasta un porcentaje de un dígito medio dentro de una cartera diversificada".

Christian Scherrmann, Economista jefe de DWS para EEUU, señala que, a principios de este año, los mercados laborales nos dieron una sorpresa importante. El informe de enero muestra un aumento espectacular de 130.000 puestos de trabajo. Una vez más, el sector sanitario lideró la contratación, con 82.000 puestos de trabajo nuevos. Las categorías potencialmente afectadas por la IA tuvieron resultados dispares: la información (-12.000) y los servicios financieros (-22.000) registraron descensos, mientras que los servicios empresariales registraron un sólido aumento de 34.000. La construcción también mostró fortaleza, con un incremento de 33.000 puestos de trabajo, y la industria manufacturera cumplió lo que sugerían los datos sobre pedidos y la confianza: un modesto aumento de 5.000 tras meses de pérdidas. La fuerte contratación también se reflejó en la tasa de desempleo, que bajó del 4,4% al 4,3%.

En combinación con un repunte de la tasa de participación del 62,4% al 62,5%, el informe envía una señal muy clara. La sólida cifra principal viene acompañada de las revisiones finales para 2025, que indican que el año pasado solo se crearon 181.000 puestos de trabajo, en lugar de los 584.000 comunicados anteriormente. En general, el informe sugiere que los mercados laborales siguen en una posición firme por ahora, con pleno empleo o cerca de él, aunque la calidad de los datos sigue planteando retos.

Para la Fed, el informe respalda su postura de mantener los tipos sin cambios, probablemente hasta que la inflación se recupere por completo de los efectos de los aranceles. Se espera que esto ocurra a mediados de 2026. 

Riesgo político y social en niveles récord

Las elecciones de medio mandato en EEUU se acercan con el riesgo político y social global está en niveles récord. Según Coface, el índice de riesgo político mundial alcanzó el 41,1 % en 2025, elevando la incertidumbre para este año y dejando sobre la mesa tres grandes retos que marcarán la economía mundial en 2026: un calendario de elecciones especialmente sensible, el creciente descontento popular y una geopolítica volátil, con conflictos que se intensifican y cambios en la política estadounidense.

Lejos de ser temporal, esta tendencia forma parte de una dinámica estructural, impulsada por dos factores principales: por un lado, los conflictos armados cada vez más intensos (la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania y las tensiones en Oriente Medio se están agravando); y, por otro lado, el aumento de los disturbios internos violentos, destacando las protestas sociales que están sacudiendo a los poderes establecidos.

Esta nueva realidad exige que las empresas que participan en el comercio mundial incorporen el riesgo político como un parámetro a largo plazo en sus estrategias de desarrollo, políticas de cobertura y decisiones de inversión.  

“El año 2025 terminó en un estado intermedio, con planes de resolución circulando, pero sin producir una paz real y duradera. El 2026 comienza en un mundo en el que la geopolítica ya no es un ruido de fondo, sino un factor estructurante en las estrategias de las empresas”, destaca Anna Farrugia, economista de Coface.

A partir de este diagnóstico, los expertos de la firma de gestión integral del riesgo comercial analizan los tres principales riesgos políticos y sociales de 2026 y sus implicaciones para la economía y las empresas con actividad internacional.

El primero es la acumulación de elecciones este año. La inestabilidad estructural encontrará su principal manifestación en las urnas. En EEUU, tras un año marcado por el regreso de Donald Trump, las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026 serán cruciales. La renovación completa de la Cámara de Representantes, 35 escaños en el Senado y 36 gobernaciones, podría reestructurar el equilibrio de poder.

En América Latina, los próximos meses prometen ser igual de decisivos. En Brasil, las elecciones presidenciales de octubre pueden marcar un punto de inflexión, ya que el presidente Lula ve cómo su popularidad decae mientras busca un cuarto mandato. En Colombia, las elecciones presidenciales de 2026 se celebrarán en un clima igualmente tenso, ya que el presidente saliente de izquierdas, Gustavo Petro, no puede presentarse a la reelección. En Perú, las elecciones generales están previstas para abril de este año, tras la destitución de la presidenta Dina Boluarte en octubre de 2025.

Por otro lado, Europa entrará en un contexto de reajuste político marcado por varias elecciones decisivas que redefinirán efectivamente el equilibrio político dentro de la Unión Europea. En Hungría, la reducción de la diferencia en las encuestas entre Viktor Orbán y la oposición liderada por Péter Magyar abre la posibilidad de un cambio tras quince años de continuidad política, lo que ilustra de manera más amplia el debilitamiento del centro político europeo ante el auge de las fuerzas populistas. Esta tendencia se repite en Francia, donde las elecciones municipales de marzo servirán de barómetro de cara a las presidenciales de 2027, en un contexto en el que el RassemblementNational (extrema derecha) tiene una fuerte influencia en el debate público. En Suecia, las elecciones generales de septiembre confirmarán (o no) la posición de los Demócratas Suecos como segunda fuerza política, lo que simboliza el crecimiento del voto protestatario en la región.

En África, la tendencia hacia el declive democrático sigue siendo marcada. Se celebrarán elecciones nacionales en Argelia, Etiopía, Marruecos, la República del Congo, Uganda y Benín, que se vio sacudido por un intento de golpe de Estado en diciembre de 2025. Varios países liderados por presidentes de edad avanzada reelegidos en 2025, como Camerún, podrían entrar en una fase de transición.

En Asia, Bangladesh será uno de los principales focos de atención. Dos años después del levantamiento estudiantil que puso fin a quince años de poder, el país celebrará elecciones legislativas junto con un referéndum constitucional en febrero.

“Desde hace varios años se viene observando una tendencia común, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes: una creciente frustración por las condiciones económicas y sociales, que se perciben como en declive, y un profundo desencanto de la población con la clase política en el poder”, constata Ruben Nizard, jefe del Sector de Investigación y Análisis de Riesgos Políticos en Coface.

El malestar social pone a prueba al poder

El segundo riesgo del que advierte el análisis de Coface se centra cuando el malestar social pone a prueba al poder. Los jóvenes y las poblaciones agotadas por sucesivas crisis podrían volver a ser el motor de la movilización social. Los datos del índice de riesgo político y social de Coface revelan un aumento del riesgo de fragilidad política y social en los países donde los jóvenes desempeñan un papel importante en las protestas. 

En los países asiáticos, las protestas y el malestar social van en aumento. En Nepal, solo hicieron falta dos días para conseguir la dimisión del primer ministro. En Indonesia y Filipinas, los jóvenes se manifestaron contra unas reformas consideradas impopulares y contra una clase política percibida como corrupta.

En África, el colectivo GenZ212 de Marruecos se ha convertido en un actor clave en las protestas contra el deterioro de los servicios públicos, lo que pone de manifiesto una profunda frustración socioeconómica. En Madagascar, varias semanas de protestas condujeron a un golpe militar, lo que ilustra la persistente inestabilidad política en determinadas regiones del continente. En Irán, la nueva ola de protestas desde principios de 2026 confirma la creciente presión sobre un régimen debilitado. La represión sigue siendo especialmente severa, pero ya no es capaz de contener el movimiento de protesta arraigado en las crisis económicas, sociales y políticas de los últimos años. El país se ha visto sacudido en varias ocasiones por manifestaciones a gran escala, ya sean movimientos contra el alto coste de la vida, las protestas de 2019 o el levantamiento «Mujer, Vida, Libertad» de 2022-2023, lo que revela un movimiento de protesta estructural más que cíclico. 

“El indicador Coface clasifica a Irán como el segundo país más frágil política y socialmente del mundo en 2025 (86 %, por detrás de Sudán), un nivel que refleja la acumulación de tensiones internas y la incapacidad del régimen para satisfacer las expectativas de una población joven, precaria y cada vez más movilizada”, afirma Anna Farrugia.

En muchas economías avanzadas, el malestar social también está ganando terreno, y el acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur está provocando importantes tensiones. En Francia, la oposición de los agricultores ha dado lugar a protestas en las que se denuncia lo que consideran una competencia desleal y distorsiones relacionadas con las normas medioambientales y sanitarias. El malestar social, ya evidente en el movimiento «Bloquons tout» («Bloqueemos todo») de septiembre de 2025, ha lastrado la confianza y la inversión. Bulgaria se vio sacudida por la movilización de la Generación Z contra la corrupción, un movimiento que provocó la dimisión del Gobierno de Rossen Jeliazkov cuando el país se acercaba a su entrada en la zona euro. Italia tampoco se ha librado: a finales de 2025, los sindicatos lanzaron una huelga nacional contra la propuesta de presupuesto del Gobierno de Meloni para 2026. Al otro lado del Canal, los debates sobre la inmigración y las manifestaciones a favor de Palestina mantienen un clima social frágil.

En EEUU, la política arancelaria pesa mucho sobre el mercado interno, ya que el 80% de los derechos de aduana recae sobre las entidades estadounidenses (empresas o consumidores), un factor que probablemente alimentará el descontento.

El tercer riesgo oscila entre los desafíos a la hegemonía estadounidense, las rivalidades de poder y los conflictos persistentes. La captura de Nicolás Maduro a principios de enero demostró, por si hiciera falta más pruebas, que el año comienza en línea con la volatilidad geopolítica que se ha convertido en la norma en los últimos años. Esta postura estadounidense se produce en un contexto de inestabilidad mundial que está redefiniendo los equilibrios geopolíticos y comerciales. Los aranceles anunciados por Washington en abril de 2025 han llevado la incertidumbre comercial a niveles sin precedentes. El reto será tanto jurídico como político: el Tribunal Supremo debe pronunciarse sobre la legalidad y el alcance de las competencias arancelarias del ejecutivo.

A esto se suman los conflictos de larga duración. La guerra entre Rusia y Ucrania entra ahora en su cuarto año, sin perspectivas reales de resolución a pesar de los esfuerzos diplomáticos europeos y estadounidenses. En Oriente Próximo, la situación sigue siendo igual de precaria: la región sigue caracterizándose por una gran fragilidad, a pesar del alto el fuego acordado entre Israel y Hamás.

Para las empresas que se dedican al comercio mundial, este contexto requiere un enfoque proactivo y medidas específicas, como reforzar el seguimiento político, diversificar geográficamente las operaciones, flexibilizar las cadenas de suministro e integrar el riesgo país en las decisiones estratégicas. 

09Feb

Robeco eleva del 4,75% al 5,25% la rentabilidad de las materias primas entre 2026 y 2030, por la mayor demanda pero también por el menor atractivo de los tradicionales sectores refugio, como el bono del Tesoro de EEUU.

Miguel Ángel Valero

El oro subió hasta superar la histórica barrera de los 5.000$ por onza en enero y alcanzó un máximo de casi 5.600 antes de desplomarse más de un 15%, hasta los 4.500, el 2 de febrero. El oro, un 'sector refugio' muy demandado durante siglos, casi ha duplicado su valor en los últimos 12 meses por el temor a nuevos conflictos en torno a Groenlandia e Irán, además de por las continuas tensiones comerciales entre EEUU y China.

La plata ha experimentado una subida aún más meteórica, alcanzando la cifra récord de 121$ por onza antes de caer más de un 40%, hasta los 72. En los últimos 12 meses, su valor ha pasado a ser más del doble, en parte debido a que su demanda en aplicaciones industriales, como la energía limpia y la IA, ha superado con creces el suministro de las minas. La plata, antaño la base de todas las monedas,sigue teniendo un caché monetario por derecho propio.

Ambos se clasifican como materias primas en las carteras de inversión. Pero, ¿acaso son para tanto? "Tras una increíble racha de rentabilidad sólida por parte de los objetos brillantes, seguida de una mediática corrección, es un buen momento para hacer balance", afirma Arnout van Rijn, Portfolio Manager de las estrategias multiactivos de Robeco Investment Solutions.

"En Expected Returns a 5 años 2026-2030, elevamos la previsión de rentabilidad de las materias primas del 4,75% al 5,25%. Encontramos dos razones fundamentales en las que se basa esta previsión, de una rentabilidad superior a la media, para esta clase de activos. La primera es el aumento de la demanda de metales con fines de electrificación, construcción de infraestructuras y defensa militar. Además, observamos que el aumento de las previsiones de inflación, combinado con la elevada deuda (de EEUU), derivan en un menor atractivo de los tradicionales 'sectores refugio' alternativos, como los bonos del Tesoro estadounidenses".

"También afirmábamos que las materias primas ya no eran baratas, aunque eso solo se basaba en el hecho de que cotizaban por encima del precio promedio en cinco años (con la notable excepción del petróleo). Desde entonces, hemos abierto posiciones en metales industriales y aumentado las del oro en las carteras", explica.

Y la rentabilidad ha sido constante. El oro superó con creces a la renta variable en 2025, a pesar del importante repunte de los mercados bursátiles globales. Lo mismo ocurre si retrocedemos 20 años, hasta 2005.

Si nos remontamos aún más atrás, el oro es la segunda clase de activos con el mejor rendimiento en el último medio siglo, por detrás de la renta variable. La plata ocupa el tercer lugar en cuanto a rentabilidad, aunque tiene una volatilidad mucho mayor. En conjunto, las materias primas han generado una rentabilidad del 5,7% en euros en los últimos 50 años, aunque la del petróleo solo ha aumentado un 3,2%. 

"El oro destaca como material más seguro, pues su volatilidad es del 18%, mientras que la de la plata y el petróleo supera ampliamente el 30%. Además, los metales preciosos tienen bajas correlaciones con la renta variable y la renta fija. El cobre no tiene un historial tan largo, pero si nos remontamos casi 40 años atrás, ha generado algo más de un 5% de rentabilidad, pero con una volatilidad que también es relativamente alta, del 25%", explica el experto de Robeco.

"La conclusión es que la asignación estructural en una cartera multiactivo a activos sin rendimiento, como las materias primas, conviene a los inversores a largo plazo. Cuanto más brilla el metal, más rentabilidad ofrece. Compramos oro para obtener diversificación y una rentabilidad sólida a largo plazo con una volatilidad limitada", remarca.

¿Qué ocurre con la dinámica de precios de la oferta de dos metales cuya disponibilidad es limitada? En la historia de la humanidad, solo se han extraído unas 220.000 toneladas de oro (lo cual equivale a tres piscinas olímpicas y media), y solo quedan unas 60.000 toneladas bajo tierra, según el Consejo Mundial del Oro.

"El coste de producción marginal solo puede limitar la caída de las valoraciones en la parte corta, porque una disminución del precio acabaría con la oferta y devolvería el equilibrio. Evidentemente, no es el caso del oro ni de la plata, pues el coste de producción marginal del oro se sitúa en torno a 1.700$ por onza (con un precio al contado de 5.000$) y el de la plata en 20$ por onza (en 90$ si es al contado)", apunta Van Rijn.

"El cobre tiene un mayor respaldo, pues sus costes marginales rondan los 5$ por onza frente a un precio de mercado de 6 por onza. El petróleo también está mejor respaldado desde este punto de vista", añade.

El detonante de la corrección

En este contexto, ¿qué podría salir mal? El anuncio por parte del presidente Trump de que su candidato a presidir la Reserva Federal era un experimentado banquero central y conocido 'halcón' (lo cual disipó los temores de que aumentara la inestabilidad en el mayor sistema financiero del mundo) provocó el desplome de los precios de los metales considerados 'sectores refugio'.

"El contexto macroeconómico favorece al oro como cobertura frente a los niveles excesivos de deuda y la impresión de dinero. Sin embargo, hasta que no veamos que tanto el mercado de bonos del Tesoro como el dólar caen bruscamente, no creeremos en el denominado 'comercio de devaluación'", señala el gestor de Robeco.

"Los temores por la independencia de la Fed se han disipado, con lo que también se ha desvanecido la creencia de algunos compradores de que el sistema financiero tal como lo conocemos está llegando a su fin. Dado el comportamiento intimidante de EEUU, es difícil que ningún banco central europeo dé un vuelco y cambie sus reservas de oro por bonos del Tesoro estadounidenses. Aun así, debido a las políticas impredecibles de regímenes populistas, podrían tomarse medidas para capitalizar parte de los beneficios derivados del oro obtenidos por los bancos centrales y alterar el equilibrio favorable entre demanda y oferta", avisa.

Es posible que se avecine otro tambaleo debido a la mentalidad de burbuja entre inversores que ha causado el fuerte aumento los precios de las acciones relacionadas con la inteligencia artificial y que, antes de eso, derivó en el frenesí por el 'oro digital', el bitcoin, según afirma Van Rijn.

Los inversores minoristas han sido en parte responsables del repunte del oro, gracias a las facilidades de inversión que ofrecen los ETF.«En 2025, los minoristas (chinos y estadounidenses) provocaron una subida exponencial de los precios del oro, de modo que era inevitable que se produjera un colapso como el de finales de enero», explica Van Rijn. "Dado el aumento de tenedores débiles atraídos por el encanto de los objetos brillantes, hay bastantes posibilidades de que se produzcan más ventas en 2026. Con los precios actuales y un consenso optimista, es lógico tomar beneficios", concluye.

05Feb

Una estrategia diseñada para reforzar la posición norteamericana en el mundo puede estar sembrando las bases de una pérdida gradual de influencia.

Miguel Ángel Valero

La política comercial de Donald Trump ya no se define solo por los aranceles, sino por algo más corrosivo: la incertidumbre permanente. Nadie sabe cuál será el próximo anuncio, el siguiente castigo comercial o el nuevo aliado convertido en adversario. Y cuando esa imprevisibilidad se convierte en norma, los socios empiezan a protegerse.

Eso es exactamente lo que estamos viendo. Reino Unido se acerca a China no por afinidad, sino por necesidad. Europa acelera acuerdos comerciales largamente bloqueados, como los suscritos con Mercosur o India. Canadá, Corea del Sur o incluso socios asiáticos tradicionales de Washington revisan silenciosamente sus dependencias. No es una ruptura con EEUU, es una diversificación forzada.

En ese contexto, el acercamiento a China y, sobre todo, a India cobra todo el sentido. No son potencias marginales, sino las dos economías que, según el Fondo Monetario Internacional, concentrarán buena parte del crecimiento global durante la próxima década. India, en particular, emerge como la gran alternativa estratégica: crecimiento por encima del 6%, demografía favorable, ambición industrial y una posición geopolítica suficientemente autónoma como para no quedar atrapada en un solo bloque.

El acuerdo entre la Unión Europea y la India no es, por tanto, un simple tratado comercial. Es una jugada de fondo. Permite a Europa diversificar cadenas de suministro, reducir vulnerabilidades frente a China y EEUU, y ganar acceso a sectores clave como tecnologías limpias, farmacéuticas, infraestructuras digitales o materias primas críticas. También refuerza el papel de India como potencia bisagra, capaz de relacionarse con Washington, Bruselas, Moscú y Pekín sin alinearse plenamente con ninguno.

Si a este movimiento se suma una ratificación del acuerdo con Mercosur, el mapa empieza a dibujarse con claridad. Europa estaría asegurando acceso preferente a Asia y América Latina justo cuando EEUU opta por una estrategia de confrontación comercial, incluso con sus aliados históricos. No es un movimiento ideológico, es una respuesta racional a un entorno cada vez más volátil.

"La paradoja es evidente. Una política diseñada para reforzar la posición estadounidense puede estar sembrando las bases de una pérdida gradual de influencia. No por un colapso abrupto, sino por algo más silencioso: la normalización de un mundo donde EEUU deja de ser el socio imprescindible y pasa a ser uno más, poderoso, sí, pero imprevisible", señala el analista Pablo Gil en The Trader. 

"Las hegemonías rara vez se pierden por un ataque externo. Suelen erosionarse desde dentro, cuando las decisiones propias minan la confianza que sostiene el liderazgo. Tal vez estemos asistiendo al inicio de ese proceso: no el final inmediato de la hegemonía estadounidense, pero sí el comienzo de un desgaste que hace solo unos años parecía imposible", subraya.

India-UE: "la madre de todos los acuerdos"

En ese contexto, la Unión Europea y la India han cerrado un tratado de libre comercio histórico que promete transformar las relaciones económicas entre ambos bloques tras casi dos décadas de negociaciones. Este pacto, calificado por Ursula von der Leyen como “la madre de todos los acuerdos”, abre un mercado de más de 2.000 millones de consumidores eliminando las barreras arancelarias que han limitado la presencia europea en India durante años.

Para España, el impacto de este tratado va mucho más allá. La notable coincidencia entre los bienes que la India importa a nivel global y los productos que España exporta abre una amplia ventana de oportunidades para los sectores de maquinaria industrial y agrícola, combustibles minerales, productos químicos y farmacéuticos, equipos eléctricos y electrónicos, así como productos plásticos. 

Esto puede suponer, según inAtlas:

  • Ahorros significativos para exportadores europeos (hasta 4.000 millones€ anuales en aranceles eliminados o reducidos) potenciando la competitividad de productos españoles en India.
  • Duplicar el comercio bilateral con India hacia 2032 gracias a mejor acceso al mercado y reducción de barreras no arancelarias.
  • Impulso a sectores estratégicos para España: energías renovables, infraestructuras, agroalimentario (como vinos y aceite de oliva, cuyos aranceles pasan de niveles muy altos a cero en apenas años), defensa, químico y servicios especializados.
  • Además, el acuerdo facilitará la cooperación regulatoria y la integración de cadenas de valor, reduciendo los costes logísticos y de certificaciones técnicas que tradicionalmente han frenado la internacionalización de las pymes españolas.

Propuesta de acuerdo sobre minerales críticos

Al mismo tiempo que se acerca a China y llega a acuerdos con Mercosur y con India, Europa no descuida la compleja relación con EEUU. La Unión Europea ha reactivado el proceso para implementar el acuerdo comercial con EEUU. Este pacto, firmado en julio de 2025,, y destinado a reducir aranceles entre ambas partes, está pendiente de completar los trámites burocráticos necesarios para su incorporación al marco legislativo europeo. Mientras tanto, los aranceles de ambos países continúan recaudándose con la intención de reembolsar posteriormente las cantidades a las empresas una vez que el acuerdo sea ratificado.

Sin embargo, el procedimiento de ratificación quedó bloqueado en el Parlamento Europeo después de que Trump lanzara una nueva amenaza arancelaria contra los países europeos que enviaron tropas militares a Groenlandia y, ahora que la situación se ha estabilizado, el acuerdo se someterá a votación en la Eurocámara el 24 de febrero. Además, la institución incorporará una “cláusula automática” que se activará en caso de que Trump intente ejercer nuevas presiones y modificar las condiciones pactadas. 

Además, la Unión Europea quiere proponer a EEUU un acuerdo sobre minerales críticos con el objetivo de limitar la influencia de China en este mercado estratégico. Aunque los detalles aún están por definirse, pretende presentar en los próximos tres meses una “hoja de ruta de asociación estratégica” a la Administración Trump. 

Esta iniciativa busca desarrollar, de manera conjunta, alternativas a la dependencia de China para el abastecimiento de minerales críticos mediante proyectos compartidos, actividades de investigación y mecanismos de intercambio de información. El plan también contempla la posibilidad de crear reservas que permitan protegerse frente a interrupciones repentinas en el suministro.

03Feb

La evolución de las relaciones entre EEUU y China continúa siendo un factor de riesgo para los flujos comerciales, con posibles repercusiones sobre la competitividad de los distintos orígenes y sobre el equilibrio entre exportaciones y consumo interno.

Miguel Ángel Valero

El año 2025 se cerró con un panorama claramente heterogéneo para los mercados agrícolas, marcando una clara discontinuidad respecto a las tensiones generalizadas que habían caracterizado las campañas anteriores, según un informe de Areté The Agri-Food Intelligence Company. La variación de los precios entre el inicio y el final del año pone de manifiesto una clara polarización: pocos sectores logran mantenerse en terreno positivo, mientras que la mayoría de las materias primas agrícolas registran correcciones incluso profundas, reflejando el regreso al primer plano de los fundamentales productivos.

Entre los mercados que han mostrado una mejor y sólida resistencia a lo largo del año destaca el café Arábica, que cerró 2025 con un aumento significativo. Su comportamiento estuvo respaldado principalmente en la primera parte del año por las incertidumbres relacionadas con la disponibilidad de producto y por unos niveles de existencias relativamente ajustados, especialmente en Brasil. Con el avance de la campaña, no obstante, la mejora de las perspectivas productivas fue reduciendo progresivamente la presión alcista, dejando al mercado en una fase de consolidación en el tramo final del año.

También en terreno positivo, aunque con dinámicas distintas, se sitúa el complejo de la soja, impulsado en gran medida por el aceite de soja. El apoyo ha venido de la demanda energética, que ha seguido orientando los flujos de utilización de los aceites vegetales, manteniendo elevada la demanda de aceite pese a un contexto agrícola globalmente bien abastecido. El grano de soja solo se ha beneficiado parcialmente de esta dinámica, mientras que la harina de soja ha mostrado una estabilidad sustancial en términos interanuales, lastrada por una demanda ganadera menos dinámica y por un excedente estructural de oferta.

De cara al futuro, sin embargo, el sector de la soja se enfrenta a un escenario más complejo. Las primeras indicaciones para 2026 apuntan a una nueva cosecha récord en Brasil, destinada a reforzar aún más la disponibilidad global de grano y derivados.

Al mismo tiempo, persiste un elevado grado de incertidumbre en el frente comercial: la evolución de las relaciones entre EEUU y China continúa siendo un factor de riesgo para los flujos comerciales, con posibles repercusiones sobre la competitividad de los distintos orígenes y sobre el equilibrio entre exportaciones y consumo interno.

En este contexto, y a pesar de que China ha recomenzado a comprar soja, los niveles son inferiores a la serie histórica, existiendo una caída de la demanda internacional de grano de soja estadounidense, que podría compensarse con políticas de apoyo al consumo interno (por ejemplo, un aumento de los objetivos de producción de biodiésel) para sostener los precios del grano y del aceite de soja en la CME.

En conjunto, 2025 marca la transición desde una fase de inflación generalizada de los mercados agroalimentarios hacia un contexto dominado por el impacto de los fundamentales sobre los precios.

Así, 2026 se abre bajo el signo de una mayor dispersión de comportamientos, con mercados cada vez más obligados a enfrentarse a las dinámicas de oferta, las políticas agrícolas y energéticas y el ritmo de la demanda global.

Muchas dudas sobre el acuerdo EEUU-India

Por otra parte, EEUU e India anunciaron de forma inesperada un acuerdo comercial que reduce la carga arancelaria aplicada a los bienes de origen indio del 50% al 18%, a cambio, de que el país surasiático elimine sus importaciones de petróleo ruso, como ya publicó Dinero Seguro el 2 de febrero. Hasta ahora, Nueva Delhi soportaba un gravamen total del 50% (25% de arancel recíproco y otro 25% adicional como “castigo” vinculado a la compra de crudo ruso). Con el nuevo pacto, desaparece el arancel punitivo del 25% y la tasa recíproca se reduce al 18%.

Este ajuste mejora la competitividad de India en el mercado estadounidense: pasa de ser el socio comercial con la tasa más elevada a situarse ligeramente por debajo de otros exportadores asiáticos como Vietnam (20%) y la mayoría del Sudeste Asiático (19%), aunque aún por encima de Corea del Sur y Japón, cuyas tarifas rondan el 15%.

Por su parte, Trump afirmó que India se ha comprometido a detener completamente sus compras de petróleo ruso, eliminar aranceles y barreras no arancelarias hasta llevarlas a cero, y adquirir más de 500.000 millones$ en bienes estadounidenses –incluidos energía, tecnología y productos agrícolas–.

Sin embargo, estas declaraciones deben tomarse con cautela: aunque India ha reducido sus importaciones de crudo ruso en el último mes, hasta 1,2 millones de barriles diarios (mbd) desde 1,7 mbd promedio en 2025, persisten dudas sobre la posibilidad de que estos flujos desaparezcan por completo, dada la ventaja de precios rusos con descuento.

Tampoco parece viable que India elimine por completo las barreras a los productos lácteos y agrícolas de EEUU, sectores especialmente protegidos y que ya fueron líneas rojas en su reciente acuerdo con la Unión Europea. 

Sí es más factible que suprima aranceles para bienes intermedios, que representan una parte sustancial del comercio bilateral.

En cuanto al anuncio de compras superiores a 500.000 millones$ en bienes estadounidenses, no se ha aclarado el horizonte temporal. Para que este compromiso sea creíble, debería abarcar un periodo muy amplio, considerando que las importaciones anuales de India desde EEUU en 2024 fueron de 44.000 millones.

02Feb

Ha acelerado la diversificación comercial, al tiempo que insiste en los estímulos fiscales para incentivar la actividad económica local.

Miguel Ángel Valero

La economía de India sigue creciendo a un ritmo sólido, impulsada por una demanda interna resistente y unas políticas macroeconómicas favorables. En este contexto, se espera que el crecimiento del PIB alcance el 6,3% en 2026, el más alto entre las grandes economías emergentes, y muy por encima de la media global (2,6%). Pero, a pesar de su fuerte dinamismo, la economía de India también está sufriendo los efectos de las políticas proteccionistas de EEUU y el deterioro del clima comercial internacional. El crecimiento previsto para este año (6,3%) está por debajo del estimado para 2025 (7%), según un estudio de Crédito y Caución. 

En agosto de 2025, Trump elevó del 25% al 50% los aranceles de importación, impactando de manera directa y rápida en el volumen de exportaciones de India a EEUU. Se redujeron un 22%, comparación con el mismo mes del año anterior. Sectores como el textil, el farmacéutico y el de productos manufacturados se enfrentan a un fuerte descenso de su competitividad. 

En este escenario, el gobierno indio ha acelerado un amplio programa de diversificación comercial, materializado recientemente en un acuerdo histórico con la Unión Europea, como ha analizado Dinero Seguro. Este acuerdo, tras dos décadas de negociaciones, establece las bases de una nueva y significativa relación económica. La UE concentra alrededor del 18% de las exportaciones indias, por lo que la reducción de barreras favorecerá la llegada de productos del país. A su vez, bienes clave como los automóviles europeos –hasta ahora sujetos a aranceles elevados– verán disminuir sus cargas, permitiendo la entrada de 250.000 vehículos con tarifas reducidas.

Además, se espera que India siga profundizando su cooperación con EEUU en determinados sectores estratégicos, como los semiconductores, la ciberseguridad, los minerales críticos y la fabricación de material de defensa.

Por otro lado, se siguen reforzando medidas estatales para incentivar la actividad económica local. India es una economía más orientada al mercado interno. En este sentido, las reciente medidas fiscales aprobadas por el gobierno sobre bienes y servicios supondrán un estímulo para la demanda, mientras que la flexibilización de las condiciones de financiación debería respaldar también la inversión privada. 

El informe de la aseguradora de Crédito espera también que la demanda rural se fortalezca gracias a unas buenas condiciones meteorológicas. Esta recuperación se ve favorecida además por la disminución de las presiones inflacionistas y el repunte de los salarios, que reflejan la mejora de las condiciones de empleo y contribuirá a un aumento del consumo. 

En definitiva, el desarrollo de medidas para incentivar la economía local y los nuevos acuerdos comerciales impulsarán el crecimiento de India en 2026 y 2027, por encima del 6%, gracias a una demanda interna resistente y unas políticas macroeconómicas favorables.

Otro TACO de Trump

Prueba de que India está ganando el pulso a Trump es que éste ha tenido que ceder y EEUU bajará el arancel recíproco a productos indios del 25% al 18% de forma inmediata, eliminando además un recargo adicional del 25% impuesto por compras de petróleo ruso.

India se compromete a eliminar sus barreras arancelarias y no arancelarias a productos estadounidenses, y a comprar más de 500.000 millones$ en bienes de EEUU, como energía, tecnología y agricultura. También dejará de adquirir petróleo ruso (que suponen el 36% del total), optando por importaciones mayores de EEUU y potencialmente Venezuela, lo que Trump vincula a esfuerzos para acabar con la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania.

Modi confirmó la reducción arancelaria calificándola de "maravillosa", pero no cita el petróleo ruso. Trump ahora le describe como "mejor amigo".

02Feb

Su nombramiento como sustituto de Jerome Powell también puede servir para calmar los temores sobre la independencia de la Fed, dado que en el pasado ha sido un firme defensor de la autonomía del banco central.

Miguel Ángel Valero

El viernes 30 de enero se dio a conocer al candidato para presidir la Reserva Federal tras el vencimiento del mandato de Jerome Powell: Kevin Warsh. Figura conocida en los círculos académicos del banco central, exmiembro del Comité de la Fed y actualmente consejero independiente de UPS, presenta un perfil institucional y, en los últimos tiempos, favorable a unos tipos de interés más reducidos. No obstante, se posiciona como un aspirante crítico con la política monetaria actual, especialmente en lo relativo al uso intensivo del balance como herramienta de actuación. La reacción del mercado fue favorable para el dólar, pero adversa para los activos de riesgo, en particular para los metales preciosos, que cayeron con intensidad tras conocerse la noticia.

Todavía no se conocen las fechas para que el Senado y el Committee on Banking, Housing and Urban Affairs evalúen su candidatura. Pero sigue la espada de Damocles del senador republicano Thom Tillis, que ha dejado de manera meridianamente clara su intención de bloquear cualquier candidatura hasta que concluya la investigación del Departamento de Justicia sobre Powell. Sin su apoyo, es difícil que un aspirante supere el primer filtro necesario para ser sometido a votación en el pleno.

Ibercaja: con Trump el dólar se ha depreciado el 13.4%

El dólar viene siendo centro de debate en cualquier toma de decisión de inversión desde que Trump tomó posesión el 20 de enero de 2025. Desde entonces, el dólar se ha depreciado frente al euro un 13,4% y frente el índice DXY lo ha hecho un 10,6%. La debilitación del dólar hasta ahora no ha sido casual, y ha respondido a múltiples factores, según un análisis de Ibercaja Gestión

  • nos encontramos en un entorno procíclico, decrecimiento, y en estos entornos los inversores no necesitan refugiarse en dólar; 
  • el riesgo geopolítico pone en duda su valor como activo refugio, las sanciones a Rusia son un claro ejemplo; 
  • y el debate sobre el sustituto de Jerome Powell como presidente de la Fed ha puesto en duda la independencia de la autoridad monetaria. 

Aun así, desde julio, el dólar había conseguido estabilizarse en un rango de 1,15-1,17 EUR/USD. Sin embargo, en la última semana, la estabilidad se ha roto y el dólar ha tocado niveles de 1,2EUR/USD. El viernes 30 de enero, el dólar se debilitó frente al yen tras conocerse que la FED de Nueva York había realizado 'rate checks' a través del Tesoro. Un 'rate check' consiste en hacer una petición simultánea de un tipo de cambio a distintos agentes del mercado, sin llegar a realizar una transacción. No supone una intervención directa en el mercado, pero manda un mensaje a los inversores, que incorporan a sus expectativas y termina trasladándose al precio del tipo de cambio. 

Los inversores ahora interpretan que el Tesoro de EEUU está dispuesto a mantener un yen más fuerte -debilitando así el dólar- si es necesario. Las autoridades de EEUU llevan sin intervenir en el mercado de divisas de forma unilateral desde 1995, y solo lo han hecho de forma coordinada tres veces desde 1998. Realizar 'rate checks' no se considera una intervención, pero confirma la mayor predisposición de esta Administración a realizar una gestión del tipo de cambio más activa.

La justificación a este movimiento es que el Tesoro ha intentado una actuación conjunta con el Banco de Japón. De no haber actuado, la tendencia bajista del yen hubiese obligado al Banco de Japón a vender dólares y, por lo tanto, bonos de EEUU. para mantener el tipo de cambio, tensionando la curva americana. Pese a esto, hay otras teorías, ya que la actuación va en línea con la política arancelaria del gobierno, que trata de forzar una reindustrialización de la economía americana. Con un dólar débil, la industria se fortalece y los ajustes en la balanza comercial son más sencillos. 

Pese a que no creemos que un dólar débil 'per se sea' el objetivo de Trump, el presidente se ha mostrado “cómodo” con los niveles actuales del EUR/USD. Lo que sí que está claro es que la probabilidad de que veamos una intervención crece, y el umbral dónde podemos esperar que esta se produzca está más cerca de lo que creíamos. Por tanto, como los inversores tienen esto en cuenta, lo que se deriva es una depreciación del dólar.

La depreciación del dólar frente al yen se ha trasladado al resto de divisas de forma parecida. El hecho de que se haya producido un evento como este afecta a todo el mercado de divisas y el contagio ha sido inmediato. El índice DXY, que mide la fortaleza del dólar frente a una cesta ponderada por las seis principales divisas de los socios de EE. UU., ha caído un -2,1% en la última semana.

Los inversores llevan tiempo exigiendo una mayor compensación por riesgo para mantener dólares, lo que se ha traducido en una fuerte depreciación de la divisa en los últimos doce meses. El dólar lleva  meses manteniendo una prima de riesgo negativa, cotizando a un valor menor al que el diferencial de tipos de interés frente a otras divisas nos indica. Durante los últimos diez días, hemos visto como esta prima de riesgo negativa se ensanchaba, reflejando la pérdida de confianza y las expectativas de depreciación de los inversores.

La devaluación del dólar es un fenómeno estructural que, ahora, se ha visto impulsado por una actuación aparentemente puntual, pero que podría responder a una voluntad política de la actual Administración. No obstante, la velocidad de los movimientos no gusta dentro del Gobierno americano y Bessent, secretario del Tesoro, ya salió a calmar a los mercados el miércoles: “EEUU siempre tiene una política de dólar fuerte”; y descartó una intervención inminente en el cruce contra el yen. En el corto plazo, debería de encontrar soporte por debajo del 1,2, aunque si lo rompe, en el medio plazo el siguiente objetivo podría estar en torno al 1,22-1,23 (máximos de 2021).

"Hay que vigilar la exposición excesiva del dólar en las carteras (teniendo en cuenta todas las inversiones), y tratar de diversificar hacia otros mercados para reducirla. Un dólar débil, no obstante, es bueno para la evolución de los resultados empresariales americanos (y malo paras las europeas); y puede afectar al comportamiento relativo de las Bolsas", subrayan en Ibercaja Gestión.

Ebury: Trump sugiere un dólar débil

El Análisis del Mercado de Divisas de Ebury destaca que el dólar cerró la semana pasada prácticamente sin cambios, aunque tras unas sesiones extraordinariamente agitadas y volátiles en los mercados de divisas. El dólar sufrió un duro golpe a principios de semana, cayendo a su nivel más bajo desde principios de 2022, debido a la naturaleza errática de Trump y algunos comentarios suyos que parecían insinuar la búsqueda de un dólar débil. Sin embargo, el dólar se recuperó en la segunda mitad de la semana, impulsado por la candidatura de Warsh a la Fed,las declaraciones 'hawkish' del FOMC y las palabras del secretario del Tesoro, Scott Bessent, defendiendo una política de dólarfuerte.

A finales de esta semana, las reuniones de algunos bancos centrales desviarán temporalmente la atención de EEUU. Tanto el BCE como el Banco de Inglaterra mantendrán los tipos de interés intactos el jueves, aunque el mercado estará muy pendiente del segundo por si detecta indicios sobre la próxima bajada de tipos. 

"El Gobierno estadounidense entra en un cierre parcial, pero no esperamos que esto tenga un impacto en los mercados, sobre todo porque no creemos que se vaya a prolongar mucho tiempo", precisan en Ebury. El informe de nóminas no agrícolas estadounidenses correspondiente a enero se publicará el viernes, según lo previsto.

  • EUR: Consideramos que la subida del EUR/USD por encima de la cota de 1,2 fue excesiva, sobre todo teniendo en cuenta las declaraciones de Scott Bessent. No obstante, las cifras del PIB de la zona euro del cuarto trimestre (un crecimiento intertrimestral del 0,3 %) refuerzan nuestra opinión de que la moneda única está bien posicionada para 2026, sobre todo porque aún no se ha visto el impacto completo del paquete fiscal alemán. Se espera que el BCE mantenga los tipos sin cambios el jueves y que la presidenta Lagarde vuelva a afirmar que la política monetaria se encuentra en una "buena posición" y que apenas existe apetito para continuar relajando los tipos. El mercado seguirá con atención sus comentarios sobre la reciente apreciación del euro, pero no creemos que vaya a intentar provocar caídas de la moneda única en este momento.
  • USD: El nombramiento de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal parece haber contribuido a frenar la caída del dólar. Aunque Warsh se ha alineado recientemente con Trump abogando por bajadas de los tipos de interés, el hecho de que se le considerara un 'halcón' durante su etapa como gobernador implica que probablemente sea un presidente menos dovish de lo que podrían haber sido Hassett y Reider. Su nombramiento también puede servir para calmar los temores sobre la independencia de la Fed, dado que en el pasado ha sido un firme defensor de la autonomía del banco central. Realmente, toda elección del presidente Trump se iba a considerar políticamente sesgada, pero consideramos que el nombramiento de Warsh es el menor de todos los males. Será interesante ver si el dólar sigue ganando terreno esta semana, ya que no solo creemos que la caída de la semana pasada fue excesiva, sino que los riesgos se han moderado. El Gobierno de EEUU ha cerrado parte de sus servicios, pero el acuerdo sobre un paquete de gastos hará poco probable que dure más de unos días. También parece cada vez más evidente que los comentarios de Trump sobre el dólar fueron improvisados y no tanto una declaración sobre la política oficial de la Casa Blanca. Si ése fuera el caso, el repunte del dólar podría prolongarse aún más.
  • GBP: La libra esterlina avanzó brevemente hasta el nivel de 1,39 frente al dólar la semana pasada, pero cerró el viernes por debajo del umbral de 1,37. La libra estuvo a merced del dólar la semana pasada, aunque pudimos observar cierta actividad en torno al anuncio del Banco de Inglaterra del jueves. No esperamos ningún cambio en los tipos de interés y, dado que halcones y palomas se mantienen igual de atrincherados en sus respectivas posiciones, es muy posible que se repita una votación de 5 a 4, en la que el voto del gobernador Bailey será decisivo. Podría decirse que la rueda de prensa del gobernador Bailey, la primera de 2026, será más importante. Por ahora, creemos que no revelará sus planes y volverá a decir que el momento de aplicar nuevos recortes dependerá de los próximos datos de inflación. Los mercados no están descontando una bajada de 25 pb hasta julio, pero, si el MPC se muestra más optimista con respecto a la evolución de la inflación, podrían aumentar las apuestas a favor de una reducción de tipos tan pronto como en la reunión de abril.

Franklin Templeton: Warsh supone la vuelta a lo realmente importante

Stephen Dover, director del Franklin Templeton Institute, cree que “los mercados financieros deberían recibir con agrado el nombramiento de Warsh. Su proceso de confirmación podría ser complejo, pero no por dudas sobre sus cualificaciones. Para los inversores, ahora el foco debería volver a lo realmente importante: los fundamentales del mercado y las valoraciones. Según nuestra perspectiva, los sólidos resultados corporativos en distintos sectores y regiones seguirán respaldando una expansión de los rendimientos bursátiles. Un crecimiento robusto, apoyado en la inversión en capital, probablemente contribuirá a una mayor inclinación de las curvas de rendimiento. La mejora de la rentabilidad en los mercados globales de renta variable y renta fija debería atraer inversión, lo que podría debilitar ligeramente al dólar”.

Columbia Threadneedle: uno de los candidatos más creíbles

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, destaca que la aprobación de la nominación tarda unos 80 días, por lo que entramos ahora en ese periodo previo a la salida de Powell: "Warsh es un exgobernador de la Fed: estuvo en el banco central entre 2006 y 2011, un periodo que abarcó la crisis financiera global. En aquel momento se le consideraba relativamente 'hawkish' porque expresó una preocupación significativa de que la expansión del balance bajo la flexibilización cuantitativa provocaría inflación. La visión actual del mercado es que Warsh es uno de los candidatos más creíbles que se han barajado en los últimos meses. Dado que durante su etapa en la Fed se mostró muy incómodo con la inflación, y ahora esta es una realidad, resulta interesante preguntarse qué estará pensando ahora".

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la Fed ya se encuentra claramente en modo de 'esperar y ver', con poca inclinación a modificar su política monetaria en el corto plazo. De hecho, parece probable que ya hayamos visto el último recorte del mandato de Powell. Aunque las tres últimas reuniones se saldaron con recortes acumulados de 75 pb, ahora estamos firmemente en pausa. 

La visión actual de Warsh es que la inflación se verá mitigada por un aumento de la productividad, por lo que sus preocupaciones inflacionistas se han reducido. A diferencia de otros candidatos a presidir la Fed, Warsh no es visto simplemente como alguien proclive a recortar tipos. El que fue durante mucho tiempo el principal favorito, Kevin Hassett, por ejemplo, era percibido como alguien más dispuesto a ceder a la presión política para realizar recortes adicionales.

La reacción del mercado a la noticia fue algo desconcertante. Tanto el oro como la plata registraron movimientos bajistas muy pronunciados, aunque partían de niveles claramente de sobrecompra. Los gráficos de precios de ambos activos se habían vuelto parabólicos en las semanas anteriores, por lo que no sorprendió ver una corrección. 

En cuanto a las expectativas sobre los tipos, aumentaron ligeramente las probabilidades de un recorte, con la próxima bajada esperada en junio y otra adicional antes de final de año. No obstante, conviene recordar que, entre tanto, queda mucho por suceder tanto en el proceso de nominación como en los datos económicos de EEUU.

Por ahora, la forma en que está evolucionando la economía estadounidense realmente no justifica que la Fed baje los tipos. Las percepciones sobre la senda de los tipos podrían cambiar si se produjera un deterioro en los datos de empleo y, aunque éstos se han suavizado, no están empeorando de forma significativa. Lo más probable es una aceleración de la economía estadounidense, dado el volumen de estímulo fiscal en juego. 

Así pues, aunque los mercados siguen descontando nuevos recortes de tipos, muchas cosas pueden cambiar. También conviene ser conscientes de otros asuntos: existen esfuerzos para destituir a la gobernadora de la Fed Lisa Cook, así como una investigación en curso del Departamento de Justicia sobre la remodelación de la sede de la Fed.

"Los mercados deberían sentirse cómodos con lo que parece un nombramiento creíble. Y aunque probablemente veamos más presión por parte de Trump sobre la Fed para que baje los tipos, considero que Warsh y el resto de los miembros del consejo harán todo lo posible por preservar la independencia del banco central", concluye Willis.

31Jan

En un mundo donde el comercio se utiliza cada vez más como instrumento de poder, apostar por acuerdos a largo plazo con India o con Mercosur no es solo una decisión económica. Es una declaración de intenciones sobre el lugar que Europa quiere ocupar en el nuevo orden global. Lo que también beneficia a sus bonos.

Miguel Ángel Valero

El intento de anexión de Groenlandia, que pertenece a Dinamarca, ha sido el punto de no retorno para las complejas relaciones entre la Unión Europea y Donald Trump, especialmente desde el pomposo Día de la Liberación Arancelaria de principios de abril de 2025. A una inicial política de apaciguamiento y de no enfrentamiento, que llevó a un acuerdo comercial que suponía pagar muchos más aranceles que antes, le sucede ahora una estrategia de diversificación y de reducción de la dependencia respecto a EEUU y también a China, que se ha concretado en acuerdos con India y con Mercosur. También cuentan aquí los estrechamientos de relaciones con Canadá (hasta el punto de que ya no parece una utopía plantear su incorporación a la Unión Europea) y con Reino Unido, especialmente en seguridad. Y los acercamientos a China, todavía sin grandes resultados.

En un mundo cada vez más fragmentado, la Unión Europea ha cerrado uno de los acuerdos comerciales más relevantes de su historia reciente. La UE y la India han alcanzado un pacto de libre comercio de dimensiones históricas que conectará a casi 2.000 millones de personas y concentrará cerca de una cuarta parte del PIB mundial. No es un tratado más. Es una decisión estratégica marcada por la geopolítica, la urgencia y, en buena medida, por Trump.

Durante años, las negociaciones entre la UE y la India avanzaron lentamente, bloqueadas por aranceles, estándares regulatorios y, sobre todo, por la movilidad laboral. Pero la vuelta de Trump a la Casa Blanca cambió el ritmo. Sus amenazas arancelarias, el uso del comercio como arma política y la sensación de ruptura del viejo equilibrio atlántico actuaron como catalizador. Bruselas entendió que debía acelerar la diversificación de sus alianzas, y Nueva Delhi llegó a la misma conclusión tras constatar que, pese a la aparente cercanía entre Trump y Narendra Modi, EEUU no estaba dispuesto a ofrecer un acuerdo comercial estable ni respetuoso.

Ese doble desencanto explica la velocidad final del pacto. En apenas un año, y tras casi dos décadas de negociaciones intermitentes, la UE decidió cerrar lo que desde la propia Comisión se ha bautizado sin complejos como “la madre de todos los acuerdos comerciales”. El simbolismo fue claro: el viaje conjunto del presidente del Consejo Europeo, António Costa, y de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, a Nueva Delhi, como invitados de honor al Día de la República india, escenificó que Europa ve a la India como un socio estratégico de largo plazo, no como un simple mercado de oportunidad.

Para Europa, el contexto no podría ser más delicado. La relación con EEUU atraviesa uno de sus momentos más tensos, la dependencia de China se percibe cada vez más como un riesgo estratégico, y las cadenas de suministro siguen expuestas a shocks geopolíticos. En ese escenario, la India aparece como la gran alternativa: una economía que crece por encima del 6% anual, que ya ha superado al Reino Unido como quinta potencia mundial y que todo apunta a que será la tercera antes de que termine la década.

El acuerdo permitirá reducir hasta 4.000 millones€ anuales en aranceles para los exportadores europeos, con recortes muy significativos en sectores como el vino, el aceite de oliva, la automoción, la maquinaria industrial o los productos químicos. Para una industria europea castigada por la pérdida de competitividad y por un entorno global cada vez más hostil, el acceso preferente a un mercado de 1.400 millones de personas no es menor. Al mismo tiempo, la India se consolida como alternativa real a China como plataforma manufacturera y tecnológica, atrayendo inversión extranjera y creando empleo industrial para una población joven que sigue creciendo.

Desde el punto de vista geopolítico, el pacto refuerza el papel de la India como potencia bisagra. Nueva Delhi mantiene relaciones con Rusia, China, EEUU y Europa sin alinearse plenamente con ninguno, y esa autonomía estratégica es precisamente lo que la hace atractiva para Bruselas. Para la UE, el acuerdo es una forma de ganar margen de maniobra en un mundo donde las reglas del comercio global se están reescribiendo a golpe de arancel y presión política.

El contraste con Mercosur es inevitable. Mientras el acuerdo con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay sigue atrapado en resistencias internas, vetos cruzados y bloqueos políticos tras más de 25 años de negociaciones, el pacto con la India avanza con menos oposición interna y con una lógica más claramente geoestratégica. Mercosur se ha convertido en el símbolo de la lentitud y las contradicciones europeas; la India, en cambio, representa una apuesta pragmática por diversificar riesgos, aunque eso implique asumir concesiones incómodas, como una mayor apertura a trabajadores cualificados indios en un continente envejecido y con escasez estructural de talento.

Este acuerdo entre la Unión Europea y la India dice mucho más de Europa que de la propia India. Revela hasta qué punto Bruselas ha entendido, quizá tarde pero con claridad, que su futuro económico y político pasa por diversificar alianzas y reducir dependencias peligrosas. También refleja un cambio de mentalidad: frente a la parálisis de Mercosur y al deterioro del vínculo con EEUU, Europa ha optado por moverse. En un mundo donde el comercio se utiliza cada vez más como instrumento de poder, apostar por un acuerdo amplio, complejo y a largo plazo con la India no es solo una decisión económica. Es una declaración de intenciones sobre el lugar que Europa quiere ocupar en el nuevo orden global.

Mercosur, la historia interminable

Mientras tanto, el acuerdo de la UE y Mercosur es la historia interminable. Después de firmarse tras más de 25 años de negociaciones, el Parlamento Europeo ha solicitado al Tribunal de Justicia de la UE (TUE) opinión sobre su legalidad, un proceso que podría prolongarse hasta dos años. No se avanzará en la ratificación hasta que el TUE emita su opinión. En el peor escenario, si detectara incompatibilidades con los tratados de la UE, sería necesario renegociarlo.

Las condiciones actuales contemplan la eliminación gradual durante 10 años de los aranceles a los bienes industriales, lo que beneficiaría principalmente a los exportadores de automóviles europeos, actualmente gravados con un 35%. En cuanto a los productos agrícolas, se eliminarían los tributos al 93% de este tipo de exportaciones europeas y se liberalizaría el 82% de estas importaciones procedentes de Mercosur. El acuerdo también establece cuotas para productos sensibles como la carne vacuna, el pollo o el azúcar, además de una cláusula de salvaguardia. La Comisión monitorizaría estos productos y, en caso de alterar sus precios en un 5%, lanzaría una investigación. Si determinase que hay perjuicio a los ganaderos europeos, podría revertir la eliminación de los aranceles.

A pesar del debate político y del potencial impacto en algunos sectores específicos, la relevancia del acuerdo para la UE es relativamente limitada: el comercio con Mercosur representa únicamente el 2,2% del total extracomunitario.

En cualquier caso, la aprobación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur llega en un momento de toma de conciencia estratégica. Europa empieza a asumir algo que durante décadas evitó afrontar: ya no puede depender de EEUU ni para su seguridad, ni como socio comercial central, ni como garante último del orden internacional.

La guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania dejó al descubierto la fragilidad del paraguas defensivo europeo. Y el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha terminado de romper cualquier ilusión residual. EEUU ya no actúa como aliado previsible, sino como una potencia que prioriza su interés inmediato, utiliza los aranceles como arma política y no distingue entre competidores, socios o aliados. En ese contexto, Europa entiende que diversificar riesgos no es una opción ideológica, sino una necesidad estratégica.

Durante años, la UE miró hacia otro lado cuando se trataba de América Latina. Ese vacío lo ocupó China con una estrategia paciente y coherente: inversiones masivas en infraestructuras críticas (puertos, ferrocarriles, carreteras y energía) a cambio de acceso preferente a materias primas y mercados. Una relación útil para muchos países latinoamericanos, pero profundamente asimétrica. Mucho comercio, sí, pero poca industrialización local y escasa transferencia de valor añadido.

China no solo ha hecho eso en América Latina. Ha replicado el modelo en África y en buena parte de Asia, construyendo una red de dependencias económicas que le permite reducir su exposición a Estados Unidos, asegurar suministros estratégicos y ampliar su influencia política. Mientras Washington amenaza y sanciona, Pekín ofrece financiación, obra pública y acceso a su mercado. No impone reglas democráticas, pero sí genera dependencia estructural.

Frente a ese tablero, el acuerdo entre la UE y Mercosur representa una apuesta distinta. Europa no ofrece coerción ni cheques a cambio de lealtad, sino integración bajo reglas compartidas. Un espacio de libre comercio que, si se ratifica plenamente, será el mayor del mundo y que se regirá por estándares comunes en materia laboral, medioambiental y regulatoria. Para América Latina, abre la puerta a atraer inversión productiva y avanzar en industria y empleo de mayor calidad. Para Europa, supone acceso a mercados clave, diversificación comercial y un ahorro inmediato de miles de millones en aranceles.

El coste interno es real y no menor. Sectores como la agricultura y la ganadería europeas, especialmente en países como Francia o España, perciben el acuerdo como una amenaza directa. Pero aquí aparece una diferencia clave frente a otros modelos de poder: la Unión Europea asume el conflicto dentro de su propio sistema político, lo debate y trata de compensarlo con salvaguardias y fondos comunitarios. Eso no elimina la realidad de fondo: habrá ganadores y perdedores. Muchos profesionales del sector verán cómo su modelo de negocio deja de ser viable, explotaciones familiares quedarán por el camino y proyectos de vida construidos durante décadas se verán truncados. Como en toda gran negociación, se cometerán injusticias y no todos los costes se repartirán de forma equitativa. La diferencia es que Europa, al menos, reconoce ese daño, lo discute abiertamente y trata de amortiguarlo, aunque no siempre lo consiga.

Mercosur no es un acuerdo perfecto. Tiene riesgos, genera fricciones y exige sacrificios. Pero encaja en una lectura más amplia del mundo que viene. EEUU se vuelve imprevisible y utiliza el comercio como arma. China expande su influencia comprando dependencia. Europa, con todas sus limitaciones, intenta construir alianzas estables basadas en normas, no en la fuerza.

En ese contexto, Mercosur no es solo un tratado comercial. Es la constatación de que Europa ha entendido que el mundo ha cambiado y que su supervivencia geopolítica pasa por dejar de depender de un único socio y empezar a tejer su propia red de alianzas. Más lenta, más incómoda y menos espectacular, pero probablemente más sostenible.

El acuerdo con Mercosur refleja mejor que ninguna otra iniciativa la encrucijada en la que se encuentra Europa. Puede optar por replegarse, proteger a corto plazo a sectores concretos y aceptar un papel cada vez más irrelevante en el nuevo orden global, o asumir costes internos para defender una visión de largo plazo basada en diversificación comercial, reglas compartidas y autonomía estratégica. No es un camino cómodo ni popular, pero sí el único coherente con la realidad del mundo que viene. 

"En un entorno donde unos imponen por la fuerza y otros compran lealtades con cheques, Europa empieza a asumir que integrarse, tejer alianzas y reducir dependencias no es una elección ideológica, sino una condición para seguir jugando la partida", subraya el analista Pablo Gil en The Trader. 

DWS: los bonos europeos ganan atractivo

Dentro de este contexto, un análisis de DWS muestra que, cada vez más, la reducción de los diferenciales de la Eurozona dice menos sobre las virtudes europeas y más sobre las inquietudes en muchos de los otros mercados de bonos del mundo

En los primeros días del euro, la reducción de los rendimientos de los bonos del Estado se consideraba una prueba de que la moneda única estaba surtiendo efecto. En 2007, Italia, España y Francia podían obtener préstamos a tipos de interés muy similares a los de Alemania. Luego llegó la crisis de la zona euro y, con ella, el doloroso recordatorio de que la convergencia de los tipos de interés nominales no siempre es sinónimo de estabilidad futura.

Como muestra el gráfico de DWS, los rendimientos de los bonos italianos, españoles e incluso franceses han vuelto a situarse en los niveles previos a la crisis, en términos de sus diferenciales relativos con respecto a los bonos alemanes. Esto refleja años de dolorosas reformas internas, junto con los esfuerzos europeos por mantener intacta la transmisión monetaria y evitar la fragmentación. La declaración de Mario Draghi en 2012 de “haremos todo lo que sea necesario” sigue proyectando una larga sombra. Irlanda y Grecia, que en su día fueron sinónimo de disfunción a los ojos de los inversores en bonos del Estado, tienden hoy en día a cotizar a niveles comparables a los de Austria y Bélgica.

Pero esta última oleada de convergencia se debe tanto a la turbulencia en otros lugares como a la calma política en el Banco Central Europeo (BCE). La crisis soberana más espectacular de los últimos años, tras un minipresupuesto para 2022 que fue mal acogido, se produjo en Londres, no en Lisboa. EEUU y Japón luchan ahora con sus propios demonios fiscales, lo que hace que el drama político europeo se vea bajo una luz más indulgente.

La saga presupuestaria de Francia es un buen ejemplo de ello. La parálisis política, un Gobierno que impone medidas y la perspectiva de múltiples votos de censura podrían haber provocado un aumento vertiginoso de los diferenciales. Esta vez, los mercados apenas se inmutaron, y no solo porque parece probable que el Gobierno sobreviva y evite unas elecciones anticipadas. Fundamentalmente, ¿por qué entrar en pánico por las tácticas de procedimiento en la Asamblea Nacional cuando el rendimiento a 30 años de Japón está fluctuando y Washington está jugando con la idea de comprar Groenlandia?

Las mejoras estructurales también han contribuido. Italia y España son los mayores beneficiarios de los fondos de recuperación pospandémicos de la UE, lo que ayuda a estabilizar la deuda pública en los niveles actuales. Últimamente, ambos países tienden a cotizar con diferenciales más ajustados que Francia. “Los compradores extranjeros también han vuelto”, señala Ulrike Kastens, economista senior de DWS. “Según los datos del banco central, la proporción de bonos soberanos franceses e italianos en manos de extranjeros se ha ido recuperando en los últimos años. Hoy en día, la estabilidad es un concepto relativo, y Europa se está beneficiando de los dramas de los demás”, subraya.

30Jan

La salida de Powell generaría una vacante que podría ser utilizada para incorporar a otro perfil afín a Trump, por lo que es probable que permanezca hasta el final de su mandato como miembro del comité en enero de 2028, reforzando así el contrapeso institucional frente a la Casa Blanca.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump ya tiene su candidato para presidir la Reserva Federal a partir de mayo: Kevin Warsh, antiguo miembro del Comité de Gobernadores entre 2006 y 2011, y actualmente consejero independiente en la empresa de logística UPS. Warsh destaca como un institucionalista, es un economista reconocido y con buena relación con Bernanke, y también se ha mostrado crítico con algunas decisiones recientes de la Fed y se ha alineado con la idea de mantener tipos más bajos. 

No obstante, durante su etapa en la institución fue especialmente contrario a los programas de expansión del balance, formó parte del grupo que defendía retirar el QE (Quantitative Easing o expansión cuantitativa) con mayor rapidez y mantuvo un enfoque vigilante sobre la inflación. Con este perfil ambivalente, los mercados lo perciben como una opción relativamente restrictiva –así lo indica la revalorización del dólar–.

Pero lo relevante será observar el proceso de sustitución, dado que el mandato de Stephen Miran concluirá el 31 de enero. Aun así, el propio Miran ha señalado que permanecerá en su puesto hasta la llegada de su sustituto, algo jurídicamente posible. Esto abre dos escenarios: primero, que Miran se mantenga hasta mayo, coincidiendo con el final del mandato de Powell, y en esa fecha se produzca un doble nombramiento para Warsh (como gobernador y presidente); o segundo, que Warsh releve a Miran de forma inmediata como miembro del comité y posteriormente asuma la presidencia. Esta última alternativa parece más lógica, ya que permitiría al futuro presidente ganar margen para construir confianza y tejer alianzas en un comité que, en su última reunión, mostró una cohesión notable en torno a mantener los tipos sin cambios.

Por otra parte, continúa abierta la incógnita sobre qué hará Powell una vez concluya su mandato como presidente. Hasta la fecha, solo ha existido un precedente en el que, finalizado su mandato, un presidente de la Fed permaneció en la institución: Marriner Eccles, quien siguió tres años más a petición del presidente Truman. En el escenario actual, la salida de Powell generaría una vacante que podría ser utilizada para incorporar a otro perfil afín a Trump, por lo que es probable que permanezca hasta el final de su mandato como miembro del comité en enero de 2028, reforzando así el contrapeso institucional frente a la Casa Blanca.

A nivel legislativo, las próximas nominaciones deberán pasar por el Comité Bancario del Senado, donde el senador republicano Thom Tillis ya ha manifestado su intención de bloquear cualquier candidatura hasta que concluya la investigación del Departamento de Justicia sobre Powell. Sin su apoyo, es difícil que un aspirante supere el primer filtro necesario para ser sometido a votación en el pleno.

Mientras tanto, el Congreso de EEUU ha alcanzado un acuerdo bipartidista para evitar un cierre parcial del gobierno federal, programado para la medianoche del 30 de enero de 2026. Este pacto, respaldado por el presidente Donald Trump, financia la mayoría de agencias hasta septiembre y extiende temporalmente el presupuesto del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), que incluye el polémico ICE.

El acuerdo separa el presupuesto del DHS del paquete principal de cinco proyectos de ley, que cubren cerca del 75% del gasto federal (incluyendo Defensa, Salud y Educación). Proporciona dos semanas adicionales de fondos al DHS para negociar cambios en políticas de inmigración, tras incidentes controvertidos como los presuntos asesinatos de ciudadanos norteamericanos por elementos del ICE.

Trump ya ha sufrido el cierre más largo de la historia reciente (43 días en octubre-noviembre de 2025), y en su primer mandato también hubo otro.

Pictet: siguen siendo probables dos bajadas de tipos

La economista para EEUU. de Pictet WM, Xiao Cui, cree "probable" que sea confirmado por el Senado. Ya lo fue por unanimidad en 2006 como gobernador, aunque tendrá que contestar preguntas difíciles respecto a un "cambio de régimen". Ahora bien, para la nominación de Warsh en el Comité Bancario del Senado probablemente Trump tenga que desescalar la investigación legal sobre el actual presidente de la institución monetaria, Jerome Powell. De hecho, el senador saliente Thom Tillis ha prometido bloquear cualquier nominación hasta que se resuelva ese asunto y puede crear estancamiento en un ajustado 13 a 11 de mayoría republicana en el Comité.

Warsh, a pesar de su reputación beligerante por críticas al impacto inflacionario de la expansión cuantitativa del balance de la Reserva Federal en su anterior mandato como gobernador de 2006 a 2011, ha defendido los recortes de tipos de interés. Argumenta que la Reserva Federal ha reaccionado exageradamente a los errores del periodo de inflación de la pandemia.

Con todo, dada la previsión de inflación en descenso y persistentes vulnerabilidades en el mercado laboral, sigue siendo probable que haya dos recortes de tipos de interés este año. Respecto al balance de la Reserva Federal cualquier decisión estará determinada la totalidad de los gobernadores, no solo del nuevo presidente.

"Hay razones para pensar que Powell seguirá en la Reserva Federal como gobernador, aunque sea unos meses hasta ver cómo evolucionan las cosas, especialmente si considera que la independencia de la institución está en riesgo. En todo caso probablemente revele su decisión cerca el final de su mandato el 15 de mayo. Si se va, Trump tendrá otra vacante que cubrir para una mayoría con sus nombramientos en la institución monetaria", apunta esta experta.

Warsh apoya la independencia de la Reserva Federal, pero ha sido muy crítico con la institución, que considera "atascada en modelos de 1978". Ha pedido un "cambio de régimen" con reducción de "excesos institucionales" para restaurar la credibilidad. Critica la dependencia de los datos, la orientación a futuro y las proyecciones económicas, que considera que limitan las opciones. Considera que la independencia de la Reserva Federal debe aplicarse principalmente a la política monetaria, no a funciones regulatorias y defiende limitar el papel de la Reserva Federal en la supervisión bancaria.

Warsh aboga por un nuevo acuerdo Tesoro-Reserva Federal como en 1951, cuando se restauró la independencia del banco central poniendo fin a la obligación durante la guerra mundial de fijar tipos de interés bajos para favorecer el endeudamiento del Tesoro.  Sostiene que en la situación actual el abultado balance de la Reserva Federal y la emisión de deuda del Tesoro operan en "sentidos opuestos” y enfatiza su coordinación para reducir el balance de la Reserva Federal y que haya tipos de interés más bajos.  Así, el presidente de la Reserva Federal y el secretario del Tesoro pueden exponer públicamente sus objetivos, como el tamaño del balance de la Reserva Federal para control de la inflación y el calendario de emisión de deuda, el aspecto fiscal. Warsh ha llegado a decir: "Muchos en Wall Street y en Washington están centrados en si la Reserva Federal subirá tipos de interés 0,25 %. Importa poco en comparación con la rentabilidad a vencimiento de la deuda del Tesoro -el activo más importante en cualquier parte del mundo".

Warsh critica el legado de flexibilización cuantitativa posterior a 2008 de la Reserva Federal, por haber contribuido a presiones inflacionarias ,que debilitan el dólar.  Argumenta que reducir el balance de la Reserva Federal puede permitir menores tipos de interés sin comprometer el tipo de cambio del dólar. Además, tiene una visión relativamente positiva respecto a Bitcoin, como "depósito de valor sostenible, como el oro", pero dada su volatilidad considera que “no sustituye al dólar estadounidense", aunque estima que favorece que la Reserva Federal tome mejores decisiones.

Warsh subraya que descuidar la oferta puede convertir los problemas cíclicos en estructurales, con menor crecimiento a largo plazo.  Así que, frente a generar incrementos de la demanda a corto plazo, aboga por políticas pro-crecimiento, incluyendo reforma fiscal, desregulación y políticas comerciales que impulsen la inversión y la productividad.

UBS: excelente oportunidad para diversificar más las carteras

El UBS CIO Daily señala que los mercados han avanzado con fuerza en enero. Los precios de los metales preciosos se han disparado: el oro acumula una subida del 21% en lo que va de año, con fuertes oscilaciones en los últimos días, mientras que la plata avanza en torno al 56%. El petróleo Brent sube casi un 15%. El S&P 500 superó por primera vez los 7.000 puntos en sesión intradía el miércoles 28 de enero. A nivel global, la Bolsa china ha comenzado el año con buen tono (MSCI China: +6,5% en el año) y la renta variable japonesa también ha registrado un sólido comportamiento.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Nos satisface ver que nuestros escenarios centrales para el conjunto del año se han superado ya en enero, pero la gestión de carteras va mucho más allá de fijarse únicamente en previsiones puntuales. Implica analizar el comportamiento relativo de los distintos activos, rebalancear posiciones y buscar una mayor diversificación”. 

“En este contexto, creemos que la magnitud de algunos de estos movimientos ofrece a muchos clientes una excelente oportunidad para rebalancear sus carteras, diversificar para aprovechar un rally que se está ampliando a distintas clases de activos, o utilizar opciones y estructuras para proteger las ganancias obtenidas”.

"La temporada de resultados está ofreciendo cifras sólidas y el rally bursátil se está extendiendo cada vez más a distintos sectores y regiones. Los mercados de renta variable globales se benefician de unos fundamentos robustos, la expectativa de un repunte del crecimiento y la perspectiva de tipos de interés oficiales más bajos", apunta Daniel Kalt, Chief Economist Switzerland, UBS Global Wealth Management

"Aunque los máximos del EURUSD registrados en 2018 y 2021 pueden servir como referencias a corto plazo para el mercado, esperamos que el cruce acabe convergiendo de nuevo hacia el nivel de 1,2",apunta Constantin Bolz, estratega, y Dominic Schnider, Head Global FX & Commodity.

"Para los inversores con afinidad por el oro, creemos que una asignación moderada, en el rango de un dígito medio sobre el total de activos, puede mejorar la diversificación y actuar como amortiguador frente a riesgos sistémicos", aportan Wayne Gordon, estratega, y Dominic Schnider.

Apple demuestra que la demanda de los consumidores es real

Thomas Monteiro, analista senior en Investing.com, señala que "a pesar de que los participantes en el mercado siguen castigando las acciones de Apple por lo que se percibe como un retraso en su oferta de productos de inteligencia artificial, la demanda invisible del iPhone 17 demuestra que el mercado de consumo real está dando prioridad a la ejecución, la disciplina de precios y la fiabilidad del ecosistema por encima de las características de inteligencia artificial, que a menudo son incrementales".

En términos más generales, esto demuestra que la demanda real de los consumidores sigue siendo increíblemente fuerte en todo el espectro tecnológico, tanto en el ámbito del hardware como en el de los servicios.

Los excelentes resultados de la empresa en ambos negocios tradicionales reflejan un poder de fijación de precios sin igual, junto con un conjunto de fuentes de ingresos singularmente diversificado, lo que ha ayudado una vez más a la empresa a capear el creciente gasto en IA.

En este sentido, el trimestre también replantea el debate sobre el iPhone, pasando de la resiliencia cíclica a la fortaleza estructural de la demanda. El alcance de la mejora, especialmente en China, sugiere que el atractivo del ecosistema de Apple sigue siendo lo suficientemente potente como para impulsar tanto las actualizaciones como los cambios, incluso en un mercado de teléfonos inteligentes maduro. Para los inversores, esto reduce el riesgo de que el crecimiento del iPhone se acerque a la saturación y refuerza el papel del segmento como motor de ingresos fiable, en lugar de un negocio tradicional en declive.