27Nov

Los datos sobre la economía de EEUU, tras el cierre de Gobierno más largo de su historia, elevan las expectativas de un recorte de tipos de la Fed en diciembre, pero también la fragilidad del sentimiento de los inversores, centrados en la preservación de la rentabilidad.

Miguel Ángel Valero

Se acerca el Golden Quarter, la época clave del consumo en EEUU, que comienza el jueves 27 de noviembre con el Dia de Acción de Gracias, y sigue el viernes con el Black Friday, que marcará el pistoletazo de salida de las compras navideñas. Diciembre se estrena con el Cyber Monday, y así hasta el final de año y las celebraciones de los primeros pasos de 2026.

Pero las perspectivas para este tramo final de 2025 están siendo poco optimistas, con varias empresas minoristas americanas apuntando a que el gasto de los hogares de mayores ingresos se mantuvo sostenido, pero el consumo discrecional se está viendo frenado entre los segmentos con menores ingresos. Grupos como Home Depot o Target han decepcionado y revisado a la baja sus perspectivas de beneficios. Más positivos fueron los números de Lowe´s y, sobre todo, de Walmart, que ha logrado un crecimiento del 4,5% de sus ventas y ha mejorado sus perspectivas sobre ventas. 

También hay una preocupante dispersión en las estimaciones sobre la campaña navideña. Por una parte, la Federación de Minoristas estadounidense (NRF) vaticina que, por vez primera en la historia de EEUU, las ventas acumuladas en este periodo superarán el billón$s, lo que significaría un crecimiento frente al mismo periodo del año pasado de entre el 3,7% y el 4,2%. Pero como la inflación avanzó un 3% interanual en septiembre, tampoco parece un crecimiento de las ventas como para tirar cohetes.

Por otro, la consultora PwC, en su habitual encuesta sobre las intenciones de gasto de los hogares estadounidenses, sorprendió negativamente al señalar que, por primera vez desde 2020, los consumidores reducirían su gasto en la temporada hasta un 5%.

La realidad es que las cifras relativas al consumo quedan por debajo de lo esperado, pero siguen siendo coherentes con un gasto de los hogares sostenido en la parte final del año. Por el lado negativo, la confianza de los consumidores volvió a retroceder en noviembre y según el índice realizado por la Conference Board se situó en 88,7 desde el 95,5 previo, retrocediendo a su peor nivel desde abril tras el Liberation Day proclamado por Donald Trump

Además, también bajó considerablemente el componente de expectativas, que descendió hasta el 63,2 desde el 71,8 anterior. Sin embargo, los datos de esta encuesta a los consumidores fueron recolectados en la primera quincena de noviembre, coincidiendo con el cierre del Gobierno, lo que probablemente explicó en parte este deterioro de la confianza y permitiría una cierta recuperación en diciembre una vez que ya se han reabierto las actividades públicas. 

En cuanto a las cifras de actividad, se publicaron las ventas minoristas de septiembre que estaban aplazadas por el cierre del Gobierno. Este indicador mostró una desaceleración en la tasa general que avanzó un +0,2% mensual desde el +0,6% previo. Ahora bien, este freno del consumo viene tras unos datos más fuertes de lo habitual durante el verano, lo que apunta a una normalización y no tanto a un freno brusco del consumo. 

Las ventas de automóviles y sus componentes pesaron negativamente al caer un -0,3% mensual, pero esto se debió a un adelanto de las compras (en agosto y en julio crecieron +1,2% y +1,6%, respectivamente) dado que en septiembre finalizaron las ayudas fiscales a las compras de vehículos eléctricos. Por otro lado, se aceleró el gasto en restaurantes, uno de los pocos componentes de este indicador relacionado con el consumo de servicios y que muestra que el consumidor americano sigue gastando en ocio, lo que apunta a que se mantiene sostenido el consumo.

El Libro Beige de la Reserva Federal refleja una creciente divergencia en el comportamiento de los consumidores. Insiste en que los hogares con menores ingresos están reduciendo su gasto discrecional (restaurantes, ocio, etc.), mientras que los de mayor poder adquisitivo se mantienen resilientes. A pesar de esta brecha, el elevado peso de los consumidores de altos ingresos en el agregado del consumo –el 20% en los tramos más altos explica el 40% del total del consumo– permite sostener tasas de crecimiento razonables, como muestran indicadores como el índice Redbook de ventas minoristas, que crece un 6,1%, acelerándose desde el 5% de finales de octubre. 

Pasando a la inflación, el índice de precios de producción industrial repitió el crecimiento de 2,7% interanual, pero registró una moderación de la tasa subyacente que avanzó en septiembre a ritmos del 2,6% desde el +2,9% anterior y una décima por debajo de lo esperado. Cifras que no apunta a mayores tensiones inflacionistas. 

El déficit fiscal de octubre siguió elevado a pesar del cierre de actividades públicas este mes: 284.000 millones$ (+10% frente al año pasado), pero si se ajusta por efectos de calendario se hubiera situado en 180.000 millones$, un descenso del 29% frente al mismo mes del año pasado (este año el 1 de noviembre cayó un domingo, por lo que se adelantaron pagos de ese mes a octubre). Por el lado de los ingresos, la recaudación por aranceles siguió elevándose y creció un 5,7% mensual hasta los 31.354 millones$ en octubre.

Por otra parte, los despidos siguen contenidos y la inversión empresarial da señales de reactivación. Las peticiones de subsidio por desempleo semanales volvieron a bajar en la última semana (216.000 peticiones vs. 222.000 previas y por debajo del promedio de este año que es 227.000) y muestran que en noviembre los despidos siguen contenidos. Por el lado de la inversión, los pedidos de bienes duraderos se aceleraron más de lo esperado en septiembre y aumentaron un 0,5% mensual. Si se retiran los componentes más volátiles como el gasto en defensa y aviones, se registró un crecimiento del 0,9%, similar al mes previo, un dato que fue también revisado al alza desde el +0,4% publicado anteriormente.

Relevo en la Fed antes de Navidades

Por otra parte, la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) anunció que no habrá informe de IPC de octubre y que el de noviembre se publicará el 18 de diciembre. Por tanto, la Fed no contará con nuevos datos de inflación y tampoco de empleo oficiales antes de su próxima reunión de política monetaria del día 10. Esta ausencia de nuevas referencias sigue elevando la incertidumbre sobre la posibilidad de nuevos recortes de tipos. 

En este contexto, la Fed también se enfrenta a un dilema. Los discursos de sus miembros han sido variados, pero el reciente giro de Daly y Williams sugiere que la balanza se inclina hacia un nuevo recorte de tipos en diciembre, algo que los mercados ya descuentan con una probabilidad estimada del 82%.

La ceguera de datos sobre la inflación y crecimiento en los meses octubre y noviembre sigue pesando en la mente de Powell, consciente de que tomar decisiones sin información completa no es lo ideal. Ante tanta división interna, es probable que la decisión final recaiga sobre él, aunque no estará clara hasta que se publiquen una nueva ola de datos macroeconómicos retrasados en la primera semana de diciembre.

Además, Kevin Hassett se perfila como el principal candidato para asumir la presidencia de la Reserva Federal una vez que venza el mandato de Jerome Powell. Actualmente dirige el Consejo Económico Nacional, lo que lo convierte en una persona muy cercana a Trump. Las estimaciones del mercado le otorgan un 57% de probabilidades de ser el elegido. 

Según el secretario de Estado del Tesoro, Scott Bessent, existe una alta posibilidad de que antes de Navidad se anuncie quién será el seleccionado por Trump para presidir la Fed

UBS: más expectativas de recorte de tipos

En este contexto, los analistas de UBS consideran que los datos de EEUU fortalecen las expectativas de recortes de la Fed. Las expectativas del mercado de un recorte de tipos por parte de la Reserva Federal en diciembre aumentaron aún más después de que los últimos datos mostraran cierta desaceleración en la economía estadounidense.

"Seguimos esperando dos recortes adicionales hasta el primer trimestre de 2026, lo que debería proporcionar un entorno favorable para la renta variable, los bonos de calidad y el oro", argumentan. 

Los expertos de UBS destacan tres datos:

  • Históricamente, la Bolsa estadounidense suele comportarse bien cuando la Fed recorta tipos y la economía no está en recesión.
  • La caída de los rendimientos favorece ganancias de capital en bonos de calidad.
  • La bajada de los tipos reales aumenta el atractivo del oro.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: “con más relajación monetaria por delante, los inversores deberían asegurarse de tener una exposición adecuada a estas clases de activos, de acuerdo con su plan financiero. También deberían revisar sus asignaciones en divisas, ya que el atractivo del dólar se está reduciendo. Seguimos prefiriendo el euro y el dólar australiano frente al dólar estadounidense”.

UBP: el sentimiento de los inversores sigue siendo frágil

Por su parte, la Perspectiva Semanal de UBP: Múltiples factores influyen en el sentimiento del inversor señala que: 

  • A pesar de los resultados de Nvidia, mejores de lo esperado, y de sus previsiones optimistas, el sentimiento de los inversores siguió siendo frágil, impulsado por dudas sobre la inteligencia artificial y la fatiga del mercado.
  • Además, la probabilidad implícita de que la Fed recorte los tipos en diciembre osciló de forma significativa debido al retraso en la publicación de datos de EEUU, lo que ha contribuido a que los inversores se centren en la preservación de la rentabilidad.
  • La aversión al riesgo respaldó al dólar estadounidense frente a la mayoría de las principales monedas del G10, mientras que los mercados bursátiles registraron fuertes oscilaciones debido a la combinación de expectativas sobre la Fed y de los rendimientos japoneses al alza a largo plazo.
26Nov

Solo el 12% de las empresas españolas inicia acciones de recobro al vencimiento de la factura, uno de los porcentajes más bajos de la serie histórica, según Crédito y Caución e Iberinform. El sector de bienes de consumo ralentiza su crecimiento por la guerra comercial de Trump.

Miguel Ángel Valero

Las empresas españolas están mostrando una combinación de resiliencia y prudencia ante la incertidumbre del comercio global, según el GlobalTrade Pulse de HSBC. Mientras las empresas globales continúan adaptándose a una nueva realidad comercial marcada por cambios en los aranceles, modificaciones políticas y aumento de costes, las españolas reportan una menor exposición a los costes crecientes y se están centrando en fortalecer los lazos comerciales dentro de Europa y Asia.

Las empresas internacionales están implementando diversas estrategias para afrontar los cambios en el comercio y los retos derivados de los aranceles. En España, el 52% de las empresas afirma sentirse seguro sobre el impacto de la política comercial en sus operaciones, frente a la media global del 67%. A pesar de esta prudencia, el 84% sigue confiando en su capacidad para aumentar el comercio internacional en los próximos dos años, acercándose a la media global del 88%, una cifra que pone de relieve la fortaleza y adaptabilidad de la economía española orientada a la exportación. Además, el 60% de las empresas españolas, frente al 75% a nivel global, afirma que la incertidumbre comercial las ha llevado a adaptar sus estrategias y a buscar nuevas oportunidades.

A nivel mundial, el 66% de las empresas esperan que los costes aumenten en los próximos seis meses, impulsados por aranceles, derechos de aduana y gastos de transporte. Sin embargo, las empresas españolas señalan expectativas de costes más bajas (53%) y menos incrementos reales hasta ahora (48% frente al 62% a nivel global), lo que indica que están gestionando de manera más eficaz las presiones inflacionarias y operativas.

A pesar de las continuas presiones derivadas de la volatilidad de los aranceles, solo la mitad de las empresas españolas informa de un aumento en los requisitos de capital circulante desde 2024, frente al 63% a nivel global.

El Trade Pulse destaca que la diversificación sigue siendo la principal estrategia global para gestionar las interrupciones. El 84% de las empresas en todo el mundo están diversificando sus cadenas de suministro y el 76% está adoptando múltiples medidas para mitigar los riesgos comerciales y de costes, como repercutir costes, renegociar contratos o invertir en automatización e inteligencia artificial.

Las empresas españolas también están reorientando sus relaciones comerciales, fortaleciendo los vínculos con Europa y Asia mientras reducen su dependencia de Norteamérica (32% frente al 22% a nivel global). Los principales países en los que las empresas españolas están incrementando sus ventas incluyen EEUU, Alemania, Francia, India e Italia, lo que refleja una estrategia basada en la proximidad, la previsibilidad y las alianzas a largo plazo. 

El 16% de las empresas españolas con una facturación de 500 millones a 2.000 millones$ ha aumentado sus ventas en India, mientras que el 19% de las compañías del sector TMT (Tecnología, Medios, Telecomunicaciones) ha incrementado sus ventas en Alemania, por encima de la media española (15%).

A medida que se profundiza la comprensión del nuevo panorama comercial, las preocupaciones por los ingresos están disminuyendo, con solo el 22% de las empresas globales temiendo pérdidas de éstos severas superiores al 25% en los próximos dos años (frente al 37% de hace seis meses). Solo el 16% de las empresas españolas espera pérdidas severas. La mayoría espera que los ingresos aumenten en los próximos seis meses (42% en España frente al 54% a nivel global) y en los próximos dos años (48% en España frente al 59% a nivel global).

“El historial de España en el comercio internacional y su capacidad para adaptarse a las nuevas dinámicas del mercado continúa siendo un ejemplo positivo en toda Europa. Las empresas locales están comprometidas no solo con superar los desafíos a corto plazo, sino también con aprovechar nuevas oportunidades de crecimiento. Contar con un socio con experiencia internacional es clave para apoyar esta ambición. Esto se refleja en que HSBC España haya sido recientemente clasificado como el primero en la Encuesta Anual de Comercio de Euromoney y en el reconocimiento de HSBC como Mejor Banco Global de Comercio a nivel mundial durante ocho años consecutivos”, afirma Emilio Sanchis Giménez, Head of Global Trade Solutions(GTS) Sales para Europa Continental.

Crédito y Caución: las empresas retrasan las acciones de recobro

Pero no todo es tan optimista. Según el Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España que impulsan Crédito y Caución e Iberinform, solo el 12% de las empresas españolas inicia acciones de recobro al vencimiento de la factura. Se trata de uno de los porcentajes más bajos de la serie histórica, un indicativo de que las empresas están reaccionando a las tensiones de liquidez de sus clientes retrasando el inicio de las acciones de recobro para no deteriorar la relación comercial.

El retraso en las acciones de recobro implica un deterioro en la efectividad de la recuperación. A pesar de ello, el estudio refleja una gran flexibilidad de los plazos de recobro, como medida para salvaguardar las relaciones comerciales. El 37% de las empresas permite a sus clientes retrasos en pagos de más de 90 días antes de considerar un crédito moroso.

Cuando se inician las acciones de recobro, la inmensa mayoría de las empresas renuncia al cobro de intereses de demora. El 63% de las empresas no los aplica nunca y solo el 4% es sistemático a la hora de ejercer su derecho. Son niveles peores a los registrados hace un año, lo que indica el esfuerzo que están realizando las compañías por mantener la relación con sus clientes, a pesar del retraso en el pago. 

Hasta 2022, los tipos de interés de demora para operaciones comerciales estuvieron fijados en el 8%. El endurecimiento de la política monetaria por parte del Banco Central Europeo provocó que se incrementasen hasta el máximo del 12,5% en 2024. En la actualidad, este tipo está fijado en el 10,15%. La variación de este indicador oficial no tiene, sin embargo, traslación a la economía real: según el Estudio elaborado por Crédito y Caución e Iberinform, el 98% de las empresas que aplican intereses de demora reclaman por debajo de los que le corresponden legalmente.

Bienes de consumo ralentiza su crecimiento

El sector de bienes de consumo duraderos cuenta con una alta exposición a los riesgos geopolíticos y económicos, como la caída de los mercados bursátiles y la volatilidad de los precios de las materias primas. Estos factores están ralentizando su crecimiento. Un informe de Crédito y Caución espera que el crecimiento de las ventas mundiales sea de apenas el 1,8 % en 2025 y del 1,3 % en 2026. Hay que recordar que el sector experimentó un repunte del 5,8% en 2024, por lo que la desaceleración estimada para este año es significativa.

En el caso de Europa, la estimación de crecimiento se sitúa en el 3,8% en 2025 y en apenas el 0,1% en 2026. Los mercados que presentan mayores niveles de riesgo de crédito son Austria, Suecia y Francia. En el último caso, el aumento del desempleo que se está registrando en el país francés está incrementando la reticencia de los hogares a un consumo elevado debido a la falta de confianza en el futuro. Las existencias son bastante altas debido a los bajos niveles de demanda.

Los aranceles comerciales y el proteccionismo son las principales amenazas para este sector. Las posibles interrupciones de la cadena de suministro y la mayor volatilidad de los precios de las materias primas, la energía y el transporte podrían incrementar los precios minoristas de los equipos domésticos y, en general, afectar a la decisión de comprar de los consumidores.

Si los costes operativos aumentan sustancialmente, algunos minoristas podrían verse obligados a modificar sus políticas de abastecimiento y buscar nuevos socios para eludir las subidas arancelarias. Muchos tratarán de repercutir los costes a los clientes aumentando los precios para proteger unos márgenes ya de por sí reducidos.

Los operadores más pequeños de los mercados avanzados se enfrentan a mayores riesgos de insolvencia.  Al mismo tiempo, los minoristas online están aumentando su cuota de mercado, lo que ejerce presión sobre los operadores tradicionales.

En este contexto, si quieren ser competitivos, deberán ofrecer servicios adicionales, ampliar su negocio online y mejorar sus capacidades digitales. Sin embargo, esto requiere una elevada inversión en un escenario de márgenes de beneficio ajustados, especialmente para los minoristas más pequeños.

19Nov

Las caídas en Bolsa de las tecnológicas pueden ser una oportunidad de comprar con visión de largo plazo. Mientras, el dólar se deprecia un 7% pero acapara el 90% de las transacciones. Y sigue el temor al impacto de una pérdida de independencia de la Fed.

Miguel Ángel Valero

La volatilidad en los mercados bursátiles globales continúa en aumento, impulsada por las dudas en torno a la intensa inversión en centros de datos por parte de las principales compañías tecnológicas, así como sobre el potencial alto en el camino de bajada de tipos de la Reserva Federal. En cuanto a las fuertes inversiones, el incremento en los diferenciales de crédito en la emisión de bonos corporativos de las grandes tecnológicas ofrece un punto de preocupación, pues hasta ahora las inversiones se habían financiado sin necesidad de grandes emisiones. 

Amazon colocó una emisión de 15.000 millones$, con primas de crédito superiores a las que cotizan otros bonos de la compañía, lo que —al igual que en la emisión de Meta del 31 de octubre— sugiere un aumento en la percepción de riesgo crediticio. No obstante, podría repetirse el comportamiento observado en los bonos del gigante de las redes sociales, que salieron con una prima sobre los bonos soberanos de 100 puntos básicos (pb), pero que en las dos semanas siguientes se redujo hasta los 70 pb, convergiendo con la curva cotizada. 

Este movimiento indica que los bancos de inversión que participan en la colocación fijan precios de salida atractivos, permitiendo que los inversores que compran en el mercado primario obtengan una rentabilidad adicional y no reflejan un deterioro en el riesgo de crédito. Las preocupaciones sobre el apalancamiento derivado de las inversiones de los cuatro principales “hyperscalers” —Alphabet, Meta, Amazon y Microsoft— siguen teniendo un tono alarmista y poco fundamento. Las previsiones indican que no se espera que el elevado nivel de inversión consuma la totalidad de la caja operativa, por lo que no se anticipan aumentos desproporcionados en los niveles de endeudamiento. Por ejemplo, Amazon ha generado en promedio unos 37.500 millones$ trimestrales en caja operativa en los últimos cuatro periodos, más del doble del importe de su reciente emisión.

Nvidia gana el 94% más en el tercer trimestre

En este contexto, los resultados de la compañía más valiosa del mundo, Nvidia, toman un cariz macroeconómico en el actual contexto de despliegue de la inteligencia artificial. Sus cuatro principales clientes –Microsoft, Meta, Alphabet y Amazon– representan alrededor de un 40% de las ventas de la compañía, alentadas por las fuertes inversiones en centros de datos. 

El dato clave es que por cada euro que vende Nvidia se queda con más de la mitad –3,5 veces más que el agregado del S&P500–. Nvidia genera más ventas que Ford este trimestre –multiplicando por 10 veces sus ingresos trimestrales en tres años– y se espera que sus beneficios anuales este año superen la barrera de los 100.000 millones$, dejándolos por encima de todos los beneficios agregados del sector energético americano, por ejemplo. 

Sus cuatro principales clientes planean invertir 450.000 millones$ el próximo año, principalmente en nueva capacidad computacional, lo que continuará impulsando las ventas. La ratio precio sobre beneficios es de 29 veces, por debajo del promedio de los últimos 5 años (38 veces). Estos resultados llegan, además, tras la salida del capital de inversores de gran relevancia como Peter Thiel o SoftBank, quienes anunciaron recientemente la liquidación de sus posiciones en la compañía. A esto se suma la revelación de una posición corta por parte del legendario inversor Michael Burry.

Nvidia reportó ingresos de 57.0006millones$ en el tercer trimestre fiscal de 2025 (entre agosto y octubre), lo que representa un aumento interanual del 62,5%. El beneficio es de 31.910 millones, el 65,2% más. En los nueve primeros meses son 147.811 millones$ en ingresos (+62%) y 77.107 millones en beneficios (+51,8%).

Para el cuarto trimestre fiscal de 2026, se proyectan ingresos cercanos a 61.980 millones con un margen bruto ajustado del 74.6%. Además, se espera que el beneficio por acción ajustado sea de aproximadamente 1,26$, con gastos operativos ajustados alrededor de 4.220 millones de dólares y una inversión en I+D de 4.660 millones.

El segmento de centros de datos sigue siendo el núcleo del negocio de Nvidia, generando casi el 90% de los ingresos y impulsando un fuerte crecimiento, especialmente con la nueva arquitectura Blackwell, que mejora significativamente el rendimiento y eficiencia energética. Los resultados reflejan una sólida demanda en IA y tecnología de semiconductores, con expectativas de continuar un fuerte crecimiento en ingresos y beneficios operativos.

“La demanda de computación sigue acelerándose y multiplicándose tanto en entrenamiento como en inferencia, creciendo exponencialmente en ambos casos. Hemos entrado en el círculo virtuoso de la IA. El ecosistema de IA está escalando rápidamente, con más creadores de modelos básicos, más startups de IA, en más sectores y en más países. La IA está presente en todas partes, haciendo de todo, simultáneamente”, señala el consejero delegado, Jensen Huang

"Aunque las valoraciones agregadas son exigentes —con un PER medio de 22 veces—, van acompañadas de unos fundamentales excepcionalmente sólidos. Se espera que el S&P 500 alcance el próximo año los márgenes más elevados de su historia. Asimismo, a pesar del buen desempeño del índice este año (+16%), los múltiplos apenas han variado respecto al año anterior, y no se observan excesos en la mayoría de los indicadores financieros", señalan los analistas de Banca March.

Mientras tanto, Alphabet se aleja de la corrección y bate su máximo histórico en Bolsa por el respaldo de Warren Buffett y su nueva IA. La matriz de Google se beneficia de la entrada de Berkshire Hathaway y del estreno de la nueva versión de Gemini, con la que responde a Meta, Anthropic y OpenAI.

El debate sobre la bajada de tipos sigue en la Fed

Por otro lado, el debate dentro de la Reserva Federal continúa. Las actas de la última reunión de la Fed muestran una profunda división interna y anticipan una tregua en la bajadas de tipos, porque persisten los riesgos de inflación por los aranceles.

Tras varios comentarios prudentes sobre la posible bajada de tipos en diciembre, ha surgido una voz disidente con peso dentro del organismo: el gobernador Waller. Según su criterio, respaldado por la debilidad observada en los datos privados de empleo, en diciembre debería continuar la senda de reducción de tipos oficiales. La primera oleada de datos oficiales no será suficiente para obtener una visión clara del mercado laboral, y no será hasta las primeras semanas de diciembre cuando se disponga de cifras más actualizadas, aunque éstas seguirán afectadas por la falta de recolección derivada del cierre del Gobierno. Por tanto, el debate continuará, ya que es posible que estos datos no estén disponibles para la reunión del 10 de diciembre. 

"A pesar de ello, mantenemos nuestra previsión de tres bajadas de tipos hasta 2026, lo que situaría los tipos oficiales en torno a la neutralidad el próximo año. Ante las actuales incertidumbres del mercado, mantenemos una postura cautelosamente optimista, como hemos señalado en los últimos días. Consideramos que los temores actuales son transitorios y no creemos que vayan a interrumpir el ciclo económico. Desde esta perspectiva, vemos las caídas bursátiles como una oportunidad de compra con una visión a medio plazo", insisten en Banca March.

Mejoran los datos económicos en EEUU

Además, mejoran las cifras económicas en EEUU: repunta la construcción y aumenta la confianza en las manufacturas. Los datos fueron alentadores con un crecimiento mensual del +0,2% de la actividad en el sector de la construcción en agosto, donde además se revisaron al alza los meses previos. Éste es uno de los primeros indicadores macroeconómicos aplazados que se han publicado y mirando el desglose esta mejora de la actividad de la construcción se explicó por la actividad de mejoras de las viviendas que avanzó un 2,3% mensual, mientras que la construcción de viviendas unifamiliares cayó un 0,4% y las viviendas multifamiliares apenas creció un 0,2%. 

Por otro lado, dentro de la construcción no-residencial los centros de datos han frenado su incremento al avanzar un +0,1% mensual lo que no ensombrece el notable avance del +25,7% frente al mismo mes del año pasado. 

También superó las expectativas fue el Empire de confianza de las manufacturas en Nueva York, que escaló en noviembre hasta 18,7 desde el 10,7 anterior, situándose ampliamente por encima de lo previsto (5,8). Esta mejora de la confianza elevó este indicador a su nivel más alto en el último año y apuntaría a una reactivación de la actividad de cara a los próximos meses. 

Los pedidos a fábrica crecieron en agosto el 1,4%. Y los de bienes duraderos, el 2,9%. El índice de confianza de los constructores superó expectativas en noviembre al repuntar un punto hasta 38, su mayor nivel desde abril. 

Y las cifras semanales de la consultora ADP apuntan a la cautela y muestran que en promedio la economía perdió 2.500 empleos en las últimas cuatro semanas a cierre del 1 de noviembre, un indicador que mostraría una pérdida de dinamismo del empleo en las últimas semanas. Las cifras oficiales muestran que los despidos siguen contenidos y con ello las peticiones de subsidios de desempleo relativos a la semana del 18 de octubre totalizaron 232.000, un dato que sigue siendo bajo en términos históricos. Pero el dato de solicitudes continuas, un indicador del número de personas que reciben beneficios, se situaron en 1,96 millones, ligeramente por encima de los 1,95 de la semana previa

DWS: el dólar ha perdido el 7% de su valor en 2025

Desde principios de año, el dólar ha perdido alrededor del 7% de su valor, lo que ha suscitado especulaciones sobre una posible “desdolarización” de la economía global. Sin embargo, estas preocupaciones parecen exageradas. A pesar de su reciente debilidad, el dólar sigue siendo la columna vertebral del sistema financiero mundial. Según la Fed, interviene en casi el 90% de todas las transacciones de divisas, y el Fondo Monetario Internacional confirma que la cuota del dólar en las reservas internacionales se mantiene estable en torno al 57%. No obstante, los recientes movimientos del mercado parecen reflejar un ajuste a un entorno cambiante para el dólar.

La marcada debilidad del dólar en la primavera del 2025 fue, más que el reflejo de una fuga estructural de capitales, una consecuencia de factores técnicos. Según el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el elemento determinante fue la cobertura de divisas por parte de inversores no estadounidenses. Éstos redujeron sus riesgos cambiarios mediante swaps y contratos a plazo sin vender activos estadounidenses a gran escala. En ocasiones, el dólar, los bonos del Tesoro estadounidense y las acciones norteamericanas cayeron al mismo tiempo. Este comportamiento pone de relieve el carácter cíclico de la debilidad observada, que no se basaba en una pérdida fundamental de confianza ni en una salida estructural del dólar.

Al mismo tiempo, parece que los players del mercado no están cuestionando al dólar de forma generalizada, sino que están reaccionando de manera diferenciada. Las expectativas de recortes en los tipos de interés en EEUU han provocado ajustes tácticos, incluyendo una mayor preferencia por activos percibidos como más independientes de la política monetaria, como el oro y los criptoactivos. Esta dinámica podría reflejar más de una fase de incertidumbre a corto plazo que un cambio de paradigma estructural. "La credibilidad de la Fed se mantiene intacta y continúa siendo un factor clave en las perspectivas del dólar", subraya un análisis de DWS.

A largo plazo, la liquidez que ofrece el dólar y la estabilidad institucional de EEUU podrían seguir respaldando su papel como moneda de reserva internacional. Mientras no existía una alternativa que ofrezca al mismo grado de funcionalidad, liquidez y seguridad jurídica, es probable quela primacía del dólar se mantenga intacta. El debate sobre las stablecoins apenas modifica este escenario; más bien refleja la creciente demanda de liquidez digital, antes que un sustituto estructural del dólar.

El denominado “comercio de devaluación”, la búsqueda de activos escasos y políticamente independientes para cubrirse frente a los riesgos de inflación, credibilidad política económica y riesgos fiscales y de deuda en EEUU, se ha convertido en una estrategia habitual. El oro parece cumplir eficazmente esta función, mientras que los criptoactivos continúan siendo una incorporación de elevada volatilidad al conjunto de las carteras.

“No estamos asistiendo a un colapso del sistema del dólar, sino más bien a una prima de valoración dentro del sistema fiduciario existente. El dólar muestra una vulnerabilidad cíclica, pero consideramos que permanece anclado estructuralmente”, señala Xueming Song, estratega de divisas de DWS. En la actualidad, factores de corto y medio plazo, como los costes de cobertura y los riesgos políticos, parecen estar influyendo en la dirección de la divisa sin llegar a erosionar sus fundamentos estructurales.

La apuesta por el deterioro del dólar parece una reacción a los riesgos asociados a los tipos de interés, al déficit fiscal y a la credibilidad de EEUU. Sin embargo, el réquiem por el dólar resulta prematuro. Mientras las instituciones estadounidenses se mantengan sólidas, es probable que el dólar continúe siendo la unidad de liquidación más líquida y el principal activo de referencia para los flujos financieros globales.

Ofi Invest: cuánto costaría la pérdida de independencia de la Fed

Ombretta Signori, Head of Macro Research, y Yannick López, jefe de Renta Fija y Soluciones de Tesorería en Ofi Invest Asset Management, han elaborado un informe sobre el impacto que tendría en la economía de EEUU la pérdida de independencia de la Fed.

El control de la Fed por Trump impulsaría la inflación hasta el 4% (el doble del objetivo), y generaría un crecimiento más débil: apenas +1,2% en 2028. Además, la prima de riesgo se elevaría, provocando subidas de los rendimientos de los bonos a largo plazo, y un repunte brusco de la curva de tipos en los tramos más largos. Un anticipo de ello ya ha sucedido entre abril y mayo y en verano, tras las amenazas de Trump de despedir a Jerome Powell, y el despido (luego anulado por un juez federal) de la gobernadora Lisa Cook.

La economía de EEUU se mantuvo sólida en el tercer trimestre, y probablemente rendirá por debajo de su potencial en los próximos meses, porque el consumo de los hogares se ha visto afectado por los aranceles,  Es probable un aterrizaje suave de la economía, ya que la demanda interna debería recibir un impulso en 2026 por la reforma fiscal firmada por Trump en julio (que incluye recortes de impuestos, gastos en defensa, y reducción de gasto social), el relajamiento de la política monetaria, la próxima desregulación, y una mayor claridad sobre los aranceles. 

El impacto de los aranceles en la inflación es probable que continúe en los próximos meses, porque las tarifas efectivas seguirán aumentando, y se acercarán al nivel teórico del 18%, aunque dicho impacto parece que será temporal. En este contexto, la Fed está más preocupada por los riesgos de un mayor desempleo que por los riesgos de inflación. Dado que la política monetaria sigue siendo moderadamente restrictiva, es probable que la Fed continúe bajando sus tipos, dos veces más este año, y hasta el 3,25% a finales de 2026, según Ofi Invest AM.

Los bonos del Tesoro se habían visto afectados tanto por los temores sobre el crecimiento a corto plazo, como por el posible impacto inflacionario del proteccionismo y los riesgos para la credibilidad de la Fed.  En cualquier caso, desde Ofi Invest AM mantienen una visión táctica, para aprovechar repuntes coyunturales en la curva de tipos, ya que cualquier subida puede ser una oportunidad para ampliar la duración en la cartera.

Controlar la Fed para Trump es vital para actuar sobre los tipos clave, porque tendría la opción de bajarlos para estimular la economía, reduciendo el coste del servicio de la deuda, algo prioritario. Además, Trump tiene otras motivaciones: sobre todo, tener un mayor control sobre el balance, cuyo volumen es de 6,6 billones$, el 22% del PIB, y un tercio se compone de MBS (Mortgage-Backed Securities), titulos respaldados por hipotecas. 

Una menor independencia de la Fed también permitiría a Trump influir indirectamente en su análisis, e intentar suavizar la regulación financiera de la Ley Dodd-Frank que está en vigor desde la crisis financiera. La Ley Dodd-Frank otorgó a la Fed mayores poderes de supervision sobre los bancos. Trump tendría mayor control sobre esta regulación; de hecho, su reforma ya está en el Congreso. 

Controlar la Fed puede suponer llevar a la práctica las ideas del acuerdo de Mar-a-Lago, que fueron recogidas en un artículo de Stephen Miran publicado en 2024. El actual presidente del Consejo de Asesores Económicos, nombrado por Trump, sugirió que la sobrevaloración del dólar podría mitigarse mediante una política monetaria más acomodaticia, la necesidad de una mayor coordinación entre la Fed y el Tesoro en materia de políticas cambiarias.

Si hubiera un episodio de volatilidad provocada por las políticas arancelarias o de tipos de cambio, la Fed podría aportar la liquidez necesaria a través de swaps, y/o utilizar sus orientaciones que siempre son seguidas para la gestión de las expectativas por parte de los mercados.

La independencia de la Fed es una estrategia eficaz para garantizar la estabilidad de precios sin perjudicar el crecimiento, dada la clara y negativa correlación entre su independencia y la inflación. Esta ventaja inspiró la definición del estatus del BCE y la reforma del Banco de Inglaterra en 1997. Mario Draghi afirmó que la credibilidad de un banco central proviene de su independencia, y el FMI reiteró que la independencia del banco central es fundamental. 

Un índice que mide el grado de independencia de los 192 bancos centrales en el mundo muestra que Japón, India y Australia no tienen instituciones legalmente “independientes”, la Fed tiene un grado de independencia medio, y el BCE es uno de los bancos centrales más independientes. 

En el caso de la Fed, su independencia procede de no depender de las tres agencias del gobierno ni del presupuesto del Congreso. Sus líderes tienen mandatos de 14 años renovables, por lo que están al margen de los ciclos electorales.

El principal riesgo es que una pérdida de independencia de la Fed socave su credibilidad en la lucha contra la inflación, lo que ha sido uno de sus principales logros desde los 1990. El Peterson Institute for International Economics muestra que, aunque el crecimiento de EEUU podría superar temporalmente las previsiones a corto plazo, en un escenario extremo de pérdida de independencia para 2028, el PIB estadounidense se ralentizaría hasta un 1,2%, por debajo del escenario de referencia y se mantendría también lejos de su potencial a largo plazo. La inflación, se estabilizaría en torno al 4 %, el doble del objetivo actual de la Fed. T. Drechsel, en su informe “Presiones políticas sobre la Fed”, muestra que un aumento de la presión política equivalente a la mitad de la ejercida por Nixon durante seis meses, provocaría una subida de precios superior al 8%.

Según Ombretta Signori y Yannicl López la pérdida de independencia de la Fed generaría presión política para mantener los tipos de interés oficiales demasiado bajos. Ello aumentaría las expectativas de inflación, y socavaría la credibilidad de la política monetaria, Y además, alimentaría la demanda y provocaría tensiones inflacionistas, con subidas de salarios y precios.  Otra consecuencia sería la mayor incertidumbre sobre la trayectoria futura de los tipos y la inflación, y el aumento de las primas de riesgo que exigen los inversores. Todo esto ralentizaría la inversión privada y el crédito y, a la  postre, reduciría el crecimiento potencial. En consecuencia, se produciría una combinación de mayor inflación y menor crecimiento a largo plazo. Más allá de ello, la credibilidad de las instituciones estadounidenses quedaría en entredicho, lo que tendría repercusiones en los mercados mundiales y el sistema financiero internacional

En 2025 ya se ha vivido un anticipo de lo que supondría esta situación. Entre abril y mayo, y en verano, los mercados percibieron el peligro de la pérdida de independencia de la Fed tras los ataques de Trump a Jerome Powell, al que acusaba de no tener capacidad de respuesta por no cambiar los tipos, mientras el BCE continuaba relajando su política monetaria.

Sin un gran impacto inicial en el mercado, el escenario ganó tracción cuando Trump declaró públicamente que podría despedir al presidente de la Fed, al principio del verano. Con una economía fuerte, y una política monetaria expansiva “proactiva” que incrementaría la inflación. La prima del riesgo que corre un inversor al tener un título a largo plazo subió, así como los rendimientos de los bonos a largo plazo. El bono referencia a 30 años volvió a superar el 5% y la pendiente entre 5 y 30 años alcanzó un nuevo máximo anual de 100 pb.

El anuncio a finales de agosto del despido de Lisa Cook, anulado por un juez federal, volvió a impulsar la subida del bono a a 30 años hasta el 5 % y provocó un abrupto aumento de la pendiente de la curva hasta 125 puntos básicos.

El aumento de las presiones para recortar los tipos provocó una amplia desconfianza hacia los activos estadounidenses, con caídas en los precios de las acciones, mayores rendimientos de los bonos del Estado, un aumento de la pendiente de la curva estadounidense, y un debilitamiento del dólar.

El escenario de pérdida de independencia de la Fed sigue siendo un "riesgo extremo” para los mercados, y su reacción ha sido coherente con los datos macroeconómicos. La fuerte caída de los rendimientos de los bonos USA en septiembre, y el aplanamiento de la curva, se produjeron como reacción al  debilitamiento del mercado laboral.

Las expectativas de los mercados sobre el tipo terminal en este ciclo (es decir, alrededor del 3 %) son agresivas en comparación con las proyecciones medias del FOMC, pero no incompatibles con un empeoramiento del mercado laboral y la tendencia de la inflación a medio plazo. El debilitamiento del dólar es coherente con la reducción del diferencial entre los tipos reales estadounidenses y europeos observado este año.

Mientras tanto, las expectativas a largo plazo de la volatilidad de la inflación siguen siendo bajas, y se encuentran ancladas a nivel global en un rango del 2,3%-2,4% desde el Día de la Liberación a principios de abril. Los acontecimientos empujaron brevemente estas expectativas hasta el 2,45 %. En caso de que el escenario de pérdida de independencia de la Fed se consolidase, estas expectativas pueden subir más.

El presidente de EEUU nombra a los gobernadores de la Fed por un período de 14 años, sujeto a la confirmación del Senado, y también nombra al presidente de la Fed por un período de cuatro años (renovable), elegido entre los gobernadores. La Junta está compuesta por siete gobernadores, y es donde Trump tiene mayor influencia. Sólo puede destituir a un miembro de la Junta, y "por una razón válida", Por tanto, sólo puede nombrar gobernador cuando expira el mandato de otro. En 2026, sólo expira el mandato de Stephan Miran, a finales de enero. El mandato de Powell como presidente termina en mayo de 2026, pero como gobernador no lo hace hasta enero de 2028. Puede no renunciar a su cargo de gobernador y permanecer en la Junta, en cuyo caso Trump sólo podría nombrar un gobernador de su cuerda cuando termine el mandato de Miran. De los gobernadores actuales, Christopher Waller parece tener más posibilidades que Michelle Bowman, y  fuera de la Junta, los candidatos favoritos son Kevin Walsh (antiguo gobernador de la Fed) y Kevin Hassett (actual presidente del Consejo Económico Nacional). 

Respecto a Lisa Cook, es posible que siga en la Junta hasta enero, pero podría marcharse en 2026, dando la oportunidad a Trump de nombrar un gobernador de su agrado. Si esto sucede y Powell dimite, Trump podría nombrar hasta tres gobernadores en 2026, alcanzando una posición de influencia en el FOMC, que está compuesto por los siete miembros de la Junta, el presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, y cuatro de los otros 11 presidentes regionales de la Fed, que actúan como miembros con derecho a voto según un sistema de rotación anual, lo que da un total de 12 miembros con derecho a voto.

Los 12 presidentes regionales de la Fed deberán ser reelegidos o sustituidos antes de finales de febrero de 2026. La Junta de la Fed tiene la última palabra al respecto, tras la decisión de la Fed regional. Rara vez se ha dado el caso de que un presidente regional de la Fed no haya sido reelegido, y la Junta nunca ha rechazado la reelección de un presidente.  Sin embargo, si Trump logra un cambio radical en la Junta, teóricamente podría aumentar su control sobre la Fed, con el riesgo de comprometer su independencia.

Entre el statu quo actual con independencia institucional y  continuidad, y la pérdida de independencia de la Fed, que estaría alineada con el gobierno, existen muchos escenarios intermedios. Escenarios que supondrían menor independencia, compromisos políticos e interferencias, lo que podría ofrecer puntos de aterrizaje más realistas. La Fed funciona por consenso. El presidente sólo tiene un voto en el FOMC, pero ejerce una gran influencia, porque su labor es también buscar el consenso en el comité. En todo caso, como indican Ombretta Signori y Yannick López, existen contrapesos que pueden obligar a Trump a reducir la presión sobre la Fed. El principal son los mercados, que podrían evolucionar al contrario de lo que quiere Trump, la bajada de los tipos de interés.

17Nov

Los analistas de Coface anticipan un excedente creciente de oferta en 2026 y esperan que los precios sigan bajando al menos hasta finales de 2025, con una posible estabilización en 2026 en niveles no vistos en los últimos diez años.

Miguel Ángel Valero

El levantamiento de las restricciones a la exportación impuestas por India ha provocado un desplome del precio del arroz, que ha caído un 35% en el último año, situándose en su nivel más bajo desde 2017 (360$ por tonelada).Según el último análisis de Coface, después de tres años de extrema volatilidad, el mercado mundial del arroz afronta ahora un exceso de oferta, con una producción que en 2024alcanzó los 541 millones de toneladas. Este desequilibrio está presionando los precios a la baja y generando tensiones tanto para los productores como para los importadores.

Desde 2022, India, el principal exportador mundial, había restringido sus exportaciones para contener el aumento de los precios internacionales (incremento del 19% en 2022 y 2023), provocado, en particular, por la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania y las condiciones climáticas adversas en Asia. 

La reapertura de las exportaciones en 2024, junto con cosechas récord en Asia, han provocado esta importante caída. Dadas las previsiones de aumento de la producción para 2026 y el posible regreso del fenómeno de La Niña en el cuarto trimestre de 2025, los analistas de la compañía de gestión integral del riesgo comercial anticipan un excedente creciente de oferta en 2026.Así, se espera que los precios sigan bajando al menos hasta finales de 2025, con una posible estabilización en 2026 en niveles no vistos en los últimos diez años.

Asia domina el mercado; África es altamente dependiente

El arroz es el alimento básico más consumido en el mundo, por delante del trigo y el maíz. A pesar de su importancia para la seguridad alimentaria, su comercio internacional sigue siendo limitado, con Asia como principal protagonista, al concentrar cerca del 90 % de la producción y el consumo mundial. Por su parte, África subsahariana depende en gran medida de las importaciones asiáticas.

En 2024, cinco países asiáticos representaron el 75% de las exportaciones, incluyendo un 40% correspondiente a India, una concentración que aumenta la vulnerabilidad de estos países frente a las decisiones políticas de las economías asiáticas.

El arroz sigue siendo una mercancía politizada en muchas economías asiáticas. La continua caída de los precios amenaza la rentabilidad de los productores en países cuya producción es inferior a la de India. Filipinas, uno de los mayores importadores mundiales de arroz, ha suspendido las importaciones durante 60 días desde el 1 de septiembre para apoyar a sus productores. Indonesia, por su parte, ha adoptado una estrategia de soberanía alimentaria, priorizando la producción nacional para reducir su dependencia de las importaciones.

Las economías emergentes mantienen políticas proteccionistas. Este es el caso de Japón, que, bajo la presión de los lobbies agrícolas, mantiene estrictos cupos de importación para proteger su sector arrocero. Sin embargo, este enfoque corre el riesgo de desestabilizar la dinámica del mercado interno. De hecho, el sector arrocero japonés enfrenta una crisis de suministro debido a la mala cosecha de 2023, provocada por el calor extremo que redujo los rendimientos. El almacenamiento y un gran terremoto en el sur de Japón en agosto de 2024 han agravado la escasez de oferta. Las políticas proteccionistas mantienen los precios internos muy elevados, especialmente cuando la producción nacional disminuye. Actualmente, una bolsa de 5 kg de arroz cuesta alrededor de 4.000 yenes (26$) en Tokio, frente a los 8$ que cuesta una bolsa equivalente de arroz tailandés en Bangkok.

TACO de Trump con los aranceles

En el ámbito comercial, se dieron varias muestras más de que en la estrategia de Trump “no todo vale” y que, ante la presión, se ve obligado a revertir su postura. Lo que los demócratas califican de TACO: Trump Always Chickens Out (Trump Siempre se Acobarda)

Por un lado, EEUU ha eximido de aranceles a más de 200 alimentos y productos agrícolas. La extensa lista incluye productos como la carne de res, el café, diversas frutas (plátanos, aguacates, cítricos, tomates), especias y frutos secos. La medida responde a la preocupación por el repunte de la inflación en los alimentos y su impacto en el coste de vida de los consumidores. Según el último dato de septiembre, los precios de los alimentos aumentaron un 3,1%, ligeramente por encima del IPC general (+3%). Sin embargo, alimentos como los filetes de ternera (+17%) o plátanos (+7) presentaron incrementos significativos. 

Además, se confirmó el acuerdo preliminar entre Suiza —y Liechtenstein— que reduce el arancel recíproco del 39% al 15%. Además, el pacto establece un límite máximo del 15% para los fármacos —principal exportación suiza hacia EEUU— y los semiconductores, en caso de que la Administración Trump imponga gravámenes globales específicos sobre estos productos. A cambio, Suiza se compromete a rebajar los aranceles sobre determinados productos agrícolas procedentes de EEUU y a invertir 200.000 millones$ en el país norteamericano antes de finales de 2028. 

También se ha anunciado la firma de acuerdos marco en las próximas con Argentina, Guatemala, El Salvador y Ecuador como medida adicional para reducir las barreras sobre alimentos importados desde estos países. 

14Nov

Los mensajes de miembros de la Reserva Federal hacen que los mercados reduzcan a menos del 50% la probabilidad de una reducción de tipos en diciembre.

Miguel Ángel Valero

Las declaraciones de Powell tras la reunión de octubre modificaron la percepción del mercado respecto a una posible bajada de tipos en diciembre. Las palabras de Neel Kashkari –presidente de la Reserva Federal de Minneapolis– reforzaron esta visión al afirmar que no apoyará una reducción de tipos en la próxima reunión. Estas declaraciones se suman a las de Susan Collins –presidenta de la Fed de Boston–, quien considera que en diciembre debería pausarse el ciclo de recortes para asegurar que la inflación avanza hacia el objetivo del 2%. Además, las posibles sanciones sobre Rusia y los recientes repuntes en los precios del petróleo han intensificado la incertidumbre en los mercados, reduciendo la probabilidad implícita en los mercados de una bajada de tipos en diciembre por debajo del 50%.

Para los expertos de Banca March, "estas noticias son positivas, ya que reflejan que varios miembros del comité observan una economía que sigue mostrando fortaleza". De hecho, el propio Kashkari reconoció que los datos económicos actuales le han sorprendido positivamente. A la espera de mayor claridad en los indicadores macroeconómicos y los resultados de Nvidia, los mercados reaccionaron negativamente al cambio de tono de la Fed. "Nuestro escenario de tipos ya contemplaba un enfoque menos optimista que el del consenso –aunque más enfocado en 2026–, por lo que este ajuste podría generar volatilidad en el corto plazo. Sin embargo, no creemos que sea motivo para una corrección profunda, ya que consideramos que responde a un ciclo económico que se mantiene sólido. Esto nos lleva a seguir manteniendo una visión constructiva respecto a los activos de riesgo", precisan.

El tonto en la ducha

Joan Bonet, director de Estrategia de Mercados y Asesoramiento de Banca March, apela en el último House View a la metáfora del tonto en la ducha para explicar la situación de un banco central: "Si en alguna ocasión se ha quemado en el transcurso de una plácida ducha sabrá lo complicado que es regular el flujo del agua para disfrutar de la temperatura ideal. Ajustar el calor con precipitación y de forma exagerada no solo aumenta de forma desproporcionada la posibilidad de quemarse, sino la necesidad de corregir la decisión con inmediatez a base de agua fría, entrando en un constante desajuste de temperaturas que pueden llegar a transformar el baño en una de las peores experiencias del día". 

Esta metáfora del tonto en la ducha fue utilizada por Milton Friedman para alertar de los peligros de una política monetaria demasiado agresiva o reactiva y de cómo un banco central, que intenta ajustar la economía demasiado rápido, puede terminar causando más daño que beneficio. La idea planteada por este premio Nobel es que las decisiones en las políticas diseñadas para cambiar el curso de la economía deben implementarse lenta y ordenadamente en lugar de actuar con precipitación. 

El presidente de la Reserva Federal, que de tonto tiene bien poco, es muy consciente de esta problemática. A lo largo de los últimos meses, en la recta final de su mandato, ha demostrado su amplitud de miras desatendiendo las constantes amenazas de Donald Trump y su Administración para que rebajara los tipos de interés de forma drástica. Powell prefiere ser comedido y lleva tiempo planificando un paulatino proceso de retirada de estímulos, adaptándolo a la desaceleración del mercado laboral y a una inflación del 3%. Comenzó con los recortes de tipos en septiembre de 2024 y, tras una pausa en los primeros 9 meses del año, ha reiniciado unas rebajas que ya suponen un total de 150 puntos básicos (pb) y sitúan la banda baja de la FED en el 3,75%. Acumula un ritmo medio de recortes de 10 pb al mes frente al típico ciclo recesivo en el que las rebajas se producen a un promedio de 96 pb mensuales. Además, a partir de diciembre finalizará el QT –quantitative tightening– y la Reserva Federal dejará de reducir su balance: una medida de restricción monetaria, que se ha venido implementando desde mediados de 2022, y que en términos de PIB, ha devuelto el balance a niveles prepandémicos –lo ha disminuido 14 puntos–, dotando a la autoridad monetaria de munición de cara a potenciales adversidades.

Esta decisión, que hasta el momento ha pasado bastante desapercibida por los mercados, se adopta ahora debido a la fuerte caída de las reservas bancarias depositadas en la Fed, que se encuentran en mínimos de 5 años –situándose en 3 billones$– y a las tensiones de las últimas semanas en el mercado de liquidez. El SOFR –referencia entre entidades financieras para los préstamos a un día garantizados por letras del Tesoro–, ha llegado a cotizar por encima del IORB –tipo de interés sobre las reservas bancarias en la Fed– cuando lo lógico y normal es que sea al contrario. En la práctica, mensualmente, dejarán de retirarse 40.000 millones$ del sistema financiero. Todo ello mediante un nuevo esquema por el que irá compensando con bonos del Tesoro los 35.000 millones de vencimientos en MBS –bonos hipotecarios–, adoptando por primera vez, desde finales de 2017, una política de balance neutral. La combinación de esta medida, junto a la reactivación de las rebajas de tipos que la Fed implementó en septiembre, son buenas noticias para los activos de riesgo. 

Además, es fundamental tener en cuenta que, si bien es cierto que los recortes en las tasas de interés son infrecuentes en los ciclos económicos que se estiran –desde 1980 solo ha ocurrido en 1985 y en 1998–, el retorno promedio histórico en los 12 meses siguientes suele ser del +25%. 


Aterrizaje suave de la economía

El hecho de que hayan pasado ya 15 meses desde que, en septiembre de 2024, se comenzaran a rebajar los tipos de interés y no se haya producido una recesión, confirma la tesis de un aterrizaje suave de la economía y de  un ciclo que se parece al del año 1995. La referencia de los 15 meses es muy importante porque, desde un punto de vista histórico, es el periodo más largo de tiempo transcurrido entre el inicio del ciclo de recorte de tipos y la recesión de 1990. En este sentido, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha sabido regular la temperatura de la economía sin precipitaciones, ignorando las exigencias del propio Trump en materia de recortes. No obstante, el reciente cierre de Gobierno supone un reto adicional para la autoridad monetaria, que actualmente navega en la neblina ante la falta de estadísticas oficiales asociadas al empleo y los precios.

La Reserva Federal ha anunciado el fin de su programa de reducción de balance (QT) a partir de diciembre —dejando de drenar liquidez del sistema financiero—, y continuará de manera paralela con su senda gradual de recortes en los tipos de interés. 

El balance de la Fed como porcentaje del PIB finalizará el año ligeramente por encima de los niveles previos a la pandemia. A partir de entonces, el principal banco central del mundo adoptará una política neutral en cuanto al balance, algo que no ocurría desde finales de 2017. Después de tres años y medio, el proceso de reducción de balance llega a su fin tras las recientes tensiones vividas en el mercado monetario. Esta mayor liquidez en la economía se verá compensada por unos tipos oficiales –actualmente en el rango 3,75%-4%– que continuarán siendo restrictivos. En concreto, la Fed finalizará el año con un balance en torno al 21% del PIB, apenas por encima del 19% registrado a comienzos de 2020. De cara al futuro, bajo el nuevo esquema todos los vencimientos serán renovados, aunque los vencimientos correspondientes a bonos hipotecarios (MBS) serán reinvertidos en bonos del Tesoro a corto plazo. 

Esta decisión responde a dos preocupaciones reiteradas por los miembros del comité. Por un lado, y a diferencia de los MBS que tienen un vencimiento superior a los 10 años, los bonos del Tesoro a corto plazo están más alineados con las tasas de interés que la Fed controla, lo que facilita la transmisión de la política monetaria y otorga un mayor margen de maniobra. Varios integrantes de la Fed han manifestado su intención de reducir la exposición al sector inmobiliario, considerado por muchos como ajeno al mandato de política monetaria y una potencial fuente de distorsiones.

El relevo de Powell genera dudas sobre la independencia de la Fed

Dentro de 6 meses, Jerome Powell dejará su cargo como presidente de la Reserva Federal —aunque permanecerá como miembro del comité hasta 2028—, por lo que la Administración Trump ya está valorando posibles sucesores. Históricamente, entre la nominación del nuevo candidato y la toma de posesión suele haber casi tres meses, por lo que la designación de un candidato a presidente antes de febrero de 2026 constituiría una nueva intromisión por parte del Ejecutivo. 

En este contexto, el actual secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha indicado que está evaluando a cinco posibles aspirantes entre los que figuran dos miembros actuales de la Junta de Gobernadores de la Fed: Michelle Bowman y Christopher Waller, ambos nombrados durante el primer mandato de Trump. No obstante, los favoritos para liderar la institución son Kevin Hassett, actual director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, y Kevin Warsh, exgobernador de la Reserva Federal –nombrado por Bush en 2006–. 

Entre ambos, Warsh destaca como el candidato más alineado con la visión económica de Trump: ha sido crítico con la gestión de Jerome Powell y ha defendido públicamente recortes en los tipos de interés, en línea con la preferencia de la Casa Blanca por una política monetaria más expansiva. Su eventual nombramiento como presidente de la Reserva Federal puede generar cierta inquietud en los mercados, al interpretarse como una señal de mayor alineamiento político y menor independencia institucional.

13Nov

Esta promesa, realizada en el primer aniversario de se segundo mandato como presidente de EEUU, costaría hasta 500.000 millones$, una cifra muy superior a los 195.000 millones recaudados por aranceles en lo que va de 2025.

Miguel Ángel Valero

"Es hora de devolver al pueblo el dinero que antes se quedaba en manos de otros países”. Donald Trump hace, a través de su red social Truth (verdad, en inglés), una propuesta tan llamativa como polémica: entregar un “dividendo arancelario” de 2.000$ a cada ciudadano de EEUU. La medida, anunciada precisamente cuando se celebra el primer aniversario de la vuelta de Trump a la Casa Blanca, se financiaría con los ingresos obtenidos por los aranceles que Estados Unidos cobra a las importaciones. 

"La idea tiene un gancho político evidente. En un contexto de inflación persistente y desigualdad creciente, prometer dinero directo a los ciudadanos resulta electoralmente irresistible. Pero desde el punto de vista económico, la propuesta abre más preguntas que respuestas", advierte el analista Pablo Gil en The Trader. Según estimaciones independientes, pagar 2.000$ a la “mayoría” de los estadounidenses costaría hasta 500.000 millones$, una cifra muy superior a los 195.000 millones recaudados por aranceles en lo que va de 2025. El plan es fiscalmente inviable, salvo que se recurra a más deuda o se incrementen los aranceles hasta niveles que terminarían golpeando directamente al consumidor.

La mayor parte de los aranceles no los pagan los países exportadores, sino las empresas y consumidores del país que los impone. Cada producto importado encarece el coste de vida interno, de modo que el supuesto “dividendo” terminaría siendo una devolución parcial del sobrecoste que las familias ya pagan en supermercados, coches o electrodomésticos. Un círculo cerrado con apariencia de regalo.

"Si en este momento una parte de la preocupación reside en la falta de control de precios, no deja de ser una paradoja que se pretenda luchar contra la inflación dándole dinero a la gente para gastar, manteniendo un déficit del 6 % y con la Fed bajando los tipos. Porque un estímulo directo al consumo financiado con déficit y respaldado por una política monetaria laxa es la receta clásica para reavivar las presiones inflacionarias que precisamente se pretende combatir, algo que podría acabar convirtiéndose en un cóctel explosivo", argumenta este experto.

Más allá del debate económico, el movimiento tiene una lectura política más profunda. Trump intenta transformar los aranceles (tradicionalmente percibidos como un impuesto encubierto) en un instrumento de redistribución nacionalista: cobrar a los extranjeros para pagar a los americanos. En el fondo, es una reedición del viejo lema de “Make America Great Again”, pero traducido a una promesa de ingresos inmediatos. Si logra materializarlo, podría reforzar su imagen de presidente “del pueblo”, aunque a costa de agravar los desequilibrios fiscales y comerciales del país. 

En última instancia, esta medida ilustra cómo la política económica estadounidense se ha convertido en una herramienta de campaña permanente. Las decisiones sobre comercio, deuda y política monetaria ya no responden solo a criterios técnicos, sino al cálculo de quién gana y quién pierde votos. "Y si algo enseña la historia es que los dividendos electorales suelen tener un coste elevado cuando se pagan con dinero público", subraya Pablo Gil.

"El anuncio de Trump no es solo una promesa populista; es un síntoma de una tendencia global: la de gobiernos que, incapaces de contener los precios o mejorar los salarios reales, optan por compensar el malestar social con transferencias directas. Un alivio temporal que puede terminar alimentando justo aquello que pretende aliviar" concluye. 

Europa negocia un nuevo acuerdo

En medio de las promesas de Trump, la Unión Europea prepara un nuevo plan comercial para presentar a EEUU. El objetivo es reducir los aranceles para más productos, incluidos vinos y licores, y establecer un sistema de cuotas a las exportaciones de metales europeos que permita exportar una cantidad determinada sin aranceles, aplicando gravámenes solo a partir de ese límite. Además, el plan contempla la creación de un grupo de trabajo sobre seguridad económica para abordar temas como el control de inversiones, los controles de exportación, y el suministro de materias primas críticas. El 24 de noviembre el secretario de Comercio Howard Lutnick se unirá a la reunión de los ministros de comercio de la UE. 

Balance del primer año de la segunda etapa de Trump en la Casa Blanca

Precisamente, el último House View de Banca March hace un análisis del primer aniversario de la vuelta a la Casa Blanca de Donald Trump: "Frente a vientos y mareas, la economía mundial ha resistido y seguirá a flote apoyada en un consumo resiliente y en una inversión creciente". "La aceleración de los proyectos de inversión, que está principalmente focalizada en los sectores estratégicos de Inteligencia Artificial y Defensa, es una tendencia que seguirá impulsando la actividad global en los próximos trimestres", subraya. E

Sin duda alguna estos últimos 12 meses han sido muy intensos y este segundo mandato como presidente de Estados Unidos ha estado marcado por el intervencionismo económico. De todas formas, más allá del elevado ruido y de las constantes idas y venidas arancelarias, los datos económicos muestran que, por el momento, las distorsiones introducidas por las mayores barreras comerciales y las políticas proteccionistas de Trump no han derivado en fuertes desequilibrios ni mucho menos en un freno brusco de la actividad. 

La mejor prueba de ello es que, entrando ya en la parte final del año, el comercio mundial lejos de mostrar una caída incluso se ha acelerado. El volumen de transacciones de mercancías a nivel global crece de media un 4,7%, un ritmo superior al registrado en promedio durante el año pasado (+2,7%). Factor que está permitiendo además una cierta reactivación de la industria, que avanza a su mayor ritmo desde 2022. Aunque previsiblemente se verá una desaceleración del comercio en los próximos meses a medida que comience a normalizarse el efecto anticipación –las importaciones se aceleraron antes subida de los aranceles–, la mejora que se percibe en estos dos indicadores económicos tan relacionados con el ciclo –comercio e industria–, permite afirmar que la economía global mantiene su dinamismo.

La gira de Trump por Asia ha generado un auténtico florecimiento de nuevos acuerdos, que ratifican "nuestra tesis de que hay que mirar más allá del humo", insiste Joan Bonet, director de Estrategia de Mercados y Asesoramiento de Banca March. "Ésta es sin duda, la prueba de la importancia de no dejarnos arrastrar por las constantes declaraciones y amenazas del presidente norteamericano en torno a la guerra comercial”. 

Una vez más, el esquema del envite entre China y EEUU ha seguido el  patrón de amenazar, negociar y llegar finalmente a un acuerdo parcial que evite los peores escenarios. Ambas naciones, condenadas a entenderse, acuerdan dejar de “agredirse” en el futuro próximo. Así, en materia de aranceles, el resultado es el siguiente: 

  • 1) suspensión del gravamen amenazado del 100% adicional; 
  • 2) se posponen por un año los aranceles recíprocos hasta el 10 de noviembre de 2026 –lo que evita que asciendan al 147%– 
  • 3) y se rebajan 10 puntos las tasas vinculadas al fentanilo. 

De este modo, el arancel ponderado promedio aplicado sobre China desciende del 57% al 47%, alcanzando niveles similares a los vigentes antes del Liberation Day. 

A cambio, China ha reanudado las importaciones de soja estadounidenses (interrumpidas desde mayo) y se ha comprometido a aplazar durante un año las restricciones sobre las exportaciones de tierras raras hacia EEUU. 

Por tanto, este acuerdo se trata de una “patada hacia adelante” más que de un entendimiento definitivo, dado el aplazamiento de la moratoria hasta el año que viene, el suministro garantizado de tierras raras por un año y la futura visita entre Trump y Xi Jinping en 2026. 

En el tour en los que diversos países asiáticos han sido partícipes –Malasia, Tailandia, Vietnam, Indonesia y Camboya–, se han insinuado posibles exenciones arancelarias futuras, aunque aún sin especificar bienes concretos. Estos países comparten una característica común: sus exportaciones están altamente concentradas en tecnología. De hecho, en el conjunto formado por Tailandia, Vietnam y Malasia, los ordenadores y productos electrónicos representan el 47% del total exportado a EEUU. De manera que, aunque no se ha anunciado ninguna rebaja de aranceles, si se aplican exenciones sobre aquellos bienes que más exportan, entonces el impacto del gravamen anunciado sería mínimo, suponiendo otro juego de ilusionismo.

En paralelo, se desbloqueó el acuerdo comercial entre EEUU y Corea del Sur, estancado desde el verano. Como parte del pacto, los aranceles sobre las importaciones de automóviles surcoreanos se redujeron del 25% al 15%, igualando las condiciones de sus competidores japoneses. A su vez, Corea del Sur se comprometió a invertir 350.000 millones$ en territorio estadounidense. 

En los últimos días, se han anunciado avances significativos en las negociaciones con Suiza e India. En el primer caso, las conversaciones encabezadas por los principales empresarios suizos podrían traducirse en una reducción de los gravámenes del 39% al 15%, si bien Trump aún no ha confirmado una tasa definitiva. En cuanto a India, el presidente estadounidense declaró que están “muy próximos a alcanzar un acuerdo beneficioso para todos”, aunque no se ha definir ninguna tasa alternativa al 50%. 

Con todo, los acuerdos comerciales cubren un 67,5% de las importaciones totales de EEUU. En esta cifra se incluyen también dos de sus principales socios: China y México, aunque no cuentan con acuerdos definitivos, han establecido moratorias que permiten mantener la estabilidad. Una aproximación a la casilla de salida que, en el fondo, no representa unas condiciones más favorables que las heredadas.

Por otro lado, la recaudación de septiembre en las aduanas fue de unos 29.600 millones$, un aumento de apenas un 0,6% con respecto al mes anterior. En lo que va de año, el total asciende a 174.000 millones, un 4% del total de ingresos gubernamentales. En definitiva, cifras que muestran la importancia de discernir entre lo que Trump afirma y lo que realmente acaba impactando en la economía real: los aranceles recaudados en las aduanas apenas representan el 11% de las importaciones, frente a la tarifa promedio teórica del 22% anunciada por la Administración norteamericana. 

Unas tasas que multiplican por cuatro las referencias efectivas de principios de año, pero que son la mitad de lo anunciado y que reflejan, entre otras cosas, la capacidad de adaptación de las empresas para evitar parte de los efectos negativos de la subida de impuestos aduaneros. 

En el caso de un veredicto del Tribunal Supremo en contra de los aranceles, Trump dispondría de mecanismos alternativos para mantenerlos en vigor. El proceso judicial para determinar la legalidad de los aranceles establecidos bajo el IEEPA continúa su curso y se espera que el Tribunal Supremo emita su decisión antes de fin de año. Estos gravámenes sujetos a resolución son los denominados “aranceles recíprocos”, aplicados específicamente a países, de manera que los establecidos sobre los productos no se verían afectados. Hasta ahora, dos tribunales han declarado inválido este mecanismo, pero la decisión definitiva está en manos del Tribunal Supremo –compuesto por seis jueces de orientación conservadora y tres de tendencia liberal–. Aunque en principio Trump contaría con una mayoría favorable, las preguntas formuladas durante la audiencia revelaron el escepticismo de al menos dos de los jueces conservadores, abriendo la puerta a una posible suspensión de estas tarifas. 

En cualquier caso, una sentencia en contra no implicaría el fin de los aranceles, ya que la Administración de Trump cuenta con otras vías legales para seguir aplicándolos. Sin embargo, sí ralentizaría su implementación, además de obligar al gobierno la devolución de los ingresos recaudados bajo este mecanismo a los contribuyentes.

13Nov

"El episodio deja una lección clara. En política, las victorias a corto plazo pueden salir muy caras a largo plazo", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

Miguel Ángel Valero

El proceso de reapertura del Gobierno estadounidense se aceleró y el presidente Trump firmó la extensión de la financiación federal, poniendo fin al cierre gubernamental más prolongado en la historia del país: 43 días. No obstante, el retorno a la normalidad tomará varias semanas. Sean Duffy, secretario de Transporte, admite que las restricciones aéreas se mantendrán al menos durante una semana. Y las ayudas alimentarias sufrirán retrasos similares debido a la necesidad de actualizar el listado de beneficiarios. 

Por otro lado, los datos macroeconómicos que no se han publicado comenzarán a difundirse de forma gradual en las próximas semanas. Karoline Leavitt, secretaria de Comunicación de la Casa Blanca, advierten que ciertos indicadores, como los de inflación y empleo correspondientes a octubre, podrían no publicarse por la falta de recopilación de datos durante el periodo de referencia.

En los próximos días se actualizarán los calendarios de publicación de las agencias afectadas, y se conocerá la decisión final al respecto. Este calendario será clave, ya que dichos datos serán utilizados por el Comité de la Reserva Federal en su reunión de política monetaria prevista para el 10 de diciembre.

Aunque el regreso a la normalidad será progresivo, llega justo a tiempo para el inicio del periodo navideño. El impacto económico más grave se ha evitado, y la Administración Trump presenta esta reapertura, una vez más, como una victoria frente a un problema que, en realidad, fue autoinducido. 

Pero el grueso del acuerdo durará apenas hasta el 30 de enero de 2026, por lo que se trata de un parche temporal. La partida de ajedrez demócrata continuará en diciembre con el debate sobre la extensión de las subvenciones a los seguros de Salud, prometida en la negociación por los republicanos. 

Los mercados financieros reciben con cautela la reactivación del Gobierno, conscientes de su carácter transitorio. Además, siguen pendientes de las publicaciones macroeconómicas aplazadas.

Impacto del cierre más largo de la historia

El 1 de octubre, el Congreso incumplió el plazo para aprobar los Presupuestos, lo que desencadenó el cierre de Gobierno más prolongado de la historia. La causa principal se debe a que los demócratas utilizaron sus votos como herramienta de negociación para evitar que expiren los subsidios al seguro médico (Obamacare). Durante los cierres de Gobierno hay servicios públicos que continúan funcionado, los denominados como “gastos obligatorios” – Medicare, Medicaid y parte de la Seguridad Social–, así como agencias más independientes como la Reserva Federal o el Servicio Postal. Sin embargo, el resto de departamentos –Defensa, Educación, Transporte, entre otros– permanecen cerrados. Se mantienen servicios mínimos de empleados que trabajan sin sueldo (como los controladores aéreos o agentes de seguridad), mientras que otros trabajadores quedan suspendidos de sus funciones (650.000 personas). En cualquier caso, sus salarios se les reintegran posteriormente. 

La urgencia por negociar ha ido en aumento ante presiones como la acumulación de 14.000 millones$ en sueldos impagados a los empleados federales y las cancelaciones de vuelos por la escasez de controladores aéreos, quienes han continuado trabajando sin recibir sus salarios. Así, en la última votación en el Senado, los demócratas ya han cedido para permitir la reapertura del Gobierno bajo la promesa de que el mes que viene su petición de mantener la vigencia de Obamacare se someterá a votación. 

Por tanto, el acuerdo presupuestario solo estará vigente hasta el 30 de enero, fecha en la que podría producirse un nuevo cierre del Gobierno.

En cuanto al impacto económico, los efectos negativos sobre el PIB y la tasa de desempleo, por lo general, son revertidos una vez reanudadas las funciones habituales. En el caso del impacto sobre el PIB, se estima que, por cada semana de cese, el crecimiento del PIB trimestral se reduce entre una décima y dos, para luego recuperarse en la misma proporción. Este patrón puede observarse en el gráfico, que aísla el efecto del cierre de Gobierno al considerar la contribución al PIB del consumo federal. Esta partida del PIB incluye gastos como la remuneración de los funcionarios o inversiones en infraestructura civil, entre otros. 

No obstante, al tratarse del cierre de Gobierno total más largo de la historia, podrían haberse intensificado los efectos perjudiciales. Respecto a la tasa de desempleo, si los 650.000 empleados se mantienen “en suspenso” entre el 12 y el 18 de octubre y noviembre, se contabilizarán como desempleados, lo que podría provocar un repunte de hasta 4 décimas. en la tasa de desempleo de octubre y noviembre, al 4,7% desde el 4,3% (último dato disponible, correspondiente a agosto). Esta situación se corregiría en el mes siguiente, retornando a los niveles base. 

La parálisis gubernamental está provocando una ausencia de datos sin precedente histórico al no poderse publicar las estadísticas económicas oficiales en EEUU. Todo esto dificulta el análisis de la evolución de la actividad en un momento en el cual existen elevados temores a que los mayores aranceles acaben empujando la economía a una contracción. 

Las estadísticas disponibles apuntan a que el consumidor norteamericano continúa gastando a pesar de las incertidumbres. Las reservas en restaurantes a través de la plataforma on-line OpenTable crecen actualmente a tasas de doble dígito (+11%). Otra fuente fiable de información sobre movilidad y de la actividad económica es el número de pasajeros en avión. Con cerca de 2,5 millones de personas diarias de media en el último mes, se alcanzan niveles superiores al rango habitual para estas mismas fechas en todos los años anteriores. Todo ello a pesar de los retrasos constantes en los vuelos a lo largo del cierre de Gobierno, provocados por la escasez de controladores aéreos, quienes continúan trabajando sin sueldo. Para aliviar la presión de falta de personal, se ha decretado la reducción del 10% de los vuelos regionales y nacionales. Este efecto se encuentra suavizado en los 2,5 millones de pasajeros comentados, al tratarse de un promedio mensual. Sin embargo, al analizar aisladamente el conjunto de los últimos dos datos diarios publicados, se observa que efectivamente el tráfico aéreo ha disminuido un 10,4% con respecto a 2024.

Otra muestra clara del elevado dinamismo del consumo se encuentra en la icónica industria de Broadway. Las taquillas de este conglomerado de más de 40 teatros de Nueva York continúan registrando ventas superiores al rango experimentado durante los tres últimos años (2022- 24). Todos estos indicadores dejan una idea clara y apuntan en la misma dirección: a pesar de los aranceles, del cierre del gobierno y de otras incertidumbres, los hogares americanos siguen disfrutando del ocio. 

Aunque se navega en una niebla generada por la ausencia de estadísticas oficiales, el consumo seguirá sosteniendo la actividad de la principal economía del mundo. Además, con la reforma fiscal implementada por Trump (la conocida como One Big Beautiful Bill Act), llegarán rebajas fiscales retroactivas, cuyas devoluciones a los contribuyentes están previstas para inicios de 2026. 

El periodo de devolución será entre febrero y abril del próximo año y, según estimaciones del propio IRS (Servicio de Impuestos Internos), la cantidad promedio de las devoluciones pasaría de los 3.186$ actuales a 3.743$ el próximo año, lo que representa un aumento de 557$ por contribuyente. Estos reembolsos actuarán como una inyección puntual de liquidez que permitirán aliviar los efectos negativos de la mayor inflación derivada de los aranceles y también insuflarán confianza a los consumidores durante el primer trimestre de 2026. 

Por otra parte, el mercado laboral transita hacia un escenario de baja contratación, pero con despedidos contenidos. La pieza fundamental para que el ciclo económico pueda mantenerse a flote no es otra que el mercado laboral. En este punto, y a la espera de las cifras oficiales que ya acumulan dos meses sin publicarse, los datos privados conocidos este mes han permitido frenar los peores temores. Los datos realizados por la consultora ADP sorprendieron al alza en octubre y mostraron un aumento de 42.000 nuevos empleados –una clara mejora frente a los -29.000 de agosto y los -3.000 de julio–

Aunque la media de los últimos tres meses continúa reflejando una notoria desaceleración de la contratación, las cifras de octubre fueron positivas al confirmarse que se frena la destrucción de empleo en la economía. 

También es importante destacar el importante giro en la percepción de los propios empresarios. Las encuestas de confianza apuntan a que se ha tocado suelo en el deterioro del mercado laboral. Desde finales del verano los empresarios se muestran más propensos a incrementar los niveles de contratación, lo que habitualmente adelanta una mejora del empleo en EEUU. 

Menos positivos fueron los datos de despidos, que según el informe de la consultora Challenger, Gray & Christmas, mostraron que las empresas estadounidenses eliminaron 153.000 puestos de trabajo en octubre, lo que supone la mayor reducción de plantilla mensual en más de 22 años. Con ello, en el acumulado del año la reducción de plantilla supera el millón de personas, un incremento del 65% frente al año pasado. Sin embargo, este fuerte incremento de los despidos no vino explicado por un deterioro del sector privado – representa el 72% de los despidos frente al 93% de media en 2023-24–, sino que se debió a los fuertes recortes de personal en el sector público (-300.000 personas en el año), que por sí solas explicaron dos tercios del total del incremento de los despidos en el año. 

En conjunto, si bien el visible deterioro de las métricas de creación de empleo y de despidos no suponen buenos augurios y elevan la preocupación sobre la sostenibilidad del ciclo económico en EEUU, hay factores que permitirán que la economía siga funcionando en un contexto de baja contratación, pero también con bajos despidos. Históricamente, para que las empresas incrementen los despidos de forma notable, es necesario asistir previamente a una caída de los beneficios empresariales. Algo que está muy lejos de la actual situación empresarial estadounidense: en el primer semestre del año, los beneficios agregados crecieron a ritmos por encima del 4% interanual.

The Trader: una victoria que puede salir muy cara

Tras más de cuarenta días de parálisis institucional, con cientos de miles de funcionarios sin cobrar, programas sociales congelados y una economía que empezaba a resentirse, un grupo de ocho senadores demócratas ha decidido romper filas con su propio partido y votar junto a los republicanos y la Casa Blanca para desbloquear la situación. La maniobra ha sorprendido a todos y ha abierto una grieta en el bloque progresista, que califica el movimiento de “rendición” y “traición”. El cambio de posición de esos ocho senadores refleja el creciente desgaste político y social del cierre. Aun así, la tensión en el partido es evidente. Desde el ala más progresista han acusado a los disidentes de entregar una victoria a Trump sin obtener nada a cambio. 

El acuerdo aprobado en el Senado, que salió adelante por el mínimo necesario de 60 votos a 40, permite restablecer la financiación de la mayor parte del Gobierno federal hasta el 30 de enero, mientras que ciertos departamentos (como Agricultura, Asuntos de Veteranos, la FDA y los programas de construcción militar) quedan financiados hasta el 30 de septiembre. También se garantiza que todos los funcionarios recibirán los salarios no abonados durante estas seis semanas de cierre, y se prohíben despidos en el sector público hasta finales de enero. 

Sin embargo, la vuelta a la normalidad será progresiva: los aeropuertos pueden tardar varios días en recuperar sus operaciones habituales y los beneficios alimentarios (SNAP) podrían necesitar semanas para normalizar la distribución de pagos atrasados.

El punto de fricción más importante ha sido la renovación de los subsidios de la Ley de Salud Asequible (Obamacare), que evitan subidas bruscas en el precio de los seguros médicos para 24 millones de estadounidenses. Los progresistas querían incluir su prolongación en el acuerdo, pero el bloque moderado renunció a esa exigencia a cambio de una promesa de votación antes de mediados de diciembre. Eso no garantiza su aprobación: varios republicanos han adelantado su rechazo y la Cámara ni siquiera ha asegurado que vaya a debatirlo. Porque mientras el Congreso trata de restaurar la normalidad, la Casa Blanca sigue presionando para reformar de raíz el Obamacare. 

Trump insiste en eliminar los subsidios actuales y redirigir esos fondos directamente a las familias, para que cada ciudadano reciba el dinero y elija libremente su cobertura médica. En su discurso, el plan suena a libertad de elección; en la práctica, significaría desmantelar las ayudas que permiten a millones de estadounidenses acceder a un seguro básico. La paradoja es que este debate sanitario se produce en pleno agotamiento social y económico. El cierre de gobierno ya ha costado miles de millones de dólares y ha deteriorado la confianza en las instituciones. 

"El episodio deja una lección clara. En política, las victorias a corto plazo pueden salir muy caras a largo plazo", advierte el analista Pablo Gil en The Trader. Los republicanos logran mantener su agenda sin ceder en lo esencial, los demócratas moderados salvan la cara frente a la opinión pública, y el ciudadano medio (agotado por la inflación, las facturas médicas y la incertidumbre) vuelve a ser quien paga el precio del bloqueo.

Por ahora, el país respira con cautela, pero el pulso sobre el papel del Estado en la economía y en la sanidad sigue abierto. Y aunque la Administración vuelva a funcionar, la fractura política que ha revelado este cierre tardará mucho más en cerrarse.

Porque EEUU vive un momento extraño. Los datos económicos transmiten señales contradictorias: mientras el PIB crece con fuerza, el empleo se frena, la inflación no cede y las pequeñas empresas empiezan a sufrir. A simple vista, el país parece en expansión; pero bajo la superficie, se adivina una economía fracturada, sostenida principalmente por un solo motor: la inteligencia artificial.

Muchos economistas describen la situación como una economía a dos velocidades. Una mitad del país, la más acomodada, mantiene el consumo, invierte y se beneficia del auge tecnológico. La otra mitad, la que depende de salarios ajustados y de pequeñas empresas, se enfrenta a un entorno mucho más duro, con escasas oportunidades, inflación persistente y un mercado laboral que empieza a mostrar fatiga. Las estadísticas oficiales, además, están distorsionadas por el cierre de gobierno, lo que añade más incertidumbre a un contexto ya complejo.

Los datos de empleo confirman esa desaceleración. Según fuentes privadas, en los últimos meses el ritmo de creación de puestos de trabajo se ha frenado drásticamente. Las grandes corporaciones que antes contrataban ahora comienzan a anunciar fuertes recortes, mientras que las pequeñas empresas (las más sensibles a los costes y a los aranceles) ya han empezado a despedir. Más de un millón de trabajadores han perdido su empleo en lo que va de año, y la cifra sigue aumentando. El crecimiento del empleo continúa siendo positivo, pero cada vez más débil, como si la economía avanzara con un pie en el freno. 

A esa pérdida de impulso laboral se suma una inflación que no termina de retroceder. El índice de precios al consumo se mantiene en torno al 3%, por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal. Algunos analistas sospechan que la Fed está aceptando tácitamente ese nuevo nivel de inflación porque le ayuda a diluir la carga de la deuda pública, en lo que se conoce técnicamente como “deflactar la deuda”. Pero ese equilibrio es frágil y peligroso, y empieza a reflejarse en las encuestas: cada vez más ciudadanos prefieren un ligero aumento del desempleo antes que seguir pagando más por todo. Otros temen que, si las expectativas inflacionarias se consolidan en torno al 3–4 %, la Fed podría perder el control de los precios y con ello buena parte de su credibilidad.

El dilema es evidente: si la Reserva Federal mantiene los tipos altos, puede frenar el crecimiento económico más de lo deseado y acelerar la fractura en el mercado laboral. Pero si los baja para aliviar a la economía y sostener el empleo, corre el riesgo de reavivar la inflación. En su última reunión, los propios miembros del FOMC mostraron división interna y dejaron claro que las próximas decisiones son cualquier cosa menos seguras.

Y, sin embargo, el último dato de PIB sigue mostrando un crecimiento sólido, impulsado por un fenómeno que está transformando la economía estadounidense: la inversión masiva en inteligencia artificial. Las grandes tecnológicas se han convertido en el principal motor del crecimiento. Nvidia, Google, Amazon, Meta, MicrosoftOracle están invirtiendo cantidades colosales en chips, centros de datos y sistemas de computación. El dinero que fluye hacia la IA sostiene no solo a Silicon Valley, sino también a miles de empleos indirectos en construcción, ingeniería y energía. Es el gran proyecto industrial del momento, el que mantiene vivo el relato del auge americano. Pero también es un espejismo que esconde otra realidad preocupante: si se descuenta el impacto de la IA, el crecimiento real del país estaría cerca de cero.

Y dentro de ese gran motor que mantiene viva a la economía estadounidense también se está produciendo una metamorfosis. Al principio, las grandes tecnológicas impulsaban su crecimiento reinvirtiendo sus beneficios. Hoy, en cambio, financian buena parte de su expansión con deuda, lo que ha disparado la emisión de bonos corporativos. Este cambio añade un riesgo latente: si el ciclo se revierte o la demanda se enfría, el impacto podría propagarse rápidamente al sistema financiero. Algunos analistas comparan el momento actual con la burbuja de las puntocom de finales de los noventa, cuando todas las empresas ligadas a internet se valoraban como si fueran a ganar, algo que nunca ocurre. 

"La historia demuestra que cada gran revolución tecnológica comienza con una fase de euforia y sobreinversión que inevitablemente desemboca en una corrección dolorosa, antes de dar paso a una segunda etapa más sólida y sostenible. Es evidente que estamos en pleno auge de esa primera ola, pero conviene no subestimar el ajuste que vendrá, tarde o temprano, y que probablemente será similar al de hace dos décadas", advierte Pablo Gil.

Mientras tanto, la economía avanza sostenida por un equilibrio cada vez más precario: deuda pública récord, inflación enquistada, un banco central sin margen de maniobra y un sector privado que se endeuda para financiar su propia expansión. Es un equilibrio que puede durar un tiempo, pero difícilmente hasta 2030. Tarde o temprano, el coste de los intereses y el peso de la deuda forzarán un cambio drástico, una especie de “gran reseteo” económico que redefinirá el papel del Estado, del crédito y de los mercados financieros.

"Vivimos un presente fascinante, pero la ilusión del crecimiento no parece sostenible de forma indefinida. Como lleva pasando desde hace siglos, el futuro exigirá una corrección de los excesos, y cuando esa corrección llegue, no será solo un ajuste financiero, sino una prueba de resiliencia para toda una sociedad que se ha acostumbrado a vivir por encima de sus posibilidades, convencida de que la tecnología puede resolverlo todo. El verdadero desafío de la próxima década no será evitar la crisis, sino aprovecharla para reconstruir un modelo económico más equilibrado y sostenible a largo plazo", concluye este experto.

13Nov

La gran diferencia en valoraciones convierte a las empresas chinas en “una gran oportunidad de crecimiento en términos de Precio sobre Beneficios en compañías de sectores punteros como vehículos eléctricos, robótica, coches autónomos, y otros”, recalca el advisor del fondo de renta variable china de Banor SICAV.

Miguel Ángel Valero

Dawid Krige, CEO de Cederberg Capital y advisor de Banor Capital por el fondo Banor SICAV - Greater China Equity, cree que la renta variable china es uno de los activos con mayor potencial alcista pese a que en lo que llevamos de 2025, ya se ha revalorizado un 35%. Argumenta que la economía china está al inicio de una etapa de fuerte recuperación, porque está siendo favorecida por una serie de factores:

  • El giro radical del gobierno chino, que apoya la economía con una visión muy a largo plazo y con medidas eficientes que refuerzan la productividad en los sectores de mayor innovación y capacidad de crecimiento.
  • El alto nivel de talento y las grandes capacidades de los ciudadanos y las empresas chinas, que facilitan una elevada eficiencia y alta productividad en sus modelos de negocios, generando unas valoraciones extremadamente más baratas que sus comparables en otros mercados.
  • La fuerte infra ponderación de los activos chinos en las carteras de los inversores tanto locales como globales. Entre los globales, por la mala reputación de los mercados chinos, que consideran “no invertibles”. Entre los locales, porque el peso de la renta variable en la riqueza es muy inferior a otros activos, sobre todo los inmobiliarios. La escasa presencia de inversores particulares extranjeros y domésticos en el capital de las empresas chinas cotizadas

En el último año China ha dado un giro de radical en las perspectivas de su economía por tres razones: 

  • El levantamiento de la prohibición de comprar Oro, que comenzó en 1949, cuando se fundó el actual Estado chino, y finalizó en 2004. Hoy, China es el mayor comprador de Oro del mundo.
  • La reapertura de la actividad en 2022 tras el intenso confinamiento provocado por el Covid 19. 
  • El fuerte cambio en la Confianza de los Consumidores hacia terreno positivo que se ha producido desde 2024. 

Estos factores llevan a afirmar que “la recuperación se encuentra todavía en una fase muy inicial”, por lo que el recorrido potencial del crecimiento económico chino es muy elevado. 

Además, grandes empresarios del sector tecnológico, como Elon Musk, propietario de Tesla, o Jensen Huang, CEO de Nvidia, han acreditado en diferentes ocasiones que “el talento de los ciudadanos y empresas chinas es enorme y poco conocido en el resto del mundo”. Como prueba de ello, “las innumerables horas que dedican al trabajo los ciudadanos chinos, seis días a la semana de media; la total automatización de los procesos de fabricación que aumenta la productividad y la eficiencia; o el nivel alcanzado por las compañías tecnológicas punteras chinas, prácticamente el mismo que las norteamericanas”, subraya Krige.

Un liderazgo del gobierno con visión a largo plazo que beneficia a la economía

El gobierno chino ha decidido impulsar la economía con medidas que promueven el crecimiento y que están enfocadas en los siguientes objetivos:

  • Apoyo a la subida de precios y de beneficios para empresas de sectores con exceso de oferta mediante la reducción del exceso de producción.
  • Mejora de la gobernanza corporativa y de la remuneración para los accionistas.
  • Apoyo a las industrias más innovadoras, como biotech, semiconductores, o inteligencia artificial (IA).
  • Impulso al consumo.
  • Estabilización del mercado inmobiliario y mejora de las finanzas de los gobiernos locales. 
  • Política monetaria anticíclica, estímulos fiscales, impulso a la oferta monetaria (quantitative easing). 
  • Apertura al exterior. 

El advisor de Greater China Equity Fund señala dos ejemplos clarificadores del apoyo del gobierno chino: el radical cambio regulatorio, donde se ha pasado de restringir a apoyar las actividades de las compañías tecnológicas, y el enorme aumento de la producción de energía eléctrica en China, que se ha llevado a cabo para soportar la transición energética futura, y para apuntalar el crecimiento económico. En 2024, China produjo más electricidad que EEUU, Europa, Reino Unido, y la India juntos.  

Uno de los efectos de la política del gobierno ha sido la mejora de las cifras de negocio de las empresas a través de la mejora de la productividad y la mayor eficiencia en costes. De forma que las empresas chinas presentan cifras muy altas en ventas y en rentabilidad respecto a sus comparable.

El impacto en términos de valoración ha sido significativo. Las compañías chinas presentan unos niveles muy inferiores a sus comparables. Un ejemplo es BYD, empresa de componentes electrónicos con presencia en automoción, electrónica, o baterías para vehículos eléctricos. La comparativa de BYD y Tesla, uno de sus principales competidores, es muy clara. Con unos ingresos similares (107.000 millones$ BYD, 97.000 millones Tesla), la capitalización bursátil de Tesla es 10 veces superior (1,28 billones frente a 127.000 millones de BYD).

Otro ejemplo es la comparativa de la plataforma de comercio electrónico PDD frente a su competidor Walmart. PDD alcanza una cifra de transacciones diarias por valor de 700.000 millones$,frente a los 710.000 millones de Walmart. Sin embargo, la ratio Enterprise Value (valor total de la empresa incluyendo deuda y caja) de PDD es 138.000 millones frente a 881.000 millones de Walmart. 

La gran diferencia en valoraciones, convierte a las compañías chinas en “una gran oportunidad de crecimiento en términos de Precio sobre Beneficios en compañías de sectores punteros, tales como vehículos eléctricos, robótica, coches autónomos, y otros”, recalca el advisor del fondo de renta variable china de Banor SICAV.

Además, el bajísimo peso de los activos chinos en las carteras de los inversores extranjeros y locales es otro de los factores que impulsan el atractivo de la renta variable china. Los inversores de EEUU y Europa redujeron en los últimos años hasta 60.000 millones$ el total de sus inversiones en activos chinos. Sin embargo, más de la mitad de las compañías globales que cotizan diariamente una cifra superior a 10 millones de $, son chinas, frente al 21% de EEUU  y 23% del resto del mundo. 

Esto supone “un argumento muy potente para que los inversores extranjeros regresen a la bolsa china. Existe una percepción errónea de que invertir en China no es posible, y esto lo demuestra”, asegura el advisor del fondo Greater China Equity.

La distribución media de la riqueza de los ciudadanos chinos da un peso muy fuerte a las inversiones inmobiliarias, frente a otros activos como la renta variable, con un peso mucho menor. Se trata de una diferencia muy ostensible frente a otros países como EEUU o Taiwan. “La estabilización del mercado inmobiliario gracias al apoyo del gobierno chino, ha aportado la tranquilidad necesaria a sus ciudadanos, que ahora están más predispuestos a invertir en otra clase de activos  como la renta variable”., insiste Krige.

Por último, la debilidad del dólar es otro factor que favorece la inversión en renta variable china. Tal y como sucedió durante la primera presidencia de Donald Trump, sus esfuerzos por debilitar el dólar y aumentar las exportaciones dieron fruto, aunque el dólar volvió a reforzarse tras el cambio de presidencia. Ahora, en la segunda etapa de Trump “estamos en el mismo proceso, y el dólar se está debilitando, lo que favorece el crecimiento de las economías emergentes, y especialmente de China”, concluye el advisor de Greater China Equity.

Banca March: habrá nuevos estímulos en 2026

Por su parte, la visión de Banca March sobre China en su último House View coloca el foco en que en los últimos trimestres ha crecido la divergencia entre oferta y demanda en esta economía. La flexibilidad y resiliencia de su sector exterior fue la principal sorpresa positiva y las exportaciones totales se sitúan un 6% por encima del año pasado. Un resultado sorprendente, dado que las exportaciones hacia el resto del mundo han logrado más que compensar la fuerte caída de las ventas hacia EEUU (-18%). En términos de PIB, permitió el avance de la industria en un +5,8% interanual durante el 3T, consolidándose como el principal motor de crecimiento. 

Esto contrasta con la debilidad del consumo privado, que continúa castigado por la crisis inmobiliaria, que también derivó en una caída de la inversión fija, algo no visto en China desde la pandemia. En este entorno, el Partido Comunista ha comenzado a publicar lo que serán las líneas maestras de su 15º Plan Quinquenal, que abarcará el periodo entre 2026 y 2030. El objetivo se centra en reequilibrar la economía y sitúan la tecnología y la seguridad como temas centrales del progreso económico para el próximo lustro.

El Gobierno aspira elevar el PIB per cápita desde los actuales 14.000$ hasta superar los 25.000$ para 2035 y una de las principales metas del nuevo plan se centra en aumentar "significativamente" la tasa de consumo de los hogares, aunque las medidas de acción específicas no se revelarán hasta que se publique la versión final en marzo de 2026. Para lograr este objetivo de aumentar el consumo privado, a medida que se incrementan los ingresos, será necesario normalizar las altas tasas de ahorro de los hogares (superan el 31% de los ingresos). 

Por tanto, en marzo de 2026 llegarán nuevos estímulos en China, con medidas más concretas que, por un lado, elevarán el gasto en I+D para mantener la competitividad en la carrera de la IA. Al mismo tiempo, a nivel interno, se implementarán acciones destinadas al fortalecimiento de las redes de seguridad social en educación, atención médica y cuidado de niños y ancianos, que logren liberar fondos desde el ahorro al consumo.

12Nov

Aunque todo apunta a que se mantendrán los fallos de los tribunales inferiores en contra de los aranceles, ello no marcaría el final del asunto, ya que existen múltiples vías para que EEUU imponga medidas arancelarias.

Miguel Ángel Valero

La reapertura de la Administración en EEUU se acerca, con la votación el 11 de noviembre en la Cámara de Representantes, que debe refrendar el paso dado el lunes 10 por el Senado, y la firma final por parte del presidente Donald Trump

Las esperanzas de que la reanudación de las operaciones gubernamentales permita la publicación de datos económicos retrasados y respalde el crecimiento a corto plazo, reforzaba el sentimiento general del mercado e impulsaba las cotizaciones de los sectores más sesgados a la economía. Ha sido, no obstante, un evento en el que los mercados no han prestado gran atención, pese a ser el cierre más largo de la historia de EEUU (el segundo, por cierto, se registró en el primer mandato de Trump). En el pasado, estos episodios de paralización significaron una reducción del PIB de entre una y dos décimas semanales, efecto negativo que en gran medida suele ser temporal dado que una vez se retoma el normal funcionamiento del Gobierno se suele recuperar la actividad.  

Columbia Threadneedle: "Mirando a través de la niebla"

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments,. cita al presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, que señaló recientemente:“¿Qué haces cuando conduces a través de la niebla? Disminuyes la velocidad.” Esta frase refleja la falta de certeza que la Fed ha enfrentado respecto a los datos económicos de EEUU. Sin embargo, ahora parece que la niebla comienza a disiparse ligeramente, debido a que el país parece estar cerca del fin del cierre de su gobierno federal. Ello implica dos consecuencias principales: en primer lugar, que el impacto económico no habría sido demasiado grave; y en segundo lugar, que volverán publicarse los datos económicos. 

Con un poco de suerte, hacia finales de esta semana el Gobierno reabierto debería reanudar la difusión de datos económicos. De ese modo, es posible que el jueves 14 de noviembre haya datos relevantes sobre la inflación, junto con los informes que habían quedado atrasados sobre la evolución del empleo en septiembre y octubre. 

Los mercados financieros verán con alivio esta reapertura. Desde la perspectiva del daño económico, es preciso considerar dos hechos clave: primero, los significativos retrasos en los vuelos de la semana pasada debido a la inactividad de los controladores aéreos; y segundo, el riesgo de suspensión de los cupones de alimentos que benefician a 42 millones de estadounidenses. La urgencia por resolver estos dos problemas parece haber llevado a los políticos de vuelta a la mesa de negociación, y la reapertura contribuirá a mantener la estabilidad económica.

No obstante, aún persiste mucha “niebla” en otros frentes. Continúa la incertidumbre sobre la legalidad de los aranceles, que llegó la semana pasada a la Corte Suprema. Las intervenciones de los jueces reflejaron un notable escepticismo respecto a la legitimidad de los aranceles impuestos por el presidente Trump mediante una legislación prevista para situaciones de “emergencia nacional”. Aunque todo apunta a que se mantendrán los fallos de los tribunales inferiores en contra de los aranceles, ello no marcaría el final del asunto, ya que existen múltiples vías para que EEUU imponga medidas arancelarias.

En cuanto a los tipos de interés, Powell indicó que una bajada de tipos en diciembre “no era una conclusión inevitable”, aunque el consenso del mercado apunta a un recorte de 25 puntos básicos (pb) el próximo mes. El mercado laboral muestra señales de enfriamiento y el impacto de los aranceles sobre la inflación ha sido menor de lo esperado. La propia Fed experimentará pronto cambios, ya que se espera que el sucesor de Powell sea anunciado antes de finde año. A largo plazo, la política monetaria parece orientarse hacia una postura más favorable, dado que la Fed ha señalado el fin del endurecimiento cuantitativo. Es probable que su balance comience a expandirse desde principios del próximo año, proporcionando liquidez y reduciendo posibles tensiones en los mercados de dinero.

"En conjunto, es probable que durante el próximo mes obtengamos mayor claridad sobre varios de los factores que han estado afectando a los mercados a corto plazo. El panorama general se mantiene relativamente positivo, impulsado por una sólida temporada de resultados corporativos, no solo en EEUU, sino también en Europa y en los mercados emergentes. Aunque las Bolsas han mostrado cierta debilidad en los últimos días, con la niebla comenzando a despejarse, existe margen para avanzar con mayor certeza en el futuro cercano", concluye este experto.

La confianza de las pymes se debilita

No obstante, en EEUU la confianza de las pymes retrocedía ligeramente en octubre. El indicador realizado por el NFIB cedió hasta el 92,2 desde el 98,8 previo, siendo lo más destacado la caída del componente de incertidumbre que cayó 12 puntos hasta niveles de 88, la lectura más baja registrada en el año. Un 32% de las pymes señalaron la existencia de vacantes que no podían cubrir, valores similares a los observados en diciembre de 2020 en plena pandemia. Y un 27% de los empresarios citaron la calidad de la mano de obra como su problema más importante.

11Nov

Las encuestas reflejan una cierta victoria política para los demócratas, con el índice de aprobación del presidente en el punto más bajo de su mandato actual: un 43%.

Miguel Ángel Valero

Siete senadores demócratas y uno independiente se unieron a la bancada republicana y consiguieron sacar adelante la iniciativa para reabrir el Gobierno. La norma extiende la financiación de los presupuestos gubernamentales relacionados con la construcción militar, la función legislativa y los programas agrícolas hasta septiembre del próximo año. El resto de los segmentos presupuestarios se financiarán hasta el 30 de enero, fecha en la que podría producirse un nuevo cierre parcial del Gobierno.

Además, se reconoce el pago de los salarios atrasados y la reincorporación de cualquier funcionario despedido durante los días que duró el cierre. También se adquirió el compromiso de someter a votación en el Senado, durante diciembre, una norma que prolongue el programa de subvenciones de los seguros de salud del Affordable Care Act, principal demanda del bloque demócrata. No obstante, una votación no garantiza la aprobación de dicha norma.

La norma ya viaja a la Cámara de Representantes, donde espera ser aprobada el miércoles 12 de noviembre, para que como pronto ese mismo día Trump firme y ponga fin al cierre de Gobierno más largo de la historia. 

A partir de la próxima semana se comenzará a tener mayor visibilidad sobre los datos macroeconómicos, aunque no de forma inmediata, ya que muchas cifras tardarán en comunicarse debido a que no se estuvieron recolectando estadísticas durante el cierre. Es probable que los primeros datos relevantes que se publiquen sean los de empleo correspondientes a septiembre, mientras que las cifras más actuales —como el PIB del tercer trimestre, la inflación de octubre, el empleo de octubre y los datos de ingreso y gasto público— se conocerán a lo largo de las primeras semanas de diciembre.

El problema se pospone hasta el próximo año, y los demócratas han decidido cesar la presión sobre los republicanos a poco más de una semana del Día de Acción de Gracias, momento en el que los retrasos en el tráfico aéreo podrían haber tenido un impacto significativo en el ánimo de los ciudadanos. Sin embargo, las encuestas reflejan una cierta victoria política para los demócratas, con el índice de aprobación del presidente en el punto más bajo de su mandato actual: un 43%.

Las consecuencias económicas podrían reflejarse en los datos mensuales, aunque en el agregado trimestral los efectos deberían ser prácticamente nulos, dado que se restituirán los pagos y los empleos perdidos durante el cierre. Por tanto, se apunta  un final del año con abundante información macroeconómica por analizar, pero con la convicción de que este cierre de Gobierno no tendrá una influencia material en la evolución de un ciclo económico que seguirá en marcha. 

Ebury: el efecto riqueza en la Bolsa y la inversión en IA impulsan al dólar

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, asegura en su Análisis Semanal del Mercado de Divisas que habrá que seguir muy de cerca la evolución de la Bolsa estadounidense, “ya que el efecto riqueza y la inversión en inteligencia artificial probablemente hayan supuesto un respaldo importante para el dólar en los últimos meses”. Los analistas de Ebury creen que la Administración federal debería reanudar su funcionamiento esta semana, lo que haría posible empezar a recibir algunos datos económicos próximamente. “Se especula que los datos de empleo de septiembre podrían publicarse pocos días después de la reapertura, pero los de inflación de octubre, cuya publicación está prevista para este jueves, podrían no salir a la luz, al menos esta semana. Otros datos, también, podrían no conocerse hasta dentro de un tiempo o incluso haberse perdido para siempre”, comentan.

Mientras que las acciones tecnológicas tuvieron su peor semana desde el Día de la Liberación, el mercado de divisas no se vio demasiado alterado por estas caídas relacionadas con la IA. Las divisas del G10 se movieron en rangos estrechos, mientras que algunas divisas de mercados emergentes registraron ganancias modestas. La libra esterlina capeó bien el giro dovish del Banco de Inglaterra y se apreció ligeramente frente al dólar. El perdedor de la semana fue el dólar neozelandés, que cayó tras la publicación de unos datos del mercado laboral que decepcionaron a los inversores. 

Dado que se espera que la Administración federal estadounidense reabra esta semana, podríamos empezar a recibir datos económicos en los próximos días, mientras que otros podrían no salir a la luz hasta dentro de un tiempo o incluso haberse perdido para siempre.

  • EUR: El euro ha vuelto a subir hasta situarse cerca de la cota de 1,16 frente al dólar estadounidense, a pesar de que la semana pasada se desarrollase sin demasiadas novedades. La gran excepción fue el dato de ventas minoristas de septiembre, que sorprendió ligeramente a la baja. Esta semana, la única publicación destacable será la primera revisión del PIB del tercer trimestre. Creemos que se confirmará la modesta mejora en la actividad económica europea, como ha quedado de manifiesto en los últimos PMI de actividad empresarial. Todo ello debería respaldar el final de ciclo del BCE. Por otro lado, seguimos esperando más indicios del estímulo fiscal alemán anunciado a principios de año y su impacto en la economía de la eurozona. Esto podría ser el catalizador necesario para que el euro vuelva a apreciarse frente al dólar.
  • USD:  Los escasos datos privados y públicos estadounidenses que hemos recibido en las últimas semanas continúan apuntando a una debilidad en la creación de empleo, a pesar de que los despidos se mantienen en niveles muy bajos. El informe Challenger de la semana pasada reflejó un aumento en los despidos, pero no hemos prestado demasiada atención a este dato, ya que, históricamente, no ha sido un indicador demasiado fiable. Dado que la Administración federal debería reanudar su funcionamiento esta semana, podríamos empezar a recibir algunos datos económicos próximamente. Se especula que los datos de empleo de septiembre podrían publicarse pocos días despuésde la reapertura, pero los de inflación de octubre, cuya publicación está prevista para este jueves, podrían no salir a la luz, almenos esta semana. También seguiremos de cerca la evolución de la bolsa estadounidense, ya que el efecto riqueza y la inversión en inteligencia artificial probablemente hayan supuesto un respaldo importante para el dólar en los últimos meses.
  • GBP: El Banco de Inglaterra mantuvo los tipos sin cambios la semana pasada, aunque por muy poco, ya que cuatro de los nueve miembros del Comité de Política Monetaria (MPC) se mostraron en desacuerdo y abogaron por una bajada inmediata de tipos. No esperábamos que se produjeran tantas disensiones. Las comunicaciones parecieron allanar el camino para una mayor relajación monetaria al incidir en el debilitamiento del crecimiento y del mercado laboral. Asimismo, el banco señaló que la inflación podría haber tocado techo. Aunque todo ello parece apuntar a un recorte en la próxima reunión de diciembre, las marcadas divisiones dentro del comité no lo garantizan, y el gobernador Bailey podría verse forzado a ejercer su voto de calidad. La libra esterlina encajó bastante bien la reunión dovish del Banco de Inglaterra y se recuperó tras sufrir una breve caída. Mientras esperamos la publicación del presupuesto de otoño el 26 de noviembre, los datos económicos de esta semanas erán fundamentales, dada la aparente dependencia de ellos por parte del MPC para tomar su próxima decisión. Los datos de empleo publicados este martes han sorprendido negativamente ya que las peticiones de subsidio por desempleo han subido más de lo esperado, al igual que la tasa de desempleo. Por otro lado, se han destruido 22.000 puestos de trabajo entre los meses julio y septiembre. Si el PIB del tercer trimestre, que se publicará este jueves, también sorprende a la baja, todo ello podría allanar el camino del Banco de Inglaterra para bajar los tipos, si bien los presupuestos de otoño jugarán un papel clave en esta decisión.
05Nov

Las negociaciones comienzan a acelerarse a medida que se hacen más evidentes las consecuencias del cierre gubernamental.

Miguel Ángel Valero

Día 36 (ya camino del 37) de cierre del Gobierno en EEUU, convirtiéndose en el más largo de la historia. Las presiones se incrementan con el programa de ayuda alimentaria (SNAP, por sus siglas en inglés), en el limbo jurídico; retrasos aeroportuarios acumulándose ante la falta de controladores aéreos –el secretario del Departamento de Transporte ha señalado que la semana que viene se podrían ver obligados a cerrar zonas del espacio aéreo ante la incapacidad de gestionar todo el tráfico– y las derrotas electorales en las recientes elecciones a Gobernador en Virginia y Nueva Jersey y la alcaldía de Nueva York (ganada por Zohran Mamdani, el primer regidor musulmán de la ciudad y el de menor edad en un siglo).

Los demócratas buscan que el daño causado por el cierre de Gobierno fuerce a los republicanos a hacer concesiones. Pero en la última votación se rechazó un paquete de leyes especiales que pretendía financiar parcialmente algunas agencias y programas federales. 

Para desbloquear la situación hacen falta 60 senadores votando a favor y que la última votación fue 54–44, con ningún demócrata cambiando de bando. Actualmente, la principal vía de negociación entre los sectores moderados de ambos partidos se centra en encontrar fórmulas para compensar el aumento del gasto sanitario que supondrá el fin de las ayudas del Obamacare. Una línea de acuerdo que ha generado optimismo en los republicanos incluso llevándolos a señalar que podría desbloquear la situación esta semana. 

Por su parte, Trump ha insinuado la posibilidad de eliminar la regla de los 60 votos en el Senado, lo cual también requeriría una mayoría cualificada para su aprobación. Esta medida permitiría reabrir el Gobierno con una mayoría simple, aunque podría volverse en contra de los republicanos si los demócratas recuperan el control de la cámara en el futuro.

Las presiones siguen aumentando para el lado republicano, aunque la maquinaria de la culpa siga funcionando –la Casa Blanca tiene una web con los efectos del cierre de Gobierno provocado por los demócratas–, las negociaciones comienzan a acelerarse a medida que se hacen más evidentes las consecuencias del cierre gubernamental.

En este contexto, la última Perspectiva Semanal de UBP: La cautela de la Fed y la resiliencia de los beneficios económicos destaca que, aunque la Reserva Federal recortó los tipos de interés en 25 puntos básicos, pero el tono prudente de Jerome Powell sobre posibles reducciones adicionales en diciembre provocó reacciones mixtas en los mercados.

Los sólidos resultados empresariales, especialmente en el sector tecnológico, respaldaron a la renta variable, mientras que los rendimientos de los bonos repuntaron.

El dólar estadounidense se fortaleció ante la debilidad del yen japonés y el oro se consolidó en torno a los 4.000$ onza.

El nuevo Plan Quinquenal tiene como objetivo ampliar la clase media, que crezca, consuma más, y ahorre menos.

Miguel Ángel Valero

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, pone el foco en dos acontecimientos clave ocurridos en China en las últimas semanas que, con gran probabilidad, influirán de manera decisiva en sus perspectivas futuras. El primero es la publicación del nuevo Plan Quinquenal, que en gran medida continúa con el planteamiento existente. El segundo es la reunión entre los presidentes Trump y Xi Jinping, en la que se estableció un marco para las negociaciones comerciales para los próximos 12 meses.

El plan quinquenal busca mantener el crecimiento económico anual dentro de un “rango razonable”, que este experto estima en torno al 4-5 %. Uno de sus principales objetivos es aumentar de forma significativa el consumo de los hogares en proporción al PIB. Esto refleja la continuación de un cambio estructural: un giro progresivo desde la industria manufacturera - que ha impulsado el crecimiento chino durante las últimas dos décadas- hacia una economía más orientada al consumo interno.

También hace hincapié en garantizar que el crecimiento de los ingresos de los hogares siga el ritmo del crecimiento del PIB, lo que sugiere de nuevo un objetivo de alrededor del 4-5%. Además, tiene como objetivo ampliar aún más la población que recibe ingresos medios, un tema clave en los mercados emergentes. A medida que esta clase media crezca, se espera que consuma más y, en el caso de China, que ahorre un poco menos.

Otro aspecto clave es el impulso de China hacia la autosuficiencia tecnológica, especialmente relevante en la actual era de las 'guerras de chips'. Esta ambición viene acompañada de esfuerzos por reforzar la base manufacturera del país y del reconocimiento de que, aunque China avanza hacia un modelo más orientado al consumo, la industria manufacturera continúa desempeñando un papel esencial en su economía.

China sigue avanzando en su programa contra la “involución”, una política vigente desde hace tiempo. Esta iniciativa busca frenar la competencia excesiva y el exceso de capacidad en sectores clave como los vehículos eléctricos y la energía solar. El objetivo es promover la consolidación del sector y limitar las guerras de precios, a fin de estabilizar los beneficios empresariales, prevenir presiones deflacionarias y fomentar el crecimiento sostenible. Es probable que China mantenga esta estrategia en el tiempo, impulsando a empresas líderes nacionales en industrias estratégicas.

Tierras raras como herramienta estratégica y de influencia

China parece haber jugado bien sus cartas en la reciente escalada de tensiones comerciales con Estados Unidos. Las tierras raras se han convertido en una herramienta estratégica para que China ejerza influencia, y han sido un factor clave para que EEUU volviera a la mesa de negociaciones. China domina tanto los recursos como la producción de elementos de tierras raras, y parece haber aprovechado esa posición con eficacia. 

China insinuó la posibilidad de restringir las exportaciones de tierras raras, lo que provocó que EEUU respondiera amenazando con la imposición de aranceles del 100% que desencadenó una escalada de tensiones en las últimas semanas. Curiosamente, los mercados se han mantenido imperturbables en gran medida, con la creencia generalizada de que las conversaciones concluirían de forma positiva.

China se ha comprometido ahora a comprar soja estadounidense, lo que debería aliviar la presión sobre los agricultores estadounidenses. También ha acordado limitar las exportaciones de materiales utilizados en la producción de fentanilo, una droga altamente adictiva que actualmente está causando importantes problemas sociales en EEUU.

Por otro lado, Estados Unidos ha retirado su amenaza de imponer aranceles del 100% a los productos chinos y ha suavizado algunas de las restricciones y los costes que se iban a aplicar al transporte marítimo chino.

La exitosa reunión entre los presidentes Trump y Xi la semana pasada ha puesto de manifiesto que probablemente podremos dejar atrás las preocupaciones sobre los aranceles del 100%, al menos durante los próximos 12 meses. Hay programadas dos reuniones más entre estos líderes para 2026, lo que debería ayudar a mantener un tono constructivo durante este período.

Pero ¿podemos dar por terminada esta historia? Quizá no. Se trata de las dos mayores superpotencias económicas del mundo, y es improbable que siempre actúen en perfecta armonía. Esto podría ser simplemente una pausa, más que una conclusión. 

China sigue manteniendo una perspectiva a largo plazo. Ha logrado avances significativos en la diversificación de su economía, reduciendo su fuerte dependencia de las exportaciones a EEUU, lo que la dota de mayor resiliencia ante futuros cambios en la dinámica del comercio mundial. Las exportaciones chinas a EEUU han disminuido un 27% interanual, pero las totales han aumentado un 8%. Actualmente, las exportaciones a EEUU representan solo el 12% del comercio total de China, frente al 20% en 2018, cuando el presidente Trump inició la primera ronda de guerras comerciales.

Actualmente, el arancel efectivo estadounidense es significativamente mayor sobre los productos chinos: alrededor del 47%, en comparación con el 20% existente a principios de año. A pesar de esto, China parece estar adaptándose bien. En los últimos años, se ha diversificado eficazmente, aprovechando al máximo la Iniciativa Belt & Road para abrir nuevos mercados y expandir su influencia global. A medida que China continúe evolucionando hacia una economía más orientada al consumo, esta transición debería impulsar el crecimiento a largo plazo. 

"Nuestras perspectivas sobre los mercados emergentes siguen siendo constructivas y mantenemos una visión positiva sobre China. Somos conscientes de que los mercados han experimentado un fuerte repunte en los últimos 12 meses, pero aún vemos margen para un mayor impulso positivo", concluye el experto de Columbia.