30Dec

El aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Miguel Ángel Valero

A un día de cerrar 2025, toca hacer balance de cómo se han comportado las economías y qué podemos esperar para el próximo ejercicio. En el caso de Europa, y tras la última reunión del BCE en la que mantuvo los tipos al 2%, el equipo de análisis de Natixis CIB cree que, a pesar de las incertidumbres que aún prevalecen, parece probable que se mantenga durante un período prolongado una política monetaria sin cambios. “En ausencia de perturbaciones económicas adversas sustanciales, ahora no esperamos cambios en los tipos oficiales durante todo el año 2026”, adelantan.

Según se desprende del informe, “el ligero aumento del optimismo sobre el crecimiento económico y las perspectivas de inflación en las nuevas proyecciones del BCE sugiere que podría mantener sin cambios su postura de política monetaria durante todo el año 2026”.

No obstante, Natixis CIB enumera varios acontecimientos que pueden provocar riesgos para la inflación. En primer lugar, la probabilidad de que una resolución pacífica entre Ucrania y Rusia reduzca los precios de la energía a corto plazo, pero proporcione un crecimiento adicional a medio plazo para la reconstrucción de Ucrania. En segundo lugar, una escalada de la guerra comercial con EEUU puede tener dos efectos desinflacionistas: una disminución de las exportaciones de la zona del euro a EEUU mayor de lo que previsto actualmente, y un desvío de los productos chinos baratos de los Estados Unidos hacia la zona del euro. Y en tercer lugar, el aumento de la volatilidad de los mercados refleja en parte la incertidumbre de los inversores sobre la futura trayectoria de los tipos de interés en EEUU debido a una menor independencia de la Reserva Federal, lo que implica un euro más fuerte frente al dólar.

Precisamente, Natixis CIB analiza en el informe la composición del FOMC en 2026, la probable dirección de los tipos de interés, las posibilidades para el próximo presidente de la Fed y otros acontecimientos importantes que podrían configurar las políticas de la Reserva Federal en el próximo año.

Eurizon: El impacto de la geopolítica será modesto

La atención de los inversores se centra en la publicación de los datos macroeconómicos de EEUU tras el cierre de Gobierno más prolongado de su historia. La atención se centra principalmente en el mercado laboral, tras la desaceleración registrada en el verano, en contraposición a la resiliencia del consumo y la inversión.

La Fed, tras recortar los tipos de interés en septiembre, octubre y diciembre, debería ralentizar el ciclo bajista a principios de 2026, considerando que se está alcanzando el tipo objetivo neutral del 3%.

En la Eurozona, el crecimiento se ha estabilizado tras la fase volátil relacionada con la guerra comercial desatada por Trump. Las expectativas para 2026 apuntan a un crecimiento sostenido, impulsado por el consumo, así como por los planes de gasto en defensa e infraestructuras. El BCE mantiene la postura a la espera, con los tipos alineados con el nivel de inflación y un impacto neutral en la política monetaria.

En China, el crecimiento en 2025 va camino de alcanzar el objetivo del 5% establecido para el año. En el primer trimestre del próximo año se fijará el objetivo de crecimiento para 2026, que probablemente volverá al 5%, aunque no se puede descartar una ligera reducción al 4,5%.El impacto de los acontecimientos geopolíticos sigue siendo modesto, con el precio del petróleo estable en el entorno de los 60$ por barril.

29Dec

“Los territorios solo prosperan cuando conservan sus espacios de encuentro, aquellos pequeños servicios que articulan la vida social cotidiana”, afirma Diego Isabel La Moneda, director de Foro NESI, que con BarES ha logrado abrir 140 en 2024.

Miguel Ángel Valero

Foro NESI,  una fundación independiente que impulsa un cambio sistémico a través de la regeneración de la economía, la política y los territorios con el objetivo de mejorar la vida de las personas y del planeta, insiste en BarES – Salvemos el último bar del pueblo, una iniciativa de alcance nacional que busca visibilizar, apoyar y reforzar el papel de los bares y pequeños negocios rurales como espacios esenciales para la cohesión social y territorial. 

El proyecto nace ante una realidad preocupante: 1.321 pueblos de España carecen ya de bares, mientras otros 2.669 sobreviven con uno solo, especialmente en las zonas más afectadas por la despoblación. La conocida como España vaciada, que agrupa zonas de Castilla y León, Castilla-La Mancha, Aragón, La Rioja y Extremadura, también de Navarra.

BarES parte de una idea que Foro NESI viene defendiendo desde hace años: “Los territorios solo prosperan cuando conservan sus espacios de encuentro, aquellos pequeños servicios que articulan la vida social cotidiana”, afirma Diego Isabel La Moneda, su director. 

En los pueblos, ese papel lo cumplen los bares, que actúan como centros sociales espontáneos, dinamizadores culturales y espacios de apoyo emocional para mayores, familias y jóvenes. Cuando un bar cierra, no solo desaparece un negocio: se apaga una parte de la comunidad y se debilita el equilibrio territorial. 

BarES se enmarca en la visión de NESI sobre la necesidad de equilibrar el territorio y revertir dinámicas que concentran actividad y servicios en unas pocas ciudades. Para esta organización, combatir la despoblación empieza en lo cotidiano: mantener el bar del pueblo es mantener viva la comunidad, el cuidado mutuo, la economía local y la identidad que sostiene el territorio. 

“Un bar de pueblo no es solo un negocio; es el lugar donde la comunidad existe. Si desaparece, el territorio se apaga un poco más. Con BarES queremos darles voz, apoyo y futuro”, remarca el director del Foro NESI. 

BarEs logró más de 140 bares e iniciativas rurales en 2024

La primera edición del proyecto en 2024 demostró que esta mirada territorial tiene impacto real. En solo unas semanas, la plataforma colaborativa www.baresdelaeconomiasocial.es registró más de 140 bares e iniciativas rurales, muchos de ellos gestionados por asociaciones vecinales, cooperativas o pequeños negocios que sostienen la vida cotidiana de sus pueblos.

Los testimonios recogidos evidenciaron barreras como la soledad, la falta de relevo generacional o las dificultades para digitalizarse y acceder a servicios básicos, pero también una enorme resiliencia comunitaria y ganas de seguir siendo el corazón del pueblo:

Estos resultados sientan las bases de la nueva edición, que busca ampliar el mapeo, activar redes locales, acompañar a los bares en su transición hacia modelos sostenibles y consolidar un movimiento nacional que entienda que mantener vivo el bar del pueblo es mantener viva una parte esencial de España. 

Cómo se desarrollará el proyecto 

El proyecto BarES se estructurará en tres fases para garantizar un desarrollo progresivo y una intervención territorial eficaz. En una primera etapa de activación y diseño, se lanzará una campaña nacional para incorporar nuevos bares y pequeños negocios rurales, y se establecerán contactos con diputaciones y administraciones locales con el fin de articular una red colaborativa que acompañe el proceso desde el territorio. 

La segunda fase estará centrada en el trabajo de campo. El equipo de NESI visitará bares rurales en las provincias seleccionadas para recoger testimonios, analizar su situación real y elaborar un estudio integral que mida su impacto social, económico, territorial y medioambiental. Esta fase incluirá también la creación de una carta de servicios colaborativos destinada a apoyar a los establecimientos que formen parte del proyecto. 

La última fase será la de consolidación y difusión. En ella se presentarán públicamente los resultados del estudio, se lanzará el sello distintivo “Salvemos el último bar del pueblo” y se celebrarán encuentros territoriales con los distintos agentes implicados. Además, se elaborará un informe final con propuestas y líneas de continuidad para la siguiente etapa del proyecto.

29Dec

El mercado de ETF activos seguirá creciendo. Con la llegada al mercado de tantos productos nuevos, también aumentará el marketing y la comunicación sobre este segmento de negocio.

Michael Mohr, director global de productos Xtrackers de DWS, subraya que las entradas récord de los últimos años demuestran que las estrategias de inversión pasivas se han consolidado entre los inversores privados e institucionales. Esta tendencia seguirá creciendo, especialmente en Europa. 

El panorama de los ETF está ahora tan diversificado que los inversores tienen oportunidades prácticamente ilimitadas para dirigirse a diferentes segmentos y temas del mercado.

En cuanto a los productos, continuará la diferenciación a través de nuevos tipos de ETF activos o estructuras que ofrezcan oportunidades atractivas, incluso en fases de mercado volátiles. En el caso de los ETF activos en particular, cada vez hay más proveedores que entran en el mercado y quieren utilizar este segmento como puerta de entrada a los ETF. El reto será garantizar que la reputación de los ETF no se vea comprometida por el gran número de nuevos proveedores, manteniéndose una transparencia clara y en productos cuidadosamente diseñados.

Por otro lado, la demanda y el interés por los ETF temáticos se mantendrá estable durante el próximo año, con productos especializados que reflejen específicamente temas futuros o tendencias actuales.

El mercado de ETF activos seguirá creciendo. Con la llegada al mercado de tantos productos nuevos, también aumentará el marketing y la comunicación sobre este segmento de negocio. Además de los principales usuarios hasta la fecha—inversores profesionales en fondos y gestores de activos—, los clientes privados y los responsables independientes también se interesarán cada vez más por los ETF activos. Con el tiempo, se prestará una atención especial a los proveedores y productos que logren cumplir sus promesas en términos de rendimiento y calidad a largo plazo.

Ya existen en el mercado ETF dedicados a la inteligencia artificial (IA) y al Big Data. Xtrackers es uno de los más importantes en este ámbito. Además, la IA ya se ha incorporado a muchos ETF, a través de puntos de datos individuales que se incluyen en la construcción de índices. La IA también se utiliza cada vez más para estabilizar los procesos, el uso de datos y los flujos de trabajo en la gestión de activos y hacerlos más eficientes. Su introducción en la gestión de activos es más un proceso gradual que una revolución, pero es importante seguir este camino de forma coherente, para que se utilización correcta y controlada propicie nuevas oportunidades.

Hay potencial en las acciones europeas, especialmente en el mercado alemán. No obstante, las acciones estadounidenses también ofrecen buenas oportunidades de precio en 2026, gracias a posibles recortes adicionales de los tipos de interés, especialmente en los sectores de tecnología y comunicaciones. La valoración relativa de los mercados emergentes, en comparación con los mercados desarrollados sigue siendo atractiva, con un   crecimiento de los beneficios superior en los mercados emergentes para  2026/27. 

Por razones de diversificación, el sector sanitario sigue siendo interesante, al igual que las acciones de valor como contrapeso al sector tecnológico, que es bastante caro.

Respecto a las perspectivas de los ETF de bonos, especialmente en un contexto de cambios en los tipos de interés, el experto de DWS subraya que los ETF con vencimiento objetivo son productos que combinan las ventajas de los bonos —como el plazo fijo, ingresos potenciales por intereses más predecibles y el reembolso al final del plazo— con las ventajas de diversificación y liquidez de los ETF. A pesar de que los rendimientos son ligeramente inferiores, se sitúan como un buen instrumento para asegurar losactuales a largo plazo o durante el periodo deseado.

29Dec

Desde Check Point Software recuerdan que ninguna entidad legítima solicita datos personales, códigos de verificación o pagos urgentes a través de WhatsApp.

Check Point Software Technologies Ltd, grupo multinacional de soluciones de ciberseguridad, alerta de que WhatsApp se ha convertido en uno de los principales vectores de fraude digital durante 2025, concentrando algunas de las estafas más extendidas y efectivas del año. A lo largo de los últimos meses, los ciberdelincuentes han perfeccionado técnicas de ingeniería social que explotan la confianza, la urgencia y la inmediatez propias de la mensajería instantánea.

A lo largo del año, Check Point Software ha identificado varios tipos de ciberestafas especialmente  recurrentes que comparten el uso de WhatsApp como canal principal o final del fraude:

  • 1. El fraude del “hijo en apuros”: Una de las estafas más extendidas consiste en mensajes enviados desde números desconocidos en los que el ciberdelincuente se hace pasar por un hijo que ha cambiado de teléfono y necesita ayuda urgente, normalmente económica. La presión emocional y la rapidez del canal facilitan que muchas víctimas actúen sin verificar la identidad real del remitente.
  • 2. Ghost Pairing o secuestro silencioso de cuentas de WhatsApp: Es una novedosa técnica mediante la cual los ciberdelincuentes consiguen vincular la cuenta de WhatsApp de la víctima a otro dispositivo sin necesidad de robar la SIM ni la contraseña. A través de engaños previos, logran que la persona facilite códigos de verificación, lo que les permite tomar el control de la cuenta y utilizarla posteriormente para engañar a sus contactos.
  • 3. Suplantación de organismos oficiales: Mensajes que aparentan proceder de organismos como la DGT, alertando de multas pendientes o incidencias administrativas, han circulado ampliamente. En muchos casos, el objetivo es redirigir a la víctima a enlaces fraudulentos o llevar la conversación a WhatsApp para continuar el engaño fuera de los controles habituales.
  • 4. Suplantación de grandes marcas y plataformas digitales. También han sido frecuentes los mensajes que imitan a empresas conocidas, como Amazon y otras plataformas de comercio electrónico, informando de supuestos problemas con pedidos, cuentas bloqueadas o cargos sospechosos. El objetivo final suele ser el robo de credenciales o el control de la cuenta de WhatsApp para extender el fraude a otros contactos.
  • 5. Uso de plataformas legítimas como gancho para llevar el fraude a WhatsApp: Este patrón se ha observado en campañas más sofisticadas. Recientemente, Check Point Research, la división de Inteligencia de Amenazas de Check Point Software, ha detectado una campaña masiva de phishing que utilizaba Google Classroom como gancho inicial. Los ciberdelincuentes enviaban invitaciones falsas desde esta plataforma legítima y, una vez establecida la confianza, redirigían a las víctimas a contactar por WhatsApp, donde se desarrollaba el fraude.

“WhatsApp se ha convertido en el escenario perfecto para la ingeniería social: es inmediato, personal ygenera una falsa sensación de seguridad”, explica Eusebio Nieva, director técnico de Check Point Software para España y Portugal. “Los ciberdelincuentes juegan con la urgencia y la confianza para que las víctimas no verifiquen la información. Este año hemos visto cómo estafas muy distintas comparten un mismo patrón: llevar la conversación a WhatsApp para sacar al usuario de entornos más controlados y aumentar lasprobabilidades de éxito”.

Desde Check Point Software recuerdan que ninguna entidad legítima solicita datos personales, códigos de verificación o pagos urgentes a través de WhatsApp. Para reducir el riesgo de caer en este tipo de fraudes,algunos consejos a seguir:

  • Desconfiar siempre de mensajes inesperados, incluso cuando parecen proceder de contactos conocidos o de marcas y organismos oficiales.
  • Verificar la identidad del remitente por un canal alternativo antes de realizar cualquier acción.
  • No compartir nunca códigos de verificación, contraseñas, datos personales o información bancaria.
  • Evitar pulsar enlaces recibidos por WhatsApp sin haber comprobado previamente su legitimidad.
  • Mantener las aplicaciones actualizadas y activar las opciones de seguridad adicionales disponibles en la plataforma.

“La mejor defensa frente a este tipo de fraudes sigue siendo la prevención y el sentido crítico. Ante cualquier mensaje inesperado, la verificación y la prudencia marcan la diferencia entre caer en la estafa o cortar el ciberataque a tiempo”. concluye Eusebio Nieva.

28Dec

Alemania debe cambiar de modelo económico en el peor momento posible: con una industria que pierde competitividad, un Gobierno incapaz de alinearse, una guerra que exige cada vez más recursos, y un socio estadounidense cada vez más reacio.

Miguel Ángel Valero

Alemania ha vivido durante décadas de un modelo que parecía inamovible: energía barata, industria exportadora fuerte, una automoción hegemónica y una disciplina fiscal que se vendía como ejemplo para toda Europa. Aquella combinación ya no existe. Y lo más inquietante es que Alemania debe reinventarse justo cuando su entorno político, económico y geopolítico hace que cualquier error sea más costoso que nunca.

El repunte de la producción industrial es una buena noticia, pero no cambia el diagnóstico: el viejo modelo está agotado. La industria química trabaja al 70% de su capacidad, la manufactura pierde peso y la ventaja competitiva de Alemania se erosiona. El país necesita un giro profundo hacia tecnologías limpias, digitalización y autonomía energética, pero ese giro requiere un consenso político que hoy no existe.

Y mientras Alemania discute consigo misma, dos amenazas externas presionan sin descanso.

La primera es China. Durante años fue un socio estratégico y un mercado clave para los fabricantes alemanes. Hoy se ha convertido en su principal rival sistémico. China exporta coches eléctricos a un ritmo que trastoca todo el equilibrio europeo, ofreciendo precios y volúmenes que la industria alemana no puede igualar sin una transformación acelerada. Los gigantes del automóvil alemán, que durante décadas marcaron el estándar global, se enfrentan ahora a un competidor que domina la cadena tecnológica y que cuenta con un respaldo estatal masivo. Para Alemania, es un choque frontal con su industria más emblemática.

La segunda amenaza es la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania. Berlín ha tenido que abandonar, casi de un día para otro, la comodidad estratégica que sostuvo durante décadas. Requiere miles de millones en defensa, en munición, en apoyo logístico y en un rearme que choca directamente con su tradicional aversión al gasto militar. Alemania tiene que reindustrializarse y rearmarse al mismo tiempo. Y eso es algo que no había tenido que hacer desde la posguerra.

A todo ello se suma un problema silencioso, pero clave: la pérdida de rigor fiscal. Las reglas que durante años definieron el ADN económico alemán se han ido flexibilizando una y otra vez, primero para capear crisis, luego para responder a la pandemia, después para amortiguar la crisis energética. La “Schuldenbremse”, el freno de deuda ha dejado de ser un pilar y ahora es un obstáculo para un Gobierno que necesita gastar, pero que ya no sabe justificar ante sus ciudadanos por qué todo lo que antes era imposible hoy se vuelve urgente.

Alemania debe cambiar de modelo económico en el peor momento posible: con una industria que pierde competitividad, un Gobierno incapaz de alinearse y una guerra que exige cada vez más recursos en un contexto en el que el socio estadounidense, que durante décadas financió buena parte de la seguridad europea, ha decidido que su compromiso tiene límites. 

"Alemania se enfrenta a un dilema histórico: cambiar rápido o perder centralidad. El problema no es solo económico, es estratégico. Sin un nuevo modelo industrial y energético, Alemania dejará de ser el ancla de Europa. Y si Alemania se debilita, el proyecto europeo entra en una fase mucho más incierta", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.


27Dec

El presidente de EEUU no busca acuerdos discretos ni equilibrios diplomáticos. Busca tensión, hechos consumados y demostraciones de poder, con confrontación abierta, mensajes directos y desprecio por los mecanismos clásicos de contención diplomática.

Miguel Ángel Valero

Trump termina 2025 de la misma forma que empezó el año, tensionando las relaciones con su principal rival, China. EEUU acaba de aprobar una de las mayores ventas de armas de su historia a Taiwán, por un importe superior a los 11.100 millones$ (9.428 millones€). El paquete incluye sistemas de misiles, artillería avanzada, drones y munición de precisión. Más allá del volumen o del detalle técnico, lo relevante es el mensaje político que encierra esta decisión.

Para China, Taiwán no es una cuestión negociable. Es una línea roja absoluta. Pekín lo ha repetido durante años de forma clara y explícita: cualquier paso que acerque a la isla a una independencia formal obligaría a una respuesta militar. No es retórica. Es doctrina de Estado.

En este contexto, la apuesta de Washington va mucho más allá de reforzar la capacidad defensiva de la isla. EEUU está elevando su nivel de implicación en un conflicto potencial que hasta ahora había gestionado desde la ambigüedad estratégica. Dotar a Taiwán de armamento avanzado no solo refuerza su defensa, también altera el equilibrio psicológico y político en la región.

La reacción china ha sido inmediata y dura, denunciando la violación del principio de “una sola China” y advirtiendo de represalias. Pero lo verdaderamente preocupante no es el cruce de declaraciones, sino la dinámica que se está generando. Cada venta de armas, cada maniobra militar y cada gesto diplomático reduce el margen de error y acerca a las partes a un escenario de confrontación directa.

La relación entre China y EEUU vuelve a tensarse por Taiwán. El Ministerio de Exteriores chino ha impuesto sanciones a 20 empresas (y a diez de sus directivos) estadounidenses del sector de la defensa y diez de sus altos directivos, en represalia por el último paquete de venta de armas a la isla. 

Esta operación, que aún debe completar su tramitación en el Congreso estadounidense, será el mayor acuerdo de suministro militar a Taipéi hasta la fecha.

La Cancillería china detalla en un comunicado que las sanciones, ya en vigor, incluyen la congelación de activos que esas compañías e individuos puedan tener en China, la prohibición de realizar nuevas inversiones en el país, y la restricción a la cooperación de cualquier tipo con organizaciones o particulares chinos. Además, los ejecutivos afectados tendrán vetada la entrada en el país, así como en Hong Kong y Macao.

Entre las empresas sancionadas figuran algunos de los principales pilares del complejo militar-industrial estadounidense, como Northrop Grumman Systems Corporation, uno de los grandes desarrolladores de sistemas de misiles, radares y plataformas aeroespaciales; L3Harris Maritime Services, especializada en sensores, sistemas de comunicación y tecnología naval avanzada (un ámbito estrechamente vinculado a la modernización de las capacidades defensivas de Taiwán frente a China); una filial de Boeing, uno de los mayores grupos aeronáuticos del mundo.

Las sanciones van dirigidas contra compañías y personas que han participado en la entrega de armamento a Taiwán “en los últimos años”, porque esas ventas suponen una “injerencia en los asuntos internos de China” y que “socavan su soberanía e integridad territorial”. 

Además, se trata de una “grave violación” de los marcos en los que se basan las relaciones diplomáticas entre Pekín y Washington.

Taiwán es el lugar en el que se exiliaron las fuerzas nacionalistas tras perder la guerra civil china en 1949. La República Popular la considera una parte inalienable de su territorio y asegura que la reunificación es “inevitable”, no descartando el uso de la fuerza para lograr ese objetivo.

En su comunicado, la Cancillería china subraya que “la cuestión de Taiwán está en el centro de los intereses fundamentales de China y es la primera línea roja que no debe cruzarse”. “Cualquiera que intente traspasarla y provocar se encontrará con la respuesta firme de China, y pagará un alto precio por su ofensa. Ningún país debe subestimar jamás la determinación, voluntad y capacidad del Gobierno y el pueblo chino para salvaguardar su soberanía e integridad territorial”, zanja.

Curiosamente, EEUU no reconoce a Taiwán como Estado soberano, aunque desde 1979 (año en el que reconoció al Gobierno en Pekín como el representante de China) mantiene una estrecha relación de seguridad con Taipéi basada en el Acta de Relaciones con Taiwán, que le obliga a suministrar armas y asistencia defensiva para fortalecer su capacidad de autoprotección.

La Casa Blanca responde que las nuevas ventas contribuirán a salvaguardar “los intereses nacionales, económicos y de seguridad de Estados Unidos” porque respaldan “los esfuerzos del destinatario por modernizar sus fuerzas armadas y mejorar su capacidad defensiva”, y ayudarán a “mantener la estabilidad política, el equilibrio militar y el progreso económico en la región”.

Japón se implica en el pulso entre EEUU y China

El problema es que Taiwán ya no es un pulso exclusivamente entre EEUU y China. Japón se está involucrando cada vez más de forma explícita en el asunto. Las visitas continuas de parlamentarios japoneses a la isla y los mensajes políticos desde Tokio refuerzan la percepción de un alineamiento regional que China interpreta como un cerco estratégico. En Pekín no se lee como diplomacia parlamentaria, sino como una señal de escalada. Y cuando Japón entra en escena, la carga histórica y militar del conflicto se multiplica.

Hasta ahora, el gran choque entre EEUU y China había sido fundamentalmente económico y tecnológico: aranceles, semiconductores, cadenas de suministro. Un conflicto serio, pero contenido. Taiwán introduce una dimensión completamente distinta. Ya no es solo una cuestión de comercio o de poder económico, sino de soberanía, identidad nacional y prestigio geopolítico.

Geopolítica de la provocación

Este patrón de actuación se repite en otros frentes. Es lo que el analista Pablo Gil describe en The Trader como "geopolítica de la provocación". En Europa, con el último movimiento de Donald Trump respecto a Groenlandia. El nombramiento de un enviado especial,  Jeff Landry, gobernador de Luisiana, con el objetivo explícito de allanar una futura anexión ha provocado una reacción airada tanto del Gobierno danés como de las autoridades groenlandesas.

Dinamarca ha calificado el gesto como una provocación inaceptable y un ataque verbal directo a su soberanía. Groenlandia es un territorio autónomo bajo administración danesa, y cualquier intento de apropiación choca frontalmente con el derecho internacional y con los principios que, en teoría, sustentan la relación entre aliados.

Lo relevante no es solo el interés estratégico de Estados Unidos por Groenlandia (minerales, posición geográfica, control del Ártico) sino la forma. Trump no busca acuerdos discretos ni equilibrios diplomáticos. Busca tensión, hechos consumados y demostraciones de poder. Da igual que sea frente a China en Asia, frente a un aliado histórico en Europa, apoyando sin matices a Israel en Oriente Medio o endureciendo la presión política y económica sobre Venezuela, como publicó Dinero Seguro. El patrón es siempre el mismo: confrontación abierta, mensajes directos y desprecio por los mecanismos clásicos de contención diplomática.

"La política exterior de Trump no reduce riesgos, los acumula. Empuja varias líneas rojas a la vez, involucra a más actores y estrecha peligrosamente el margen de error. Pero, más allá de Trump, lo que queda claro es que el mundo ha cambiado. Los equilibrios, las reglas no escritas y los valores que durante décadas sirvieron para contener los conflictos pesan cada vez menos. La geopolítica ya no se rige por consensos, sino por pulsos de poder. Y en ese nuevo escenario, la estabilidad que dábamos por sentada empieza a parecer una excepción, no la norma", avisa Pablo Gil.

26Dec

No atraviesa una crisis política pasajera, sino la fractura de su pacto social. El bienestar que sostuvo al continente durante décadas exige un crecimiento que ya no existe, una demografía que ya no acompaña y un consenso político que se está desmoronando.

Miguel Ángel Valero

Europa lleva años evitando decir en voz alta lo que ya se ve en cada rincón del continente: el modelo social que definió a la región durante décadas está entrando en una fase terminal. Lo vemos en gobiernos que se tambalean, economías incapaces de crecer, tensiones demográficas imposibles de sostener y partidos antisistemas que capitalizan el malestar ciudadano. Y lo más inquietante es que no hablamos de episodios aislados, sino de señales repetidas desde Londres hasta Berlín, desde Helsinki hasta París y, cómo no, también desde Madrid.

En el Reino Unido, el retraso de las elecciones para cuatro nuevas alcaldías ha abierto una nueva grieta política que refleja un país desbordado por tensiones sociales y fiscales. El Gobierno de Starmer justificó la decisión hablando de reorganización administrativa, pero la oposición lo interpretó como un intento de retrasar una derrota anunciada. Cuando partidos de todo el arco político, desde conservadores hasta liberales, verdes y Reform UK, coinciden en acusar al Ejecutivo de “democracia denegada”, no estamos ante una disputa procedimental, sino ante un síntoma de descomposición institucional. Un Estado que ya no logra financiar servicios básicos sin subir impuestos, que externaliza problemas hacia los gobiernos locales y que ahora aplaza elecciones para ganar tiempo, es un Estado que muestra claros signos de agotamiento.

En Alemania el cuadro es todavía más explícito. El gobierno de Friedrich Merz, que apenas lleva siete meses, se enfrenta a una rebelión interna por la reforma de pensiones. Un grupo de diputados jóvenes de su propio partido se niega a apoyar un sistema que, según ellos, carga demasiado peso sobre generaciones futuras que pagarán prestaciones que probablemente nunca recibirán. La coalición se sostiene por solo doce escaños; si esta reforma fracasa, puede caer entero el gobierno. Mientras tanto, el país vive una parálisis económica que la industria ya describe como “caída libre”, con un modelo que exige cada vez más gasto público para sostener el bienestar, la defensa, la transición energética y la reconstrucción de infraestructuras. Es el choque frontal entre un Estado social diseñado para una sociedad joven, rica y en expansión, y una realidad envejecida, endeudada y sin crecimiento.

Finlandia ofrece otra perspectiva: incluso el país más admirado por su calidad de vida reconoce que el modelo ya no es sostenible tal como está. La llamada “superpotencia del estilo de vida” atraviesa una recesión, un desempleo cercano al 10% y un deterioro de sus finanzas públicas que obliga a replantearlo todo. El gobernador del Banco de Finlandia (y uno de los candidatos a sustituir a Luis de Guindos como vicepresidente del Banco Central Europeo a partir de mayo de 2026) Olli Rehn advirtió que Europa debe “ponerse las pilas” en defensa, productividad y energía, porque la era del bienestar garantizado está tocando fin. Finlandia lo afronta con una mezcla de pragmatismo y resiliencia: reformas del mercado laboral, ajustes fiscales, e inversión en capital humano. El mensaje es inequívoco: si la productividad no crece, el bienestar dejará de ser financiable.

Francia vive un proceso parecido, aunque más ruidoso. Los últimos años han sido una secuencia continua de protestas contra la reforma de las pensiones, huelgas en sectores clave y un malestar social que recuerda que el modelo francés depende de una estructura fiscal cada vez más pesada sobre una base laboral cada vez más pequeña. El Gobierno ya ha reconocido que la jubilación a los 62 años era incompatible con la demografía actual, y aun así el ajuste no detendrá el desequilibrio durante mucho tiempo. Con un déficit crónico, un Estado hipertrofiado y un gasto social que supera el 30% del PIB, Francia se acerca al mismo dilema que sus vecinos: prometer más de lo que la economía puede producir.

España no es una excepción. El Gobierno intenta sostener un gasto público que crece bastante más rápido que la economía. El PIB aparenta dinamismo, pero en gran parte por el aumento de población inmigrante; cuando se mira la renta per cápita, España se aleja de la media europea, lo que significa que ese crecimiento no mejora el bolsillo del ciudadano. A esta brecha se suma una carga fiscal muy elevada y una productividad estancada que limita cualquier avance real. La Seguridad Social mantiene déficits crecientes, las pensiones suben cada año por la indexación a la inflación y la demografía juega claramente en contra. Con un envejecimiento rápido, un paro estructural persistente y una economía incapaz de generar suficiente valor añadido, España está atrapada en la misma lógica que el resto del continente: un Estado del bienestar que promete más de lo que la economía puede sostener y que necesita endeudarse de forma continua para mantener la apariencia de estabilidad.

La conclusión es clara. Europa no atraviesa una crisis política pasajera, sino la fractura de su pacto social. El bienestar que sostuvo al continente durante décadas exige un crecimiento que ya no existe, una demografía que ya no acompaña y un consenso político que se está desmoronando. Reino Unido aplaza elecciones; Alemania no puede garantizar sus pensiones sin poner en riesgo su propia gobernabilidad; Finlandia reconoce que la comodidad del pasado se desvanece; Francia estalla cada vez que se intenta ajustar el sistema; y España sostiene un modelo de bienestar con ciudadanos cada vez más pobres, una presión fiscal asfixiante y un endeudamiento que no deja de crecer. 

"Todo indica que hemos llegado al límite de un modelo diseñado para un mundo que ya no existe. Y la verdadera pregunta no es si será reformado, sino cuánto tiempo más podrá evitar su inevitable reinvención", subraya el analista Pablo Gil en The Trader.

BCE

En este contexto, el Banco Central Europeo (BCE) ha dejado claro que, por ahora, no tiene prisa por mover los tipos de interés. Tras mantener la tasa de depósito en el 2% por cuarta reunión consecutiva, el mensaje que sale de Frankfurt es de cautela absoluta. No solo no hay una hoja de ruta definida, sino que tampoco existe consenso sobre cuál debería ser el siguiente movimiento cuando llegue el momento.

La inflación en la Eurozona está muy cerca del objetivo del 2%, una situación que, en teoría, debería dar tranquilidad al banco central. De hecho, las propias proyecciones del BCE apuntan a que los precios se mantendrán en torno a ese nivel durante los próximos años. Para un banquero central, eso es casi el escenario ideal. 

Sin embargo, el entorno que rodea a la economía europea sigue cargado de incertidumbre: Las tensiones geopolíticas, el riesgo de una nueva guerra comercial, el impacto de un mayor gasto público y la evolución futura de los salarios mantienen al BCE en una posición defensiva. A esto se suma un crecimiento que ha sorprendido por su resistencia, lo que ha llevado a muchos miembros del Consejo de Gobierno a pensar, en privado, que el ciclo de bajadas de tipos probablemente ya ha terminado.

Pese a ello, nadie quiere dar por cerrada ninguna opción. Algunos responsables reconocen que, si la economía se enfría más de lo esperado y la inflación sigue moderándose, podría haber margen para nuevos recortes. Otros, en cambio, admiten que, si el crecimiento se consolida y reaparecen presiones inflacionistas, no se puede descartar un movimiento en sentido contrario. Hoy por hoy, ambos escenarios siguen sobre la mesa.

Lo relevante no es tanto la dirección potencial de los tipos, sino el cambio de tono del BCE, que ha abandonado cualquier intento de guiar al mercado y se refugia en un enfoque estrictamente dependiente de los datos, reunión a reunión. La “opcionalidad total” se convierte así en la palabra clave de esta fase del ciclo monetario.

El BCE ha llegado a una zona cómoda: ya no necesita estimular la economía, pero tampoco ve motivos para endurecer las condiciones financieras. El problema es que esta ambigüedad deja al mercado sin referencias claras y aumenta la volatilidad cada vez que aparece un dato relevante. Mientras tanto, empresas, familias e inversores tendrán que convivir con un banco central que observa, duda y espera. Y esa espera, en un entorno tan cambiante como el actual, puede convertirse en el principal factor de incertidumbre.

24Dec

El reto ahora es separar innovación de euforia y crecimiento futuro de flujos de caja presentes. Porque la IA cambiará el mundo, sí, pero no todos los que apuesten fuerte llegarán vivos al final del camino.

Miguel Ángel Valero

Aumento vertiginoso de la inversión, rápida innovación y creciente volatilidad. Son las razones de por qué la inteligencia artificial (IA) está redefiniendo ganadores y perdedores, y de cómo "la selección activa podría ser clave en lo que creemos que podría ser un auge, no una burbuja", subraya un análisis de DWS.

La IA sigue siendo un potente motor para los mercados. Pero en 2025, la adopción exponencial, la innovación y el aumento de las inversiones no solo lograron captar el interés inversor, sino que también introdujeron una mayor volatilidad. "Nuestro objetivo para el S&P 500 de 7.500 puntos para finales de 2026 se basa en la expectativa de que habrá un crecimiento de dos dígitos en los beneficios, con la IA desempeñando un papel clave, especialmente en el caso de las acciones estadounidenses", explican en la gestora ligada al grupo Deutsche Bank. 

Pero la verdadera prueba de fuego para la sostenibilidad de estos modelos de negocio aún está por venir. Hiperescaladores como Microsoft, Alphabet, Meta y Amazon han revisado repetidamente al alza sus planes de inversión en capital y pueden permitírselo, gracias a su sólida generación histórica de flujo de caja. Su gasto en capital como porcentaje del flujo de caja operativo sigue estando en rangos manejables. Sin embargo, estas inversiones están transformando a los gigantes tecnológicos de innovadores con pocos activos a proveedores de infraestructura intensiva en capital, lo que plantea importantes preguntas sobre cómo los valorarán los mercados en el futuro.

La esperanza sigue pasando por que los grandes modelos de lenguaje y los centros de datos proporcionen una infraestructura similar que pueda impulsar años de productividad, como lo hicieron en el pasado los ferrocarriles o las redes de fibra óptica. Pero el riesgo de exceso de capacidad, activos varados y estrés financiero es real, especialmente si la demanda no sigue el ritmo o si las restricciones energéticas son más duras de lo esperado. Los inversores deben sopesar tanto las promesas como los peligros de esta nueva era.

Los fabricantes de hardware y los proveedores de centros de datos fueron los primeros ganadores de la IA, y "creemos que algunos de ellos, como los proveedores de chips asiáticos o las empresas europeas y estadounidenses que están construyendo infraestructuras eléctricas, podrían mantener una posición sólida. También buscamos empresas que apliquen la IA a problemas del mundo real en la industria, la sanidad y la educación", remarcan los expertos de DWS.

En este universo de inversión en IA cada vez más amplio, la necesidad de una selección activa y táctica podría ser aún más importante. Cuando la innovación acorta los ciclos de los productos y la volatilidad sigue siendo alta, las estrategias de compra y mantenimiento pueden parecer cada vez más arriesgadas.

El camino a seguir está lejos de estar claro. La IA está planteando muchas preguntas sin resolver. ¿Se convertirá la demanda energética en el principal obstáculo para la expansión de la IA? ¿Podrá China superar a Occidente con electricidad más barata, regulaciones más laxas y una fuerza de trabajo de ingeniería masiva? ¿Se convertirá la concentración del mercado estadounidense en un puñado de gigantes tecnológicos en una prueba de fortaleza o una vulnerabilidad? ¿Y son los grandes modelos lingüísticos actuales la última palabra o solo un paso hacia algo todavía más transformador? 

Medir las verdaderas ganancias de productividad de la IA también sigue siendo un desafío, ya que los avances que acaparan los titulares suelen tardar tiempo en convertirse en modelos de negocio. Algunas innovaciones tendrán éxito. Otras nunca llegarán a ser fundamentales o serán superadas y quedarán obsoletas. La incertidumbre es lo único seguro.

¿Es la IA una burbuja o un auge? Para los analistas de DWS, podría ser un auge, pero con algunos excesos. Las comparaciones con la era puntocom son tentadoras, pero imperfectas. Las ganancias actuales probablemente estén más impulsadas por los beneficios que por las valoraciones. Los beneficios, las inversiones y las innovaciones son reales, y la creciente selectividad del mercado puede ser una señal de madurez. 

"Se espera que el tren de la IA mantenga su rápido ritmo, y la mejor manera de disfrutar del viaje parece ser mantener la curiosidad, cuestionar regularmente nuestras propias convicciones sobre la IA y seguir bien diversificados", concluyen en DWS.

The Trader: No todos llegarán al final del camino

Por su parte, el analista Pablo Gil aporta sus reflexiones sobre la IA en The Trader. Larry Ellison, cofundador de Oracle, uno de los veteranos más influyentes y polémicos de Silicon Valley, lleva casi cinco décadas dejando su huella en la industria tecnológica. A sus 81 años, lejos de retirarse, ha decidido protagonizar el mayor salto estratégico de su carrera: convertir a Oracle en un pilar central de la revolución de la inteligencia artificial.

Lo que empezó con un mensaje en LinkedIn terminó convirtiéndose en el mayor contrato de computación en la nube jamás firmado: OpenAI se compromete a gastar 300.000 millones$ en servidores de Oracle. El proyecto, bautizado como Stargate, exige construir algunos de los centros de datos más grandes del mundo y situó a Ellison en el epicentro del boom de la IA.

La reacción inicial fue eufórica. Oracle sumó 250.000 millones$ en capitalización, Ellison llegó a encabezar la lista de multimillonarios y el mercado asumió que, en IA, ningún riesgo era demasiado grande. Pero esa narrativa ha empezado a agrietarse. La construcción de los megacentros está disparando costes, alargando plazos y llevando el flujo de caja de Oracle a niveles negativos no vistos desde los años 90. El suministro eléctrico se ha convertido en un cuello de botella y la empresa depende en exceso de un único cliente: OpenAI, que pierde miles de millones al año y cuyos ingresos aún no justifican semejante infraestructura. 

Microsoft (socio histórico de OpenAI) rechazó un acuerdo similar al considerar que dedicar centros multigigavatio a un solo cliente era una apuesta demasiado arriesgada. Oracle, en cambio, la asumió sin dudar.

Las señales de alerta ya están en los mercados: sus “credit default swaps”, seguros contra impagos de deuda, se han disparado y sus acciones han corregido casi un 50% en pocos meses. Oracle ha pasado de símbolo del entusiasmo por la IA a termómetro del miedo creciente a un posible exceso.

La compañía se ha convertido así en el barómetro del momento. Su apuesta puede ser histórica si la IA cumple las expectativas transformadoras que promete. Pero si la adopción avanza más lenta de lo previsto, podría quedar atrapada con infraestructuras gigantescas, carísimas y difíciles de rentabilizar.

El tiempo dirá si, tal y como Ellison piensa, “la IA es el mejor negocio en la historia de la humanidad”, o si estamos ante el preludio del pinchazo de la mayor burbuja tecnológica de nuestra era. 

"Creo firmemente en la IA como revolución, pero también sé que los mercados suelen adelantarse demasiado a la economía real. Oracle no es el problema; es el síntoma. El reto ahora es separar innovación de euforia y crecimiento futuro de flujos de caja presentes. Porque la IA cambiará el mundo, sí, pero no todos los que apuesten fuerte llegarán vivos al final del camino", advierte este experto.

23Dec

El envejecimiento de la población trabajadora se está produciendo simultáneamente con la Revolución Industrial 4.0 por el avance de la robótica y de la inteligencia artificial.

Miguel Ángel Valero

La disminución de la natalidad y el aumento de la longevidad están provocando un cambio drástico en la población. No solo se anticipan disminuciones del tamaño de las poblaciones de la mayoría de los países, sino que el peso de la población en edad de trabajar en la población total también está disminuyendo y lo seguirá haciendo en las próximas décadas, advierte el informe Demografía y productividad: cómo el envejecimiento de la población condiciona el crecimiento económico, elaborado por Juan Francisco Jimeno, presidente del Consejo de la Productividad de España, para el Instituto Santalucía.

Además, la edad media de la fuerza laboral está aumentando, a medida que el peso en la población en edad de trabajar de la población de 50-70 años aumenta y el de la población de 16-39 años disminuye. Las consecuencias económicas y sociales de estos cambios demográficos son profundas y extensas. Se suelen destacar las que se refieren al sostenimiento del Estado del Bienestar tradicional en un contexto demográfico en el que las transferencias hacia la población de mayor edad necesariamente tendrán que aumentar, por los programas de gastos públicos asociados a los sistemas de pensiones, sanidad y dependencia. Sin embargo, los cambios demográficos afectan a todas aquellas dimensiones que determinan la demanda y a la oferta de bienes y servicios de una economía: consumo, inversión, exportaciones netas y producción. 

La disminución de la población trabajadora supone un lastre para el crecimiento de la renta per cápita. El envejecimiento de la población trabajadora también tiene consecuencias sobre el crecimiento de la productividad por varias razones: 

  • un efecto composición negativo (la productividad crece más al inicio de la vida laboral que al final), por lo que el envejecimiento de la población trabajadora hace que la productividad crezca menos, 
  • y cambios derivados en la productividad de los trabajadores de cada grupo de edad como consecuencia de que trabajadores de otros grupos de edad tienen más o menos peso dentro de la fuerza laboral. 

Estos cambios demográficos se están produciendo simultáneamente con cambios tecnológicos profundos (la llamada Revolución Industrial 4.0 por el avance de la robótica y de la inteligencia artificial) y una nueva ola inmigratoria.

Las consecuencias económicas y sociales de los cambios demográficos son muy extensas y profundas y van mucho más allá de las implicaciones para la sostenibilidad del Estado del Bienestar por el consiguiente aumento en los gastos en pensiones y sanidad. El inevitable aumento del peso de la población de mayor edad, asociado a la disminución de la natalidad y al crecimiento de la longevidad, provoca cambios en las decisiones individuales que afectan a la demanda y a la oferta de bienes y servicios. Como resultado, los crecimientos de la tasa de empleo y de la productividad pueden verse afectados negativamente por varios canales. 

Revertir la disminución de la natalidad parece improbable. No hay razones para esperar aumentos de la tasa de fecundidad, pero aunque tuvieran lugar, con el descenso de la población femenina en edad fértil, aumentos de esa tasa (dentro de valores razonables) no supondrían un repunte significativo del número de nacimientos. Y la longevidad seguirá aumentando e, incluso, es posible que lo haga a un ritmo más rápido que en décadas pasadas. 

"Así pues, es la inmigración la única fuente de crecimiento demográfico y de rejuvenecimiento de la población trabajadora. En este contexto, las políticas de selección y de integración laboral de los inmigrantes adquieren una importancia capital", subraya Juan Francisco Jimeno. 

Junto con los cambios demográficos se está tan produciendo cambios tecnológicos, derivados del desarrollo de la robótica y de la inteligencia artificial. Ambos se relacionan entre sí. El envejecimiento de la población y la escasez de oferta de trabajo en determinadas tareas y segmentos del mercado de trabajo incentivan la inversión en nuevas tecnologías y la adopción de estas alteran la demanda relativa de trabajadores de distintas edades. Esta innovación tecnológica cambiará la manera en la que la demografía condiciona el crecimiento económico por sus efectos sobre la demanda y la productividad del trabajo, en toda la distribución sectorial y ocupacional del empleo. Prepararse para dichos cambios mediante las políticas educativas y de empleo apropiadas es el gran reto al que se enfrentan los responsables de las políticas económicas. 

El peor dato de natalidad de la serie histórica

En este sentido, las últimas estadísticas del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre los nacimientos en España durante 2024 evidencian que solo han nacido 318.005 niños en todo el año pasado, registrando la peor cifra desde que se inició la serie histórica del INE en 1941 y cayendo más de de un 25% en la última década. También es impactante el aumento de la edad media a la que las mujeres tienen hijos ya que, como alerta el equipo de Instituto Bernabeu, el 39,7% de los nacimientos registrados son de madres que superan los 35 años, una edad marcada como el límite de la fertilidad, ya que a partir de ahí las posibilidades de concebir disminuyen significativamente para la mujer. 

"El retraso de la maternidad es uno de los principales desencadenantes de la caída de la natalidad debido a que la edad es uno de los principales obstáculos para lograr el embarazo. Con 30 años la mujer tiene la mitad de probabilidad de ser madre que a los 20-24 años. Y después de los 35 años disminuye considerablemente. Este retraso conlleva no únicamente una dificultad en la consecución de la gestación y aumento del riesgo de aborto, sino también embarazos de mayor riesgo tanto para la madre como para el bebé", explica la doctora Andrea Bernabeu, codirectora médica de Instituto Bernabeu. 

Analizando por edades, ya se producen más partos de madres de 40 años o más (el 10,4% del total), que de mujeres menores de 25 años (un 9,8%) El número de nacimientos de madres de 40 o más años ha crecido en los 10 últimos años pasando de representar el 7,2% del total de nacimientos en 2014 al porcentaje actual, que se eleva hasta el10,4%. Además, hay que tener en cuenta que, mientras que en 1980 las españolas tenían su primer hijo a los 25,6 años, actualmente ese primer bebé nace de una mujer que tiene 32,6 años (33,2 años de las madres españolas, si se saca de la ecuación a la población extranjera). 

La fecundidad presenta notables diferencias entre las mujeres españolas y las extranjeras. Mientras que las españolas tienen una media de 1,07 hijos, entre las extranjeras la cifra asciende a 1,27. "Retrasar la edad del primer hijo, supone en muchas ocasiones, una mayor dificultad en conseguir el embarazo del siguiente hijo; es lo que denominamos infertilidad secundaria, es decir, la dificultad de gestar de forma natural tras el nacimiento del primer hijo. Esto en ocasiones, determina recurrir a un tratamiento de reproducción asistida cuando previamente se había conseguido el embarazo de forma natural”, detalla Andrea Bernabeu

Este contexto deriva en que cada vez haya más parejas españolas que tienen problemas para tener hijos en España (cerca del 20%) y que las clínicas de fertilidad asistida atiendan un mayor volumen de casos. Actualmente 1 de cada 6 niños en el mundo nace mediante reproducción asistida y, en mujeres que superan los 41 años, el 50% de nacimientos es por donación de óvulos. La media de edad de las pacientes que acuden a las clínicas de Instituto Bernabeu ha ido creciendo en los últimos 40 años y ahora es de 39,6 años. Si tenemos en cuenta aquellas que necesitan recurrir a la ovodonación, la edad supera los 42,2.

Sin embargo, en esta crisis de natalidad también influye que tanto la calidad como la concentración de esperma se han reducido drásticamente en un 51% a nivel mundial. El ritmo de descenso es enorme: desde 1973 la concentración de esperma ha disminuido a un ritmo anual de 1,16% y, con el cambio de siglo, a una velocidad de 2,64%. De acuerdo con los rangos de la OMS, se considera un hombre subfértil a una concentración de espermatozoides inferior a 40 millones por mililitro e infértil cuando está por debajo de 15 millones por mililitro. La media obtenida en las muestras recogidas por Instituto Bernabeu muestra una concentración de 33,5 millones de espermatozoides por mililitro.

Novedades en jubilación en 2026

El principal cambio de la edad de jubilación en 2026 es que sube a 66 años y 10 meses, aunque se podrá optar también con 65. Como viene produciéndose desde la reforma de las pensiones de 2013, la edad de jubilación se va retrasando de forma progresiva desde los 65 años hasta los 67 de edad, en que se situará en 2027. La edad de jubilación en 2025 se elevará dos meses, situándose en 66 años y 10 meses para aquellos trabajadores que hayan cotizado menos de 38 años y 3 meses.

Sin embargo, para los cotizantes que vidas laborales largas, superiores a 38 años y 3 meses de cotización, la edad de jubilación puede ser dos años y seis meses antes, se mantienen los 65 años.

En 2026 es posible jubilarse dos años antes de la edad de jubilación ordinaria. La norma permite optar a la jubilación anticipada voluntaria a quienes hayan cotizado al menos 35 años, dos de ellos en los 15 años anteriores a la fecha de jubilación, y cuya pensión no supere la pensión mínima. Opción que es compatible con un trabajador autónomo. De tal manera que quienes cumplan con los requisitos anteriores podrán retirarse del mercado laboral anticipadamente en 2025 a los 64 años y 10 meses si cuentan con menos de 38 años y 3 meses de cotización y a los 63 años si superan esta barrera.

El acceso a esta modalidad de jubilación implica percibir una pensión menor ya que se aplican coeficientes reductores que van en una horquilla de entre el 2,81% y 21%, en función de los meses de adelanto y de los años cotizados.

Por su parte, aquellos trabajadores que se vean inmersos en un despido colectivo por causas económicas, extinción de contrato por resolución judicial, fallecimiento, jubilación o incapacidad del empresario, procedimiento concursal, víctima de violencia de género o una discapacidad, pueden adelantar el retiro laboral cuatro años a la edad legal. Si se han cotizado menos de 38 años y 3 meses, la edad de jubilación en 2026 en caso de ser una jubilación anticipada involuntaria será a los 62 años y 10 meses; si se han cotizado por encima, a los 61 años.  En este caso, los coeficientes reductores van desde el 30% al 0,50%. Los autónomos no pueden acceder a esta modalidad.

La edad mínima para acceder a la jubilación parcial con contrato de relevo se retrasa a los 64 años si se disponen de 33 años o más cotizados o a los 62 años y 6 meses en caso de disponer 36 años o más cotizados en el momento de acceso. La edad de jubilación parcial sin contrato de relevo será la misma que la edad legal de jubilación ordinaria.

Desde 2022, el periodo de cómputo de años para calcular la pensión queda situado en 25 años tras su incremento progresivo desde los 15 años a partir de 2013, a razón de un año por ejercicio. A partir de 2026 se irá incrementando de forma progresiva para situarlo en 27 años (29 años, pero se descartan los dos peores).

La subida de las pensiones contributivas en 2026 será del 2,7% según el dato adelantado del IPC de noviembre, que es el que se utiliza para determinar la prestación, haciendo una media con la cifra de cierre de la inflación de los últimos 12 meses. De este modo, la pensión contributiva de jubilación aumentará en 572€ anuales (1.552,85 al mes, 40,8 más, teniendo en cuenta la pensión media de noviembre). La pensión máxima se situará en 3.359€ al mes. Por su parte, la subida de las pensiones mínimas fue del 6%.

En 2025 se aumentó de forma adicional el complemento de brecha de género en un 8,1%, situándose en 35,9€ al mes (502,6 al año, 14 pagas), con el límite máximo de cuatro hijos.

En 2023, entró un vigor un nuevo sistema que aumentaba de forma progresiva las bases de cotización para trabajadores autónomos hasta 2025.

23Dec

El 28% de los españoles que ha comenzado a ahorrar para su jubilación lo ha hecho tras recibir orientación de un intermediario o asesor, y el 22% a través de planes de empresa.

Miguel Ángel Valero

El 49% de los españoles no ahorra para la jubilación, nueve puntos por encima de la media europea, según revela la IV Encuesta Paneuropea de Pensiones de Insurance Europe. Entre aquellos que no ahorran, un 56% manifiesta su intención de hacerlo en algún momento, pero con expectativas bien distintas. De esta cifra, 8 puntos corresponden a quienes planean materializar este deseo en un futuro cercano; mientras que 30 puntos son de quienes no pueden permitírselo actualmente y otros 18 puntos de quienes reconocen no disponer de suficiente información sobre los productos de pensiones complementarias. 

Otro 31% que no ahorran para la jubilación afirma, directamente, no estar interesado en hacerlo, ya sea porque dispone de otras fuentes de ingresos o por otras razones. Esta magnitud se encuentra próxima a los datos del resto de Europa. 

En este contexto, la educación financiera y las campañas de concienciación ciudadana adquieren un papel relevante para fomentar el ahorro previsional desde edades tempranas.

El 25% de los españoles cuenta con un plan de pensiones individual, seis puntos por debajo de la media europea. La brecha más pronunciada respecto a los europeos la presentan aquellos que ahorran a través de un plan de empresa: solo el 15% de los españoles, frente al 28% de los europeos. Este dato refleja que España tiene mucho camino por recorrer en el segundo pilar de la previsión social complementaria. De hecho, el 73% de los españoles creen que se debería incentivar a las empresas para que incluyan automáticamente a sus trabajadores en un plan de pensiones de empresa, siempre que éstos tengan la opción de darse de baja si lo desean, cinco puntos por encima dela media europea.

El asesoramiento profesional y la previsión social empresarial son factores clave que impulsan el ahorro: el 28% de los españoles que ha comenzado a ahorrar para su jubilación lo ha hecho tras recibir orientación de un intermediario o asesor, y el 22% a través de planes de empresa, cifras ligeramente por debajo de la media europea. Otro 26% se ha visto impulsado por amigos o redes sociales, el 20% por un sistema de seguimiento de pensiones y solo un 3% por una campaña pública de concienciación.

El 65% de los ahorradores españoles mantiene estables sus aportaciones a planes de pensiones; el 16% las ha incrementado en el último año, el 9% las ha reducido y el 4% ha rescatado su plan de pensiones.

Preservación del capital

La seguridad sigue siendo la prioridad fundamental: el 78% prefiere productos que garanticen al menos la devolución del capital invertido, frente al 81% de la media europea. Solo el 22% opta por productos con un mayor potencial de rentabilidad, aunque impliquen también un mayor riesgo, porcentaje ligeramente superior al europeo. 

En cuanto a las formas de cobro, el 44% de los españoles prefiere recibir una renta vitalicia, el 30% un pago único, el 11% se decanta por retirar dinero ocasionalmente mientras este sigue invertido y el 15% una combinación de todas las opciones.

Llos españoles esperan recibir, de media, el 61% de su último salario a través de las pensiones públicas y ocupacionales, frente al 53% de la media europea. Este porcentaje es ligeramente superior en el caso de los hombres y se dispara al 71% entre los mayores de 51 años, mientras que las mujeres y los jóvenes son menos optimistas en cuanto a su pensión futura. De hecho, solo el 13% del total confía en que la pensión pública será suficiente para mantener su nivel de vida tras la jubilación, y el 53% cree que necesitará ahorro complementario, aunque este porcentaje es inferior al europeo (58%). 

La confianza en mantener un nivel de vida confortable tras la jubilación se sitúa en 2,8 puntos sobre 5, en línea con la media europea. La encuesta también revela que dos de cada tres españoles prefieren recibir la información sobre pensiones en formato digital, pero con posibilidad de solicitarlo en papel. 

Además, el 70% considera que una etiqueta nacional o europea que certifique que un producto cumple requisitos estandarizados le ayudaría a tomar una decisión sobre sus ahorros para la jubilación, cifra muy superior al 49% de la media europea.

23Dec

Mapfre Economics propone una regulación más favorable, innovación, incentivos fiscales, más seguros obligatorios, educación financiera, y medidas que fomenten la inclusión, como los microseguros.

Miguel Ángel Valero

La industria aseguradora cumple una función clave en el funcionamiento de la economía, al contribuir tanto a la estabilidad de los agentes económicos como al fortalecimiento del ahorro, la inversión y la formación de capital. A través de la protección y compensación de riesgos, el seguro reduce el impacto económico de eventos adversos y permite la continuidad de la actividad productiva en todos los sectores. En situaciones de catástrofes o alta siniestralidad, los mecanismos de aseguramiento y reaseguro resultan esenciales para sostener la estabilidad económica. Al mismo tiempo, el sector actúa como un inversor institucional de gran relevancia, al canalizar recursos de largo plazo hacia la financiación de actividades productivas, aportando estabilidad al sistema financiero. 

La relación entre el seguro y la economía es de carácter bidireccional. El desempeño del sector está también condicionado por variables macroeconómicas, como el crecimiento, el nivel de ingresos, el acceso al crédito, los tipos de interés, el tipo de cambio y la estabilidad financiera. Estos factores influyen directamente en la demanda de seguros, en la estructura de ingresos y costes de las entidades, y en la gestión de sus activos y pasivos. La experiencia demuestra, además, que existe una estrecha relación entre el nivel de desarrollo económico de un país y el grado de penetración del seguro, subraya el informe Tendencias y elementos para el desarrollo de los mercados aseguradores, elaborado por Mapfre Economics y editado por Fundación Mapfre.

El informe reclama el diseño y la actualización de políticas públicas que empleen al seguro como un instrumento en la consecución de grandes objetivos económicos y sociales, y que, por esa vía, permitan paralelamente elevar la penetración del seguro, ampliando así la protección de la población contra los riesgos a los que se halla expuesta, y reforzando el importante rol de la industria aseguradora en la canalización del ahorro a medio y largo plazos. 

Regulaciones basadas en riesgo

El avance en el diseño e implementación de marcos regulatorios ajustados a riesgo, en línea con una visión procompetitiva del mercado, es uno de los factores que puede apoyar, desde el lado de la oferta, el aumento de la penetración del seguro. En este sentido, el avance hacia regulaciones basadas en riesgo constituye un elemento que puede estimular el crecimiento de la oferta y, por tanto, un aumento de la participación del seguro en la economía, en la medida en que permite una más eficiente asignación del capital, y crea incentivos para una gestión más profesional de las entidades aseguradoras basada en consideraciones y parámetros de naturaleza técnica. 

Ese avance en la modernización regulatoria puede contribuir al propósito de la elevación de penetración del seguro en la economía, cuando se realiza de forma gradual y de manera paralela al desarrollo de capacidades técnicas tanto en la industria como en los reguladores, así como a la creación de la infraestructura de mercado necesaria para su adecuada implantación. De otra forma, el avance regulatorio puede derivar en consecuencias no deseadas, tales como el establecimiento de barreras de entrada para determinadas líneas de negocio, o en una asignación ineficiente de los recursos, lo que en última instancia impactaría negativamente en los niveles de penetración de los mercados aseguradores. Innovación y nuevos productos aseguradores.

Reducir el tiempo y el coste de lanzamiento de productos

Encontrar mecanismos más eficientes y flexibles que permitan reducir el tiempo y el coste que implica llevar nuevos productos al mercado, es otro factor fundamental para aumentar la penetración de los seguros en la economía, en beneficio no solo de la posibilidad de estimular la innovación y ampliar la oferta aseguradora, sino también de ofrecer a la población de forma oportuna nuevos productos que se ajusten de mejor forma a sus necesidades de protección. 

La innovación se ha convertido en una necesidad estratégica para el futuro del sector asegurador a nivel global, impulsada por la confluencia de la evolución de la demanda del consumidor, que busca una experiencia similar de inmediatez y personalización que le ofrecen las grandes plataformas tecnológicas para otros productos, la irrupción de nuevas tecnologías, como el Big Data, la inteligencia artificial y el Internet de las Cosas que permiten adoptar soluciones innovadoras en muchos ámbitos de la actividad aseguradora, así como por la aparición de riesgos emergentes que con las pólizas de seguros tradicionales quedarían sin cobertura. 

Una de las grandes barreras a la innovación, generalmente identificada, está relacionada con el coste de implantación de las nuevas tecnologías y el lastre tecnológico de los sistemas heredados, que son caros de mantener y difíciles de integrar con las nuevas plataformas digitales.

Y la segunda de esas barreras está relacionada con el desafío normativo, ámbito en el que el sector enfrenta todavía importantes limitaciones estructurales para adoptar la innovación a gran escala, bien por una regulación excesiva, bien por la existencia de barreras normativas que dificultan y demoran el lanzamiento de nuevos productos al mercado mediante la imposición de un estricto control ex-ante, exigiendo la aprobación previa de notas técnicas, pólizas y, en algunos casos, de las tarifas. 

En la medida en que el fortalecimiento de la función de gestión de riesgos, como parte integrante de los sistemas de gobernanza de las entidades aseguradoras, incide también en que los nuevos productos que se llevan al mercado prevean bases técnicas y contractuales que no afecten a la solvencia de las entidades, los mecanismos regulatorios diseñados para ese propósito debieran ajustarse de manera correlativa, a fin de estimular y dotar de eficacia a los procesos de innovación. 

Se trata de un aspecto que debiera considerarse de manera explícita en los procesos de modernización regulatoria, como es el caso del sistema introducido por la normativa de Solvencia II en la Unión Europea, con un mayor grado de libertad sin controles ex-ante, aunque sin perjuicio de su posible control ex-post, avanzando además hacia una regulación de protección al asegurado más moderna y que cumpla con su finalidad de encontrar el equilibrio necesario entre una adecuada protección sin suponer un freno al dinamismo del mercado. 

El aumento de la eficiencia en gastos de las entidades aseguradoras permite incrementar la porción relativa de las primas que se destina al pago de las indemnizaciones, contribuyendo no solo a que los seguros cumplan de mejor forma con su función social de mutualización de riesgos, sino también a mejorar la percepción general que el público tiene de las entidades aseguradoras. 

Este esfuerzo implica el avance desde dos perspectivas. Por una parte, conlleva una elevación de la eficiencia en gastos al nivel de las entidades en lo individual, a través de mejoras organizacionales y creciente empleo de tecnología como parte de la gestión de los riesgos. Y por el otro, implica también avanzar a nivel de la industria en cada país para identificar y consolidar los bienes públicos necesarios para la operación aseguradora, así como la infraestructura de mercado que puede permitir gestionarlos para hacer posible una operación más eficiente en beneficio de las propias entidades y de sus consumidores. 

El seguro debe avanzar en formas de colaboración que son de gran utilidad contribuyendo, entre otros aspectos, a diseñar, mecanismos de uso de información (que puede ser útil a la hora de realizar una mejor tarificación de productos o para la suscripción de algún tipo de riesgos), la estandarización de contenidos contractuales básicos que reduzcan los márgenes de interpretación respecto del alcance de las coberturas (reduciendo los costes jurídicos a nivel del mercado), esquemas de colaboración para la gestión de siniestros o la prestación de determinados servicios relacionados con las reclamaciones (por ejemplo, en el caso del ramo de automóviles), así como la estandarización de los protocolos informáticos para la información que las entidades aseguradoras deben intercambiar como parte de la operación aseguradora en los mercados. 

Avanzar en el desarrollo de esquemas que favorezcan la multicanalidad contribuye a estimular una mayor oferta de servicios de aseguramiento y la creación de medios más ágiles y eficientes para hacer llegar esa oferta a los consumidores, en la medida en que la multicanalidad no significa el crecimiento de un canal de distribución a costa de otro, sino la creación de vías complementarias para atender a nuevos segmentos de la población. El estímulo de la competencia dentro de los distintos canales es también un factor relevante, en aquellos mercados que puedan presentar concentraciones elevadas en la actividad de distribución aseguradora en algunos canales específicos. 

Incentivos fiscales al ahorro a largo plazo

Los incentivos fiscales para la adquisición de seguros, como parte de políticas públicas orientadas a la consecución de grandes objetivos económicos y sociales, constituyen un elemento que, simultáneamente, estimula la penetración de los seguros en la economía, con importantes efectos cuantitativos que se pueden materializar en el corto y medio plazos. 

Las medidas adoptadas en este sentido a nivel internacional presentan una amplia casuística, incluyendo deducciones de las primas en el impuesto sobre la renta de las personas físicas y/o de las sociedades, exenciones o diferimiento de impuestos sobre rendimientos y exenciones en las prestaciones con con tratamientos preferenciales a seguros de Salud, Accidentes, Invalidez, Dependencia, Vida riesgo para el caso de muerte y colectivos de empresa para los seguros médicos privados, y las pólizas colectivas ofrecidas por empleadores con las referidas coberturas, reconociendo el rol social que juega el seguro en la protección personal y familiar. 

Si bien las políticas públicas en materia de incentivos fiscales suelen estar orientadas correctamente, hasta ahora el esfuerzo parece sesgado hacia el objetivo de la estabilidad y mitigación de riesgos más que en la generación de ahorro. La promoción de mayor ahorro complementario de medio y largo plazo constituye, sin duda, un elemento que podría apoyar el fortalecimiento de los esquemas previsionales de pensiones, bajo fuertes presiones financieras en la mayor parte de los países del orbe. 

Las políticas públicas deberían eliminar las figuras tributarias que gravan la contratación de las pólizas de seguros (especialmente en el caso de los de Vida), lo que encarece significativamente el producto (como el impuesto sobre las primas de seguros o el impuesto sobre el valor añadido) y es un freno a la penetración aseguradora, en particular en aquellos mercados donde la cobertura aseguradora es baja y buscan mejorar su asequibilidad para ampliar la cobertura entre las clases medias y los segmentos más vulnerables. 

Seguros obligatorios

Los seguros obligatorios, como instrumentos de política pública, tienen diversos efectos positivos para la sociedad y para la actividad aseguradora. Primero, tutelan el interés público ante diversos supuestos, principalmente los asociados a la responsabilidad civil ante terceros, protegiendo a los asegurados de los daños que puedan sufrir por la actividad de personas ajenas. En esa dimensión, el seguro se convierte en la fuente de recursos que, a través de la mutualización de los riesgos, permite la compensación de las pérdidas originadas por los ciudadanos en la realización de diversas actividades de índole económico o social. Y, segundo, los seguros obligatorios, al asociarse a la responsabilidad civil, se convierten en valiosos instrumentos para elevar la conciencia de la prevención y, en esa medida, son una herramienta poderosa en el proceso de educación financiera en materia aseguradora. 

En esa dimensión, además del efecto de corto plazo sobre la demanda aseguradora, los seguros obligatorios constituyen un fundamento importante para el crecimiento de la demanda de medio y largo plazos. El caso más patente y difundido a nivel internacional es el seguro obligatorio para la protección a las víctimas de accidentes de tráfico a través del seguro obligatorio de automóviles, el más representativo y extendido de los seguros obligatorios. Pero no es el único, existiendo otros seguros obligatorios que dan respuesta a la exigencia de una garantía para la realización de alguna actividad específica, los cuales se instrumentalizan a través de fianzas y seguros de caución que aseguran el cumplimiento de sus obligaciones contractuales y tienen aplicación en múltiples ámbitos como licitaciones, contratos de obra, suministro, alquileres, obligaciones fiscales o aduaneras, así como para el ejercicio de determinadas actividades profesionales, entre otros. 

Existen también seguros obligatorios que se enmarcan en el ámbito social, como los seguros de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, que tienen por objeto garantizar la protección de los trabajadores en su puesto de trabajo y asegurar su estabilidad financiera en caso de imprevistos. Aunque se trata de una prestación clave de la seguridad social, en algunos países se han implementado políticas que involucran al seguro privado en la gestión de las prestaciones de asistencia sanitaria, dinerarias y preventivas que proporciona el seguro obligatorio de accidentes de trabajo, creando al efecto empresas específicas que ofrecen esta cobertura.

En ocasiones, en el marco del diseño e implementación de políticas públicas, los Estados deciden apoyarse en el sector privado para la prestación de determinados servicios que son considerados de interés público, por ser beneficiosos para la sociedad en su conjunto, traspasando parte de sus competencias a la gestión privada, buscando con ello aumentar la eficiencia en la ejecución de tales políticas públicas y, con ello, explorar nuevas formas en las que pueda elevarse el bienestar social general.

En el caso del sector asegurador, esta transferencia se ha llevado a cabo a partir del reconocimiento por parte de los gobiernos de la capacidad técnica y experiencia del sector asegurador en la gestión de ahorro de largo plazo y de los riesgos. De esta forma, la experiencia internacional muestra diversos casos de implementación de políticas públicas que permiten que la industria aseguradora participe en áreas específicas de la actividad económica y social, como son los sistemas de pensiones (seguros de ahorro previsional, riesgos de trabajo, invalidez y vida, y rentas vitalicias), o bien en la prestación de servicios sanitarios en sustitución o de manera complementaria a los sistemas públicos de la seguridad social. 

En lo que se refiere a los mercados aseguradores de Vida, influye de manera especial el ahorro destinado a la jubilación. La presión demográfica provocada por la mejora generalizada en la esperanza de vida, acompañada de una caída importante en las tasas de fecundidad, ha motivado que la práctica totalidad de las reformas realizadas en los sistemas de pensiones en las últimas décadas estén orientadas de forma generalizada a apuntalar su estabilidad y sostenibilidad de medio y largo plazos, intentando arbitrar mecanismos que compensen de alguna manera el efecto que estas reformas puedan tener sobre la suficiencia de las pensiones. 

De igual forma, la presión demográfica y el proceso de envejecimiento poblacional está incrementando la presión para la participación del seguro en la prestación de servicios de salud de forma complementaria a la cobertura obligatoria, lo que está permitiendo a los gobiernos brindar a un número mayor de ciudadanos el acceso a cuidados médicos de calidad, ya sea equiparando los servicios a la población económicamente menos favorecida con los del sector privado, o contribuyendo al acceso de los ciudadanos a una mayor red de servicios cuando se crean sistemas de aseguramiento universales. 

Educación financiera

La educación financiera es un factor de naturaleza estructural que puede estimular el crecimiento de la demanda de seguros en el medio y largo plazo y, con ésta, a la elevación de los niveles de penetración del seguro en la economía.  Cuanto mayor es el conocimiento sobre conceptos como riesgo, ahorro y protección, los ciudadanos comprenden mejor los beneficios de los seguros y tienden a contratarlos con mayor frecuencia. 

Por ello es importante avanzar en este tema desde una triple perspectiva. Primero, ampliando la participación del sector asegurador, de manera coordinada con el sector público, para diseñar y poner en marcha proyectos de educación financiera con contenidos específicos en materia aseguradora. Segundo, debe tratarse de un esfuerzo permanente, de manera que la base para su desarrollo debe estar plasmada en ordenamientos jurídicos y normativos que les brinden certeza, permanencia y efectividad en el medio plazo. Y, tercero, que esos esfuerzos, para que tengan un efecto significativo en la formación de los individuos, deben implementarse, en la medida de lo posible, a través de los esquemas formales de educación de los países. Inclusión financiera en seguros.

Inclusión

Finalmente, elevar la penetración del seguro en la economía representa no solo el hecho cuantitativo de que las primas constituyan una porción mayor de la riqueza generada anualmente por una sociedad, sino también, en una dimensión cualitativa, que un número creciente de personas acceda a los beneficios de protección, compensación y diversificación de riesgos que ofrece el seguro, alcanzando así las economías de escala suficientes que permitan una adecuada mutualización de los costes de las reclamaciones. En este sentido, las políticas públicas orientadas a la inclusión financiera (y, en particular, aquellas centradas en los seguros) pueden constituir una herramienta poderosa para impulsar la penetración del seguro desde ambas perspectivas. 

La inclusión financiera en seguros se traduce en la posibilidad de que distintos grupos sociales, especialmente los más vulnerables, accedan a productos que les permitan proteger su vida, salud y patrimonio mediante mecanismos de ahorro y compensación de pérdidas. En un entorno global cada vez más incierto, marcado por la volatilidad financiera, tensiones geopolíticas y riesgos climáticos, cobra cada vez más importancia la existencia de mecanismos de protección para poblaciones vulnerables con seguros accesibles y asequibles, como los microseguros, que permitan mitigar los impactos económicos de eventos adversos y sostener la resiliencia social frente a posibles crisis.

Sin embargo, productos de estas características, también requieren un marco regulatorio sólido para garantizar la solvencia de las entidades aseguradoras y la estabilidad financiera. En este caso, la regulación debe equilibrar la protección del consumidor con la flexibilidad necesaria para fomentar la innovación y su distribución masiva. 

De esta forma, avanzar en una estrategia de inclusión financiera en seguros conlleva tres cuestiones fundamentales: 

  • identificar los riesgos que más pueden afectar a la población vulnerable, tales como el fallecimiento, incapacidad, daños al patrimonio y la salud; (
  • diseñar productos acordes a dichos riesgos y a la población a la que van dirigidos, 
  • contar con un marco regulatorio que propicie que esos productos puedan ser efectivamente llevados a esa población bajo parámetros de eficiencia económica y social. 

La población con bajos niveles de renta es especialmente susceptible a eventos de naturaleza catastrófica (baja frecuencia y alta severidad, y alto grado de incertidumbre y relación pérdida/coste) provocados por la naturaleza. En este caso, los microseguros y seguros inclusivos, combinados con el apoyo de políticas sociales y financieras de los gobiernos, pueden apoyar a estos segmentos de población ante la ocurrencia de ese tipo de eventos. 

Un aspecto clave para lograr el propósito de que los microseguros y seguros inclusivos se transformen en productos a los que tengan acceso grupos vulnerables de la población, radica en la posibilidad de reducir los costes de transacción. Ello conlleva la necesidad de emplear mecanismos y canales de distribución no tradicionales, así como la tecnología para reducir costos no solo en la contratación del producto y pago de la prima, sino también en su gestión y renovación, y en el pago de las indemnizaciones respectivas. En este sentido, la regulación prudencial debiera basar sus estímulos en elementos que permitan la reducción de los costes de transacción, aspecto clave para que ese tipo de seguros sean, por una parte, asequibles para la población y que, por la otra, ofrezcan la rentabilidad necesaria que haga posible su comercialización alcanzando economías de escala suficientes que garanticen su viabilidad. 

La digitalización y el uso de Inteligencia Artificial pueden ser fundamentales para reducir costes y mejorar la distribución de microseguros y seguros inclusivos, especialmente en mercados con baja infraestructura física. Plataformas digitales y pagos móviles permiten llegar a segmentos excluidos con eficiencia y transparencia. Los riesgos emergentes (como los eventos climáticos extremos y las amenazas cibernéticas) han venido a reforzar la necesidad de seguros accesibles para poblaciones vulnerables con el fin de proteger el patrimonio familiar, contribuyendo a la estabilidad económica y social. 

22Dec

Ganar la Lotería —más allá del entusiasmo inicial— implica una serie de decisiones, riesgos y gestiones que conviene conocer. Porque la suerte puede llegar de golpe… y, sin embargo, no siempre se administra con la cabeza fría, avisa EFPA España.

Miguel Ángel Valero

Un año más, el Sorteo Extraordinario de Navidad vuelve a despertar la ilusión de millones de españoles. En esta edición, el sorteo repartirá 2.772 millones€ en premios, 70 millones más que el año pasado. Además, según datos de Loterías y Apuestas del Estado, cada ciudadano ha gastado una media de 73,08€ en décimos con la esperanza de llevarse un pequeño pellizco.

En ese contexto, un análisis de Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI), entidad especialista en financiación sostenible, revela que el 39,7% de los encuestados destinarían el dinero de un premio de la Lotería a ahorrar o a invertir en su futuro.

La vivienda es otro de los grandes focos de interés para los españoles. Un 27% destinaría el premio a amortizar su hipoteca. Además, un 26% invertiría en mejoras estéticas para actualizar su hogar, mientras que un 25% apostaría por reformas orientadas a mejorar la eficiencia energética, como la instalación de placas solares, cambios en el aislamiento o la sustitución desistemas de calefacción por otros más eficientes.

Más allá de las reformas, el 25% de los encuestados cambiaría de casa si el premio se lo permitiera y un 19,8% aprovecharía la ocasión para adquirir una segunda residencia, ya sea parauso personal o como inversión. En un mercado donde el acceso a la vivienda presenta cada vezmás dificultades, un 14,5% destinaría el premio a la compra de su primera vivienda, lo que ponede manifiesto el papel central que tiene la propiedad en la planificación vital de muchos españoles.

Otros destinos: ayudas económicas a familiares o adquisición de bienesEl estudio también revela otros destinos frecuentes para un hipotético premio navideño. El 25%de los encuestados ayudaría económicamente a familiares o amigos, mientras que un 24%invertiría el dinero en ámbitos ajenos a la vivienda, como la compra de un vehículo, tecnología, educación, emprendimiento o vacaciones. La solidaridad también aparece reflejada en la encuesta: un 9% asegura que donaría parte de las ganancias a causas sociales. Por otro lado, casi un 7% destinaría los fondos a incorporar soluciones de domótica, desde sistemas de iluminación inteligente hasta dispositivos conectados que aportan confort y eficiencia al hogar. 

Lorena A. Zenklussen, directora comercial de financiación hipotecaria de la entidad, afirma: “Los españoles muestran una tendencia clara hacia el ahorro y la planificación de su futuro. Sin embargo, la vivienda sigue ocupando un lugar central, tanto como instrumento de seguridad financiera como espacio en el que realizar mejoras que aporten bienestar y eficiencia”.

EFPA: suerte y cabeza fría

Cada diciembre, España se detiene para vivir uno de sus rituales más emocionantes: la Lotería de Navidad. No se trata solo de un sorteo más, sino de una tradición que mezcla esperanza, tradición y una ilusión compartida que recorre oficinas, familias, barrios y grupos de amigos.

Pero lo que casi nadie cuenta es que ganar la Lotería —más allá del entusiasmo inicial— implica una serie de decisiones, riesgos y gestiones que conviene conocer. Porque la suerte puede llegar de golpe… y, sin embargo, no siempre se administra con la cabeza fría.

Para ayudar a quienes quieran estar preparados sin perder la magia del sorteo, desde EFPA España resumimos algunos puntos clave para saber qué hacer antes, durante y después de que toque un premio:

  • 1. Antes del sorteo: cuidar el décimo y dejar claras las participaciones. El primer error suele ocurrir antes del 22 de diciembre. Un décimo es un documento al portador, así que no hay discusión posible: cobra quien lo tiene en la mano. Guardarlo bien —no en bolsillos ni en carteras que van cambiando de sitio— es fundamental. Y si el número se comparte, es imprescindible dejar pruebas simples y claras: una foto del décimo enviada a un grupo indicando quién participa y con cuánto. No hace falta nada sofisticado; solo algo que evite dudas, olvidos y discusiones que estropean la alegría del premio.
  • 2. Cuando toca: celebrar sí, improvisar no. Las primeras horas son puro vértigo. Entre gritos, llamadas y mensajes, es fácil cometer imprudencias: publicar el décimo en redes, reenviar fotos sin pensar o anunciar un premio antes de haberlo confirmado. Lo sensato es detenerse un momento:
    • Comprobar el número en fuentes oficiales, como la web de Loterías y Apuestas del Estado, su aplicación móvil o los medios de comunicación que retransmiten el sorteo en directo.
    • Proteger el décimo en un lugar seguro.
    • Evitar decisiones impulsivas: ni compras, ni anticipos, ni compromisos “por si acaso”. Es también un buen momento para reflexionar, ya con calma, sobre cómo podría utilizarse el dinero: liquidar deudas caras, plantear la amortización de hipoteca o, simplemente, esperar a que la emoción se asiente.
  • 3. El cobro: más sencillo de lo que parece. Los premios inferiores a 2.000 € se cobran en cualquier administración. Para cantidades mayores, el trámite pasa por un banco autorizado. Allí se comprueba el décimo, se identifica a los ganadores y se ingresa el importe neto en la cuenta que elijan. No hay que abrir cuentas nuevas ni hacer gestiones extra. Si el décimo es compartido, acudir todos juntos evita malentendidos y asegura que cada uno reciba exactamente lo que le corresponde, con total transparencia y sin riesgos fiscales.
  • 4. Fiscalidad explicada sin tecnicismos. La pregunta que más se repite: “¿Cuánto se queda Hacienda?”. La respuesta es más sencilla de lo que parece: los primeros 40.000 € están exentos y el resto tributa al 20%, una retención que el banco descuenta automáticamente. No hay pagos posteriores en la declaración de la Renta. Si el décimo era compartido, dejarlo documentado desde el principio evita que el reparto se considere una donación. Por la retención en origen los premios no coinciden con la cantidad anunciada:
    • Gordo: 400.000 € → aprox. 328.000 € netos.
    • Segundo premio: 125.000 € → unos 108.000 € netos.
    • Tercer premio: 50.000 € → alrededor de 48.000 € netos.
  • 5. Después de cobrar: donde de verdad se marcan diferencias. Ganar un premio importante no solo tiene efectos económicos; también emocionales. Euforia, sensación de abundancia, peticiones externas, ganas de “premiarse” sin pensar demasiado… Es un terreno en el que es fácil equivocarse. La mejor opción es ir poco a poco: no tomar grandes decisiones en días de celebración. Cuando las emociones se estabilizan, llega el momento de planificar: priorizar deudas, reforzar ahorro, valorar metas futuras y, si el premio es significativo, apoyarse en un asesor financiero profesional que aporte visión y criterio. De esta forma, podremos ordenar ideas y transformar la suerte en estabilidad a largo plazo.